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Bogotรก,

un esfuerzo de todos


Bogotá,

un esfuerzo de todos

Premio cívico Por una Bogotá mejor 1998 - 2001

Casa Editorial El Tiempo - Fundación Corona Octubre 2001


© 2001. Casa Editorial El Tiempo - Fundación Corona Todos los derechos reservados Coordinación editorial Casa Editorial El Tiempo Fundación Corona Edición Bernardo González Corrección de textos Guillermo Marulanda Diseño y armada electrónica Formato Comunicación Diseño Fotografías Carlos Julio Martínez (El Tiempo) Miguel Menéndez (El Tiempo) Camilo George (El Tiempo) Rafael Espinosa (El Tiempo) Juan Herrera (El Tiempo) Felipe Caicedo (El Tiempo) Milton Díaz (El Tiempo) Gerardo Chaves (El Tiempo) Mauricio Moreno (El Tiempo) Roger Triana (Código de acceso) Archivo El Tiempo Selección de fotografías Richard Emblin Juan Carlos Bermúdez Ll. Preprensa digital Fotolito Colombia Impresión y encuadernación Litocamargo Ltda. ISBN 958-97048-2-4 Primera edición Impreso en Colombia, octubre de 2001 www.fundacioncorona.org.co www.eltiempo.com


Indice

Prólogo Presentación

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Capítulo 1 Cómo opera el premio cívico Por una Bogotá mejor

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Capítulo 2 Ganadores y finalistas 1998 Noventa y tres escalones más cerca del cielo Un parque hecho con arte Transformar es el objetivo El círculo de los años dorados ‘La mejor droga es el trabajo con la gente’ Semillas de Ciudad Bolívar Cuidar carros es su vida Salud, necesidad comunal Los vecinos se unieron para recuperar un paso peatonal Una empresa de mujeres para los niños

33 35 39 45 49 53 57 61 65 69 73

Capítulo 3 Ganadores y finalistas 1999 ‘Todo un cuento por el agua’ Corposéptima: la unión de los separadores Liderazgo político no es hacer montonera Ahora el paso es real El carrito esferado es ya una empresa Ellos ahora sí tienen casa

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Una cometa que vuela alto Vecinos salvan La Conejera

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Capítulo 4 Ganadores y finalistas 2000 El reciclaje del aseo Kerigma, una buena nueva La Bogotá que sigue siendo campesina Las escaleras de la paz Las madres comunitarias son gremio Historia de viejos amigos Juan Pablo Montoya ya tiene parque ‘Acá los ciudadanos mandamos’ Un trabajo en do mayor

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Capítulo 5 Ganadores y finalistas 2001 Un centro comercial para la ropa usada Unión, el éxito de Villas de Kennedy Trastaller: el futuro viene en zancos Pasquillita, ejemplo de escuela rural Un jardín para aprender jugando El agua va en camino hacia Altos de Yomasa Luz de luna y la denuncia artística Un parque construido con chocolate ahumado ‘Interactuar’ con reciclaje

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Capítulo 6 Una lupa para mirar la actividad comunitaria

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Anexos Reglamento del premio cívico Por una Bogotá mejor

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Formulario de postulación de iniciativas meritorias de desarrollo social, adelantadas por organizaciones de la comunidad y de vecinos

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Organizaciones participantes en las convocatorias 1998 - 2001

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Prólogo

En los libros sobre Bogotá aparecen fotos de Monserrate y Guadalupe, nuestros cerros tutelares. De la histórica Plaza de Bolívar y del moderno Transmilenio. Del Museo del Oro, del Museo Nacional y del MamBo. Aparecen , también, de la plaza La Santamaría y del estadio El Campín, de Unicentro, la hacienda Santa Bárbara, los centros financieros y del Parque de la 93. Todos, sin duda, lugares queridos para los bogotanos, de los cuales nos sentimos orgullosos. En otros libros se cuentan las hazañas de hidalgos y cachacos santafereños, de linaje y pergamino, quienes hicieron las delicias de una ciudad ilustrada a la que llegaron a llamar “la Atenas suramericana”. El graffiti callejero dio cuenta de la evolución urbana... “la tenaz suramericana” quedó, entonces, bautizada por cuenta del ingenio popular al filo del tercer milenio. Se sabe de audacias empresariales y emporios financieros que escogieron a Bogotá como sede, y se sabe, claro está, que es la residencia del poder nacional. Las cifras sobre Bogotá se usan –según las necesidades de cada cual– para demostrar que es una metrópoli vibrante, que es una de las ciudades más pobladas de América, que sus niveles de pobreza desbordan uno u otro umbral, en fin. Cifras, datos, estadísticas que dan cuenta de la inmensidad y la complejidad de la capital de Colombia. Pero más allá de las cifras y los temas favoritos de los libros que se ocupan de la ciudad es difícil encontrar bibliografía sobre la vida de las gentes de Bogotá. Sobre sus sueños y sus anhelos. Sobre sus aspiraciones y frustraciones. Sobre sus empeños y sus esfuerzos. Sobre sus comunidades y su vida en colectivo. Sobre las organizaciones de base y sobre los caminos que se abren, entre muchos, para construir mejores opciones de vida. Esa es, precisamente, la contribución que esta publicación hace. Compartir las experiencias alentadoras y ejemplarizantes que han sido galardonadas en el premio “Por una Bogotá mejor” y llevar una bocanada feliz de esperanzas e ilusiones a partir de 9


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historias reales que demuestran el coraje, la inteligencia, la fe y la sangre buena y noble que corre por las venas de los bogotanos que han decidido conjugar en plural los verbos de su vida. Es una galería de ejemplos positivos. Una antología del “sí podemos”. Una colección de razones para creer en que somos capaces de construir mejores horizontes para nuestra ciudad y para los nuestros. Cada año la revisión de las experiencias que se inscriben para participar en el premio “Por una Bogotá mejor” se convierte en un tiquete maravilloso para emprender un recorrido de varias escalas por todas las localidades de la ciudad, con el calor humano, la certidumbre de patria, el compromiso de ciudad y la vocación del buen obrar como faros de la actividad de centenares de mujeres y hombres buenos que no quisieron esperar pasivos a que los designios astrales o las fuerzas del más allá les brindaran una segunda oportunidad sobre la tierra. En horas de tempestad y tormenta, en noches oscuras y frías, al filo del abismo y la incertidumbre, con el alma nacional adolorida y el corazón de la ciudad desgarrado por el sufrimiento de muchos de sus habitantes, repasar esta colección de testimonios y batallas generosas se convierte en un poderoso aliciente para seguir adelante, para no desfallecer, para no renunciar a los sueños, para no abandonar las causas emprendidas. Se convierte en una suma de razones de peso para saber que esta espectacular ciudad nuestra, en medio de todas sus tribulaciones, cuenta con la gente que será capaz de llegar hasta la otra orilla. Que los aplausos que momentáneamente interrumpen el silencio gallardo del anonimato de quienes sólo quieren servir y que las páginas de esta publicación y el ejemplo de sus protagonistas se conviertan en un multiplicador social que proclame a los cuatro vientos, en cada calle, en cada cuadra, en cada barrio de Bogotá la fuerza invencible de las comunidades organizadas, de los liderazgos desprendidos y de las utopías que se convierten en felices realidades.

Juan Lozano Director de Citytv

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Presentación

Para la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Corona, promotores del premio cívico Por una Bogotá mejor, es muy grato entregar a los lectores las memorias de este proyecto. Esta publicación compila los resultados de cuatro años de sucesivas convocatorias del premio. Aquí, además de información sobre el contexto y la forma de operación del premio, se encuentra una recopilación de crónicas de experiencias meritorias que realizan ciudadanos organizados en sus barrios y localidades, para construir una Bogotá mejor para todos. La preparación de esta publicación estuvo a cargo de las instituciones promotoras del premio cívico. Sin embargo, en su realización participaron activamente varias organizaciones y muchas personas que contribuyeron a enriquecer su contenido: El prólogo fue escrito por Juan Lozano, director de Citytv. Para las tres iniciativas ganadoras de cada año, se realizó un trabajo especial. Un grupo de periodistas de El Tiempo, conformado por Ernesto Cortés, Deyanira Tibaná, Martha Luz Monroy, Ruby Marcela Pérez, Marta Cabrera, Julio Suárez, Carlos Daguer, Juan Carlos Bermúdez y Germán Gélvez, se dio a la tarea de preparar crónicas sobre las experiencias. Las fotografías para estos trabajos especiales y los restantes fueron tomadas por Roger Triana, del proyecto Código de acceso de la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco, y Carlos Julio Martínez, Juan Herrera, Miltón Díaz, Gerardo Chaves, Mauricio Moreno, Rafael Espinosa, Camilo George y Miguel Menéndez, de El Tiempo. También se incluyen imágenes cedidas por el archivo de El Tiempo. Richard Emblin, editor fotográfico de El Tiempo, seleccionó parte del material. El trabajo estuvo coordinado por el periodista Juan Carlos Bermúdez Llanos. Los artículos sobre las experiencias finalistas son los mismos que fueron publicados en su momento en el periódico como parte de la estrategia anual de difusión de las iniciativas más destacadas. Estos fueron escritos por Marta Luz Monroy, Ruby Marcela Pérez, Jimmy Arias y Adriana Díaz. 11


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Para la preparación de estos textos fueron entrevistadas muchas personas, que compartieron con el equipo periodístico logros y limitaciones de sus iniciativas, así como los retos que les depara el futuro. De no haber contado con la activa participación de los líderes de las iniciativas documentadas no habría sido posible hacer este libro. Por otro lado se incluye en la parte final un anexo con los instrumentos utilizados en las convocatorias del premio, y un cuadro con la totalidad de las iniciativas postuladas, durante los cuatro años, que cumplieron con los criterios de participación en el concurso. La Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Corona desean agradecer a los jurados y a los involucrados en la realización del premio su generosa participación y sus valiosos aportes. A los periodistas y a las coordinadoras del premio gracias por su profesionalismo, dedicación y compromiso. A las organizaciones que postularon sus iniciativas, nuestros agradecimientos por su participación y compromiso con el desarrollo de una ciudad mejor. A los líderes y organizaciones que representan los casos más destacados, mil gracias por compartir su conocimiento y su aprendizaje. Gracias a todos por construir una Bogotá mejor.

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Dos instituciones y un propósito El premio cívico Por una Bogotá mejor nació en 1998 a partir de dos inquietudes institucionales concretas. Por un lado, el periódico El Tiempo, a través de sus paneles de evaluación, recibió de sus lectores la solicitud de mayor información sobre iniciativas positivas de la ciudadanía en Bogotá. Esta solicitud fue transmitida a la Vicepresidencia de relaciones con la comunidad de la Casa Editorial El Tiempo, CEET, y a la sección Bogotá del periódico, las cuales plantearon las preguntas: ¿cuáles iniciativas? ¿cómo detectarlas? Por otro, la Fundación Corona, a través de su trabajo en el campo del desarrollo comunitario, comprobó la poca visibilidad y el débil reconocimiento que reciben una serie de organizaciones comunitarias que vienen trabajando por el mejoramiento de las condiciones de vida de sus comunidades, de sus barrios y de la ciudad capital. Naturalmente, a la Fundación le surgió la pregunta: ¿Cómo hacer visibles estas organizaciones y desprender de ellas un ejemplo de ciudadanía por imitar?, en una ciudad donde nadie cree en la existencia de ciudadanos activos que trabajan para mejorarla. Se unieron así dos intenciones y dos instituciones de naturaleza distinta, que conjugan sus fortalezas para cumplir con un propósito común: identificar, documentar y difundir experiencias meritorias de desarrollo social que adelantan organizaciones comunitarias y de vecinos en Bogotá. En esta forma el fin último del premio es ampliar el reconocimiento público a la labor cívica que realizan estas organizaciones, y a la contribución que hacen al mejoramiento de la calidad de vida en la ciudad. Así mismo, el premio busca que otras comunidades, inspiradas en el ejemplo, se sientan motivadas a organizarse y participar en el ámbito público. Para desarrollar este propósito, el premio sigue un proceso dividido en varias fases: convocatoria, postulación, selección, documentación y difusión, las cuales se describen a continuación. 15


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La convocatoria: una oportunidad para conocer y aprender Para identificar las experiencias que serán documentadas y difundidas, se ha venido realizando anualmente una convocatoria pública en el Distrito Capital, a través de medios masivos como el periódico El Tiempo y el canal local de televisión Citytv, y de correspondencia dirigida a organizaciones comunitarias de la ciudad y a instituciones públicas y privadas que respaldan el desarrollo de estas organizaciones o mantienen relaciones con las mismas. En la correspondencia a las organizaciones comunitarias se motiva la postulación de sus experiencias mediante el diligenciamiento del formulario anexo a la carta. A las demás instituciones se les solicita su colaboración en la difusión, entre las organizaciones comunitarias de su cercanía, del reglamento y el formulario de postulación al premio. En la evaluación realizada a finales de 2000 al premio cívico se detectó que la correspondencia directa había sido el medio más efectivo de convocatoria. Prácticamente todos los entrevistados coincidieron en que la carta de invitación generaba un mayor compromiso de participación entre las organizaciones. Aunque los medios de comunicación llevaron con efectividad la convocatoria a ciertos públicos de estratos medios y altos, en sectores populares de la ciudad fue menor su efectividad, dado que la circulación y audiencia son más limitadas. Sin embargo, ellos cumplen un papel fundamental en el proceso de convocatoria, el cual no es suplido por la correspondencia directa, al garantizar la transparencia e igualdad de oportunidades en el acceso al premio. Y es que la realización de una convocatoria pública para la postulación de iniciativas obedece a la intención de hacer transparente el proceso de postulación y selección de experiencias, y de ampliar el acceso al premio al mayor número posible de iniciativas. Al anunciar públicamente la apertura del concurso todas las organizaciones interesadas en participar pueden acceder al reglamento y al formulario de postulación e inscribir su iniciativa. La convocatoria pública y el proceso derivado de ésta ofrecen a los promotores del premio una oportunidad invaluable para conocer múltiples experiencias en las distintas localidades bogotanas, en áreas urbanas y rurales del Distrito, y dedicadas a la solución de variados problemas sociales. De esta manera, la convocatoria facilita un conocimiento amplio sobre las organizaciones que hacen de Bogotá una ciudad mejor. En la versión 2001 del premio se utilizaron, como complemento a las anteriores estrategias de difusión, la radio, los periódicos locales y las redes de información 16


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que poseen las asociaciones y federaciones de organizaciones de base. Adicionalmente se elaboraron afiches que fueron ubicados en puntos de encuentro para las comunidades en las distintas localidades (hospitales, escuelas, supermercados, cades, etc.). Así mismo, se acudió a los encuentros ciudadanos convocados por la administración distrital para la realización del proceso de planeación participativa. Para aclarar dudas a las organizaciones interesadas en postular sus iniciativas se realizó una reunión informativa. Estas innovaciones introducidas en 2001 no redundaron en un incremento en el número de experiencias postuladas, pero permitieron identificar experiencias nuevas, que no habían participado en convocatorias anteriores.

Criterios para elegir Para efectos del premio se ha definido una serie de características que deben cumplir las iniciativas elegibles, así como un conjunto de criterios para seleccionar las más destacadas. En el reglamento del concurso se menciona “…son válidas aquellas iniciativas de desarrollo social adelantadas por organizaciones comunitarias y de vecinos, cuyo propósito sea contribuir a la solución de un problema sentido y prioritario. En todos los casos, se trata de iniciativas desarrolladas en beneficio de un bien común y de interés colectivo para una comunidad, un barrio, una localidad y/o la ciudad”. Según el reglamento, las experiencias postuladas deben tener, por lo menos, un año de operación y encontrarse en ejecución a la fecha de la convocatoria. Así mismo, deben ser consideradas experiencias exitosas, es decir, iniciativas que hayan logrado: • afianzar los lazos de cooperación entre los actores involucrados (públicos, privados y ciudadanos). • comprometer la activa participación de la comunidad de su área de influencia, • cumplir con los objetivos trazados para el proyecto o la iniciativa postulada. • producir un impacto positivo (cualitativo o cuantitativo) sobre el desarrollo de una comunidad, barrio, localidad o ciudad. Las tres iniciativas premiadas cada año han quedado inhabilitadas para concursar en el siguiente, mientras que las demás concursantes podían hacerlo. Durante los cuatro años las experiencias postuladas fueron evaluadas y seleccionadas según los siguientes criterios: • Experiencias aplicadas a la solución de un problema de interés y beneficio colectivo. 17


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• Experiencias que involucran una o más organizaciones comunitarias, en asocio con actores públicos y/o privados. • Experiencias que representen propuestas innovadoras de solución a problemas generalizados, potencialmente replicables en casos similares. • Grado de éxito en el desarrollo de la experiencia postulada. En 2001 se adicionaron los siguientes criterios: • Experiencias que cuenten con la activa y comprometida participación de los actores involucrados y de la comunidad circunvecina. • Experiencias innovadoras en la forma como involucran y comprometen la participación de la comunidad. Los criterios de elegibilidad suelen ser muy polémicos. Paradójicamente, en la evaluación hecha al premio cívico, tales criterios no parecen preocupar ni a concursantes, ni al grupo de jurados. En los resultados de la evaluación hubo consenso entre los entrevistados en cuanto a que los criterios garantizaban seriedad e igualdad de oportunidades en la selección de las propuestas y que no eran particularmente restrictivos para ninguna iniciativa, planteada en forma adecuada y respaldada por su organización.

Seleccionar las iniciativas más destacadas Como ya se dijo, cada año las organizaciones comunitarias postulan sus iniciativas a través del diligenciamiento de un formulario, que debe ser entregado a la Fundación Corona en la fecha establecida por el reglamento (ver anexo). En la evaluación del premio las organizaciones entrevistadas manifestaron que el formulario de postulación era adecuado, aunque reconocieron que éste podría resultar complejo y dispendioso para organizaciones populares de escasa trayectoria. Sin embargo, fue ampliamente reconocido por los entrevistados que el formulario, además de servir como instrumento de postulación, conducía a las organizaciones a reflexionar sobre su historia y a reconstruir el proceso de desarrollo de su iniciativa. Muchas de ellas reconocieron que no habrían hecho este ejercicio de no ser por la necesidad de diligenciar el formulario; lo cual hay que destacar como un efecto colateral altamente conveniente. Anualmente, una vez recibidos los formularios diligenciados por las organizaciones, se radican todas las experiencias postuladas con un número y se ingresa la información a una base de datos, para futuras consultas.

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Luego, se inicia el proceso de preselección a cargo de la coordinación del premio, contratada por la Fundación Corona. La preselección se hace mediante la revisión del formulario de postulación y la aplicación rigurosa de un instrumento de calificación que permite revisar el cumplimiento de las características de las iniciativas postuladas y calificarlas según los criterios de elegibilidad definidos en el reglamento. De este proceso de preselección, resultaban cada año cerca de 25 semifinalistas, que representan el grupo con mayor puntaje de calificación. Estas experiencias son objeto de visitas de evaluación, realizadas por un equipo compuesto por la coordinación del premio, periodistas, miembros del jurado calificador y de las entidades promotoras. Las visitas son acordadas previamente con las organizaciones postulantes y en cada una de ellas se busca validar y ampliar la información consignada en los formularios, así como percibir actitudes y sentimientos, entre otros aspectos. Las visitas son imprescindibles para poder evaluar a cabalidad aspectos tales como la activa participación de la comunidad en las iniciativas, el estilo de liderazgo de las personas, el compromiso de la organización con el desarrollo de su comunidad, las reales circunstancias del entorno donde están ubicadas estas iniciativas y el alcance de los problemas que quieren resolver, entre otras cuestiones. Las visitas de campo a las experiencias más opcionadas son útiles cuando se trata de proyectos de infraestructura o mejoramiento barrial pues se puede apreciar que, más allá del cemento y el ladrillo, hay una comunidad viva y organizada, que participa, siente y vibra con la obra. Este fue el caso de la experiencia ganadora del primer año, las Escaleras mágicas en el barrio Lucero Sur, sector medio de Ciudad Bolívar, o las vías peatonales de Villas de Kennedy, las experiencias de los barrios Carvajal y Salazar-Salazar, entre muchas otras iniciativas. No obstante, las visitas son igualmente importantes cuando se trata de la acción de un grupo juvenil o un jardín de niños y, en general, para todo tipo de proyecto. El premio ha buscado que las visitas se desarrollen en un ambiente de transparencia, respeto mutuo, dignidad en las relaciones y honestidad entre las partes. Se combina la entrevista formal con diálogos en la informalidad, en la tienda o en el recorrido, que permiten obtener datos de interés, captar actitudes y sentimientos e incluso, confrontar información con diferentes fuentes. Así ocurrió en una visita. Al llegar al barrio, se buscó la organización y los líderes de la iniciativa postulada, quienes no se encontraban en el lugar. Al caminar con los vecinos del sector en busca de los líderes supimos que estos no estaban enterados de la experiencia postulada, no habían participado en ella y que en la realización de la iniciativa habían actuado solamente dos. A pesar de que la experiencia había deriva19


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do en una importante obra para el sector se pudo comprobar, a través de la conversación informal, que ésta no había contado con la participación de la comunidad del sector, tal como rezaba en el formulario diligenciado y presentado al premio. En la evaluación realizada al premio cívico los entrevistados manifestaron que, a su juicio, las visitas de campo habían sido muy breves (promedio de dos horas), mientras que los jurados, coordinadores y periodistas consideraron que se trata de una duración aceptable. Para los participantes una sola visita es insuficiente para apreciar la iniciativa postulada y tampoco permite discutir de manera amplia el impacto de la iniciativa con los gestores y los beneficiarios directos o indirectos. Para el equipo de evaluadores–visitantes: “el tiempo siempre será corto…pero cuando vemos una buena experiencia, sabemos, casi de inmediato, que es una buena experiencia. Se ve, se siente y se comprueba lo bueno, con hechos”. La experiencia del equipo de evaluación, sumada a unos criterios claros de elegibilidad, facilita la labor. El equipo de evaluadores–visitantes está conformado por una combinación entre expertos en desarrollo comunitario y periodistas; en esta forma, la visión sobre cada experiencia es más enriquecedora. Dadas las diferencias en la formación y actuación profesional de cada uno, el conjunto de preguntas que se hace a las organizaciones es más rico en argumentos y variado en los puntos de vista. Además, las comunidades se sienten orgullosas de que los periodistas las entrevisten. Las comunidades consideran que su labor es importante, pero que ésta no es noticia y se preguntan por qué. Cuando llega el carro rojo de Citytv o el carro blanco de El Tiempo, la comunidad estima que llegó la oportunidad para hacer visible su labor y para hablar a una ciudad que no conoce lo que hace su gente. Con base en las visitas de campo, se prepara una reseña de cada experiencia y un informe con datos generales sobre las experiencias y consideraciones sobre el cumplimiento de los criterios de elegibilidad. La reseña y el informe de cada experiencia, junto con los formularios de postulación y el formato de calificación, son remitidos al jurado para la selección de las diez finalistas y la definición de las tres premiadas. Anualmente, se constituye un jurado integrado por cinco personas. El perfil del jurado combina líderes de opinión, ya sea por su condición de periodista o por su trayectoria pública, y expertos en desarrollo comunitario, siendo indispensables tanto su prestigio personal y excelencia técnica, como la garantía de buen criterio e imparcialidad. En 1998, el jurado estuvo conformado por Juan Lozano (Citytv), Alvaro Sanguinés (Participacción Ciudadana), Edgar Revéiz (director de Procomún) y Felipe Sáez (representante del Banco Mundial). 20


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En 1999, hicieron parte del jurado Antanas Mockus (ex alcalde de Bogotá), Paulo Laserna Phillips (periodista), Claudia López (directora del Departamento de Acción Comunal Distrital), Rodrigo Quintero (de la Fundación Social) y Margarita Jaramillo (de Corposur). En 2000, el jurado estuvo integrado por Juan Luis Londoño (director de la revista Dinero), Claudia López (directora del Departamento de acción comunal distrital), Consuelo Ballesteros (del Consorcio para el desarrollo comunitario), Elvira Cuervo de Jaramillo (directora del Museo Nacional) y Eduardo Arias (de la revista Semana). En 2001, los miembros del jurado fueron Antonio Navarro Wolf (representante a la Cámara por Bogotá), Jairo Chaparro (de la Corporación Raíces), Pedro Miguel Navas (empresario), María Teresa Ronderos (de la revista Semana) y Nancy Heredia (de la Fundación Kerigma, segundo lugar en 2000). La tarea del jurado ha consistido en revisar las experiencias semifinalistas, calificarlas y seleccionar, entre éstas, las diez mejores. Para cumplir este cometido, el jurado conoce la lista y la calificación atribuida a la totalidad de las iniciativas participantes y recibe una información más detallada sobre las semifinalistas, con anterioridad a la misma realización de las visitas. Con base en esta información puede introducir modificaciones a la lista de los semifinalistas y hacer recomendaciones sobre puntos críticos por analizar en las visitas de campo. Después de realizadas las visitas, el jurado, con base en el informe preparado por la coordinación del premio y en la información enviada por los postulantes, califica individualmente las semifinalistas. En reunión posterior, todos los miembros del jurado comparten las calificaciones atribuidas a cada una de las iniciativas, se registra un promedio y un orden de selección de las diez mejores iniciativas y se agregan nuevos criterios para la selección de las tres premiadas. En 2001 se realizó un video con imágenes y testimonios de las visitas de campo a las experiencias más opcionadas, que igualmente fue presentado al jurado en la sesión de juzgamiento. Este proceso de selección, sin embargo, nunca ha sido tan lineal, ni tan plácido como aquí se describe. Todo lo contrario, ha sido un proceso complejo y entusiasta, dada la variedad y los distintos matices de cada una de las iniciativas y los diferentes puntos de vista de cada jurado. Aunque no ha ocurrido hasta ahora, el jurado tiene la potestad de decidir si son tres, dos o una las experiencias premiadas, o si el concurso se declara desierto, en función de la calidad de las iniciativas y las calificaciones asignadas. Una de las recomendaciones, producto de la evaluación realizada al premio, fue mantener un jurado de personalidades. El argumento central de esta sugerencia fue: 21


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“…no hay que perder de vista que ellos también aprenden con el concurso y pueden convertirse en una interesante caja de resonancia para el tema y las experiencias, en escenarios donde es imposible que el concurso llegue por sus propios medios”.

Un premio a los ciudadanos que hacen una Bogotá mejor Anualmente, luego del proceso de juzgamiento, son premiadas tres experiencias comunitarias. Entre 1998 y 2000, la experiencia seleccionada para el primer lugar recibió, mediante convenio, un aporte por valor de diez millones de pesos, el cual fue destinado exclusivamente a actividades de inversión u operación de la misma experiencia o un proyecto complementario. El segundo y tercer lugar recibieron premios de ocho y cinco millones, respectivamente, bajo las mismas condiciones. En 2001, la naturaleza y el monto de los reconocimientos económicos fueron modificados. La experiencia seleccionada para el primer lugar recibió, mediante convenio, un aporte de doce millones de pesos. El segundo lugar obtuvo diez millones para este mismo fin y bajo las mismas condiciones. Se constituyó un premio especial a la innovación. La experiencia ganadora recibió la suma de ocho millones de pesos. Con este premio especial, la Fundación Corona y la CEET quisieron exaltar aquellas iniciativas que se destacan especialmente por generar nuevas formas1 de resolver problemas. Durante estos cuatro años, se ha llevado a cabo un acto especial de premiación con la participación del Alcalde Mayor, autoridades gubernamentales y políticas, Ong, organizaciones comunitarias y periodistas. En el auditorio de Maloka, un lugar simbólico para la ciudad, más de 400 personas han asistido anualmente a esta conmovedora y entusiasta ceremonia. Hasta el momento mismo de la premiación ninguno de los participantes y asistentes conoce el resultado del concurso, y la expectativa se mantiene hasta el instante de presentación del video anual sobre las diez finalistas, preparado por Citytv. La decisión sobre las tres iniciativas ganadoras se da a conocer cuando, acto seguido, un miembro del jurado lee el acta de premiación. Para finalizar el evento, las organizaciones reciben su condecoración y escuchan las palabras del Alcalde Mayor de la ciudad.

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Por ejemplo, innovación en la forma como opera la organización, en los procedimientos creados para lograr los objetivos, o en las estrategias utilizadas para estimular e involucrar la participación de la comunidad en la solución de problemas locales.

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Cada año el evento de premiación se realiza en una fecha cercana al cumpleaños de Bogotá. Se trata así de exaltar el regalo simbólico que hacen los ciudadanos a su ciudad: su labor cívica, su compromiso y dedicación para construir una Bogotá mejor. En 2001 se introdujo la realización de un foro dirigido a las organizaciones comunitarias, con miras a analizar factores de éxito y fracaso en las organizaciones comunitarias, el papel de estas organizaciones en la política pública distrital y nuevas formas de relación entre gobierno y comunidades (planeación participativa y alianzas).

Documentar y difundir buenas historias de la ciudadanía Cada año, las diez experiencias seleccionadas son difundidas principalmente a través del periódico El Tiempo y Citytv y otros medios de comunicación no vinculados al premio. La tarea de documentar los casos a manera de crónica, para luego ser publicados y emitidos a través del periódico y la televisión, es una labor esencialmente periodística y está a cargo de los periodistas de la sección Bogotá de El Tiempo y de Citytv. Durante las visitas de campo realizadas en la etapa de evaluación, los periodistas hacen entrevistas, recogen información de varias fuentes, toman fotos, graban el lugar y reunen los elementos requeridos para su trabajo. Una vez conocidas las diez finalistas, los periodistas acopian información adicional, si es necesaria, y escriben o editan sus crónicas. Los artículos difundidos hasta el momento a través del periódico, son incluidos en el capítulo dos de esta publicación. En las imágenes emitidas por Citytv ha sido posible visualizar las condiciones del entorno y la labor que realizan estas organizaciones. Cabe señalar que el registro de las experiencias a través de las crónicas y la difusión de éstas en los medios es el aporte del premio más apreciado por las organizaciones participantes y finalistas. En la evaluación, todas las organizaciones entrevistadas así lo manifestaron. El periódico y Citytv han buscado especializar un periodista en el cubrimiento del tema, a pesar de las dificultades que les representa asignar, de manera exclusiva, una persona para acompañar las visitas de campo, interactuar con el equipo técnico y el jurado, y preparar la noticia. La CEET estima que la disponibilidad de tiempo y dedicación del periodista a estas tareas permite a este profesional ampliar su visión de la ciudad, enriquecer su interpretación sobre los procesos de gestión comunitaria y aportar a la visión del equipo técnico y el jurado involucrado en el premio.

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La CEET aspira que el premio se convierta en un escenario educativo, donde los periodistas adquieran capacidades para descubrir la noticia en los procesos de gestión comunitaria, sin las restricciones habituales de tiempo, y oportunidades para interactuar con las comunidades. Los entrevistados en la evaluación realizada al premio, sugirieron a Citytv y al periódico ampliar y dar más permanencia al cubrimiento de los temas comunitarios de la ciudad, es decir, difundir información sobre este asunto, más allá del período de ejecución del premio. Ello permitiría dar creciente relevancia al tema ante la opinión pública, contribuiría a promover en forma más sistemática la acción ciudadana en la solución colectiva de problemas, a familiarizar y formar un número mayor de periodistas con las particularidades de la problemática comunal, y a generar una demanda de lectores que se habitúen poco a poco al tema.

Evaluar para mejorar La evaluación realizada al premio a finales de 20002 buscaba indagar sobre su pertinencia y sobre algunos aspectos relacionados con la metodología y la calidad de los logros obtenidos, mediante la recolección de percepciones de los actores vinculados al proceso, tales como organizadores, jurados, concursantes y organizaciones invitadas no participantes. Los resultados de la evaluación relacionados con la metodología aplicada fueron descritos a lo largo de este capítulo. En consecuencia, en esta parte, se presentarán exclusivamente los resultados de la evaluación, en lo referente al grado de pertinencia atribuido al premio. Entre los aspectos evaluados, la pertinencia del premio fue, sin duda, la que mayor unanimidad generó entre los entrevistados. Los actores consultados consideraron que el premio llena un vacío importante en la dinámica de construcción de ciudadanía en Bogotá, dado que crea un canal de información y opinión sobre los asuntos comunitarios. Los entrevistados comparten con la Fundación Corona y la CEET la necesidad de darle relevancia a las experiencias comunitarias orientadas a la resolución de problemas colectivos, como una manera de alentar la organización y el trabajo comunitario en la ciudad. En general, están de acuerdo en que, además de estimular a las organizaciones premiadas, se anima a otros a asumir una actitud proactiva frente a problemas no resueltos en las comunidades.

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La evaluación fue realizada por Octavio Fajardo a instancias de los promotores del premio.

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Algunos de los señalamientos hechos por el grupo de entrevistados, fueron los siguientes: • El premio es necesario porque convierte en noticia temas colectivos y hace contrapeso al protagonismo individualista que caracteriza la información rutinaria de los medios de comunicación. • El premio facilita a las personas con interés en este tipo de actividades la identificación de experiencias exitosas de las cuales pueden aprender. • El premio significa, para las organizaciones sin presupuestos de comunicación y publicidad, la única opción para dar a conocer sus ejecutorias. • El premio descubre a los lectores y televidentes una Bogotá que, en otra forma, es casi invisible para la mayor parte de los habitantes de la ciudad. • En la medida en que destaca aspectos positivos, el premio contribuye al proceso de construcción de identidad y apropiación de la ciudad. • El premio convierte en noticia temas que, en otra forma, no recibirían atención alguna. Es de anotar que los representantes de las organizaciones concursantes, al señalar el grado de pertinencia del premio, lo asocian fundamentalmente con la posibilidad de hacer visibles sus experiencias y ganar reconocimiento público para las mismas. Este argumento no sólo está presente entre las organizaciones de sectores populares entrevistadas, sino también entre las iniciativas de estratos medios y altos. En algunos casos, los representantes de las organizaciones populares reconocieron como un aporte valioso del premio la identificación y difusión de experiencias de estratos altos, no sólo por las particularidades de esas experiencias, sino también por la comprobación de que en la ciudad los problemas que demandan acción colectiva son múltiples y no se asocian, exclusivamente, con situaciones de pobreza. Al indagar sobre el impacto del premio en las organizaciones, se comprobó que: • La permanencia o sostenibilidad de las organizaciones y sus iniciativas no está supeditada al premio. En este sentido, se confirma que las experiencias escogidas como finalistas eran suficientemente sólidas como para mantener su actividad uno o dos años después de haber participado en el premio. • Es claro que el mayor efecto del premio sobre las experiencias participantes proviene del reconocimiento público que genera ser finalista. Por otro lado, ser finalista del premio produce en las organizaciones la confianza de estar haciéndolo bien. Este argumento denota, además, que los participantes poseen un alto nivel de confianza y credibilidad en las acciones que desarrolla el premio. 25


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• En el 50% de las organizaciones concursantes entrevistadas su participación en el premio generó cambios positivos en su metodología de trabajo o en los niveles de compromiso de sus asociados con el proyecto. • En resumen, la existencia y continuidad de las iniciativas no parece depender de su figuración en el premio, pero éste sí contribuye a su sostenibilidad en algún grado. • El impacto del concurso sobre el grado de cohesión dentro de las organizaciones participantes sólo alcanza relevancia cuando el éxito del proyecto –ganador o finalista– representa una fuente de legitimidad para uno o varios líderes dentro de su organización, y es aún más importante cuando ello significa una diversificación del liderazgo. Si entendemos que un liderazgo plural es una característica de las organizaciones fuertes, el premio tendría un impacto indirecto en la cohesión del grupo. • La expectativa de las comunidades del área de influencia inmediata de las organizaciones concursantes por los resultados potenciales del premio representa una oportunidad para acercar la comunidad a la organización o al menos una excusa para informar mejor sobre las acciones y objetivos del grupo. • El impacto del premio sobre la imagen de las organizaciones participantes es, definitivamente, la consecuencia más clara y apreciada por los entrevistados. De hecho, ningún entrevistado consideró que el efecto fuera nulo; incluso las organizaciones no finalistas reconocieron el impacto positivo que, para sus grupos, tiene acceder a esta categoría. • Ante la pregunta sobre si las organizaciones prefieren que el premio sea más representativo en dinero o que haga un mayor despliegue informativo sobre los casos, el resultado fue unánime en favor del reconocimiento y la difusión de la experiencia. • El premio ha ampliado las oportunidades de acceso de las organizaciones a entidades públicas o privadas, de interés para la organización. Este es el segundo impacto en importancia entre los seis identificados. Cabe señalar que el uso de esta oportunidad depende, en gran medida, del manejo que cada organización haga de su circunstancia como premiado o finalista, pero todos reconocen que, en ciertos círculos (entidades públicas del sector social, Ong), el reconocimiento brindado por el premio facilita nuevos contactos y relaciones. Esto es muy importante dado que las iniciativas podrán alcanzar mayor sostenibilidad, continuidad e impacto, si logran mayor articulación entre sí y con las instituciones del gobierno y el sector privado.

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• Con posterioridad al momento de la premiación y las publicaciones, las organizaciones utilizan el premio como un factor de fortalecimiento de su perfil, ya sea frente a otras entidades o a sus propios asociados. • El efecto del premio sobre las experiencias no seleccionadas entre las diez finalistas es escaso. Pero cabe destacar que algunas organizaciones mencionaron que la participación en el concurso, les sirvió de entrenamiento para participar y presentar información sobre sus experiencias ante otras instituciones. • Los efectos del concurso sobre la capacidad y la voluntad de las organizaciones para celebrar alianzas, aún son prácticamente inexistentes. Al parecer, ninguna de las organizaciones tiene dentro de sus políticas la diversificación de alianzas, o la realización de ellas en caso de no tenerlas.

Resultados del premio En los cuatro años de realización del premio, se han postulado 468 iniciativas provenientes de todas las localidades bogotanas y dedicadas a distintas temáticas sociales. Del total de experiencias postuladas, 329 cumplieron a cabalidad con los criterios de elegibilidad establecidos por el premio. Entre las iniciativas elegibles de cada año, la gran mayoría proviene de las localidades del sur de Bogotá (45%), seguidas por las localidades de occidente (18%), norte (19%) y centro (15%). Las localidades con mayor participación en el concurso, durante los cuatro años, han sido Ciudad Bolívar, Suba, Kennedy y San Cristóbal, que son las localidades más pobladas de Bogotá.

Iniciativas elegibles según año Año

Iniciativas postuladas

1998 1999 2000 2001

131 135 114 88

Iniciativas no elegibles 61 40 37 1

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Participación neta 70 95 77 87


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Número de iniciativas elegibles según localidad Localidad Bosa Usme S. Cristóbal C. Bolívar Tunjuelito Rafael Uribe Sumapaz Sur Engativá Fontibón Kennedy Pte. Aranda Occidente Usaquén Suba Chapinero Bar. Unidos Norte Teusaquillo La Candelaria Ant. Nariño Santa Fe Mártires Centro Más de una localidad Total por año

1998

1999

2000 No. %

2001

No.

%

No.

%

3 4 4 14 2 1 0 28 2 1 7 1 11 4 12 2

10 9 7 13 1 3

18 0 0 6 4 2 12

4 6 6 20 3 1 0 40 3 1 10 1 15 6 17 3 0 26 0 0 9 6 3 18

18 1 0 2 3 2 8

11 9 7 14 1 3 0 45 6 3 9 4 23 4 11 4 0 19 1 0 2 3 2 8

5 6 7 12 0 6 1 37 8 1 8 1 18 2 6 2 2 12 1 2 1 1 2 7

6 8 9 16 0 8 1 48 10 1 10 1 22 3 8 3 3 17 1 3 1 1 3 9

2 5 11 15 2 5 0 40 1 2 4 1 8 2 11 1 2 16 4 8 2 5 2 21

2 6 13 17 2 6 0 46 1 2 5 1J 9 2 13 1 2 18 5 9 2 6 2 24

20 24 29 54 5 15 1 148 17 7 28 7 59 12 39 9 4 64 6 10 11 13 8 48

6 7 9 16 2 5 0 45 5 2 9 2 18 4 12 3 1 19 2 3 3 4 2 15

1

1

4

4

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2

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3

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100

95

100

77

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87

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329

100

43 6 3 9 4 22 4 10 4

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Total Promedio No. %

%


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Distribución espacial de las iniciativas

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Al analizar el grupo de las diez finalistas de cada año, se comprueba que las localidades con mayor número de iniciativas destacadas han sido Ciudad Bolívar (9) y Suba (6). Desde el punto de vista de la temática, se verificó que 40% de las finalistas han estado dedicadas a iniciativas de mejoramiento barrial. Luego, le siguen en importancia las iniciativas dedicadas a cultura (13%) y medio ambiente (10%). Las experiencias de mejoramiento barrial han sido, en gran medida, resultado del programa Obras con saldo pedagógico, impulsado por el Departamento de acción comunal distrital, DAACD. Se trata de iniciativas caracterizadas por una importante participación comunitaria, lazos de cooperación entre comunidades y otros actores, y resultados específicos en la atención de problemas colectivos. Las organizaciones comunitarias dedicadas a la cultura y medio ambiente en Bogotá, en comparación con otras, han recibido mayor respaldo institucional a sus iniciativas y entre ellas operan redes de formación y cooperación. Por eso, es de esperarse que resulten destacadas como iniciativas exitosas. Ambos casos demuestran, una vez más, que las organizaciones aprenden, mejoran su práctica, responden a problemas públicos y se desempeñan mejor cuando encuentran respaldo en una política pública (financiación, información, capacidades) y logran establecer lazos de cooperación entre sí y con otros actores. Hasta ahora, entre los tres ganadores de cada año, Ciudad Bolívar es la localidad de origen que más se destaca. Sin embargo, es interesante resaltar que entre los ganadores, estuvieron iniciativas oriundas de Bosa, Usme, Suba, Chapinero y una experiencia que cubre más de una localidad. Con relación a la temática, cinco de las doce experiencias ganadoras estaban dedicadas a mejoramiento barrial, tres a cultura, una a medio ambiente, una a formación ciudadana y una a espacio público y convivencia. Más allá de los resultados cuantitativos, el premio pone de manifiesto la presencia de una ciudadanía activa en la ciudad. Cada organización que participa está acompañada de un grupo de ciudadanos que ha decidido actuar y construir su propio futuro y el de su comunidad, que no espera pasivamente la acción del gobierno. Las experiencias postuladas al premio, en especial las finalistas anuales, son el resultado de una larga caminata, con muchos tropiezos y aciertos. Entre ellas no existen fórmulas mágicas para la solución de problemas, sino compromiso, dedicación y sentido común. Representan comunidades que han transformado sus dificultades o necesidades en oportunidades para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida en su entorno, para formarse como ciudadanos y para construir capital social.

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Grupo de las diez finalistas de cada año Organización

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Localidad

Temática Mejoramiento barrial Cultura y jóvenes Cultura y jóvenes Tercera edad Mejoramiento barrial Educación Salud Atención a niños Convivencia ciudadana Educación

Finalistas 1998 Construcción vías peatonales y mejoramiento barrial Parque de las Artes Hagamos de Villa del Prado, Villa de Leyva Buen uso del tiempo libre Embellecimiento e integración comunitaria Espacios alternativos de educación: Biblioteca comunitaria Programa comunitario de salud Madres educadoras comunitarias Cuidando carros todos ganamos Educación integral para jóvenes y adultos

JAC Lucero Sur, sector Medio Fundación Chiminigagua Fundación Funget Los años dorados Comité peatonal urbanización La Marichuela Asociación biblioteca comunitaria Juan Pablo II Asociación comunitaria La Gaitana Fundac Asociación de vigilantes del Restrepo Corporación Buscando espacios

Ciudad Bolívar Bosa Suba Antonio Nariño Usme Ciudad Bolívar Suba Varias localidades Antonio Nariño Ciudad Bolívar

Finalistas 1999 Todo un cuento por el agua Corporación de vecinos de la carrera séptima

JACs Altos de La Estancia Corposeptima

Ciudad Bolívar Chapinero

Corporación Escuela de liderazgo juvenil Plandepro Ltda. JAC barrio Villas de Kennedy Cooperativa de trabajo asociado de recicladores Porvenir

Ciudad Bolívar Usme Kennedy Mártires

Mejoramiento barrial Mejoramiento barrial y formación ciudadana Formación ciudadana Mejoramiento barrial Mejoramiento barrial Ingresos y medio ambiente

Corporación para la integración comunitaria La Cometa Asociación comunitaria La Gaitana Fundación humedal La Conejera JAC Guacamayas I sector

Suba Suba Suba San Cristóbal

Convivencia ciudadana Salud Medio ambiente Mejoramiento barrial

Escuela de liderazgo juvenil Ciudad Bolívar Mejoramiento de vivienda y entorno Reconstrucción de vías peatonales Proyecto en la fuente de reciclaje domiciliario y escolar con participación comunitaria Niños mediadores Asociación comunitaria La Gaitana Defensa, recuperación y conservación del humedal La Conejera Recuperación de la zona verde y vía peatonal

Continúa

CÓMO OPERA EL PREMIO CÍVICO POR UNA BOGOTÁ MEJOR

Experiencia


Grupo de las diez finalistas de cada año (Continuación) Experiencia

Temática

Convivencia-Espacio público

JAC del barrio Villas de Kennedy Trastaller Asociación de padres de familia CED Pasquillita Ciudad Bolívar

Kennedy Candelaria Ciudad Bolívar

Mejoramiento barrial Cultural Medio Ambiente

Rafael Uribe Uribe Suba Ciudad Bolívar

Mejoramiento barrial Convivencia Educación

Santafé San Cristóbal Usme

Cultural Educación Mejoramiento barrial

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Mártires

B O G O T Á

Asociación comercial caseta popular parque España

JAC barrio Luis López de Mesa Comité cívico Colina Campestre Asociación Biblioteca comunitaria Juan Pablo II Semillas Creativas Luz de Luna, una nueva alternativa de vía: el teatro en comunidad Asociación cultural colectivo teatral Luz de Luna Gestión escolar participativa Umpro Acueducto Altos de Yomasa Cooperativa de servicios públicos de los barrios altos de Usme Coopbaus

Ingresos y medio ambiente Cultura, niños y jóvenes Mejoramiento barrial Mejoramiento barrial Cultura y jóvenes Educación Atención de niños Mejoramiento barrial Mejoramiento barrial Mejoramiento barrial y medio ambiente

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Bogotá Bosa Usme Rafael Uribe Rafael Uribe Ciudad Bolívar Ciudad Bolívar Kennedy Mártires Chapinero

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Asociación de recicladores de Bogotá-ARB Fundación Kerigma Acoprusme JAC barrio la Paz JAC barrio Luis López de Mesa Asociación Biblioteca comunitaria Juan Pablo II Asohobis JAC barrio Carvajal III sector JAC barrio La Estanzuela Aquavieja

C Í V I C O

Finalistas 2001 Recuperación concertada del espacio público y reubicaciòn de los vendedores informales Todos aportamos para la construcción de nuestra cuadra Formación de líderes comunitarios culturales Ambientes escolares para el aprendizaje significativo de valores ambientales y de convivencia social Construcción parque ecológico y recreativo La Arenera Proyecto Interactuar La creación de mundos posibles desde una biblioteca comunitaria

Localidad

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Finalistas 2000 Asociación de recicladores de Bogotá Escuela de formación artística y cultural Porque Bogotá también es rural Vías peatonales escaleras Conformación grupo musical y asociación de jóvenes Biblioteca comunitaria Semillas creativas Tenemos el compromiso de construir futuro Recuperación y adecuación zona verde -cancha Remodelación zona verde y andenes Recuperación quebrada La Vieja

Organización


Noventa y tres escalones más cerca del cielo* CARLOS DÁGUER**

Roger Triana

En el barrio Lucero Medio hacer caminos para los peatones es una fiebre, sembrar plantas envicia y poner color es una pasión. Noventa y tres escalones fueron los culpables. Nunca antes unas escaleras habían traído tantas discusiones y tantas consecuencias. De cualquier manera, gracias a estas los habitantes del Lucero, un barrio con 35 años de historia y construido sobre un cerro, se acercan al cielo con más facilidad. Fue el triunfo del pie sobre la rueda, y, sin embargo, un paso hacia el futuro. En 1996, la Junta de Acción Comunal de esta zona de Ciudad Bolívar se sentó a pensar cómo arreglar la calle 67 Sur, entre carreras 18A y 18 Bis. Un camino empinado, de 35


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polvo en tiempos secos, barro en los lluviosos y cincuenta metros de largo, se debatía entre un destino florido o uno de concreto; entre ser escalera o carretera. Pero en este barrio de 10 mil habitantes hay más niños que conductores. La mayoría de los vecinos decidió hacer una escalera, con un túnel de flores, bancas en sus cuatro descansos y grandes jardineras de ladrillo. Una solución sin precedentes. Con bazares, minitecas y donaciones reunieron más de dos millones de pesos y, con el programa Obras con saldo pedagógico del Departamento de acción comunal distrital, consiguieron más de 25 millones adicionales para la obra. Los noventa y tres escalones respetaron el pasado. “No queríamos destruir lo que la gente había construido con su caminar”, recuerda Pedro Enrique Cañón, quien para entonces era el presidente de la junta. Por eso, el trazado de la escalera es el mismo del viejo sendero que ascendía por el barranco. Los resultados no les quitaron la pobreza, pero si bastó para que comenzaran a cambiar las fachadas y el semblante de muchos de los habitantes del barrio. Fue como cuando llegó el acueducto y pudieron dejar atrás esos días en que tenían que traer el agua en burro desde quebradas cercanas o hacer fila frente a las pilas donde llegaba el líquido gracias a una motobomba que les regaló la embajada americana. Las escaleras también les dejaron un ánimo distinto. Por eso el deseo inmediato de ellos fue que todas las calles circundantes siguieran el ejemplo. Pero a veces la pasión debe contenerse en nombre de la solidaridad. “Aunque queríamos cambiar todo el ambiente de la calle 67D Sur –dice Pedro–, decidimos priorizar: destinamos entonces otros recursos propios y algunos que conseguimos con Acción comunal al sector de Piedra del Muerto, que tenía mayores necesidades”. Piedra del Muerto es una zona, a unos doscientos metros, que para entonces tenía las calles casi destruidas. Allí hicieron un camino adoquinado. La vía termina en una pequeña plazoleta con bancas alrededor. La llaman la sala del barrio. Allí invirtieron otros 25 millones de pesos. Este gesto de solidaridad tuvo sus réditos: no solo gracias al embellecimiento del sector sino a esa distribución de recursos según las necesidades, el 6 de agosto de 1998, Lucero Sur sector Medio recibió un premio de diez millones de pesos. Había ocupado el primer puesto en la convocatoria del premio cívico Por una Bogotá mejor. Ese mismo año, nuevamente a punta de canelazos y jornadas cívicas, y gracias a los aportes del Distrito, el basurero que había en la esquina de la calle 67 Sur con carrera 18A se convirtió en una enorme jardinera con forma de hoja. La cuadra que sigue en la esquina fue adoquinada y la llenaron de plantas. Y la calle 65D Sur, la del Centro educativo distrital El Recuerdo, fue adecuada a imagen y semejanza de la primera

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escalera. El paso de la gente forzó a los vendedores de droga de la cuadra a irse a otra parte. Una buena tarde el Jardín Botánico se apareció por esos lados y les asesoró en la siembra de las plantas. Y así, los agapandos y los lirios reemplazaron a la papa, la cebolla, la yerbabuena, el toronjil y la manzanilla que los vecinos sembraban en las nuevas jardineras para enverdecer el lugar.

Obras para la cultura Después del premio siguieron las obras y el sueño de ver que las 250 cuadras y las 1.500 viviendas se llenaban de color. Aparecieron entonces los murales pintados por artistas del barrio. Muchos habitantes se interesaron por las raíces de su sector. Precisamente, uno de los murales se pintó en el mismo sector de la Piedra del Muerto, una roca con forma de hombre acostado y curiosa leyenda. Las mentes más científicas dicen que se trata de una escultura chibcha. Otros creen que su forma es una casualidad. Y otros aceptan la leyenda según la cual aquella roca es un pastor que se convirtió en piedra por desobedecer a su madre. Son pocos los que no tienen reverencia al lugar. Sobre la piedra yacen varias cruces, hechas en forma improvisada con cualquier palo o rama, dejadas por quienes van a pedir un milagro. Un poco más arriba hay un altar dedicado al Divino Niño. El mural, detrás de la piedra, rememora la leyenda. Fue pintado gracias a los recursos de Por una Bogotá mejor. ”Son tantos los sueños y tantas las ilusiones que la plata se dispersa por todos lados”, afirma Pedro Enrique Cañón. En todo caso la mayor parte del dinero del premio se destinó a la remodelación de la Casa cultural ‘Daniel Morato Flórez’. Se le hizo una cocineta, se arregló el frente, se adecuaron las instalaciones eléctricas para minitecas y se le compraron nuevas luces de neón y nuevas cintas al nicho de la Virgen del Carmen que adorna la fachada de la Casa. Fue la realización de otro proyecto, pues ese mismo espacio pasó de ser el expendio de cocinol a una enramada con pretensiones de Casa cultural. Hoy es una construcción sólida, con un área de 200 metros cuadrados y tarima para espectáculos. Pedro Enrique está seguro de que las obras mejorarán el entorno y la calidad de vida. Varios ejemplos lo confirman. El premio acentuó en Aura Alicia Grijalbo su sentido de pertenencia al sector. Desde entonces, se ha convertido en una especie de guardiana de su cuadra. “Duramos luchando por esto 18 años. Pero hay gente que no cuida las matas, gente que no sabe que la calle también es de ellos”, dice.

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A pocos pasos de Aura, Rosalba Parra sale con las mejillas y los labios pintados. Años atrás, ella hacía poco por su casa. Pero cuando vio su cuadra “tan bonita” decidió pintar la fachada de verde y amarillo. Después se dio cuenta de que también era posible pintar el interior. “Cuando a uno le cambia la cuadra, le cambia la fachada y le cambia la casa por dentro -afirma Rosalba-. Y una también cambia, una se arregla más”.

*

El Proyecto para la construcción de vías peatonales y mejoramiento del entorno de la Junta de Acción Comunal del barrio Lucero Sur sector medio en Ciudad Bolívar ocupó el primer lugar en la convocatoria del premio cívico Por una Bogotá mejor en 1998.

**

Redactor de El Tiempo.

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Un parque hecho con arte* DEYANIRA TIBANÁ MUÑOZ **

Roger Triana

Un terreno de nadie. Eso era el parque de Las Artes de Bosa antes de ser parque y antes de ser de las Artes. Nadie se quería hacer responsable de los 10 mil metros cuadrados de terreno que está en la carrera 87A con calle 72 sur de Bogotá. Ni los líderes comunales ni las entidades oficiales ni los vecinos ni nadie. Hasta 1996 era un potrero con una cancha de microfútbol incómoda para muchos, sobre todo para aquellos vecinos que semanalmente tenían que soportar los ventanales rotos por cuenta de los balonazos. Era un lugar problema porque no solo se convirtió en el sitio de encuentro de improvisados futbolistas de barrio, sino también de los perros callejeros que llegaban a 39


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husmear entre la basura en busca de sobras de comida, de los viciosos que se amparaban en la oscuridad para ‘meter’ todo lo que pasaba por sus manos y de ladrones que ansiosos esperaban a sus víctimas escondidos detrás de los pocos árboles que permanecían erguidos en el lugar. “Esto era un peladero, una ‘olla’ que se inundaba al menor aguacero. A su alrededor lo único que generaba era pavor”, dice Venus Albeiro Silva, director de la Fundación Chiminigagua, la organización que se encargó de ponerle cara de parque al desafortunado terreno. Cansados de reponer los vidrios de la sede, los jóvenes artistas de la fundación teatral decidieron meterle la mano. “Nos cansamos de los vidrios rotos y decidimos que lo mejor era poner una malla alta detrás del arco para que los balones no pasaran hasta los ventanales”, cuenta Silva, para quien el parque de Las Artes ha sido su mejor obra, la que lo hace sacar pecho con cada anécdota. Ese fue el primer paso para crear lo que hoy es el epicentro cultural de Bosa. Pero como todos los proyectos comunitarios, el que emprendió Chiminigagua en 1996, era poco creíble. Encontrar el dinero para financiar las obras no fue nada fácil. Ninguna de las primeras puertas que tocaron se abrió. Los presidentes de las juntas comunales de Los Naranjos y Laureles se tiraron la pelota mutuamente y coincidieron en decirles que si ellos en veinticinco años no habían logrado recuperarlo, pues mucho menos iban a conseguirlo unos ‘mechudos’ alternativos que hablaban de obras de teatro y talleres artísticos. Pero el tiempo pasó y los líderes comunales tuvieron que tragarse sus palabras. La Secretaría de Obras Públicas les dio 70 millones de pesos, la Red de Solidaridad puso 111 millones más y Chiminigagua aportó un poco más de siete millones de pesos que recogió con sus obras de teatro y otras actividades artísticas. La obra comenzó y no solo sirvió para recuperar el parque sino que, además, se utilizó como un proyecto generador de empleo para jóvenes. 120 muchachos con bajos niveles de escolaridad y vecinos del sector llegaron a ayudar a pegar ladrillos, poner plomadas, acomodar adoquines. “Algunos no tenían idea de cómo hacerlo, pero aprendieron y por su trabajo recibieron su paga” dice Silva mientras señala a Yesid Ovalle, un joven que llegó al grupo en la época en que se construyó el parque y que hoy es uno de los coordinadores de otros procesos similares que la fundación tiene en la zona.

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Detrás de todo ese trabajo hubo una que otra dificultad. Silva recuerda que a veces la Secretaría de Obras Públicas les ponía algunas trabas, les retrasaba la entrega de materiales y les hacía mucho más difíciles los trámites. “Para que los muchachos siguieran motivados y los padres los dejaran trabajar con nosotros, teníamos que inventarnos estrategias”. Recuerda por ejemplo el día que por falta de materiales la obra no avanzaba y tuvieron que mover de un lado a otro el mismo montón de tierra para que la gente no pensara que los ‘pelaos’ no estaban haciendo nada. Pero el trabajo y la persistencia superaron los inconvenientes. La cara del parque cambió y la de los vecinos también, pues vieron que en el lugar que un día ocuparon el pasto crecido, la basura, los viciosos y los ladrones aparecieron una concha acústica, juegos infantiles y canchas múltiples. Las actividades artísticas empezaron a llenar, domingo a domingo, el escenario. Las obras de teatro, los conciertos, las lunadas y encuentros deportivos y culturales de todo tipo empezaron a dejar de lado ese pasado imperfecto que hacía que los vecinos de la carrera 87A con calle 72 sur no quisieran el entorno donde vivían. “Poco a poco la gente se ha ido acostumbrando a que siempre se organizan eventos y cada vez los piden con mayor frecuencia”, cuenta Mauricio Grande, uno de los promotores de los talleres de Chiminigagua.

La suerte de su lado El parque está operando desde 1996 y su mantenimiento está a cargo de la fundación, que se financia con las presentaciones artísticas y lo que con suerte consigue. Y mucho de eso han tenido. En 1998 lograron el segundo lugar en la primera convocatoria de Por una Bogotá mejor. “Recibimos siete millones de pesos y esa plata se ha ido invirtiendo en el mantenimiento del parque. Hemos arreglado las zonas de juegos, se adoquinó una de las vías aledañas al parque, promovimos un arreglo de fachadas de las casas que lo rodean y hasta se gestionó la recuperación del CAI”, cuenta Silva. La suerte del parque ha sido tan grande que los líderes comunales que un día rechazaron la idea, ahora han tratado de ‘cobrarse’ los beneficios. “Eso no nos importa mucho porque sabemos que la gente reconoce nuestro trabajo”. El viejo terreno empezó a llamarse el parque de las Artes de Chiminigagua, pero los vecinos de Bosa lo reconocen más como el Parque de Las Artes. “No nos importa mucho que le

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quiten el nombre de la Fundación, porque la gente sabe quiénes lo sacaron adelante y ese reconocimiento es suficiente”. El premio les sirvió no sólo para terminar de romper con el poco escepticismo que quedaba en el vecindario, sino también para ampliar su visión sobre el trabajo comunitario. Por un lado empezaron a desarrollar un trabajo similar a pocas cuadras del parque para construir una cancha de fútbol que luego el Distrito terminó construyendo como el parque zonal de Bosa. Por el otro, junto con la Fundación grupo ecológico Transformando, del barrio Villa del Prado, y el grupo de líderes del barrio Lucero sur, los otros dos ganadores de la convocatoria de 1998, conformaron el movimiento Acción Siete y con él han desarrollado otras labores comunitarias y hasta les sirvió de arranque para participar en las elecciones de octubre del año 2000. Aunque los resultados en las urnas no se vieron, pues no llegaron a ocupar una curul ni en el Concejo ni en las JAL, sí lograron una integración y reconocimiento en toda la ciudad. Una vez al mes Acción Siete se reúne para desarrollar actividades. La mayoría de las veces, Chiminigagua aporta el trabajo artístico para estas reuniones.

Un punto de referencia Lo que más les llama la atención a los muchachos que trabajan con Silva es que el parque que ellos ayudaron a renacer ahora es un lugar de encuentro cultural y un punto de referencia dentro de la localidad. A lo largo de cinco años, por la concha acústica han pasado artistas como Jorge Veloza, Los Tupamaros, Iván y sus Bam Band. También se han realizado ferias populares y festivales musicales. Al comienzo los vecinos estaban satisfechos, pero no se sentían cómodos. Por eso, un día, cuando se organizó un festival de rock y llegaron cientos de ‘mechudos’ vestidos de negro dispuestos a poguear hasta el cansancio, llamaron a la Policía. “No pensaron que estaban expresándose, sino que se estaba armando una pelea. Pero no era así. Ahora la gente conoce mucho más de expresiones artísticas y disfruta cuando los muchachos vienen al parque a poguear. Las ventanas y las terrazas de las casas se convierten en palcos para verlos”, relata Silva.

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Por eso también un fin de semana soportaron sin ‘chistar’ un encuentro de evangélicos, quienes llegaron al parque cargados de potentes equipos de sonido. “Es que querían que todo Bosa escuchara la palabra de Dios”, agrega. Desde que el parque es parque, Chiminigagua organiza fiestas para los niños todos los 31 de octubre y 24 de diciembre; se convirtió en el paso obligado de la estación doce del víacrucis en Semana Santa y en el escenario para las obras de teatro callejero del Festival Iberoamericano de Teatro. Desde que el parque es parque, a los vecinos de Los Naranjos y Laureles les volvió la calma. Ahora pueden pasar tranquilos por los caminos peatonales, darles de comer a las palomas que viven allí y, lo mejor para todos, los futbolistas aficionados del barrio dejaron de romper los ventanales en las casas de los alrededores.

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Proyecto de empleo juvenil Parque de las Artes de Chiminigagua en Bosa, de la Fundación Chiminigagua. Obtuvo el segundo lugar en el premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ en 1998.

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Subeditora de la Sección Bogotá de El Tiempo.

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Transformar es el objetivo* MARTA CABRERA **

Rafael Espinosa

Ricardo, Carolina, Andrés, Mario, Carlos, Andrea, Manuel, Diana, Hernán y Johnatan se unieron hace más de diez años para sacar una idea adelante: transformar su barrio, Villa del Prado. En ese entonces eran estudiantes de bachillerato o primíparos de universidad. Hoy son ingenieros, biólogos, publicistas, abogados, comunicadores y artistas, y siguen manteniendo viva su Fundación grupo ecológico Transformando, Funget, que empezó como una barra de caminatas y tertulias juveniles, pero rápidamente se convirtió en un motor de actividad cívica. Ellos recuerdan que llegaron de jóvenes o niños a un barrio de casas de tejas de barro, puertas de madera, con unidad arquitectónica y muy residencial, que le pasó 45


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lo que a muchos sectores de Bogotá: fue arrasado por el comercio y detrás del deterioro del entorno llegó la inseguridad. El primer reto del grupo fue la adopción del parque central de Villa del Prado, que era nido del delito. Incluso lo bautizaron ‘El Parque del Vicio’. Drogadictos, atracadores y violadores hicieron su feudo en esa área de 700 metros cuadrados a la que todos le habían dado la espalda. Ante la inseguridad los vecinos decidieron abandonar las áreas comunes y hacer su vida dentro de los conjuntos cerrados. Pero los muchachos de Funget lograron recuperar ese espacio de todos. Hicieron brigadas de limpieza, demarcaron de nuevo las canchas, pintaron los tableros y los postes de la luz, cortaron césped, sembraron árboles y reemplazaron los grafiti por murales artísticos. Las actividades artísticas y deportivas se tomaron el parque, así que a los viciosos no les quedó otra alternativa que buscar un nuevo refugio. Para financiar sus actividades los muchachos de Funget comenzaron por recoger dinero entre ellos mismos, pero resultaban sumas insignificantes. Entonces, se idearon retenes con lazos en las vías del barrio, con los cuales se sostuvieron por un buen tiempo. Más tarde, los comerciantes del sector, al ver los buenos resultados y la seriedad de sus proyectos decidieron hacer su aporte. Unos con dinero y otros en especie (canecas, bolsas, rastrillos, pintura o con trabajo). También dictaban charlas ecológicas para concientizar al vecindario acerca de la importancia de tener un ambiente sano y organizaban caminatas a diferentes sitios del país, siempre acompañados de los equipos de orientación y salvamento. Incentivar el buen uso del tiempo libre por parte de los jóvenes, eso que hoy en día es una de las grandes preocupaciones de los padres, fue desde el principio uno de sus retos. Además, participaron en varias versiones del Festival de Teatro de Bogotá con su comparsa de zanqueros.

En firme Cuando Transformando se consolidó, sus miembros se sintieron capaces de ampliar su radio acción hacia otros sectores: celebraron más de diez jornadas de adopción de parques en diferentes barrios de Suba. De esta forma, obtuvieron el reconocimiento de los habitantes del sector, la alcaldía local y otras organizaciones similares de la ciudad. A la vez, decidieron hacer planes más ambiciosos. Fue cuando surgió ‘Hagamos de Villa del Prado una Villa de Leyva’. Su barrio, de tejas de barro, rejas en madera,

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flores de diversos colores, tiene un ambiente colonial que lo asemeja al municipio boyacense tan apetecido por el turismo. ”Lo que buscábamos era recuperar la identidad y el espacio público del barrio, pues este había perdido la arquitectura original”, explica Ricardo Rivera, uno de los diez muchachos de entonces que hoy es profesional de la geología. Comenzaron a trabajar y, efectivamente, lograron el tercer lugar en la primera versión del premio Por una Bogotá mejor de 1998. Los cinco millones de pesos que se ganaron los invirtieron en el mismo grupo: compraron equipos de sonido, proyectores, disfraces y hasta una tarima para montar sus espectáculos, para consolidar su fundación. Para Ricardo, el ganar el concurso ‘Por una Bogotá mejor’, además de reconocimientos y alegrías, le representó entablar lazos interinstitucionales con organizaciones similares. Igualmente, permitió demostrar que sí se pueden obtener resultados positivos cuando se le ponen ganas a las cosas. Andrea agrega que el obtener este premio le permitió a ella enriquecerse como persona. Ahora -dice- asume la actitud de un verdadero ciudadano y se da cuenta de la relevancia de concienciar a la gente sobre el respeto a la normas. Poner en marcha el proyecto ‘Hagamos de Villa del Prado, una Villa de Leyva’ no fue fácil. Implicaba involucrar a vecinos y a comerciantes, quienes debían, en muchos casos, ‘transformar’ la fachada de sus negocios o viviendas. Algunos se opusieron porque no estaban interesados en cambiar sus grandes y luminosos letreros de sus negocios, por rústicos y típicos avisos en piedra, madera o loza. Pero también hubo quienes se acogieron a la iniciativa e iniciaron el proceso. No obstante, surgió un problema. Entre los mismos comerciantes se colocaron querellas por levantar sus negocios en los antejardines de sus casas. Dicha acción fue atribuida al grupo y comenzaron a aparecer las amenazas de muerte contra los jóvenes. Esto hizo que Funget suspendiera las actividades, mientras se resuelve el problema de legalidad de los establecimientos comerciales. Aunque ha reducido su ritmo de trabajo, porque varios de sus integrantes están en el exterior haciendo especializaciones o trabajando de lleno en sus profesiones, Funget sigue empeñado en trabajar por la comunidad.

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Es así como pronto retomará su trabajo en los Encuentros Ciudadanos, en la localidad de Suba, mediante el programa ‘Cultura para la Convivencia’, que inicia su tercera etapa. En la primera fase de este programa, Funget trabajó en jornadas que se centraban en charlas, concursos y recreación. Ahora viene una etapa de capacitación más profunda con los niños, que son el terreno más fértil no tanto para llevar a cabo empresas como las de cambiar parques o calles como para transformar maneras de pensar.

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El proyecto ‘Hagamos de Villa del Prado una Villa de Leyva’, de la Fundación grupo ecológico Transformando, obtuvo el tercer premio de la convocatoria del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ de 1998.

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Redactora de El Tiempo.

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El círculo

de los años dorados* ADRIANA DÍAZ**

Archivo El Tiempo

Se fueron reuniendo junto a la pared amarilla del coliseo de La Fragua. Las sudaderas blancas contrastaban con el uniforme azul de las colegialas que salían. A medida que se acercaban las nueve de la mañana el círculo de abuelitas crecía. Unas llegaban afanadas preguntando si había que llevar el aro. Otra mostraba con orgullo el bolso que cosió. El frío obligó a más de una a ponerse saco y bufanda. Cuando llegó Victoria, todas empezaron a correr con pasitos cortos y a jalarse para entrar. Era la hora del ensayo. Victoria Reyes es robusta y no muy alta. Parece concentrar toda la energía en su rostro. Y aunque el grupo que tiene al frente es muy grande, lo maneja más con la mirada que con la voz. 49


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Con esas dos herramientas está organizando a ochenta viejitas que participan en la revista que se presentará el próximo 11 de septiembre en el barrio Veinte de Julio. Ellas hacen parte del Club de los Años Dorados, una organización conformada en 1994 por cerca de 250 personas todas mayores de 50 años, con el apoyo del Instituto distrital para la recreación y el deporte y la alcaldía de la localidad Antonio Nariño. Casi todos son de los barrios La Fragua y Policarpa. ”Ay mamita” es el saludo de Clementina Sánchez. “¿Cómo está sumercé?”, le dice a Victoria y a todas las que llegan. ”Yo no me la paso en la casa, es que cuando uno se mete en esto ya no lo ven. Mi niña, una chiquita de nueve años, dice que no me encuentra nunca. Que pecao con mi chinita. Así estoy desde hace cuatro años que se formó el grupo”. ¿Y para qué lo formaron? ”Ay sumercé es que uno de viejito en la casa se enferma más. Acá tenemos señoras que no pueden ni abrir los dedos y aquí se mejoran, porque están activos”. Clementina cuenta en tono de susurro que tienen entrenamiento recreativo con una monitora tres veces por semana, en las distintas instalaciones deportivas de la localidad y participan en eventos de intercambio en diferentes barrios de Bogotá o en otras ciudades. Cuando acaba ya está dentro del coliseo, donde un grupo está en el trote de calentamiento. Pasan cinco minutos más hasta que Victoria da la orden: “A ver, chicas: ¡a hacer columnas!” Frente a las chicas está sentada Carmen Gutiérrez. Su cuerpo grande se nota cansado. Despacito va contando que vivía muy enferma, que fue desahuciada y que desde que entró al grupo su vida es otra. ”Muñequitas, rápido. Se les estaban pegando las cobijas”. Victoria les llama la atención a unas señoras que apresuradamente se ubican detrás de sus compañeras. En seguida empieza la música y como en cualquier clase de aeróbicos, los cuerpos giran y se inclinan, las manos suben y una que otra se entusiasma hasta el baile. De columnas pasan a diagonales. A alguna se le olvida su número en la fila y toca volver a empezar. La sudadera de Jeimy Garzón, nieta de Elizabeth Cañón, parece una cinta que vuela en medio de su abuela y de las demás señoras. Carmen, que la observa sonriente, se distrae, deja a un lado su bastón para alzar la mano y grita: ”Ella es la superabuela. Hay que verla montar en lancha”. 50


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Al fondo se ve una cabecita rubia y blanca. Es Alicia Muñoz, que con sus 76 años es la mayor del grupo. La música se hace más lenta, las gimnastas forman círculos y alzan los brazos. Cada círculo avanza en sentido contrario al que le sigue y lo que se ve es una ola blanca que se balancea. Ana Sofía Porras aprovecha que se detuvo el ensayo para sentarse. “Es que me duele la pierna, soy operada y no puedo estar mucho de pie”. ”Niñas, niñas, ¡cintura!”, grita Victoria mientras ellas van formando un cuadrado alrededor de la cancha. Cada una coge un pompón verde en la mano izquierda y uno blanco en la derecha. No es posible seguir con las figuras y empiezan los murmullos sobre qué es lo que ha fallado. Unas protestan, otras tratan de orientar a las despistadas y otras, con una alegría como recién descubierta, no se pueden quedar quietas. Después de muchos ires y venires, de risas, jalones y miradas comprensivas, todas empiezan a marchar como un relojito. Forman círculos, agitan los pompones, cambian a aros arriba, abajo, al frente. Después el turno es para las cintas rojas y amarillas. La música cambia y los cuerpos se animan. Carmen Páez, más conocida como ‘Marula’, baila con entusiasmo al son de La Guaneña. Cuando suena un joropo, el show se lo roba Rubianeza Benjumea. Jeimy se entusiasma y se hace junto a su abuelita para bailar a la par. Cuando la música acaba y después de lamentar que no se alcanzó a ensayar con los abanicos, todas se reúnen en el centro de la cancha, se toman de las manos y con canciones y oraciones expresan la alegría de estar allí.

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Publicado en El Tiempo el 4 de septiembre de 1998. La autora fue redactora de El Tiempo hasta 2000.

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Redactora de El Tiempo.

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‘La mejor droga es el trabajo con la gente’* MARTHA LUZ MONROY**

Archivo El Tiempo

Conversan rápido, al mismo tiempo y a veces no se les entiende porque tienen mil proyectos en la cabeza, pero eso sí, con los pies bien puestos en la tierra. Bautizaron sus proyectos como Corporación Comunitaria Buscando Espacios, del barrio Perdomo Alto en Ciudad Bolívar. Entre la biblioteca, la Casa de la Cultura, las actividades deportivas, los grupos de abuelas, abuelos, títeres, danza y teatro crearon, en 1996, el Programa de Educación 53


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Integral para Jóvenes de Parches, Pandillas y Adultos Líderes Comunitarios con el que concursaron en el premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’. La primera promoción, de 127 estudiantes, recibió su título de bachiller el 26 de abril de 1997.

Objetivo: los parches Entre dichos y palabras que no se entienden, Jenny Esperanza Barragán, una joven que desde los ocho años se fue de su casa, y que tenía como bandera no dejársela ‘montar’ de nadie, explica que un ‘parche’ es un grupo de pelados vagos que se para en cualquier esquina a esperar que alguien lo mire mal para ‘armarle’ bronca. ‘Yeyé’, como le dicen a esta pelada de 20 años, dice que le encontró sentido a su vida cuando comenzó a trabajar por su comunidad. “Sé que no voy a volver nunca a un parche”, explica mientras recuerda que de los 40 amigos de Cazucá con los que vagaba por las calles, solo quedan ella y unos tres o cuatro que están en la cárcel”. “Para no sentirse manipulado, el parche se vuelve pandilla y luego pasa a lo más duro de la delincuencia”, dice ‘Yeyé’ al tiempo que cuenta que cuando se gradúe quiere estudiar algo enfocado a lo comunitario, pues antes lo único que le importaba era la plata. Ella es del grupo de 205 personas que culminarán en septiembre el noveno grado y en marzo se graduarán, al concluir el grado once. La mayoría de estos estudiantes pertenecía a parches y pandillas y los demás son vendedores ambulantes, madres comunitarias o pelados que por plata no podían estudiar. Richard Prada, otro de los estudiantes que por un amigo llegó al programa, dice que le fascina. “Es muy ‘bacano’ porque se trabaja por la gente. Se hacen brigadas de limpieza o de salud. Uno va a clases porque le gusta, no porque lo obligan”, explica este muchacho de 23 años que quiere dedicarse a la educación física. Y es que en el trabajo comunitario radica la diferencia con otros colegios. La idea es sembrar semillas en los hombres y mujeres para que sigan haciendo proyectos por sus zonas. “Yo no les veía futuro a parches y pandilleros. Con el programa me di cuenta de que lo único que les faltaba era una oportunidad y que los dejaran de señalar”, cuenta Carlos Pineda que fue de los pioneros de Buscando Espacios hace 10 años. Este joven, que jamás perteneció a parche alguno, quiere presentarse al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), porque desde allí considera que puede trabajar por la gente.

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Cómo nació la idea Los vientos de agosto de 1989 unieron las almas de unos 16 muchachos de Ciudad Bolívar. Comenzaron haciendo jornadas deportivas, culturales y diferentes actividades de integración. Se integraron y aprendieron de otros grupos juveniles de la zona. A raíz de la época salvaje de 1992, cuando mataron a varios muchachos del barrio Juan Pablo II, sintieron que tenían que hacer más. Se metieron a entender otras ‘carretas’ como derechos humanos, juntas y proyectos de desarrollo local, ONG y otros términos. Para hablar de estos temas crearon la Casa de la Cultura. La construcción de su sede está hoy detenida, mientras la JAL entrega más aportes, luego se hará la biblioteca Ramiro y Paola. “Fue en homenaje a dos profesores que trabajaban por los derechos humanos en la localidad y que mataron en la Costa, sin saber por qué”, cuenta William López, uno de los líderes de Buscando Espacios. López, quien todavía tiene el acento paisa que trajo hace diez años a Bogotá, estudió en la Universidad Pedagógica. Allí presentó un proyecto de grado que fue la base para lo que hoy es el programa de bachillerato. Aunque agradecen el apoyo de entidades distritales, reconocen que la tardanza en los aportes ha puesto a tambalear el programa. Pero no pueden dejar de mencionar a Elías Campos, director de la escuela del Perdomo, quien les abrió las puertas para que allí se dicten las clases todas las noches. “Los profesores a veces dan clases gratis, porque saben que están salvando generaciones enteras”, dice ‘Yeyé’. Y eso es lo que ella quiere hacer con su proyecto de grado, que está enfocando a los vendedores ambulantes. “Yo vendo libros en la avenida Boyacá y conozco la problemática. Busco que se puedan afiliar al Sisbén y que las empresas de dulces o galletas los carneticen”, agrega ‘Yeyé’. López, que vibra hablando de su localidad dice para resumir lo que siente: “definitivamente, la mejor droga es el trabajo con la gente”. *

Publicada en El Tiempo el 27 de agosto de 1998.

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Redactora de El Tiempo.

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Semillas

de Ciudad Bolívar* MARTHA LUZ MONROY **

Archivo El Tiempo

Las risas y voces de un grupo de niños desvían la mirada hacia una casa de dos pisos en el barrio Juan Pablo II. Son la muestra de la diversión de los pequeños de este barrio de Ciudad Bolívar, que todos los días van a la Asociación biblioteca comunitaria Juan Pablo II, Semillas Creativas. Un nombre largo en palabras, pero corto para todo lo que hay detrás de él, pues allí los pequeños pueden ir a hacer sus tareas; tocar algún instrumento, y hacer danzas, títeres o teatro. La biblioteca es solo una parte de las actividades que giran en torno a la población y, además, es el reflejo del trabajo de los jóvenes del sector, que se pusieron en la tarea de suplir las necesidades, por lo menos culturales y de espacio, que el Estado no garantizaba en esta zona. 57


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Y la ubicación también los favoreció pues, como dicen los muchachos de Semillas Creativas, Juan Pablo II parece un pueblito: junto a la casa se levanta la de la Junta de Acción Comunal, la iglesia, casi todas las tiendas, y seis colegios y escuelas.

Las primeras semillas La idea de sembrar semillas en cada uno de los jóvenes del barrio nació en 1998 cuando un grupo de profesores del centro educativo Ebanista se inventó un cuento distinto para educar: la formación de los alumnos se enfocó al servicio comunitario. Esas semillas eran 220 jóvenes que en esa época dedicaban sus tardes, luego de la jornada escolar, a resolver problemas de los barrios a través de distintas actividades como jornadas culturales, artísticas y ecológicas. El grupo se logró mantener hasta que el colegio se trasladó. Pero veinte jóvenes, que no pasaban de los 16 años, guiados por esos profesores, siguieron la labor y crearon la asociación. Como eran menores de edad no podían obtener su personería jurídica al igual que los profesores, por trabajar con el Distrito. Entonces, involucraron a sus padres y, en 1991, se pudieron constituir. En 1993, ya la pudieron tener con sus propias firmas.

Robos, guerrilla y violencia De estos jóvenes quedó un grupo de base de ocho, porque los demás, al terminar sus estudios, tuvieron que salir al ‘rebusque’. Comenzaron con buenas intenciones, pues la casa donde funcionaba el colegio estaba invadida por el polvo que entraba por las ventanas sin vidrios que algunos muchachos del sector cogieron de campo de tiro. Pero aprendieron a exigir y a hacer contactos con el Distrito y fue así como se consiguieron libros, estantes, un VHS, un televisor y otros materiales de dotación. Hoy, a manera de chiste, cuentan que del despacho de la ex primera dama, Ana Milena Muñoz de Gaviria, les enviaron 500 libros: 300 de ellos eran el mismo ejemplar de religión. Al tiempo que conseguían materiales, hacían todo tipo de actividades entre las que estaba la rehabilitación de drogadicción con jóvenes del sector. Pero los recursos, que salían hasta de sus propios bolsillos, se acabaron y la idea de la rehabilitación también, cuando unos muchachos del programa se metieron por las ventanas y se robaron el VHS, el televisor y los libros. “Sabíamos quiénes eran y logramos que nos devolvieran lo que nos habían robado”, cuenta Carlos Mora, uno de los miembros de la asociación. 58


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Además de haber sido blanco de los ladrones, fueron víctimas de las llamadas ‘limpiezas’ que sembraron el terror en 1992. Con tristeza recuerdan esa época, pues pasaron de víctimas a victimarios. A Osmar Romero, uno de los jóvenes que ha pasado media vida trabajando por la asociación, le tiembla la voz al decir: “Mataron a doce muchachos y uno de ellos era de la biblioteca. Vino un noticiero y mostró la sede diciendo que aquí se escondían guerrilleros”. El silencio de un minuto parece eterno, hasta que aparece una sonrisa dibujada en el rostro de Lady, una pequeña de siete años. “Ella es una de las líderes del mañana”, comenta Nacho, otro miembro. Y así va a ser, pues es ella quien atiende el ‘Rincón de los niños’. “Yo sé dónde está cada libro y me gusta mucho ayudar a otros niños”, dice Lady, tímidamente. Todos se preguntan cómo hace para distinguir cada libro si aún no ha podido aprender a leer. Como Lady, cientos de niños son ahora las semillas que continuarán la labor amorosa que crece cada día en este barrio de Ciudad Bolívar.

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Publicada en El Tiempo el 21 de agosto de 1998. Este proyecto también fue finalista en 2000 y 2001.

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Redactora de El Tiempo.

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Cuidar carros es su vida*

MARTHA LUZ MONROY G.**

Archivo El Tiempo

Un carné y un chaleco reflectivo fueron los primeros símbolos de la organización de cincuenta vigilantes de carros. Era la forma de demostrar que uniéndose podían acabar con la inseguridad y generar confianza entre los comerciantes y los clientes del conocido barrio Restrepo, en el sur de la ciudad. Y los resultados comenzaron a verse. Durante el año pasado se robaron en la zona 85 carros. En lo que va de este año, la cifra se ha reducido a 10. ¿Cómo hicieron? ¿Aumentaron el pie de fuerza? ¿Se armaron? ¿Pusieron alarmas en todas las esquinas?

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No. Nada de eso. Simplemente se organizaron, se censaron, se carnetizaron, hicieron un mapa sobre una cartulina y zonificaron las cuadras asignando a cada una un vigilante. Solo falta el uniforme, pues los 85 metros de tela negra que les donaron están esperando envueltos en el piso a que alguien les done la confección.

Con reglas y todo La idea de reunirse nació de la necesidad, y del miedo a perder el trabajo, pues la Policía del sector tenía planeado sacar a los que cuidaban los carros por los robos que había. “Los que trabajábamos de verdad y con cariño nos estábamos viendo afectados, por culpa de los ladrones que se hacían pasar por vigilantes”, cuenta Hernando Melo, un hombre que cuida carros desde hace más de 10 años. Melo, que no suelta en ningún momento un mapa y un cuaderno en el que están los nombres, estado civil, número de hijos y pasatiempos de los asociados, dice que por amor a su trabajo han luchado por ganarse la confianza de todos. Y lo han logrado. Pues ahora trabajan en equipo con la Alcaldía de Antonio Nariño, la Policía y la Unidad Coordinadora de Prevención Integral, UCPI, y para poder trabajar allí tienen que presentar su hoja de vida, y así comprobar que no tienen antecedentes penales. “Tienen sentido de pertenencia desde que se agruparon y ayudan con la seguridad del sector”, explica Oscar Alfonso Chavarriaga, comandante del CAI del Restrepo. Los comerciantes y los clientes ya los conocen y sienten más confianza cuando los ven por ahí. “Ahora vienen mejor vestidos. Los clientes se sienten más tranquilos cuando les decimos que pueden dejar sus carros porque hay quién los cuide”, dice Erika Rodríguez, vendedora de un almacén de ropa. Y es que la presentación personal ha sido fundamental para cambiar la imagen de los vigilantes. En un reglamento que se hizo en conjunto con las autoridades locales se estipula que faltar a ese punto, llegar tarde al puesto de trabajo, no usar el carné o delinquir puede traer consecuencias que van desde una llamada de atención hasta la expulsión de la asociación con la debida denuncia penal.

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Mejora la calidad de vida Desde hace 14 años Miguel Contreras cuida carros, pero siente que desde que se asociaron tiene más estabilidad. “Estamos comenzando, pero además de ganarnos la confianza de la gente, estamos asegurando más nuestro trabajo”, afirma. Dice además que a través de la asociación y al verse mejor vestidos, con sus carnés, sus chalecos y el simple hecho de que se conozcan, también los ha ayudado a superarse. “Había algunos con problemas de drogas –agrega– y desde que encontraron trabajo las dejaron”. Otros han asegurado por lo menos entre ocho y diez mil pesos diarios, que es lo que generalmente se hace en una jornada de trabajo. “Yo recogía cartón en la calle 93 con 15. Ahora sé que recibo fija una platica cuidando carros medio tiempo. Esto es más digno”, dice Luz Marina Arciniegas, de 49 años y madre de dos hijos. Casi todos son de estratos uno y dos y de barrios como Kennedy, Patio Bonito, Marco Fidel Suárez y casi toda Ciudad Bolívar. Así tengan que cruzar la ciudad para llegar a su trabajo, no lo cambian. “Esto es muy ‘bacano’. Cada uno cuida su cuadra hasta con la vida”, dice Armando Espinosa, un muchacho de 23 años que dejó las drogas hace siete. “Llegué al sector como un gamín. Pero ahora estoy a lo bien –agrega Espinosa– porque tengo un bebé de cuatro meses por quién vivir”. Estos cincuenta vigilantes, entre los que hay hombres y mujeres de 14 a 73 años, también están ‘Por una Bogotá mejor’ bajo el lema: ‘Cuidando carros, todos ganamos’. Y sí que están ganando.

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Publicada en El Tiempo el 13 de agosto de 1998.

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Redactora de El Tiempo.

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Salud,

necesidad comunal* MARTHA LUZ MONROY G.**

Archivo El Tiempo

A un feliz encuentro atribuyen los vecinos de Suba el programa de salud que se inició allí hace 10 años. Brigadas de salud de los estudiantes de la Escuela Colombiana de Medicina Juan N. Corpas y el liderazgo de los vecinos, se cruzaron para encontrar una solución a los problemas de atención en salud de esa localidad. Fueron dos aspectos los causantes de este encuentro: por un lado las bombas que en 1987 hacían estremecer cualquier rincón de la ciudad, y Suba no fue la excepción. Y por otro, la proliferación de ratas, zancudos, mosquitos y otros bichos, que se reproducían por las precarias condiciones de acueducto y alcantarillado. Esto desencadenaba todo tipo de dolencias. 65


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“Eran enfermedades fácilmente tratables, pero la gente no sabía cómo hacerlo”, cuenta Marina Quintero Aguilar, una mujer a la que se le sale el liderazgo en las palabras. Dice que no podían quedarse con los brazos cruzados esperando a que el Estado ayudara a los cientos de barrios de esta localidad y por ello comenzaron a pensar en qué podían hacer desde su lugar.

Con nombre de mujer Mientras tanto, en la Juan N. Corpas un médico comenzaba a realizar brigadas de salud en diferentes barrios. Es Juan Carlos González, hoy coordinador de Medicina Comunitaria de la Escuela quien se convirtió en el ‘ángel de la guarda’, como cariñosamente le dicen los vecinos. Usando como camillas las mesas y sillas de la sede de la Junta Comunal de La Gaitana, comenzaron los primeros pasos de lo que hoy son dos centros de salud en ese barrio y uno en El Rubí, y que se conoce como Centro de Salud de la Asociación Comunitaria La Gaitana. El programa de ‘Vigías de la Salud’ de la Secretaría Distrital de Salud les dio a varias mujeres, fundadoras de estos barrios, las primeras capacitaciones. Una de estas mujeres es Ana Cecilia Bustos, madre de siete hijos, quien cargó mesas, manteles, gasas y medicinas para unirse a las brigadas de salud que hacían los estudiantes de la universidad. “Mi esposo me abandonó cuando el menor de mis hijos era un bebé y por eso me metí a aprender a controlar diarreas y gripas para ahorrarme lo de los médicos”, dice Bustos. Esta líder, a punta de hacer vestidos y batas de los estudiantes de la universidad, ha estudiado química, farmacología y ahora gerontología. Con ella, varias mujeres aprendieron primeros auxilios y otros conceptos de prevención.

Difundir fue la clave Esta cadena de capacitación se extendió a las familias para disminuir la morbilidad por diarreas, desnutrición e infecciones respiratorias que, sumadas a los accidentes y a la violencia, son las que se presentan con mayor frecuencia en los barrios de estrato uno y dos de Suba. Poco a poco, en La Gaitana fueron ‘invadiendo’ la sede de la JAC con consultorios, hasta que en 1996 compraron una casa. El año pasado sacaron en arriendo otra y en El Rubí el proceso comenzó en el edificio de la JAC. 66


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En las tres sedes se hacen cerca de 200 consultas diarias. En el programa trabajan 35 personas entre médicos generales, ginecólogos, sicólogos, nutricionistas, odontólogos y voluntarias. Las sedes se mantienen en 70% con los afiliados al Sisbén y con los ingresos por consulta. “Se supone que una consulta cuesta 5.000 pesos, pero casi nadie los tiene. Incluso a la mayoría de los niños los atendemos gratis”, explica González. Pero además de brindar el primer nivel de atención a cerca de ocho mil personas, la capacitación en nutrición, promoción y prevención continúa. “Saber de nutrición no es un lujo. Con esto se aprende a evitar enfermedades”, explica Quintero.

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Publicada en El Tiempo el 11 de agosto de 1998. Esta iniciativa también estuvo entre las diez finalistas en 1999.

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Redactora de El Tiempo.

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Los vecinos se unieron para recuperar un paso peatonal* MARTHA LUZ MONROY G.**

Archivo El Tiempo

No estudiaron arquitectura ni ingeniería ni ornamentación ni ecología ni otro tipo de diseño. Sin embargo, hicieron un paso peatonal con conceptos que parecen traídos de la academia. Son 86 familias de las manzanas 46 y 47 de la urbanización La Marichuela de Usme que decidieron recuperar el frente de sus casas, pero en equipo, bajo un solo concepto y por el bien común. Organizarse fue el primer paso. Por eso conformaron un comité de siete personas, para canalizar todas las ideas de la cuadra. Uno de sus integrantes es Arturo Ávila, un vecino que se ha metido de lleno a recuperar su barrio. «Como el pasto había 69


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crecido tanto, allí se escondían los ladrones que atracaban principalmente a las mujeres y a los niños», cuenta Ávila. La recuperación no solo era una necesidad estética sino también de seguridad.

Subasta con plumas Ya estaba la idea de recuperar la zona verde, pero faltaba algo muy importante: la plata. Por eso mientras se pensaba en los diseños se echaban números para mirar el presupuesto. Fue así como organizaron un bazar alrededor del cual se conocieron con los vecinos de otras manzanas. Entre el tumulto de gente que acudió, alguien apareció con una curiosa donación: un pollo vivo. ¿Qué hacer? Alguna voz dijo que daba diez mil pesos por el pollo, luego alguien ofreció más. Las mujeres se hicieron a un lado y los hombres al otro y tuvieron su ‘pelea de negocios’ en el improvisado remate, hasta que las señoras adquirieron el pollo en 35 mil pesos. Luego lo mataron e hicieron un sancocho que alcanzó para los más vivos. Además de 600 mil pesos, el bazar logró que la gente se conociera. Esta es solo una de las cosas que generó la idea de arreglar la calle, pues hubo canelazos, recolectas y rifas. Cuando se tuvo claro cuánto costaba la obra se fijó una cuota de 45 mil pesos por familia. «Los que no pudieron dar plata ayudaron con materiales o con la mano de obra», cuenta Wilson Castañeda, otro de los vecinos. Gracias a la colaboración de todos, se lograron recolectar cinco millones de pesos, más otro tanto que, calculan, costó la mano de obra que cada uno de los vecinos donó. Hubo otros aportes como el de la alcaldía de Usme que les dio varios viajes de tierra negra y el de la Antena parabólica de La Marichuela que colaboró con 700 ladrillos. Casi dos años duró la ejecución del proyecto, pero para los vecinos esos dos años valen más que los casi catorce que llevan viviendo allí. «Uno escasamente sabía el nombre del vecino de la casa de al lado», agrega Ávila. Ahora hasta se celebran los cumpleaños y se han solidarizado cuando alguno pasa un momento de dolor. El amor por la cuadra se despertó tanto que las personas que viven en arriendo también sintieron suyo el proyecto y colaboraron igual que los propietarios.

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Premio radial Los 215 metros de largo por 6 de ancho en los que se encuentran las fachadas de las 86 casas, ahora son un monumento a la unión de los vecinos. Cercas, farolitos, flores y árboles nativos adornan cada paso de las casi quince mil personas que viven en los 28 peatonales similares de la urbanización. Y fueron esos metros los que se llevaron el premio a la cuadra más bonita en la Navidad del año pasado, que una emisora radial organizó. El premio, una colección de música, se comparte a través de un megáfono para que todos la escuchen. El aparato ubicado en la mitad del peatonal sirve para anunciar quién cumple años, para felicitar a las madres en su día o para convocar a reuniones. Ahora tienen un nuevo proyecto, más ambicioso que el anterior, pero con las mismas ganas. Como las demás manzanas, vieron que unidos podían hacer cosas quieren recuperar la avenida Usme entre carreras 42 y 46 B. Aunque con este proyecto no salieron favorecidos en el programa ‘Obras con saldo pedagógico’, y no tienen la plata para realizarlo, harán todo lo que sea necesario para ponerle el toque que hizo de su manzana, una de las más lindas de La Marichuela.

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Esta nota fue publicada en El Tiempo el 19 de agosto de 1998.

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Redactora de El Tiempo.

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Una empresa

de mujeres para los niños* MANUEL GONZÁLEZ**

Miltón Díaz

Mujeres emprendedoras. Ese fue capital suficiente para dar vida, 20 años atras, a la Fundación de Apoyo Comunitario, Fundac, que agrupa hoy a 16 jardines infantiles en los cuales se atienden a más de 1.900 niños y trabajan 250 mujeres de escasos recursos y, además, las capacita en pedagogía, asuntos políticos y administración de proyectos sociales. Paulina Triviño, Aidé Rodríguez, Isabel Camacho y Myriam Ayala, figuran entre las creadoras de Fundac. Ellas supieron interpretar las necesidades de sus comunidades y tuvieron la fortuna de contar con la colaboración de universitarios que las pusieron a todas en contacto. 73


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”Cada barrio tenía un jardín infantil en la casa cural, un garaje o el centro de salud y allí hacían prácticas unos estudiantes de preescolar. Ellos, al comentar sus experiencias en la universidad, decidieron un día proponernos que nos organizáramos y trabajáramos en equipo, porque finalmente todas hacíamos lo mismo”, cuenta Paulina Triviño. A comienzos de 1981, organizaron el primer ‘Intercambio de Experiencias’ en el que participaron mujeres que trabajaban en jardines infantiles informales de Bosa, Kennedy, Chapinero, Rafael Uribe, Santa Fe y Suba. Allí se acordó crear una entidad que las aglutinara y así, el 17 de noviembre de 1981, se constituyó Fundac. ”En esa época no teníamos conciencia de lo que eran los derechos de los niños ni de las mujeres y muchas ni siquiera habíamos terminado la primaria –dice Myriam Ayala. Pero, desde que empezamos a trabajar, nos hemos superado como personas y ciudadanas. Yo, por ejemplo, termine el bachillerato y me gradué de licenciada en preescolar”. ”Pero las cosas no fueron tan fáciles como las contamos –dice Paulina Triviño. Desde las primeras reuniones tuvimos que fundamentar nuestro trabajo en pilares como la solidaridad, el respeto, la democracia, la equidad y la transparencia. Y para unas mujeres levantadas en modelos autoritarios y represivos no es fácil hablar de democracia, ni nada de eso”.

’Abriendo caminos’ Fundac ha conseguido que de sus 16 jardines infantiles, siete tengan una sede propia, construida en terrenos de la comunidad; siete más estén en sedes proporcionadas por el Departamento Administrativo de Bienestar Social del Distrito, DABS, y dos gocen de instalaciones que se han levantado con los recursos propios de Fundac. Además, desde 1990, trabaja permanentemente en el programa de capacitación ‘Abriendo Caminos’, en el que se desarrollan tres temas. El primero es la capacitación permanente en el área de pedagogía infantil de las mujeres que están en los jardines. Son estudios de dos años, en módulos diseñados por personal de Fundac con asesoría profesional. De la misma manera, da formación política a todas las mujeres de los jardines y, en general, a las comunidades necesitadas. Dos veces por año, hace un seminario en el que participan cerca de 350 mujeres y en el que se trabajan temas como la mujer en

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la vida pública y los derechos de las mujeres y los niños, entre otros. Y finalmente, ofrece capacitación para la correcta administración de proyectos sociales.

Con donaciones ”Al principio los jardines funcionaban gracias a las donaciones de los padres de familia. Unos daban lo que podían en dinero y los demás llevaban alimentos u otras cosas en especie. Así fue por mucho tiempo”, cuenta Paulina Triviño. Ahora, los proyectos de Fundac cuentan con la colaboración, a través de donaciones, de los gobiernos de Holanda, Canadá y Suiza. Además, el DABS y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar tienen contratos por determinado número de cupos en cada jardín infantil. Con el dinero de las donaciones, crearon en 1993 la Cooperativa Multiactiva para la Financiación del Desarrollo, Cofader, que ayuda a miembros de las comunidades a disminuir sus problemas económicos. En Cofader se presta dinero para vivienda, educación y calamidad, entre otros. Según Aidé Rodríguez, “anualmente se desembolsan entre 300 y 400 millones de pesos, máximo cuatro millones por solicitud, con intereses muy bajos”. Los planes de las creadoras de Fundac siguen creciendo: ahora están pensando en formar una asociación que aglutine a las personas que se vayan desvinculando del trabajo de los jardines, con el fin de buscar para ellas un retiro digno.

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Crónica realizada especialmente para esta publicación.

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Periodista de la Vicepresidencia de relaciones con la comunidad de la Casa Editorial El Tiempo.

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‘Todo un cuento * por el agua’

ERNESTO CORTÉS FIERRO**

Archivo El Tiempo

“Tener agua nos costó lágrimas, nos costó vidas... pero lo logramos”. (Carmenza, habitante de Altos de La Estancia)

En el extremo sur de Ciudad Bolívar se abre paso Altos de La Estancia. Es un trozo de tierra que se viste de casas de lata y zinc, de ladrillos desportillados y fachadas caprichosamente construidas. La montaña separa a Bogotá del municipio de Soacha. Al otro lado de la línea divisoria, el panorama es igual: cientos y cientos de viviendas se recuestan sobre un terreno hostil y de alto riesgo. Son los Altos de Cazucá.

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La Estancia nació hace una década. Sus primeros pobladores fueron miembros de grupos al margen de la ley desmovilizados como el M-19. Luego llegaron los desplazados por la pobreza o la guerra, y cientos de familias que se cansaron de pagar arriendo en pequeños cuartos o inquilinatos de poca reputación. Ellos también anhelaban un pedazo de tierra dónde sembrar sus sueños. Y de todas esas angustias por un trozo de patria, también se alimentó el urbanizador pirata que ‘loteó’ y vendió terrenos sin planos, sin servicios, sin vías, sin parques, sin agua... Este salpicón humano, al que sólo lo ataba la necesidad común de un techo, produjo la primera consecuencia en la comunidad: la desconfianza. El sentimiento de buen vecino, de comunidad, el soporte para construir juntos un entorno más vivible era muy débil. Cada grupo respondía a unos intereses particulares y las reservas hacia el otro eran evidentes. Con un tejido social que entremezclaba miseria y violencia, era claro que la explosión de los problemas no se haría esperar y salieron a relucir dramáticamente cuando empezó la guerra por el agua. La Estancia y Altos de Cazucá están por fuera del perímetro establecido para llevar un servicio público. Y para el caso del agua, el hecho de ser barrios que se formaron por encima de los 1.600 metros de altura, requería no solo millonarias inversiones para garantizar el suministro del líquido, sino la legalización de los predios. Planteadas así las cosas, la primera alternativa que encontraron todos fue tomar irregularmente el agua de los únicos tanques con los que contaba la Empresa de Acueducto en la zona. Uno de ellos, el tanque de Sierra Morena Tres, ubicado a 2.800 metros de altura, les permitía conectar las mangueras para que el líquido fluyera ladera abajo. A lo lejos podía divisarse la intrincada red de mangueras que se deslizaban cual enormes serpientes de hule negro sobre la montaña y con su valiosa carga en el interior. Por acción de la gravedad el agua fluía en abundancia para los barrios de abajo, lo que producía una disminución del líquido para quienes habitaban las partes más altas. Y allí comenzó el conflicto, pues los de arriba comenzaron a cortar las mangueras para acceder a una mayor porción de agua, y los de abajo empezaron a reclamar. “Un día subieron varios hombres y encontraron a un muchacho al lado de la manguera y le dijeron: ‘Usted es el que está cortando las mangueras y nos deja a nosotros sin agua’... y de una vez lo mataron”, recuerda Jorge, un vecino del sector. En Altos de Cazucá, a 1 600 metros de altura, la situación no era menos distinta. Allí había otro tanque del Acueducto al que también se conectaron de manera irregular decenas de familias. Pero como las mangueras muchas veces no llegaban hasta las 80


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casas, existía una flotilla de burros que se encargaba de bajar el líquido para ser vendido. Esto también generó conflicto. A comienzos de 1995, cuando esta guerra silenciosa entre la comunidad se hizo inmanejable y cuando la gente no sólo se estaba muriendo de sed por falta de agua sino que se estaba matando por ella, la única válvula de escape que encontraron todos fue la protesta pública. En febrero de 1995, un río humano brotó de la montaña y se tomó la Autopista Sur, la principal vía de entrada y salida de Bogotá. La gente armó una cadena humana para permanecer en la vía. Bloquearon cualquier paso con palos y piedras. Incendiaron neumáticos y gritaron consignas. El enfrentamiento con la fuerza pública estalló. En medio de una de las revueltas, se escuchó un disparo. Sobre el pavimento caliente yacía el cuerpo de un joven que había participado en la manifestación. Los ánimos se incendiaron y la protesta por el agua se prolongó casi tres días. No obstante, este incidente, con toda su carga de dolor a cuestas, fue lo que finalmente permitió abrir un espacio de entendimiento entre las autoridades y la comunidad. El Distrito se comprometió, a través de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, EAAB, a instalar el servicio para los habitantes de catorce barrios que conformaban La Estancia, jurisdicción de Bogotá, mientras que otros treinta barrios que integraban Altos de Cazucá, en Soacha, serían atendidos por la Gobernación de Cundinamarca. Las juntas de acción comunal fueron determinantes en el proceso que se inició a partir de ese momento. Ellas coordinaron con la oficina de Gestión Comunitaria de la EAAB para que el servicio se prestara provisionalmente mientras se estudiaban alternativas que llevaran a su normalización. La entidad distrital firmó un convenio de cooperación con la Universidad de los Andes a través del Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales, Cider, un organismo especializado en el trabajo comunitario. La primera acción del Cider fue elaborar un censo para establecer qué tipo de población había en el sector y cuál era su situación económica. La gente participó, especialmente los jóvenes, que se hicieron cargo de adelantar las encuestas a cada familia. Una vez concluido este ejercicio, vino otro proceso para que fueran los propios vecinos quienes participaran en la construcción y administración de su acueducto. Para ello era necesario que la gente estuviera bien informada, capacitada, organizada y que fuera capaz de hacerle seguimiento al proceso. A través de altoparlantes que se instalaron en los postes del alumbrado público y de cartillas ilustrativas, diariamente la comunidad iba enterándose del estado y avance del proyecto. Posteriormente vino toda una labor de enseñanza sobre el manejo de 81


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servicios públicos, para lo cual se creó una junta en la que hubo representación de todos los barrios afectados por la falta de agua. Esa junta estaba destinada a manejar los recursos del proyecto, de ahí que fuera necesario, a su vez, formar comités veedores para evitar que la desconfianza que los había llevado a la guerra inicial se repitiera ahora. Los plomeros del barrio se capacitaron para reparar las mangueras; quienes tenían conocimiento en albañilería, contribuyeron en el diseño y construcción de las primeras redes matrices a bajo costo. La EAAB, por su parte, dio los materiales, brindó asistencia técnica y financió parte de la obra. El resto, se consiguió con la misma comunidad. El proceso fue exitoso para esos catorce barrios. No se beneficiaron unos más que otros y quedaron atrás las diferencias políticas y la desconfianza. “Lo admirable aquí fue la capacidad de la gente para dejar de lado los intereses particulares y anteponer un objetivo común”, recuerda Esmith Carreño, secretaria general del Cider. “Ya el agüita nos llega hasta la casa... Sí, estamos pagando, pero ya tenemos el agüita”, recuerda uno de los beneficiados. Carmenza, otra mujer que vivió de cerca todo este proceso, agrega: “Esto nos costó lágrimas, nos costó vidas, pero bueno, lo logramos”... Hoy está pendiente la instalación de la red definitiva. Una vez concluya el trabajo, vendrá la licitación y un préstamo a través de Findeter para que el agua llegue a cada una de las casas de Altos de La Estancia.

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“Todo un cuento por el agua”, iniciativa de catorce juntas de acción comunal de barrios de Altos de Cazucá, obtuvo el primer lugar del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’, en 1999.

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Editor de la sección Bogotá de El Tiempo.

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Corposéptima:

la unión de los separadores* GERMÁN GÉLVEZ**

Felipe Caicedo

Parece un contrasentido pero no lo es: en la avenida séptima la unión se consolida incluso a través de los separadores. Llamada Calle Real, de La Carrera o avenida Alberto Lleras Camargo esta vía empezó por unir el camino de las doce chozas, hoy convertidas en dos millones de predios legalizados. Unió los tiempos del empedrado con el asfalto y de igual manera ha cargado con recuas de mulas, carros de yunta, tranvías y automóviles turbo. Unió la Plaza de Bolívar con la de Las Yerbas –parque Santander– y esta con la Plaza de las Nieves. Luego a Las Nieves con el Parque Nacional y más tarde con la avenida Chile, hasta convertirse en la Carretera central del norte. 83


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Al comenzar el siglo XX los bogotanos se reunían en la séptima con calle 37 para asistir al hipódromo de La Magdalena e igualmente la séptima con Jiménez fue el punto de encuentro para despedir la primera Vuelta a Colombia, en enero de 1951. También ha configurado el destino de miles de personas, tal como sucedió con el escultor boyacense Rómulo Rozo Peña, quien en 1921, siendo lustrabotas en la Plaza de Bolívar, esculpía la fachada del Capitolio, hasta esa tarde providencial en que estando justo en la séptima fue descubierto por el poeta chileno Diego Duble Urrutia, quien habría de pregonar su talento, impulsándolo a la fama en el mundo entero. Hoy, abriéndose paso en una época escéptica y tenaz, esta avenida construye día tras día su propia dinámica, para seguir siendo el lugar donde se trenza la esperanza con el reto de un mejor vivir, y donde se encuentran de tú a tú la utopía y la realidad. Solo así se explica que las expectativas de jóvenes expandilleros hayan terminado siendo comunes a las de aquellos altos ejecutivos y presidentes de grandes compañías, o que las preocupaciones de un ama de casa coincidan con las de un alto oficial de la Policía. Todo esto gracias a una entidad cuyo trabajo encarna el verdadero ejemplo ciudadano: la Corporación de vecinos de la carrera séptima, Corposéptima.

Unión de familias y empresas La entidad nació, en 1997, de una inquietud de varios integrantes de la Junta de mejoramiento No. 2 del Foro de presidentes de la Cámara de Comercio de Bogotá, que los llevó hasta la Alcaldía local de Chapinero con la idea de hacer algo por un mejor ambiente en la zona de influencia de la séptima. La iniciativa tuvo eco entre los vecinos y las empresas del sector. En poco tiempo 420 residentes y 68 empresas integraban la organización sin ánimo de lucro. Una vez elegida la junta directiva y programadas reuniones quincenales, Corposéptima empezó a trabajar en una oficina tan pequeña como un cuarto, apenas sostenida por cuotas trimestrales. Realizó convocatorias entre vecinos y afiliados, constituyó grupos asesores, levantó un censo del sector –4.000 familias y 500 empresas– y planos digitalizados de la vía y sus alrededores, incluyó cruces e intersecciones, interactuó con diferentes entidades del Distrito y estableció convenios de cooperación con el Jardín Botánico para arborizar buena parte de la vía. Realizó, en conjunto con el IDU, los diseños que rehabilitaron tramos de separadores y tramitó la licencia para intervenir aquellos comprendidos entre las calles 72 y 100. También recuperó la rotonda de la calle 100, embelleciendo el espacio que circunda la escultura de Felisa Bursztyn, para deleite de todos. 84


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En agosto de 1999 Corposéptima obtuvo el segundo lugar en la convocatoria del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’, como reconocimiento a las obras adelantadas en los separadores, desde la calle 72 hasta la 100. Con este proyecto Corposéptima marcó un precedente importante: los ciudadanos pueden trabajar iniciativas en conjunto con entidades distritales y los vecinos pueden integrarse con las empresas en verdaderos frentes comunes: la obra de los separadores costó 100 millones de pesos, que se recolectaron entre todos los afiliados. Corposéptima coordinó las especificaciones técnicas con el Instituto de Desarrollo Urbano, IDU, y el Taller del espacio público de Planeación distrital. Con el Jardín botánico, la siembra de los cauchos sabaneros y con la Secretaría de tránsito y transporte, STT, la ubicación de señales sobre límites de velocidad y demás indicaciones para peatones y conductores. Uno de los puntos clave para el éxito de los proyectos ha sido la disciplina. “A pesar de nuestras ocupaciones, siempre sacamos tiempo y le ponemos el alma a los proyectos”, dice un representante del hotel Howard Johnson, ubicado en la zona. Ese fue el gran punto de partida. Hoy Corposéptima lidera varios proyectos para extender redes de comunicación en residencias y edificios, en coordinación con los frentes de seguridad. Avanza en programas de reciclaje desde las propias casas y oficinas. En esto ha trabajado Virginia de Zubiría, un ama de casa que inició esta experiencia en su edificio, logró replicarla en toda la manzana y ahora se ocupa de ampliar el radio de acción. “Esto, además, ha servido para conocernos mejor entre vecinos”, dice Virginia.

Sueños de barro Los recursos obtenidos con el premio ‘Por una Bogotá mejor’ –siete millones de pesos–, fueron utilizados para dotar la oficina, apenas con lo indispensable: un equipo de cómputo y una impresora, y con el resto –tres millones de pesos–, se dio inicio a un proyecto en alianza con el Foro de presidentes y la Cámara de Comercio, que ha revolucionado el ambiente en el barrio Juan XXIII, muy cerca de Chapinero alto. El objetivo del mismo es sembrar, en el corazón de los más jóvenes, la idea de que cada uno puede tener su propia microempresa, cualquiera que sea. En esta forma, todos los jueves a las cinco de la tarde, en el salón comunal del barrio, se vive el entusiasmo que despliega medio centenar de niños, entre ocho y 16 años, reunidos para darle forma a la arcilla y a su propio futuro. 85


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Hanna Bibliowicz, una mujer que ha vivido con intensidad el mundo de la cerámica y la escultura, es la encargada de enseñar, aunque ella sostiene que solo sirve de guía, “porque el verdadero maestro es el barro”. John Jairo Garzón, de 13 años, asiste a este taller desde finales de 2000. Se vinculó a través de los amigos de la cuadra. “Un día me invitaron –recuerda él– dizque para hacer cerámicas, y me pareció chévere, como jugar baloncesto”. Durante este tiempo, John Jairo ha aprendido a extraer la arcilla de su medio natural, a fabricar moldes para las figuras, y espera que pronto llegue el horno para cocinarlas, luego pintarlas y venderlas. Hanna dice que en poco tiempo estará listo el horno en el segundo piso del salón comunal y desde ya se tocan las puertas en el comercio para que sean estos mismos chiquillos quienes vivan la experiencia de promover sus productos. En este salón se siente la algarabía propia de quienes aprenden con verdadero entusiasmo. “Me gusta la creación y las formas que uno le puede dar al barro”, apunta Jesús Andrés González, un niño de diez años, quien apenas lleva dos sesiones y ya sueña con tener su propia fábrica de chivas. Johnatan Lora, otro chico de la misma edad, acaba de entrar a su primera lección y se impresiona con el golpeteo sobre las mesas para ablandar y amasar el barro: “Mi mamá trabaja en una casa de familia, mi papá no vive con nosotros y yo voy a sorprender a mis hermanos menores cuando les diga que ya casi tengo mi pequeña empresa”. Cuando terminan la clase, a las 7:30 de la noche, los muchachos salen felices, con la sonrisa untada de arcilla. Desde las alturas del barrio Juan XXIII ven las luces que se tienden sobre la carrera séptima en esa caravana de carros que van de regreso a casa. Desde allí no alcanzan a ver los separadores que empezaron toda esta historia de unión. No alcanzan a imaginar que el devenir de esa carrera séptima ha empezado a forjar sus espíritus de escultores y a cambiar el horizonte de sus vidas, tal como le sucedió un día de otro siglo al escultor Rómulo Rozo, quien con el tiempo dejó de ser un embolador más, para tallar con sus manos un mejor destino: todo era cuestión de oportunidad. *

Corposéptima obtuvo el segundo lugar en la convocatoria del premio cívico Por una Bogotá mejor, en 1999.

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Redactor de El Tiempo.

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Liderazgo político no es hacer montonera* RUBY MARCELA PÉREZ**

Roger Triana

Contrario a lo que mandan los cánones de la sintonía en los canales nacionales, a la gente de Ciudad Bolívar que vio por primera vez en su parabólica CB Alternativa el magazín audiovisual local, le gustó todo menos la presentadora. Les pareció irreal. La vieron muy bonita. “Es que nosotros no somos así, somos como más sencillos”, se apresura a explicar Clara Fontecha, una de las directivas de la Escuela de liderazgo político de Ciudad Bolívar y una de las gestoras de ese espacio de comunicación mensual que es visto en Candelaria, San Francisco, Arborizadora Alta y Baja, Juan José Rondón, Jerusalén, Acacia, Compartir, Domingo Laín, Sierra Morena y otros barrios de una de las localidades más grandes y complejas de la capital. 87


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A la presentadora de CB Alternativa la cambiaron después de su debut. La gente protestó por lo poco creíbles que le sonaban los cuentos de la ‘Virgen negra’; o la narración de lo que pasó con el Decreto 012 en los colegios de la zona, algunos de los temas con los que se estrenó el magazín ante la exigente audiencia de las lomas del suroriente capitalino. “Entonces pusimos niñas normales. Sin maquillaje, reales, como nosotros”, dice, por su parte, Oswaldo Rubiano, un maestro de química y biología, que actualmente dirige la Escuela. Al escuchar a Fontecha y a Rubiano se entiende por qué la Escuela trabaja aterrizando conceptos de lo que para muchos poco tiene de real. Como la política. Y como las presentadoras con exceso de maquillaje. No aspiran a cargos públicos, no forman gente para que “haga montonera en las plazas”, ni para que prometa cosas que luego no se van a cumplir. Sacan pecho y lo dicen. Desde 1995 trabajan con grupos juveniles “generando procesos diarios para lograr acuerdos y solucionar conflictos”, en palabras de Rubiano. La Escuela no sólo hace magazines. Aunque cabe anotar que curiosamente lo audiovisual siempre ha sido su fuerte: en 1998 coronaron el Festival de Cine de Bogotá con su muestra Probando maldad. Una historia de barrio acerca de una familia desplazada y la forma como debió sobrevivir en la ciudad y en una zona como Ciudad Bolívar.

La cosa política Diez profesionales se encargan, a través de módulos semestrales, de capacitar a jóvenes entre 13 y 26 años de más de siete colegios y diez barrios, en áreas como formación política, desarrollo cultural y comunicación. Contactan especialistas de universidades como la Nacional, la Pedagógica o los Andes para que complementen la formación de la gente con ciclos de charlas. Desde el año pasado la Escuela tiene su sede propia. Lograron hacerse a una casa con el dinero que ganaron en la convocatoria de ‘Por una Bogotá mejor’, en su versión de 1999. Era lo más urgente porque vivían de arriendo. Y la cosa no sería tan complicada si la Escuela cobrara. Pero no lo hace. La plata salía de los asuntos ‘extra’ de los profesores: al de comunicación, José Estupiñán, le tocaba hacer grabaciones de fiestas, por ejemplo, para juntar algunos pesos. “El objetivo es que la persona comprenda su entorno, analice la realidad y proponga alternativas, para que su participación en la sociedad mejore de alguna manera y 88


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también cambie su calidad de vida”, dice Rubiano. Como la definición suena algo seria, Ricardo Ramírez, director del área de Desarrollo Cultural acota que “por lo menos sabemos que los muchachos que pasan por aquí no van a ser matones ni atracadores. Evitamos que caigan en vicios”. Pero no es tan fácil. Ellos saben que si un muchacho de Ciudad Bolívar le dice a su papá que está estudiando un módulo sobre el concepto de Estado o sobre globalización fijo le dice que se vaya a trabajar y a hacer algo productivo. Contra eso también pelean los de la Escuela, no solo contra la politiquería de turno en época de elecciones y en barrios pobres como los suyos. Claro que ese es, tal vez, el asunto que más los molesta a la hora de reconocer lo que no son. “Sabemos que le prestamos un aporte social al Estado y éste no devuelve nada”, dice Rubiano. Se refiere a la última pelea casada de la Escuela, esta vez, con el Plan de Desarrollo de la localidad. “Nos sentamos, propusimos, trabajamos, pero hicieron otra cosa”, comenta Clara Fontecha. ¿Y qué propusieron? “Casas culturales, medios de comunicación comunitarios (emisora y canal), fortalecimiento de una organización de la localidad que junta a más de 18 grupos como el de la Escuela”. Razonable. Pero no los tuvieron en cuenta. “Porque siempre es lo mismo: la pavimentación”. La Escuela quiere llegar lejos. Así lo entienden Fontecha, Rubiano, Estupiñán y Ramírez. Que los jóvenes pasen más tiempo en la Escuela (solo pueden estar los sábados) y, por ende, reciban mayor formación; que se pueda contar con una biblioteca formal de temas políticos en la zona; que su sede tenga sala de cómputo... Y, mucho más allá de sus necesidades básicas como organización: que con su formación logren desde mejorar los niveles de educación en la zona hasta llegar a plantear planes de desarrollo reales. Como la política que ellos quieren enseñar, la real.

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La Escuela de Liderazgo de Ciudad Bolívar ocupó el tercer lugar en la convocatoria del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’, en 1999.

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Editora de eltiempo.com.

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Ahora el paso es real*

MARTHA LUZ MONROY G.**

Archivo El Tiempo

“Era un despeñadero horrible”. Así describen los habitantes de Guacamayas, en la localidad de San Cristóbal, cómo era una calle que hoy es el orgullo del barrio. Es un paso empinado, de 90 metros de largo, que se volvió peatonal. Sin embargo, era tan peligroso que hasta había un aviso que prevenía a los habitantes con el anuncio de: “zona de riesgo”. Consuelo Ávila, cajera de un supermercado que está en la parte baja del camino, recuerda que las mujeres tenían que cargar un par de zapatos de repuesto para poder pasar por allí: “Los tacones se enterraban en el barro, entonces se cambiaban antes de subir”. 91


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Pero además del riesgo físico, dicen que la gente se torcía los pies y en invierno prácticamente subían en ‘cuatro patas’, había atracos y robos. “Como no había luz después de las seis de la tarde, era complicado pasar porque no se veía. A mí me trataron de atracar”, explica Inés Ortiz una de las líderes de este barrio. Calculan que por esa calle pasan al día unas dos mil personas y es la única vía que conduce de Guacamayas hasta otros barrios de esta localidad, como Malvinas, Guacamayas II sector y San Martín, porque los buses, en la práctica, sólo llegan hasta allí. En menos de cinco meses esta calle ha tomado tanta importancia que ahora es el punto de encuentro de la gente de la zona y se está popularizando con el nombre de Calle Real, porque para ellos es majestuosa. “Incluso aquí se ponen las citas los novios”, cuenta Marco Fidel Suárez, otro de los líderes de este sector, para quien es sorprendente cómo la recuperación física del lugar les cambió la vida a muchos. “Me parece increíble ver a los abuelitos sentados aquí tomando el sol”, dice. Y la vía no sólo se hizo para conectar los barrios y hacer más digna la llegada de la gente a las casas. Los cinco tramos tienen rampas pensando en las personas con discapacidades. “Hay muchos ancianitos y personas con sillas de ruedas, que antes no podían pasar por aquí”, dice Consuelo. El camino está entre los frentes de varias casas y de la iglesia. En un tramo del sendero de cemento va la rampa y del otro lado escaleras separadas por unas materas de ladrillo donde están creciendo los árboles que la misma comunidad sembró. En el siguiente tramo el orden se invierte: la rampa que venía a la derecha pasa a la izquierda y la escalera al otro lado. Es decir, las rampas no van continuas para evitar accidentes, ya que en la zona transitan mucho en bicicletas o motos. Así evitan accidentes con los peatones. “En todo esto pensamos cuando hicimos los diseños, hasta en los locos que van en moto”, explica Inés.

La integración Varios habitantes del sector dicen que nunca antes se había visto un bazar como el que se hizo en Guacamayas entre el primero y el dos de agosto del año pasado, para conseguir fondos. “Aunque vino gente de todos los barrios y se tomó trago, no hubo ni un pellizco”, dice orgullosa Inés.

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Porque el bazar, aunque no representó mucha plata, sí hizo que la gente se uniera y creyera en las obras que se iban a hacer. De ahí salieron 1,2 millones de pesos que jamás se pudieron ver porque se perdieron con la quiebra de Financoop. Pero no desfallecieron. Participaron en el programa ‘Obras con saldo pedagógico’, que les financió 28 millones de pesos y ellos tuvieron que conseguir otros seis. Esto se logró a través de rifas y de los arriendos de dos locales que tiene la Junta de Acción Comunal. El invierno trató de ‘ahogarles’ la obra, pero no pudo, pues con plásticos y palos levantaron una especie de carpa para que las obras pudieran continuar. “Parecía un circo lleno de colores”, recuerda Consuelo. Además de la fiesta visual, de la integración y de la obra en sí, con la construcción del sendero se les dio empleo a veinte personas de la zona. “Yo llevé mi hoja de vida y me escogieron”, dice Jorge Enrique Ortiz, un obrero que después de tres meses sin trabajo tuvo uno durante algún tiempo en su propio barrio. “Es toda una obra de arte”, agrega con orgullo. Y orgullo siente la Junta de Acción Comunal que se dividió en comités para seguir trabajando en deportes, recuperación de zonas verdes, artes plásticas, trabajo y seguridad, entre otros. Por eso no dudan que van a ganar otro concurso para poder hacer con las manos de los muchachos del sector un mural en su Calle Real.

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Publicado en El Tiempo el 11 de agosto de 1999.

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Redactora de El Tiempo.

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El carrito esferado

es ya una empresa* JIMMY ARIAS**

Archivo El Tiempo

Un triciclo despedazado, varios cuadernos sucios de barro, volantes promoviendo una whiskería de Chapinero, veinte o treinta latas de cerveza aplastadas, unas cuarenta cajas de cartón desarmadas y algunas tablas partidas en dos para que quepan en el carrito de balineras. Definitivamente, todo esto es un tesoro. Por supuesto, si se mira a este cargamento –de lo que para muchos es basura– como un producto que se puede intercambiar y reproducir. Es un negocio de gente que deambula por la calle recogiendo lo que los demás desechan, para ganarse algunos pesos con los que se pueda comer y mantener a su 95


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familia. Pero, ¿qué pasaría si muchos de ellos se unieran y montaran su propia empresa? Este fue el caso de la Cooperativa de trabajo asociado de recicladores El Porvenir que hizo realidad este sueño. En un comienzo fueron diez familias que dejaron de trabajar cada una por su lado recogiendo cosas y se unieron para fundar su propia empresa. Y así fue. De eso hace 10 años. Ahora son 60 las familias beneficiadas por la cooperativa. Gustavo Pulido, representante legal de esta entidad, cuenta que lo más difícil fue el comienzo, porque todo el mundo estaba acostumbrado a trabajar solo, incluso él, que también estuvo recorriendo las calles en busca de material reciclable. “Se les vendían los materiales a los intermediarios de El Cartucho, pero decidimos organizarnos con el apoyo de la Fundación Social, para mejorar nuestra calidad de vida, porque no se trata sólo de la parte monetaria”, comenta Pulido. De esta manera, El Porvenir acabó trabajando no solo con el reciclaje, sino también con el sector hospitalario y con la propia localidad en la que funciona la sede principal de la cooperativa, porque ahora además tienen otra sede en Bosa.

Medio ambiente Cuando la cooperativa comenzó a girar sobre sus propios rodachines, dividió en dos sus actividades. Una, la de emplear a sus propios asociados para que trabajaran –con un sueldo fijo– atendiendo hospitales como el San Ignacio y La Misericordia, y la otra, con la vinculación de nuevos recicladores para que en coordinación con la alcaldía de Los Mártires y la Policía Ecológica, desarrollaran una campaña permanente de reciclaje y mejoramiento ambiental en esta localidad. “La gente que queda en cargo fijo atendiendo hospitales tiene además fondo educativo, crédito de vivienda y todas sus prestaciones sociales como cualquier empleado”, agrega Pulido. Entre tanto, los demás empleados de la cooperativa recorren la localidad a diario en doce rutas para recolectar materiales reciclables. Cada uno lleva un uniforme de color amarillo o verde, carné y un carrito con todos los distintivos de la cooperativa. Además va acompañado de un policía bachiller que se encarga a la vez de concientizar e informar a la ciudadanía sobre la importancia del reciclaje. En la actualidad, están trabajando en la posibilidad de replicar la experiencia ecológica de Los Mártires en otras localidades, para que en otros sectores de la ciudad aprendan también a respetar los desechos, porque no todos son basura. 96


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El Porvenir entonces se convirtió en la oportunidad para muchas personas que derivan su sustento del reciclaje. Como María Rosalba Castro, una de las fundadoras de la cooperativa, quien todavía trabaja recorriendo las calles de Los Mártires en busca de más y más materiales, mientras que su esposo, Luis Antonio Prieto, trabaja en el sector fijo atendiendo los hospitales. Después de 10 años de trabajo, y de sacar adelante a su familia integrada además por cinco hijos, los Prieto Castro tiene una respuesta a flor de labios cuando se les pregunta por la mejor lección que les dejan los diez años que cumple su empresa: “Es mejor reunidos que solos. La unión hace la fuerza”.

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Publicado en El Tiempo el 11 de septiembre de 1999. Este proyecto también fue finalista en 2000.

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Redactor de El Tiempo.

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Ellos ahora

sí tienen casa* MARTHA LUZ MONROY*

Archivo El Tiempo

Las ventanas del viejo bus eran las de su casa. Las frías latas eran las paredes que apoyaban las camas y los escasos muebles. La carrocería, de lo que alguna vez hizo parte de un vehículo de transporte público, se convirtió durante dos años en la casa de la familia de José María Jara, su esposa, Adriana Osorio y sus cuatro hijos. Allí en el lugar de las sillas de los pasajeros se instalaron las camas y la cuna de un bebé, una mesa con una estufa de gas encima y unos butacos de madera. Para guardarse del frío cubrieron las ventanas con plásticos, madera y cartón, así como la puerta de entrada al hogar.

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“Lo más terrible eran los ratones”, cuenta Yuliana la hija mayor de José María y Adriana, que tiene 13 años. Dice que una de las cosas más lindas que tiene ahora es una ducha: “Nos bañábamos con mangueras”. Pero sus otros tres hermanos, ella es la mayor, extrañan los tubos que utilizaban como pasamanos. Todo esto quedó atrás gracias a un programa de mejoramiento de vivienda en el que las juntas de acción comunal de los barrios Salazar y Santa Librada de Usme, en el suroriente de la ciudad, participaron y se ganaron con Inurbe. Con este programa la comunidad de la zona obtuvo una mención especial en el premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’, organizado por la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Corona. El Inurbe le financió a 59 familias el mejoramiento de sus viviendas. Pero mejoramiento es un decir, pues, como a esta familia, lo que hicieron fue construirles un hogar, porque la mayoría de casas era de cartón, madera, plástico o cualquier material transitorio. A todos les dieron un subsidio de 2.100.000 pesos en materiales y ellos tenían que financiarse la mano de obra. La junta seleccionó los hogares teniendo en cuenta el núcleo familiar: el número de niños, su situación económica y sus condiciones de vida. Para Adriana y su familia, el mundo cambió hace más de un año cuando terminaron de arreglar su casa. “Es una vida diferente, puedo tener mis maticas”, dice mientras un mico le pasa por el lado y un gato se esconde debajo de un sofá.

Tenacidad y constancia Para hacer realidad el sueño de muchos, de tener casas de ladrillos y tejas en lugar de unas de cartón y plástico, las juntas de acción comunal se pusieron las pilas y no desfallecieron ante los trámites. “Primero formamos la Junta de Acción Comunal en 1992 y así comenzamos a trabajar para legalizar el barrio. Eso lo logramos en 1996”, cuenta José Rodríguez, presidente de la junta del Salazar. A menos de dos años de haber sido legalizado el barrio, esta comunidad logró no solo conseguir la financiación para el mejoramiento de vivienda, sino además, el alcantarillado y la pavimentación de dos calles principales. La adecuación de las casas la comenzaron en noviembre de 1997 y la terminaron en octubre del 98. Este arreglo es lo que más agradecen los vecinos porque eso les significó un cambio esencial en sus vidas. “Esto nos llegó como una bendición de Dios”, dice Ángela Granados, otra de las beneficiarias. 100


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Ella que, en un solo espacio, tenía que acomodarse con su mamá, su segundo esposo, sus dos hijos y los dos de él ahora se siente feliz de tener tres habitaciones, su cocina y un lugar para la sala. “Del baño, sólo teníamos la taza”, dice Angela, que lo único que lamenta son 380 mil pesos que le robó un obrero, porque nunca apareció a hacerle las reparaciones de la casa. Y así, feliz, está la mayoría de las 59 familias que gozan hoy de un verdadero techo. Otra de ellas es la de Pablo Emilio Correa y Yolanda Cortés, una pareja de invidentes que vive con su hijo y el padre de ella. Su casa de palo y cartón no soportaba la más leve llovizna porque se inundaba y se formaba un barrizal por la falta de un piso. “Nos sentíamos muy pobres y ahora nos creemos millonarios con la casita que tenemos”, dice Yolanda. Los vecinos dicen que ahora los niños se enferman menos porque ya no comen tierra y los hijos de muchos aprendieron a sentarse en los sanitarios porque ahora sí los tienen.

Despertó la solidaridad Como el Inurbe entregaba el dinero para los materiales, la construcción corría por cuenta de la gente. Fue así como las habilidades de los vecinos y su solidaridad se dejaron ver.”Si en mi casa todavía no íbamos a usar cemento y alguien lo necesitaba, se lo entregábamos y después cuadrábamos cuando llegaba más material”, explica María Elvira Laverde, líder del barrio. Recuerda cómo entre todos los vecinos cargaban los materiales y ayudaban a construir las casas. Agrega, entre avergonzada y risueña, que todavía le deben varios acarreos a un vecino. Con esa misma sonrisa, ellos esperan realizar otro sueño: tener su salón comunal. “A los muertos nos toca velarlos en otros barrios”, cuenta José Rodríguez. Aunque la comunidad ya tiene 62 millones de pesos que quedaron del programa de mejoramiento, solo se los entregan cuando consigan un lote dónde construir. Pero dicen que como sea se ‘levantarán’ la plata para comprarlo y tener dónde festejar la realización de sus sueños. *

Publicado en El Tiempo el 20 de agosto de 1999.

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Redactora de El Tiempo.

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Una cometa que vuela alto* MARTHA LUZ MONROY G*

Archivo El Tiempo

“Sapos”. “Lambones”. “Lagartos”. Estos apelativos los han tenido que llevar colgados a la espalda varios niños de la localidad de Suba, porque son los que cargan la forma de resolver los conflictos y peleas de sus compañeros de colegio. Pero no les importa. Algunos de ellos entre risotadas y burlas dicen que esos apodos los han fortalecido para ser mejores mediadores. “Nos sentamos en una mesa para que no se vayan a los golpes. No somos jueces, ayudamos a que se junten”, explica Laydi Johana, mediadora de 10 años. Estas palabras, más la calma para resolver los problemas entre sus compañeros de colegio y las agallas para soportar los sobrenombres, son el resultado de un trabajo de la Corporación de integración comunitaria La Cometa, de Suba. 103


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Este grupo, que nació en 1986, comenzó su trabajo haciendo festivales culturales y otros proyectos de integración social, especialmente con niños y jóvenes de Suba, una de las localidades más violentas de Bogotá. La Cometa quiso atacar este problema y para ello realizó un diagnóstico, que los llevó a determinar que la zona suroccidental de la localidad era la más afectada y se debería trabajar con los niños. Así crearon el programa ‘Niños mediadores’ en 1985, inicialmente con seis escuelas. “Las escuelas son espacios violentos donde se generan esos comportamientos. De ahí salen a formar parches, pandillas y luego bandas organizadas”, explica Oscar Benavides, uno de los fundadores de La Cometa. En total, el programa llegó a catorce escuelas de la localidad donde formaron 200 niños mediadores escogidos entre doce mil. Estos fueron elegidos por sus mismos compañeros. “No resolvemos los conflictos. El mediador solo entra cuando las partes en disputa no quieren dialogar y hacemos que cada uno exponga su punto de vista. El mediador no es el que decide”, explica Yanira García una joven de 15 años. Es difícil medir los resultados de este tipo de programas. Por eso no saben si los atracos disminuyeron. Tampoco pueden calcular si los padres les pegan menos a los hijos o si los maestros son menos gritones. Pero lo que sí tienen claro es que ahora el lenguaje de la mediación reemplazó los ‘madrazos’ y los golpes. Incluso 80% de las escuelas que trabajaron incluyó, en sus Proyectos Educativos Institucionales, PEI, el tema de la mediación. Clara Emilce Sánchez, profesora del Centro educativo La Gaitana dice que la forma de hablar de los niños ha cambiado: “Por ejemplo, incorporaron la palabra tolerancia”, dice. Ella agrega que el robo de útiles o las peleas por el turno en la fila de las cooperativas han dejado de generar altercados en las escuelas. “Este es el tipo de conflictos que resolvemos los mediadores”, cuenta Christian Alberto Benavides, un mediador de 10 años. Una prueba de que el trabajo con los niños da sus frutos lo demuestran los menores que, en 1986 y hacia adelante, participaron en programas de La Cometa y hoy son adolescentes y adultos que multiplicaron en otros barrios de la localidad lo que aprendieron.

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La mediación en las escuelas les ha servido a estos pequeños para formar su propio criterio con relación a los conflictos nacionales. Al hablar del proceso de paz por ejemplo, tienen su propia visión. “El presidente cree que arreglando el conflicto con la guerrilla va a arreglar todo y eso no es verdad. Todavía quedan el desempleo, los ladrones, la violencia en los colegios y las pandillas. Falta participación de mucha gente en esos diálogos porque no todo el mundo piensa igual”, dice David Antonio Navarro, de 12 años. Por su parte Laydi, que cuando sea grande quiere ser presidenta de la República, opina: “La paz no se hace poniéndose moñitos y agrediendo al que no se pone el moñito, hay que respetar la forma de pensar del otro”.

Para todas las escuelas El programa tuvo apoyo de ‘Cultura ciudadana’, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte, y de la Unicef y se calcula que costó unos cincuenta millones de pesos. Esta plata cubrió los honorarios de quienes enseñaron cómo es eso de la resolución de conflictos, para materiales didácticos, se hizo una cartilla llamada El Mediador, y para algunos escritorios. Los integrantes de La Cometa explican que estos escritorios son como la oficina de los mediadores y son algo simbólico. “Algunos tocaba ubicarlos debajo de una escalera, agrega Oscar Benavides, porque generalmente en estas escuelas hay problemas de hacinamiento”. Pero, al terminar el programa, la plata también se acabó. El proyecto, aunque ha continuado en las escuelas, no se ha podido divulgar en otros centros educativos de Bogotá. La idea de La Cometa es precisamente conseguir que les financien el programa porque, como ellos mismos dicen, a todo el mundo le gusta pero a la hora de los recursos nadie aparece. *

Publicado en El Tiempo el 8 de septiembre de 1999.

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Redactora de El Tiempo.

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Vecinos salvan

La Conejera* MARTHA LUZ MONROY G**

Archivo El Tiempo

El tema de los humedales empezó a sonar por el de La Conejera, que se conserva gracias a la batalla tenaz que sus vecinos han dado durante los últimos seis años. La historia de cómo una parte de este ecosistema se salvó de la depredación de los constructores y urbanizadores piratas comenzó en 1993, cuando varios vecinos de Compartir en Suba descubrieron que lo que los rodeaba no era un basurero, sino el hogar de muchas especies vegetales y animales, algunas de ellas únicas en el mundo. Pero, por ignorancia o por el afán de inundar la ciudad con monumentos de cemento, este, al igual que los otros doce humedales que quedan en Bogotá, estaba siendo víctima de la contaminación y de los rellenos para construir sobre ellos después. 107


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Entonces, los vecinos se unieron y formaron un comité para frenar la llegada de volquetas que traían escombros para verterlos en el humedal y detener el proceso de deterioro al que estaba condenado. “Hicimos barricadas y hasta botamos tachuelas en la calle para que las volquetas no llegaran hasta acá”, cuenta Nelly Ochoa, una vecina de Compartir. Recuerda que los choferes les quitaban las placas a las volquetas para que no las pudieran identificar. “Los constructores –dice– nos decían que los dejáramos y que, a cambio, nos hacían canchas de tenis”. Dentro del proceso de persuasión aplicaron otra fórmula: botar los escombros frente a las oficinas que la constructora tenía en la urbanización. Dicen que con el apelativo de ‘la charca maloliente’, demostraban el trato que le daban al humedal. Al problema de los rellenos se sumaba el de los cazadores, que capturaban a los curíes, y el del vertimiento de aguas residuales de 22 barrios, que hoy continúa. El comité dividió el trabajo en grupos así: los estudiantes hicieron el inventario de fauna y flora, y los abogados se encargaron del tema de legislación. Del comité ecológico se pasó a la Fundación Humedal La Conejera, con la formulación de un proyecto a largo plazo. “Se trata de la descontaminación del humedal”, dice Germán Galindo, líder de la fundación.

Conciencia ecológica Recuperar cientos de años de deterioro no es fácil. Por eso ha sido básica la ayuda de todos en las jornadas para sembrar árboles y limpiar la ronda, que no solo han servido para crear conciencia entre los habitantes, sino para unir familias. En la memoria de los vecinos está que luego de una jornada de siembra llegó una helada en enero de 1996. Entonces en las noches los habitantes tapaban los árboles con bolsas plásticas para protegerlos del frío, y en las mañanas las quitaban. Los niños y jóvenes también se han vinculado con el cuidado y conocimiento del humedal. “Antes no sabía para qué eran. Ahora sé que son importantes para el mundo, por las especies endémicas (exclusivas del lugar) que aquí habitan. Es un ecosistema único”, dice, muy segura, Vanessa Rojas, una estudiante del Colegio Ecológico del Norte. Allí cumplen su servicio social veinte colegios de la localidad. “Ellos son multiplicadores de lo que aprenden aquí”, dice Hugo Reyes, profesor de dos colegios del sector.

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Muchas luchas Acabar con los rellenos y los cazadores, delimitar los treinta metros legales de ronda y limpiarla de escombros han sido solo algunas de las batallas lideradas por la Fundación. Tres audiencias públicas sobre el tema de la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente, ALO, que pasaría sobre el humedal también dejan ver el trabajo incisivo de esta comunidad. En 1995 ganaron una tutela para acabar con la contaminación que hacen las aguas residuales de 22 barrios, pero no se ha hecho efectiva. Su trabajo se ha reconocido. En 1998 ganaron el Premio Nacional Enrique Pérez Arbeláez y en junio pasado recibieron el Premio nacional de ecología Planeta Azul que les otorgó el Banco de Occidente entre 330 proyectos de todo el país. El sueño de todos los que han participado en la recuperación del humedal es verlo descontaminado y “sin ninguna ciclorruta porque, como dice Galindo, esto es para recreación pasiva, no activa”.

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Publicado en El Tiempo el 18 de agosto de 1999.

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Redactora de El Tiempo.

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El reciclaje del aseo*

JULIO SUÁREZ ANTURI**

Miguel Menéndez

La basura no es solamente una bolsa llena de desperdicios. También revela la personalidad y condición social de aquellos de donde proviene. Y el volumen de la bolsa habla no únicamente de cuántas personas viven bajo el mismo techo sino también de qué es lo que consumen. Los desechos en los estratos altos son, regularmente, cajas de huevos y tetrapacks de jugos y leche, envases de conservas, botellas de vino y whisky y restos de comida no servida. En los barrios de clase media, la basura es de latas de sardinas y atún, empaques plásticos de todo tipo y cáscaras de frutas. Y los que menos tienen botan menos. Los pobres botan la piel de las papas, trozos de periódicos viejos, pedazos de madera y las cenizas del fogón. 113


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Esto lo conocen bien Jorge Eliécer Ospina, Marta Barinas, Silvio Ruiz y Nhora Padilla. Es lo que se encuentran cuando esculcan con sus manos ennegrecidas las basuras ajenas. Que huelen mal, fétido. Pero de donde extraen, día tras día, el material reciclable que manipulan, que les da el pan para sus mesas. Son largos los recorridos que cumplen en la colecta. Que comienzan a las 5 de la mañana y terminan exhaustos a las 3 de la tarde. Tienen que escarbar con pericia, rápido, esculcar al soco, porque otro, o uno de los automotores de los consorcios de aseo se les puede adelantar. Silvio anda siete barrios en ese lapso. Se vale de un carro esferado que empuja con vigor imposible dada su delgadez. Pero a veces las cuestas son tan empinadas que tiene que dejarlo aparcado en un lugar donde no se ruede y echarse al hombro un costal enorme con el que va y vuelve. Cumple una ruta que él mismo se impuso. De modo que ya lo conocen en las tiendas y panaderías, cuando lo ven pasar, los agentes de Policía y las vecinas fisgonas. “La gente nos tacha a nosotros de ñeros, como una peste”, apunta Jorge Eliécer. “Y ñero, viene de compañero. ¿Entiende?”. Y aunque los ven así, eso no los salva ni de los atracos. Lo dicen todos. Les roban la carga.. O el caballo, a los que tiene zorras. Casos de estos han ocurrido recientemente en el sur, pero los recicladores coinciden en que, en general, “el norte es más inseguro”. Por la inseguridad y el maltrato decidieron agruparse por allá en el 94. Y no solo para rescatar su dignidad humana sino para algo más: conformar una cooperativa y progresar en mitad de la maraña de una ciudad hostil. En el 2000 ya eran quince las cooperativas constituidas y este año llegaron a veintidós. Es que ya no son simples basuriegos. Personajes raros que se miran de soslayo. Ahora son gente de empresa. Hacen tratos comerciales con Peldar, Papeles Familiares, Siderúrgica del Muña, Fibras Nacionales o Cartón de Colombia. “Éramos indigentes”, recuerda uno de ellos. Un recuerdo lejano. “Ahora somos protagonistas de la ciudad. Ahora tenemos mayor aceptación de la sociedad, y reconocimiento”. Fue este mayor grado de conciencia de su trascendencia social, este empeño y empuje, esta paciente y persistente voluntad de crecimiento, que los hizo ganadores del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’, versión 2000. En la Asociación de Recicladores de Bogotá, que ellos conforman y preside Nhora Padilla, se agrupan las 22 cooperativas que hoy movilizan 599 toneladas diarias de

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material reciclable. Son 599 toneladas sustraídas al sistema de recolección de las empresas de aseo, que no llegan a ese depósito colosal, a cielo abierto, del relleno sanitario Doña Juana, donde se tratan cinco mil toneladas, orgánicas e inorgánicas, de bolsas repletas de basuras. Con el dinero del premio, diez millones de pesos, crearon un fondo rotatorio que sirve para inyectarle dinamismo a los centros de acopio, en los que, físicamente, se mueven 120 toneladas de botellas o tatucos plásticos, frascos o botellas de vidrio, papel de variada textura, cartones y hasta jirones de telas. También ha servido para sostener los tres camiones F-100 que hacen recorridos circulares para evitar que caminen demasiado los recicladores de mayor edad. Muchos de estos son los padres de esta nueva sangre, que a pesar de los achaques se resisten al buen retiro. Un cuarto camión colector está en proceso de reconstrucción para engrosar la flotilla. De modo que no hablamos de ñeros, figuras de miedo, sino de recuperadores de material reciclable. Hay vecinos, en los barrios donde tienen bodegas, que consideran “horrible” convivir con ellos. Porque, seguramente, no entienden que esas personas viven entre basuras para limpiar la ciudad y que extraen pequeñas minas de esas bolsas dejadas sobre las aceras. “Mire bien para que no contamine los tatucos blancos con los policolor”, le dice Rosalba Castro, a una novata del oficio, en uno de los centros de procesamiento. Ambas se mueven, nadan, en un mar de tarros plásticos que separan en sacos gigantescos, antes de triturar. Es plástico que venden a grandes empresas, las cuales lo procesan y vuelven a utilizar. El kilo lo pagan a cien pesos. El de vidrio a cuarenta; el de papel a 180; el de cartón a 140; el de chatarra, en la que se cuentan las varillas y hojalatas, a cincuenta pesos; el de aluminio a 1.200 pesos; el de bronce a 700 y a 1.500 el de cobre. Cada día, cada reciclador recolecta 150 o 160 kilogramos, para obtener 7.000 u 8.000 pesos. Forman parte de familias de siete miembros en promedio. Pero los vástagos, en edad de adolescencia, buscan cómo eludir la ocupación heredada. Es comprensible. “¿A quién le gusta oler semejante hediondez, todos los días, todo el día?”, dice Nhora. “Claro que es mejor y más digno que ser prostituta o ladrón”, añade. Y para fortuna de estas nuevas generaciones, los antiguos cambuches se transformaron. Blanca Rodríguez se ocupó de ello. Con ayuda de la Caja de la Vivienda Popular levantaron un hermoso barrio de una sola calle. Ellos lo bautizaron ‘Pedro León Trabuchi’. Es el nombre de un párroco que en el pasado les tendió la mano.

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Ahora, el sueño de la Asociación de Recicladores de Bogotá, ARB, es que la recuperación forme parte, no solo de la cultura de los nuevos tiempos, en todos los estratos socioeconómicos, sino del propio sistema de aseo de la ciudad. Ni más ni menos que se convierta en uno de los componentes del servicio de recolección. El que facturan junto al acueducto y al alcantarillado. “Entonces no habrá más zorras, no más carros esferados, no más canastas, no más costales”. En la mesa tienen también una propuesta de plan maestro a quince años, para el manejo de residuos inorgánicos, porque Doña Juana no es eterno. Ese plan, creen ellos, debe contar con plantas zonales de procesamiento, dos puntos satélites de acopio y lugares subsidiados. También un fondo de inversiones, pero eso es sueño todavía. Ciertamente son sueños. Como los de cualquier empresario. Los de alguien que quiera empinarse y mirar unos días hacia adelante, vislumbrar por entre las rendijas del porvenir. Sueños que ellos sueñan desde la Casa del Reciclador, que está en la carrera tercera con calle 14. La misma casa que sirve de guardería para sus hijos y los hijos de otros ex ñeros. Ahí está la esperanza: estos pequeños pueden contar con un techo y, con el esfuerzo de la asociación de recicladores, quizás cuando sean más grandes no tendrán que doblarse, como sus padres, ante las bolsas de basura.

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El proyecto ‘Organización de recicladores, alternativa técnica, social y económica’ de la Asociación de recicladores de Bogotá ARB ocupó el primer lugar en el premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ de 2000.

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Redactor de El Tiempo.

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Kerigma,

una buena nueva* JUAN CARLOS BERMÚDEZ**

Archivo El Tiempo

Eran los finales de la década del 70. Bosa crecía vertiginosamente y con muchas necesidades. La pobreza creciente la mostraba como un polvorín social. En ese sector hacía varios años estaban los padres claretianos, que desde su colegio proyectaban una labor pastoral y de trabajo social apegada a los principios de la teología de la liberación. No promovían la revolución por las armas, pero sí la necesidad de cambiar un sistema social tremendamente injusto. Para eso había que crear conciencia social y movilizar a la gente. Los jóvenes eran los más permeables a esas ideas críticas. Por eso, un cura, un seminarista y Edgar Navarro, un laico que trabajaba con los claretianos, invitaron a los jóvenes a crear un grupo juvenil. Era la época de Semana Santa en 1978. 117


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Una treintena de muchachos aceptó la invitación y empezó a hacer paseos y convivencias. Así nació Kerigma, que significa buena nueva en griego. Para algunos fue una experiencia pasajera, pero no para personas como Edgar Navarro, el laico que trabajaba con los claretianos, ni para Nancy Heredia, Hernán Castillo, Harold Moreno, Enrique Espitia, Camilo León, Albeiro Castelblanco y otros muchachos, que encontraron en ese momento el proyecto de sus vidas. Para entonces, no tenían más de 18 años, sus padres eran casi todos obreros industriales, eran vecinos de barrio y compartían un gusto incipiente por el teatro. Ahora tienen toda una empresa cultural que es símbolo de su barrio y que están tratando de irradiar a otros sectores.

El comienzo La primera actividad de Kerigma fue la publicación de un pequeño periódico al que llamaron Raíz, en el que igual entrevistaban a líderes comunales, hablaban de los problemas del alcantarillado o denunciaban la corrupción política. También hicieron del atrio de la iglesia su escenario para presentar pequeñas obras de contenido social a la salida de misa. Desde sus inicios, el grupo estuvo ligado a Kiwe Yacta (Tierra de Hermanos), organización que buscaba proyectar el mismo trabajo social y con frecuencia hacía encuentros de convivencia y preparación con otros grupos del país. Siguen así hasta 1981, cuando viene un momento de afianzamiento definitivo. El grupo juvenil se vuelve un proyecto más serio al encontrar el respaldo de la agencia holandesa de cooperación Novib. Kerigma adquiere un carácter más cultural. Un local de un tío de Nancy Heredia, la actual directora de la Fundación, se convierte en la primera sede pagada por Novib. Un escritorio, un colchón y unas sillas sirven para empezar los talleres,  las clases de música y los cursos de teatro en lo que se llamó la Casa de la Cultura de La Despensa. Para entonces, el cuento del arte se les había metido tanto que varios de los fundadores, al dejar el colegio, optaron por hacer carreras ligadas a la formación artística y la educación.

Un carnaval El pilar de sus actividades en los veinte años que han pasado desde entonces ha sido la muestra cultural y artística, una especie de carnaval con la que se toman las calles de Bosa en diciembre. La primera fue de un puñado de muchachos, de caras pinta118


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das que conocían apenas sus familiares y vecinos. “En la última versión, más de 600 personas maquilladas salieron a la calle para ser parte de las comparsas”, recuerda Nancy. En los montajes teatrales han navegado por muchas aguas. De los sociodramas del comienzo pasaron a La excepción y la regla, de Bertolt Brecht o La Orgía, de Enrique Buenaventura. Luego crearon tres grupos teatrales –Reflejo, Rostros y Horizontes Juveniles– que adaptaron cuentos e hicieron piezas de repertorio siempre ligadas a la denuncia y el análisis de los problemas políticos y sociales. Preocupados por mejorar la formación del autor e indagar en el mundo del individuo, montaron El muerto resucitado, una pieza filosófica, y No puedo imaginar el mañana, una trama sicologista de pareja escrita por Tennesse Williams. Estas obras no solo implicaron un viraje en su teatro sino que les dieron más reconocimiento en otras salas. En 1991 hacen su primera creación colectiva: Gris Entorno Gris, una mirada al mundo urbano que marca el retorno a los temas sociales pero con una visión menos ideologizada, que repiten en trabajos como De cafingos y guacales, Víacrucis y otros posteriores. Hoy, cuando ya han empezado a formar una tercera generación de actores,  atesoran una historia sin parangones en teatro comunitario. De ello guardan reseñas en mamotretos de recortes de periódicos y en los ejemplares de sus publicaciones propias como Notas de Encuentro, con la Universidad  Central, o la revista Kerigma, que han tratado de consolidar para difundir sus actividades y hablar de diversos temas culturales.

Sede propia A pesar de todas las dificultades, el proyecto cultural se fue consolidando, a la vez que los lazos con la propuesta social  Kiwe Yacta, se desvanecieron, aunque no se esfumó la presencia en la vida de la localidad. “Siempre hemos creído que es importante tener capacidad de influencia para defender la inversión en cultura”, dice Nancy. Incluso con otros grupos culturales, surgidos del mismo Kerigma lanzaron, sin mucho éxito, una lista propia a la junta local que llamaron ‘El otro cuento’. En 1988 dan otro paso importante, la obtención de una sede propia en una casalote que compraron por nueve millones de pesos, gracias la colaboración de Novib. Unidos al proyecto Librovía del alcalde Juan Martín Caicedo, construyeron allí el teatro y lograron dotar la biblioteca con cinco mil volúmenes. Sin embargo, no todo fueron buenos momentos. En el lapso del 90 al 92 tuvieron dos allanamientos bajo la sospecha de tener lazos con la subversión y, en abril de 1992, en un asalto murió el celador de la sede. 119


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Ante estas amenazas, decidieron cerrar por algunos meses. Luego reanudaron las actividades artísticas, pero mantuvieron la sede administrativa en el centro de la ciudad. Enfrentaron otra prueba de fuego en 1996.  Novib les retira su apoyo y  Kerigma se ve obligada a hacer un proceso de rediseño que le permitiera ser más productiva y, así, asegurar su subsistencia. Entonces entró en la búsqueda de convenios para subsidiar la asistencia a sus obras a gente sin recursos, abrir sus espacios a otros grupos,  dar capacitación en las primeras armas de la expresión artística a niños de escuela e incluso enseñar nociones de periodismo y elaboración de impresos a líderes comunitarios. Hoy la sede está permanentemente llena de niños en busca de sus primeras experiencias con el arte. Para lograr cosas como esta, la gente de Kerigma tuvo que hacer su base de datos, ampliar sus contactos, aprender a presentar propuestas y concursar no solo en Bosa sino en otras localidades. Ya han desarrollado proyectos en Usaquén, Bosa, Los Mártires y Ciudad Bolívar. “Hoy somos una empresa cultural y podemos decir que donde concursamos ganamos”, dice Nancy. Gracias a ese mejoramiento de la gestión empresarial, consiguieron hacer un área de aulas en el segundo piso de la sede, con la colaboración de la Fundación Corona, y  un tercer piso para la sede administrativa, en cuya financiación fueron importantes los ocho millones de pesos que recibió la Fundación en 2000, fruto del premio cívico otorgado ‘Por una Bogotá mejor’. Hoy Kerigma tiene varios proyectos más en cierne: la apertura de una escuela de formación artística de nivel técnico, que dé la oportunidad a la gente de los sectores populares de convertirse en artistas profesionales; la realización de videos educativos con fines comerciales sobre diferentes expresiones artísticas y  la puesta en funcionamiento de un café Internet,  en asocio con Telefónica de España. Se trata de una empresa enteramente comercial, que ofrecerá el servicio de Internet a bajo costo en Bosa y con la que aspiran a tener una entrada fija para alimentar otros planes. El más importante de ellos, seguir haciendo teatro. *

La escuela de formación artística y cultural Fundación para la investigación Kerigma ocupó el segundo lugar en la convocatoria de ‘Por una Bogotá mejor’ en 2000.

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Editor nocturno de El Tiempo.

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La Bogotá que sigue siendo campesina* MARTHA LUZ MONROY G.**

Carlos Julio Martínez

Allá, a 3.200 metros de altura, en el páramo, todavía es Bogotá, pero la vida transcurre en una forma diferente. Para sus habitantes el día comienza antes de las cuatro de la mañana, como para muchos otros bogotanos. Sin embargo, en vez de tomar un bus, se sientan sobre una butaca a ordeñar vacas o salen a recorrer los cultivos de papas y habas. La gente de esas catorce veredas de la localidad de Usme, en el sur del Distrito, vive junto a nacimientos de agua, en medio de las represas de Chizacá y La Regadera, que les dan de beber a todos los barrios de sur. Sus ilusiones están allí, en el campo que han cultivado desde hace muchos años y del que no quieren irse porque “la comida no falta”. 121


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Y parte de lo que no tenían lo han ido logrando desde que se unieron hace más de 25 años en una cooperativa que bautizaron como Acoprousme, surgida del fútbol, su única diversión. Hoy, entre risas y cervezas, recuerdan cómo eran esos primeros partidos. “Jugábamos con los números pegados a las ruanas”, cuenta Edgar Fidel Carrero, campesino de la zona. También se convirtieron en la oportunidad para el amor. “De esos partidos salieron varios matrimonios de familias que antes no se podían ver”, recuerda Samuel Venegas. El escenario de los primeros juegos era un terreno lleno de huecos, apto para romper piernas, que pertenecía a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, EAAB. Gracias a Luis Ernesto Vargas, que en aquella época era un conductor de la empresa, consiguieron que la entidad se los donara. Y allí, con pico y pala, ellos mismos construyeron la cancha más alta de Colombia, porque por pocos metros iguala a la de La Paz, Bolivia, que está a 3.300 metros sobre el nivel del mar. Vargas, que jugó un tiempo en Santa Fe hasta que las lesiones lo sacaron del fútbol para siempre, ayudó a organizar el primer torneo. Aliños El Rey les costeó las primeras camisetas, guayos y pantalonetas. De eso hace ya un cuarto de siglo. Entonces, los domingos cambiaron y los dueños de las fincas no tuvieron más remedio que darles ese día de descanso. Se organizaron torneos entre las veredas y resultaron tantos equipos que se crearon las categorías A y B (ascenso y descenso) al estilo de cualquier campeonato internacional.

Compitiendo con Usme Resuelta la diversión de los domingos, pronto pasaron a enfrentar otros problemas como el de la venta del ganado. El primer sábado de cada mes, los campesinos debían bajar al centro urbano de Usme, el municipio que con los años se convirtió en un barrio más de la capital. “Nos tocaba salir a las cuatro de la mañana para bajar el ganado y, como no nos podíamos devolver con él, tocaba venderlo por lo que nos dieran”, recuerda Luis Bernal, otro campesino. Estaban sometidos a las condiciones que implantaban los compradores venidos de Zipaquirá, Chía o el centro de Bogotá. Prácticamente los obligaban a recibir lo que ellos quisieran pagar.

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“Si una res valía 200 mil pesos, le ofrecían a uno 150 mil. Y lo peor era que no los pagaban de una. Duraban como dos o tres meses pagando de a poquitos”, dice Ambrosio Gómez, otro de los habitantes del páramo. Esto hace que los miembros de la cooperativa se sientan aún más orgullosos de lo que después consiguieron: organizar su propia feria ganadera, para poner las condiciones en su propio territorio. Fue hace quince años, en El Tesoro, una zona comunal que se había convertido en el punto de encuentro para planear los partidos de fútbol. Con una sonrisa que no le cabe en la cara, Héctor Armando Orjuela cuenta que hasta crearon un comité de relaciones públicas que fue de vereda en vereda para invitar a los campesinos a traer su ganado y a los pueblos vecinos de Bogotá, para tentar a los compradores. A esa primera cita llegaron 200 animales que se vendieron en pocas horas. “A todos nos queda más cerquita y si no nos dan lo justo, no vendemos, porque ahora es más fácil devolvernos con los animales”, dice Bernal. La feria la han hecho sin parar desde esa época, el segundo sábado de cada mes y hoy tiene más éxito que la de Usme.

En busca de más Pero los progresos no se han quedado ahí. Hace 10 años lograron que el entonces representante a la Cámara Enrique Peñalosa les costeara la construcción de un salón múltiple. Hoy, esta obra de 200 metros cuadrados, es otro de sus orgullos. La edificación, de ladrillo y tejas de plástico, tiene como entrada un gran espacio sin puertas. En el fondo hay un segundo piso que sirve de tarima para los grupos musicales que en ocasiones los animan los fines de semana o de escenario para difundir noticias de la cooperativa. Con su construcción también llegaron las entidades del Estado que poco se veían. “La bienestarina la reparten aquí para todos los niños de las veredas”, cuenta Consuelo Mendoza, una ex jugadora de fútbol que dejó las canchas, como otras mujeres de la región, porque “los hijos y el marido quitan mucho tiempo”. Como ella, los hombres estuvieron a punto de archivar los uniformes, porque la EAAB les pidió el terreno. Las antesalas en los despachos y los ruegos no se hicieron esperar. Representantes de la cooperativa recurrieron a todo para que no les quitaran la cancha. Lograron que a cambio del terreno original, el Acueducto les construyera otro campo junto al salón múltiple.

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Esa unión que siempre han mostrado dio sus frutos de nuevo hace muy poco, el nueve de junio pasado. Por primera vez en quince años, los animales no rondaron por todas partes y los vendedores encontraron una mejor manera de exponerlos. La cooperativa inauguró ese día sus corrales. Los cinco millones de pesos que recibieron por ocupar el tercer puesto en el premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ los adicionaron a otros ahorros y a esa recursividad campesina que nunca se vara. “A nosotros nada se nos hace difícil”, dice Samuel Vanegas. La madera la obtuvieron de unos árboles que estaban caídos en predios del Acueducto, que se los donó. De su ingenio resultó el diseño y durante cuatro semanas, cuatro hombres de las veredas trabajaron en la construcción. “El clima no nos ayudó mucho, pero ahí le hicimos”, dice Fabio Carrero, un joven de 16 años que tuvo como misión pintar cada uno de los 166 postes y 244 repisas que se utilizaron. El sacrificio de aguantar temperaturas bajo cero valió la pena. El día del estreno no solo los hombres que trabajaron en la construcción estaban felices. Los dos locales de comidas, que fueron construidos cuando se levantó el salón múltiple, no dieron abasto. A esos 200 metros cuadrados no les cabía un invitado más y esta vez el frío tampoco logró ahogarles la fiesta. Consuelo Mendoza, a la hora de haber puesto a calentar 200 arepas de queso que hizo, ya había vendido 100. A Liliana Moreno, su compañera de local, en el mismo lapso le compraron más de 500 tintos y la mitad de los sesenta chorizos que había preparado. Con la inauguración de los corrales, la cooperativa se pudo dar el lujo de aumentar el precio de quinientos a mil pesos de los certificados de compra con los que se garantiza que el ganado que se negocia en El Tesoro no es robado. Con esa plata compran bombillos, jabón, papelería, las planillas de los partidos y hacen otros gastos de la asociación. Y aún sin terminar de inaugurar su más reciente proyecto, los campesinos de ciudad ya comenzaron a echarle números al próximo: crear un mercado en El Tesoro para que los vecinos de la localidad 5 de Usme compren, sin intermediarios, papa, habas, alverjas, cebolla y otros productos de la tierra, y no tengan que ir hasta Corabastos para conseguirlos. Con este proyecto quieren llamar la atención de la Administración Distrital para que mire hacia el campo y descubra que también forma parte de la capital. Todos quisieran que existiera una oficina de asuntos agrarios, para que “se le hable el mismo idioma al campesino y no se le mire raro porque usa ruana y botas pantaneras”.

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Estos campesinos alegan que la ciudad solo piensa en construcciones de cemento y se olvida que allí hay unos bogotanos que no solo labran la tierra y crían animales sino que juegan fútbol y tienen iniciativa, porque el páramo muchas veces les ha congelado los huesos, pero nunca las ganas de progresar.

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El proyecto Porque Bogotá también es rural, Acoprousme, ocupó el tercer lugar en la convocatoria del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ en 2000.

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Redactora de El Tiempo.

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Las escaleras

de la paz* RUBY MARCELA PÉREZ**

Archivo El Tiempo

Rosalba Ballesteros salió a las cinco de la mañana con su olla de sancocho de pescado bien amarrada, para vender en el paradero del barrio, ubicado a ochenta metros abajo de la punta de la loma donde vive, en el barrio La Paz. Había llovido en la noche y la pendiente no dio tregua: ella y su olla rodaron. “Aterrizamos frente a la casa de ‘Tolimai’, quien me levantó toda embarrada. Ese día me rompí la cola”. Tolimai vive en la falda de la montaña, abajo. Y, al parecer, se especializaba en recoger señoras. Eva Díaz, de 63 años, resume en tres frases la historia de su barrio, ubicado en Usme, al suroriente de la ciudad: “Bajábamos sentados o rodando. Subíamos arrodillados. No había de otra”. 127


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“Muchos de los habitantes de La Paz, si conseguimos para el almuerzo, no comemos. Pero gracias a Dios, no nos dejamos de la pobreza”, agrega Eva. Ese no dejarse, tal vez, los hizo recursivos. Ponían tablas y vigas, para bajar de sus casas hasta las vías principales. Hasta que la junta comunal tomó la determinación: “vamos a hacer escaleras”. Hoy día las hay en caracol, con sementeras, con patio a los lados, con diminutas terrazas, a gusto de la comunidad. Y no son dos o tres, sino cuadras enteras, o mejor, pendientes enteras por las que suben, corren y juegan niños y perros. Las lograron con el apoyo del programa ‘Obras con Saldo Pedagógico’ del Departamento Administrativo de Acción Comunal. El concreto lo puso el Instituto de Desarrollo Urbano, IDU; las maticas que adornan las sementeras, son aporte del Jardín Botánico, y el logro, de la comunidad. Marta Maldonado, madre de 4 niños, y asmática, se desmayó cargando ladrillos loma arriba. Pero eran tan grandes las ganas de ver la obra, que una y otra vez lo volvió a hacer. Hoy su hijo goza lanzando escalas abajo, de su terraza a otra de una casa vecina, un camioncito destartalado con el que juega todas las tardes. De estas obras se benefician más de cien familias, con cerca de 600 niños. Durante meses, el año pasado, más de 40 familias cedieron horas laborales, atendieron a los obreros, sacrificaron sus días de descanso y mejoraron su barrio. La comunidad, si bien al principio de la iniciativa, hace cerca de dos años, tuvo roces con sus líderes, ahora está más unida. Se nota en su trabajo. Además de innovador, hicieron más de lo previsto. Construyeron andenes para sus calles. Rosalba Ballesteros no fue la única accidentada. Su marido rodó también. Y se enterró un pedazo de estaca en una mano, debido al golpe. Pero ella, entre risas, dice que no cambia ahora el sitio donde vive. ‘Pasamos de los porrazos fijos a caminar más descansaditos. Y trabajamos en lo mismo que antes y de pronto madrugamos igual, pero ya no somos los mismos. Entre todos lo pudimos hacer’. *

Publicado en El Tiempo el 3 de septiembre de 2000.

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Redactora de El Tiempo.

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Las madres comunitarias son gremio*

RUBY MARCELA PÉREZ**

Archivo El Tiempo

Las mamás dicen que las galguerías le hacen daño a los niños y muchas hasta se las prohíben. En un jardín infantil comunitario del Perdomo son buenísimas: sirven para enseñar a leer. Hay que ver cómo los niños en edad preescolar identifican las letras de sus paquetes preferidos, las combinan y hasta se saben sus colores. No se trata de una estrategia para capturar compradores. Es que a falta de cartillas, buenas son las galguerías pegadas en un cartoncito. En este jardín el personaje de la semana es importantísimo: está pendiente de la oración, del tablero, del botiquín, de la asistencia. De hecho, cada niño es personaje 129


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de la semana porque, con una ruleta, se gana esa responsabilidad que antes era algo aburrido porque se la imponían. La pobreza no es impedimento para dar una educación digna. Esa es la consigna de la Asociación de Hogares de Bienestar Familiar del Sector Perdomo (Asohobo), que reúne 26 hogares de madres comunitarias desde hace trece años y que actualmente trabaja con 750 niños de la zona. “Hacemos orientación pedagógica en nuestros jardines con niños hasta los siete años, talleres con los padres, salidas, controles de salud, cursos para mujeres embarazadas. No se trata solamente de tener a los niños encerrados en una casa, nosotras vamos más allá”, dice Carmen Micán, de la asociación. Ella es una de las cuatro madres comunitarias de Asohobo que se graduarán de licenciadas en preescolar el próximo mes. Estudiaron de noche y ahorraron muchos años para hacerlo. Hasta que lo lograron. “Una madre comunitaria no puede permanecer en la cocina mientras los niños se quedan solos. El alimento físico es importante, pero también el espiritual y el mental. Y ella debe estar preparada para darlo”, comenta Micán. Bienestar Familiar suministra los alimentos, como en todos. De ahí para adelante, la asociación inicia su trabajo empezando por separar por edades a los niños. Los padres pagan una cuota anual de 20.000 pesos y con eso se sostienen los hogares, se compran los materiales, se organizan las salidas y hasta se les ayuda a padres de menores que no pueden pagar ese dinero.

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Publicado en El Tiempo el 8 de agosto de 2000.

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Redactora de El Tiempo.

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Historia

de viejos amigos* RUBY MARCELA PÉREZ**

Carlos Julio Martínez

La Asociación de amigos de la quebrada La Vieja no para de soñar. El basurero de aguas negras que logró recuperar les sirve de empuje para su nuevo proyecto: desempolvar la historia de este cuerpo de agua. Josefina Castro no sabe si es un sueño o alguna vez fue real: a veces se le vienen a la cabeza imágenes de campesinos con ovejas que recorren las orillas de la quebrada La Vieja. No existía la Circunvalar. Recuerda los cantos de las aves y las risas de los niños, en uniforme de colegio, que jugaban en medio de piedras por entre las que corría agua cristalina.

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Pero igual, como si fuera un álbum con fotos en sepia, ve el día de 1981 en el que llegó del exterior donde estuvo estudiando: llantas, basura, deforestación y las aguas negras de una quebrada sin vida. “Los vecinos mantenían las ventanas cerradas para que no entraran los olores”, dice acerca de ese cuerpo de agua ubicado en la calle 71, al oriente de la Circunvalar, en el barrio Rosales. Aquí, la historia de La Vieja se convierte en una historia de ‘viejos’ amigos que con botas y guantes empezaron a limpiarla. Que tocaron muchas puertas de los edificios vecinos para encontrarle dolientes a algo muy parecido a un caño en ese entonces y que fueron de entidad en entidad del Distrito consiguiendo recursos. Hoy cuentan con orgullo que allí se han observado más de 75 especies de aves, el mejor indicador del estado de un recurso natural. Fue tan minuciosa su labor y la de algunas entidades oficiales que lograron encontrar, edificio por edificio, los que estaban alimentando a La Vieja con aguas de alcantarilla y corregir la situación. Se constituyeron como Junta de acción comunal y ahora son la Asociación de amigos de la quebrada La Vieja. “Apenas se posesionó el alcalde Peñalosa le entregamos el proyecto. Se arborizó, se hicieron andenes, se recuperó el cuerpo de agua, se le hizo limpieza de plagas porque los ratones que vivían allí, atraídos por las basuras, parecían conejos”, cuenta Castro. Hoy día, La Vieja tiene tres guardabosques, pagados por la comunidad, que la cuidan día y noche porque no tiene cercas ya que es espacio público. El barrio fue uno de los primeros que trabajó también en el proyecto de frentes de seguridad.

Un paseo dominical Ahora, la asociación, luego de recuperar la quebrada, quiere rescatar su historia. Un historiador de la Universidad Nacional les está ayudando con la investigación. Quieren saber cómo eran los cerros cuando el agua bajaba por ellos sin la presencia de casas o avenidas. Y se les ocurrió contarle a la gente lo divertido que era el paseo dominical de los chapinerunos a los baños medicinales que hicieron famosa la quebrada a principios del siglo pasado. También están trabajando para que en esa publicación se cuente su experiencia. Con tanta quebrada que hay en los cerros podrán ‘exportar’ conciencia a las demás localidades. “Una publicación que le dé valor al aire y al espacio de la ciudad”, dice Castro.

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No fue fácil unir a una comunidad que, en su momento, tuvo que invertir su dinero en algo que parecía un imposible, tanto como los 50 millones de pesos que lograron recolectar con su gestión puerta a puerta vendiendo una idea entre rara y distante: recuperar las aguas que ya no podían ni ver. La visión de Josefina cambió. Y es permanente. Ve viejitos caminando por entre frondosos árboles. Ve a los estudiantes de colegio interesados en observar las decenas de aves que bajan de los cerros. Y ve, a futuro, la cuenca alta de la quebrada completamente arborizada con vegetación nativa, su próximo sueño real, así no tenga ovejas.

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Publicado en El Tiempo el 1º de septiembre de 2000.

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Redactora de El Tiempo.

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Juan Pablo Montoya

ya tiene parque* RUBY MARCELA PÉREZ**

Archivo El Tiempo

Todavía se pueden ver enormes manchas de aceite en las paredes y letreros a medio borrar de ‘sacada de muelles’, ‘servicio de prensa hidráulica’ y ‘amortiguadores’. Con la diferencia de que ahora las sacadas son de balones en los partidos, el servicio es de recreación y se amortiguan, pero los problemas de inseguridad. El hoy parque ‘Juan Pablo Montoya’ del barrio Carvajal III Sector, en Kennedy, fue rescatado de entre la grasa. Se trata de doce mil metros de terreno que hasta hace un año eran un parqueadero de mulas rodeado de talleres al que, muy en el fondo, se le alcanzaban a ver un rodadero y un columpio entre el pasto. Era también un botadero de basura. 135


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Ismael Rodríguez, un vecino del parque, reconoce que él, en un principio, no creyó y hasta criticó a la junta del barrio, que es la autora del proyecto. Pero hoy día, emocionado, dice: “Se ve lindo. Y eso que nos faltan las maticas y la luz”. Ya se considera miembro de la junta. La comunidad intentaba recuperar este espacio público desde 1997 pero siempre volvía a ser invadido. Por eso la gente no creía. Y por eso la junta resolvió hacer un proyecto que iniciara trabajos apenas se llevara a cabo la restitución del terreno. “No fue fácil. Eso implicaba sacar negocios de la zona y a nadie le gusta”, dicen Pedro Rodríguez y Guillermo Molina, presidente y tesorero de la junta. Cuentan que hubo, incluso, amenazas. Bazares de varios días, rifas, ahorros, la ayuda del programa ‘Obras con saldo pedagógico’ del Departamento Administrativo de Acción Comunal del Distrito y el trabajo de la comunidad permitieron que se hiciera este parque que beneficia a cerca de diez mil personas de la zona. Los talleres se cerraron. Se sellaron sus puertas con cemento. Ahora hay hasta cancha múltiple, tres alternativas de juegos para niños y una amplia zona verde que encerrarán con pinos. Un primer mural, de muchos que se quieren hacer, tiene a unos niños jugando en una plaza con arcos. Tendrá también, en alto relieve, un humedal, el carro de Montoya y un estadio. El parque será utilizado para campeonatos, novenas, misas, actividades comunitarias y en la adopción de programas deportivos y culturales del Distrito. Pero no para ahí. Antes de diciembre, la junta del Carvajal III entregará otro parque: el Maracaná, a pocas cuadras de este. Por eso le pusieron a su parque el nombre de Juan Pablo Montoya: los del Carvajal III no se frenan. Ni siquiera ante los problemas más tenaces.

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Publicado en El Tiempo el 10 de septiembre de 2000.

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Redactora de El Tiempo.

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‘Acá los ciudadanos

mandamos’* ALEJANDRO LOPERA

Gerardo Chaves

La Estanzuela es un barrio situado cerca al San Andresito de San José y a pocas cuadras de El Cartucho, conocido por su gran cantidad de talleres y almacenes de repuestos, lo que genera un problema grave de invasión de espacio público porque se usan los andenes para reparar los carros. En el sector de ‘La Playa’, calle 7 con carrera 18, por ejemplo, el mal estado de la vía y la invasión de los carros genera trancones interminables. ”Hace treinta años, cuando llegué no había tanto desorden como ahora. Todo se dañó cuando abrieron talleres en la zona residencial”, dice Aída Guzmán, presidenta

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de la Junta de Acción Comunal desde hace cuatro años y medio, cuando se puso en la tarea de recuperar el espacio público con ayuda de la comunidad. “Nosotros permitimos que se invadiera el espacio público. Entonces, la solución también debía venir de nosotros”, dice. Empezaron por hacer varias campañas de aseo y llamar a la Secretaría de Tránsito para que pusiera orden. Pero la solución era siempre momentánea. Pocos días después los talleres volvían a usar la calle como parqueadero. Entonces Aída, con la ayuda de su esposo y de sus hermanos, hizo un proyecto de recuperación de andenes y mejoramiento de fachadas en la calle 6b, entre carreras 18 y 20. Lo presentaron a la convocatoria del programa ‘Obras con saldo pedagógico’ del año 2000 y quedaron entre los ganadores. Con los 53 millones de pesos que les asignó el Departamento Administrativo de Acción Comunal se iniciaron las obras. Esta entidad envió ingenieros para que hicieran los diseños de los andenes y estuvo pendiente del manejo de los recursos. ”Pero no todo lo hizo Acción Comunal. Los ciudadanos acá mandamos y nos encargamos de que esto quedara bien”, dice Aída. Los vecinos hablaron con el maestro de construcción y con sus ayudantes para decirles cómo querían ver los andenes y las fachadas. Se volvieron los mejores veedores del proyecto. Tres meses después, las obras quedaron listas. Lo mejor de todo es que sobró platica y pudieron construir más andenes y pintar más casas. Claro que no todos están de acuerdo con las obras. Marisela Miranda, que lleva tres años en el barrio y trabaja en la tienda de su suegro, dice que los andenes quedaron muy bonitos, pero bajaron las ventas porque ya no se pueden parquear los carros en su cuadra. ”El problema de los mecánicos es más complicado porque uno vive de sus clientes y estos siempre buscan partes en donde los dejen cuadrar. Con todo esto también han acabado con muchos talleres”, dice Marisela. Doña Aída piensa lo contrario y por eso ha perdido amigos y ganado enemigos. Pero eso no parece importarle. “Antes no podía hablar con los mecánicos y ahora somos hasta amigos. Además, me emociono mucho cuando vienen y dicen que la cuadra está muy bonita”.

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Y todo gracias al trabajo en comunidad, a la unión de los vecinos para atender sus necesidades que aún son muchas. Por eso, la Junta de Acción Comunal ya está armando un nuevo proyecto para sacarlo adelante a través del programa Ecobarrios.

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Esta crónica sobre el proyecto de recuperación de andenes del barrio La Estanzuela fue realizada especialmente para esta publicación por el autor, quien hizo parte del proyecto  para jóvenes Código de Acceso, de la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco.

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Un trabajo en do mayor* JUAN CARLOS BERMÚDEZ

Carlos Julio Martínez

Es sábado. Todos llegan antes de las cuatro de la tarde al saloncito de paredes sin pintar. Hace frío como nunca y, para ir calentando el ambiente, empiezan a preparar sus instrumentos “Hoy ensayaremos ‘Solo le pido a Dios”, dice con energía Juan Fernando, el ‘profe’, mientras entrega las partituras. “A ver Yeison, arranque en re”. Así comienza toda una tarde de ‘toques’ en el salón comunal del barrio Luis López de Mesa, una antigua zona de invasión, hoy legalizada, que está empotrada al sur de Bogotá. Entre las calles angostas resuena el coro de muchachos, la mayoría hombres, que hacen su cuarto ensayo de la semana.

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Estos jóvenes son parte del proyecto “Comunidad hacia la música”, impulsado por la Junta de Acción Comunal del barrio. Su principal artífice ha sido el actual vicepresidente de la junta, Víctor Hugo Ballén. “Queríamos tener nuestro grupito para amenizar los canelazos y chocolatadas que hacemos en la canchita múltiple de aquí”, comenta. Su propuesta fue recibida por el programa de la Alcaldía Distrital ‘Acciones para la convivencia’ y obtuvieron un presupuesto de cinco millones de pesos. Ese dinero lo invirtieron en la compra de instrumentos musicales, equipos y en el salario del capacitador. Con eso arrancaron en marzo de 2000. A través de encuestas que realizaron en el colegio del barrio y a los padres de familia encontraron a un centenar de entusiasmados con la idea. Pero, con el tiempo, muchos fueron perdiendo las ganas. Del grupo inicial quedaron 15 personas, que siguen ensayando y realizando pequeñas intervenciones en actividades dominicales. Ahora, mejor organizados, han vuelto a cautivar la atención de los residentes. Tienen 50 muchachos. Los nuevos alumnos se han distribuido de acuerdo con sus gustos: música andina, aires colombianos, canción social y ritmos caribeños. De otro lado, se dividieron en tres modalidades: niños, jóvenes y adultos. Por las tardes, cada grupo tiene su bloque de hora y media de ensayo. Como complemento a su formación reciben clases de apreciación musical, solfeo e historia, así como de guitarra, piano, flauta y bongoes, entre otros instrumentos. El único gasto que hacen es de una cuota mensual de tres mil pesos para el mantenimiento del salón y pago de servicios. El veterano del grupo es Yeison Poveda, de 19 años, un afiebrado de la música. Es el ‘todero’ del grupo: canta, maneja equipos y toca prácticamente lo que le pongan: “Aquí uno aprende hasta a dar serenatas”, confiesa ante las risas de sus compañeros. Él es de los pocos que desea dedicarse profesionalmente a este arte. Esa aplicación personal de las clases es la semillita que quiere plantarles Juan Fernando Castro. Artista plástico de la ESAP y estudiante del conservatorio de la Universidad Nacional de Bogotá que se le midió a trabajar con estos jóvenes desde agosto de este año: “Sin pensarlo mucho me ofrecí. Muy pocos maestros aceptan venir por estos sectores pero, en mi caso, no vi ningún motivo para negarles mi colaboración”. Actualmente el grupo prepara un repertorio de cinco canciones para su primera gran presentación con los nuevos alumnos, que será a principios de noviembre. Así mis-

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mo, seguirá participando en chocolatadas, canelazos, lunadas y cuanta rumba se organice, pues de ellas derivan parte de sus ganancias. “A la gente se le cobran mil pesitos para que escuche a los ‘pelados’ mientras come y se divierte”, cuenta Víctor con satisfacción. Aún no son las grandes estrellas de la canción. Sin embargo, su tesón y energía han contagiado a las familias de un barrio netamente obrero, en el cual ya los consideran como los futuros exponentes musicales de la capital.

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Esta crónica sobre el proyecto de conformación del grupo musical y la asociación de jóvenes de la Junta de Acción Comunal del barrio Luis López de Mesa fue realizada especialmente para esta publicación por el autor, quien hizo parte del proyecto  para jóvenes Código de Acceso, de la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Restrepo Barco.

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Un centro comercial

para la ropa usada* ROLF PEREA CUERVO**

Roger Triana

Cuatro décadas de vender ropa usada en un andén cerca del Hospital San José se acabaron sin lágrimas ni una mala palabra. No hubo desalojo, camiones o policía en la zona aledaña. Al contrario, el trasteo estuvo más motivado por la esperanza que por la desilusión. Los vendedores ambulantes de la Plaza España quisieron escribir su propia historia. Por eso nunca pelearon con la administración distrital. Cuando les tocó irse lo hicieron sin que mediara la fuerza. La pequeña revolución se gestó con un ahorro diario de mil pesos. Todos los días un miembro de los 423 comerciantes pasaba recogiendo la cuota hasta que cada uno 147


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tuvo un millón de pesos. Esos 423 millones fueron la cuota inicial que los hizo saltar de la informalidad a la formalidad. “Nos fuimos porque sabíamos que estaban recuperando el espacio público y aprovechamos la colaboración del Distrito para organizarnos y montar un proyecto que nos beneficiara a todos”, cuenta Yenny Rivera, miembro de la Asociación Comercial Caseta Parque España. Esta agremiación es hoy dueña de un lote al frente de la Plaza que hasta hace menos de un año invadían. Allí se construirá en pocos meses un centro comercial que respetará el estilo arquitectónico de este sector y que será el colofón de una reubicación modelo en Bogotá. Jaime Garzón, presidente de la Asociación, dice que el impulso de este proyecto ha estado en el ánimo y la buena disposición de todos los participantes. “La alcaldía, el Fondo de ventas populares y entidades como Compensar nos han dado la manito -afirma Garzón-. Pero también todos hemos querido salir adelante, cada vendedor tiene su diploma en desarrollo empresarial y relaciones humanas”. El proyecto completo vale dos mil millones de pesos, pero los comerciantes de ropa usada tienen la certeza de que el costo no será problema. Los 423 millones de pesos los pusieron en una fiducia y en un banco consiguieron recursos para fomento empresarial con bajo interés. Además, está el apoyo del Distrito, a través del Fondo de ventas y la Empresa de renovación urbana. Para los comerciantes, la construcción es una realidad. Las obras comenzarán en los próximos días. Vicencio Ortiz lleva 29 años vendiendo ropa usada, ejerciendo este oficio conoció hace 20 años a su esposa y en la Plaza España criaron a su hijo. “Pues el cambio es berraco, porque muchos no sabíamos ni qué era una fiducia, pero al que quiso aprender le presté mi enciclopedia Lexis XXII y ahí fueron entendiendo. A punta de cursos, reuniones y ahorro, todos nos dimos cuenta que lo mejor era montar nuestro propio centro comercial”. *

El proyecto ‘Proceso de recuperación concertada del espacio público y reubicación de vendedores informales’, de la Asociación comercial caseta popular Parque España, ocupó el primer lugar en la convocatoria del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ de 2001. Esta nota fue publicada en septiembre de 16/2001.

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Redactor de El Tiempo.

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Uni贸n,

el 茅xito de Villas de Kennedy* MARTHA CABRERA **

Juan Herrera

Poblaciones como Barichara, en Santander y Tabio, en Cundinamarca, son admiradas por el orden y la belleza de sus calles adoquinadas. 149


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Villas de Kennedy, un barrio del suroccidente de Bogotá, no tiene nada que envidiarles. Sus vías peatonales se encuentran adoquinadas y las principales, pavimentadas. Pero quizá la mayor riqueza del sector es la unión de su gente. Las organizadas calles son resultado del esfuerzo económico de los habitantes del sector y del apoyo de la administración distrital y la empresa privada. Ubicado en la localidad octava, este barrio tiene 16 años de conformado y cinco de haber sido legalizado oficialmente, pese a que su solicitud se radicó en 1989. Sus orígenes se remontan a 1985, cuando una gran finca fue dividida en tres terrenos conocidos como Villa Nelly, Villa Deisy y Villa Blanca. En aquella época no se disponía de servicios públicos completos y las calles estaban destapadas. Luego los propietarios de las fincas se pusieron de acuerdo y unificaron los terrenos llamándolos Ipacaragui. Sin embargo, este nombre indígena resultaba complicado, por lo que en 1986 resolvieron cambiarlo a Villas de Kennedy. Desde entonces, el barrio ha evolucionado mucho. De las calles polvorientas y sin servicios públicos de principios de la década de los años 90 no queda sino el recuerdo.

Artífice del progreso Para cualquier cambio se requiere de un líder que impulse el progreso. En Villas de Kennedy Juan Crisóstomo Machado, presidente de la Junta de Acción Comunal, ha sido el artífice de gran parte de las obras. Él, desde su taller de ornamentación, ha propuesto muchas de las obras ejecutadas. En sus ires y venires al barrio ha sido testigo de su transformación. Machado cuenta que desde 1996 la comunidad ha logrado embellecer el sector con la unión de esfuerzos y el sacrificio económico y del tiempo libre. El punto de partida fueron rifas y campeonatos de banquitas. Luego, los vecinos se dieron cuenta que solos era muy difícil y acudieron a las convocatorias del Departamento de Acción Comunal para realizar ‘Obras con saldo pedagógico’. En esta forma, en su primera incursión, lograron treinta millones de pesos. Este dinero se invirtió en la construcción del salón comunal, edificio de tres pisos que hasta ahora ha sido utilizado para reuniones de la junta comunal. La obra dejó un excedente de siete millones de pesos que fue invertido en la construcción de la primera calle adoquinada del sector.

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En 1997 volvieron a participar y de nuevo ganaron la convocatoria para otras cuatro vías; en 1998 ocurrió lo mismo y arreglaron cuatro más. Al año siguiente entraron a ‘Obras con saldo pedagógico’ y al Programa de gestión compartida con el Instituto de Desarrollo Urbano, IDU. En esta forma, los vecinos se dieron a la tarea de recolectar más fondos para finalizar el arreglo de las calles. Para eso, convocaron una especie de licitación para decidir quién se haría cargo de la construcción de las vías. Todo con los recursos del IDU, Acción Comunal, los vecinos y la empresa privada. La propuesta favorecida, que no fue la más barata, pero sí la más completa, fue presentada por 73 millones de pesos, de los cuales sesenta correspondían a la construcción de las vías y trece a la de los andenes.

Todos ponen, todos ganan Para ahorrar el cobro de los andenes, la comunidad de Villas de Kennedy se comprometió a construirlos, pues gran parte de los habitantes del barrio trabaja como maestros de obra y podían dirigir los trabajos. En total, debían conseguirse sesenta millones de pesos. Para ello, se determinó que 230 predios, de los 270 del sector, aportarían para la obra. Aquellos por cuyo frente pasaba la vía invertirían 280 mil pesos y los que se beneficiaban de ella indirectamente darían cincuenta mil. Al proyecto se vincularon también cinco empresas del sector, que dieron once millones 700 mil pesos, pues también se verían favorecidas con el arreglo de las calles. Actualmente, las vías internas están totalmente finalizadas y las principales se darán al servicio en los próximos días.

Nueva etapa El secreto para lograr soluciones como estas, según Camacho, consiste en proporcionarle confianza a la gente. Sin embargo, reconoce que convencer a la gente fue difícil. Agrega que se requiere dar a conocer las cosas, pues “cuando no se conoce el proceso a la gente le da miedo”. Por eso, Camacho invita a otros barrios a que conozcan Villas de Kennedy y se arriesguen a participar en proyectos con el gobierno y la empresa privada.

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Ahora, con los recursos que se logren, el interés es invertir en lo social y aprovechar lo que ya tienen. Por ejemplo, en el salón comunal pretenden poner en marcha un centro de cuidado y nutrición de los niños, que estaría a cargo de tres jóvenes especializadas en la materia. El objetivo es, según Camacho, ayudar a las madres cabeza de familia que no tienen dónde dejar sus hijos mientras trabajan. Se trabajará con menores de 0 a 5 años. En el futuro se plantea hacer lo mismo con abuelitos del barrio.

*

El proyecto ‘Todos aportamos para la construcción de nuestra cuadra’, presentado por por la Junta de Acción Comunal de Villas de Kennedy, obtuvo el segundo lugar en la convocatoria del premio cívico en 2001, y estuvo entre los finalistas en 1999. Esta nota fue publicada en El Tiempo en septiembre 16 de 2001.

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Redactora de El Tiempo.

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Trastaller:

el futuro viene en zancos* GERMÁN GÉLVEZ**

Felipe Caicedo

De una casa, ubicada en el barrio Belén, sale el entusiasmo montado en zancos y aparecen las siluetas de unos chicos que se lanzan al arte, sin recursos pero con talento de sobra para contagiar con danzas a toda la ciudad. Los zancos sirven para tener las piernas más largas y sacarle una pequeña ventaja al futuro, para saltar por encima de las situaciones más apremiantes y esquivar esos huecos profundos que puede dejar la vagancia de la muchachada en el barrio. Ellos sortean sus necesidades con las más tiernas ilusiones, renovadas día tras día. Las mismas que les han permitido crecer.

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El Grupo Juvenil Artístico Trastaller nació de la preocupación de un padre de familia –Alberto Larrota– por encauzar las inquietudes y el tiempo libre de sus dos hijos, Laura y Juan David. “Siempre vivimos atraídos por la actividad cultural del barrio La Candelaria, muy cerca de aquí –dice Alberto. Con unos zancos hechos por nosotros mismos logramos pararnos en este cuento, aunque al comienzo un poco tristes, porque después de tantos ensayos no nos aceptaron en aquella comparsa en donde queríamos participar, en 1998, justo para el cumpleaños de la ciudad”. Sin embargo, desde un comienzo la constancia ha sido materia prima suficiente para cimentar este sueño colectivo. Decidieron salir del patio de la casa para tomarse los espacios públicos más cercanos: la avenida sexta y el centro comunitario del barrio Lourdes se convirtieron en sitios de ensayo, ante la mirada del transeúnte. ”Allí conocí al primer personaje que se integró al grupo. Él me presentó a Leidy y Leidy a otro y así se creó una atmósfera en la que ellos mismos se iban vinculando. Finalmente, el 6 de agosto de 1999 terminamos participando en el festival de comparsas para el cumpleaños de Bogotá, con un grupo de 8 personas que venían de los barrios más cercanos: Las Cruces, El Rocío, Girardot, Guavio, Egipto y Belén”, recuerda Alberto. En ese momento el proyecto familiar adquirió una dinámica que empezó a involucrar muchachos del centroriente de la ciudad y artistas profesionales. Cuando los compañeros de teatro vieron esto, quisieron integrarse de alguna manera. Entonces Adriana Giraldo les dictó un taller sobre artes escénicas, Nelson Ronderos les dio un taller sobre comunicación, Alex García sobre danza y Denisse, sobre música. “Este proceso fue rapidísimo y así, taller tras taller, da Trastaller”, agrega Juan David, con los ojos redondos de satisfacción. Aprovechando su trabajo como diseñador gráfico y tipógrafo, Alberto le hizo a este nombre el dibujo de un bufón sobre monociclo, le agregó un logotipo y el grupo se oficializó en las celebraciones del 99, cuando Trastaller salió a la carrera séptima para participar en el récord Guinnes de zanqueros. El mismo Alberto se sorprende con la evolución de Trastaller: “Iniciamos un montaje con coreografía de danza moderna, basada en música de Michael Jackson. Manejamos pop, rap y algo de rock. Con motivo del Día de los Niños, nos presentamos en el Jorge Eliécer Gaitán, un escenario grandioso para nosotros. Y en seguida pasamos al teatro con la obra Ha nacido el Mesías, que estrenamos en el teatro de Soacha. El 99 lo cerramos con zancos, danza y teatro”. En 2000 se vinculan a las comparsas a través del proyecto de David Hernández, un compañero del grupo. Aquí, el trabajo se nota más elaborado, con dirección, vestua154


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rio y elaboración de personajes. En materia musical cambian, de lo moderno a lo folclórico. En el 2001 Trastaller está integrado por 30 jóvenes que también utilizan la sede del grupo para hacer tareas y pintar tarjetas navideñas, que luego son cambiadas por balones de baloncesto. Ayudan en las actividades de las parroquias vecinas y siguen trabajando en las calles del barrio, porque el sacrificio diario de los ensayos ha demostrado que con zancos se dan mejores pasos hacia el futuro.

*

El Grupo juvenil artístico Trastaller fue escogido como el proyecto más innovador, distinción que por primera vez se otorgó en la convocatoria del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ de 2001. Esta crónica fue publicada en El Tiempo en septiembre 20 de 2001.

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Redactor de El Tiempo.

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Pasquillita,

ejemplo de escuela rural* MARTA BELTRÁN**

Miltón Díaz

Duerme al pie de la huerta donde nacen las lechugas y donde el olor de la yerbabuena espanta a los bichos. Le gusta madrugar y estar lista cuando los niños llegan por la leche. Y se queda pastando, mientras los pequeños regresan corriendo a su escuela de Pasquillita, una vereda de 47 casas en la zona rural de Ciudad Bolívar, cubierta por verdes de todos los tonos. Paca, la vaca, vive en la escuela y, en promedio, da quince botellas de leche al día. Leche que será vendida, como las lechugas, las zanahorias, el repollo y los residuos reciclados, para comprar al final de año cuadernos y lápices. 157


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Los 56 estudiantes de Pasquillita trabajan para el medio ambiente. En esta escuela nadie exige manos limpias ni zapatos lavados. Acá los niños llegan con la tierra entre las uñas, las botas ‘Machita’ arrastrando lodo, la cara roja y la piel curtida. A los tradicionales mapas y viajes de Colón se suman la cría de lombrices, la plantación de las acacias en los nacederos de las quebradas, la siembra de legumbres y hortalizas y la recolección de latas, papel, botellas y cuanto material reutilizable se desecha en el pueblo. “Queremos crear un modelo de escuela campesina que sea económica, autosuficiente y donde aprendamos a resolver nuestros propios problemas. Las cosechas las repartimos con las familias y lo que sobra se vende, así como el material reciclado”, dice Jesús Samuel Orozco, uno de los dos profesores que tiene la escuela. Reciclan desde hace cinco años, tiempo durante el cual han recogido más de 10 toneladas de residuos sólidos. Las latas dan un punto y las botellas dos, y al final de año, el niño que más material recicle recibe como premio una caja de colores. “Lo que más me gusta de la escuela es reciclar, sembrar y estudiar matemáticas. De lo que sembramos me gusta comer lechuga. La cebolla, en cambio, me parece horrible pero se la llevo a mi mamá porque a ella sí le gusta”, dice Paola Rodríguez, una niña de nueve años que cursa tercero de primaria y que cuando sea grande quiere ser doctora. Todo sirve en la escuela de Pasquillita. El agua de la lluvia se recoge en baldes, la maleza es bienvenida al pie de los cultivos, el papel que regalan en el pueblo se utiliza por el otro lado y hasta la chatarra se convierte, con algo de trabajo y de ingenio, en columpios y rodaderos. Y todos trabajan. Los niños, como parte de sus asignaturas, ordeñan, siembran y recolectan. Sus madres van una vez cada 15 días a desyerbar. Y a los padres, que aparecen solo una vez al año, les toca el trabajo pesado: arreglar la tierra, picar y surcar. En Pasquillita no son padres, estudiantes y profesores. Son una comunidad que aprende todos los días y que recoge, todos los días, los frutos sembrados. *

Esta crónica sobre el proyecto ‘Ambientes escolares para el aprendizaje significativo de valores ambientales y de convivencia social’, de la Asociación de Padres de Familia CED Pasquillita fue publicada en El Tiempo en septiembre 24 de 2001.

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Redactora de El Tiempo.

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Un jardín

para aprender jugando* MARTA BELTRÁN**

Miltón Díaz

La lonchera se queda en la casa, al tradicional uniforme de overol azul se le agrega un delantal blanco, el salón de clases se cambia por el patio, los lápices por la licuadora y en lugar de dibujar bolas y palos, se pelan bananos y se amasa harina. Es viernes y los 73 niños del jardín Centro de Estimulación para el Desarrollo Infantil, Cesdi, le dedican toda la mañana y toda su energía a una torta de plátano. El jardín, ubicado en el barrio Quindío, en la localidad de San Cristóbal, fue creado hace dos años por la asociación Unión de Mujeres por el Progreso, Umpro. Siete mujeres que durante doce años fueron madres comunitarias que cuidaron niños en los cuartos de sus casas, a cambio de un mercado y de una beca mensual inferior a un salario 159


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mínimo y que, cansadas de la improvisación, decidieron ponerse a estudiar preescolar y crearon su propia empresa: un jardín donde el lema es aprender jugando.

La metodología En el Cesdi las clases se reciben en el suelo –sentados, acostados o arrastrados–, sin filas de pupitres ni maestras al pie del tablero. Con música y en un salón decorado con dibujos de los tres cerditos a los que el lobo les tumbó la casa de tanto soplar. “Me gusta mi colegio porque nos llevan de paseo y a la piscina. También me gusta cuando soy maestra de ceremonia, cuando izamos la bandera y cuando bailamos cumbia y La bomba”, dice Kimberly Ruiz, de seis años, minutos antes de brincar de alegría por ser la ganadora de la rifa de la mochila viajera, un maletín cargado de cuentos, revistas, un diario, damas chinas, loterías, rompecabezas y recetas de cocina. “La idea es que la mochila viajera la disfrute toda la familia. Los niños se la llevan y tienen cinco días para que sus padres les lean cuentos, jueguen damas chinas y escriban en el diario. Luego la traen de regreso y se vuelve a rifar para que otro compañerito se la lleve. Algunos padres nos mandan poemas y chistes para que les leamos a los pequeños en clase”, afirma Magda Ñustes, rectora del jardín.   Las mujeres de Umpro saben que muchos de sus estudiantes son hijos de madres cabeza de hogar. Saben que algunos son maltratados. Y saben que, incluso, uno que otro ha sido abandonado y recogido por algún familiar compadecido. Saben que, en sus casas, lloran con razones. Por eso no hay alternativa. En Cesdi tienen que poder bailar y cantar. Tienen que sumergirse en la piscina del Centro Comunitario La Victoria y olvidarse del mundo. Tienen que identificar las primeras palabras en sus cuentos favoritos. Tienen que hacer las sumas y las restas mientras echan las moras para el jugo en la licuadora. Tienen que aprender jugando y tienen que ser felices. *

Esta crónica sobre el proyecto ‘Gestión escolar participativa’ de la Asociación Unión de mujeres por el progreso, Umpro, fue publicada en El Tiempo en septiembre de 2001.

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Redactora de El Tiempo.

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El agua va en camino

hacia Altos de Yomasa* ROLF PEREA CUERVO**

Camilo George

La falta de agua dejó de ser un problema para los vecinos de Altos de Yomasa, en el suroriente de Bogotá, y se convirtió en un factor de unión. En 1996, un grupo de líderes de los barrios San Pedro, Villa Diana, Juan José Rondón, Los Arrayanes, Las Violetas, Villa Rosita, Tiguaque y Bella Suiza decidieron buscar una salida a su ‘sequía’. Durante muchos años, los vecinos tuvieron que conseguir agua en las quebradas aledañas y cargarla en ollas y canecas. Se trataba de barrios subnormales que no tenían acceso a los servicios públicos.

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Hoy, son comunidades que funcionan organizadas en una cooperativa de servicios públicos: Coopbaus. Poco a poco, sus barrios se han ido legalizando y ahora ya tienen parte de la tubería lista para que el líquido empiece a pasar. Solo falta que el Acueducto les construya una planta de tratamiento del agua. Cuenta Alberto Hernández, uno de los líderes de la comunidad, que en los últimos cinco años han recibido apoyo de las universidades Nacional y Los Andes y también de la Empresa de Acueducto de Bogotá. Con la primera se desarrollaron talleres de autogestión, pero el convenio por el cual la universidad prestaba esta capacitación se acabó y las labores quedaron interrumpidas. Luego el Acueducto firmó un nuevo convenio, esta vez con Los Andes y fue ahí donde comenzó la elaboración de los diseños para construir una planta de tratamiento, pues la fuente de agua la tienen relativamente cerca: la quebrada Yomasa, cuyo nacimiento está justo detrás de la montaña donde se levantaron los barrios. El comienzo del camino para tener agua potable se abrió. Luego, en 1999, el Fondo de desarrollo local de Usme les aprobó el proyecto para empezar a tender la tubería. Con los 250 millones de pesos que les dieron, más los aportes del Acueducto y de la misma gente se hicieron redes en 30% del sector. Todo se ha hecho mediante un convenio con el Acueducto, que ya tiene los terrenos para  construir la planta, pero está a la espera de obtener la licencia ambiental para desarrollar la obra. Actualmente los vecinos reciben el agua directamente de la quebrada por medio de mangueras que llegan a tanques. Así, ya no tienen que cargar en baldes y ollas. La financiación por parte de la comunidad se genera mediante cuotas periódicas que la misma comunidad aporta y que, además, sirven para administrar la cooperativa. Además, también recaudan dinero de los eventos deportivos y culturales que, año tras año, han organizado. El más famoso es el Festival del Agua que hacen en octubre. “Este certamen no solo sirve para que los vecinos tengan un fin de semana de esparcimiento, sino también para concientizarnos de la necesidad de cuidar la quebrada que durante años nos ha surtido”, dijo William Jaramillo, otro líder de la comunidad.

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En el festival pueden subir a la tarima los vecinos que sepan cantar, los que declamen o los jóvenes raperos. También hay rifas y concursos. Todo el dinero que se recauda sirve para la cooperativa y para ahorrar para las obras. Ahora, cuando el problema del agua empieza a desaparecer, están pensando en arreglar las vías de sus barrios, que en época de lluvias son caminos de lodo.

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Esta crónica sobre el proyecto ‘Acueductos Altos de Yomasa’, de la Cooperativa de servicios públicos de los barrios altos de Usme, Coopbaus, fue publicada en El Tiempo en octubre 15 de 2001.

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Redactor de El Tiempo.

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Luz de luna

y la denuncia artística* DEYANIRA TIBANÁ MUÑOZ**

Mauricio Moreno

Arriba, en las montañas del centro-oriente bogotano, los vecinos del Atanasio Girardot ya están acostumbrados a ver a un grupo de ‘mechudos’ subidos en zancos y disfrazados como si fuera 31 de octubre, lanzando gritos al aire y haciendo toda clase de musarañas en plena calle. Al comienzo, hace casi una década, a la gente del barrio no le gustaba para nada verlos recitar parlamentos una y otra vez, pero con el tiempo se fue acostumbrando y hoy es el mejor público, el privilegiado, porque puede ver las obras de teatro que monta el grupo Luz de Luna antes que cualquiera. Ya no los insultan por las ventanas ni los mandan a buscar trabajo por creerlos unos ‘sin oficio’. Ahora los respetan y hasta les prestan espacios para guardar el vestuario y la escenografía. 165


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Luz de Luna nació en 1987, cuando todos cursaban el bachillerato en el colegio Jorge Soto del Corral. En esa época el teatro era un gusto que les auspiciaba el profesor Rubén Darío Herrera, el mismo que hoy los dirige. “Mientras el grupo era del colegio, todos nos apoyaban”, cuenta Daniel Castro, uno de los actores. Montaron Los sueños del capitán Juan Carlos y se encarretaron con las tablas, o mejor con el asfalto, porque la especialidad de este grupo es la calle, el teatro callejero. Pero con el paso de los años, el grupo, que comenzó con 180 niños y jóvenes, se fue reduciendo y solo quedaron 18 que al terminar el bachillerato iban abandonando su pasión por la fuerza de la vida: la necesidad de buscar trabajo. Ese viejo grupo logró resucitar en 1990 cuando dos de las antiguas integrantes, que aún estaban estudiando, desarrollaron una tarea por medio del teatro. Montaron Fantasía o realidad y reunieron a sus viejos amigos. Desde entonces no se han separado, aunque algunos de los integrantes han cambiado. Hoy Luz de Luna es reconocido por sus montajes callejeros. Se ganó el Festival de cultura popular y ahora no solo hace teatro, sino que lo enseña a través de talleres, y con la venta de sus obras hasta se financian los estudios universitarios mediante un fondo para educación. Ahora, su pasión es su mismo trabajo, porque de eso han podido vivir. En todo este tiempo han generado un tejido social a su alrededor. Trabajan en llave con Nuevo Sol, una asociación comunitaria, para hacer encuentros juveniles; desarrollan ‘Talleres para soñar’ con cinco jardines comunitarios; son los organizadores, junto con las madres comunitarias, del Carnaval de la Alegría, y lograron que en el Plan de desarrollo de la localidad se incluyera el Festival de cometas. Actualmente, están montando Utopía, una obra que será estrenada en enero o febrero. Aunque no adelantaron nada sobre el argumento, sus integrantes aseguran que esta cumple con el mensaje que se han impuesto: contar historias de lo que les pasa en sus barrios y resaltar los valores de la comunidad. Según ellos, eso se llama hacer denuncia artística. *

Esta crónica sobre el proyecto ‘Luz de Luna, una nueva alternativa de vida: el teatro en comunidad’, de la Asociación cultural colectivo teatral ‘Luz de Luna’, fue publicada en El Tiempo en octubre 16 de 2001.

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Subeditora de la sección Bogotá de El Tiempo.

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Un parque construido

con chocolate ahumado* ROLF PEREA CUERVO**

Roger Triana

Cansado de que el potrero del frente de su casa fuera el botadero de basura del barrio, Daniel Boada comenzó hace ocho meses a construir un parque. Sus 65 años no fueron obstáculo para comenzar a mover troncos de un viejo árbol de eucalipto para ubicarlos como sillas. Con tablas viejas y desechos de construcción, comenzó a construirles columpios a los niños. Así nació el Parque La Arenera, en el barrio La Colina, al suroriente de la ciudad. “Esto era un pastizal de caballos, marranos y vacas –dice don Daniel. El olor de la basura y los animales era tan fuerte que teníamos que secar la ropa dentro de la casa”. 167


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El sector es una antigua zona de alto riesgo. De hecho, catorce casas tuvieron que ser reubicadas porque ejercían presión en el borde de una colina. Aristóbulo Ochoa, un ermitaño que le abrió un hueco a la entraña de la pequeña montaña para convertirla en su casa, fue el único que no se fue. Amparado por una carta de propiedad, poco a poco fue llenando el potrero con vacas, caballos y cerdos hasta convertirlo en un criadero donde la basura, el pasto y las moscas convivían sin problemas. Durante meses, los vecinos y la Junta de Acción Comunal pidieron a la Alcaldía Local y a la Administración Distrital que sacaran a Aristóbulo. La solución fue comprarle el terreno, los vecinos cuentan que la ciudad tuvo que pagarle 33 millones de pesos por la zona, que tiene la extensión de casi dos cuadras. Fue cuando don Daniel apareció. “Antes de que siguieran tirándose la zona, pensé que era bueno un parquecito porque los niños no tienen dónde jugar por aquí”, cuenta. Y es cierto, en dos kilómetros a la redonda es la única zona que se podía aprovechar ante el índice de ocupación de viviendas. Detrás de Daniel llegó la Junta de acción comunal que organizó chocolates bailables y bazares dominicales para conseguir recursos para el parque. “El chocolate quedaba ahumado y la comida pasada por polvo -dice Boada-. Pero ahí se consiguieron unos pesitos”. Víctor Bello, Libardo Téllez y Eduardo Aguirre, los miembros de la Junta de Acción, ya estaban motivados con la idea. Entonces inscribieron el proyecto en el programa ‘Obras con saldo pedagógico’ promovido por la administración distrital. Después de mucho insistir lograron 48 millones de pesos. Otros 54 millones llegaron cuando tocaron la puerta del Instituto de Recreación y Deporte. Hoy, el parque que comenzó a construir con troncos viejos don Daniel es una realidad. Los niños juegan fútbol, voleibol, básquetbol, tapita, escondidas y trompo, todo al mismo tiempo, mientras los obreros terminan la obra. “Pues así por lo menos se entretienen y dejan tanto vicio... y de molestar en las casas”, apunta don Daniel. *

Esta crónica sobre el proyecto del Parque La Arenera, en el barrio La Colina,  fue publicada en El Tiempo en septiembre 29 de 2001.

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Redactor de El Tiempo.

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‘Interactuar’ con reciclaje* MARTA CABRERA**

Miguel Menéndez

Estos hombres y mujeres, que no superan los cuarenta años, eran personas no gratas por el desaseo que dejaban al escudriñar en los depósitos y canecas de la basura. Por eso, aguardaban la medianoche para evitar los desaires de los vecinos y trabajar sin problemas. Ahora, la situación es otra. Los recicladores son vistos con respeto y como personas útiles por la gente del barrio La Colina Campestre, en el norte de la ciudad, donde se puso en marcha un proyecto de reciclaje solidario al que llamaron Interactuar, por sugerencia de la Unidad de Mediación y Conciliación de la alcaldía de Suba. Hace dos años, el Comité cívico del barrio, los recicladores de la localidad y la Ong Ena América Latina conformaron un equipo de trabajo para sacar adelante la iniciativa. 169


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El primer paso fue el establecimiento de una asociación de recicladores en Suba, que se inició con 120 familias afiliadas. Luego vino la identificación de quienes iban a laborar en los treinta conjuntos de La Colina Campestre. Los 25 hombres elegidos se carnetizaron y uniformaron. Myriam Ortiz, una de las promotoras de Interactuar, reconoce que ha mejorado la presentación del barrio, ha disminuido la cantidad de canecas y también hay mayor seguridad.

Trabajo en equipo Para facilitar su tarea, los recicladores trabajan en grupo. Aunque cada uno hace la selección del material en el conjunto asignado, entre todos se distribuyen la trasteada. Unos llevan el papel y el cartón; otros el vidrio y las latas. Todo lo trasladan en pequeños carritos de madera construidos artesanalmente. Daniel, quien lleva siete años trabajando en reciclaje, dice que antes vivían una guerra a diario, porque la regla era ‘quien llegue primero se lleva el botín’. Él llegaba después de las once de la noche para ganarles a los demás. Aun así, sus ingresos solo llegaban a los quince mil pesos diarios. Desde que comenzó el proyecto, se acabaron las trasnochadas para Daniel. Su jornada inicia a las tres de la mañana y se prolonga hasta las dos de la tarde, tres días a la semana. En ese período recoge un promedio de 750 kilos en los seis conjuntos que le asignaron. Por este material recibe alrededor de treinta mil pesos diarios, que le permiten vivir modestamente a él,  su esposa y sus tres hijos. Dice: “El día más bueno es el lunes porque la gente descansa y usa muchas cosas desechables. Ese día puedo recibir hasta cincuenta mil pesos”. Para Daniel también hay pico y placa: no trabaja los martes y los jueves, pues no sacan basura en sus conjuntos. Por tanto debe distribuir bien sus ganancias para garantizar el sustento los días que no labora. Su aprendizaje sobre reciclaje ha sido empírico, pero reconoce la necesidad de estudiar más sobre el tema. Los integrantes de Interactuar ahora están capitalizando la experiencia obtenida con el programa de reciclaje para desarrollar en el futuro un proyecto sobre el manejo de residuos sólidos. *

Esta crónica fue publicada en septiembre de 2001 en El Tiempo.

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Redactora de El Tiempo.

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El premio cívico Por una Bogotá mejor constituye una lupa privilegiada para mirar la actividad comunitaria en Bogotá. En las cuatro convocatorias del premio han sido postuladas 468 iniciativas de distintos estratos socioeconómicos y dedicadas a diversos temas, lo que ha facilitado una visión general sobre el desarrollo comunitario en la ciudad. La lectura de información relevante sobre las organizaciones, las visitas de campo realizadas durante el proceso de selección de las iniciativas más destacadas y el contacto con las organizaciones más sobresalientes de la ciudad han permitido profundizar el conocimiento sobre el tema y generar nuevas reflexiones sobre las comunidades organizadas en Bogotá. En este capítulo se quiere compartir algunas de estas reflexiones, derivadas del análisis del conjunto de las experiencias postuladas.

• El desarrollo comunitario comienza con los desafíos que la gente enfrenta en la vida real Las organizaciones comunitarias transforman necesidades en oportunidades. La historia se repite en ciudades y áreas rurales de muchas regiones colombianas: ante una necesidad insatisfecha, y probablemente sin solución a corto y a mediano plazo, las comunidades se comprometen, se organizan y resuelven problemas inmediatos y concretos, con sus propios medios. Esta es la motivación implícita en el caso de las experiencias de recuperación o mejoramiento barrial postuladas al premio en los distintos estratos socioeconómicos de la ciudad. Y también de las iniciativas de atención a niños en sectores populares; así como de las experiencias que brindan alternativas de ocupación del tiempo libre a jóvenes del barrio, entre otros tantos ejemplos.

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• Las organizaciones comunitarias generan beneficios sociales a sus comunidades En efecto, las organizaciones comunitarias contribuyen al mejoramiento de su entorno, especialmente al mejoramiento de las condiciones inmateriales de vida de sus comunidades –medio ambiente sano, cultura, recreación, etc.– y a la atención de poblaciones vulnerables –niños, jóvenes, desplazados, etc.1. Con frecuencia estas organizaciones son la única oportunidad que tienen ciertas comunidades en los sectores más pobres para acceder a algunos bienes y servicios y resolver sus demandas cotidianas. Así lo ilustra el caso de la biblioteca Juan Pablo II, que concursó en 1998. Esta biblioteca ofrece servicios innovadores a su comunidad, cuyos estándares de calidad, uso y costo compiten con bibliotecas creadas por la acción pública. Son ejemplos adicionales los jardines comunitarios que han logrado mejorar sustancialmente la calidad de los servicios que prestan a las familias de su sector, o los proyectos culturales que ofrecen alternativas de formación y uso del tiempo libre a jóvenes y niños. En igual forma sucede con muchos otros casos que han pasado por el premio cívico. Las organizaciones de estratos medios y altos que han participado en el premio también están dedicadas a recuperar o preservar su calidad de vida. Son iniciativas como la de Villa del Prado en Suba, que busca recuperar el parque barrial, generar actividades lúdicas, deportivas y ambientales con y para los jóvenes y librar al sector de la inseguridad. O la experiencia de la quebrada La Vieja en la localidad de Chapinero en la que se logró recuperar el cuerpo de agua y su entorno y transformarlo en un espacio ambientalmente rico para el esparcimiento y el encuentro comunitario. En estratos bajos, medios o altos unas y otras buscan generar beneficios sociales para su comunidad. A la pregunta sobre quiénes contribuyen al mejoramiento de su calidad de vida en la ciudad, hecha a través de una encuesta para el proyecto ‘Bogotá, cómo vamos’, 26% de los entrevistados respondió que las juntas de acción comunal y 13% las organizaciones cívicas. Sumados estos dos porcentajes dichas organizaciones ocuparían el tercer puesto después de la alcaldía y la Policía, entre las que más contribuyen al

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A través de las encuestas del programa ‘Bogotá, cómo vamos’ se comprueba que el concepto de mejoramiento de la calidad de vida en Bogotá se asocia cada vez más con condiciones inmateriales como seguridad y recreación, y con la educación y el cuidado de los niños. Llama la atención que estos sean algunos de los temas donde la comunidad actúa y podría actuar en cooperación con el gobierno.

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mejoramiento de la calidad de vida en la ciudad. En otras palabras, para las comunidades, estas organizaciones realizan un papel destacado en el mejoramiento de la calidad de vida de la ciudad.

• El valor particular de las organizaciones comunitarias reside en su potencial como motores de participación cívica y formadoras de capital social A través de sus acciones, las organizaciones comunitarias contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de sus comunidades. Sin embargo, el valor particular de las organizaciones comunitarias reside en su potencial como motores de participación cívica y formadoras de capital social (participación cívica, solidaridad, mutualidad y confianza). La acción de una comunidad organizada no es solo un medio para resolver necesidades no satisfechas, recuperar o mejorar la calidad de vida. Las organizaciones comunitarias existen como activo social y sus acciones configuran una oportunidad para formar ciudadanos proactivos y responsables, y para consolidar un tejido social basado en la confianza y la cooperación.

• Organizaciones comunitarias de estratos altos y bajos poseen igual valor cívico y social El valor cívico y social de las organizaciones comunitarias de los sectores más pobres de la ciudad es igual al valor de las organizaciones ubicadas en estratos de mayores ingresos. En ambos casos son ciudadanos –pobres o no– organizados en torno a un interés particular que en lugar de esperar que el Estado se encargue del bien colectivo entran a ser parte de los resultados. Las organizaciones comunitarias de estratos bajos, medios o altos actúan de manera similar y enfrentan dificultades y carencias institucionales afines. Corposéptima agrupa cien vecinos y cincuenta instituciones del sector ubicado entre las calles 72 y 100, por la carrera séptima, con el fin de preservar, mejorar y hacer del vecindario un buen lugar para vivir y trabajar. En Villas de Kennedy, en la localidad del mismo nombre, la Junta de acción comunal y los vecinos se unieron para mejorar la infraestructura comunal, pavimentar las calles barriales y así mejorar el lugar en que viven. Ambas organizaciones afrontaron dificultades similares para lograr la confianza y la activa participación de su propia comunidad y de las instituciones públicas distritales en las iniciativas propuestas para mejorar su entorno. 175


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El potencial de ambas experiencias es común: revelan el valor de la organización y la participación cívica como un medio para lograr un mejoramiento de su calidad de vida y generar lazos de confianza y cooperación entre vecinos y entre éstos con los actores públicos y privados.

• Es necesario romper el aislamiento de las organizaciones comunitarias y generar tejido social A través del premio cívico se ha comprobado que muchas organizaciones de la comunidad están empeñadas en resolver sus problemas, pero en forma aislada. En Bogotá hay más de 1.700 juntas de acción comunal y se calcula en más de tres mil el número de organizaciones cívicas y vecinales. A pesar de que existe una densidad importante de organizaciones, éstas son aún frágiles y sus lazos de cooperación son incipientes. A través del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’ se supo que la gran mayoría de organizaciones comunitarias (60%) trabajaban solas, sin la cooperación de otros agentes públicos o privados2, desconectadas incluso de aquellas experiencias similares que podrían ofrecerles posibilidades de intercambio y aprendizaje, o de otras complementarias, ubicadas en su misma área de influencia territorial. Es imprescindible fomentar la cooperación y la confianza entre organizaciones comunitarias y entre éstas y las instituciones del gobierno y el sector privado. El aislamiento de las organizaciones no sólo limita sus posibilidades de impacto, sino también disminuye las posibilidades de generar un tejido social basado en la cooperación y la confianza. El caso de las catorce juntas de acción comunal de Altos de La Estancia, Ciudad Bolívar, ganadores del primer lugar en la versión 1999 del premio, muestra que la unión y la cooperación entre organizaciones y entre éstas con otros actores genera mejores resultados y soluciones de mayor impacto y durabilidad. Las comunidades de Altos de la Estancia sufrieron por varios años infinidad de inconvenientes para surtirse de agua en sus hogares. Debido a la necesidad de solucionar

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La gran mayoría de los proyectos comunitarios que involucran cooperación con instituciones públicas hacen parte del programa ‘Obras con saldo pedagógico’, impulsado por el Departamento de acción comunal distrital. Las alcaldías locales son la instancia del gobierno distrital más cercana a los ciudadanos. Sin embargo, la falta de autonomía y claridad en sus competencias, así como el bajo status que ocupan en el conjunto de la administración distrital, limita la capacidad de estas dependencias para establecer vínculos de cooperación con las organizaciones ciudadanas locales, y generar nuevas formas de gestión de los asuntos locales.

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este problema las comunidades de estos barrios, la Alcaldía Mayor, la alcaldía local y la Empresa de acueducto y alcantarillado de Bogotá, EEAB, lograron llevar a cabo un proceso de concertación, que permitió hacer las obras de infraestructura y llevar agua potable a los ocho mil habitantes de estos catorce asentamientos urbanos. Para el éxito de este proyecto fue definitiva la integración de las juntas de acción comunal de los catorce barrios los cuales, a pesar de sus diferencias políticas y la incredulidad y desconfianza entre líderes, trabajaron coordinadamente para proponer una solución definitiva a sus problemas de agua y alcantarillado y acceder al programa de desmarginalización de la alcaldía. Además, esta experiencia demostró que la alternativa de la gestión de servicios con participación reduce notablemente los costos de las obras y, en este caso, ha servido como modelo para la EEAB, la universidad y los mismos barrios.

• Con base en sus fortalezas, las organizaciones comunitarias ofrecen oportunidades de cooperación. ¿Por qué no aprovecharlas? Especialmente en los sectores populares, las organizaciones comunitarias nacen estimuladas por la solución de problemas concretos que afectan la vida de la comunidad. Estas organizaciones, por sí solas, no pueden resolver en ocasiones los problemas que determinan su calidad de vida, pero ofrecen sus fortalezas y soluciones que puedan ser capitalizadas por otros actores, especialmente por la acción pública. Las comunidades ofrecen soluciones buenas, regulares o malas ¿Por qué desperdiciar su iniciativa? ¿Por qué no facultarlas de manera selectiva para que actúen responsablemente ante los problemas que afectan su entorno y sus vidas? Frecuentemente las comunidades se organizan y con sus propios medios actúan sobre sus necesidades. Sin embargo, cuando se organizan los asuntos públicos, a menudo se olvida este potencial y se crean programas diseñados para reunir beneficiarios más que para capacitar y facultar ciudadanos. Cuando el gobierno actúa así menoscaba la confianza y la competencia de los ciudadanos y las comunidades. Osborne y Gabler en el libro La reinvención del gobierno afirman: “las políticas públicas y las instituciones encargadas de ejecutarlas pueden alcanzar su máxima efectividad si ayudan a las comunidades a ayudarse a sí mismas. Esto no es otra cosa que sentido común. La gente actúa con mayor responsabilidad cuando controla su propio medio que cuando está bajo control de otros. Los vecinos están más preocupados por las condiciones de su parque que las autoridades, los propietarios cuidan

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mejor su vivienda que los inquilinos, etc. Es lógico que las comunidades que estén capacitadas para resolver sus propios problemas funcionen mejor que las comunidades que dependen de los servicios que prestan extraños a la misma”. Las comunidades ofrecen conocimiento sobre los problemas que afectan su entorno, contribuyen a interpretar las demandas y a encontrar soluciones ajustadas a su realidad; al servicio de los proyectos ponen compromiso, dedicación y sus propias capacidades –parten de lo que tienen, saben y pueden hacer. Pero también, a través de su acción ejemplificadora, las comunidades contribuyen a generar sentimiento de capacidad entre los vecinos, y a inducir cambios positivos en el comportamiento y actitud de los mismos (cuidado, mantenimiento, convivencia, por ejemplo). Además, ofrecen alternativas de continuidad a las acciones emprendidas. Son todavía escasos los ejemplos que adoptan estos argumentos. Sin embargo, a través de ‘Obras con saldo pedagógico’, el Distrito empezó a ponerlos en práctica: este programa estimula, capacita y faculta a las comunidades para que actúen al lado del gobierno, en el mejoramiento de su entorno y su calidad de vida. A su vez, el gobierno distrital combina el potencial de la acción comunitaria en distintos estratos socioeconómicos con sus propias capacidades y fortalezas; igualmente, ofrece una estrategia estructurada y transparente (reglas de juego) que estimula y facilita la asunción de responsabilidades por parte de las comunidades, aporta recursos de toda índole, forma y asesora a las comunidades en el desarrollo de sus iniciativas. En síntesis, facilita a la comunidad una oportunidad real y ordenada para sumar esfuerzos y actuar conjuntamente con el gobierno sobre los hechos cotidianos que afectan su vida. Sería deseable fomentar más y nuevas políticas públicas que aplicaran estos argumentos en Bogotá. Otro ejemplo por destacar es el caso de la asociación Nuevos horizontes en Arborizadora, Ciudad Bolívar. En la época de escasez de cupos escolares en el sector, esta organización comunitaria conformada por mujeres entrenadas en la metodología de escuela activa, decidieron prestar servicios educativos en preescolar y primaria a los niños del sector. En reconocimiento a la alta calidad de los servicios prestados, esta organización ha podido establecer vínculos de cooperación con el Gimnasio Moderno, institución de estrato alto que recibió la administración en concesión del Colegio de Arborizadora. Los niños formados en preescolar por Nuevos horizontes serán recibidos por el Gimnasio Moderno para ingresar en los grados de primaria. Esta podría ser una estrategia interesante para ampliar con calidad la cobertura del grado cero en el Distrito.

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La Asociación de recicladores de Bogotá y las cooperativas de recicladores están buscando ingresos y mejores condiciones de vida para las familias que viven de esta actividad pero, a la vez, están realizando una contribución a la solución del problema técnico y ambiental que genera la disposición de basura en Bogotá. Estas organizaciones, además de contribuir a dichos fines, han desarrollado un conocimiento práctico inigualable sobre el tema de las basuras y el reciclaje en la ciudad, y están en capacidad de aportar información y conocimiento a la formulación e implantación de políticas públicas en esta materia.

• Para crecer y desarrollarse, las organizaciones no necesitan sólo recursos financieros Al analizar las experiencias postuladas en el premio cívico, se comprueba que las organizaciones comunitarias poseen aún pocos vínculos con instituciones públicas y privadas y, cuando tales lazos existen, la calidad de las relaciones puede ser mejor. Es preciso facilitar los vínculos entre instituciones y organizaciones comunitarias, y a la vez construir relaciones más horizontales entre ambas, de mutuo beneficio y bajo propósitos comunes. Las organizaciones comunitarias requieren la colaboración de instituciones públicas y privadas pero éstas, por lo general, también requieren del conocimiento y las fortalezas comunitarias para ampliar la efectividad de sus programas o cumplir con sus misiones institucionales. Así que ambas partes puedan dar más de sus propias fortalezas, unir los aportes complementarios y generar mayores posibilidades de desarrollo sostenido. Adicionalmente, si la meta es contribuir a la generación de organizaciones comunitarias sólidas y a la formación de una ciudadanía activa y responsable, sería deseable que la relación entre instituciones y organizaciones comunitarias se convirtiera en un medio para que éstas últimas pudieran acceder a mayores y mejores oportunidades de crecimiento y aprendizaje. Para crecer y desarrollarse, las organizaciones no necesitan solo recursos financieros, requieren también capacidades, conocimientos, información, contactos, relaciones de cooperación mutua, etc. Todos ellos son elementos que generalmente disponen y pueden ofrecer las instituciones con calidad y oportunidad. En este sentido, Obras con saldo pedagógico ha sido un programa distrital admirable y por estas mismas razones, las iniciativas respaldadas por este programa fueron destacadas entre las concursantes al Premio.

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A través de OSP, el gobierno tiene la oportunidad de invertir en las tan necesarias obras, pero también de invertir en la ciudadanía, en el desarrollo de sus capacidades y en relaciones más sólidas y sostenibles entre vecinos, entre comunidades y entre éstas y el gobierno distrital. De alguna manera podría decirse que tiene la oportunidad de invertir en la generación de capital social y mejores condiciones de gobernalidad futura para la capital.

• Las organizaciones comunitarias requieren oportunidades efectivas para transformar Ciertos grupos comunitarios logran mejorar su efectividad, resuelven un problema comunitario prioritario y prestan un servicio competitivo en términos de calidad y costo. Sin embargo, aún así no logran transformar sustancialmente las condiciones que afectan su calidad de vida. En algún punto se truncan sus expectativas de desarrollo. La experiencia de un grupo de mujeres que administra un jardín comunitario para niños, entre cero y seis años en Ciudad de Londres, San Cristóbal, que concursó en 1999, ilustra esta situación. Mediante un proceso de acompañamiento técnico este grupo logró perfeccionar el modelo de atención pedagógica a los niños, mejorando sustancialmente la calidad del servicio, la cobertura y la satisfacción de las expectativas de los padres de familia. Sin embargo, con tristeza manifiestan: “los niños que salen de aquí entran luego a la escuela pública ubicada al frente. Allí, cae su nivel de motivación y rendimiento. El ambiente escolar no contribuye al desarrollo del niño... perdemos nuestro trabajo... Hemos intentado cooperar con la escuela y no somos bien recibidos... Hemos solucionado apenas uno de los problemas... ¿Qué hacer con los otros”? Las comunidades no controlan los factores que determinan su entorno y encuentran dificultades para incidir en su transformación. Los procedimientos administrativos, el desinterés de los funcionarios, la centralización de las decisiones estratégicas, administrativas y operativas son apenas algunos de los obstáculos. Es necesario crear y consolidar mecanismos y espacios efectivos de participación para estas comunidades organizadas e interesadas en los asuntos públicos. Y lo más importante, la comunidad que participa debe poder influir en las decisiones, así como creer en su posibilidad de incidencia y transformación, y sentir que su actuación hará la diferencia.

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La descentralización en el ámbito local (competencias y autonomía), la planeación participativa y la rendición de cuentas por parte del gobierno distrital y local deben ser, a toda luz, afianzadas. Los primeros pasos dados en esta dirección indican la validez de avanzar en la consolidación de este camino. La asignación de claras competencias y funciones a las alcaldías, así como la atribución de mayor capacidad de decisión a los alcaldes locales sobre determinados asuntos, facilitaría enormemente la relación y la cooperación entre éstos y las comunidades locales organizadas en beneficio del desarrollo local. El proceso de planeación participativa local es el escenario por excelencia, donde los actores locales conciertan decisiones estratégicas y programáticas sobre desarrollo de la localidad. Este proceso requiere ser apoyado permanentemente y ajustado para incrementar su eficiencia y eficacia, y para elevar tanto la calidad de la participación de los actores públicos, privados y comunitarios involucrados, como la calidad de los productos obtenidos. El ejercicio de rendición de cuentas por parte del gobierno a los ciudadanos contribuye a generar instituciones más responsables y atentas a las demandas ciudadanas, y por otro lado a formar una ciudadanía capaz de opinar y razonar en forma responsable ante los asuntos públicos. Sin duda el Distrito debe acometer la tarea de ampliar los espacios para la rendición de cuentas del gobierno distrital local a los ciudadanos y para la expresión de la opinión ciudadana. Un proceso de planeación participativa efectivo, una práctica constante de rendición de cuentas y un proceso de descentralización ordenado y consolidado facilitarían a las comunidades organizadas mayores oportunidades para incidir en y transformar su entorno.

• Bogotá ensaya una nueva visión del papel del gobierno y las comunidades En el mundo contemporáneo, cada vez más los gobiernos locales con visión de futuro concentran su interés en garantizar la gobernabilidad, construir cohesión social y contribuir a la generación de valor añadido para los ciudadanos. Por supuesto que todo gobierno local debe garantizar la disciplina ciudadana y la prestación de servicios con calidad, efectividad y oportunidad pero, más allá de eso, su tarea fundamental es conducir la sociedad, o en un sentido amplio, construir ciudad y ciudadanía. Bajo esta filosofía, el gobierno ya no es un puro administrador, sino un catalizador que impulsa, incentiva y lidera las iniciativas al servicio de la ciudad. Por tanto, un 181


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gobierno que cumple con su competencia y su política, lo hace estimulando y articulando el esfuerzo gubernamental, privado y comunitario en torno al desarrollo de la ciudad, y dotando de capacidades y oportunidades a los distintos actores para cumplir su papel. A futuro, el gobierno distrital deberá asumir con mayor decisión el objetivo político de acercar el gobierno a los ciudadanos, crear tejido social, movilización y visión compartida de ciudad y ampliar las condiciones de gobernabilidad futura para la ciudad. El Distrito ha dado algunos pasos hacia esta visión del gobierno catalizador. Pero aún se requiere más audacia para diseñar políticas públicas bajo esta concepción y transformar en la práctica el rol y la relación entre los agentes del gobierno y las comunidades. Los ejemplos ensayados por el Distrito, como ‘Obras con saldo pedagógico’ –Departamento administrativo de acción comunal– y ‘Gestión compartida’ –Instituto de desarrollo urbano– muestran resultados contundentes y dejan lecciones valiosas para la gestión de la ciudad. La ciudad cuenta con un activo importante. Por un lado, un grupo considerable de ciudadanos organizados e interesados, que participan en los asuntos públicos tal como se ha visto a través del premio cívico ‘Por una Bogotá mejor’. Por otro, cuenta con un gobierno distrital más efectivo, con mayores niveles de credibilidad y confianza. Dos elementos importantes para dar paso a una nueva visión del papel del gobierno y las comunidades en Bogotá. El premio cívico ha identificado durante tres años 375 iniciativas de organizaciones que trabajan con compromiso, dedicación y efectividad en la solución de problemas públicos en Bogotá, y por esta vía, ofrecen ejemplos que contribuyen al fomento de la organización y la participación cívica en la ciudad. En una ciudad como Bogotá, donde el ciudadano común cree que los demás hacen muy poco por mejorar la calidad de vida en la capital, es importante resaltar y hacer visibles las acciones adelantadas por muchos otros ciudadanos que no esperan que el trabajo gubernamental se encargue del bien colectivo, sino que entran a ser parte de los resultados. Para dar el siguiente paso, el gobierno distrital podría estimular la vinculación de las organizaciones comunitarias en sus procesos deliberativos y en la administración de servicios e iniciativas; facilitar el crecimiento de las organizaciones comunitarias (soporte, capacidad, etc.); generar buena información y canales de comunicación y rendición de cuentas entre gobiernos y comunidades; promover la articulación de percepciones e intereses y fomentar alianzas entre estos dos actores. 182


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El interés de estas comunidades organizadas por participar en lo público configura un potencial que la sociedad y el gobierno podrían capitalizar. Existen evidencias de que organizaciones imbuidas de preocupación por lo público e inmersas en un tejido asociativo basado en la confianza y la cooperación ofrecen mejores condiciones para elevar en forma sostenida la calidad de vida, fomentar el capital social y mejorar la gobernabilidad.

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Casa Editorial El Tiempo - Fundación Corona Reglamento del premio cívico Por una Bogotá mejor

Objetivo La Fundación Corona y la Casa Editorial El Tiempo se han unido para llevar a cabo el premio cívico “Por una Bogotá mejor” que busca destacar algunas de las tantas experiencias de desarrollo social meritorias, que organizaciones comunitarias y de vecinos vienen adelantando en beneficio del progreso de su barrio, localidad y/o de la ciudad de Bogotá. Mediante esta convocatoria, se pretende seleccionar las iniciativas más relevantes, difundirlas a través del periódico El Tiempo y Citytv, y premiar a tres de ellas.

Las experiencias Para efectos de esta convocatoria, son válidas aquellas iniciativas de desarrollo social adelantadas por organizaciones comunitarias y de vecinos, cuyo propósito sea contribuir a la solución de un problema sentido y prioritario. En todos los casos, se trata de iniciativas desarrolladas en beneficio de un bien común y de interés colectivo para una comunidad, un barrio, una localidad y/o la ciudad. Las experiencias postuladas deben contar por lo menos, con un año de operación y encontrarse en ejecución a la fecha de la convocatoria. Así mismo, deben ser consideradas experiencias exitosas, es decir, iniciativas que hayan: • afianzado los lazos de cooperación entre los actores involucrados (públicos, privados y ciudadanos). • comprometido la activa participación de la comunidad de su área de influencia, • cumplido con los objetivos trazados para el proyecto o la iniciativa postulada. • producido un impacto positivo (cualitativo o cuantitativo) sobre el desarrollo de una comunidad, barrio, localidad o ciudad.

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Las iniciativas premiadas en 1998, 1999 y 2000 no podrán volver a concursar en 2001. Las demás concursantes en estos mismos años podrán volver a postularse.

Criterios de selección y elegibilidad Las experiencias postuladas serán evaluadas y seleccionadas según los siguientes criterios: • experiencias aplicadas a la solución de un problema de interés y beneficio colectivo. • experiencias que involucren una o más organizaciones comunitarias, en asocio con actores públicos y/o privados • experiencias que cuenten con la activa y comprometida participación de los actores involucrados y de la comunidad circunvecina. • experiencias que representen propuestas innovadoras de solución a problemas generalizados, potencialmente replicables en casos similares. • experiencias innovadoras en la forma como involucran y comprometen la participación de la comunidad. • grado de éxito en el desarrollo de la experiencia postulada. Con anterioridad a la selección definitiva, las entidades patrocinadoras de esta convocatoria harán una preevaluación de las iniciativas postuladas, con el fin de verificar el cumplimiento de los criterios establecidos. Luego, aquellas que satisfagan tales criterios serán sometidas a consideración de un jurado conformado por personas conocedoras e interesadas en el tema, designadas por la Casa Editorial El Tiempo y la Fundación Corona. Si con anterioridad a la decisión final este grupo de personas considera importante, se realizará una visita de campo a las instancias involucradas en las experiencias más opcionadas o al sitio de realización de la mismas. Esto se acordará en forma previa con el concursante pertinente. La convocatoria prevé la identificación, documentación y difusión de diez (10) experiencias durante 2001, y la premiación de tres (3). Pero el jurado tendrá la potestad de decidir si son tres, dos o una experiencia premiada o si el concurso se declara desierto, en función de la calidad de éstas y las calificaciones asignadas. En este último evento, el jurado justificará su determinación.

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Premio Luego del proceso de juzgamiento, serán seleccionadas tres experiencias comunitarias. La experiencia seleccionada para el primer lugar, recibirá mediante convenio un aporte por valor de $12 millones, el cual deberá ser destinado exclusivamente a actividades de inversión u operación de la misma experiencia o un proyecto complementario que se pretenda realizar. El segundo lugar, recibirá un premio de $ 10 millones para este mismo fin y bajo las mismas condiciones. Habrá un premio especial a la innovación. La experiencia ganadora recibirá la suma de $ 8 millones de pesos. Con este premio especial la Fundación Corona y la Casa Editorial El Tiempo quieren exaltar aquellas iniciativas que se destacan especialmente por generar nuevas formas de resolver problemas. Por ejemplo, innovación en la forma como opera la organización, en los procedimientos creados para lograr los objetivos, o en las estrategias utilizadas para estimular e involucrar la participación de la comunidad en la solución de problemas locales.

Evento El premio cívico Por una Bogotá mejor ha previsto la realización de dos eventos: el primero, de carácter académico y de divulgación de experiencias de gestión comunitaria exitosas, ocurrirá durante el proceso de selección de las iniciativas más destacadas. El segundo será la ceremonia de premiación con la participación de autoridades políticas, organizaciones comunitarias y periodistas, en fecha cercana al cumpleaños de Bogotá.

Compromisos Compromisos de la Fundación Corona y la Casa Editorial El Tiempo: • Velar por la realización de un proceso de evaluación, selección y premiación de experiencias, transparente y justo. • Registrar las experiencias postuladas de tal forma que sea posible realizar futuras consultas sobre las mismas. • Documentar y divulgar las diez experiencias seleccionadas a través del periódico E1 Tiempo y de Citytv. • Hacer entrega de los premios en dinero a las tres iniciativas más destacadas, conforme a lo establecido.

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Compromisos de los concursantes: • Facilitar información fidedigna sobre la experiencia postulada; • Ampliar la información del jurado sobre el desarrollo de la experiencia postulada cuando éste así lo requiera, sea a través de documentos o visitas de campo. • En caso de ser seleccionada la experiencia, ampliar la información a fin de que pueda ser documentada y difundida a través de la prensa, propiciando la realización de visitas y el acceso a documentos, entrevistas y testimonios, cuando se estime conveniente. • Aceptar el reglamento y los términos de esta convocatoria.

Postulación Las experiencias serán postuladas mediante el diligenciamiento de formatos que deberán ser devueltos a la Fundación Corona, ubicada en la calle 100 No. 8A-55, Piso 9, Torre C, teléfono 6105555 y fax 6107620, en Bogotá. Dichas postulaciones deberán ser presentadas en sobres debidamente sellados, a partir del día 24 de abril hasta el 29 de mayo del 2001.

Información Para mayor información, comuníquese con la Fundación Corona en el teléfono 610555, correo electrónico mchavez@corona.com.co o mflorez@corona.com.co. Se realizará una reunión informativa para aclarar dudas sobre el diligenciamiento del formato de postulación, con aquellas organizaciones interesadas en asistir. Esta reunión será el jueves 17 de mayo, a las 9:00 am en la sede de El Tiempo, avenida El Dorado No. 59-70.

Cronograma • Abril 02 de 2001: inicia entrega de formatos. • Mayo 17 de 2001: reunión informativa para aclarar dudas sobre el diligenciamiento del formato. • Mayo 29 de 2001: plazo máximo para recepción de las experiencias postuladas. • Mayo 30 a julio 30 de 2001: análisis y selección. • Agosto 03 de 2001: premiación.

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Casa Editorial El Tiempo - Fundación Corona Premio cívico - Por una Bogotá mejor Formulario de postulación de iniciativas meritorias de desarrollo social, adelantadas por organizaciones de la comunidad y de vecinos

Perfil básico para postulación de experiencias Número de radicación: Fecha de radicación: Nombre de la experiencia postulada: Ubicación geográfica: Objeto principal de la iniciativa: (indique actividad (es), sector (es) social (es) y/o económico (s) de la propuesta)

Nombre de la Organización que postula la experiencia: Persona a contactar: Dirección:

teléfono: ciudad:

fax: e-mail:

Las preguntas consignadas en este formulario están agrupadas en tres bloques: 1) información básica sobre la organización que postula su experiencia 2) información básica sobre el proyecto o iniciativa realizada; y; 3) información general de interés específico para las entidades que convocan.

1. Información básica sobre la organización postulante ¿Cuántas personas integran la organización? ¿Hace cuánto tiempo trabajan en grupo? ¿Cuál es su forma jurídica u organizativa (asociación, corporación, etc.)? Fecha de constitución: DIA MES AÑO Personería Jurídica: SI NO EN TRAMITE (fecha radicación) # de personería jurídica: otorgada por:

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Cuál es el objetivo de la organización?

Cuáles son las áreas de trabajo de la organización?

Mencione cuáles han sido los principales logros alcanzados por la organización?

Mencione cuáles han sido las principales dificultades enfrentadas por la organización?

Mencione y describa brevemente (si los tiene) otros proyectos o programas que considere que han sido importantes para el desarrollo de la organización.

2. Información básica sobre el proyecto o iniciativa ¿Qué problema o necesidad buscaban resolver con el desarrollo de este proyecto o iniciativa ? (Describa el problema fundamental que se buscaba resolver, señalando datos estadísticos y cualitativos que ilustren la magnitud del problema, sus causas, manifestaciones y consecuencias)

¿Quién(es) participó(aron) en la definición de este problema ? ¿Cómo fue el proceso?

Causas: ¿qué provoca este problema?

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Consecuencias y manifestaciones: qué efectos produce este problema sobre el desarrollo de los beneficiarios, la comunidad, vereda, barrio, localidad y/o ciudad (enuncie y describa al menos 3 efectos):

Descripción del proyecto. Mencione objetivos, perfil y características socioeconómicas de los beneficiarios, actividades realizadas y previstas, período de ejecución, recursos invertidos. Objetivos (por lo menos 3):

Perfil y características socioeconómicas de los beneficiarios:

Actividades realizadas y previstas Realizadas: Previstas: Período de ejecución (duración total del proyecto en años): Fecha de Inicio: Día Mes Fecha de finalización: Día Mes

Año Año

Estado actual del proyecto:

Recursos invertidos

(indique el valor, especifique el tipo de aportes - en dinero, mano de obra, materiales, asesoría, tiempo de dedicación - y quién lo hizo - comunidad, institución externa, empresa, etc.)

Tipo de aporte

Valor

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Quién aportó ?


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Cuáles han sido los resultados (cualitativo y cuantitativo) de este proyecto sobre el nivel de desarrollo de los beneficiarios, de la comunidad, vereda, barrio, localidad y/o ciudad (según su área de influencia)? Cuantitativos :

Cualitativos

¿A qué factores atribuye el éxito del proyecto?

Mencione cuáles han sido las principales dificultades observados en la realización de este proyecto

Indique cómo han sido o podrían ser superadas estas dificultades y quiénes han contribuido o podrían contribuir a esta solución

¿Qué personas o instituciones, además de la organización postulante, participan en la planeación, financiación y ejecución del proyecto? Persona o institución ¿Cómo participa? Enumere los cuatro (4) principales motivos que llevaron a estas personas o instituciones a participar en el desarrollo o respaldo de esta iniciativa

Explique brevemente cómo la experiencia que usted(s) postula (n) vincula la participación de la comunidad que reside, trabaja o estudia en el lugar donde se desarrolla la experiencia. Señale los mecanismos y las estrategias utilizadas.

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3. Información general ¿Por qué estima importante documentar su experiencia (al menos 3 razones)?

¿Por qué considera su experiencia exitosa y meritoria?

¿En qué aspectos su experiencia sería un ejemplo para los demás ciudadanos de Bogotá?

¿Cuáles aspectos de su experiencia considera innovadores y replicables? Innovadores

Replicables en casos similares

¿Qué podría enseñar su experiencia a otras similares?

Para efectos de la evaluación de su experiencia, se tendrá en cuenta fundamentalmente este formato. Sin embargo, si estima conveniente, puede acompañarlo, con otros materiales que ilustren en mayor medida su iniciativa, los cuales le serán posteriormente devueltos (publicación, videos, fotos,etc).

¡Gracias por su participación! Si conoce alguna organización que cumpla con los requisitos para postular alguna iniciativa, por favor invítela a comunicarse con Marcela Chaves al teléfono 6105555 o mchavez@corona.com.co. Mil Gracias.

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Casa Editorial El Tiempo - Fundación Corona Premio cívico - Por una Bogotá mejor Organizaciones participantes en las convocatorias 1998 - 2001 (Ordenadas por localidades) Localidad Entidad (Temática) Nombre del proyecto Dirección Teléfono

Promoandina (Educación) Generación de trabajo y desarrollo microempresarial Cra. 34 B No. 38 - 07 Sur 7270618 Sur-Oriente Núcleo de trabajo, Sn. Luis Gonzaga Crecer juntos en la vida comunitarial Calle 31B No. 24B-87 Sur 713 7783 JAC Barrio Ciudad Jardín, Sur Megaproyecto: Parque Metropolitano del Sur Diag. 12A Sur No. 10-61 209 2473

Antonio Nariño Asovicar (Espacio público) Cuidando carros todos ganamos Calle 24 No. 19 – 23 Sur Barrio Olaya 361 3828 Club de la tercera edad Años Dorados (Infraestructura) Por una Bogotá mejor a través del Movimiento Calle 2 Sur No. 10A - 14 337 0072 Comité Civico San Isidro (Salud y desarrollo socioeconómico de la comunidad de San Isidro) Diagonal 46 Sur No. 5 A-32, Providencia Alta 567 2062/63 JAC Barrio Carlos E. Restrepo (Atención a niños) Jardín Infantil y Guardería "Tierra de gigantes" Cra. 23 No. 18 -81 / Transv. 24 B No. 14 - 58 Sur 366 3511 / 278 8732 JAC Barrio Carlos E. Restrepo Jardín Infantil Tierra de Gigantes Cra 23 No. 18 - 81 Sur 366 5042 / 278 8732 Los Años Dorados El Buen uso del tiempo libre. Barrio Policarpa Calle 1 Sur No. 10B-36 561 4970 / 561 5355

Barrios Unidos Cooperativa especializada de educación "Unión Social" (Educación) Centro Obrero Unión Social Av. Calle 68 No. 49 - 51 231 4801 Fundación Santa Sofía para la atención del anciano (Convivencia) Club para la tercera edad Cra. 31 No. 74 A - 38 2316425

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Fundación para la investigación Kerigma (Educación, formación y cultura) Escuela de Formación artística y cultural La Despensa Carrera 12 No. 11-72 776 4632 JAC barrio Clarelandia (Educación y cultura) Un río de vida para la ciudad Carrera 86 A No. 58D - 35 Sur JAC barrio Danubio Azul Mitigación de riesgo y construcción parque recreacional Cra 5B No. 56-18 Sur 760 7033 JAC barrio El Progreso (Educación y cultura) Construcción de alcantarillado sanitario barrio El Progreso Carrera 92 No. 72 C - 15 S 577 1287 / 577 6824 JAC barrio Escocia VI sector (Infraestructura) Alcantarillado sanitario oficial Carrera 99A No. 55A-22 Sur 577 8026 JAC barrios La Cabaña y Holanda (Infraestructura y mejoramiento barrial) Zona de recreación pasiva y parque infantil Cra. 103 A No. 56-21 SUR 783 3528 JAC barrio La Libertad II sector (Convivencia ciudadana) Ampliación y terminación salón comunal Carrera 101 A No. 59B- 09 sur 783 8671 JAC barrio Miami de Bosa (Cultural) Adecuación, dinamización zona recreo deportiva Cra. 98 A No. 62 C - 22 Sur 579 6419 JAC barrio San Martín (Infraestructura y mejoramiento barrial) Parque recreo deportivo Cl. 55 B sur No. 102 – 94 571 4626 JAC barrio urbanización José María Carbonell (Educación y cultura) Desarrollo comunitario, comedor escolar y biblioteca Diagonal 1 Bis No. 5D -40 782 4009

Bogotá Asociación de recicladores de Bogotá-ARB (Generación de empleo - Educación, formación y cultura) Organización de recicladores, alternativa técnica, social y económica Candelaria Centro Carrera 3 No. 14-46/48 341 8365 Corazones abiertos (Infraestructura y mejoramiento barrial) Corazones abiertos Cra. 7 No. 86 A – 16 256 5895 Ponte en mi lugar (Infraestructura) Campaña Ponte en mi lugar Carrera 3A No. 20 - 49 352 1458 Red nacional de veedores ciudadanos Veeduría ciudadana Cra 27 No. 10-35 360 0309 / 277 7298 Bosa Adico (Educación, formacion cultural e integral ) Mujeres transformando comunidad a través de un proyecto Pedagógico Cl. 64 Sur No. 78 B-10 Barrio La Azucena 719 5503 Asociación de Mujeres cabeza de familia Avanzar (Recreación) Mujeres arquitectas de sueños y esperanzas Calle 68 A Sur No. 81 - 77 Bosa San Pablo Primer Sector 775 8672 Corporación cultural y recreativa olimpica Los Laureles (Convivencia) Primeras olimpiadas de integración Laureles 2000 Cra. 87 No. 74 A - 33 Bosa Laureles 616 7855 / 578 9281 Corporación Grupo Célula “Corgrucel” Biblioteca Huellas del Saber Transv. 83A No. 73B-28 Sur. Barrio Israelita 776 9538 / 778 2582

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JAC barrio Villa del Río (Tercera edad) Conocerse entre los vecinos para mejorar su entorno Carrera 64 B No. 57 B - 13 Sur 710 0039/ 270 2878 JAC barrio San Luis I y II (Infraestructura y mejoramiento barrial - parque) Recreación para niños y la tercera edad Cl. 57 A Bis No. 101 – 02 784 5377 Mesa directiva JAC barrio Chicó sur (Infraestructura) Proyecto de pavimentación del barrio Chicó Sur Carrera 100F No. 67 - 28 Sur Fundación Cultural Chiminiguagua Proyecto de empleo juvenil: Parque de las Artes Chiminigagua Cra. 16A No. 1-57, Bosa, Laureles 780 9216 / 69-11

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Corporación la cofradía de La Candelaria (Educación, formación y cultura - Generación de ingresos) XVII Feria de artes u oficios tradicionales de La Candelaria Cra. 3 No. 10 – 49 Candelaria 286 1583 Enrique Escobar Pedraos (Convivencia) Paraderos raciones Cra. 10ª Calle 4ª No. 12 - 18 Int. 7 Apto. 202 689 3616 / 561 4912 Fundación para la investigación y fomento de nueva educación Alegría de vivir (Educación) Prevención delincuencia juvenil en cerros orientales mediante actividades de sensibilización e identidad con el ecosistema Cl. 17 No. 4 - 80 of. 303 2814 305 - 249 9808 Fundación Teatro taller de Colombia (Cultural) Al aire puro - III Festival de teatro callejero Calle 10 No. 0- 19 Este La Candelaria (Centro) 283 5189- 341 8661 Juventud trabajadora colombiana-JTC (Educación, formación y cultura liderazgo) Casa juvenil para la integración, organización y formación de jóvenes Calle 13 No. 4 - 50 341 7706 / 283 0513 Recuperación de la zona verde y andenes perimetrales parque Mª Eugenia (Mejoramiento barrial) JAC La Estanzuela Cl. 6 B No. 20 - 24 360 0226 Taller de experimentacion juvenil teatral Contravía (Cultural) Prevención de drogadicción y delincuencia juvenil en jóvenes que frecuentan la plazoleta del Chorro de Quevedo Cl.12 No. 2 -59 281 4814 Trastaller (Cultural) Perfilar jóvenes como líderes comunitarios que apoyan a madres cabeza de familia Cra. 2a. No. 6A - 15 Barrio Belén 289 1051

Bosa y Suba Federación de vivienda popular FENAVIP (Mujeres) Programa de vivienda Bogotá Siglo XXI Calle 37 No. 25 - 57 368 8257 / 268 6599 Bosa, Usaquén, Antonio Nariño Club deportivo y cultural los años dorados de la victoria del vivir (Educación, formación y cultura) El juguete como recuerdo de ayer Calle 142 No. 37 – 94 Apto. 105 615 7546 Candelaria Colectivo niños y jóvenes tejedores de pensamiento (Convivencia) Tejer el pensamiento - construcción de la memoria Cl. 19 No. 4 - 20 Apto.1702 342 5415 Corporación colombiana de teatro (Cultural) Trabajo cultural con niños, jóvenes y mujeres marginalizados y/o en situación de desplazamiento. Cl. 12 No. 2 - 65 342 9621 / 284 8687

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Chapinero Aquavieja (Medio ambiente) Recuperación quebrada La Vieja y alrededores Rosales Carrera 1 No. 70 A-35 Int. 104 321 0240 / 321 1619 Asociación de Residentes del Chicó Archi Asociación de Residentes del Chicó Archi Cra 17 No. 88-27 (102) 236 2114 Corporación proyección 2.000 (Mujeres) Participación y desarrollo comunitario en gestión de vivienda Calle 59 No. 3-18E 540 4404 / 256 6616 Corposeptima (Infraestructura) Corporación de vecinos de la carrera Séptima Carrera 18 No. 86 A - 14 Apto 313 JAC barrio Chicó reservado (Infraestructura y mejoramiento barrial parque) Reconstrucción radical parque Chicó reservado o Gardel Cra. 9A No. 97 – 20 256 1901 JAC barrio Juan XXIII (Mejoramiento barrial) La experiencia del color: construcción de comunidad Cra. 1 Bis A No. 65 C - 20 310 2460 - 609 8276 JAC barrio Mariscal Sucre. Plazorieta, glorieta y parque. Carrera 1C No. 44-29 338 0111 Movimiento ambiental Nosotros. M.A.N.O.S. (Cultura) Reciclar en la fuente. Campaña ambiental Carrera 6 No. 80-05 Apto 102 310 7845 Ciudad Bolívar Asociación biblioteca comunitaria Juan Pablo II (Educación) La creación de mundos posibles desde una biblioteca comunitaria Diagonal 68 B No. 18 J - 95 Sur 731 4238 / 790 9890 / 569 3759

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Asociación amor por los niños Asohobis (Salud - atención integral, educación, formación y cultura) Programa de formación integral a los niños de Ciudad Bolívar Calle 7 H No. 82A-33 La Carbonera 782 1729 Asociación comunitaria Progresar (Infraestructura) Dotación vivienda propia a 123 familias destechadas Carrera 17 E No. 61 Bis - 03 Sur 765 3677/ 217 1839 Asociación de líderes (Cultural) Periódico barrial Juventudes 19 e integración recreo deportivo Cl. 59 C No. 38 - 43 Sur 715 2046 Asociación de padres Alianza infantil (Educación y cultura) Hogar infantil comunitario mis mejores años Carrera 18 g Bis No. 69 -45 Sur 790 4931 / 765 2988 Asociación de padres de familia CED Pasquillita Ciudad Bolívar (Medio Ambiente) Ambientes escolares para el aprendizaje significativo de valores ambientales y de convivencia social. Km 8 Vía Pasquilla zona rural 639 2080 Asociación de padres de familia hogar Estrellitas del sur (Vivienda) Hogares de bienestar familiar Carrera 18C No. 74-75 Sur 761 8286 / 568 5743 Asociación de vivienda de chircales Asovich (Medio ambiente) Un lugar para vivir mejor Carrera 39A No. 79B-40 Sur Arborizadora alta grupo Santa Bárbara 767 5444 Asociación padres usuarios alianza infantil Hogar infantil comunitario Mis mejores años. B Juan Pablo II. Cra 18 G Bis No. 69 -45 Sur 765 2988 / 790 4931 Asociación San Cayetano tercera edad Terapias de asistencia social con personas de la tercera edad. Calle 61D No. 17A-10 Barrio Meissen. 765 1871

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Corporación comunitaria Buscando espacios (Educación, programa de educación integral para jóvenes y adultos modalidad primaria y bachillerato nocturno, dirigido a poblaciones desplazadas por todo tipo de violencia) Cra. 67 No. 62B -55 Sur Apto. 525 Barrio Perdomo Ciudad Bolívar Beeper 618 7000 código: 51003 / 777 2954 Corporación Escuela de liderazgo juvenil (Educación y cultura) Escuela de liderazgo juvenil Ciudad Bolívar Carrera 19C No. 63A-03 Sur Corporación Extramuros, ciudad y cultura (Convivencia) Reubicación de habitantes de calle en la urbanización María Auxiliadora Calle 4 No. 22A - 17 247 2102 Corporación mercado Plaza Los Luceros del sur (Cultura) Organización participativa de vendedores ambulantes Carrera 18 No. 68A - 27 Sur 765 0130 Corporación mujer, familia y medio ambiente (Cultural) Programa sensibilización educación con jornadas lúdico culturales Cl. 63 No. 42 - 30 (40 B - 30) 715 1235 / 715 2064 Corporación Taliber Recuperación y recreación de identidad en zonas marginales urbanas. Barrios Jerusalén, Potosí la Isla. Calle 82A S No. 42 -09 285 3016 / 717 2495 Corporación territorios de paz (Medio ambiente) Montaje de la huerta urbana organopónica en Altos de la Estancia Transv. 76 B No. 68 B - 14 226 5988 / 597 5254 Diálogo Mujer (Infraestructura) Colectivo de titiriteras Ciudad Bolívar Carrera 32 No. 16 - 45 Of. 302 247 2273 Fundación ayudemos al bienestar del abuelo Las orquídeas (Convivencia) Interacción social, pedagógica y recreativa para el abuelo Calle 62 No. 78 - 89 Sur 780 3734

Asocreativos (Atención a niños) Salacuna asocreativos Cl. 66 Sur No. 18 i - 33 Ciudad Bolívar 718 2556 / 715 9553 Asofa 2000 Ciudad Bolívar (Mejoramiento barrial) Vivienda para todos Cra. 66 Bis No. 47 - 09 Sur (Coruña) 718 1283 Asohobis familiar “Sector Perdomo” (Educación, formación cultural - no formal para menores) Tenemos el compromiso de construir futuro El Perdomo Calle 64 A No. 78-45 Sur 775 4035 Casa de la cultura El Agora Casa de la cultura El Agora. Barrio Ismael Perdomo. Calle 62 Sur No. 78 - 89 719 3460 / 782 2614 Cider Universidad de los Andes (Infraestructura) Todo un cuento por el agua Universidad de los Andes 339 4949 Colectivo Manos Hacedoras (Niños) Colectivo Manos Hacedoras Calle 80 C S No. 17 A-05 Comité cívico barrios subnormales Ciudad Bolívar (Convivencia) Solidaridad, paz y progreso de las clases marginadas para mejorar la calidad Cra. 20 Bus No. 69D-11 Sur 718 1643 Conjunto Balmoral 2 etapa. Iluminación parque, juegos infantiles, salón comunal. Conjunto Balmoral 2 etapa. Cra 74 A No. 61 - 10 Sur 719 1699 Cooperativa de educación y servicios múltiples del barrio Perdomo Cooperdomo (Educación, formación y cultura formal e informal) Educación para el conocimiento, la convivencia social, el trabajo Cra. 78 No. 62-28 Sur 776 4491

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Fundación innovadores de futuro de Ciudad Bolívar (Educación) Creando programas con el compromiso de crear futuro Cl. 66A No. 71 I - 26 Sur Peñón del Cortijo 208 3557 / 780 3264 Fundación para el desarrollo integral de la mujer Siglo XXI (Cultural) Encuentros barriales y festival de la memoria CB Cl. 64 No. 71 F - 30 Sur 775 4103 Fundación servicio de vivienda popular - Servivienda (Infraestructura y mejoramiento barrial) Canalización de aguas negras y construcción de andenes con participación comunitaria Av. Caracas No. 37- 20 / Cra. 40 No. 79 A- 28 Sur 288 7498 / 718 3052 Fundación solidaria Nuevos horizontes (Infraestructura) Consolidación institucional de la fundación y el colegio Nuevos horizontes Carrera 42 No. 72 -11 Sur. Arborizadora Alta JAC barrio Altos de Jalisco Altos de Jalisco, Obras con saldo pedagógico Calle 64 No. 17A-76 Sur 765 7215 JAC barrio Capri 1er. Sector Vistahermosa (Infraestructura y Mejoramiento Barrial) Arreglo vías peatonales Cra. 4 No. 18 – 50 of. 311 790 1841 / 283 6954 JAC barrio Ciudad Milagros (Infraestructura y mejoramiento barrial) Vías peatonales en Ciudad Milagros Ciudad Milagros Calle 61 Bis Sur No. 18C-30 /18D-51 790 7210 / 792 0340 JAC barrio Florida, San Luis Salón cultural. Obras con saldo pedagógico Calle 69B Sur No. 17Ñ - 68 765 0909 / 790 5218 JAC barrio J.J. Rondón Sector el Plan (Educación y cultura) Creación biblioteca comunal del barrio Juan José Rondón Calle 68 B sur No. 20D-24 716 2516

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JAC barrio La Esmeralda Recebada y nivelación de la calle principal vereda Muchuelo bajo Oficina postal Quiroga. Vereda Mochuelo bajo H 14 M 219. Ciudad Bolívar 639 2018 / 681 9469 JAC barrio Lucero sur, sector medio Proyecto para la construcción de vías peatonales y mejoramiento del entorno. Obras saldo pedagógico Cra.18D No. 67A-60 Sur / Cra. 18D No. 68A-20 Sur 761 9681 / 537 9529 (mamá) JAC barrio Manuel Beltrán (Infraestructura y mejoramiento barrial - espacio público) Parque pasivo Mirador Manuel Beltrán Cll. 69 D Sur No. 45 B – 42 715 9815 JAC barrio Peñón del Cortijo II (Medio ambiente) Arborización y jardinería Cl. 67 No. 72 D – 24 Sur Perdomo 719 6785 JAC barrio Sierra Morena I sector (Infraestructura y mejoramiento barrial - espacio público) Recuperación de zonas verdes del barrio – Construcción mirador Cra. 74 No. 69 i – 20 Sur 716 2484 JAC barrio vereda Santa Bárbara (Medio ambiente) Integración para la arborización de las cuencas hídricas Vereda Santa Bárbara - Cra.15 No. 50B-03 Sur en Bogotá (Tunjuelito) 639 2052 Junta de vivienda comunitaria “Convivencia” Junta de vivienda comunitaria Convivencia barrio San Rafael Calle 64 A No. 80-94 Sur 775 4314 Parroquia de San Matías apóstol (Cultural) Evangelización en el corazón de las masas trabajadoras Cl. 63 A No. 77-79 Sur 775 4584 Sembremos por la niñez desvalida de Colombia. Semvidescol (Infraestructura) Grupo vulnerable protección y prevención Carrera 18 C No. 78 - 16 Sur. Barrio Cedritos II. 790 8309

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Unitemp Para volver a vivir (Convivencia) Conocer las estrategias de sobrevivencia de las familias que por conflicto armado emigran a Bogotá Cra. 48 D No. 68 F - 66 Sur 731 4497 / 715 4888 / 717 0769 Asociación para el desarrollo integral comunitario de la casa vecinal Cartagena de Indias. Una década trabajando con, para y por la comunidad. Barrio Sierra Morena. Calle 70 Sur No. 56-04 Sur. 776 8726 / 777 5922 Engativá Aprofac (Medio ambiente) Organización censo tenencia de mascotas domésticas Transv. 76C No. 82 A - 28 535 4060/ 538 2968 Asociación mujeres solidarias del 2000 -Asomuso (Generación de ingresos) Restaurante comunitario Cl. 61A No. 109 - 11 433 9737 Comité conciliador del consejo comunal Recuperación de una zona verde barrio Bosque Popular. Calle 59 B No. 59 -22 250 9330 / 630 3954 Comité proadopción parque Oasis (Medio ambiente) Parque Oasis Calle 52B No. 76-50 295 9926 El Mirador (Infraestructura y mejoramiento barrial) Parque recuperación zona verde Cl. 55B No. 122 - 16 540 2417 Fundación para el desarrollo, el estudio y el trabajo socio cultural Oneiros (Educación, formación y cultura) Cine espacios para la comunicación y la convivencia Cl. 70 No. 81 A – 16 430 4042 JAC barrio Carolinas sector B (Seguridad) Recuperación de espacio público ronda del río Juan Amarillo Carrera 101A No. 93- 62

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JAC barrio el Mortiño y Villa Amalia (Tercera edad) Fortalecimiento del programa El coloquio de los abuelos Carrera 110C No. 72 - 10 JAC barrio La Salina (Niños) Terminación salón comunal Calle 71B No. 93-34 252 7330 JAC barrio Las Ferias (Infraestructura) Actividades de integración Las Ferias Calle 73 No. 60-22 561 8412 / 250 9017 JAC barrio Luis Carlos Galán Sarmiento (Infraestructura y mejoramiento barrial) Construcción parque Cra. 93 No. 93 – 27 440 9967 JAC barrio Luis Carlos Galán Construcción redes y acometidas agua potable Barrio Luis Carlos Galán Cra 92 B No. 91 - 29 440 9967 JAC barrio Santa Marta (Infraestructura y mejoramiento barrial - parque) Parque Monumento sector 1 Cra. 1B Bis Este No. 68 D – 14 Barrio Santa Marta localidad de Usme 764 1298 / 99 JAC barrio Soledad San José del Norte (Educación, formación y cultura) Club Edad de oro un vivir mejor Cl. 74 A No. 84 - 82 438 5251 JAC barrio Soledad San José norte (Jóvenes) Compra de una casa para sede comunal Calle 74A No. 84 - 82 438 5251 JAC barrio Villa el Dorado norte (Infraestructura y mejoramiento barrial - parque) Parque infantil y parque pasivo Cl. 66 A No. 108-30 434 5869

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Linterama (Infraestructura y mejoramiento barrial) Obras con saldo pedagógico - zona verde Transv. 115 No. 64 A – 21 435 7206 Fontibón Comisión ambiental de Fontibón (Jóvenes) Recuperación del canal de aguas negras y humedal Capellanía-Cofradía Calle 35 No. 84-61 Interior 102 416 2450 Conjunto los Arrayanes de Sauzalito- Ciudad Salitre (Educación, formación y cultura) Por una convivencia pacifica en Ciudad Salitre Cra. 69D No. 40 – 27 Int. 24 Apto. 101 263 8067 / 416 6172 Corporacion centro cultural (Cultural) Paraninfo de las artes Cl. 41A # 99 - 28 298 5520 JAC barrio de Hunza (Ingresos) Periódico comunitario Biofontibón Carrera 116 A No. 25A- 32 267 9056 / 547 9657 JAC barrio La Palestina (Educación) Ayúdenos a ayudarles Cl. 28 No. 110 - 70 415 1707 JAC barrio Modelia (Infraestructura) Arte y manualidades Calle 43 No. 78 A-91 263 7636 / 263 8610 Junta defensa civil “Las Granjas” Junta defensa civil “Las Granjas”, zona industrial Cra. 69 No. 22-11 411 4088 Kennedy Acotel canal Sur (Comunicación) Estación local de TV comunitaria Carrera 63 No. 37A - 15 Sur 403 5095/ 724 3862

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Asfundirect (Mejoramiento barrial) Asfundirect Carrera 67A No. 40-16 Sur manzana A-12 casa 13. Timiza 264 0983 Asociación escuela de baloncesto Marsella Esbama (Medio ambiente) Formación integral de personas a través del baloncesto Carrera 70B No. 7-06 262 7823/ 419 1034 Asociación Escuela popular participativa (Educación) Escuela comunitaria Carrera 113B No. 41 - 28 Sur Barrio Villa Alexandra Patio Bonito 215 7013 / 574 0652 Consejo comunal barrio Carvajal Techo Primer sector. La comunidad organizada produce frutos para todos. Calle 34 Sur No. 61A - 25 713 4890 Consejo comunal barrio San Marino (Mejoramiento barrial) Legalización del barrio San Marino Calle 13A Sur No. 98B-69 400 3713 Consejo comunal, barrio Gran Britalia Participación y administración del barrio Gran Britalia, 1996-98 Cra. 90A No. 47A-02 Sur 450 3471 Escuela deportiva unión bosques barrio Pio XI (Educación) Creación y consolidación de una escuela deportiva unión bosque barrio Pio XII Transv. 77 No. 6D - 89 Int. 4 - 317 Bosques 412 2416 JAC barrio Berlín (Infraestructura y mejoramiento barrial) Construcción vía peatonal-Alameda Berlín Kennedy Carrera 80B No. 63-21 Sur 775 8832 JAC barrio Carvajal III sector (Infraestructura y mejoramiento barrial) Recuperación y adecuación zona verde -cancha Carvajal III sector Calle 38B Sur No. 70A-65 299 1778

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JAC barrio Concordia I sector (Educación y cultura) Integración de la comunidad para legalización barrio Carrera 94 No. 40C -21 Sur 570 6556/ 310 6761 JAC barrio El Carmelo (Educación, formación y cultura, recreación) Comunidad integrada para el bienestar y desarrollo en medio ambiente sano Cra. 89D No. 51C – 46 Sur 450 7741 JAC barrio Gran Britalia (Medio ambiente) Recuperación de la vía y campaña ambiental Cra. 89B Bis No. 47A – 08 sur 450 6572 JAC barrio Jackeline (Mejoramiento barrial) Parque infantil Hernando Santos Diagonal 47 Bis No. 75B - 39 Sur JAC barrio La Unidad Parque Infantil Barrio La Unidad. Calle 57 Sur No. 79B- 04 Sur 780 4038 JAC barrio Morabia II (Infraestructura y mejoramiento barrial) Adecuación zona verde Cl. 45B Sur No. 66A – 78 724 4584 JAC barrio San Andrés II sector Terminación de la construcción del salón comunal barrio San Andrés Avenida ferrrocarril No. 42B - 70 sur. 287 5306 / 033 225 1737 JAC barrio San Marino (Mejoramiento barrial) San Marino 2.620 mts cerca de la legalización Cl. 13A Sur No. 98B - 69 400 3713 JAC barrio Tequendama Obras con saldo pedagógico. Barrio Tequendama. Calle 39A No. 81-35 Sur 273 7802 / 264- 6526 JAC barrio Tequendama (Infraestructura y mejoramiento barrial - recreación) Obras con saldo pedagógico Calle 39A No. 81A – 21 Sur 265 0634 / 273 8925

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JAC barrio Tintalito II sector (Infraestructura y mejoramiento barrial - Vías peatonales) Pavimentación vías peatonales Cl. 42G Sur No. 96A – 07 451 9502 JAC barrio urbanización El Carmelo (Medio ambiente) Comunidad integrada, capacitada y segura en un mismo ambiente sano y adecuado Cra. 89D No. 51C - 46 Sur 450 7741 JAC barrio Villa Rica (Ingresos) Comités barriales Transversal 78 No. 54 - 57 Sur 299 1967 JAC barrio Villas de Kennedy (Mejoramiento barrial) Todos aportamos para la construcción de nuestra cuadra. Transv. 90B No. 54A - 31 Sur 454 1588 / 264 5455 JAC barrio Supermanzana 13 Construcción de un parque infantil con zona de descanso y pasivo. Cra 83A No. 39 - 46 Sur 451 5939 Los Mártires Asociación comercial caseta popular parque España (Convivencia - espacio público) Recuperación concertada del espacio público y reubicación de los vendedores informales AA: 180001 / Cra. 32 A No. 165 - 24 Casa 526 8721 / Cel. 242 9953 Cooperativa de trabajo asociado de recicladores Porvenir (Generación de ingresos) Proyecto de reciclaje domiciliario y escolar con participación comunitaria Cra. 24N No. 1C - 23/27 233 2600 / 246 7834 Corporación de comerciantes asociados Comas (Convivencia) San Victorino vive Cl. 10 No. 10 - 30 Of. 501 286 2058 / 341 4197

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Fundación de apoyo comunitario Fundac Capacitación de madres educadoras comunitarias barrio Panamericano Cra 27 No. 24A-12, Barrio Panameriano 268 6864 Fax: 368 5246 JAC barrio La Estanzuela (Mujeres) Reconstrucción de andenes para recuperar el espacio público Calle 7 No. 20-24 360 9226 JAC barrio La Estanzuela (Infraestructura y mejoramiento barrial) Remodelación zona verde y ejecución de andenes La Estanzuela Calle 7 No. 20-24 360 9226 JAC barrio Ricaurte (Espacio público y medio ambiente) Cra 29 No. 10-11 370 2496 (Se mudaron a domicilio desconocido) Puente Aranda Andecrac (Medio ambiente) Capacitación en cultivos hidroagropónicos para personas con discapacidad visual Cl. 73F No. 105 B - 12 barrio Garces Navas 548 7981 Clubes juveniles (Infraestructura) Fundación cinestudio El Túnel Carrera 51 No. 5B -OO Salón Comunal San Rafael 290 1364 Fundación grupo cultural El Pretexto (Educación, formación cultural artes) Tertulia sabatina Un espacio de análisis y convivencia Diagonal 9A No. 48B – 71 261 9804 JAC barrio Alcalá (Jóvenes) Parque recreo infantil La Paz Calle 35 sur No. 45-31 728 3543 JAC barrio La Guaca (Infraestructura) Parque de recreación e integración Carrera 40 Sur No. 26 - 03

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Rafael Uribe Uribe Comité cívico integral del barrio Las Lomas (Atención a niños) Restaurantes escolares Cl. 29 Sur No. 14-96 272 8035 Fundación Hope WW y JAC Rincón del Valle (Salud) Centro médico comunitario Hope Cl. 48Q Sur No. 2D - 13 Este Barrio Rincón del Valle 255 0672 / 217 8664 Grupo juvenil Por ti conmigo Nuestra historia, juventud y realidad. Barrio Quiroga. Calle 31 Bis No. 19 -35 Sur 209 4877 / 366 2638 JAC barrio Ayacucho (Infraestructura y mejoramiento barrial) Recuperación de senderos peatonales (escaleras) Cra. 1A Este No. 48Z - 52 Sur 772 2624 JAC barrio ciudad Quiroga central (Jóvenes) Construyamos pensando en los demás Calle 32 No. 23D - 19 Sur 209 1303 JAC barrio de la Paz (Vivienda) Vías peatonales Carrera 5 B Bis No. 52 - 51 sur 568 9115 JAC barrio La Marqueza (Infraestructura y mejoramiento barrial espacio público) Recuperación de espacio público con Alameda del Reencuentro Transv. 1A Este No. 49A – 52 Sur 568 1694 JAC barrio La Paz (Infraestructura y mejoramiento barrial) Vías peatonales escaleras Cl. 54 Sur Cra. 5 Bis A La Paz - sector Caracas 568 4799 / 568 9115 JAC barrio Las Lomas (Infraestructura y mejoramiento barrial - zonas verdes) Recuperación zonas verdes barrio Las Lomas Diagonal 42B No. 12 – 74 Sur 272 8035

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JAC barrio Luis López de Mesa (Mejoramiento barrial) Construcción de la cancha y parque ecológico y recreativo la Arenera Transv. 14C No. 32 - 09 Sur 366 2791 / 366 1350 JAC barrio Molinos II sector (Mejoramiento barrial) Alamedas Molinos II sector - Programas Obras con saldo pedagógico Avda. Guacamaya No. 3 - 38 Int. 1 Apto. 301 771 3159 / 334 0431 JAC barrio Olaya Herrera (Mejoramiento barrial) Rescate jurídico y físico del parque Olaya Herrera para la comunidad y su proyección cultural y deportiva Cra. 21 No. 22 - 92 Sur 239 0341 Plandepro (Medio ambiente - infraestructura y mejoramiento barrial - titulación y vivienda, educación, formación y cultura) Luna Ondulante Cra. 35 No. 17B – 05 Sur 727 5707/ 203 8841 San Cristóbal Asociación centro solidario barrio Ciudad de Londres (Infraestructura) Centro solidario Ciudad de Londres Calle 72 Sur No. 17-21 Este 310 4010 Asociación de artes y perfiles (Cultural) Mejoramiento de la calidad de vida del ser humano Cra. 5 No. 12 - 14 Sur Piso 3 367 0864 Asociación para el desarrollo comunitario Vitelma Viva (Educación, formación cultural) Desarrollo comunitario para la niñez, tercera edad Cra. 8B Este No. 9A – 70 Sur barrio Vitelma 246 6270 Asociación vecinos solidarios Avesol (Educación) Asociación vecinos solidarios Avesol Diagonal 34A Sur No. 2 - 27 Este barrio Atenas 206 3548

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Casa de la cultura y biblioteca comunitaria Quindío (Educación) Casa de la cultura y biblioteca comunitaria Quindío Cl. 54 Sur No. 16A - 14 Este 207 1972 / 367 0029 Consejo comunal urbanización Villa de los Alpes (Educación, formación y cultura) Biblioteca comunal con necesidad de ampliación del salón Calle 36 Sur No. 3 A – 15 293 0151/ 207 9014 Corporación promotora civico cultural suroriente (Educación) Biblioteca comunitaria Simón Bolívar Transv. 9 E # 30 - 27 Sur Apto. 304 Int. 16 362 2362 / 566 6435 / 207 2650 Escuela comunitaria de futbol Los Independientes (Cultural) Escuela comunitaria de futbol Los Independientes, el proyecto hacia el futuro Cl. 36D No. 1F - 10 Guacamayas 3 362 9968 Fundación En amor arte (Convivencia) Sensibilización y profundización de la violencia intrafamiliar Transv. 41A No. 38 - 41 Sur 255 0176 / 710 6499 / 563 4467 Huconeco (Medio ambiente) Escuela de gestores ecológicos hacia la utilización creativa del tiempo libre de los jóvenes Cra. 3B No. 32B - 39 Sur Villa de los Alpes 362 2714 / 334 3502 JAC barrio Buenos Aires (Educación, formación y cultura) Fortalecimiento y mejoramiento de servicios sociales básicos Transversal 3 No. 6 - 40 333 0977 JAC barrio Buenos Aires sur oriental de la localidad cuarta (Convivencia) Fortalecimiento y mejoramiento de los servicios sociales comunitarios y semilla de sensibilización y convivencia artística. Transv. Tercera No. 6 - 40 Sur 280 2822 / 333 6162 JAC barrio Guacamayas I sector (Medio ambiente) Recuperación de la zona verde y vía peatonal Carrera 1H No. 37B-04 Sur 367 0473

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JAC barrio Guacamayas III sector (Comunidad en general Jóvenes) Escuela comunitaria y deportiva los Independientes Cl. 37 Sur No. 1F – 10 362 0968 JAC barrio La Colmena (Educación) Proyecto recuperación zona verde y deportiva Diagonal 36A Sur No. 1 - 24 Este 362 8969 / 206 1271 JAC barrio La Sagrada Familia (Infraestructura y mejoramiento barrial) Construcción vías peatonales Cra. 10E No. 14 C – 36 Sur 280 0409 JAC barrio Los Alpes sector El Futuro (Infraestructura y mejoramiento barrial) Mejoramiento, recuperación y adecuación de los sitios públicos y comunales Alpes Futuro Cra. 12B Este No. 36 – 16 Sur 362 8938 / 367 9020 JAC barrio Los Alpes sector El Futuro (Mejoramiento barrial) Recuperación y mejoramiento del salón comunal Cra. 12B Este No. 36 - 16 sur 267 4915 JAC barrio Nueva Delhi (Educación y cultura) Construcción calle peatonal en escaleras Diagonal 60A Sur No. 14A- 27 Este JAC barrio Paseito III (Infraestructura y mejoramiento barrial - vías) Mi barrio con mucha lucha por un mejor futuro Cl. 42 Bis Sur No. 173 – 17 Este 560 8482 / 76 JAC barrio San Blas segundo sector (Medio ambiente) Refuerzo escolar y educación para menores Calle 26 Sur No. 6-22 Este No más a la inseguridad sí a la paz (Cultura) Biblioteca interactiva comunitaria Carrera 9A No 16 - 43 Sur. Barrio Sosiego Alto No más a la inseguridad sí a la paz (Infraestructura) No más a la inseguridad Carrera 9A No 16 - 43 Sur. Barrio Sosiego Alto

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Rincón club deportivo (Educación) Formación de personas a través del futbol Cl. 7A Sur No. 2 - 12 289 1212 Umpro (Educación) Gestión escolar participativa Cl. 46F Sur No. 14 - 19 Este 363 9960 - 207 2039 Asociación Juvenil “Club cultural siglo XXI” Biblioteca comunitaria San Rafael Cra.16A Este Calle 60 Sur esquina 362 2933 / 6218 / 9342 Casa de la cultura y biblioteca comunitaria Quindío Clle 54C Sur No. 16A - 14 Este 207 1972 / 367 0029 Fundación No más a la inseguridad No más a la inseguridad, Barrio Sosiego, Fucha Cra. 9 No. 15-35 Sur, Barrio Sosiego 239 9386 Santa Fé Asociación cultural colectivo teatral Luz de luna (Cultural) Luz de luna, una nueva alternativa de vida: el teatro en comunidad Cra. 1A No. 1D - 90 Barrio Atanasio Girardot 336 5117 Asociación gremial cívica Centro Internacional (Ingresos) Mi cuadra es una nota Asociación mujeres y madres abriendo caminos (Convivencia) Asociación mujeres y madres abriendo caminos Calle 1ª Sur No. 7 B - 27 Este B El Dorado 289 5641 Asociación para el desarrollo comunitario Los Vikingos (Ingresos) Festival de la chicha, el maíz y la dicha Carrera 7 No. 32 - 16 Oficina 602 245 0458 / 245 2808 Casa juvenil de la Perseverancia Ideas constructivas: participación, comunicación y cultura juvenil Cra 2C No. 32-61 342 8932

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Comité cívico calle 22 Comité cívico calle 22 Calle 22 No. 8 - 93 Of. 203 286 5056 / 342 9267 Comité cívico comunitario barrio Paz centro (Mejoramiento barrial) Desmarginalización, adecuación y mejoramiento del espacio público Cl. 23B No. 11 - 28 283 7632 Corporación colombiana de mujeres Programa por la vida y la esperanza Calle 3 No. 3 - 06 333 1145 Fundación creativa Taller (Convivencia) Santa Fe una nueva convivencia cultural Cra. 9 No. 22 - 58 Int. 103 243 3269 JAC barrio La Peña Sueño verde: Recuperación camino al santuario de Nuestra Señora de la Peña Calle 6A No. 13-47 Este 289 8955 JAC barrio Los Laches (Infraestructura y mejoramiento barrial parque) Parque infantil Los Laches Los Laches diagonal 5 Bis No. 9B-53 Este 333 2013 / 280 2205 JAC barrio Mirador centro (Infraestructura) Desarrollo barrial Calle 1 Bis D No. 2A-55 Este Suba Asociación comunitaria de servicios integrales- Orquidea (Medio ambiente) Generando pertenencia hacia lo verde y nuestro entorno Cra. 105C No. 129 B – 30 Aures 2 688 3302 Asociación comunitaria La Gaitana (Infraestructura) Asociación comunitaria La Gaitana Carrera 116B No. 136 - 15 Piso 2 689 3589

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Asociación de residentes de Teusacá Organización y participación de la comunidad para la convivencia en paz Tranv. 48 No. 101 A-26 624 2641 Asociación para el desarrollo comunitario "La esperanza de vivir" (Atención a niños) Atención a la población discapacitada Cra. 94 No. 127 A - 51 686 3534 Asociación vecinos: Rincón de Pontevedra Recuperación zonas verdes comunales, Pontevedra Calle 99A No. 58-48 271 9450 Casa de la cultura de la localidad de Suba (Cultural) Casas de la cultura de Suba Cra. 90 No. 144 - 48 692 4452 Club Juvenil Nemesis (Cultural) Organización juvenil Nemesis Cl. 55 Sur No. 29 - 86 / Cl. 125 No. 88 C - 30 565 0739 / 681 4891 Comité cívico Colina Campestre (Convivencia) Proyecto Interactuar Cl. 140 No. 53 A - 41 (402) 643 4668 / 271 3031 Consejo comunal del barrio Villa Delia Norte Salón Comunal barrio Villa Delia Norte Calle 164B No. 60-23 271 2756 / 674 2225 Cooperativa multiactiva unión residencial Helvetia (Medio ambiente) Colegio cooperativo Helvetia Carrera 138 No. 133 -03 536 8854 Corporación casa de la mujer de Suba (Mejoramiento barrial) Atención integral a la mujer de Suba Carrera 93 No. 143-50 687 8104 Corporación cultural visión juvenil Lisboa (Cultural) Corporación cultural visión juvenil Lisboa Diag. 124 No. 152 - 21 688 9029

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JAC barrio Carrera 50B Por una mejor calidad de vida comunitaria. Barrio Córdoba Niza. Carrera 50B No. 127 -21 Interior 18 253 8085 / 253 8607 JAC barrio El Salitre Readecuación salón comunal para guardería Calle 159 No. 91 - 14 683 1538 JAC barrio Guillermo Núñez (Infraestructura y mejoramiento barrial - espacio público) Hacia la construcción de un sueño colectivo a través de la integración y la convivencia Calle 120 No. 84 - 18 682 6632 JAC barrio Hunza (Infraestructura y mejoramiento barrial - vías) Recuperación vía Peatonal Cr. 85 No. 121 A - 54 538 8371 JAC barrio Los Ángeles (Mejoramiento barrial) Parque integral Los Angeles Cl. 69 No. 99 A - 30 430 2285 JAC barrio Miramar (Infraestructura) Construcción de salón comunal, redes de acueducto y energía Calle 126B No. 128 - 41 687 2406 JAC barrio San José de Bavaria (Medio ambiente) Servicio de patrulla para vigilancia Carrera 72 No. 172A - 35 671 1260 / 674 0131 JAC barrio Suba centro (Medio ambiente) Readecuación parque nueva Suba Carrera 90 No. 140 - 13 683 4952 / 692 2215 JAC barrio Tibabuyes y Atenas (Educación, formación y cultura) Academia de formación deportiva integral Nutibatenas Cra. 109A No. 119 - 29 / Cra. 110 No. 124A - 33 563 3040 / 687 1328

Corporación juvenil nueva vida Corporación juvenil nueva vida Cra. 132 No. 133-21 688 8280 Corporación para la Integración Comunitaria La Cometa (Mejoramiento barrial) Niños mediadores Carrera 95B No. 127A-19 681 1898 Cultiba (Generación de ingresos) Centro de producción audiovisual para el desarrollo de video y videoforo Cl. 134 No. 112B - 41 689 5519 Fundación Acción Juvenil (Convivencia) Sede administrativa Fundación Acción Juvenil Calle 172A No. 55 - 34 672 6225 - 677 3072 Fundación arte y cultura Santa Helena (Educación, formación y cultura - convivencia) Transformarte-Pintura y arte para los niños Cra. 40B No. 142A - 27 216 2069 / 216 1870 / 216 2069 Fundación grupo ecológico “Transformando” Hagamos de Villa del Prado una Villa de Leyva Cra 51 No. 173-15 672 9456 Fundación humedal La Conejera (Infraestructura) Defensa, recuperación y conservación del humedal La Conejera Carrera 121 No. 153-20 Apto 301 Compartir Fundación para la recuperación del Centro histórico de Suba (Mejoramiento barrial) Suba Centro histórico recobrando su identidad Avda. 91 NO. 134 - 62 682 5051 JAC barrio Aures 1, Recuperación y adecuación de un pulmón más para Bogotá, SubaCalle 130 No. 101A-03, Aures 1, Suba 680 0041

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Fundación para el desarrollo comunitario acción 13 (Generación de ingresos) Programa de vendedores ambulantes de Teusaquillo Cra. 27 A No. 53 – 06 Oficina 403 barrio Galerías 211 5565 / 211 5918 Grupo eventos sociales parroquia Madre del Salvador (Niños) Grupo eventos sociales Calle 49A No. 27A - 24 255 3212 / 211 2424 Reparación y recuperación del Salón Comunal (Mejoramiento barrial) JAC Acevedo Tejada Cra. 35 No. 30 - 23 / Cra 35 No. 27A-16 Barrio Acevedo Tejada 244 1470 Tunjuelito

JAC barrio Tuna Alta sector El Rosal (Convivencia) Abuelos en acción Cra. 88 No. 152 - 42 682 5105 JAC barrio Urbanización Lombardía I y II etapa (Mejoramiento barrial) Adoquinar vías y parqueaderos del barrio Cra. 110A No. 142A - 51 688 6929 JAC barrio Villa Cristina Plan de desarrollo integral barrio Villa Cristina Cra 99B No. 93-48 433 1455 Jornada alterna “Mi casita” Jornada alterna “Mi casita”, Rincón de Suba Transv. 38 No. 101-26 (Apto 201) 256 4079 Organización Paulo Freire acción comunal, Fundación Elton Mayo (Educación) Orientación Integral Villa Hermosa "Parche y Orbita" como forjadores de comunidades Calle 157 No. 100 - 20 684 7826 / 538 2497 Subcomité arborización JAC Niza Vieja (Medio ambiente) Proceso de arborización del parque humedal de Niza Vieja Calle 118 No. 53 A - 48 253 0492 / 617 7217

Corporación ambiental SIE (Medio ambiente) Desde Tejar Ontario Lc. 6- Cuenca Río Tunjuelito para el Sur de Bogotá Cl. 56 A Sur 27 - 75 Av. Boyacá 270 8649 - 230 7029 Fundación cultural El contrabajo (Infraestructura) Procesos colectivos para la recuperación de espacios públicos Carrera 62 No. 62 -20 Sur Isla del Sol - Tunjuelito 728 7025 JAC barrio Santa Lucía Sur Por un encuentro generacional feliz, Santa Lucía Sur Calle 47 No. 18B-29 Sur 760 8000 JAC barrio Villa Ximena (Mejoramiento barrial) Legalización de una invasión hoy barrio Villa Ximena Cra. 29A No. 56A - 03 SUR 724 3653 Usaquén

Sumapaz JAC barrio Nazareth (Medio ambiente) Manejo integrado de basuras y dotación Corregimiento de Nazareth 918 480916 Teusaquillo Colectivo hombres y masculinidades (Convivencia) Fortalecimiento emocional Avda. Caracas No. 51 - 53 Apto. 104 573 5845 / 235 5692 / 5671973 Fundación artes siglo XXI Imago (Cultural) Fundación Imago Cra. 22 No. 36 - 63 Of. 201 337 9961 / Cel: 33390631

Asociación de residentes de Santa Ana oriental ARSA (Infraestructura) Hacer de Santa Ana oriental el barrio modelo de Bogotá Diagonal 108 No. 1 - 61 213 4034 / 213 2113 Asociación de vecinos ASOC114 (Niños) ASOC114. Vecinos calles 114 y 114A Transversal 30 No. 114-60 Apto 503 637 0482 / 95

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Asociación prodefensa del niño (Educación, formación y cultura) Disminución del maltrato infantil y la violencia intrafamiliar Transv. 6 # 163 – 58 barrio Santa Cecilia Norte 672 6375 Escuela recreodeportiva Sueños 2000 (Cultural) Trabajar para la comunidad del sectores marginados Cl. 190A No. 23B - 29 674 9493 Fundación Manuela Villamizar (Medio ambiente - generación de ingresos) La basura fuente de vida Avda. 9 No. 182 - 01 669 6982 Fundación Manuela Villamizar (Vivienda) Recolección y recuperación del plástico en la localidad de Usaquén Avenida 9 No. 182 - 01 669 6481 / 82 JAC barrio Alfonso Araújo (Infraestructura) Colegio comunitario fundación La Paz Carrera 20 Bis A No. 164-09 JAC barrio Buenavista II sector. Adecuación segundo piso salón comunal y construcción obras. Cra 26 Bis No. 191 -62 674 9542 / 674 8612 Vishwa nirmala dharma religión pura universal (Convivencia) Sahaja yoga Diagonal 110 No. 19 - 15 215 7274 Corporación de residentes de Usaquén Recuperación residencial y patrimonial de un mpo. conurbado de Bogotá, Usaquén Cra. 6 No. 117-07 (501) 214 0929 Corporación Ser y Servir Pensadores. Cerros nororientales, barrio Arauquita Cra. 31A No. 191-78 672 6395 / 677 7312 JAC barrio Horizontes Construcción de vías peatonales con saldo pedagógico Cra. 25 No. 185-03 679 3710

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Usme Acoprusme (Infraestructura y mejoramiento barrial) Porque Bogotá también es rural Cra. 30 A No. 23 A - 67 368 2433 / 639 2094 / 292 0059 / 411 3363 Centro Fe y Alegría Santa Librada (No clasifica) Centro de expresión cultural y formación juvenil e infantil CEC Cra. 1a Este 75 - 26 Sur 768 4043 Comité cívico barrio El Virrey (Infraestructura) Pavimento Vía Carrera 2A Bis Este No. 93B - sur 761 7985/ 769 7354 Comité peatonal manzanas 46 – 47 (Mejoramiento barrial) Embellecimiento e integración comunitaria Carrera 45A Este No. 89 - 49 Sur. Interior 1 767 0787 / 033 254 3721 Coopbaus Cooperativa de servicios públicos de los barrios altos de Usme (Mejoramiento barrial) Acueducto Altos de Yomasa Cl. 56 Sur No. 5D - 70 769 2364 / 720 8113 / 2070983 Corporación ediciones Henser (Formación ciudadana) Carpa escuela de formación cultural Carrera 47 Este No. 81 - 14 Sur 761 4597 Fundación asociación social y familiar FSF Obra social María (Convivencia) Red social vía oriente Cr. 72 No. 11 - 41 310 0874 / 255 7796 Fundación Numalberto por la paz de Colombia (Cultural) Creación institución para el desarrollo vital de la zona Transv. 3 C No. 77A - 58 Int. 2 Barrio Reina Isabel Terrazas 768 1744 / 200 5520 Fundación Sula (Medio ambiente) La juventud y la recuperación de su relación hombrenaturaleza: clubes juveniles Calle 91 Sur No. 50-06, 2do. piso 761 5270, beeper 761 5270, Cod.85128

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Integración cultural zona 5. Unión temporal (Educación, formación y cultura) Escuela artística de formación en cultura barrio en el umbral Calle 72B Bis A No. 5 – 53 768 6445 JAC barrio Betania (Infraestructura) Construcción y organización de la escuela CED Betania Calle 82 Sur No. 44 - 13 Este JAC barrio Lorenzo Alcantuz (Comunicaciones) Pavimentación de la calle que conduce al puesto de salud Calle 103A No. 51-21 Este 763 2210 JAC barrio Monteblanco (Infraestructura y mejoramiento barrial - vías) Vías peatonales Monteblanco Calle 94A sur #0-87 200 2656 JAC barrio Reina Isabel y Terrazas de Santa Librada (Medio ambiente) Vida verde para una esperanza Diagonal 78 Sur No. 3B - 02 Int. 2 762 9146 - 270 4241 JAC barrio Salazar Salazar (Niños) Mejoramiento de vivienda y entorno Carrera 35 No. 17B - 05 Sur JAC barrio Tenerife (Educación, formación y cultura) Grupo la tercera edad Años maravillosos Cl. 91B Sur No. 0 – 60 200 3412 / 200 1518

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JAC barrio Usme centro (Medio ambiente) Recuperación y mantenimiento de quebrada la Tasa Usme centro Carrera 5 No. 8-90/92 766 0646 JAC Urbanización La Aurora primer sector Recuperación de zonas verdes, espacios recredeportivos y construcción de pista de patinaje. Obras con saldo pedagógico Calle 70 Bis Sur No. 2B-24 200 2812 Peatonal manzana 21 (Rehabilitación) Peatonal manzana 21 Diagonal 90C Sur No. 43 - 26 Este Interior 1 Asociación sociocultural integración juvenil Programa ocupacional de juventud Cra. 45 Este No. 87-49 Sur, barrio Almirante Padilla 762 8697 Asociación democrática galanista suprapartidista (Educación) Universidad del Sur Unisur - Unad Cra. 24C No. 19 - 18 Sur 239 0058 Corporación amigos de la plazuela 43 (Salud) Salud 43 Cl. 43 No. 8 - 98 of. 407 232 3141

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Bogotá, un esfuerzo de todos Premio Cívico "Por una Bogotá mejor" 1.998 – 2.001  

Compila las experiencias ganadoras del Premio Cívico "Por una Bogotá mejor" de los años 1998 y 2001.

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