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All we are saying biografĂ­a de John Lennon


All we are saying


Título original: Todo lo que decimos Primera edición: junio de 2000

Todos los derechos reservados. Printed in Spain - Impreso en España ISBN: 84-397-1154-9 Depósito legal: B. 47.819 - 2CC4 Compuesto en Fotocomposición 2000, S.A. GM 1 1 5 4 9


give peace a chance


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La vida después de la muerte:

John Lennon a la venta

Describir la turbulenta historia de The Beatles o las marcas musicales y culturales establecidas por John Lennon sería un ejercicio de lo obvio. Mucho del mundo sabe que Lennon fue el espíritu guía de The Beatles, el grupo que aportó las influencias más populares y profundas de la década de los sesenta antes de terminar amargamente en 1970. Algunos seguidores culparon del rompimiento a Yoko Ono, la segunda esposa de John nacida en Japón, de quién se dijo ejerció una influencia desproporcionado sobre Lennon y con el cual ha colaborado durante los setentas. En 1975 los Lennon se volvieron inaccesibles para la prensa y aunque ha habido mucha especulación en los medios impresos, emergieron para disipar los rumores -y para lanzar un nuevo álbum- sólo hace un par de meses. Los Lennon decidieron hablar con Playboy en la entrevista más larga que habían dado. El escritor freelance, David Sheff, fue asignado a esta tarea y cuando él y el editor de Playboy se reunieron con Ono para discutir las condiciones de la entrevista, Ono dijo: “La gente como Carter representa sólo a su país. John y yo representamos al mundo”. Sin embargo, al momento de concluir la entrevista, varias semanas después, Ono ya se había unido al proyecto con entusiasmo. A continuación se presenta el reporte de Sheff: “Había una gran posibilidad de que esta entrevista nunca se realizara. Cuando mis contactos con la organización


Lennon-Ono empezaron, uno de los asistentes de Ono me habló y me preguntó de manera seria: “¿Cuál es tu signo?”. Aparentemente, la entrevista dependía de la interpretación de Yoko de mi horóscopo así como muchas de las decisiones comerciales de los Lennon dependieron de las estrellas. Ya me estaba imaginando, explicándole el editor de Playboy: “Lo siento, pero mi luna está en Escorpión, la entrevista fue cancelada”. Claramente, estaba fuera de mi control. Así que di mis datos: “Diciembre 23, 3 p.m., Boston”. Gracias a mi buena estrella. La llamada entró y la entrevista estaba tentativamente aceptada. Y pronto me encontré en Nueva York, pasando a través de las rejas siniestras y de numerosos puntos de chequeo en el edificio de los Lennon, el famoso edificio de departamentos Dakota en la parte oeste de Central Park, en donde la pareja habita y en donde Yoko Ono inicia sus labores a las 8:00 en punto, cada mañana”. Ono es una de las mujeres más mal entendidas de la vida pública. Su imagen misteriosa se basa en recuentos verdaderos y falsos sobre sus filosofías y sus declaraciones de arte y en el hecho de que nunca sonríe. También se basa, tal vez injustamente, en el resentimiento que tiene sobre la imagen de hechicera/Svengalí (1) que controla la existencia total de John Lennon. Esta imagen ha permanecido en el tiempo, desde que ella y John se conocieron, básicamente porque ella ha decidido no modificarla -ni ha decidido sonreir-. Así que me quité los zapatos antes de caminar sobre su frágil alfombra -esas fueron las instrucciones- y me pregunté cuál sería la siguiente prueba. Entre interrupciones por parte de sus dos asistentes hombres que estaban ocupados en monitorear un flujo de llamadas telefónicas, Yoko me permitió saber la razón. Finalmente me explicó por qué las estrellas habían dicho que era correcto, de hecho, muy correcto. ¿Y quién era yo para discutirlo? Así que el día siguiente me encontré a mí mismo sentado enfrente de dos tazas de capuchino y viendo a John Lennon. Lennon, todavía con los ojos adormilados por falta de sueño y con aspecto desaliñado por no haberse rasurado, espero al café para iniciar un sistema que originalmente es usado para acompañar el sushi y el sashimi


-”peces muertos”, como les dice-, junto con cigarrillos franceses y barras de chocolate Hershey con almendras. Durante la primera hora de la entrevista, Lennon hizo que olvidara todas mis ideas preconcebidas de él. Fue mucho más abierto y cándido de lo que yo tenía derecho a esperar. Estaba preparado, una vez que Yoko había dado la autorización, para hablar de manera franca de todo. Fue más bien una explosión. Si sus sesiones de terapia de gritos primarios fue su punto de alivio emocional e intelectual hace 10 años, esta entrevista era su descarga más reciente. Después de una semana de conversaciones con Lennon y Ono de manera individual y en conjunto, habíamos establecido algún tipo de compenetración, que fue confirmada muy temprano una mañana. “John quiere saber qué tan rápido puedes reunirte con él en el departamento”, anunció la ya familiar voz del asistente de Lennon-Ono. Fue un viaje corto en taxi y al llegar me dijo. “Un tipo quiere entregarme un citatorio y yo no quiero saber de eso hoy. ¿Me ayudarás a perderme?”. Nos subimos a su limosina y nos dirigimos al estudio de grabación tres horas antes de que Lennon estuviera programado para llegar. Lennon le dijo a su chofer que bajara la velocidad al aproximarnos al estudio y me pidió que saliera primero y me asegurara que el camino era seguro. “Si alguien viene con papeles, despídelo”, dijo, “Siempre y cuando no me toquen, está bien”. Antes de salir del coche, Lennon señaló a un pordiosero que dormía junto a la pared del estudio. “Podría ser él”, advirtió, “son unos maestros del disfraz”. Lennon se encaminó rápidamente al elevador jalándome con él. Cuando las puertas del elevador finalmente se cerraron, suspiró nerviosamente y de alguna manera lo absurdo de la mañana tomó consciencia en él. Empezó a reír. “Me siento como si estuviera en la época de ‘A Hard Day’s Night” o ‘Help!’”, dijo. Mientras la entrevista fue progresando, la relación complicada y malentendida entre Lennon y Ono emergió como el factor primario en la vida de ambos. “¿Por qué la gente no nos cree cuando decimos que estamos simplemente enamorados?”, pregunto John. El enigma llamado Yoko Ono se volvió accesible cuando la dura capa exterior se rompió -como lo fue en la mañana en la que le dio hipo a la mitad de un discurso



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