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Nuestra Facultad, nuestra Universidad y nuestra sociedad toda, viven tiempos de tensiones y de cambios. Muchos supuestos que se habían naturalizado durante los años de hegemonía neoliberal están siendo sometidos a un cuestionamiento cada vez más extendido. Nuevas fuerzas sociales se han ido configurando en ese proceso y reclaman un lugar en las transformaciones y en los debates. Cambio Universitario ha sido y es una de esas fuerzas que tanto en su proceso de formación como de afianzamiento ha venido a cuestionar ideas y prácticas que se habían naturalizado durante los 90. Cambio Universitario es una fuerza política que se ha forjado por la confluencia de diversos sectores, de todos los claustros, y de distintas generaciones con sus diversas experiencias: desde los que vivieron las persecuciones de los 70, hasta las fuerzas que se forjaron en la lucha contra los recortes presupuestarios y los intentos privatizadores de los 90, pasando por quienes protagonizaron el arduo trabajo de reconstrucción de la Universidad Pública democrática en los 80. De ahí su profundo pluralismo y espíritu democrático. En los últimos años sin embargo, a pesar de tener protagonismo en todos los procesos de transformación que vive nuestra Universidad, a pesar de haber salido una y otra vez a defender la Educación, la Universidad Pública y la institucionalidad democrática, no hemos tenido un espacio para tomar públicamente la palabra y expresar fundadamente nuestras ideas y posiciones. PLAZA SECA viene hoy a ocupar ese lugar. El nombre que elegimos no es un detalle menor. La Plaza Seca ha sido apropiada por la comunidad de la Facultad de Filosofía. Es el lugar de las reuniones, de las fiestas, de la amistad y del compañerismo. Pero es también el ámbito de los debates. Se ha convertido en el Agora de nuestra comunidad. Para nosotros este hecho es sumamente significativo, no sólo porque la construcción misma de la plaza forma parte del desarrollo que nuestra gestión ha impulsado en la Ciudad Universitaria. Simbólicamente, la Plaza Seca, entendida como Agora, expresa nuestras profundas convicciones democráticas. Todavía tenemos presente en nuestras retinas y en nuestros pensamientos, la ejemplar asamblea en la que a fines del año pasado, cientos y cientos de universitarios le pusieron fin a la insostenible situación que había generado en nuestra Facultad la toma de pabellones. Pero también tenemos presente que en etapas de transformaciones es más necesaria que nunca la palabra fundada, el compromiso intelectual honesto y profundo con la búsqueda del bien común. Es más necesaria que nunca una palabra que asuma un compromiso pleno con el conjunto de los sectores sociales que buscan más justicia y equidad, y al mismo tiempo esté situada en nuestra condición de ciudadanos y universitarios. Es necesaria una palabra de ese tipo para contrarrestar tanta información parcializada, tanto slogan que remplaza el pensamiento, tanta consigna irresponsable, tanta deshonestidad argumentativa y tantas acciones que desconocen la voluntad de las mayorías. PLAZA SECA viene a construir un lugar para una palabra diferente de esas que han inundado nuestro espacio público. No pretendemos ser más que nadie. No pretendemos para nosotros el lugar de iluminados que pretenden descalificar a quienes piensan diferente. No venimos a proponer una retórica exaltada para manipular voluntades. No le tenemos miedo al pluralismo, porque somos una fuerza política fundada sobre la pluralidad y sobre esa pluralidad hemos construido nuestra condición de mayoría. No le tenemos miedo a los debates, porque es en el debate donde se construyen los acuerdos democráticos. Pero venimos a plantear una palabra dialógica que ofrece pero también exige seriedad y responsabilidad, porque sin ellas no hay verdadero debate, sino puros gestos amenazantes y consignas vacías.

Lista docente Proyección - Dos puntos en La Bisagra - Egresados de la Facultad de Filosofía y Humanidades


CO-GOBERNAR: UN DERECHO Y UNA OBLIGACIÓN DE TODOS Mónica Gordillo. Profesora de Historia Argentina II. Escuela de Historia. Consejera docente Lista Proyección. Cambio Universitario ¿Qué significa co-gobernar? Sin duda una serie de cuestiones que no se agota en esta primera invitación a reflexionar sobre el tema. Pero se puede decir que, en primer lugar, significa que la responsabilidad institucional y las decisiones que se toman son compartidas por todos los miembros de la comunidad que co-gobiernan. Por lo tanto, nadie puede sentirse incontaminado y ajeno a las consecuencias de las resoluciones adoptadas dado que, por acción u omisión, es co-responsable del curso de las cosas en la comunidad donde trabaja, estudia o elige como ámbito de pertenencia luego de haber egresado como profesional. Y esto es así porque el co-gobierno es lo opuesto a la existencia de un funcionariado, a las burocracias de personal de carrera o a gobiernos unipersonales que deciden en soledad y discrecionalmente el rumbo a seguir. En la UNC y en sus Facultades todo lo decide el co-gobierno, elegido de abajo hacia arriba por la comunidad. Esto significa que las decisiones deben ser acordadas entre todos los miembros y que, si perdura el desacuerdo propio de la política, las resoluciones se adopten siguiendo las reglas de juego de la democracia, es decir respetando la opinión de las minorías pero resolviendo según el parecer de las mayorías. Quisiera reflexionar sobre uno de los soportes del co-gobierno tal como se lo plantea en la UNC, el de la representatividad ligada a la legitimidad que otorgan las bases. Porque no se trata de cualquier co-gobierno sino de uno elegido democráticamente. Éste será el punto de partida para analizar la legitimidad del actual Consejo Directivo de la Facultad y la de los Consejos Consultivos de las Escuelas, y Departamentos, situación que también podría hacerse extensiva a la de las autoridades unipersonales elegidas por todos los estamentos. ¿En qué se basa esa legitimidad? En la elección directa, es decir sin intermediarios, por parte de todos los miembros de la comunidad que se expresaron en las elecciones de sus respectivos representantes durante el año 2010: de los docentes el 13 de mayo; de los no-docentes el 20 del mismo mes; de los egresados el 3 de junio y de los estudiantes el 19 de octubre. La integración de los Consejos Consultivos y direcciones de Escuelas y Departamentos se completó con las elecciones generales del 14 de octubre donde se expresaron todos los estamentos, en una clara muestra de ejercicio democrático. Allí se renovaron plenamente los Consejos de Escuela, con la única excepción del de la Escuela de Historia donde los candidatos estudiantiles de las únicas listas que se presentaron -“Enrique Barros” y “Tesis XI”- decidieron no presentarse en las elecciones argumentando la situación conflictiva que se vivía en la Facultad por la toma estudiantil, aunque sí lo hicieron –sin que se hubiera modificado esa situación - unos días después, el 19 de octubre, en las elecciones de consejeros estudiantiles para el Consejo Directivo. Lo anterior impidió dotar al Consejo de la Escuela de la representación estudiantil, por lo que la ausencia transitoria de la misma es resultado exclusivamente de la decisión tomada por actores políticos responsables de las consecuencias de sus actos y que, por lo tanto, no pueden luego exigir que todo el funcionamiento institucional se subordine a una decisión particular y autónoma. A pesar de ello el Consejo de esta Escuela pudo conformar la representación docente y de egresados, obteniendo la mayoría, en el primer caso, la lista de unidad “Por historia”>>


Pero hagamos historia para comprender las continuidades y rupturas registradas el año pasado en lo relativo al co-gobierno. En primer lugar habría que destacar que, tal como se señala en el párrafo anterior, el año 2010 se caracterizó por la existencia de distintas instancias electorales que permitieron ejercer el derecho de representación y la ciudadanía universitaria en todos los estamentos o claustros, incluso en lo que se refiere a su representación en el Consejo Superior de la UNC, donde por primera vez se aplicó la elección directa de los consiliarios docentes. Es decir, estuvieron abiertos canales para la expresión y la deliberación. Pero, además, se marcaron algunas diferencias con relación a elecciones anteriores: las del 2010 se caracterizaron por una mayor participación y, sobre todo, por la competencia de agrupaciones, o sea por la existencia de diferentes expresiones políticas en todos los estamentos. En efecto, en las elecciones docentes de mayo participó más del 70% del padrón de votantes, duplicando la concurrencia registrada en 2008; en las de no docentes la afluencia fue más masiva que nunca, presentándose dos listas; similar situación se dio en la elección de egresados de junio donde disputaron varias listas y la ganadora obtuvo más de la mitad de los votos. En las elecciones estudiantiles de octubre para el Consejo Directivo votaron mil seiscientos cincuenta estudiantes, repartiéndose la representación entre cuatro agrupaciones. Esto se diferencia claramente de lo ocurrido en elecciones anteriores, en las que hubo menor participación y, en algunos casos, listas únicas. Por ejemplo, en las elecciones docentes para Consejo Directivo en 2008 se presentó una sola lista, Proyección-Cambio Universitario. En esa lista, por su propia iniciativa y después de consensuar proyectos, se incorporaron tres candidatos provenientes de sectores que históricamente no habían pertenecido a ella. Una vez elegidos, estos consejeros sin plantear sus disidencias ni separarse públicamente de la lista por la cual habían accedido a sus lugares, apoyaron luego un candidato a Decano que no era el sostenido por sus representados. Pero el sistema democrático siempre permite aclarar las cosas. En las elecciones de 2010, ese sector conformó la actual lista docente Simón Rodríguez que, en elecciones limpias, masivas y transparentes, obtuvo dos cargos de consejeros docentes sobre los nueve que conforman la representación de este estamento en el Consejo Directivo. Es decir, uno menos que los que habían tenido antes. La lista Proyección-Cambio Universitario obtuvo siete. Por su parte, el estamento no docente fue ganado también por el espacio de Cambio Universitario, obteniendo un consejero. Y lo mismo ocurrió con los egresados, donde Cambio Universitario obtuvo más de la mitad de los votos y se quedó con un representante sobre los dos del claustro. En el ámbito estudiantil, la agrupación Dos puntos, también integrante del mismo espacio, obtuvo dos consejeros. Es decir que el espacio político transversal de Cambio Universitario no sólo integra una representación “interclaustros”, tan fetichizada por algunos sectores, sino que también detenta una clara mayoría lograda de manera transparente. ¿Cómo si no podría leerse lo anterior? ¿Se trató de la coerción autoritaria ejercida por patotas docentes, estudiantiles, de egresados y no docentes que obligaron a sus pares a votar por tal candidato? ¿Se otorgaron prebendas, cargos, favores? ¿Se cometió fraude, impugnaciones, oscurantismo? Cada uno desde su conciencia puede revisar esos procesos, pero tan sólo imaginar lo anterior es desconocer las características, trayectorias y sentido crítico de los integrantes de nuestra Facultad. Ahora bien, ¿la legitimidad reside sólo en el voto? Indudablemente que no y en esto hay mucho que lograr todavía. Porque al co-gobierno tenemos que sostenerlo entre todos, no es sólo responsabilidad de los que transitoriamente ocupan los lugares de representación, por el contrario requiere de la participación genuina, es decir no motivada por intereses extrauniversitarios. De allí que adquiere sentido la pregunta: ¿qué hacemos cada uno de nosotros para sostener el co-gobierno, que implica horas de trabajo colectivo, comprometido, responsable, no remunerado adicionalmente sino entendido como deber inherente hacia la comunidad de la que formamos parte? Es imprescindible llenar los espacios públicos con nuestra participación, expresarnos directa y abiertamente, como se hizo en las magníficas jornadas de los días 12 y 15 de noviembre de 2010 cuando con motivo de la irrazonable y autoritaria toma, sostenida en nombre de una mayoría inexistente, la comunidad toda se manifestó en su contra. En efecto, la toma afectó la vida, condiciones de trabajo y estudio de todos los miembros de la comunidad, ¿fueron consultados? Todo lo contrario, se buscó permanentemente inhabilitar el funcionamiento de los órganos de representación, del Consejo Directivo y de los Consejos en >>


>>los pabellones tomados. Nada más contrario al co-gobierno y al funcionamiento democrático y horizontal, que un sector minoritario –condición adjudicada por sus pares- imponga sus decisiones a las mayorías en nombre de un bien común que no les fue concedido representar, o que si no le gusta lo que decide la mayoría patee el tablero, se levante, se vaya o intente por todos los medios coartar los sistemas de decisión que la comunidad escogió ¿O acaso la comunidad de estudiantes, egresados, no docentes y docentes eligió algún sistema alternativo de representación? Ojalá podamos con la participación de todos construir una agenda que de cuenta de lo que realmente nos importa como Facultad y como Universidad. Ojalá podamos volver a reconocernos en un proyecto común de construcción hacia el futuro, en vez de tener que estar permanentemente concentrando las energías en defender lo que debiera ser considerado por todos como uno de sus bienes más preciados: la garantía de la libre expresión de las disidencias dentro de un gobierno comunitario. Porque el co-gobierno no puede ser una simple nominación retórica sino que debe constituirse en un objetivo y método de construcción política, única manera de asentar los cambios sobre cimientos sólidos y compartidos. Hay tanto para hacer, pero necesitamos de todos, no tengamos miedo de encararlo.

Co-gobernar: Un derecho y una obligación de todos.

CUANDO LAS PAREDES HABLAN Claudio Diaz

Ellos son la guerra inmaculada Ellos son una lucha iluminada te fusilan por amor. Los Violadores

A fines de 2010, después de finalizada la toma de la Facultad, pude volver a ingresar a la Casa Verde para tomar coloquios. Todavía estaba consternado por los hechos ocurridos. No podía dejar de pensar que en toda mi vida universitaria sólo durante la dictadura alguien me había exigido documentos o me había impedido circular libremente por los edificios de la Universidad. No podía dejar de pensar en toda una trama de discursos que habían circulado en esos días, caracterizados por una virulencia y por una retórica guerrera que poco o nada tenían ni tienen que ver con las actuales circunstancias de la Universidad y de la sociedad argentina. Entonces entré al aula 5, que me había sido asignada para tomar coloquios, y pude leer la consigna escrita en una pared: “Peronista, peronista / te queremos avisar / por cada camarada que caiga / veinte te vamos a matar” Firmado: Juventud Revolucionaria. Mi primera reacción fue pedirle a una colega que la fotografiara, y mostrársela a cada estudiante que entraba a rendir el coloquio. No quería que pasara desapercibida. Mi primer pensamiento fue que un ciudadano comprometido con la Universidad Pública no podía guardar silencio ante un enunciado de esa naturaleza. La primera pregunta que pude formularme ante esa pintada fue ¿Cómo es posible que en esta Universidad, después de 27 años de recuperada la democracia, alguien pueda escribir una consigna como esa? ¿Cómo es posible que ante ese enunciado las distintas organizaciones políticas guarden silencio? Lo que sigue son algunas reflexiones que intentan dar respuesta a esas preguntas y al mismo tiempo abrir nuevos interrogantes >>


Un primer elemento de análisis es el vocativo que define el destinatario de este enunciado. “Peronista”. Así, en singular. Resulta evidente que este enunciado toma las formas de un género discursivo específico, el cántico de manifestación: una métrica y una rima, más o menos deficitaria, una tópica referida a lo político y un destinatario claramente señalado. Tiene, además, una firma, propia de la escritura en las paredes. En este caso el singular con el que se construye el destinatario, parece evidente que no se refiere a un personaje particular, sino a todo el peronismo y a todos los peronistas. Sin duda, la pintada se realizó en los días que siguieron al asesinato de Mariano Ferreyra. Y es sabido que son grupos sindicales ferroviarios, de extracción peronista, los que están sospechados por ese hecho. Pero quien esto escribió realizó una operación estratégica de importantes consecuencias para el sentido. Responsabiliza a todo el peronismo y a todos los peronistas. Es decir a un colectivo que involucra al gobierno, pero también a amplios sectores de la sociedad argentina, a un movimiento históricamente mayoritario, que hoy concita fuertes adhesiones y expectativas de transformación social. Y lo firma una “juventud revolucionaria” que convierte así a la mayoría de la sociedad argentina en objeto de su agresión. Lo verdaderamente grave es que el mensaje que se dirige a ese destinatario tiene la forma de la amenaza. Y de una amenaza de muerte dirigida a todos los peronistas. Cualquier ciudadano tiene derecho a reclamar justicia por el asesinato de una persona. Cuando se trata de un asesinato político, más que de un derecho se trata de una obligación. Pero una cosa es exigir justicia, y otra muy distinta es una amenaza masiva de venganza. Esa amenaza, por otra parte, se inscribe en una larga tradición discursiva. Durante muchos años, nuestros años más tenebrosos, las amenazas que se leían en las paredes eran el anuncio de un pasaje al acto que se daba después en la forma de asesinato político. Y no sólo la derecha tiene que hacerse responsable de esas prácticas. Afortunadamente, la sociedad argentina aprendió, con dolor, de esa experiencia. El símbolo de ese profundo aprendizaje democrático son los organismos de derechos humanos, especialmente las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. A pesar del dolor, a pesar de la magnitud del genocidio, nunca se exigió venganza, sino justicia. Y quizás el choque más fuerte que produce una pintada como esa, tiene que ver con que por la misma época en que la escribían en un aula de la facultad de filosofía, algunos miembros de esta comunidad universitaria estaban prestando testimonio en otro juicio histórico contra los genocidas. Ante la paciencia, la constancia y la coherencia con que los organismos han luchado por la justicia, el enunciado escrito en la pared de nuestra facultad parece anacrónico, antidemocrático, casi inexplicable. Sin embargo, si se analiza la pintada en cuestión en el marco de la toma de pabellones de la facultad en que fue escrita, puede observarse que no es el único enunciado ni la única práctica con esas características que se produjo en esos días. Al contrario, pudimos ver cómo una asamblea estudiantil intentaba impedir que se realizaran elecciones. Supimos que en una de esas asambleas se intentó reemplazar al centro de estudiantes legítimamente elegido. Asistimos azorados a la acción de pequeños grupos que desconocieron e impidieron repetidamente el funcionamiento del Consejo Directivo. Vimos crecer una retórica guerrera que se convirtió en un dispositivo para impedir la toma de la palabra de las mayorías. Veíamos circular volantes con un pliego de reivindicaciones / imposiciones que variaba y crecía en desmesura según pasaban los días, con el evidente propósito de dilatar cualquier salida negociada. En ese contexto la pintada no parece tan extraña. Forma parte de un conjunto de prácticas y discursos que nos conducirían, si los aceptáramos, por un camino sumamente peligroso y ajeno a esta sociedad que tan duramente aprendió a valorar los mecanismos democráticos. Claro está que no pretendo utilizar una estrategia simétrica a la que analizaba al principio. No fue “la asamblea” quien escribió esa consigna. Ni fueron todos los que participaron en la toma. Sé que muchos estudiantes lo hicieron de buena fe, y sin compartir posturas totalitarias. Y sé que participaron allí diversas fuerzas políticas que no escribieron ese mensaje. El mensaje está firmado. Sin embargo ninguna de las organizaciones, ni de los estudiantes independientes que participaron tomó distancia, ni criticó, ni repudió ese enunciado. Es difícil pensar que fue sólo un descuido, que no tuvieron oportunidad de leerlo, porque después escuché esa consigna coreada en las manifestaciones. Y eso lleva a pensar que si bien la responsabilidad directa es sólo de un grupo, las prácticas que condujeron a la toma y la toma misma, generaron un conjunto de condiciones que hicieron posible que alguien produjera un enunciado como ese. Como ciudadanos de una institución democrática, parte de una sociedad democrática, creo indispensable que pongamos límites a este tipo de discurso. No para prohibirlos, pues no se trata de acallar a nadie. Debemos hacerlo tomando la palabra, no callando, opinando, defendiendo los mecanismos democráticos de toma de decisión. No debemos permitir que se creen condiciones para que algún día debamos lamentar que alguien decida llevar a la práctica algo como lo que anunciaba la pared del aula 5 de la Casa Verde //


EL AULA: UN ESPACIO POLÍTICO Mónica Maldonado Hasta la fecha me siguen llegando quejas de muchos alumnos que no pudieron completar su ciclo académico 2010 y que responsabilizan “a la toma” de algunos pabellones de la Facultad como la causante de esta situación. Con ánimo de reflexionar sobre un hecho político que concitó el año pasado todo tipo de emociones, me pongo a escribir estas líneas y lo hago desde mi condición de profesora de dos carreras de esta Facultad, Ciencias de la Educación y Antropología, en donde doy clases de Antropología Social en los primeros años. Sabemos que educar es un acto político, y como tal, cada una de las disciplinas que trabajamos, máxime cuando se trata de una facultad como la nuestra, aportan a la discusión y al conocimiento de cuestiones tales como el Estado, las políticas públicas, la disputa por las tradiciones académicas y científicas, la educación y la formación de ciudadanos, los sujetos y sus subjetividades entre muchos otros temas que son parte ineludible de las currículas de carreras como Historia, Geografía, Educación, Cine, Filosofía, por nombrar sólo algunas. Asimismo es parte de nuestra tarea como docentes, instrumentar a los alumnos para enfrentar esos debates que hacen a su vida académica y también ciudadana con herramientas conceptuales sólidas, que los ayuden a posicionarse profesionalmente sopesando cada situación problemática desde su particularidad, analizando cada decisión con la complejidad que el estudio de lo social requiere, sin respuestas simplistas, frutos de un sentido común que naturaliza y reduce a opciones maniqueas el entramado complejo de las relaciones sociales. Parto de reconocer que docentes y alumnos somos sujetos políticos y como tales tenemos responsabilidades y derechos. Considero que hay que asumir la actividad política pero también ser concientes de que todo acto humano tiene alguna consecuencia sobre otros, ya sea por acción u omisión. Y que tenemos que asumir responsablemente nuestras decisiones y tomas de posición. En tanto más reflexionadas y con mayor claridad sean impulsadas, seguramente traerán más beneficios colectivos y menos pérdidas sociales. Mirando retrospectivamente el año 2010 creo que falta una seria autocrítica de muchos de nosotros como colectivo universitario. Me quedo pensando en el papel como docentes que tuvimos muchos de nosotros a quienes desalojaron de las aulas, pidieron documentos para entrar a los pabellones tomados, nos impidieron todo encuentro en las aulas para discutir con nuestros alumnos recordándonos los peores momentos de la dictadura militar, única instancia en que en esta universidad se nos ha pedido identificación para transitar tanto como profesores como cuando fuimos alumnos, argumentando únicamente que era una decisión de “La asamblea estudiantil”. Bajo esta circunstancia dimos clases bajo los árboles, sin las condiciones mínimas de trabajo que con tanto esfuerzo se ha logrado ganar en la educación universitaria, una educación pública que hubo que sostener masiva y gratuita a fuerza de pelea política a lo largo de la década del 90. La consigna de muchos fue aceptar esas condiciones impuestas por la toma estudiantil de los pabellones de la facultad para que los alumnos no abandonen la cursada, para que no pierdan el cuatrimestre o el año. Me sigo preguntando si fue esa la respuesta política adecuada como responsables de nuestra tarea de enseñar. ¿Qué trasmitimos? ¿Qué contestamos cuando los alumnos nos decían que no podían venir para que luego la clase se suspendiera por lluvia o porque el viento no permitía que se escuchara la voz del compañero, del profesor?


Hay todavía innumerable cantidad de cambios por hacer en pos de mejorar la inclusión y la permanencia de los estudiantes en la universidad y alcanzar un egreso con buen nivel académico; lo lograremos en tanto respondan a demandas analizadas con realismo y teniendo en cuenta las coordenadas históricas, sociales, económicas y políticas de todas y cada una de las propuestas, previendo que sus efectos no sean peores que las causas que las originan. Vimos cómo día a día los alumnos disminuían… en las clases y en las asambleas… Porque hay mucha gente que trabaja, que tiene hijos, que no tiene veinte años ni todo su tiempo libre sólo para la Facultad. Como profesores insistimos, vengan, participen, infórmense, tomen posición… Respondieron que en esas condiciones no podían, no querían, no eran escuchados, siempre hablaban “los otros”. Desde mi oficio se me ha enseñado a pensar en la particularidad y en los sujetos cuando pienso lo social, y desde allí a reconocer que hay diversidades y no homogeneidades. La categoría estudiante es vacía si no tiene en cuenta disposiciones, posiciones y capitales; si no se tiene en cuenta la historia y el contexto en el que es utilizada. De ese modo creo que hay que distinguir entre los estudiantes así como entre los docentes. No siempre hablan “los estudiantes” o los “docentes”, la mayoría de las veces lo hace el portavoz de un grupo que tiene mayor capacidad para hacerse oír. Toda acción política tiene efectos, y lamentablemente muchas de las consecuencias negativas de esta toma se mostraron al final de la cursada y en la época de los exámenes finales. Numerosos estudiantes, quizás justamente aquellos en base a los cuales se construyó discursivamente la medida de fuerza (quienes tienen hijos, trabajan, tienen menos recursos o más dificultades de aprendizaje) fueron los que perdieron sus materias, no se presentaron en los turnos de diciembre y quizás abandonaron la carrera. Muchos de ellos, cuando venían, volvían a su casa sin respuestas, enojados en algunos casos, sorprendidos en otros, o simplemente desinformados. Estoy convencida que el aula es uno de los pocos espacios de discusión colectiva que ha sobrevivido como lugar en común a políticas de distinto corte autoritario liberal y que durante los ‘90 asolaron gremios, plazas públicas, fábricas, clubes, partidos políticos. El aula, cuando se la concibe desde un conocimiento comprometido, no sólo es el espacio privilegiado para el debate sino también para que ese debate sea racional, fundamentado, generoso en pensamientos y propuestas, respetuoso de las ideas, sin demagogias ni coacciones. El acompañamiento entre el estudiante y el docente para cursar una materia y avanzar en el conocimiento, si bien es necesario para la mayoría, se torna a veces indispensable para algunos. Dar esas clases en condiciones de trabajo dignas y con los materiales y contextos mínimos necesarios, es también una obligación de la facultad y un derecho de docentes y alumnos. Hemos peleado por ello mucho, durante muchos años; es también considerable lo que se ha avanzado; seguiremos trabajando por una universidad sin cupos, gratuita, cogobernada, laica.


LA DEMOCRACIA COMO FETICHE Santiago Sanchez Alumno de Filosofía

Muchos autores, pensadores, políticos (en el mejor de los sentidos) han llegado a igualar el concepto de

democracia al de socialismo, si no en un sentido absoluto por lo menos desde la convicción de que la primera sólo podría llegar a plantearse una vez dado el segundo, o de que sólo se realizarian simultáneamente. Desde entonces, desde el establecimiento del ideal democrático como fin simultaneo o conjunto al del socialismo (y por ende contrario al capitalismo tal como lo conocemos), se ha planteado en la izquierda el problema de qué sistema de democracia se acerca más a este fin. Es este un problema que nunca se dirimió, ni se dirimirá sólo en la esfera del pensamiento, sino que debemos solucionarlo en la práctica. El Proceso político que transita la Facultad presenció un fenómeno de masivización abrupta de algunos espacios de participación el año pasado a raíz de la toma de algunos pabellones; y si bien no se experimentó una convocatoria semejante luego de finalizada la medida de fuerza, desde entonces han quedado planteados diversos problemas en la comunidad. Uno de ellos concierne a las formas de la democracia. En este caso adquirió la apariencia de una dicotomía entre democracia participativa y democracia representativa. No quisiera en este breve espacio tratar la supuesta disputa entre estas dos formas ni sentar opinión acerca de los beneficios o virtudes de una forma sobre la otra, sino, en la medida de mis posibilidades, señalar un vicio en el cual creo que no hay que caer si se quiere preservar la seriedad de la discusión que permita resolver los problemas que nos hemos planteado: el más general de ellos se pregunta por la forma real de democracia que nos acerca más al ideal ponderado, y el más coyuntural refiere a la supuesta incompatibilidad entre democracia participativa y democracia representativa. El lugar donde no debemos caer, es el lugar del fetichismo. De la visión dicotómica representación vs. participación que se impuso el año pasado se desprendían dos formas de democracia real, cada una correspondiente a uno de los términos de la oposición: la democracia indirecta y la democracia directa. De la primera, en los términos simplistas y absolutos en que se la planteaba, no conozco todavía a nadie que se haga cargo, y me parece que no es más que el reflejo de la necesidad de un antagonista que tienen quienes se apropian de la segunda. De todas formas, en este imaginario, quienes adhieren a un proyecto de democracia indirecta o representativa sostendrían que, como es imposible la participación, siquiera, de la mayoría de los ciudadanos toda responsabilidad y prerrogativa cae, forzosamente, sobre los representantes electos en quienes hemos delegado nuestra potestad sobre ciertas decisiones. En contra de esta posición se alzan los defensores de la democracia directa o participativa, quienes afirman que una concepción como la anterior conduce a un gobierno de pocos, de los “mejores” o los “elegidos”, a la cristalización de una burocracia de gobierno permanente y alejada del pueblo, al mayor desinterés por la política, a la corrupción; que conduce, en suma, al fin de la democracia. Ambos discursos son malas lecturas de la realidad y terribles propuestas de construcción democrática. Las razones son dos: en primer lugar, que los supuestos de cada postura son verdaderos, así se nos antojen contradictorios. Es tan verdadero que resulta imposible pensar la participación cotidiana, constante, comprometida e igualitaria de la mayoria (y ni decir de la totalidad) de los ciudadanos en el gobierno, por lo menos a largo plazo, como es verdadero que el gobierno recae sobre unos pocos, y que estos pocos tienden a enquistarse en sus cargos. Y al ser verdad ambos, es difícil pensar que “democracia” no signifique más que una contradicción ardua de resolver.>>


Por otro lado, pensar la democracia desde la dicotomía “democracia representativa vs democracia participativa” resulta tan intolerable como pensar la democracia sólo como la forma en que se llega a las decisiones de gobierno: lo que sucede con la toma de decisiones es algo mucho más complejo que “todo el mundo en asamblea decidiendo entre pares” o que “los representantes electos pasándose portafolios por debajo de la mesa”, y pensar las posibilidades de construcción de la democracia concibiendo estos dos lugares como excluyentes entre sí no tiene nombre. Bueno, en realidad, si lo tiene: es un fetichismo. La grosera simplificación a la cual se somete el problema nos lleva a ver (o por lo menos lo pretende) en la asamblea la concreción del ideal de democracia socialista, y a los consejos, centros de estudiantes y cualquier otro espacio de representación y gobierno, como el refugio de la corrupta burocracia antipopular. Al mismo tiempo se nos oculta algo: la lucha por el acceso a espacios tales como consejos y centros de estudiantes, lucha de la que no son ajenos quienes elaboran estos simplismos; y además, no se nos deja ver que hay otras formas de construcción más complejas que nos permiten salvar las distancias entre el deber ser y el ser de la participación, y de esta manera se sigue, bajo la mascara revolucionaria, perpetuando las lógicas corruptas que se dice combatir. Es una lucha mezquina por el poder, no para cambiar las cosas, sino por cobrar visibilidad. Finalmente hay una tercera cosa que se nos oculta, y es que hay necesidad de gobierno. En la lucha por cambiar la realidad que nos rodea, en la lucha por el socialismo, de una forma u otra los cambios hay que fijarlos y asegurarse de que duren en el tiempo, y para eso es necesario comprometerse con las decisiones y el gobierno, y esto no se puede hacer desde la deliberación perpetua. Tambien hay resposabilidad de gobierno desde que los estudiantes formamos parte del cogobierno de la universdad, una conquista de magnitud internacional lograda en nuestra casa. La crítica falla cuando no es propositiva y se convierte en berrinche. Este lugar, el del fetichismo, el de la mirada simple, el del ocultamiento, es el lugar donde no debemos caer. La construcción de una democracia socialista precisa de nosotros que miremos la realidad a la cara, que usemos las herramientas de la crítica para atravesar los velos de lo aparente y que ganemos claridad en nuestras acciones. A la hora de discutir y de construir con nuestros compañeros, debemos tener las ideas claras y el animo dispuesto a no caer en los engaños de nuestras propias ilusiones, porque siempre hay riesgo de enamorarse de las propias palabras y dejar de ver la realidad.


SOBRE LA INTERRUPCIÓN DEL CONSEJO DIRECTIVO dOs puntOs – La Bisagra en la FFyH

Lo que pasó... El día 18 de abril, en la sesión del Consejo Directivo, órgano máximo de gobierno de nuestra facultad, un grupo de estudiantes la interrumpió intencionalmente, luego de que este órgano no diera tratamiento a un asunto que se estaba discutiendo en comisiones. Integrantes de las agrupaciones Enrique Barros y múltiples agrupaciones troskistas, amenazaron con una nueva toma de la facultad si el Consejo no daba la respuesta que ellos consideran adecuada. Este mecanismo de protesta se viene repitiendo desde hace tiempo, se ha incrementado desde el contexto de toma del año pasado y no ha mermado desde entonces. Esto tiene como consecuencia que los demás proyectos que se están discutiendo en el directivo se dilaten, no sean discutidos, y en última instancia, queden congelados durante meses. Además, toda la actividad cotidiana del consejo, que incluye designaciones de docentes, de aydantes alumnos, ejecución de partidas presupuestarias para la compra de insumos, entre otras cosas, no pueda llevarse adelante. En otras palabras, la facultad no puede seguir funcionando. Lo que viene pasando... El asunto que este grupo de estudiantes utilizó como excusa para las múltiples agresiones y la interrupción de la sesión, es el pedido de un recuperatorio más para los beneficiarios de la beca de apuntes. El año pasado, en base a la presentación de un proyecto de dOs puntOs, se quintuplicó el presupuesto de becas, previendo además becas para estudiantes de artes y trabajos de campo. A pesar de que el proyecto avanzaba en múltiples aspectos, en aquel momento, muchas organizaciones estudiantiles -entre ellas, el Andén- quisieron interrumpir la sesión para que no se aprobara. Hoy, se arrogan la victoria del proyecto y lo reconocen finalmente como un avance. La responsabilidad de la implementación de este proyecto la tienen la Secretaría de Asuntos Estudiantiles (SAE) y el Centro de Estudiantes, en este caso, sólo la conducción (El Andén). Ellos establecieron fechas tardías para la convocatoria (mediados de abril) y no definieron criterior todavía para otorgar las becas de materiales y trabajos de campo. La conducción no sólo dejó afuera de la discusión a las demás organizaciones que participamos del Centro de Estudiantes, sino que ni siquiera tuvo al capacidad de llevar adelante la gestión del Fondo, ya que hasta ahora ni siquiera han definido criterios para las becas de materiales y trabajos de campo. Como la convocatoria a las becas de apuntes fue planteada después del inicio del cursado, las agrupacionearriba citadas impulsaron el proyecto de una fecha más de recuperación, arguyendo que quienes eran beneficiarios de la beca no habían podido comprar sus apuntes a tiempo para rendir el primer práctico. Un escenario simplificado El problema de este pedido radica en que está basado en la construcción de un escenario falaz, construcción arbitraria de la realidad que se basa en un planteo abstracto. Esto, en medida en que la beca es una apuesta de inclusión social para los y las estudiantes, pero que de ningún modo cubre la totalidad de los gastos en apuntes para una cursada promedio. Ellos dicen instalar el conflicto en nombre de aquellos compañeros que han dejado la facultad por no haber podido rendir su primer práctico.Sin embargo, estos compañeros no se han acercado con este reclamo ni a las cátedras, ni al CEFFyH, ni las escuelas >>


o departamentos. Este escenario se monta, además, como si no existieran la biblioteca, la biblioteca de apuntes, los apuntes digitalizados y las computadoras de la facultad, y sobre todo la solidaridad entre compañeros. Es decir: actúan como si las becas fueran la única solución de un problema unidimensional y simple. Se arrogan la soberanía de “permitir” o “impedir” que el Consejo funcione, en la medida que responda a su voluntad. La verdad es que no quieren dialogar en nada y sólo buscan la acumulación del conflicto. Un escenario que nos demanda mucho trabajo Nosotros sabemos que los problemas de inclusión y permanencia en nuestra Universidad Pública son complejos y estructurales, y no se resuelven con una beca de apuntes, aunque apostemos a ésta como una medida importante. Sabemos que hay muchas otras becas que otorga la Universidad para quienes más la necesitan. Sabemos que ésta es la única facultad que otorga un porcentaje de su presupuesto para becas de apuntes; en las demás, es el centro de estudiantes el que garantiza las becas. Sabemos además, que somos la facultad con políticas más avanzadas en términos de inclusión y permanencia. Sabemos que queda mucho por hacer, y esto es una lucha de todos los días. Sobre todo, quienes luchamos diariamente para transformar de verdad las condiciones de cursado, sabemos que es necesario trabajar sobre la realidad, no simplificar los problemas, dialogar con nuestros compañeros, y especialmente no cerrarse en un absurdo “todo o nada”, que en última instancia redunda en más derrotas que victorias. Quienes verdaderamente necesitan que las cosas cambien saben muy bien esto; sólo una clase acomodada que no padece los problemas que pregona puede darse el lujo de rechazar las mejoras paulatinas que se van estableciendo. Pero luchar el día a día no nos distrae del horizonte: vamos, seguimos trabajando, por una Universidad gratuita, masiva, pública y al servicio del pueblo.


PLAZA SECA - Nº 1