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M. Ponticu DON’T TOUCH


ÍNDICE

© de la edición, Cajastur, 2009 Plaza de la Escandalera, 2 E-33003 Oviedo, Asturias Tel. (34) 902 105 005 Fax (34) 985 10 22 68 www.cajastur.es

Textos: Alfonso Palacio y Juan Carlos Gea Fotografías: José Suárez Diseño y maquetación: Elías, diseño gráfico ISBN: 978-84-7925-331-8 Imprime: Gráficas Baraza D.L.: XXXXXXXXX

7 Presentación • 9 Trazos de acero, formas de aire J. C. Gea • 15 La escultura en acero de Miguel Ponticu Alfonso Palacio • 19 Obra • 59 Datos biográficos


Lascivius saburre libere corrumperet fragilis syrtes, etiam saburre circumgrediet adfabilis matrimonii. Suis imputat Augustus, et adlaudabilis rures fermentet perspicax agricolae, ut aegre quinquennalis oratori satis celeriter vocificat pessimus saetosus suis. Aquae Sulis amputat parsimonia quadrupei, etiam Octavius comiter insectat saburre. Fiducias imputat tremulus zothecas, iam agricolae vocificat gulosus zothecas, semper plane adfabilis catelli neglegenter iocari fragilis ossifragi. Vix verecundus oratori amputat rures, quod incredibiliter quinquennalis quadrupei suffragarit verecundus cathedras, et catelli conubium santet syrtes, utcunque perspicax catelli senesceret saburre. Suis celeriter insectat quadrupei, iam verecundus saburre miscere optimus adfabilis ossifragi, quamquam utilitas matrimonii fermentet quadrupei, et Caesar agnascor fiducias, quod pretosius cathedras verecunde amputat Augustus, semper parsimonia umbraculi senesceret plane bellus concubine. Adlaudabilis fiducias circumgrediet agricolae. Bellus ossifragi aegre lucide vocificat fiducias. Utilitas apparatus bellis miscere suis. Apparatus bellis frugaliter corrumperet suis, utcunque quadrupei adquireret vix fragilis ossifragi, iam saburre fermentet perspicax umbraculi. Tremulus agricolae libere insectat fiducias. Catelli conubium santet gulosus quadrupei. Lascivius rures suffragarit pretosius agricolae. Quinquennalis syrtes circumgrediet pretosius umbraculi. Quinquennalis quadrupei infeliciter deciperet parsimonia concubine. Cathedras iocari apparatus bellis, et oratori optimus libere deciperet pessimus fragilis saburre. Tremulus agricolae praemuniet cathedras, semper zothecas vix infeliciter miscere utilitas matrimonii. Adlaudabilis fiducias conubium santet adfabilis umbraculi. Concubine satis frugaliter miscere perspicax matrimonii, et saburre fermentet catelli, semper agricolae iocari saburre, etiam fragilis matrimonii corrumperet oratori, semper syrtes imputat aegre utilitas zothecas, etiam tremulus quadrupei senesceret chirographi. Fiducias circumgrediet saetosus zothecas, iam utilitas apparatus bellis adquireret perspicax quadrupei, ut cathedras fermentet ossifragi. CAJASTUR

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TRAZOS DE ACERO FORMAS DE AIRE Aparte de la luz utilizada en sí misma como medio artístico, y quizá del concepto, si se lo entiende como obra de arte, el dibujo puede considerarse convencionalmente como el mínimo de la manifestación plástica. En su expresión más depurada y estricta, el trazo físico aparece como el escueto registro de la unidimensionalidad de la línea sobre la bidimensionalidad del plano; o, visto en términos de percepción, como una presencia al borde mismo de la ausencia. Con el mismo carácter convencional, en su polo opuesto deberían situarse la escultura y la arquitectura, procedimientos artísticos que se apoyan en la presencia rotunda de la materia y en el trabajo con las tres dimensiones del espacio que la materia configura o con el que se relaciona. Pero, en esto como en todo, el arte de los últimos dos siglos ha cuestionado y trastocado las particiones convencionales; de manera que ya no nos extraña la idea de una escultura cuya esencia sea el vacío como tampoco puede extrañarnos la noción de una modalidad de dibujo cuya forma no fuera la del trazo sobre el papel, sino, por ejemplo, la de la luz filmada o fotografiada con técnicas especiales para captar la presistencia de su movimiento en el aire. O la idea de un dibujo que se obtuviese mediante el trabajo tridimensional de la materia: la escultura. Por otra parte, no hay que olvidar que la tanto unidimensionalidad de la línea como la bidimensionalidad del plano son conceptos matemáticos ideales: en la práctica, siempre hay grosor en el trazo y siempre hay volumen en la superficie del plano. La obra reciente de Miguel Ponticu se apoya en estas ambigüedades y las explota desde una posición al tiempo clásica y contemporánea. Sus series de árboles, rostros humanos, aves y peces pertenencen, de eso no hay duda, al ámbito de la escultura; pero en ellas el dibujo cuenta, por lo menos, tanto como su trabajo sobre la materia y el espacio tridimensional. Y ello no sólo por la obvia referencia a un elaboradísimo trabajo previo de concepción y diseño al que el escultor concede la máxima importancia, sino sobre todo por el efecto estético de las esculturas: verdaderos dibujos en el vacío cuyo soporte no es el plano, sino todas las dimensiones del aire, y cuyo medio no es el grafito o la tinta sino el metal y todas sus cualidades plásticas. El concepto de dibujo y el concepto de escultura que Ponticu maneja y fusiona para dar forma a estas piezas se distancian en buena medida de los que definen a estas dos disciplinas en el uso que de ellas hace el arte actual. Es verdad que

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M. Ponticu

Trazos de acero, formas de aire

el dibujo ha ganado una relativa importancia en el panorama del arte contemporáneo, pero ha sido a costa de quedar asociado a la expresión más inmediata de la creatividad, a la inmediatez y la gestualidad de lo que es fluido, rápido y esquivo. El dibujo interesa por estas cualidades, que lo hacen análogo a los procesos más seminales de la creación, y por su capacidad para, a pesar de todo, dejar una traza de esa fugacidad, casi con la instantaneidad de los rayos cuya fulguración capturó Walter de Maria en su Campo de relámpagos, o la de las explosiones de pólvora que Cai Guo-Qiang

define en su entorno la estructura escultórica –espacios, ambientes, atmósferas, escenografías-; incluso más que a la escultura en sí. El territorio de esta obra es muy distinto de estos. Miguel Ponticu basa el avance que supone su obra reciente respecto a su trayectoria anterior en la conjugación de dos concepciones de la escultura y el dibujo, por así decirlo, premodernas; pero lo hace para fundirlas y aplicarlas luego con vocación y técnicas contemporáneas. Al margen de sus usos decorativos, el dibujo ha mantenido a lo largo de la historia del arte su estatuto como cimiento necesario de todas las disciplinas: una herramienta esencial que –como todos los cimientos y todas las herramientas- queda oculta, desaparece o se reduce a un protagonismo secundario, o como máximo compartido, en la obra final. En otro orden de cosas, lo dibujístico ha sido siempre utilizado como medio natural del apunte, como registro de la observación fresca e inmediata de la realidad, y muy en particular de la realidad natural. Ponticu prolonga en esta obra ambas tradiciones: la del artista que edifica toda su obra sobre el dominio del dibujo, y la del naturalista que observa y dibuja árboles o animales (y a veces, como en sus picassianas palomas de la paz, que observa los animales ya reproducidos por el arte). Pero lo hace sin voluntad de representación realista, estilizando la belleza de sus formas en una síntesis que invita a pensar en el modo en que el diseño industrial se ha apoyado a menudo en las formas orgánicas para encontrar sus soluciones. No hay más que ver piezas como su gran tiburón de acero inoxidable para hacerse cargo de ello.

emplea para realizar sus monumentales dibujos. Pero en esa misma naturaleza está inscrita la fragilidad del medio. Como escribe Gentz del Valle en la introducción al catálogo Dibujos germinales, en torno a la muestra que en 1999 recopiló dibujos de 50 artistas españoles cotemporáneos en el Reina Sofía, el dibujo funciona para el artista actual como “un límite que le imponemos a la nada, o si lo preferimos, al caos, y como tal implica la evidencia de su precariedad”, y que, desde esa condición al tiempo liminal y precaria, sirve como “vehículo de lo incontrolado y lo irracional”. Por su parte, la escultura contemporánea ha dedicado buena parte de sus mejores energías -y ha obtenido buena parte de sus mejores logros- reformulándose a sí misma como un intento de invertir la relación de la escultura clásica de manera que el escultor delimita el vacío –dibuja el vacío- mediante la masa (con frecuencia, mediante lo masivo), y tiende a conceder una creciente importancia a aquello que

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M. Ponticu

Trazos de acero, formas de aire

Junto a esa vocación de referencia a una naturaleza que se contempla como una reserva de formas bellas a partir de las cuales emprender la síntesis de la obra, Ponticu mantiene una concepción clásica, estatuaria, de la escultura. En otras palabras: quiere construír presencias concretas, figuras definidas independientemente de cualquier entorno, no escenografías, espacios o ambientes. Y su gran acierto, lo que concede su peculiar fuerza a estas piezas, es que trabaja para ello como lo hace el dibujante: en bastantes casos, al borde mismo de la ausencia y la inexistencia; poblando el espacio mediante estructuras ligeras –a veces, ligerísimas- que dejan circular el vacío y a la vez le conceden un contorno. Es en esta ponderación del vacío y en la consideración de las cualidades del material en sí mismo donde Ponticu se manifiesta como un escultor inequívocamente contemporáneo. A partir de esos supuestos, la evolución reciente de su trabajo se rastrea bien en cada serie, partiendo de los árboles, en los que las grandes superficies de acero cortén y sus peculiares características plásticas aún cargan con buena parte del peso de la obra. En ellos, el dibujo es todavía contorno de la materia, y define el per-

fil de las piezas: planos que mediante el ensamblaje y plegado ganan su volumen, aunque ya incorporan también zonas de vacío en los troqueles. En los rostros y las aves, la presencia del acero se adelgaza y se asume no ya como plano sino como trazo, dejando entrar plenamente el aire y confiando buena parte del efecto a las cualidades del metal que se comba, vibra y altera su equilibrio mediante su propio peso. En ellos, la pureza de la línea y el aire se disputan el protagonismo, y la tridimensionalidad se obtiene a base de torsiones, pliegues y despliegues de la varilla de metal, que dibujan palomas, gaviotas o rostros femeninos ingrávidos y temblorosos. La tensión dialéctica entre presencia y ausencia se redobla, además, en otra tensión simultánea: frente a la facilidad de ejecución del dibujo, en el que la ejecución se aproxima al máximo a la idea, la escultura es un proceso mediado, trabajoso y relativamente lento; y el metal, en su resistencia, lo más opuesto a la obediencia casi instintiva del trazo. Para vencer esa considerable distancia que hay entre lo escultórico y lo dibujístico, y obtener la depuración de los dibujos escultóricos que protagonizan esta etapa de Ponticu, se impone una alianza muy estrecha entre la tecnología y la destreza técnica. Del acierto armónico para ensamblar los perfiles del cortén en sus árboles, Ponticu ha pasado a un trabajo más relacionado con el proyecto, por un lado, y con la destreza en la forja, por otro. Si su peculiar lectura del cubismo funciona en sus rostros, cuyos rasgos se despliegan literalmente en el espacio, o si sus aves ocupan el espacio con la ingravidez y la precisión con que lo hacen, es porque previamente se ha realizado un minucioso trabajo previo de diseño; si funcionan los juegos de torsiones, curvaturas y reflejos submarinos de sus peces, es, además, porque la fuerza física controlada –una forma lenta del gesto que acompaña al dibujo- ha operado inmediatamente sobre la resistencia del acero inoxidable; material, por cierto, en el que también se extrema eficazmente el diálogo entre lo orgánico y lo inorgánico que establecen estas piezas. Su uso confiere una frialdad casi maquinal a las formas naturales, pero sigue vinculado a la vida de las formas que Ponticu utiliza como modelos merced, precisamente, a la gracia del dibujo y a la belleza de sus referentes zoológicos: unos peces cuya elección no extraña, como no extraña la elección del acero inoxidable para construírlos. En la solidez escultórica de sus formas, en la ligereza de sus perfiles y en las cualidades luminosas y cambiantes de su encarnadura –los de los peces y los del acero inoxidable- se halla posiblemente la concreción lograda de aquello que Ponticu está persiguiendo -como un buceador bajo las aguas, sumergido en un medio ambiguo y cambiante -, en la etapa más reciente e inquieta de su obra. J. C. Gea Octubre, 2009

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LA ESCULTURA EN ACERO DE MIGUEL PONTICU Miguel Ponticu (Gijón, 1962) es un artista cuya trayectoria escultórica se ha movido fundamentalmente entre la realización de bustos para personajes relevantes de la vida política y social tanto regional como nacional, y el desarrollo de una obra que ha tenido en la naturaleza su fuente de inspiración más importante. A esta última está dedicada la presente exposición, que recoge lo más interesante de su producción tanto antigua como actual. El material del que se sirve el artista para la ejecución de estas piezas es siempre el acero, bien sea en su variante de inoxidable, bien sea en su modalidad cortén. Y con él, Miguel Ponticu ha ido dando forma con el paso de los años a un trabajo que puede ser agrupado en cuatro series importantes: la dedicada a los árboles, la que tiene como protagonistas cabezas de diferentes personajes, la de los pájaros y la de los peces. Quizás sea la primera aquella que le ha hecho más conocido entre el gran público, sobre todo a raíz de la ejecución e instalación en Oviedo de la gran escultura de más de seis metros de altura y cerca de veinticinco toneladas de peso dedicada al Carbayón en 2003. Considerada por el creador como una de las obras más importantes de su carrera, así la describió el propio Ponticu en una entrevista que concedió con motivo de su colocación: “Este Carbayón tiene mucha fuerza, como la ciudad. Oviedo está en pleno auge, como este carbayón. Yo hago otros árboles caducos, de otoño, que son justo lo contrario de este. Es un carbayón de primavera, robusto, en todo su esplendor, que es como yo veo Oviedo en este momento”. Para su materialización, el artista se sirvió de un lenguaje que combinaba por un lado la curva y la contracurva, la concavidad y la convexidad y por otro el lleno y el vacío, la presencia y la ausencia. En este sentido, al aspecto dúctil e incluso sensual de las formas con que estaba interpretado el recio roble símbolo de la ciudad, se venía a contraponer el carácter expresivo de un material como es el acero cortén, en un juego de contrarios del que la obra de Ponticu parecía salir bien librada. Este mismo equilibrio de opuestos el artista lo ha proyectado a otras formas de árbol como sucede con el ciprés, de impulso vertical y llameante, o como sucede con las versiones de encinas, eucaliptos y abedules que Ponticu ha ejecutado. Una segunda serie de piezas que puede verse en la muestra es la dedicada a representar cabezas humanas. El escultor vuelve a servirse para este conjunto de obras de un material como es el acero cortén, manipulado con un impulso moder-

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M. Ponticu

La escultura en acero de Miguel Ponticu

no que a Miguel Ponticu no le interesa buscar en esa otra modalidad de bustos en piedra o bronce antes referidos, mucho más asentados en un clasicismo sereno. El referente para esta nueva serie de trabajos, tanto desde el punto de vista formal como conceptual, no cabe duda que habría que localizarlo en el escultor Pablo Gargallo. Al igual que en algunas obras del zaragozano, como sucede en su célebre retrato de Greta Garbo, Ponticu se sirve de una especie de dibujo en el espacio efectuado con el material para plasmar las formas. También se apoya para su representación en la descomposición de las mismas, su simplificación y en operaciones como son el vaciamiento y la rotación de los planos. Un cierto componente decorativo, que viene dado nuevamente por la naturaleza de los modelos elegidos, casi siempre femeninos, así como por la articulación de las formas a través del arabesco, sobrevuela las piezas. Al artista también le gusta introducir determinados guiños irónicos o próximos a una estética en donde aspectos como la diversión y el juego cobran protagonismo. Estos últimos componentes quizá se encuentren un tanto aminorados en su tercera serie de trabajos, la dedicada a los pájaros. La visión que de ellos transmite el artista es algo más solemne, independientemente de que el animal aparezca en reposo o trate de ser captado en pleno vuelo. Ahora bien, de entre todas ellas, especial atención merecen estas últimas piezas. En ellas Miguel Ponticu despliega una particular habilidad para apresar el fugaz momento de un batido de alas o de un determinado movimiento. La capacidad para sintetizar estos gestos vuelve a ser destacable, lo que revela el profundo interés por parte de este escultor en la observación de la naturaleza. Además, es precisamente gracias a esta operación por lo que en las obras de Ponticu aparece una concepción del tiempo que hace que sus pájaros se sitúen a mitad de camino entre lo contingente y lo eterno por un lado y, desde el punto de vista de su decantación formal, entre lo lineal y lo volumétrico por otro. Móviles y estáticos al mismo tiempo, los pájaros de Ponticu son un buen ejemplo de los nuevos derroteros por los que avanza su creación.

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Lo mismo podría decirse, en cuanto a la aparición de un nuevo repertorio en su trabajo, de las piezas de este artista dedicadas a representar peces. Además, estos vuelven a pertenecer a las más variadas especies. Y en ellos se ve otra vez una operación de deconstrucción de las formas que hace que las figuras aparezcan reducidas a sus componentes principales, que preservan siempre un fuerte sustrato orgánico. El material utilizado es, en este caso, el acero inoxidable, que dialoga mejor con las calidades frías de esta clase de seres. Por otro lado, hay en todas estas obras dedicadas a animales una cierta conexión del espíritu que las anima con determinados presupuestos de corrientes como el art-nouveau, en un gesto que confirma la ubicación de este artista en una línea ajena a los derroteros por los que se mueve la escultura reciente. Quizás este intento de mantenerse al margen y de buscar una vía diferente a los usos de la escultura actual, que pasa, en el caso de su trabajo sobre acero, por una cita o reinterpretación de técnicas y modos de expresión procedentes del pasado, sea uno de los aspectos que más identifique la producción última de Miguel Ponticu, artista que, para el caso concreto de esta exposición, da muestras de una apertura de miras, de una positiva evolución y de un deseo de explorar caminos y repertorios distintos a los hasta ahora transitados. Alfonso Palacio

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M. Ponticu / Obras


Uno a uno. Acero inoxidable. 75 x 37 x 39 cm Playa virgen. Acero inoxidable. 16 x 41,5 x 38,5 cm


Cabo San Lucas. Acero inoxidable. 70 x 48 x 20 cm

Recuerdos de Baja California. Acero inoxidable. 44 x 131 x 26 cm


Los arcos. Acero inoxidable. 55 x 62 x 9 cm

Sin tĂ­tulo. Acero inoxidable. 50 x 48 x 12 cm


Siglos de pez. Acero y acero inoxidable. 51,5 x 34,5 x 18 cm

Sin tĂ­tulo. Acero inoxidable. 59 x 38,5 x 40,5 cm


Tibur贸n Angelote. Acero inoxidable. 27 x 91 x 48 cm

La gran pesca. Acero inoxidable. 60 x 240 x 93 cm


SĂşbito. Acero inoxidable. 26 x 44 x 20 cm

Los cabos. Acero inoxidable. 80 x 54 x 58 cm


Corriendo por el aire. Acero inoxidable. 44 x 33 x 35 cm

Los juegos. Acero inoxidable. 46 x 65 x 27 cm


Corredor de olas. Acero inoxidable. 23 x 53 x 14 cm

Un jardín en NY. Técnica utilizada. 84 x 105 x 73 cm


El Pilu Acero corten 124 x 80 x 77 cm

Amazonia Acero corten 163 x 109 x 115 cm

Roble Pardo Acero corten 55,5 x 61 x 36 cm

Casta帽o oxidado Acero corten 61 x 51 x 40 cm

El Robl贸n de Castiello Acero corten 42 x 54 x 56 cm


BĂŠtula Alba. Acero inoxidable. 53 x 50 x 35 cm

Roble de la Busta. Acero corten. 38 x 60 x 52 cm


La Encina del PlantĂ­o Acero corten 37 x 50 x 47 cm

Eucalipto Acero corten 48,5 x 32,5 x 30 cm

Chopera Bronce 53 x 27 x 27 cm

La Encinica Acero corten 47 x 61,5 x 55,5 cm


El viejo de Villamanín. Acero corten. 126 x 113 x 60 cm

Recuerdos de África. Acero inoxidable. 31 x 57 x 55 cm


Sucedi贸 en Manhattan. Acero inoxidable. 20,5 x 10,5 x 6 cm Tolia. Acero corten. 40 x 22 x 16 cm


El gui単o. Acero inoxidable. 78 x 42 x 20 cm

No quiso ser mi modelo. Acero corten. 75 x 16 x 6 cm


Irony “Una Coreana en la Tate”. Acero corten. 76 x 27 x 16 cm

Gracias a Irony. Acero inoxidable. 23,5 x 11 x 4,5 cm


Autorretrato. Acero inoxidable. 103 x 25 x 20 cm

Marta. Acero inoxidable. 170 x 32 x 18 cm


Cabeza de hombre. Acero corten. 48 x 185 x 25 cm

Debbie Douglas. Acero corten. 96 x 60 x 52 cm


Una gaviota en Manhattan. Acero corrten. 72,5 x 119 x 40 cm

Urogallo. Acero corten. 165 x 41 x 38,5 cm


Altos vuelos. Acero al carbono. Variable x 164 x 80 cm

Instalación “Vientos de Paz”. Acero corten y traviesas de madera. 226 x 262 x 150 cm


Miguel Ponticu / datos biogrรกficos


Datos biográficos

MIGUEL ÁLVAREZ FERNÁNDEZ “M. PONTICU” Nacido en Gijón, Asturias, en 1962

Monumentos Dionisio de la Huerta (Arriondas),1993. Fundador del Descenso Internacional del río Sella. Monumento ubicado en la Plaza del Cañón en Arriondas. Francisco Pintado Fe (Oviedo),1994. Fundador de la Universidad de Ingenieros Superiores de Minas. Monumento ubicado frente a la Universidad de Oviedo (Escuela de Minas). Miriam Bonifacio (Gijón),1994. Monumento ubicado en la Finca Bonifacio de Somió Claudio Alvargonzalez (Gijón),1995. Brigadier de la Armada y Héroe en la batalla de Abtao en Cuba. Monumento ubicado en el Puerto de Gijón Cabeza de toro que preside la fachada principal de la Plaza de Toros de El Bibio, (Gijón), 1998 Belén monumental del Ayuntamiento de Gijón. Una colección de unas treinta figuras, (aumentado cada año) a tamaño natural, ubicadas en Navidad en la Fuente de los Patos en Gijón. 1996-2005

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Faustino Rodríguez-San Pedro (Gijón).2002. Monumento ubicado en el Recinto de la Feria de Muestras de Asturias Monumento “El Carbayón” (Oviedo).2003. Monumento ubicado en la Plaza de Gabino Díaz Merchán Las Manos de la Universidad (Gijón) 2007. Monumento ubicado en la Universidad Laboral de Gijón. Luis Adaro-Jove y Ruiz-Falco (Gijón).2008. Monumento ubicado en el Recinto de la Feria de Muestras de Asturias

Museos y Fundaciones Museo Naval de Madrid. Museo de las Termas de Gijón. The Albuquerque Museum. Nuevo México (EEUU) Museo de Tabar (Navarra) Fundación Alvargonzalez de Gijón. Fundación Duques de Soria en Soria. Real Academia de Medicina y Cirugía del Principado de Asturias

Colecciones Privadas

Premios

Casa Real. Duques de Soria. Duques de Amalfi Vizcondes de Nava de La Asunción. Condes de Madan. Duques de Alburquerque. Excelentísimo Señor Don Pedro Rodríguez Ponga. Excelentísimo Señor Don Rodrigo Rato Excelentísimo Señor D. Antonio Masip Excelentísimo Señor Don Enrique Aldama. Excelentísimo Señor Don Luis Adaro Jove. Señores de San Martín. Señores de Lladó. Señores de Entrecanales. Y otros.

II Bienal Internacional del deporte en el Arte. Premio Unión de Arte. I Encuentro de la Música y el Arte en Asturias.

Ferias 2000 Artexpo. (Barcelona) con la galería Catalonia 2006 Estampa. (Madrid) con la galería Estandarte 2007 Art-Madrid. (Madrid) con la galería Rita Castellote 2008 Art Madrid (Madrid) con la galería Sao Mamede The Affordable Art Fair (Londres) con la galería Estandarte Art London (Londres) con la galería Ansorena 2009 Art Madrid (Madrid) con la galería Sao Mamede The Affordable Art Fair (Londres) con la galería Estandarte

Trofeos Premio UNICEF Premio “ EL ROBLON” (De golf) Premio FUNDACION RENAL Premio “URRIELLO” (Del ilustre colegio de abogados de Asturias) Premio PEÑA TAURINA EL JULI Premio “HIPOCRATES” (De la Real academia de Medicina de Asturias) Premio AERPA (Asociación Empresarial del Recreativo del Principado de Asturias) Premio QUERCUS GASTRONOMICO (Oviedo excelencia turística) Premio CATEDRAL DEL PINCHO (Oviedo)

Exposiciones 1988 Galería Obaya. Gijón 1989 Galería Algalia. Villaviciosa Galería Obaya. Gijón Galería Altamira. Gijón 1990 Casa de la cultura de. Candas Museo Melchor Colet. Barcelona 1991 Banco de Asturias. Oviedo 2000 Galería Catalonia. Barcelona 2001 Caja Vital Kutxa 2002 The Albuquerque Museum. New México- EEUU Caja Vital Kutxa

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M. Ponticu

2002 Galería Altamira. Gijón 2003 Galería Ansorena. Madrid Caja Vital Kutxa 2004 La Quinta. Marbella 2005 Galería Paz Feliz. Madrid 2006 Galería Estandarte. Madrid Galería Rita Castellote. Madrid 2007 Galería Nogal. Oviedo Ezair Gallery. New York- EEUU Galería Tavira. Bilbao Galería Jorge M. Sori. Miami-EEUU 2008 Galería Des Vosges Paris Treasure of seeds Sidney-Australia 2009 Galería Amaga. Aviles Treasure of seeds Camberra-Australia Galería Smelik & Stokking. La Haya-Holanda Centro de Arte Moderno Ciudad de Oviedo (CAMCO) Fundación Cajastur Museo del Louvre Paris-Francia 2010 Galería Sao Mamede. Lisboa-Portugal Galería Amaga. Aviles

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Catálogo M. Ponticu 2010