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LA UNIDAD DE COMBATE PÖPUJEDI SE DISPONE A ATERRIZAR.

o ha habido manera. Por más que lo he intentado de nada ha servido. Ni viviendo como un monje durante meses –años, en mi caso- he sido capaz de lograrlo. El plan, claro que sí, consistía en atravesar los States de costa a costa; pero, a diferencia del comando Popular 1, con el fin de acortar un poco el viaje, en mi caso se alternarían etapas por carretera con trayectos por aire. Compréndelo, 40 días son demasiadas vacaciones incluso para un futuro funcionario de la enseñanza como yo. Sin embargo, este objetivo, el sueño húmedo que todo popuhead persigue cumplir como mínimo una vez en la vida, de momento se ha visto frustrado ante la escasez de liquidez. Y es que ya te puedes imaginar lo caro que resulta hacer algo así… Sobretodo cuando a la expedición no se apunta ninguno de tus colegas (lo que imposibilita repartir los gastos de carburante y alojamiento), y, encima, tienes que costearle el pasaje y la estancia a tu acompañante si no quieres emprender la aventura tú solito... No obstante, todo el esfuerzo y sacrificio empleados en el intento por amasar esa pequeña fortuna no acabaron en saco roto. Me quedaría sin cruzar territorio comanche en una motor-home, pero en su lugar viviría una semana en la ciudad de los rascacielos, una opción mucho más modesta pero no menos estimulante. Y es que no hay nada como despertar cada mañana en la ciudad que nunca duerme (y que no siempre te deja dormir). •

TEXTO: PÖPUJEDI FOTOS: PÖPUJEDI


Casualmente, unos días antes de enzarzarme en la planificación del viaje, el Popu publicó “24 horas en NYC”, un reportaje a modo de diario en el que César Martín relata lo que es capaz de dar de sí la ciudad en una sola jornada. Por descontado, algunos de los enclaves que allí se citan acabaron figurando en mi propio plan de ruta; no lo hicieron, en cambio, aquéllos vinculados al jazz, el folk, o las tiendas de disfraces, ni todos esos viejos edificios -hoy día derribados- que en el reportaje se nombran. En su lugar, añadí direcciones ligadas al mundo de los súperhéroes, los psycho-killers y las series de televisión, intereses mucho más afines a mis gustos personales que Charlie Parker, Bob Dylan o las jodidas pelucas. Además de Popular 1 (el especial “On Tour USA” del número 291 también me fue de gran ayuda) las fuentes consultadas para confeccionar mi itinerario fueron webs, blogs, y libros y revistas de mi colección privada, amén de unas cuantas guías turísticas (!). Sí, puede sonar extraño, pero, créeme, algunas de esas guías (sobretodo Lonely Planet y Time Out) contienen en sus páginas abundantes direcciones de interés cinéfilo y rockero. Aunque, a decir verdad, toda esa información me hubiese servido de poco de no ser por un dato que hallé en la guía Trotamundos; un dato que, definitivamente, hizo posible que el viaje no diese al traste al poco de iniciarse. En un momento te lo cuento con detalle. Pero, antes de entrar en materia, nos pondremos en situación al más puro estilo Jack Bauer en “24”: “la siguiente historia tuvo lugar en New York City, entre las 7 de la mañana del día 25 de enero y las 3 de la tarde del día 2 de febrero”. Año del Señor, añado yo, 2010.

ME GUSTARÍA PODER DECIR QUE ESTUVE ALLÍ, PERO ESTAS TRES FOTOS PERTENECEN A LA WEB WWW.BROOKLYNVEGAN. COM.

LUNES 25

Todo hacía presagiar en la mañana de ese lunes que NYC me tendría reservado un agradable recibimiento. Ni más ni menos que ¡un concierto de Cheap Trick! Y no es que ahora me confiese su fan número uno, pero los ‘Trick son una de las pocas bandas de Rock que he conseguido que mi novia (y compañera inseparable en este viaje) soporte sin pedirme que baje el volumen del reproductor. Aunque supongo que el mérito de ese logro hay que atribuírselo por entero al hecho de haber cedido un par de temas (“Surrender” y “Dream Police”) al videojuego Guitar-Hero (saga a la que mi chica es aficionada). Reconocimientos aparte, la idea de llevarme al oído las fantásticas melodías de todos los hits de sus primeros discos (sin despreciar los pertenecientes a sus dos últimas obras) implicaba una dosis de placer que no quería dejar correr. La hora prevista de mi llegada era de alrededor las cuatro de la tarde, a las que, sumando el tiempo de recogida del equipaje y el desplazamiento hasta el hotel, me situaría, a más tardar, no pasadas las ocho. Tiempo de sobra, por lo tanto, para coger un taxi hasta The Fillmore at Irving Plaza, el recinto en el que a partir de las ocho y media tendría lugar el doble concierto; y digo doble

HASTA LA PRÓXIMA, MUCHACHOS. QUIZÁS EN OTRA OCASIÓN…

porque, además de los de Chicago, el cartel incluía como teloneros a la pareja formada por Jason Falkner y Roger Joseph Manning Jr, ambos muy queridos en el Popu gracias a sus años de militancia en Jellyfish (una banda que, personalmente, no me dice nada, y cuya actuación, siendo franco, no me importaba lo más mínimo). Pero, con lo que no contaba era que, tras más de doce horas de vuelo, el temporal que asolaba en el Aeropuerto Internacional JFK obligaría a desviar el rumbo del aparato trescientos kilómetros hacia el norte, concretamente hasta Boston, donde se tomó tierra a la espera de que las condiciones climatológicas sobre New York permitiesen un aterrizaje libre de incidentes. Sin una triste película para distraer al pasaje, en el ya incómodo asiento de la cabina se hubo que permanecer unas cuantas horas más, sin noticias desde la torre de control e imaginándome lo peor: pasar la noche en una sala de la terminal, como Tom Hanks en el film de Spielberg. Por suerte, tras la agotadora espera emprendimos el regreso hacia nuestro destino inicial. Treinta minutos después, la accidentada travesía llegaba a su fin dejando un balance de más de tres horas de retraso sobre el horario programado. La posibilidad de ver a Cheap Trick, pues, se iba al garete. Bien, la posibilidad de ver a Cheap Trick, y la de ver a Zakk Wylde, quien también actuaba a la misma hora en otro punto de la ciudad. El ahora ex-guitarrista de Ozzy Osbourne ofrecía un show especial de tributo a Les Paul en el Iridium Jazz Club, y aunque no niego lo interesante de la cita, una actuación tan intimista como ésa (a Zakk le acompañarían algunos de los músicos de la banda del mítico guitarrista) no entraba en mis planes como primera opción (ese honor lo ocupaban Nielsen, Zander, Carlos y Petersson). Afortunadamente, por lo que pudiera pasar, tuve la prudencia de no comprar los tickets de forma anticipada; aunque, a decir verdad, ése hubiese sido el menor de mis problemas. Mucho más grave fue lo que estuvo a punto de sucederme a los pocos minutos de desembarcar del avión... ¡Virgen Santa, de la que me libré! Aquello sí hubiese tenido consecuencias fatídicas. Y es que, tal como he mencionado en la columna de la izquierda, gracias a la guía Trotamundos me zafé de un percance que podría haber tirado el viaje por la borda justo nada más comenzar. El caso es que, y esto es algo que muy poca gente sabe –así que atención-, uno de los motivos por los que un agente de inmigración puede denegar la entrada a un extranjero, es que éste se halle en situación de desempleo, una circunstancia en la que en ese momento me encontraba. Por fortuna, en los días previos a cruzar el charco, no sólo me empapé a fondo las páginas de la guía turística que recopilan los nombres de bares y locales nocturnos, sino que tuve a bien echarle un ojo a la sección “Consejos”, donde recogí esa preciada advertencia. Preciada, y providencial,


porque en ninguna otra guía que pasó por mis manos se alude a ese requisito (insalvable si te pilla con la guardia baja). Por suerte quien esto suscribe iba preparado, y aunque la posibilidad de ser interrogado por el agente acerca de mi situación laboral era remota, más me valía ensayar una mentira que sonase firme y libre de sospechas. Y bien por mí que así lo hice, pues, ¡bingo!, el funcionario latino que me atendió no medió más de dos frases conmigo hasta que me soltó a bocajarro la inquisitoria pregunta: “¿En qué trabaja usted?”. “Soy profesor” le dije. “¿De qué?”, inquirió él. “De matemáticas. En un instituto de secundaria”. Este último dato no venía a cuento, pero qué demonios, había que darle veracidad al asunto (aunque dudo que el tipo entiendese qué significaba “instituto de secundaria”, un término muy alejado del “high school” que ellos utilizan). Y dicho esto, el guardia estampó su sello en mi pasaporte permitiéndome así el franqueo a la salida del aeropuerto. Por suerte, hasta el momento a nadie se le ha ocurrido instalar polígrafos en las cabinas de aduanas, de lo contrario no me hubiese salvado ni Cristo Redentor… Ya en la parada de taxis, tanto mi pareja como yo mismo no cabíamos en nuestro asombro. Al contrario que a mí, a ella no le habían preguntado cuál era su ocupación, así que no pudimos más que reírnos de mi mala sombra y celebrar que soy un mentiroso muy convincente. No era para menos: acabábamos de librarnos de la deportación. Hubiese sido terrible tener que regresar a Barcelona con la miel en los labios. A la llegada al hotel, y tras el check-in de rigor, las manecillas del reloj sobrepasaban de largo las nueve de la noche; pero, aunque el agotamiento era más que considerable y las bajas temperaturas que reinaban en el exterior no invitaban precisamente a vagar por las calles, la excitación del momento (y sobretodo el hambre, no en vano llevábamos más de siete horas sin probar bocado) nos empujó a tomar la ciudad por asalto. Por cierto, el hotel que me alojaría en los siguientes días fue el Wellington, un imponente establecimiento de clase turista que acogió a la banda femenina The Go-Go’s en 1981, durante la grabación de su debut “The Beauty and the Beat”. Situado a un par de manzanas de Central Park y a menos de quince minutos andando al norte de Times Square, el Wellington es, hablando en plata, cutre y viejo de cojones (en España no tendría más de dos estrellas), pero su privilegiada ubicación y su proximidad a una boca de metro suple sobradamente sus carencias. Es lo que tiene Manhattan: la oferta hotelera es muy cara, por lo que no queda más remedio que olvidarse del lujo y el alto standing y resignarse a niveles de limpieza y confort de lo más ajustados. Hecho este inciso, y retomando el hilo del relato, nuestro paseo nocturno nos llevó a través de la Sexta Avenida hasta la marquesina del Radio City Music Hall, mítico enclave del showbizz neoyorkino cuya programación para esa semana no casaba lo más mínimo con mis apetencias musicales; y de allí, hasta la resplandeciente Times Square y la no menos centelleante calle 42. Para mi compañera, que no había pisado antes estas calles, el shock fue tremendo. ¡Increíble primera toma de contacto, desde luego! Y debo admitir que no era la única persona visiblemente emocionada. Yo mismo me hallaba en un estado de agitación incontenible

que, durante más de una hora, hizo que se me olvidase el vacío que atenazaba mis tripas. Así, antes de una frugal cena en un McDonald's (¡qué le voy a hacer! a mi chica –experta en nutrición- se le antojó una McPollo), nuestros pasos nos condujeron hasta la polémica valla publicitaria de Weatherproof, una reconocida firma de ropa que, aprovechando que Barack Obama lució una de sus chaquetas en su primera visita oficial a China, ha convertido (en contra de su voluntad) al presidente afroamericano en modelo de excepción y “líder en estilo”. Al parecer, el anuncio se colocó el pasado 6 de enero, pero, pese a las acciones legales emprendidas por la Casa Blanca para retirarla, tres semanas después todavía seguía expuesta (y, quién sabe, es probable que aún continúe allí). Sin embargo, lo cachondo de este asunto es que, justo en el edificio de al lado, la cadena AMC ha emplazado la publicidad de la tercera temporada de “Breaking Bad”, y lo ha hecho dándole la réplica a Obama, con una valla muy similar en la que puede verse al actor Bryan Cranston, la estrella de la teleserie, enfundado en una chaqueta parecida a la del mandatario, con la Gran Muralla china como telón de fondo, y una ligera modificación en el slogan publicitario utilizado por Weatherproof, cambiando la palabra “leader” por “dealer” (en clara alusión a las actividades delictivas que lleva a cabo el protagonista de la serie). Una parodia genial e irreverente a partes iguales, en definitiva. Por cierto, en el momento de escribir estas líneas he tenido ocasión de ver el primer episodio de esta tercera temporada, y debo decir que todo apunta a una nueva tanda de gloriosos capítulos. Siguiendo con las series de TV, y a pesar de que el anuncio de “Breaking Bad” ha debido tener un impacto mediático considerable, las dos series que acaparaban toda la atención publicitaria en ese momento eran “Spartacus: Blood and Sand” y “Human Target”. Y no exagero si digo que, junto al cartel de “Edge of Darkness”, el nuevo (y recomendable) film protagonizado por Mel Gibson, media ciudad estaba cubierta con anuncios de esas dos propuestas televisivas. De ambas sólo he podido ver sus dos primeros capítulos, pero creo que no me precipito al afirmar que “Spartacus” la supera en todos los aspectos. Con producción de Sam Raimi, la serie se centra en un grupo de gladiadores de la Antigua Roma, y a la estética propia de la película “300” hay que sumarle sus atrevidas escenas de sexo (con desnudos frontales tanto masculinos como femeninos) y unas secuencias de lucha rebosantes de sangre y gore como sólo del firmante de la trilogía “Evil Dead” se puede esperar. En cuanto a “Human Target”, es la adaptación de un cómic cuyo protagonista, un rudo –y atractivo- guardaespaldas de tendencias suicidas, resuelve los casos que le encomiendan en la más pura tradición de la saga

ARRIBA:

EJEMPLO DE PUBLICIDAD ENGAÑOSA. ABAJO: LA PUBLICIDAD DANDO (MAL) EJEMPLO (PERO SIN ENGAÑOS).

LA SERIE DEL MOMENTO EN USA. SANGRE Y ARENA, PERO SIN VALENTINO

DE TORERO.


CONVERTIDO EN UNA CELEBRIDAD (A COSTA DE HACER EL PAYASO EN TV), EL MADMAN SIGUE EXPRIMIENDO LA GALLINA DE HUEVOS DE ORO CON LA QUE PROMETE SER SU BIOGRAFÍA DEFINITIVA.

EN ESTA ESCALINATA, Y DURANTE CINCO MINUTOS, TOM MORELLO Y SUS CAMARADAS COMBATIERON (SIN ÉXITO, PERO SIN BAJAS) AL PODER ESTABLECIDO. LA BATALLA CONTRA EL SISTEMA - DESDE EL CORAZÓN DEL SISTEMA - NUNCA FUE TAN BREVE.

“Misión: Imposible”. Acción trepidante y hostias a tutiplén en un producto de elevado presupuesto (con cameo incluído de Danny Glover) cuyo segundo capítulo está lejos de igualar el nivel de su efectivo episodio piloto. Esperaré a ver un par más de capítulos antes de decidir si la sigo o no, aunque las opiniones vertidas en la Red no le son demasiado favorables. Y bien, no quiero finiquitar este primer día sin antes detenerme en la realidad que se vive en la zona de Times Square y la calle 42 en cuanto cae la noche. Y es que, pese al espectáculo de luces y neones, no es oro todo lo que reluce. Ni muchísimo menos. El caso es que, durante los intensos minutos que pasamos en los aledaños de Times Square, tuvimos contacto con varios mendigos y algún que otro buscavidas de los bajos fondos. El primero se nos acercó en el McDonald's mientras engullíamos nuestra cena, instándonos a que les comprásemos un ejemplar de la versión yankee de La Farola (“el periódico que da pan y techo”, según reza su lema); el siguiente nos abordó mientras esperábamos a que un semáforo nos diese paso, pidiéndonos limosna mientras canturreaba, con una inquietante sonrisa de psicópata en los labios, una pegadiza canción; y el último se limitó a pasar de largo a nuestro lado, arrastrando un carrito de supermercado lleno de cachivaches. Y entre unos y otros, un camello apoyado en la verja de una tienda de souvenirs no dudó en ofrecerme su mercancía. Al final todos resultaron ser inofensivos, pero por un momento me vinieron a la cabeza todas esas voces que

se han pronunciado en los últimos años asegurando que la administración del alcalde Giuliani consiguió limpiar la calle 42 y sus inmediaciones. Bien, pues visto lo visto, debo decir que dejaron la tarea a medias.

MARTES 26

El día no pudo comenzar peor. El puto jet lag se ensañó de lo lindo con mi reloj interno, provocando que a las cinco de la mañana ya estuviese despierto. Madre mía... ¡hacía años que no madrugaba tanto! Por si no fuera suficiente, las sirenas y el ruido del tráfico procedente de la calle (y la música del hotel de enfrente, que la emitía a todas horas desde su vestíbulo) me impedía retomar el sueño. Bien, la próxima vez será cuestión de pedir una habitación en la decimoséptima planta y no en la sexta. Total, que no me quedó más remedio que esperar hasta que el despertador sonase a las ocho y se levantase mi chica para volver a ponerme en movimiento de nuevo. El plan previsto para iniciar la jornada consistía en adentrarse en el distrito financiero, a mi parecer la zona más impersonal de la ciudad, pero, dado que para mi compañera de viaje todo era nuevo, era de vital importancia para ella recorrer todos y cada uno de los puntos de interés turístico que las guías de viajes recomiendan no perderse. Okey, no problem. Aunque es un engorro tener que pasar los controles de seguridad que hay en la mayoría de esos lugares (con la correspondiente pérdida de tiempo), siempre es un placer contemplar la ciudad desde lo alto del mirador del Empire State Building, perderse por los pasillos del Museo de Historia Natural, o admirar la impresionante colección de armaduras que atesora el Metropolitan Museum. Pero antes de ponerme en marcha le eché una ojeada a los periódicos gratuitos del día, y... ¡sorpresa! El diario AM New York dedicaba en sus páginas interiores un pequeño espacio a KISS, quienes, con motivo del 125º aniversario de la marca de refrescos Dr Pepper, se encargaron la víspera anterior de cerrar la jornada bursátil asestando el tradicional mazazo que marca el fin de las cotizaciones; y, desde la portada del rotativo Metro, el ínclito Ozzy Osbourne nos daba los buenos días con la noticia de la firma de ejemplares esa misma tarde (a partir de las 19 horas) de su flamante autobiografía “I Am Ozzy” en la librería Borders de Columbus Circle, ubicada, precisamente, muy cerca del Wellington Hotel. No obstante, iba a resultar imposible estar allí a la hora anunciada; más que nada porque esa noche tenía intención de acudir a otro acontecimiento musical, un concierto concretamente, a priori un evento más interesante y enriquecedor a nivel personal. Y no me malinterpretes: adoro al Madman y su obra, pero la idea de hacer cola durante un par de horas para que me garabateen un libro no me atrae lo más mínimo. No soy nada mitómano, la verdad, y el rollo de los autógrafos no va conmigo. Volviendo a mi itinerario turístico, de todos los enclaves que visitamos en el Lower Maniatan ese día, el único con cierto cariz rockero fue Wall Street. Y no porque el pichabrava de Michael Douglas rodase allí el film dirigido por el drogadizo Oliver Stone, sino porque en esa estrecha y escueta calle Rage Against the Machine protagonizaron -diez años atrás, casualmente también un 26 de enero- uno de los episodios más sonados de su carrera y uno de los más excitantes que se han vivido en ese lugar. El incidente tuvo lugar durante el rodaje de su clip “Sleep Now in the Fire” -realizado por otro broncas, el orondo Michael Moore-, en el que, ni cortos ni perezosos, se apostaron en la escalinata del Federal Hall National Memorial, una construcción de estilo clásico situada a escasos metros del edificio de la Bolsa, e interpretaron el tema que habían venido a promocionar. Como recordarás si has visto el video, el altercado provocado por la actuación –y el fallido intento de la banda por acceder al interior del parqué- obligó, por una parte, a intervenir a las fuerzas del orden, quienes custodiaron a los músicos lejos del punto caliente, y por otro lado, a cerrar las puertas principales del edificio que alberga el mercado de valores. La actividad bursátil, sin embargo, continuó como si tal cosa en el interior, lo cual demuestra que, por mucho que se les ladre, los perros que ostentan el poder jamás soltarán su hueso. Con todo mi amor hacia ellos: we gotta take the power back, motherfuckers!


Y del centro neurálgico de las finanzas internacionales partimos en dirección al puente de Brooklyn, imagen icónica donde las haya que, a lo largo de los últimos cien años, ha servido de marco para un sin fin de escenas memorables pertenecientes al cine y el cómic. Desde lo alto de su estructura se lanzó Johnny Weissmüller en el film “Tarzán en Nueva York”, por su pasarela peatonal desfilaron hordas de muertos vivientes en la cutrona “Nueva York bajo el terror de los zombies” de Lucio Fulci, allí sufrió Spiderman la pérdida de un ser querido a manos del Duende Verde (ver el despiece que ronda estas líneas), y no han sido pocas las veces que lo hemos visto saltar por los aires en varios films catastrofistas. Aunque, si por un motivo lo recordarán los miembros de la KISS Army, es porque el 4 de septiembre de 1996 las Criaturas de la Noche (las originales, las de Ace y Peter) interpretaron, con motivo de los MTV Video Music Awards, un set de cinco temas bajo la imponente construcción. Localización de lujo, en definitiva, para momentos estelares de la cultura popular. Resulta por ello imperdonable que en mi anterior estancia en la ciudad no encontrase tiempo para cruzar esos 1825 metros de cemento que conectan la isla de Manhattan con el distrito de Brooklyn, así que era el momento de saldar esa vieja cuenta pendiente. No sin dificultad, eso sí, ya que el gélido viento que soplaba desde el East River no nos lo puso fácil ni un instante, entorpeciéndonos el avance y calándonos hasta el tuétano con su humedad durante los más de veinte minutos que duró el paseo. Una vez en el otro lado, el siguiente objetivo era emplazarse en el cruce entre las calles Washington y Front, una intersección que todo amante del cine de Sergio Leone debería conocer, pues en ese punto exacto fue donde se tomó la imagen que ilustra el cartel de “Érase una vez en América”, el inolvidable film con Robert De Niro y James Woods como protagonistas. Estando allí de pie me resultó imposible no tararear el tema central de la pelí-

cula, una melodía preciosa que a día de hoy sigue poniéndome la piel de gallina. Muy cerca de esa confluencia, en esa misma zona -conocida como DUMBO (acrónimo de Down Under the Manhattan Bridge Overpass, una de tantas maneras que tienen los neoyorkinos de abreviar el nombre de barrios y sectores de la ciudad)-, se encuentra la

EL ARMAZÓN METÁLICO QUE SE ALZA MÁS ALLÁ DE ESTOS EDIFICIOS NO CORRESPONDE AL PUENTE DE BROOKLYN, SINO AL SITUADO UN POCO MÁS AL NORTE, EL BRIDGE.

MANHATTAN

SPIDER-MAN IS EVERYWHERE IN NEW YORK CITY, GUYS!!

Uno de los aciertos más notables de Stan Lee cuando creó los cómics de Spider-Man, y por extensión de todo el Universo Marvel, fue que, a diferencia de Superman y Batman -que operan en ciudades imaginarias como Metropolis y Gotham-, el Trepa-Muros tiene su base de operaciones en un urbe que pertenece al mundo real: New York. Que el decorado de la acción se convierta, por tanto, en un elemento reconocible y cercano al lector, confieren una mayor afinidad con el protagonista, mucho más humano, por otra parte, que los personajes de DC, su rival editorial. Siendo niño (y todavía de hoy, qué demonios), leer un cómic del Cabeza de Red implica, no sólo empatizar con Peter Parker a causa de sus problemas cotidianos, sino también descubrir una ciudad en la distancia; lo cual tiene como efecto que, una vez se visitan determinados lugares, uno no pueda evitar recrear mentalmente decenas de viñetas protagonizadas por tc. Spidey: el distrito de Queens -donde se crió-, el puente de Brooklyn -donde su chica fue asesinada-, la Estatua de la Libertad -su punto de reunión con la Antorcha Humana-, la zona de Chelsea donde se instaló al independizarse-, etc. En la foto, el Foxwood Theatre de la calle 42, donde el 28 de noviembre se estrenará el musical "Spider-Man: Turn Off the Dark" (inicialmente anunciado para el 18 de febrero). Pese al gancho de la partitura compuesta por Bono y The Edge, la escasa venta anticipada de tickets augura uno de los fracasos más estrepitosos de la historia de Broadway.

¡CINE CON MAYÚSCULAS! “ONCE UPON A TIME IN AMERICA”, LA OBRA PÓSTUMA DEL ITALIANO SERGIO LEONE, ESTÁ AL MISMO NIVEL QUE LA SAGA MAFIOSA DE COPPOLA.


A PRINCIPIOS DE FEBRERO .357 LOVER ENTRÓ EN EL ESTUDIO DE GRABACIÓN, ASÍ QUE ES MUY PROBABLE QUE HAYA NUEVO DISCO DE LA BANDA ANTES DE QUE ACABE 2010. explanada de Fulton Ferry Landing, el lugar donde KISS ofrecieron su recital catorce años atrás. No me tomé la molestia de ir a visitarlo, porque ya oscurecía y el frío a orillas del río se hacía insoportable; y, ¡qué carajo!, se aproximaba la hora de inicio del show que nos animaría la velada. Un show por el que, sinceramente, me había costado decidirme. Y es que esa misma noche, más o menos a la misma hora, había dos opciones de peso por las que decantarse. La primera de ellas, Hail!, una cover band de Heavy Metal con formación de auténtico lujo: Ripper Owens a la voz, Andreas Kisser a las guitarras, David Ellefson al bajo, y Mike Portnoy a la batería (el puesto más inestable del combo, pues tras los tambores ya han pasado Jimmy DeGrasso, Roy Mayorga y Paul Bostaph). Sobre el papel la cosa pinta muy bien, pues en su setlist habitual, aparte de temas pertenecientes a las bandas donde militan (o militaron) sus miembros -es decir, Judas Priest, Sepultura y Megadeth (de Dream Theater no tocan nada)-, también hay himnos de Pantera, Mötorhead, Accept, Black Sabbath, Iron Maiden, AC/DC y Metallica. Buff, ¡no está nada mal para un metal-head como yo! El problema es que a mi chica toda esta tralla la supera, así que, si no (ARRIBA)

DAVE ELLEFSON DÁNDOLO HAIL! (IZQ.) EN EL LOCAL DE B.B.KING LA

TODO JUNTO A

MARQUESINA CAMBIA A DIARIO.

quería pasar solo las siguientes horas, más me valía descartar las ceremonias metálicas y encontrar algo más apropiado. Afortunadamente, la segunda alternativa de la noche se ajustaba mejor a los gustos musicales de mi partenaire: los pomposos (en su acepción más positiva) .357 Lover, de quienes qué te voy a contar de ellos a estas alturas... Su debut “Diorama of the Golden Lion” es una excentridad, puro anacronismo en pleno 2010, pero cuenta con los suficientes ingredientes atemporales (grandes melodías, arreglos barrocos, un saludable punto humorístico) que lo convierten en una obra vigente. Si no les conoces, y sientes una enfermiza inclinación hacia la etapa 70's de Queen, las canciones de John Cameron Mitchell, y los “Bat Out Of Hell” de Jim Steinman y Meat Loaf, no lo dudes y hazte con su ópera prima (y, en este caso, te aseguro que lo de ópera no es gratuito…). Promociones al margen, debo puntualizar que en el momento en que me disponía a acudir a verles todavía no había caído en mis manos el disco, y únicamente conocía su tema “Maybe Tonite” (una composición, por cierto, que no desentonaría en la banda sonora de “Hedwig and the Angry Inch”, uno de mis scores favoritos de todos los tiempos junto al de “El Fantasma del Paraíso”), pero con semejante canción ya me habían convencido de su grandeza. No era cuestión de perdérselos. Esa noche, asimismo, la banda ponía punto final a su residencia en el club Knitting Factory (361 Metropolitan Ave. de Brooklyn), por lo que el show adquiría connotaciones de acontecimiento histórico. Y, encima, el precio del ticket era irrisorio: ¡¡cinco míseros pavos!! Con lo que no contaba, mal que me pese, era que el mapa que llevaba conmigo, minucioso y preciso para la isla de Manhattan, desdeñaba las leyes básicas de la cartografía para los distritos colindantes, convirtiéndose en un galimatías indescifrable de cuadrículas y nombres. Cojonudo, pues. Noche cerrada, ni un alma en las calles, y el sentido de la orientación on vacation. En suma, que estábamos más perdidos que un hijoputa en el día del padre... Tras mucho andar, finalmente dimos con una zona habitada pero mal iluminada, un conjunto de edificios destartalados en lo que parecía ser una humilde barriada obrera. Allí encontramos a dos miembros de la comunidad afroamericana, quienes, tras poner a prueba mis exiguos conocimientos del idioma oficial, muy amablemente nos informaron que la dirección a la que nos dirigíamos estaba donde Cristo dio las tres voces. O más allá, quién sabe, porque no se cansaban de recalcar que nuestro lugar de destino estaba muy, pero que muy lejos. Y bien, llegados a este punto no estoy seguro si mis oídos me jugaron una mala pasada, o si la dicción de los hermanos (propia de los coristas de Ice-T) hizo inteligibles sus palabras, pero creí entender que para cubrir la distancia que nos separaba del club eran necesarios ¡50 minutos! ¡¡yendo en coche!! “Oh, shit. ¿Dónde coño hay ahora un taxi?”. En todo el tiempo que llevábamos en Brooklyn no había visto circular ninguno... A mi preocupación se le sumaba, además, una duda: ¿el brother dijo cincuenta (fifty) o quince (fifteen) minutos? Imposible dilucidarlo, de verdad, aunque lo más probable es que dijese lo segundo, porque un trayecto de casi una hora en NYC da para cruzar la ciudad entera de un extremo a otro. Si la barrera idiomática no resultaba suficiente, para acabar de redondear la situación mi chica se hallaba realmente asustada. ¿El motivo? Para empezar, la impresión que le había causado el barrio fue la de salir de allí cagando leches de inmediato; y el comportamiento de la pareja de afros no es que le ayudase demasiado a paliar su estado de pánico. Y eso que los tipos para nada procedieron de forma maliciosa... Fue sólo que, tras intentar convencernos de que lo más sensato era desistir en nuestra búsqueda, muy amablemente nos instaron a acompañarles por unas oscuras callejuelas. La excusa era indicarnos la salida del complejo de viviendas, pero, claro, un gesto tan cortés por parte de unos completos desconocidos -y en ese ambiente, nada menos- le despertaba las alarmas a cualquiera. Y sí, admito que yo también pasé un poco de miedo durante el trecho en el que fuimos escoltados, pero una vez solos, fuera del recinto urbanizado, recuperé completamente la compostura. Por desgracia,


mi compañera no, y lejos de sentirse aplacada, su único deseo era largarse de allí, con viento fresco y cuanto antes, rumbo al hotel. Con el miedo metido en el cuerpo, de nada me sirvió insistir. Tras esperar un cuarto de hora apostado en una intersección, un cab-driver pakistaní nos devolvió sanos y salvos a Manhattan. Adiós, pues, Lovers. Adiós, monstruo del Hava Nagilah. Con el ánimo abatido, y sin otra cosa mejor que hacer, vagamos por los alrededores del Wellington para curiosear un poco. Con lo primero que nos topamos fue el Carnegie Hall, la emblemática sala de conciertos que, un par de meses después de nuestro paso por la ciudad, fue testigo de un tremendo hostión por parte de Iggy Pop, que dio con sus viejos huesos en el suelo tras saltar al público haciendo stage diving. Al día siguiente del incidente, La Iguana de Detroit anunciaba en los medios su retirada de tan peligrosa práctica, una promesa que, a la vista de las crónicas de la actuación de los Stooges en Madrid el pasado mes de abril, no ha tardado en romper. Yo jamás he hecho mosh en un concierto, pero es evidente que algo especial debe tener el crowd surfing para arriesgarse de esa manera... En la manzana adyacente al Carnegie Hall, exactamente en el 211 West de la calle 56, casi nos dimos de bruces con los airbags de las chicas que trabajan en Hooters, una cadena de comida rápida que se cuenta entre las preferidas de Michael Scott y algunos de sus empleados en la corrosiva serie de la NBC “The Office”. Las camareras de este distinguido local son también unas viejas conocidas de los lectores de Popular 1, pues en el especial USA César Martín escribió acerca de ellas con motivo de su caliente aparición en el programa de David Letterman. Consciente de lo mucho que significa “The Office” en mi vida, mi novia propuso volver otro día al restaurante con el fin de probar alguno de sus suculentos menús basura. Indiscutiblemente, su oferta resultaba irresistible, pero escudándome en el tipo de clientela que había en el local en aquel momento -100% masculina, y con pinta de estar todos salidísimos-, decliné su invitación con un “mejor no, cariño. No quiero que te sientas incómoda”. Mentira podrida, por supuesto; la triste realidad es que mi negativa estaba motivada porque me

conozco a mí mismo demasiado bien y sé que sería incapaz de evitar que mis ojos se fuesen detrás de todas aquellas bellas señoritas, lo cual acabaría por provocar un malentendido de tres pares de cojones con mi pareja. Uno no es de piedra, por favor, y el uniforme que se gastan las chicas no es precisamente un ejemplo de recato, así que... ¡hey!, deja de acusarme con el dedo de esa manera y continúa leyendo, ¿okey? Muy cerca de Hooters se encuentra el Ed Sullivan Theater, el estudio donde se graba a diario el espacio televisivo “The Late Show with David Letterman”. Y no, pese a haber releído varias veces el “No Me Judas, Satanás” que The Man le dedicó en su momento al ilustre presentador, no me considero fan de Letterman en absoluto. Supongo que lo correcto sería decir que no tengo una opinión formada acerca de él, más que nada porque jamás he visto su programa. Mi nivel de inglés no me permite encadenar -en el mejor de los casos- más de dos frases seguidas; y qué demonios, los talk-shows me importan un rábano. Harina de otro costal es la relevancia musical que el Ed Sullivan Theater alberga entre sus muros. No hay que pasar por alto que en su plató han tenido lugar actuaciones clave en las carreras de primeras espadas: Elvis, los Beatles, The Doors, los Stones,... Apariciones todas ellas envueltas en controvertidas polémicas que con los años han pasado a ser legendarias. Pero, a decir verdad, y al margen de la importancia histórica de este lugar, el motivo de peso que me atrae a este edificio es la obsesión de mi chica por toparse con algún famoso. ¡Recuerda, estamos en New York, donde todo es posible! Para echar más leña al fuego, si a la innata fijación de mi chica por los VIPs le sumamos que le he explicado que en mi primera visita a la ciudad me crucé en plena Quinta Avenida con el idiota de Liam Gallagher, es comprensible que su faceta de paparazzi estuviese a flor de piel. Por cierto, el encuentro con el mequetrefe de Oasis –pese a que la persona que iba conmigo se declaraba fan de los británicossimplemente se saldó con un ligero cosquilleo de sorpresa por nuestra parte (él -supongo- ni se inmutó) y un fugaz intercambio de miradas (la suya, como siempre, rebosante de asco, agobio y hostilidad). Felizmente, mi acompañante no hizo el menor atisbo de abordaje; cosa que le agradezco, porque siempre he pensado que, de no haber sido así, el encuentro se hubiese saldado con mis huesos dando en el suelo, tendido sobre un charco

LÁSTIMA QUE EXQUISITECES COMO ÉSTA NO SE INCLUYAN EN EL MENÚ.

KNOCK, KNOCK, KNOCKING ON HEAVEN’S DOOR. YEH-YEH-YEH-YEH-YEAAH.

LIAM GALLAGHER, UN TIPO FELIZ.


de sangre ante la mirada indiferente de los transeúntes. Y ya que hablamos del más soberbio de los hermanitos Gallagher, aprovecho para hacer hincapié en que, a finales del pasado marzo, este fantoche fue elegido por los lectores británicos de la revista Q como el mejor frontman de todos los tiempos. ¡El mejor! Tócate los huevos. Para más inri, el cantamañanas admitía estar a la altura del mismísimo Rey del Rock'n'Roll: “Estamos Elvis y yo. No podría decir quién de los dos es el mejor”. Jaja, qué cachondo el tío (porque es una coña, ¿no?). Bien, ehem, mejor correr un tupido velo ante tan bochornosas declaraciones. Volviendo al Ed Sullivan Theater, diariamente el programa de WOLVERINE Letterman cuenta con una deslumbrante estrella del show business internacional entre su lista de invitados. Así, durante mi estancia, las celebridades se distribuyeron de la siguiente forma: Denzel Washington (martes), Whoopi Goldberg (miércoles), Kiefer Sutherland (jueves) y Sigourney Weaver (viernes). ¡Poca broma! Dejando a un lado a los señores Oreo (los amigos Denzel y Whoopi, para entendernos), la perspectiva de dispararle el flash de mi cámara al indestructible agente Jack Bauer o a la intimidante Teniente Ripley resultaba, cuanto menos, de lo más tentadora. Sin embargo, la cordura se impone y optamos por dedicar nuestro limitado tiempo a patear a conciencia la ciudad en lugar de esperar varias horas en la puerta trasera del teatro

(ARRIBA)

PUERTA DE ACCESO AL MUSEO DE INMIELLIS. (ABAJO) PRESTANDO JURAMENTO EN LA REGISTRY ROOM. GRACIÓN DE LA ISLA DE

(por donde acceden los invitados), fantaseando con inmortalizar a alguna movie star. No obstante, llegar a esa decisión no nos impidió, días más tarde, acercarnos a Balthazar y Minetta, dos restaurantes de moda que, según el artículo “24 horas en NYC” de C.M., suelen frecuentar pop/rockstars como Madonna y Paul Stanley, o astros de la gran pantalla como Mickey Rourke y Steve Buscemi. Sin embargo, a ninguno de esos establecimientos llegamos a entrar; simplemente permanecimos en la puerta unos minutos a ver si, por casualidad, entraba o salía algún miembro de la realeza artística. Al final nuestras esperas no dieron su fruto, pero si consideramos las horas a las que nos personamos en los locales (las dos veces pasadas las cuatro de la tarde), es normal que allí sólo quedasen los camareros recogiendo mesas.

MIÉRCOLES 27

La mañana del miércoles la volvimos a pasar en el Downtown; esta vez algo alejados del Distrito Financiero, pero de nuevo con los rascacielos como telón de fondo. No en vano, desde nuestros destinos matutinos (las islas de Ellis y de la Libertad -donde se alza el famoso regalo de Francia-) la imagen dominante es la del skyline recortándose contra un cielo que, excepcionalmente ese día, brillaba con un azul intenso. El frío glacial, transfor.mado en azote a través del viento, seguía, eso sí, igual de impenitente que en las jornadas previas, lo que convirtió los trayectos en ferry de una a otra isla en una verdadera odisea polar. Y sí, soy consciente que visitar el símbolo por excelencia de la ciudad es una turistada y blablabla, pero Wolverine y Dientes de Sable se enfrentaron en su cúspide en la escena final del film “X-Men”, y ése –para mí- es motivo más que suficiente para hacerle una visita. Además, tenía ganas de quitarme una espinita que llevaba años clavada. Y es que en agosto de 2002, apenas once meses después del 11-S, la nación más poderosa del mundo se hallaba sumida en un estado de alerta de nivel DEFCON 2, por lo que una de las medidas que se tomaron para prevenir una nueva masacre fue prohibir el acceso al interior de Lady Liberty (muy probablemente, el siguiente objetivo de los terroristas), con lo cual a los turistas no nos quedó más remedio que tener que conformarnos con un paseo por el pequeño parque que la rodea. Sin embargo, en éste, mi segundo intento por subir a lo más alto del monumento, mi DON’T FUCK WITH VITO gozo se quedó a medias, dado que al no CORLEONE, AMIGO. haberme inscrito a través de internet en una larga lista de espera que permite el acceso a la corona de siete puntas de la Estatua, sólo pude ascender hasta la terraza del pedestal sobre el que se sustenta el coloso. Aún así, la sensación de saberse dentro de una de las protagonistas de “El Planeta de los Simios” es muy excitante. Y, como podrás comprender, no pude contenerme a la hora de espetar “¡Maniáticos, lo habéis destruido! ¡Yo os maldigo! ¡Os maldigo! ”. La carne de gallina, claro está. No menos solemne es el interior de la antigua Oficina de Inmigración, convertida ahora en museo y ubicada en Ellis Island. Cabe recordar que en la Registry Room, la sala situada en su primer piso, se rodó una de las escenas clave de la trilogía “El Padrino” de Coppola, aquélla en la que, debido a un error burocrático, al pequeño (y futuro Capo de la Cosa Nostra) Vito Andolini le cambian su primer apellido por Corleone, el nombre de su pueblo natal. Pero Ellis no vale la pena sólo por esta sala; la muestra de fotografías y documentos de la época, y la colección de objetos personales que pertenecieron a los primeros inmigrantes resultan también muy interesantes.


Y tras la visita cultural de rigor, llega la hora de la comida. Pero hoy no la tomaremos en un establecimiento cualquiera, sino en uno con clase y elegancia; y qué mejor que Tribeca Grill (375 Greenwich Street), el restaurante propiedad de Robert De Niro. El local, tal como ya sabía gracias a las crónicas de Popular 1, responde al objetivo de pasar totalmente inadvertido a los ojos de los curiosos. No hay neones, ni luces llamativas, ni fotos del actor a la vista; nada, en definitiva, que haga pensar en el protagonista de tantas obras maestras del celuloide. Sin embargo, tales reservas no han sido óbice para que, con el paso de los años, el secretismo que rodeaba al local se haya ido diluyendo poco a poco. La prueba estriba en que, unos días antes de mi partida, le comenté a la madre de mi compañera nuestra intención de ir al restaurante de De Niro, y cual fue mi sorpresa cuando la buena mujer pronunció el nombre completo del establecimiento (supongo que extraería el dato de algún programa del corazón, porque - que yo sepa - la señora no lee el Popu), lo cual prueba que Tribeca Grill se ha convertido, sino en un lugar de turismo masivo, sí en un enclave de dominio público. No obstante, y por contradictorio que parezca, a pesar del hermetismo impuesto, el restaurante no pasa del todo desapercibido. El soportal de su entrada es realmente vistoso, aunque, lejos de invitar a saciar la curiosidad del paseante indiscreto, el efecto que transmite es exactamente el contrario: repeler a los turistas cutres como nosotros. El olor del dinero se huele a distancia, lo que supone un freno para quienes no vivimos de forma desahogada. Porca miseria... Afortunadamente para mí (y mi billetera), dos días antes ha dado comienzo el “NYC Restaurant Week Winter” (que se prolongaría hasta el siete de febrero), un certamen con dieciocho ediciones a

(ARRIBA) CARTEL DE LA SEMANA DE LOS RESTAURANTES. (ABAJO) DETALLE DEL COMEDOR DEL

TRIBECA GRILL.

sus espaldas que, merced a unos ajustados precios en sus menús de mediodía (24 dólares el cubierto) y noche (éste algo más caro: 35 pavos), ponen al alcance del ciudadano medio una serie de restaurantes que en circunstancias normales resultarían prohibitivos. Sin miedo, pues, a tener que fregar platos para cubrir la cuenta, atravesamos las dos puertas del vestíbulo de acceso. El ambiente es elitista; los comensales son hombres y mujeres de negocios impecablemente vestidos, por lo que nos tememos lo peor: que se exija un mínimo de etiqueta. Nuestra indumentaria, siendo benévolos, se encuentra en las antípodas de lo que aquí parece ser el estándar. No en vano, si nos echases un vistazo pensarías que nos disponemos a emprender una expedición al Ártico. El clima neoyorkino en estas fechas es especialmente duro, así que el anorak de plumas, el gorro con orejeras y las botas de montaña se convierten en artículos de primera necesidad. A todo esto, valga decir que, durante nuestros ocho días de estancia en la ciudad, nadie se acercó a preguntarnos si éramos una Rock’n’Roll band… ¡Qué decepción! Aunque, bueno, supongo que, por el hecho de ir en pareja, ni a los White Stripes se lo preguntarán, ¿no?

DISCRECIÓN Y ELEGANCIA SON CONSTANTES DE TRIBECA GRILL.

ESTAS ESCALERAS COMUNICAN EL COMEDOR CON LA ZONA DE ASEOS. GALARDONES OBTENIDOS POR EL CHEF, Y RESEÑAS APARECIDAS EN DIARIOS Y REVISTAS, CUBREN LA PARED LATERAL.

SI SE PREFIERE, LOS CLIENTES PUEDEN TOMAR UN COCKTAIL EN LA BARRA QUE OCUPA EL CENTRO DEL COMEDOR ANTES DE SENTARSE A COMER.


(ARRIBA) ALGUNOS DE LOS CARTELES QUE DECORAN EL PISO INFERIOR. (IZQ) LA PRESENCIA DEL BOSS ES UN ENIGMA CON MÚLTIPLES RESPUESTAS. Una empleada nos da la bienvenida tras su atril de recepción, al tiempo que una pareja mayor ubica nuestras pertenencias en el guardarropa. ¡Bingo, hemos sido admitidos! El maître nos asigna una mesa, nos trae las cartas, y no podemos evitar barrer con la mirada el interior del local a la caza y captura de Sean Penn, Ed Harris o cualesquiera de los otros actores que cuentan con participación en la empresa. Nada, ni rastro de rostros famosos. De repente, una duda me asalta: ¿y si se ha traspasado el restaurante a otro dueño? Sólo hay una forma de saberlo: ir al baño. Por extraño que suene esto, sólo allí podré despejar la incógnita. Me levanto de mi silla, pregunto a un camarero que me se-

ñala una puerta, la cruzo, bajo las escaleras al piso inferior, recorro un breve tramo de pasillo, giro, y... ¡ahí están!: los carteles de varios films de nuestro hombre cubriendo las paredes. Uf, qué alivio saber que todo sigue en su sitio; lo contrario hubiese supuesto un golpe bajo, créeme. Durante unos minutos ese pasillo se convierte en el centro del Universo conocido. Me tomo mi tiempo recorriéndolo de punta a punta, lentamente, deteniéndome ante cada una de los láminas, tomando fotos de todas ellas,... No exagero si digo que durante esos instantes tuve la sensación de estar en un santuario pisando suelo sagrado; sólo que, en lugar de viejas reliquias religiosas, lo que tenía ante mí eran los carteles de “Heat”, “El Cazador”, “Taxi Driver” (la única peli con doble representación), “Despertares”, “La Chica del Gángster”, “Caza de Brujas”,... Lo mejor y lo peor de su carrera, ahí, todo reunido. Me descoloca, eso sí, toparme con el cartel de “8 Heads in a Duffel Bag” (estrenada en España como “8 Cabezas”), la película protagonizada por un buen amigo de De Niro: Joe Pesci. Mucho más enigmático, eso sí, me resulta el que hay justo a su lado: el cartel de un concierto de Bruce Springsteen ¡celebrado en Roma!. Admito que, en ese momento, la presencia de un cartel anunciante del Boss en ese pasillo me dejó a cuadros; sin embargo, ahora, habiendo leído la entrevista que publicó Popular 1 el pasado mes de abril a Clarence Clemons, el saxofonista de la E Street Band, todo me cuadra. En dicha entrevista Clemons asegura que, en un encuentro personal con De Niro tras un concierto de su jefe, el actor le confesó haber tomado prestada la frase “Are you talking to me?” precisamente del Boss, lo cual evidencía que la admiración del actor por el músico se remonta bastante atrás en el tiempo. Aunque tampoco resulta menos cierto que ambos artistas mantienen una relación de amistad desde mediados de los 70, tan, tan estrecha que, durante la crisis matrimonial que vivió el Boss a finales de la década siguiente (y que concluiría en divorcio en 1988), De Niro le fue de gran apoyo moral. Resulta curioso, por otra parte, que dicho proceso de ruptura sentimental le inspirase algunos temas incluidos en el álbum “Tunnel of Love”, precisamente el disco a cuya gira corresponde el cartel que De Niro conserva en el sótano de su restaurante. Entrañable gesto por su parte, no hay duda. Sin embargo, lo que de verdad dispara mi imaginación es el hecho de que el show tuviese lugar en la capital italiana. Y en 1988. Vamos a ver: ¿se encontraba De Niro allí rodando alguna película? Su filmografía sugiere que no; ese año ni siquiera rodó en Europa. ¿Coincidió el recital con una visita del actor a su amante Moana Pozzi, la porno-star alpina? Quien sabe, quizás sí. ¿Se desplazó realmente De Niro a Italia, o ese cartel no es más que una muestra de cariño hacia su amigo? Imposible contestar a eso. Mejor tomárselo con calma y aparcar todas esas cuestiones sin respuesta para un momento más apropiado. Entro en el aseo a despejarme las ideas por tanta emoción, y continúo allí con mi actividad fotográfica. Lavamanos, urinarios,... ninguna pieza del mobiliario de baño escapa a mi objetivo. Inicio, así, una escatológica serie de retratos que tendrá continuidad a medida que en los días siguientes haga uso (ARRIBA) RETRATAR REST-ROOMS de los retretes más SERÍA UNA PRÁCTICA HABITUAL DUcool de la ciudad. RANTE EL RESTO DE MI ESTANCIA. Esto sí es arte hecho con las tripas, amigo. (IZQ) OTRO DETALLE DEL PASILLO.


Cuando regreso a la mesa mi compañera me pregunta qué demonios he estado haciendo. Al parecer he perdido la noción del tiempo allá abajo y he tardado más de lo estrictamente necesario. ¡Al ataque, pues! No antes, eso sí, de que un camarero hispano nos eche una mano con la carta, que por mucho que sepas inglés no es muy habitual tener que traducir términos culinarios como hinojo, castaña o albahaca. La comida es excelente, y el postre toda una exquisitez. Dándome por satisfecho, al salir tomo un fajo de tarjetas. Me gusta recomendar buenos restaurantes a los amigos... Una vez se ha repuesto fuerzas, tomamos de nuevo las calles. Nos hallamos en el barrio de TriBeCa (acrónimo de Triangle Below Canal Street), a escasa distancia de Little Italy y Chinatown, y hasta allí dirigimos nuestros pasos. Llegados a la zona en cuestión, de repente me viene a la cabeza que, en mi primer viaje a la ciudad me topé con un restaurante italiano de lo más singular, pues en su entrada se exhibían decenas de instantáneas del propietario del establecimiento abrazado a un puñado de celebridades, sin duda clientes que acababan de comer en el local. Recuerdo que en su día reconocí unas cuantas caras famosas, pero con el paso de los años las únicas que han perdurado en mi memoria han sido las de los miembros de Anthrax. Y no con demasiada nitidez, a decir verdad, dado que no puedo asegurar que la banda estuviese al completo; juraría que allí estaban Scott Ian, Rob Caggiano, Charlie Benante y su sobrino Frank Bello, pero no tengo muy claro si John Bush estaba o no con ellos. Da lo mismo. Desde ese momento el restaurante se convierte en mi siguiente objetivo a localizar, por lo que peinamos una calle tras otra en su búsqueda. Tras media hora dando vueltas, al final me rindo. No ha habido éxito. Supongo que, o el local cerró para siempre, o simplemente las fotografías fueron retiradas del ventanal. No hay otra explicación posible; al fin y al cabo, dar con lo que se está buscando en Little Italy no es una tarea complicada (las dimensiones del barrio no son ni mucho menos extraordinarias, y cada vez son menores, pues Chinatown le gana territorio año tras año – supongo que, de aquí a un tiempo, los spaghettis a la napolitana acabarán por cederle el testigo a los tallarines tres delicias cantoneses). No obstante, la decepción no me dura más de un segundo. El destino me tiene reservada una sorpresa a la vuelta de la esquina, pues, a cambio del restaurante, damos con un graffiti callejero que conozco bien: junto a una colorida composición a base de super-héroes celestiales, corazones y ojos-que-todo-lo-ven, está pintado el rostro de Spock travestido de Marilyn Monroe, con peluca y sombra de ojos incluidos. ¡Menuda casualidad! Es la misma pintada que apareció ilustrando el reportaje “24 horas en NYC” de Popular 1. Quien quiera ver semejante imagen icónica con sus propios ojos sólo tiene que acercarse al cruce de las calles Mott y Kenmare.

Desde ese punto apenas cuatro manzanas nos separan de uno de los enclaves más deseados por mí en esta travesía: el mítico CBGB (bueno, más bien lo que queda de él). Y remarco lo de deseado porque, aunque parezca mentira, ésta va a ser la primera vez que pise la calle Bowery. Por increíble que parezca, en mi periplo de 2002, esta zona de la ciudad se quedó fuera de mi radio de acción. Así que estar por fin aquí es algo muy especial. Y sí, soy consciente de que en su lugar hay ahora una tienda de ropa para yuppies y de que el legendario toldo de cuatro letras ha sido sustituido por otro con el nombre de un modista bujarrón, pero al menos el interior del club permanece intacto. Podría haber sido peor, si lo piensas fríamente; imagina por un instante que el espacio se hubiese tenido que acondicionador para albergar una clínica veterinaria... En ese caso habría sido del todo imposible preservar algo de tan glorioso pasado. Pero, antes de entrar en la tienda, un enclave más inmediato centra mi atención: el Joey Ramone Place, cuya placa se eleva a varios metros por encima de mi cabeza en la intersección entre Bowery y la 2nd Street (tras ser robada en varias ocasiones se decidió colocar el rótulo a cierta distancia del suelo para evitar que acabase como souvenir rockero). A punto estoy de ser atropellado cuando me quedo unos segundos en mitad del paso de peatones, buscando el mejor encuadre para la foto de rigor. ¡Hecho! Misión cumplida sin bajas. Y, bien, es el momento de la verdad. Excitadísimo cubro la distancia que me separa de su puerta, cojo aire y cruzo la entrada del 315 de Bowery Street. Pese a saber lo que me espera dentro, me mentalizo para disfrutar la experiencia al máximo. Al fin y al cabo, cuántas veces se tiene oportunidad de ver con tus propios ojos un templo del

SUPER-HÉROES NAÏF, ÍDOLOS DE LA CIENCIAFICCIÓN TELEVISIVA TRAVESTIDOS, Y LA BICICLETA DEL “CHINESE DEMOCRACY” A

TODO COLOR. PARECIDO.

NI EN EL MOMA TIENEN ALGO

JOEY RAMONE EN LO MÁS ALTO, EL LUGAR QUE SIEMPRE LE CORRESPONDIÓ.


THE ROLLING STONES

LED ZEPPELIN

Rock mancillado por el mismísimo Diablo (vestido de Prada)... La primera impresión es inequívoca: pese a que el lugar ha sido desinfectado, uno se da cuenta inmediatamente de que aquello no era más que un agujero infecto, un tugurio de mala muerte. Paredes y techo pintados de negro, graffitis y adhesivos hasta en los rincones,... ¡La Virgen, si parece una casa okupa tras un incendio! Puedo visualizar mentalmente qué aspecto debían tener los lavabos, y, la verdad, no creo que el que aparece en la peli “Trainspotting” estuviese menos limpio. Definitivamente, este look tan perrofláutico no encaja con mi idea de decorar una sala de conciertos -por mucho que, como es el caso, se trate de un nido de ratas-. A pesar de todo, se adivina que el antro debía tener su encanto (algo muy similar a la desaparecida Sala Garatge de Barcelona, que más que un templo rockero parecía un taller mecánico reconvertido en local para guateques y fiestas verbeneras). Eso sí, del aura de autenticidad que uno imagina que tuvo en sus buenos tiempos no queda absolutamente

nada. Se lo han arrebatado por completo. Joder, si no es más que una puta tienda de ropa para pijos snobs... Pero, para qué nos vamos a engañar, casi todos nuestros rockeros favoritos han acabado vendiendo su multimillonario y famoso culo por unas onzas de notoriedad; sólo hay que visitar la web del tal John Varvatos para verlos a todos allí reunidos (desde Slash, Lenny Kravitz y Jimmy Page, hasta artistas minoritarios como Jesse Malin, Handsome Dick Manitoba o incluso Wayne Kramer), soltando sandeces por esas boquitas suyas. Y sí, habrá quien les defienda diciendo que estos tíos hace ya muchos años que se ganaron el derecho a hacer lo que les salga de los cojones, pero si somos capaces de no caer en la tentación de utilizar un doble rasero, caeremos en la cuenta que el concepto actual de rockstar está más cerca que nunca del de aristócrata

THE FILTH AND THE FURY


ególatra y decadente. Parafraseando a Sherpa de Barón Rojo, recojo las palabras que le dirigió al empleado de una sucursal bancaria donde realizaba unas gestiones: “hay que ser revolucionario encima del escenario y capitalista de puertas adentro”. Verídico al 100%. Se puede decir más alto pero no más claro. Volviendo a Varvatos -de quien se asegura que lleva el Rock en la sangre-, si bien resulta evidente que ha querido perpetuar parte del pasado del CBGB, no es menos cierto que sus asesores deberían haberse documentado un poco mejor a la hora de ultimar ciertos detalles en la decoración del local. Así, no faltan unas cuantas cubetas repletas de discos repartidas por la tienda, con vinilos -agárrensede Suzi Quatro, Deep Purple o Ian Hunter (!) entre muchos otros. Tampoco sé muy bien qué carajo pinta una mesa de mezclas de las que utilizan los mierdosos DJ's, o que en un rincón, flanqueado por dos enormes altavoces, tengan un gira-discos doméstico (afortunadamente apagado, porque no sé yo qué clase de basura harían sonar por megafonía esos dependientes tan tontos que trabajan allí). Aunque, de todos los estropicios, el más llamativo es el de los carteles que cubren prácticamente todos los muros. Murales temáticos, los llamaría yo, porque las paredes se hallan divididas en diferentes sectores ya se trate de los carteles de una u otra banda: Queen, The Who, KISS, Alice Cooper, Led Zeppelin, Rolling Stones, David Bowie,... Los carteles son muy bonitos, pero, definitivamente, estos tíos, o no tienen ni puta idea de quién tocó aquí, o directamente se la trae al pairo. ¿No hubiese sido más respetuoso con el espíritu original rendir tributo a Ramones, Blondie, Television o a cualquier otra banda que, al menos por una noche, hubiese actuado en la sala?

ESPACIO DE LECTURA GRATUITO. Algo más de sentido común parecen haber aplicado al escoger los libros que se exponen en una mesita en el centro de la tienda. Biografías de Ramones y The Stooges (¡también de Queen, Jimi Hendrix y Led Zeppelin!), photo books de la escena punk,... Todo está a la venta (a precios normales, debo aclarar, no como las prendas de vestir, cuyos precios oscilan entre lo ridículo -por abusivo- y lo escandaloso -chupas de cuero a 4500 pavos que ni en la basura las encontrarías en peor estado-), pero por principios me niego a entregar mi dinero a estos desalmados. Eso sería lo último, vaya.... Antes trataría de esconderme bajo el abrigo una de las guitarras que decoran el escenario y saldría por pies de allí. Antes de abandonar lo que queda del CBGB los dependientes me dejan tomar las fotos que quiera con la condición de no enfocar a las prendas de ropa (el espionaje industrial ha llegado también aquí), por lo que no dejo ni un rincón libre de mi escrutinio. Hasta el último detalle es sometido a análisis por el ojo de mi cámara. Ya en la calle, entro en el establecimiento adyacente: el Morrison Hotel Gallery, una exposición

QUEEN

ALICE COOPER

POR ESTE DIMINUTO ESCENARIO HAN PASADO ÚLTIMAMENTE GUNS N’ ROSES Y MICHAEL MONROE. CASI NADA.

KISS


abierta de fotografía (sobretodo en blanco y negro) con instantáneas de los Stones, Hendrix, Cash, Pearl Jam,… No vale la pena añadir nada más porque tampoco hay gran cosa que decir; tan sólo entré, eché un vistazo (admito que había láminas de gran calidad), y ante la pregunta de si podía hacer fotos, un tipo con cara de aburrimiento me dijo tajantemente que no. Okay, amigo, adiós, no te estreses demasiado jugando al FarmVille.

cuanto antes. Y es que, resulta curioso, pero, en aquella ocasión, pese a buscarlo incansablemente durante más de media hora, no conseguí dar con él. Y dudo que se pudiese culpar al intenso calor estival de afectar a mi ya de por sí deficiente sentido de la orientación; más bien estoy seguro de que las señas que llevaba escritas en un bloc de notas no eran las correctas. Más que nada porque llegar hasta aquí no tiene pérdida. n-

Para acabar de redondear estar tarde tan punk todavía nos quedaba un último destino: Manitoba's, el garito del incombustible frontman de The Dictators, Richard “Handsome Dick”. Y hasta allí emprendemos el camino, no sin antes pasar por delante de The Bowery Electric, la sala de conciertos propiedad de Jesse Malin que para la semana en curso no ofrece ninguna actuación interesante. Desde allí zigzagueamos unas cuantas manzanas, y voilà, en el 99 de Avenue B casi nos damos de bruces con la puerta del bar. Al igual que el CBGB, el Manitoba's era otro de esos enclaves que necesitaba pisar con urgencia. No porque el local arrastre un pasado de leyenda, que no es así ni mucho menos, sino porque la banda liderada por Andy Shernoff me ha proporcionado no pocas alegrías desde que los conociera a principios de la pasada década con el tremendo “D.F.F.D.”. Presentándome allí supongo que, más que liquidar una deuda con los Dictadores, en realidad lo que estaba haciendo era saldar una vieja cuenta pendiente conmigo mismo, dado que en mi primer asalto neoyorkino de 2002 no pude visitarlo. Desde entonces, el Manitoba's se convirtió en una dolorosa espina clavada que, con los años, pedía a gritos ser extirpada

TODA CLASE DE MEMORABILIA ADORNA LA BARRA DEL MANITOBA’S, UNO DE LOS BARES CON MÁS PEDIGRÍ DE MANHATTAN.


Habiendo visitado la página web del bar unos días atrás, no sé porqué me imaginaba su interior mucho más espacioso. Pero, una vez se rebasa su puerta, se vence la pequeña decepción inicial. La primera sorpresa es que, tal y como era de preveer, Dick no se encuentra presente. Vete tú a saber por qué: tal vez porque era demasiado pronto (no eran ni las siete de la tarde), tal vez porque estaba ocupado con los preparativos de su programa radiofónico diario (que comienza a las ocho de lunes a viernes)... De ser así esperaba que al menos tuviesen sintonizada la emisora Sirius SX para escuchar en riguroso directo su espacio de música y entrevistas. Por desgraUN TOQUE DE DISTINCIÓN: cia, la realidad era bastante disPIN-UP’S EN LAS PUERTAS DE tinta. La clientela a esa hora esLOS ASEOS. taba bastante floja, con apenas cinco o seis parroquianos sentados en la barra, y en el televisor tenían puesto un documental del tipo “Frank de la Jungla”, con el típico aventurero llorica que come bichos mientras se esfuerza por hacernos creer que está a punto de palmarla en una remota selva. Si al apagado ambiente reinante añadimos que el juke-box estaba fuera de servicio, y por tanto no sonó ni una sola nota de música (nada menos que de Johnny Cash y Hank Williams, según vimos a través del cristal), podríamos haber llegado a pensar que nos encontrábamos en un bar cualquiera. Fueron los detalles que envuelven el local, sin embargo, los que nos sacaron de ese convencimiento. La escenografía detrás de la barra, como el resto del local, es una rotunda declaración personal, un reflejo de todo lo que le gusta y apasiona a su dueño: su hijo, el punk rock, los deportes... Alrededor de un calendario en el que se han marcado los eventos más importantes de la Superbowl, se esparce todo tipo de memorabilia, y también varios artículos de merchandising con la leyenda “Manitoba's” en rojo (desde camisetas a tangas, pasando incluso por baberos para bebés). Los muros que rodean la zona de mesas también hablan. En este caso hasta por los codos. A las instantáneas de astros del boxeo y del baseball se les unen otras de nuestro protagonista, algunas junto a sus compañeros en The Dictators, otras codeándose con rock-stars (Joan Jett, Brian May de Queen,...); no son pocas tampoco las fotografías en solitario de colegas e ídolos (Alice Cooper, Brian Jones, David Johansen, The Damned, Iggy Pop, Sid Vicious, John Lydon,...la lista es larga). Muchas de ellas, además, están incluso etiquetadas, con información relativa a quien aparece retratado y la fecha en que fueron tomadas. Estamos, pues, ante un pedazo de la Historia del Rock'n'Roll que invita a la contemplación y a perder –sin apenas darse cuenta- la noción del tiempo y la realidad. Sin duda, este tugurio ofrece mucho más de lo que se podía esperar en un principio. Otro detalle que también merece ser apreciado es el lavabo (de caballeros, en mi caso; el de las damas no tuve oportunidad de verlo); aunque, con las vistosas puertas que le sirven de antesala, dudo que a alguien le pasen desapercibidos. Y bien, hablar de decoración en el caso de estos cubículos tal vez sea exagerar las cosas, pero cabe mencionar que la capa de pintura negra que cubre las paredes, junto al millar de pintadas que las salpican, contrasta notablemente con el elevado grado de higiene del lugar. Impecable. Y con este subidón ponemos punto y final al carrusel de emociones vividas durante este intenso día. La banda que actúa esta noche es la de Paul DiAnno, el conflictivo ex-cantante de Iron Maiden. Tal como está la paridad dólar-euro, el precio volvía ser de chiste (alrededor de 10 euros), pero, si no sería capaz de mover ni un dedo para ir a verle en Barcelona, ¿por qué debería ser diferente en New York? No sé cómo se defenderá DiAnno en directo, pero tras sentir vergüenza ajena por sus apariciones en el dvd “The Early Years” de la Doncella, dudo mucho que sobre un escenario su presencia resulte menos incómoda de soportar. Hora de dormir, pues. Bona nit a tothom.

(ARRIBA) RECORRIDO FOTOGRÁFICO POR LA HISTORIA DEL ROCK’N’ROLL. BRIAN

JONES ES EL PUNTO DE PARTIDA. (ABAJO) EL RETRETE PUNK MÁS LIMPIO DEL MUNDO.

EL VIEJO JUKE-BOX SE QUEDÓ MUDO. NO HUBIESE ESTADO MAL HACER SONAR ALGÚN TEMA DE JOHNNY CASH O HANK WILLIAMS.


JUEVES 28 El amanecer del nuevo día trae una sorpresa poco agradable: está nevando -nunca mejor dicho- del copón, y no tiene pinta de arreciar. No sé cuántas horas hace que caen los fríos copos, pero a las 8 de la mañana ya hay un manto blanco cubriendo por completo las calles. Como la Navidad ya pasó, no se me ocurre momento más idóneo para tararear "Snowblind" que éste. Pero el "Snowblind" de Ace Frehley, por supuesto, no el de Black Sabbath, que por algo estamos en New York City, cuna del Spaceman. Dado el temporal que tenemos ahí afuera, lo primero antes de abandonar el calor del hotel es adaptar el plan de ruta de la jornada, reduciendo al mínimo nuestra estancia en la intemperie para procurar permanecer guarecidos el máximo tiempo posible. Y, con ese objetivo, no cabe otra alternativa que adelantar algunas visitas que teníamos previstas para días venideros. Es lo que tiene ser esclavos de la meteorología... Empezamos por Penn Station. Excavada justo debajo del Madison Square Garden, en la confluencia de la calle 33 y la Séptima Avenida, esta terminal no presenta ningún interés para mí salvo que sirvió de marco para la fotografía que aparece en la contraportada del mítico "Among the Living", el tercer álbum (segundo con Joey Belladonna) en la carrera de Anthrax. Suena friki, lo sé, pero quien aprecie la relevancia de este disco en la historia del Thrash Metal comprenderá mi necesidad por poner los pies en este enclave. Sin embargo, encontrar el andén exacto donde se tomó la instantánea se convierte en una tarea draconiana; Penn Station no sólo es una de las estaciones más transitadas de la ciudad (y de toda América del Norte, según la Wikipedia), sino que también es el punto donde convergen, además de seis líneas de metro, multitud de vías ferroviarias que conectan New York con otras urbes. Y, por si esta circunstancia no fuera suficiente, las vigas de acero verticales que sostienen cada uno de los andenes que visito están pintadas de un color distinto al que aparece en la foto de la contraportada... ¡Son todas rojas, no azules! Ante este panorama resulta prácticamen-

te imposible ubicarse en el lugar exacto. Así, tras largos minutos agobiado por la sensación de hallarme en las galerías de un gigantesco hormiguero, decido zanjar el asunto retratándome justo en el andén donde me encuentro en ese momento. ¡Al diablo con el rigor geográfico! Lo que en ese momento ignoraba es que tomar esa instantánea podría haberme costado muy, muy caro. Resulta que, tal como Scott Ian comentaba en una entrevista que leí a mi regreso, en New York existe una ordenanza municipal que prohíbe tomar fotografías de las instalaciones de transporte público, bajo pena de una cuantiosa multa. El mismo Scott Ian admitía que, cuando Ross Halfin y el resto de la banda descendieron a las entrañas de la ciudad para hacerse la foto en cuestión, ya contaban con la posibilidad de ser denunciados, pero al parecer ese riesgo entraba en el presupuesto. No en el mío, claro está; así que, de nuevo, me libré por los pelos de otro revés.

FOTO DE LA CONTRAPORTADA DE “AMONG THE LIVING” DE ANTHRAX.


(IZQ.)

ESCOPETARRA: EL TIMO DE LA ESTAM-

PITA. (ABAJO) DAVE MUSTAINE OS DESEA PAZ Y AMOR, BROTHERS OF METAL.

Dejamos atrás la laberíntica Penn Station tomando la salida hacia la Séptima Avenida y nos damos de narices con el Hotel Pennsylvania, el establecimiento donde se alojó el Comando Popular 1 durante los primeros días de su periplo coast-to-coast, y donde también, fruto de la más pura casualidad, años después un servidor se hospedó en su primera excursión neoyorkina. Y casi estuvo a punto de serlo de nuevo en esta segunda incursión mía... Y es que, pese a no ser fan ni de Glenn Miller (cuyo clásico "Pennsylvania 6-5000" tomó forma precisamente en una de sus habitaciones) ni de George Clinton (con quien Cesar Martín y sus acompañantes tuvieron un distendido encuentro durante su estancia), mi primera opción de alojamiento para este second coming fue precisamente este establecimiento hotelero (ya se sabe: "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer"). Sin embargo, en la agencia de viajes me advirtieron que el paso de los años había hecho mella en el estado de conservación del edificio, por lo que en la actualidad se halla bastante destartalado. Tras la foto de rigor a la marquesina del hotel, nuestros pasos nos conducen a otra terminal ferroviaria; en este caso, Grand Central Station, escenario de cientos -si no miles- de escenas tanto en teleseries como en películas ("K-PAX", "Con la Muerte en los Talones", "Carlito's Way", "El Rey Pescador",...). Nada que no se haya visto ya antes en pantalla, pero que in situ gana muchos enteros. Idéntica sensación la que me recorre el espinazo al contemplar el Chrysler Building, uno de mis edificios preferidos de la ciudad junto al Flatiron (recordemos, transformado en la redacción del Daily Bugle en la saga cinematográfica de Spider-man). Al salir de la terminal comprobamos que ha dejado de nevar, por lo que buscar cobijo ya no es una prioridad. Sin embargo, a un tiro de piedra de donde nos encontramos se yergue la sede de Naciones Unidas, así que hacia allí nos dirigimos. A priori la conexión entre la ONU y el Planeta Rock es inexistente, pero, si tenemos en cuenta que esta organización ha sido el blanco de las iras de Dave Mustaine ¡en dos ocasiones!, mi interés por poner los pies en este complejo se dispara repentinamente. No obstante, y lejos de pretender restarle méritos al líder de Megadeth, debo puntualizar que antes de que Mustaine de-

nunciase la política intervencionista de este organismo en los discos "Peace Sells... But Who's Buying?" (1986) y "United Abominations" (2007), con anterioridad los británicos Iron Maiden ya habían dedicado la portada de su single "2 Minutes to Midnight" (1984) a tan controvertida organización internacional. La visita guiada está a punto de llegar a su fin y, aunque la cicerone no ha nombrado a ninguna de las dos bandas metálicas en sus explicaciones, la conexión Rock y ONU no ha alcanzado un punto muerto: en una vitrina se expone ¡una escopetarra!, que no es otra cosa que una guitarra construida sobre la base de un fusil AK-47, o, en palabras de artífice, el colombiano César López, músico y activista pacifista, la escopetarra es "un

símbolo de la no violencia, y un objeto de reflexión". Y, con el tan noble propósito de difundir su mensaje, César ha hecho entrega de réplicas de sus creaciones a bastiones del Rock'n'Roll tan firmes (nótese la ironía) como Mano Chau, Fito Paez, Juanes, Julieta Venegas y Shakira. En fin, espero que no decidan organizar un festival conjunto, porque eso sí podría ser letal. Coñas aparte, el elemento metafórico de la escopetarra es elogiable, pero un ligero repaso a la historia del Rock’n’Roll pone en evidencia su completa falta de originalidad. Existen varios precedentes, el primero de los cuales data de principios de 1940s, con el cantautor folk Woody Guthrie transformando, de la manera más simple posible, su seis cuerdas en un arma de fuego; o ésa, al menos, es la idea que transmitía la frase grabada en la caja de su guitarra: "this machine kills fascists" ("esta máquina mata fascistas"). Tres décadas más tarde, Ace Frehley pasaba de la palabra a la acción convirtiendo su herramienta de trabajo en un potente lanzacohetes; y, unos años después, el hiper-musculoso Kane Roberts, brazo derecho de Alice Cooper en sus discos "Constrictor" (1986) y "Raise Your Fist and Yell" (1987), se alzaba como el más extremo de todos los precursores escopetarristas, llevando hasta límites insospechados la fusión entre arte y destrucción con su customizada Combat Rock Guitar, un aparatoso artilugio que parecía enviado directamente desde el futuro apocalípitico. Considerando todos estos antecedentes, resulta lógico pensar que la única aportación de César López ha sido invertir los términos de la ecuación; es decir: en lugar de transformar un instrumento musical en un instrumento de muerte, su escopetarra atraviesa el mismo proceso pero en sentido contrario. Chorradas de artista, vaya...

EDDIE SE TOMA UN KIT-KAT ANTES DE QUE EL MUNDO VUELE EN PEDAZOS.

KANE ROBERTS, EL RAMBO DEL METAL 80’S.


Es hora de comer y, habiendo mencionado a Alice Cooper apenas unas líneas atrás, nada más apropiado para llenar el buche que acudir a un restaurante Kentucky Fried Chicken, la franquicia fundada por el venerable Coronel Sanders. Y es que, desde que The 'Coop recomendase el local de KFC ubicado en las Ramblas de BarceloCHOQUE DE TITANES: EL CORONEL na, siempre que SANDERS Y ALICE COOPER REMEMORAN pienso en el creador ENTRE RISAS EL FAMOSO INCIDENTE DE del clásico "Under LA GALLINA DEL TORONTO ROCK’N’ROLL My Wheels" me viene a la mente REVIVAL CONCERT DE 1969. esta cadena de comida basura. Y te prometo que el término basura no resulta en absoluto gratuito en este A PRINCIPIOS DE FEBRERO LA BANDA contexto, pues, en ENTRÓ EN EL ESTUDIO DE GRABACIÓN, ASÍ el momento de senQUE ES MUY PROBABLE QUE HAYA NUEVO tarnos a la mesa para degustar uno de sus grasientos menús, de repente una escurridiza cucaracha salida de la nada -o eso prefiero creer- comenzó a corretear entre nuestras Tower Burgers (las cuales, UNA ANÓNIMA FAN HISTÉRICA A PUNTO afortunadamente, DE SER ATROPELLADA MIENTRAS EMULA aún permanecían a salvo dentro de sus A SU ÍDOLO DE PAPEL SPIDER-MAN. envoltorios). Y con este asqueroso recuerdo impregnando todavía nuestras retinas salimos del local para dirigimos al siguiente enclave: la Biblioteca Pública, ubicada en el 455 de la 5ª Avenida. El principal motivo que nos lleva a este lugar es que justo delante de este templo del conocimiento se rodó una de las escenas clave del film "Spider-man", aquélla en la que el tío Ben sermonea a su sobrino Peter con la mítica frase "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Sin embargo, existe un motivo secundario para acercarnos hasta aquí, que no es otro que habernos quedado con ganas de ir al baño; pero, claro, después del incidente con la cucaracha, a ver quién es el guapo que se atreve a hacer uso de los servicios del KFC... Hay quien asegura, además, que las cloacas de New UNO DE LOS ACCESOS A BRYANT PARK. York están infesta-

das de caimanes gigantes, así que, por si acaso, mejor no sentarse en determinados inodoros. No soy gay, pero te prometo que siento un especial apego hacia mi trasero… Al lado de la Biblioteca se encuentra Bryant Park, el parque donde AC/DC interpretaron su hit "You Shook Me All Night Long" en el tramo final de "Private Parts", aquella gran película centrada en la vida y locuras del locutor radiofónico Howard Stern. A esta hora de la tarde el pequeño oasis verde invita a descansar y tomarse un respiro, pero a unos pocos metros de allí, exactamente en el número 417 de la 5ª Avenida, tiene su sede el conglomerado empresarial Marvel Entertainment, y eso, para un marvelita como yo, es un canto de sirena que no se puede pasar por alto. Vamos, que si el Halcón Milenario no pudo resistirse al rayo tractor de la Estrella de la Muerte, ¿qué puedo hacer yo –un canijo terrícola- frente al potente campo magnético que emana de La Casa de las Ideas? Sin embargo, todas mis tentativas de acercamiento al ascensor que me llevaría hasta la onceava planta del edificio resultan en balde. Un portero en el vestíbulo controla el acceso, y de nada sirve que le diga que vengo de España: si no tengo concertada una cita con algún miembro de la empresa no me dejará pasar. Da igual. Al fin y al cabo, a esa oficina sólo acude personal administrativo y editores anónimos. Los tiempos en que los artistas estaban obligados a fichar diariamente quedan ya muy lejos. Para bien o para mal, en la Era de Internet todo el mundo trabaja desde su casa. Donde no nos pusieron ninguna pega para subir a lo más alto fue en el Empire State Building. Y es que, tal como se dice en Catalunya: pagando, San Pedro canta. Lo que no hubo manera de evitar, eso sí, fue la enorme cola del control de seguridad. Tras una hora larga de espera, un ascensor nos eleva a velocidad de vértigo hasta la planta 86. Una vez allí, en la terraza que hace las veces de mirador, la anécdota del día la protagonizó la loca de mi novia, quien, con el desparpajo que la caracteriza, decide entretener al resto de turistas con una imitación de King (ARRIBA) EN LA PLANTA 11 DE ESTE Kong. Ágil como una EDIFICIO SE DECIDE EL DÍA A DÍA DEL gacela, de un salto UNIVERSO MARVEL. (ABAJO) DETAsalva el muro que LLE DE UN PANEL INFORMATIVO EN EL nos separa del vacío VESTÍBULO DEL MISMO EDIFICIO. para aferrarse a los barrotes de la reja de seguridad, agitándolos como si de un simio enjaulado se tratase. ¡Unga, unga!


Ni los gorilas de Melody, vaya. Como es natural, no tardó ni dos segundos en acercársele un amable guardia jurado, con la consiguiente amenaza de llamar a la poli si osaba repetir la travesura. ¡Glups! Habrá que calmarse o a este ritmo tendremos mucha suerte si antes de finalizar las vacaciones no nos detiene una patrulla... Cuando abandonamos el edificio está a punto de anochecer. Ya no apetece pasar más tiempo a la intemperie, así que deambulamos de tienda en tienda para combatir las bajas temperaturas. Hoy cenaremos en la habitación del hotel, por lo que previamente nos abastecemos en un par de delis que hay en las inmediaciones. Las fajitas vegetales están en su punto, muy buenas, pero el capricho del menú es ¡un botellín de Dr Pepper! Y con el repugnante sabor de este brebaje aún en el paladar (puagh, qué cosa más mala) establezco la segunda conexión del día con el Universo Guns N'Roses (la primera tuvo lugar este mediodía en el Kentucky Fried Chicken; ya sabes, el tontolculo de Buckethead llevaba calzado en la cabeza un cubo de esta pollería). Como recordarás, el nexo de unión entre la longeva marca de refresco y Axl N'Roses tuvo su origen cuando Dr Pepper lanzó en marzo de 2008 una campaña a nivel nacional en la que se comprometía a repartir de forma gratuita una lata de su bebida a todos y cada uno de los ciudadanos norteamericanos -a excepción de Slash y Buckethead (!)- si, antes de que el año en curso llegase a su fin, GN’R publicaban de una maldita vez su aplazadísimo "Chinese Democracy".

AMERICAN T.V.

Resulta triste decirlo pero, habiendo causado baja -más o menos- voluntaria en todos los (a priori interesantes) conciertos celebrados en la Gran Manzana, mi única alternativa de ocio nocturno fue la maldita televisión. Supongo que, a falta de una buena dosis de Rock'n'Roll en vivo, no existe nada más reparador que un buen baño de rayos catódicos... Sin embargo, la programación, más que tristeza, daba puta pena. Absolutamente en las Antípodas de la oferta televisiva que disfruté durante mi anterior viaje a la ciudad. En aquella ocasión, en cuestión de un par de noches vi desfilar por la caja tonta una entrevista a Ginger Lynn, sendos documentales dedicados a Lynyrd Skynyrd y Aerosmith, y el por entonces novedoso programa de Howard Stern. ¡Eso sí es un chute de Popular 1 directo en vena! No obstante, en el transcurso de estos ocho años, el nivel ha caído en picado. La MTV apesta tanto o más que su versión española, el Rock'n'Roll brilla por su ausencia en la parrilla actual, y al bueno de Howard ya hace tiempo que se le agotó la fórmula de strippers y cerderío. Aunque, quién sabe, tal vez el problema lo provoqué yo mismo al no ser capaz de sintonizar los canales adecuados…

Siguiendo con la música, en este caso en vivo, esta noche alentarían la velada dos actos de muy distinto pelaje: por un lado, en un antro del Village tendría lugar un concierto capitaneado por la diva del underground neoyorkino Queen V (que fue entrevistada una vez en el Popu hace alrededor de mil años y de quien nunca más se supo) y unos cuantos músicos invitados que sólo conocen en sus casas. Poca cosa, vaya. El plato fuerte, en cambio, se celebraría en el local de B.B.King, con la actuación de la mítica formación de surf instrumental The Ventures, banda, por cierto, de quienes tan sólo conozco un único tema: "Pipeline", una pieza que –¡ya es casualidad!- versionearon Anthrax en su EP "Penikufesin" -y apelo a la coincidencia porque, con esta nueva alusión a la banda de Scott Ian, se cierra el círculo que abrí al inicio de la jornada con mi visita a Penn Station-. Pese a desconocer casi por completo su trayectoria musical, a The Ventures les tengo muy presentes siempre que sale a relucir el nombre de una de las más famosas actrices porno de los 80s; y no porque la susodicha sea hija de algún miembro de la banda, sino más bien por una razón puramente circunstancial, como es el hecho de que The Ventures fueron los responsables, que no los autores, de interpretar el opening de la serie de tele. Visión "Hawaii 5-0", serie cuyo protagonista principal, el actor Jack Lord, años más tarde Para nada. jovencita La co-nexión inspiraría a una desvergonzada mequeNora les Louise une, Kuzma a decir nor de edad llamada a verdad, como resultaTraci bastante inla hora de rebautizarse Lords para su entrada triunfal en el cine de adultos.

¿EL

HECHO QUE KFC PERTENEZCA AL GRUPO PEPSICO TUVO ALGO QUE VER EN EL VETO DE DR PEPPER A ESTE ESPERPENTO?

VIERNES 29 Hoy nos lo tomaremos con más calma. El cansancio y, sobretodo, el frío ya han hecho mella en la resistencia de mi novia, así que será mejor bajar un poco el ritmo. El primer punto del recorrido de la jornada es de lo más pintoresco y, en apariencia, lo más alejado al Rock'n'Roll que existe, pero un repaso a la KISStoria quizás te proporcione una pista: fue el escenario desde donde la formación original de the hottest band in the world inició su plan de Reconquista a escala planetaria. ¿Hace falta decir más? El lugar en cuestión está un tanto apartado de cualquier estación de metro, así que del trayecto a pie no nos salva ni Dios. Gracias a Él (que dirían Stryper) por el camino encontramos varios puntos de interés: el club Birdland (mítico local de Jazz donde cada noche hay música en directo), los Record Plant Studios (sagrado estudio de grabación donde Aerosmith, Jimi Hendrix o KISS -sí, otra vez ellos- grabaron algunas de sus inmortales obras), y The Actors Studio (academia donde forjaron su Arte unos cuantos colosos de la interpretación). Lo más chocante de todo es que estos tres enclaves se hallan ubicados en la misma calle, la 44 West, en pleno corazón

NO COMMENT.

CHAVAL, TU MADRE ESTA VEZ SE EQUIVOCA: ESTA CHICA TE CONVIENE. Y MUCHO.


de lo que antiguamente se conocía como Hell's Kitchen, el barrio que tan bien retrató Sylvester Stallone -por algo es oriundo de allí- en su debut en la dirección "Paradise Alley", y donde Daredevil, el cornudo superhéroe de la Marvel, tiene su particular coto privado de caza urbano en pos de delincuentes y demás gentes de mal vivir. Y bien, llegamos a nuestro destino: el USS Intrepid, un portaaviones amarrado en el muelle 86, al final de la calle 46 West, dentro del recinto conocido como Intrepid Sea, Air & Space Museum. Esta mastodóntica nave de guerra sirvió de incomparable marco para la rueda de prensa en la que Paul Stanley, Gene Simmons, Ace Frehley y Peter Criss anunciaron su gira de reunión (momento que quedó inmortalizado en el dvd "The Second Coming"), el denominado Alive/Worldwide Tour. Corría el 16 de abril de 1996, y desde entonces nada volvió a ser igual para millones de kissmaníacos. Y con este dato termina todo el interés musical que pueda suscitar el USS Intrepid (a menos que seas fan del puto Will Smith y quieras saber que en la cubierta del navío se rodó una de las escenas del bodrio "Soy Leyenda"). Ello no es óbice, sin embargo, para que perderse por las instalaciones de esta mega-atracción turística (compuesta, además, por un submarino y un avión supersónico, el célebre Concorde) no resulte una experiencia inolvidable. El ticket de acceso es de los más caros de la ciudad, pero te aseguro que se merece una visita.

Tras la sobremesa de rigor nos dirigimos al Rockefeller Center, sede -entre muchas otras cosas- de los estudios de la NBC. En el lujoso vestíbulo nos hacemos una foto junto al logo de la cadena de televisión que tantas horas de sano entretenimiento nos ha ofrecido en los últimos años (Seinfeld, Heroes, 30 Rock, The Office), y no nos olvidamos de visitar el megastore con merchandising de todas sus teleseries. Una completa locura. Antes de abandonar el complejo no podemos resistirnos a echamos unas risas observando a los figurines que lucen palmito en la archifamosa pista de hielo. ¿Serían parte del reparto de aquel descerebre titulado “Patinazo a la gloria”?

(ARRIBA) VESTÍBULO DEL EDIFICIO QUE ACOGIÓ AL PRIMERO DE LOS TRES RECORD PLANT S TUDIOS (EL SEGUNDO SE CONSTRUYÓ EN LOS ANGELES, Y EL TERCERO EN S AUSALITO). EN LA ACTUALIDAD SÓLO SIGUE OPERATIVO EL DE LA.

Estamos cerca del edificio donde vive el magnate que últimamente aconseja sobre negocios a Gene Simmons, el mismísimo Donald Trump, así que decidimos hacerle una visita (al edificio, no al hombre, que íbamos sin cita previa…). La Trump Tower es todo y más de lo que podría llegar a imaginarse; a su lado las palabras espectacular y ostentoso se quedan muy, muy cortas. Contemplando la cascada de agua de varios pisos de altura que hay en su atrio interior cualquiera pensaría que el bueno de Donald contrató al decorador de la Tyrell Corporation. ¡Ni los faraones! La antítesis de tanto lujo se halla a apenas un par de manzanas de allí (o se hallaba, porque a día de hoy la sensación que transmite el emplazamiento es de plácido bienestar); hablo de la intersección de la calle 53 con la 3ª Avenida. En ese cruce Dee Dee Ramone ofreció –durante una temporada, y con mucha ingratitud, a tenor de la letra de su canción "53rd & 3rd"- comercio carnal (y no es que vendiese jamones precisamente, si no un tipo muy especial de embutido. You know what DE ARRIBA A ABAJO: LOS NÚMEROS I mean…). Y del planeta Pesadilla al fantástico mun315, 321 Y 432, RESPECTIVAMENTE, DE do de los Sueños. Porque ¿hay algo más LA CALLE 44 WEST. CARTEL DE “PARAinocente y puro que una tienda de jugueDISE ALLEY” (EN ESPAÑA SE TITULÓ tes? Por supuesto no me refiero a la sec“LA COCINA DEL INFIERNO”). ción de juguetería de tu hipermercado más cercano; la materia de la que están hechos (IZQ.) MALDITO BEN AFFLECK… ¿POR los sueños necesita de golpes de talonario para salir a la superfície, y en NYC tiene un QUÉ, POR QUÉ Y POR QUÉ?


auténtico filón. Y en este Nunca Jamás erigido el peinado de las réplicas sea lo más veraz posible a los modelos originales (aunque, a mi sobre una montaña de billetes de 100 dólares gusto, lo consiguen más en el caso de Joan FAO Schwarz es su castillo encantado, un gran almacén dedicado por entero a hacer feque en el de Debbie). Paso de comprarlas, liz a los más pequeños (y, para qué lo vamos que estos fetiches no son para mí. Añadir que, a la colección Ladies of the ‘80s se sua ocultar, también a los más grandes). Desde mó un tercer ejemplar: la petarda de Cindy los enseres más diminutos de una casa de muñecas, al piano giant size que pisoteaba el Lauper (disculpa la austeridad expresiva, pero considero que espasmao de Tom Hanks ta mujer no merece en la peli “Big” (proeza los signos de exclaque también llevó a cabo mación). Homer Simpson en un De las dos atracepisodio),pasando por ciones musicales de una cinta mecánica a mola velada, una tiene do de pasarela por la que nombre propio: la desfilan decenas y deceMarshall Tucker nas de Barbies, todas con Band (a quienes no un modelito diferente. controlo para nada), Para nuestra sorpresa, la otra es una banda Mattel ha lanzado al mertributo a Led Zepcado dos nuevas Barbies pelin. Poquita cosa. dentro de su serie Ladies of the '80s: la Barbie ¡Debbie Harry! y la BarSÁBADO 30 bie ¡¡Joan Jett!! (bueno, La mañana del sáen este caso los signos de bado conecta, tal exclamación están de más fichas de dominó, porque, con la foto de la con la tarde de la derecha ya te estropeé la víspera, y es que, sorpresa, pero es que la tras haber visitado ex-Runaway me pone el Metropolitan, volla barra vertical). vemos a pasar unas Pese a las limitaciones cuantas horas den¡E L SUEÑO DE S ILVIA S UPERSTAR HECHO que presenta el diseño estro de un museo; REALIDAD ! D E HABERSE EDITADO 16 AÑOS tandarizado de la muñeca, esta vez el de Histoal menos se ha procurado MÁS TARDE, SEGURO QUE SU “DRESSED TO ria Natural. que tanto el rostro como Previamente, hemos KISS” HUBIESE TENIDO OTRA PORTADA.

LA

CUBIERTA DEL USS INTREPID ALBERGA UNA BONITA COLECCIÓN DE ESPECTACULARES CAZAS DE COMBATE.

ARE YOU READY (FOR SOME DARKNESS), BOY?


LA IMPONENTE FACHADA DEL DAKOTA BUILDING BIEN PODRÍA HABER SIDO LA PORTADA DE UN DISCO DE BLACK SABBATH. TANTO O MÁS TERRORÍFICA QUE LA DE SU DEBUT, HUBIESE SIDO, ADEMÁS, UN MORBOSO HOMENAJE AL ARTISTA MÁS IDOLATRADO POR OZZY OSBOURNE.

YO TAMPOCO CUENTO CON UN TRAJE EN MI FONDO DE ARMARIO, POR LO QUE RESULTÓ DEL TODO INVIABLE INTENTAR RECREAR CON UN MÍNIMO DE FIDELIDAD LA IMAGEN DE LA PORTADA. MI NOVIA, PARA MÁS INRI, IBA EN CHANDAL, ASÍ QUE…¡PEOR IMPOSIBLE!

atravesado buena parte de Central Park, con paradas obligatorias en Strawberry Fields y el edificio Dakota, lugares de peregrinación de todo beatlemano que se precie (no es mi caso, aunque valoro su legado). En el caso del complejo de apartamentos, mi inclinación hacia tan funesto emplazamiento se explica más por "La semilla del Diablo", la película maldita de Roman Polanski, que por la vida y obra de John Lennon. Y del Upper West Side nos desplazamos por vía subterránea hasta el barrio de Chelsea. Un par de días antes, comprando ropa vaquera en una tienda de la cadena OMG The Jeans Store, el dependiente, que no disponía del modelo y talla que le solicitábamos, nos emplazó a otro de los locales de la franquicia, situado entre las calles 22 y 23. Así que… aquí estamos. Tras hacer perder un poco de peso a mi ya escuálida billetera adquiriendo unos cuantos pantalones, me percato que estamos cerca de otros puntos de interés para este diario de ruta. El más inmediato es el semáforo donde KISS al completo (sí, sí, de nuevo ellos) posaron para la foto que ilustra la portada de "Dressed to KISS", su tercer álbum. Existe una anécdota alrededor de esa instantánea: resulta que el único miembro de la banda que contaba en su guardarropa con un traje de propiedad era el romanticón

de Peter Criss (¿tú también pensaste que se trataba de Gene dandy Simmons? Noo, KISS no se habían convertido aún en una máquina de hacer dinero y, por tanto, en su agenda todavía no había reuniones de ejecutivos a las que presentarse debidamente uniformado), por lo que los otros tres músicos tuvieron que pedir prestados sus trajes. ¡De ahí que Gene parezca un pescador con las perneras por encima de los tobillos! Para acabar de rematar el desaguisado, además, la novia del fotógrafo le confió unos zuecos –los cuales dejaban aún más al descubierto sus calcetines de color ¡azul!-. Por Dios bendito, suerte que la imagen que aparece en la cubierta del disco es en blanco y negro, porque, definitivamente, este hombre no tiene ni idea de lo que es ir conjuntado. A unos pasos de ese (supongo que poco frecuentado) enclave se encuentra el segundo punto caliente de la zona: el Chelsea Hotel, lugar de residencia de una larguísima lista de artistas (Leonard Cohen, Dee Dee Ramone,... ), plató de otras tantas películas ("Chelsea girls", "Leon, el profesional", más puntos suspensivos), y escenario del ¿asesinato? de Nancy Spungen en su habitación número 100 (habitación, por cierto, que, con los años, pasó a convertirse en apartamento de alquiler ante las molestas visitas de miles de fans de Sid Vicious).


ALBERT FISH, EL VAMPIRO DE BROOKLYN

ENTRÉ HASTA EL VESTÍBULO DEL CHELSEA HOTEL, PERO LOS RECEPCIONISTAS NO ME PERMITIERON IR MÁS ALLÁ.

El barrio de Chelsea, donde Peter Parker tuvo un apartamento de soltero a partir del número 139 de la colección Amazing Spiderman, no da más de sí (el susodicho apartamento tenía, como cabía esperar, una ubicación completamente ficticia). Es el momento, pues, de callejear hacia el sur, concretamente hacia el Village. Llegados allí, el 66 de Perry Street -en esta zona de la ciudad las calles no se identifican con números- es nuestra visita obligatoria (y uso el plural en el pronombre posesivo porque, por primera vez en todo el viaje, puedo compartir una dosis de mitomanía con mi novia, quien, todo sea dicho, ya está hasta los ovarios de tanto rock-star, tanto super-héroe y tanto psycho-killer). La excusa es que en ese coqueto edificio de tres plantas vivía Carrie Bradshaw, el personaje central de "Sexo en Nueva York"; así que, como fieles seguidores de la teleserie, peregrinamos hasta sus escaleras de entrada para expresar nuestro agradecimiento. Lástima que una cadena nos bloquee el acceso hasta el portal, porque pensábamos llamar a todos los timbres preguntando por Sarah Jessica Parker. Y sí, de acuerdo, el tono de esa serie es de un pijerío que tira de espaldas, pero la

El anciano que ilustra la portada de este disco de los nipones Church of Misery (una banda cuyos textos se centran exclusivamente en célebres asesinos en serie) es Albert Fish, el psychokiller más retorcido y cruel que haya existido jamás. Fish, el Hombre Gris, el Hombre del Saco como le llamaron algunos testigos que se cruzaron en su camino, era, por extraño que parezca una vez leído su atroz historial criminal, padre de seis hijos, con los que nunca se sobrepasó (con los hijos Mi querida Señora Budd, de los demás no tuvo tanto En 1894 un amigo mío embarcó en el buque Tacoma, capitatacto). Torturó, mutiló, aseneado por el señor John Davis. Viajaban de San Francisco a sinó, se comió, y a veces Hong Kong, China. Cuando llegaron allí, él y dos más bajaron también violó, a niños de a tierra y se emborracharon. Cuando quisieron volver al barco veinticinco estados diferenéste ya había zarpado. tes en su contínuo peregriEn aquella época había una hambruna en China. Cualquier naje por el país. clase de carne costaba entre uno y tres dólares la libra. Tan De todas sus víctimas (se grande era el sufrimiento entre los más pobres que todos los calcula que más de cien) sóniños menores de doce años eran vendidos como comida para lo se conocen los detalles de evitar que otros muriesen de hambre. Un niño o una niña de tres, las tres precisamente menos de catorce años no estaba seguro en la calle. Cualquiede New York. Una de ellas ra podía ir a cualquier carnicería y pedir filetes, chuletas o carfue Grace Budd, una pene para guisar. Los cuerpos estaban a la vista y te cortaban lo queña de diez años a quien que pedías. Así El trasero era la parte más sabrosa, se vendía coejemplar: la petarda de Cindy Lauper. la muerte le sorprendió una mo ternera y tenía el precio más alto. no me que la línea tarde deextraña junio de 1928. Pa-llegase a su fin…). Johnmantiene se quedó tanto tiempo que se aficionó a la carne humaLa última visita de la jornada nos saron seis años hasta que el na.Metropolitan A su regreso a Nueva York secuestró a dos niños, uno de ocupados cuantas El crimen fue unas resuelto conhoras. la siete años y otro de once. Los llevó a su casa, los denudó, los Museum,de con una de las colecciones de Arte detención su asesino. ¡EL SUEÑO DE SILVIA ató y los encerró en un armario. Después quemó todas sus más (en cantidad y calidad) del Hastaimportantes el momento, Fish pertenencias. Día y noche los golpeaba -los torturaba- para Ssido UPERSTAR HECHO mundo, bien vale el esfuerzo. había arrestado en vasu carne más tierna y apetitosa. REALIDAD ! DE hacer las dos atracciones musicales de la velariasDe ocasiones, aunque siemPrimero mató al de once años, porque su culo era más gordo EDITADO 16 una tiene nombre pre HABERSE por delitos menores da, y tenía más carne. Todo su cuerpo fue cocinado excepto la AÑOS porMÁS TARDE, (sobretodo obscenidad propio: la Marshall los huesos y los intestinos. Fue asado en el horno (su QUE SU cabeza, sentíaSEGURO un ansia compulsiva Tucker (a quiculoBand en una sola pieza), hervido, pasado por la parrilla, frito y por enviar cartas TO anónimas enes no controlo en “DRESSED KISS” guisado. Al menor le ocurrió lo mismo. Por aquel entonces yo de contenido pedófiloOTRA y absoluto), y un gruHUBIESE TENIDO vivía en el número 409 Este de la Calle 100, muy cerca, en el coprófago-). Y fue precisapo tributo a Led ZePORTADA. lado derecho. Me hablaba tan a menudo de lo buena que estamente gracias a una carta ppelin. – Me voy a la ba la carne humana que decidí probarla. dirigida a Delia Budd, cama la auto-convenEl domingo 3 de junio de 1928 llamé a su puerta en el 406 madre de la pequeña- que ciéndome de que no Oeste de la Calle 15. Les llevé queso y fresas. Comimos. Grace fue arrestado, siendo ejecume pierdo gran cosa, se sentó en mi regazo y me besó. Decidí comérmela. tado en la silla eléctrica el 16 y, antes de cerrar los Con la pretensión de llevarla a una fiesta ustedes dejaron de enero de 1936. ojos, rezo para que que me acompañara. La llevé a una casa abandonada en Ésta es la escalofriante carta realmente sea así. Westchester en la que me había fijado. Cuando llegamos le que envió:

EL

406 WEST DE LA CALLE 15, LUGAR DONDE VIVIÓ LA FAMILIA BUDD, LO OCUPA ACTUALMENTE ESTE VULGAR ALMACÉN DE MATERIALES DE LA CONSTRUCCIÓN. TRAS ESTA DECEPCIÓN ME ABSTUVE DE VISITAR EL ÚLTIMO DOMICILIO CONOCIDO DE ALBERT FISH: EL 200 EAST DE LA CALLE 52.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

dije que esperase fuera. Comenzó a recoger flores silvestres. Fui al piso de arriba y me quité toda la ropa. Si no lo hacía saSÁBADO 30 manchármelas de sangre. bía que podía La mañana del estuve sába- listo me asomé a la ventana y la llamé. Me Cuando do conecta, escondícomo en unfiarmario hasta que llegó a la habitación. Cuando chas de con comenzó a gritar e intentó bajar corriendo las me dominó, vio desnudo la tarde de la víspera, escaleras. La agarré y me dijo que se lo contaría todo a su y es madre. que, de nuevo, dejamos pasarla desnudé. las Primero Cómo golpeaba, mordía y arañaba. La horas estrangulé dentro dey la uncorté en pedacitos para llevarme la carne hasta museo; esta vez el La cociné y me la comí. Qué bueno estaba su mi apartamento. de Historia Natural, culito asado al horno. Me llevó nueve días comérmela entera. mi favorito todos aunque podía haberlo hecho si hubiese queriNo mede la follé, los que pisado en do.he Murió virgen. vida. (Extracto del libro “Vivir para matar” de Diego Ávila) Previamente, hemos


conexión rockera (sí, debo justificarme, ¿qué pasa?) surge porque, no lo olvidemos, el mismísimo Jon Bon Jovi actuó en uno de sus episodios (interpretaba a un pichabrava que acababa tirándose a la cara-caballo, algo difícil de creer incluso para todo un salidorro como Tico Torres -no hablemos ya de Jon-, que jamás se rebajaría a follarse a semejante orco.

Aproximadamente a una milla de distancia de allí se encuentra una de las zonas a las que más ganas tengo de acudir: St Mark's Place. El miércoles anterior me quedé con las ganas (y eso que del CBGB a dicho lugar sólo hay un paseo a pie de alrededor diez minutos), pero de hoy no pasa. No señor. Lo primero que identifico al pisar esas calles es Gem Spa, el


(PÁGINA ANTERIOR) VISTA NOCTURNA DEL

EDIFICIO UBICADO EN EL NÚMERO 96 DE S T. MARK’S PLACE, EL MISMO QUE LED ZEPPELIN INMORTALIZARON EN LA CARPETA DE “PHYSICAL GRAFFITI”. (IZQ.) EL ABAJO FIRMANTE, CON CARA DE PAC-MAN, A LAS PUERTAS DEL SUSODICHO EDIFICIO, ESPERANDO QUE PASE PRONTO EL SERVICIO DE RECOGIDA DE BASURAS. ¡QUÉ TUFO, OIGAN! quiosco de prensa que aparece en la contraportada del disco debut de los New York Dolls; pero, dado que las Muñecas significan más bien poca cosa en mi vida, me detengo el tiempo justo para tomar la foto de rigor. No hay que darle mayor importancia. A continuación nos topamos con la cafetería ucraniana Veselka (teclea Veselka en el blog de Rachel Arieff y verás), un establecimiento de comidas donde, según parece, Joey Ramone desayunaba todas las mañanas. De Joey, más adelante, fotografié la fachada del bloque de apartamentos ubicado en el número 11 de la calle novena, (supuestamente) la que fuera última residencia del cantante; pero cometí el error de inmortalizar el edificio del lado Este -y no del Oeste, que es el correcto- de dicha calle, por lo que guardo en mi disco duro una foto completamente anónima. En otra ocasión, Joey. Nuestros pasos nos llevan, ahora sí, a la calle St Mark's Place. El lugar ha cambiado muchísimo desde la primera vez que estuve aquí, pero todavía conserva unas cuantas tiendas emblematicas (Trash and Vaudeville, entre ellas). Sin embargo, varias tiendas de discos en las que recuerdo haber gastado unos pavos han desaparecido sin dejar rastro; no así el edificio - que se halla a apenas unas cuantas manzanas de distancia- cuya majestuosa fachada cubre las dos caras de la portada del "Physical Graffiti" de Led Zeppelin. En las escaleras que acceden al portal esperó Mick Jagger a su buddie Keith en el clip "Waiting on a friend", así que me monto la película y hago como que espero a un colega. El teatro no dura más de diez segundos, eso sí, que con este frío se le congela el culo a cualquiera. Deambulamos hasta el Niagara Bar, el local propiedad de Jesse Malin situado en el 112 de Avenue A. Se ve bastante animado, pero no tenemos el cuerpo para unas cervezas frías. En cualquier caso, ya estuve aquí en mi primera visita a la ciudad (que se saldó con un pequeño chasco al no estar presente el degenerado dueño). Me llama la atención el mural dedicado a Joe Strummer que hay pintado en una pared exterior del bar, tanto como el póster que anuncia el show "California Calling". Más tarde, buscando en internet, comprobé que el espectáculo es un spoken word por parte de un tipo que vivió a fondo la escena punk californiana a principios de los '80s. Con mi nivel de inglés no me pierdo nada, pues. Lo curioso es que el telonero

es otro degenerado: Richard Bacchus, que anuncia un set acústico. ¡Mieditorrr! Los conciertos a la hora del resopón son, por un lado, Southside Johnny and the Asbury Jukes (no soporto el sonido Springsteen, así que paso), y, por el otro, una banda tributo a los Beatles (si no son los originales me niego a pagar un centavo). Me voy tranquilo a la cama, ninguno de los dos me robará el sueño esta noche.

DURANTE UNA TEMPORADA AQUÍ CANTÓ RYAN ADAMS AQUELLO DE “LITROS DE ALCOHOL CORREN POR MIS VENAS, MUJER ”.

DOMINGO 31

El Día del Señor comienza como Dios manda: yendo a misa. A una misa gospel, claro está. No profeso religión alguna, pero supongo que he visto demasiadas veces la escena que protagoniza el Reverendo James Brown en la peli "The Blues Brothers", así que ponemos rumbo a Harlem para sumarnos a la congregación. En una guía de viajes (creo recordar que en Lonely Planet) hablan bien de la Canaan Baptism Church of Christ, por su autenticidad y por la escasa afluencia de turistas, por lo que me parece una buena opción. Al entrar en la iglesia (que tiene aspecto de asociación de vecinos) nos hacen entrega de un libreto con la programación de la ceremonia. Los visitantes tenemos asientos reservados, pero no estamos aislados del resto de parroquianos. A nuestra izquierda se sienta una familia al completo, y a mi derecha tengo a un abuelete con pinta de Scatman John que parece un bluesman del Delta. Pasados unos minutos comienza el ritual. La banda de música empieza a tocar a todo trapo un enérgico espiritual y, por los pasillos laterales, desfilan los miembros del coro hasta la tarima situada tras el púlpito. La puesta en escena es poderosa, y la música, rítmica y sensual, atruena de forma intensa pero, a la vez, celestial. Se me llenan los ojos de lágrimas. La emoción se palpa en el ambiente. La magia flota en el aire. La gente canta y aplaude, y el abuelete de al lado levanta los brazos como un epiléptico al tiempo que exclama repetidamente "thanks Lord, aleluyah, aleluyah". La catarsis es total. Sólo se echa en falta a un grupo de bailarines haciendo cabriolas junto a John Belushi y Dan Aykroyd. Tras este espectacular inicio viene el sermón, un pase de cepillo (la presión social me obliga a depositar un donativo de 10 pavos), una charla por parte de una misionera, un salmo (bastante

PINTADO EN 2003, HASTA 2009 NO FIGURABA

EL NOMBRE DEL BAR EN EL MURAL. PERO, UNA VEZ SE CONVIRTIÓ EN LUGAR DE PEREGRINAJE PARA FANS, SE AÑADIÓ LA LEYENDA “NIAGARA EST.1997”. JESSE, QUÉ ZORRO ERES.

HUMOR NOSTÁLGICO PARA PUNK-ROCKERS CUARENTONES. ¿QUÉ SERÁ LO SIGUIENTE?


EL T EMPLO DE DIOS (BUENO, UNO DE TANTOS). (IZQ) EL T EMPLO DEL S OUL (THE ONE AND ONLY). soporífero, por cierto), otro pase de cepillo (esta vez me paso la presión social por el forro -y no precisamente el del bolsillo-), un bautizo, un nuevo salmo (peor incluso que el anterior),... En definitiva, un condenado aburrimiento. Los escandinavos que están sentados delante nuestro se levantan y se marchan. Dudo que se les pueda reprochar nada… La ceremonia llega ya casi a las dos horas y ni siquiera hemos alcanzado el ecuador del programa previsto. Es el momento de salir con viento fresco o todavía nos pillará el puto Apocalipsis. Ha sido un poco decepcionante, pues el evento ha ido de más a menos (también me esperaba más números musicales al nivel del que nos dio la bienvenida), pero no se puede negar que ha sido una experiencia única, irrepetible, diferente. Eso es, diferente. Sin embargo, que se la metan donde les quepa, porque con una vez ya he tenido suficiente. Habiendo elevado el espíritu hacia El Creador, toca volver a tomar tierra y hacer un reconocimiento del terreno. Y la conclusión que extraigo es que, por más que las guías de viajes insistan en que el Harlem nocturno no supone ningún peligro para el visitante ocasional (¿acaso sí lo es para el habitual?), en la vida se me pasaría por la cabeza pisar este barrio llegada la noche. Si incluso a plena luz del día da grima... La suciedad y el derribo están por doquier, los homeless campan a sus anchas, y los coches patrulla brillan por su ausencia. Joder, si parece el decorado de "Fuga del Bronx" (hablando del Bronx… me cuesta imaginar cómo debe ser ese distrito en realidad). Aunque, tal vez me esté dejando llevar por una primera impresión errónea, porque, a un par de manzanas de aquí, en el bulevar Martin LuESTA VEZ SÍ ESPERO A UN AMIGO.

EL T EMPLO DEL S OUL (THE ONE AND ONLY). (IZQ) EL T EMPLO DEL S OUL (THE ONE AND ONLY). ther King (que es como también se conoce a la calle 125), el ex-presidente Bill Clinton tiene el despacho de su Fundación. Si un estirado como él y su gabinete trabajan aquí es porque la zona tampoco puede ser tan conflictiva, ¿no? Tras tomar unas cuantas instantáneas a la marquesina del Apollo Theater y agenciarnos un strawberry milkshake en un McDonald's (sin ningún tipo de duda: el más inmundo de toda la ciudad) iniciamos un largo recorrido a pie hasta el hotel. Por cierto, ¿por qué motivo dejaron de servir batidos en los McDonald's españoles? ¿Tal vez contienen dosis prohibitivas de azúcares y grasas? Sea lo que fuere, siempre que via-


jo fuera del país intento ponerme al día con mi postre preferido (aunque, curiosamente, los yankees no lo consideran un postre, sino un refresco… ¡Me encanta esta gente!). En la intersección entre las calles 112 y Broadway me detengo para rendir pleitesía a mi sitcom preferida de todos los tiempos: Seinfeld. Y es que, en este punto del Upper West Side se encuentra Tom's Restaurant, el lugar donde se reunían Jerry, George Constanza, Elaine Benes y Cosmo Kramer para, entre desayuno y desayuno, charlar de... bueno, charlar de nada, de absolutamente nada (de hecho, según explicarían ellos mismos en un capítulo de lo más metatelevisivo, la excusa argumental de todos y cada uno de los episodios era precisamente ésa: la total ausencia de argumento; o al menos, la ausencia de argumento tal y como se conoce habitualmente). Muy vinculada a otro universo de ficción es la siguiente dirección en mi agenda de ineludibles: la confluencia entre la calle 98 y West End Avenue. Ignoro exactamente en qué número, pero en un edificio de esta encrucijada nació, y vivió sus primeros años, el arquitecto del Universo Marvel: míster Stan Lee. Corría nada menos que 1922, así que el hoy todavía en activo abuelete (continúa creando guiones para varias series, y no se pierde ni una de sus adaptaciones al cine, en las que siempre tiene reservado un cameo) cuenta ya con 90 años. ¡Excelsior! Siguiendo Broadway hacia el sur encuentro justo lo que necesito: una librería de la cadena Barnes & Noble (número 2289, a la altura de la calle 82). Desde que el viaje empezó ya he visitado un par de sus establecimientos, pero, por no ir cargado durante toda la jornada, me he abstenido de comprar nada. Hasta este momento. Me desquito adquiriendo cinco volúmenes, pero perfectamente podría haber comprado más porque siempre tienen unas cuantas gangas a precios irresistibles (una enciclopedia ilustrada de Elvis, por ejemplo, que, vendida a peso, costaría una fortuna). Pero tanto el espacio en la maleta como el peso a facturar es limitado, por lo que se exige moderación (hacer un buying spree está al alcance de unos pocos). La selección, tal como se puede ver en la columna central, es de lo más variopinta: Ozzy y Rhandy (vistos desde la perspectiva de Rudy Sarzo), Anvil (no tenía ni idea de que, además del documental, se hubiese editado un libro), Acrassicauda

(la banda iraní de Metal que evitó bombardeos y deportaciones), Gene Simmons (ya tengo otra de sus autobiografías, "KISS and makeup", pero ésta estaba tirada de precio), y Aerosmith (libro con el que, además de rendir homenaje al reportaje del Popu que ha inspirado el mío, saldo una cuenta pendiente conmigo mismo, pues llevaba años tras él). Para la velada de hoy no hay ni un concierto que me despierte un mínimo de interés, pero, por increíble que parezca, mi novia tiene ganas de entertainment. Ok, de acuerdo, pero ¿adónde? ¿A ver un triste musical? "Rock of Ages" podría ser una opción, pero dudo mucho que a estas horas de la tarde queden tickets a buen precio (si es que aún quedan tickets…). Mira por donde, mucho me temo que esta noche volveremos a quedarnos en el hotel. Por una vez es un alivio, pues la sola idea de ver un musical es algo que me provoca urticaria testicular.

STAN LEE: “¿QUÉ PASA, TRONCOS? ¡EL METAL ME MOLA UN GÜEVO!” (‘NUFF SAID, TRUE BELIEVERS)

LUNES 1

LECTURA

PARA LOS PRÓXIMOS 10-15 AÑOS. TRISTE, PERO A DÍA DE HOY NO HE ACABADO NI UNO SOLO DE ELLOS. TRIS

Esta mañana, la jornada da comienzo más pronto de lo habitual. Quedan muchas cosas (=compras) por hacer, así que nuestras últimas horas en la ciudad se preveen frenéticas (doy fe de ello). Prisas, nervios a flor de piel, carreras por las avenidas y un par de serios conatos de infarto. ¿Quién dijo que las vacaciones son para descansar? El único momento que merece ser rescatado de toda aquella vorágine matutina es nuestro paso por Canal Street, a la altura de Chinatown. Por cierto, cómo se ha erradicado la piratería de cd’s y dvd’s en la zona… En 2002 aquello era Sodoma y Gomorra. En la actualidad las falsificaciones sólo afectan a todo lo demás (es decir, perfumes, relojes, marroquineria,…). Precisamente nuestro objetivo era pillar unos bolsos (de imitación, of course) pero, claro está, este material se mueve de estrangis, no está a la vista en la calle. Para solventar esa situación disponen de ganchos apostados en las aceras que, ante las palabras mágicas (D&G, Burberry), te llevan a un almacén clandestino donde realizar la transacción. A mi novia le cuesta mucho decidirse cuando compra, por lo que, pasados 20 minutos en la cueva de Alí Babá, con dos parientes lejanos de Bruce Lee apuñalándonos con la mirada y el riesgo a ser trincados en una redada, llegué a temer por mi integridad. ¡Demasiadas tensiones en un solo día! •

POR ESTAS CALLES HIZO DE LAS SUYAS EL BUENO DE STAN LEE EN SUS AÑOS MOZOS.

¡NUNCA UN SLOGAN PUBLICITARIO ESTUVO MÁS EQUIVOCADO!

8 días de Rock'n'Roll con Pöpujedi en Nueva York  

Diario rockanrolero en New York City

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