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ABUELITAS ERAN LAS DE ANTES 6to Grado Instituto Platerillo

2012


INSTITUCIONAL DIRECTORA: Lic. Amalia Petroli ASESORA DE PRÁCTICAS DEL LENGUAJE: Dra. Flora Perelman ASESORA PEDAGÓGICA: Prof. María Marta Oliva COORDINADOR DE INFORMÁTICA: Prof. Claudio Sprejer DOCENTE: Prof. Rodrigo Lojo DOCENTE DE INFORMÁTICA: Prof. María Lucila Zobra

SEDE NAZCA (A-1137) NAZCA 4966 CABA TEL/FAX: 4571-9124 platerillojardin@yahoo.com.ar SEDE TERRADA (A-947) TERRADA 3080 CABA TEL/FAX: 402-8383 platerillo@institutoplaterillo.com.ar www.institutoplaterillo.com.ar

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ÍNDICE Reescrituras del inicio del cuento “La del 11 J” con cambio de narrador ---------------------------------------------------------4 Escrituras del cuento “La segunda hazaña del gato Giovanino” (a partir de la lectura de “Solo Giovanino”) ----------------------23 Escrituras de cuentos dada una oración para que sea parte de los mismos---------------------------------------------------------40 Cuentos sobre un teatro y una actriz resentida que no quería ser abuela ----------------------------------------------------------71 Otros cuentos -------------------------------------------------108 Nómina de alumnos de sexto grado 2012 ---------------------1119

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REESCRITURAS DEL INICIO DEL CUENTO

“LA DEL 11 J”

CON CAMBIO DE NARRADOR 4


LA DEL 11 J Por Elsa Borneman Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos los quiso cuando a los pobrecitos les tocó en desgracia ir a vivir con ella, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivieron con ella, la viuda de R. trató a los chicos como si no lo hubieran sido. ¡Ah… si los había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo, a Lilibeth —la más pequeña de los hermanos— acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a la mamá muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido —por supuesto— porque por algo era perversa, ¿no? Luis y Leandro no lo habían pasado mejor con su abuela pero —al menos— sus caritas los habían salvado de padecer una que otra crueldad: no se parecían a la de Lilibeth y —por lo tanto— a la vieja no se le habían transformado en odiados retratos de carne y huesos. El caso fue que tanto sufrimiento soportaron los tres hermanos por culpa de la abuela que —no bien crecieron y pudieron trabajar— alquilaron un departamento chiquito y allí se fueron a vivir juntos. Pasaron algunos años más. Luis y Leandro se casaron y así fue como Lilibeth se quedó sólita en aquel

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"J",

contrafrente,

dos

ambientes,

teléfono,

cocina

y

baño

completos, más balconcito a pulmón de manzana. Lili era vendedora en una tienda y —a partir del atardecer— estudiaba en una escuela nocturna. Un viernes a la medianoche —no bien acababa de caer rendida en su cama— se despertó sobresaltada. Una pesadilla que no lograba recordar, acaso. Lo cierto fue que la muchacha empezó a sentir que algo le aspiraba las fuerzas, el aire, la vida.

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Esa sensación le duró alrededor de cinco minutos inacabables. Cuando concluyó, Lilibeth oyó —fugazmente— la voz de la abuela. Y la voz aullaba desde lejos. —Liiilibeeeth… Pronto nos veremos… Liiilibeeeth… Liiiiiii… Liiiii… Ag. La

jovencita

encendió

el

velador,

la

radio

y

abandonó

el

lecho,

indudablemente, una ducha tibia y un tazón de leche iban a hacerle muy bien, después de esos momentos de angustia. Y así fue. Pero a la mañana siguiente lo que ella había supuesto una pesadilla más comenzó a prolongarse, aunque ni la misma Lili pudiera sospecharlo todavía. Las voces de Luis y Leandro —a través del teléfono— le anunciaron: —Esta madrugada falleció la abuela... Nos avisó el encargado de su edificio... sí... te entendemos... Nosotros tampoco, Lili... pero... claro... alguien tiene que hacerse cargo de... Quedate tranquila, nena... Después te vamos a ver... Sí... Bien... Besos, querida. Luis y Leandro visitaron el 11 "J" la noche del domingo. Lilibeth los aguardaba ansiosa. Si bien ninguno de los tres podía sentir dolor por la muerte de la malvada abuela, una emoción rara —mezcla de pena e inquietud a la par— unía a los hermanos con la misma potencia del amor que se profesaban. —Si estás de acuerdo, nena, Leandro y yo nos vamos a ocupar de vender los muebles y las demás cosas, ¿eh? Ah, pensamos que no te vendrían mal algunos artefactos. Esta semana te los vamos a traer. La abuela se había comprado tv-color, licuadora, heladera, lustradora y lavarropas ultra modernos, ¿qué te parece? Lilibeth los escuchaba como atontada. Y como atontada recibió —el sábado siguiente— los cinco aparatos domésticos que habían pertenecido a la viuda de R., que en paz descanse. Su herencia visible y tangible. (La otra, Lili acababa de recibirla también, aunque... ¿cómo podía darse cuenta?... ¿quién hubiera sido capaz de darse cuenta?) Más de dos meses transcurrieron en los almanaques hasta que la jovencita se decidió a usar esos artefactos que se promocionaban en múltiples propagandas,

tan

novedosos

y

sofisticados

eran.

Un

día,

superó

la

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desagradable impresión que le causaban al recordarle a la desamorada abuela y —finalmente— empezó con la licuadora. Aquella mañana de domingo, tanto Lilibeth como su gato se hartaron de bananas con leche. A partir de entonces comenzó a usar —también— la lustradora... enchufó la lujosa heladera con freezer… hizo instalar el televisor con control remoto

y

puso

en

marcha

el

enorme

lavarropas.

Este

aparato

era

verdaderamente enorme: la chica tuvo que acumular varios kilos de ropa sucia para poder utilizarlo. ¿Para qué habría comprado la abuela semejante armatoste, solitaria como habitaba su casa? A lo largo de algunos días, Lilibeth se fue acostumbrando a manejar todos los electrodomésticos heredados, tal como si hubieran sido suyos desde siempre. El que más le atraía el televisor color, claro. Apenas regresaba al departamento —después de su jornada de trabajo y estudio— lo encendía y miraba programas de trasnoche. Habitualmente, se quedaba dormida sin ver los finales. Era entonces el molesto zumbido de las horas sin transmisión el que hacía las veces de despertador a destiempo. En más de una ocasión, Lili se despertaba antes del amanecer a causa del "schschsch" que emitía el televisor, encendido al divino botón. Una de esas veces —cerca de la madrugada de un sábado como otros— la jovencita tanteó el cubrecama —medio dormida— tratando de ubicar la cajita del control remoto que le permitía apagar la televisión sin tener que levantarse. Al no

encontrarlo, se despabiló a medias.

La luz platinosa

que

proyectaba el aparato más su chirriante sonido terminaron por despertarla totalmente. Entonces la vio y un estremecimiento le recorrió el cuerpo: la imagen del rostro de la abuela le sonreía —sin sus dientes— desde la pantalla. Aparecía y desaparecía en una serie de flashes que se apagaron —de pronto tal como el televisor, sin que Lilibeth hubiera —siquiera— rozado el control remoto. A partir de aquel sábado, el espanto se instaló en el 11 "J" como un huésped favorito. La pobre chica no se animaba a contarle a nadie lo que le estaba ocurriendo.

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— ¿Me estaré volviendo loca? —se preguntaba, aterrorizada. Le costaba convencerse de que todos y cada uno de los sucesos que le tocaba padecer estaban formando parte de su realidad cotidiana. Para aliviar un poquito su callado pánico, Lilibeth decidió anotar en un cuaderno esos hechos que solamente ella conocía, tal como se habían desarrollado desde un principio. Y anotó —entonces— entre muchas otras cosas que… "La lustradora no me obedece; es inútil que intente guiarla sobre los pisos en la dirección que deseo… (…) El aparato pone en acción "sus propios planes", moviéndose hacia donde se le antoja… (…) Antes de ayer, la licuadora se puso en marcha "por su cuenta", mientras que yo colocaba en el vaso unos trozos de zanahoria. Resultado: dos dedos heridos. (…) La heladera me depara horrendas sorpresas (…) Encuentro largos pelos canosos enrollados en los alimentos, aunque lo peor fue abrir el freezer y hallar una dentadura postiza. La arrojé por el incinerador… (…) La desdentada imagen de la abuela continúa apareciendo y desapareciendo —de pronto— en la pantalla del televisor durante las funciones de trasnoche… (…) Mi gato Zambri parece percibir todo (…) se desplaza por el departamento casi siempre erizado (…) Fija su mirada redondita aquí y allá, como si lograra ver algo que yo no. (…) El único artefacto que funciona normalmente es el lavarropas... (…) Voy a deshacerme de todos los demás malditos aparatos, a venderlos, a regalarlos mañana mismo… (…) Durante esta siesta dominguera, mientras me dispongo a lavar una montaña de ropa…" (AQUÍ CONCLUYEN LAS ANOTACIONES DE LILIBETH. ABRUPTAMENTE, Y UN TRAZO DE BOLÍGRAFO AZUL SALE COMO UNA SERPENTINA DESDE EL FINAL DE ESA "A" HASTA LLEGAR AL EXTREMO INFERIOR DE LA HOJA.) Tras un día y medio sin noticias de Lili, los hermanos se preocuparon mucho y se dirigieron a su departamento. Era el mediodía del martes siguiente a esa "siesta dominguera". Apenas arribados, Luis y Leandro se sobresaltaron: algunas vecinas cuchicheaban en el corredor general, otra golpeaba a la puerta del 11 "J", mientras que el portero pasaba el trapo de piso una y otra vez.

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—No sabemos qué está pasando adentro. La señorita no atiende el teléfono, no responde al timbre ni a los gritos de llamado… Desde ayer que… Agua jabonosa seguía fluyendo por debajo de la puerta hacia el corredor general, como un río casero. Dieron parte a la policía. Forzaron la puerta, que estaba bien cerrada desde adentro y con su correspondiente traba. Luis y Leandro llamaron a Lili con desesperación. La buscaron con desesperación. Y —con desesperación— comprobaron que la muchacha no estaba allí. El televisor en funcionamiento —pero extrañamente sin transmisión a pesar de la hora— enervaba con su zumbido. En la cocina, "la montaña" de ropa sucia junto al lavarropas, en marcha y con la tapa levantada. Medio enroscado a la paleta del tambor giratorio y medio colgando hacia afuera, un camisón de Lilibeth; única prenda que encontraron allí, además de una pantufla casi deshecha en el fondo del tambor. El agua jabonosa seguía derramándose y empapando los pisos. Más tarde, Luis ubicó a Zambri, detrás de un cajón de soda y semioculto por una pila de diarios viejos. El animal estaba como petrificado y con la mirada fija en un invisible punto de horror del que nadie logró despegarlo todavía. (Se lo llevó Leandro.) El gato, único testigo. Pero los gatos no hablan. Y a la policía, las anotaciones del cuaderno de Lilibeth le parecieron las memorias de una loca que "vaya a saberse cómo se las ingenió para desaparecer sin dejar rastros"… "una loca suelta más"… "La loca del 11 Jota"… como la apodaron sus vecinos, cuando la revista para la que yo trabajo me envió a hacer esta nota.

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LA DEL 11 J Por Miranda Rodríguez Cuesta creer que una abuela no quiera a sus nietos, pero existe la viuda de R, una mujer perversa, bruja del siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija y mucho menos nos quiso cuando por desgracia nos tuvimos que ir a vivir con ella, después del accidente de sus padres que en ese caso los dejo huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, la viuda de R. trató a los chicos como si no lo hubieran sido ¡Ah…si los habrá mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo a mi dueña, Lilibeth la más pequeña de los hermanos, acaso porque era tan dulce y bonita idéntica a la madre muerta, quien la viuda de R tampoco había querido (por supuesto) porque por algo era perversa ¿no? Luis y Leandro (hermanos de Lilibeth) no la habían pasado mejor con su abuela, pero (al menos) sus caritas los habían salvado de padecer alguna que otra crueldad: no se parecían a la de Lilibeth y (por lo tanto) a la vieja no se le habían transformado en odiados retratos en carne y hueso. El caso fue que tanto sufrimiento soportaron los tres hermanos por culpa de la abuela que (no bien crecieron y pudieron trabajar) alquilaron un departamento

chiquito

en

donde

los

cuatro

juntos

pudiéramos

vivir

contándome a mí el gato…

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LA DEL 11 J Por Camila Romano Nuestra abuela jamás nos quiso, era una persona perversa bruja siglo veinte que solo se alegraba cuando hacía daño. Cuando nuestra madre murió por un accidente tuvimos que ir a vivir con ella. A mi hermana Lilibeth era a la que más le hacía daño porque era dulce y bonita como nuestra mamá en cambio a mí y a mí hermano Leandro al menos nuestras caritas nos habían salvado de alguna crueldad. Por suerte cuando crecimos y pudimos trabajar alquilamos un departamento chiquito y nos fuimos a vivir juntos.

LA DEL 11 J Por Santiago Soltz Cuesta creer que la abuela no nos ame, pero existió nuestra abuela, mujer perversa, bruja siglo veinte que solo se alegraba cuando hacía daño. La abuela nunca nos había querido a ninguno de nosotros tres, hijos de su única hija. Y mucho menos nos quiso cuando nos toco la desgracia de ir a vivir con ella, después del accidente que nos dejo huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con nuestra desgraciada abuela, nos trato como si no hubiéramos sido. ¡Ah… Si nos había mortificado! Castigos y humillaciones a granel para nosotros. Sobre todo a mi hermanita Lilibeth – la más pequeña de nosotros – acaso porque mi hermanita era tan dulce y bonita, idéntica a nuestra madre muerta, a quien la maldita abuela tampoco había querido –por supuesto- porque nuestra abuela es perversa ¿no? Yo y mi otro hermano Leandro no lo habíamos pasado mejor con la vieja, pero al menos nuestras caritas nos habían salvado de padecer una que otra crueldad: no nos parecíamos a la de Lilibeth y -por lo tanto- no nos habíamos transformado en odiados retratos de carne y hueso.

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LA DEL 11 J Por Nazareno Centioni Cuesta creer que mi abuela nos desprecie a mí y a mis hermanos, pero existió la viuda de R. Mujer perversa, bruja siglo veinte que solo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca nos había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos nos quiso cuando nos tocó por desgracia ir a vivir con ella, después del accidente que nos dejo huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, la viuda de R. nos trato como si no hubiéramos sido chicos. ¡Ah… si nos había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo, a Lilibeth o sea yo (la más pequeña de los hermanos) acaso porque soy tan dulce y bonita, idéntica a mi madre muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido (por supuesto) por algo era perversa ¿no?

LA DEL 11 J Por Catalina Pintos Villanueva Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existo yo, la viuda de R, mujer perversa, soy bruja del siglo veinte que sólo me alegro cuando hago daño. Yo nunca había querido a ninguno de los tres hijos de mi única hija. Y mucho menos los quise cuando a los pobrecitos les tocó en desgracia irse a vivir conmigo, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivieron conmigo yo misma traté a esos chicos como si no lo hubiesen sido, y por supuesto que tenía razón. Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo a Lilibeth la más pequeña de los hermanos, acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a la mamá muerta a quien yo tampoco había querido, por supuesto porque por algo soy perversa.

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LA DEL 11 J Por Santiago Goldfarb Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R. Mujer perversa, bruja siglo veinte que solo se alegraba cuando les hacía daño a sus nietos. Esa abuela nunca había querido a sus nietos y mucho menos cuando por desgracia fueron a vivir con ella, después del accidente que los dejo huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivieron con ella, la viuda de R. trato a los chicos como si no lo hubiesen sido. ¡Ah… si los había mortificado! Castigos y humillaciones. Sobre todo a mi vecina, Lilibeth cuando era chica, la más pequeña de los hermanos. Acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a su mamá muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido –por supuestoporque por algo era perversa ¿no?

LA DEL 11 J Por Natalia Sivina Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja siglo veinte que solo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija y mucho menos a la mascota de ellos. Y muchísimo menos los quiso cuando a los pobrecitos y a mí nos tocó, en desgracia, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, la viuda de R. trató a los niños como si no lo hubieran sido. ¡Ay… si los había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo a Lilibeth -la más pequeña de los hermanos y la que más me queríaacaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a la mamá muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido -por supuesto- porque por algo era perversa, ¿no?

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LA DEL 11 J Por Valentina Escayola Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero para eso existo, la viuda de R., mujer perversa, bruja siglo veinte, que sólo me alegro cuando hago daño. Nunca quise a ninguno de los tres hijos de mi única hija. Y mucho menos los quise cuando a los pobrecitos les tocó ir a vivir conmigo, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda

. LA DEL 11 J Por Catalina Cobián

Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero mi abuela no me quería en absoluto, ni a mí ni a mis hermanos. Cuando era niña mi madre falleció en un accidente de auto y por eso yo y mis dos hermanos tuvimos que mudarnos con mi abuela, la viuda de R., no creo que hubiera existido ser mas maligno y repugnante sobre la tierra, ella nunca quiso a nadie, ni siquiera a su propia hija, no tengo idea de cómo consiguió marido. Mi infancia era feliz hasta que tuve que ir a vivir con mi abuela. Ella nos maltrataba y siempre nos castigaba pero mucho más a mí, claro, yo encabezaba la lista de las personas a las que mi abuela odiaba. Sufríamos mucho; yo, Luis y Leandro. Por eso, en cuanto tuvimos la suficiente edad para irnos, compramos un hermoso departamento lejos de la casa de la viuda y nos mudamos allí. Todo fue tranquilo durante dos años, Luis y Leandro se casaron y abandonaron el departamento. Un día me llamó Leandro diciéndome que nuestra abuela había fallecido aquella madrugada, la noche siguiente a la llamada empezaron los problemas…

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LA DEL 11 J Por Martina Menke López Es raro que una abuela, no ame a sus nietos, pero existí yo, la viuda de R., así me llamaban, ahora nadie me ve, soy un fantasma. Nunca me agradó ninguno de mis nietos, hijos de mi única hija, y mucho menos cuando los niños se quedaron huérfanos. Durante los años que viví con ellos, los maltrate, y mucho mas, a Lilibeth, la más pequeña, aunque me hice cargo de que los tres hermanos la pasen muy mal.

LA DEL 11 J Por Milagros Ércoli Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de

R., una mujer perversa, bruja del siglo XX que solo se alegraba cuando

hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de nosotros, los tres hijos de su única hija. Y mucho menos cuando a nosotros nos tocó la desgracia de ir a vivir con ella, después del accidente que nos dejó huérfanos y sin ningún otro pariente a océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, la viuda de R. (mi abuela), nos trató como si no lo hubiéramos sido ¡ah… si nos hubiera mortificado! Castigos, humillaciones a granel. Sobre todo a mi hermanita Lilibeth, la más pequeña, acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a mi mama muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido, por supuesto, porque era algo perversa ¿no? Yo y Luis no lo habíamos pasado mejor con la abuela, pero al menos, nuestras caritas nos habían salvado de padecer una que otra crueldad: no nos parecíamos a Lilibeth y por lo tanto para la vieja no nos habíamos transformado en odiosos retratos de carne y hueso.

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LA DEL 11 J Por Nazarena Campo Freire Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja del siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos los quiso cuando a los pobrecitos los tocó por desgracia ir a vivir con ella. Lilibeth todos los días me cuidaba y me daba la leche, lástima que haya pasado esto. Durante todo el tiempo que vivieron con ella se habían mortificado. Yo pude observar estas cosas espantosas que les hacía esta bruja. En especial a mi dueña (en ese entonces) Lilibeth, acaso porque era tan bonita y dulce, idéntica a la mamá muerta, a quien la viuda de R. nunca quiso. Cuando pudieron trabajar alquilaron un departamento chiquito y allí se fueron a vivir juntos, también incluyeron al gato, ese era yo. Pasaron los años y Luis y Leandro se casaron. Quedamos nada más Lilibeth y yo.

LA DEL 11 J Por Tomás Comparato Es difícil creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R vieja cruel e inmunda, suerte que yo no la conocí, lástima que la pobre Lilibeth pasó por esa experiencia horrible. Luego de que su “querida” abuela murió lo único que dejó de bueno fueron los electrodomésticos que dejó pero durante ese tiempo pude contemplar el delirio de Lili que fue desechándolos uno por uno, excepto el lavarropas

que

fue

el

final

para

ella

porque

estaba

lavando

la

ropaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa… El lavarropas se la había tragado y… y yo quedé impactado con lo que vi y luego de la rehabilitación tomo mi leche en casa de Lili y oigo la voz de la viuda de R. y a los gatos como yo nos asusta mucho.

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LA DEL 11 J Por Julia David Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., más conocida por mi familia como mi abuela. Mujer perversa, bruja siglo veinte, que sólo se alegraba cuando me hacía daño. Mi abuela nunca había querido a ninguno de mis dos hermanos y mucho menos nos quiso, cuando a los tres nos tocó ir a vivir con ella. Después que mi madre murió, quedamos huérfanos y claro sin parientes. Durante años de tortura de vivir con ella, nos trató como si fuéramos basura, nos mortificó todos los días hasta su muerte, castigos, humillaciones y todo tipo de torturas. Sobre todo a mí. Mis hermanos me decían que era porque era la más dulce y bonita, las más pequeña, idéntica a mi mamá.

LA DEL 11 J Por Ian Dinerstein Cuesta creer que la abuela nos haya odiado. La viuda de R., era su nombre, mujer perversa, bruja del siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Es triste, pero mucho menos nos quiso cuando nos tocó en desgracia vivir con ella, después del accidente que nos dejó huérfanos y sin ningún otro pariente mares a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, la abuela nos trató en vez de como niños, como si no lo hubiéramos sido. ¡Ah… si nos habría mortificado! Sobre todo, a mí – la más pequeña de nosotros – acaso porque yo era dulce y bonita, idéntica a mi mamá muerta, a quién la abuela tampoco había querido – por supuesto – porque por algo era perversa ¿no?

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LA DEL 11 J Por Luca Trimarco Qué lástima… pensé yo, cuando me enteré. Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., yo, particularmente no tuve la oportunidad de conocerla. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos los quiso cuando a los pobrecitos les toco la desgracia de ir a vivir con ella, según Lilibeth, ahh pobre Lilibeth… Después del accidente que los dejo huérfanos, y sin ningún pariente en océanos a la redonda. Si tan sólo yo hubiera sabido, por el maltrato que los niños estaban pasando… Durante años vivieron con ella. Ahh se me pasó la hora, ya es la tarde, luego seguiré escribiendo.

LA DEL 11 J Por Nicolás Tomatis Cuesta creer que una abuela no quiera a sus nietos, a su hija o a sus mascotas, solo me quería a mí, porque siempre la acompañé, siempre me pedía algo: que limpie, que le saque la basura, hasta que sea su esposo pero yo le dije que no, pero la abuela no se dio por vencida y me siguió pidiendo cosas. Yo una vez me quise ir del edificio pero casi saca un revolver y me mata, yo no sabía qué hacer, llamé a la policía, pero la abuela negó todo y decidí primero pedirle matrimonio y después matarme bueno y lo hice y por eso ella odia a todos las personas. Bueno ahora les voy a contar una historia…

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LA DEL 11 J Por Valentina del Gizzo Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero así es, yo soy el caso. ¿Por qué no los quiero? Simple, no olvido el día que mi hija me presentó a su esposo, desde que lo vi no me calló bien, el hombre era un vulgar sin dinero, nada para mi hija, pero ella nunca me escuchó y se casó con él. Luego llegaron los tres asquerosos niños, una copia de su padre que debería

ser

eliminada.

Cuando

sus

padres

murieron

yo

quedé

como

responsable de ellos, mi hija cometió el peor error de su vida y ahora me dejó como responsable de sus actos.

LA DEL 11 J Por Noam Basin

Cuesta creer que una abuela nos desprecie tanto. Pero si, así es, mi abuela, la viuda de R., que solo se alegraba haciéndonos daño, nunca nos había querido, y mucho menos cuando nos tocó desgraciadamente ir a vivir con ella después del accidente de mi madre, y nos dejó huérfanos y sin ningún pariente al océano a la redonda. Durante años vivimos con ella, ¡Ah… si nos había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo a Lilibeth, la más pequeña de nosotros.

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LA DEL 11 J Por Martina Valin Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., mi vecina, mujer perversa, bruja siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R., nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos los quiso cuando a los pobrecitos les tocó en desgracia ir a vivir con ella, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivieron con ella, la viuda de R trato a los chicos como si no lo hubieran sido. ¡Ah… si los había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Todos los santos días escuchaba sus gritos, los llantos de los niños y los golpazos a la pared. Sobre todo a Lilibeth –la más pequeña de los hermanos– acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a la mamá muerta, a quien la viuda de R tampoco había querido -por supuestoporque por algo era perversa ¿no?. Sus hermanos, Luis y Leandro no lo habían pasado mejor con su abuela, pero –al menos- sus caritas los habían salvado de padecer una que otra crueldad: no se parecían a la de Lilibeth y – por lo tanto- a la vieja no se le habían transformado en odiados retratos de carne y hueso.

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LA DEL 11 J Por Micaela Juárez Portela Cuesta creer que mi abuela no me ame ni a mis hermanos, pero existió la viuda del R., de mi parte conocida como mi abuela, una mujer perversa, bruja siglo XX que sólo se alegraba al causar daño, esa era mi abuela. Ella nunca nos quiso, tampoco a mi madre, una simpática mujer llena de alegría que podía repartir entre todos a su alrededor, pero eso se terminó cuando nos tocó ir a vivir con ella. Durante años interminables nos torturó a mí y a mis dos hermanos, Luis y Leandro ¡como si ella nunca hubiera vivido la niñez! Castigos y humillaciones sufrimos, en especial yo, esa abuela me había maltratado durante años, acaso mi dulce voz o mi gran parecido a mi madre era lo que hacía que su odio siga creciendo.

LA DEL 11 J Por Facundo Aizinas Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja del siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a los tres hijos de mi madre, uno soy yo, y menos nos quiso cuando nos tocó en desgracia ir a vivir con ella, después del accidente que nos dejó huérfanos y no teníamos parientes a océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, nuestra abuela nos trató como si no fuéramos chicos, nos castigó y nos humilló sobre todo a mí -la más pequeña de los hermanos- acaso porque era tan dulce y bonita idéntica a mi mamá muerta, a quien la viuda de R. tampoco la había querido -por supuesto- porque era algo perversa ¿no?

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LA DEL 11 J Por Catalina Carmassi Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, mucho menos a sus hijos, o hija, en mi caso; pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja a la que jamás se le acababan sus terribles hechizos de maldad y crueldad; me daba muchos castigos, humillaciones e insultos interminables y luego les tocó el turno a mis pequeños hijos, debido a que yo había muerto en un accidente automovilístico y no había ningún otro pariente a océanos a la redonda. A la que más mortificaba era a la pequeña Lilibeth, creo que ella era más parecida a mí, mientras a Luís y a Leandro los salvaban sus bellas caritas de alguna que otra crueldad de su abuela.

LA DEL 11 J Por Sol Cabrera Cuesta creer que una abuela no ame a sus netos, pero existió la viuda de R., algo me hacía creer que a la que menos quería era a mí. La viuda era una mujer mala, perversa, que sólo se alegraba cuando hacía daño. Como la viuda de R. nunca había querido a ningún hijo de su única hija algo me hacía creer que a la que menos quería era a mí, más nos despreció cuando a nosotros, los pobres niños, nos tocó de mala suerte ir a vivir con ella, después del accidente que nos dejó huérfanos y sin ningún pariente en océanos a la redonda. Durante los años que vivimos con ella, nuestra abuela, la viuda de R., por supuesto, nos trató a nosotros como si nunca hubiésemos sido niños, nos trataba muy mal. ¡Castigos y muchas humillaciones! Sobre todo a mí, Lilibeth, la más pequeña de los hermanos.

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ESCRITURAS DEL CUENTO “LA SEGUNDA HAZAÑA DEL GATO

GIOVANINO”

(A PARTIR DE LA LECTURA DE

SOLO

GIOVANINO) 23


SOLO GIOVANINO Por Isabel Muñoz Anochecía. Giovanino giró y se acomodó frente a la ventana. Le pareció fabuloso ese sol gigante recostado sobre los edificios. La gente era apenas una sombra que se movía en la calle. Se entretuvo un rato mirándola. Estaba solo y aburrido en el departamento. De pronto, escuchó un ruido fuerte y la ventana que estaba justo frente a él, en el otro bloque de departamentos, se abrió de un golpe. Giovanino se irguió con cautela para ver qué pasaba y se escondió rápido para no ser visto. Espió de reojo. Pero fue suficiente para darse cuenta de que algo grave estaba sucediendo. Una sombra atravesó la ventana. Le pareció escuchar gritos. Se asomó con cuidado. Estaba seguro de que allí, en esa habitación, Malena estaría jugando con su muñeca articulada. Le gustaba mucho Malena. Era tal vez, su mejor amiga. ¿Y si le pasaba algo? ¿Correría peligro? Ese pensamiento lo estremeció. Calculó la distancia que separaba ambas ventanas. No era mucha pero, ¿si se daba un porrazo? Sin dudar, dio un salto preciso. Con exactitud matemática, Giovanino quedó parado en medio de la ventana de enfrente. Entonces entró. Al día siguiente, alguien había olvidado recoger el diario que seguía tirado en la alfombra Giovanino miró la noticia. Allí estaba su foto. Se sentó, orgulloso de verse en la tapa de un diario importante, y bebió la leche con tranquilidad. La noticia relataba cómo habían sucedido los hechos.

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“Lástima que no me consultaron”, pensó mientras seguía leyendo. “Yo les habría contado cuánto la quiero a Malena y que es mi mejor amiga. Que cualquiera en mi lugar habría saltado hasta la otra ventana y corrido el riesgo. Malena se lo merecía. Además, el ladrón no esperaba que yo le rasguñara la cara horrible y huesuda. Es cierto que soy valiente. En eso no se equivocaron. Pero no contaron que del susto, el ladrón huyó por la misma ventana por la que había entrado. Y que Malena me abrazó con tanta alegría, que ese fue el mejor premio que me podía ganar. “Claro”, pensó Giovanino pero no dijo nada, “los periodistas no se molestan en hacerle preguntas a un gato. Ni siquiera cuando este gato fue capaz de salvarle la vida a la preciosura de Malena.”

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL VALIENTE GATO GIOVANINO Por Azul Battagliotto y Martina Menke López En la mañana, bajé las estrechas escaleras y tomé mi leche, me puse mi abrigo, bueno me lo pusieron, para salir a pasear en bicicleta. Fuimos a la plaza con Sofi para encontrarnos con Fede (por cierto, al papá de Sofi con el que convivo no le gusta que su hija salga con Fede). Entonces cuando estábamos camino a la plaza soltó a sus rottweilers para que lo lastimen a Fede, por eso yo no tuve más remedio que ir a salvarlo, y pensé que tenía que… BAILAR, y eso fue lo que hice, pero no funcionó, pensé en subirme a uno de ellos, sería lo ideal porque los otros dos me iban a seguir, eso fue lo que funcionó para salvar al pobre Federico. Al fin y al cabo el papá de Sofía se mudó a Dinamarca y aceptó que Sofía y Fede salgan, les dejó su departamento. Y así es como un gato como yo duerme todas las tardes en su almohadón.

LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL VALIENTE GIOVANINO: LA PEQUEÑA LLAMITA Por Camila Romano y Catalina Carmassi En diciembre mi familia y yo nos fuimos de vacaciones, de casualidad, la cabaña que alquilamos quedaba al lado de la casa de mi mejor amiga de la infancia. Un día cuando yo estaba tomando la leche olí que algo se quemaba, entonces fui a investigar, vi por la ventana que ella estaba durmiendo, entonces trepé por el techo y bajé por la chimenea, todo estaba oscuro y lleno de humo pero no me rendí, entonces fui hasta donde salía el humo, lamí

la

estufa

y

apagué

el

fuego

porque

era

una

pequeña

llamita

lamentablemente mi lengua se quemo pero, como dicen todos, los gatos tienen siete vidas.

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL VALIENTE GATO GIOVANINO Por Catalina Pintos Villanueva y Natalia Sivina Estábamos de vacaciones Sofía y yo, ya que los padres de ella estaban trabajando -no sé por qué- y además no tenían a nadie que cuidara a la pobre niña de siete años. Eran las 9am, cuando Sofía se despertó y me dijo: -Hola pequeño amigo ¿Quieres tu leche? Yo asentí con la cabeza. Ella abrió la heladera, saco la leche y me la calentó en el microondas. Me la dio y después de cinco minutos ya me la había tomado terminado. Fui hasta su habitación y vi que estaba prendiendo la estufa. Me fui pensando que estaba todo bien y me acosté en mi camita. Me desperté a los quince minutos sintiendo olor a quemado. Fui hasta la habitación de Sofi y… ¡Oh no! Había dejado su bata encima de la estufa. Salí corriendo del cuarto y saltando abrí la puerta de entrada del departamento. Empecé a rasguñar la puerta de todos los vecinos y como pude los guié a mi departamento. Todos vieron el incendio, pero no la vieron a Sofi, porque había demasiado humo. Rápidamente un vecino tocó la campana de incendio, otro agarró el matafuego e intentó apagar el incendio y yo tomé a Sofi de la remera, por la parte del cuello porque estaba desmayada, la saqué del departamento. Y claro, nada menos podía hacer un gato como yo.

LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Valentina Del Gizzo Era una tarde soleada de diciembre, yo y mi familia estábamos en una quinta disfrutando del sol junto a la gran pileta, me encontraba tirado en el pasto cuando vi dos hombres de negro cruzar el gran muro, me levanté y vi como uno agarraba a Lili, mi mejor amiga, un escalofrío recorrió mi suave piel, corrí a donde estaban, me tiré sobre sus cuerpos, los arañé y les pegué. Al final del día todos disfrutaban la pileta, y no, eso de nadar no se nos da a gatos como yo.

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Ian Dinerstein y Facundo Aizinas Un día estaba dando vueltas por un club polideportivo cuando pasé por la pileta privada y visualicé a una niña que estaba con su salvavidas dado vuelta y su madre gritaba: -¡Socorro mi hija se ahoga! Una y otra vez. Inmediatamente me volví hacia la joven y corrí a toda velocidad hacia allí, en el borde de la pileta di un salto y me paré en el salvavidas, lo mordí y rápidamente volví a la superficie, la niña se liberó y logró salir de la pileta, como ella salió de la pileta sana y salva su madre me agradeció con un tazón de leche caliente porque, claro, eso es lo que les gusta a los gatos como yo.

LA GRAN HAZAÑA DE GIOVANINO Por Milagros Ércoli y Valentina Escayola Como ya saben, yo soy “El gran Giovanino”, como me apodaron mis vecinos, gracias a mis dos hazañas. La primera, ya la conocen. Fue cuando salvé a mi gran amiga Malena. Ay, cómo la extraño, pero gracias a eso me dieron una hermosa casa en el country de Luján. Mi casa es de color albaricoque, con el techo y el marco de las ventanas naranjas, tiene dos pisos y ocho habitaciones. Las demás casas no son tan grandes pero son realmente hermosas. Ahora les voy a contar mi segunda hazaña... Era viernes por la tarde y yo estaba tomando mi leche, cuando vi una pequeña llama que se agrandaba cada vez más. Lo primero que se me ocurrió fue correr para que los perros ladren y que la gente se dé cuenta de lo que estaba pasando. Luego, entré a la casa incendiada y saqué a la niña del cuello. Salí en el diario pero claro, quién iba a pensar que un simple gato podría hacer tantas cosas…

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DE GIOVANINO Por Miranda Rodríguez Mi familia y yo nos fuimos de vacaciones de verano a nuestra quinta en Pilar. Al llegar con una temperatura muy alta decidimos ir a la pileta, Sofía, la pequeña de la familia se sentó al borde de la pileta cuando nuestros padres decidieron sacar del auto la comida por las dudas que se pudriera. La pequeña Sofía estaba disfrutando remojar sus pies en el agua cuando se resbala y cae a la pileta. Lamentablemente, ella no sabía nadar y como acto heroico me tiré aunque no me gustara el agua. Con un intento fallido yo no la pude rescatar, apenas pude salir del agua. Mientras yo pensaba qué hacer la pobre se ahogaba en el agua hasta que se me ocurrió ir a la cocina para avisarles a nuestros padres para poder rescatarla, pero como no prestaban atención decidí tirar algunos vasos para llamarlos y con suerte pude y con éxito salvamos a la pequeña niña gracias a mí ¿Quién podría decir que un gato salvaría la vida de una niña?

LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Nazareno Centioni Eran las 2:00 pm, ya habíamos terminado de comer y acabábamos de salir a dar una vuelta. Cuando íbamos caminando, había una señora enfrente nuestro aguardando que el semáforo se pusiera en verde para cruzar. En cuestión de segundos un hombre le arrebató la cartera de sus manos, todas las personas que estaban alrededor se quedaron atónitas, incluyendo a mis dueños, yo fui el único que reaccionó y corrió al ladrón. Al cabo de unos minutos habíamos recorrido más de cinco cuadras, cuando el ladrón se metió en un callejón oscuro. El hombre parecía muy asustado, me le acerqué un poco y sacó un cuchillo. Yo ataqué a las piernas aunque no dio resultado. El hombre con su cuchillo lastimó mi pierna, yo con otro intento de recuperar la cartera ataqué a la cara del hombre, esta vez dio resultado. Rápidamente

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tomé la cartera y empecé a correr (no tan rápido como antes porqué tenía una pierna lastimada). Al llegar donde estaba la señora y mis dueños, me felicitaron. La gran hazaña fue publicada en unos cuantos diarios. Claro quién diría que un gato recuperaría la cartera de una señora.

LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Catalina Cobián Aquella mañana empezó como cualquier otra, desperté gracias a las caricias de la niña Avalanna, acurrucado en mi almohadón con mi nombre grabado en él. Ese día iríamos a visitar a la abuela de Avalanna, luego de que tomé mi leche, Avalanna, sus padres y yo partimos hacia la casa de la abuela. Avalanna llevaba su pelota de princesas, como siempre, y sus padres se quejaban del caluroso día que hacía en la ciudad. Yo iba caminando cerca de la niña. En un momento, los padres de Avalanna se sumieron en una y dejaron de prestarle atención a la pequeña. Todo lo que ocurrió después fue tan rápido que ni siquiera yo pude creerlo… A Avalanna se le escapó la pelota a la calle y ella corrió a buscarla, justo en ese momento venía un camión a toda velocidad. Intenté avisar a los padres de Avalanna, pero cuando prestaron atención ya era demasiado tarde, el camión estaba a tres metros de Avalanna con su conductor distraído. No dudé lo que tenía que hacer, salté al vidrio delantero del camión, y, para no chocar, el conductor tuvo que parar casi encima de Avalanna, gracias a Dios sobrevivió. Luego de los llantos de los padres, y las mil disculpas del conductor, fuimos a la casa de la abuela. Cuando llegamos, los padres de Avalanna le contaron lo sucedido a la abuela mientras la niña lloraba por el susto en brazos de su madre. La abuela me acarició el lomo y dijo: –Bien hecho Giovanino, eres el GATO más valiente que eh conocido

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Julia David Era temprano y Esmeralda ya estaba despierta. Sus padres dormían mientras ella cepillaba su dorado cabello. Yo me desperté cuando escuché el ruido de las escaleras que rechinaban. Ella sola se preparó el desayuno y luego despertó a sus papás. Más tarde al mediodía me senté con ella ver la TV. -Papá ¿Puedo invitar a Nicolás y a Natacha?- le preguntó. Nicolás y Natacha, ah, sí me querían ellos, venían todas las tardes del viernes. Nosotros vivimos en un pequeño pueblo de Río Negro. Eran vacaciones y Nico y Nata (como le decía Esmeralda) venían de una casa cercana a unos diez minutos de la nuestra. No recuerdo si Amanda y Facundo dijeron que si, pero igualmente vinieron. Al atardecer se fueron y Esmeralda los acompañó. Los vi irse y me entristecí, sentía que nunca los volvería a ver. Pasaron las horas y Esmeralda no volvía. Llamamos a la tía “Neli” pero nos dijo que pensaba que estaba con nosotros. Tratamos de abrir la puerta pero la nieve no nos dejaba salir. A la mañana siguiente tuvimos que esperar hasta la tarde para salir. Buscamos por cada local del pueblo pero nadie sabía nada. Luego se nos ocurrió buscar en el bosque. Me subí con dificultad a un árbol para ver mejor. Localicé algo que se movía, me acerqué y grité para que vengan todos los que estaban en la búsqueda. Lo vi en el piso. ¡Eran ellos! Todos estaban llorando y pensaban que estaban muertos. Me di cuenta que estaban deshidratados, los lamí en la cara. Lentamente abrieron los ojos. Todos celebramos y volvimos corriendo a casa, yo en mis cuatro patas.

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Santiago Soltz y Santiago Goldfarb Era una noche muy oscura, no se veía nada, yo y mi madre estábamos en mi casa. Lo habitual de mi vida es ir a la cocina a desayunar a la mañana, lo que más me gusta tomar es la leche. Un día fui allí y estaba la leche, sin mi madre y había una carta chica al lado de la leche que decía: “Pronto nos veremos Giovani… pronto Giovani pronto…” Yo con suerte pude entender lo que decía. Yo estaba muy asustado con una cara orejuda, tenía mucho miedo. Ya habían pasado dos días desde que me llegó la carta y todavía no aparecía mi madre, mi vida seguía igual, no sentía ningún cambio, la misma rutina de siempre, lo que más me preocupaba, además de haber estado buscando a mi madre por mucho tiempo, era la carta, no ocurría nada. Me cansé de buscar y llamé a la policía, le conté todo lo que ocurría, pero no me entendió nada de lo que dije, entonces me cortaron. Empecé a recordar los momentos felices con mi mamá de toda mi vida y recordé cuando siempre me paseaba por el parque. Yo la extraño cada vez más, cuando de repente… Se cortó la luz y empecé a escuchar a ruidos provenientes de este departamento. Cuando volvió la luz estaba mi madre siendo apuntada por un ladrón. Lo primero que se me ocurrió fue ir a atacarlo, le rompí la bolsa que tenía con mis largas uñas, y me impresioné con lo que vi ahí dentro. El ladrón ya estaba fuera de la casa, mi dueña me dijo: -Ese es tu papá, ahora tengo dos gatos hermosos ¡Qué alegría!

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Luca Trimarco Era un día frío de invierno, yo estaba sobre un almohadón frente al fuego, cuando ella llegó, estaba con él, y yo no lo quería a él pero ella, ahh ella era diferente, a ella la adoraba, es más cuando llegó me tomó en sus brazos y comenzó a rascarme el lomo. Ellos dos parecían muy emocionados, pero él decidió no quedarse más, se despidieron con un beso, y él se fue. Ella me agarró en sus brazos y me dijo unas extrañas palabras de las cuales entendí “priado de futol”, pero no le presté atención y seguí con lo mío, así que me acerqué lentamente a mi cama y me dejé caer sobre ella, y me dormí lentamente. Al amanecer, ella se levantó con más energía de lo habitual. Y me tomó por sorpresa, miró su reloj y corrió al baño a darse una ducha, apenas salió del baño, tocaron el timbre, era él otra vez. Me retuve a hacerle trizas la cara con mis garras, cuando entró, ella fue a vestirse rápidamente, y volvió, me tomó por los brazos y me alzó, me puso adentro de su bolso, encaminamos el largo camino para llegar a la calle. Cuando llegamos a la vereda, él nos hizo subir a lo que parecía ser una enorme caja con ruedas, yo me dormí mientras la caja se movía bruscamente. Llegamos a un edificio que parecía tener una forma rectangular, y pensé… pero no, no podía ser aquello. Hicimos una enorme fila para entrar, y cuando entramos, el partido ya había comenzado, era esa mi pasión, al fin lo entendía, aquellos puntos coloridos que estaban en diferentes ocasiones en la caja mágica de colores, se llamaba futbol, me sabía todo sobre él, desde sus posiciones hasta los jugadores de cada equipo del torneo, era un sueño para mí, ya que no salía mucho de casa, nos sentamos detrás del arco. El partido había comenzado y el equipo contrario se acercaba al arco, el delantero le había pegado a la pelota se dirigía al arco y… me dejé llevar por mis instintos, salté el alambre, y pinché la pelota con mis garras y evité el gol. Todos rieron mucho y unos cuantos periodistas me entrevistaron y les dije lo mejor que se me ocurrió, miau…

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Lola Díaz Era una tarde primaveral en san Antonio de Areco. Malena y yo caminábamos por la tranquila calle. Luego pasábamos por lo de la abuela de Malena que seguro estaría cocinando unas galletas de chocolate y una leche bien calentita. Golpeamos la puerta. -Niños ¡Que sorpresa!- exclamó contenta al abrirnos. Llevaba un delantal color salmón y unas manoplas de color rosa -pasen, pasen. Entramos a la casa y nos sentamos en la mesa donde había unas galletas y dos vasos de leche. Yo, al tomar la leche me agarra sueño y entonces vagamente me fui al sillón y me dormí… Al despertar ¡no lo podía creer! toda la casa estaba destruida pero lo peor ¡¡¡Malena y la abuela desaparecieron!!! Por suerte encontré una campera de cuero negro para seguirle el rastro. Pude averiguar que estaba en la fábrica de comida rápida. A entrar fui silencioso y me escondí tratando de ocultar mi pelo rojo. La abuela y Malena atadas, atrás de ellas había un hombre gigante como el guardia de seguridad en las películas. Delante de ellas había un hombre canoso con unos anteojos de sol, una campera de cuero negro (la misma que había encontrado), unos borcegos negros y una pistola. -Dame el dinero que prometió – dijo el canoso apuntándola a la abuela. -No lo haré, no te debo nada- dijo la abuela resistiendo -tú no me diste nada. -Te dejé vivir– dijo el canoso que al parecer era el líder de los dos. -Mentira, me hubieses asesinado si no hubiera llamado a la policía-Ok, si tú no me das el dinero yo…- dijo. Estaba apuntando a Malena. Enojado salté hacia la cabeza del guardia y le rasguñé toda la cara, luego liberé a las chicas pero el otro quiso escaparse pero lo detuve. En el diario están nuestras fotos yo estoy en brazos de Malena, como su gato favorito.

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL VALIENTE GIOVANINO Por Sol Cabrera Hola yo me llamo Giovanino, vivo en un pueblo muy alejado de la ciudad. Un día yo estaba con mi mejor amiga Flor, merendando, mientras pensábamos qué

podíamos

hacer para divertirnos,

y poder tener

una

aventura, pero no se nos ocurrió nada. -¡Seguiremos pensando mañana Giovanino!- dijo Flor. En ese momento nos dieron ganas de comer dulces, así que decidimos ir a la casa de “La Señora de los Caramelos”, así le dicen, ya que siempre que alguien va a su casa saluda amablemente, regala caramelos, e invita a las personas a pasar y hablar con ella. Por alguna extraña razón dicen que algunos que habían ido nunca regresaron, pero eso nos parecía muy raro así que yo y Flor no les creímos. -Ring- sonó el timbre, nos abrió la puerta, nos ofreció algo para tomar, y claro, caramelos. Yo quería leche, así que mientras esperábamos vimos a tres personas, una de esas era un señor, estaba algo viejo, él nos murmuró: -Váyanse o la bruja los encerrará y los obligara a quedarse por siempre. -¿Ustedes quiénes son?- les preguntó Flor. -Somos personas atrapadas en la casa ¡La señora es tan mala que hasta parece una bruja, ella nos encerró!- respondió una señora. -¿De qué están hablando?- pregunto la vieja con tono de enojada. -¡De nada!- le contestó Flor con tono de inocencia. Yo estaba tomando la leche, cuando vi que la señora salió corriendo rápidamente de la casa y cerró la puerta con llave, desde ese momento Flor y yo supimos que ¡la señora estaba loca!, pero eso no importaba tanto en ese momento, ¡lo que queríamos era salir! Yo corrí hacia la ventana y salté para romperla, tuve que intentarlo muchas veces, pero finalmente la rompí y logré salir por ahí, pero no las personas que estaban adentro, porque no entraban en la ventana, así que fui a buscar ayuda.

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-¡Policía, policía!- gritaba yo, pero no me entendía, él trataba de agarrarme, y así lo lleve hasta la casa. -¡¡Ayuda!!- se escuchaba desde la ventana rota, cuando el policía lo escuchó le tiro una bala a la cerradura de la puerta, y le contaron todo lo que había pasado, yo no, claro, porque quien podría entender a un gato como yo, pero no importa, ya que cuando el policía encuentre a la señora de los caramelos, ella irá a la cárcel. Flor y yo volvimos a casa. -¡Ya tuvimos nuestra gran aventura Giovanino!- dijo Flor.

EL GATO ECOLOGISTA Por Nazarena Campo Freire Vivimos cerca de las montañas, en un pequeño pueblo donde es común ir a cazar, a mí me da lástima ver a una criaturita de animal muriéndose. Un día me escapé de mi hogar porque toda mi familia había ido a la reunión del pueblo. Me di cuenta que dejaron la ventana abierta… Siempre me dicen que soy muy ágil, también me dicen cosas absurdas, como que tengo siete vidas, es muy extraño… Salté por la ventana y me acerqué por donde se habían ido, llegué a la reunión y medio escondido en una caja escuché que iban a cazar a un ave, más específicamente un águila. Al enterarme de esto fui corriendo a avisarle a una guardaparques, yo sé que no me entiende entonces le “hablé” y ella me siguió cuando yo le mostré el plan que tenían los cinco cazadores de matar a esa ave divina. Al final como los animales en peligro de extinción tienen una tal prioridad los policías detuvieron a los cazadores. Salí en el diario, nadie había pensado en entrevistarme, porque, bueno… Soy un gato…

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Tomás Comparato Día caluroso de verano y agradable para alguien como yo, así que decidí ponerme debajo de ese gran rayo de sol. Después de eso fui a tomar la leche a la cocina, cuando de pronto oí un fuerte grito, que venía de mi vecina de al lado y también una voz que parecía amenazadora. Me acerqué para ver por el hoyo del picaporte y vi esa huesuda y malvada cara amenazando al amor de mi vida, Penny. Entonces me llené de coraje y golpeando fuertemente abrí la puerta de la cocina de mi vecina, entonces le salté a la cara para que se aleje de Penny. Débil, decidió marcharse y ella quedó muy agradecida, como recompensa me dio un beso y una bola de lana, porque claro, ese es el juguete preferido de nosotros los gatos.

LA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Micaela Juárez Portela Una chica llamada Elena recién mudada con sus sofisticados padres los que no se interesaban por la pobre niña de apenas corta edad de siete años, su única compañía era yo. Era su mejor amigo, aunque mis enemigos los perros pensaran lo contrario. La pequeña Elena desempacaba sus maletas con útiles fundamentales, cuando

desde

la

ventana

pude

observar

con

gran

definición

que

los

electrodomésticos se le abalanzaban del interior del camión. Fui corriendo a intentar llamar la atención de sus padres, pero claro no me atendían, fui y di mi mayor salto y lo hice, la salvé, lo logré, obviamente las maletas cayeron arriba mío, pero como todos dicen los gatos tienen siete vidas.

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LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Nicolás Tomatis Era 1894, yo vivía en una casa muy lujosa para esa época, dos baños, tres habitaciones, una pileta, yo me conformaba con eso pero mi familia no. Yo sabía que no había que seguir comprando porque nos iban a robar, pero ellos siguieron comprando. Aquella noche cuando todos dormían y yo me levanté porque tenía sed, tomé agua y parecía que el agua retumbaba contra los bordes del tazón, pero no le di importancia y me fui a dormir, a los pocos minutos, diez o veinte no mas, nos entraron a robar y también tenían secuestrada a mi dueña y a la mamá de mi dueña, yo no sabía qué hacer no podía llamar a la policía porque no me iban a entender, tampoco a su esposo porque era viuda, entonces me decidí a salvarla yo. Me paré en dos patas, maúlle y los rasguñé y entonces se fueron, yo quedé como un héroe, esa fue mi historia, yo un gato feliz y valiente les ganó a unas ladrones.

LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL VALIENTE GATO GIOVANINO Por Martina Valin Ya que habían dejado la televisión prendida, me recosté en el sillón y empecé a mirarla. Escuché el ruido de la puerta cerrándose, pero sentí unos pasos acercándose a mí y unas pequeñas manos me agarraron y me llevaron con mi gran amigo. Lo miré a la cara y supe que estaba feliz, con su sonrisa radiante, íbamos al Zoo. Cuando llegamos a la puerta del lugar, las manos me dejaron en un banco de madera y una voz se dirigió a mí. -Ya venimos, no te preocupes. – Me dijo Federico, mi amigo. Lo vi yéndose de la mano con su mamá y su carita miraba cada segundo para atrás, me di cuenta que sí se preocupaba por mí. Ya que había mucha gente, me escabullí y entré, no paraba de preocuparme por él.

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Por fin lo encontré, pero lo vi de la mano con un hombre. Federico estaba llorando. Me detuve a mirar la cara del hombre y recordé que antes de venir en la televisión lo pasaron y decían que lo estaban buscando. Me abalancé sobre él y lo empecé a rasguñar en la cara. El niño miraba con cara de asombro, la policía vino y lo arrestaron. Me sentí orgulloso porque yo solo, con mis cuatro patas, hice mi segunda gran hazaña.

LA SEGUNDA GRAN HAZAÑA DEL GATO GIOVANINO Por Roque Giordani Eran las 2 de la tarde cuando tomaba mi siesta era una tarde calurosa. Entonces la bella voz de mi dueña me llamó para ir a ver la

tele.

Entonces un poquito más tarde me dijo que fuéramos a la cocina para comer el almuerzo. Ella se estaba haciendo fideos con manteca cuando olimos olor a quemado que venía de un repasador que estaba sobre la cocina y había tomado fuego, entonces muy asustada se desmayó y yo pensé que si no la salvaba iba a morir e yo con ella. Me llené de valentía y arrastrándola hasta afuera de la casa, la salvé. Al rato vinieron corriendo los vecinos a ver lo que pasaba entonces viendo a Micaela desmayada, llamaron a la ambulancia y a los bomberos. Al día siguiente salí en el diario que decía “Gato salva a su dueña” y claro que le preguntaron a Micaela, ¿quien se iba a molestar a entrevistar a un gato?

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ESCRITURAS DE CUENTOS DADA UNA ORACIÓN PARA QUE SEA PARTE DE LOS MISMOS

AQUELLA ABUELITA Por Martina Menke López Aquella abuelita sonriente, simpática y cálida no era, en verdad, lo que parecía…

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Tenía algo muy especial, nadie lo sabía, pero algunas personas estaban a punto de saberlo: su hija, sus dos hijos, la amable señora que la ayudaba con su casa, su esposo, y ella. La abuelita caminaba por el parque un día cuando vio una cotorra y pensó: -Qué lindo ser un pájaro y poder volar. Cuando miro hacia abajo, estaba parada sobre una rama y con cuerpo de ave, comenzó a volar contenta, pero luego volvió a pensar: -Ser ave es muy lindo pero con mi cuerpo humano tengo familia y amigos. Como era de esperar la abuelita apareció parada en el mismo lugar donde estaba antes caminando. Supuso que estaba delirando o soñando, esto que le pasaba no era algo natural. Decidió ir a la casa de su hija, donde también estaban sus dos hijos y contarles todo. Para demostrarlo pensó en un sombrero y como ella esperaba, un lindo sombrero lila apareció en su cabeza. Su esposo se dio cuenta solo, cuando la señora se iba a dormir siempre olvidaba su vaso de agua y aparecía, solo, en la mesita de luz. La mujer que la ayudaba con su casa era muy callada, y todo sabemos que el silencio nos hace pensar. La señora se movía de un lado a otro, ¡pero sin caminar! Esa noche, pensó en su vaso de agua, porque como siempre se lo había olvidado, en la mesa de la cocina, esta vez el vaso no apareció, la mujer pensó que todo había pasado, pero cuando miro su mano, un vaso de agua, apareció ahí.

¿ABUELITA? Por Luca Trimarco Aquella abuelita sonriente, simpática y cálida, no era en verdad lo que parecía. La anciana vivía en un pueblo no muy lejano a Córdoba, en

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Argentina, los niños de la localidad, que siempre se juntaban a jugar, enfrente de la casa de la anciana se divertían relatando historias de terror sobre la anciana, y se divertían la mayor parte del día así, lo que no sabían era que la perversa anciana los estaba espiando. Un día uno de los amigos, llamado Julián, decidió realizar una apuesta, y a todos les pareció divertido, retó a una de sus mejores amigas a ver, quien se adentraba más en la casa de la anciana… La casa de la mujer era una construcción que se remontaba al siglo XX, tenía las tejas del techo rotas, salidas, los vidrios de las ventanas rotos, y la casa, al ser de madera, había acumulado una humedad tan poderosa que la casa parecía inhabitable, los dos niños estaban por entrar, habían tomado una cámara para filmar el interior de la casa, entraron sabiendo que afuera los estaban esperando… ¿Salieron? Nunca. Sus amigos esperaron durante hora tras hora afuera de la casa sin tener noticias de sus amigos, esperaron hasta que se hizo de madrugada y volvieron a sus casas, los niños contaron esto a sus padres y los padres a la policía. La policía al llegar a la casa no encontró rastros de ninguno de los tres, ni de la anciana, ni de los dos niños, lo único que había quedado era la cámara sin filmación alguna…

ABUELA… SOS UN PELIGRO Por Catalina Carmassi Aquella abuelita sonriente, simpática y cálida no era, en verdad, lo que parecía, en realidad aquella abuelita era la mía… Yo estaba en mi casa, descansando en mi cama, con el agobiante calor invadiéndome. Todo era paz y tranquilidad hasta que ella llegó. Era mi abuelita, odiarla, por supuesto que no, pero ella no era… ¿cómo decirlo? Normal. Ella vivía en el extranjero, hacía tiempo que no la veía así que corrí a saludarla. -¡Hola querida!- Me dijo abrazándome.

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-¡Hola abuela!- Le dije felizmente. Nos saludamos por mucho tiempo y luego ella me aconsejó que diéramos un paseo. En fin, le di un paseo por mi ciudad, caminamos por las calles, jugamos videojuegos y tomamos un helado. -Tengo una casa alquilada cerca de aquí – Me dijo. Caminamos hasta el muelle, ella me tomó de la mano y ¡saltamos al agua! Yo estaba aterrada, cerré los ojos y me di cuenta de que estábamos en un vehículo submarino un poco extraño. Soy la espía 0076, no te lo esperabas ¿no? -¡¿Qué?! ¡Esto es un sueño! ¡Voy a cerrar los ojos y me voy a despertar!– Pero no funcionó. -Tengo una misión y me tendrás que acompañar– dijo. Ya tranquila dije que no tenía problema. Me dio un traje especial y salimos a investigar. -La misión es infiltrarnos en una fiesta, se dice que hay una bomba. -Bueno, pero hay que tener cuidado- ¿Quién diría que una abuelita podría ser espía? Cuando llegamos había mucha gente, era una fiesta muy grande; con sus aparatos de espía la abuela logró llevarnos hasta allí, fue difícil, para la pobre abuela. Investigamos cada rincón de esa gran fiesta. Sospeché de algo, era el camarero, tenía unas largas y finas cejas, unos largos bigotes, caminaba derecho y era muy cuidadoso. En cambio, la abuela sospechaba de la torta, era grande, de cinco pisos decorada con telas y coloridas flores. En un momento el camarero y todos en la fiesta se acercaron a la torta, seguramente la iban a cortar. Cuando de pronto la abuela dice: -¡Cuidado con la bomba!- Pero fue demasiado tarde… cuando pensamos que

era nuestro

fin, escuchamos

risas y

carcajadas,

salieron kilos

de

chocolate, caramelos y serpentinas de todos los colores. -¡Feliz cumple abuela!- gritaron todos a coro. -¡No lo puedo creer! ¡Gracias!- exclamó la abuela.

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-¡Feliz cumple abuelita!- dije. Aunque era su cumpleaños, ella me dio un obsequio. -Sos una nueva espía- dijo orgullosa. -Gracias- dije felizmente. Con lágrimas, llantos, risas y carcajadas termina esta historia.

LA ABUELITA MISTERIOSA Por Miranda Rodríguez Aquella abuelita sonriente, cálida y simpática no era en verdad lo que parecía, no era la típica abuelita de antes, era mi abuelita rápida y furiosa. Ella hacía todo lo que se proponía y no nos prestaba atención. Un día como todos los otros fuimos a visitarla, la encontramos en el sillón viendo algo de televisión, era raro para mis hermanos y yo, nunca la encontramos tan tranquila desde aquel día en que ella tuvo un infarto y por suerte se pudo salvar pues esto del infarto ya la venía preocupando, no se sentía muy bien, ya padecía de su muerte y la estaba esperando. Con mis hermanos le tomamos la fiebre, le dimos té, pero no reaccionaba, fuimos a buscar la torta que le habíamos hecho pero uno de mis hermanos dijo: -Chicos la… la… la… la abuela no está– exclamó muy asustado. Fuimos corriendo a ver qué pasaba pero la abuela no se encontraba en el sillón. Luego de entender que la abuela ya no estaba vimos unas pisadas que se dirigían a la ventana pero no había cuerpo alguno.

LA ABUELITA SINIESTRA Por Micaela Juárez Portela Aquella abuelita sonriente simpática y cálida, no era lo que parecía, detrás de esa agradable sonrisa ocultaba su terrible angustia y miles de corazones dañados por su propio ser. Esta abuela había quedado viuda hacia

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unos tres años, ya que misteriosamente su marido se había ahogado en llamas y asfixiado con el humo que estallaba en esa habitación. Singularmente los bomberos nunca llegaron y eso ocasionó su muerte. Muchos dicen que el viejo se había suicidado, porque no soportaba a la maléfica anciana, otros dicen que la abuela lo había asesinado para librarse de él, pero nadie conoce la verdadera historia y esa se las voy a contar ahora: Desde hace meses que se escuchaban discusiones que salían de detrás de esas paredes, pero en verdad la abuela nunca estuvo a gusto entre ellas, así que un día dejó prendida la hornalla y las llamas salieron hasta esa habitación que se encontraba en la otra punta de la casa, lo más curioso es que no dejó rastro.

TODO UN MUNDO DETRÁS DE SUS OJOS Por Valentina Del Gizzo La pequeña Kiara Martez no paraba de quejarse, la idea de que sus padres viajaran a Las Vegas y a ella la dejen en la casa de una anciana a la que nunca había visto, todavía no la convencía. -Hija, ya hablamos de esto, que te quejes no me hará cambiar de decisión – sentenció su padre con firmeza en cada palabra y sin sacar la vista del camino. -Tu padre tiene razón, Kiara, solo será una semana, tú la pasaras mejor que nosotros, recuerda, que todo es por trabajo – dijo su madre asomando la cabeza por el asiento del acompañante. Sin decir nada siguió mirando la estrecha ruta, poco a poco fue cerrando los ojos y cayó en un profundo sueño… Ya en la casa de la anciana… -¿Cómo llegue aquí? – dijo la joven algo preocupada, miró a su alrededor y se encontraba en una pequeña habitación, sentada en una dura cama, miró a su derecha y parada en la puerta estaba aquella anciana, tez blanca y arrugada, con mirada cálida, se veía muy dulce. - ¡Pues, acabas de llegar, tus padres ya se han ido! – gritó en tono amargo.

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Aquella abuelita sonriente, simpática y cálida no era lo que en verdad parecía… La vieja mujer salió de la habitación. Kiara se quedó un rato largo mirando el pequeño cuarto, todavía no entendía cómo había llegado a ese lugar, no recordaba nada. Rápidamente se levantó para ir al baño y en eso chocó su pie con una de las patitas de madera de la mesita de luz, la cual raramente no había visto antes. Al instante se retorció de dolor. Pocos minutos después cuando el pie no le dolía más, no aguantó la curiosidad y abrió el pequeño cajón de la mesita sacando de él una pequeña llavecita, la guardó en uno de sus bolsillos y caminó hasta el pasillo. -¡Voy a salir, vuelvo tarde! – dijo la anciana. Al fondo del pasillo había una gran puerta, con la pintura saltada, no dudó y entro. La habitación era inmensa, tenía varias ventanas pero igual era oscura, al costado de la pared colgaba un gran cuadro, el lugar estaba lleno de polvo. Enfrente a la puerta, había otra pequeña puerta, como de un metro de alto, en un costado había una rara cerradura, en la que peculiarmente aquella llave entraba perfecto. Dio una, dos y hasta tres vueltas a la derecha y la puerta se abrió haciendo algo de ruido, un gran pasillo se extendía sin mostrar un fin, con algo de miedo, Kiara, posó sus pies dentro del pasillo y comenzó a caminar, gatear mejor dicho , luego de unos dos metros, en un abrir y cerrar de ojos estaba cayendo por un infinito pozo, se escuchaban voces, y a su lado había varias criaturas totalmente desconocidas, incluso había algunas con un solo ojo, en dirección contraria volaban varias mariposas, detrás de ellas salían unos pequeños pájaros, curiosamente estas criaturas tenían un resplandor que iluminaba toda la caverna, todo era mágico hasta que cayó. El piso era de diamantes, estaba en una mina. Tenía algunos raspones pero nada grave para semejante caída. Sintió unas manos agitar su cuerpo. -¡Despierta! Rápido se levanto y vio la silueta de su padre asomándose por la puerta del auto.

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ESA EXTRAÑA MUJER DE VESTIDO BLANCO Por Roque Giordani Estábamos cenando en la silenciosa casa cuando de repente apareció esa mujer de vestido blanco. Me dijo: - Vení para acá, te quiero contar algo. Yo me llamo Ana Banhausen y estoy acá para pedirte un favor. Hace años yo me fui de mi casa. Tenía un hijo llamado Frank, él me quería mucho y yo a él. Pero tenía miedo de lastimarlo porque era muy agresiva y por eso me fui y no lo volví a ver. Yo

morí ayer y por eso te digo: decile a mi hijo que lo quiero mucho y que

su madre todavía sigue cuidándolo. Ese día me dirigí a la casa del hijo que quedaba en la casa Sarmiento y Artigas. La madre me seguía. Toqué el timbre y apareció una anciana más o menos de 78 años. Le pregunté: Acá vive Frank Banhausen? Me respondió: - ¿Por qué? - Su mamá me apareció y me dijo que le diga que ella murió y que lo se sigue cuidando desde el cielo Ella me dejó pasar y llamó al chico, aparentaba 12 años y era rubio con ojos claros. Y así se lo expliqué y él me dijo: -Que alivio, mi mamá me quiere. Su mamá escuchando sonrió y se fue.

LA MISTERIOSA MUJER DE VESTIDO BLANCO Por Nazareno Centioni Estábamos cenando en la silenciosa casa, cuando de pronto apareció aquella extraña mujer de vestido blanco mirando a través de la ventana, parecía una mujer de treinta y cinco años. Le preguntamos qué le sucedía y dijo que estaba perdida, le preguntamos donde vivía y dijo que en un campo. El campo más cercano estaba a doscientos kilómetros de la ciudad. Le ofrecimos llevarla y respondió que sí. Cuando nos subimos al auto, la mujer parecía asustada. Todo el camino permaneció en silencio. Yo mientras tanto hablaba con mi abuelo. Después de dos horas y media de viaje llegamos a una

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casa situada en un descampado. La mujer se alegró, nos dio las gracias y corrió hacia la casa. En el viaje de vuelta estuve dormido. Al otro día regresamos. Nos recibió una anciana y le preguntamos por la chica y respondió: -Vivo sola, mi hija murió en un accidente de tránsito- Y aclaró -llevaba puesto un vestido blanco.-

LA EXTRAÑA MUJER DE VESTIDO BLANCO Por Santiago Goldfarb Eran las tres de la tarde, Alex estaba caminando por la playa, hoy iba a vivir en su hogar nuevo, era grande como una mansión y con muchas ventanas. La primera noche en el hogar Alex hizo una fiesta, invitó a toda su familia y amigos. Algo raro sucedió, estábamos cenando en la silenciosa casa cuando de pronto apareció aquella extraña mujer de vestido blanco. Nadie sabía qué era, sólo sabían que era un espíritu, hasta que Alex le preguntó qué era. El espíritu le respondió que ella vivía en la casa hace ochenta años, Alex se cayó al piso y cuando se despertó no podía ver nada, veía todo blanco y después de una hora pudo ver algo, fue a la cocina y lo único que vio era que estaban todos sus amigos y familia muertos.

EL ESPÍRITU DE LA TÁTARA ABUELA DE ELIZABETH Por Sol Cabrera Estaba yo cenando en mi silenciosa casa, cuando de pronto apareció aquella extraña mujer vestida de blanco, de inmediato me levanté de la mesa y algo asustada le pregunté: -Hola señora, ¿Puedo ayudarla en algo? Ella no me respondió, tenía los ojos claros que me miraban con terror y al mismo tiempo parecían amenazantes. -Señora, ¿la puedo ayudar?-repetí. -No, Elizabeth, no- me contestó la anciana, y desapareció.

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-¿Señora? Hubo una equivocación, yo no soy Elizabeth.No la podía ver, pero aun así de alguna forma sabía que ella estaba muy cerca de mí. - Elizabeth, ¿Qué estuviste haciendo todos estos años? -¿Quién es usted?- respondí casi gritando, yo estaba muy asustada, esa mujer parecía un espíritu, cuando desapareció, pocos minutos después me tranquilicé, pensé que me estaba volviendo loca. Al día siguiente quise comprobarlo. Fui a una inmobiliaria para saber si antes de comprar esta casa, habitaba esa mujer llamada Elizabeth. Me contestaron que Elizabeth era la dueña de esta casa, pero un día desapareció, y nadie supo más de ella…

EL LABERINTO MÁGICO Por Camila Romano Aquella noche estábamos cenando en la silenciosa casa cuando de pronto apareció aquella extraña de vestido blanco. Era una chica flaca, de pelo rubio, con ojos almendrados y marrones. Se veía muy asustada. -Necesito ayuda, mi padre ha sido secuestrado por unas personas extrañas y ustedes son los únicos que me pueden ayudar- dijo la chica preocupada. -Pero ¿por qué nosotros somos los únicos que te podemos ayudar?pregunté yo. -Porqué ustedes son los únicos que pueden entrar al laberinto mágicoexclamó la chica. Al día siguiente en el diario salió una nota que decía que una chica había aparecido en una casa y decía algo sobre un laberinto mágico, pero yo me había quedado con la intriga de por qué yo y mi familia éramos los únicos que podían entrar al laberinto mágico, de repente sonó una campana que parecía venir de lo más arriba de un árbol, cuando llegué vi una televisión, cuando la quise ver de más cerca salieron unos brazos que me agarraron y me

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metieron a la televisión y me dijeron que para poder salir de la televisión tenía que poder pasar por el laberinto…

UNA HISTORIA SIN RAZÓN ALGUNA Por Facundo Aizinas Estábamos cenando con mis amigos en la silenciosa casa cuando de pronto apareció aquella mujer de vestido blanco, le preguntamos qué la traía por aquí y nos contó que no encontraba el camino hacia su casa, nos informó la dirección y la acompañamos hasta su hogar, llegamos y vimos que… Su casa no estaba, esa fue la razón por la que la invitamos a descansar a la nuestra, volvimos a la misma y nos fuimos a dormir. A un poco más de las 3 A.M todos se despertaron por los ronquidos de esa mujer, nadie la soportaba, cada persona que estaba en esa casa le reprochó los ruidos molestos. A los días, cuando ya iban teniendo más confianza con ella, la señora les contó que la habían dejado plantada una hora antes de su boda por eso tenía un vestido blanco, ellos se entristecieron hasta llorar. La señora fue al patio y escuchó una voz grave que le preguntó si estaba feliz de la vida y le respondió que no, la voz grave le dijo que le concedería un deseo y ella pidió una casa y estar ahí, ahora las personas asombrados no sabían que había pasado…

LA JOVEN DEL OTRO MUNDO Por Catalina Pintos Villanueva Un humilde leñador y su esposa, no tenían tanto dinero para comer y lo único que les daba dinero era la leña que les compraban. Una bella tarde el leñador trabajando, cortando la leña necesaria para los encargos que le habían hecho y clavando el hacha de un tronco, secándose

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la transpiración con la mano derecha y mirando a lo lejos, ve una pequeña luz que titila, acercándose con curiosidad, la luz venía de las cañas, aún le faltaban algunos centímetros, al estar enfrente de la luz ve a una hermosa niña pálida de ojos verdes, pelo negro y desnuda, toda acurrucada, hecha bolita. El leñador decide recogerla en sus brazos y llevársela a su esposa, deja la leña y va corriendo a su casa. Decidieron adoptarla hasta sus veinte años. La joven creció cada vez más rápido. El padre después de tanto dudar, decidió entregar la mano de su hija y decidió decírselo a la joven en la cena. Estaban cenando en la silenciosa casa cuando, de repente, apareció la hermosa joven con un carácter medio extraño, al sentarse en la mesa el padre le comentó: -Tendrás que casarte con los pretendientes, son tres y tendrán que pasar los retos que tú digas y el único que logre hacerlo tendrá tu mano. La joven aceptó y a la mañana siguiente los conoció a los tres y empezó por el primero. De reto le dijo que tendría que traerle una capa con plumas de dragón que no podía quemarse y las plumas de dragón se encuentran en el volcán de Cozume, pero en vez de ir al volcán, compró la capa más cara de plumas y brillos por todos lados ¡y se la entregó! Pero la bella joven la puso en el fuego y se hizo cenizas. Al segundo pretendiente dijo que le traiga el plato que estaba en la Muralla China que era imposible que se rompiera, pero el pretendiente fue a China y le compró la réplica, se lo trajo pero la joven al tirar el plato al suelo, se rompió en once pedazos. Al tercer pretendiente le encargó la rama más tallada en el mundo, que te dabas cuenta por el olor peculiar, pero el pretendiente compró la réplica exacta, se la llevó, pero la joven la olió y se dio cuenta que el olor era de rosas. El padre estaba decepcionado de los tres pretendientes. Cinco años después un día antes del cumpleaños de la chica, le estaban preparando todo para el festejo pero a la noche la joven se sentó en la roca más cercana de casa mirando la luna, el padre buscándola la vio sentada en la roca. El padre se acerca y le dice qué sucedía y la joven le respondió:

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-Soy de la luna, me enviaron a la Tierra porque cuando tenía quince años hice algo que no debía y de castigo me trajeron aquí, hasta que tenga veinticinco años. Los de la luna me habían dicho que al cumplir veinticinco me iría porque el tiempo ya había acabado.

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LA MUJER EXTRAÑA Por Natalia Sivina Estábamos cenando en la silenciosa casa, cuando de pronto apareció aquella mujer extraña de vestido blanco… Yo grité, pero el dueño de la casa, mi amigo, me dijo que era su mucama. La mujer decía llamarse Etelvina y me contó que siempre aparecía así para asustar a los invitados. -Tranquila, ella irá a cambiarse- dijo Adrián, que era, obviamente, mi amigo. La mucama desapareció de la habitación sin dejar rastro. A los pocos minutos apareció nuevamente con su uniforme negro y blanco de seda a servirnos la comida. Yo, yo pensé ver gusanos y escarabajos en mi plato, pero comí la comida sin hacerle caso a mis pensamientos. Cuando terminamos de cenar, Adrián me preguntó si quería quedarme allí por un par de noches. Yo accedí. Mi amigo me invitó a que subiera las escaleras y me dirigió hacia una habitación al fondo del pasillo. Me dijo que era para huéspedes. Por si me olvidé de contarles, Adrián tiene una mansión, vive solo porque la esposa falleció en un accidente automovilístico y tiene treinta y nueve años. Estaba en mi habitación cuando sentí hambre y pensé que a Adrián no le molestaría que bajara a la cocina a comer unas medialunas. Casi entro allí, pero paré, porque escuché un ruido proveniente de ahí. Me asomé para ver quién era y vi a Etelvina. Estaba sentada en una silla y en la mesa en la que habíamos cenado yo y él había un plato vacío. Vi que se levantó, agarró el plato y… ¡Atravesó la mesa como si fuera un fantasma! Me fui corriendo hacia mi habitación. Me quedé pensando… ¿Y si la mucama era el fantasma de la esposa de Adrián? Lo digo porque él nunca quiso presentarme

a

Paula,

su

esposa,

ni

en

fotos,

ni

en

figuritas,

ni

presentándomela, decía que ella era especial. Un día, hace unos meses, yo le pedí que me trajera una foto de ella. Él me dijo que sí, pero nunca me la trajo, por ejemplo. O un día que acordamos que nos íbamos a reunir en el cine, no se presentaron ni él ni ella. Después, Adrián, me vino a decir que

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Paula estaba enferma y cuánto apuesto a que lo inventó él. Yo le dije que lo pasáramos para otro día, pero ese día tampoco llegó. Al día siguiente me desperté a las 8:00 de la mañana, me vestí y bajé a desayunar. Yo estaba en la cocina y Adrián todavía no había bajado, pero la mucama, sí. Ella estaba haciendo café y logré visualizar su mano, ¡tenía un anillo igual al de mi amigo! El de él era el del casamiento y supuse que el de ella también. El de Adrián era de oro y… ¡El de ella también! Etelvina me miró simpáticamente, tratando de que le agradara y me dijo: -¡Buenos días, señorita! ¿Cómo está? ¿Qué quiere para desayunar?-Eh, es, estoy bien, gracias- dije asustada, pensando en lo que había ocurrido la noche anterior- para, para desayunar desearía comer unas tostadas con café con leche, por favorCambiando de tema, le pregunté qué significaba ese anillo, ella me dijo que era de su casamiento. También le pregunté si me podía decir con quién se había casado y ella me contestó, muy enojada, lo siguiente: -¡A usted no le importa con quién me casé!En ese momento entró Adrián. Él preguntó por qué tantos gritos y ella, mintiéndole, le dijo que era porque se había quemado la mano con el agua caliente de la pava. -Ah, bueno, está bien, yo pensé que se estaban peleando- dijo tranquilamente - ¡Buenos días! -¡Buenos días!-respondimos yo y la mucama a coro. -Señor, ¿qué quiere para desayunar?-le preguntó Etelvina a él. -Eh, querría un té con dos medialunas, por favorYo ya había terminado de desayunar a las 8:45 y él había terminado unos minutos más tarde que yo. Eran las 10:00 AM, cuando pensé que decirle a mi amigo lo que había ocurrido la noche anterior, era lo mejor.

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Fui hasta su estudio y por suerte estaba allí. Toqué la puerta aunque estaba entreabierta. Él preguntó quién era y yo le respondí: -Soy yo, Giselle-Ah, Giselle, pasá- me contestó. Yo entré y aterradamente le dije: -Eh, mirá, yo te quería decir que ayer a la noche bajé a la cocina para comer unas medialunas y vi que Etelvina… ¡Atravesó la mesa como si fuera un fantasma!Adrián me comentó que tenía que decirme algo importante. En ese momento se escuchó un grito proveniente de él. Me acerqué a Adrián y vi que tenía una navaja clavada en la espalda.

Logré observar que a lo lejos una sombra se alejaba y llevaba vestido blanco igual que la primera vez.

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LAS VIDAS QUE JAMÁS VI Por Nazarena campo Freire En esta mansión inmensa e interminable, solo vivimos dos personas, yo, el mayordomo y mi ama la Señora Silvert, una mujer de muy alto nivel económico y viuda hasta lo que yo sé, su familia jamás había ido a su mansión me parece raro que nunca vengan. Ella odia a los menores dice que le agotan su paciencia, aunque nunca fue mal educada, siempre correcta y perfecta son sus dos palabras que la describen, no puedo decir mucho más, ya que la señora muy pocas veces está en mi presencia… Una noche lluviosa, estábamos cenando en la casa mientras escuchábamos los truenos que sonaban y hacían sentirte en una película de terror. Cuando de pronto apareció aquella extraña mujer de vestido blanco con una cara de fantasma moribundo, se veía muerta, pensé que me mataría, fue un milisegundo que pude ver esa sombra y yo casi suelto un grito de espanto hasta que me di cuenta de que estaba la Señora Silvert y me podría despedir entonces me quede mudo y levanté la mesa al terminar. No me importó (pensé que me estaba volviendo loco) esa mínima presencia que yo creía inexistente. A los pocos días de esta extraña visión, me pregunté qué hacía la Señora Silvert en todo el día que yo tan pocas veces puedo verla… Me apuré en hacer todas las tareas de la casa, quede exhausto, apenas a las 7 de la tarde podría saber que hacía, creí que iba a ser fácil encontrarla pero me di cuenta que en esa casa sin fondo, ¿quién podría encontrar a alguien? El tiempo se transformo y ya eran las 7:45, tendría que empezar a hacer la comida, en ese mismo momento de la búsqueda vi otra extraña mujer de vestido blanco, esta vez casi me muero de espanto, cuando pude reflexionar de que me estaba pidiendo una ayuda no sé de qué. Seguí buscando a mi ama, ya no era nada más porque quería saber que hacía sino también para un psicólogo o un médico, alguien que me quitara la loquera… En ese instante de desesperación encontré a la señora en su habitación

hablando

sin

nadie,

diciendo

palabras

inusuales,

extrañas

y

tenebrosas.

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Al ver esto pensé: “ah no soy el único loco” Luego al cabo de muy poco tiempo empecé a escuchar y a ver personas muertas como unos fantasmas que giraban en su habitación con caras de inocencia,

(entonces

la

Señora

Silvert

empezó

a

despeinarse

y

a

desesperarse), estas personas que apenas tenían aliento para decir abuela, hermana, mamá, tía, hija… Me rompió el corazón, esperé exaltado y pacientemente la respuesta de la Señora Silvert esperé una respuesta dulce y comprensiva, sin embargo escuché las horrorosas, repugnantes y firmes palabras que salieron de la boca de la mujer, lo que decía ella era que los había matado a todos porque supuso que la muerte de su esposo había sido causada por algún familiar. Casi interrumpo con otro grito, no podía creer que había sido el mayordomo de una asesina, en esa escena de terror no resistí el malvado comportamiento de la Señora Silvert y entonces en mi estado de espanto, sin pensar, me tire desde la ventana más alta y ahora comprendo todo, estoy muerto… Convivo con aquellos espíritus a los que les tenia terror, pero me equivoqué, a la que le tendría que tener miedo es a la Señora Silvert que parecía una señora educada ¡Ja! Las apariencias engañan y esa mujer era alguien que era indescriptible, pero para que se den una idea de lo malvada que es una persona sin alma, impaciente, un ser horrible que repugno, una bruja y loca. Lo que más me sorprendió es creerle ese papel de anciana intelectual que tenia, ya no creía en nadie, salvo a los muertos, los de mi especie… Al estar así me enteré de todo y de lo que le había hecho a sus familiares, cada escena terrorífica de todos los días, de todos los meses, de todos los años y de toda la vida…

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CRYSTAL Por Lola Díaz Estábamos cenando en la silenciosa casa la de mi padre cuando de pronto apareció aquella extraña mujer vestida de blanco llorando a cantaros en el jardín. Mi madre la invito a pasar, la mujer se sentó en el sillón y empezó a llorar muy fuerte. “Alguien cállela” pensé tapándome los oídos. Mientras la mujer mojaba el sillón (como era blanco se notaba mucho) mis padres me ordenaron: -¡Has algo Valentín!¡Pero que podía hacer! Igual lo intenté. -¿Cómo te llamas?- pregunté tímidamente. -Crystal- lloriqueó. -Bien Crystal ¿Qué te paso?- la interrogué-Me iba casar pero…- y lloró de vuelta pero se iluminó la cara -¿Quieres hacerme feliz? -Sí– acepté para que al menos se pusiera feliz. Crystal sonreía felizmente. -¡Súper! ¡¡nos casamos!!- dijo agarrándome de la mano y salimos de la casa. Yo me había quedado atónito ¡¡casarnos!! Apenas tengo dieciséis ¡jamás había conocido una chica más o menos de mi edad obsesionada con el matrimonio! Crystal sacó una daga. -Lo siento pero es la única manera- dijo acercándose a mí – soy la reina de la muerte y el rey me traicionó y juntos lo derrocaremos. Entonces me di cuenta: su pelo morado, su tez pálida y llena de cicatrices, su vestido blanco de novia, su tul sostenido por una tiara. Apuñaló su daga en el corazón. Me convertí en el amo de la maldad con mi amada reina, maté a mucha gente pero… ¡¡¡ahora voy por ti!!!

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MERLINA ADDAMS Y EL CUERVO Por Catalina Cobián Estábamos cenando en la silenciosa casa con el calor del verano, la luz del candelabro y el televisor en blanco y negro. Tenía puesto mi vestido favorito; seda negra que se ceñía a la cintura y mangas largas al igual que mi madre, como siempre dos trenzas negras, cuando de pronto apareció aquella extraña mujer de vestido blanco tocando a la puerta de mi casa. Todo se ensombreció y fruncí el entrecejo, aunque ya estaba seria desde antes, yo nunca sonreía. Me llamo Merlina Addams, tengo once años y tengo una personalidad muy particular comparada con todas las otras niñas de mi edad. La razón de mi enfado era que mis padres estaban buscando niñera y todas las noches una golpeaba a nuestra puerta buscando el empleo, no habían encontrado ninguna hasta ese momento, y yo más que nadie temía que fuera esa mujer desconocida con cabello corto rubio y enormes ojos azules la que me fuera a cuidar… -Buenas noches señores Addams- dijo la mujer con una voz dulce para cualquiera pero escalofriante para mí. -Buenas noches querida, pasá, seguro vienes por el empleo de niñeradijo mi madre. Ella respondió que sí, le dijo que se llamaba María y que tenía veinticinco años, luego mi madre nos presento, a mí, a mi hermano de siete, a mis dos tíos, a mi abuela, a nuestro mayordomo y a mi padre. A la mujer le extrañó que todos vistiéramos de negro, pero siempre vestíamos así. También le extrañó que fuéramos una familia tan numerosa, y eso que faltaba otro integrante, dedos. Me gustan las cenas familiares, pero a partir de esa noche las odié con todo mi oscuro corazón, aquella noche fue la más horrenda de mi vida, pues mis padres contrataron a esa alegre e insoportable mujer para ser nuestra niñera. Pasaron los días y María ya comenzaba a irritarme; comía todos los días con nosotros y toda la casa tenía su perfume, hasta mi oscura ropa tenía su

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olor infiltrado en ella. Siempre insistía en que me pusiera los vestidos que mis compañeros de clase me regalaban para mi cumpleaños (todos de colores vivos y fuertes), parecía la madre de mi hermano menor, y lo peor es que a mi tío Lucas empezó a gustarle. No sabía qué hacer, hasta que se me ocurrió hacer una travesura y puse aceite en las suelas de los zapatos de María. Seguí haciendo travesuras como ocultar su cepillo de pelo o poner las sobras de la comida en sus sábanas, a veces me descubrían pero solo me regañaban. Yo hacía sufrir mucho a María, que terminaba llorando a escondidas, un día ella se hartó y fue a decirle a mis padres que ya no soportaba más, y que renunciaría si no hacían algo conmigo, entonces a ellos se les ocurrió mandarme a un campamento de verano. Odié a esa mujer, tonta, tonta María. Me quedé la mayor parte del día lamentándome en mi cuarto, observando al cuervo que siempre se posaba en mi ventana, tan majestuoso con sus hermosas plumas negras, y con tanta libertad para volar alto en el cielo y escaparse del mundo, si sus padres lo obligaran a ir a un campamento de verano, el escaparía y se iría lejos de ellos, teniendo libertad para hacer lo que quiera. Un campamento de verano era lo peor que me podía pasar, tendría que ir y aguantar a todas las niñas de mi edad con sus lazos en la cabeza, con esa voz chillona que todas tenían excepto yo. Los niños fijándose en las niñas para decirles piropos y que las niñas se sonrojaran, de repente me imaginé a mí, con un lazo en el pelo y un niño a mi lado diciéndome cosas bonitas… Necesitaba dejar de imaginar eso porque sentía náuseas, nunca hubiera usado un lazo en mi cabeza, nunca me habría gustado un muchacho y sobre todo nunca me hubiera sonrojado, me puse tan nerviosa que le dije al cuervo: -¿Qué hago cuervito? De la nada, el cuervo entró a mi habitación y se fue convirtiendo en humano, sus hermosas plumas iban desapareciendo para dar lugar a una capa negra. -Ven conmigo, no tengas miedo, te ayudaré, te llevaré a un lugar oscuro y frío, normalmente no es lo que les gusta a las niñas de tu edad pero… no tendrás que ir a ese campamento ni soportar más a María.

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A juzgar por todo lo que sabía el cuervo, había estado observándome sufrir durante varios días… Lo medité durante unos minutos, un lugar oscuro y frío, lejos de María y de los niños que quieren hacerme sonrojar… seguramente lleno de gente como él. Claro que iría, si no hubiera ido estaría loca. Me ofreció la mano y me dijo que cuando el terminara de contar hasta diez, cerrara los ojos. Empezó a contar, cuando iba por el cinco, la capucha de la capa que le cubría casi toda la cara se levantó un poco y pude ver dos hermosos ojos marrones y unos mechones de pelo castaño… Y antes de cerrar los ojos para salir volando hacia el lugar perfecto, me sonrojé.

MI MUJER Y LA DEL VESTIDO Por Santiago Soltz Estábamos cenando con mi esposa en la silenciosa casa cuando aquella mujer del vestido blanco apareció rápidamente de la nada. Yo estaba sorprendido con el hecho, mi mujer igual, comencé a mirarla de arriba abajo y me di cuenta que se parecía mucho a mi esposa. -¿Qué haces acá?- le pregunte fuertemente y asustado. Mientras esperaba que me responda, no podía pensar cómo había entrado a mi inmensa casa, ella no me respondía, no se movía ni siquiera se sentía que respiraba…

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Esto era cada vez más raro mientras pasaban horas, días, semanas y aún no se movía parecía que estaba congelada pero sin notarse el cubo de hielo, pensábamos llevarla a un lugar lejos y lo hicimos, si contaría los kilómetros serían unos tres mil km en mi camioneta, la tiramos allí y nos fuimos rápidamente a mi querida y silenciosa casa. Como eran las 2 AM me fui a acostar, estaba agotado, mi mujer dijo que tenía que hacer algo antes, como estaba tan cansado no le quise preguntar qué era lo que tenía que hacer pero sabía que iba a venir conmigo antes de las 3 AM. Al otro día cuándo escuche gritos provenientes de la cocina, fui a ver qué pasaba. Me puse el pijama y fui rápidamente a ver qué ocurría. -¡¡Qué hace esta mujer acá otra vez!!- le grite a mi señora. -Acabo de bajar y la encontré aquí- me susurró. Mi mujer estaba lo más tranquila cuándo me dijo que la llevaría a un lugar más lejos a unos seis mil km. Yo tranquilo me fui a la computadora y encontré el e-mail de mi esposa abierto y vi un correo que decía: Congela a la mujer del dueño de la casa y continuamos con el plan. Yo entendía cada vez menos pero me di cuenta que mi esposa no era quien ella decía ser…

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LA DUEÑA Y LA MASCOTA Por Nicolás Tomatis Estábamos cenando, yo con mis amigos en el campamento, cuando de pronto apareció aquella extraña mujer con vestido blanco, era de rostro pálido, ovalado y frío, se acercó, dijo como un hola y nos contó algo que nunca nos hubiésemos podido ni imaginar, nos dijo: -Mi perro quiere matarme. Nosotros pensamos que ella estaba loca y nos volvió a decir: -Me matará, lo sé, yo he asesinado a uno de sus horribles cachorros, un cachorro, un feo y asqueroso cachorro. De pronto la mujer desapareció, nos pusimos a pensar quién era ella, se habló de que estaba enferma, yo dije que se escapó de su psicóloga, también dijeron que era una borracha, pero mi mejor amigo llegó a la conclusión, ella era una loca que se había escapado de un psiquiatra, pero yo no estaba seguro y por eso me puse a investigar, primero le pregunte a la mujer de dónde venía. Segundo le dije si podía llevarme donde iba a dormir y por último le pregunté si ella tenía relación con la mascota y me respondió que venía de acá, de Tandil, me llevó a ver donde dormía, ella había hecho una carpa y pisó su bolsa de dormir y por ultimo me respondió que, pero de pronto la mascota a unos cien o doscientos metros, tiró una flecha y la mujer murió, no era casualidad que cuando cayó, cayó arriba de donde dormía la mascota. Cuando fuimos al médico le preguntamos ¿si estaba muerta? ¿Si sabía donde trabajaba? y nos respondió la primera que sí y la segunda que ella trabajaba acá enfrente, en el otro hospital (ella era la dueña del hospital) y también nos dijo que el dueño de este hospital la detestaba es más la quería enterrar en su propio jardín.

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LA VECINA Por Valentina Escayola Estábamos cenando en la silenciosa casa de mi madre con mi familia ya que era año nuevo. Cuando, de pronto, apareció aquella extraña mujer de vestido blanco. Al principio no la reconocí, pero finalmente supe que era la vecina de la casa de mi tío. Después de mirarnos fijamente, sin dirigirnos la palabra, dijo nerviosa: -Hola, perdón por interrumpir, soy vecina. Vine por si me podían hacer un favor– tosió y siguió hablando -Necesito que me presten alguna casa. -¿Casa? ¿Y si te damos alguna casa dónde nos quedamos?- preguntó mi madre. -En… en mi casa– dijo tartamudeando. -Bueno, como quieras pero… ¿Qué hay allí?- dije con curiosidad. -Cosas horribles- dijo tartamudeando de nuevo. Al principio creí que no había pagado algunas cuentas de luz o de gas, pero fui a la casa para averiguarlo. Llegué y parecía abandonada, decidí recorrerla. Primero observé el dormitorio, éste estaba algo desordenado. Me quedé contemplando un manchón en la pared. Este era de un tono marrón o yo diría que algo más negro. Fui hasta la cocina para hacerme un té. Agarré la taza. Lentamente, le puse agua y un saquito de té. Le agregué azúcar, luego la leche sola se movió hasta la taza, un litro de leche desparramado en la mesa.

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AL BORDE DE LO EXTRAÑO Por Ian Dinerstein Estábamos cenando en la silenciosa casa cuando aquella mujer de vestido blanco apareció. Todos estábamos en silencio, tragando saliva. Hasta que alguien rompió el silencio con un feroz grito: -¡Aaagh! ¿Quién es ella?– Dijo Jorge, mi amigo. -No lo sé, pero debe ser una pordiosera– respondí. La mujer

tenía un aspecto

fantasmal y

una estela celeste

casi

transparente daba vueltas sobre su espalda. A medida que la mujer se acercaba a la puerta, el miedo y los nervios se apoderaban de nosotros. De pronto la puerta principal se abrió con un rugido estremecedor, todos estábamos contra la pared, tengo idea de que fui el único que pudo escapar de casa, y el único que pudo sobrevivir.

AQUELLA EXTRAÑA MUJER O MÁS QUE UNA EXTRAÑA… Por Azul Battagliotto Estábamos cenando en la silenciosa casa nueva cuando de pronto apareció esa extraña mujer de vestido blanco que yo solo podía verla, porque cuando grité desaforadamente mi mamá me agarró del brazo y me encerró en mi cuarto. La mañana siguiente cuando me estaba cambiando y dejé mis medias en la estufa D-E-S-A-P-A-R-E-C-I-E-R-O-N, razoné y pensé que se las podía haber llevado mi mamá pero no fue así, las medias estaban flotando por el aire e intenté agarrarlas pero fue inútil. Bajé las escaleras y tomé una leche, mi papá me llevó a la escuela y fuimos charlando del partido de San Lorenzo pero no prestaba mucha atención porque sentía un roce de manos en mi espalada. -Llegamos dijo mi papá con su voz muy ronca, bajé del auto y fui al patio para encontrarme con mis compañeros.

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A la tarde cuando llegué a casa subí directamente a mi cuarto sin contarles a mis papas las cosas extrañas que me pasaron en el colegio. La sombra volvió a aparecer y le pregunté: -¿Todo lo raro que me pasa es a causa tuya? Y me respondió: -Sí, yo vivía antes en esta casa con mi marido y mi hija, pero morimos en un accidente de auto y vendieron la casa. Yo, yo, extraño mucho esas tardes cuando jugábamos en el patio con mi hija por eso quiero recuperar la casa. A la noche comenté los hechos en la cena y me trataron de loco, mi mamá me dijo que me vaya a recostar, luego de tratar de convencerlos me rendí y me fui a dormir .Subiendo las escaleras me encontré con Elizabeth (que así se llamaba la fantasma) y me preguntó porqué estaba triste, yo con voz llorosa le contesté: -Me tratan como loco, no me creen que vos existís- y de paso le pregunté qué hacía a estas horas despierta, no recuerdo qué me dijo, estaba muy cansado. Al día siguiente volví a contarles a mis papas lo de Elizabeth y me ignoraron .Cuando volví de la escuela me trataban como un rey, me sirvieron la merienda más rica qué tomé en mi vida. Fui a saludar a Elizabeth, y estaba llorando, asombrado le pregunté qué le pasaba y me dijo que vaya abajo, que me llamaban, fui hasta abajo y mis papas me abrazaron fuerte y llorando me dijeron que me iban a mandar a un hogar de recuperación para niños (más específico un loquero) y que era por mi bien, Elizabeth bajó las escaleras llorando con una navaja y diciendo que nunca se arrepentiría y mató a mis papas y me dijo: -No quiero que te vayas. Y así terminé escribiendo esto.

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LA MUJER DEL VESTIDO BLANCO Por Milagros Ércoli Era un 7 de mayo. Ella estaba cenando con sus dos hermanos varones en su silenciosa casa de campo. Se escucha un ruido. Miran de un lado a otro sin saber de dónde provenía éste. De repente ven un espejismo de una silueta femenina, vestida de blanco, con delicados guantes de seda y un opaco velo que no permitía ver su rostro. Martín, mayor de los hermanos Prad y dueño de ésta casa, le preguntó asustado: -¿Quién es usted? Lárguese de aquí. El fantasma, mientras se iba acercando, no contestaba nada de lo que preguntaban los Prad. La mujer se detuvo frente a ellos y dijo: -Tú, ¿Quién eres?- señalando a Juan, el más pequeño. -No te lo dirá, ahora vete.- Dijo Martín y la mujer desapareció en un instante sin dejar rastros. A la mañana siguiente, Jazmín dormía tranquila cuando un grito interrumpió sus sueños. Ella se levantó y fue corriendo a ver qué pasaba. -¿Viste a Juan por algún lado?- Le preguntó Jazmín a Martín. Éste le contestó sollozando que no lo encontraba por ningún lado. Juan había desaparecido. Estuvieron buscándolo toda la tarde pero jamás lo encontraron. Cuando volvieron, encontraron el cuerpo de Juan sobre la mesa y junto a él, el fantasma del vestido blanco. La misteriosa señora le hizo la misma pregunta que le había hecho a Juan cuando lo vio por primera vez. A Jazmín ya le estaba sonando raro. Al día siguiente, fue a desayunar y encontró el cuerpo de Martín encima de la mesada. Desesperada, llamó a su madre y le contó lo que estaba pasando, pero lo que no había visto era que el mismísimo fantasma estaba detrás suyo junto a otros espíritus.

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Rumores dicen que aún los fantasmas siguen deambulando por las casas de campo, pero nadie más ha quedado vivo para contarlo.

CUANDO CUENTAS HASTA 3 Por Julia David Era de noche y sólo nos alumbraba una pequeña luz de la cocina, todos sentados y callados, hasta mis sobrinos no hablaban. Estábamos cenando en la silenciosa casa, cuando de pronto apareció aquella extraña mujer de vestido blanco, tenía el pelo color miel y ojos verdes amorronados. Era 1970 y yo tenía unos veinte años. Cuando entró a la habitación todos comenzaron a sonreír, estaba muy confundida, pero también opté en sonreír. Yo no entendía lo que pasaba hasta que mi padre me explicó: -Hijo, ella es la prometida de tu hermano. Yo la saludé como si fuera una amiga de toda la vida. No sé cómo salió el tema del trabajo, ella dijo que leía las estrellas, Adivinaba vidas anteriores. Al otro día fui a comprar unas facturas, iba caminando y la vi a Sol, la prometida de mi hermano. La saludé con la mano y me acerqué. -Hola, ¿A dónde vas?- le pregunté. -A mi trabajo-, me dijo confundida. -¿Querés que te acompañe? –le pregunté. -Claro- me dijo. La acompañé a una carpa violeta, entramos y vimos una silla de madera y una mesa con piedras, arriba de ella vimos una bola de cristal. -¿Querés que te enseñe?- le asentí confuso y me dijo que contara hasta tres. -1, 2 ,3…-dijimos juntos. De la nada aparecí en mi casa. Noté que los muebles eran mucho más grandes y mis manos no llegaban a agarrar completamente las cosas. Caminé con dificultad y vi a mi madre acercarse, estaba muy joven. Me alzó y en ese momento me di cuenta que era yo, pero con tres años.

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SIN TÍTULO Por Martina Valin Estábamos cenando, con mi familia, en la silenciosa casa, riéndonos, disfrutando, cuando de pronto apareció aquella mujer de vestido blanco. Tenía los ojos negros, su mirada fría estaba clavada en mí. Todos la mirábamos temblorosamente… -Eh… bue… buenas noches… en… en qué la podemos ayudar- dijo mi primo entrecortadamente. Ya que estaba al lado mío aproveché y le di un codazo.

Con

los

labios

le

traté

de

decir

que

no

podíamos

hablarle

gentilmente. -No necesito que me hable gentilmente, sé que me tienen miedo- dijo la muchacha Se sentó en la mesa, en la punta, donde era el lugar de mi abuelo. El falleció cuando tenía diez años, después su lugar quedó vacío asique decidimos que nadie se iba a sentar ahí. Sentí una mano agarrándome, le vi la cara y era mi hermanita menor. -A esa mujer ya la vi, la conozco – dijo con miedo – Me la encontré en la puerta de la escuela. -¿Y qué te dijo? -Como me había tropezado con ella, sin querer, se molesto y dijo que alguna noche ella se vengaría – Le empezó a caer lágrimas. La abracé fuertemente. -Creo que hoy es la noche – Me susurré a mí mismo Volvimos a la mesa y había un lío, toda la comida estaba tirada en el piso, la mesa y las sillas estaban dadas vueltas. No sabía qué había pasaba, pero me detuve a mirar los ojos y todos los tenían rojos y estaban muy pálidos. Ellos vinieron a mí, comencé a gritar, no sabía qué hacer, solo estaba con mi hermanita que lo único que hacía era llorar… -¿Qué les hiciste? – Le pregunté a la mujer desesperadamente -Dije que me vengaría -Pero… déjalos, haré lo que quieras

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-Está bien – Levantó el brazo señalándolos y los paro, la verdad no supe cómo. -Lo que quiero es… Alguien me agarro bruscamente y me alejo de la mujer. -Hijo, no te acerques a ella, es peligrosa – Me advirtió mi madre. -Pero tengo que hacer lo que ella quiera – Le dije y me fui a la habitación principal donde la muchacha me respondería… -¿Qué quieres? – Le pregunté ya cansado de todo esto. -Lo que quiero es que te cases conmigo La miré con cara de asombro, ella tenía una sonrisa de pícara pero yo estaba en un estado de shock. Miré a toda mi familia y con un solo movimiento con la cabeza a los dos lados me dijeron ¡no!

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CUENTOS SOBRE UN TEATRO Y UNA ACTRIZ RESENTIDA QUE NO QUERÍA SER ABUELA

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EL CORAZÓN DEL TEATRO Por Lola Díaz -Basta no quiero hacer mas ese papel – protestó una actriz pero nadie la escuchaba -no quiero ser la abuela me dan otro papel o sufrirán las consecuencias. Al mediodía enojada fue almorzar a lo de su nieta, Rosa al verle tan enojada decidió entretenerla pero no hubo caso. -Me disculpás un momento- y se fue a su habitación .Rosa no era de espiar pero lo hizo vio horrorizada como su abuela tomaba una daga y la afilaba. -¡¡¡¡Abuelaa!!!! ¿Qué haces?- suplicó Rosa –no cometas una locuraRosa con los ojos llenos de lágrimas se fue corriendo y no la volvió a ver… Unos meses después la abuela vio un cartel que decía Atención la nueva obra “la traición” Autora: Rosa Pérez En el teatro nacional La abuela enojada agarro una daga y se encaminó hacia su destino. En el teatro tuvo que escabullirse y esconderse. Detectó a Rosa hablando con unos actores. Cuando Rosa estuvo sola, se acercó y alargó la daga y la apuñaló en su corazón. Suspendieron la obra y la asesina enterró al cadáver. Cada noche de luna llena, el espíritu de Rosa va al teatro se sienta sobre la araña y canta una triste canción sobre la muerte, la gente al escucharla se queda encantado con la voz de el espíritu y se queda sin alma, luego de esto el fantasma agarra las almas porque cada una forma una parte del “corazón del teatro”.

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LA DESAPARICIÓN Por Camila Romano -Otra vez no, no voy a soportar de vuelta se una abuela en la obra. Y así empieza mi vida, lamentablemente, en donde yo trabajo me toman como loca, por si no lo sabían yo trabajo en el teatro y siempre me toca ser una abuela, no es porque me toman como una loca como ya les dije o por algún otro tema. Nunca les pasó que sentís que sos más vieja pero cuando le preguntás a alguien te toman como loca, bueno a mí sí, he tratado de decírselo a mi psicóloga pero siempre que se lo voy a decir termina la hora, también he de salir del teatro pero tengo un contrato. Así que creo que toda mi vida voy a ser tratada como una loca y trabajar en el teatro teniendo papeles de abuelas, por eso voy a aceptar ser una abuela en la próxima obra. Faltaba media hora para que comience la obra, todos se estaban preparando

cuando

yo

tomé

una

pastilla

para

no

desmayarme.

Lamentablemente no sé si fue la correcta pero no creo que importe mucho. Ya me había puesto todo salvo la peluca y cuando me la estaba poniendo desaparecí, algunos pensaron que me había muerto, otros que era algún truco de magia, en realidad ni yo sé que me pasó, solo sé que estoy en un lugar oscuro contándoles una parte de mi vida.

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POR AQUELLAS EXTRAÑAS PERSONAS Por Santiago Soltz Eran las 3AM cuando a María Eugenia la llamaron para actuar en el teatro San Martín. Mira que ya no quiero actuar de anciana –dije. No te preocupes vas a hacer un papel importante- le dijo el director-. Por esa razón acepto aunque se haya dado cuenta que yo, Juan, el director la llamaba. El cual con ella no me llevaba bien. El día viernes conoció a todos los actores. En el ensayo con Mariana, una de mis mejores actrices, tenían que pasar con el guión en frente de mi, en un dúo. Ellas por ser la primera vez estaban nerviosas, tartamudeaban, María Eugenia tuvo el presentimiento de que les salió muy bien, yo también sentí eso pero les mentí y les dije que les había salido muy mal porque no le ponían interpretación al personaje. Volvieron a sus casas muy enojadas. Desde el sábado hasta el miércoles, que era el próximo ensayo, repasaban y actuaban frente a sus vecinos, sin el guión, y les salió mal. Yo sé eso porque estuve espiándola toda la semana por eso también veía como les llegaban mis cartas diciendo que yo moriría cada 5 minutos le llegaba esa misma carta. Yo veía que ella ni se daba cuenta que le llegaban esas notas, porque nunca miraba el buzón de su casa, la llame, y trate de que sea una voz desconocida, ella no pudo reconocerme y le dije que mire el buzón que había algo interesante, lo miro y se preocupo por lo que decía, se puso nerviosa y pensativa de que me podía ocurrir. En el próximo ensayo, que en realidad no fue un ensayo, si no una pérdida de tiempo. Porque María Eugenia preocupada por la nota me miraba con miedo de que me pasara algo y decía cuidado Cada 10, segundos e interrumpía la obra y teníamos que comenzar de nuevo. Para el día de la obra ni Mariana ni María se acordaban de lo que tenían que decir, les salió mal. Por esa razón para la próxima actuación en público, a María le puse el papel de una anciana lo que ella trataba de impedir. No me alcanzo con ponerle el peor castigo, e hice un plan era prácticamente

matarla,

para

eso

necesitaba

la

ayuda

de

Cinthia,

la

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iluminadora del teatro, el plan consistía en que ella tenía que ponerle la luz más potente del teatro al menos 5 segundos en la cabeza , sin que diera mucha luz sino se daría cuenta, eso era necesario para matarla. Ella no quería pero tuvo que hacerlo, porque yo la obligue. Y en el día de la obra lo hizo, Pero apunto mal y me dio a mi María se puso a pensar si lo hizo apropósito o tuvo muy mala puntería. Se paró la obra para ver como estaba. Está muerto dijo un médico que estaba presente en la obra. Al otro día María estaba acostada en su recama y recibió una llamada de Cinthia. Que pasa Cinthia, no tengo ganas de hablar después de lo que paso- le dijo María Eugenia. Te quería decir que Juan… Antes de que termine esa frase, escuche un grito muy fuerte provenientes de la habitación de mi hijo, Eso provoco que se despertara de esa pesadilla. Fue rápidamente a su cuarto a ver qué pasaba, no lo encontraba, miro debajo de la cama y nada. Dentro del ropero, revolví un poco la ropa y no lo encontró. Muy preocupada ella llamo a la policía, una y otra vez. Y nadie la atendía. Por eso es que tiro el celular al suelo y siguió buscando. Justo en ese momento una visión rara pasó por la cabeza de María Eugenia, y era como que ella sentía que yo desde el cielo le decía que no buscara más a su hijo o le haría daño a ella. No me hizo caso y siguió buscando. Hasta que llego al verdadero teatro San Martín, subió las escaleras y cuando iba a llegar al piso diez se tropezó al piso, y yo con mi hermoso cuchillo se lo clave en el cuerpo. Y todo era un plan que yo había inventado yo nunca había muerto. Y en la cárcel tras las rejas empecé a pensar porque le dije toda la verdad a los policías, y no les mentí cuando me dijeron que les diga toda la verdad. Sentía que muerta María Eugenia me estaba torturando para que diga la verdad.

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EL CUADRO Por Augusto Basilico CAPITULO I PRÓLOGO Hola, me llamo Lucía, tengo venticinco anos y trabajo en el teatro Colón. Tengo poco sueldo y tengo todos los los días el papel de abuela. A pesar de todo eso soy feliz. También estoy un poco preocupada, se puede decir que alguien me está siguiendo. Escribo esta experienca porque quiero compartirla con usted. Al lector que más convenga, le doy las gracias y le pido que comparta esto con todas las personas que conozca. Era un 25 de Julio de 2005. Yo estaba en mi camerino esperando que me dieran un papel para la obra “Hansel y Getel”. El director entró por la puerta neoentinadamente por miedo a que le lanze los cubiertos que yo tenía en mi mesa de maquillaje, pero no, yo en vez de enojarme, abrí la puerta y actué como debía hacerlo, luego del final de la obra mi novio llegó al camarín. -No te pongas mal- dijo -algún día te daran el papel de una mujer joven y hermosa. -Sí, eso espero. -Por cierto, me compraron un nuevo cuadro y quisera que me ayudes a colgarlo, en qué lugar ponerlo. Luego de llegar a la casa, pusimos el cuadro en un lugar viejo y desierto y lleno de telarañas. -¡Es un cuadro muy gótico Federico! (así se llamaba mi novio) -no me gusta- dije -¡Dios mio! Lluvia. -Era el único cuadro que estaban dispuestos a regalarme- respondió Además, hay un hoyo detras del cuadro, no voy a sacarlo.

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Había una razón por la cual había aquel cuadro, pero claro, nosotros ni podríamos saber cuál. CAPITULO II Adiós Federico Luego de colocar el cuadro en su lugar, me di cuenta de que era muy tarde, como no me gusta caminar sola de noche, decidí quedarme a cenar. Luego de cenar nos fuimos a dormir. Federico, como era muy amable, me dejó dormir en su cuarto y él se fue al cuarto de huéspedes, donde se encontraba el cuadro. No podía dormir, escuchaba ruidos extraños, algunos gritos y pensé que esos gritos venían de otra casa (en eso estaba equivocada). A la mañana siguiente toqué la puerta del cuarto de huéspedes para despedirme de Federico. Después de tocar la puerta varias veces me di cuenta de que él no respondía. Luego usé la llave que estaba colgada al lado de la puerta y vi a Federico tirado en el piso, del cuarto con un líquido en las paredes espeso y rojo (ya saben cual). Obviamente Federico había derramado sangre. Después de asegurarme si estaba muerto llamé a la policia y a la ambulancia. AH! pero antes de continuar el relato déjenme describirles el cuadro: el cuadro era un hombre de negro, encapuchado, con una oz en la mano, que ahora también estaba manchada con sangre. Lo único que me pareció raro era que lo único que estaba manchado en el cuadro era la oz, el resto estaba tal cual lo recibió de regalo. CAPITULO III Compañeras rumbo al infierno La ambulancia se llevo a Federico y la policia me hizo salir de la casa.

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Llegué a mi casa y cerré la puerta con llave. Para sacarme la angustia dencima me prepare un café y me hice un sanwich, y me puse a ver televisión. Pero no funcionó, aún seguía pensando en Federico y quien lo había asesinado. Me propuse entonces encontrar al asesino. Tenia a unos pocos sospechosos. 1: El director de la obra, porque seguro quería que me concentrara más en mis papeles. 2: Mis companeras de teatro, porque quizas quisieran pasar más tiempo conmigo. 3: Y lo que es mas probable que me digan “loca” por lo que voy a decir: EL CUADRO. Aun no sabia por que pero aun asi tenia su oz manchada con sangre. Espere a que sea medianoche y fui a la casa de Federico. Me encontre con los policias durmiendo e intenete caminar con puntas de pie para no despertarlos. Entre a la casa y cerre la puerta muy despacio y lentamente me acerque al cuarto donde se encontraba dicho cuadro. Abri la puerta! y ahi no me encontre solo con el cuadro: mis companeras de teatro tambien estaban ahi, acompanadas por el director. Estaban acostadas en el piso y con los ojos cerrados y ni me queria imaginar su estado. Me quede petrificada al notar que la silueta en el cuadro ya no estaba. CAPITULO IV Maldito cuadro Al parecer ya tenía claro quien había matado a mis companeras, a mi director y a mi novio. No pensé avisar a los policias por que me iban a tomar por loca, e incluso asesina. Asi que intenete salir de la casa inmediatamente. pero alguien me lo impidio, y ese alguien no era un policia, era la silueta del cuadro.

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Antes de que pudiera clavar el filo de su oz en mi pecho, me deslice por debajo de sus piernas y sali corriendo, a pesar de ser terrorifica,

la

criatura era muy lenta como para alcanzarme. Luego de haber corrido unos kilometros entre a mi casa y cerre la puerta con llave. Al decir que la criatura era lenta me habia equivocado: esta ya estaba dentro de mi casa. Fui corriendo a mi cuarto, pero antes de llegar a el, tropece y me desmaye en la escalera, la silueta debe haber pensado que yo habia muerto. CAPITULO V EpĂ­logo Cuando despertĂŠ me encontraba en mi casa, sana y salvada, aun seguia en la escalera, apenas me movi, cai por ellas. Alguien toco mi puerta, mire por la ventana y vi la silueta, no respondi, para fingir que staba muerta, pero quede horrorizada al ver la silueta mirandome a travez de la ventana. Ella sabia que estaba viva. Si no hubiera resbalado en la escalera no estaria aqui para contarles eso. Ahora estoy escondiendome en el teatro. Mi nombre es Lucia Dominguez y espero no morir en manos de esa cosa. Firma: Lucia Dominguez.

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NIETOS NO QUIERO Por Sol Cabrera Una actriz llamada Melisa siempre hacía el papel de anciana en todas las obras, un día se cansó de eso y se lo dijo al director, pero él le respondió que ya estaba algo vieja, y que seguro faltaba poco para que tenga un nieto. Así fue pocos meses después. Cuesta creer que Melisa no quería tener un nieto, pero para ella eso significaba ser anciana, pensaba que las abuelas eran viejas, e incluso ya empezaba a tener arrugas. Años más tarde, cuando su nieto ya había crecido, se puso a pensar: “¡Claro, mi nieto me hizo más vieja!, si lo mato” ,se dijo a sí misma, “¡yo volvería a ser joven de nuevo!, no me llamarían anciana, no tendría ninguna arruga, y tendría los papeles jóvenes de todas las obras, también volvería a ser hermosa”, luego caminó hacia la casa de su nieto, lo único que se vio fue una sombra de una mujer con un cuchillo que bajó y se escuchó un grito. “¡Debo estar hermosa!” pensó ella, pero cuando fue a mirarse al espejo, estaba muy vieja, mucho más que antes. En consecuencia Melisa se había vuelto cien años más vieja.

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PARA MÍ FUE ÉL Por Catalina Pintos Villanueva Me llamo Caterin, tengo ojos verdes, pelo castaño y mi altura es correcta para mi edad. Hoy es el 14 de junio, mi madre se llama Juliet II, es actriz de New York, Madison Square Garden. Hoy va a actuar en la obra de Stim Dogton a las 10 pm y la obra terminará a las 12 pm. Ella en general siempre llega a las 12.25 pm, todo el mundo estaría allí, Jeny y yo, perdón me olvidé de decirles que Jeny es la señora que me cuida. Ya eran las 12.56 y mi madre todavía no había llegado, Jenifer y yo nos habíamos asustado demasiado y decidí llamar al teatro, pero antes de que pudiera recoger el teléfono, me ganaron de mano, atendí y me dijeron que eran del Hospital. No quería saber nada más, así que le di para atender a Jeny. Pasaron sólo veinte segundos más y Jeny cortó, dejó el teléfono en la mesada, dio un giro sorpresivo y me miró con cara pálida y sus ojos lagrimosos, con un tono bajo, me hace saber que mi madre ya estaba… muerta. Fui corriendo hacia mi recámara y me quedé llorando por horas, minutos más tarde bajé las escaleras, y le pregunté a Jeny qué o cómo había ocurrido esto, y me respondió que la habían asesinado en su camerino, me dijo que le habían clavado un cuchillo en el pulmón izquierdo y me dijo que el cuchillo estaba en el hospital, en la habitación 408. Fui a buscarlo y me lo quedé como pista. Desde su muerte, juré que cuando tuviera su edad iba a matar a todos los que merecían su muerte. Pero antes de mi futuro, tenía que entender que

yo

debía

matar

al

que

creía

responsable,

John

Terrison,

mejor

pronunciado como “JT”, las iniciales grabadas en el cuchillo que le clavaron a mi madre. Ese sujeto no era ni más ni menos que el dueño del teatro, quien le debía una gran suma de dinero a mi madre, y ¿qué otra cosa le quedaba además de matarla? Hoy 18 de agosto de 2014vestoy aquí, en el camarín de mi madre, buscando alguna pista más para comprobar quién era el asesino. Al mirar hacia la puerta, veo que la manija gira lentamente y yo rápido me escondo

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entre la ropa de mi madre y veo entrar a “JT”, aprovecho, era mi momento, y le clavo el cuchillo en su pulmón izquierdo, al sacar el cuchillo con fuerza veo que en el cuchillo no hay sangre, pero al mismo segundo, siento varias puñaladas en mi espalda, pero era demasiado tarde para girar y darme cuenta quién era el correcto asesino, porque ya estaba muerta.

EL MISTERIO DEL TEATRO COLÓN Por Valentina Escayola Odio que todas las veces me hagan hacer el papel de anciana, pero no sé si es porque me tratan de vieja o porque hago muy bien el rol. Yo trabajo en un teatro, el Teatro Colón. Sí, ahí es donde trabajo. El teatro es muy grande y elegante, me llevaría mucho tiempo describirlo. En el ensayo, el director me felicitó por mi buena actuación, lo miré con una sonrisa forzada. Él nunca me ha caído muy bien, pero traté de disimularlo. Faltaban dos días para aquella obra cuando decidí ir al teatro para ensayar una vez más. Cuando llegué estaban todos alterados, pero no más que de costumbre. Fui preguntando uno por uno qué ocurría, nadie me contestó hasta que el iluminador me dijo exaltado: – ¡No lo puedo creer! Fuiste vos. Lo miré con cara de sorpresa, pero a la vez con odio. El día de la obra me estaba maquillando para el espectáculo. En el momento final las luces se apagaron completamente. En el oscuro cuarto se escuchó una fuerte tos. Un grito se oyó desde la sala de iluminación, asomamos las cabezas hacia arriba. El escenógrafo fue a averiguar qué había pasado. Los rumores eran ciertos. El iluminador había muerto ya que el dedo estaba mordido, parecía mordido por un animal doméstico. Nadie sabía por qué murió, excepto yo. Me escapé con mi perro, el cual ya no era un simple perro. Ya había matado a dos personas.

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SIN TÍTULO Por Facundo Aizinas Una tarde fría de invierno una persona trabajadora llamada Mariana estaba reclamando al director de la obra que le daba siempre papeles de anciana hasta que el director la mató. A los nueve días de esta muerte el director de la obra estaba en su casa a las 5 am. Se despertó cuando de pronto con los ojos medios cerrados vio a un fantasma, bien dicho al “fantasma de Elena”… A los ocho días volvió a aparecer y volvió a asustarse. Después a la semana se lo contó al barman, un amigo de confianza, él lo trató de tranquilizar pero no pudo. En esa misma noche apareció muerto en su habitación. Todos sus familiares buscaban la razón hasta que encontraron una carta que decía “los fantasmas también matan”…

EL COLLAR MALDITO Por Azul Battagliotto Esmeralda era una chica multimillonaria que vivía del teatro, el problema era que en todas sus obras le tocaban personajes de vieja .El de este año fue el de una psíquica, que en la última escena muere y la obra se volvió realidad. Todo empezó así: Una mañana muy común cuando tenía que ir a ensayar me encontré con una amiga de la infancia, llamé al director de la obra malhumorada (mi humor natural, ya todos saben la razón) y le dije que llegaba tarde. Fui a su casa, era muy extraña, me dijo que se enteró de lo de mis personajes y me dijo que me podía ayudar a vengarme .Estela (que así se llamaba) era perversa, una especie de hechicera de magia negra, me dio un collar que según ella tenía algo especial que tenía que descubrir

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Fui al teatro y todos estaban esperándome muy enojados, el vestuarista me dio el traje y mientras subíamos las escaleras noté que mi collar brillaba y el vestuarista se desplomó por las escaleras, yo salí corriendo, pasó lo mismo con el telonista, cuando subíamos las escaleras para que me cuelgue y se cayó, volví a salir corriendo, luego de pensar un rato lo que el collar provocaba me di cuenta, pero en ese momento terminé apuñalada como moría la psíquica de la obra.

LA MUJER MISTERIOSA Por Natalia Sivina María estaba cansada, porque siempre le daban para representar papeles de ancianas en todas las obras en las que ella actuaba. Fue con Carlos, el director de la obra -pero no del teatro- a decirle si podía representar otros papeles. -No, lo lamento, no es posible, ya están todos los personajes ocupados, jodete- dijo el director. -Pero aunque sea en la próxima obra- chilló María. -No tampoco, ya están todos los personajes ocupados y vos vas a hacer de anciana, obviamente-Si ni siquiera tiene otra obra pensada- se quejó ella. -Ya sé, pero algo se me va a ocurrir, así que mientras tanto, jodete- le comentó Carlos a María y se alejó hasta su camerino exclusivo. María, muy furiosa, se fue hasta su camerino que compartía con otra actriz. Ya estando ahí, se sentó en su silla frente al espejo y miró su reflejo. Media hora después, todos los actores y todas las actrices, el director y toda la producción estaba lista para el primer ensayo de la obra “La Anciana”, excepto María. -¡Vamos, anciana, digo María!- gritó el director.

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Ella salió de su camerino, caminó por el pasillo y subió al escenario. Logró visualizar a Carlos y lo miró siniestramente. Él sintió que los labios se le secaban, se los tocó y los tenía secos. Carlos salió corriendo hasta su camerino. Nadie entendía lo que pasaba, pero María sí. A los diez minutos, Carlos ya estaba sentado en su silla en la que atrás, en el respaldo decía: “El Director”. Ya estaban en la segunda escena, cuando apareció María vestida de anciana, obviamente. Ella volvió a mirar al director. Esta vez, a Carlos le ardían los ojos. Estaba desesperado, entonces gritó: -Ayúdenme, me arden los ojos, se me secan los labios, ¿Qué me pasa?Los iluminadores, los vestuaristas, los actores y actrices se acercaron a ver qué le pasaba. -Cada vez que María me mira a los ojos me pasa algo- se quejó Carlos. -Está bien, trataremos de que no veas a María a los ojos- comentó José, el asistente de Carlos. El ensayo siguió hasta que terminó. -Fueron unas largas dos horas- comentaron los actores. Carlos fue hasta su camerino. Cuando llegó allí, se lavó la cara con agua fría muchas veces y se quedó pensando. Al rato salió de su camerino y accidentalmente se chocó con María. Se miraron y esta vez, a él se le secó toda la cara y se puso blanco. Cayó al piso. Nadie estaba mirando lo que había ocurrido. Se comprobó que él estaba muerto. María salió corriendo. A los minutos ya habían visto a Carlos muerto. No sabían por qué ni cómo ocurrió, pero supusieron que había sido por las cosas que le habían pasado a Carlos. No volvieron a saber de María ni de cómo logró que Carlos falleciera.

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LA REALIDAD DE M Por Catalina Carmassi -¡Contame otra historia!-Decía Clara a Muriel, su fantasiosa abuela. -¿Otra más? recuerdo que a tu hermana no le contaba tantos. -¡Ella ya está grande! ¡Apenas tengo seis años! -Está bien- Cedió Muriel. Esta historia se trata de una pequeña niña llamada Ana. Ella tenía una abuela a la que le decían “Mimi”. Mimi trabajaba de actriz en un teatro llamado “La boina roja”. Aunque Mimi odiaba su trabajo, debido a que nunca le daban un papel protagónico, ella disfrutaba mucho con su nieta Ana. Un día la abuela decidió llevar a su nieta a ver un ensayo para su obra llamada “La Realidad”. -Espera abuela- interrumpió Clara. -Mimi quiere mucho a su nieta ¿No? -(Ejem…) ¡Claro que sí!- Insistió Muriel -La quiere como vos me querés a mi ¿Verdad? -Si…- Respondió Muriel -Como te decía… Cuando llegaron al teatro Ana se sintió muy feliz. Ya había comenzado el ensayo y Ana comenzaba a aburrirse, entonces Mimi la tomó de la mano y ambas subieron al escenario. Ana miró al frente y se dio cuenta de que todo comenzaba a transformarse y todo tomaba forma a un lugar sombrío y húmedo. Mimi dijo: -Aquí es -¿Acá?- Preguntó Ana confundida -¿Te acordás de cómo se llamaba la obra? Ana asintió con la cabeza. De pronto la abuela comenzaba a debilitarse, se tambaleaba, hasta que cayó al suelo. Ana se desesperó mucho, la abuela no reaccionaba y en segundos Ana cayó con Mimi. -Que fea historia- Dijo Clara -Se volverá aún peor, será más real.

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La casa de Muriel se volvió igual al escenario de la historia. Se escucharon gritos agudos y llantos. Clara le preguntó a Muriel: -¿Cuándo me viene a buscar mi hermana? -Demasiado tarde-No entiendo lo que decís ¿Me querés verdad? Recuerda la historia, recuerda la historia esas fueron las últimas palabras que Clara escuchó.

SIN TÍTULO Por Martina Valin Yo, una mujer de pocos recursos, me ganaba la vida siendo actriz en una obra no muy conocida, pero para los conocidos sí. Sin embargo, al director no le gustaba mi actuación, siempre trató de despedirme, pero al público le encanta. Una semana, antes del gran día, me llevaron al hospital. Una enfermera anciana me estaba llevando una sopa a mi habitación. Realmente estaba rica, pero sentía algo raro. Al cabo de tres horas mi piel comenzó a secarse, mi pelo empezó a aclararse y no sentía mi cuerpo. Los médicos dijeron que mi muerte llegaría pronto tan solo por algún alimento que haya comido. Por tres días todo el hospital y mi familia estaban dudando de la anciana, pero mi teoría era que una simple y típica abuela no podía hacer eso. Elena, la anciana, se había cansado de todo esto, ya no lo soportaba. A la mañana estaba decidida que iba a empezar a investigar sobre la mujer. Por amigos se entero que yo era una gran actriz en una obra que representaba a una abuela. Elena tenía un gran plan en mente para saber que ella no había sido. Se contactó con el director para invitarlo a tomar un café a la mejor cafetería de Nueva York, Stumptown Coffee Roasters entre la Quinta Avenida y Broadway.

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El director parecía un hombre pulcro y vestía muy bien. Charlaron por horas y horas, lo que a Elena le sorprendió era que iba a suspender su gran obra solo porque la actriz no estaba. La anciana le planteó al hombre si ella podía remplazar a la mujer demostrándole a todos que ella no era la culpable, el hombre lo pensó pero tan solo en un minuto me respondió con un sí ya que solo quería salvar su obra… El gran día había llegado, los ancianos de la residencia ya estaban en sus lugares, la familia mía estaba también ya que al final de la obra me iban a hacer un recordatorio. Primero que nada Elena salió de escena y trato de decirles que no había sido ella y con esta obra lo iba a demostrar. Empezó la obra perfectamente, pero en un momento de la obra que era mi preferida y que iba a salir, por primera vez Elena… Las puertas principales del teatro se abrieron y aparecí… ¡Yo! Todos me miraban, no lo podían creer hasta que me acerqué a la anciana y la abracé, con los labios le agradecí. Hasta creo que todavía menos entendían. Les comencé a explicar que al final todo lo que me había pasado era por la sopa pero Elena no tenía nada que ver… Yo había reflexionado mientras mi corazón paraba de latir y me había dicho a mi misma que el director lo había hecho ya que el no me quería. Bueno esta fue mi historia que les contaré a mis nietos, gracias por todo. Para: Elena De: La mejor actriz de Nueva York

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DETRÁS DE SU ESPALDA Por Martina Menke López Abrió la carta y leyó:

Te informo que tenés el papel de la abuela “Marta” en la obra “La rosa en otoño” Manuel. Manuel era un director muy reconocido y amigo de Ana, (Analia). Bueno, eso decían, aunque en realidad Ana estaba cansada de que siempre le pusiera un papel de anciana. Días después, cuando todos los actores y el equipo de producción se encontraron en el teatro para ensayar, Analia se quejo de su papel y exigió el papel de “Melina”, como Manuel se negó a dárselo ella renuncio y se fue diciendo: -Me voy a vengar… lo juro… Luego de unos días volvió y decidida a matar a Manuel tomó un cuchillo en su mano derecha y su cuello contra la pared en su mano izquierda, un segundo

después

el

cuchillo

ya

estaba

en

el

pecho

de

Manuel,

inesperadamente se desintegro convirtiéndose en un montón de plumas negras que volaban por todo el salón, el guionista, que había escuchado los gritos de su director, corrió hasta el salón y rápido Ana se dio vuelta y clavó el

cuchillo

en

su

ojo,

incontables

plumas

volaron

nuevamente,

Ana,

sobresaltada corrió hasta salir del teatro, miro de un lado a otro y cruzó la calle, se fue a su casa. Al día siguiente regreso al teatro, sabía que todos iban a estar ahí ya que querían inventar una obra de toda la vida de Manuel, estaban sentados en una mesa y cuando entró, la miraron, ella venía con una mano detrás de su espalda, sacó una pistola y disparó hacia arriba, luego al vestuarista, como ella esperaba se convirtió en infinitas plumas negras que volaban, le faltaba una sola persona, el actor, ella lo miró y el intentó correr a la calle pero ella disparó.

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Y aquí estoy yo, como soy la única persona que sabe la historia, Ana está parada y yo tirado en el suelo, mirándola, tiene un arma y está a punto de dispararme.

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MUERTE DOBLE Por Nazareno Centioni Era una noche tormentosa, el público entraba por la puerta delantera mientras los personajes de mi obra entraban por detrás. No me imaginé que al final de la obra Ana, la del papel de abuela, se suicidaría, ficcionalmente claro. Los demás actores aunque sorprendidos improvisaron junto a ella, sin entender por qué había cambiado el libreto sin previo aviso. Al finalizar la obra interpelé a Ana, quería saber por qué había arruinado la obra. -¿Cómo pudiste suicidarte?- le pregunte. -No soportaba más ese papel- respondió ella. -El problema es que arruinaste la obra- le dije. Sin querer responder más a mis preguntas se retiró precipitadamente. Me vengaré, pensé en ese momento. Una hora después salí de aquel lugar, muy enojado todavía. Ahora debía pensar otro final. Llegué a mi casa me di un baño y me dormí. Al día siguiente regresé al teatro y estaban todos a excepción de Ana que había decidido no pertenecer más a mi obra. Ese día fue complicado, tenía que pensar un nuevo final. Luego de tres meses decidí como iba a ser ese nuevo final. Presentamos nuevamente la obra un sábado, esa noche no llovía y el final resultó perfecto, solo faltaba algo. Me subí al auto con dos hombres y nos dirigimos a la casa de Ana, uno de ellos forzó la cerradura y logramos entrar, íbamos armados, Ana estaba en su cuarto, todo fue muy rápido terminamos con ella según lo planeado y nos retiramos de la casa. Ya pasaron veinte años y el caso no fue resuelto.

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AQUELLOS EXTRAÑOS OJOS NEGROS Por Nazarena Campo Freire Ya eran las 12 de la noche, cuando nos habían informado qué papel nos iban a dar en la obra de teatro: “Son las cinco con cinco muertos” a mí me gustó mi papel, igual que a todos los personajes salvo a Jennifer que era una mujer llena de oscuridad y maldad, ya que siempre le tocaba un papel de anciana. Esta mujer, cada vez tenía más oscuridad, siempre cuando pasaba un niño lo pisaba o lo molestaba por maldad, ni siquiera se divertía solo molestaba, parecía que lo único que le importaba era el teatro todo el día y la noche se la pasaba actuando y nada más dormía dos o tres horas. Yo cada vez notaba que se volvía más pálida y sus ojos. No saben la piel se le veía blanca, pálida y sin emoción mientras sus ojos eran de un color negro tan negro que su pupila no se le distinguía, respondía mal a todo el mundo. En especial al director de teatro, Sebastián, al que odiaba, y a nosotros los actores directamente no nos hablaba, nos miraba con ojos amenazantes y llenos de oscuridad. Al pobre conserje, que se moría limpiando todo el día, para que después, Jennifer lo echara a perder, nada más lo que hacía eran crueldades, sin amor, sólo con odio y venganza, por nada. Un día antes que vayamos a la función por la mañana, Jennifer desapareció sin dejar rastro a donde fue. La mujer perversa, que no tenía corazón, se fue sin dejar rastro, lo repito, porque es impresionante. Cuando Jennifer desapareció fue un alivio para todos, salvo para el director de teatro, que lo notaba extraño, como asustado, con un temor interminable, en cuanto a la obra: “Son las cinco con cinco muertos”. El papel de la abuela era un papel importante en la historia, pero no era lo que más le importaba. Ese terror que sentía, se debía a la muerte de Jennifer, y desde su muerte sentía que le absorbían el alma y no lo quería soltar. Se fue muy rápido a su casa, con mucho miedo a morir, se fue a dormir… Fue por la mañana cuando nos enteramos que Sam había fallecido y no

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se supo porque ya que no se le encontró herida alguna y no estaba envenenado… La obra de teatro se modificó y se realizó, llamándose:”Por la mañana, dos muertos”.

VENGANZA Por Noam Basin -Vamos, vamos. Una vez más, todo completo- Decía y decía Bob, el director de la obra del 6/2, era el 5/2 -¿Otra vez?-Sí, estamos cansados- Decían los actores y actrices. Helen le tenía un odio especial, particular, pero ese odio tenía una razón: Bob siempre le hacía actuar del papel de anciana, siempre decía lo mismo: "¿Sabes? si lo hago, por algo será" -Tiene que salir perfecto ¡Es mañana!- Después de tanto estrés Helen y Sarah, su mejor amiga que actuaba con ella en la obra, se fueron como siempre después de trabajar, al restaurant de Bruce, el asistente del director. -Lo odio- Helen se quejaba todo el tiempo, estarás pensando ¿Por qué Helen trabajaba ahí si lo odiaba? La familia de Helen llevaba eso en la sangre, ella también. No había ido a la escuela, así que no tenia educación como para tener un empleo. -Me vengaré Sarah, juro que me vengaré de todo este tiempo -Tranquila, nadie lo soporta, pero es el que tiene nuestra economía en sus manos. -No me importa, me voy a vengar. -Y… ¿si vas a un no sé, psicólogo? -No, no. Yo voy a cambiar mi libreto- Lo que le dijo Helen a Sarah no fue un chiste, Helen cambió su libreto; esto fue lo que paso el día siguiente -Bueno gente, buena suerte. -¿Estás lista, Helen?

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-Sí, eso creo- Cuando la obra había empezado. Después de un rato y muchas confusiones de los actores y actrices, Helen los confundía lo más que podía, por ejemplo -Abuelita, ¿que debería hacer? -Suicidarte- Cosas así o parecidas. Cuando la obra terminó, lo primero que hiso Bob fue despedir a Helen, cuando Helen volvió a su casa, como ya estaba pasando los limites de locura, fue idear un plan, pero para asesinarlo.

EL TEATRO EMBRUJADO Por Roque Giordani Eran las 3 de la tarde cuando el teatro que quedaba sobre la calle Mosconi iba a hacer su primera función. Y en esa obra actuaba Marta una chica tacaña de edad media esta función hubiera sido la mejor para ella la mejor si no le hubieran dado el papel de anciana. Esta idea le había provocado dentro de ella: ganas de venganza, envidia por la que se había robado su papel. Mientras a ella sentía eso se dirigía a su obra. Y justo cuando caminaba a la puerta que dirigía al palco empezó a sentir poderes y pensó si tengo poderes puedo deshacerme del director y justo había pasado el director y ella lo miró fijamente a los ojos el director cayó muerto y así comprendió que tenía el poder de matar personas y así siguió matando a las personas que mas odiaba capaz el poder que tuvo fue por la envidia que tuvo ese poder. Y un día mientras ella estaba en su casa se miro al espejo y murió la razón por la que ella murió fue porque se había visto al espejo.

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EL CUADRO MALDITO Por Milagros Ércoli Lo que les voy a contar ahora ni yo lo puedo creer… Era un Viernes 12 de Noviembre, cuando a Evangeline, una actriz de treinta años, nuevamente le tocó hacer de anciana en “Caperucita Roja”, ella estaba enojada porque hacía diez años que estaba pidiendo hacer de la madre y siempre le daban a ser de abuela, un día el director le pidió si podía utilizar su casa para el ensayo, Evangeline no tuvo más opción ya que había una comedia musical ensayando todo el día en el teatro. Al otro día Noelia, la niña que hacía de caperucita, fue a la casa de Evangeline para el ensayo (ya vestida de caperucita) y en la puerta estaba Evangeline (también ya vestida pero de abuela) y hablaron un poco, cuando entraron a la casa Noelia se asusto con un cuadro que era la boca de un lobo abierta con ella adelante, Noelia le preguntó a la mujer porque estaba ella en ese cuadro y la mujer no le contesto. Cinco horas después Noelia se fue a su casa y Evangeline se empezó a reír… El día de la obra, la madre de Noelia llego al teatro y dijo que no encontraba a su hija, cuando faltaban cinco minutos para que empiece la obra la dieron por desaparecida, Evangeline y los demás actores se quedaron con la madre un rato más, cuando Evangeline volvió a su casa el cuadro era únicamente

la horroroso y peluda cara del lobo, pero cerrada, a los dos

minutos la policía entró a la casa de Evangeline y buscaron por todos lados, cuando se estaban yendo, se escuchó una vos que decía: -El cuadro… el cuadro…- la policía agarró el cuadro y lo rompió, el alma de Noelia se liberó y la mujer fue a la cárcel.

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MUERTE CONFUSA Por Santiago Goldfarb Era un sábado, día soleado, las nueve de la mañana, la abuela, Marta, estaba desayunando con tostadas y un té, estaba leyendo el periódico como hace habitualmente. Ella era actriz trabaja en el teatro y estaba enojada de que siempre la hacían actuar de anciana porque ella quería actuar de otra cosa. Estaba pensando que el lunes tenía que actuar otra vez de anciana, entonces estaba acordándose la letra. A las nueve de la noche Marta hizo una cena invitó a sus amigos, al director del teatro y a su hijo Juan. Estaban cenando y a marta le pasó como una visión por la cabeza y les contó a todos los que estaban cenando, les dijo que la hermana y la mamá del director mañana se iban a morir y todos se fueron muy asustados y Marta se acostó con miedo. A las tres de la tarde del domingo Marta estaba leyendo su papel para la obra y de repente escucho el ruido del teléfono que estaba sonando, ella atendió el teléfono era el director el que llamó le contó que su hermana y su mamá habían muerto, la abuela corto de inmediato y se quedó con mucho miedo, se quedó pensando que era verdad lo que había dicho entonces se puso a ver la televisión en su cama y se quedo dormida, cuando se despertó se puso a leer lo que tenía que decir para estar segura y la abuela empezó a tener varias visiones una era que la obra iba a terminar mal, otra que iba a morir el director, otra que un actor se iba a desmayar. Después, a la noche se fue a cenar con su hijo a un restaurante y le contó todas las visiones que tuvo y se quedaron hablando de eso por una hora y después se fueron a sus casas. Marta apenas llegó se fue acostar. Cuando se levantó se puso a leer el periódico y después tuvo otra visión que su hijo estaba en el cementerio. A la tarde se probó el disfraz y lo coció porque a la noche era la obra. A las nueve de la noche Marta fue a buscar a su hijo para llevarlo a la obra, Marta cuando estaba en los camarines escuchó el ruido de la puerta, la abrió y era el director que le dijo que era verdad lo que había dicho Marta, pero a ella no le importó y se fue corriendo por que tenía que salir en la última escena, cuando ya estaba

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terminando la obra una actriz se desmayó y como no pudieron seguir la obra la gente se empezó a enojar y a tirar basura. Cuando la abuela estaba acostada se quedó pensando lo que pasó. Al día siguiente Marta estaba dormida y le suena el teléfono, ella atendió y le dijeron que el director había muerto porque le tiraron una lata en la cabeza. Después de una semana el hijo de Marta estaba en el cementerio sentado al lado en la tumba de su mamá por que Marta había muerto envenenada y yo el vecino de ella, estoy haciendo esta nota para el periódico y las palabras que le dijo el hijo fueron "Mamá nunca te voy a dejar".

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TENDRÍA QUE HABERLE DADO OTRO PERSONAJE A ANA Por Catalina Cobián Dos horas antes de su obra, Ana, una talentosa actriz de teatro, se lamentaba sentada a una mesa del “Café Colorado” (el lugar en el que yo trabajaba), pues otra vez la habían contratado para interpretar a una anciana, el director Emanuel le había pedido que actuara de una abuela millonaria con una hija difunta y una nieta a la que cuidar, que al final terminaría muerta. No parecía muy anciana, pero gracias a todas las tinturas que le hizo a su cabello, este había empezado a machacarse antes de lo deseado, y gracias al estrés, su cara tenía unas pocas arrugas. Igualmente era muy hermosa, yo la amaba. Me acerqué a ella y le dije -¿Está atendida señorita?-No- contestó ella. -¿Desea algo?- le pregunté. Me pidió que le llevara un café con un poco de azúcar. Aunque yo sabía todo de ella, ella no sabía nada de mí. Cumplí con las órdenes y le lleve su café. -Me enteré de que hará una obra- Le comenté. Me respondió que sí, y me invitó a que fuera ya que necesitaban vender más entradas. Cuando ella abandonó el café, corrí hacia mi casa a prepararme para ver actuar al amor de mi vida. Llegué al teatro y me senté en donde me indicaba el boleto. No había mucho público, tal como me había dicho Ana. Cuando empezó estaba ella, tan radiante como un sol, vestida de anciana, pero igual hermosa… La obra termino a las 9.00 de la noche y entré a los camerinos para felicitar a Ana. Cuando llegué Ana estaba ya cambiada y desmaquillada, escuché que un actor le decía “Che vieja, no hace falta que te pongas la peluca” y una joven que actuaba de mucama le decía “Ya terminó la obra, sacate la máscara” y luego todos se reían de ella. Ana no les prestaba atención, pero note que sus ojos serios y distantes se tornaban llorosos por un instante, cuando me vio me saludó y me presentó a sus compañeros de

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elenco: María, Peter (el que la había insultado), Priscila (la que le había dicho vieja), Paulina, Liam, Diego y Penélope. Todos la burlaban por culpa de su personaje. El director Emanuel entró de repente y dijo -¡El público quiere más obras!-¿¡Qué!?- gritó Ana –Me darás otro papel ¿verdad?-Claro que no- dijo el director con despreocupación -tendrás el mismo papel que ahora- Pero tú me prometiste que si había más actuaciones me cambiarías de personaje- replicó ella -lo prometiste por tu vida- Si, y ahora lo desprometo por mi vida- dijo él, y luego se rió de su propio chiste. Ana se enfureció y se fue refunfuñando. Según lo que Emanuel dijo, harían mucha publicidad, tendrían mucho público y todos los actores recibirían más cantidad de dinero. Habría diez funciones más y, claro, yo iría a ver todas. Al día siguiente volví al teatro y el director me pidió que me encargara de la música, ya que el encargado había sido atropellado por un auto el día anterior. Fui tras bambalinas y noté que Peter tenía conjuntivitis en los dos ojos, una conjuntivitis notable. Sus ojos estaban tan hinchados que tuvo que actuar con lentes de ciego en la obra. Lo mismo pasó al día siguiente, pero con María, que tenía amputado un brazo y tuvo que actuar incorporando la situación del yeso. Al día siguiente le toco a Priscila, que tenía moretones por todas las piernas, y eso que ella tenía que actuar con falda. Y así le fue sucediendo a todos los actores durante esos nueve días, pero lo más curioso es que a Ana se la veía más joven,

ya no

tenía ninguna

cana en el pelo

y

sus

arrugas

estaban

desapareciendo, mientras todos se debilitaban ella se reforzaba. El décimo día era la obra final, la sala estaba repleta y las entradas agotadas, pero cuando fui a trabajar con la música no encontré al director ni a Ana, supuse que estarían en los camerinos preparándose, pero cuando llegó el momento de la obra, nadie salió. Esperamos unos minutos más, pero nadie salía. Enseguida fui a revisar los camerinos. Vacíos, y sin rastro de haber sido

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usados aquel día. Subí al escenario a decirle al público que no cundiera el pánico, que seguro los actores estarían retrasados porque habría mucho tránsito. Esperamos una hora, pero nadie llegaba. En ese momento me empecé a inquietar, esperamos otra hora y nadie llegó. Nos desesperamos y llamamos a la policía, fuimos a registrar las casas del elenco. Vacías, al igual que los camerinos. En las noticias publicaron fotos de todos los desaparecidos. Todo el público volvió a su casa, pero yo me quedé con la policía. El teléfono sonó, y a través de él se escucho la voz grave de un hombre que decía haber visto a María en las vías ferroviarias, fuimos y ahí estaba ella, recostada sobre las vías, muerta, sin el brazo que antes tenía amputado. Hubiéramos intentado rescatar el cadáver, pero justo en ese momento el tren pasó sobre la difunta María y destruyó el cuerpo. Recibimos más llamadas, una diciendo que habían encontrado a Peter sin sus ojos y a Priscila en un río debajo de un puente, sin sus piernas, incluso a Diego que había tenido tos, lo encontraron ahorcado de un árbol. Todas las muertes tenían que ver con las enfermedades, excepto la del director; lo encontramos en su oficina, y en su estomago tenía escrito con un cuchillo (o eso suponemos) “tendría que haberle dado otro papel a Ana”. Era curioso, habíamos encontrado a todos menos a Ana, todas las enfermedades que los actores habían tenido y además el estómago del director con esa frase que me rondaba por la cabeza… Enseguida me di cuenta quien había sido, pero me callé

y fingí no saber

nada. Ahora tengo cincuenta años, estoy casado y tengo tres hijos, uno en la universidad, otro trabajando y otro en la secundaria. Siempre les cuento esta historia, pero jamás les dije que está basada en hechos reales…

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AL MATAR LO INESPERADO VIENE Por Miranda Rodríguez Una mañana Daniela viajaba al trabajo como todas las mañanas pero esa era especial. Ella trabaja en un teatro, en el teatro Colón ese día en el teatro darían los papeles para la nueva obra “De tal palo tal astilla”. Al llegar, muy emocionada, se dirigió al salón principal donde se encontraba el director de la obra, llamó a Daniela y los siete actores para darles los papeles de los personajes en la obra. El director se dirigió a todos y le anunció: - Bueno hoy les daré los personajes de la obra ¿OK?, Larry tu vas a ser el niño, Juan tú serás el padre, Ignacio… etc. Daniela a ti te toca la abuelaDaniela muy sorprendida dijo: - ¡No me niego a tener ese papel! ¿No habrá otro?- No Daniela, no lo hay o te conformas con ese o te sacaremos de la obra, usted decide– le contestó enojado Muy afligida decidió quedarse y actuar en la obra. Una tarde después de ensayar se dirigió a su casa. Al llegar abrió la puerta se puso cómoda y fue al baño a lavarse la cara, cuando se dijo a sí misma: - ¡No Daniela no tendrás ese papel de baja categoría! ¿Y si le ocurre algo al personaje principal?Mirándose al espejo se sonrió a sí misma pensando qué le podría pasar al personaje. Al día siguiente en el teatro se llamó a todos los actores para poder ensayar. Pero uno de ellos, el estelar, no aparecía. Revisaron todos los rincones del teatro menos el camarín. Cuando se dirigieron a la puerta del mismo vieron que en uno de los sillones se encontraba acostado el cuerpo de la estrella con una daga en su espalda.

Revisaron el cuarto, donde

encontraron como pista un zapato. Era un zapato peculiar, poca gente usaba estos modelos y una de esas personas era Daniela. Luego de charlas y conclusiones llegaron a un acuerdo en que no pudo ser Daniela porque en ese momento estaba con ellos. Varios días después de la muerte de la actriz, Daniela viajaba al trabajo de nuevo. Al llegar el director citó a todos los actores para un nuevo aviso:

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- Gente nuestros patrocinadores se enteraron de todo y nos dieron unos siete días para terminar la obra- ¿Quién remplazara a la estrella?- dijo uno de ellos Daniela se ofreció,

pero el director

ya tenía un reemplazo que

lamentablemente no era ella. Muy enfurecida tomó sus cosas y partió de nuevo a su hogar. Nerviosa abrió la puerta tiro sus cosas, se puso cómoda y pensó: -El director es muy injusto tú no tendrás ese papel ¿Y si algo le pasa al remplazo?- se sonríe a sí misma. Al día siguiente para ensayar se requería a todos los actores pero uno de ellos faltaba y ese era el remplazo. Nuevamente emprendieron una larga búsqueda, después de horas de buscarla uno de ellos la encontró. Ella estaba en su camarín recostada en un sillón, con una daga en el medio de su estrecha espalda. El director muy apenado saco una lista de su bolsillo y tachó su nombre, luego tomó su celular y marcó un número. Al atender dijo: - Hola… ¿sería tan amable de pasarme con Cristina por favor?... graciasTodos

los

actores

escucharon

atentamente

la

conversación

y

se

preguntaban ¿Quién era esa tal Cristina? ¿Para que la llamaría? Al cortar, Daniela muy curiosa preguntó: -Y… ¡¿Se podría saber quién es esa Cristina?!- preguntó exaltada -Será la nueva suplente– contestó con firmeza Daniela enfurecida marchó a su hogar llegó e hizo lo mismo que la noche anterior, se puso cómoda y repitió las mismas palabras; las noches y las muertes se iban haciendo más frecuentes, sin darse cuenta en cada caso ella dejaba alguna prenda olvidada, así sucedió con todos los reemplazos hasta que Daniela logro llegar a el papel principal. Estaba feliz de haberlo conseguido. Era el gran día del estreno, quedaban minutos antes de salir a escena, ella mientras se retocaba un poco el maquillaje, se dijo a sí misma: - ¡¡Lo has logrado a pesar de todas las muertes!!- cuando alguien interrumpió sus pensamientos - ¡¡Daniela a escena!! – gritó uno de los técnicos.

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Fue una noche fantástica la gente no paraba de aplaudir, la llamaron a Daniela para dar el gran saludo final, pero ella no aparecía… la gente seguía de pie esperando a la gran estrella, pero nadie respondía. Sus compañeros y técnicos con desesperación la buscaban por doquier, mientras ella recostada en unos de los sillones de su camarín, con una daga clavada en su corazón, la misma que ella utilizó para asesinar a las demás actrices…

SIN TÍTULO Por Nicolás Tomatis Era 1947 cuando algo extraordinario pasó en el teatro San Martín .Una actriz muy conocida pero no tan buena, siempre le daban papeles de abuelas. Esa actriz llamada Victoria y ella no quería que le den más papeles de abuela pero aquella vez Victoria dijo que sí. Cuando empezaron a hacer la obra cuando de pronto el directo llamado William (era ingles) dijo: -Corte, descansemos cinco minutos Y Victoria se va a su camarín y se encuentra con un papel que dice: .Si no mejoras tus obras te mataré- y Victoria no sabía si dejar de actuar o intentar actuar mejor, lo pensó mucho, lo consultó con su manager pero no hubo resultado y también con un psicólogo pero tampoco hubo. Había pasado un mes y se le ocurrió una idea: traer un guarda espalda y fue a actuar, unos veinte o veinticinco minutos antes de que empiece la obra fue a su camerino y se encontró con una navaja y decidió no actuar, el manager le insistió y Victoria dijo que sí, salió a escena y a lo lejos vio una sombra con una navaja y el guarda espalda estaba a atrás de todo y lo agarró. Él paro la escena y se lo llevó a Victoria y cuando Victoria se dio vuelta le clavo la navaja, la llevaron al médico pero no tenía nada pero el cuchillo estaba lleno de sangre y los médicos no sabía cómo estaba muerta, y Victoria murió, el manager salió corriendo y nadie supo algo sobre él.

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UNA SERIE DE EVENTOS DESAFORTUNADOS Por Luca Trimarco Un día Amelia Waterson, cansada de desarrollar papeles como anciana siendo actriz, en un teatro local, -ya conocida como “La anciana del pueblo”, y cansada de escuchar las burlas de la gente de la localidad, se presentaría para desarrollar el papel de una madre soltera, si es que conseguía el papel audicionando. El día de las audiciones cuando llegó al teatro, en la entrada, para un hombre con un traje negro y una elegante corbata, pero ella no le dio importancia, y entro al teatro cuando escucho esas palabras resonando en el ambiente -Esta arruinada, ya no hay nadie para remplazarla. -Sí, pero eso es lo de menos, debe de haber sido una muerte horrorosa. - Si es verdad… De pronto ella se adentro mas y mas en el teatro, y encontró un hombre sollozando, y una mujer a su lado que parecía preocupada. -Disculpen he venido para audicionar, para el papel de protagonista. El hombre que estaba sollozando pareció haberse olvidado de todo, miro a Amelia con ojos esperanzados, y -sin dudar le entrego un libreto en mano, y

le dijo que lo leyera actuándolo, después de 5 minutos de estar

desarrollando

su papel en el escenario y de estar aguantando al idiota de

iluminación, que estaba molestándola, en ese mismo instante el hombrecillo volvió a pasar enfrente de ella solo que esta vez

guiño un ojo y se fue, en

ese preciso instante el hombre de iluminación cayó y se quebró el cuello llegando hacia la muerte, debido a eso el ensayo finalizó, y todos se retiraron, rondaba un ambiente triste, era un día muy gris, Amalia tomó un taxi y durante el viaje notó que el hombre actuaba muy raro, tenía olor a alcohol y puso a Amelia en una situación incómoda, en un intento de escapar de esa situación le pidió por favor al taxista en la siguiente esquina, pero este se dio vuelta y reacciono de manera grosera, insultándola, en ese instante un hombre venia con su auto deportivo a mucha velocidad, al venir distraído impacto con el taxi terminando ese día con la vida de un hombre

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más Amelia salió del auto lo más rápido que pudo y huyo a su casa, luego para enterarse del destino de los dos conductores se fijo en el noticiero, el hombre del auto deportivo había salido ileso pero todo lo contrario con el taxista, el había finalizado su vida, al lado del taxi Amelia vio una figura muy familiar, era una vez más el hombrecillo esta vez miro a la cámara y saludó con una postura seria y se retiro, Amelia estaba destrozada, había caído en la locura, se odiaba a sí misma, en ese momento alguien toco la puerta, Amelia trato de relajarse y fue a abrir con amabilidad, era el hombrecillo… Nadie vio nunca más a Amelia desde ese entonces, desapareció y su recuerdo, y afecto por la gente del pueblo, murió, pero su historia perdurara en los años…

POR NO SEGUIR EL GUION Por Julia David Mientras todos descansaban, Delicia lavaba su cabello amargamente. Estaban ensayando la obra “Hansel y Gretel”. Delicia tenía la costumbre de ser la anciana, bruja y abuela. Aunque ella lo aceptaba siempre había soñado con un papel principal .Será por sus arrugas tempranas y sus manos gastadas lo que provocarían sus ancianos papeles y con ellos la tristeza de Delicia. Un día Delicia fue un restaurant cercano a su casa pero lejos de su otro empleo. Comiendo sus espaguetis encontró un pelo, dos moscas y la comida estaba fría. -Mala suerte- dijo, pero no era lo que pensaba. En su vuelta en bicicleta dominguera, sin querer, casi aplasta a una niña y su madre, doblando bruscamente su rueda se pinchó con unos vidrios. Cansada del día fue a su trabajo como mesera, por llegar tarde fue despedida. Ya que ese trabajo la mantenía más que el anterior, Delicia con su familia fuera del país quedo en bancarrota. Cansada nuevamente llegó a su casa, cansada esta vez de su vida. Culpó de todo esto al teatro y juró vengarse de Luis, el amado director del teatro “San José”. Ay, si delicia no era resentida…

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Pasó toda la noche modificando su guión, como era un poco bruja, con la magia de su lado, iba a cumplir su objetivo Inocentemente, Delicia fue al ensayo general, tomó un café y se acercó al director. -¿Podemos probar algo nuevo?- Preguntó ella. -¿A qué se refiere con “nuevo”?- Interrogó. Delicia le mostró su nuevo guión y Luis lo ojeó. -Es muy bueno…- La felicitó confundido. Todos improvisaron con una copia en la mano. La obra terminó y el telón bajó, lo que no sabía nadie es que la obra no terminaba. -El show debe continuar- exclamó y el último párrafo salió de su escondite a cumplirse. “El director entristecido se apoya en el balcón la abuela, lo tira y nadie jamás recuerda a Luis Gómez” -Por no seguir el guión- Rió Delicia.

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PASA EL TIEMPO Por Valentina Del Gizzo Analía estaba rumbo a su trabajo, era actriz y hoy darían una nueva obra para llevar a escena, con mucha suerte no habría una abuela en el espectáculo. Resulta que ella estaba “destinada” para ese rol, ya había interpretado todas las abuelas posibles. Ya en el teatro, todos los actores subieron al escenario para que el director les diera los roles a interpretar. -Y finalmente, el rol de Ana, lo interpretará, Analía – dijo el director. Y otra vez Analía es la abuela de la historia, es curioso porque la abuela siempre se llama Ana. La obra era igual a todas las abuelas y sus nietos. Una vez que terminaron de ensayar Analía se fue a su casa. Cuando llegó, en su puerta se encontraba el periódico, lo agarró del piso y raramente tuvo que forzar mucho la vista para leer la noticia, tal vez encogieron la letra, pensó Analía, sin darle importancia, subió las escaleras rumbo a su habitación. Se sacó la ropa, se colocó el pijama y como todas las noches antes de dormir se fue a lavar los dientes, Se miró en el lavatorio y vio, una arruga. Era la primera que le había salido. Tampoco le dio importancia y se fue a dormir. En la mañana, se levantó y comenzó con la rutina de siempre. Más cosas le pasaban, cuando se sentaba le dolía mucho la cadera, y se cansaba rápido. Apurada fue al trabajo, se le había hecho tarde.

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OTROS CUENTOS

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LUIS IV ENTRE DOS ERAS Por Noam Basin, Ian Dinerstein y Nazareno Centioni Eran las 3:00 AM, cuando un sonido proveniente de la cocina despertó a Luis, pensando que podría ser un ladrón, se levantó de su cama y bajó lentamente a la cocina, se podían escuchar los latidos de Luis del silencio que había. En la cocina, Luis, se encontró con algo que ni en sus sueños se hubiera esperado: Era una luz blanca con mucho brillo, algo que le pareció de lo más extraño era que la luz lo estaba hipnotizando. Sin sentir su cuerpo y con un breve impulso de su mano tocó la luz, y sintió un gran cambio: Luis ya no se encontraba en su cocina, sino que en un baño lujoso y elegante, el más elegante que él había visto jamás. Luis se quedó un buen rato observando el baño pero medio confuso. Sin saber qué hacer, lo primero y más lógico que se le ocurrió fue abrir la puerta, cuando la abrió lo que vio fue un banquete real y elegante, con comida de primera clase y lo que le llamó la atención fue la gente, con trajes y vestidos lujosos. Luis se preguntaba cómo había llegado hasta un lugar como este. Decidió sentarse para pensar un momento, pero en eso lo interrumpió un gran hombre con barba pelirroja y con su voz grave le comento a Luis. -Tardaste en el baño, eh. Por cierto, tu asiento es allá en la punta.Luis pensó: -Guau ¿un asiento tan abundante para mí?, no tendría sentido-, pero como tenía mucha hambre y ganas de pasar un rato más en ese lugar que le agradaba tanto aceptó el lugar. Cuando Luis se sentó y se produjo silencio por un minuto aproximadamente hasta que algo lo rompió, algo tan sorprendente que lo asustó a Luis por más de que no le haya dado miedo, todo el mundo grito muy fuerte -¡Viva Luis IV!- Luis se quedó pensando, pero no tardó en llegar a la conclusión de que él se llamaba Luis, y por más de que haya más de cinco Luises en el salón, él estaba sentado en la punta de la mesa. -No soy quien creen.- Apenas terminó de gritar eso se levantó y se dirigió corriendo hasta el baño. A Luis le vino un alivio extra cuando vio que en el baño la luz blanca y brillosa seguía ahí. Luis la toco lo más antes que

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pudo, cuando la tocó volvió a sentir ese cambio, sólo que ahora sí se encontraba en su cocina. Luis pensó que pudo haber sido todo eso. Pero como pensó que nadie creería un hecho tan fantástico como el que había vivido, decidió no hablar de la experiencia que había vivido

EL NIÑO EN EL BOTE NEGRO Por Miranda Rodriguez y Valentina Escayola Una familia inglesa fue a visitar un puerto, allí le dieron una visita turística. Dos niñas de la familia vieron a un pequeño que se alejaba en un bote negro. Le preguntaron al guía quien era ese niño que se iba en el bote negro y si tenía permiso de andar solo. El guía les contestó que no había botes negros, también le preguntaron dónde podían encontrar a alguien que supiera de ese niño. El guía les indicó que del otro lado del muelle, en un faro se encontraba un hombre que sabía mucho de este muelle. Fueron al otro lado del faro donde estaba el faro, subieron las escaleras y se encontraron con señor. Le preguntaron si conocía al niño o a su bote. El señor les contestó que no había botes negros desde aquel incidente. Las niñas muy curiosas quisieron saber, y él con gusto les contó que hacía varios años a él le dieron el puesto de vigilante del muelle, nadie se acercaba excepto una familia muy amistosa que parecía ser feliz. Alquilaron un bote negro. Al salir del muelle, la familia no se vio más y se escuchó un grito muy agudo, subió por las escaleras directo al faro y por el telescopio vio a la familia ahogándose. Él llamó a los salvavidas para que pudieran rescatarlos, pero sólo llegó el niño. Al cabo de dos años, el niño muere en ese mismo muelle, no se sabe cómo, pero ahora el fantasma del niño sale a buscar a sus padres en el mar con el bote negro en el que se hundieron.

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CON EL TESORO SE FUE Por Valentina Del Gizzo, Catalina Cobian y Julia David Hace muchos años, en una tarde nublada, cerca de La Torre Eiffel, un niño pedía monedas a los conductores que pasaban por las transitadas calles de París. Muchas horas después, el pequeño Sheldon logró conseguir dos euros, lo suficiente para un peluche de una máquina que había estado observando desde hacía muchos años, ya que su padre nunca le había permitido jugar con ella y ganar un muñeco. Sheldon se paró frente a la máquina, tiró de la palanca y logró conseguir su premio. Llegó saltando a su casa muy contento, antes de que su papá lograra verlo subió corriendo por las estrechas escaleras hacia su pequeña alcoba. Cuando llegó a su cuarto, se sentó en la cama, observó con atención a su nuevo peluche y notó que tenía un brillo singular en los ojos. Rápidamente decapitó al peluche, dentro de la suave felpa, había toneladas de diminutos diamantes. Sheldon lo escondió bajo su almohada, donde siempre guardaba el dinero. Un día cuando el niño estaba jugando afuera de la humilde casa, su padre fue a buscar el dinero que Sheldon había recolectado, pero en su lugar encontró los valiosos diamantes. Furioso bajó las escaleras y fue a ver a Sheldon, lo tomó por los bordes de su camisa despegando sus pies del césped. Las manos pasaron a su cuello, su padre estaba a punto de cometer el peor error de su vida y lo hubiera hecho si no hubiera escuchado las sirenas de policía que se acercaban a su casa. Rápidamente soltó a Sheldon y empezó a caminar de un lado para otro. El niño subió a su cuarto y se encerró en él, estaba cansado de todo lo que había pasado. Se subió a su ventana, miró por última vez al osito, abrió sus alas, y voló. Su padre fue corriendo a ver qué pasaba, vio que había pisadas en la ventana y comprendió los hechos. Felizmente agarró el osito, pero cuando miró en su interior solo halló piedras. El tesoro se fue volando con el espíritu de Sheldon.

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LA MALDICIÓN DE DERRYDANGER Por Milagro Ércoli Hace unos años en el circo de los “Turititanes”, un equilibrista llamado Derry Waterson, un joven de diecisiete años, que siempre había un acto que no le salía bien. A él siempre lo abucheaban porque en el momento de pasar de trapecio a trapecio se ponía rojo como un tomate, le sudaban las manos y alguien tenía que ir abajo para sostenerlo. Estaba muy enojado por tres razones; La primera era que todos lo abucheaban. La segunda era que le pagaban un sueldo muy bajo. Y la tercera era que lo trataban como un niño de dos años. Un viernes por la tarde, antes de comenzar el show, Derry le dijo al público: -¡Atención, atención, por favor!, quiero informarles a todos que hoy mi acto va a salir muy bien y que, si por alguna razón llego a fallar y ustedes me abuchean, mañana a las 12:00 am algo terrible les va a pasar.Todo el público (ciento cincuenta y un personas) se rió a carcajadas. Llego el momento del acto y, como siempre, él falló y el público lo abucheó. Luego de unas horas, desapareció misteriosamente… Al otro día a las 12:00 am, veinte personas del público estaban tomando café en la cafetería -Mmm, café- y de un sólo trago se derritieron y murieron. En ese mismo instante, un pañuelo rojo pasó flotando por arriba y se fue. Cincuenta personas estaban tomando una ducha cuando el agua se tornó fría y murieron congelados. El pañuelo rojo volvió a aparecer. Otras treinta personas estaban peinándose. De repente, se les enredó el pelo, arrancaron su cuero cabelludo y murieron. Nuevamente el pañuelo rojo apareció. Las otras cuarenta y nueve personas estaban cruzando un puente y éste se cayó, y por la brillante luz del sol, se reflejó el pañuelo rojo. Sólo quedaban dos personas y eran “Po el cirquero” y “Dipsy su asistente”. Ellos estaban los dos juntos en el estante cuando el pañuelo rojo

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cayó al piso y se desvaneció. Derry apareció y de una sola movida, con un cuchillo les cortó la cabeza.

TELEVISIÓN ALOCADA Por Micaela Juárez Portela Dos chicas estaban viendo su programa favorito, cuando a ellas les dio hambre y fueron a la cocina a buscar pochoclos y jugo, cuando están volviendo al living sonó el teléfono, era la madre de una de ellas diciendo que no la podía ir a buscar, que se quedaba a dormir, la otra chica ya estaba en el living cuando se escuchó un grito. La amiga cortó el teléfono y corrió a ver qué pasaba, estaba la amiga sentada en el sillón con las caricaturas saltándole en sima. Años después las caricaturas se fueron a vivir con ellas y compartieron un mismo hogar.

UN EXPLORADOR LLAMADO CHARLY Por Catalina Pintos Villanueva, Camila Romano y Natalia Sivina En 1995, un joven explorador llamado Charly, iba caminando por el bosque arbolado, pantanoso y con insectos jamás vistos, cuyo nombre era el Bosque del Este. De repente siente una picadura en el cuello, se empezó a rascar y se dio cuenta de que le salía sangre pero no le dio importancia y siguió caminando, a los pocos minutos empezó a tener alucinaciones, veía que las ramas eran serpientes de cascabel, también veía que las hojas empezaban a crecer y lo querían agarrar, en un momento sintió que la tierra se separaba, no le quedó otra que empezar a correr, enseguida se encontró con un acantilado, se tiró y nadie supo más de él.

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ESE PAÍS… Por Martina Valin y Nazarena Campo Freire Una chica de México que le atraían los países exóticos, se le ocurrió viajar a Trangelvania, aunque no sabía sobre su cultura. Ella viajó en avión, cuando llego a Trangelvania vio que todas las personas estaban paralizadas. Luego de quince minutos la gente volvió a moverse, ella les fue a preguntar qué había pasado y el ciudadano le contestó a que se estaba refriendo porque no entendía. La Muchacha se quedo pensativa sobre lo que había pasado… Después de una hora pensando se dio cuenta de que había pasado otra vez. Decidió quedarse a vivir para averiguar, por qué las personas que vivían allí se paralizaban y cada una hora seguían con sus movimientos. Cuando no supo qué hacer llamó a su hermana que estaba lejos de ella, pero podría ayudar, (si la hermana era científica), por desgracia cuando viajó a aquel país tan raro, sufrió un ataque al corazón nunca se supo que pasó ni que pasara…

UN DÍA NORMAL Por Luca Trimarco Un día, un hombre llamado Roberto, de anciana edad, se levanto de la cama un lunes por la mañana con su malhumor habitual, pasó al baño para tomar una ducha de agua caliente, mientras se lavaba el cabello, escuchó un ruido proveniente del jardín, enjuagó su cabello y se colocó una toalla en la cintura, y caminó hacia el patio .Pisó la hierba, la tocó inclusive y sintió un leve movimiento en el piso del jardín. Sintió una sensación en el cuerpo y sin darse cuenta estaba siendo tragado por el césped… cayó en un pozo sin fin, y de pronto se encontró estable pero en otro mundo, no lo podía creer, delante de sus ojos vio algo que parecía ser una mariposa, que le dijo un gran y fuerte ¡Hola!.

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El hombre despertó tirado en su jardín, rodeado de paramédicos, lo que acababa de ver era inexplicable. Lo trató con muchos psicólogos y expertos pero ni ellos siendo expertos lo pudieron tratar…

SIN TÍTULO Por Facundo Aizinas, Santiago Soltz y Santiago Goldfarb En Estados Unidos había un chico que era pobre llamado Matías. El vivía solo desde los diez años por el hecho de que sus papás fallecieron por un accidenté y desde ese momento vivió solitario, Ahora tiene veinte años. Él un día salió a un restaurante porque le daban comida gratis debido a que los dueños del lugar eran amigos de los padres, ese mismo día los cocineros le enseñaron a cocinar. Matías volvió a su hogar y cuando entró a su habitación no encontró casi nada, estuvo a punto de llora. Él para tranquilizarse comenzó a cocinar hasta que el horno desapareció y los fideos cayeron al piso, él pensaba que eran alucinaciones se fue a acostar y cuando despertó… Su cama había desaparecido, no lo podía creer. Él fue al baño y tampoco había nada, pasaron varios días que ocurría lo mismo hasta que un día fue a caminar y faltaba el techo de su casa, estuvo a punto de desmayarse, esto provocó que se vaya a lo de un amigo a vivir. Como no se acordaba su dirección volvió a su casa cuando… su casa no estaba.

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LA SANGRE DEL LEÓN Por Catalina Carmassi y Martina Menke López -¡Mamá, vamos al Zoo! – gritaron Amanda y Lucila, dos mellizas rubias de ojos verdes. -No, es aburrido – contestó Javier, su hermano mayor, él era morocho de ojos marrones y alto para su edad, trece años. -Entonces ¿Dónde quieres ir Javier? – dijo su madre. - Bueno, está bien – cedió él – vamos al Zoo La madre, Sofía, agarró su bolso, Javier su cámara de fotos y las dos niñas saludaron a Huesos, su perro. Subieron al auto y se fueron. Ya en la puerta, pagaron las entradas y empezaron a recorrer mirando todos los animales. Cuando miraban a los leones, las niñas, notaron algo que les llamó la atención, él era un chico, era pálido, tenía labios rojos y estaba muy flaco. Las niñas asustadas corrieron hasta su madre y le contaron: - ¡Mamá, mira a ese chico, está dentro de la jaula de los leones y ni siquiera lo han visto! - ¡No hay ningún chico! – exclamó la madre. Las niñas se quedaron pensando en él, todo el tiempo que duró el recorrido al Zoo. Cuando terminaron el paseo, volvieron a su casa y las mellizas leyeron un libro especial en donde aparecía un niño que se lo habían comido los leones. En la anteúltima página, las niñas vieron que había un pelo de león y una gota de sangre; llamaron a su familia y se lo mostraron, pasaron la pagina y un león salto de ella, las niñas y su madre corrieron hasta el sótano, Javier intento seguirlas pero el león lo alcanzó y luego al resto de la familia…

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EL TÚNEL MISTERIOSO Por Lola Díaz En un pueblo feliz había una mansión solitaria. Un día

los hermanos

Matías, María y Nicolás entraron a la mansión. Todo estaba oscuro también se escuchaban voces fantasmales. -Ojalá no hubiésemos venido – lloriqueó María y sus hermanos trataron de consolarla. De

pronto

apareció

un

fantasma.

Rió

malvadamente,

empezó

a

perseguirlos. -¡¡¡Auxilio!!!- gritaron los tres mientras corrían desesperadamente en las escaleras. Por suerte encontraron un pasadizo secreto donde pudieron hospedarse. Tuvieron frio, hambre, sed e ir al baño. Mientras tanto sus padres los buscaban (mejor dicho ¡todo el pueblo!) en casas, en praderas, en la copa de los árboles y en todos los lugares del mundo pero no en la mansión. A la mañana siguiente los chicos encontraron un túnel, se metieron pero fue un grave error. ¿Quién podía imaginarse las horribles criaturas que habitaban ahí?

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LA MASACRE DE AVELLANEDA Por Tomás Comparato Rosana de La Colina, camarera de esas coquetas que trabajaba en un bar llamado Los Dólares. Todo tranquilo hasta que un día un hombre apareció, tenia ojos avellana, con un sweater color verde negro y debajo de eso había una remera cuadriculada blanco y marrón. La camarera lo miró perdidamente en sus ojos cada vez más y más. Hasta que un click la despertó rápidamente por el hombre y dijo: -Hola, hola quiero una Quilmes. -He… sí, sí, ya voy. -Más vale que sea rápido. -A mí no me hablás así nenito, más respeto. -Bueenoo. -Jairo, traéle a este tonto una Quilmes. -Ok. El señor toma tranquilo la cerveza y sintió un mareo que le trajo un flashback de su infancia en el circo de su madre porque él se crio ahí. Su madre embarazada tenía que tirarse del trapecio con él, pero el cirquero se negó y dijo -¡Nadie va a desobedecer lo que yo diga ahora vayan! Les pega con el látigo. Se tiran y el acto resulto exitoso, entonces ella fue a recoger la plata a la oficina (con la bebe ya nacida) le dice al cirquero -Lo hice bien, dame mi paga. Mientras el hijo (Roberto) presenciaba el acto -Que linda bebé… quisiera

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NÓMINA DE ALUMNOS DE

6TO GRADO 2012

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NÓMINA DE ALUMNOS DE 6TO GRADO 2012 Por orden alfabético Aizinas, Facundo Damián Basílico, Augusto Basin, Noam Battagliotto, Azul Cabrera, Sol Ariana Campo Freire, Nazarena Carmassi, Catalina Centioni, Franco Nazareno Cobian, Catalina Comparato, Tomás Gabriel David, Julia Del Gizzo, Valentina Díaz, Lola Dinerstein, Ian David Ércoli, Milagros Escayola, Valentina Giordani, Roque Rodrigo Javier Goldfarb, Santiago Iván Juárez Portela, Micaela Belén Menke López, Martina Pintos Villanueva, Catalina Rodríguez, Miranda Romano, Camila Sivina, María Natalia Soltz, Santiago Tomatis, Nicolás Trimarco, Luca Valin, Martina Varela, Ulises

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antologia  

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