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#Mar


Melanie Benyahya Dirección, maquetación, ilustración, microrrelato

Kate Shogun Dirección, relato

Andrea Toribio Jefa de redacción, poesía, relato

Pablo Álvarez Poesía

María Agra-Fagúndez Poesía

Sofía B. Manzano Fotografía

Clàrice Été Fotografía

Andrea Frye Poemas rotos

Clara Harguindey Fotografía

Neocórtex Relato

Lisa Palper Collage

Marcos R. Castillo Relato

Sergio Otero Fotografía

Portada y contraportada: Pedro Sega


NAĂ?F Marzo 2016


Abrázame fuerte esta noche; me da vértigo la posibilidad de precipitar al infinito estrellado nuestra minúscula existencia. No me des nada, no quiero nada; sólo comparte el lapso de tiempo que nos separa del crepúsculo.

Poema roto: Andrea Frye

Me iré en cuanto llegue la luz.


Fotografía: Clàrice Été


FotografĂ­a: Clara Harguindey


PREÁMBULO El reloj para indecisiones, aunque parezca confuso, se asemeja a un reloj normal más de lo que usted cree. Sin embargo, el reloj no sirve para tomar decisiones, sino para apremiar al usuario ante la toma de la misma, pues el tiempo vuela mientras usted se debate entre las opciones disponibles.

INSTRUCCIONES

Relato: Kate Shogun, Ilustración: Melanie Benyahya

1.- Ante una disyuntiva en su vida, dé cuerda al reloj en función del tiempo disponible. Una vuelta de cuerda equivale a un día. 2.Una vez haya terminado de dar cuerda, el segundero comenzará a moverse en sentido horario, avanzando entre «sí» y «no». Cada avance de esta aguja conforma una indecisión, que es la unidad de medida de la aguja y, por ende, del reloj en sí. 3.- Cada sesenta indecisiones, la aguja que usted conoce como minutero avanzará ligeramente desde PRONTO hasta TARDE. (Nota: la magnitud del avance dependerá de cuánta cuerda haya dado usted al reloj, es decir, de cuánto tiempo disponga).


4.- Lo que diferencia al reloj para indecisiones de un reloj ordinario es, simple y llanamente, el hecho de que la aguja horaria permanecerá fija, apuntando siempre a DEMASIADO con el objetivo de facilitarle una lectura completa del momento en el que usted se encuentre: ¿Es DEMASIADO PRONTO, o sin embargo su reloj le avisa de que está a punto de ser DEMASIADO TARDE? 5.- Finalmente, cuando usted haya tomado la decisión para la cual programó el reloj, pulse el botón superior para pausar las agujas. De no haber tomado una decisión a tiempo, cuando las agujas alcancen la posición de «DEMASIADO TARDE», el reloj se detendrá en dicha posición, a la espera de una nueva situación que requiera volver a ponerlo en marcha. Nota final: En el caso en que usted se pregunte el porqué de una aguja que no se mueve, es muy sencillo. Además de facilitar una lectura completa del momento, esa aguja le representa a usted mirando, apuntando al DEMASIADO, porque, ¿no es cierto que este tipo de situaciones siempre son DEMASIADO?


LA SIMPLICIDAD BAJO CERO Sólo un árbol nace limpio, nace del agua y de la paciencia, en ascendente. Nosotros nacemos sucios y a gritos, entre sangre e histeria; la infancia puede no ser el paraíso perdido que creíamos. Desde que nacemos, el ruido humano del mundo, los gritos de una madre a la que dolemos. Creamos capas y complejidad, nos defendemos del ruido; y la vida, que debería ser un camino de ida, se convierta en ida y vuelta, yendo del todo a lo perdido, y la búsqueda constante del retorno a la pureza, a todo lo que fuimos.

Fotografía: Sergio Otero, Poesía: María Agra-Fagúndez

Lo que fuimos sólo empieza a ser importante cuando hay tanto que no fuimos que ya no podemos recordarlo. Y ya ni siquiera queremos recordarlo. Sólo volver al campo, retozar a cielo abierto y mirarnos desnudos, sin que la lluvia nos dé miedo.


Ilustración: Melanie Benyahya, Apunte: a.t.

¿Puede ser una simple línea recta un laberinto?


DE LA MISMA NIÑA DE PROVINCIAS QUE SE FUE A VIVIR EN EL MISMO CHAGALL. «te desconoces, te desconoces», Blanca Andreu. En casa se terminó el hablar de feminismo en cuanto lo nombré, es decir, no existía espacio para la significación que de aquella palabra pudiese desprenderse. Simplemente, allí no existía una atmósfera clara; sólo un único pensamiento: “Mañana será otro día, habrá que poner la otra mejilla”. Y así era, así vivíamos. Todos iguales, los días y nuestras identidades pesaban exactamente lo mismo. Nos perdíamos sin remedio en el ser natural de las cosas, con su caos, en su orden. Respirar había sido siempre respirar. Pero… el cuarto. Aún tuve el cuarto y el aire. En la ventanita puse un cactus que a la noche imaginaba como un búho que volaba sobre nuestra historia. Y le decía bajito: tu sistema orgánico cobra significaciones humanas, reales. Entre toda esta maraña de verdades a medias y escenas teatrales, eres uno de los pocos elementos vivos.

Relato: a.t.

Y todo quedaba encerrado en el tiempo que transcurre sin palabras.


NAÏF SUCIO O EL NIÑO PERVERSO I

Relato: Neocórtex

Seré sincero. Desconocía el significado de la palabra «naïf» hasta hace dos semanas. No sé qué escribir cuando miro el rostro de la infancia. Me gusta dejar que las heridas se pudran y luego hurgar en ellas. Odio las tiritas con dibujos y el agua oxigenada. Si veo a niños jugando, siento tristeza. Nunca he deseado volver a ser un niño: fue la peor etapa de todas. Con ocho años pensé en suicidarme por primera vez. No voy a hacer apología de lo infantil. No voy a adoptar sus códigos para este texto. No puedo. Tras unas semanas debatiéndome, voy a contar lo único que me transmite la infancia: destrucción ¿De qué? De sí misma: «Come más, vamos, ponte más gordo ¿Mira, ves la barriga plana de ese chico? Así tendrías que ser tú. Gordo, peluca, maricón de mierda. Para que te vaya bien, hay que ser un cabrón. No quiero saber nada de ti, maricona». Estos son los flashbacks que me asaltan cuando retrocedo. Cuando estos recuerdos aparecen, se funden. Crean una realidad fea, como la plastilina demasiado usada que se ha mezclado con otras de distinto color y ahora es una masa gris. Eso somos nosotros: bloques perfectos y uniformes nacidos para ser contaminados. Aún así, conozco a un ex-niño que fue circuncidado a tijeretazos en una bañera y sin anestesia. Ahora es el artista más puro que he conocido.


II Enfrentarme a lo infantil como expresión artística ha sido un buen ejercicio de introspección. He comprendido que, por más que me joda reconocerlo, mi experiencia del arte es puro naïf: «un adulto creativo es un niño que sobrevivió». Intenté escribir esto con una perspectiva ingenua, cristalina, de niñx. Pero hay armaduras que una vez puestas, no pueden retirarse. No todos podemos ser «Forest Gump». La infancia nace. Por norma se destruye. Si sobrevive, se convierte en arte. El que me conoce sabe a qué me refiero. El que lee, puede imaginárselo. Mi arte no es naïf, pero es lo único que salva mi inocencia. Nadie me ha enseñado a escribir ni me lo ha inculcado. Empecé a hacerlo cuando me sentí desbordado por la vida. El muro de cemento y alambre que es mi adultez protege el jardín minúsculo, casi yermo pero aún con flores, que fui de niño. De vez en cuando, lo riego. Esa agua, es el arte.


INSOMNIO O POSPONER EL FUTURO Todas las noches me pasa lo mismo: «hoy me voy a dormir pronto». A veces, incluso, lo intento. Me lavo los dientes, me desnudo, y me meto en la cama. Pero como la oscuridad es aburridísima, siempre cojo el móvil o un libro. Pierdo el tiempo otro rato más. Cuando duermo, me da la impresión de que el duermevela, el sueño y el despertar no ocupan más de diez minutos en total. Quiero decir, el sueño llega a traición: un momento estás preocupándote por el día que ya ha pasado y, de repente, ¡Zas! ya es mañana. O, mejor dicho, ya es hoy. Ya no es ayer. Es una sensación absurda –lo sé– pero es un salto temporal al que nunca me acostumbraré. Dormir es viajar en el tiempo. El caso es que, cuando me quedo demasiado tiempo mirando el móvil o leyendo, me acabo desvelando. La cama está entonces demasiado caliente y mi cerebro demasiado activo, y una vocecilla –llámese Superyo, topdog, o el-pesado-de-turno– me echa la bronca. Me dice: –¡Si te hubieras ido a dormir cuando dijiste que lo harías ya sería mañana! Pero no. Aún no es mañana, y me enfado porque el insomnio me hace perder el tiempo. Me hace perder el tiempo en contra de mi voluntad.

Relato: Kate Shogun

Pero es mi culpa. Me lo tengo merecido por querer posponer el futuro.


FotografĂ­a: Sergio Otero


Fotografía: Sofía B. Manzano, Poema roto: Andrea Frye

Niña de labios gorditos, fina figura. Ardientes mejillas y pálida tez. Impresiones ocres, colores pastel. Florecilla venenosa con dulce olor a miel.


Collage: Lisa Palper


MAMÁ FUE PUNK EN SECRETO A FINALES DE LOS AÑOS NOVENTA Estábamos a mediados de septiembre y era la hora de comer. Lucía y yo esperábamos escondidos en el cuarto de invitados para darle un susto a mamá y papá, que estaban a punto de llegar a casa. Sin embargo, mamá debió olérselo, porque entró directamente y, adelantándose a nosotros por una décima de segundo, exclamó: –¡Sorpresa! Nunca me han vuelto a gustar las sorpresas. Mamá no tenía pelo. Se había rapado exactamente como me rapaban a mí todos los veranos. «¡Mamá…!», empezó Lucía boquiabierta mientras mamá se apresuraba a contarnos que «quería estar a la moda, como los punkis que salían en la tele». Yo no dije nada. Con la cara petrificada por el horror, me fui a mi cuarto dando un portazo. Estaba enfadadísimo. Mamá siempre había tenido un pelo precioso y se lo había cortado todo. ¡Todo! Además, mamá parecía un chico, y eso no me gustaba nada. No comí. Tampoco merendé, y aunque seguía enfadado, tuve que rendirme a la hora de cenar. Cenamos en silencio. Mamá había intentado hablar conmigo varias veces a lo largo de la tarde, pero sólo le dirigí la palabra a papá. Fue un día horrible. Al día siguiente, mamá vino a despertarme para desayunar. Para mi sorpresa, ¡volvía a tener todo el pelo largo hasta los hombros! Le pregunté si era una broma. Se puso seria, me cogió de la mano y me dijo que se había puesto enferma y que las medicinas que tenía que tomar hacían que se le cayera el pelo, así que se lo había cortado, y se había hecho una peluca. Le pregunté que si podía llevarla siempre, que a mí me daba igual tener una madre punk o una normal, pero que estaba más guapa con su pelo de siempre. Me dijo que a la gente tampoco le gustaba que fuera punk y que cuchicheaban cosas cuando la veían, así que lo sería en secreto. Entonces me enfadé con la gente. Mamá no era punk por gusto, sino que le había tocado, por lo que la gente no tenía ningún derecho a opinar ni a inventarse cosas. Mamá me abrazó. Le dije que aunque me gustaba mucho su pelo conmigo podía ser punk si quería.

Relato: Kate Shogun

Al fin y al cabo era mamá.


HUELO A VÍSCERA DE VACA

Poesía: Pablo Álvarez, Ilustración: Melanie Benyahya

Huelo a víscera de vaca No sé por qué no juego con los demás niños Pero sé que no tienen el intestino tan largo ni tan cálido Juegan con otros muertos Su aliento es el de un jabalí cabreado


Ilustraci贸n: Melanie Benyahya


FotografĂ­a: Clara Harguindey


EXPERIENCIA RADICAL (E.R) «¿Tú también te vas a ir?» Aprende a escribir como quien aprende a estar solo. «¿Tú también vas a dejarme?»

Aprende a estar solo, aprende a estar, aprende.

«¿Tú también?»

Poesía: a.t.

Habla a solas, aprende a estar, a estar solo, Yo.


FotografĂ­a: Sergio Otero


RUIDOS NOCTURNOS Todos dormían en su casa salvo él cuando del cuarto de su hermano mayor comenzaron a salir una suerte de gritos ahogados, golpes, taconeos y risitas que, sorprendentemente, cesaron al cabo de unos segundos. No podía ser que su hermano estuviese despierto a esas horas, ya que al día siguiente tenía que ir al instituto, al contrario que él, que había convencido a su madre de que estaba enfermo: odiaba madrugar. Al día siguiente, como pensaba, su hermano fue al instituto, así que se coló en su cuarto para intentar aclarar el misterio de la noche anterior. Como no sabía lo que buscaba, lo primero que hizo fue mirar sobre la mesa, pero, al no ver nada raro, decidió abrir todos los cajones, que estaban llenos de cosas que no sabía ni qué eran ni cómo se usaban. Por último, como para comprobar si el ruido provenía de algún monstruo, miró debajo de la cama. Allí descubrió algo que había visto en el tendedero, pero que no debería estar en el cuarto de su hermano, pues era de su madre. A su madre, sin embargo, al oír la historia de sus labios, se le quedaron pálidos los suyos. «No, hijo, no son mis braguitas. ¿Dices que oíste ruidos anoche en su cuarto? ¿Estaba abierta la ventana cuando has entrado?» Su madre le preguntó muchas cosas sobre las amigas de su hermano, parecía muy preocupada. Tanto él como su madre estuvieron muy atentos de su cara al llegar del instituto. Se le notaban, ligeramente, las ojeras, pero parecía que su hermano estaba contento, una felicidad rara que la madre hacía tiempo que no veía, de modo que no abordó el tema.

Relato: Marcos R. Castillo

Llegada la noche, y gracias al alargamiento de la enfermedad que su madre creía que tenía, volvió a quedarse despierto, muy atento a cualquier ruido que pudiera perturbar la noche. Tras una hora que parecieron tres, volvieron las risas, los tacones y los susurros. Salió corriendo rápidamente para saber qué había tras la puerta del cuarto de su hermano y la abrió sin llamar. No reconoció en seguida lo que veía: era su hermano, frente a la webcam, maquillado y en ropa interior de mujer. Apenas un segundo después, suspiró aliviado. Mamá creía que te estabas tirando a alguna. Qué contenta se va a poner cuando se entere de que no.


«El silencio se rompió en un carcajal»1. 1

Carcajal

Del b. lat. carcajarium.

Ilustración y microrrelato: Melanie Benyahya

1. 2.

m. Del delirio onírico. m. Cascada de carcajadas.


A los mayores les enferma la boca Hacen las cosas más viejas con la boca Usan palabras de viejo que se parecen a las que yo sé decir Se parecen pero no son las mismas Mi madre tiene la boca enferma Dice que le duelen las encías Mi madre tiene la boca negra porque la tiene llena de miedo y de tabaco Y se queja siempre A mí no me duele la boca Mi boca está limpia Mis dientes se caen pero crecen otros nuevos

Poesía: Pablo Álvarez, Ilustración: Melanie Benyahya

DUMO PIENSA EN LAS BOCAS DE LOS MAYORES



Pineal #9