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¿POR QUÉ LA TRADUCCIÓN QUE HACEN LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ DE JUAN 1.1 ES INCORRECTA? Por muchos es conocida la controversia que se ha generado alrededor de este importante texto con el que Juan encabeza su Evangelio. ¿Cuántos de nosotros no hemos sido abordados por aquellos que nos dicen que Jesús no es el Dios Todopoderoso sino un dios menor, la primera creación de Jehová? Quienes dicen eso usan el primer versículo del Evangelio de Juan como uno de sus principales argumentos para comprobar su tesis. Ellos traducen este verso de la siguiente manera: “En el principio la palabra era, y la palabra estaba con Dios y la palabra era un dios”. Claro, inmediatamente salta a nuestra mente la gran diferencia que hay con la versión RVR60: “En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios”. ¿A qué se debe esta diferencia en la traducción? Los Testigos de Jehová pretenden ser fieles al texto griego al insertar el artículo indefinido “un” antes de la palabra griega logos (verbo-palabra) aunque éste no se encuentre allí. Sin embargo, estamos persuadidos que su traducción obedece más bien a prejuicios teológicos que a fidelidad a la gramática griega. Tomemos en consideración tres argumentos que apoyan la traducción tradicional de la tercera cláusula de Juan 1.1 seguida por la mayoría de las versiones cristianas: “Y el verbo era Dios”. 1. ARGUMENTO GRAMATICAL Una primera pregunta fundamental que debemos hacernos en este texto es de quién se está hablando, o en otras palabras, quién es el sujeto gramatical de esta oración. Todos estamos de acuerdo, aún los Testigos de Jehová, en que el sujeto de la oración es el “verbo”, la “palabra”, en griego “ ὁ λόγοσ”. Así lo introduce Juan en la primera cláusula: “En el principio era el verbo”, y lo reafirma en la segunda: “y el verbo era con Dios”. Se habla del verbo y se dicen dos cosas acerca de él: estaba en el principio y estaba con Dios. En la primera cláusula se enmarca al logos con respecto al tiempo simplemente diciendo que él era antes del tiempo. Note bien que la palabra “principio” aquí se usa en un sentido absoluto y no en un sentido relativo. No se dice a qué principio se refiere, no se coloca un marco temporal, pues entonces hubiera dicho algo así como: “En el principio de…”. Es decir, Juan habla de algo que aconteció antes del principio de todas las cosas. Y en la segunda cláusula afirma la relación que el logos tiene con “Dios”. Es importante destacar que en esta cláusula tanto la palabra logos como la palabra θεὸσ (Dios) están precedidas por el artículo definido en griego, con lo cual Juan quiere señalar que tiene en mente dos personas diferentes: el logos y el Dios. Esta distinción personal también es evidente por el uso de la preposición pros, traducida “con”. En la tercera cláusula Juan continúa hablando del logos, y ahora da una tercera afirmación acerca de él. Aquí está el fondo de la controversia. Para entender bien lo que Juan dice debemos acudir a la gramática griega. La estructura de esta oración recibe el nombre de predicado nominal. Generalmente se construye de la siguiente manera: un sujeto (de quien se habla), seguido de un verbo copulativo (del tipo ser o estar), más un predicado nominal (un sustantivo o un adjetivo que señala una cualidad, la naturaleza o la esencia del sujeto). Cito a continuación literalmente el texto griego de esta tercera cláusula para que podamos entender dónde está el fondo de la discusión: καὶ θεὸσ ἦν ὁ λόγοσ; lit. y Dios era el verbo. Quienes insertan el artículo indefinido antes de la palabra Dios (θεὸσ) argumentan que la ausencia del artículo definido en el predicado nominal lo hace indefinido. Dos respuestas podemos dar para demostrar la falsedad este argumento. Primero, ningún gramático de peso ha respaldado tal afirmación. Segundo, y más importante, tenemos otros casos en el NTG donde encontramos la misma construcción (con la ausencia del artículo en el predicado nominal), y donde curiosamente la traducción del Nuevo Mundo respeta la gramática y lo traduce sin el artículo indefinido. Veamos: I Juan 4.8: “Por que Dios es amor” (TNM) [ὅτι ὁ θεὸσ ἀγάπη ἐςτίν]. Literalmente en el griego dice “porque el Dios amor es”, donde el predicado nominal precede al verbo, tal y como está en Juan 1.1. Claro, aquí los traductores de la versión del Nuevo Mundo se percataron de la incoherencia de traducir “porque Dios es un amor”, pero el asunto no es simplemente de incoherencia sino de las reglas propias de la gramática griega. En el mismo capítulo de Juan 1.1 tenemos otro caso que nos apoya: Juan 1.14: “De modo que la palabra vino a ser carne” (TNM), “y el verbo se hizo carne” (RVR60) [Καὶ ὁ λόγοσ ςὰρξ ἐγένετο]. Literalmente “y el verbo carne llegó a ser”. Note de nuevo que el predicado nominal “carne” precede al verbo copulativo “llegar a ser” y no tiene el artículo definido, con todo la traducción del Nuevo Mundo no se atreve a decir: “de modo que la palabra vino a ser una carne”, lo cual, de nuevo sería absurdo.


Con estos dos ejemplos nos basta, pues son del mismo autor, Juan, y el segundo ejemplo se encuentra en el mismo contexto del versículo en discusión. Ahora bien, ateniéndonos a la gramática griega, podemos decir que el predicado nominal tal y como lo usa Juan aquí (sin el artículo definido), tiene por lo menos dos significados: a. Señala una cualidad, atributo o la esencial de sujeto. En otras palabras, Juan está afirmando la deidad del logos. Lo cual es, como veremos en los siguientes dos puntos, la teología de Juan a lo largo de todos sus escritos. b. Aquí no coloca el artículo definido detrás de la palabra Dios, para no eliminar la distinción personal entre el logos y Dios, lo cual acaba de afirmar en la cláusula anterior, donde sí usa el artículo definido detrás de las dos palabras. Así, Juan evita, por un lado el arrianismo que le resta la deidad al Hijo, y, por otro lado, el sabelianismo que niega la distinción personal entre el Padre y el Hijo. Tenemos, pues, que en la primera cláusula Juan nos habla de la eternidad del logos, en la segunda lo distingue como una persona diferente del Dios, pero en la tercera cláusula afirma contundentemente la deidad absoluta del logos. En este texto, encontramos, entonces, dos personas distintas a las cuales se les llama Dios. 2. ARGUMENTO CONTEXTUAL Que en la mente de Juan, inspirado por el Espíritu Santo, el logos, quien es identificado en el v. 14 como Jesús, es Dios en todo el sentido de la palabra, queda claro por el propio contexto de Juan 1.1. Notemos los siguientes hechos: - El versículo 1 comienza afirmado la eternidad del logos. Ya dijimos que la palabra “principio” es usada aquí en un sentido absoluto y no relativo. - En el v. 3 afirma que el logos no es parte de la creación y que todo cuanto existe ha sido creado por él. Ésta es una clara afirmación de la deidad y eternidad de Jesucristo: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” - En el v. 4 declara que la vida proviene solamente de él: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” - En el v. 18 enseña que sólo él puede dar a conocer a Dios y Dios sólo puede ser conocido a través de él: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”, lo cual es posible porque, como afirmará el mismo Jesús “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14.9). 3. ARGUMENTO TEOLÓGICO El resto del Nuevo Testamento enseña la deidad absoluta del Hijo de Dios, Jesucristo, el logos. Veamos algunos textos: - Romanos 9:5: “de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” - Tito 2.13: “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” - Hebreos 1.8: “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino” - II Pedro 1.1: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra” No es de extrañar, entonces, la sorprendente declaración de Tomás ante la vista del Hijo de Dios resucitado: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20.28), que usted, querido amigo, puede corroborar en su misma traducción del Nuevo Mundo: “En contestación Tomás le dijo: ‘¡Mi Señor y mi Dios!’”.

Por: Ptr. Javier Martinez jarolayo@gmail.com

Porque la traduccion de los Testigos de Jehová de Juan 1.1 es incorrecta?  

Apologetica

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