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Los hombres vienen a ver, las damas vienen a lucirse. ¿Acaso imaginabas otra cosa desde tus alturas poéticas? ¿Qué hay de malo en una sala llena?

Ya fueron suficientes discursos. Muéstrame los hechos de una vez. Ya que te precias de poeta, ponte al mando de la poesía.

Fausto

(tragedia) de Johann Wolfgang von Goethe Funciones: noches, has

No me hables de s tiempos” esa apiñada turba Todos aguardan cuyo fiero aspecto gozar con el espectáculo. espanta al Se acomodan con los ojos bien espíritu. abiertos esperando el asombro. Los poetas no ¿Cómo conseguiremos que siendo trabajamos para el ¿A qué crees todo tan fresco y nuevo, destello de un que vienen? ¡Dales resulte a la vez del gusto instante, sino para del público? acción, acomoda el premio genuino tu obra a su de la posteridad.

gusto!

¡QUÉ mezquino y repugnante es tal oficio! ¡Qué poco conviene al verdadero artista!

¡Anda y búscate otro esclavo. Ignoras el deber del poeta y su tarea divina!

No escatimen en decorados ni en artificios. Que en este estrecho escenario entre todo el círculo de la Creación. Remóntense hasta el Cielo, pasando por el mundo hasta el Infierno.


Muy bien. No tardaré mucho tiempo en hacerlo morder el polvo, como mi prima la serpiente.

Gracias, Señor, por preguntar por mis asuntos. Como siempre, estoy entre tu servidumbre.

Escalera real. Perdiste tu apuesta:

mil años más en el infierno.

No, señor.

Me preocupan los tormentos del hombre, el pequeño dios de su mundo. Estaría un poco mejor si no le hubieras dado el raciocinio.

Me dan tanta pena que me saca las ganas de atormentarlos.

¿Es que siempre vienes a acusar? ¿No hay acaso nada bueno en la Tierra?

¿Conoces a mi siervo, el doctor Fausto? Pobre insensato, su sustento no es de este mundo. No hay objeto próximo o lejano que sacie su corazón agitado.

En medio de su turbulencia es fiel a mí, pero lo iré guiando

hacia la cordura.

¿Quieres apostar? Si me permitieras atraerlo hacia mí, seguro lo perderías.

Intenta apartar esA alma. Terminarás reconociendo que es un hombre bueno que sabrá reconocer mi recto camino.

De vez en cuando me gusta visitar al viejo. Es notable que alguien tan importante tenga la bondad de hablar, incluso, con el diablo.

Actúa con libertad. Ustedes los demonios estimulan al hombre y lo sacan de su pereza natural.

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FAUSTO  

FAUSTO  

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