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#Feb


Melanie Benyahya

Andrea Toribio

Kate Shogun

Pablo Álvarez

Fundadora Directora Editorial Texto

Jefa de Redacción Maquetación Poema

Director de Comunicación Poema

Corrección y Estilo Redacción Poema

Ana Coreta

msscacaculo

Artemisa Espinosa

Germán Peñaranda

Andrea Frye

Ana Pérez Requejo

Jorge Arturo Gallegos Ramírez

Adrián Pons

Sergio Garot

Miguel Sáez Martín

Clara Harguindey

María Turreira

Miranda no tiene párpados

Petro Vador

Relato

Collage

Fotografía

Fotografía

Relato

Fotografía

Poema

Relato

Fotografía

Collage

Collage

Fotografía

Poema

Poema

Portada y contraportada: Artemisa Espinosa


OCÉANOS Febrero 2017


Collage: msscacaculo


Editorial Un día le pedí a mi madre que me explicara qué es el océano, por qué no se puede abarcar con la simple mirada de un niño. Ella contestó: el azul es el color del infinito, en el azul todo nace para morir y muere para nacer de nuevo, no se puede encerrar todo el azul en una mirada. (Están en todas partes: dentro del estómago y de los ojos de ese niño, en sus calzones, por sus calcetines. En todo. Más tarde fuimos a la nevera y allí había más; sobre los helados se multiplicaban. Pensé en que un escupitajo era también uno de ellos y pensé que de todas nuestras bocas podría salir otro, pero que, quizá, no pudiéramos ponerle un nombre). No sé escribir; ahora solo pienso en ellos. Si todas sus gotas se dieran cuenta de lo juntas que están, acabarían repudiándose, repeliéndose y dividiéndose en charcos. Como queriendo romper con la masa, y aunque luciendo orgullosas su independencia, pronto sucumbirían al calor y pasarían a ser presas de las nubes. Solo son escupitajos. ... Y en la humedad resultante de tu cuerpo cerca. Recuerdo los días de sal en nuestro pelo y en las pecas de mi nariz. Pienso en cáncer de piel –células escamosas–, pero qué bien sienta bañarse de luz y no protegerse de nada, no preocuparse de nada. Ahora música a 741 Hz con fondo azul para mejorar la fluidez de comunicación (meditation/medication), el humo pegándose al techo y a la ropa y al recuerdo; y qué más da si es todo ficción digital, holograma bidimensional, recipiente-vida. volver al líquido madre Infinito-Agua-Azul-80% del ser humano-Olas-Mareas-Maremotos-Playa-VeranoTempestad-Naufragio

El Equipo de Pineal Magazine


2087 Se disponen a leer lo que dejó escrito una futura amistad. De cómo ha llegado a este tiempo un relato en una servilleta digital a modo de diario no se sabrá más, solo que los entresijos de la World Wide Web son inescrutables, y en su océano navegan mensajes en botellas.

admisión, así que crucé. Un calor acogedor invadió mi cuerpo. Aún no sabía de qué iba la temática del sitio, pero por el olor a humo estaba claro que se podía fumar, así que me he acercado a un sofá libre que había a la vista y me he hecho un cigarro. El local parece haber sido un antiguo garito del siglo XX, con baldas detrás de una barra, ahora vacías, y la típica disposición de salón. Nueve personas he contado: tres amigos estaban inmersos en un jueguecito cariñoso en el que se reían y acariciaban, una pareja absorta en una especie de juego de mesa con un tablero como el del antiguo ajedrez, pero ejecutando sus movimientos con unas postales con distintos logos y un grupo de cuatro se divertía intercambiado ediciones impresas y leyendo.

«¡Cómo estaba la ciudad esta mañana, por dios! Cientos de convocatorias de protesta social se suceden en las redes y congregan a millares de personas en las calles, la policía siempre alerta e inquieta carga con facilidad, cuando no son las impacientes hordas de gente las que comienzan a descargar su violencia. Me imagino también la contradicción de esos Al conectarse mi sistema móvil al reductos de policías físicos que dirigen las acciones de los grupos de poliborgs, Wi-fi del lugar saltó en mi salvapantallas un soldados rasos a pie de calle al fin y al mensaje: cabo. Seguramente estarán de acuerdo con algunas reivindicaciones, es de suponer, En la tierra que pisamos, tienen corabro, todo el mundo sabe hoy somos islas, náufragos. que hay que derribar las estructuras de Océanos de arena, la sociedad tal y cómo ha venido siendo, infinitud de granos, aunque de miedo haya mucho que perder rodean nuestros mundos solitarios. y nada que asegure las consecuencias ¿Uno más buscando regresar a puerto?, positivas de los descalabros que estamos ¿hallar agua en este desierto?, viviendo, y lo que ha de venir. Me despisté de Save the Planet pensando en qué podría comer por esa zona del centro; tenía pinta de que iba a empezar a haber movimiento no tardando y estaba sin fuerzas. Caminé hacia el Sur por una callejuela estrecha que encontré mientras dejaba atrás gritos, empujones y algunos encontronazos. A unos dos minutos, todavía se sentía algo de bullicio, vi salir a alguien de lo que me pareció por la puerta un club, hacía frío y necesitaba un poco de abrigo hasta llegar a algún sitio en el que canjear points, mi celular indicaba que aún no tenía ninguno cerca. Aproveché la salida de esa desconocida para pasar con la puerta abierta, al cerrarse tras de mí, cesó el sonido de las sirenas; a lo lejos, después, resultó que no había nadie en la sala de

Despierta, bienvenido a un oasis fresco ¿sabes tú si el resto fue espejismo, realidad o sueño?

Acto seguido mi dispositivo quedó bloqueado, inutilizado, todo, mi pantalla solo aportaba esos extraños versos, el brazalete nada, off total, busqué las gafas en mi riñonera y tampoco estaban activadas, era una simple montura con lentes oscuras. Primero la ansiedad, comprobar todo, energúmena perdida, después la incredulidad, la sorpresa, y el misterio. Me quedé un momento tratando de entender qué tipo de broma era aquello, me dediqué a fumar mi cigarrillo tranquilamente observando esa gente a mi alrededor; un placer inusitado se apoderó de mí.


Collage: Clara Harguindey; Texto: Ana Coreta

Dejé pasar el tiempo sin conciencia de los minutos, verdaderamente como ya casi sucede solo cuando duermes. Me tumbé, se estaba muy a gusto de repente en ese reducto desconectado del globo. Fue entonces cuando, al estirar las piernas, toparon mis pies con una especie de pizarra electrónica con un teclado en la pantalla y solamente un botón que ponía go. Escribí palabras sin sentido, pero al darle al botón no ocurría nada, de manera que, por entretenerme, me dispuse a redactar un texto algo mayor. Empecé a escribir lo que había sido mi jornada hasta el momento, como se puede comprobar, un día más en la agitada Europa de mediados del siglo XXI. Mientras en los núcleos urbanos superpoblados se sucede la violencia y todo tipo de altercados, la inseguridad en los desiertos deshabitados no es mucho mejor, en resumen, el mundo está que arde y todos soñamos con que nos toque un pasaje a la

estación espacial o al campamento lunar en los sorteos continentales. Cada cual deposita en esos boletos la única posibilidad de salvación, quedan pocos días para la rifa del año. Y así es como he llegado a narrar lo que acaba de ser leído, hace un poco que la pantalla se puso verde al superar cierto número de palabras. No hay mucho más que contar por una joven que, como la mayoría de su generación, vive entre circuitos de protesta y actividades consideradas subversivas, tratando de mantener la clandestinidad entre lectores de chip, geolocalizadores, pasos cifrados, peajes de datos y demás burocracia digital deshumanizante. Es curioso este lugar, asombroso poder ver a otros seres sin barras de estado en sus perfiles, interesante. Disfrutaré un momento más de este páramo antes de continuar mi camino, he de encontrar alimento, GO.»


Fotografía: María Turreira


DOSMADRES Mamá dice: todo va bien, pero no es verdad, no; yo sé que no lo es. Hija dice: mamá, quiero cortarme el pelo, está largo, no lo quiero, y es verdad. Ella sabe que lo es, pero no sabe ya hablar, que espere un poco —le dice—, que está bonita. Pronto serás sirena, por fin una sirena: podrás nadar por el agua hasta que se agoten los pacíficos, los adriáticos, los danubios y el agua que baja culeando el tíbet.

Poema: a.t.

(Le acaricia el pelo con mucha ternura, y gime).


Gestación del Nautilus

Collage: Miguel Sáez Martín

(Estimulación temprana del Capitán Nemo)


FotografĂ­a: Sergio Garot


MAR Y CIELO SON ESPEJO* El mar y el cielo son espejo, porque los pescadores son gaviotas con sombrero. Porque de día los dos son azules; de noche, los dos negros. Porque son las estrellas de mar las del firmamento. Porque bien pareces, marinero, de blanco todo… un ángel.

Poema: Petro Vador

*Enlace QR al poema-canción para una experiencia completa del océano.


Poema: Miranda no tiene pĂĄrpados

Mis sueĂąos estaban dentro de una pecera Los alimentaba con peces de diferentes colores y con mi piel Cuando introducĂ­a la mano para comprobar la temperatura del agua Lo devoraban todo salvo el cristal Que me salvaba Al otro lado


Fotografía: Ana Pérez Requejo


OCÉANO Para corriente de resaca la que sufro cada vez que me baño en tus ojos. Suena jazz, me hago el muerto y naufrago. El querer posee más fuerza que las olas, es por eso que cada vez acabo más dentro. Más a la deriva. Más perdido. Más pirata. Mis ojos cerrados huelen la brisa, y dejan un sabor amargo en mi memoria. La aspereza de un nudo que en el pasado fue atado a conciencia para que nunca aflojase. Me tengo lejos; ya no oigo el romper del agua en la orilla. Ya no existen espigones que calmen la fuerza del sentir, pero las huellas siguen en la arena de mi pecho. Las tempestades solo mantuvieron lo importante, aquello que sí estaba aferrado. A pesar de ello, la balanza sigue marcando exceso de equipaje. Un sobrepeso que me llevará al fondo, pero del que no pienso desprenderme. A día de hoy, el recuerdo es el único capaz de recordarme quién soy. Si a 10 leguas hay tierra firme, entonces cambiemos el rumbo.

Texto: Adrián Pons


Fotografía: María Turreira


1/

Poema: a.t.

quiero el descenso de los peces y luego escuchar las corrientes que tienen tantas voces en tantas veces


Fotografía: Germán Peñaranda


FotografĂ­a: Artemisa Espinosa


DÍA DE PLAYA ¿Nunca habéis pensado que el mar está lleno de meadas de peces? Bueno, no solo de peces, también de millones de humanos que broncean su cuerpo al sol en las playas hasta coger ese tono naranja radioactivo que todos desean. No nos engañemos, la gente hace pis en el agua. Ahora, sentada en la arena me da por pensar estas mierdas mientras observo la fina línea que une el cielo con el mar. Esta masa inmensa de líquido cristalino, H20 aliñado con toneladas de minerales que un día fueron robusta piedra y que acabaron en este cóctel por desgaste… ¿Y luego? Toda esta movida se evapora, forma blancas nubes que después se vuelven negras, viajan a cientos de kilómetros por hora por el cielo, cruzando países enteros hasta que cansadas, tristes y cabreadas de tanto vagar sin sentido, un día estallan y escupen rayos ¡putos rayos eléctricos! Y lloran, millones de gotas que caen en forma de chaparrón. Todas esas lágrimas acaban recogidas en embalses, de los embalses a nuestros grifos y joder, luego me pregunto a mí misma que de dónde me brota tanta melancolía ¡me la bebo a tragos! … Ojalá solo lloviera pis. No paro de darle vueltas al asunto y ahora pienso en toda la gente que muere diariamente en el mar, sueños y ambiciones ahogadas. Carne, sangre y hueso forman parte de ese cóctel, de ese ciclo. Supongo que también nos los bebemos.

Texto: Andrea Frye

Toneladas de basura, cabezas de misiles, residuos nucleares, chapapote y toda la mierda que se va por el váter (y a saber qué más), todo eso en este inmenso océano que no llega a abarcar mi mirada ¿cómo es posible que solo sea capaz de captar este bello reflejo azul?

Debo estar jodidamente ciega, todos lo estamos.

Se me están friendo las ideas, me voy a comprar un helado.


DETENERSE EN EL H(ORIZONTE)OCÉANO* *El texto está planteado para una lectura en vertical, de arriba abajo y viceversa.

(Ser, leer como una ola) Danzante incansable, caminas lento al vaivén del día. —Construyes tu propia coreografía— [Te miro]

con la distancia exacta del espectador.

Mural folclórico, escultura futurista. —Siempre sugiriendo el movimiento perpetuo— [Pienso en tu progreso] Cubres horizontalmente lo que poco a poco conoces. (como una ola) Murmullo de versos [escucho] interpreto creativo, tu música.

[Mirarte] Condensa en un movimiento binario el tiempo… (es decir) Ir y venir.

Poema: Jorge Arturo Gallegos Ramírez

Sábana de tiempo, línea que baila entre la indecisión.


FotografĂ­a: Sergio Garot


FotografĂ­a: Sergio Garot


Pasan por la tele un reportaje sobre temas marítimos, y de pronto pienso: Qué estúpido el mar, qué estúpida su obediencia ciega al soplo de los vientos. Salvador Pániker

2/ alejo mis pasos del suelo

Poema: a.t.

ahora soy un pilar del mundo, y floto. (es la vida de una piedra)


Hablar como verdad las vidas no vividas para erosionar los bordes de la situación-dolor presente –no soy culpable–


Fotografías: María Turrerira; Poemas: Melanie Benyahya

Devenir líquida. Dejar de ser una y sumar.

Tejido azul cristalino.


Fotografía: María Turreira


TODO EL MUNDO MIRA EL MAR Todo el mundo mira el mar, como exigiéndole algo. Fantaseando quizá con encontrar el oro que tantos perdieron o una señal, un mensaje, una ola inmensa que sea el final que arregle una vida. Como quien espera, bullendo angustia, la llegada de un ser amado. Echando de menos o deseando desaparecer sin dejar ningún rastro

Poema: Kate Shogun

Todo el mundo mira el mar, ansiando ser perdonado.


Collage: msscacaculo


Š Pineal Magazine, Madrid, febrero 2017. pinealmagazine@gmail.com ISSN 2530-1519



Pineal #17