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La sal negra Arte_ omar sisterna Texto_ c j.

el pĂŠndulo ediciones


Hast Ă­ o


escucho la fragua abyecta de la no-luz inútil luminiscencia de mi sangre extendiéndose fría en la madrugada escucho lejos ojos que van tirándome en la distancia


Menjunje


qué en lo que constela ruinas instantes, rostros, fulgores sin luz, cuerpos transcurridos por el invierno agujerado/pétalos o secas inundaciones, rocas, irses/ salivas y quietud, huesos, estrellas en las afonías de la carne imperturbable del tiempo rengo, la niebla/el amor/ ángel harapiento, un olvido frío o quebrado de memoria titilando, frágiles inútiles en mi mismo silencio cocido suave en la tarde que muy partida a fuego lento fue, o fui


Escondrijos


Cuáles ruidos de la carneluz si piedra en la agua que nos devino contra esas orillas del NO más transparente que sumerge aparte destilando los alcoles/baldíos del secreto o algún hueso seco Hinca en mi costado el olvido inmóvil: habías sido la noche de la noche: tu Nunca haciéndose de a poco en cada sobra.


Resquiciado


el movimiento intacto de la desafonía. lloviznan en todas partes las voces que arredan la noche de la noche. algo no muere y sin cesar retorna para alcanzar su última forma, la única. hay en los pliegues del silencio una música azul que me evade, que no puedo evadir. en boca cerrada el canto relamiéndose las moscas: empalaga la niebla de sabores que no lumbran, destiñen. he aquí la escisión entre eso que habla arteramente desde mi máscara partida y yo. sólo espero haiga algo de verdad en esto que vengo silenciando a cuentagotas.

-están, eternas, tras la mordaza, las moscas: hacen su miel negra-


La sal negra