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Consorcio para el Desarrollo Comunitario Casa Editorial El Tiempo Fundación Colombia Presente Fundación Corona Fundación Plan

Se autoriza la reproducción total o parcial de esta obra citando la fuente. Coordinación Editorial Gloria Robles Consorcio para el Desarrollo Comunitario Calle 30 A No. 6-22 of. 28-01 Tel. 2456531 – 3384253 www.consorcio.org.co Johana Jiménez Vanegas Fundación Corona Calle 90 No. 13 A 20 Oficina 503 Tel. 4010563 www.fundacioncorona.org.co Diseño Carlos Alberto Díaz Coordinador Operativo Premio Cívico Av. El Dorado # 59-70 Tel: 2940100 ext: 2769 www.premiocivico.org Bogotá—Colombia 2008


Contenido Presentación

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“Libros abiertos en conjunto cerrado” Biblioteca Las Mercedes de Suba

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“La flor del páramo” Como Pez en el Agua

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“Vuelo de gansos” Cooperativa COPEVISA

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“Un sueño verde” Grupo Banco de Semillas

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“Por las montañas de la esperanza tejiendo un sueño” Grupo Semillas de Antaño

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“Una historia sin fin” Mujeres- UPZ 89

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“Un sueño Compartido” Seres-8 “Con nuestras manos construimos lo que queremos” Villa Rosita

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Presentación

A través de “Relatos para Compartir Aprendizajes”, 8 de las 10 organizaciones comunitarias finalistas del Premio Cívico por una Bogotá Mejor del 2008 abren las puertas de su casa para que todas las organizaciones comunitarias de la ciudad y del país, así como aquellos actores públicos y privados que trabajan por el desarrollo de base conozcan sus logros, dificultades y aprendizajes y entre todos sigamos contribuyendo a tejer el capital social de la ciudad. “nunca por ninguna razón o por difícil que parezca hay que perder el sentido de comunidad” “…nos dimos a la tarea de unir fuerzas con los buenos deseos de apoyar a otros… promovimos una mesa de trabajo con todos los actores involucrados, buscando una solución que no excluyera..” “Comprendimos la importancia de encontrarnos, de conocernos, de visibilizar nuestras necesidades, y por supuesto de organizarlos” “Nos convertimos en una comparsa gigante y llena de colores de la que mucha más gente quería hacer parte” Son algunas de las frases que evidencian los aprendizajes y prácticas relevantes que 8 organizaciones comunitarias finalistas del Premio en 2008 han identificado luego de un proceso de reflexión sobre su historia y su quehacer. La solidaridad y el trabajo en equipo se manifiestan como el común denominador en las diferentes experiencias que en contextos diversos ha favorecido el éxito para estas organizaciones.

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Presentación

Este ejercicio literario es resultado del trabajo de cada una de las organizaciones que se animó a escribir sobre su propia experiencia para seguir aprendiendo y construyendo de sí misma, con la generosidad de compartir este conocimiento con sus pares, comunicando de primera mano sus propósitos y esfuerzos. Estos “Relatos para compartir aprendizajes”, surgen en el marco del Premio Cívico como una actividad que busca promover la reflexión de los integrantes de las organizaciones finalistas sobre la práctica, para identificar dificultades, logros y oportunidades de aprendizaje del trabajo comunitario en Bogotá. Los socios del Premio Cívico por una Bogotá Mejor: La Fundación Plan Internacional, la Fundación Corona, la Casa Editorial El Tiempo, el Banco de Tiempo apoyaron este ejercicio, liderado por el Consorcio para el Desarrollo Comunitario.

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LIBROS ABIERTOS EN CONJUNTO CERRADO Biblioteca Comunitaria Las Mercedes de Suba Nuestra ciudad viene creciendo a pasos agigantados, reposan en los recuerdos de algunos ancianos las casas amplias de grandes y hermosos antejardines, casas situadas en pequeños barrios donde todos se conocían con todos, donde todos se saludaban con todos, donde todos querían a todos. Atrás han ido quedando costumbres de antaño como reunirse para pintar los andenes y las calles en épocas navideñas, las fiestas de cuadra, los bazares y los juegos callejeros como las canicas, el trompo y los ponchados han desaparecido.

Este es el caso del conjunto residencial las Mercedes de Suba, una urbanización de viviendas de interés social, conformada por seiscientos apartamentos, sí, tres mil personas viviendo en no más de dos mil metros cuadrados. Nuestra comunidad nació en medio de una ironía: por una parte se halla rodeada de barrios pobres, de calles ruidosas, sucias y desahuciadas; por la otra, disfruta el privilegio de tener en su territorio el humedal la conejera, un paraíso radiante de sosiego donde habita la tranquilidad, el silencio y toda clase de aves, roedores y plantas.

La construcción de grandes unidades residenciales en pequeños espacios esta en boga, no es extraño ver como en lugares donde se hallaba una, dos o máximo tres casas se levantan hoy con asombrosa rapidez edificios con doscientos y más apartamentos. Así, el hombre a pesar de ser grande se reduce cada día más.

Con la euforia de muchos por el gran logro de haber podido adquirir un apartamento “propio”, digo propio aunque en la mayoría de los casos pertenece o pertenecerá al amable banco que posibilitó la hipoteca, llega la desdicha de vivir encerrados, ingresamos jubilosos a esta moderna cárcel, rejas que nos “protegen” por todo lado, guardias que a cada momento violan nuestra intimidad, manuales de convivencia que no se respetan, vecinos indeseables, en fin, un nuevo sitio para vivir.

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Entre tanto, en sus pequeños cubiles, niños y jóvenes pasan horas y horas mirándose fijamente en el filtro de un computador, viendo televisión o jugando rutinariamente play station o X-box. A diferencia de aquellas masas humanas, nosotros jóvenes inquietos decidimos construir un espacio alternativo para enfrentar el tedio, nace así la biblioteca comunitaria, un lugar pensado para promover la lectura, ayudar a los estudiantes en sus tareas y organizar talleres artísticos. Al comienzo fue una labor difícil, pues la soledad quería trasladarse a la biblioteca, los residentes no parecían apreciar el esfuerzo que la administración, el consejo y los promotores del proyecto llevaban a cabo para ofrecerles una alternativa de sana diversión; no eran asiduos visitantes del lugar y todo indicaba que el gran sueño se desvanecía; pero, la solidaridad se puso de moda entre nosotros, algunas instituciones gubernamentales así como personas naturales pusieron su granito de arena para fortalecer la biblioteca y fue así como abrimos las puertas a toda la comunidad incluso para los barrios aledaños que hasta aquel momento representaban una amenaza. Llegaron toda clase de niños, cargados de ilusiones, todo se vistió de fiesta como en aquel cuento del gigante egoísta, los pequeños de afuera, los excluidos, los temidos, los rechazados ayudaron a inyectarle vida a nuestra comunidad, invadieron alegremente ese mundo maravilloso, de historias, de aventuras y de fábulas que han resignificado la biblioteca de todos.

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Con el tiempo y ante las necesidades de espacio para la lectura que día a día se evidenciaban, ese pequeño espacio se convirtió en un Centro de Desarrollo Comunitario; llegaron los talleres, las rumbas sanas, el cine, las tertulias, canelazos, lunadas, y con ellos nuevos libros, computadores, otros muebles y muchas ganas de aprender. Valores como la amistad, la solidaridad, la humildad, el respeto, la responsabilidad se han ido encarnando entre nosotros y es así como hoy podemos gritar al mundo que soñar y confiar en los otros todavía es posible.

Si en todos los conjuntos, los barrios y las comunidades abrieran las puertas a todos esos pequeños que se hallan desamparados y excluidos, sin ninguna duda se escribirán nuevos miles y miles de relatos con finales felices como el que ahora escribimos, haciendo realidad las palabras de aquel sabio romano Séneca: “todos, cuando favorecen a otros, se favorecen a sí mismos”.

Organización:

Biblioteca Comunitaria las Mercedes de Suba

Proyecto:

Libros abiertos en conjunto cerrado.

Localidad:

Suba

E-mail:

semillaslapaz@gmail.com

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LA FLOR DEL PÁRAMO Como Pez en el Agua

El siguiente relato ocurre en el barrio La Esperanza Nororiental, ubicado en el Km 5 vía a la Calera, localidad de Chapinero. Cuenta la historia del trabajo realizado con los niños y niñas del barrio, que inició como un proyecto llamado “Como pez en el agua”, y que hoy por hoy es una Fundación que acompaña procesos humanos de crecimiento. Subimos la montaña de la Esperanza con ahogo en el pecho por la altura y el frío. Algunas manitas vienen al encuentro; unas rosadas y frescas, y otras callosas nos ayudan a cumplir la meta diaria de 3.300 metros de altura, la altura de páramo y frailejón. Esta cuesta la subimos desde hace casi cinco años con la emoción de encontrar a los niños y niñas de este lugar y compartir unos momentos de amor. Al principio fuimos cuatro aventureros sin morral, con lápices, pinceles, risas, canciones, con honda convicción de jardinero haciendo lo suyo en una matera:

en la casita de una mujer de barrio, paisa generosa de pueblo, que afirmaba con su certeza vieja que donde comen cuatro comen doce. Doce renuevos, piececitos de diversas especies que nos despertaron una vocación de regar y de contemplar florescencias; y entonces subíamos embrujados por el aire de la montaña, el buen aire de allá que los mantiene aún puros. Este primer aliento, en diciembre se hizo olor y color de montaña: vestidos de rojo, verde y amarillo presentamos los primeros frutos al vecindario: teatro, villancicos, mercados, buñuelos y la sensación del grito que dice más! Oootra!, la siguiente? Cómo estar ahí? Y con las mismas herramientas de arado hicimos el cambio de matera: pasamos a la Casa casa Comunal comunal del barrio. El voz a voz entre mamás, parroquia y los amigos nos trajeron sesenta renuevos , que cual Mutis en travesía, acogimos con curiosidad, con admiración, con ganas de cuidar y hacer de cada uno su propio protagonista.

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Y este sueño tomó dimensiones inconmensurables a nuestro entender. ¿Cómo una cuerda tañida en este punto montañoso de ciudad pudo resonar en Bélgica? Mensajeros!! Que guardan esta melodía campesina en el sagrario corazón y la portan generosos dejándola escuchar de otros oídos sensibles. Abrimos los sentidos para percibir y descubrimos que había mensajeros viajeros de diferentes lugares de la tierra, de Chile, de Francia, de Colombia pasaron la voz y nos trajo en retorno un don, tan bien llamado capital semilla para seguir en la labor. El tiempo fue acumulando meses y el vistoso exótico color de estas planticas en flor atrajo a otros también a arar y a podar. Manos amigas se sumaron llegadas de la misma comunidad, de los compañeros de estudio y de extranjeros con acento. La segunda cosecha fue compartida en un salón cuyo nombre se nos antoja ahora muy apropiado, el “salón de la semilla”, ubicado en mitad del barrio, nos dio una oportunidad en medio de su programación sabatina de fiestas y minitecas. Un improvisado auditorio atestado de papás, de niños, de mirones, acalorados de emoción aplaudieron y aplaudieron el fruto de su amor; cómo no, si es que verlos cantar, bailar, actuar nos despierta el más sano y desparpajado amor que al fin estalla en abrazo. El sudor se escurre en nuestras sienes y no hay nada más en el mundo que este feliz cansancio que al final nos permite sentir en un instante que hay sentido, que el mundo tiene salvación, que aún la boñiga también fertiliza natural y fructífera.

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La cosecha se multiplicó al 90% en el año siguiente lo que hizo que el trabajo voluntario tomara más espacio en las agendas; nos vamos sintiendo más aptos y el encuentro diario se ha cargado con la intuición propia del campesino que lee e interpreta los signos del cielo y de la tierra para seguir cultivando. Los amigos van y vienen y los libros quedan; la pequeña biblioteca, a modo de enredadera, ha ido trepando, reclamando las paredes del cuartico que nos sirve de bodega. Los niños no solo quieren cantar y pintar; quieren saber y por eso acompañamos también sus ansias de conocimiento. Un día contando y contando y volviendo a contar nos percatamos que los niños y niñas eran algo mas de cien. Esta cifra nos daba vueltas en la cabeza y nos pintaba en el rostro sorpresa, emoción, incredulidad y claro esta, también la inevitable risa nerviosa. ¿Por qué las planticas gustan de este pedazo de tierra? Nos reunimos con frecuencia en junta a discutir el asunto; los argumentos para explicar han sido varios y han pasado por sugerir desde el método pedagógico hasta la diversidad del grupo de labradores. Finalmente solo una explicación resistió todas las teorías: esa multiplicación fue fruto del amor, del amor compartido. Allí todos recibimos y producimos amor. Y este, en cualquier piso térmico, a cualquier altura, es el mejor de los abonos. La tarea que empezamos como un proyecto, nos llevó a Fundar este espacio, con esta particular manera de hacer obras que se nutren del conocimiento compartido y ya se nos ha hecho parte de la vida venir a este lugar, a esta matera rota que ahora es parcela de niños, y subir la cuesta es menos difícil.

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Pero de tiempo en tiempo nos ha exigido momentos de descanso; todavía, en algunos días, nos visita la falta de aire. Nuestros niños son más de cien y la parcela pide a gritos espacio, espacio protegido, porque los lugares que son de todos no son de nadie y los paseantes de fin de semana no son tan cuidadosos; visitan la casa comunal y cada lunes los surcos arados deben ser reconstruidos; trabajos extras que terminan agotándonos. O quizás adiestrándonos en la paciencia que se acrisola debajo del sol cuando hay que volver a regar. El alimento del alma vino también con el pan diario amasado por un grupo de matronas que aportan su tiempo en turnos para alimentar a los suyos. Ellas, llenas de vida que quiere vivir, en ocasiones recuerdan sus tristes historias de miseria y dolor, que se les escurren espesas al acercarse entre si. Entonces han venido las fuertes épocas de limpieza, deshierbe de malezas que crecen tan naturales a lado y lado del sembrado.

Pero la fe nos acompaña y alzaremos a su tiempo, sencillo y acogedor, un lugar para cuidar a los niños, las niñas, el agua y los arbusticos nativos. Seguramente esperamos- vendrá el tiempo en que los labradores permanezcan en su parcela preferida sin migrar de tiempo en tiempo a buscar el jornal que a veces no se alcanza a reunir. De cualquier manera, estamos aquí, en esta montaña que se erige como un hito natural de ciudad que ahora se reconoce de lejos, y a la que otros ya se animan a montar, para prestar sus manos para dar o recibir, o para recobrar el aliento que los recorridos les ha mermado. Si, este lugar es generoso; ofrece el ambiente de amor y crecimiento para los niños, las niñas y todos los que se acercan; devuelve el aliento a través de la compañía y el despliegue de lo que cada uno se halla. Esta experiencia regala paisaje inmediato y lejano, pero también un nuevo paisaje personal, amplio y colorido. Esta es la altura en la que el suave frailejón ofrece la bienvenida de páramo con flores amarillas y en la que se ha quedado acunada el alma de los que podemos ahí trabajar, descansar y vivir. Organización: Como pez en el agua Proyecto:

Acompañamiento extraescolar a niños, niñas y adolescentes del barrio La Esperanza Nororiental para evitar el maltrato infantil y la socialización temprana en la calle.

Localidad:

Chapinero

E-mail:

granados_paula@yahoo.com

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VUELO DE GANSOS Cooperativa COPEVISA

El estruendo de la pólvora en los cerros anuncia la llegada de la navidad, madrugar hoy no importa, la alegría de la época inunda las calles, las tiendas, las casas. Los niños y las niñas corren casi sin destino, y hasta los perros ladran de forma diferente. Es un misterio profundo que aún no se ha podido resolver, pero desde ya se siente el olor del ajiaco hecho en leña, el masato de arroz y hasta la natilla. La música entre rancheras, corridos y chucuchucu, abre y despide el día buscando a la fuerza ser la protagonista de esta época. Mientras tanto en alguna de las casas extrañando una tortilla de papa en su ambiente familiar, dos misioneras españolas, compartiendo con dos misioneras colombianas, todas ellas del Instituto Misionero Secular, observan el cerro, el cerro del Codito, aquel que acompaña la entrada y la salida de visitantes y residentes a la ciudad de Bogotá por la zona del norte, aquel que está rodeado por la Calera, por la Carrera séptima y por el humedal Torca.

Fue este cerro iluminado en la época decembrina con sus luces de colores que titilan con gran alegría, el que atrajo la mirada y el corazón de las misioneras.…. “parece un pesebre”, dice una de ellas, y deciden celebrar allí la navidad, como respuesta a su opción por los más empobrecidos y vulnerados de la nación. Organizan las cuadras con este fin, preparando cada esquina con guirnaldas que fueron colgadas por niños, jóvenes y adultos y llevando consigo algunos dulces para compartir. Cantos, gozos, oraciones hacían parte del protocolo, una novena un poco fuera de lo común, donde la oración al padre no empieza como “Benignísimo Dios que estás en los cielos…”, sino como “Dios Padre y Madre que estás entre los pobres y necesitados…”, y al hacer el reparto de las lecturas para que realmente fuera una celebración participativa, los folletos retornaron a las animadoras. Algunos con pena, otras no tanto, tuvieron que expresar que no sabían leer.

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Un poco desalentadas, pero con el mismo ánimo como afrontaban la subida de la cuesta cada día, hicieron de este hecho el compromiso comunitario más importante de la fecha, “Jesús quiere nacer aquí, para que cada vez hayan más personas que puedan leer y escribir” y fue así como un grupo de jóvenes del mismo sector se comprometieron con la comunidad a enseñarles a los adultos a leer y a escribir. Desde entonces nació el proyecto de “Validación de saberes” para adultos el cual se ha mantenido hasta la fecha. El principio que ha animado este programa ha sido “cuanta más gente del cerro, lea y escriba, más podrán leer su realidad y escribir para transformarla”. Este fue el inicio del vuelo más apasionante que se ha podido emprender en este cerro, un vuelo de gansos. Buscar la unidad, con un mismo ideal para volar cada vez más rápido, donde el o la líder puede ser cualquiera, aquella persona que haya comprendido cuál es el horizonte. Y donde el vuelo de todos y el ánimo de todos y todas es fundamental para recorrer y para llegar y donde las dificultades de alguno, su retiro su pérdida de convicción no pueden detener la marcha colectiva. Ser y hacer comunidad, un propósito, un horizonte. Cómo lograrlo? En el momento inicial solo se tenía la convicción y la seguridad que les proporcionaba a las misioneras el conocimiento cristiano de la Trinidad, tres personas distintas formando la unidad más grande y maravillosa, formando el todo que es Dios.

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Un dogma que deja de serlo cuando se descubre con esta convicción que se puede aplicar en la vida del cerro, porque la unidad está en la diversidad, porque todos los seres humanos somos diferentes, con distintas cualidades y habilidades, pero al formar comunidad, podemos obtener un todo, un todo de capacidad, de desarrollo, de felicidad. Llegaba la noche, obscura y silenciosa, aquella que auguraba angustia y dolor. Se sentían los pasos de botas fuertes, mientras la respiración se agitaba en cada una de las casas, y sus corazones empezaban a latir a mil. Las madres asegurando el sueño de sus hijos para salir, sus esposos tomando el último sorbo de tinto y organizando su ruana, el miedo está presente, pero ellos lo evaden y procuran hacerlo su cómplice. Sonidos de pitos y radios y una marcha un poco más rápida se oye avanzar. “Están aquí”…es la voz que empieza a circular… ¡pilas!… ¡protejan esa entrada!… ¡amárrense ya!. Numerosas familias llegaron provenientes de distintas partes del país y de la misma ciudad, agobiadas por la pobreza, el desempleo y el hambre buscando un refugio, un lugar para sus hijos e hijas, un lugar para descansar. Fue así, como se tomaron buena parte del cerro y lo empezaron a poblar; sin permiso, pues ellos decían que cuando la necesidad llega, llega sin permiso. Episodios de desalojo tuvieron que vivir con frecuencia las misioneras al llegar al cerro, porque a ellas acudía la comunidad en busca de apoyo y compañía. Estar tan cerca de esta realidad, vivir en carne propia el miedo, el dolor y las ganas de correr, fueron hechos que empezaron a delinear la necesidad de estar ahí organizadas en comunidad.

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Las casas, sin puertas, las calles sin pavimento, los niños y niñas sin estudiar, solos en las casas, en medio de los peligros que siempre los han rondado por el solo hecho de ser indefensos. ¡Esto no puede continuar así¡ y junto con las mujeres de la comunidad se formaron grupos de cuidado a los niños y las niñas, las mujeres empezaron a aprender cosas para trabajar y así estar más cerca de ellos. Cuando se les preguntó por qué sus hijos no van al colegio, casi al unísono, respondieron que “por no tener uniformes para enviarlos”. Las misioneras les enseñaron a hacer los uniformes y crearon así un grupo de confección y otro de peluquería para que tanto ellas como sus hijos estuvieran siempre bien presentados. Durante ese tiempo recibieron la visita de un sacerdote, también de procedencia española, que al ver esta realidad, no la quiso fotografiar, sino que la registró en su corazón y se comprometió a apoyarlos para que pudieran mejorar su vivienda. Al poco tiempo recibieron carta del padre en la cual les decía que le enviaba un dinero para que de manera colectiva se beneficiaran y pudieran formar un fondo de préstamos para mejorar las casas. La comunidad creó el comité de vivienda y un comité de salud, así comenzaron a comprar sus ladrillos y el cemento. La cita era cada domingo en la jornada de trabajo; la música, el guarapito, la ayuda solidaria para la construcción tanto de su casa como la de sus vecinos. A pesar de las amenazas de desalojo y de las muertes de los líderes de la UP que apoyaron estos procesos, estos barrios se encuentran hoy legalizados y cuentan con todos sus servicios públicos. La unión de estos grupos dio lugar a la Cooperativa COPEVISA.

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“Cuando un ganso se sale de la formación, siente la resistencia del aire y se da cuenta que no logra mantenerse en la misma velocidad, entonces vuelve a su lugar”. La comunidad experimenta la necesidad de estar unida y organizada, cada uno se beneficia del esfuerzo del otro y ofrece el propio para no romper el ciclo de solidaridad y obtener el logro de un fin común. Su vivienda. Algunos naturalistas afirman que nacer, crecer, dar frutos y morir es la ley de la vida y aplica a todos los seres vivos. Sin embargo, COPEVISA en este caminar ha aprendido que la ley de la vida es nacer, crecer, dar frutos, morir para volver a vivir y trascender. Experiencias de nacimientos, de crecimientos, de frutos, de muertes, de resurrecciones y de trascendencia han marcado 18 años de historia de esta organización. Partos importantes de COPEVISA han sido los proyectos de papelería, reciclaje, ropero, botica comunitaria, entre otros que vivieron, crecieron, dieron sus frutos y murieron. Pero murieron para darle vida a otros que hoy se mantienen como son: confecciones, tejidos, alimentos, comités de salud, refuerzo escolar, agricultura urbana y prevención de violencias contra la mujer. Trascendentales todos, en tanto han logrado hacer de los niños y las niñas, hombres y mujeres de diferentes edades, nuevos seres humanos, transformados y transformadores que han recuperado su credibilidad en la amistad, en el respeto, en la solidaridad y en el servicio a los demás. Tan trascendentales también, porque a pesar que muchos no están también van dejando huella en el desarrollo de esta organización.

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Ser y hacer comunidad es de los lemas de mayor relevancia entre nosotros. Practicar día a día lo dulce o lo amargo de la convivencia, el camino difícil pero tranquilizante del consenso o de la mayoría, el don de la escucha, la no compasión de la crítica, cuando sientes que has hecho lo mejor posible, sentir el placer de la compañía al entrar en comunión con el otro y luego darte cuenta que en los momentos de mayor dificultad ésta se aleja sin que puedas hacer nada para retenerle; disfrutar de lo paradójico del valor de la confianza depositada en el líder, por su visión y seguridad, pero luego frente a decisiones desacertadas no saber si falló el valor, si falló él o fallaste tú; y más profundo aún, vivir el misterio de la tolerancia. No se puede ser y hacer comunidad sin el ejercicio pleno de la tolerancia; pero, quién acaso tiene claro en la práctica de qué se trata este valor?...

Y persiguiendo esta utopía de ser y hacer comunidad es como ha nacido, crecido, dando frutos, resucitando, COPEVISA, buscando trascender desde el esfuerzo diario por sembrar este lema como principio y opción en cada ser humano que la vida nos permite encontrar en el camino. Nuestros mayores fracasos se anidan en la traición o desacato a este ideal y nuestros mayores logros en la fidelidad al mismo. “Cuando un ganso se enferma o es herido; dos gansos salen de la manada para acompañarlo y protegerlo mientras se alienta o se muere. Luego se reintegran a su manada o se unen a otro grupo”. Nunca por ninguna razón, por difícil o fácil que parezca hay que perder el sentido de comunidad.

Organización: Cooperativa COPEVISA Proyecto:

COPEVISA haciendo y creciendo en comunidad

Localidad:

Usaquén

E-mail:

pec_copevisa@hotmail.com

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UN SUEÑO VERDE Grupo Banco de semillas

Eran las 11:30 de la noche de aquel 23 de enero de 1991 cuando apresuradamente tuvo que salir con su esposo y dos de sus pequeños hijos, todos escondidos en la parte trasera de un camión que transportaba guayaba, dejándolo todo para salvar sus vidas. El conflicto entre actores armados en esa región era por esmeraldas, cultivos de coca. Esa noche todo era confusión pues ya se habían cumplido 15 días de persecución amenazas y advertencia, la cuadra estaba rodeada de matones con orden de bombardear la casa de Dora y Tito y acabar con esa familia… Quedaron quedaron atrás la casa, la finca y muchos sueños frustrados. Al llegar a Bogotá a las 4:30 de la mañana, ahora estaban refugiados en Patio Bonito en casa de unos familiares que les dieron alojamiento. Ellos, al igual que muchos otros colombianos se convirtieron en victimas del desplazamiento forzado.

Dora recuerda con nostalgia “Mientras en el pueblo cada uno de los niños tenia su propia alcoba, aquí tuvimos que compartir los cinco una pieza. Había comenzado otra etapa de la vida para esta familia. Con el ánimo por el piso pero con el empuje que siempre los ha caracterizado a ella y a su esposo, con mucho esfuerzo logran reunir unos recursos y compran un negocio de panadería: Dora se pone al frente del establecimiento mientras Tito encuentra trabajo en la Central de Corabastos. Preocupados por darle de nuevo un techo a sus hijos, alguien les comenta que estaban vendiendo lotes a bajo precio cerca de Corabastos. Dora con los suyos, al igual que las demás familias, engañados en su buena fe por urbanizadores piratas compraron terreno para sus viviendas en un humedal: el ”Humedal de la Vaca”.

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Allí comienza otra travesía para Dora y su familia, pues pasado algún tiempo y en espera de que llegaran los recibos de servicios públicos un buen día se enteraron de la triste realidad; sin saberlo, indirectamente habían ayudado a la destrucción y desaparición de un hermoso e importante ecosistema de la ciudad de Bogotá. Ya enterados del desastre, pero con la realidad frente a sus ojos, pues aún quedaba un rezago del humedal (de 25 hectáreas solo quedaron 9), se podía con esfuerzo y dedicación rescatar. Era 1994 Dora y un grupo de 12 mujeres que por las mismas razones vivían en este lugar, toman la decisión de rescatar la flora y fauna del humedal. María Lilia Bolívar recuerda el inicio de ese proceso “lo primero que se debía hacer era pensar en la reubicación de las 160 familias asentadas en la zona de ronda que según la nueva demarcación y limites del humedal había sido delimitada por el acuerdo 35 de 1999, aprobado en el concejo Distrital de Bogotá.” Cuenta María Helena Acevedo, antigua habitante de este sector de la ciudad: “La historia del humedal, la conozco desde 1991 cuando llegue al barrio; en ese entonces casi todo era laguna y se veía toda clase de aves: gallinas chinas, pájaros de todos los colores, garzas y patos. Allí no había luz y el agua era un hilito que llegaba a las pilas que dejaron los vendedores de lotes, que poco a poco rellenaron de escombros el humedal y fueron acabando con la fauna del lugar….

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Los urbanizadores se tomaron la laguna y la vendieron por partes, las volquetas que traían escombros y basura se enterraban y la vegetación silvestre se perdía… ¡que triste era ver la naturaleza arrasada por el hombre!. Yo fui la primera en construir la casa en material, la mayoría de casas eran ranchos en madera plástico y paroy. Que yo recuerde se inundó terriblemente dos veces; con el tiempo se acabo la laguna y sobre ella se fue conformando poco a poco este barrio”. La recuperación del humedal se inicia el año 2003, con el programa de reasentamiento de las familias que por diversas razones habían llegado a la ciudad de Bogotá buscando un mejor futuro o huyendo de la violencia que tan azotado tiene a este país. Todas ellas engañadas por los urbanizadores piratas, compraron terrenos “donde no debían”, porque este era “el Humedal de la vaca” y quedaron ubicados dentro de la zona que debía ser recuperada. Estas doce mujeres del común, preocupadas por la determinación de desalojo tomada por las entidades centrales y locales, se opusieron y promovieron una mesa de trabajo con todos los actores involucrados, para buscar una solución que no excluyera sino que integrara al territorio a estas familias y a la vez las involucrara en el proceso de recuperación del humedal. Con esta propuesta las familias aceptaron ser reasentadas, algunas en el mismo sector, otras en localidades distintas, otras más regresaron a sus pueblos de origen, con todas las garantías dadas por las autoridades que en este caso fueron la EAAB y la Alcaldía Local de Kennedy, entre otros.

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Cumplida esta primera labor, las 12 mujeres enfilan sus esfuerzos en la recuperación y conservación del humedal; se dan a la tarea de recolectar el lodo y barro que en ese momento estaba siendo removido por uno de los consorcios contratados por el acueducto; lo fueron colocando en camillas plásticas y trasladándolo a un vivero que ellas mismas habían construido donde germinaron especies de flora endémica y nativa; así se hizo la revegetalización del humedal que ya se creía perdido. Por haber hecho esa tarea este grupo de 12 mujeres fue reconocido por la comunidad como el Grupo Banco de Semillas, es por ello que ahora las identifican. De este proceso también han hecho parte los niños del sector, principalmente los hijos y nietos de estas mujeres, quienes las acompañan en las tareas que realizan y han asumido el papel de defensores del espejo de agua de la laguna. A ellos se les reconoce como los guardianes del agua. Nicolás Carvajal, es uno de ellos, con escasos dos años de vida sabe y entiende la importancia del humedal y lo defiende con entereza, hecho que motivo a la EAAB a galardonarlos y publicar su experiencia en Canal Capital durante una hora al aire. La tarea de estos 17 niños ha motivado a otros a ver el humedal de una forma diferente y por eso, periódicamente niños y niñas de los jardines y centros educativos del sector, realizan visitas al humedal y después de un recorrido guiado donde aprenden amena y divertidamente sobre fauna y flora nativa, salen a contar emocionados la linda experiencia que disfrutaron.

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Hoy por hoy toda la ciudadanía puede disfrutar de un hermoso panorama verde, plantas acuáticas, lenteja de agua, buchón cucharita, sombrilla de agua y berros. La capa de juncos que sirve como filtro purificador permite disfrutar de un precioso espejo de agua cristalina. El humedal ha vuelto a ser visitado por las aves migratorias que al encontrar vegetación verde hacen su nido y se quedan a habitarlo de nuevo, brindándole a la ciudad un espacio de recreación pasiva y la posibilidad de disfrutar cerca de nuestras casas toda la riqueza ambiental que nos da la biodiversidad.

Lo que Dora Villalobos Burgos y otras mujeres soñaron un día, es ahora una realidad. El verde esperanza, es un sueño verde, bella experiencia que le permitió al grupo Banco de Semillas obtener el segundo lugar en el Premio Cívico por una Bogotá Mejor, proyecto que destaca experiencias de desarrollo Social meritorias y que es patrocinado por la Fundación Corona, la Casa Editorial El Tiempo, Plan Internacional, Consorcio para el Desarrollo Comunitario y el Banco de Tiempo, programa de la Fundación Colombia presente.

Organización: Grupo Banco de Semillas Proyecto:

Recuperación, readecuación y sostenibilidad del Humedal de la Vaca (Techovita) sector norte

Localidad:

Kennedy

E-mail:

doti23@hotmail.com

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POR LAS MONTAÑAS DE LA ESPERANZA TEJIENDO UN SUEÑO Juan Rey es un barrio apartado del ruido de la ciudad de Bogotá, rodeado por una hilera de grandes montañas verdes por donde todas las mañana asoma el majestuoso y brillante sol que pareciera vivir entre ellas. Cuando en las largas caminatas subimos a una de sus cimas o copas, se puede divisar a lo lejos la imponencia ambiental que pertenece al sistema de los Andes. Entre sus grandes alturas se reconoce el tan nombrado nevado del Ruiz con su exuberante belleza reflejada como un copo de algodón. En medio de este paisaje natural se encuentra el barrio la Esperanza UPZ 52 de la Flora parte alta de Usme, ubicado en la falda de estas montañas, a una altura que podría decirse de 2500 metros sobre el nivel del mar. En estos cerros una parte del tiempo llueve y las nubes nos acompañan gran parte del año. Sus habitantes son personas calurosas, amables, con muchos deseos de trabajar,

Asociación Grupo Semillas de Antaño

cultivadores de sueños y esperanzas; entre ellos nos encontramos 6 habitantes inquietos, dinámicos que por ayudar a la gente han trabajado de diferentes formas para transformar las condiciones de vida de quienes vivimos allí. En este esperanzador sector hace muchos años solo existía la exuberante belleza natural, pero de un tiempo para acá fueron llegando a habitarlo personas carentes de recursos económicos y así, poco a poco se fue poblando la montaña. Quienes llegaron en el año 1974 fueron haciendo caminos, construyendo sus chozas de lata, tela asfáltica, bahareque etc. Analida, Cecilia, Lucho, Cesar, Pardo, Leonor y yo, Patricia, como habitantes de esta tierra, pasamos los años transformando este terreno montañoso, siempre pensando y haciendo, preocupados por el bienestar de otros más vulnerables que nosotros.

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Nos dimos a la tarea de unir fuerzas con los buenos deseos de apoyar a otros que también lo necesitaban. Nos citamos varias veces para pensarlo y analizar que era mejor en ese momento, participamos en algunas reuniones, visitamos casas, indagamos durante varias semanas, incluso llegamos a concluir que lo que en ese momento podíamos ofrecer era compañía a los adultos mayores, a quienes invitamos a encontrarnos en las tardes para compartir unas ricas y amenas onces; onces que se convirtieron en el espacio para contar nuestras cuitas, chistes, tristezas y alegrías que la vida nos deparó por mucho tiempo. Las anécdotas contadas por los adultos mayores recordaban nuestras vidas cuando jóvenes, que éramos inquietos y activos, que cuidamos con mucho esmero a los hijos, los formamos y ellos volaron como las aves cuando salen de sus nidos y con el tiempo quedamos solos y olvidados. Esta fue una de las razones por la que tomamos la decisión de reunirnos para mirar que alternativa se nos podía ocurrir. Era evidente que estos nuestros abuelos necesitaban compañía. Acordamos entonces agruparnos en un solo lugar y formar “El club del adulto mayor”, al que se articularon 50 personas, fuera de los 6 que estábamos interesados en apoyar la causa. Un espacio para los abuelos del barrio se hizo realidad; animados por el éxito, seguimos buscando alternativas para que pudiéramos atender otras necesidades: los adultos mayores no tenían los recursos para tomar los 3 alimentos diarios a los que tenemos derecho todos los seres humanos, entonces la siguiente decisión que tomamos, fue formar un comedor comunitario al que podían acudir los abuelos con sus núcleos familiares.

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Nada fácil sostener esta obra. Como el clima que por esos días era inclemente, las dificultades para acopiar todo lo que se necesitaba eran evidentes; teníamos claro que había que golpear varias puertas: gestionamos los materiales para el comedor, se hizo una teletón de loza y una recolecta de utensilios de cocina entre los 6 integrantes. Todo ello permitió que pronto se pudiera dar apertura al restaurante y servicio a toda la comunidad. Pero como nuestro objetivo no solo era alimentar a las personas sino, capacitarlos en formación de hábitos, valores, derechos y deberes, alfabetización, danzas, artesanías, entre otras cosas; decidimos encontrarnos cada tarde para dar rienda suelta al “punto cadeneta punto” con las cuitas y demás. Así, entre lluvia y frío, o fulgurante sol a ratos, se va fortaleciendo nuestro club. El 29 de junio del 2002 logramos nuestra personería jurídica, ante la Cámara de Comercio y desde entonces nos identificamos como “Asociación grupo de apoyo semillas de antaño”. Hoy en día somos reconocidos por haber logrado la meta para tan anhelado sueño y a la vez dar cumplimiento a nuestro objeto social: nutrir y fortalecer un espacio para la integración y el reconocimiento del adulto mayor, de la localidad 5ª de Usme parte alta, haciendo extensivo este apoyo a sus núcleos familiares.. Sin perder de vista que esta ayuda se acabaría, seguimos en la búsqueda incansable de apoyos para nuestro sueño:

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1.

Se elabora un proyecto para “Bogotá sin Hambre” y concursamos con 24 iniciativas comunitarias más en una convocatoria de la Secretaria Distrital de Integración Social; obtuvimos el primer lugar.

2.

Actualmente estamos ejecutando el segundo contrato con Fundación Gran Ahorrar el cual nos ha apoyado y formado para que en un futuro estemos en capacidad de contratar autónomamente.

3.

De igual manera, se tiene convenio con el Banco de Alimentos, el cual da precios que nos permiten subsidiar la alimentación de niños, niñas y adultos mayores de la parte alta de nuestra localidad.

4.

Otra importante acción de la Asociación es la participación en el concurso con la Caja de Vivienda Popular , desde el cual, en el año 2004, recibimos un reconocimiento, representado 20 millones de pesos para el programa de seguridad alimentaria de adultos mayores, niños y niñas de nuestra querida localidad.

Todo esto nos ha ocurrido en este paraíso natural en medio de grandes árboles que nos permiten procesar con optimismo el recuerdo de los momentos de incertidumbre cuando el dinero en ocasiones hizo falta para completar la minuta diaria, pero que pudimos resolver oportunamente. Tampoco nos deja olvidar que en un principio todos queríamos hacer de todo, con el afán de ayudar a otros, pero que esto, en ocasiones, fue la causa que impidió lograr los proyectos. Sin embargo de todas estas experiencias hemos aprendido; tanto los aciertos como los desaciertos nos han unido y nos unirán en el futuro por el amor que sentimos por aquellos que les falta algo en lo que nosotros podemos contribuir; nuestra obra es un esfuerzo por compartir con otros lo que a nosotros nos han brindado las grandes montañas de la esperanza de quienes creen que los abuelos tienen derecho a vivir dignamente.

Organización: Asociación Grupo Semillas de Antaño Proyecto:

Comedor Comunitario

Localidad:

Usme

E-mail:

llucas7@hotmail.com

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UNA HISTORIA QUE SE CONSTRUYE DÍA A DÍA Red de Mujeres de la UPZ 89

El proceso de crecimiento y fortalecimiento de las mujeres es una historia sin fin que seguirá por siempre y que se ha convertido en el marco de nuestra propia historia. Hacia el 2002 el Departamento Administrativo de Bienestar Social- DABS-, programó algunos talleres sobre los Derechos de las Mujeres, los cuales fueron realizados por la Corporación Casa de la Mujer en nuestro refugio el “salón de la semilla” ubicado en la UPZ 89 de la Localidad de Chapinero. Lo llamamos así porque realmente allí, con 40 mujeres que asistieron a los talleres, se sembró una semilla de lucha y reconocimiento de nuestro papel en la sociedad. Reconocimiento de nuestro derecho a participar en espacios de decisión política, a formarnos académicamente, al trabajo digno, como empleadas, productoras o empresarias, lo mismo que a emprender iniciativas para generar empleo a otras mujeres. Este fue el despertar de muchas de nosotras! Allí comprendimos la importancia

de encontrarnos, de conocernos, de visibilizar nuestras necesidades, y por supuesto de organizarnos. De la mano de la doctora Nohora Gómez, en el 2003 nos formamos 25 personas en el tema de “Democracia Familiar” y desde entonces comenzamos a trabajar todo lo relacionado con maltrato infantil, violencia contra la mujer, explotación sexual, explotación del menor, entre otras temáticas. Este espacio nos sirvió para visibilizar la problemática de nuestros niños y de nuestras mujeres, y como no podíamos quedarnos solo con entender esta realidad decidimos ir más allá. A nuestro lugar de trabajo llegó Edith Carrillo de la Caja de Vivienda Popular, y con ella nos dimos a la tarea de conocer nuestro propio territorio, sus problemáticas y posibilidades y afirmamos el empeño de trabajar por la construcción de un “Territorio Sostenible”.

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La tarea era clara, debíamos formarnos y así lo hicimos. Iniciamos un proceso de capacitación en temas empresariales con la Universidad Distrital, en Cooperativismo con la Universidad Gran Colombia, en trasformación de productos elaborados en quinua y maíz con la Universidad Los Libertadores, incluso algunas hicimos un diplomado en Preescolar en la Universidad Monserrate. Igualmente, empezamos a participar en espacios de formación política y social, tomamos conciencia de la importancia de la participación para la toma de decisiones y de cómo esta incidía en nuestro bienestar y el de nuestro territorio. Algunas de nosotras participamos en los Encuentros Ciudadanos, otras en el CLOPS, otras nos capacitamos en diferentes artes convencidas de que la productividad es un pilar en el desarrollo de la mujer para ser autónoma e independiente. Ya para este entonces éramos reconocidas en la localidad y en varias instancias del Distrito en las que se discutía la política pública de mujer y género. Siempre mantuvimos la disposición a seguir adelante, teníamos claro que habíamos iniciado un camino que abriría oportunidades para otras mujeres y por ello a través de cada una de las acciones emprendidas, poco a poco muchas más mujeres se fueron uniendo y haciendo también suya esta causa. Este reconocimiento hizo que el Jardín Botánico nos invitara a conocer la agricultura urbana en el marco de un congreso con profesores Cubanos. De ahí en adelante la Red creó su nodo de Agricultura Urbana y hoy ya tenemos nuestro propio cultivo.

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Aprovechando las múltiples habilidades de las mujeres que integramos la Asociación, decidimos organizar bazares de Artes y Oficios para comercializar los productos que elaboraran las mujeres y fue tal la acogida de nuestros productos que logramos un espacio en La Feria de las Colonias en Conferías. Ya llevamos cuatro años participando en ella. A pesar de todo esto sentíamos que debíamos trascender un poco mas, por ello nos postulamos al Premio Cívico por una Bogotá Mejor, liderado por la Fundación Corona y la Casa Editorial del Tiempo; el resultado, un noveno lugar el primer año, persistimos y en el 2008, alcanzamos el cuarto lugar. Nuestro gran sueño es y seguirá siendo, hasta que lo logremos, obtener nuestra propia sede, donde las mujeres de la UPZ encuentren un lugar para trabajar y contar con personal más capacitado para ofrecer

productos de mejor calidad, extender la cobertura a nuestra comunidad infantil, para ellos tenemos planeado formar una ludotecas, donde los niños utilicen su tiempo libre en diversas actividades culturales y deportivas que contribuyan a su formación y mejor calidad de vida. Como en toda historia hemos vivido momentos gratos en los que hemos reído y momentos tristes en los que hemos llorado. Todos han significado una experiencia de crecimiento personal en nuestra vida como mujeres, en nuestro espíritu de lucha, en el reconocimiento de nuestra labor como formadoras en nuestros hogares, como administradoras en los espacios de trabajo; pero sobre todo, hemos aprendido a reconocer múltiples posibilidades para el futuro personal y de nuestras familias y para ello, con persistencia seguiremos construyendo mientras la historia de nuestras vidas continua.

Organización: Red de Mujeres de la UPZ 89 Proyecto:

Inclusión social, política y económica de las mujeres de la UPZ 89 para el desarrollo sostenible y humano del territorio.

Localidad:

Chapinero

E-mail:

olgabetyca@yahoo.es

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UN SUEÑO COMPARTIDO Ciudad Emphiria Sencillamente aquí, bajo las cobijas de una noche fría y motivado por el orgullo y las ganas de seguir trabajando pensaba sobre en el logro alcanzado en los últimos días, quería que el sueño que estaba viviendo, otros jóvenes lo pudieran lograr. Al llegar en la tarde a clases vio a algunos de sus compañeros salir del colegio y para evitar la cara amarga de su coordinadora se mezcló entre ellos sin saber para donde iban. Luego de un momento se encontró en un auditorio con los mejores lectores de la comunidad, por fortuna no era tan malo para leer, así que no le importó y siguió el juego a unos desconocidos que celebraban el amor a la lectura, entre ellos un personaje bajito, gordo y de cabello rizado con buena vibra entre su mochila, a quien todo el mundo llamaba Raúl. Este señor pertenecía a un cuento llamado Ciudad Emphiria, que creaba, apoyaba y participaba en iniciativas de pelaos que pensaban ayudar a la gente con sus talentos de una u otra forma, así que esta era la oportunidad para sacar una idea de

unos pocos e impactar a otros muchos. Con Raúl y su equipo de trabajo, se pusieron a sacar las ideas de sus cabezas para plasmarlas y en un archivo Word, un discurso medio ladrilludo al cual están acostumbrados los intelectuales, pero que a veces se vuelve necesario para formalizar las ideas. Luego de un largo trabajo de Raúl y nosotros los pelaos, solo faltaba una cosa: el nombre que habrá que poner en alto, suena fácil la tarea, pero en realidad fueron dos días de constante tortura para su cabeza hasta que ¡Eureka!, surgieron varias palabras alusivas a las siglas de SEREZ-8 el más grande Sistema de Emisoras Radiales Estudiantiles de la Zona Octava de Kennedy. Ella, la dueña de casa, fotógrafa profesional, a quien por cariño le decimos Carito y cuando de respeto se trata, Carolina, es el polo a tierra de un parche de pilotos en un avión de imaginaciones que necesitaban pararse en la realidad así en el aterrizaje se dieran duro.

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Caro, a pesar de que lo suyo no era nada compatible con el deporte, se echó al hombro el primer campeonato de microfútbol SEREZ-8, que aparte de ser divertido era pedagógico, pues las faltas se pagaban con papel reciclado, estimulando así el corazón verde de cada uno de los jugadores. Fue muy duro levantar ese campeonato pues no había dinero ni para las hojas de planillas que se necesitaban para el reporte. SEREZ-8 cada vez era más grande, tanto que no habían suficientes manos para todo el trabajo que se venía encima, casi 20 colegios queriéndose unir al sistema que tenia 5 bracitos de camello, pero donde para cualquier talento había espacio. Así incorporamos arte, deporte, medio ambiente, competencias académicas y por supuesto la comunicación basada en la radio, a más de 5.000 jóvenes en un solo cuento, ahora la preocupación mayor era la acogida que deseaban tener todos los líderes de ese gran parche. Jeisson, uno de los despelucados, Luis Andrés, el maniático, político, fanático a Maquiavelo, Melisa la niña que alteraba el pulso de todos los hombres cuando llegaba, Jhon el intermitente para todo, pero colaborador, Marcela líder de la emisora de su colegio, Caro, Raúl y lucho el despelucado mayor, que soñó con este cuento y al que me refiero al principio de éste, fueron los superhéroes protagonistas del éxito inabarcable de esta gran red de pelados, que trabajan por mejorar sus talentos y se preocupan por cambiar el conocimiento por medio del arte de hacer comunicación.

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Lo que estaba ocurriendo era que todos estos pequeños gestores de pensamientos, tomaban decisiones para sus vidas, daban su primer paso en este escenario de las emisoras estudiantiles con sus primeros pregrabados en los que cada uno puso además de su saber, las ganas de construir un recurso comunicativo con representaciones de todos y cada uno de los colegios, aprovechando el pequeñogran espacio dispuesto por Ciudad Emphiria para grabar. Nos convertimos en una comparsa gigante y llena de colores de la que mucha más gente quería ser parte, eso era sentirse integrante de SEREZ8. Gente como Andrés, estudiante, payaso, recreador y teatrero de lo mas empírico de este mundo, katerin, personera y líder de su colegio y muchos otros pelados, más de 100 apostándole al rescate ancestral por medio de una comparsa. Contamos también con gente que ya no era joven, pero que encontraban en este equipo una forma de retroceder algunos años y recordar sus épocas de estudiante, Alfonso,

el profesor y administrador de eventos que además de su porte de gente pulcra y educada, por momentos se portaba como un chino mas y hasta se le salían secretos que le causaban risa y pena a la vez; don Carlos, un viejo como de 60 años que aprendió a saludar rosando la manos e impactando los puños con niños de 11 años; Diana, una joven exitosa en la política con un cargo para gente de 50 años, que lo hacía muy bien con tan solo 26…; y así sucesivamente llegaba y se unía nueva gente, era difícil recordar tantos nombres en un solo día. Ahora con todos ellos somos una fuerza juvenil muy fuerte, que toma decisiones para afectar para bien a toda una comunidad, demostrando humanidad, valores, verraquera, y aunque no tengamos muchos recursos para mantener este espacio hemos realizado durante dos años programas radiales que difundimos a la vez en 8 colegios de la Localidad de Kennedy y llegamos con nuestros mensajes a más de 16000 niños y jóvenes.

Organización: Ciudad Emphiria Proyecto:

Sistema de Emisoras Radiales Estudiantiles de la Zona Octava SEREZ – 8

Localidad:

Kennedy

E-mail:

ciudademphiria@gmail.com

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CON NUESTRAS MANOS CONSTRUÍMOS LO QUE QUEREMOS Junta de Acción Comunal Barrio Villa Rosita Sucedió que a finales del 2003, Ana la niña de muchos amigos e hija de mi vecina, salió al centro de la ciudad a hacer una consulta a la biblioteca Luis Ángel Arango. La niña poco salía ya que donde ella vive, un lugar muy bonito, que recibe siempre a propios y extraños con una pertinaz lluvia y mucho frío, se encuentra muy alejado del centro de la ciudad. Villa Rosita, está ubicado en la cima de una montaña, en la Localidad de Usme. Ana miraba la ciudad, gris, de caras sucias, de luces de muchos colores y se encontró con una gran sorpresa, esta no era la ciudad que ella creía, mas cuando le sucedió un hecho que le marco la vida, a ella y a toda su comunidad en el barrio, esa niña de pelo negro y ojos grandes fue emburundangada. Este lamentable acontecimiento llevó a la Junta de Acción Comunal del barrio a tomar una iniciativa que contribuyera a evitar que hechos lamentables como este le volvieran a ocurrir a nuestros niños.

Con mucha gestión y dedicación se logró construir un espacio de consulta e integración familiar, la biblioteca comunitaria. Por iniciativa de una entusiasta mujer de la comunidad se desarrolló una campaña con un lema interesante que llamó la atención de todos los vecinos “Villa Rosita está de lectura y conocimiento” aprovechando que ya se contaba con un espacio y personas interesadas en asumirlo para todos, solo había que adecuarlo. Este debía identificar lo que queríamos un agradable escenario para satisfacer la necesidad de ayudar en sus tareas a nuestros niños. A 3600 metros más cerca de las estrellas, allá donde el viento ruge como si fueran las olas del mar, llegó la policía comunitaria y permaneció con la comunidad durante un mes, tiempo suficiente para conocer esta necesidad sentida por nuestros niños y motivar a la institución que representan, a aportarnos el

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el material necesario para construir nuestro sueño, la biblioteca comunitaria, nosotros aportamos la mano de obra. Así, con el apoyo de muchas manos este sueño se hizo realidad: se vinculó al proyecto el colegio violetas, muchos amigos, algunas Fundaciones, Misión Bogotá, funcionarios de algunas Instituciones del Distrito; todas, manos que creyeron y apoyaron nuestra causa, manos siempre dicen: “Villa rosita esta de lectura y conocimiento”.

Complementariamente, no nos falta la programación de actividades culturales que atraen a jóvenes y adultos, clases de danza, música, clases de ajedrez, takeondo. Recientemente hemos comenzado a trabajar con los niños diferentes actividades recreativas y culturales en función de una idea, sensibilizar y formar a nuestros niños como “defensores del agua”. La biblioteca es hoy para la comunidad de Villa Rosita el más acogedor espacio de integración.

Hoy nuestra biblioteca es visitada diariamente por más de 20 niños, los padres de familia cuando pueden los acompañan y de paso también leen.

Organización: Junta de Acción Comunal Villa Rosita Proyecto:

JAC Villa Rosita

Localidad:

Usme

E-mail:

comunalesvillarosita@yahoo.es

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www.premiocivico.org

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