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Año 0 Núm. 1 México D.F. MMXIII

Revista de literatura miscelánea sin fines de lucro para (casi) toda la familia.


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EDITORIAL

Colaboradores pocoserios: D Equinoxious Katalina Lazcano Mario A. Contreras Renata Ximena Rosita Epitafio Santiago Santiesteban Aldo Pineda ―Volk‖ Yil Vieyra y Quique Cruz

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Las puertas están abiertas. Hoy, justo en el momento en el que tú estés leyendo esto, se declara formalmente inaugurada Pocoserio. Pero ¿qué es Pocoserio? El nombre de la revista surge de forma espontánea, igual que la mayoría de las mejores cosas de la vida, como una ocurrencia nacida de la necesidad de que nuestros textos (intencionalmente poco pretenciosos) sean leídos. Pero pronto la palabra pocoserio se convierte en algo más: una actitud desenfadada ante la vida, dejarse llevar por una corriente suave, caminar sin encontrar obstáculos a nuestro paso. Pocoserio quiere ser como el rock: darle el nombre a una forma distinta de ver las cosas. En la lista de la derecha encontrarás a un (muy) simpático grupo de gente que gusta de escribir ocasionalmente; todos ellos, salvo el último, son gente bastante centrada que no pretende revolucionar la literatura con líricas profundísimas o enmarañados relatos. La sencillez es la bandera de la revista y la carta de presentación de nuestros colaboradores. Otra de las ventajas de Pocoserio es la libertad que tienen sus autores. Ellos tienen la instrucción (la orden dictatorial, dirían algunos) de escribir, pero el tema, la extensión, el carácter, el sentido y la intención de lo que escriban es completamente responsabilidad y libertad suya. Por eso es que Pocoserio se declara, ante todo, una revista Shuffle. La abres y no sabes qué vendrá después de cada página, ¿un poema onírico?, ¿un cuento erótico?, ¿disertaciones sociopolíticas?, ¿quotes absurdamente divertidos?, ¿el siguiente capítulo de la nueva novela pocoseria?, ¿una caricatura? El reino de lo inesperado y de lo lúdico en nuestras páginas.

¿Ya notaste este espacio libre?

www.facebook.com/pages/Poc oserio/237016313106268

Planeaba darte un panorama general sobre lo que vas a encontrar, pero sería como contarte el final de una película recién iniciada. Por eso prefiero invitarte a leer, a tomar esa actitud desenfadada, a dejarte llevar por una corriente suave, a caminar sin encontrar obstáculos a tu paso. Te invito a ser Pocoserio, las puertas están abiertas. ¡Provecho! EL EDITOR (mayo, 2013)

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

Yil Vieyra

Reencuentro Hoy, en mi día, deberías no estar aquí, es mí día, y sin embargo, te sigo teniendo en las teclas del computador, puedo escribir tu nombre que sigue siendo corto, tan corto como la distancia entre mi pensamiento y tu imagen, tan corto que equivale a cinco pequeñas letras con fonología atractiva, con esa musicalidad tan tuya. Eras ceniza de mariposa puesta al fuego, eras carbón hecho nada, eras tú y tus vicios lejanos a mí, a mi futuro, a mi destino, pero es mi masoquismo inútil el que hace que vuelvas a ser y entonces adquieres energía y corres y de repente miro el cielo y te encuentro de nuevo: vuelas. Lo correcto sería no dejar sólo que fueses polvo negro sino recogerte y tirarte al cesto del pasado, más nunca del olvido -lo aclaro- y sé que lo puedo hacer pero no quiero, simplemente se trata de eso. No del todo has triunfado: NO, ayer podía mirarte sin tenerte con los ojos desquebrajados, hechos añicos entre baños de lágrimas grisáceos, hoy puedo tenerte sin mirarte con la vida de vuelta, con la sonrisa que no es tuya, que me pertenece, con la tranquilidad en el pecho, con un suspiro sereno, dispuesta a sonreírle a alguien más que tú y a alguien más que yo. Sí. Sonreírle.

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Pocoserio: Revista Shuffle #1 Habíamos quedado de vernos en el Metro a las 9:45am y la noche anterior no

El último

Rebeca Ximena

había podido dormir bien, pero de alguna forma logré llegar antes que él. Mientras llegaba leí un poco, observe a las personas yendo al trabajo, para mí era un día sin fecha, pero importante porque de alguna forma estaríamos juntos. Sonreí y él se bajó del último vagón. Nos saludamos lo más pronto y distantes posible como siempre. Comenzamos a caminar, después de diez minutos nos volteamos a ver y yo le pregunte si sabía a dónde íbamos. Él me vio con cara de “Yo pensé que tú sabías” y comenzamos a reír tontamente: —Bien, eh! —Calla! Busqué mi celular en mi bolsa y nos quedamos parados un rato intentando entrar al GPS de forma inútil, después de un rato de observar el mapa y averiguar dónde estábamos, conseguimos averiguar cómo llegar. En fin, seguimos caminando, hablando de cualquier cosa. A mí me pareció que demoramos mucho en llegar hasta aquel edificio que estábamos buscando. Entramos y cada quien tomó un camino, de vez en vez nos encontrábamos, hacíamos algún comentario y seguíamos nuestro camino. Así fue como por 5, 10, 20 pisos, la verdad no recuerdo cuantos eran. Apenas recuerdo algunas cosas de ese día. Para llegar al último piso decidimos tomar el elevador, unas notas sonaron indicando que habíamos llegado al último piso. Las puertas se abrieron. Vimos una sala amplia con un tragaluz inmenso, sólo en ese momento nos dimos cuenta de que ya había comenzado a oscurecer, habíamos pasado más de 7 horas adentro y no nos habíamos dado cuenta. La sala fue quedando más obscura a medida que pasaban los minutos, nosotros continuamos viendo el lugar, después de unos 20 minutos la sala quedó vacía, a excepción de nosotros dos. Apenas alumbrado por las débiles luces violetas de la sala, que dejaban algunas zonas de la sala totalmente oscuras. En algún punto de nuestro recorrido los dos quedamos frente a frente, con una escultura de por medio. Hacía calor, mucho calor, porque era verano. Al principio no nos dimos cuenta de que estábamos uno enfrente del otro, apenas unos kilos de arte de por miedo. Arte creado de la manera más exquisita, las figuras desnudas de la pieza emanaban sensualidad y la luz, el calor, la oscuridad, todo estaba puesto para 4


Pocoserio: Revista Shuffle #1 hacerla brillar. En la sala no hubo nada más aparte de ella. De alguna forma nuestras

El último

Rebeca Ximena

miradas se cruzaron, sin palabras comprendimos lo que por años habíamos callado entre cada plática absurda. Había llegado el momento de decirlo. Pero él bajo la mirada y siguió caminando. Yo seguí contemplando cada detalle de aquella escena, casi surrealista. Pero, como ya dije, no recuerdo casi nada de ese día. Apenas algunos detalles. Un frío repentino me hizo sobresaltarme, su mano en mi cintura, yo volteando, una mirada ultrarrápida y después un beso. No hubo tiempo para las palabras, y si lo hubiéramos tenido… hubiese resultado innecesario. Los dos lo sabíamos. Quedamos desnudos como las figuras que habíamos contemplado minutos antes. Nuestras manos perfectamente puestas en cada lugar, imitando las figuras de todo alrededor, como si hubiesen sido esculpidas también. La luz violeta nos ilumino apenas lo necesario, el calor humedeció rápidamente nuestros cuerpos, la obscuridad fue nuestra cómplice. Si alguien hubiese visto la escena nos habría tomado por otra pieza perfectamente colocada ahí. Llena de pasión y sensualidad. La luz violeta finalmente se apagó para nosotros. Salimos del edificio. Subimos al autobús y después de sentarnos continuamos besándonos. Sin decir nada, sólo algunos besos, sabíamos dónde era nuestra siguiente parada. Bajamos del autobús, el mar quedo frente a nosotros, a lo lejos había un grupo de jóvenes en una fiesta, música y algunas risas distantes. Caminamos por la playa, parando de vez en cuando, algún beso, uno cada vez más intenso que el otro. No recuerdo tampoco cuanto tardamos en llegar hasta la puerta, ni como conseguimos entrar. Pasamos toda la noche gritándonos con nuestros cuerpos lo que habíamos callado todos esos años. Apenas el ruido de las olas chocando contra las piedras como música de fondo. A la mañana siguiente, apenas hablamos, aquello era más allá de lo real. Habíamos entendido cada caricia, pero también con los años habíamos entendido que no era posible. Me vestí, vire mi cabeza buscando su mirada una última vez. Poco tiempo después él vendió la casa y yo me mude lejos de la playa. No volvimos a hablar. Pero cada año, en la misma fecha, nos vemos en el último piso.

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

ESTRELLA NADADORA Equinoxious La he soñado infinitamente desnuda Con los senos de virgen milagrosa y con el hambre de la gente en procesión Volaba tan en paz con las plumas de los pies Soltando su corteza materna Y me miraba con su templo de amarillo; sin penas al fondo de sus ojos En sus hombros pescaba el pescador electrizado por la noche Cantando versos para estrellas que se tocan Soplando Rosas en universos interiores la besé con la punta de la lengua, la lengua agitada por el velo de la vida Ella está dormida por el trago de su órbita precisa Crucificada por el labio soñoliento de la tierra y su geografía dividida Es Mujer de mirada paralela, Ángel de madrugada, Aviadora al rincón de un espacio puerto Estrella nadadora en las manos del arado muerto Buscadora de los labios iníciales, vuela hacia el colibrí con canto de botella Le he soñado saltando por la astrología de los cielos con la cabellera en gravedad local, Pero hoy le quitaré el vestido de Lunares, los tendré dominados para los amores de la mente. Y se escribirá la historia de los Bienaventurados, los que sin acostarse hicieron el amor, porque de ellos será el reino del placer. 6


Pocoserio: Revista Shuffle #1

Spring Wedding Por D La mezcla de alcohol y euforia me llevaron a disparar por primera vez un arma (al aire, por supuesto, ya que al parecer es lo que en esta parte del país se acostumbra hacer cuando alguien se casa). En el momento en que se lo conté a mi hermana pacifista ni siquiera se inmutó, debido a que declaré no haber sentido la adrenalina que se supone debes sentir al disparar y a que me vanaglorié de tener la capacidad de ser una asesina en serie, con sangre fría. Lo único fue que después de las detonaciones sentí que mis oídos funcionaban a un cuarenta por ciento de su capacidad. —Sí tengo el temple para disparar sin remordimientos –afirmé en voz alta. —¿Eso dicen?, ¿que el único requisito para matar y poder dormir en paz por las noches es quedarse medio sordo después de disparar al aire estando borracho? –preguntó mi hermana. Por supuesto que decidí ignorarla, ella qué podría saber de la vida de un francotirador en ciernes descubriendo su potencial. Quería que ella observara mi souvenir salido de una nueve milímetros, así que busqué el casquillo que había decidido guardar para conmemorar tal ocasión, pero fue en vano, lo había dejado en el lugar en el que pasé la noche. —¿Por qué lo buscas entre tu blusa? –preguntó. —Pues no llevaba bolsa, pero estoy segura de que está por aquí. —Yo creo que más bien nunca sucedió y sólo no quieres hablar del resto de la noche –dijo en tono de quien conoce a su interlocutor —¿De qué hablas? Ya te dije qué más pasó, fue una ceremonia bonita, violines, flores, tul y organza. Gente bailando y gente llorando, lo típico –respondí con nerviosismo. —Si tu lo dices… Y, claro, en cada abrazo los novios intentaban fundirse en uno solo, como queriendo congelar para siempre ese instante de felicidad pura. Pero este no es el lugar ni el momento para ponerse a llorar. Otra vez. 7


Pocoserio: Revista Shuffle #1

ROJO

Yil Vieyra Ahora puedo contestarle a usted todas sus preguntas. Siempre le veía espiando nuestra casa; en realidad, usted no es muy bueno para eso, la discreción no es, en modo alguno, virtud que le pertenezca. Pero ya han pasado años, los suficientes para notar que cada día su impaciencia crece y crece, su cara ha envejecido más que la mía y puedo casi asegurar que yo he nacido una década antes que usted. En fin… ¿por dónde quiere comenzar?, ¿que dónde se encuentra él ahora? Oh, no se preocupe, se encuentra bien, está en la habitación. Por la mañana ha tomado dos vasos de jugo de betabel, ha comido una manzana roja y brillosa y un poco de sandía picada, hoy ha estado sonriente, sobre todo, mientras le picaba la fruta. Bueno, ya que insiste tanto, le hablaré primero de sus manos, efectivamente sus sospechas son cier“...es delicioso

tas, soy yo la que le ha cortado sus dedos, soy yo la que le hago grandes cicatrices en las muñecas

saber que hay un

y es por mí que ha padecido un sin fin de infecciones que ocasionan que en cada hueco de lo que

ojo que era cómplice de mis movimientos.

le queda de mano desborden líquidos grasosos y amarillos, pus chorreante con un olor temible.

Cómplice a medias

Pero ¿por qué me ve de ese modo? Siéntese por favor, a usted no le haré nada. No tendría por

porque desconocía

qué. Finalmente, es delicioso saber que hay un ojo que era cómplice de mis movimientos. Cómplice

mis razones.”

a medias porque desconocía mis razones. Aunque, ¿sabe? no soy mala. A veces le lavaba sus brazos morados con agua caliente, muy calien-

tita, ¡si viera cómo le gusta cuando lo baño!, después lo seco y le doy una remojadita de alcohol como para borrar cualquier huella de venganza. En eso que ahora usted me dice, tiene nuevamente razón, él a veces me pide perdón de rodillas y llora a borbotones, yo sonrío feliz mientras finjo no escucharlo, camino por la sala y las recámaras y él va tras de mí como un perro, como un miserable perro. De repente siento mucha lástima… ¿miedo? No, en absoluto. Él no es tan valiente como para denunciarme, sabe que la culpa recae en su sangrienta persona. Yo lo domino. Aún tiene pies pero se siente cojo, prefiere que yo siga a su lado alimentándolo y bañándolo, a él le gusta que tome las tijeras, que les saque filo con su piedra de asentar y que corte por aquí y por allá su cuerpo blanco. Sí, paseamos mucho, usted lo ha notado porque cuando caminamos por la tienda comercial, por los callejones, por el bosque o por el otro pueblo usted siempre va detrás de nosotros. ¿Que tengo una mirada lujuriosa dice? ¡Qué estupidez! Por primera vez ha fallado en sus observaciones ¡por supuesto que no!, sin embargo, sí me gusta centrar mi atención en los muslos y la entrepierna de la gente que veo pasar, incluso, conozco de memoria el cuerpo de usted, mucho tiempo he pensado en cómo serán sus piernas y de ahí para arriba…qué color tendrán ¿blanco, apiñonado, morado o rojo quizás? 8


Pocoserio: Revista Shuffle #1 Pero vayamos al grano, porque por su expresión veo que está plenamente horrorizado, respire profundo y por favor escuche y trate de comprenderme. Cuando lo conocí ambos amábamos el arte, gozábamos sentir el óleo en nuestras manos y dotar de color al lienzo que tuviéramos enfrente. Él usaba el carmín, el rojo ladrillo, el cadmio… colores lindos, pero, curioso detalle, todas sus pinturas tenían un elemento primordial: sangre. Un día dijo que había pensado en una obra de arte, me despojo del vestido, tomó el pincel y comenzó a retratar mi cabeza y el tronco de mi “Lo castigué de cuerpo, entonces dijo que lo que seguía era lo mejor, lo más importante, tomó una navaja y sin espe- manera que rarlo me hizo cortadas entre mis muslos, mis piernas y mi sexo.

dejara de

Me quedé perpleja, con la mirada ausente, me veía supongo como se ve usted ahora, me plasmar ese quejaba del dolor y rompí en llanto, salí corriendo, cuando volví a casa esperaba una explicación y color en todos no hubo nada. Miré el lienzo y allí estaba yo en ese cuadro con hermosísimos centellos de un aura lados” roja pero mis piernas lucían con un tono extraño, desgarradoramente ajeno al mío. Decidí tomar venganza y espere algún tiempo, la otra parte de la historia la conoce… todo empezó cuando la gente murmuraba cómo de un día para otro él ya no tenía dedos, ni manos, yo las había cortado, pero le juro que lo anestesié; a partir de ese día recibí de su boca la primer disculpa, sin embargo, él sigue obsesionado con el rojo. Lo castigué de manera que él dejara de plasmar ese color en todos lados. Permítame mostrarle a usted la laceración que sufrí, me bajaré la falda. Observe, sí. Es espantoso ¿cierto?, cicatrices por doquier, supongo que ahora entiende esas miradas que ha denominado "lujuriosas". Yo sólo trato de imaginar cómo era yo antes de ese episodio cruel y pienso en los demás, los envidio, pienso en el tacto que debe de tener su piel, los diversos tonos, pienso en lo que he perdido, pienso en mí a través de ellos, pienso en mi dolor. Él está loco, busca el rojo en todo lo que le rodea, quizás a pesar de todo usted no me entienda, quizás realmente la loca soy yo.

Una voz alegre salió de la habitación para interrumpir la charla.

—¿Estás en la sala? ¿Me podrías traer mi vaso de cristal con un poco de sangría?

Tintazul

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Breve definici贸n del amor

Mario A. Estrada

Pocoserio: Revista Shuffle #1

Oc茅ano Transparente jugueteo y en tus crestas escarcha blanca.

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La oración especificativa (incluye ejemplos)

Pocoserio: Revista Shuffle #1

Santiago Santiesteban En mi celular smart Traigo fotografías digitales de una vieja encuerada sensacional Para no tener que pensar en ti Ay, Palita, tu cuerpo plano (tu gordura imaginaria) Y la tibieza de tus taconazos firmes (que yo oía entre sueños) Aún me acongojan Se me eriza la lengua y la tristeza Me recuerdo levantándote en vilo (así de ligeras eras) Y me veo pálido de amor, luego, bajándote las diminutas bragas Bragas que aún acostumbras usar, bien lo sé —Eras mustia y calladita […] Desde el Android Market he descargado para mí smart Una aplicación intitulada “El corredor ideal” Sabe marcar mapa, velocidad y distancia Conectándose al GPS Yo le doy 500-seis vueltas al parque Venados, en avenida Soto e Hidalgo Pero no te olvido […] Mi oración especificativa es, que @dios En su infinita sabiduría y cuántico poder Por error, te traiga a mí

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

El

P e r s o n a j e

Quique Cruz

L

a primera vez que me dijo ―Yo soy el protagonista de un cuento‖ lo tomé a broma. ¿Qué habría hecho cualquiera? Me gustaba seguirle el juego en sus explosiones mitómanas; cada que inventaba alguna historia de la que él era el protagonista yo le preguntaba todo tipo de cosas al respecto, ―¿y cómo llegaste a ese enredo?‖, ―¿era muy tarde?‖, ―¿por

cada uno de los orificios?‖, ―¿ella también es ninfómana?‖ Cosas así. Él tenía una forma deliciosa de contestar, independientemente de lo escatológico de la mayoría de sus respuestas; siempre contestaba con una fluidez y con una naturalidad envidiables, a veces casi me convencía de estar diciendo la verdad. A menudo tenía la impresión de que pasaba las noches inventando las historias que me contaba por el día, pues sólo de esa forma podría tener todo absolutamente estudiado para dar la mejor respuesta, la más coherente y la única que encajaría perfectamente. Una vez llegó a la oficina con el traje desaliñado, la respiración acelerada, ríos de sudor sobre el cuerpo y un libro titulado Comportamiento de camellos y dromedarios. —¿Por qué demonios traes eso? –pregunté con ecuanimidad. —Ayer en la mañana apareció un camello frente a mi casa, no me dejaba salir. —¿Qué tipo de camello?



—Un gigante del Sahara –dijo mientras buscaba una foto en el libro, después de encontrarla me la mostró y siguió hablando—. Es igualito a este. Imagínatelo; igual, pero sentado. Resultó que para ahuyentarlo necesitaba silbar en una frecuencia específica, me tardé como 20 minutos para que él reaccionara a algo. Se levantó y empezó a bufar. Es raro, pero hasta ese momento fue que se me ocurrió llamar al zoológico. Me contestaron que ningún camello se había fugado, así que no era problema suyo. ―¿Pueden venir por él?‖, pregunté. ―Claro que no, nosotros no podemos hacernos cargo de animales silvestres así como así. Llame a las autoridades, ellos lo trasladarán después si lo creen prudente.‖ Cuando llamé a los bomberos dijeron que no molestara con bromas estúpidas; que, con lo que había pasado en la ciudad, estaban con las manos llenas. Me di cuenta de que nadie iba a venir, así que aproveché cuando se durmió para ir al mercado. Compré algunos víveres esenciales para mí y un par de pacas de alfalfa para el invitado. Cuando regresé él estaba de nuevo parado y bufando, recibió la alfalfa con una sonrisa grande. Hoy en la mañana seguía ahí, me tardé otros 15 en hacer que se moviera. ¿No ha llegado Gonzáles? —No. —¡A huevo!, media hora tarde y sin repercusión. Un día de estos llego y estaciono mi camello allá 12


Pocoserio: Revista Shuffle #1

Pero pasó casi un año y no volvió a mencionar al animal. Hace dos meses falleció, estaba de vacaciones en Cozugartt. Algunos testigos dijeron que intentaba salvar a un niño de ahogarse, hubo también quien dijo que fue él quien arrojó al niño al mar. De cualquier forma él murió y nadie pudo constatar la existencia del mentado niño. Fue su hermana quien me avisó. —José Luís –dijo—. ¿Sabías que Mario estaba de vacaciones en Cozugartt? —No. Me dijo que saldría, pero nunca especificó. —Sí. Anoche estaba en el muelle. Parece que vio a un niño ahogándose y trató de rescatarlo. Él no sabía nadar, pero igual se lanzó al mar. Los pulmones se le llenaron de agua, lo declararon muerto a las 2am.



abajo, jajaja.

La sangre se me heló en ese momento. Uno nunca puede evitar tener esa sensación cuando la muerte se aparece cerca; porque ella nunca está invitada, pero cuando llega no hay forma de cerrarle la puerta de la casa. Pasa y se sirve de comer ante la impotencia del mundo. Imaginé que mi amigo saltaba al agua como un personaje de serie televisiva. Las imágenes de él se aparecieron en mi mente como fotogramas. Estáticas. Exactamente como cuando uno lee algún cuento, como un cómic con una ilustración por página. Su muerte se añadió a las miles de historias que me había contado. Registrada en fotogramas como una explosión mitómana más. Al funeral fuimos dos compañeros de la oficina, sus hermanos, sus padres, algunos amigos y algunos familiares que no reconocí. En la recepción, su hermano Gerard nos contó un par de anécdotas de Mario. Me parecía escucharlo hablar en la voz de su hermano, su tono era idéntico. Sólo sentí calidez al escuchar esa voz, hubo paz. El primer día de trabajo después de esas vacaciones fue perfectamente normal. Llegué a las 8:30am, me serví un café, leí los memos… como a las 9:00 ya estaba charlando con Beatrix sobre las razones para que dejara a su novio patán e intentara algo con alguien nuevo (el recién ascendido supervisor de sistemas, José Luís Jandete, por ejemplo). Entonces llegó Mario, nos saludó con sendos abrazos y, mientras encendía su computadora, nos contó una historia muy chusca sobre cómo terminó en su cama su hermosa vecina la edecán.

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

Sin preliminares Katalina Lazcano

Confesión 1

Confieso que te quiero. Te quiero todo el año, todos los días. De mil formas distintas te quiero. Los días hábiles y fines de semana, los de descanso obligatorio, los de guardar, en vacaciones.

Durante el sueño y en la vigilia (aunque sueñe más estando despierta). Todo el año bisiesto, incluyendo el día de más, (ese día también te quiero). Ningún día es igual al

anterior, nunca nada se repite. Ni la forma de

quererte porque te quiero de modos infinitos: aquí, allá, cerca, lejos, arriba, abajo, de pie, sentada, triste y enojada, completa y a la mitad; por p/a/r/t/e/s. Te quiero.

Si no te veo, te quiero; si mi voz no me alcanza y no te alcanza, te quiero.

Confieso que te sueño, y si no te sueño, te quiero.

Y si no me miras, ¿lo sabes? Aún te quiero.

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SLENDER CAPÍTULO 1

Pocoserio: Revista Shuffle #1

por Volk

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

La naturaleza de mi neurosis Santiago Santiesteban

Minerva: ¿por qué lloras la circunstancia de mi paranoia? ¿Por qué demencia me descompones mi circunferencia? […] ¿Verdad, Madame la Morte, que la conciencia no tiene geometría? Ramón Martínez Ocaranza

Avanzo No sé si cuatro o cinco lluvias (cada otoño), Y robo un conejo (cenamos) Entablo conversación con la ventana Doblada Mientras la limpio, Voy al cine y me huelen los pies Avanzo, les digo No sé si cuatro o cinco minutos Bajo los aires florales y sabihondos de Satanás (Botánico al fin) Minutos demoníacos que me parecen años y más años Largos años en la casa de my fucking madre (Treinta, ya casi cuarenta y dos) Herido Pero paso a explicar: Las axilas me arden De tanta muleta Pues quizás fui yo quien ―atropelló‖ al camión de los helados No soporté el suave meneo del repartir de su felicidad Ni sus notas

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Pocoserio: Revista Shuffle #1

Un beso, mi amor, no existe

Enrique Cruz

Todavía no, o siempre no, o nunca no. Muerde y no existe, aprieta y no existe, enamora y no existe, enloquece y no existe. No sé, si acaso, si se aleja o se acerca después de cada palabra o encuentro fortuito. Se acerca, quiero decir, pero sería necio asegurar algo que es, apenas,

apenas, 19


COLABORADORES POCOSERIOS (Ficha técnica-contacto-chismógrafo) D

@diansanchez

Amante de la Ciudad de México. Fan from hell de las palomitas con mantequilla extra y de los pambazos. Casi–politóloga oenegera que se divierte leyendo versiones estenográficas. Su vida habrá cobrado sentido cuando una impresora 3D le dé comida.

Equinoxious 21 años, músico de sintetizadores analógicos (chácharas obsoletas con más de 30 años), amante de la noche; a veces mórbido poeta, vago y borracho. Obsesivo–compulsivo del blanco y el negro, las cosas vintage, las situaciones lúgubres, la Segunda Guerra Mundial, la cultura India, la escena underground y la música de 1977-1985. soundcloud.com/equinoxious /// http://equinoccious.tumblr.com/

Katalina Lazcano

Mario A. Contreras

Actualmente es un intento de estudiante de la UAMI. Le gusta todo lo que sea poco o nada serio. Cuando sea grande quiere ser agradable. Frase célebre: ―¡Por última vez, no soy pariente del Lazca¡‖

Originario del Edo. Méx. Y residente temporal de Cancún, Quintana Roo. Estudiante de gastronomía, amante de los gatos, las siestas, los libros, la cocina, de mirar la luna por la noches y en los ratos libres buscar al amor de su vida. En Facebook lo encuentras como: Mario Estrada (Maryoh) Su sueño: Tener una familia/una casa llena de gatos.

Renata Ximena

Rosita Epitafio

Se dedica a la vida, mexicana a la cual le cuesta mucho trabajo autodescribirse con palabras casi siempre (es más fácil mostrando imágenes y dibujos); analítica y paranoica de sobra. Su sueño es un mundo feliz... olvidé mencionar que es soñadora por convicción propia.

Fantasma pocoserio. Gusta del diseño, los caligramas y el arte conceptual. Diseñadora oficial (semiformal freelance sin goce de sueldo) del logo pocoserio y de la representación gráfica del nombre de la revista (vean la portada).

Santiago Santiesteban/Anastacio Naranjo

Volk/Aldo Pineda

(Sta, Mónica CA/México D.F. 1986) es Premio Nacional del Ocio 2002, 2006, 2007, 2009, 2010 y 2012, y autor de Teoría cínica de la dignificación payasística, Breve introducción al intoxiquismo, Los aviones que vuelan demasiado cerca, Gato está triste, El evangelio de los objetos ideales, Nuevo manual de herbolaría y gitanería de Fran de Merlé, Los días con la compañía, Visión de castor, La lluvia, entre otros; todos, claro, inconclusos e inéditos.

Pocoserio y alegre, estudiante de veterinaria, exestudiante de ruso, proto-hipster; gusta de las películas, el chocolate de agua caliente y las tardes lluviosas; videojugador empedernido, usuario medio-avanzado del internet, amante de la comida japonesa y de la subcultura oriental. ¿Quieres conocer mejor a Aldo? Bueno, él no se conoce muy bien que digamos, pero igual lo puedes encontrar en Facebook como "Aldo Pineda".

Yil Vieyra

Quique Cruz

Amante del teatro, la lluvia, el café, el baile, las canciones de abuelitos y las paletas rojas. Gusta de platicar; sonreír; escribir poemas, prosas y cartas poco serias pero bien honestas. Cree en el poder de las miradas y de la escritura. Actualmente investiga sobre temas eróticos con el pretexto de obtener el famoso título de licenciada en Letras Hispánicas.

Chilango-tecamaquense, príncipe autodeclarado. Estudiante de Letras Hispánicas en la UAM. Le gustan los gatos, el chocolate, la buena compañía, la música y el fútbol. Dice que edita, dice que escribe, dice que toca, dice que filmará, dice y dice. ¿Su sueño? Peinarse como Marco Reus. En facebook se llama: ―Quique Cruz‖ (¡Guau!)

@elquiquecruz

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―Adiós, Superman. Bye, bye. Bye, bye.‖ Chabelo. http://www.youtube.com/watch?v=RnTiwQoOqVY

Pocoserio, Año 0 Número 1 Fecha de publicación: 7 de junio de 2013. Revista bimestral editada y publicada por sí misma. This work is licensed under the Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 México License. To view a copy of this license, visit http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/mx/ or send a letter to Creative Commons, 444 Castro Street, Suite 900, Mountain View, California, 94041, USA. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Escrita, editada y publicada en México. Los personajes y situaciones representadas en esta publicación, son eso: una representación. Cualquier relación con la realidad es mera coincidencia. No se ponga usted punk. “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena. Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá.”

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Pocoserio 01  

El esperadísimo primer número de la revista shuffle favorita de los niños. ¡Gózala!

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