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EL SAPO QUE QUERÍA SER FAMOSO Érase una vez un sapo, que se pasaba todo el día en su charca pensando la manera de hacerse famoso y decidió consultar a tres tías que tenía solteras para ver qué solución le daban. La primera tía le dice: Para ser famoso, lo mejor que podrías hacer es casarte con una artista de renombre. El sapo le dice: Esto podría ser pero voy a tener después poca intimidad en la vida. La tía le responde: Sí, pero de esta forma no das un palo al agua, ganas mucho dinero y estás saliendo constantemente en la tele. El sapo le replica: ¡No me podríais sugerir otra cosa? La segunda tía le dice: Para hacerte famoso, lo mejor que podrías hacer es encontrar en tu charca un tesoro que hubieran escondido unos seres humanos de la época prehistórica y lo estén buscando para saber más sobre sus orígenes. Seguro que de esta forma, no solo saldrías en la tele, sino también en las revistas, periódicos, etc. Y las ranitas se enamorarían de ti porque serías muy renombrado y además, seguramente hasta los cantoautores te escribirían canciones.


El sapo le contesta: No es mala idea, pero llevo buscando el tesoro muchos años y no lo encuentro. La tía le pregunta: ¿Seguro que has buscado bien? ¿te has esforzado en el intento? O ¿Crees que a los famosos se lo dan todo hecho? La tercera tía le dice: Creo que lo mejor para hacerte famoso sería hacerte inventor. El sapo le replica: Pero ¿ qué invento? La tía le responde: Piensa bien, que los habitantes de tu charca necesitarán una planta de autosecado para secarse automáticamente al salir de ella. El sapo responde: Buena idea pero, ¿eso no está ya inventado? Creo que no, dijo la tercera tía. No obstante, eso lo puedes averiguar en internet. El sapo consultó en su ordenador pero esa propuesta ya estaba inventada y dijo: Ya sé, me haré cantante. Y la tía le contesta: Pero ¿cómo vas a ser cantante si tienes un oído que parece una alpargata?


El sapo, un poco molesto, le responde: Si, pero mi profesora me dice que hasta el oído se puede educar con el esfuerzo. Y dicho esto, no lo dudó dos veces y se marchó al conservatorio de música de “Canto Sapil”. Allí se encontró con tres profesoras que le probaron la voz. La primera le hizo que cantase ópera, pero lo rechazó porque no valía para ello. Salió de allí y se fue en busca de una tonadillera que, al oírlo cantar, se tapó los oídos asustada y dijo que buscase otro estilo de música. Buscó después a otra profesora que fuera más joven y tuviera las ideas más renovadas sobre la música, así llegó a la profe de rok duro, pero también lo rechazó porque no sabía tocar la guitarra y vestía muy clásico; dijo que tenía que ser un estilo a Los Sevilla y vestir todo de negro y no de verde. Cuando ya estaba desesperado e iba a renunciar a su intento, en una esquina había unos raperos, se interesó por la canción que estaban cantado y que llevaba por

título: “El rok de la

charca” y pensó: Esto sí que lo puedo hacer yo. Me puedo convertir en un sapo rapero, el mejor del mundo entero y en todas mis actuaciones me pondré una chupa de cuero. De camino hacia la charca pensó: Todos los cantantes necesitan a alguien que les saque la letra de sus canciones, yo no voy a ser menos.


Y colocó un letrero que decía:

SAPO RAPERO BUSCA LETRISTA Interesados llamar a la charca de La Esquina, al número de teléfono:675678989. Se asegura buen sueldo y llegar a famoso con poco esfuerzo. A los pocos minutos de colocar el letrero se presentó un sapo moreno cancionero y le prometió que le iba a componer una canción que los haría famosos a los dos. Con ella, se presentó a Operación Triunfo y lo eligieron para ir al Festival de Eurovisión representando a su país, Sapolandia, pero no gustó mucho la canción y quedó clasificado en último lugar. El que se hizo famoso fue el que le escribía las letras, componiendo más canciones para otros intérpretes y más tarde haciéndose cantoautor. El sapo entonces pensó: Me parece que he tenido muchos grillos en la cabeza, mejor me marcho a mi charca, me caso con una de las ranas tan bonitas y trabajadoras que hay allí, me hace la comida, me lava, limpia la casa y de paso, como es costumbre en la actualidad, que trabaje fuera del hogar y yo a vivir como un marqués. Y así fue, se casó con una rana muy hacendosa, vivió bañándose y tomando el sol todos los días del año pero, a los pocos años, falleció de un infarto, haciéndose famoso después porque todos los medios de comunicación hacían referencia a la forma de morir que tuvo, habiendo llevado una vida tan relajada. Y colorín colorado, este relato sapil se ha terminado.



EL SAPO QUE QUERÍA SER FAMOSO