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Acanthus PAGINAS DE LITERATURA Y ARTES

PUBLICACIÓN INDEPENDIENTE FUNDADA EN TALCA EL 30 DE JUNIO DE 1996.

DIRECTORA Y PROPIETARIA AMPARO POZO DONOSO AÑO 13 - Nº 138 - ENERO 2010

CÁBALA

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a palabra «cábala» que era la tradición oral de los hebreos que explicaba el sentido de la Sagrada Escritura, ha recorrido muchos siglos en el transcurso de los cuales se ha ido asentando en el lenguaje común con los sinónimos de «hipótesis, suposiciones, pronósticos o conjeturas». Decir «cábala» implica, desde luego, connotaciones misteriosas, conjuros y, para muchos, magia. Hoy detrás de este antiquísimo vocablo está la intencionalidad de alejar el mal, atraer la suerte y obtener éxito en lo que emprendemos. Están aquellos quienes confían ciegamente en algún objeto y no se desprenden de él por ningún motivo (anillos, collares, patas de conejo, alguna prenda de vestir, etc.). Otros, musitan palabras repetitivamente antes de iniciar algo importante. El uso de los números también forma parte de cábalas, así como gestos, cruzar los dedos, tocarse la oreja, etc., etc. Generalizando, en nuestros días la cábala es ni más ni menos, una superstición como cualquier otra porque, hasta donde sabemos, nunca se ha comprobado que alguien gane la lotería, obtenga un trabajo o consiga la felicidad confiando en cábalas. Ya lo sentenció Oscar Wilde: «No hay presagios. El destino no nos manda heraldos. Es harto sabio o cruel para hacerlo...» Como decía, las cábalas tienen muchas variantes. Puedo dar fe de una bastante curiosa. Durante varios

años mantuve aquí en Talca una pequeña tienda de antigüedades, rubro que me permitió conocer a muchísima gente. Con el paso de los meses me di cuenta del gran número de pintores que visitaba mi negocio (artistas que exponían en diversas salas talquinas). Una mañana llegó a visitarme mi amigo Orlando Mellado acompañado de un grupo de connotados pintores nacionales. ¿Qué podrían encontrar estos renombrados artistas en mi modesto local de cachureos, viniendo de Santiago donde hay barrios atestados de antigüedades? Orlando contestó mi pregunta: «Los pintores creemos que es de buena suerte visitar y comprar un objeto en cada localidad donde exponemos nuestras obras», me dijo. Muchos se acordarán de la costumbre del animador de TV «Don Francisco» quien no pisaba un escenario sin poner en su dedo, bajo la argolla de matrimonio, un palito de fósforo. En fin, acerca de cábalas podría escribirse innumerables volúmenes. Sólo quisimos compartir con nuestros lectores el curioso camino recorrido de una palabra antiquísima, hasta llegar a nuestros días habiendo perdido su espíritu original y sagrado. Amparo Pozo Donoso

En este número: Textos de Amparo Pozo, Edgardo Tapia, Jorge Valderrama, Bernardo González, Alejandro Lavín.

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Acanthus AÑO 13 - Nº 138 - Enero 2010

CORRESPONSALÍA/MÚSICA

UN FRAGMENTO DE PARÍS: SIGLO XXI (Dedicado a mis hijos, Talca y Acanthus) os días lunes, a las 14 hrs., trabajo con mi alumna Laurence, en un 5º piso, justo en frente del famoso cementerio Pére Lachaise; ella interpreta para mí, un preludio de Chopin, para mí y también para él, porque él (Chopin) descansa precisamente al frente. En ese momento de consciencia, me despierto de la rutina parisina, y siento con alegría, el privilegio que me ha dado el destino, y Dios, de estar aquí, de pasar en mi agitada vida, por las calles de París. El miércoles estoy en el presente y en el futuro, ya que transito obligadamente, después del metro, entre los edificios futuristas y geométricos, del barrio nuevo de las finanzas, llamado de «La Defensa»; cuando llego a casa, después, y toco el piano, ahí nace casi siempre mi mejor música, un freejazz energético, fuerte y a veces frenético, que me hace sentir vivo, presente aquí, y actual.

Los domingos paro, detengo todo, y normalmente salgo a caminar sin objetivo práctico ninguno; siempre encuentro el camino para encontrar «mi plaza», sí, mi plaza, porque siempre vengo a ella, para leer, pensar o tratar de enamorar a una dama (a veces resulta mis queridos amigos...); ella se llama (la plaza, no la dama), la «Place des vosges», tranquila, antigua, real y aristocrática, antigua residencia del Rey y de nobles. Puede ser que en otra vida, yo haya tocado el clavecín, en una antigua tertulia, puede ser, no? Bueno, vuelta a la realidad, hoy estoy en casa, Barrio de Reuilly, antiguo barrio de artesanos; estoy metido en 3 fugas de Bach, esta tarde daré 2 clases, y después de terminar este fragmento, a paso rápido, sin pensar mucho, abordaré el vagón del metro, línea 1, Chateau de Vincennes... Edgardo Tapia Músico – Filósofo París, Noviembre 11, París

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ALGO DE MÚSICA

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na incógnita que puede resolverse en un mañana próximo es la influencia de la música no europea, en especial la asiática y la africana, cada día mejor conocidas por el compositor occidental gracias a los documentos sonoros grabados en inmejorables condiciones y con criterio científico. La profundización en el conocimiento de las músicas exóticas y de los pueblos primitivos puede ayudar a la música occidental a encontrar un lenguaje colectivo perdido desde hace largo tiempo. Tampoco puede ser ignorada la posible influencia que puede tener la explosión de la música folk y de la música pop que ha impregnado la generación de la que saldrán los nuevos compositores. Otras tendencias que no parecen haber agotado sus posibilidades son la llamada música abierta, basada en la delegación parcial del compositor al intérprete, y el teatro musical. Este continúa presentado a los jóve-

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nes creadores un campo lleno de perspectivas capaz de volver a aproximar la obra musical a la vida cotidiana. Las nuevas técnicas con su tarea de clasificación, codificación y manipulación de los sonidos, ofrecen al compositor un enriquecimiento de su vocabulario, sin que deba asustar el fantasma de un arte deshumanizado que no deje percibir a su

creador. El músico del futuro continuará sirviéndose de su imaginación y no descartará el lirismo capaz de expresar su verdad interior, y que es totalmente compatible con las búsquedas científicas y las aplicaciones de la tecnología. El ordenador y los aparatos electroacústicos se limitarán a ser en arte un auxiliar al servicio del hombre que le ayudarán a prolongar su acción. Algunos compositores han iniciado ya el camino que parece ser tendrá una continuidad en el futuro próximo: modificar las relaciones y el público con el fin de lograr una cierta reciprocidad entre sus funciones. Hasta hace muy poco, en algunos aspectos sus papeles se mantenían excesivamente diferenciados. No hay que olvidar que en épocas lejanas el compositor y el intérprete eran siempre la misma persona. ( de «La Música contemporánea», Biblioteca Salvat)


Acanthus AÑO 13 - Nº 138 - Enero 2010

REDACCIÓN

JEROGLÍFICOS DE LUZ

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omos habitantes de una sociedad prominentemente visual, de un mundo que se ha vuelto adicto a las imágenes, que se organiza en ellas y que a través de ellas se muestra. Ejemplos sobran: operaciones médicas en vivo, salvajes agresiones, «videos locos» enfermizamente exhibicionistas, fatales accidentes en directo, dramas grabados «en caliente», asesinatos masivos, cárceles «por dentro», sexo «sin pudor», realitys decadentes, es decir, una nueva dimensión de nuestra realidad que se nos aparece a través de la universalidad del espectáculo. Sin embargo, en muchas de estas imágenes nace y se refleja gran parte de la «irracionalidad ética» que acompaña la vida del ser humano con su insistente sombra, sirviendo de consuelo ante la imposibilidad de aprehender el mundo. Efigies que nos hacen sólo mirar, carentes de espíritu crítico y en absoluto detrimento de los otros sentidos. Igualmente, el cine provee grotescos ejemplos: el emblemático Voyeur que filmó el terror y la angustia de las mujeres a las que mataba con el pie de la cámara, ríos de sangre, sadomasoquismo al límite, cuerpos hirviendo, torsos que vuelan por los aires, crueldad esquizofrénica. Imágenes y sonidos que impiden soñar con el miedo y que a través del cine de horror liberan una homeopatía basada en la imposición de una realidad posible de la angustia. Así como un crimen se dilucida in absentia a partir de indicios dejados por el criminal, estos verdaderos jeroglíficos de luz evidencian una realidad evanescente, porque cotidianamente leemos una miríada de signos que se afirman como más reales que lo real, sustituyendo a la realidad, convirtiendo al mundo en un relato inagotable y respondiendo a la preocupación del hombre por tener a la vista todo lo que podría escapar a su mirada; no tiene límites. Ello se advierte en la historia de dos hombres que están en un Ejército en campaña y a los que se les prometió una buena parte del botín. Cuando vuelven a sus casas, varios años más tarde, lo único que tienen para mostrar a las mujeres es un puñado de postales, que

Michel de Montaigne

Isaac Asimov

representan los lugares, objetos, rostros, situaciones, la imagen de todo lo que hubiesen deseado poseer, pero que les fue usurpado. Ejemplo de cómo las imágenes se convierten en el mundo, simplificándolo, reduciendo sus sinuosidades, corrigiendo ambivalencias, haciéndolo legible. En este contexto, Isaac Asimov llevó al límite la pasión por ver el interior del cuerpo al imaginar que un equipo reducido a escala microscópica realiza una expedición médica al interior del organismo de una persona, ficción en que el cuerpo toma la escala de un universo, pero al alcance de

la mirada y de la mano del hombre. De esta forma, en el lado oscuro están las películas y fotos como la de la pequeña boliviana que murió ahogada por el barro, que satisfacen ese casi enfermizo deseo de ver; y por el otro, permiten visualizar la actividad cerebral, realizar mapeos de zonas del encéfalo y otras. En síntesis, estos jeroglíficos de luz nos muestran un mundo plano, hiperreal, que no tolera la distancia ni el secreto, que transforma la calidad en cantidad, que impone una visibilidad que debe verlo todo, herencia de los filósofos mecanicistas del siglo XVII que privilegiaron la visión por sobre los demás sentidos, y absolutamente opuesta a la concepción de los hombres de la Edad Media -contemporáneos de Rabelais- que antepusieron el oído por considerar a la vista un sentido secundario. Finalmente, el insigne ensayista -creador de dicho género literario- Michel Eyquem de Montaigne fue un fiel admirador de los exponentes literarios de la Antigüedad, tales como Virgilio, Séneca, Plutarco y Sócrates, amén de un humanista que tomó al ser humano como objeto de estudio en su trabajo más trascendente: «Ensayos». Comenzó a escribir esta obra cúlmine de su pensamiento cuando se retiró a su castillo en 1571, y cuyos dos primeros volúmenes vieron la luz en 1580, año en que emprendió un viaje por Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia que duró un año, durante el cual redactó sus experiencias en su «Diario de viaje» que se editó en 1770. Pues bien, él nos regaló la siguiente sentencia que podría reflejar muchas de las injustificables paradojas del mundo actual: «El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento». Jorge Valderrama Gutiérrez

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Acan

AÑO 13 - Nº 138

REDAC

«DESENCIERRO», O EL VUEL

LOM EDICIONES. PRIMERA EDICIÓN, 2008.

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M (Punta Arenas, 1951) ha venido trabajando desde sus primeros poemas y cuentos una literatura develadora de misterios, reveladora de presagios, auscultadora de nuestros miedos, pesadillas, cargos de conciencia, pecados personales y sociales incomodando aquella estabilidad emocional aparente -racionalizada a base de uno que otro concepto filosófico, religioso, cuando no existencialista-, que nos inventamos cotidianamente para huir de la realidad, de los hechos objetivos. Somos hijos de un tiempo y de un espacio, productos de una sociedad cruel, autodestructiva, nihilista en suma, que habitamos a veces a contrapelo sin haber pedido nunca haber nacido en este mundo, y aquí estamos contra nuestra propia voluntad, vagabundeando imperceptiblemente por laberintos resbalosos, pasillos gelatinosos, galerías consuetudinariamente ambiguas hacia un orden absurdo impuesto por las fuerzas brutas; deambulamos a tropezones entre letreros luminosos y baratijas suprarrealistas, donde no tienen cabida los sueños de los ángeles nonatos, ni los sueños de los transeúntes, ni los sueños de las ánimas de nuestros antepasados. La monotonía, la rutina, el libertinaje autista de los espectros y fantasmas que somos y seremos hasta el día del juicio final, callejean indefensos, indemnes, entre vitrinas y escaparates ahítos de cachureos, mercancías en series o simples objetos sin alma que usamos en las tareas diarias para hacer más cómoda la sobrevivencia de respirar, ingerir, dormir, defecar…; de este modo ajetreados, sudorosos, desencantados vegetamos por una eternidad sin encontrar el sentido profundo, originario y verdadero de la existencia que llevamos. M, y he aquí el principal acierto de esta novela a mi modesto parecer, nos devuelve a los elementos prístinos, a lo puro y desnudo del ser de las cosas, a la intemperie, sin apoyos logísticos o culturales donde parapetar, sostener e, incluso, suplantar una

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personalidad que se ha ido enclaustrando con el brutal asedio de lo desconocido, despojando de todo lo externo, epidérmico, superficial para dejarnos solos, terriblemente solos, frente al espejo de nuestra conciencia atormentada. M. husmea, rastrea, persigue, cuestiona con un lenguaje aunque directo, sugerente, lleno de aciertos poéticos; recurrente belleza que contrapone al asqueante entorno metafísico del recluso. La belleza redime; lo bello es una alegría para siempre, dijo Keats. En esta notable narración M. va haciendo relaciones casi lírica, dramáticas, siempre poéticas entre imperceptibles señuelos – gestos, miradas, silencios – guar-

dados todos en una memoria prodigiosa que se retrotrae hasta la clarividencia de un feto que lucha contra el vacío que lo succiona. Estas relaciones internas comúnmente se pueblan de pájaros, principalmente de pájaros, pero también de flores, ríos, nieve, viento, objetos domésticos amados, herramientas, artesanías todas de un universo pretérito que acaso en algún lugar aún podría ser posible; señuelos, insisto, que andan relacionándose con el averno donde yacen las llagas, heridas y cicatrices de un nonato que sobrevive en la duda, en la angustia, en el dolor penitente aferrado a la luz como única tabla de salvación. La pena ha crecido, ya es adulta y aún no ha


nthus

8 - Enero 2010

CCIÓN

LO DE LAS SOMBRAS LARGAS

. IMPRESO EN SANTIAGO DE CHILE. 235 PÁGS.

salido del profundo pozo de las sombras largas, está reclusa y el protagonista la expone a un interlocutor incógnito, ciego, sordo y mudo que se va sensibilizando, humanizando en la medida que la historia y sus hondas meditaciones se van desarrollando. De una existencia aparentemente sin sentido, el celador traspasado por lo cruento del discurso se cerciora que el interno perfectamente podría ser él, ahora prisionero de sus miedos, culpas, pesadillas, tormentos inconfesados que todos llevamos dentro. Es en el contraste sorprendente que experimenta el lector al pasar, al transitar en su intelecto cognitivo, emotivo y vivencial desde un receptáculo con eses o de un ojo humano nadando en un lavatorio, transitar, digo, del realismo más sucio al vuelo sincopado de las golondrinas que tejen otoños en la niebla o a un gorrioncillo que se posa en la ramita verdecida de un avellano, es en ese contraste vívido, es en ese tránsito estético, sin duda, que se logra la mayor y más excelsa poesía que redime, sana, cura, reconcilia. He ahí el valor de la literatura, de la auténtica literatura, como la de cualquier otra expresión artística, creo. Dicho sea de paso, el recluso, el protagonista de «Desencierro» es un personaje sin nombre, sin cuerpo casi, sin paisaje ni ropas ni trastos ni zapatos ni cédula de identidad, que perfectamente podría ser cada uno de nosotros, cada uno de los que hemos habitado por siglos ese pozo sin fin llamado culpa. Su estilo narrativo es el de una prosa poética sorprendente que ya le conocimos en obras anteriores; palabra directa que no

rehúye la parca realidad, acosando la formalidad externa para que ésta se abra en confesiones y secreto seculares que nos conmueven y cuestionan. En esta novela hace el proceso inverso a lo ya conocido en sus poemas, cuentos y novelas precedentes; viaja del oculto fuego interno, del presagio mismo, hacia la superficie; se sincera, se desenmascara, literalmente se desnuda liberándose de sus demonios y fantasmas en un proceso que el autor ha llamado certeramente «Desencierro». La historia es muy sencilla. Un aborto inconciente que se transforma en drama; un pecado de juventud que deriva más allá de la prescripción moral o legal, en un cuestionamiento de la existencia toda, incluso de los ancestros, los dioses, la vida y la muerte. Con estos mínimos elementos externos, ya dijimos sin paisaje ni fecha conocida, salvo referencias perentorias ineludibles, JM escribe una de las novelas, a decir por varios críticos, que permanecerá en la memoria colectiva literaria de Chile como una propuesta sencillamente magistral. Magistral por la estructura de la obra, la cual vamos a nominar como un tenso monólogo con un interlocutor imaginario que perfectamente podría ser usted, amable lector. Magistral, además, por el uso de un lenguaje propio, riguroso, poético, arrobador, que no sólo narra sino que poetiza, vale decir, narra con belleza, con hermosura, incluso narra los dolores más insoportables del alma humana sin renunciar a la luz inextinguible de la poesía. Encontré en estas páginas remansos y respuestas existenciales a mis propias culpas tanto

Juan Mihovilovich en las imágenes líricas de esta novela, como en el desarrollo intelectual, racional, coherente de un argumento convincente, plenamente logrado. Por último, magistral es también esta novela porque modifica para siempre, a quien la lea con dolor, nuestra forma de ser, de ver la vida, de valorar los insignificantes señuelos que los dioses van dejando cada día a nuestro paso, al alcance de nuestros ojos, de nuestro tacto, de nuestros sueños sin otro afán que recordarnos que aunque polvo somos y en polvo nos convertiremos, el tránsito del pozo oscuro del vacío existencial a la luz de una intemperie poblada de pájaros y flores es todavía posible. Sin duda, la mejor novela que he leído en los últimos años. Bernardo González Koppmann

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Acanthus AÑO 13 - Nº 138 - Enero 2010

REDACCIÓN

LOS VIEJOS EN LA OPERA

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La juventud divino tesoro», decían los viejos antiguos. Creo es éste un lugar común que habría de rebatir. Tal vez desde el punto de vista de las energías vitales, la rapidez, la elasticidad, la belleza corporal, si se la tuvo, sean pérdida irreparable de aquello que en su momento fue un estado envidiable. Yo no estimo que aquella haya sido la mejor etapa de la vida. Borges dijo: «La vejez puede ser el tiempo de nuestra dicha». Agreguemos que aparte del placer físico existe el placer estético. Yo pienso que por ahí va el asunto de la felicidad o la dicha. Quien recuerda su garboso aspecto juvenil, su energía donada por los dioses, sólo está adentrándose en los sueños. Después de todo es una buena incursión y sirve para retroalimentarnos. Calderón decía que la vida es sueño. Vale decir; estamos más cerca del poeta quien primero sueña las cosas antes de nombrarlas. En los recursos de la lengua común habita a veces la poesía (una manera de ser feliz). A cierta variedad de sauce lo llamamos «sauce llorón», a aquella planta del jardín «cola de zorro», a un pájaro con semejanza de instrumento «pájaro lira» o a otro «pájaro carpintero». Los jóvenes se burlan diciendo que nosotros los viejos vivimos de recuerdos y que nos enfrascamos en placeres puramente espirituales. Bueno, yo creo que también éste es un equívoco. Esta probado de que se puede refrescar la ancianidad con sexo y música de Bach. No siempre logramos estos triunfos viejos. Pero hay que hacer algo. Pergolesi en su «Serva Padrona» pone de relieve los logros de un hombre, ya bien maduro, sobre su casquivana sirvienta y Lucas Cranach muestra una famoso pintura donde un anciano simplemente compra los favores de una juvenil dama. No será éste el tema a seguir, sino el de la Música Clásica. Para quienes la aman es una bella tabla de salvación. No niego que haya buena música popular, pero sí, la que asfixia a nadadores que podrían alcanzar otras islas del espíritu. Tengo entre manos una versión de las Bodas de Fígaro de Mozart, dirigidas por John Eliot Gardiner. Es una Opera realmente deliciosa: el Fígaro, un don nadie, metido en líos amorosos, y a la cabeza un conde infiel que es burlado por la corte toda. Hay que disfrutarla, sobretodo en su grandiosa música. La música, que al decir del propio; Mozart, es el alma de las palabras. Para qué decir de los trajes de época, la exacta expresión corporal, las voces cargadas de emoción, de sopranos y bajos. Es un vivo anticipo de la Opera verista. Concuerdo en que hay óperas latosas, pero ésta de Mozart no. Y más que nada por pertenecer al chispeante género «bufo». No hay perito en hablar de óperas. Si que estoy de lado de la gran música. Esa salvadora balsa de Guéricoult en medio del océano. Alejandro Lavín Vilches Alto, 25 de septiembre 2009-12-15

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«Juliette Récamier, née Bernard» parFrançois Gerard (1770-1837) Obra que integra la exposición que se presenta en la «Maison de Víctor Hugo» París. Atención Edgardo Tapia

La Dirección de Acanthus junto al personal técnico, hace llegar un cariñoso saludo de Año Nuevo a todos los colaboradores y lectores de esta publicación, deseándoles bienestar y éxito junto a sus familias.


Acanthus AÑO 13 - Nº 138 - Enero 2010

UNIVERSIDAD DE TALCA

Nos acercamos a la muestra pictórica (que se presenta hasta fines de enero) de Beatriz Trucco y Eugenia Meza, integrando el ciclo «artistas de la Región del Maule», que ha venido presentando exitosamente la Universidad de Talca. La Sala Giulio di Girólamo está rebozante de color con las obras de este par de artistas que integran el Taller dirigido por Eugenia Donoso Torres, pintora reconocida en Talca y la Región maulina. La exposición, cuya temática son paisajes figurativos, es muy digna y sus autoras a nuestro juicio han rendido el examen exitosamente, mérito que en justicia también debe otorgarse a la maestra -estímulo y guíaen el apasionante y complejo proceso de convertirse en decoroso artífice. Beatriz Trucco nos parece de un pulso más osado, impone mayor fuerza en su pincelada, mientras Eugenia Meza se expresa con esmerada placidez tanto en la forma como en el colorido, imprimiendo una sensación de ternura a cada uno de sus trabajos. Exposición ésta que apuesta por una bienvenida formalidad y respeto hacia quien la contempla, denotando un talento que ya florece. Lourdes Naveillán colgó sus «recortes» de gran formato en la

Sala Pedro Olmos. Colorido y forma exuberantes salen al encuentro del visitante. Hay una interesante y osada mixtura en esta creadora que no se detiene en elementos para expresarse. Ella compone una visión ecléctica, viva y apasionada, donde el ojo de cada cual debe encontrar la anécdota motivadora. F u l v i o Fernández y su m u e s t r a «Fernández, París y Londres» nos entrega sus excelentes grabados donde la imaginación se abre a un talento fino que ya se destaca en el gusto del dilettante. Y muy dignamente terminan las actividades culturales promovidas por el Centro de Extensión para el período 2009. El Concierto de Navidad, realizado en la Catedral de nuestra ciudad emocionó a los asistentes y puso un bello marco al espíritu navideño. Los coros de Utalca: El de adultos, dirigido por René Peñaloza, y el de niños, con su directora Mirta Bustamante, ejecutaron un programa que incluyó: Villancicos, a Ceremony of Carols de Britten y, como plato fuerte, la Misa de la Coronación de Mozart. El espectáculo que rebasó de asistentes las aposentadurías de la Catedral, terminó con la tradicional y hermosa Noche de Paz.

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ACANTHUS-ACANTO

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Planta acantácea de hojas largas, rizadas y espinosas. Dicha hoja se reproduce como decoración en arquitectura, principalmente en el capitel corintio. Asimismo, la hoja del acanto es el motivo que encontramos con mayor abundancia en los objetos (pinturas, platos, ceniceros, estatuas, muebles, etc.) del siglo pasado, específicamente en la llamada “belle Epoque”

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