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ENERO - ABRIL 2012

El Maestro y yo

Revista Digital Parroquia Jesús Maestro, San Juan, Puerto Rico Si bien, según Panofsky, el pavimento ajedrezado en la pintura de Lorenzetti constituye elemento formante de un “espacio sistemático” típico de la modernidad, la imagen global que aquí se representa oscila vagamente entre declararse “naturalista” en tanto que anticipa la organización pictórica renacentista, o mantener el iconismo que produce el aire de limbo sin profundidad que distingue las imágenes sagradas medievales que flotan sobre trasfondos dorados. Nótese que la columna central, que hace las veces de separador entre la Virgen y el ángel, es tanto parte de la imagen representada como parte de la orla que le sirve de marco, con lo cual la función de la columna en la imagen acusa una gran ambigüedad. Aunque las losas “miden” y “sistematizan” el espacio representado, no todos los elementos de la imagen siguen esta disposición. ¿Qué ha impedido la total transformación de este espacio en un lugar sistemático regido cabalmente por la perspectiva lineal? La conjunción entre la idea de la casa de la Virgen como contigua al cielo, y la de la casa de la Virgen como espacio fundacional de la perspectiva lineal sugiere varias preguntas. ¿Es la contigüidad entre casa y cielo índice de similitud o de diferencia entre estos dos lugares en tanto espacios discretos que conviven en una sola imagen pictórica? ¿Qué elementos de la escena de la Anunciación la proponen como escena fundacional de la perspectiva lineal? Panofsky afirma que el arte de la antigüedad clásica y el arte medieval rechazaron la perspectiva quizás porque introduce un factor individual (el punto de vista del observador) en un mundo suprasubjetivo, y que, al transformar la realidad en fenómeno o apariencia, la perspectiva parece reducir lo divino a un mero asunto de la conciencia humana . Me pregunto yo, ¿acaso los espacios específicos, en tanto atributos respectivos de Dios y de María, al gozar de naturalezas quizás mutuamente exclusivas —cielo vs. casa; espacio absoluto y divino vs. espacio humano y contingente— necesitan plantearse y organizarse mediante métodos pictóricos diferentes? La insistente representación de barreras y umbrales entre el Arcángel Gabriel y la Virgen María en la abrumadora mayoría de las obras que presentan la escena de la Anunciación entre la Edad Media y el Barroco nos lleva a preguntarnos, además, cuánta conciencia tuvieron los artistas que acometieron esta escena—privilegiada en la historia de la pintura occidental—en cuanto a la necesidad de separar los espacios respectivos de lo humano y lo divino mediante métodos de representación, como diría Descartes, “claros y distintos”. Si cedemos a la tentación de proponer esta escena como producto de una doble metodología de la representación pictórica, ¿podemos servirnos de esta suerte de dualidad representacional para confirmar la transformación paralela de la representación de espacios que podríamos caracterizar respectivamente como “sagrados” o “profanos”? ¿Cuánta conciencia tuvieron estos artistas como para intimar que la combinación misma de métodos de representación para dar cuenta simultánea de lo humano y lo divino podía convertir esta compleja escena de la Anunciación en alegoría de la representación pictórica misma como encarnación? ¿Acaso esta particu-

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Revista Trimestral de la parroquia Jesus Maestro

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