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ENERO - ABRIL 2012

El Maestro y yo

Revista Digital Parroquia Jesús Maestro, San Juan, Puerto Rico

Jesús “el artesano”

Márquez recordó instancias cuando Jesús oró. Explicaba el porqué de sus oraciones. Como cuando oró en el Huerto de Getsemaní en sus aciagas horas… “Recuerden este pasaje cuando se encontraba orando y podemos notar que lo hacía porque era Dios pero también era hombre y como Dios sabía que le quedaba horas de vida y como hombre la angustia y el temor le arropaban y tenía que clamar a su Padre”. La vida de Jesús termina en una oración expresada para algunos como una oración de angustia y para otros de esperanza, pero siempre en una comunicación con el Padre: “Dios Mío, Dios Mío, porque me has abandonado”. Este no es grito de angustia, ni desesperación, es un canto de alabanza… El Padre Arrañaga enfatiza que Jesús acostumbraba a retirarse con frecuencia solo, siempre solo, a una montaña o un lugar retirado, generalmente de noche y sin pedir, ni dar explicaciones a nadie. En el Nuevo Testamento encontramos más de 20 pasajes que nos muestran a Jesús en oración con estas características. Este era un hábito de Jesús. Esto contesta las interrogantes de Jesús: ¿De dónde le viene su sabiduría? ¿Cómo puede hacer esos milagros? ¿Cómo entiende de letras sin haber estudiado? Desde niño comienza el diálogo con su Padre lo que le permite conocer la naturaleza y alcance de su misión. Todo esto enseña que la vida oculta de Jesús que todos esto gestos, actuaciones y palabras tienen una pedagogía divina. Trabajar con sus manos: ganarse el sustento con su trabajo y ser responsable de su Madre. Santifica así el trabajo y a quien trabaja. Podemos encontrar la santidad en la cotidianidad. San José María Escribá de Balaguer expresa que volvamos de nuevo a la ingenuidad, sencillez de la vida de Jesús en sus años ocultos. Comprendió que Jesús quiere que entendamos su vida escondida, su vida de trabajo corriente entre los hombres. “Obedecer a la voluntad de Dios es siempre por tanto salir de nuestro egoísmo, pero no tiene porque reducirse a alejarse de las circunstancias ordinarias de los hombres iguales a nosotros”… De otra parte, Santa Teresita del Niño Jesús, nos dice que “para alcanzar la perfección que nos lleva a la santidad no es necesario hacer cosas extraordinarias sino que la perfección consiste en hacer de un modo extraordinario las cosas pequeñas”. El Papa Benedicto XVI dijo recientemente (11 abril 2011) : “La santidad no consiste en realizar acciones extraordinarias sino en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, hacer propias sus actitudes, pensamientos y comportamientos”. En otras palabras que imitemos a Jesús y nos convirtamos en otros Cristos… En el Adviento debemos convertirnos en otros Cristos. Convivir estrechamente con su pueblo. San Irineo dice: “Dios se encarna a fin de habituarse al hombre y que el hombre se habitúe a Dios. Esto quiere decir que Dios se hace humano para que el hombre se haga divino. La encarnación es la humanización de Dios en su Hijo y no puede haber encarnación si el hijo no entra en toda densidad, en toda comunión con la condición humana. Madre Teresa de Calcuta dice que “tenemos que aprender a ver el rostro de Jesús en todos nuestros hermanos”, especialmente en los pobre por quienes Jesús siempre mostró preferencia. El Beato Juan Pablo II dice: “Jesús es el rostro humano de Dios y el rostro Divino del Hombre”. Palabra con Luz. Lo importante es que en su vida diaria, conviviendo con la gente común y siendo uno de ellos nos enseñó a ver su rostro en todos nuestros hermanos. Por eso debemos practicar la caridad con todos, especialmente con los pobres. Recordando que Jesús nació, vivió y murió como uno de ellos. En este Adviento debemos aprovechar para reconciliarnos con todos aquellos con quienes estamos enojados, heridos, molestos…

El Maestro y Yo  

Revista Trimestral de la parroquia Jesus Maestro

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