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Reportaje LaMov

Volver a la

esencia Una llamada de teléfono y un proyecto puntual para la Expo de Zaragoza cambiaron el rumbo profesional de Víctor Jiménez, un bailarín de la cantera de Víctor Ullate con una brillante carrera junto a Maurice Béjart y en el Ballet de la Ópera de Lyon. El destino lo trajo de vuelta a España y hoy, tres años después, dirige, coreografía y baila en LaMov, una compañía pequeña, honesta y sin pretensiones con un objetivo claro: recuperar la esencia. POR ANABEL POVEDA

© ALBERTO RODRIGÁLVAREZ

Payasos divinos.

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Reportaje

© MIKEL PICABEA

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La Cenicienta.

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orría el año 2008 cuando una llamada de teléfono inesperada trastocó los planes de Víctor Jiménez. En aquel momento, el Bailarín Principal del Ballet de Lyon pensaba terminar su carrera en Francia, acceder al Grado Superior de Danza y reciclarse en algún conservatorio o Maison de la Danse en el país vecino. No se podía imaginar que aquella propuesta puntual para coreografiar una versión de El Trovador, en la Expo de Zaragoza, se iba a convertir en su proyecto de vida. Amigo de los retos y con fechas disponibles, Víctor se involucró en el proyecto y seleccionó a once bailarines que, junto a él, conformarían el germen de lo que hoy conocemos como LaMov. La primera producción fue todo un éxito y el empresario que había apostado por el proyecto le propuso quedarse en Zaragoza para darle continuidad a la compañía. Durante un año giraron con un programa específico titulado Con nuestro cuerpo, hasta que se toparon de golpe con la crisis y con la

falta de recursos. De doce bailarines tuvieron que reducir a cinco y la gente empezó a abandonar el barco, algo habitual cuando escasean los recursos económicos. Incapaz de asumir el gasto de la compañía, el inversor le propuso a Víctor asociarse para mantener vivo el proyecto y así se transformó de director en empresario. Prudentes y conscientes de que no es el mejor momento para hacer grandes gastos, avanzan muy poco a poco con una compañía compuesta por siete bailarines. Víctor confiesa que reducir el número les ha permitido abaratar los costes, sin mermar la calidad de las propuestas artísticas. “La compañía ha salido adelante a fuerza de tesón y por la cabezonería de esta persona que creyó en mí desde el principio. También gracias al empeño de mis bailarines, que están muy involucrados en el proyecto”. Tres años de trabajo han dado sus frutos y desde hace unos meses LaMov es compañía residente del Ayuntamiento de

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Reportaje LaMov Víctor Jiménez en su etapa con Béjart. La Cenicienta.

La Cenicienta.

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La Cenicienta.


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Zaragoza. Comparten la sede, antiguo hogar del Ballet de Zaragoza, con Miguel Ángel Berna, con los alumnos del Conservatorio Superior de Danza y con compañías que acceden a las aulas para montar sus producciones. Víctor cree que “algo empieza a moverse de nuevo en cuestiones de danza por ahí arriba… Todo muy despacito a nivel económico, porque es un momento difícil, pero bueno, estos negocios culturales, como yo los llamo, tienen que existir. Son necesarios, la cultura es esencial, no podemos prescindir de ella así como así…”. La subvención del Ayuntamiento les ha dado tranquilidad y la posibilidad de hacer contratos de un año a los bailarines, así como de mejorar un poco sus condiciones salariales. De cara a las próximas temporadas sólo se plantea que LaMov siga siendo viable y aumentar un bailarín cada año, hasta llegar a diez. Despacito y con buena letra Poco dado a tirar cohetes y a presentarse como el bailarín estrella que triunfó fuera de nuestras fronteras, se mueve entre la cautela y la discreción. El movimiento ha marcado su vida y de ahí el nombre de su compañía… LaMov, un grupo vivo, fresco, transgresor y actual que transita por distintos registros, del neoclásico de líneas, hasta el contemporáneo más actual, sin poner límites a los lenguajes de la danza. Trabajador incansable, “currante de la danza”, ve con satisfacción que en Zaragoza han conseguido un público fiel que las navidades pasadas llenó el Teatro Principal para ver su versión de La Cenicienta. Es el reconocimiento a un trabajo de calidad que este año podrá verse en diversas redes del territorio nacional. Tienen cerradas más de veinte actuaciones hasta el mes de abril y pasarán por Bilbao, Barcelona, Alicante y Madrid con su propuesta. Víctor tiene claro que este año han dado “un salto cualitativo” y reconoce que la versatilidad de sus bailarines y su entrega total han tenido mucho que ver en ello. Nunca ha pretendido una repercusión nacional, sin haberse asentado antes en Zaragoza, pero cree que ahora sí están preparados para bailar por toda España.

Carretera y manta Director, bailarín, coreógrafo, empresario y hasta conductor de furgoneta… no se le caen los anillos al enumerar sus tareas al frente de LaMov. “Mira yo lo pienso y el gran Antonio Ruiz ya tenía su compañía así… se recorría España, soltaba a sus bailarines en Málaga y decía, venga, buscaros una pensión que mañana venimos aquí a bailar. Y Maurice Béjart se recorrió así nuestro país… así que yo he pensado que lo mismo hay que retroceder en los modelos y volver a lo primigenio en todo, en la danza también. Hay que calmarse un poco y retomar esa esencia del movimiento y esa estética de la danza, esa belleza tan pura y lineal que tiene y que estamos perdiendo. Nos hemos ido a algo muy conceptual que puede estar muy bien, pero hay que volver al principio, como las compañías que iban en un carromato y se ponían en la plaza del pueblo para ganarse el público y el pan…”. Hasta hoy, con teatros llenos o con quince personas en el patio de butacas… considera que todo el mundo tiene derecho a que le acerquen el arte, aunque para el ego de los bailarines sea más cómodo hacerlo ante un patio de butacas repleto de público. De esa audiencia le llegan vibraciones positivas que le animan a seguir adelante. “Yo creo que encuentran algo hecho con muchas ganas, con mucha claridad y con honestidad. Somos un grupo muy sencillo, que no simple, muy verdadero, nada pretencioso. Yo tengo el chip de empezar, de volver al principio de todo. Ni grandes decorados, ni grandes despropósitos

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como se ven en el mundo de la danza… En una época de opulencia te puedes permitir el lujo de provocar al público, pero yo creo que ahora hay que volver al objetivo de evadirles, entretenerles, divertirles, hacerles soñar, llorar, con esos sentimientos tan básicos y tan importantes”. Entretenimiento, sueño, imágenes oníricas y un imaginario infantil muy reconocible es lo que encuentra el público en La Cenicienta, una versión innovadora y moderna del cuento que les está dando muchas satisfacciones, y que les ha obligado a agudizar el ingenio a la hora de organizar la producción. “En La Cenicienta ha primado el concepto de reciclaje. Hemos reutilizado tutús del Ballet de Zaragoza, el pintor de la escenografía nos cedió un caballito de tiovivo, una tienda de muebles nos prestó un sofá… hemos logrado un espectáculo sostenible. Con elementos tan sutiles como la luz de una vela, o una bicicleta, se ha alcanzado una calidad artística muy notable… estamos muy contentos”. Dos por uno El proyecto más inmediato de LaMov es estrenar, los próximos días 28, 29, 30 y 31 de abril, en el Teatro Principal de Zaragoza, Dos, un programa doble con coreografía de Víctor Jiménez y Francisco Lorenzo, bailarín de la Compañía Nacional de Danza. Ya que el presupuesto no daba para contar con una pieza de Nacho Duato, su discípulo está montando una coreografía muy en la línea del ex director de la CND. Es un homenaje a Duato y a Béjart donde el público va a ver bailar “mucho y bien”. Adaptarse a la energía y a la técnica de Lorenzo está suponiendo todo un reto para los bailarines de LaMov, que disfrutan cambiando de registro, aunque lo sufran en forma de agujetas. Si ambos han mamado de dos genios de la coreografía, “¿por qué no aprovecharlo para poner en marcha un proyecto que cuenta con el reclamo de dos nombres imprescindibles dentro de la danza?”. Para Víctor, haber podido disfrutar de la sabiduría de Maurice Béjart es algo impagable. El Maestro, persona extremadamente sensible, conversadora y artista, sabía inculcar a sus bailarines el gusto por la música, la pintura, la literatura y las artes en general, obligándoles a bailar con los cinco sentidos. Emocionado, reconoce tenerle muy presente en cosas y situaciones cotidianas. Luchar, luchar, luchar Si algo tiene claro Víctor Jiménez es que no va a parar de luchar por su compañía, cueste lo que cueste. No añora esa etapa tan distinta en la que sólo tenía que preocuparse por bailar… confiesa que cuando eres director “te vas a casa y estás solo”, pero no echa de menos esa vida más sencilla del bailarín porque dice haber terminado “muy usado y muy cansado”. Ahora el agotamiento es más mental que físico, con muchas decisiones importantes que tomar al cabo del día, pero no lo cambia por nada. Nunca pensó que fuera capaz de hacer tantas cosas y está contento del camino que lleva… Sobre el eterno tema de la escasez de ayudas y subvenciones, prefiere no llorar, aunque sí reivindica que algunas compañías están muy acomodadas, no dejando paso a gente nueva que desea presentar su trabajo. Habla de una especie de “tapón” que impide a las jóvenes formaciones acceder a las ayudas, porque “el pastel está muy repartido y nadie quiere soltar su porción”. A pesar de todo, al futuro le pide afianzar la compañía en Zaragoza ofreciendo una propuesta fuerte, innovadora y transgresora, más en la filosofía que en las propuestas artísticas. “Si tengo que soñar, me gustaría que se nos reconociera por la actitud del grupo, que sea una compañía que tenga tanto carisma y tantas ganas de bailar, que llamemos la atención por eso”. p

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