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Investigaciones

fueron conquistados por el rey Jaime I entre 1230 y 1240 aunque no de manera bélica: la conquista de los castillos de Morella y Culla y el avance por el sur de la actual provincia de Castellón provocaron la rendición y posterior ocupación de las comarcas (Simó Castillo J. B., 2008). Se les otorgaron sus cartas de población entre los siglos xiii y xiv. En estas fechas se repiten una serie de características comunes que establecen un crecimiento más o menos paralelo en todos los ámbitos poblacionales de la zona. Este crecimiento produjo cierta dispersión: personas que vivían en el casco urbano, en el pueblo, y otras que optaron para dispersarse por el término y vivir en masías. Según Escrig, la población estaba repartida tanto en núcleos compactos como en núcleos dispersos, concretamente en Lucena del Cid representaba el 43,6% de las personas que vivían fuera del casco urbano. Conectar estos modos de vida requirió un entramado de sendas y caminos reales que se heredaron de la época musulmana (Escrig J., 2010). La reconquista cristiana durante el siglo xiii de las tierras de estas comarcas comportó la repoblación de las mismas y a la vez la instauración de una economía basada en la ganadería extensiva. A raíz de ello, todavía en la actualidad podemos observar una red de senderos señalizados con muros de piedra seca (márgenes) (Escrig J., 1978). Aunque la economía en estos siglos se basara en la ganadería y, por lo tanto, en el comercio y manufactura de la lana, no hay ningún indicio de que las personas que habitaban estas comarcas no se dedicaran también a la agricultura de autoconsumo. Los primeros rastros de construcciones que se encuentran en la zona datan de la época de la repoblación cristiana, entendiendo la masía como refugio para las personas y los animales. Posiblemente fueron construidas sobre asentamientos que podría haber previamente. Un ejemplo de ello podría ser Sant Miquel de les Torrocelles. La molinería, también presente durante la Edad Media en esta región, era propiedad de los señores feudales (Escrig J., 2010), por lo que se entiende que era una de las maneras con las que estos terratenientes cobraban impuestos a los campesinos. Las masías seguían con la explotación ganadera. El artículo publicado, en 1976, en la revista Quaderns de Geografia, de Rafael García data que, en 1510, poblaciones como Culla, tenían 55 casas y 8.276 ganados; entendiendo como casas las unidades familiares y ganados, el ganado vacuno, ovino y caprino. En el siglo xvi se produce una expansión poblacional, una ocupación del territorio en la que la ganadería, la agricultura y el comercio de la nieve son los protagonistas. El primer documento que habla sobre el comercio de la nieve en la zona data de 1589, cuando una cofradía de frailes de Castellón encarga al señor del macizo

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del Peñagolosa, el conde de Aranda, nieve para trasladarla a la ciudad (Boira i Muñoz, 2012) aunque se cree que ya existían los trabajos relacionados con la nieve antes de esta fecha. En los comienzos del siglo xvii, 1603-10, el comercio de la nieve y las neveras inauguran su época de esplendor (Cruz Orozco, 1985). Tanto es así, que el actual Pr V79 pasó a conocerse, y todavía es así en la actualidad, como el camino de los Nevaters. A mediados del siglo xviii, las masías evolucionan y crecen en volumen y número. Las épocas de las pestes negras y otras enfermedades que arrasaban la población han pasado. Un incremento de la presión demográfica hace que la agricultura pase a ser la base de la economía de la zona y la ganadería quede en un segundo lugar. En esta época, alrededor de 1750-60, empieza la primera etapa de la decadencia de la trashumancia. Una vida basada en la agricultura y un terreno lleno de cultivos generan un conflicto al paso de grandes cantidades de animales por sus márgenes (Fernández Otal, 2003). Una demanda más grande de productos agrícolas causó problemas de abastecimiento por el crecimiento de población. La solución por la cual se optó fue ganar terreno a las montañas mediante terrazas de cultivo: bancales (Escrig J., 2010). Como consecuencia de esta evolución se pueden encontrar en la zona grandes ejemplos de adaptación de las construcciones que tenían un uso ganadero a un uso residencial o de almacenamiento. Se pueden observar ejemplos como el mas de Segundo (fig. 1), donde se adapta un antiguo corral como vivienda. También se aprecian masías donde el aumento del número de habitantes lleva a dividir antiguas viviendas en dos, cegando y abriendo vacíos, para albergar dos familias en vez de una. Es también en esta época cuando las masías generan una circunstancia curiosa y que perdurará hasta la actualidad: el fenómeno del mas de arriba y el mas de abajo. Las grandes propiedades se dividen en partes cuando la familia crece. Los padres, propietarios de grandes terrenos cedían a sus hijos parte de estos y construían una nueva vivienda bautizándolo con el mismo nombre y diferenciándolo con el «sufijo» de dalt o de baix. A comienzos del siglo xix, con las masías en plena época de producción agraria, la red de molinos existentes se amplía profusamente. Ello fue debido a un decreto real que permitió a los particulares construir molinos. A raíz de esta situación, se desarrolla una numerosa red de molinos que podemos considerar modernos (Selma, 2000). La guerra del francés, que tuvo lugar durante los años 1808 y 1814, menguó la ya de por sí malograda tradición trashumante en la zona de Aragón y en el interior de la actual provincia de Castellón (Fernández Otal, 2003).

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Memoriaviva8 cas web  

Publicación del proyecto Patrimoni del Programa de Extensión Universitaria. Universitat Jaume I de Castellón

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