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Claudia Gray

Thane volteó a ver a Dak y vio cómo el chico sonreía. Finalmente sacaron del corral a los dos últimos tauntauns. De repente, mientras las bestias corrían por la nieve, dejando su terrible hedor detrás, todas las sirenas de la base comenzaron a sonar. El aullido de estas hacía eco en todas las paredes de la cueva; Thane se levantó de golpe y tiró los arneses en menos de un segundo. Dak gritó: —¿Qué significa eso? Pero por más ingenuo que fuera, Dak conocía la respuesta. Sólo no quería aceptar lo que estaba sucediendo. Thane gritó por encima del barullo: —El Imperio llegó más rápido de lo que pensábamos. ¡Nos encontraron!

Después de unas breves indicaciones de la princesa Leia, sólo le tomó a Thane cuatro minutos equiparse y correr hacia su deslizador de nieve. Y cuatro minutos era demasiado tiempo. —Trae tu trasero jelucani aquí en este instante —gritó Yendor, el copiloto twi’lek de Thane y uno de sus compañeros del escuadrón Corona. Ya se había colocado su casco hecho a la medida, que le permitía a sus lekku azules caer sobre su espalda—. Ya hay varios caminantes imperiales marchando hasta aquí. —Entrené en algunos de esos en la academia. —Thane saltó hacia su asiento. Aún no se terminaba de colocar el casco cuando la cubierta superior descendía y se cerraba—. Los conozco por dentro y por fuera. —¿Qué tengo que saber acerca de esas cosas? —Yendor manipulo los interruptores que les permitirían despegar. —Son los vehículos de tierra con mayor blindaje de la armada imperial. —Así que lo que me estás diciendo es que tienes un conocimiento de primera mano acerca de lo fregados que estamos. —Algo así —contestó Thane—. Pero velo desde este lado: si la Estrella de la Muerte pudo ser destruida, no hay nada en el Imperio que no podamos vencer. Yendor liberó los frenos. —Comprobemos esa teoría. Thane puso sus manos sobre los controles y sintió cómo los motores cobraban vida debajo de él. —Aquí vamos. El deslizador de nieve salió disparado de la base hacia la batalla. Los rayos láser parecían pintar el cielo con rayas blancas y plateadas, y las naves rebeldes se dispersaban para enfrentar al ejército intruso… porque eso era. No era un equipo de ataque. Luchaban contra toda las fuerzas terrestres del Imperio, cuando menos. «¿Cuántos soldados imperiales estarán allá abajo?», se preguntó Thane. «Y seguramente enviarán a la base a soldados imperiales con armas incendiarias para quemar todo lo que está adentro… y

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Estrellas perdidas  

De su amigo el #TiemblaShakespare

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De su amigo el #TiemblaShakespare

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