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Star Wars: Estrellas Perdidas

CAPÍTULO DIECISÉIS

E

L RUIDO METÁLICO de la respiración de Lord Vader resonó en el puente

del Ejecutor. Ciena supo que debía evitar mirar hacia arriba o dar cualquier otra indicación que mostrara que era consciente de su presencia a sólo un par de metros más arriba de donde estaba. Aunque no creía en los rumores más descabellados acerca de la sed de venganza de Darth Vader, sabía que era mejor no llamar su atención bajo ningún motivo. Los ataques de furia que tenía cuando algo le molestaba eran legendarios. Y en ese momento estaba verdaderamente furioso. ¿Cómo era posible que tantas naves rebeldes se les hubieran escapado? Aun cuando la flota imperial abandonó el hiperespacio antes de lo previsto, eso no debió haber arruinado el ataque completo. La flota imperial había enviado una fuerza de ataque capaz de paralizar las defensas del enemigo. Pero en lugar de celebrar una victoria, ahora tenían tres AT-AT derribados, uno de ellos severamente dañado; también había muchos cazas TIE destruidos y varios cientos de soldados imperiales de nieve muertos. El alto número de bajas del ejército Rebelde no representaba ningún consuelo. Ciena decidió que más tarde observaría con cuidado los registros de la Batalla de Hoth y estudiaría las tácticas rebeldes con mucho cuidado. El Imperio llevaba la ventaja en lo que se refiere a personal y armamento. Sin embargo, ese día se suponía que debía haber sido la última y fatal estocada en contra de la Rebelión; y en lugar de eso, la victoria había sido a medias. Si los rebeldes pudieron evitar ser devastados por una fuerza imperial dirigida por seis Destructores Estelares, entonces su táctica era superior o al menos sorpresiva, y esa era la razón de su victoria. Si ella analizaba esas estrategias con mayor profundidad, tal vez le proporcionaría a los imperiales la información necesaria para ponerle fin a esa repulsiva guerra. Pero por ahora, Ciena y los demás miembros de la tripulación del Ejecutor tenían una misión de la más alta prioridad: capturar al Halcón Milenario. Si alguien en el puente entendía la importancia de atrapar ese pedazo de chatarra vieja, nadie lo había dicho. Lord Vader quería que ese carguero fuera remolcado al interior de la nave, con sus pasajeros vivos. Así que en lugar de hacer explotar al Halcón Milenario, algo que podrían haber hecho en un instante, había que pescarlo en el espacio. Desafortunadamente, quienquiera que fuera el piloto del Halcón, era el mejor de todos. Se había adentrado en un campo de asteroides, aparentemente prefiriendo el suicidio antes que la captura, pues ninguna nave pequeña salía de un campo de asteroides intacto. La nave rebelde al menos tenía escudos; los cazas TIE ni siquiera tenían ese tipo de protección. Y a pesar de eso enviaron a cuatro de ellos. Mientras Ciena permanecía sentada intentando entender el propósito de esa misión suicida, el capitán Piett le dijo: —Ree, proporciona asistencia de navegación auxiliar. Su corazón se estremeció en cuanto ella respondió: —Sí, señor.

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Estrellas perdidas  

De su amigo el #TiemblaShakespare

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