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ri zo ma Año II nº 4 Gratuita


cine Si estás interesado en colaborar,

Conocerás al hombre de tus sueños, escritay dirigida por Woody Allen.

contacta con Rizoma Revista cultural rizoma@ revistacultural. org ISSN 1887-1380

por Francisco Javier Escribano Aparicio

arte

medioambiente

Monet y el mar – el paisaje marino según Monet

Ecoconsciencia

por G. Fernández

Por Pedro Martinez

literatura Burroughs & Kerouac: La literatura beat no ha muerto.

Por carlos huerga


CINE CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS

Claro, todos diremos “esto tan exagerado no me va a pasar a mí”, pero, en el fondo, no estamos tan seguros... por Francisco Javier Escribano Aparicio

Bajo este título, el director norteamericano nos vuelve a ofrecer, en clave de humor no exento de toques dramáticos, una serie de historias que pretenden revelar aspectos de las relaciones personales, profesionales y de pareja que caen dentro de conocidos tópicos, aunque no por ello menos interesantes. Se trata de una película de las llamadas corales, con varios personajes y escenarios evolucionando entre decisiones

desastrosas, errores de cálculo y desatinos. La negación de la vejez lleva, por ejemplo, al personaje interpretado por Anthony Hopkins a emparejarse con una prostituta joven a cambio de una vida de lujo, dejando a su esposa en una situación personal desesperada, aterrada ante la posibilidad vivir y morir sola. Esta mujer se refugia en los consejos y desvaríos de una supuesta adivina que le halaga los oídos, y paulatinamente parece ir perdiendo

el contacto con la realidad.La hija de este matrimonio es empleada del personaje interpretado por Antonio Banderas, y se llega a figurar que entre ella y su adorado jefe podría surgir algo, ilusión motivada por un encuentro ambiguo, entre una visita a la ópera y un par de copas.


Paralelamente, el marido de esta mujer, escritor fracasado que se niega a aceptar su nulidad y a comprometerse para formar una familia, busca una supuesta libertad en la bella desconocida del edificio de enfrente, e intenta impulsar su carrera haciendo pasar por suyo un libro inédito de un amigo al que cree muerto. Todo son cambios veloces, decisiones entre desafortunadas y estúpidas. Todas las parejas se rompen y se reconfiguran algunas nuevas, pero ninguna resulta satisfactoria, porque ahí está el axioma del guión de Woody Allen: los personajes no pueden salir de su círculo desgraciado aunque cambien radicalmente de situación o compañía porque se autoengañan irremediablemente. Como los muertos de El sexto sentido, sólo ven lo que quieren ver, se obstinan en creencias ilusorias, en medias verdades, en imaginaciones vanas sugeridas por gestos ambivalentes, situaciones equívocas, anhelos desesperados. Cada uno escucha sólo lo que desea oír. Pero hay una diferencia principal entre los personajes, referido a la ex-mujer del personaje de Anthony Hopkins: ella no es que escuche lo que quiera, es que le cuentan directamente lo que desea oír, y, en apariencia, parece la más desconectada de la realidad. Curiosamente, en el final de la película, parece que puede llegar a ser feliz en compañía de un ser tan extravagante y extraviado como ella. Para colmo, la falsa adivina resulta acertar mucho más de lo que se nos daba a entender al principio, construyendo un final en el que se verifica la inversión total, y quijotesca, de los valores iniciales, y donde los más locos podrían pasar por los más sensatos, pues se conforman con lo que la vida les otorga.

los personajes no pueden salir de su círculo desgraciado aunque cambien radicalmente de situación o compañía porque se autoengañan irremediablemente. Así pues, si queremos sacar una moraleja de esta película, diremos que se resume en que la felicidad está reservada para los que están, en apariencia, completamente fuera de la realidad, y los que se mantienen en ella sólo a medias, fantaseando cómodamente, pero sin despegarse del suelo, están condenados a equivocarse, a sufrir continuamente. En este aspecto, parecería que Woody Allen hubiera bebido de El extranjero misterioso (obra amarga de dudosa atribución a Mark Twain), donde, efectivamente, el extranjero que da título al libro pone en evidencia que la única manera de hacer felices a los hombres es a través de la locura total. Por lo demás, desde el punto de vista de las actuaciones, la película se sostiene bastante bien, y llega a tener momentos muy graciosos, en virtud del ridículo atroz desplegado por los personajes. Woody Allen vuelve a usar una voz narrativa que introduce la acción de los distintos focos de interés, y que contribuye a sentar ese aspecto didáctico, esa moraleja implícita y chusca sobre la que dejarnos pensando un rato con una sonrisa en los labios. Claro, todos diremos “esto tan exagerado no me va a pasar a mí”, pero, en el fondo, no estamos tan seguros...

Claro, todos diremos “esto tan exagerado no me va a pasar a mí”, pero, en el fondo, no estamos tan seguros...


ARTE Monet y el mar – el paisaje marino según Monet

La obra artística del pintor impresionista por antonomasia, Claude Monet, visto a través de sus paisajes marinos. Un fascinante viaje virtual por la relación entre el maestro impresionista y el mar.

por G. Fernández

Los comienzos: la infancia en Le Havre

Creando un artista: Jongkind como maestro

La relación entre Monet y el mar comenzó muy pronto, ya que el joven artista se estableció, junto con su familia, en el puerto normando de Le Havre a mediados de la década de 1850. En principio, Monet no se sentía demasiado atraído por la pintura al aire libre –y, por tanto, de la pintura de paisajes marinos- y se dedicaba a dibujar caricaturas de vecinos y conocidos. El talento del joven llamó la atención de un pintor que se había establecido en Le Havre años antes, Eugène Boudin, todavía considerado uno de los grandes pintores de marinas del siglo XIX. Y aunque las pinturas de Boudin no atraían mucho a Monet, aquel convenció al joven artista de que lo acompañara en sus salidas para pintar al aire libre. El tesón de Boudin tendría a la larga sus frutos, y Monet reconocería, varios años después: “si he llegado a ser pintor, es gracias a Boudin”

Se podría decir que la auténtica carrera pictórica de Monet comienza en 1862, cuando el pintor contaba con tan solo 22 años de edad. Habiendo enfermado en Argelia durante el servicio militar, fue enviado a Le Havre para recuperarse. De vuelta en la costa normanda el joven Monet conoció al que iba a ser, en sus propias palabras, su “verdadero maestro”, el pintor holandés Johan Barthold Jongkind.

Un mar burgués: la terraza de SainteAdresse

Las obras de Monet en SainteAdresse en la segunda mitad de la década de 1860 representan un cambio momentáneo en la representación del mar por Claude Monet. Frente a la representación del mar salvaje de años anteriores (y que retomaría en años posteriores), aquí Monet presenta el mar como un instrumento de ocio para la burguesía, en un estilo que entronca con la pintura de salón que el artista había venido desarrollando en años anteriores, culminados con el Alcohólico e impulsivo, Jongkind colosal “Desayuno sobre la hierba” impresionó al joven Monet con los presentado en el Salón de 1866 efectos de la luz y la atmósfera en sus marinas. La influencia del pintor “La terraza de Sainte Adresse” es holandés es claramente advertible la obra más representativa de este en obras como “Pointe de la Hève en periodo. La escena burguesa se Sainte-Adresse” (1864, Kimbell Art desarrolla bajo una potente luz de Museum, Texas), con su marcada “plein air”. Tres planos de tierra, mar y cielo dividen y jerarquizan horizontalidad y la representación la composición, organizada verticuidada del cielo y la atmósfera. calmente por las dos banderas que Esta pintura sería admitida en el ondean vivamente por la suave briSalón de 1865. Destaca el realismo sa del océano. La pintura tiene un de la obra y el uso de una pincelada encanto tal que nos sentimos inmemuy definida, que Monet iría diatamente tentados a sentarnos en modificando en obras posteriores, una de las sillas vacías a disfrutar como “Mar gruesa en Etretat” de esta plácida tarde de domingo. (1868, Paris, Musée d’Orsay) Un tema similar, pero en una distinta composición, encontramos en “Regata de Sainte-Adresse” (1867, Nueva York, Museo Metropolitano)


Ampliando horizontes: estancias en Inglaterra y Holanda

Una obra icónica: “Impresión: salida de sol”

Fue Durand-Ruel, el gran mecenas del impresionismo, quien apoyó económicamente a Monet para viajar, junto con Boudin y Pissarro, a Londres en 1870, en un viaje que tendría su continuación en la estancia en Holanda al año siguiente. El paisaje inglés no impresionó sobremanera a Monet, que realizó muy pocas vistas del mismo, a excepción de las Casas del Parlamento frente al Támesis, tema que repetiría –con mayor entusiasmo- en visitas posteriores. Lo verdaderamente decisivo de la estancia de Monet en Londres fue su visita a los Museos, donde conoció la obra de los grandes paisajistas ingleses, como Constable y, sobre todo, Joseph Mallord William Turner. Las marinas de Turner, con sus efectos de luz y atmósfera, marcaron la producción artística de Monet en los años siguientes.

“El papel sin pintar de las paredes está mejor terminado que esta marina” escribió un agudo crítico de la época sobre este lienzo, expuesto en la primera exposición impresionista de 1877. No se trató de una crítica aislada, sino que es tan solo un ejemplo de cómo los críticos de la época (excepción hecha de algunos jóvenes amigos de los impresionistas) reaccionaron ante esta pintura, y por extensión, ante la pintura impresionista (movimiento que, a la larga, debería su nombre a esta marina) No resulta sorprendente, pues, que nadie ofreciera los 1,000 francos que Monet pedía por esta pintura.

Monet volvería a Inglaterra en visitas posteriores, la última de ellas en 1899-1900, ya en plena madurez. Y pese a que la visita de Monet en las islas será siempre más recordada por las espectaculares vistas del Parlamento de Londres entre la bruma, la primera estancia forma parte vital de la biografía del pintor francés por la importantísima influencia que las marinas de los artistas ingleses tuvieron en sus obras posteriores ¿Y Holanda? En realidad, Holanda fue para Monet amor a primera vista. “Todo es más hermoso de lo que nos habían contado (…) Aquí hay paisajes suficientes como para pintar durante toda la vida” Monet se sintió inmediatamente fascinado por el paisaje holandés, es especial el pueblo de Zaandam, con sus barcas y molinos. Tal vez, al contemplar las obras de Hobbema y van Ruysdael, resurgió su juvenil admiración por Jongkind. O tal vez el amor por el paisaje puro de estos antiguos maestros envalentonó al artista hacia nuevos campos. Pero lo cierto es que la influencia holandesa no se limita sólo a los lienzos que Monet pintó en los Países Bajos, sino que es claramente visible en muchas de las marinas posteriores creadas en la costa de Normandía.

MEDIOAMBIENTE

ECO CONSCIENCIA

POR PEDRO MARTÍNEZ

Nuestros ojos acostumbrados al Arte moderno son sin duda mucho más agradecidos con esta obra. Lo primero que llama la atención es la intensa bruma, que funde las formas y los colores del lienzo, haciendo casi imposible discernir las formas de las chimeneas y la maquinaria de los astilleros que se intuyen en el fondo. La obra carece de cualquier elemento que determine el orden o la composición (tan solo pueden ayudarnos el difuso horizonte quebrado por las siluetas de los astilleros y el corto pero intenso reflejo del sol en el mar) de manera que las dos barcas que observamos parecen flotar en un mar de niebla, informe e ilimitado. Sin duda hay mucha influencia de Turner en esta obra, tanto en el efecto atmosférico como en el casi contradictorio protagonismo del sol, llamativo pero casi impotente frente a la inmensa bruma, en un efecto que recuerda al “Aníbal cruzando los Alpes” del pintor inglés. Pero la pincelada impresionista de Monet va más allá, otorgando a la superficie del cuadro –en especial a la inferior- una cualidad casi abstracta La emisión masiva de CO2 a la atmósfera es una realidad que, no por conocida, se está combatiendo necesariamente. He aquí algunas necesarias reflexiones que deberíamos hacernos todos Ante todo quiero decir que lo que me trae hoy lleva mucho tiempo escrito, quizá demasiado, y se ha dicho en numerosas conferencias y otros lugares a lo largo del globo. Por tanto, no son meras conjeturas, ni un texto alarmante de unos ecologistas radicales. Yo soy simplemente el mensajero, el mensaje

lo han elaborado científicos de muchos centros de prestigio al más alto nivel, premios Nobel, profesores de las más vanguardistas universidades como Harvard, Yale, o la NASA y también proceden de estudios que fundaciones relevantes han llevado a cabo en los últimos años. Por tanto, no caben dudas. No cabe no creérselo. Otro asunto es que no sea prioridad en las noticias, o en nuestras vidas o en nuestra vida cotidiana. Hoy más que nunca, a pesar de hallarnos en la era de la información, somos más ignorantes que nunca.

Y desde luego en educación para la sostenibilidad suspendemos todos. Precisamente uno de nuestros grandes enemigos en este y otros asuntos es la ignorancia, e incluso –añadiría– la complacencia, como si nada de lo que está ocurriendo fuera con nosotros. Solo cabe aprender la vía para ponernos en acción y activarnos para detener, ralentizar o anular, lo que se nos viene encima.


Y desde luego en educación para la sostenibilidad suspendemos todos. Un cambio que se nos muestra complicado e incómodo, pues somos víctimas, pasajeros de una cultura, la del hiperconsumismo, y que sin ella parece que pertenezcamos a otro planeta cuando se nos anima a consumir menos, a no conducir nuestro coche, a ser más conscientes de nuestras emisiones, a cambiar las bombillas, a no derrochar energía, agua, etc. Pero un gesto aislado que en breve nos empuja a continuar con los hábitos que nuestra cultura nos graba a fuego cada día. No en vano en el año 2008 las empresas publicitarias, las encargadas de incentivar el consumo, gastaron a escala global cerca de 650.000 millones de dólares con el gravamen.que países como China o la India crecen a un ritmo cercano al 10%. Estas cifras no son baladíes.


LITERATURA A lo largo de estos 5 últimos años se han llevado adelante enormes esfuerzos sin precedentes para combatir la crisis ecológica mundial, que según los datos más recientes se está acelerando de manera preocupante. Se han promulgado nuevas y numerosas políticas con importantes pero insuficientes inversiones en empresas, instituciones e investigación que están acelerando una nueva tecnología “verde”. Se podría decir que los medios de comunicación también han alertado, sin mucho éxito, tal como apunta la propia ONU, para que el ciudadano medio se preocupe por la problemática ambiental. Nuestro estilo de vida, la manera en la que se producen las cosas y la densidad poblacional son algunos de los grandes temas que debemos plantearnos y encontrar vías de actuación en una escala individual. Las tres tienen repercusiones en el medio ambiente y en las sociedades más pobres, pero también y con especial preocupación en las generaciones futuras, que no son más que nuestros propios hijos o nietos. Hoy analizaremos uno de los aspectos más críticos. La clave, aunque compleja, es el concepto de las emisiones del dióxido de carbono (CO2) que emitimos (en la actualidad más de 90 millones de TM/ día y en aumento) y que están verazmente alcanzando hoy las cifra de 387.18 ppm e incluso tenerla muy presente en nuestra cotidianidad al incorporar un icono indicador (widget) en nuestro ordenador. Claro, el CO2 es algo transparente que no logramos ver y, por tanto, es como si no existiera… Los datos informan de que durante los últimos 1.000 años se han mantenido estables los niveles, en torno a 280 ppm y que, debido a que forma parte esencial de la composición de la atmósfera, la alteración en su estructura por la incorporación masiva de componentes, hace que el clima vaya a producir cambios como ya estamos viendo en los últimos años en diferentes partes del planeta y por supuesto en España. Recientemente hemos sabido que el clima del mes de mayo ha sido uno de los más calurosos de los últimos tiempos, como incluso se comenta anecdóticamente y superficialmente en TV.

Burroughs & Kerouac: La literatura beat no ha muerto.

Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques, de William S. Burroughs y Jack Kerouac (Anagrama, 2010, Traducción de Fernando González Corugedo).

por Carlos Huerga.


Se sabía que había por ahí un libro escrito por William S. Burroughs y Jack Kerouac (la propia mitología beat se había encargado de alimentar la expectación), pero no se tenía la certeza de que se fuera a publicar, de manera que la leyenda sobre el germen de la Beat Generation llega por fin a los lectores. Escrita en el año 1944 bajo los pseudónimos de William Lee y John Kerouac, esta novela, basada en el asesinato que perpetró Lucien Carr a su amigo David Kammerer, permanecía guardada en un baúl durante más de 60 años. Carr, además de amigo de Burroughs, Kerouac y Ginsberg, era un joven poeta de 17 años que se sentía acosado por su amigo Kammerer, que casi lo doblaba en edad, hasta que un día decidió deshacerse de él. Burroughs y Kerouac vieron un filón en esta historia para escribir su primera novela, pero, por respeto a Carr, decidieron no publicarla hasta después de su muerte. (El epílogo firmado por el editor y albacea de Burroughs, James W. Grauerholz, es realmente jugoso y aporta clarificadores datos sobre las distintas vicisitudes en que se vio envuelto el manuscrito, así como reconstruye los hechos en torno al asesinato de David Kammerer por parte de Lucien Carr).

Y por si fuera poco, hace tan solo unos meses, también en Anagrama se publicaba Kerouac en la carretera. Sobre el rollo mecanografiado original y la generación beat, un interesante libro sobre Kerouac y sus procesos de escritura, más concretamente sobre las distintas versiones de On The Road y sus “mutaciones discursivas”, desde Visiones de Cody (aprovecho para reclamar que esta novela descatalogada sea reeditada) hasta la versión mutilada y “arreglada” que sería publicada finalmente y que todos conocemos, con el título de En el camino, mostrando la complejidad de la composición de la escritura de Kerouac, así como las trabas del mundo editorial en pos del tirón comercial. Ningún buen escritor escribe sin corregir (lo cierto es que cuando leí la primera vez En el camino me pareció una novela muy bien escrita, y por ello nunca me creí ese rollo del rollo manuscrito y que si Kerouac escribía improvisando). Por ejemplo, poca gente sabe que entre el primer manuscrito de On The Road y la versión publicada por Viking Press de 1957 hay una separación de casi 10 años. ¿Es entonces, Kerouac, un autor que improvisaba? La pregunta, que dedico a muchos críticos de estos últimos años, es evidentemente retórica. Muchas veces lo que podría parecer crítica literaria no es más que sociología literaria –a veces incluso, publicidad literaria- y se soslayan cuestiones fundamentales para entender un texto o un autor, seguramente debido a la ineficacia del crítico o simplemente porque este no conoce bien los textos, algo que en mi opinión, siempre hemos sufrido en España con autores como Jack Kerouac. Este libro, viene al menos a suplir una carencia importante sobre un escritor devorado por su imagen y muchas veces infravalorado, acercando algunas cuestiones vitales para comprender no solo su manera de escribir, sino también su intento de ubicarse en el mundo y buscar una “mirada” personal y única en la literatura. En mi opinión, se trata básicamente de un ejercicio literario a la vez que un divertimento. Me viene a la cabeza Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce la novela

Son

Seguramente, el mayor atractivo de Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques es la tentación de descubrir cómo se fraguaban los estilos y las miradas de los autores de El almuerzo desnudo y En el camino. Burroughs tenía por entonces 30 años y Kerouac 22 y no parecían tener todavía muy claras las cosas, aunque ya se perfilan sus mundos literarios.

que suponen la base literaria de ambos escritores, desde la mirada crítica y desengañada del sueño americano, descrito por Dennison/ Burroughs hasta la pasión por el viaje y la incorruptible soledad existencial de Ryko/Kerouac. La ambivalencia en los capítulos se resuelve de manera natural y hasta se lee de manera fluida, si bien, no está a la altura de sus grandes novelas.Aún así, brillan algunas Gracias al narrador bicéfalo, descripciones sagaces y asoman Dennison/Burroughs y Ryko/ -tal vez con un desarrollo incipiente Kerouac, podemos apreciar rasgos y poco maduro, pero ya visible-

algunas cuestiones persistentes en la literatura beat como la búsqueda de sentido, la nostalgia por la inocencia, el rechazo a los valores establecidos o el consumo de drogas y alcohol como expresión de libertad. Todo ello en un Nueva York ensombrecido por la II Guerra Mundial y el desarrollo del capitalismo.

cuatro ensayos, y seguramente sobresale el primero, el más largo y a la vez completo, firmado por Howard Cunnell, “Jack Kerouac y la redacción de En la carretera”, que ahonda en la importancia del complejo proceso de escritura de Kerouac y las innumerables versiones que sufrió la novela, así como muestra sus adversidades ante el inflexible y raras veces arriesgado mundo editorial (máxime en una época de gran conservadurismo). Los otros tres ensayos a la vez que

escrita entre A. G. Porta y Roberto Bolaño (que también es una suerte de novela policial mezclada con otros subgéne- de, a pesar de la mezcla y la ros y en la que resuenan cier- inmadurez, se adivinan constas influencias beat), don- trucciones y miradas que más tarde desarrollarían ambos autores en sus respectivas cacomplementan el primerreras literarias. En todo caso, una cosa está clara: éste es el ro, amplían la lectura germen de la Beat Generation. de la obra de Kerouac,

ofreciendo itinerarios críticos, desde la experimentación del lenguaje hasta la búsqueda de lo auténtico y la influencia de Neal Cassady pasando por la búsqueda de la identidad (sobre esta problemática, tenemos precisamente publicado hace poco tiempo en España una de las últimas novelas de Kerouac, Satori en París, donde podemos com-

probar cómo al final, este es el su gran tema literario). El libro, finaliza con un apéndice impagable, una bibliografía crítica titulada “Lecturas recomendadas” sobre nuestro autor, eso sí, en inglés, y con las escasas traducciones al español. Para cualquier lector de Kerouac este libro es muy recomendable.



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