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Hasta que los que los años, borren mi memoria Autor: Brilyamar El título de una canción que me inspira a relatar lo acontecido. Cuando cae la tarde en esa gélida oficina y que no es por falta de calefacción, sino porque según dicen, los espíritus anidan en aquellos recovecos de muebles antiguos, intentando decir algo o buscando la paz, pero que al mismo tiempo atemorizan, comenzaron a ocurrir una serie de acontecimientos. Un frío intenso, caló los huesos de quien estaba allí, ambientándose al nuevo espacio, pensando en qué hacer, cómo llevar a cabo tal desafío impuesto y que de noche a la mañana le cambió la existencia. Sí, la existencia, porque acostumbrada a estar acompañada de niños que había visto crecer, que les había enseñado a escribir, a las niñas a bordar y pintar sus sueños y a los adultos a cambiar el cucharón por el mouse; entonces cuando ocurrió el cambio fue una partida dolorosa, donde las lágrimas afloraban por sí solas, viendo esos ojitos de niños tan tristes, escuchando sus vocecitas al entonar sus cantos infantiles y con sus manitas, despidiéndose y diciéndole un hasta pronto tía. El frío, siguió sintiéndose, una cascada de hielo desde la nuca recorría su ser, preguntándose qué pasaba, si la calefacción estaba encendida, hasta que ocurrió algo inesperado, “algo” o “alguien” estaba allí, observando a la intrusa que había llegado, lo sentía, sabía que estaba ahí. Siguió interiorizándose del trabajo, de lo que había que hacer, conociendo a las personas y pensando en que ése sería su espacio por un buen tiempo. Comenzó una vorágine de situaciones, que iban haciendo que no se sintiera tan sola, tan abandonada y pensando que allí también era posible que hubiera magia y encanto, pero esa presencia estaba allí, se sentía, el frío lo delataba. Cuando recibió la vista de su amiga Jackie, ella le dijo…”hay alguien más aquí, lo presiento” y recorrió la sala sintiendo un extraño escalofrío y mirándola le expresó su preocupación y prometiéndole una visita, pero acompañada de algunos sahumerios. Ella no estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, pero también pensaba que así como existe lo bueno, también está el mal, aunque “eso” no era malo, estaba allí, era su espacio que la intrusa estaba ocupando, entonces se lo estaba manifestando. Y comenzó a decírselo muy levemente, haciendo sonar unos libros a sus espaldas, tirando una y otra vez sus cabellos, moviendo la silla…nada era normal, estaba empezando a caer en la paranoia, pero no se lo permitiría, ambos podían convivir en ese espacio y aprender uno del otro,¿ por qué no? Saber porque está ahí, qué quiere decir; los demás también lo habían sentido, pero no tan a menudo como ahora. Cuando llegó Jackie con sus velas e inciensos, ambas elevaron una oración y recorrieron la habitación, luego el silencio. Cada tres día repite esto le dijo y se fue y allí quedó ella y se dio cuenta de que el extraño ritual, había molestado a quien quiera que estuviese allí y lo que sucedía cada tarde, evidenciaba su malestar, pero no se daría por vencida y cada mañana al llegar lo saludaba y por la tarde le decía…hasta mañana Otto!


¡Tenía nombre!, se llamaba Otto según le contaron los antiguos habitantes de esa casa y que ahora son unos respetables señores, posiblemente era su abuelo y que esa oficina había su dormitorio; por lo tanto le recomendaron que le hablara y que no le tuviera temor, pues en vida había sido muy travieso y así es como mañana lo saludaba y le hablaba. Ha pasado el tiempo y ella ya no está ahí, como si fuera ayer, recuerda el día en que guardaba sus pertenencias; sus discos, libros, recuerdos y entonces violenta y estrepitosamente cayó la bolsa al suelo y se quedó esperando algo más y por primera vez sintió miedo. Recogió sus cosas y le habló como para disipar sus miedos…”ahora estarás tranquilo, la intrusa se va”. Dio una última miraba y cerró la puerta con llave, bajó las escaleras raudamente y se despidió de sus compañeros, uno de ellos exclamó ¡no te vas sola! Alguien pasó tras de ti! El caso es que cada vez que ella se sentaba frente al computador a escribir su historia, sabe que la está observando y se lo hace notar de una u otra forma, como ahora, cuando está terminando de escribir este relato y siente en su oído como un susurro una brisa suave, aún cuando las ventanas están cerradas y sabe que… ¡es él!


Escritos de Cecymar