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ÍNDICE Lukas Elar Mira *Me eché en el sillón Tomás Vidal *Rutina es para ella *Pasión de millones Gustavo Valenzuela *Sobre ruedas Victoria Martínez *La mujer estremecida

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“ME ECHÉ EN EL SILLÓN” <Lukas Elar Mira> Estaba tranquilo sin necesidad de mentir a nadie para satisfacer mi fantasía. Ya había entendido hace unos días que deseabas muchas cosas pero temías a muchas más. Solo me importaron mis cigarros. Tome la primera micro y la suerte me dejo en “San Borja”. Tu rostro, mi madre, mis hermanos, mis cuadernos, mi música, mi paz, mi realidad, mi vida se alimentaron de muerte y se asumieron como verdades alterables. Ya había dejado de disimular que veía la hora en el celular y de pensar que algún futuro mortal me podía abrazar y hacerme feliz. Tome un bus, pague arriba destino desconocido, no me preocupe de leer el cartel, tenía 5 mil y me alcanzaba solo para el de ida. Rasgar las manos con esperanza era seguir rogando por tener tu cariño, todas las olas llegan a las rocas… Pensé en tu rareza y como te afectaba lo raro, pensé en tu orgullo y como te arrepentías, pensé en estar solo un tiempo y en cómo te necesitaba. Apoye mi frente en la ventana y me dormí. Sabes que no sueño. Desperté en el quisco, poco me importo. Camine cuesta arriba sin esperar volver, mientras caminaba se me acerco una anciana. Sin decirme nada me paso una flor. Era bastante particular; tenia los pétalos blancos con un centro negro y pequeños puntos azules. Tú dirás que extraño, debe ser mentira. Pero me dijo: “Prepárala en agua caliente para que se le salgan las bacterias, piensa siempre en lo que más te acompleja hoy día para que ayer pueda dejar que mañana sea otro ayer.” En palabras más simples interpretadas por mí, las flores tenían alguna sustancia para dejarte en uno de los cientos de latidos diarios. Seguí caminando. Encontré una botella partida por la mitad, tenia olor a parafina, no me importo mucho… me acerque a una casa y pedí agua. Con el agua en la botella me instale en un lugar terroso apartado de un bosque que se veía unos metros más allá… con los mil pesos que me habían sobrado compre una olla, no me preguntes de donde saque las palabras para que me la vendieran… herví el agua, le puse las flores y comencé a pensar. Primer error… comenzó a salir un olor raro junto con un vapor un poco más gris de lo normal…. Puse el liquido en la botella y comencé a tomarlo, estaba hirviendo como mi estomago, no sentí mucho el pasar del liquido… siempre quise poder controlar las maneras de sentir pero hay cosas que por intentarlas siempre se cansan y no te hacen caso ni te funcionan. Me comí las flores… me comenzó a dar sueño y no se si fue por el… pero apareció nuevamente la anciana… Me dijo hola, le respondí hola después de un largo silencio me dijo: “las personas siempre son niños pues es ahí en donde nacen de nuevo… ¿a quién no le gusta jugar? … ¿a quién no le gusta soñar a que es feliz?” La interrumpí, le dije “¿a qué va todo esto?” Me dijo: “ese es el error que se comete a diario, lo cometes tu y lo comenten todos, pensar a que llega lo que ni siquiera han comenzado a experimentar.”

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Facebook : Pluma Mente Cuando joven tuve muchos besos, a mi haber me encantaba besar, lo mortal no era lo mío, me gustaba estar más allá de mi propio estar. Me reencarnaba en cada pesar, me diluía en cada nuevo abrazo que me entregaba la seguridad

y la convicción

de que iba a ser feliz, de que iba a estar en paz…

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“RUTINA ES PARA ELLA” <Tomás Vidal> “...En un pasaje oscuro, de estrecha calzada, hay una casa con entrada clandestina sin auspicio visible para el público. Rutina es para ella; subir los escalones, abrir la puerta negra y entrar en el ambiente bohemio. Adentrarse en las luces de neón, el humo denso del tabaco, la música sensual y la excitación de distintas edades. Saluda a los colegas y observa a la clientela; El brindis de las copas, el Martini que recorre calentando las gargantas, las narices que esnifan, los dientes que desesperados muerden sus propios labios, los pantalones que se levantan, las camisas que se desabrochan. Se sienta frente al espejo y se limpia el rostro, con pinceles dibuja en su cara, se delinea los ojos en semejanza a una coqueta gata, con delicadeza encrespa sus pestañas, juega con su pelo, se pinta los labios de un rojo intenso, las uñas de burdeo. En su rostro un cuadro, en su cuerpo una escultura, en su espectáculo posterior, la danza. Rutina es para ella escuchar su nombre artístico, salir al escenario con sensual vestimenta y bailar provocativamente, demostrar con sus movimientos la poesía de su cuerpo y habilidad, sacarse lentamente las prendas mientras hace un juego de caras, gestos y miradas. Se acerca al público que estira sus manos, y cuando están por tocarla, ella se aleja aumentando las ansias. Aun en ropa interior, se pasea luciendo sus piernas con hermosos bailes eróticos, se agacha provocativamente junto a un individuo, aquel coloca un billete en el calzón de nuestra artista. Ella, con orgásmica voz, le susurra al oído que le saque el sostén, Él, con movimientos torpes manosea con placer para luego descubrir sus pechos. Después de tal espectáculo, se retira y nuevamente queda frente al espejo, se limpia la transpiración, se viste con ropa apretada y esboza una sonrisa. Sale a compartir, se sienta en la barra y pide un trago, escucha los elogios y observa a sus compañeras que en un fierro hacen sensuales acrobacias. Con su mano izquierda fuma, con la derecha acaricia juguetonamente su pierna y con la mirada busca una respuesta. Respuesta que no tardo en llegar. Aquel que antes regaló un billete, ahora la mira fijamente, y ella con ese gesto peculiar del oficio, lo atrae a su lado. Rutina es para ella… y proceden… Él entra, camina trémulamente por el nerviosismo y se sienta en el borde de la cama. Ella se acerca, toma ambas manos del hombre y le hace acariciar sus pechos. Le regala un tibio aire detrás de la oreja y le susurra al oído que la abra el impermeable. El olor de la excitación invade el pequeño cuarto. Lo levanta de la cama y comienza a besarlo por el cuello, desciende mientras lentamente desabrocha cada botón de una camisa que cubre la caída de represiva moral, que se deshace por su tórax dejando una huella de Rush. Provoca ella jugando con su lengua a eso del ombligo, luego muerde el cierre para con sus dientes abrirlo. Lo mira eróticamente y con su boca y manos expertas comienza su trabajo. El hombre suspira, se muerde los labios, enreda sus dedos en la cabellera femenina y masajea la nuca, mueve instintivamente sus piernas, tensamente las abre y las junta mientras su cuerpo entero se retuerce de un placer animal. Los gemidos de quien goza tener su sexo en la garganta de una meretriz, expresan una eyaculación precoz. Entonces, ella cesa allá abajo y se levanta para empujarlo con cierta sutileza y tenderlo de espalda sobre la cama. Acariciándole las piernas le saca los pantalones, de memoria estira su brazo y del velador saca un preservativo que ella misma coloca. Se sienta con tranquilidad arriba del pene erecto y con un movimiento suave mueve su pelvis. Aunque no siente placer alguno,

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Facebook : Pluma Mente acostumbrada comienza a simular orgĂĄsmicos quejidos hasta que el hombre de una vez termine y goce de unos segundos de muerte. Rutina es para ella dejar satisfecho al cliente, orgullosa de su arte, cobra el precio de la obra. El se viste, deja los billetes junto al velador y parte sin siquiera despedirse, sin siquiera una mirada. Sale por la puerta negra, bajo los bohemios escalones y se retira por ĂŠl pasaje oscuro de estrecha calzada...â&#x20AC;?

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“PASIÓN DE MILLONES” <Tomás Vidal> Rugen las hinchadas; los bombos retumban, las pupilas se dilatan. Los pulmones se inflan, los canticos se exhalan. La pasión moja la camiseta mientras las banderas flamean. Se presenta la primera escuadra y explotan los petardos, vuelan las véngalas, los papeles y los humos de colores. Se repite la historia con el equipo rival; ambos entonan sus himnos, tensos, nerviosos, se preparan para este difícil encuentro. ¡Vendiendo en la vereda norte, buscando el bicampeonato, se encuentra el “Supermercado Santa Mabel”! ¡Y por la vereda sur, el equipo de trabajadores que este año ha sorprendido con su invicta campaña, el “Hipermercado Emperador”! Todos los negocios pequeños e independientes ya han sido derrotados, solo quedan estas dos grandes empresas. La gente se muestra ansiosa; en medio de la calle, atentos observan la hora a la espera de las ofertas. El árbitro consulta su reloj de muñeca y resuena el pitido inicial. Ambos mercados abren sus puertas; corren las promotoras, entregan los volantes, ataca el Hipermercado luciendo sus delanteras, pero la defensa de Santa Mabel se muestra firme en el rechazo. ¡Se viene el contra ataque! ¡Ambas escuadras bajan sus precios, los fideos y las salsas, promoción dos por uno! ¡El cliente se pone a la fila, el cajero se prepara, marca el producto, abre la caja, da vuelto y goooooool del Supermercado Santa Mabel! Se pone en ventaja la escuadra rojo y blanco. ¡Qué partido señores, esto se torna una fiesta! Se reanuda el encuentro, esto recién comienza, aun quedan muchos clientes. Al parecer el equipo rival va a cambiar de estrategia, el entrenador saca sus cuentas y anuncia el cambio: Suben los alimentos no perecibles, baja el alcohol. Se la juega con todo el Hipermercado emperador. La euforia por las mejores ofertas, los mejores precios, para el carrete, para el asado, desde media cancha el cliente llena el carro con botellas de vino, blanco y tinto, Santa Mabel no tiene nada que hacer, el cliente azul se acerca al área ¡Pero atención! A la vez se forman enormes colas en los cajeros del Supermercado Santa Mabel que busca enanchar su ventaja. ¡Se defiende el Emperador habilitando una caja express y goooooooool del Hipermercado! ¡La hinchada se vuelve loca, se acerca el final u esto permanece uno a uno! ¡De sorpresa, pasa rápidamente el otro cliente de la caja express y gooooolazooooo del Hipermercado Emperador! ¡Señoras y señores, se pone en ventaja la escuadra azul en el último minuto, que estrategia, que talento para vender, que eficacia, que rapidez! Suena el pitido final y esto se ha acabado, campeón invicto el Hypermercado que ha destronado a Santa Mabel. Celebra la hinchada desde las terrazas, lloran de alegría, se abrazan, gritan extasiados. Cuando del otro lado, comienzan los destrozos, con lagrimas de impotencia y frustración bajan los hinchas a la calle, la barra se vuelve brava, con estoques y pistolas persiguen a los clientes rivales, comienza una batalla campal, los heridos caen al suelo, uno que otro muerto, las banderas se agitan sangrientas y las empresas desentendiéndose cierran sus puertas, mientras del otro lado, serenos y contentos, los dueños de estas empresas cuentan con pasión los millones recaudados. Pasión de millones.

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“SOBRE RUEDAS” <Gustavo Valenzuela> Salió de clases como cualquier otro día, subió a la bicicleta y salió sin despedirse; aburrido de protocolos y modales. Conforme con lo que había hecho durante la jornada se dejó llevar por la extensión de su cuerpo que avanzaba casi a la misma velocidad que las máquinas de la pereza. Por un instante sintió celos de estos carros de cuatro ruedas, mortíferos y contaminantes: poseen la facultad de transitar en todas sus anchas por los caminos de pavimentos grises y artificiales que se crean para ellos. No cabe en sus mentes que tengan más espacio, en consecuencia, más derecho de transitar que los transeúntes o ciclistas. De pronto los pedales le pesan de cansancio y comprende cómo puede haber accidentes: los humanos se olvidan de sí mismos y en por ende de los demás, sólo ven máquinas en las calles. Aunque muchos ya han olvidado, los hay quienes recuerdan y no se mueven por inercia. Misteriosamente su cuerpo ya no termina en sus extremidades sino que ahora se ha combinado con un aparato que funciona con un poco de su fuerza y de leyes físicas que no conoce pero que experiencia. Orgulloso de no ir en una micro, siente el aire que lo frena; no así las personas aprisionadas en eso que llaman transporte público. Toma un camino diferente para no repetir lo repetible y al llegar a su destino se sorprende: su propio cuerpo transformado en uno más grande volvía a ser el de antes.

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“LA MUJER ESTREMECIDA” <Victoria Martínez> Parada frente a la cama transpira esperando la primera señal, los ojos fijos al muro, las uñas enterrándose lentamente en las palmas, los pechos erguidos, duros y mojados, los pies sujetos al piso por la desesperación… en cualquier momento… Sí, en cualquier momento… y allí estaba, ya lo sentía, el eco se escuchaba cada vez mas fuerte como si viniera corriendo, arrojando al piso todo lo que hubiera a su alrededor para asegurarse de escandalizar a la moral y despertar a la locura que para ese entonces ya dormía placida en su lecho. y sin siquiera tocar la puerta, entró, con lentos pasos se acercó , primero la acaricio con la complicidad que solo tienen dos viejos amigos, luego la recorrió con su tibio aliento, y solo cuando la tuvo en frente la besó hasta que el sabor agrio de su boca la hizo recordar. Entonces entendió, pero antes de poder emitir palabra alguna, comenzó, los pelos de todo su cuerpo se erizaron mientras el primer sonido le carcomía poco a poco los tímpanos, y las uñas ya penetraban completamente sus palmas, el zumbido se hacía cada vez más claro, más agudo, mas disonante, trato de escapar pero tenía los pies pegados a la madera, como si esas viejas tablas fueran sus cómplices al igual que toda la habitación que esperaba hace largos años que regresara del exilio que tan injustamente la mujer la había hecho sufrir . Trataba de gritar, pero el terror ya la dominaba desde que sintió los primeros pasos haciendo convulsionar sus sesos sin control, apoderándose desde el lugar más lejano del inconsciente hasta el ideal mas solido, violándose sin piedad al único valor que había con vida y así poder parir al fin a la parca. Para entonces el zumbido ya la penetraba dulce y suavemente tocando hasta la última fibra existente de su cuerpo, montándola con la precisión exacta que solo tiene un amante de toda la vida, haciendo estallar el orgasmo con la fuerza de un reprimido suspiro… Cuando despertó empapada de pies a cabeza y el cuerpo adolorido por la agitada noche, se dio cuenta que ya había terminado, que sería libre, que podría gritar, correr descalza por el jardín y tocarse hasta que se agotara la libido con los pezones hinchados y satisfechos. Entonces volteó, observó a la locura enternecida y con el pecho abierto esbozando la primera sonrisa cerró los ojos para así poder hundirse en su cálido cuerpo.

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