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En relación a los pedidos del Hugo Antonio, hay que atender a varias cuestiones que serán convenientemente separadas para hacer más clara la idea, esta “disección” solo es posible en el nivel del análisis, porque en la realidad estas cosas van inseparablemente unidas digamos. Los dos niveles necesarios de revisar son primero la cuestión teórica, segundo la cuestión practica, imprescindible de considerar siempre que uno piense/haga política. A nivel teórico, justificar la eliminación porque es un impuesto al salario y en consecuencia “el salario no es ganancia” como rezan los carteles clasistas de la CGT es correcto, pero de esto no se sigue una determinación mecánica en la cual estemos un paso más cerca del socialismo per se (ni de lo contrario). La lógica de los agentes en una disputa política es el factor determinante, de esta forma una propuesta tendiente a reducir los impuestos de un estado (debilitándolo en consecuencia) que regula las relaciones entre el capital y el trabajo y que además “abarata” el costo de la fuerza de trabajo al permitir una mayor plusvalía a disputar con los sindicatos, puede ser impulsada por sectores pseudo/anti/pro-capitalistas (como de hecho sucede, CTA de Micheli/PTS/Cecilia Pando), pese a que el efecto inmediato va a ser una mejora en el salario real de los trabajadores que constituyen la enorme masa de la población. De un hecho concreto no se sigue una sola lógica si o si, es decir, si Cavallo expropio una empresa no necesariamente estaba en una instancia de negación misma de la propiedad privada, simplemente estaba embarrándose las manos una vez para sostener una lógica de reproducción del capital. Evidentemente reducir los impuestos sobre los trabajadores sería positivo, pero en el marco del proyecto/modelo/relato kirchnerista (capitalismo con un rostro bastante más humano) no conviene perder de vista ciertas consideraciones que exceden la distribución entre capital y trabajo (direccionable dentro de ciertos márgenes, pero no sé si mas allá), para el caso, la distribución del ingreso dentro del universo de los trabajadores. Dentro de la pirámide de los ingresos salariales imaginemos 3 escalones a grandes rasgos, el primero compuesto por los asalariados informales y autónomos en negro, en el que entra alrededor de un 45% de la población económicamente activa; el segundo compuesto por trabajadores formales pero con bajo nivel de sindicalización y el tercero son los trabajadores formales con sindicatos fuertes o posiciones jerárquicas/gerenciales o de actividades muy especificas. Dentro de los trabajadores formales (peldaños segundo y tercero juntos) “el 20% que más gana, se apropia del 50% de la masa salarial formal privada”. Rebajado para que lo entiendan tacheros y diseñadoras de moda, quiere decir que si 10 trabajadores en blanco hicieran un fondo común con todos sus sueldos, la mitad de los fondos los aportarían los 2 que más ganan. Si además le sumamos que para el año 2010 los trabajadores formales tenían en promedio un salario real 35% superior al que percibían en el 2003 (muy deprimido en términos históricos) pero que el conjunto de los trabajadores percibían 18% mas (la mitad del aumento), vemos que en los últimos años hubo una participación importante de los


trabajadores registrados en el crecimiento pero no así de los compañeros negreados, que inclusive pueden perder poder adquisitivo (con importantes variaciones por edad, zona, grado de informalidad: esclavo, siervo o asalariado precarizado). Fuente: pagina 7, grafico 8. Es decir que hay un sector de la clase trabajadora que le puede disputar al empresariado una mayor porción del crecimiento, fruto de su organización sindical mas solida, mientras que otro carece de toda capacidad organizativa y depende de la buena voluntad de los patrones para mejorar su condición. Es ahí donde creo que radica el meollo de la cuestión y donde pasamos a lo concreto. El gobierno nacional ha buscado mejorar la situación del sector más desprotegido de los trabajadores a través de la asignación universal por hijo, el plan argentina trabaja, el fomento de la construcción, etc. Pero lo ha hecho de manera insuficiente. Suprimir el impuesto a las ganancias a los asalariados que más ganan y extenderles las asignaciones familiares no es revertir la estratificación de la clase obrera sino consolidarla. Planteado de esa forma yo me pronuncio abierta y totalmente en contra, pero no creo que sea la intención Moyanismo eso, sino que busca hacer un pedido de máxima para firmar por menos (como diría mi hermano “pone un precio alto, que total para bajar tenes tiempo”, táctica usual dentro del sindicalismo fijémonos que el acuerdo del 25,5% de camioneros arranco con un pedido de 40% antes de la paritaria)… es decir que la pretensión es de subir el mínimo no imponible, cosa que como ya dije antes me parece atendible (con rima y todo). Otro factor a favor de no suprimir el impuesto a las ganancias al salario es que este impuesto tiene un efecto positivo a nivel fiscal, no solo por la cantidad de guita que es, sino porque estimula al gobierno a beneficiar a los trabajadores en las paritarias para ver mejorada su recaudación, detalle no menor. Si además hacemos una lectura un poco menos cortoplacista e intentamos mirar al mediano plazo, vemos una crisis económica de carácter global inminente, que hasta podría ser análoga a la del „29 (la mayor de la historia del capitalismo y paradójicamente la que permitió un mayor cuestionamiento de nuestra posición en la división internacional del trabajo), lo que significa que los recortes de ingresos fiscales conviene dejarlos para un poco más adelante en este tipo de casos, no así quizás en el caso del IVA para los productos de la canasta básica alimentaria que podrían intentarse los primeros pasos de su disminución (algo que igualmente es sumamente difícil si se quiere evitar una transferencia lineal de recursos del estado a las grandes empresas comercializadoras). Los objetivos, para mí, son siempre inseparables de los métodos… si el reclamo fuera por toda la exposición económica anterior, claramente no se emplearían estos métodos (básicamente intento de parar el país), no hay correlación entre lo que se pide y como se lo pide, la puja por ganancias paso en todos los años anteriores y ni en pedo se hacia lo que se hizo este. Es decir que a su dimensión económica el reclamo añade una dimensión política (y más específicamente partidaria) donde


a diferencia de Juan, considero que el reclamo del Moyanismo tiene menos solidez. Los cierres de listas de la última elección evidentemente no estaban a la altura de las pretensiones de este sector, pero comparativamente con las últimas elecciones legislativas no hubo una proporción particularmente baja de legisladores sindicales. Con lo cual a mi me parece que la disputa pasa más por ganar posiciones que por un supuesto “ninguneo” al movimiento obrero sindicalmente organizado, todo esto desde el lado de Huguito y sus muchachos. Otro tema es que Cristina mal que nos pese es la política más inteligente de todas (y más que cualquier macho), si a eso le sumamos lo prolongado que viene este conflicto (se acuerdan del famoso exhorto y el quilombo de la cancillería y suiza?), me da la sensación de que Cristina tiene la intención de sacarse de encima a Hugo Antonio por un par de cuestiones: a) Porque al Hugo el kirchnerismo le dio bastante poder de “bloqueo” (es decir poder de obstrucción, pero no mucho poder de construcción), al encuadrar en camioneros a todo tipo que se sube a un auto masomenos, ya sea que maneje un camión de caudales, de nafta, de recolección de basura, un coche fúnebre o un transporte escolar. Con lo cual cuando deciden hacer huelga paran el país. b) El muchacho en términos electorales es cada vez más un lastre para captar el apoyo de la clase media, y me parece que son los sectores a los cuales el oficialismo busca recuperar, sobre todo con el énfasis puesto en la soberanía nacional últimamente (aclaración para el lector gorila, no quise decir que el gobierno “ahora se acordó de que había algo llamado soberanía nacional”, es un elemento que está presente en todo el discurso y práctica política k desde 2003, pero los elementos nodales varían acorde a los años de manera no lineal, si en 2008-2009 era la redistribución de la riqueza el elemento central, ahora paso a ser la soberanía política). c) Hoy por hoy ya pasamos un umbral en el cual las concesiones entre el gobierno y los sindicatos pasaron a individualidades más que a instituciones o estructuras, es decir, acceder a lo que pide Cristina es debilidad de Hugo Moyano al interior de la CGT y ceder a lo que este ultimo pide es debilidad de Cristina al interior del peronismo. d) Porque el peronismo no admite ni admitió nunca una autonomía política total del movimiento obrero (Feinman el bueno habla de heteronomia, concepto opuesto a autonomía, pero eso es falopa de filosofo en serio y a mí me gusta la falopa de filosofo chanta), es decir que todos tienen que seguir a la conducción. Evidentemente la gravitación de la rama sindical siempre fue variando acorde a la coyuntura, entre los dos polos de subordinación o autonomía, aunque probablemente se está más cerca de la primera por lo general.


Los pedidos de Huguito