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El Maestro y yo

ENERO - ABRIL 2012

Página 27

Revista Digital Parroquia Jesús Maestro, San Juan, Puerto Rico

La escena de la Anunciación deviene entonces una confrontación entre una serie de oposiciones que quedarán suspendidas sin solución: el destino y el libre albedrío; lo humano y lo divino; el adentro y el afuera; lo celeste y lo terrenal; el pasado y el presente; lo carnal y lo espiritual; lo naturalista y lo icónico. La naturaleza oposicional en la estructuración de la anécdota, del tema icónico y de la composición representacional nos da el plus de desglosar la serie en al menos dos líneas, que bien podemos denominar la línea sagrada y la línea profana. Cada línea organiza la presencia de los motivos y las técnicas de representación, de modo que la imagen global nos dice más y más acerca de la composición pictórica. Unos pocos elementos presentes en la escena nos permitirán profundizar en esta propuesta.

III. La imagen dual

Hasta ahora he insistido en el carácter dual de la representación en la escena de la Anunciación. Vale señalar, de entrada, que, en las representaciones pictóricas de la Anunciación anteriores al siglo XII, primaba una organización plana y esquemática saturada de objetos claramente simbólicos. La dualidad humano/divino se presentaba como el producto de la afirmación en una retórica visual sencilla apuntalada en símbolos inequívocos. La presencia del ángel sobre un fondo azul que representa el cielo y de María dentro de la casa echaba mano de los mismos recursos pictóricos: la figura plana, apenas organizada mediante escorzo, ornada con sus atributos desproporcionados, colocados en al superficie de la representación como los elementos de una trama o de un argumento. Es a partir de mediados del siglo XII que comienza a percibirse una voluntad, cada vez más marcada, de separar los espacios respectivos del ángel y de la Virgen mediante recursos pictóricos y representacionales claros y distintos, y no meramente mediante motivos simbólicos e iconográficos colocados sobre espacios pictóricos configurados con idénticos recursos. Por un lado, la representación de la casa de María va adquiriendo un trabajoso naturalismo que recurre a los rudimentos de la perspectiva. En cambio, el entorno del ángel, si bien asume los desarrollos paulatinos del paisajismo azuloso y aéreo, sigue dando la impresión de lo etéreo, de lo inconmensurable. El espacio del ángel carece de medida clara. La diferenciación se va acusando con el paso del tiempo, a medida en que se va perfeccionando el método organizativo de la perspectiva. A mayor profundidad en el espacio de la Virgen, más irreal se percibe el ámbito del ángel y aquel que, en ocasiones, ocupa Dios en el eje superior de Gabriel. El lado del ángel Gabriel tiende a una presentación sobre fondos que carecen de parámetros claros de medida, en la cual sus atributos (vestimenta, pose, objetos) siguen destacándose sobre un trasfondo en general plano, típico de la pintura medieval. El espacio del ángel, carente de unidad, sirve apenas como soporte de los objetos que en él se colocan. No hay profundidad. El cielo o el paisaje coartan la diferenciación entre lo cercano y lo lejano. Es como si, en el entorno del ángel, el concepto mismo de espacio careciera de vigencia o de arraigo. Vale señalar que, para Panofsky, el recurso de la perspectiva opera como organizador de un espacio sistemático para la totalidad de la imagen. Curiosamente, al proponer la Anunciación de Lorenzetti como momento fundacional de la perspectiva, Panofsky no se da cuenta de que la imagen tiene suficiente ambigüedad en su composición como para cuestionar las razones que tuvo el pintor para construir un pavimento ajedrezado debajo de las figuras. Obviamente, la imagen de Lorenzetti no está totalmente regida por la perspectiva, a pesar de que, luego de haber pasado el trabajo de componer el pavimento, el detalle de la columna tenía que haberse destacado como algo completamente contrario, en tanto que engañoso, ambiguo. Habría que plantearse si, específicamente en las representaciones de la Anunciación, el carácter dual del evento en sí hace indeseable la organización, sistematización y unificación de la imagen en su totalidad, razón por la cual la mayoría de los artistas que representan este motivo de la historia sagrada insisten en separar, mediante diferentes técnicas y trucos, los espacios respectivos del ángel y de la virgen. Esto nos lleva a otra intuición: acaso el recurso de la perspectiva, en el caso concreto de la escena de la Anunciación, no sea parte del gesto naturalista que parece haber primado durante el

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