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Antonio Ribera ecuestrados por extraterrestres

Documento/74


Antonio Ribera

trados por extraterrestres

Planeta


índice

,/1/1 1'1'( 11 IIIIH'Y

COLECCIÚN DOCUMENTO Dirección: Rafael Borras Betriu Consejo de Redacción: María Teresa Aroo Marce! Plans, Carlos Pujol y Xavier Vilar6 © Antonio Ribera, 1981 Editorial Planeta, S. A., Córcega 273-277 Barce!ona-8 (España) , ,

Edición al cuidado de Xavier Vilaró Diseño colección y cubierta de Hans Romber~ (realización de Jordi Royo) IlustracIón cubiert.a: dibujo de Joe! Me~nard! por gentIleza de la revista Phenomenes Spatiaux, editada por G.E.P.A.

Pr~ed~ncia de las ilu~traciones: Archivo Edit<,>nal Planeta, Parasearch, Enrique de VIcente y Autor Primera edición: diciembre de 1981 Segunda edición: febrero de 1982 Depósito legal: B. 3558 - 1982 ISBN 84-320-3614-5 Printed in Spain - Impreso en España T~lleres Gráficos «Duplex, S. A.», CIudad de la Asunción, 26-D, Barcelona-3D

11 Y Betty Hill: un Clásico

17

I I 11 .' 1 ti· la regresión hipnótica, 22; El subconscienh, t'lhllloso «banco de datos», 27; En la «cámara de I 'tllllH'lllIicnto», 29; El «mapa estela!», 32; Addenda, 39. lllll'dia

1I

intemporal del cabo Valdés ,

43

11110 I I¡·n· la censura, 45; Una interesantísima grabaI h'lI, -/(\; Rcacción de los animales, 52; Conclusiones, 54.

«platillos volantes» .

11

56

I

dcl vaquero colombiano: triple «ligue» extraI 60; La nave ovoide, 61; Lo que opina EruIIlhl'I, ft7; Dictamen del médico, 68; Otro caso (y van l' ) M; Algunas conclusiones y recapitulación, 70; , ",.ll'los con el caso Hill, 73; ¿Y si la clave estuviese 11 1/ IlIlI1a?, 74; Addenda, 77. 1 ,. " 11' 111',

I , "'IY u'la, o los pescadores pescados 1,

11'

I nlll:-;i Llanca, o la inocencia. I I • Il'fIordinario encuentro, 91; La investigación, 95; 1" 1 ('sultados, 96; Addenda A: transcripción de las "111'('1 IS grabaciones efectuadas a Dionisio Llanca bajo 1th,",,~ls, 102; Comparación con otros casos, 107; Ad,l. IIdll B, 108; El caso Balvidares, 111; Relación con el 1 '1 ., 1.lnnca, 115. l'I' : abducción en el Gran Londres . II

id I1te, 119; ¿Posibles consecuencias del inciden,. ' I 4: Tncidentes «keelianos», 125; Conocimientos ufoos de la familia, 126; Los sueños y la regresión h 11"1 1i a apuntan hacia una abducción, 127; La segun.111 ('IIlrcvista, 128; Las sesiones de hipnosis, 129; La , I 11\ 'lo a bordo de la nave, 141; El «examinador», 143; 1.. s '1' s altos, 144; Visita a la nave, 147; Información ..hll' la nave y las bases, 152; Resumiendo, 153. 11

"1 \

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I )11 hipnótica de los testigos, 80.

89

117


7.

Fortunato Zanfretta: el sueño de una noche de invierno .

155

Regresión hipnótica. de Zanfretta, 162; Addenda, 165; Raptado por tercera y cuarta vez,166.

8.

Rivalino Mafra da Silva: abducción total .

168

Addenda, 176.

9.

Bebedouro: la componente onírica.

181

El ovni «atípico», 184; ¿En la base espacial?, 186; Una visión y un secreto, 193; Investigaciones, 197.

10. Herb Schirmer: un ovni mal aparcado.

199

Addenda, 215. TRES CASOS IBÉRICOS

Abducción en el aeropuerto de Barcelona 2. Adela: abducción psíquica . 1.

219 223

Las cartas, 233; Una sesión hipnótica, 235; Addenda, 241.

3. Julio F.: el cazador cazado .

242

Habla Julio, 245; El viaje a Medinaceli, 246; Sesiones hipnóticas. 16-4-1980, 25-4-1980, 2-5-1980, 250; Ellos, 262; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 264; La conducta y el atuendo de los tripulantes, 271; El aspecto físico, 274; La nave, 276; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 278; El cilindro y los pasillos, 282; Sesión hipnótica. Octubre de 1979,284; La sala, 289; El examen del perro, 292; La mesa y las sillas, 294; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 297; El hombre de la pantálla, 303; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 305; La toma de muestras. Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 308; El viaje (con. tinúa la sesión), 314; La escopeta y los cartuchos, 318; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 322; La vuelta al coche, 323; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 325; Sesión hipnótica. (Jesús Durán)¡ 325; ANEXO. Algunas conclusiones anatómico-morfológicas, 327; Conclusiones al «caso Julio», 329.

Epílogo. Obras consultadas

334 337

indice onomástico

341

A Enrique de Vicente, que tanto sabe de abducciones y abducidos. Con afecto y agradecimiento por la ayuda que me ha prestado.


he aquí que un carro de fuego... separó a uno de . y Elías subía al cielo en el torbellino.

1" r

Reyes, "

n, 2·11

n menos de media hora la isla (volante) se aproximó

IIlsta tal punto, que no había más de cien pasos de dis1 111 ia entre ella y yo. Adopté entonces diversas posturas lIumildes y suplicantes, y hablé con el tono más conmov 'dor, mas no recibí respuesta. Los que se encontraban .

cerca de mí me parecían, a juzgar por su vestimenta, P Tsonajes distinguidos. Se consultaban entre sí y mi1'lIban a menudo hacia donde yo estaba. Finalmente uno d' Has se me dirigió en un lenguaje claro, cortés y muy dulce, cuyo sonido recordaba al italiano: fue pues en esta I 'ogua que yo le respondí. .. Aunque no nos entendíamos, lIIi aflicción fue comprendida; me indicaron por señas qu me bajase de la roca, y que fuese hacia la orilla, cosa lUC hice; descendió entonces la isla volante hasta un nivel nveniente, me arrojaron desde la galería inferior una adena que llevaba sujeto un pequeño asiento, en el que me senté, y en un santiamén fui abducido por medio de una polea. 111 S

JONATHAN SWIFT,

Viajes de Gulliver

3.' parte, «Viaje a Laputa»


INTRODUCCIóN

C'est icy un livre de bonne foy, lecteur. MONTAIGNE

NII s al ufólogo a quien se dirige este libro, sino al lector 1'lIrioso no especializado. Pretende contarle, y de paso conforme de nuevo a mí, las «abducciones» que, por una razón 11 (JI Ya, considero más dignas de referirse. «Abducción» es 1111 término jurídico que ha pasado a la jerga ufológica, \1 que viene a significar también «secuestro» o «rapto». ('omo los miembros de otras disciplinas más respetables, IIIS ufólogos -o sea los que pretendemos investigar el /'IIigma de los «objetos volantes no identificados» u ovnis (rI 'L inglés UFO, que significa lo mismo; de ahí el neolo-¡rismo)-, empezamos ya a tener nuestro criptolenguaje, Illle en cierto modo nos aísla de los demás mortales «no 111iciados». La abducción es uno de los aspectos más fascinantes de loda la fenomenología ovni, rica y compleja a estas alturas. 'onocemos algunos centenares de casos de abducción en lodo el mundo, pero debido a las características intrínse· 'as de la abducción (una de las cuales es la «desmemoria» -prefiero este término a amnesia- del sujeto abducido), quizá existan muchos más casos que, por definición, permanecerán para siempre ignorados. Y están luego las posibles «abducciones totales», es decir, sin devolución del ujeto, que sospecho que existen también, y tal vez en abundancia. Hay inquietantes estadísticas policíacas sobre personas desaparecidas, que dan mucho que pensar (dejando aparte las desapariciones por trata de blancas, huidas del domicilio paterno o conyugal, etc.). Por lo general, los seres humanos abducidos que se han podido entrevistar recuerdan el principio y/o el final del episodio. La parte central del mismo -que es la más im11


7. Fortunato Zanfretta: el sueño de una noche de invierno . Regresión hipnótica de Zanfretta, 162; Addenda, 165; Raptado por tercera y cuarta vez, 166.

8.

Rivalino Mafra da Silva: abducción total Addenda, 176.

9.

Bebedouro: la componente onírica. El ovni «atípico», 184; ¿En la base espacial?, 186; Una visión y un secreto, 193; Investigaciones, 197.

10.· Herb Schirmer: un ovni mal aparcado. Addenda, 215. TRES CASOS IBÉRICOS

Abducción en el aeropuerto de Barcelona . 2. Adela: abducción psíquica . .

1.

Las cartas, 233; Una sesión hipnótica, 235; Addenda, 241.

3.

Julio F.: el cazador cazado. Habla Julio, 245; El viaje a Medinaceli, 246; Sesiones hipnóticas. 16-4-1980, 25-4-1980, 2-5-1980, 250; Ellos, 262; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 264; La conducta y el atuendo de los tripulantes, 271; El aspecto físico, 274; La nave, 276; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 278; El cilindro y los pasillos, 282; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 284; La sala, 289; El examen del perro, 292; La mesa y las sillas, 294; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 297; El hombre de la pantalla, 303; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 305; La toma de muestras. Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 308; El viaje (continúa la sesión), 314; La escopeta y los cartuchos, 318; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 322; La vuelta al coche, 323; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 325; Sesión hipnótica (Jesús Durán); 325; ANEXO. Algunas conclusiones anatómico-morfológicas, 327; Conclusiones al «caso Julio», 329.

Epílogo. Obras consultadas

. lndice onomástico

A Enrique de Vicente, que tanto sabe de abducciones y abducidos. Con afecto Y agradecimiento por la ayuda que me ha prestado.


7. Fortunato Zanfretta: el sueño de una noche de invierno . Regresión hipnótica de Zanfretta, 162; Addenda, 165; Raptado por tercera y cuarta vez, 166.

8. Rivalino Mafra da Silva: abducción total Addenda, 176.

9. Bebedouro: la componente onírica. El ovni «atípico», 184; ¿En la base espacial?, 186; Una visión y un secreto, 193; Investigaciones, 197.

10. - Herb Schirmer: un ovni mal aparcado. Addenda, 215. TRES -CASOS IBÉRICOS

1. Abducción en el aeropuerto de Barcelona . 2. Adela: abducción psíquica . . Las cartas, 233; Una sesión hipnóticá, 235; Addenda, 241.

3. Julio F.: el cazador cazado. Habla Julio, 245; El viaje a Medinaceli, 246; Sesiones hipnóticas. 164-1980, 25-4-1980, 2-5-1980, 250; Ellos, 262; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 264; La conducta y el atuendo de los tripulantes, 271; El aspecto físico, 274; La nave, 276; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 278; El cilindro y los pasillos, 282; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 284; La sala, 289; El examen del perro, 292; La mesa y las sillas, 294; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 297; El hombre de la pantalla, 303; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 305; La toma de muestras. Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 308; El viaje (continúa la sesión), 314; La escopeta y los cartuchos, 318; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 322; La vuelta al coche, 323; Sesión hipnótica. Octubre de 1979, 325; Se· sión hipnótica (Jesús Durán); 325; ANEXO. Algunas conclusiones anatómico-morfológicas, 327; Conclusiones al «caso Julio», 329.

Epílogo. Obras consultadas

lndice onomástico

A Enrique de Vicente, que tanto sabe de abducciones y abducidos. Con afecto Y agradecimiento por la ayuda que me ha prestado.


Iquí que un carro de fuego... separó a uno de I 11 \ subía al cielo en el torbellino.

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de media hora la isla (volante) se aproximó

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ella y yo. Adopté entonces diversas posturas y suplicantes, y hablé con el tono más conmo1, 111 I no recibí respuesta. Los que se encontraban . 11 I de mí me parecían, a juzgar por su vestimenta, '11, distinguidos. Se consultaban entre sí y mili III nudo hacia donde yo estaba. Finalmente uno 11\1 • me dirigió en un lenguaje claro, cortés y muy , ti () sonido recordaba al italiano: fue pues en esta 1 C¡1I yo le respondí... Aunque no nos entendíamos, 1111 1 1I1 fue comprendida; me indicaron por señas I h Ij. e de la roca, y que fuese hacia la orilla, cosa I h ; ti cendió entonces la isla volante hasta un nivel 111 lit , me arrojaron desde la galería inferior una 11 C¡1I' llevaba sujeto un pequeño asiento, en el que 111 • Y en un santiamén fui abducido por medio de I l. JONATHAN SWIFT, Viajes de Gulliver 3: parte, «Viaje a Laputa» 1111"

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INTRODUCCIóN

C'est icy un livre de bonne foy, lecteur. MONTAIGNE

logo a quien se dirige este libro, sino al lector cializado. Pretende contarle, y de paso con/ "1/1'1' a mí, las «abducciones» que, por una razón , '1111,11/ 'ro más dignas de referirse. «Abducción» es "" 1111 jllrEdico que ha pasado a la jerga ufológica, l' /'1/1' (( significar también «secuestro» o «rapto». /11 II//('mbros de otras disciplinas más respetables, " 1111'/'\ sea los que pretendemos investigar el " ./,' IIIS «objetos volantes no identificados» u ovnis 11 1" IJ F , que significa lo' mismo; de ahí el neolo-AI."'IIII ,/'III¡J 'zamos ya a tener nuestro criptolenguaje, If , I",IO Inodo nos aísla de los demás mortales <</1.0 ,/ I/fl

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p?rt~nte- hay que extraerla del subconsciente mediant

tec.mcas de regresión hipnótica (pues al subconsciente d sUJeto .parece q~e fue relegada). En una palabra, hay qu hlpnotlzar al sUjeto y hace·rle revivir el alucinante episodi (q~e much.a~ veces resulta traumatizante para el propi sUJeto..: qUlza de ahí que le fuera sumergido en el su consclente, para «protegerlo»). Lo que en estas sesiones de hipnosis suele salir a la 1 es muy interesante y -¿por qué no?- revelador. Suel cO,,!formarse a un pattern, a un patrón: el sujeto -o lo sUJet~s, pues hay abducciones múltiples, como veremos e este llbro-- hablan casi siempre de una «cámara de mando en cuyo interior se hallan, repleta de «pantalltis» -com radas muchas veces a las de la televisión-, de paneles tableros o consolas, con luces que se encienden y se ap gan, Frente a estos tableros suelen trabajar unos seres generalmente humanoides -los presuntos «tripulantes» q~e 'suelen pertenecer al tipo de humanoide bajo y macr cefalo, aunque los hay también muy altos (caso de Julio F.) a veces aberrantes (<<robots» de Pascagoula) e incluso mons truosos (caso Zanfretta). El sujeto es, sometido casi siempre a lo que, para el1io tendernos, podnamos llamar un «reconocimiento médico» que suele p0n,e: énfasis en los aspectos sexuales (y posi~ blemente ge~etlcos); en algunos poquísimos casos (Villas Boas) hay copula entre «terrestre» y mujer «extraterrestre». Llegados aquí, se plantea una cuestión muy importante. ¿Hay que tomar a. su face value, al pie de la letra, lo que cuentan los abducldos en las sesiones de hipnosis? Este es verdaderamente el meollo de la cuestión. Podríamos decir que hay dos ten~encias inter:pretativas. La psicológica -en el famoso estudlO de la Umversidad de Colorado esta tendencia ~uvo vara alta, .y estuvo representada por el doctor Werthelmer y su equlpo-, y la que tiende a considerar to~o el episodio como un «suceso real». Los psicólogos qUleren suponer que todo el episodio es alucinatorio y se ha gestado en la psique del sujeto. Pe·ro esto plant~a un se~u11!do'problema, quizá más importante que el de la propia eXlstencla ,real o no de la abducción. Para que se dé ese pattern relteradoen tantas sesiones de hipnosis si todo es purament: «imag~nario», habrá que supone" qu~ algo muy grave esta ocurrzendo en el inconsciente colectivo de la humanidad. Ya no ~on los arquetipos jungianos, el «man. dala», lo que emerge, sino unos hechos, unos lugares y unos 12

,/1/1' ('lIriosamente siempre so~ los mismos o . , 1"/0 '/1 amas de casa, en camlOneros, e;,- can:, "//lSp 'clores de policía, que ni en ,su Vlda puII ,,'/// o 'spiritual tienen nada en comun. . //" /1//1/', la segunda tenden.cia 9uier~ conslder~~ ,/ 1'/ episodio relatado baJO hlpnosls. Es declr. I ", l(/(' l sujeto fue efectivamente secuestrado " \ 11 (1/ 'rrestres», que lo llevaron a bordo de su /"/11/ \/Jlllelerlo allí a una serie de ?ruebas y .~e /,/ posibilidad que esta segund~ mt~rpretaclOn, " ". /'/I,/u'ro, no deja de ser menos mquletan.te. Ahl 11/111\ 'U' 'Iralerrestres» de origen desconocldo, re: 1, / k" (/ (/ bordo de sus naves, se dedican a aterrtI /1" /)(Ir 'ce, Y secuestran a semeja~tes nuestro~, 11//1/ /r/us a placer, como si de especlmenes zoolo,,,,'/11 /11(15 que especímenes- se tratara. Luelfo l~s /1" /)()rrarles cuidadosamente todo el eplsodlO 11/1' , 1//1,'1 'i 'nte. . I'I,/ll/uS la realidad de estos sucesos, vanas pre/ 1////1/1'1111 de inmediato: ¿Por ~ué los abducen? " ::> ¿ P or 1/. j ,11 lit finalidad tiene el «examen f ~SlCO». '" ,,//I(/lIt ¿Tienen acaso estas ab~~c~lOnes algun: " I " " '(/,'1 P5es y animales que perlO~lcamente ap '1/" /1(1\, ti 'sangrados -y a vece; eVlscera.dos- en 111/1 I ('0/1 'relos del globo? ¿Como encajan estas ' 1'/1 /(/s que no hay mensaje ,d~ ninl5.una .clase, 1111' /1 d'[ sujeto- con las seraflcas hlstortas de 1 t ,.... on sus «extraterrestres» rubios, bellos, I /IIJlte/adosos? ' /11 1I es mil quinientos casos que forman el ca",II/1,//(rI de aterrizajes de ovnis -la «punta del 1'/'1//1 lile dijo personalmente el doctor Ja,cques '" /"'/11 (/ la naturaleza intrínseca del fenomeno (/(lI'l/ll'I1idad y aislamiento--, hay muchos casos , 1111/' "r anos del tercer tipo» (no de la «tercera ""111 '11' di 'e equivocadamente por, ah9' pero pocos, .'' '11'-11","" '/(' ,(abducción», Eso parece mdlcar que la ac· I /"/11' ,/)(,/ de los «ovninautas» (también se les .ha ,,, " 1) /lO O'l1siste en raptar seres humano~, ~mo ,//,/1 //lWS 'sludios en nuestro planeta -pnnclpal,/, ',11 flora y de determinada fauna rural-,' que / ,,1,'/1 1//1(' v r con nosotros. De vez en cuando -:-:¿aca" f / " tI,,/I/m/, o el,! busca d_e «inter~ocutores v~lld~s», 1 /1'1//1/1/1./. An/omo Campana y Marta Teresa Perez.-, 1/ I,HI I l/l/O ti' nosotros a bordo de una de sus naves,

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p?rt~nte- hay que extraerla del subconsciente mediant

tec.nzcas de regresión hipnótica (pues al subconsciente d sUJeto .parece q~e fue relegada). En una palabra, hay qu hlpnotlzar al sUjeto y hace·rle revivir el alucinante episodi (q~e much.a~ veces resulta traumatizante para el propi sUJeto.; qUlza de ahí que le fuera sumergido en el su consclente, para «protegerlo»). Lo que en estas sesiones de hipnosis suele salir a la 1 es muy interesante y -¿por qué no?- revelador. Suel cor:formarse a un pattern, a un patrón: el sujeto -o lo sUJet~s, pues hay abducciones múltiples, como veremos e este llbro-- hablan casi siempre de una «cámara de mando en cuyo interior se hallan, repleta de «pantallas» -com radas muchas veces a las de la televisión-, de paneles tableros o consolas, con luces que se encienden y se ap gano Frente a estos tableros suelen trabajar unos seres generalmente humanoides -los pres.untos «tripulantes» q~e 'suelen pertenecer al tipo de humanoide bajo y macr cefalo, aunque los hay también muy altos (caso de Julio F.) a veces aberrantes (<<robots» de Pascagoula) e incluso mons truosos (caso Zanfretta). El sujeto es, sometido casi siempre a lo que, para erllo tendernos, podnamos llamar un «reconocimiento médico» que suele p0n,e: énfasis en los aspectos sexuales (y posi: blemente ge~etlcos); en algunos poquísimos casos (Villas Boas) hay copula entre «terrestre» y mujer «extraterrestre». Llegados aquí, se plantea una cuestión muy importante. ¿Hay que tomar a. su face value, al pie de la letra, lo que cuentan los abducldos en las sesiones de hipnosis? Este es verdaderamente el meollo de la cuestión. Podríamos decir que hay dos ten~encias inte,:pretativas. La psicológica -en el famoso estudlO de la Unzversidad de Colorado esta tendencia ~uvo vara alta, .y estuvo representada por el doctor Werthelmer y su equlpD-, y la que tiende a considerar to~o el episodio como un «suceso real». Los psicólogos qUleren suponer que todo el episodio es alucinatorio y se ha gestado en la psique del sujeto. Pe·ro esto plant~a un se~undo.problema, quizá más importante que el de la propia eXlstencla .real o no de la abducción. Para que se dé ese pattern relteradoen tantas sesiones de hipnosis si todo es purament: «imag~nario», habrá que supone,. qu~ algo muy grave esta ocurnendo en el inconsciente colectivo de la humanidad. Ya no ~on los arquetipos jungianos, el «man. dala», lo que emerge, sino unos hechos, unos lugares y unos 12

'/1'" I/riosamente siempre so~ los mismos o' , ",/1) '/1 amas de casa, en camlOneros, e;t can:, 1/ illsp' lores de policía, que ni en ,su Vlda pu11".111 1) '~piritual tienen nada en comun. . "" 1 (11 (', la segunda tenden.cia 9uier7 conslder~~

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para examinarlo. someterlo a veces a mil judiadas y otras -muy pocas- aparearlo, como si fuese un semental, con una «mujercita» extraterrestre. Pero yo creo que la solución del fabuloso enigma ovni, si es que, algún día llega, vendrá dada precisamente por las «abducciones», y también por los «encuentros cercanos del tercer tipo». De ahí su enorme interés, y que desde hace bastante tiempo yo me concentre casi exclusivamente en el estudio de ambos. Tenemos ya demasiadas «lucecitas en el cielo», que no nos llevan a ninguna parte. Nos agobia the embarrassment of our richness, por citar una vez más al doctor J. Allerz Hynek. Riquezas con las que no sabemos qué hacer. Fantasmagorías de luces y de formas que no nos explican nada. Pero si podemos extraer de la mente de un ser humano que «ha estado» dentro de una nave <cde ellos», lo que allí vio, escuchó y sintió, la cosa cambia, amigos. Es una fon'na vicaria de visitar una «nave- extraterrestre» sin pagar entrada y sin que nos sometan a ninguna clase de judiada. Así penetramos en el mismo corazón del inquietante fenómeno. Porque yo soy de los' que creen que la experiencia vivida por los «abducidos» es real y muy real. Con esto ya me he definido como perteneciente a la segunda school of thought. Sí. Creo en' mis semejantes -aunque hablen bajo hipnosis-, y, como tuve el honor de decir en diciembre de 1979 ante el grupo de estudio ovni (UFO Study Group) de la Cámara de los Lores de Inglaterra, el testigo suele ser veraz. Cunde entre nuestros ufólogos -especialmente entre los jóvenes y más «cientifistas»-, la tendencia a tomárselo todo a beneficio' de inventario, a hablar siempre del «fenómeno» (es más aséptico), y a considerar «anticuada» la hipótesis extraterrestre.! Pretenden así estar <{más al día» y ofrecer de sí mismos una imagen mds «científica». Pero el científico, el verdadero científico, llega un momento en que también se compromete. Eppur si muove!, dicen que exclamó uno de ellos, ante una situación en que había que definirse.

I~ppur

esistono!, pues sí, existen., no ~engo más remedio xclamar yo, a la vista de la evzdencza abrumadora que

'11/1'

1,'I/('/I10s.

y es esta evidencia, son estos casos, lo que expondreen este libro.

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1. Domina a estos jóvenes un excesivo fetichismo hacia las estadfsticas y los ordenadores, sin percatarse que éstos nacieron del que aún sigue siendo el computador más perfecto que existe: el cerebro humano, con sus millones de neuronas y de sinapsis. y parecen menospreciar la intuición, como puse de manifiesto en Mérida, durante el II Congreso Ibérico de Ufologia. La intuición permite !legar de un salto a verdades que con el método analítico se tardan años en alcanzar. Y el papel de la intuición ·está hoy reconocido desde Bergson a Einstein pasando por Poincaré, que la !lama «yo subliminal~, pero que en realidad es lo mismo.

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1.

BARNEY Y BETTY HILL: UN CLASICO

H. prácticamente obligado empezar esta serie de casos de ,!lelucción por el clásico del matrimonio Hill. Pero que no • l' 31arme el lector: no se tratará aquí de recontarle 10 q 11 ya expone con todo detalle John Fuller en su excekllLe libro The Interrupted Journey (obra traducida al . \ tellano con el título de El viaje interrumpido), sino de (/ctualizar todo el episodio, y añadirle el famoso estudio I . Marjorie Fish sobre el mapa estelar que los «extrate1'1' stres» mostraron a Betty Hill, y que Fuller, por razones 01 vias, no recoge. (El estudio de la Fish con un modelo Iridirriensional de la Galaxia duró nada menos que siete I1 lOS.)

Como todo escritor hispano que se precie, yo he pracliado el arte del refrito. (Y digo arte, porque entre nosoII'0s adquiere a veces categoría de tal.) Pero fue en otras ~pocas; épocas heroicas, duras y difíciles, en que había que hacer muchas paginitas (de lo que fuese) para subsistir, si se tenía la loca pretensión de vivir exclusivamente de la pluma (o de la máquina de escribir, mejor dicho). Sí, entre nosotros hay verdaderos artistas del refrito,· que te sirven unos platos dignos de llevar nombre en francés: refritos de refritos de los propios autores, muchas veces; guisotes en que, el lejano original (si es que alguna vez lo fue) ya está casi irreconocible. Platos hijos del hambre y de la penuria. Pero ahora y aquí, no. No pienso decir, pues -para eso está JoOO Fuller y su libro-, que Barney y Betty Hill formaban un matrimonio mixto -algo muy arriesgado y valiente en los Estados Unidos-; él era -digo era porque ya murió- negro y ella es blanca. Ambos eran social workers en su comunidad, donde ,eran muy respetados y apreciados. Vivían en Ports17


mout~ en el estado de New Hampshire, y colaboraban tamblen en el Movimiento de Derechos Civiles. Tampoco pienso decir que el famoso encuentro con un ovni ocurrió a mediados de setiembre de 1961, en las White Mountains de aquel estado, cuando el matrimonio Hill regresaba de unas vacaciones en el Canadá en su Chevrolet Bel Air modelo 1957. El lugar del encuentro se llamaba lndian. ~ead, la ~abeza del Indio.,. pero el lugar de la ab~ucclOn -localIzado posteriormente por Betty Hillesta en Campton, a unos 25 km de lndian Head. Ni mucho menos pienso mencionar que, cuando alrededor de l~s ocho de l~ tarde los Hill atravesaban una región n:u~ desIerta y ?raVla de las White Mountains, en las proXImIdades de Lrncoln, observaron lo que parecía ser una estrella, que caía del cielo. La «estrella>} se resolvió en un gran objeto discoidal, que se posó en un prado cercano.l Barney Hill salió entonces del coche armado con sus prismáticos -pero esto ya lo cuenta Fuller-, y se puso a observar el extraño aparato. Por lo que parecía una ventana creyó observar un ser vagamente humano, que llevaba una bufanda (por raro que parezca). Antes, había visto a otros humanoides a través de una serie de ventanas que rodeaban la periferia del disco. Los seres parecían muy atareados ante diversos «tableros de mandos>}. Barney había dejado el coche parado en mitad de la carretera, precisamente sobre la línea blanca central. Aunque ~l tramo era una recta, Betty no estaba muy tranquila y, mIentras Barney se alejaba campo a través con los prismáticos, ella se puso al volante para aparcar el vehículo a un lado de la carretera. Luego, viendo que su marido tardaba en regresar, se decidió a salir en su busca. Llegó a,abrir la portezuela del conductor, pero no pasó de ahí, al Olr los pasos presurosos de Barney por la carretera, de regreso al coche. Barney se había apostado con los prismáticos junto a un puesto abandonado de verduras, al lado de un manzano nudoso, y desde allí se dedicó a observar al enorme disco hasta que el pánico se apoderó de él y decidió regresa; al c~c-?e' L~ que más le había asustado eran los «ojos>} del un¡co mle;illbro de la «tripulación» que lo miraba fijamente, a traves de una de las «ventanas» del disco. Barney nunca había visto unos ojos como aquellos. 1. El ovni fue detectado por el radar ll)i1itar. detalle que ignoraban Fuller y el doctor Simon (según J. Vallée. PaslllPorte a, Magotllia¡,. p. 113).

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1I11l'n y, al borde del histerismo, montó en el coche y

a toda velocidad. Betty, asustada y asombrada, le ¡'I'ilar que iban a ser capturados. Y empezó ent~nces 1111 itlj alucinante. De pronto ambos empezaron a orr un '1 :111 «bip, bip>}, que parecía proceder de la parte p~s­ '1'1101' lel vehículo, llenándolo por completo. Una extrana 1111111 I ncia empezó a apoderarse de la pareja. Coral y I 11I L renzen, fundadores de APRO (Aerial Phenomena I " en l' h Association), de Tucson, Arizona, de quien toma11111', nlgunos de estos datos, creen que se trataba de un IIl1'dlo electrónico, de inducir un sueño hipnótico en ambos. El sonido cesó, para oírse de nuevo poco tiempo d~s. pll s (o así lo creyeron los Hill). A los pocos instantes v.le11111 un indicador de carretera en el que estaba escnto ('011 ord - 17 millas>). Estaban ya cerca de Portsmouth, de 11 " a. Llegaron a ella alrededor de las 5 de 1a mañana. P ro algo raro había pasado: debían haber llegado ~ l~s 'll'S, y eran las cinco. Les ~altaban ~os horas en su vIaJe. I ( ti ~ habían hecho -o donde hablan estado- durante '11111 Has dos horas perdidas? Había otras cosas ~ormales, ldemás. Barney se observó unas manchas en la rngle; en 1'11. nto a Betty, después de deshacer el equipaje, tomó un ha y, sin motivo aparente alguno, hizo un lío. ~on las 1( pas y los zapatos que había llevado d~rante el v~aJe. Y los 111 'lió en lo más profundo de un armano. Se sentIa «lmpuI ll>, Y ninguno de los dos volvió a .~onerse jamás las ropas qll' habían llevado en aquella ocaSIOno En c~a?to a Barney, observó algo muy raro en sus zapatos, al qwtarselos: c~an­ do se lo.s puso, estaban nuevos y flamantes; a Barney SlempI' le gustaba llevar zapatos muy bien lustrados. Pero enlonces observó que las puntas estaban desgastadas, como II fectos de un ro~e, pero «por la parte de arriba». Aquello 'ra inexplicable (aunque más tarde habría de explicarse p rfectamente).· Durante los siguientes días, los Hill también descubrier n algo inexplic~ble en su propio coche: éste mostraba unas manchitas brillantes en la parte de atrás, sobre la pintura del maletero. Aparecían muy pulimentadas y tenían el tamaño de una moneda de cincuenta centavos. Los hechos inexplicables se acumulaban, y empezaban a preocupar a los HilI. No sólo les faltaban do,s horas en ~u viaje, ino también 35 millas (56,3 km.). ¿Como se hablan «saltado» aquellas 35 millas? Por otra parte, Barney empezó a tener dolores de estómago, que le llevaron a consultar un médico. El día 25 de marzo de 1962, ambos fueron a ver al 111 111

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doctor Patrick J. Quirke, del sanatorio Baldpate, una institución privada. El doctor Quirke descartó la alucinación simultánea, posibilidad que ha~ía llegado a preocupar muy seriamente a los Hill, pues lo CIerto es que desde su «viaje interrumpido», ambos sufrían de frecuentes pesadillas, en que se veían conducidos a bordo de una <<llave espacial» por unos enanos. Cuando llegó el verano de 1962, Barney empezó a encontrarse verdaderamente mal. Sentía una ansiedad creciente que, unida a úlceras estomacales y una tensión arterial elevada creaba un cuadro inquietante. Decidió entonces poners~ en manos de otro médico, el doctor Duncan Stephens, de Exeter (New Hampshire). Al principio Barney no asoció sus trastornos a su encuentro con el ovni, atribuyéndolos únicamente a factores personales y a otros problemas. Desde el verano de 1962 al verano de 1963, Barney sólo comentó de paso el incidente con el doctor SIephens. Lo que más le preocupaba al respecto era el tremendo pánico que sintió al contemplar el ovni con los prismáticos desde el campo. Era un hombre que no se asustaba fácilmente, y por eso aquel ataque de pánico incontrolable le preocupaba. Por lo que a Betty respecta, el enc.u~ntro con el ovni no parecía haberla afectado mucho fIsIcamente, por no decir nada. La única secuela que le había dejado -si secuela era- eran sus extrañoS· sueños en que se veía rodeada de «hombrecitos». Así las cosas, a finales de 1963 el doctor Stephens decidió «pasar» los. Hil! a psiquiatra y neurólocro eminente, el doctor BenJamm SImon, de Bastan, pues se'"hallaba convencido de que sólo él -quizá mediante el psicoanálisis o la hipnosis- podría llegar al meollo del problema. El 14 de diciembre de 1963 los Hill se personaron por primera vez en la consulta del doctor Simon, sita en Bay State Road, conocida popularmente en Bastan como «calle de los médicos». Es una antigua Y elegante calle residencial, con muchas de las viviendas convertidas actualmente en clínicas privadas y en consultorios médicos. Empezó entonces un tratamiento basado principalmente en la hipnosis, y que había de dar los frutos más inesperados. Durante el tiempo que duró, los Hill acudían juntos a la consulta, pero sólo uno de ellos era puesto en trance hipnótico. La transcripción completa. de las cintas magnetofónicas grabadas durante estas seSIOnes se recoge en el libro ya citado de John Fuller. A él puede acudir quien de-

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I talle los interrogatorios del doctor Simon. ser tratado fue Barney Hill, teniendo en '/IH • 11 I'ría diversos trastornos físicos y era quien I I I 111, S ayuda. Tras cada sesión, sus sentimientos I I I 111 po 1" cían disminuir. En resumen, las sesiones 1" IIn 'ía una regresión hipnótica permitieron reu1Ik'lItc información: Después de oír la primera hlps» los Hill se encontraron con su automóvil I 1111111 ele tierra, cortado por una especie de barri11 'lIy s asustó, el motor dejó de funcionar y el coche I 111 '11, urgieron entonces varios hombrecillos, que les 11111 I s nder del vehículo, llevándolos a continuación ti' un bosque hasta un enorme objeto discoidal \11 '11 duelo de un calvero. I t 11 i11 tenía miedo de mirar directamente al hom" I tllll' ~e habría de referir siempre como «el jefe» (the I 1), P '1" observó que los «tripulantes» tenían un as111 111011 ólico, con rostros anchos y aplanados, ojos granIIItIl 'u y acabados en punta muy hacia los lados de .11 '/, l. Esta apariencia «oriental» se completaba con una III Ipl;lstada y pequeña. La cabeza era grande con relaIOIl I1 'uerpo, y éste mostraba un tórax de una anchura I I lopurcionada. 111111 'Y, por su parte, mantuvo los ojos cerrados casi dll "1 tiempo, eletalle observado por su esposa duran/ IlId I la duración del episodio. En realidad, a Barney lo 11 . ,I! In asi a rastras entre varios «hombrecillos», por lo /11 • 11, puntas superiores de sus zapatos rozaban el suelo ( 111 P dría explicar las «rascaduras» que presentaba el .I/lId del hombre). Ambos fueron subidos a bordo del I 111 objeto e introducidos en cámaras distintas. Una vez 1111/, p Irece ser que ambos fueron despojados de sus ropas 11111 -tidos a una serie de reconocimientos físico.s. Betty I d que acercaron extraños instrumentos a su cuerpo 11 vurios lugares, obtuvieron una muestra de piel por rasII l dllra en el brazo, le cortaron un trozo de uña y le arran, lI"on unos cabellos de la cabeza. Por último le introduje11111 una larga aguja por el ombligo, causándole un dolor IOllsiderable, que la obligó a protestar ante el «examina· do!'», que le practicaba la extraña operación. El «jefe» (el 'l'xOluinador» y el «jefe» eran dos seres distintos) le pasó ,'lit nces una mano frente a los ojos, y el dolor cesó. Le dlj ron que aquello era una prueba de embarazo: Barney observó que el «jefe» tenía unos ojos enormes almendrados, que parecían extenderse en· cierto modo· 11 ,

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hacia ambos lados de la cabeza, dándole la impresión de una mayor visión periférica que la que nosotros tenemos. La boca de este ser, dijo, era una simple hendidura, completamente desprovista de labios, y con una línea vertical a cada lado. (Una reconstrucción de este ser, basada en las declaraciones de Barney Hill, figura al final de la película de Stephen Spielberg Clase Encounters of the Third Kind, difundida en España bajo el título de Encuentros en la Tercera Fase.) No tenía nariz propiamente dicha, sólo dos pequeñas hendiduras. Barney recordaba también que la «mesa» sobre la cual lo pusieron durante el «examen» a que fue sometido era muy corta, pues las piernas le colgaban por su extremo (Barney Hill medía casi 1,74 m). La mesa era dura y fría y a su lado vio un «taburete», probablemente usado por el «examinador».

Técnica de la regresión hipnótica Aquí llegados, no estará de más que digamos unas palabras sobre la técnica empleada por los investigadores para bucear en la mente subconsciente de los «abducidos», y ~x­ traer de ella información. Los sujetos, por lo general, recuerdan el principio y el final del episodio, pero la parte ·centra1 del mismo -la más importante'-:" ha sido borrada de su mente consciente. Este «borrado» ha sido hecho sin duda mediante la hipnosis: se les ha impuesto un bloqueo mental para que no recuerden unas experiencias, que en ocasiones podrían resultar muy traumáticas. Hay varios ufólogos -todos ellos doctores en Medicina- que han experimentado con éxito la hipnosis en sujetos abducidos, logrando hacerlos (,regresar» mentalmente al momento en que se produjo la abducción. Entre e.stos investigadores señalaremos a los doctores Leo Sprinkle, Berthold E. Schwarz y James A. Harder, entre otros. En España, el doctor Durán, de Madrid, y Francisco· de A. Rovatti, en Barcelona, han conseguido apreciables resultados con sujetos supuestamente abducidos. Es creencia común que un ser humano no puede mentir, sometido a hipnosis. Esto es así hasta cierto punto, porque la facultad fabuladora de la mente no ha sido abolida por el trance hipnótico. Sin embargo, la información extraída por sofronización (se llama también así a la hipnosis) de la mente de estos sujetos, es tan coherente, que la hipótesis de una fabulación sólo s~ sostendría admitiendo que

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111 I S genera no en el inconsciente individual, sino I 11 onsciente colectivo de la humanidad, en el pool I 1IH'lIllll'ias de la especie. Claro que, como apunta Ann 111111'1, «alguien» más que los propios seres humanos po1111 I 'lIl'l' acceso a este pool, y manipularlo deliberadalit 1111, 'in embargo, tal posibilidad me parece muy remo11 I 111 'Iuso maquiavélica- y por mi parte la descarto 111

11

IlIt 1IIIIl'IIl .

I , I l' pia Ann Druffel, por otra parte, en su artículo

"1'/'l/lIlir Regression of UFO Abductees (How Relia?l~ is

"

/1I!urmatio/1 Obtained?), publicado en la prestIgIOsa 111 inglesa Flying Saucer Review (FSR, vol. 25, N.o. 5, pi (/ '1. 1979), señala que, casi invariablemente, el testlgo I 11 11, bajo hipnosis, una vívida historia en la que relata 1" 111' llevado a bordo de un ovni por tripulantes extraI 111".11' 's. Una vez allí: 1) fue sometido a una extraña explo1111 lt 111 I'I ica; 2) se comunicó con los seres, generalmente 1111 ti IIlll una especie de telepatía; 3) se le mostró el interior ti 1 1 llave, y 4) se le dio un mensaje que con frecuencia se I I I I . a los motivos de los ocupantes de los ovnis y a sus 111 111('(\5 intenciones. No siempre se producen todos los eventos enumerados V 1'11 's orden. Lo que sí dicen siempre los abducidos, es 1111 !'ll ron llevados a bordo de una nave. Con mucha fre11111 'ia la descripción del interior de la misma se limita 11 1,\ «(:ala de mandos» (caso de Dionisia Llanca, por ejemIl lt I , en la que suelen verse (,tableros» con «luces de coloII ,« palancas» y (,botones», «consolas», y como (,pa~ta­ 11 1 I televisión». Muchas veces hay seres humanOldes • 1I .hnjando» ante estos tableros y pantallas, sentados en I H \. ¡ nes en «sillas». l. verdaderamente sorprendente -de tales casos de abo tlll • 'i6n, repito, es su coherencia. Que un camionero ar1 1\111 ¡no semianalfabeto como Dionisia Llanca cuente casi lo Inismo que un cazador español abducido en Soria, o 111m un matrimonio norteamericano que fue (,raptado» \'1'1' a del Canadá, o una familia inglesa abducida en el ( :nm Londres, no deja de ser cuando menos sorprendente. '1' ) las estas personas no se conocían entre sí; estos episo· (11 ocurrieron en lugares muy distantes unos de otros y '11 años ·diferentes; en una gran mayoría de casos, los d lucidos no tenían conocimientos previos sobre el tema ovni, y en muchos casos lo ignoraban o no fe prestaban la menor credibilidad. Todo nos lleva a creer, pues, que se trató cada vez de una experiencia (,real», entendiendo por

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Betty y Barney HiII en 1961, época en que tuvo lugar el supuesto encuentro con el ovni.

ro y Hill, bajo hipnosis, trazó H

t del «jefe» de los supuestos

Ir 1 rrestres (arriba). Más tarde jO), tras escuchar su propio relato grabado en cinta Ill/lgnolofónica, dibujó el croquis 1111 rlor. En ambos casos, los ojos eran alargados hacia ambos lados de la cabeza. (11)

El doctor Benjamín Simon, el psiquiatra de Boston que sometió a hipnosis al matrimonio Hill.


real algo que ocurrió «fuera» de la mente del testigo, y no en el interior de ella. Pero volvamos a la técnica de la regresión hipnótica. Mediante la misma, un hipnólogo experto puede retrotraer al sujeto a cualquier momento de su vida anterior. Puede regresarlo a su niñez, por ejemplo -en este caso el sujeto hablará con voz infantil-, y hacerle recordar con detalle cómo transcurrió el día de su primera comunión, que para la mente consciente del sujeto es ya un evento totalmente olvidado. Pero el fabuloso ordenador que es el cerebro humano, con sus millones de neuronas y sinapsis, guarda en su «banco de memoria» los más nimios recuerdos de la vida de'l hombre, Están ahí. Sólo hay que saber extraerlos. Con algunas regresiones, se ha llevado al sujeto hasta su etapa prenatal, haciéndole evocar recuerdos supuestamente intrauterinos: color rojo de la sangre, latidos, sensación de bienestar profundo en el seno materno, etc. Pero hay hipnotistas que han ido más allá (o más atrás), y aseguran que han llevado a sus sujetos a «vidas anteriores». Lo que se ha grabado en tales sesiones de hipnosis suele presentarse como «prueba» de la reencarnación; de la existencia de vidas anteriores para un mismo sujeto. Es posible, pero no tal como pretenden presentárnoslo los partidarios de la reencarnación. Lo que tal vez suceda en estos <:asos -apunto una mera hipótesis- es que el hipnotizador tenga' acceso a unos «recuerdos genéticos» del sujeto. Yo siempre he creído que en nosotros sobreviven los que nos precedieron, pero a nivel genético, a nivel de memoria genética, conservada tal vez en la famosa espiral delADN. Nuestro inconsciente no sólo, según afirmaba Jung, está en contacto con el inconsciente colectivo de la humanidad, sino con nuestra propia memoria atávica. En el inconsciente colectivo se albergan los arquetipos de la humanidad, el famoso «mandala» jungiano, pero también millones de recuerdos específicos. Es por ahí por donde van los tiros, en mi opinión. No se trata del concepto -verdaderamente burdo e infantil- del espíritu que «abandona» un cuerpo para «encarnarse» en otro, cerno sostienen los partidarios de la reencarnación o metempsicosis (que así se la llamaba también), sino de la pervivencia a nivel genético, repito, de recuerdos y vivencias ancestrales, de una familia o de la especie toda. Pongamos un ejemplo muy sencillo: debido a la limitación de la vida humana, podemos llegar a recordar cómo eran -física y moralmente- nuestros abuelos, pero, no

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I',l'n ralmente ya a nuestros bisabuel?s y ~ubho 'Lros tatarabuelos. Es corriente mI' deCIr que 11111 11 lIiíía «se parece» a su padre, su madre"s~' abuelo ti 1I1I111'Ia, no sólo en lo físico, sino en lo esplntual. Es 1I "'¡:II lel padre, la madre, el abuelo o la ab~~la «per11 la riatura. ¿Y por qué no puede «pervIVIr» tam11 11 1'lIa algo de su bisabuelo o de su tatarabuela o de 1I11'p Isaelo suyo desconocido ~~l siglo XV!~I? Porque es 1 1111' qu la <:riatura en cuestlOn no naclO por generaI pUII Lánea, sino que es el resultado de una suma 11111,,, nl'ión (que vista hacia atrás se pre,se~ta en progre1 11 l' 'olHétrica) y que la ent~onéa pr~,ctlcamente, con 111, la humanidad. La humamdad, pudIeramos deCIr, es I IIp '1' uerpo» compuesto de trillones. de cél,u~as (nasal. ((11' transportan el mismo mensaje g~netlco desde I 11 Ijva (fuesen quienes fuesen estos sen~res)..Y este 111" 1'<' '1'» (perdón por la palabreja) es «tetradlillen~~onal»: ,11 dI', vive además en el tiempo, en lo que pudleramos 11 111111' un Eterno Presente. , 1'1 1() LOdo esto, mucho mejor que yo y ademas con la Ylld 1 Il; guisantes, ya lo dijo el cura Mendel hace mucho 11 IllpO. Incluso formuló leyes: las famosas «leyes de 11111

111

'1111'

'Iuld»,

I I "ti) ol1.sciente, fabuloso «banco de datos»

I que vaya decir, prefiero «subco~s~iente» a <<Ínci 'ote» (pese a que para muchos pSlcologos ~mbos 1111 sinónimos). Subconsciente se refiere a lo que esta «por lit lI;j » del consciente, de l~ conscien~ia individual. Con 11111I imagen manida pero grafica, podnamos comparar al IIh 'onsciente con la parte sumergida del iceberg mental. l,lI I arte emergida -la consciencia- es una .parte pequen . ilila de la masa total de hielo, de la masa t~tal d.e datos, dl' anocimientos y de experiencias -y de VIvenCIas tamhl '11- que alberga el ser. .. ' He asistido a bastantes sesiones de OUlJa o «vasograf.la», y '11 muchas de ellas he ,escuchado estos cm;nentanos: u I[ero esto es imposible! El -o ella:- no podla co~ocer lal dato.» Él -o ella-, a nive'l consezente, no; pero el -o 'lIa- a nivel subconsciente, tenían acceso al más fabuloso Inocd de datos que imaginarse pueda. Ahí es nada: tO,do 'l acervo espiritual de la humanidad; todas las memonas aLávicas de la especie; todo cuando saben los hombres, y 1111 1 1111

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que ha quedado enterrado en la memoria colectiva. Desde luego, no son los «espíritus» -hoy muy desacreditadoslos que surgen en tales sesiones, sino la memoria colecti· va de la humanidad. y es también a ese nivel del subconsciente, donde se producen y se generan todos los fenómenos que hoy llamamos paranormales: telepatía, clarividencia, sueños premonitorios. En cuanto se cortocircuita la mente consciente, se establece el contacto directo con este riquísimo banco de datos. Y son precisamente aquellas personas en las que la mente consciente está menos desarrollada (subnormales, adolescentes retrasados, personas de un tipo humano tosco, «primitivo») las que suelen proporcionar los mejores médiums y videntes. Hay entre nosotros una persona, que yo admiro profundamente, y que se llama José Mil' Rocafort (<<Fassman» para el público), que no es más que lo que pudiéramos llamar «un primitivo genial». Fassman han conseguido algo muy difícil: ejercer un control «consciente» sobre unas facultades (telepatía, clarividencia, etc.) que por lo general escapan al control de quienes las poseen. y que el lector me perdone ahora una nota personal. Estaba yo durmiendo tranquilamente la mañana del 2 de agosto de 1980, cuando tuve un sueño angustioso y vívido, con calidad de película cinematográfica. «Veía» a unas personas correr alocadamente, mientras se desplomaban unos muros marrones, se levantaba una gran polvareda y a mí llegaba la impresión de que había muchos muertos. Al mismo tiempo, sobre la polvareda y en grandes letras rojas temblorosas, vi escrita la palabra BOMBA. Acto seguido me desperté, angustiado. -Ha ocurrido algo terrible en alguna parte -dije a Trini, mi mujer, que en aquel instante entraba en la habitación con el desayuno-. Pon la radio. Tuvimos que esperar 'hasta el noticiario de las once para saber qué había ocurrido: a las nueve de aquella misma mañana, se había producido una espantosa explosión en la estación italiana de Bolonia, que causó docenas de muertos. Pero, en mi vívido «sueño», yo había visto algo más . (confirmado cerca de un año después por otro vidente, que «vio» lo mismo). Había visto a la persona que portaba el explosivo, probablemente fósforo, o T·4. ERA UNA MUJER, alta y pelirroja (rubia en la visión del otro vidente). Sin duda el fósforo estalló accidentalmente, pulverizando a su portadora. 28

111 pl'illl ra cosa que me preocupó, una vez comprobado I1I le mi «sueño», era saber cómo había llegado a mí. 111 11111' ,[ .sueño, el subconsciente domina totalmente la 1111 ' 11 sla está abierta y receptiva a lo que pueda llegarle 11 14' 11 ¡j . Leriosos canales del inconsciente colectivo. Así 1111111 11 'gó a mí la visión. Y quiero subrayar visión, por4" p' ha que la clarividencia tiene mucho que ver con II'IIII'OS ópticos del cerebro, y no con otros. Es otra I 111'1 I de ver. Y sospecho· también que estas comunica0111' • n instantáneas; no hay lapso temporal entre ellas; 1"11 lu en en la misteriosa dimensión atemporal del in1111 1 'lile colectivo, por lo que yo llamaría un efecto de I 1111 In ¡a». Nada de «ondas cerebrales desconocidas», 011111 I I'cLenden los soviéticos, trabados por su propia dia· I I 1 I I materialista. Resonancia. Eco en el subconsciente 1111 Idual de una descarga de energía súbita, que ha sido Ilodll 'j la por otros subconscientes individuales en una llllll'lón límite. Porque lo curioso es que estas «visiones» 1I 11'11 referirse siempre a sucesos aciagos, que sin duda 111 \' mpañados de grandes descargas de energía psíqui1\ 1, \:> mismas «descargas» que infestan o <dmpregnan» 111 11'" donde luego se produce una fantasmogénesis, u 111'111'1' n cosas raras», etc. l' 'ro me estoy apartando excesivamente del tema de este I hw -¿o no?: todo está interrelacionado-, y convendrá ,.11 1'1' a él. ( 1\ posible que lo que nosotros llamamos «paranor11111) reciba el calificativo de «normal» entre lo.s «extraI I1 "tres»: así, la comunicación telepática sería entre ellos 1111 «normal» como lo es la comunicación oral entre naso11 WL Cuando lo «paranormal» devenga <<normal» entre 110 'oLros, el hombre habrá llegado a su mayoría de edad 'o mica. Ahora sólo contamos con algunas «puntas de IlIlza»: un Geller, un Manning, un Fassman.) 11

1"/1 la «cámara de reconocimiento» Dejamos al pobre Barney Hill en situación bien compro'lida: tendido en la «mesa de reconocimiento» y con las pi 'mas colgando. Mil perdones. Pero digamos algo sobre la cámara en que ambos Hill I'u ron «reconocidos». Tenía forma circular, que no llegaba 1 ser completa porque un sector le había sido «cortado», lo 1ue parecía indicar que era una sección de la nave circular. 111

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Cuando ambos fueron subidos a bordo de la nave, asce dieron primero por una rampa y luego se les hizo segu un corredor circular, que parecía circ~nvalar la nave po su periferia. Después fueron introducidos en la «cáma de reconocimiento». Así como Barney no estableció, según" parece, ningun clase de contacto con sus captores (durante las sesione de hipnosis con el doctor Simon no <;:esaba de referirs a «los ojos» del ser que tanto le impresionó), Betty Hi sostuvo alguna clase de intercambio -probablemente tel pático- con el que ella llamaba «el jefe». Betty sacó 1 clara impresión de que éste trataba de mantenerla alejad de la {'tripulación». Tanto el «jefe» como el «examinador. le parecieron ser más altos que los demás, pero ella también piensa que esto quizá se debió a que los tuvo siempre más cerca que los restantes miembros de la «tripulación», Mostraba una extraña turbación cuando se le preguntab~ acerca del «jefe» en hipnosis, siendo incapaz de describir tanto a éste como al «examinador», limitándose a hablar únicamente de la personalidad del «jefe», con el que estu· va conversando mientras esperaba a que Barney terminase de ser «examinado». Esta «conversación», como apuntan los Lorenzen, es una de las cosas más extrañas que ocurrieron en todo este extraño episodio, porque si bien pareció existir alguna clase de conversación entre el «jefe» y los «tripulantes» (que se comunicaban mediante unos sonidos parecidos a un «hummm»), la comunicación del «jefe» con Betty fue únicamente mental, telepática. Durante esta «conversa· ción», se produjo un incidente curiosísimo. De pronto entró uno de los «tripulantes», con la dentadura postiza de Barney en la mano. La vista de la prótesis dental produjo una gran excitación en el «jefe». Betty se' dio cuenta de ello, y le explicó entonces que Barney había perdido sus dientes a causa de un accidente, y que habían tenido que sustituírselos por una prótesis. Añadió que las personas ancianas suelen perder también los dientes, y entonces ilevan dentaduras postizas. Esta idea parecía ser total· mente nueva para el «jefe», lo mismo que el concepto de «vejez» o de «tiempo» en general. Por más que se esforzó, Betty no consiguió aclararle estos conc.ptos. A causa del temor que le inspiraban los «ojos», Barney mantuvo los suyos cerrados durante casi todo el tiempo que permaneció a bordo de la l1ave. Por su parte, Betty vio a su marido, «andando como un sonámbulo», cuando lo 30

tia de reconocimiento». Confirmó que He· 11111

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'n'ados, por lo que «se perdió muchas

11 11 En 'uanta a la iluminación existente en el I 1,

Betty la comparó a la producida por el que observó una vez que visitó el II 1I I ti 'n de Nueva York, Esto es importante, 1 Ih IlIl1uir en la descripción del color de los «tri, Ilda por los Hill, La luz producida por el vapor \11 ill ItI:;¡ la piel humana un tinte azulado o grisá11111 11 'Y hubiese mirado a su alrededor, probablehlllt 1 I'll visto esa tonalidad en el rostro de su • '1 111 ' 'S ele tez muy blanca. En cuanto a él, posible11 11 11 le observó ninguna alteración al tratarse lO, que si bien no era muy oscuro ni achocolatado d \ I '(1 r un grado de mestizaje bastante alto- sí 1111 'i 'ntemente sombrío como para que aquella '.""'111111 1111 no alterase sustancialmente su tonalidad.,' 111 ('11 I e a los ocupantes de la nave, Betty dijo que 1 II'Z gris azulada; las pocas veces que los miró, ".'III'V diJo que le daban la impresión de tener una tona· I 1111<1 ti i a. Si las entidades hubiesen tenido una tez 11 IIIZ especial que reinaba a bordo de la nave les I I '1 I l'onferido exactamente la apariencia descrita por I 11. I 11 1'1 tu'SO de una conversación telefónica que el ma111111110 S stuvo con la señora Coral Lorenzen, ambos ac.1 1011 a elarle unos datos que no figuraban en el libro IlIhn fullero Así, le revelaron que tras las sesiones de 1IIIIItel'apéutica con el doctor Simon, los Hill fueron ca· l' localizar el lugar exacto donde ambos fueron I dllt i los. Resultó ser el extremo de una carretera forestal 111 tli la. Según la reconstrucción posterior que hicieron .1.1 IlIcidente, llegaron a la conclusión de que «alg~en» 11111 I I vuelta a su automóvil, para dejarlo encarado haCIa la ,1 dI del camino forestal, a fin de que pudieran volver a su I 11 I una vez fueran puestos en libertad al término de la p :I'i 'ncia. Dijeron también que los seres abrieron sin dllllll 1 maletero del coche, porque ellos lo llevaban cerra1111, y staba abierto cuando llegaron a su casa en la .mañ~a 11\ aquel día. Sin embargo, no faltaba nada en el mtenor. Tras el comienzo de las sesiones de hipnosis, cuando los dl'l'llles de su alucinante experiencia empezaron a aparecer, JI 'lty Hill empezó a tener sueños sobre su captura, En l'sl s sueños, los miembros de la tripulación se le aparecían l' n enormes narices en lugar de mostrar la nariz chata 1I IV,

1I11\I'clII'ÍO,

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31


y mongoloide que ella afirmó haberles visto. Mostrab además, en sus sueños, el cabello y la tez oscuros, p a que bajo hipnosis ella no mencionó en absoluto que 1 seres tuvieran pelo ni cabello. Los investigadores del AP le hicieron algunas preguntas acerca de las diferenci precisamente, que existían entre la apariencia de los ser en sus sueños y en la «realidad», tal como aparecía baj hipnosis. Betty aventuró la opinión de que tal vez se t tase de una racionalización inconsciente por su parte, hec con el deseo de ·conferirles una apariencia más (,humana Sin embargo, conviene observar aquí que cada vez qu bajo hipnosis se la preguntaba acerca del «jefe», su agit ción era visible, su pulso se alteraba y el doctor Simon S veía obligado a no continuar, por los efectos turbadore que cualquier pregunta sobre la apariencia física del «jefe provocaba en Betty. ¿Tendría acaso el «jefe» una aparien cia monstruosa? En otros casos que expondremos así h sido.

El «mapa estelar» Llegamos aquí al que quizá sea el punto clave de todo el episodio..En un momento determinado, Betty observó en una pared de la cámara un extraño dibujo, compuesto de líneas continuas, líneas de puntos, y puntos. Preguntó al jefe qué era, y éste le repuso que se trataba de un mapa. «Los puntos son estrellas: ésta es la vuestra (el Sol), añadió, señalando un punto situado en la parte superior derecha del dibujo. «Las líneas seguidas, son líneas comerciales; las punteadas, viajes de exploración.» Posteriormente, en un~ sesión de hipnosis con el doctor Simon, éelebrada eh 1964. Betty Hill reprodujo el mapa en un dibujo hecho por .sugestión post-hipnótica. Es preciso observar aquí que este mapa ya había aparecido repetidamente en una .serie de vívidos sueños que Betty tuvo a partir aproximadamente de.una semana y media o dos después de su supuesta abducción. En estos sueños, se veía a ella misma y a su marido siendo abducidos por seres humanoides y .sometidos a un examen físico a bordo del ovni. Tanto impresionaron estos sueños a Betty Hill, que en noviembre de 1961 escribió un informe de cinco hojas sobre estos episodios oníricos, describiendo por primera vez y entre otras cosas, un mapa estelar que al parecer mostraba

ti tllllld' procedían sus raptores, además de ruh l' Y d exploración entre otras estrellas. rladamente Walter N. Webb, asesor en 11'1 1\1)[ 0, este mapa es la única cosa «tangi1 h, qu dado de la abducción de l~s Hill; S~ el I IIhll" una porción real del espacIO galactIco, I " ti 'ducen inmediatamente de ello: 1) la esl' •"11 1 'be de ser uno de los dos grandes círculos • 111 ¡as líneas; 2) el mapa fue trazado desde un 111 1111 'o de observación, situado cerca de la estrella '1 1I11 'stro Sol debe de hallarse presente en el. 111 IIl1a línea que lleve hasta él; y 4) el ~apa tiene ....".""·11 t al' nuestra zona local de la Galaxia. 111 llil l' 'O, la tarea de aislar e identificar aquella dis, I ,lar especial representaba una tarea verdadehllJ}l'Oba. Pero hubo una persona que aceptó este t, P 'rsona fue Marjorie E. ~ish, que en lJ66 ""/11111,10 (1ll1pezó la tarea- contaba tremta y cuatro anos, 11 \(. Ira de escuela en la pequeña población de Oak .111'1;1111', "11 Ohio. Miss Fish decidió tratar de localizar ~as 11, ti"e figuraban en el mapa dibujado por Betty HI1l, 1111 "lIdo un modelo tridimensional del volumen de 11 '111 ' rodea a nuestro Sol, y situando adecuadamente 1" 'strellas más próximas a nosotros. I no ser más que una modesta maestra de escuela, tII t' Fish era -y es- una persona extraordinariamen-. 111 Ilg 'nte y dotada. ~ut?didact.a e~ astron~mía .y en ,lis iplinas, su cunosldad clentlfica es msaclable, 111 1110 que su entusiasmo. Entre sus intereses -como I I , ' dice- se cuentan además de la astronomía, la 1111 po 1 gía, la biología, el arte, la fotografía, la escultura 111' ('11 'ia en general. 1l"Npués de tenninar su primer p~queño. modelo de ti" las estrellas conocidas en un radIO de cmco parsecs I IlIos-luz) alrededor del Sol, Marjorie com~ren?ió q~e 1 '11111' ti que abarcar un volumen mayor de espaclo~ SI quena 1 m'l' xito. Los modelos siguientes que construyo llegaron 11 ,'umprender hasta 259 cuentas suspendidas de sendos h los. Cada cuenta representaba naturalmente una estrella, y "slabacoloreada de acuerdo c?n su tipo espectral; el I IIl1oño también era el correspondIente. Estas cuentas estah In suspendidas a las distancias proporcionales correctas ,It'1 01. , Cuando empezó su agotador trabajo, Miss Fish .supoma que irían surgiendo muchas agrupaciones de estrellas que

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33

32 2-SECUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES


Betty HiII en la actualidad.

se parecerían al mapa Hill. Pero no fue así, y por último consiguió aislar una serie de estrellas que parecían corres· ponder a las del misterioso mapa (que sin duda era también «tridimensional», según se co'lige de lo que manifestó Betty Hill). Esta paciente búsqueda requirió seis años de tra· bajo, la utilización de una sala de grandes dimensiones donde Marjorie colgaba sus bolitas de colores, y la cons· trucción de más de veinte modelos distintos de nuestras cercanías estelares hasta la distancia de 20 parsecs (65 años·luz). Además, Marjorie tuvo que consultar docenas de catálogos estelares para comprobar las características y las coordenadas galácticas de miles de estrellas, sin hablar de cientos de horas de trabajo o dedicadas a fotografiar e inspeccionar visualmente los modelos desde todos los ángulos. Debido a lo difícil que le resultó encontrar los catálogos estelares que necesitaba, Marjorie tardó dos años en localizar las que creía eran las cinco primeras estrellas del mapa. Tardó siete u ocho meses más en localizar las otras cuatro. Finalmente, según refiere Webb, fueron necesarios más de tres años adicionales de trabajo intensivo para encontrar las últimas tres estrellas del dibujo. Gracias a una visita que hizo a casa de los Hill en 1969, Marjorie se enteró de que el mapa era al parecer «tridi· mensional», según 'hemos dicho. Es decir, que sin duda era una especie de holograma de un metro de ancho por unos sesenta centímetros de alto, y contenía estrellas de colores que brillaban. La estrella Zeta Tucanae (Zeta de la constelación del Tucán, una constelación del hemisferio austral), aunque no era visible en el mapa Hill, fue la que condujo directa· mente al descubrimiento de las últimas estrellas del dibujo, a comienzos de otoño 'de 1972. Durante algún tiempo, fue el candidato número uno pata el puesto décimo en el dibujo, pero sin embargo se negaba a encajar en el lugar que debería corresponderle en el mapar estelar. Finalmente, Marjorie comprendió que la estr'ella podía estar oculta por Zetal o Zeta2 Reticuli (Zeta l o Zeta2 de la constelación del Retículo, también en el hemisferio austral) desde el punto de vista de Betty Hill (ella describió estas dos últimas estrellas diciendo que eran mayores que las restantes, como parable.s por su tamaño a moneditas de 25 centavos, y por ello podían haber ocultado a otra estrella). Para que Zeta Tucanae resultase ocultada, Marjorie halló que tenía que mirarla desde abajo, a un ángulo de 45° respecto al modelo. 34


111 lo illtentó, inmediatamente se le hizo aparente la 1111 orrecta. Marjorie había hallado las estrellas 1IIIIII0lllan el mapa estelar que los extraterrestres mosI 11 141'1 Iy Hill. ti I'n' ahora hacer dos observaciones. En primer • 11 IIl: que once de las estrellas localizadas por Mar11 II . rresponden al tipo espectral G (el mismo al 11 1 kit 'ce nuestro Sol). Hay luego cuatro del tipo K I dI'! lipo F. Ahora bien: dentro de la Gran Secuencia, 1III1Ida en el diagrama de Hertzsprung-Russell, las IJ 1 ~'ordenan en razón de su masa y luminosidad, I 01''' 'Iación O - B - A - F - G - K Y M (la serie se I l' I 'nder aun a los tipos espectrales R, N Y S). Las IJ 1 se disponen así en orden decreciente de temperaIIp 'rficial. Por ejemplo, las del tipo O son gigantes I . l' elevadísima temperatura; las comprendidas en f po (; Son amarillas y de tamaño y temperatura meIlll'; In del tipo M son enanas rojas de baja temperaI ('lIda clase se divide a su vez en diez subgrupos, de

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1', 11 lo poquísimo que sabemos hoy sobre exobiología !lu Ira terrestre), la vida tal como la conocemos en la I I 1 ,'ólo puede aparecer en torno a estrellas de los tipos , • y K. Todas estas estrellas están representadas en el I "'1'" 1/ iLl-Fish. En cuanto a las Zeta Reticu'li, las dos estre'11 lomo a las cuales posiblemente orbita el planeta de , I'l'll de los visitantes, pertenecen al mismo tipo espectral 11 1111' 'tro Sol. ¿Simple coincidencia todo ello? Es eviIIlc' que Marjorie Fish podía haber hallado la misma dis1" kión de estren,s que en el mapa Hill, pero sin que 1.'0 ' rrespondies~ tipos espectrales tan parecidos al h 1111 'stro Sol. Aquí hay algo más que mera coincidencia. I'v ..o esto no es todo. En julio de 1969, Marjorie Fish IIlh , localizado nueve de las estrellas del mapa Hill. Pero 111/1 ."un aún otras. Finalmente, en 1972, tras seis años de IIlc'II'O trabajo, Marjorie Fish pudo localizar el triángulo .t" estrellas del fondo, que completaban el mapa visto por 1I"lly Hill. La razón de esta tardanza se debe a que estas d .. 'lIas sólo figuraban en la última edición del catálogo 1/, ;Liese, aparecida en el otoño de 1969. Por lo tanto, supo1I 1'lIdo que el mapa de Hill fuese un fraude, su autor no 1/lIdfa conocer la existencia de esas tres estrellas, señaladas 1011 los números 86,1,95 Y 97 en la nueva edición del Gliese. Al' , cuando Betty Hill hizo su dibujo en 1964, la estrella (:licse 86,1 no figuraba en ningún catálogo estelar terrestre. 37


En cuanto a las otras dos estrellas, si bien figuraban, aparecían en posiciones de paralaje incorrectas. C.omo dijo .el doctor Hynek a Ralph Blum, ufólogo norteamencan?: «Nmgún astrónomo de la Tierra, entre 1961 y 1964, p~d~a haber sabido que el triángulo de estrellas del fondo eXlstIa en su presente posición geométrica» (Ralph and Judy Blum, Beyond Earth, Bantam Books, Nueva .York, 197~). . Pues bien: pese a toda esta impresIOnante eVIdencIa astronómica, ha sido un astrónomo, y famoso ufólogo por más señas, quien con más saña ha atacado los resultados de Marjorie Fish. Me estoy refiriendo al doctor Jacques Vallée astrónomo doctor en ciencias exactas por la Sorbona, 'director de'un importante instituto de informática en Santa Mónica (California), y asesor de la NASA en el proyecto «Mapa de Marte». Vallée, además, es autor de importantes obras sobre el fenómeno Ovni. Fue quien formuló las leyes aplicables a 'los aterrizajes de la oleada francesa de 1954, y hasta l~ fecha de la publicación de un polémico libro suyo (traducIdo por mí), Pasaporte a Magonia, mantuvo una posición absolutamente «ortodoxa» como ufólogo. Pero desde que sacó su «pasaporte», se embarcó en las más delirantes teoría~... qúe culminaron en su último libro, Messengers oi deceptlOn (Mensajeros del engaño), "donde se ocupa sobre todo de los contactee (contactados). Abandonando la clásica idea de que los Ovni son naves interplanetarias en misión de reconocimiento de la Tierra, Vallée se sacó de la manga su teoría del «sistema de control», según la cual los ovnis (sean quienes sean los que estén detrás de ellos) se dedican a «manipular» el psiquismo humano, haciéndole ver lo q~e no es y llevándolo por donde conviene a sus oscuros deSIgnios. Según Vallée, nada es lo que parece ni parece lo que es, en Ufología. El hombre asiste, impotente, a una fantasmagoría de luces y colores" con el adita~ento ocasiona.l de «humanoides». Pero nada de esto es CIerto. Hay una mteligencia poderosa y maquiavélica, tras el fenómeno, que es la que mueve los hilos de toda esta tramoya. ¿Extraterrestres? No necesariamente. Me confesó un día personalmente, que el número de observaciones mundiale~ es demasiado elevado, en su opinión, para postular un ongen extraterrestre del fenómeno. Observación válida hpsta cierto punto. Pero volvamos al llamado «modelo Fish», o al «Zeta Reticuli Incident» (Vallée lo denomina «Zeta Ridiculous»). 38

N Iltll' ¡mente, el bueno de Jacques tiene que atacarlo, por1'11' ele aceptar su autenticidad, toda su teoría, tr.abajosa1l\I'II1e elaborada, del «sistema de control» y del ongen «no 1I al rrestre» del fenómeno, se vendría por tierra. Y apela In que mejor conoce: la estadística y la programación 11111 l'denador. La objeción más grave que al final puede 11I1I1'rle, es la de que «el mapa no está trazado a escala» 1 1), Y luego esta otra: «El mapa no estaba allí para que In l' 'c el piloto de la nave, sino para que lo viese Betty»; d' ir, que ello formaba también parte del «sistema de nllll'ol», o de la «manipulación» del psiquismo humano 1111 la que Vallée aboga. En resumen: Vallée no cree en l~ Illdad objetiva de la abducción. Cree que Betty efectuo 111 viaje» (trip) no físico, controlada y guiada por ~ 1 II'I1Ia del que aún no tenemos idea clara... » (op. CIt., ., ). Evidentemente, la hipotética «superinteligencia» de 111 'acude a métodos muy maquiavélicos para condicio11" d psiquismo de sus víctimas ... ,,' in olvidár.sele siquiera rascar la parte superior de In 1. Ipatos del hombre abducido, para que el secuestro paI I 'ra más «real». I rque, queridos amigos, en mi opinión, el secuestro 1111 ((1' 'al». En cuanto a la posición sustentada por Vallée, 11 'S «su» problema, no el mío. Es él quien tiene que nlverlo,

,ltlt'llda I 11111 'Y Hill falleció en febrero de 1969, a los 46 años de 1I 1. a causa de una hemorragia cerebral, la misma dolenI que causó también la muerte de su padre. No hay que ti huir, pues, a los trastornos psicosomáticos que Barney JI 'rimentó a consecuencia de .su abducción, esta muerte -dad tan temprana, sino probablemente a causas hereti lIrias. Tras la muerte de Barney, su viuda, Betty Hill, empezó I 11 t -resarse en serio por todo cuanto hacía referencia al 1l'lIomeno ovni, que antes de su impresionante experiencia IIH'I\US si le había interesado, Dio algunas charlas sobre su IIhdu ción, apareció en programas de televisión y radio, V d propio tiempo, dice que empezaron a sucederle «cosas I Ir IS) en su casa de Portsmouth (New Hampshire). 11.1 18 de enero de 1976, el reputado psiquiatra doctor 11, 1'1 hold Eric Schwarz, autor de interesantes estudios ufo39


lógicos, visitó a Betty en su casa. Más tarde, los día~ .1 y 13 de marzo del mismo año, fue Betty la que lo VISIt en su consultorio. Los resultados de estas entrevistas fuero publicados con detalle por el doctor Schwarz e~ vario números de la prestigiosa publicación inglesa Flyzng Sau cer Review.. Una de las cosas que descubrió el doctor Schwarz fu que Betty Hill era un sujeto «psíquico»; es decir, que 1 muje!; estaba dotada de ciertas facultades PSI, o p~ranor: males. Esto solo podría explicar algunos raros fenomeno tipo poltergeist que ocurrieron en la casa de Portsmouth sin necesidad de acudir a la hipotética intervención de «extraterrestres». Es curioso -y acaso significativo- ob· servar aquí, que muchas personas «abducidas» presentan un cuadro de facultades paranormales bastante acentuado. ¿Son abducidas precisamente porque reúnen estas características? ¿O estas facultades se «disparan» a consecuencia de la abducción? Hay casos -de abducción o de simple «encuentro cercano del tercer tipo»- en que lo segundo parece ser cierto: tal el caso francés del «Doctor X», por ejemplo. Otras «cosas extrañas» que creyó descubrir Betty en su casa quizá se deban a su propia soledad. Una viuda aún joven y que había pasado por su alucinante experiencia, e.s persona propensa a «ver cosas raras» en sucesos en realIdad perfectamente explicables (sin que esto quiera decir ni mucho menos que estuviese desequilibrada). El doctor Schwarz la describe con estas palabras: «Betty me impresionó... y la encontré ser una señora altamente inteligente, abierta franca y de un carácter muy agradable, sin mencionar su 'incuestionable probidad. Graduada por la universidad de New Hampshire y trabajadora social durante muchos años, Betty posee un espléndido sentido del humor y una gran captación de la realidad.» Otra de las cosas que descubrió el doctor Schwarz fue que Betty estaba bajo vigilancia constante. Su teléfono estaba intervenido, y una vez que se produjo un cruce fortuito, Betty se enteró de que estaba siendo objeto de escucha telefónica por parte de una «agencia federal» (probablemente el FBI, la Inteligencia de la USAF o tal vez ia CIA). Un ufólogo de Cleveland llamado Earl Neff mostró al doctor Schwarz unas fotocopias de un manual de ias Fuerzas Aéreas titulado Introducción a la ciencia del espacio, en su capítulo 33, que se utiliza como texto en un curso optativo sobre Física 370 en la Academia de la 40

11.

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1111

Este capítulo trata del problema ovni y contiene 's párrafos sobre los Hill. También le mostró dI' IIna edición posterior, altamente diluida compa11111 la primera. No obstante, las autoridades negaron 1¡'lIcia de este capítulo más completo y detallado, 111111'1'1 únicamente gracias a la tenacidad de Earl , '~II) ~ignifica que tanto los servicios secretos co~o 110 mandos de la Aviación, conceden una enorme lill" lit 111 al fenómeno ovni en general y al caso Hill en 1I

111 11'. 11 1'1

terminar este capítulo sobre los Hill (o sobre el Zeta Reticuli), citando unas palabras del propio 1111 • hwarz, que corroboran lo que antes he señal~do: I caso de abducción de Betty, como en algunos eJemlit- 'ontactos con ovnis, se tiene la impresión general '111 t'I individuo protagonista es ~ tipo único de ~erson~ I I 1 'uHades (es decir, su capacIdad para sumIrse ra1111111'111 ' en un profundo trance hipnótico, sus r.asgos 111 1I ivos y sus potencialidades PSI de alta calIdad), 1 IIfl\ o no, son necesarias para los ovnis o para las 1/1' que se esconden tras ellos, y que estos factores 11 d"1I ser vitales para la generación de la aparente expe11. 1 dc relación mente-materia.» 1111 poco más adelante escribe: ('III'responde totalmente a Betty el mérito .d~ poseer 11 1 I ti sólidamente estructurado, que le .ha permIt:?o ma~­ 1 lit I IIl1a saludable visión hacia el exterwr y tamblCn hacza 1111'1'1';01'. Otras ersonas dotadas de un yo menos estable 11th 111 haber sucumbido ante la combinación de psicopa1 IUII l. PSI, la experiencia ovni, el hostigamiento que é~ta "ltI nparejado, y en algunos casos los efectos de un smIt UIIII' upersticioso de mala suerte, engen~rado ~~r el I IlIpio sujeto. Es una coincidencia, si no una smcromcI.dad, '111 'ntre todos los psiquiatras. de los Est~dos Umdos, l'lty y Barney Hill, tras algunos mtentos prevIOS con .otros 111I1I'llntivos, eligieran a un médico que no sólo dommab~ 11. Idpnoterapia, sino que estaba familiarizado con la POSI11 I <Ind de transferencia mental.» Si bien en algunos casos estas característ.icas parecen fulllr totalmente, en otros que en este libro examinaremos "Il'mos que también se han puesto de manifiesto. Es muy I'l)',ible que ésta sea una de las claves de los c~sos d~ ab1111(' ·jón, cuyo estudio continuado tal vez nos de un dIa la 0111 i6n del inquietante enigma. Diré por último, citando palabras de Hernán Rodríguez 111 III~'

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en Contactos extraterrestres n.o lO, que «los resultados _ l~s sesiones de hipnosis hechas a los Hill por el doct Slmon- nunca hubieran trascendido más allá del médic si no hubiera sido porque un periodista se enteró d incidente, publicando luego un explosivo reportaje en Herald Traveller de Bastan, en 1965. Después del esc' dala originado por el periódico, los Hill decidieron dar conocer su historia completa a fin de evitar las inexac tudes. Así nació El viaje interrumpido, libro de John Fulle que pronto alcanzó enormes niveles de venta en todo mundo». Precisión que considero altamente importante.

11 I DIA INTEMPORAL DEL CABO

I g oS 1111 I 'sta dI II\UyO

VALD~S

periódico de Santiago de Chile El Mercurio sorprendente noticia en su edición del marde 1977: EXTRAÑO SECUESTRO

I{ I ,/\. (Por Enrique Jorquera Márquez). -

Un cabo del desapareció durante casi 15 minutos, luego que lilV 'I'a contacto visual con un objeto volante no identil ••do (ovni) en la localidad de Putre, a unos 150 kiló1I1l'11' S al interior y noroeste de Arica. El cabo tenía a su mando una patrulla militar que I 11 111 r>lía tareas rutinarias en ésta el día 25 de abril recién

1'11 l' 'ilO

11

IH lelO.

m ovni avistado -de acuerdo a declaraciones de los IIllsmos integrantes de la patrulla militar- prácticamen11. uterrizó en el sector' de los cerros de Putre, a unos ~IlO metros de distancia de donde ellos se encontraban, 1'11 1 zona denominada Pampa Lluscuma. uando el cabo apareció nuevamente ante sus campa.1 'ros de patrulla -siete en total-, 15 minutos después ti . haber desaparecido... -lucía una barba espesa, como si hubiese estado varios días sin afeitarse, lo que había h 'cho pocos momentos antes, al iniciar el patrullaje. Lo más asombroso es que el reloj del cabo Valdés mostraba haber avanzado 15 minutos, pero la fecha, en lugar de indicar el 25 de abril, marcaba el día 30 de abril. La pavorosa experiencia fue vivida por el cabo del 'jército Armando Valdés jUnto a una patrulla integrada por los conscriptos Humberto Rojas, Iván Robles, Ger,mán Riquelme, Raul Salinas, Pedro Rosales, Juan Reyes y Julio Rojas. . i ue la noticia dando más pormenores del caso, que 11It: 'o expondremos y comentaremos. Quiero señalar aquí

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únicamente que en mi comunicación leída ante el grupo estudio ovni de la Cámara de los Lores británica el mart 11 de diciembre de 1979, entre la gama de efectos prod cidos por el fenómeno ovni en el entorno físico, apuntab la posible distorsión del campo espacio-temporal, y poní como ejemplo el caso chileno de Putre, que a continuadó vaya relatar. Ocurrió, como queda dicho, el 25 de abril de 1977, en 1 zona de Pampa Lluscuma, a unos kilómetros de la fro tera con Bolivia y en las cercanías de la ciudad de Putre en la provincia andina de Arica. En la clara noche estrellada del altiplano, a 4000 metro de altura, la patrulla se hallaba descansando junto a un fogata y al reparo de un talud formado por grandes pi dras, que les protegían del viento. Dos soldados montaban guardia en los extremos del pequeño campamento. De . pronto, uno de los soldados señaló hacia el cielo: dos «es. trellas» descendían lentamente. Algunos hombres consul. taran sus relojes: eran las cuatro menos diez de la madru. gada. En aquel preciso instante el soldado Rosales, que estaba de guardia, llegó corriendo hasta el grupo para dar la voz de alarma: -Mi cabo... venga para que vea una luz que está en el cerro. El jefe de la patrulla, al frente del resto de sus hombres, llegó hasta la zona indicada, para ver qué ocurría. . Los dos soldados de guardia informaron entonces al cabo que ellos habían visto «caer» las dos estrellas, muy lentamente. y añadieron: «Una de ellas bajó al otro lado del cerro y aún se ve el resplandor allí, mi cabo... » Mientras ambos soldados hablaban, el grupo vio cómo la otra luz que descendía se posaba entre los cerros, a unos 500 metro$ de distancia. El ovni despedía una luz violeta y en los extremos tenía dos puntos luminosos de un rojo intenso. Luego el extraño objeto empezó a acercarse lentamente a los soldados. El cabo ordenó de inmediato cubrir el fuego del <:ampamento con mantas, en tanto que sus hombres se agrupaban estratégicamente en posición de combate, al observar que el extraño objeto luminoso seguía acercándose a baja altura, mientras con la luz que despedía alumbraba todo el sector. Mientras esto ocurría, el cabo Valdés se alejó de sus hombres en dirección a la luz y súbitamente desapareció. Eran en aquel momento las 4.15 de la madrugada. Los 44

111 'nmbiaron miradas de ·extrañeza, pero pensaron 1 IIhoficial había caminado hacia otro sector. Pasaron IIhu ' minutos sin que el cabo Valdés apareciera. 11111 roviso, sin .que oyeran sus pasos, el cabo reapajlllllo a sus hombres, y exclamó únicamente «MulIu .. », para desplomarse luego sin sentido. I .,oldados lo levantaron y lo llevaron hasta la fogata i1l1lpamento, donde empezó a recuperarse. Se incorpO1I miró a todos con ojos desorbitados y luego exclamó, 11/• • lraña: Ihl 'des no saben qwenes somos ... ni de dónde ve11 • pero les digo que pronto volveremos... " pués de pronunciar estas frases sin sentido aparente, 11 1 desmayarse. 11 :-.oldados, estupefactos, observaron que el suboficial: .. Iba una barba espesa y crecida como de unos cinco • JI' e a que <:uando se alejó de ellos iba perfectamente

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lel .

HI cabo Valdés despertó de su desvanecimiento alrede-.· I dl las siete de la mañana. 'Parecía extrañado y:confu• y 610 atinó a decir: No recuerdo nada desde el momento en que me ale~~' 11 I ·des. 1.11 'go ordenó: Prepárense para partir, porque ya son las cuatro y 1 ,ha de la mañana. Al ver que sus hombres lo ,miraban extrañados, comJI",lIó que su reloj digital se hallaba detenido a esa hora. ,It más, el calendario indicaba una fecha cinco días posI I \Ir a la actual. A su regreso a Arica, el cabo Armando Valdés rindió 111 'ompleto informe de- lo sucedido a sus superiares. Se IIp , in embargo y de forma extraoficial, que no recordaba 11 ,da de los quince minutos en que permaneció ausente. /,,' rviene la censura ( lIIno ya era de esperar, y como tantas veces sucede en I 'Iación con los ovni, las autoridades no dijeron esta boca " mía. No solamente eso, sino que la censura gubernativa IIlentó poner cortapisas a la difusión de este caso. Para "110, y amparándose en un Decreto-Ley (el que lleva el núIII(;rO 12/81, del 11. de febrero de 1976), el coronel Úscar Figueroa Márquez, gobernador provincial de Arica, ordenó 45


que. fuesen sometidos a su aprobación previa todos los artículos y publicaciones relacionados con el suceso protagonJzado por la patrulla militar en Pampa Lluscuma. Esta actitud de las autoridades obligó al periódico La Estrella de Arica a retirar un extenso reportaje sobre el caso, que tenía ya en prensa. Pero ante la enorme difusión que alcanzó la noticia en todo el país, principalmente gracias a los reportajes de El Mercurio de Santiago, el gobernador Figueroa se vio obligado finalmente a anular su propia orden de censura y autorizar la publicación de artículos y reportajes sobre el «caso Valdés». Fue a partir de entonces cuando diversos enviados especiales de la prensa chilena entrevistaron repetidamente a los protagonistas del insólito suceso. Tratando de responder a la presión popular -importante incluso en un país de régimen autoritario como Chile-, que pedía más información, la Comandancia en jefe del Ejército difundió un comunicado oficial, redactado en los siguientes términos: Ante numerosas consultas de medios de comunicación social respecto a los sucesos ocurridos en las proximidades de Putre el 25 de abril de 1977 a una patrulla militar, se aclara lo siguiente: 1) El Ejército no se pronuncia a los hechos mismos (sic) relatados por los integrantes de la patrulla. 2) Desde el momento que sucedió el hecho, hasta que éste fue dado a conocer por la prensa, no se había dado versión oficial por parte de la institución. 3) Conforme a las consultas realizadas por vía oficial se· manifiesta que las versiones dadas por la prensa hasta este momento, son en lo general coincidentes con los relatos de los integrantes de la patrulla.

Una interesantísima grabación Aproximadamente a las nueve de aquella misma mañana del 25 de abril don Pedro Araneda, profesor de enseñanza primaria y corresponsal del diario La Estrella de Arica, interrogaba en Putre a los componentes de la patrulla, grabando en un magnetófono sus palabras y sus impresiones, aún frescas. Este impresionante documento de primera mano fue publicado íntegramente en El Mercurio del 19 de mayo, y por su enorme interés lo vamos a transcribir a continuación:

l. IDI verbo «joder» no tiene ninguna connotación sexual en Chile. '" IIlHca únicamente «fastidiar».

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del Ejército chileno, relata su impresionante experiencia a los periodistas.

ElcaÍiO~. Pútre en priméra p1anil . de la prensa diar·ia chilena.

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Araneda: «¿Las dos luces estuvieron más o menos p ralelas, una más arriba y la otra más abajo?» Cabo Valdés: «No... la primera luz, cuando Rosales llamó, se empezó a intensificar y luego bajó su~vemen a la loma, y la otra se bajó frente a nosotros asl. .. ca que nos llamara... Como que nos q.uisie.ra intimidar, así.. Araneda: «¿El perímetro que Ilummaba la luz, alu braba los sembrados, el pasto, los cercos?» Cabo Valdés: «Al cerro, lo iluminaba y pudimos apreci sus contornos y los sembrados, a pesar de que la noc estaba muy oscura porque no había luna... Incluso n costaba mucho poder caminar en la oscuridad. Y cU,an bajó la luz, la primera, bajó por atrás del cerro y salla fulgor tremendo ... Y la otra se mantuvo frente a nosotr aquí. .. Hubo un resplandor, un reflejo grande... como incendio... » Las palabras del cabo son acotadas a ca instante por el resto de los soldados integrantes de patrulla. . Una de las partes de la grabación finaliza aquí, pa luego continuar en el instante en que los och~ ~~otagomst del insólito suceso se refieren a la reapanclOn del cab Valdés bajo extrañas circunstancias. Voces: «¡Claro! La voz de mi cabo... se reía... empez a reírse y decía: "Ustedes nunca sabrán quiénes somos de dónd~ venimos ... Y volveremos acá de nuevo ... "» Araneda: «¿Y hablaba el cabo con la voz normal?» Voces: <<j Claro ! La voz que tenía siempre él. .. pero u poco más apresurada ... alterada (el sub.r,ayad~ es nuestro) Y cuando perdió el conocimiento y VOIVlO a remcorporars nos miraba así como que no nos conociera y daba vuelt a la cabeza para atrás y decía: ¿La luz... la luz ... ?» . Otro soldado: «Después perdió el conocimiento y volVI a despertar y a hablar nuevamente... Nosotros lo arropába mas y ahí decía: "¡Suéltenme! ¡SuéItenme!" ... y forc jeaba... » Otro soldado: «y lo que más miraba era la luz... miraba con los ojos muy abiertos ... » . Araneda: «¿Cuánto rato se perdió el cabo?» Varias voces se atropellan: «El cabo estuvo perdId unos quince minutos ... Nos acercamos al final de la pir ca 2... Lo llamamos ... Primero salimos cuatro a buscarlo luego salimos los otros tres ... » Otra voz: «De ahí caminamos algo... Gritábamos ...

""llllS

por el nombre... Y la luz ahí estaba... »

IIld Ido: «y no le sentimos ni las pisadas cuando 1I ,1111 una persona llega se siente en la quietud 111 .. » Id, «¿Cuánto rato estuvo así en este trance?» . 1,,111 : «E tuvo como diez minutos en que reacclO111 1011 cía a algunos y de repente se desmayaba... I '" n s desconocía... después se quedó dormido 1111

I dI: «¿Tú, Valdés, no te acuerdas por qué quisiste I el' tus hombres unos metros y acercarte a

,deJ6: «Lo único que puedo decirte es que algo que algo me atraía ... Era como con la luz... incluso sentía, cuanIIl1d 'l1za nos juntamos y nos pusimos en guardia III¡Yldos ... no sé si decir que sentía algo realmenIIV llosa o algo espantoso ... Era algo extraordinario dlf'o que somos siete mentes ... ocho mentes ... Está 1'11' IIl1a persona hubiera sufrido una alucinación... l' II ,¡ 11 ... pero que siete digan lo mismo ... Lo que 11 , 11 'rdo es lo que pasó, sólo sé lo que ellos me J.o que sí me acuerdo es que cuando recién vimos '1"1.1I11os desplazarnos para buscar refugio, pero algo 1,,, 11 quedarnos ... Como que algo nos detenía a mirar 1 () me acuerdo que no me alejé más de dos o tres 111 til' LI tedes ... » I 'abo Valdés prosigue: «De ahí yo, perdí la noEllo dicen que yo desaparecí como por arte de 1, Dc repente lo más asombroso es que yo aparecí 11' d' magia ... » I '"IV<'I'1: «¿Te acuerdas (de) lo que hiciste en ese lapso?» "hll Valdés: «Oh... No ... Lo único (de) que me acuer· 111 que aparece en mi mente es algo como cuando y? 11 11 '110 así y desaparezco en un pozo profundo ... ASI, 1 11 '" londo ... -como un abismo así. .. De ahí mi cerebro I '1 'fo ... No atina la mente a saber qué p¡;lSó... » 1I 11' una pausa, el cabo Valdés continúa: 1'1IveJ decir que fue algo así como una advertencia ... 1111111 qu 'riendo decir que no es la primera vez que nos va11111 IV 'r... O como que no me metiera en lo que no debía... 11 l',:. No hubo palabras que me hayan dirigido... si es 11111 1l'Illmente existen esos seres.» I

111 ,11 I la atención... 11111111' ción interna

2. Pirca: cerca, pared o tapia de piedras.

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Reacción de los animales «Incluso había pastando cerca de nosotros un piño 3 de ov jas... yen vez de arrancar, como hacen cuando sient~n al. extraño, se quedaron quietas... Se agruparon y en silencl absoluto... Más nos desconcertó... Igual que el perro, qu es la mascota... Huamachuco se llama... también se qued quieto junto a las pircas, cerca de la fogata ... No se esc chaba ningún ruido... Había un silencio sepulcral... Y.y invoqué a Dios y le dije a la luz: Vete... En nombre de DIO te lo ordeno... Nosotros estábamos dispuestos en esos m mentas a cualquier cosa... A morir juntos, pero nadie separaba... Incluso hicimos un juramento de permanec juntos... » Varias voces intervienen para decir: «Antes de que cabo se perdiera, nos dijo que tapáramos el fuego con manta... » Cabo Valdés: «Claro... Era como si el fuego les llama la atención. Igual que a un niño curioso que el fuego 1 llama la atención... Como que ellos sintieran que el fueg les llamaba la atención... » Interviene un soldado para decir: «Después que mi cab nos ordenó que sacáramos las mantas... Lo vi que se alej al extremo de la pirca... yo creí que iba a hacer alguna n cesidad física ... Pero cuando pasaron cinco minutos, m o menos, y no. venía, lo fuimos a buscar y había desapa cido... » . Otro soldado: «Me acuerdo que cuando reapareció, n gritó: ¡Muchachos!... Fue un grito como pidiéndonos a lio... » «La verdad -explicó otro'soldado- es que no sentim miedo ahora, sino la inquietud de que seguramente vam a contactar nuevamente con ese extraño objeto que no visitó.» Luego, volviendo a la experiencia vivida por todos ello hablan todos los soldados a la vez --como se aprecia en cinta magnetofónica- en un tono de gran nerv.iosismo, par precisar que «la luz empezó a aparecer en la distancia fue aumentando su luminosidad,.como un tubo fiuorescent mientras se acercaba a nosotros». Precisan además que resplandor era esférico. 0_, Otro soldado afirma que «la luz brillante parecla com si nos estuviese atrayendo -hacia ellos... Sentí como si no

I Y entonces realmente nos asustamos, al extremo "' lImamos de la mano unos con otros para evitar que I lile 11 ,udiese adelantarse». 11I',,() los soldados informan que el fenómeno empezó I 1 lid 11 'i rse cuando faltaban diez minutos para las cuatro 1I IIl:ldrugada. Es el soldado Rosales el que hace esta I 1 11 I In. Más adelante precisan que «cuando nuestro 111 d 'sapareció, decidimos esperar unos diez minutos 11I::'lximo y en caso contrario, acercarnos a investigar. 11 "lábamos cuando mi cabo Valdés apareció entre 111111

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1IIIIIando todos al unísono, aseguran más adelaI}.te que IlIbmos de dónde venía ese objeto luminoso. Sólo nos 11111110 como amenazados ante su presencia, pero nun'0 l/OS ocurrió imaginar, en esos instantes, que podría "" \(' de seres del espacio» (subrayado nuestro). '11 ':;le momento interviene el cabo Valdés --como se 111 ('n la cinta magnetofónica- para precisar, dirigién1 los soldados: «¿Ustedes imaginaron como que yo ,,11 I;S apando de algo cuando me acerqué nuevamente?» 111' :;oldados responden: «Efectivamente, mi cabo. Así p '1' 'ció.» El cabo agrega que «realmente no recuerdo h I di ha nada... sólo recuerdo el momento que desperté 11 d 1 más». I Ipartado de efectos sobre animales habría que añadir I lIi 'nte: «Los caballos que nos acompañaban -decla111 I soldados- también se quedaron como paraliza1 II'lOdo apareció la luz y sobrevoló hacia nosotros. 1111'1'0 se inquietaron y luego se quedaron casi inmóviles 11 que el objeto se retiró.» '11 formidable lingüista y gran investigador de lo insótll, ,,( inglés Gordon Creighton, ha publicado una impre1IIIIIt lista con cientos de casos de efectos producidos I11 I \ proximidad de un ovni sobre los animales. A esta , 1 cubría añadir ahora las ovejas, el perro y los caballos !'1I1 re que, como es sabido, «no leen ciencia-ficción». , 1 grabación realizada por el profesor Pedro Araneda 11 !'lIlre es mucho más extensa, pero por necesidades de l' I( l Y por no cansar al lector con repeticiones, tenemos .IIU' Ibreviar.· Sin embargo, constituye un notable docu11111110 humano, por la sinceridad indudable que demues11 111 I s componentes de la patrulla, dominados muchas '11(' por un innegable nerviosismo, y por su tono de au'.111 ·ldad.

•3. Rebaño.

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Reacción de los animales «Incluso había pastando cerca de nosotros un piño 3 de O jas... yen vez de arrancar, como hacen cuando sienten a extraño, se quedaron quietas... Se agruparon y en silen absoluto... Más nos desconcertó... Igual que el perro, q es la mascota... Huamachuco se llama... también se que quieto junto a las pircas, cerca de la fogata ... No se es chaba ningún ruido... Había un silencio sepulcral. .. Y invoqué a Dios y le dije a la luz: Vete... En nombre de D' te lo ordeno... Nosotros estábamos dispuestos en esos mentas a cualquier cosa... A morir juntos, pero nadie separaba... Incluso hicimos un juramento de permane juntos... » Varias voces intervienen para decir: «Antes de que cabo se perdiera, nos dijo que tapáramos el fuego con manta... » Cabo Valdés: «Claro... Era como si el fuego les llam la atención. Igual que a un niño curioso que el fuego llama la atención... Como que ellos sintieran que el fue les llamaba la atención... » Interviene un soldado para decir: «Después que mi ca nos ordenó qu~ sacáramos las mantas... Lo vi que se"ale al extremo de la pirca... yo creí que iba a hacer alguna cesidad física ... Pero cuando pasaron cinco minutos, m o menos, y no. venía, lo fuimos a buscar y había desapa cido... » Otro soldado: «Me acuerdo que cuando reapareció, n gritó: ¡Muchachos!. .. Fue un grito como pidiéndonos a lio... » «La verdad -explicó otro soldado- es que no sentim miedo ahora, sino la inquietud de que seguramente va a contactar nuevamente con ese extraño objeto que n visitó.» Luego, volviendo a la experiencia vivida por todos ello hablan todos los soldados a la vez -como se aprecia en cinta magnetofónica- en un tono de gran nervjoslsmo, par precisar que «la luz empezó a aparecer en la distancia fue aumentando su luminosidad,.como un tubo f1uorescent mientras se acercaba a nosotros». Precisan además que resplandor era esférico. Otro soldado afirma que «la luz brillante parecía com si nos estuviese atrayendo hacia ellos... Sentí como si no

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ilIon S realmente nos asustamos, al extremo I 1IIIIIIlOS de la mano unos con otros para evitar que 1It1lt''''I' Idelantarse». h, /'oldados informan que el fenómeno empezó ," . clIando faltaban diez minutos para las cuatro I dlllll'l(Ja. Es el soldado Rosales el que hace esta 11 M(\s adelante precisan que «cuando nuestro "1' \1 • 'ió, decidimos esperar unos diez minutos 1 11110 Y en caso contrario, acercarnos a investigar. t "lamas cuando mi cabo Valdés apareció entre IlIlIdo t dos al unísono, aseguran más adelante que IIII0S de dónde venía ese objeto luminoso. Sólo nos 111 1'01110 amenazados ante su presencia, pero nun'" ocurrió imaginar, en esos instantes, que podría tll' seres del espacio» (subrayado nuestro). h- 111 mento interviene el cabo Valdés --como se 11 1I 'inta magnetofónica- para precisar, dirigiénlo 'oldados: «¿Ustedes imaginaron como que yo I 'IHllldo de algo cuando me acerqué nuevamente?» elId_Idos responden: «Efectivamente, mi cabo. Así Il'l'!().» El cabo agrega que «realmente no recuerdo d \ h nada... sólo recuerdo el momento que desperté 111 'IS».

l' 11" do de efectos sobre animales habría que añadir 1I1'IIt ':

«Los caballos que nos acompañaban -<lecla-

lo soldados- también se quedaron como paraliza-

IIll1clo apareció la luz y sobrevoló hacia nosotros. le I s' inquietaron y luego se quedaron casi inmóviles 1 1111' el objeto se retiró.» 1 tormidable lingüista y gran investigador de lo insó, 1 illglés Gordon Creighton, ha publicado una impre1 lit • lista con cientos de casos de efectos producidos 1I proximidad de un ovni sobre los animales. A esta h I Ibria añadir ahora las ovejas, el perro y los caballos 1'lIlre que, como es sabido, (<uo leen ciencia-ficcióo». J I I rabación realizada por el profesor Pedro Araneda I 1'111 r' es mucho más extensa, pero por necesidades de l'U II y por no cansar al lector con repeticiones, tenemos '1111 Ibreviar.· Sin embargo, constituye un notable docu111 111 ) humano, por la sinceridad indudable que demues11 111 los componentes de la patrulla, dominados muchas I'l 1 1> por un innegable nerviosismo, y por su tono de au11111 ¡dad. 53


Conclusiones ¿Qué ocurrió en realidad en aquella desértica región de Pampa Lluscuma, en la madrugada del día 25 de abril d 1977? Es indudable que al menos DOS objetos volantes n identificados aterrizaron muy cerca de donde estaba aca pada la patrulla. Estos objetos -no muy grandes- par cían ser de forma esférica, y despedían una intensísim energía fotónica, o luminosa. Quiero creer que el objetiv de esta «operación» era la abducción de por lo menos ser humano. Es posible que los objetos emanasen una i fluencia o energía -posiblemente de tipo hipnótico- qu produjo efectos «sedantes» en los animales, e inquietu en los seres humanos (que también experimentaron extraña atracción hacia la luz). ¿Cómo se explica el hecho -inexplicable según patrone humanos- de que la barba del cabo Armando Valdé creciera hasta el equivalente de unos cinco días sin afei tarse, tan sólo en un cuarto de hora? El adelanto del calen dario de su reloj de tipo digital podría explicarse po causas mecánicas, pero no así el crecimiento de la barba El propio Valdés hizo posteriormente el experimento d permanecer cinco días sin afeitarse: la barba que 1 creció en ese lapso de tiempo, no era tan cerrada como 1 que mostraba, tras permanecer quince minutos ausente d sus hombres. No tenemos más remedio que admitir que ·hubo mani· pulación del tiempo. El cabo Valdés fue sacado de nuestro espacio normal -y de su tiempo- y llevado a otro espacio y a otro· tiempo, donde o bien éste transcurría más de prisa, o bien se trataba de un universo paralelo en el que la flecha del tiempo incluso podría ir hacia atrás. Es algo que escapa a nuestra lógica, pero también 'el concepto einsteniano relativista del Universo. ¿Sometieron los médicos militares a regresión hipnótica al cabo Valdés, como este mismo parecía soJicitar? ¿Qué salió a la luz durante la experiencia hipnótica, si es que ésta llegó jamás a realizarse? ¿Será el cabo Valdés uno de los pocos hombres que ha traspuesto la barrera de las dimensiones y ha viajac;lo por el «túnel del tiempo»? Algunos incidentes registrados en el famoso Triángulo de las Bermudas y otros puntos similares del globo, apuntan tamo bién hacia una «manipulación del tiempo». ¿Por parte de los mismos agentes que abdujeron al cabo Valdés? Pre· guntas, preguntas, preguntas ... de momento sin respuesta. 54

11 qué mundo inimaginable permaneció Armando Val· hu 'lile los cinco días de tiempo subjetivo -marcados 11 h Irba y su reloj- y qué seres o qué cosas vio en ese 11 I En el folklore mundial hay algunas leyendas 11111 In del pescador japonés Urachima, que permaneció I pura él fueron tres años en el palacio del Rey del • 1"'10 que en realidad fueron tres siglos-, que evocan I Ir miento -o este encogimiento; depende desde I ,. mire- del tiempo. 011\0 dijo el fisiólogo inglés J. B. S. Haldane: «El Uni· .. lit) 610 es más fantástico de 10 que imaginamos; es 1 lIllástico de lo que podemos imaginar.» llf. parecido.

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3. SEXO Y «PLATILLOS VOLANTES»

e10 «Adhemar» por Gordon Creighton en sus artícuproteger su anonimato), que tenía entonces 22 años I un su familia en Ponta Para, ceréa de la población o Francisco de Sales, Estado de Minas Gerais, próxima 1111111 'ra del Brasil con el Paraguay, se encontraba aran11 I a 111 po con un tractor cuando de pronto vio correr I I ¡., una «estrella» (recuérdese el comienzo del inci11111) que se aproximaba a gran velocidad, para inmoI l' linalmente sobre el campo de labranza. •o antes de continuar, quiero decir dos cosas; mejor 1, Ir ·s. La primera es que ya veo la mueca de disgusto 111 bromas sobre el «polvo cósmico» habrán produci11 "I1Ul1OS puristas de la ufología, desde ex sacerdotes 1"1'S 'ntan a los ovnis como el «demonio» (sic) hasta I 1 de UMMO desprovistos totalmente del sentido del I 11, I mismo que los ummitas a quienes reverencian. I'StO, yo les diría que el humor (y su brazo armado IUII 1) es una de las pocas defensas que nos quedan II1 dcsconocido. Gracias a la ironía quizá consigamos '111 importante como es salvar nuestra integridad 111111 ante hechos que, tomados demasiado en serio, el '11 rcsultar alienantes y en algunos casos han tenido 111 1I10S efectos sobre mentes inmaduras que los que ••• 11 los libros de caballerías en el cerebro de Don ti

I 1

'1

¿A quién no le gustaría que un buen día se lo llevasen lo «marcianos» a bordo de un «platillo volante», y que, un vez en el interior del mismo, le ofreciesen amablement una bella y desnudita «extraterrestre», para que se acostas con ella? A cualquier «varón bien nacido», supongo. Pue bien, lo que podríamos llamar el «polvo cósmico» (ca perdón de los astrónomos) ha ocurrido no una, sino varia veces. Sus protagonistas han sido por lo general rudos cam pesinos semianalfabetos, o vaqueros no menos toscos e il trados; por lo general tales episodios han tenido lugar e las soledades sudamericanas. Nunca los han protagonizad ufólogos, o sea «investigadores de ovnis». Ésos no se come un rosco «extraterrestre», por más ganas que tengan. Per es que si tales episodios son lo que barrunto, lo que hace falta son precisamente fuertes gañanes y no intelectuale bajitos con gafas. ' Hacen falta sementales, en una palabra. El caso de «polvo cósmico» más divulgado y comentado es el del joven labrador brasileño AntóllÍo Villas Boas (bien, joven en el momento de producirse el incidente; actualmente será ya un cuarentón). Este caso lo he expuesto yo mismo detalladamente en uno de mis libros, basándome principalmente en la información reunida por mi querido amigo Gordon Creighton (a la sazón cónsul de Su Majestad británica en una ciudad del Brasil), y publicado luego por éste en la Flying Saucer Review. Me da un poco de reparo, pues, repetirlo aquí. Quien lo desee que acuda a las fuentes, como dicen los eruditos. Pero de todos modos habrá que resumirlo, para dar facilidades al sufrido lector. Alrededor de las doce de la noche del 15 de octubre de' 1957, el joven campesino brasileño António Villas Boas

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lI u lI', 1', Ill'mos en mi Cataluña una entrañable farsa navideña, I'(/~/orets (Los Pastorcillos), en que los demonios son lo n el más tremendo de los ridículos por dos pas1 1I0s que penetran en el Infierno... Esto hace perder a 11 1I0s toda su dimensión satánica y malvada. Apliquemos I w'lIlo a los ovni, y seguramente los haremos más nues, y quizá así lleguemos un día a lo que se esconde tras Esto, por supuesto, sin descuidar la investigación

,

I 1». I,jl

s 'gunda cosa que quería decir es que el encuentro

\111 tUI no del 15 de octubre de 1957 estuvo precedido por 11111 01 servación semejante de la «estrella» la noche ante01 1)' de el mismo campo, António y su hermano obser-

o t 111 las evoluciones de la misteriosa «estrella», que esta 110 llegó a posarse en el suelo. Y unos días antes, una 111 ll'ri sa luz bañó de noche su casa, desde lo alto... la última cosa es que el caso de António Villas Boas 111 ierto modo «atípico», pues su protagonista recordó I lllpre y perfectamente la totalidad del episodio, sin que I lal iese necesario recurrir a la hipnosis para extraerlo

t'

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de su memoria subconsciente, Por lo demás -salvo el e sexual- esta abducción presenta rasgos muy par cidos a otras que conocemos, y que el joven cabóclo (me tizo de indio y portugués), semianalfabeto, no podía sabe de ningún modo, y menos en una fecha COmO aquell -1957- en que aún no se había producido el caso Hill ninguno de los casos de abducción más importantes ~u hoy conocemos. Sigamos relatando el episodio. Cuando la «estrella» s inmovilizó a cierta altura sobre el campo, el asustado An tónio quiso volver a su casa, y para ello empezó a accion e~ dispositivo hidráulico de desenganche del arado. (No h dicho que António trabajaba de noche en su campo a caus del calor intenso que reinaba de día.) Pero el dispositiv no funcionaba y, para colmo de males, el motor del tracto se paró, En aquel preciso instante la «estrella» descendió co rapidez, convirtiéndose en una máquina gigantesca y d forma de pájaro, que aterrizó a unos veinte metros de tractor deteni~o. De la n~,:e surgieron hasta cinco pequeño seres humanOldes, cubiertos con una especie de trajes espaciales o escafandras que les ocultaban el rostro, Pes a ser más bajos que António (el cual mide 1,64 m), entr los cinco consiguieron reducirlo y subirlo a bordo de la nave por una larga escalerilla. La nave «aviforme» era ovoide y se hallaba rodeada po una plataforma, en la que se abría una portezuela por la ~ue sus raptores introdujeron a António en el aparato. El Joven se encontró 'entonces en una cámara circular que n:~diría entre 1,50 y 1,80 m de altura y de 1,80 a 2,10 m de diametro. Todos estos datos fueron facilitados posteriormente por el propio António al doctor Olavo Fontes médico e investigador brasileño ya fallecido (en mayo cÍe 1968), quien examinó detenidamente al joven campesino, elaborando a ~ontinuación un informe totalmente positivo, en el que mamfestaba hallarse convencido de que António '<no mentía», y relataba lo que para él era una experiencia real. En el centro de esta primera cámara había una columna que iba del suelo al techo, y en las paredes, unos orificios cuadrados, «parecidos a los que se ven en las instalaciones eléctricas», Sobre una mesa de tres patas António vio un instru· mento desconocido. Mediante un dispositivo flexible, sus captores tomaron muestras de sangre de António, en dos puntos de la barbilla del. muchacho. El doctor Fontes, muc~entro

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1I mpo después del supuesto incidente, aún pudo ob· las cicatrices de estas heriditas, Acto seguido los 1I11110ides desnudaron al joven con una destreza sorlid 'nte, y luego lo condujeron a través de una puerta IIllll compartimiento, cuyo único mobiliario consistía en 11 lil ra recubierta de una especie de material plástÍco, IIhligaron a tenderse sobre ella y le restregaron todo el Ip con una esponja impregnada en un líquido refres11 j¡1116nio calcula que pasó unos cinco minutos en el 11111'1' compartimiento y unos veinte en el segundo, donde humanoides lo habían dejado solo. Súbitamente notó 11101' penetrante. Algún gas desconocido invadía la estann t6nio experimentó náuseas y un gran malestar du," un rato. 11.11 fa en el aposento otra puerta que él no apreció de 1IIII'I1l0 y que de pronto empezó a abrirse. Do.s de los ,,"luntes introdujeron por ella a una mujer -cabría más I IIna «mujercita»- de una estatura comprendida entre U y 1,50. La dejaron con él y se fueron. La mujercita, 11 y que iba completamente desnuda, avanzó hacia 110111 sonriendo y tendiéndole los brazos. Pese a lo 111 lo de la situación en que se encontraba, cuando la 11' I 'ita empezó a restregarse contra él con gestos insiIIh's, António notó que su virilidad reaccionaba positi1111'111' Y realizó el acto sexual con ella sobre 'la litera. lila Boas explicó al doctor Fontes que la mujercita 11 11 1111 S cabellos finísimos pero muy escasos, de un rubio ,ti . No le observó la presencia de cejas, pestañas ni 1111 púbico. Tenía las orejas pequeñas; el mentón, los I ti Y la nariz eran de una delicada conformación; II10s tenían un aspecto «achinado» y los pómulos eran 1, 111 's, lo que aumentaba su aspecto «oriental» (recuerde I I 1 101' la descripción hecha por los Hill de sus captores). 111 I lo dientes blancos y bien formados. António calculó I d,'bía de pesar unos 35 kg. No se entabló conversación I 1111 I 'ntre António y la mujer «extraterrestre»; ésta úni1111'111' se limitó a lanzar unos gruñidos, durante la Có11111. que el joven brasileño comparó a los de un cerdo. Ihll'unte mucho tiempo Antonio no relató a nadie lo sud dll, pues «estaba envergonhado» (tenía vergüenza), ni 111111 qll , después de consumarse esta extraña unión, los I,II"IIIIIlCS de la nave le devolvieron sus ropa.s y lo echaron 11 10llt mplaciones, Finalmente se atrevió a hablar de lo IIU h Ibía ocurrido con su madre y su hermano, y luego I

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Reacción de los animales «Incluso había pastando cerca de nosotros un piño 3 de O jas... yen vez de arrancar, como hacen cuando sienten a extraño, se quedaron quietas... Se agruparon y en silen absoluto... Más nos desconcertó... Igual que el perro, q es la mascota... Huamachuco se llama... también se que quieto junto a las pircas, cerca de la fogata ... No se es chaba ningún ruido... Había un silencio sepulcral. .. Y invoqué a Dios y le dije a la luz: Vete... En nombre de D' te lo ordeno... Nosotros estábamos dispuestos en esos mentas a cualquier cosa... A morir juntos, pero nadie separaba... Incluso hicimos un juramento de permane juntos... » Varias voces intervienen para decir: «Antes de que cabo se perdiera, nos dijo que tapáramos el fuego con manta... » Cabo Valdés: «Claro... Era como si el fuego les llam la atención. Igual que a un niño curioso que el fuego llama la atención... Como que ellos sintieran que el fue les llamaba la atención... » Interviene un soldado para decir: «Después que mi ca nos ordenó qu~ sacáramos las mantas... Lo vi que se"ale al extremo de la pirca... yo creí que iba a hacer alguna cesidad física ... Pero cuando pasaron cinco minutos, m o menos, y no. venía, lo fuimos a buscar y había desapa cido... » Otro soldado: «Me acuerdo que cuando reapareció, n gritó: ¡Muchachos!. .. Fue un grito como pidiéndonos a lio... » «La verdad -explicó otro soldado- es que no sentim miedo ahora, sino la inquietud de que seguramente va a contactar nuevamente con ese extraño objeto que n visitó.» Luego, volviendo a la experiencia vivida por todos ello hablan todos los soldados a la vez -como se aprecia en cinta magnetofónica- en un tono de gran nervjoslsmo, par precisar que «la luz empezó a aparecer en la distancia fue aumentando su luminosidad,.como un tubo f1uorescent mientras se acercaba a nosotros». Precisan además que resplandor era esférico. Otro soldado afirma que «la luz brillante parecía com si nos estuviese atrayendo hacia ellos... Sentí como si no

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ilIon S realmente nos asustamos, al extremo I 1IIIIIIlOS de la mano unos con otros para evitar que 1It1lt''''I' Idelantarse». h, /'oldados informan que el fenómeno empezó ," . clIando faltaban diez minutos para las cuatro I dlllll'l(Ja. Es el soldado Rosales el que hace esta 11 M(\s adelante precisan que «cuando nuestro "1' \1 • 'ió, decidimos esperar unos diez minutos 1 11110 Y en caso contrario, acercarnos a investigar. t "lamas cuando mi cabo Valdés apareció entre IlIlIdo t dos al unísono, aseguran más adelante que IIII0S de dónde venía ese objeto luminoso. Sólo nos 111 1'01110 amenazados ante su presencia, pero nun'" ocurrió imaginar, en esos instantes, que podría tll' seres del espacio» (subrayado nuestro). h- 111 mento interviene el cabo Valdés --como se 11 1I 'inta magnetofónica- para precisar, dirigiénlo 'oldados: «¿Ustedes imaginaron como que yo I 'IHllldo de algo cuando me acerqué nuevamente?» elId_Idos responden: «Efectivamente, mi cabo. Así Il'l'!().» El cabo agrega que «realmente no recuerdo d \ h nada... sólo recuerdo el momento que desperté 111 'IS».

l' 11" do de efectos sobre animales habría que añadir 1I1'IIt ':

«Los caballos que nos acompañaban -<lecla-

lo soldados- también se quedaron como paraliza-

IIll1clo apareció la luz y sobrevoló hacia nosotros. le I s' inquietaron y luego se quedaron casi inmóviles 1 1111' el objeto se retiró.» 1 tormidable lingüista y gran investigador de lo insó, 1 illglés Gordon Creighton, ha publicado una impre1 lit • lista con cientos de casos de efectos producidos 1I proximidad de un ovni sobre los animales. A esta h I Ibria añadir ahora las ovejas, el perro y los caballos 1'lIlre que, como es sabido, (<uo leen ciencia-ficcióo». J I I rabación realizada por el profesor Pedro Araneda I 1'111 r' es mucho más extensa, pero por necesidades de l'U II y por no cansar al lector con repeticiones, tenemos '1111 Ibreviar.· Sin embargo, constituye un notable docu111 111 ) humano, por la sinceridad indudable que demues11 111 los componentes de la patrulla, dominados muchas I'l 1 1> por un innegable nerviosismo, y por su tono de au11111 ¡dad. 53


Conclusiones ¿Qué ocurrió en realidad en aquella desértica región de Pampa Lluscuma, en la madrugada del día 25 de abril d 1977? Es indudable que al menos DOS objetos volantes n identificados aterrizaron muy cerca de donde estaba aca pada la patrulla. Estos objetos -no muy grandes- par cían ser de forma esférica, y despedían una intensísim energía fotónica, o luminosa. Quiero creer que el objetiv de esta «operación» era la abducción de por lo menos ser humano. Es posible que los objetos emanasen una i fluencia o energía -posiblemente de tipo hipnótico- qu produjo efectos «sedantes» en los animales, e inquietu en los seres humanos (que también experimentaron extraña atracción hacia la luz). ¿Cómo se explica el hecho -inexplicable según patrone humanos- de que la barba del cabo Armando Valdé creciera hasta el equivalente de unos cinco días sin afei tarse, tan sólo en un cuarto de hora? El adelanto del calen dario de su reloj de tipo digital podría explicarse po causas mecánicas, pero no así el crecimiento de la barba El propio Valdés hizo posteriormente el experimento d permanecer cinco días sin afeitarse: la barba que 1 creció en ese lapso de tiempo, no era tan cerrada como 1 que mostraba, tras permanecer quince minutos ausente d sus hombres. No tenemos más remedio que admitir que ·hubo mani· pulación del tiempo. El cabo Valdés fue sacado de nuestro espacio normal -y de su tiempo- y llevado a otro espacio y a otro· tiempo, donde o bien éste transcurría más de prisa, o bien se trataba de un universo paralelo en el que la flecha del tiempo incluso podría ir hacia atrás. Es algo que escapa a nuestra lógica, pero también 'el concepto einsteniano relativista del Universo. ¿Sometieron los médicos militares a regresión hipnótica al cabo Valdés, como este mismo parecía soJicitar? ¿Qué salió a la luz durante la experiencia hipnótica, si es que ésta llegó jamás a realizarse? ¿Será el cabo Valdés uno de los pocos hombres que ha traspuesto la barrera de las dimensiones y ha viajac;lo por el «túnel del tiempo»? Algunos incidentes registrados en el famoso Triángulo de las Bermudas y otros puntos similares del globo, apuntan tamo bién hacia una «manipulación del tiempo». ¿Por parte de los mismos agentes que abdujeron al cabo Valdés? Pre· guntas, preguntas, preguntas ... de momento sin respuesta. 54

11 qué mundo inimaginable permaneció Armando Val· hu 'lile los cinco días de tiempo subjetivo -marcados 11 h Irba y su reloj- y qué seres o qué cosas vio en ese 11 I En el folklore mundial hay algunas leyendas 11111 In del pescador japonés Urachima, que permaneció I pura él fueron tres años en el palacio del Rey del • 1"'10 que en realidad fueron tres siglos-, que evocan I Ir miento -o este encogimiento; depende desde I ,. mire- del tiempo. 011\0 dijo el fisiólogo inglés J. B. S. Haldane: «El Uni· .. lit) 610 es más fantástico de 10 que imaginamos; es 1 lIllástico de lo que podemos imaginar.» llf. parecido.

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3. SEXO Y «PLATILLOS VOLANTES»

e10 «Adhemar» por Gordon Creighton en sus artícuproteger su anonimato), que tenía entonces 22 años I un su familia en Ponta Para, ceréa de la población o Francisco de Sales, Estado de Minas Gerais, próxima 1111111 'ra del Brasil con el Paraguay, se encontraba aran11 I a 111 po con un tractor cuando de pronto vio correr I I ¡., una «estrella» (recuérdese el comienzo del inci11111) que se aproximaba a gran velocidad, para inmoI l' linalmente sobre el campo de labranza. •o antes de continuar, quiero decir dos cosas; mejor 1, Ir ·s. La primera es que ya veo la mueca de disgusto 111 bromas sobre el «polvo cósmico» habrán produci11 "I1Ul1OS puristas de la ufología, desde ex sacerdotes 1"1'S 'ntan a los ovnis como el «demonio» (sic) hasta I 1 de UMMO desprovistos totalmente del sentido del I 11, I mismo que los ummitas a quienes reverencian. I'StO, yo les diría que el humor (y su brazo armado IUII 1) es una de las pocas defensas que nos quedan II1 dcsconocido. Gracias a la ironía quizá consigamos '111 importante como es salvar nuestra integridad 111111 ante hechos que, tomados demasiado en serio, el '11 rcsultar alienantes y en algunos casos han tenido 111 1I10S efectos sobre mentes inmaduras que los que ••• 11 los libros de caballerías en el cerebro de Don ti

I 1

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¿A quién no le gustaría que un buen día se lo llevasen lo «marcianos» a bordo de un «platillo volante», y que, un vez en el interior del mismo, le ofreciesen amablement una bella y desnudita «extraterrestre», para que se acostas con ella? A cualquier «varón bien nacido», supongo. Pue bien, lo que podríamos llamar el «polvo cósmico» (ca perdón de los astrónomos) ha ocurrido no una, sino varia veces. Sus protagonistas han sido por lo general rudos cam pesinos semianalfabetos, o vaqueros no menos toscos e il trados; por lo general tales episodios han tenido lugar e las soledades sudamericanas. Nunca los han protagonizad ufólogos, o sea «investigadores de ovnis». Ésos no se come un rosco «extraterrestre», por más ganas que tengan. Per es que si tales episodios son lo que barrunto, lo que hace falta son precisamente fuertes gañanes y no intelectuale bajitos con gafas. ' Hacen falta sementales, en una palabra. El caso de «polvo cósmico» más divulgado y comentado es el del joven labrador brasileño AntóllÍo Villas Boas (bien, joven en el momento de producirse el incidente; actualmente será ya un cuarentón). Este caso lo he expuesto yo mismo detalladamente en uno de mis libros, basándome principalmente en la información reunida por mi querido amigo Gordon Creighton (a la sazón cónsul de Su Majestad británica en una ciudad del Brasil), y publicado luego por éste en la Flying Saucer Review. Me da un poco de reparo, pues, repetirlo aquí. Quien lo desee que acuda a las fuentes, como dicen los eruditos. Pero de todos modos habrá que resumirlo, para dar facilidades al sufrido lector. Alrededor de las doce de la noche del 15 de octubre de' 1957, el joven campesino brasileño António Villas Boas

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lI u lI', 1', Ill'mos en mi Cataluña una entrañable farsa navideña, I'(/~/orets (Los Pastorcillos), en que los demonios son lo n el más tremendo de los ridículos por dos pas1 1I0s que penetran en el Infierno... Esto hace perder a 11 1I0s toda su dimensión satánica y malvada. Apliquemos I w'lIlo a los ovni, y seguramente los haremos más nues, y quizá así lleguemos un día a lo que se esconde tras Esto, por supuesto, sin descuidar la investigación

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s 'gunda cosa que quería decir es que el encuentro

\111 tUI no del 15 de octubre de 1957 estuvo precedido por 11111 01 servación semejante de la «estrella» la noche ante01 1)' de el mismo campo, António y su hermano obser-

o t 111 las evoluciones de la misteriosa «estrella», que esta 110 llegó a posarse en el suelo. Y unos días antes, una 111 ll'ri sa luz bañó de noche su casa, desde lo alto... la última cosa es que el caso de António Villas Boas 111 ierto modo «atípico», pues su protagonista recordó I lllpre y perfectamente la totalidad del episodio, sin que I lal iese necesario recurrir a la hipnosis para extraerlo

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de su memoria subconsciente, Por lo demás -salvo el e sexual- esta abducción presenta rasgos muy par cidos a otras que conocemos, y que el joven cabóclo (me tizo de indio y portugués), semianalfabeto, no podía sabe de ningún modo, y menos en una fecha COmO aquell -1957- en que aún no se había producido el caso Hill ninguno de los casos de abducción más importantes ~u hoy conocemos. Sigamos relatando el episodio. Cuando la «estrella» s inmovilizó a cierta altura sobre el campo, el asustado An tónio quiso volver a su casa, y para ello empezó a accion e~ dispositivo hidráulico de desenganche del arado. (No h dicho que António trabajaba de noche en su campo a caus del calor intenso que reinaba de día.) Pero el dispositiv no funcionaba y, para colmo de males, el motor del tracto se paró, En aquel preciso instante la «estrella» descendió co rapidez, convirtiéndose en una máquina gigantesca y d forma de pájaro, que aterrizó a unos veinte metros de tractor deteni~o. De la n~,:e surgieron hasta cinco pequeño seres humanOldes, cubiertos con una especie de trajes espaciales o escafandras que les ocultaban el rostro, Pes a ser más bajos que António (el cual mide 1,64 m), entr los cinco consiguieron reducirlo y subirlo a bordo de la nave por una larga escalerilla. La nave «aviforme» era ovoide y se hallaba rodeada po una plataforma, en la que se abría una portezuela por la ~ue sus raptores introdujeron a António en el aparato. El Joven se encontró 'entonces en una cámara circular que n:~diría entre 1,50 y 1,80 m de altura y de 1,80 a 2,10 m de diametro. Todos estos datos fueron facilitados posteriormente por el propio António al doctor Olavo Fontes médico e investigador brasileño ya fallecido (en mayo cÍe 1968), quien examinó detenidamente al joven campesino, elabo· rando a ~ontinuación un informe totalmente positivo, en el que mamfestaba hallarse convencido de que António ,<no mentía», y relataba lo que para él era una experiencia real. En el centro de esta primera cámara había una columna que iba del suelo al techo, y en las paredes, unos orificios cuadrados, «parecidos a los que se ven en las instalaciones eléctricas», Sobre una mesa de tres patas António vio un instru· mento desconocido. Mediante un dispositivo flexible, sus captores tomaron muestras de sangre de António, en dos puntos de la barbilla del. muchacho. El doctor Fontes, muc~entro

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1I mpo después del supuesto incidente, aún pudo ob· las cicatrices de estas heriditas, Acto seguido los 1I11110ides desnudaron al joven con una destreza sorlid 'nte, y luego lo condujeron a través de una puerta IIllll compartimiento, cuyo único mobiliario consistía en 11 lil ra recubierta de una especie de material plástÍco, IIhligaron a tenderse sobre ella y le restregaron todo el Ip con una esponja impregnada en un líquido refres11 j¡1116nio calcula que pasó unos cinco minutos en el 11111'1' compartimiento y unos veinte en el segundo, donde humanoides lo habían dejado solo. Súbitamente notó 11101' penetrante. Algún gas desconocido invadía la estann t6nio experimentó náuseas y un gran malestar du," un rato. 11.11 fa en el aposento otra puerta que él no apreció de 1IIII'I1l0 y que de pronto empezó a abrirse. Do.s de los ,,"luntes introdujeron por ella a una mujer -cabría más I IIna «mujercita»- de una estatura comprendida entre U y 1,50. La dejaron con él y se fueron. La mujercita, 11 y que iba completamente desnuda, avanzó hacia 110111 sonriendo y tendiéndole los brazos. Pese a lo 111 lo de la situación en que se encontraba, cuando la 11' I 'ita empezó a restregarse contra él con gestos insiIIh's, António notó que su virilidad reaccionaba positi1111'111' Y realizó el acto sexual con ella sobre 'la litera. lila Boas explicó al doctor Fontes que la mujercita 11 11 1111 S cabellos finísimos pero muy escasos, de un rubio ,ti . No le observó la presencia de cejas, pestañas ni 1111 púbico. Tenía las orejas pequeñas; el mentón, los I ti Y la nariz eran de una delicada conformación; "los tenían un aspecto «achinado» y los pómulos eran 1, 111 's, lo que aumentaba su aspecto «oriental» (recuerde I I 1 101' la descripción hecha por los Hill de sus captores). 111 I lo dientes blancos y bien formados. António calculó I d,'bía de pesar unos 35 kg. No se entabló conversación I 1111 I 'ntre António y la mujer «extraterrestre»; ésta úni1111'111' se limitó a lanzar unos gruñidos, durante la Có11111. que el joven brasileño comparó a los de un cerdo. Ihll'unte mucho tiempo Antonio no relató a nadie lo sud dll, pues «estaba envergonhado» (tenía vergüenza), ni 111111 qll , después de consumarse esta extraña unión, los I,II"IIIIIlCS de la nave le devolvieron sus ropa.s y lo echaron 11 10llt mplaciones, Finalmente se atrevió a hablar de lo IIU h Ibía ocurrido con su madre y su hermano, y luego I

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escribió a Joáo Martins, quien desde la revista O Cruzeir invitaba a que le escribiesen quienes hubiesen tenido exp riencias con ovnis. Así llegó el caso a Río de Janeiro, qu estaba a 1 500 kilómetros de distancia. En Río se enteraro del caso el doctor Bühler, presidente de la Sociedade Bra sileira para o Estudo dos Discos Voadores, el periodist e investigador Joáo Martins, y el ya citado doctor Olavo Fontes, asesor médico de dicha sociedad. Ambos investí gadores emprendieron entonces el largo y penoso viaj hasta aquella zona perdida del sertáo brasileño, adond llegaron tras innúmeros trasbordos de autocar, naveg por ríos y viajar a lomo de mula o a pie. Al principio costó mucho vencer la reticencia de António pero finalmente éste les fue contando a retazos su increí ble aventura de Casanova (a la fuerza) cósmico.

El caso del vaquero colombiano: triple «ligue» extraterrestre Tenemos aquí· a otro António Villas Boas, pero esta ve vaquero de profesión y colombiano de nacimiento (no al contrario). Debemos también al infatigable Gordon Creigh. ton que este caso se haya publicado en Europa (natural mente, en la nUnca bastante loada Flying Saucer Review). Pero eJ;l realidad, la fuente de la información de Creighton, según él mismo confiesa en su artículo (FSR, vol. 23, número 1, junio de 1977), estaba en España, representadil por otro infatigable investigador y querido amigo: el sevillano Ignacio Darnaude Rojas-Marcos, quien envió a la FSR la fotocopia de un artículo, abundantemente ilustrado con fotografías, que se publicó en la revista Vea de Bogotá (núm. 270/271 de diciembre de 1976). Éstas serán pues mis fuentes de información. El curiosísimo episodio fue protagonizado por un vaquero llamado Liberato Aníbal Quintero, empleado en una granja próxima a El Banco, en la provincia de Magdalena, situada en el norte de· Colombia. Al anochecer de un día cuya fecha no se facilita, Liberato llegó a su casa del trabajo. Tiene esposa y tres hijos de corta edad, y la familia ocupa una casita en la finca donde él cuida un rebaño de unas cuarenta vacas. Liberato entró en la casa, se quitó las sandalias y se tendió en la hamaca nueva que su esposa -que responde al espléndido y wagneriano nombre.. de Brunilda- había comprado recientemente en La GuaJIra. 60

Jlot' instantes estaba dormido como un tronco, llldo estrepitosamente, cosa que sorprendió mucho 111111"', ya que «su cuero» (su marido) no solía roncar 111110 durante el sueño. IlIlIj 'r permaneció despierta por algún tiempo, conI 11110 a su marido e incapaz de conciliar el sueño. 1111' se produjo una de esas tempestades tropicales, y a ompañadas de gran aparato eléctrico, y el ruido 1111 'nos despertó a Liberato. Pero para entonces Id.l. d spués de dar de cenar a los más chicos, había IIldo finalmente quedarse dormida. h '1 II se sentía raro «Como si algo extraño estu11 Jlllnto de ocurrirme » De pronto sintió la necesidad I 0"" de abandonar la hamaca y salir. Estaba nervioso, 11 I opiosamente y comprendió que ni sus actos ni sus 011 's eran normales. Hizo la señal de la cruz, musitó dll'l1uestro y salió disparado de la casita. IIha dos años en aquel empleo de vaquero en la lonocida por el nombre de <,La vida tranquila»... I 1I que había de resultar irónico a la vista de los 111 III/eriores. En el exterior reinaba una gran quietud, l. hreve tormenta, y todo parecía normal. Tras el II o 11 uacero, las estrellas volvían a brillar a través I jil' nes de nubes. Liberato empezó a caminar, sin IIII1Y bien por qué lo hacía, hacia los establos de las . qll ' estaban a cierta distancia de su casa. Sin embar11 111 vimientos le parecían «pesados y difíciles». Avandl':-;pacio, sintiéndose, según manifestó posteriormente III'rioelistas, «como si estuviese controlado por una '11 l' I 'rna inexplicable». I lit' 'ar al arroyo que cruza los terrenos de la granja, I ¡I! h para refrescarse la cara. Eran las doce y media 1" 110 he. Poco antes de llegar a los establos, percibió f Ido rayo de luz que iluminó el cielo. Instintivamente, I 11IJ ) al suelo. La luz se fue acercando más y más. Libe111 tlllló ele levantarse, pero sus piernas cedieron bajo su 11 1'01' último logró arrastrarse hasta unos arbustos y 1llllllt'I'Se en un hueco, desde donde esperaba poder ver l. 1'1 visto.

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refirió Liberato más tarde: «Todo parecía extraño. ipio yo pensé que debía de estar soñando, pero

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Reconstrucción del secuestro de António Villas Boas por humanoides procedentes de una nave espacial.

Supuesto aterrizaje de una nav extraterrestre, fotografiado en 1968 en Génova por un fotóg anónimo. El objeto presenta notables concordancias con la «nave» del caso Villas Boas, desde la cúpula y la plataforma hasta el tripode de aterrizaje, pasando por la escalerilla.

1111

noconstrucción del encuentro de António Villas Boas con la mujer extraterrestre, I dibujante de una revista popular mexicana. (Por cortesia de la revista «Duda».)


pronto comprendí que aquello no era una alucinación, s muy verdadero. Un enorme aparato luminoso, que te forma de huevo de gallina, estaba descendiendo lentame del cielo, iluminando vívidamente todo cuanto me rodea y noté un cambio en la temperatura. Poco antes, desp de la tormenta, había refrescado considerablemente, p ahora hacía un calor de infierno... un calor completame insoportable... » Continuó observando aterrorizado cómo el extraño a rato aterrizaba cerca de los establos, emitiendo enton una luz tan brillante, que lo deslumbró y lo cegó. Dur unos segundos reinó un silencio total. Luego se oyó fuerte ruido metálico, cuando una escalerilla descendió p uno de los costados de la nave. (,Entonces estaba más asustado que nunca -sigue re tanda Liberato-. Quería huir corriendo, pero esto imposible. Me sentí como clavado en el sitio. Por más q quería irme, sencillamente no podía. Les digo, y lo j por Dios, que tenía un miedo tan grande, que no po moverme del sitio. »En un momento determinado sentí que iba a des yarme, pero saqué fuerzas de flaqueza y seguí acurruca donde estaba. Pero casi dejé escapar un grito cuando bajar a varias personas del aparato, llevando consigo que parecían luces o lámparas. »Recuerdo perfectamente cómo eran. Calculo que tení menos de un metro y medio de altura. Su piel era blan la cara aplastada, con pómulos muy salientes, cejas m espesas y ojos redondos y saltones. No creo que· tuvies párpados ni pestañas. Iban también con ellos tres mujer de largos cabellos. Las tres mujeres salieron del apara después de los hombres. Todos parecían estar muy imp sionados, y miraban a su alrededor hacia todos los dos.» El relato de estos hechos, que Liberato hizo a los reda tares de la revista citada, parecía fatigarle mucho, y te que hacer frecuentes pausas. Estaba pálido, y pidió que dejasen tomarse un breve descanso. Brunilda le trajo vaso de agua, y entonces él prosiguió en estos término « Yo seguía sin poder moverme. Me sentía aterrorizado ver a aquellos pequeños hombres y mujeres, y no me atr vía a hacer ni el menor movimiento. Pero de pronto un de ellos se plantó a mi lado. Traté de echar a correr, pe ellos me agarraron inmediatamente. Aquellos hombrecill eran mucho más ágiles que lo pueda ser yo, o cualquie

ontando Liberato: «De pronto me hicieron una lI zona de la columna vertebral, y esto t~rminó istencia. A partir de entonces me tuvieron comnI' dominado. En aquel momento perdí el conoI , Y cuando volví en mí de nuevo, después de no 1 1 'uánto tiempo, me encontré en el interior de una Il que tenía una luz extraordinaria... dolía mucho el brazo derecho, y pude ver en él, 111 " una señal como la que deja la aguja, cuando 1 ucsto a uno una inyección. Creo que me habían angre. y no poca, sino mucha, porque desde en· I ligo unos terribles dolores de cabeza. (Iue recuperé el conocimiento, sentí tremendos ."'11'1'11 t'O todo el cuerpo, como si me hubiesen dado una l .nomenal. Pero aún mayor fue mi sorpresa cuando I 'oía a mi lado a tres de aquellas mujeres, dán-' 11110 especie de masaje en la espalda y tratando· lile lo pareció- de aliviar mi dolor. I IIldo me di cuenta de que me acariciaban de este / IIIC quedé estupefacto. Pero lo que más me sor· ...."lió de todo fue que las tres "masajistas" estaban cornIl 'ole desnudas, y adoptaban posturas provocativas I Idoras, como si quisieran darme a entender que 1 11 dispuestas a lo que fuese. Reconozco que me gustan 111 las mujeres, pero les juro que en aquel momento hiu qué hacer. Decidí mirar con atención a la que i vcr mejor de las tres. Me pareció guapísima. Tenía l 'chos perfectos, no muy grandes. Traté de besárse/ y Ha me dejó hacer. Después de esto, todo fue como da. Ella estaba completamente desnuda, lo mismo yo. Seguí besándola, de los pechos hacia abajo, yen· observé que no tenía ombligo. Me puse tremendaexcitado, y la poseí. Ella me pareció enormemente Ible, muy ardiente, muchísimo... Era extraordinaria· "' velluda, tenía las piernas muy cortas, aun teniendo ti 'ola que era muy bajita, pero a pesar de ello las tenía 65

64 llCUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES


muy bien hechas. Tenía una piel muy suave, y unas masas caderas... . lINo sé cuánto tiempo permanecí con ella. Pero cua tuve bastante y quise dej,!-rla para volverme a casa, me retuvo. Me sentía como un niño retenido contra voluntad, y mi miedo entonces se hizo mayor, incluso ma que al principio. Aquella mujer, que yo había tenido mis brazos tan sólo uno:s segundos antes, se puso a emi una serie de gruñidos que parecían el ladrido de un per y le respondieron con ladridos similares emitidos por ot seres como ella que estaban en la nave. »Yo me sentía exhausto. Pero de pronto otras dos jercitas se me acercaron y me dieron a beber una extr pócima amarillenta, que restauró completamente mi vig No tengo la menor idea del tiempo que había transcurri hasta entonces. »La primera mujer me había dejado totalmente a'gota Pero lo más sorpreqdente es que la bebida que me of cieron me dejó como nuevo, ·como si nada hubiese ocurri Físicamente estaba como antes. Calculo que mis relacion con las tres debieron de durar en total unas tres hor Lo único que ahora puedo recordar es que después yacer con la primera mujer, todo se volvió negro a mi a'l dedor. Y súbitamente volví a sentir el pinchazo de inyección. Pero esta vez no en el brazo derecho sino en espalda, en la zona donde me habían estado acarician con tanta asiduidad. »Cuando finalmente volví a despertarme, me encont tendido en la hierba. Estaba amaneciendo. Haciendo gran· esfuerzo conseguí ponerme. en pie y regresar a casa, para contar a' mi esposa, y luego a mis compañer de trabajo, 10 que me había sucedido. Mis compañeros s dirigieron, armados, a inspeccionar el lugar donde yo habí caído en poder de los extraños seres. Pero no encontrara allí a nadie. Sólo un enorme silencio. Lo único que s podía ver en el lugar eran las huellas dejadas en el suel por la máquina de la que surgieron aquellas mujeres .. aquellas mujeres que, pese a lo extrañas que eran, me h dejado algunos recuerdos turbadores. Cada vez que piens en ello., algo me tintinea en la cabeza... »· .

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Ida Aguirre, esposa de Liberato, fue presentada por 1I I'lódistas de Vea como una mujercita de aspecto 1; lodo menos una valquiria, como daría a entender su . 1 1 lindo nombre. Además, es una mujer muy reservada Il CI omunicativa. Sin embargo, la extraña aventura 111, (en toda la extensión de la palabra) por su marido, '1 qlLe esta vez sí consiguió soltarle la lengua. Cuando I untaron qué sintió, manifestó lo siguiente: "I'e n ustedes, yo tengo mis motivos. No soy celosa, , {in de cuentas, ¿a quién no le gustaría tener que I lo que obligaron a hacer a mi marido? Ignoro por 1:; zorras (sic) escogieron precisamente a mi marido, 1\ ha ta entonces nunca me había sido infiel, aunque 11 1 lJ1 mucho las mujeres. Mi marido lo es todo para 110 puedo vivir sin su compañía. A decir. verdad, la h 'n que eso sucedió yo ya había advertIdo que se tuh I de un modo muy raro. Y especialmente cuando I 1'. 1\ asa del trahajo y se quitó las sandalias y se tendió 1I hamaca. Normalmente no ronca. Pero aquel día sí 11111 ... ¡y cómo! Yo nunca había creído en todas esas 1111 1, de seres de otros planetas, pero ahora tengo que I 1,. n vista de lo que le ocurrió a mi marido. Y aún 111m cosa.... Yo también he visto una extraña máquina, IllU In que describe mi marido, volando por estos aIredeI en estos últimos días. Quiera Dios que no vuelvan de I '1' ti por Liberato. Porque si vuelven, creo que esto lu lo peor que podría pasarme, porque me lo dejarían IIlpl 'Iamente estéril. Tenemos hijos, por supuesto, pero V I() lo sería algo terrible. 1'01' lo que a mí se refiere, pues verán, yo no me creo 11II'!. de hacer lo que hizo mi marido. Antes preferiría que IlIHtasen, que entregarme a alguien que no conozco. (Id 'más de otro planeta! No... eso no sería decente. I .1 demasiado!» I~I propietario de la hacienda «La vida tranquila» (nom1 IIU muy adecuado), un abogado llamado Miguel Antonio 111' Vega manifestó gran preocupación al enterarse de la hll I dble ~ventura que le relataba su empleado Liberato IIlh u Quintero, y dispuso que fuese reconocido de inme.t 1110 por un m é d i c o . ' . IlIvitado por los periodistas a exponer sus comentanos 111,,' • el caso, el señor Pina Vega dijo lo siguiente: «Tengo IIIII)S veinte braceros en la granja, y considero a Liberato

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Aníbal Quintero como persona digna totalmente de c fianza. Es un hombre serio y trabajador, que apenas be No tiene vicios, como drogas, por ejemplo; en realidad, siquiera fuma.» Considera a Liberato como uno de sus mejores y eficientes trabajadores: «Es uno de los mejores emplead que he tenido. Nunca me ha creado problemas, ni espe tampoco tenerlos, a pesar de las cosas que ha declarad Pero, desde luego, justo es reconocer que me he queda de una pieza al oír semejante historia. Me la conte? aque misma mañana, cuando fui a la granja a buscar la lec De momento pensé que se trataba de una broma de gusto, pero luego comprendí que indudablemente Libera decía la verdad; luego me ratifiqué en esa creencia cuan el médico que hice que le examinara, me dijo que todo e muy posible y que Liberato Aníbal Quintero es un homb completamente normal. Esto descartaba la posibilidad que hubiera sufrido cualquier tipo de alucinación.»

Dictamen del médico El médico de la localidad, doctor Manuel Villanueva Am ris, fue una de las pocas personas que no encontró so prendente lo que contaba Liberato. Reconoció detallad mente al vaquero, a petición del señor Pina Vega, dueñ de la granja. Su declaración, publicada por la prensa, la siguiente: «No hay nada en la historia que refiere este hombre q me sorprenda en lo más mínimo. Yo he tenido ocasión leer últimamente numerosas descripciones, hechas por pe sonas perfectamente serias -por ejemplo, una de ellas'e un colega argentino- sobre la presencia de seres ex terrestres entre nosotros, y también he visto otros mucho casos descritos en la prensa, en revistas y periódicos. Po lo que se refiere al examen que he hecho a Liberato Q . tero, todo cuanto he hallado corrobora su historia, y má teniendo en cuenta que goza de una salud perfecta. :S estado neurológico y sus reflejos, así como todos los tests a que le he sometido, han dado resultados totalmente satisfactorios.» El doctor Villanueva insistió en que lo que relata el vaquero no le parece en modo alguno improbable, y , agregó: «Yo no seré desde luego de los que lo critiquen. Estas

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·stiones que nos obligan a una profunda reflexión y 'studiarse con el mayor cuidado, puesto que la humad íntenta averiguar si existe vida en otros planetas. II'alidad, hay pruebas de que así es, gracias a .nume1 asos como éste, que ahora ocurren casi todos los que demuestran que tales seres existen, y que vieI Luí a visitamos. Por mi parte, me agradaría mucho I una experiencia como la que vivió Liberato Quintero, '11 illo hombre del campo. Pero no siempre ocurre lo lino desea. ¡Qué lástima! Desde luego, sería una expe· 111 I I maravillosa... » o olalmente de acuerdo con el buen doctor. ti

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o que voy a relatar a continuación fue publicado por I'1uitecto argentino Roberto E. Banchs en su' excelente IllplIación Los ovnis y sus ocupantes (Ediciones Tres IIlp s, Buenos Aires, 1980). De ella lo he tomado, aunque 111 precisar quelo acepto con grandes reservas. l' ún Banchs, el protagonista de esta extraña «abduc1111 fue un vecino de Florencia Varela (provincia de BueAires), llamado Ignacio Papaleo. Este señor envió una , 1 a la revista 7 Días Ilustrados, narrando su supuesta I riencia, que le fue publicada sin comentarios y casi al ti la letra. A continuación se reproducen unos párrafos I misma: Me topé con un tripulante extraterráqueo días pasados, nlras me dirigía a Mar del Plata. A las 3 de la ma11 Ida, el motor de mi camioneta sufrió una repentina I 11 ión. Descendí para averiguar las causas del desper'u, cuando sorpresivamente un objeto incandescente se havo a pocos metros de mi cabeza. Quedé paralizado. 11 () segundos después, pude apreciar la silueta inconfun. I I de un plato volador, del que se descolgó una escale· 111. Por ella descendió un pequeño individuo, quien me 1 1 por señas a subir al aparato. Al ver que yo no reac1111 ba, el extraño visitante se acercó y me dijo: "N~ , III1l , terráqueo, no te haré daño. Sólo pretendo saber SI 1 apto para reproducirte en nuestra especie." No supe ttll responder. Entonces el hombrecito me condujo hasta I 1', calerilla y allí perdí el conocimiento. Cuando desperté, 111 hallaba tumbado sobre el asiento de mi camioneta; el 1m mdescente navío había desaparecido. Un fuerte dolor l I

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en mi brazo izquierdo me permitió advertir la huella numerosos pinchazos a la altura del antebrazo izquierd Consulté a un médico, quien no halló ningún signo anormalidad. En un destacamento policial de la provin de Buenos Aires, no dieron crédito a mi versión.» Este episodio parece situarse a fines de 1968. Pero curioso viene ahora. Una segunda carta fue enviada a revista citada por el «abducido», desmintiendo los rumor según los cuales en el interior del ovni sostuvo relacion sexuales con una «extraterrestre». Parece ser que es infortunado comentario llegó a oídos de su mujer, la cu reaccionó pidiendo la separación por su presunta infide dad matrimonial. Como acertadamente comenta Banchs, pudiera ser versión deformada del caso de António Villas Bóas, q de alguna manera habría llegado a conocimiento del señ Papaleo. Tal vez éste quiso «tapan> así una infidelidad ve dadera, no cometida con una «mujer del espacio» sino co una «pebeta» (¿se dice así en argentino?) porteña. Habrá que sugerir a Camilo José Cela que entre s «izas, rabizas y colipoterras» incluya ahora a las <<Ínterpl netarias». El «viejo oficio» está adquiriendo unas dime siones verdaderamente cósmicas.

Algunas conclusiones y recapitulación Dejemos, pues, el caso del señor Papaleo como aI.tariJ.en suspecto. Sin embargo, todo nos hace creer que Antóni Villas Bóas y Liberato Anfual Quintero vivieron una exp riencia «real». Entre estos dos últimos casos existen un impresionantes paralelos (y algunas discrepancias tambié justo es reconocerlo) que hacen que ambos se confirm mutuamente. Vamos a examinar las coincidencias. . La primera es que ninguno de los dos sufrió amnes' posterior. Es decir,' que a,mbos recordaron perfectamen el incidente. Otra semejanza se refiere al aparato descrito en ambo casos: «naviforme» para António; «ovoide» para Liberat Pero hay muchas más semejanzas: la· escalerilla met lica; la estatura de los seres; su tez blanca; sus pómulo salientes; los «gruñidos» o «ladridos» ·lanzados 'por 1 mujercitas; la toma de muestras de sangre a ambos; y 1 brillante iluminación que reinaba' en el interior del ovn 70

11 trato robot de «Francisco Atienza», el supuesto lltroterrestre con el que se ntrevistó don Francisco Donis Ortiz en 1968.


.En ambos casos se empleó la fuerza física para reducir los raptados. Algunas de estas características se encuentran tambi en el caso Hill y en otros casos de abducción, como v remos. Pasemos ahora a enumerar las diferencias. Las mujer que «sedujeron» a Liberato (¿nombre predestinado?) t nían ojos saltones, según éste, y mostraban abundan vello, a diferencia de la mujercita de Villas Boas, que e lampiña. Además, António se refirió a los ojos azules achinados de la mujercita. Comentando este caso, Gordon Creighton dice que, s' duda, no taruará en salir alguien con la juiciosa «explic ción» de que todo fue una patraña urdida por el vaque colombiano, que ya conocía la historia de António Vil1 Boas, por haberla leído. Y añade Creighton: «Esto, yo lo creo ni por un momento. En primer lugar, el continen sudamericano es inmenso y hay una gran distancia de la aldea donde vivía Villas Boas, en el sudoeste del Bras hasta la morada del vaquero, al norte de Bogotá, cerca Panamá y del golfo de Darién. Si bien sabemos que la hi toria de ViJIas BOas se publicó antes en español que e portugués (en la edición argentina de una revista brasileñ y luego; en 1966, en el libro de Antonio Ribera El gran eni ma de los platillos volantes, publicado por la editori hispano-chilena Pomaire, S. A.), no sabemos que se hubies . publicado en Colombia.» Alude después Creighton, basándose en las fotos de Ve al aspecto primitivo y pobre que tienen tanto Liberato com su familia y su casa, y supone -sin duda acertadament por su amplio conocimiento de la América Latina- que protagonista del incidente no sabía leer. A lo cual yo añad que me hubiera sorprendido en extremo saber que en s humilde casita, y sobre un estante, figurara un ejemplar d mi libro citado. Otro tanto podría decirse de António Vill BOas, en cuyo caso, por la fecha en que sucedió, la. liter tnra sobre abducciones era prácticamente inexistente. Antes de cerrar· los comentarios sobre estos dos caso de abducción, quiero resaltar otro paralelo entre ambos para mí muy importante y que quizá contenga la clave d los mismos. Me refiero al «perfecto estado de salud» de am bos abducidos. Ambos eran dos hombres jóvenes, fuertes sin vicios, y este magnífico estado físico es puesto de ma nifiesto por los informes de los dos médicos que los rec nacieron, el doctor Olavo Fontes para António y el docto

II 1 Villanueva para Liberato. He transcrito ya l~. opiI 1 doctor Villanueva. Veamos ahora lo que dIJO el lul' ¡'ontes sobre António Villas Boas: . HI testigo A. V. B. fue sometido a nu~stro.s ~etod~s 1 IIIOS más sofisticados de interrogatono, sm mcurnr 11 11 una contradicción. Resistió todas las trampa~ que I 'lIl!imos para saber si lo que buscaba. e~a notonedad 1111 'ro. Fue sometido a un examen medlco completo, n y psíquico, y demostró hallarse en un estad~ comple111 normal de equilibrio físico y mental.» (CItado por • Martins.) I que hay que suponer que lo que se buscab,a en esto~ , os era un semental. Más adelante pondre de manIlu una pista que quizá nos dé la expli~ción de todo. IIltes, quiero aludir también a unos cunosos paralelos 1 aso Hill.

,,,ll'1os con el caso Hill de efectuar la cópula, la mujercita «extra~erres­ ondó y miró a A. V. B., e indicándose el VIentre, lile') después, con el brazo extendido, hacia el sur, como 111 jera decir «allí nacerá tu hijo». . 111 's de salir del ovni, cuando A. V. B. ya se habla 1 I1 , uno de los «tripulantes» lo llevó a vis.itar el exte1 ti 1 vehículo, paseándolo en los dos sentIdos por ~n 1111 ho «puente» o plataforma que rodeaba la nave, s~n~: 111,,1 . todos los detalles de la estructura, lo que permItI? 11 ti António hacer un croquis muy aproximado ~el OVnI. ll'lpulante» lo acompaña después a la escalenlla y le t, a descender por ella. Cuando A. V. B. llega al suelo, IIl1to la mirada y el «extraterrestre» que ha quedado en 1 ptlente» «se señala a sí mismo, después al suelo, y luego 11 1m nte al cielo, en dirección al sur». . 1'0 o después el ovni despega, tras acelerarse los gIros 1 I cúpula, el aparato se eleva lentamente con un leve IIll1hldo, el «trípode de aterrizaje» se recoge y desaparece, I 11 .ve se inmoviliza a unos 35 metros de altura sobre ~l 11Ip facto António, su luminosidad aumen~ ha~t~ el rOJo ", y, con un ruido seco, desaparece en dlreccwn al sur 1111 tina velocidad fulgurante. , Pues bien: desde la latitud de Ponta Pora, que es de l. 2' Sur en pleno Trópico de Capricornio, cerca de la I I1 \ de M~racajú, la constelación dei Retículo se encuenI

11 {s

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tra precisamente al sur de esta latitud, en el cielo aust ¿ Serían también «zeta-reticulanos» los seres que abdu ron a A. V. B. y a Liberato? Otro curioso paralelo entre el caso Hill y el de A. V. es el siguiente: en un momento determinado de su estan a bordo de la nave, Betty trató de apoderarse disimula mente de un «libro», escrito en extraños caracteres puestos en co'lumnas verticales, que vio sobre una me Pero el «jefe» se apercibió de su intento y se lo impidió. A.. V. B. trató de hacer lo propio con una especie «relOJ», pero uno de los tripulantes también le impi llevárselo.

_111"'¡~Cn Donis, y quedé prendado de su sencillez, inteH·

¿ y si la clave de los casos de abducción con contacto sexu incluido que acabamos de relatar, se hallase en un ca español, que en su tiempo hizo mucho ruido? L~ ,revista -hoy extinguida-,- La actualidad españo publIco a finales de 1968 y comienzos de 1969 una se de artículos firmadbs por un tal «F. Sinod»,' sobre supuesto encuentro de este señor con un extraterrest ll~mado «Francisco Atienza», cerca del pantano de Al con. Estos artículos aparecieron en los números 8

afabilidad y sinceridad evidente. Recuerdo una r unión que se celebró en su casa de la calle de 11 I Mercé, en Madrid, en el curso de la cual don FranIllIS 'leyó a los presentes -todos personas interesadas 1I 11 Cología y en especial por el enigma de UMMOI •• rla que había recibido de los ummitas, en la que k pedían que les pusiese en contacto persanal (con11 'ndo así una de sus reglas más estrictas de anonima1111 1 misterioso «Francisco Atienza», el «amigo» exI Ill' lre del señor Donis, procedente del planeta Urln, \11 e,"sle dijo a Donis, y que los ummitas decían desconol' 11' ce ser que los señores de Ummo se enterar?n de 11 por La actualidad española, leyendo los artIculas 1 do' por el misterioso «F. Sinod» (que ahora ya sabe. lui ~n era). , la reunión todos nos presentamos con largas lIstas 1" p,untas, que queríamos que don Francisco sometiera , IImmitas. Mas por lo visto éstos se enteraron, y fue 11111 'S cuando se produjo la célebre llamada (grabada I ,!'::.Iel Farriols), en que una voz gangosa ruega co?ulllld a Donis que «sus hermanos reunidos en su doml11 110 formulen preguntas a mis hermanos». Esta graba11' h I -ido analizada en diversos laboratorios de acústica, 11111 \les y extranjeros, y sus frecuencias «no son hu-

(12-12-1968), 885 (19-12-1968), 886 (26-12-1968), 888 (9-1-196

111 ».

¿Y si la clave estuviese en España?

y 893 (13-2-1969) de la revista citada. Posteriormente, yo mismo publiqué un resumen d caso en el segundo fascículo de la publicación Cíclope _ incógnita del espacio (Barcelona, 1969). y el propio Sino expuso con amplitud los mensajes recibidos telepáticame te de su amigo del espacio Atienza, en un suplemento d la publicación mencionada titulado «Cíclope informa». Hace ya varios años que la persona que se ocultaba tr el seudónimo de «Sinod» ha muerto, y creo que se pued revelar ya su verdadera identidad, conocida por otra part entre los principales ufólogos hispanos. «Sinod» era metá tesis del apellido Donis; tras ese nombre se ocultaba do Francisco Donio> Ortiz, un distinguido financiero español que a través de la empresa CRECINCO representaba e Espa~a los intereses del holding Rockefeller, y que po cuestIOnes de negocios y de fincas (poseía una en Alicante) efectuaba frecuentes viajes ·en automóvil entre Valencia y Madrid, . . . Yo tuve ocasión de conocer y tratar personalmente a don

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I

l' I o esto es otra historia. Vayamos al encuentro del nis con Atienza, y a la curiosa revelación que éste

111 1)

111.

1 df 12 de noviembre de 1968, cuando se dirigía a Ma1 dI.-' 'de Valencia en su automóvil, el señor Donis perci1111 mensaje telepático (anteriormente ya había recibido IIIIU, pero siempre confuso e ininteligibl~), en el que se . 1I111unicaba que cuando llegase al desvIO que conduce I I 11 "dar Nacional de Alarcón, abandonase la N-UI y toI I r esa carretera, porque allí establecería contacto 11 UIl extraterrestre. . 1 le paró el coche y gracias a un amable camion~ro 11 l' yudó a ponerlo nuevamente en marcha, e~ ~e?or 1111' ( ra ya de noche, después de cenar) pudo dlnglrse ,. ,11111 'nte hacia el Parador.. , PII 'o después de llegar al cruce y tomar ~or el de~v~? '1 111 r nducía al mismo, el asombra?o financI~ro perclbIO 1111 1\11 rme objeto discoidal, suspendIdo en el aIre al bon~e, t 11 c. rretera. Estaba como a unos tres metros del suelo, 75


flotando sin tocarlo por parte alguna de su estructura. P era un aparato, un clásico «platillo volante». Resumiendo, diremos que el asombrado Donis vio có del disco surgía una escalera extensible, por la que ba un «ser humano», que se le acercó con los brazos exte didos en son de paz. Aquel personaje le dijo, hablando correcto castellano, que se llamaba Francisco Atienza y q descendía de terrestres. Sinod dijo que su aspecto era ca pletamente normal y corriente, y que sin el buzo gris otra del espacio que llevaba, no hubiera llamado la atención nadie. Se inició entonces una larga conversación entre ambo proseguida luego en el interior del automóvil de Doni Entre otras cosas sobre su origen, Atienza le dijo que procedía de un planeta llamado Urln, cuyos habitante autóctonos eran pequeños humanoides macrocéfalos. S' embargo, había en Urln una colonia de terrestres, que hab taban bajo grandes cúpulas con aire, puesto que la atmó fera de Urln era irrespirable para los hijos de la Tierra. . Pero la vida en estas condiciones había provocado est rilidad entre los terrestres y sus descendientes (entre lo que abundaban más las hembras que los varones), lo m' mo que suele ocurrir con los animales que viven en cau tividad. ¿Explicaría esto acaso los apareamientos de mujeres de espacio (casos A. V. B. y Liberato Quintero) con sano y robustos ejemplares de nuestra especie? Estaría aq la clave de estos y otros casos parecidos que puedan haber se sucedido? Tenga en cuenta el lector, si piensa, en la características un poco insólitas de las mujercitas que fu ron presentadas al brasileño y al colombiano, que podría tratarse de descendientes de tercera, cuarta o quinta generación de los terrestres que fueron llevados a Urln (¿Zeta Reticuli?) por los auténticos hijos de este planeta. Y que la raza blanca no es única en la Tierra. Hay otras razas. No es más que una simple pista, pero creo que merece ser tenida en cuenta, sobre todo si pensamos que en algu. nas ocasiones se han visto coexistir a los pequeños huma· noides macrocéfalos con seres completamente humanos (caso brasileño de Lagóa Negra, por ejemplo). En cuanto a Donis y su amigo Atienza, dejo para otra ocasión (u otro libro) ocuparme con detalle de su curiosa relación, que en el momento de su extraño encuentro no hizo más que iniciarse.

"da Fl' Saucer Occupants I y .Tiro Lorenzen, en su obra . y~~g ecialista hibliografía), publican la OplllIOn de un ~~ s Boas bre no dan) sobre el caso a . mi ica ( cuyo nom. V'l1 Boas es cierto, los ti. biólogo que «SI el caso 1 as . h ana Es 1I1 del ovni deben ser de ascendencl~ ~anis~os IlIl,.nte imposible que se un~n los le~~~ase Esto sería 1I1t" procedentes de evolUCIOnes 1S .... genético os que fuesen de un ongen I hlc... a !Den El libro de los Lorenzen fue pu1I.- (Op. CIt., p. 205.) b ble que Donis conociese esta 11o n 1967. No cre~ pro a d fuerza a 'la tesis I.a opinión del bIOlogo parece ar JI 111.

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4.

PASCAGOULA, O LOS PESCADORES PESCAD

240 B.

CRIATURAS

OBSERVACIONES DE OVNIS EN OTRAS PARTES DEL ESTADO DURAN· III LOS ÚLTIMOS QUINCE DíAS. EL CAPITÁN GLEN RYDER, DEL 1) PARTAMENTO DEL SHERIFF, QUE INTERROGÓ A LOS DOS HOM· IIRES EL JUEVES POR LA NOCHE, DIJO QUE PRIMERO PENSÓ QUE «LE TOMABAN EL PELO». «HICIMOS CUANTO PUDIMOS PARA O E SE CONTRADIJESEN -MANIFESTÓ RYDER-, PERO AMBOS REI,ATOS COINCIDíAN. SI ERAN UNOS EMBUSTEROS, TENDRíAN QUE MANDARLOS A HOLLYWOOD.» MATHIS DIJO QUE HICKSON PAREcíA SER «UN HOMBRE RA".ONABLE» Y NO SOLÍA BEBER DEMASIADO, SEGÚN MANIFESTARON 'U ESPOSA Y SUS EMPRESARIOS. SEGÚN AFIRMARON LAS AUTORIDADES, NINGUNO DE LOS DOS HOMBRES HABÍA BEBIDO· CUANnO TUVO LUGAR EL INCIDENTE, PERO RECONOCIERON QUE DESPUÉS ce sí QUE FUIMOS A TOMAR UN PAR DE COPAS, PARA REHACERNO DE LA IMPRESIÓN». LAS AUTORIDADES AGREGARON QUE PARKER SE DESMAYÓ CUANDO LOS TRES SERES -A LO QUE PARECE 1)13 NARIZ Y OREJAS EN PUNTA- SALIERON DEL APARATO. DIJO OUE NO RECUPERÓ EL CONOCIMIENTO HASTA QUE LO DEJARON NUEVAMENTE EN EL MUELLE. Los AGENTES DE LA LEY TOMARON IJI( LARACIÓN A LOS DOS HOMBRES Y LUEGO LOS DEJARON SOLOS !IN UNA HABITACIÓN DONDE PREVIAMENTE HABíAN OCULTADO UN MAGNETÓFONO, A FIN DE COMPROBAR SI ERA VERDAD LO QUE MANIFESTABAN. MATHIS DIJO QUE NO HABíA NADA EN LA CINTA O E INDICASE UN FRAUDE. HICKSON CALCULABA QUE ÉL Y PARKHR ESTUVIERON UNOS 15 O 20 MINUTOS DENTRO DE LA NAVE N IDENTIFICADA. DIJO A LOS AGENTES QUE LO TENDIERON SOBRE I/N/\ ESPECIE DE MESA, DONDE FUE EXAMINADO DE PIES A CAIIIJZ/\ CON LO QUE DESCRIBIÓ COMO UN «OJO ELECTRÓNICO». UPI

10-12. NIGHT LD.

PASCAGOULA, MISS. (UP!.) Dos TRABAJADORES DE UNOS TILLEROS QUE ASEGURABAN HABER SIDO LLEVADOS A BORDO UN OVNI Y EXAMINADOS POR SERES DE PIEL PLATEADA Y OJ MUY GRANDES, CON OREJAS PUNTIAGUDAS, FUERON LLEVADOS ~IERNES AL HOSPITAL MILITAR PARA VER SI PRESENTABAN S NALES DE RADIACIÓN. EL PERSONAL DEL HOSPITAL AFIRMÓ Q NI CHARLES HICKSON, DE 42 AÑOS, NI CALVIN PARKER, DE 1 HARíAN MÁS DECLARACIONES PÚBLICAS, IH:ASTA QUE NO H BIESEN HABLADO CON LAS AUTORIDADES FEDERALES. AMBos T BAJAN EN LOS ASTILLEROS WALKER, DONDE HICKSON ES CAPATA NINGUNO DE LOS DOS HOMBRES SUFRíA LESIONES APARE TES, PERO COMO MEDIDA DE PRECAUCIÓN FUERON AMBOS LLEV DOS A LA CERCANA BASE A~REA MILITAR DE KEESLER, EN CUY ~OSPITAL FUERON INGRESADOS PARA VER SI PRESENTABAN S NALES DE RADIACIÓN, SEGÚN DECLARARON LOS MILITARES. EL SHERIFF DEL CONDADO DE JACKSON, BARNEY MATHIS .EXPLICÓ QUE LOS DOS HOMBRES LE DIJERON QUE ESTABAN PE CANDO EN UN MUELLE, EN LA ORILLA DERECHA DEL Río PASCA GOULA, HACIA LAS 7 DE LA TARDE DEL JUEVES, CUANDO A UNAS DOS MILLAS DE DISTANCIA OBSERVARON UN EXTRAÑO APARATO, QUE EMITíA UN RESPLANDOR AZULADO. DIJERON QUE EL OBJETO SE ACERCÓ A ELLOS Y DESP~ SE INMOVILIZÓ A COSA DE UN METRO SOBRE EL AGUA. ENTONCES «TRES COSAS EXTRAÑAS SALIERON DE ÉL, NO SABEMOS SI FLOTANDO O CAMINANDO, Y SB APODERARON DE NOSOTROS PARA LLEVARNOS AL INTERIOR DE LA NAVE», EXPLICÓ HICKSON. «AQUELLOS SERES TENíAN UNOS OJOS MUY GRANDES. Nos RETUVIERON UNOS 20 MINUTOS; NOS FOTOGRAFIARON Y DESpmS NOS DEVOLVIERON AL MUELLE. EL ÚNICO RUIDO QUE HACíAN ERA UNA ESPECIE DE ZUMBIDO. SE FUERON COMO UN RAYO.» EL DESPACHO DEL SHERIFF ANUNCIÓ HABER RECIBIDO OTRAS LLAMADAS DURANTE LA NOCHE, DE PERSONAS QUE VIvíAN EN LA ZONA Y QUE ASEGURABAN HABER VISTO UNA· EXTRAÑA «LUZ AZUL» EN EL CIELO. TAMBIÉN SE HA INFORMADO DE NUMEROSAS

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10-12 04 :04

PED.

t S el texto completo, traducido del inglés, que la la de prensa United Press International (UPI) difun11 lia siguiente del alucinante incidente vivido por dos 1111 l Y sencillos trabajadores norteamericanos, Y que 11111 • headlines» (hizo grandes titulares) en toda la prensa I p lis y en alguna de la internacional. ., I I dos hombres vivieron su extraordmana -y trau11/,lIl1te- aventura el día 11 de octubre de 1973. Este 11 1973- es conocido como «año de los humanoides» 11111 lo ufólogos (a raíz de un estudio de David Webb que I ., d mismo títu~o), por la proliferación de casos que se IlIdllj 'ron en los Estados Unidos. Entre esto~ casos abun· I 11111. los «encuentros cercanos del tercer tIpO». Es preI tI ·fialar -acaso sea significativo- que esta oleada, 1111 Ida en octubre de 1973, coincidió matemáticamente '''11 111 a oposición de Marte, que tuvo lugar también en IIlltlhr de aquel año. . . . . xtraño incidente de Pascagoula (MISSISSlppl) creó ,

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una enorme conmoción. En medio de aquella «oleada. humanoides, que había sensibilizado ya a la opinión blica, surgía ahora una historia increíble, contada por hombres sencillos, sin cultura, que no habían leído j ciencia-ficción, y que por ~o tanto no podían inventarse relato inverosímil, pero plagado de detalles que encajab con el de otros casos similares, sólo conocidos por los'

vestigadores. Regresión hipnótica de los testigos Las autoridades de Pascagoula avisaron a los servicios información militares, y el día 13 el doctor Hynek (que bía sido 22 años asesor científico del proyecto Blue Boa de la Aviación) se presentó en el teatro de los hecho Encontró allí al doctor James A. Harder, ingeniero ci pero as~ismo diplomado en hipnosis y asesor de la ve rana organización civil APRO (Aerial Phenomena Resear Association), de Tucson (Arizona). El doctor Harder sometió a hipnosis a los dos testig del alucinante caso. He aquí sus conclusiones: «Los numerosos informes reunidos durante los último veinte o treinta años, apuntan hacia una realidad que no terrestre. Tras eliminar todas las explicaciones posib'l y cuando aún nos resta algo que sabemos que es real, n quedan explicaciones menos probables, y yo me quedo co la conclusión de que nos enfrentamos a un fenómeno ext terrestre.» Cuando un periodista le preguntó si creía que Hickso y Parker explicaban lo que les sucedió, Harder dijo que experiencia que sufrieron fue bien real. Es imposible fin~ bajo hipnosis, un vivísimo sentimiento de terror como que ellos manifestaron. . Por su parte, el doctor Hynek declaró: «No hay nin guna duda, para mí, de que estos hombres han sufrido experiencia bien real y terrorífica, sobre cuya naturale física no estoy seguro... ni creo que la podamos explicar. Pero opino que bajo ninguna circunstancia se debe pone en ridículo a estos hombres. Son absolutamente sinceros. Han vivido una experiencia fantástica, que creo hay que considerar conjuntamente con experiencias semejantes que otras personas han vivido en este país y en el mundo..»

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inceridad de Hickson y Parker se pone de manifiesdos dramáticos documentos, que voy a transcribir I nuación. Se trata del interrogatorio al que, unas tres después del incidente, fueron sometidos ambos tes(n la oficina del sheriff por éste, Fred Diamond, y el 1 n Glen Ryder, aproximadamente a las once. de ~a del jueves, y de 'la grabación que se les hizo sm nterasen. ún comenta Ralph Blum, de quien recogemos esta (dpción, «es la primera vez en un importante en· l' ) con un ovni en que el testimonio fue recogido con pldcz, y grabado». . ' . rabación comienza con la voz de HIckson, dICIendo: ., aunque fuese el hazmerreír del país, yo les diré lo h(' visto, y la experiencia que he tenido... ómo dice usted que se llama? harles Hickson. H-i-c-k-s-o-n (lo deletrea). Aunque se I anto de mí, que tenga que marcharme del condado ( kson, yo haré 10 que sé que tengo que hacer. ~s ~o 11 que puedo :hacer. Aunque no espero que nadIe lo Es tan inooeí'ble... 1 hcriff sigue preguntando: T 'nemos que saber lo que pasó. Lo que les pasó I e1's desde el principio. Bi n, ésta será la tercera vez. '610 queremos estar seguros. Escuchar su historia. ( lo que nos convenció. O.K., O.K. Calvin y yo... este chico -trabaja conmiruimos por el río, hasta el pie del elevador de grano. 1Il0S algunas carpas... un par de corbinas... no gran I,!ntonces yo 'le dije a Calvin: hijo, vamos a probar rriba, junto a los viejos astilleros Schaupeter. Allí I ('scado bastantes gallinetas, hasta algunas truchas Idas... I3s hijo suyo, Calvin? No, no. No ,es. más que un amigo. Es del condado de . Yo me crié ·allí. Tengo una granja y una casa allí. 11, sí es que nos ·fuimos allá para seguir probando. 111 pusimos a pescar. No sé cómo... pero creo q~e hu vimos aquello a la vez. Era una luz azul, que dIO UII vueltas... A qué altura estaba? Es difícil decirlo. No estaba muy cerca. Pero no estaba .111 ni a tres millas. Estaba bastante cerca. Y una luz 81


azul ... resulta sorprendente mirar al cielo y ver'una luz a

Es algo que verdaderamente llama la atención. Lue al cabo de un ratito, descendió exactamente encima muelle. Se quedó a unos dos o tres pies de altura sobre suelo. -¿ Estaba muy cerca? -A unas veinticinco o treinta yardas (una yarda aproximadamente 1 metro). 'Pero igual podían haber si treinta y cinco o cuarenta yardas. ¡Cuando uno ve una co así, le da un susto de muerte! Y yo no podía creerlo. E pezó a dirigirse hacia el río... -¿Hacía algún ruido? -Un pequeño zumbido, nnnnnnnn, nnnnnnnn, algo a eso era todo. No 'le vi ningún escape trasero ni nada pa cido. Me parecía estar soñando, ¿sabe usted? Y entonces puse a golpear el río. Y Calvin también... él se puso hi térico. -¿Cuál es el apellido de Calvin? -Es Parker... Calvin Parker, Junior. Lleva el nombre que su padre. Tras una breve pausa, Charles Hickson prosigue: -Así es que estábamos en el río. Aquello no tocó suelo. Flotaba. Hasta que de pronto -en el extremo de 1 cosa aquella- apareció.una abertura, y tres de aquell seres salieron flotando del objeto. No tocaban al suelo. -¿No tenían pies? -No, no parecían tener dedos de los pies. Pero sí tenía la forma de pies ... Era más o menos como una cosa redo da al extremo de una pierna... si es que puede llamársel una pierna... ! Yo estaba muerto de miedo. Y lo único qu 1. Parece ser que los tres robotlike ereatures (seres ,parecidos a r bots) que abdujeron a Hickson y Parker, ya se habían dado, un garb por el planeta bastantes años antes, si hemos de creer lo que refie Jacques Vallée en la ficha número 68 de su Catálogo Magolfl,ia. Efectiv mente, en febrero de 1949, y en Pucusana (Perú). un caballer() que 8 oculta tras las iniciales C. A. V., empleado en una compañía petrolífe y de treinta años de edad a la sazón. iba en automóvil a Lima, cuand vio un disco brillante posado en el suelo. El testigo dejó el coche y, dando muestras de una gran serenidad, s dirigió a pie hacia el extraño artefacto para investigar. Hacía unos di minutos que habla abandonado su vehículo, cuando del aparato descono cido salieron tres figuras. Parecían momias (sic). tenían las piernas un' y un solo y M/orme pie. En vez de andar. se «deslizaban». Estaba recubiertos por una extraña piel ·pálida, que parecia «una toalla arrugada» Pero lo más sorprendente, es que las tres estantiguas preguntaron testigo «dónde estaban», sostuvieron una larga conversación con él (n sabemos sobre qué; se supone que no hablaron del tiempo), y para colmo, le llevaron a dar un ·paseo en su aparato. Por lo visto, C. A. V. tenía los nervios más templados que los pobres y azorados Hickson y Parker veinticuatro años después...

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~narles Hickson y el joven Calvin Parker,

los dos modestos trabajadores norteamericanos que protagonizaron un caso increíble.

El doctor J. Allen Hynek, consultor durante 22 años de la Aviación Norteamericana en la cuestión ovni (Proyecto Libro Azul), actual director de CUFOS (canter for UFO Studies) y que investigó personalmente el caso de Pascagoula. Hynek es un eminente astrofísico especializado en galaxias, y dírector del Observatorio Lindheimer en lIIinois, adjunto a la Universidad del Noroeste.


---------------------yo tenía allí era una caña de pescar. No podía... verá, esta tan asustado... como usted no puede imaginarse. Calvin puso histérico perdido a mi lado... -¿Qué pasó entonces? ¿Ellos se acercaron a usted -Pues verá... se acercaron deslizándose hasta mí. tonces uno de ellos lanzó un pequeño zumbido... los ot dos no emitieron ningún ruido. -¿Cómo era ese zumbido? -Algo así: zzzZZZ zzzzZZZZ... -¿Sonaba como una máquina? -Sí, como eso. Debía de estarse comunicando con 1 otros dos. Aunque verá, yo no lo sé. Para entonces estab ya tan asustado, que no sé nada. Y más cuando dos de ell se situaron flotando detrás mío y me levantaron del suel -¿Por los brazos? -Sí, por 'los brazos. Con su especie de pinzas. Debie de hacerme algo. Yo sólo sé que me levanté del suelo. -¿Emplearon la fuerza? -No, en absoluto. No me hicieron daño. nada. -¿Y qué hacía entretanto su compañero? -Se desmayó. Y me llevaron flotando hasta aque cosa, hasta meterme en ella. Como cuando usted guía alguien, ¿sabe? Todos nos movíamos como si fuésem flotando por el aire. Cuando llegué allí, es 'que ya ro tenían, ¿sabe?, se habían apoderado de mí. Allí no hab' asientos, ni sillas; sólo me movían de un lado a otro. Yo n podía resistirme, me limitaba a flotar... sin sentir nin sensación, ni ningún dolor. Me mantuvieron un rato en es posición, y luego me pusieron boca abajo. -Dice usted que le aplicaron una especie de instrumen to, ¿no es eso? -Sí, una especie de instrumento. No sé 'lo que era. N vi nada que pudiese comparar a un instrumento que hu biese visto antes. '-¿Cómo era? ¿Podría usted describirlo? -No, no puedo describirlo. -¿Era como un aparato de rayos X? -No, no era como un aparato de rayos X. No hay ma· nera de describirlo. Parecía un ojo. Un ojo enorme. Estaba sujeto a algo. Y se movía. Parecía un ojo enorme. Y siguió todo mi cuerpo. Arriba y abajo. Y después de esto me dejaron. -¿Le dejaron dentro de la máquina? -Me dejaron solo. Y en la posición en que me habían 84

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lo ... no podía moverme. Sólo podía mover los ojos. I el sé cuánto tiempo me dejaron así. No sé siquiera si IllImecí consciente, aunque creo que sí. Y entonces 1 v lvieran. . uánto tiempo le dejaron solo? No lo sé. No "suelo llevar reloj. Pero cuánto tiempo diría usted? ¡'ues diría entre veinte y treinta minutos. Entonces, lid volvieron, me examinaron de nuevo. .No trató de hablar con ellos, de preguntarles qué I I 'II? Sí. .. pues claro que sí. Pero lo único que conseguía m un zumbido, que salía de uno de ellos. No me pres11111 la menor atención, por más que les hablase o les h1 ' uántos ojos tenían? 's posible que tuvieran ojos, pero yo no se los vi. IlIqll sí tenían algo saliente en el lugar aproximado don1111 'er humano hubiera tenido la nariz. ¿Tenían pelo o cabellos? . No lo sé. Le juro que no lo sé. Hay un blanco en mI

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Usted los miraba, ¿no es cierto? ¿Respiraban? Le juro que no lo sé. ¿Qué altura tenían? Tenían unos cinco pies (1,50 m aproximadamente). ¿Llevaban alguna clase de ropas, o no llevaban nada 11 lila? No se lo sabría decir. ¿Pero podría decirme de qué color eran? -Verá, con lo asustado que estaba... ¿Eran blancos? ¿Pálidos? ¿Azules? ¿Verdes? -Por lo que recuerdo, me parecieron pálidos... ¿Tenían la piel arrugada? Pudiera ser. Parecía que llevaban algo ajustado como 1111' piel. "Tanto podían haber llevado algo, como no. No sé 1" decirle. " ¿Dice usted que bajo la nariz tenían una abertura? -Como una raja... y nunca la vi moverse. y tenían algo I Ida lado de la cabeza que parecía como unas orejas, 111 I no era igual a las orejas que conocemos. Y en cuant~ , 1\ cabeza... no vi que tuviesen cuello. Parecía como SI d ¡ ':lnsara sobre el cuerpo. -¿Ocurrió esto después de oscurecer? -Sí, no hacía mucho que había oscurecido.

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-Bueno, ¿y por qué esperó hasta tan tarde para sarnas? -Verá, mister Fred, cuando salí de allí, sabía que na iba a creerme. Me fui al Mississippi Press y llamé a puerta. Había un chico de color sentado ante una mesa. dije que quería ver a un reportero. Él me dijo que no bría ningún reportero hasta la mañana. Entonces emp a rumiar qué haría. Si voy al despacho del sheriff, me di no me creerán. Si voy a la policía, tampoco me creerá -¿Pero cómo podía saberlo, si no lo intentaba? -Sí, es verdad, le ruego que me disculpe. Pero esto lo que yo pensaba. -¿Había estado bebiendo, anteriormente? -No había bebido nada, antes, pero durante los c renta y cinco minutos o una hora que tardé en venir a ve sí que bebí. Tenía que calmar mis nervios. Estuve a pu de volverme loco. Y tengo que volver a casa para que entere mi mujer. Debe de estar histérica. -Su esposa está bien. ¿Se acuerda de -¿Cuándo salí de dónde? -De la nave. Cuándo lo sacaron de ella. -Lo único que recuerdo es que este chico, Calvin, ta bién estaba allí. Nunca he visto tal miedo reflejado en cara de un hombre, como el que vi en la cara de CalvO Tardé un rato en hacerle reaccionar y recuperar el juici Lo primero que le dije fue: «Oye, hijo, esto no 'lo va creer nadie. Será mejor que no lo contemos a nadie.» Pe a medida que le fui dando vueltas al caso, más me parec que debía comunicarlo a las autoridades. -¿Qué hicieron ellos, después de soltarles a ustede -Se oyó un zumbido, y aquello se fue.. -¿Podría describirnos el vehículo? -Sí, por supuesto. Tenía unos ocho pies (unos 2,40 de alto. No era redondo, sino oblongo, más o menos oblo go, y la abertura que tenía estaba en un extremo del mism Las únicas luces que 'le vi en la parte de afuera eran aquel luz azul. ¿ y dentro, qué luces tenía? -No vi bombillas ni nada parecido. Sólo lucía una 1 Pero era brillantísima... Tras unas cuantas preguntas más, Hickson dijo q trató de avisar primero a la base aérea de Keesler, per allí le dijeron que se pusiera en contacto con el sheriff. término de la entrevista, el sheriff Diamond pidió a Hickso que volviera por la mañana, para hacer una declaració 86

pIda de los hechos. Hickson dijo que no quería puhlltl, ni que se causaran molestias a su familia. Desel' esto, el sheriff y el capitán Ryder se despidieron lIos, y dejaron a los dos hombres en la habitación, con I 111 n tófono en marcha. 'u la cinta quedó entonces grabada la siguiente conI 111 1 n entre ambos. Empieza por oírse la voz tembloI el' Hickson. que dice a Calvin Parker: ' Vil no podía aguantar mucho más, te lo aseguro. 1 1.1 ven Parker dijo entonces con frenesí: T 'ngo que ir a casa y acostarme, o tomar algo para 11I'I'vios, o ver a'l médico o hacer algo. No lo aguanto Pi nso que me vaya volver loco. ~ IIII'K oN.-Verás, cuando hayamos terminado, te daré qlle te hará dormir y te calmará. 1 I(KER.-Ahora no puedo dormir. Me voy a volver loco. 11. í, Calvin, cuando ellos te sacaron... cuando ellos "aran de aquel maldito armatoste, comprendí que 111, que hacer algo por calmarte. . l. Levantando la voz.)-No sé qué demonios me pasó I lo,' brazos. Recuerdo que se me quedaron como muerlLue no podía moverme. Como si me hubiese mordido l'l'piente de cascabel. 11, ( uspirando.)-A mí me pasó lo mismo. ( IlIbos hombres empiezan entonces a hablar, como si tlll tino lo hiciese consigo mismo.) \'. Yo me desmayé. No creo haberme desmayado en I du. 11, Yo tampoco he visto nada como esto en toda mi 111 No puedes esperar que la gente te crea... \' -Yo no quiero seguir aquí sentado. Quiero que me IIU médico... 11, Más valdrá que despierten y empiecen a creer... más Itll " que empiecen a creer. 1'. ¿Viste cómo esa condenada puerta se levantaba? II.-No sé cómo se abrió, hijo. No lo sé. 1'. Pues se levantó y precisamente entonces ... entonces 11 hijos de puta salieron a por nosotros. II,-Ya lo sé. Es increíble. La gente no querrá creerlo . 1'. Entonces me quedé paralizado, sin poder moverme . II.-No lo querrán creer. Pero un día de estos termi11 " 11 n por creerlo. Pero quizá ya será demasiado tarde. Yo l. IIlprc he sabido que ha habido gente de otros mundos I'JlI 'ntre nosotros. Yo ya lo sabía, pero nunca pensé que 1111 a ocurrirme a mí.

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P.-Tú ya sabes que yo no bebo. H.-Ya 10 sé, hijo. Cuando vuelva a casa me tom otra copa, a ver si duermo. Oye, ¿qué hacemos aquí se tados? Tengo que ir a contárselo a Blanche... ¿a qué es ramos? P. (Con pánico.)-Tengo que irme a casa. Me encuent mal. Salgamos de aquí. Hickson se levanta entonces y sale de la pieza, dejan a Parker solo. Musita éste entonces: -Es difícil de creer... Dios mío, es espantoso... que hay un Dios, allá arriba... Inicia una plegaria, y su voz se convierte en un ron murmullo. El joven Calvin Parker quedó muy traumatizado por alucinante episodio. Su compañero, hombre de más eda no tanto, pero nunca pudo desprenderse de un profun sentimiento de terror al evocarlo. ¿Por qué fueron esco dos estos dos hombres sencillos y sin formación cultur No sabemos si las ratas de laboratorio se hacen tambi las mismas preguntas...

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5. DIONISIO LLANCA, O LA INOCENCIA

del joven camionero argentino Dionisio Uanca es Esto quiere decir que unos dicen que sí, IIOS dicen que no, como en la copla. Lo cual no obsta que el joven e inoceBte testigo de este caso haya sido 111 nado por dos impresi0nantes equipos médicos, en lile había traumatólogos, forenses,. psiquiatras y praclit 'S de medicina general. Igual que a los testigos de , oula, se inyectó a Dionisio el pentotal sódico, el fa11 «suero de la verdad», con resultados. positivos. Diré JI ISO que ambos casos (pese a sus grandes diferencias 111 s) son contemporáneos: ambos ocurrieron en octuti 1973, en plena «oleada» del «año de los humaIh », 1I r vayamos a los hechos. . , revista argentina Gente y la actualidad publicó en su 11 '1'0 del 8 de noviembre de 1973 un largo artículo dedi\u \ contar a sus lectores la aventura de Dionisio Llanca. le artículo entresacamos la siguiente semblanza del '11 amionero: Dionisio Llanca es un hombre sin misterio. Tiene vein11'0 años, conduce camiones desde los catorce y el lh ,1 no 'le interesa (aunque a veces le preocupe el destino \ 11 ca Juniors). Es soltero -una vez tuvo novia y en1 es, en aquellos tiempos dichosos, se hizo tatuar en el 11Il izquierdo dos corazones atravesados por una flechav con sus padres en Ingeniero Jacobacci, un pueblo I provincia de Río Negro donde vino al mundo el 1 \ octubre de 1948. El padre de Dionisio es peón camiI I () Y 'la vida de la madre transcurre entre sus fogones 10 doce hijos que ha dado a su marido. Los mejores I 11 rdos de Dionisio Llanca, además del de su antigua uv , están igualmente tatuados én su brazo· izquierdo: II uvertido.

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son los de su servIcIo militar, y han subsistido bajo forma de una leyenda de color azul que reza: "Bata Logístico de Montaña 6, Zapala, 1969-1970." Con el cam de la empresa Transporte Comercial Automotor de Negro, gana cien mil pesos al mes. El opina que es poco como desea comprarle una casa a su madre, está decidí a cambiar de oficio. Duerme poco. Cuatro o cinco ho diarias le bastan. Y recuerda muy raramente sus ,sueño Aquel sábado 27 de octubre, Dionisio Llanca se lev tarde. Se puso unos viejos pantalones, una camisa y chaquetón negro. Estaba en casa de su tío Enrique R una modesta casita pintada de verde de la calle Chub muy amplia y sin asfaltar y que está a diez minutos centro de Bahía Blanca. Habló del tiempo, del trabajo, de cosas totalmente gares y cotidianas con su tío. Después de almorzar tumbó para hacer la siesta, pues tenía que conducir to la noche. Se despertó hacia las seis de la tarde para s tarse ante el televisor. Vio sin gran entusiasmo un episo de la serie «Ladrón sin trabajo», una película totalme desprovista de elementos fant~sticos. , A las diez d~ la noche, cenó en compañía de su tío: bistec, una ensalada y dos vasos de Cepita, una bebida s alcohol. Unos minutos después, Llanca se puso su chaq t(m, se despidió de su tío y montó en el camión Dodge 6 cargado de materiales de construcción que tenía que tra portar a Río Gallegos, a lo largo de un monótono viaje dos días. Tras doce años de conducir camiones y otros vehícul Dionisio tenía el ojo ejercitado de un experto. Pese a penumbra que reinaba en la calle, Llanca se dio cuen de que el neumático posterior derecho estaba un po «bajo». Se disponía a cambiarlo cuando pensó que e mejor iniciar el viaje. Eran las cero horas treinta minut del domingo 28 cuando puso el motor en marcha y el mión se dirigió hacia la Ruta 3. ' Avanzando ya por esta carretera, Dionisio notó que dirección «se le iba». Se arrepintió entonces de no hab cambiado la rueda en la estación de servicio ESSO de calle Dom Bosco, donde se había detenido a la una men cuarto para repostar gas-oil. Decidió entonces aparcar a un lado de la carretera, proceder al cambio de la rueda. Eran aproximadamente una y cuarto de la madrugada. . 90

1tri rdinario encuentro e I ionisio esta 1111'1 ros de Bahía

operación en un punto situado a 19,5 Blanca. Cuando ya estaba agachado al I de la rueda pinchada, percibió una luz amarillenta, "" li tancia de unos 2000 m, en la dirección de Bahía 11I l. Dionisio piensa que es un Peugeot que se acerca. limos a dejar que sea él mismo quien nos lo cuente: transcurrieron algunos segundos. Yo estaba vuelto paldas a la luz, pero ésta se hizo tan fuerte 'que iluCI I da la campiña, Ya no era amarilla, sino azulada, (1'1 a la que produce la soldadura eléctrica en arco. 111 ~ levantarme, pero no tenía fuerza. Algo extraño me 1I invadido, una especie de desgana y las piernas no me Ih' 'fan. Estaba arrodillado. Pese al estado de gran aba1110 en que me encontraba, conseguí volverme y mirar 11 lo' árboles que se encontraban a un lado de la carrej entonces una gran cosa, en forma de plato, suspen1 111 el aire a unos siete metros de altura, y, a mi es1111, I res personas que me miraban fijamente'. De nuevo le d' incorporarme, pero fui incapaz de hacerlo. Mi IlIlIi 'nto era total yme di cuenta de que ni siquiera 'fu hablar. Las tres personas me miraron durante un 11 rnto. Quizá cinco minutos. Eran dos hombres y una I 1, "sta se encontraba entre los dos hombres. Com1111 que era una mujer por la forma de su pecho y a 1 u le su larga cabellera rubia, que le llegaba hasta spalda. Los hombres también eran rubios y lle, 11 I s cabellos echados hacia atrás. Los tres personajes hUI pocp más o menos la misma talla, 1,70 o 1,75 m, 1111\ vestidos de la misma manera. Sus trajes, de color I pI mo, eran de una sola pieza, parecidos a los trajes 111, buzos y muy ajustados al cuerpo. Calzaban botas de d.1 aña, de color amarillo, como el de los zapatos de 111111.:\ bien lustrados, y llevaban unos guantes largos, que 111, aban hasta medio brazo, del mismo color. No les e 1Illlrón, ni armas, ni casco, ni nada más. . liS caras eran como las nuestras, pero la frente era 'spadosa y los ojos alargados, como los de los japot i , Y algo saltones. Hablaban entre ellos en un lenguaje 1'11 111' resultaba incomprensible. No percibí vocales cl~­ y t nía unos sonidos.,. comparables a los de una radlO IlIld "justada, con gritos agudos y zumbidos, Uno de Illt 111 agarró por el cuello de mi chaquetón y me levantó 1I11111'mente pero sin violencia. Yo traté de hablar, pero

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ningún sonido salió de mi garganta. Mientras que el me había agarrado me sostenía, el otro me puso un apa en la base de mi índice izquierdo. Yo miré bien el apara Parecía una rasuradora eléctrica (máquina de afeitar). la aplicaron durante unos segundos. Esto no me hizo d Cuando lo retiraron, vi dos gotas de sangre en mi dedo Creo que en este momento me desvanecí, porque no cuerdo nada m;is.» Cuando Dionisio recuperó el conocimiento, se encon tendido en el suelo, al lado de unos viejos vagones ferrocarril. Luego se sabrá que aquel lugar correspon a la Sociedad Rural de la localidad de Bordeu, a 9,5 km Bahía Blanca (o sea a unos diez de donde fue abducid Pero el pobre Dionisio Llanca ha sufrido una pérdida memoria total: ni siquiera conoce su propia identidad. sabe quién es, dónde está ni qué hace allí. Asustado, an tiado, decide entonces seguir el tendido ferroviario en rección a unas luces -que no sabe que son las de B Blanca- que ve en la distancia. Echa a correr y así lle a una gasolinera, cuyo empleado pudo dar luego a los inv tigadores la hora: Dionisio llegó allí entre las 2.45 o 2.50 de la madrugada; o sea que entre la una y me -hora de la abducción- y la hora de llegada a la gasa nera, tenemos más de una hora perdida para el joven mionero. ¿ Estuvo durante este tiempo dentro del «plati volante»? Esperemos a 'los resultados de la hipnosis y narcoanálisis. Dionisio siguió corriendo hasta alcanzar las prime casas de Bahía Blanca; dejó la Ruta 3 para tomar la e introducirse en la ciudad, adonde llegó aproxima mente a las cuatro y me~ia de la mañana. Estaba desorie tado, no sabía qué hacer: pide ayuda al conductor de Fiat 1600, que lo recoge y lo lleva a la comisaría m próxima. Dice el eminente investigador argentino Fabio Zer -de quien proceden la mayoría de estos datos- que oficial de policía reconoce que Dionisia estuvo a las 4. horas aproximadamente en la comisaría. Pero de allí echaron y empezó entonces un lamentable peregrinar comisaría en comisaría. Fueron cuatro las que lo echara con cajas destempladas, por tomarlo por un vulgar beod La triste odisea de Dionisia termina por fin en el Hospi Español de Bahía Blanca, después de vagar varias hor por las calles de aquella ciudad. En la sala de espera 1 atiende la doctora Mabel Rosa Altaparro, quien hace qu

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dibujos que siguen struye el incidente. observado mientras I rueda del vehículo.

El joven camionero lII'Ql!ntino Dionisio Llanca.


lo vea a las diez el doctor Ricardo Smirnoff, traumat go y médico forense. Ambos -la doctora Altaparro y doctor Smirnoff- ven en el arco superciliar izquierdo Dionisia unas excoriaciones; al no haber camas libres el Hospital Español y comprender que aquel hombre es un borracho, sino que se encuentra bajo los efectos un gran shock, deciden ingresarlo en el Hospital Municip en su Sala de Guardia, para completar "las 48 horas de amnesia. Es así que puede leerse en la página 103 del gistro de ingresos del servicio de guardia de dicho hospi la ficha siguiente: «Nombre: X. X.; lugar del accidente: Ruta N.o 3, c canías de El Cholo; Causa: :Él dice que una luz muy fue le cegó, que era un platillo volante, y no recuerda nada m Vio a dos hombres y una mujer muy rubios; lesion traumatismo craneal a nivel de la sien derecha, con a sia total.» Es interesante reproducir también aqui el testimo del doctor Smirnoff, publicado en Gente y la actualidad: «Yo soy médico legal. Los sábados y los domingos ten guardia. El domingo 28, hacia las 9 y media de la maña la doctora Altaparro, que trabaja en el Hospital Españ me llamó por teléfono para comunicarme que tenía allí caso bastante curioso. Llegué al hospital hacia las 10 cuarto y me encontré ante un hombre de unos 25 o 26 añ (luego pude calcular con exactitud su edad por las ¡fech que indicaban los tatuajes que mostraba en el brazo . quierdo), que padecía amnesia total retrógrada, es dec que había olvidado todos los acontecimientos del pasad No sabía quién era, dónde había nacido, quiénes eran s padres, y así sucesivamente. No cesaba de llorar ni preguntar "dónde se encontraba. La doctora me dijo q un hombre 10 había dejado en el Hospital, diciendo que había encontrado vagando por el centro de la ciudad coro un autómata, preguntando a todos los transeúntes 'que dijeran dónde había una comisaría de policía. »Al principio, pensé que habría sido atropellado p un coche. Mas ~o tardé en cambiar de opinión. Al parec no tenía lesiones. Pero cuando fui a examinarle la cabe y le acerqué la mano a la frente -sin siquiera tocarlo, r pito: sin siquiera tocarlo-, el hombre se echó instintiv mente hacia atrás, como si quisiera protegerse de algo. Si embargo, en aquel lugar, no había ni excoriación, ni hem toma ni hinchazón (el chichón clásico), ni quemadura. Y caracterizaría esto como un dolor sutil de la regi6

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141 1 mporal derecha. Luego pedí a la policía que le

tilla ficha -por si se tratase de un accidentado o fu itivo- y ordené que ·fuese admitido en el Hospital 111 lp 1, por sufrir un posible traumatismo craneal. 1'. identemente, un golpe puede provocar una amnesia 1,11 total. Pero yo me preguntaba qué clase de golpe 1I , I odido producir una amnesia total sin dejar una sola I l. "n lo que concierne a los platos voladores, hay dos 1I111d' posibles: creer o no creer. Yo no creo, pero debo 11111' '1' que el caso de Dionisia Llanca es extraño, muy l'

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ligación del caso Llanca, u. «Operación Bordeu», bautizaron los médico~ a este posible caso de abduc11, luvo dos etapas. La primera se realizó en el Hospital 11 1 i pal, en casa del tío de Dionisia y en el consultorio do 'lar Eladio ,santos, en Bahía Blanca. Intervinieron -ln primera fase los facultativos siguientes: doctor 111 II García del Cerro, psicoanalista; doctor Eduardo 111, p iquiatra; doctora Nora Milano, psicó'loga; doctor dlli antos, ya citado, hipnólogo, y el doctor Ricardo IIIIH ff, médico forense (el primer médico policial de un , 'ñala Fabio Zerpa, que interviene en la investigación 1111 ontacto con supuestos seres extraterrestres). Pero 111 IS Dionisia Llanca fue el primer testigo del mundo l ' ptó que le inyect~sen el «suero de lá verdad», el 1I1111al sódico, para hacerle un «narcoanálisis». El doctor I lIoff se lo inyectó por vía endovenosa en el antebrazo, I joven camionero repitió lo mismo que había estado h 11 I ·en las sesiones de hipnosis conducidas por el 1 101' Eladio Santos. IIl1n noche, este último doctor le hizo reproducir con los .. lbiertos las vivencias que tuvo dentro del ovni. DioniI dibujó con un lápiz todo lo que estaba «viendo» en el 1 I lor de la nave. De estos dibujos, lo que más impresionó 111 médicos y a Fabio Zerpa (que estaba allí como Direc111 1\; 'cutivo. de ONIFE, Organización Investigativa de Fe· I 111 :nos Espaciales, a la que pertenecían los doctores IllIdlr, salvo el doctor Smirnoff) fue verle dibujar los dos '1' II'utaS de televisión» a su izquierda, en cuyo interior 1 .. llIl'Ó estrellas y galaxias (sic). TI' s cuarenta días de investigación en Surenia, Bahía 11

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Blanca, el testigo fue llevado a ONIFE central, en Buen Aires, donde fue examinado por los facultativos doc Agustín Antonio Luccisano, catedrático de toxicología la Universidad de La Plata; doctor Juan Antonio Pérez d Cerro, presidente de la Asociación de Ontoanálisis, y d tor Héctor A. Solari, hipnólogo y psicólogo. Ocho médi en total, más el investigador Fabio Zerpa, estudiaron joven camionero de veinticinco años durante un tiem considerable. y ahora yo pregunto a los que no aceptan el caso U y lo llaman cel gran fraude»: ¿Cómo es posible que simple de espíritu, un hombre inculto y de bajo cocien intelectual, pudiera engañar y tener ea. jlqu.e, durante tos días, a esa brillante constelación de médicos, entre 1 que abundaban precisamente los psicólogos? Es más surdo esto -que reconocer la posible presencia de Dionis a bordo de una nave espacial. El arquitecto Roberto Banchs, fundador y director del CEFAI (Centro de Estudi de Fenómenos Aéreos Inusuales) de Buenos Aires,' prin -pal detractor del caso 'llanca, dice que éste es un cdéb mental». Increíble. Que un «débil mental» pueda resis los esfuerzos combinados de tantos médicos especialis para darles finalmente gato por liebre, es' algo que h merecedor a dicho cdébil mental» al premio Nobel. O ingresar por lo menos en la cComédie Fran~se»... Pero la verdad de la oposición de Banchs quizá se deb a una rivalidad entre entidades, ONIFE y CEFAI, y a incompatibilidad entre personas, Banchs y Zerpa... puede estar la verdadera cmadre del cordero». En la en dia, virus español trasplantado al Plata... Pero vamos a los resultados de la investigación, y a 1 que salió de ella.

Los resultados Ahorraré al lector el detalle de las múltiples sesiones hipnosis y de narcoanálisis a que fue sometido el dócil paciente Dionisio llanca. Vamos al cuadro general qu surgió de ellas. En estado hipnótico, Dionisio recuerda el principio d su abducción. Vio salir del ovni a los tres seres cbajando por lo que él llamó cuna plancha de hormigón luminoso» seguramente un haz compacto y coherente, como los qu figuran en la casuística mundial del fenómeno y que, 5eJl:úDl.

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I'nterior de la nave, 11 raptores sientan 111....1 lo en una butaca, desde la que él lo observa todo. 11


psíquica» efectuada arteramente en la débil mente sujeto por un «especialista en el tema ovni», para e así un caso «auténtico» que en realidad sería el resul de una solapada manipulación del supuesto testigo. maquiavélica operación había estado apoyada por vario.s facultativos, que hubieran facilitado la «informa médica». Y añade (op. cit., p. 135): «... esos aportes lógicos, testimoniales y psiquiátricos, pueden perten en la realidad a un número indeterminado de individ inescrupulosos que prepararon el fraude, y que pudi haber burlado llanamente a los inexperimentados mé (sic) en técnicas narcoanalítiq.s -así al menos se mieron- actuando de buena fe y a algún investigador campo de los ovnis. Eso sí, sabemos que para la pob intelectual de Dionisio Llanca, no le sería posible urdir sí solo la fantasiosa versión, a pesar de su marcada dencia mitomaníaca, aunque ésta habría facilitado ello de los objetivos.» Entre esos «inexperimentados médicos en técnicas coanalíticas», se encontraba precisamente el doctor Robe Smirnoff, forense y médico de la policía de Bahía Bla Pero eso no arredra a Banchs, quien pretende llegar fondo de la tenebrosa conspiración. Finalmente, ap hacia el «culpable»: un «degradante sujeto» de quien que «tal vez no sea difícil tener la presunción de la persa . de quien se trate». y yo digo: Estos, Fabio, oh dolor, son los tristes per nalismos que enturbian la serena investigación del g enigma. ¿Por qué, una vez que tenemos un caso irrefu ble, nos empeñamos en hundirlo PORQUE NO HEM SIDO NOSOTROS -o nuestra entidad- QUIEN LO INVESTIGADO? ¿Tan difícil es crear «espíritu de equipo» entre los lagos? O entre los ovnílogos, que para el ·caso es lo mismo. Para terminar, si algo tuviese yo que destacar del «ca Llanca», sería precisamente la inocencia -casi virginal del testigo. Y la verdad, nos. recuerdan los Evangeli «habla por boca de la inocencia» ... ¿Qué mejor testigo p dríamos tener, para mandarlo en lugar de nosotros interior de un «platillo volante», que un ser simple, sofisticado, no deformado por lecturas seudocientífic mal digeridas? Dionisia Llanca es el «testigo ideal». Cuen sencillamente lo que vio con palabras sencillas. A nosotro a los ufólogos, nos corresponde sacar interpretaciones 100

Procedimiento empleado Para tomar una muestra de sangre a Dionisia.

Mediante un guante provisto de tres punzones, la mujer practicó una incisión en el parietal dereCho de Uanca.


conse.cuencias: Llanca no fue más que «un par de ojos q estuvIeron allI». e',Con' SU mirada limpia, un inocente en Magonia .S ,~puede"pedir más? . (.

Addenda l A: Transcripción de las primeras efectuadas a Dionisia Llanca bajo hipnosis Su}e.to exami~ado: Dionisio Llanca, camionero, 25 años. MedI~o exanuna,dor: Doctor Eladio Santos, hipnólogo. MEDICO.-Cuentame lo que hiciste el 27 de octubre poc después de la medianoche. SUJETo.-Salí de la estación ESSO en la calle Do Bosco; tenía un neumático pinchado' pensé cambiar! luego... ' :,íM.-¿Por dónde circulas? -: S,-Por'la Ruta 3. (~llugar don?e Dionisio inició el cambio de rueda fu , loc~hzaclo, postenormente, pues a un lado de la carretera, en el amen, se encontró el camión que conducía Llanca con el gato colocado en posición y la rueda de recambi~ pr~parada para colocarla. A continuación se oyen algunos ruIdos en el magnetófono: corresponden a los movimien. tos que hace Lla?c~, en estado de hipnosis, al reproducir con gestos, mOVImIentos y actitudes, las maniobras que realmente efectuaba el domingo 28 de octubre de 1973, hacia l~ 1.15 de la madrugada, para cambiar la rueda de su ve. hIculo.) M.-¿ Qué haces ahora? . . S.-M~ dispongo a cambiar la llanta... Veo llegar una luz' amanlla... p.are:ci.da a la de los faros de un Peugeot... (La voz de DIOnISIO Llanca se va debilitando. Responde con voz entrecortada que siente una gran fatiga, una fatiga profunda. ~~ estado denota un debilitamiento total.) S.-¿Qmenes son?;. ¿Qué quieren?... No, por favor, no me hagan nada... Llevense el camión y el dinero... M.-¿Qué ves, Dionisio? S.-Ell~s, dos hombres ... Hay también una mujer... M.-¿Como van vestidos? S.-Con trajes plateados, muy ajustados al cuerpo ... y con botas y guantes ... M.-¿De qué color son los guantes? S.-Amarillos, de un amariilo naranja ... M.-¿Te hablan?

No... Oigo un zumbido, como el de una colmena de o una radio mal ajustada... ¿Te amenazan? No... Uno de ellos se acerca, me toma la mano y me h, 'on un aparato... ¿Te hace daño? No ... ¿Cómo es ese aparato? Parecido a una rasuradora eléctrica. ¿Qué te hacen ahora? e me llevan... ¿A dónde me llevan? .. Ullrante la mañana del 28 de octubre, Dionisio Llanca, l . abemos, llegó al Hospital Español de Bahía Blanca. h ,bfa despertado en un apartadero ferroviario de la dnd Rural. Se puso a andar y un automovilista lo llevó lo pi tal, tras pasar Dionisio por varias comisarías. El I I ode recuperó el conocimiento se encuentra a unos 111 del punto donde quedó abandonado el camión que dll -(a. En este intervalo, transcurrieron unas dos horas. lid . había estado el camionero durante este lapso de IIpO ?)

I I domingo por la mañana, Dionisio fue examinado doctor Ricardo Smirnoff, traumatólogo y médico 11 '. Según este examen, el joven no presenta lesiones Ihll's, pero se niega a que le toquen la cabeza, como si ti ('ra allí un dolor profundo. Apenas si se ven (pero 11111' s no se da gran importancia a este hecho) algunas 1 11' excoriaciones sobre el párpado izquierdo, en forma PlllltitOS. Posteriormente, este detalle será fundamental 111 ., estudio del caso. 1'.1 estado de confusión mental de Llanca se mantiene 1 1 129, pero antes de esta fecha ya ha podido recordar llu I que pasó desde que salió de la estación de servicio I , «aquel lugar». ' 1,11 noche anterior, Dionisio sufrió pesadillas. Está fati· dll y deprimido. Pero la noche siguiente, se recuperó algo 1 illlsintíó, a petición de los médicos, en someterse al ,lllotal, a fin de saber qué sucedió también durante las dos 1111111,' perdidas. Sin embargo, llevado al parecer por un 11111 111 o morrientáneo, Dionisio abandona el hospital y se 111 I 11,:). en la modesta vivienda de su tío, situada en el 1111111 'ro 1600 de la calle Chubut. Tuvieron que pasar algu1111 lías, después de que las pesadillas nocturnas en que 'ía «con seres extraños de otro planeta» se hubiesen 1I 'dido, llenándolo de angustia, para que acudiera, por I '"

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su propia voluntad y en busca de ayuda, a la consulta doctor Eduardo Matas. Fue hospitalizado por segunda y, aquella noche, Dionisia fue entrevistado por un g de psiquiatras dirigidos por el doctor Matas. Se le hicie algunos tests y el camionero dibujó el ({retrato robot» 'los «extraños visitantes». Surgió entonces entre los enc tadores 'la primera duda grave sobre la personalidad Llanca y en cuanto a 'la veracidad de su versión de hechos: los dibujos reproducen seres demasiado pareci a los héroes de los cómics. Unos días más tarde se había de ver que' esta duda, bien fundamentada, podía tener una sólida contrapartid Se le hizo un electrocardiograma para saber si se podía inyectar pentotal, y, una vez hecho esto, el ca nero volvió a casa de su tío, tras quedar citado con doctor Matas para presentarse a su consulta el 6 de viembre por la tarde. Sin embargo, llegada esa fecha, Dionisia no acudió a cita y los médicos se vieron obligados a desplazarse ha la humilde casita de la calle Chubut. Dionisia Llanca ha comido con abundanCia, aquel día, y había bebido d vasos de vino. Imposible pues administrarle el pento En cambio, se le sometió a la primera sesión de hipnos El selecto grupo de profesionales reunido para estu el «caso Llanca» estaba dirigido por los doctores Matas Santos y además de éstos, comprendía a dos psiquiatr un traumatólogo y dos psicólogos. Una de las condicion impuestas para participar en estas sesiones fue que no divulgase el nombre de estos facultativos (aunque pos riormente se supo quiénes eran). Continuemos con la grabación de esta primera sesión hipnosis: S.-Subo con los dos hombres... 'M.-¿Por dónde subes, por la escalera? S.-No, por un rayo de luz... M.......:.Cuéntanos todo laque ves. S.-La pared es como de plomo... plateada... hay u sola ,ventana, redonda... M.-¿ Qué te recuerda lo que ves? S.-Un barco... M.-Descríbeme todo 10 que ves... S.-Hay muchos aparatos, muchos ... dos televisores. una radio. Por uno de los televisores, se ven las estrellas. M.-¿Te hablan, ellos? S.-La radio es la que me habla... 104

",Inado el examen, 1I lo es descendido mediante el haz Pllcto y coherente.

'1 hHObotdeloscaptores de Dionisio Llanca, 1 unleccionado en base 111 tI talles suministrados por él bajo hipnosis.


M.-¿ En qué lengua te habla la radio? S.-¡En español! ... M.-¿Y qué te dice? S.-Que no tenga miedo... que ellos son amigos, vienen desde hace mucho tiempo... M.-¿Te han dicho de dónde venían? S.-Me han dicho que éste era uno de sus secretos M.-¿Han hablado con otros hombres de la Tierra? S.-Sí, desde el año SO. M.-¿ Qué hacen? S.-Quieren saber si nosotros podemos vivir en tierra. M.-¿Cómo es el lugar donde te encuentras? S.-Iluminado... Amarillo... Hay como un arca de ca dales... M.-¿Qué estás viendo, ahora? S.-Estoy mirando al encendedor. Lo guardan bajo mesa, con el reloj y mi paquete de cigarrillos... M.-Sigue contando. S.-La mujer se pone un guante... Negro, con unas m chitas en la palma; se me acerca, me toca... (En este momento de la sesión de hipnosis, Dionis Llanca se lleva la mano a la frente para cubrirse -o, mej dicho, para tratar de cubrirse- el párpado izquierdo. contrae como si le hubieran pinchado en ese lugar, y c en un letargo profundo. Cuando sale de él, lo primero q recuerda es esto:) S.-Caigo, caigo lentamente hacia un recinto. Me h dieho que volverían a buscarme Tengo frío. Llego a carretera y me pongo a andar ¿Quién soy?... ¿QUIÉ SOY?... En estado de hipnosis, Dionisio Llanca reproduce momento de amnesia total que sufrió al despertar en recinto de la Sociedad Rural de Bahía Blanca. A esta primera sesión de hipnosis se sucedieron otr .dos, y una sesión bajo los efectos del pento'tal. Todo cuant dijo Dionisio se registró en cinta magnetofónica durant muchas horas de grabación. Durante cada una de esta sesiones, el joven camionero repitió exactamente el mism relato (como un disco rayado, comenta Fabio Zerpa), si incurrir en ninguna contradicción. Pero es preciso observar que bajo el pentotal administrado por el doctor Smirnoff, fue cuando Llanca reveló detalles complementarios que no aparecieron bajo la hipnosis regresiva. El cuadro de facultativos que examinó durante muchas

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a Dionisia Llanca quedó convencid?, ~e.gún .~o ma-

16 el doctor Eduardo Matas, que DlOms~o. dIJO «su

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Id» bajo hipnosis y narcoanálisis. Diom~lo.L~anca

IIt(~ «todo lo que había visto» con su lenguaje ,hmItado I I misma pobreza de imaginación que. revelo en, ;1~s:~, t a que fue sometido. ~n fars~nt~, por ejemplo, ~u~leFa;,:;

nI Ido de ser más preCISO, de md1car detalles. Hay· una, u\ coherencia interna en todo lo que relató Llanca.: . 'lIando un periodista preguntó al do~tor Santo~ SI hUI a podía haber mentido, és~e c~nt~s!o: «Es pOSIble. I ) precisamente con la hipnosIs, DlOmS1? Llanca .fue so'1 ido a un examen psiquiátrico exhaustIVO. Su VIda fue 1I1Iciosamente analizada, se escrutó pacienteme~te s~ ndo. Y nada indica que nos pudiera haber mentl~o. NI IlIi ra cuando su relato pierde validez, en el sen.tldo .de l' 'mos creer verdaderamente que estuvo en el mtenor I ma nave espacial (los doctores Sant~s y Matas no I ( ( ' n -o entonces no áeían- en los ovms), donde tuvo 111 ontacto con seres extraterrestres.' Por otra pa,rte, el: ,', 11 ,1 i is de la personalidad de Llanca excluye que pueda ser....

I

111 ~imulador.»

'1//11 paración

con otros casos

aso Llanca presenta intrigantes similitudes. con o!ros «clásicos». Especialmente con los casos ~lll Y Villas " IS. Con el primero, las pesadillas .subsigmentes a la I ducción, el «tiempo perdido», la fatlga, etc. Con el setlll lo, aparte de los rasgos generales: la sorpren~e?te afir111 1 'ión ¡de que «ellos quieren saber SI podemos VIVIr en su 1 'ITa»:. el «experimento genético» podía hallarse de~tro de la misma línea de «experimentos» Y de «est~~lOs» de p 'címenes humanos :'aptos para la procreaclOn o la nduptación a ... ¿Udn?-Quizá. ,." Pero hay algo, en este caso, aún mas mt:1gante. La de.s; I li¡ ción de los dos «hombres» Y de la «muJ~r».les p~rec10 ,11' momento a los doctores sacada de un «com1C». Sl~ emhn I'go la morfología de estos seres cuadra marav1llosa11I 'nt~ con la morfología de los «hombres de ,!MMO», t~~ I 1l1l10 ellos la describen en su informe Anat?mza del ~emz~ 1

(flombre) de UMMO comparada con el oemu de la Ttérra,. 1.

El Misterio de UMMO, de Antonio Ribera, Plaza & Janés, S. A.,

I'ltllt~res, ESplugas de Llobregat; 1980.

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Pero h~y otros rasgos «ummitas» en el caso Llanca: po ejemplo, el hecho de que la «mujer» fuese quien mandas Muchas expediciones de UMMO han estado dirigidas po mujeres: YU 1, por ejemplo, la joven que se presentó e Madrid en 1967. Y el último detalle es impresionante e verdad: dijeron a Llanca que estaban en la Tierra desd el año SO. Ahora bien: en sus informes, los ummitas dice que llegaron a la Tierra «en tres naves discoidales», el dí 28 de marzo de 1950. Parece haber en este caso una fusió de elementos que aparecen en otros, y que el pobre Dioni sio Llanca no podía conocer de ningún modo (además, en e psicoanálisis salió que «los platos voladores no le inter saban»). ¿Existirá un «camuflaje deliberado», tras el cas UMMO, que oculte otras realidades quizá no tan agrada bIes? Todo es posible. Fuentes: Phénomenes Spatiaux núms. 40-41-42, 2.°, 3.° Y 4.° trimestres, 1974, reproduciendo un artículo de Roberto E. Torres, publicado en el núm. 444 (24-1-1974) de la revista argentina Gente y la actualidad. Addenda B

El artículo de Roberto E. Banchs titulado «Affaire Llanca»: El gran fraude se publicó en el número 34 (diciembre de 1978) de la revista barcelonesa Stend.ek. Banchs reprodujo este artículo -íntegro, sin quitarle ni ponerle una comaen su libro Los ovnis y sus ocupantes, que vio la luz dos años después, en 1980, y bajo el mismo título (pp. 124 Y ss.). Pero no contento con eso, volvió a la carga en el nú· mero 43 de Stendek, con un breve artículo titulado Más (y punto final) s-obre el «Affaire Llanca». La base de la argumentación de Banchs en este artículo consiste en estos dos puntos: Dionisia Llanca tenía una seria lesión cereo bral que jamás había sido revelada por quienes abordaron el caso apenas ocurrido, y luego, Dionisia Llanca era un «débil mental». La lesión cerebral aludida, según Banchs, le provocaría (cito textualmente) «al lado de los trastornos sensovisuales existen alteraciones psieovisuales... Se ori· gina entonces una ceguera psíquica: el sujeto ve a los objetos, pero no los identifica». Este artículo suscitó una réplica mía, en forma de carta al Director de Stendek (no publicada aún en el momento de escribir estas líneas) de la que entresaco lo siguiente: 108

El investigador argentino Fabio Zerpa (izquierda) Y el aut~r. durante un congreso de Ufología celebrado en Espana.

El cIoctor Srnimoff, médico forense de Bahía Blanca, aplica~do pentotal sódico a Dionisio Llanca.


su ~omento, me pareció que el impresio eqwp? mé<;J.ico que examinó al joven'Llanca era por SI ~~cIente garantía: creo que es el caso de sup abducCI?n de un ser humano que ha sido mejor y exhau~tIvame~te investigado (40 días de investigació S?I'erna, Balúa Blanca, para proseguir luego en Bu Aires: ocho médicos en total, comprendidos los de B ~l~ca). Fue la primera vez que se sometió a narc liSIS (pentotal sódico) al testigo de un caso de esta turaleza. Pero no. Todo esto es «humo de pajas» para el a tecto Roberto E. Banchs, quien se resiste a aceptar el caso Llanca pueda ser ni así de cierto... pese a su dente co~ere~cia ~terna, y a que el joven camio ev~ bajo hipnOSIS una situación «típica» en otras ducc~ones, des?e los Hill al caso inglés de Aveley espanol de. Jubo F. Lo que más me ha hecho creer las abdUCCIones pueden s~r sucesos reales, o sea no g rado~ en la mente del sUjeto, es la ¡impresionante co· dencI~, que todos ellos presentan en lo general p tamblen en los detalles... ' !ero hay más. Banchs dice que Llanca tenía leSIón cerebral. ~ruzada, localizada en el lóbulo occipit y que esta lesIOn creaba «alucinaciones visuales de telleos, bol~s o punt~s luminosos. Al lado de los tras . nos. sensoVl~ual~s -SIgO citando a Banchs- existen al raCIOnes P~ICl;'vlsuales ~sic) ... Se origina entonces ~egu~ra pSlqWca: el sUjeto ve a los objetos pero no IdentIfica». ' ~ero no termina ahí todo... Además el pobre Dioni tern!l un, coefici~n~e intelectual (CI) pobrísimo, lo c haCIa de el un «debll mental», según Banchs. y ahora yo pregun!o: ¿qué país es la Argentina, que .se ~ermIte .a los debiles mentales que sufren adem alucmacIOnes VIsuales, conducir un camión como me para ganarse la vida? ¿Es que Dionisia Llanca, p obte~er su carnet de pnmera (o su equivalente en la ge~tina~ n? había pasado previamente por rigurosos tes pS~COI?~t~ICOS, como es norma en España o en cualqui paIS cIV~ado? Después de esto me lo pensaré dos vec antes de Ir a la Argentina, donde por lo visto los «débil ~ent~les» y personas que «ven a los objetos, pero no 1 IdentIfican», pueden conducir monstruos de diez tone das (convertidos así en verdaderas: bombas rodantes por las carreteras nacionales. El último argumento esgrimido por Banchs el de q LlaI!ca «ac~sa un nivel de psique muy bajo ~omo pa urdIr conSCIentemente por sí solo semejante historia» s vuelve ha~i,a él mismo como un bumerang. l'recisam;nt no la urdio Llanca, porque éste se limitó a archivar

u subconsciente todos los detalles de la misma, que lucgo le fueron siendo extraídos (quiero creer que sin Iransfert de su parte) por el impresionante equipo mét\leo que lo psicoanalizó mediante hipnosis y otros IIlcdios.

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I

(luitecto, a tus tejados. Creo que, además de la clásica tila ibérica», virus inoculado por los españoles a los

IlIlIoamericanos, Banchs sufre una indigestión de textos t11 icos. ¡Menuda bofetada para el equipo médico de FE, que todos estos aspectos psicopatológicos del caso 111 , se los tuviera que .rlescubrir... un arquitecto!

111 addenda sobre el caso Llanca estaría incompleta sin

IIllonar un caso corroborativo (según el ONIFE) o neI'vo (según Banchs): el caso Balvidares. kurrió al día siguiente mismo de la «abducción» de m'a, por la tarde. O sea el día 29 de octubre de 1973, lit . El teatro de los hechos se sitúa en una hacienda 1111 del partido de Leandro N. Alem (provincia de Buenos 11' • en el límite con el partido General Pinto). La hora 111. del suceso fue entre las 17.20 Y las 18.55. De la I I'sligación se encargaron el profesor Omar Demattei, Zerpa y ONIFE de Junín. R 'produzco a continuación el excelente resumen del 11 que publica Fabio Zerpa en su obra (véase biblia-

"o

1\ IIn):

El lunes 29 de octubre de 1973, el señor Carlos A. BalII Ir s, de 43 años de edad, en compañía de uno de sus IIH'V hijos, Manuel, de 12 años, como lo hacía diariamente, I I <'> de su casa para dirigirse hasta el campo de propiedad 1 I señor Jorge Urricarriet, distante 25 kilómetros al nor1 ..,' de ese lugar y en el que ocupaba el puesto de en-

1"A do.media

tarde, Balvidares observó a tres seres que

11111 aban sobre el agua, junto a un molino existente en aquel 1111\1\1:, sin alterar la superficie de la misma: se hallaban 1 111110 suspendidos en el aire, y se encontraban de espaldas t'~1. A todo esto, el testigo se acercó a 80 metros de las

lrañas entidades, dos «hombres» Y una «mujer», y caa llamarlas. Los seres miraron hacia atrás y desal' Irecieron inmediatamente, para reaparecer en la orilla

t

IIH'I1ZÓ

. 111 110


opuesta de la laguna, a unos 300 metros de distancia. Ca señalar que el testigo no logra explicarse la forma de tr lación instantánea desde el lugar donde los vio la prime vez hasta el mencionado en último término. Balvida miró su reloj: eran las 17.20 horas. La «mujer» mediría de 1,60 a 1,65 metros de altu Estaba totalmente vestida con ropa de color negro; cabello, que era también negro, al moverse se advertía q era largo, y llevaba unas botas blancas que terminal) con una especie de aletas que se abrían hacia los costad en forma de abanico. Los «hombres» eran un poco m bajos que la «mujer», destacándose esta diferencia al est los tres juntos. Éstos tenían exactamente la misma altur parecían desnudos, como «engominados», con un color q semejaba el de la piel humana al estar tostada por el so El testigo no descarta la posibilidad ~e que los «hombres llevaran trajes enterizos y bien ajustados al cuerpo. cabello de los «hombres» era rubio y también parecía «e gominado»; en los tres se destacaban la tez blanca, la frent ancha y la nariz pequeña, y se trasladaban con los brazo y piernas «pegados» al cuerpo. Al divisarlos nuevamente, Balvidares también pudo o servar, en el mismo sector donde se localizaban las ent dades, a 20 m del tendido eléctrico 1 y posada sobre e suelo, una luz potentísima, que procedía de un objeto d forma rectangular de aproximadamente 5 a 6 m de diám tro y con una elevación de 2 a 3 m. Del centro de dich objeto salía una especie de haz luminoso de unos 40 cm d diámetro (comparable con el producido por el proyecto de un cine en la oscuridad), que llegaba hasta su posició y lo cegaba, produciéndole cierto calor. Balvidares, cuya intención en todo momento fue la de ponerse en contacto con los extraños seres, tomó su caballo y se introdujo en la laguna (que tenía mucha agua en aquella oportunidad), rumbo al lugar donde se encontraban las entidades. 1. Confiuyen en este caso (como también en el caso Llanca), algunos de los elementos o «pautas de comportamiento» que, según Fabio Zerpa, suelen acompañar a los casos de CE 111 (contacto cercano del tercer tipo): agua (riachuelo situado al lado del camino en el caso Llanca; laguna crecida por las lluvias en el caso Balvidares); tendido eléctrico en ambos casos, y, en tercer lugar, ferrocarril (que discurría junto a la carretera en el caso Llanca; representado por un ramal del ferrocarril del General San Martín en el caso Balvidares, que cruza a poca distancia la finca del señor Uricarriet). Faltaría en el caso Balvidares un cuarto elemento, representado por una masa boscosa, presente en el caso Llanca, Aunque es evidente que hay muchos casos de CE II! sin los elementos citados. la constatación no deja de ser curiosa.

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Pero al av~nzar:,los sere~ trataban ,de alejarse, espe mente en. dIrecclOn al OVnI. El testigo sólo consiguió rrer la mItad del trayecto (hasta aproximadamente 15 de 'las entidades), donde una especie de barrera invi le impidió seguir adelante. El caballo no le obedeció pese a sus denodados esfuerzos para que continuara a z~?o. En vista de esta situación, Balvidares regresó y guIo tomando mate, mientras los seres desarrollaban ex ñas ~ctitudes a 30 o 40 metros del aparato. . SIempre con los brazos pegados al cuerpo y las pie , Juntas~ se trasladaban de un punto a otro por medio pequen.os sa!tos. La «mujer» parecía dirigir a los otros seres; Iba SIempre delante, y cuando levantaba un b (ap.enas lo despegaba del cuerpo), uno de los «hombres» alejaba unos 30 metros, se detenía y en seguida se com caba con !os otro~ ~os por medio de un extraño lengua, una espeCIe de chillIdo, como el sonido producido por radio mal sintonizada, que a pesar de que hacía un p de viento se oía nítidamente. Luego se agachaban los t pa~ecía como si hicieran rayas en el suelo y adoptaban o sene de raras posturas, ininteligibles para el testigo. Algo llamó la atención a Balvidares: una cerda que taba encerrada en un chiquero situado junto a él, lue de saltarlo de una manera inhabitual, huyó rápidamen d.el .l~gar. Fue entonces cuando el testigo repentinamen smtIo un olor a azufre.2 En seguida, una especie de sue y sopor lo invadió por unos instantes; cuando se repus ya no se veían ni los seres ni la luz que por espacio de m de una hora y media habían acaparado su atención. Er exactamente las 18.55 horas. Tanto la cerda que se halla den~ro del chiquero cuando se retiraron los seres y OVnI Y en el momento de percibir el testigo el olor a como algunas ovejas que habitualmente eran encerradas 2. El ex jesuita galaico-puertorriqueflo Salvador Freixedo dice en obra suya (El diabólico inconsciente) que el olor de a.zu:tr'e asociado ve.ces con ate~rizajes de ovnis no indica sino que éstos son el demo (~IC). Podrla, mvertirse la oración -por pasiva. y decir que muchas a rlClOnes medievales del Maligno no eran más que aterrizajes de ovn Esto. m~s .los pequeños humanoides. dieron quizá lugar a toda una mi logia cristiana del Diablo. ¿Por qué no? Hay representaciones de Sat (yo. tengo una muy cerca de mi casa, en Santa María de I'Estany), e caPIteles y templos r?mánicos y góticos, perfectamente identificables cOIl los a?tuales «h~manoldes» ocupantes de los ovnis. En la Edad Media, I IgleSia .tend:la mterés en echar agua a su molino presentando estos ca801 c?mo diabólicos. ante su grey temerosa e ignorante. Además, da observa. cI?n de... olo'res de azufre. proporciona más evidencia de acción eléc. trlca». (Informe Condono p. 737.)

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lugar, a partir de ese día no quisieron entrar al mismo, a los esfuerzos realizados por Balvidares.

limo señala acertadamente Zerpa, resulta evidente que el Balvidares del 29 de octubre de 1973 presenta íntimas Iliones con el ocurrido en Bahía Blanca a Dionisia I Inca un día antes, es decir, en 'la madrugada del 28 de lubre. s conveniente señalar que General Pinto se encuentra linos 450 km a vuelo de pájaro (o de ovni) al norte de lhía Blanca. Sus coordenadas geográficas son: 34° 45' S, l° 54' O. En ambos casos eran tres los extraños seres: dos «hom11" » y una «mujer». Si bien en el caso Llanca los tres I In rubios, en el caso Balvidares la mujer tenía el pelo 111 gro. O bien tuvo tiempo de teñirse ~l pelo, (cosa rara, JlII 's los fines de semana las peluquenas est~n cerradas, 111 'luso en la Argentina), o bien era «otra mUJer». En a~­ hus los «ovninautas» se comunicaban mediante un extrano h uguaje que tanto a Llanca como a Balvidares les recordó \lila radio mal ajustada. Dice Zerpa que «la posibilidad de que Balvidares se hay~ In pirado en el caso Llanca... queda descartada, ya que SI hl'n su caso acaeció el lunes día 29 de octubre y el de IIlhía Blanca el día anterior,' Dionisio Llanca no recordó lo ocurrido hasta el martes 30». Pero aquí aparece de nuevo Banchs, en su papel sempit¡'l'no de «tío Paco con la rebaja», para decir que no, que \' e mismísimo día lunes 29, ya habían aparecido en los diarios del país (... por ejemplo La Razán ... ) las p~e7~s 'rsiones del caso Llanca, que ya indicaba la descnpclOn d' las entidades ... » (Los ovnis y sus ocupantes, p. 144). De acuerdo. PERO ME APUESTO UN TUBO DE NtOUEL DE SANTA MÚNICA, SE&OR BANCHS, A QUE IIALVIDARES IGNORABA EL «DETALLITO» DE LAS VO'ES RADIOFúNICAS DE LOS OVNINAUTAS ... porque I'SO sí que no lo había publicado la prensa argentina... por la sencilla razón de que salió mucho más tarde a la luz, durante las sesiones de hipnosis. ¿O no? ¿O también tiene IIsted respuesta para eso? En sus deseos de hundir todo 'uanto se relaciona con el que usted, elegantemente, llama '1 «affaire Llanca», a veces se pasa, y mucho. 115


Es~oy pues de acuerdo con el investigador Ornar R. D

¡\VELEY: ABDUCCIóN .EN EL GRAN LONDRES

mat~el, cuando le dice, en la carta que le escribió des

Jumn con fecha 25 de febrero de 1978, lo que transcri a .continuación: 1. La exhaustiva investigación in situ del caso Bal dares (duran~~ un mes eI!' ~l lugar de los hechos) arroJ como concluslOn la autentIcIdad del mismo. 2. El caso Llanca sucedió el 28-10-73 y el caso Bal dares el 29-10-73. Son varios los puntos en común q poseen ambos casos: en los dos eran tres seres: 2 «ha bres» y 1 «mujer». En ambos las entidades se comuni ban por medio de un raro lenguaje, etc. (Para añadir más adelante): Sin duda las extraordinarias coincidencias entre b~s, práctic~m~nte únicas en casos de contactos (en lI.lIsma prOVInCIa, a un día de diferencia), hacen imp sIble que podamos desconocer las íntimas relaciones e tre ~m~os. Por lo tanto, si uno de los dos es consideraá autentlco, el otro no puede dejar de serlo.

10 S que no suceden casos de abducción en Europa?», II'/'untará más de un lector. «Hasta ahora, Antonio Ri11 nos ha relatado más que casos norte y sudameri1,»

" 'n Europa también tenemos casos de abducción. lenemos millares de observaciones de ovnis, cientos II'.OS de «encuentros cercanos del tercer tipo». Toda la IIllplia del fenómeno ovni», como dice Bertrand Méheust 1II refiriéndose a la extraña aparición de ovnis y huloldes avant la lettre en oscuras obras de ciencia-ficción I II n ipios de siglo- está presente en Europa. AbducI Incluidas. I t ho a la gentileza de Andrew Collins poder relatar aquí ,11'I1S0 el notabilísimo caso de abducción de Aveley, 110 'nte desconocido en nuestras latitudes. Andy fue el 111) ,,1 investigador del caso -que aún no está cerrado, rribía en carta reciente-, y a él se deben la serie de ',"los publicados en la Flying Saucer Review, vol. 23, JI l (abril de 1978), y vol. 24, núm. 1 (junio de 1978). I l' caso, el más importante, probablemente, de todos I ¡ISOS británicos, según Collins, .sucedió en el otodi' 1974, pero no fue sacado a 'la luz hasta agosto de , E to sólo ya le confiere cierto parecido de entrada 1 t laso Hill. Tuvieron que transcurrir casi tres años 111 que los testigos decidiesen «quitarse de encima» aquel 1I q le les agobiaba, y relatar aquel incidente que, según I 111, ) s ocurrió una noche, mientras circulaban en auto1 ·11 por carreteras rurales cerca de la población de Ave,111 Essex, tan sólo a 13 millas (casi 21 km) de la ciudad 10llclres, dentro del área que hoy se conoce por Gran lel

Opinión que suscribo. ¿ Y .si dejásemos de discutir ace ca del sexo de los ovninautas y pasáramos a otro caso Creo que el paciente lector nos lo agradecerá.

llltil'

1" 116

's. preciso mencionar otro punto de contacto con el 117


caso Hill: también se trata de un eviaje interrumpido llegar a su casa, los testigos del caso constataron qu faltaban tres horas: es decir, que habían llegado tres h más tarde de lo previsto, sin que supieran de mom dónde habían estado en aquel tiempo. . Había que ir, pues, a la recherche du temps perdu. esto se tendría que encargar Andrew Collins, con la a de los doctores Leonard Wilder y Bernard Finch. Collin enteró de la existencia del caso hablando por teléfono un colega suyo, perteneciente a un grupo ufológico 1 ·en agosto de 1977. Su colega le dijo que una person .Aveley se había puesto en contacto con su grupo unos m .antes, para comunicarles que después de ver un ov noche desde su coche, había encontrado una «niebla» v ·en la carretera. Luego, al llegar a su casa, se dio cuent ,que le faltaban tres horas. Hasta entonces, los intentos de los miembros del g :por entrar en contacto con aquella persona habían infructuosos. El amigo de Collins dio a éste el nom dirección y número del teléfono del testigo en cuestión, si quería él encargarse del caso. Sin pérdida de tie Andrew Collins llamó a dicha persona, quien le citó e 'casa de Aveley (Essex) para el día siguiehte, doming rde agosto de 1977. Collins invitó a acompañarle en :primera entrevista a su colaborador en investigaciones 'campo, Barry King. Al día siguiente y a la hora convenida ambos inves 'dores se presentaron en la casa de Aveley, un típico ca ge inglés casi completamente aislado de otras casas. contraron allí a la familia Avis,! una faniilia completam :normal, compuesta de personas sencillas y cordiales, rcas del East London. La familia estaba formada por Jo ,de 32 años, su mujer, EIaine, de 28, y sus tres hijos: Ke ,de lO, Karen, de 11, y Stuart, de 7 (edades, naturalme 'en agosto de 1977). Como Collins y King habían de sa rcon estupefacción, al parecer se trataba de una abduc rde toda la familia, ·coche inclusive. Pero no adelante los acontecimientos. ~. John y EIaine eran naturales de Stratford, localidad East End londinense. John había estudiado en la esc secundaria de Forest Gate, pero no estaba muy satisfe con la educación recibida. Abandonó la escuela a los qui l. Sus verdaderos nombres son John y Sue Day, pero aqui seguire ''empleando los seudónimos de John y Elsine Avis, utilizados pOr Co ·en laF8R.

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para aprender un oficio. Como tenía gran aptitud para manuales, estuvo cinco años como aprendiz ,'urpintería y construcción. Desde entonces, John tuvo de treinta empleos distintos, casi todos ellos relacioIlos con la carpintería y la construcción. Además de su hijo diurno, John había sido disc-jockey por las noches. que más le interesaba era la construcción, y tenía un "Iritu muy creativo e independiente. Le desagradaba 111'1' que someterse a trabajos con horarios fijos. l' 'se a las deficiencias que presentaba su educación, hu era un hombre muy inteligente, con ideas muy claras Il'linidas sobre diversos aspectos y cuestiones de la vida. pI' saba sus conceptos y sentimientos con claridad, y I kndo gala de un vocabulario muy amplio, sin perder I '!lo su acento, su humor y sus opiniones, propias de IOlldinense típico. Aborrecía la burocracia, los esnobs y li os. En cuanto a su esposa, EIaine, Collins y King la enconIon una mujer tranquila y reposada. Pasó por una esI 11 superior femenina, de la que salió a los dieciséis años 111 uceptar un empleo de contable, que había dejado once 11 atrás para casarse. A partir de entonces se convirtió tina mujer consagrada totalmente a su hogar, su mariy us tres hijos, muy activos y llenos de vitalidad. I rabajos

I

bada 27 de octubre de 1974, John, EIaine y los niños a visitar a los padres de EIaine, que vivían en Harold 111, también en Essex. Como había que pasar a recoger Illle, hermana de Elaine, a la escuela, John y su suegro 1 I 011 a buscarla en coche. Anne había ido con las demás I 1.' de la escuela en un viaje organizado a Bélgica, y IIl1que tenía que estar de vuelta en el colegio a las 5 de la Id', se retrasó y no llegó allí hasta las 9. Esta demora no IIltó conveniente para John, pues quería estar de vuelta 11 'u casa a las diez y veinte de la noche, para ver una 11111 'dia que daban a esa hora en la televisión. J) pués de llevar a Anne a su casa, la familia Avis 1111 I i6 de Harold Hill alrededor -de las diez menos dIez de n noche. Esto les daba tiempo suficiente para llegar a casa 1'1' la comedia, porque el viaje no les requeriría más de lite minutos, en circunstancias normales. Tomaron en111m

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tonces por la ruta más directa, al sur de Hornchur siguiendo Hacton Lane. La familia Avis viajaba en su coche, un automóvil bl marca Vauxhall y modelo Victor Estate. Dos de los n' ~aren y.Stuart, iban dormidos en el asiento trasero. Ke Iba despIerto y mirando por la ventanilla. Hacía buen ti po, una herm~sa noche muy clara, seca y de temperat suave. La radIO estaba sintonizada a una -emisora lo ,que daba un~ entrevista, John comentó que le extraña ~a poca densIdad de tráfico en Hacton Lane, Habían Jada la pob~ación de Hornchurch cosa de una milla (1 me~ros) atras y seguían en dirección al sur. A su izquier teman alguna que otra casa con terraza, y campos bord dos por altos setos a su derecha. De pronto, Kevin llamó la atención de sus padres ha una luz que veía por encima de las casas. Volviéndo John y EIaine pudieron ver, a unos 25 o 30 grados de alt sobre el horizonte, una luz de un azul pálido iridiscente forma ovalada, semejante a una «gran estrella» sobre casas de su i.zquierda: Aquella posición corre~pondía oeste.. ~o pudIeron estImar la distancia entonces, pero 1 parecIO que no estaría a más de 500 m, aunque es preei o?servar que estas apreciaciones subjetivas de distanc' sm puntos claros de referencia son siempre muy arri gadas. La «gran estrella» parecía viajar en la misma direcei que el coche, y lo «acompañó» hasta un lugar de la car tera d?nde ésta recibe ya el nombre de Aveley Road. Al despues de un repecho, la carretera desciende bruscame te, y los Avis dejaron de ver a la «estrella». Con toda ho radez hay que. observar aquí que existe la posibilidad que lo que hubIesen estado viendo los testigos fuese Venu por la posición señalada y a causa de un efecto óptico no mal,. que ~uchos automovilistas habrán observado. Al s la dIst~nc~a. de Venus -o Júpiter, o la Luna- práctic ~e~te l1!flmta respecto al observador, éste ve correr mu rapIdament~ hacia atrás los árboles y casas del borde de 1 carretera, ~u,e están muy próximos, mientras Venus -o 1 ~una, o Juplter=-. parecen correr también, pero acomp n~ndo al auto~ovl1, Con esto no pretendo decir que lo qu VIeron los AVIS fuese uno cualquiera de estos astros menos teniendo en cuenta el desarrollo ulterior del inei dente- pero es una posibilidad que, honradamente, n pU,ede descarta;se. La po~a altura sobre el horizonte, ade mas, aumentarla el tamano del astro por refracción a tra

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l' las capas más bajas y densas de la atmósfera, va\11 asimismo su coloración. 1() igamos relatando el incidente, pués de coronar el repecho, la carretera dobla hacia 1 11' 'ha. Siguieron por ella cosa de una milla más, hasta " a una nueva curva a la derecha. En el momento de IIU 1:1 a 30 millas por hora (unos SO km), todos tuvieron 'l1sación terriblemente angustiosa. El único sonido l' oía era el de la radio. Así que salieron de la curva, 1 pués de rebasar unas casas con terraza que tenían 11 d 'recha y un camino rural entre setos a su izquierda, " vieron, a menos de 30 m por delante y de parte a h de la carretera, una espesa «niebla», o «gas», o 11111::1» (fog). Era verde, muy espesa y formaba como un 111 de unos 2,50 m de altura (8-9 pies). Por el lado iz1 lo limitaba con unos tupidos arbustos, mientras por ''''1' 'cha parecía descender en una suave curva hasta el le 1, detrás de la línea de árboles muy espaciados que hIn aquel lado. La parte superior del muro de niebla plana, y.su parte inferior tocaba el firme. que los ocupantes del coche vieron la niebla, la radio 1I1 1l 'z6 a tener interferencias Y a humear, y John entonces ti 's onectó. Todas las luces del automóvil se apagaron, • l' se metió en la niebla, a la velocidad antes indicada \O millas. EIaine recordó que el coche se bamboleaba I"\tonlamente cuando la niebla los rodeó; era una niebla IIIY distinta a cualquiera que hubiesen encontrado antes, I "11 s, como ingleses, eran «expertos» en nieblas! Los vidrios de las ventanillas estaban alzados, Kevin hnbía puesto de pie en el suelo del coche detrás de sus IIdl' 's, y los otros dos niños seguían dormidos. El interior " In «niebla» era muy luminoso, y los tres ocupantes des1 I Ilos del coche sintieron mucho frío. También experi1II'IIIarOn un curioso hormigueo. Reinaba un silencio de 11111 'rte. Pero todo se hizo nebuloso, y no podían recordar III,da más ... ni siquiera si el coche seguía moviéndose. I'.lsados lo que les parecieron un par de segundos sola1111 lile, salieron de la niebla. Al mismo tiempo sintieron una 111 1I \ida como cuando un automóvil pasa por encima de 1111 puente rural con cresta en medio». Acto seguido la 1I 'bla desapareció. Según John, el coche se encontraba I1I1 nces media milla más adelante (800 m) en la misma I ,,'retera que seguían. En el recuerdo de John, este mo111 'nto es muy confuso, pero aseguró que estaba plena111 'nte consciente y al volante del coche, que entonces

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circulaba a través de un bosque llamado White Post W Los primeros recuerdos de Elaine se sitúan cosa de m milla más adelante, poco después de pasar un puent y en otra zona de bosque conocida por el nombre de ning Water Woods. Ambos dijeron que el frío ya había cesado y qu coche funcionaba normalmente, excepto la radio, que guía desconectada. No tenían la mente muy clara mien seguían hacia su casa, pero sí recordaban que Kevin tinuaba despierto, y los otros dos niños dormidos. El recordaba vagamente que la luz interior del coche es encendida, y también que preguntó: «¿Estamos to aquí?» John y Elaine pensaban que hablaron de la nie pero no lo recordaban claramente. Ambos estaban nerviosos y asustados, aunque no hubo efectos desagr bIes posteriores.' Al llegar a su casa, John volvió a conectar la radio coche, y comprobó si funcionaban las luces. Karen y St .seguían dormidos, y sus padres los subieron en brazos dormitorio. Entonces Elaine quiso ver la hora, y se alar mucho, porque el reloj, que tenía que marcar aproxi damente las 10 y veinte, indicaba la una de la madruga Esto también preocupó mucho a John, y además le gustó, porque se había perdido la comedia televisada. E ne creía haber telefoneado al servicio telefónico de la ha pero no podía asegurarlo. Comprendieron entonces que había tres horas perdi para las que no encontraban ninguna explicación. tenían ni la más remota idea de lo que había ocurr.ido aquellas tres horas. Llegaron a la conclusión de que ro les valía olvidarlo, y no volver a mencionarlo jamás. Pero no habían pasado aún veinticuatro horas, cuan el extraño incidente volvió a ser mencionado. Elaine tel foneó a su madre al día siguiente, y entre otras cosas habló de la «luz» y de la niebla verde, pero no de las tr horas perdidas. John tenía que haber ido a trabajar al siguiente, pero resolvió no ir, pues permaneció en la cam hasta las once de la mañana. Los únicos efectos apreciable en John y Elaine era un gran cansancio, lo que por ot parte ya era de esperar. Los tres niños fueron a la escuel como siempre, y parecían hallarse tan campantes.

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Boceto de la niebla verde hecho por John en 19n. (Foto: Parasearch. 1978.)

John y ..Elaine» (John y Sue Day) en el lugar donde ocurrió el encuentro de 1974. durante las investigaciones hechas en 19n. (Foto. Parasearch. 1978.)


¿Posibles consecuencias del incidente?

IIne lo que pudiéramos llamar una viva consciencia ica. Creen que el hombre está destruyendo el medio Ihi 'nte, por mala utilización del mismo y por la conta· 1\.\ ión. Y si el matrimonio gustaba de tomarse «unas pll:.\ » de vez en cuando antes del incidente, después del I 1110 apenas si prueban el alcohol. Sólo en ocasiones 1'1' ialísimas se permiten alguna copa. l' o antes de las Navidades de 1974, John, que hasta 11111 es había fumado de 60 a 70 cigarrillos diarios, dejó pI" nto de fumar. No ha fumado ni un solo pitillo desde 11111 es, y le molesta el olor del tabaco. Elaine no había llllldo nunca. Tanto John como Elaine piensan que la gente usa y 11 '\ de los médicos y de las medicinas. Ellos han dejado I marlas completamente. Ni siquiera aspirinas. Sólo 111\ s tabletas de sales. Esto es todo. I'u den apreciarse otros pequeños cambios en John, IIn Andrew Collins. Uno de ellos es una personalidad ruerte y una actitud más persuasiva. Por otra parte, hl\ vita todo impulso de gritarles a sus hijos, hablándo1'mpre suavemente. II!

Después del extraño incidente, varios cambios notabl registraron en todos los miembros de la familia Avis. que quienes más los acusaron fueron John y Elaine hijos también los manifestaron. Además de esto, empe a pasar «cosas raras» (desapariciones de objetos, pu que se abren y se cierran solas, olores comO' de «e go» que de pronto llenaban la casa, etc.). Los datos siguen proceden de varias entrevistas realizadas po drew Collins a los testigos. de agosto a diciembre de Poco después del incidente, John sufrió una depr nerviosa sin causa, .aparente alguna. Debido a ello, tuvo que dejar su empleo y no volvió a trabajar has mes de setiembre del año siguiente, 1975, en que le un trabajo «caído del cielo». Era algo que deseaba hacía años. Consistía en trabajar con subnormales. sentía por entonces con mucha mayor confianza en sí mo, pero eso acaso se debiese a que ya se había rep de su prolongada depresión nerviosa. Mantuvo su e hasta julio de 1977, en que lo dejó por diferencias c gerencia. A partir de entonces se dedicó a trabajar p cuenta en una labor creadora, con la esperanza de carrera como profesor de artes y oficios. Ya partir de noviembre de 1974, John empezó a ese poemas sobre la vida, sigUiendo la inspiración del mom Elaine también adquirió mayor confianza en sí mi y a partir de setiembre de 1975 empezó a asistir a c en la universidad, algo que había ambicionado du toda su vida. En cuanto a Kevin, que estaba bast atrasado en la escuela, mejoró de pronto y se convirti uno de los primeros de la clase. A raíz del encuentro, John, Elaine, Kevin y Karen jaron de comer carne, y en la actualidad ni siquiera so tan su olor. John y Elaine se toman muy en serio est titud, pues opinan que no se deben matar a los allÍ para comérselos. Ambos (yen especial J ohn) se esfue por convencer a quienes les rodean para que aband sus hábitos carnívoros. Stuart es el único miembro d familia que sigue comiendo carne. J ohn y Elaine ad que en ciertas ocasiones han llegado a probar ca pescado, pero su simple sabor les pone ahora enfe También tienen mucho cuidado en no ingerir alime que lleven colorantes, aditivos u otras sustancias arti les. Su cocina es prácticamente naturista. A esta actt

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entorno de la pareja se produjeron, después del incialgunos sucesos de corte típicamente «keeliano»; di' ir, de los que gusta de reseñar el escritor norteame· 111 John Keel, gran investigador de lo insólito. John y 1,,111' hablaron a Collins de extraños seguimientos a 11 lita de tres automóviles, siempre los mismos; de la Ipll' ta «vigilancia» a que se les .sometía desde otro coche ¡lIcado frente a su casa; extrañas llamadas telefónicas, 11 C1,ue hubiese nadie al otro extremo de la línea; una pll" ción jadeante oída mientras Elaine hablaba con otra lila por teléfono, como si alguien estuviese escuchando 1I.\Inada, etc. 'Ina noche no precisada de 1975 o 1976, Kevin asegura 111 vio a un «hombre» de pie junto a su cama, vestido de I IS . Recuerda que iba todo de blanco. No se acordaba , 111. S detalles. 1\1 "

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Conocimientos ufológicos de la familia regresión hipnótica apuntan hacia John y Elaine, cuando eran novios, vieron un ovni de una playa de Essex. En 1968, yendo e~ coche con otra,s personas, John vio su segundo OVUl... que prov?co colisión en cadena de varios coches en la autopI~ta cuando varios automóviles se quedaron de pron~o sm lu y con el motor parado, a consecuencia de ~ posIble «efe EM» (electromagnético) causado por el ovm. y poco antes del memorable incidente del. 27 de oc bre de 1974, yendo John en su coche P?,r la ~sma Av . Road donde aquél se produjo, vio un aVlOn de lmea segw por un enorme cilindro plateado mate. Natur~lmente, es pocas «luces en el cielo» espolearon ~asta CIerto p~to curiosidad de la familia por el tema. Sm emba:go, mn , de sus miembros había leído libros sobre ovms o ~eno nos relacionados con ellos, antes del incidente. VIeron programa Out of this world (Fuera de este mun~~¿, p sentado por la BBC por su primer canal de televlsIOn, mayo de 1976. Este programa mencionaba un encuen que tuvo lugar en Winchester poco antes, y u~a charla cargo de Charles Bowen, director de la FlYl~g. Sa~c Review, en que éste relató el famoso c~so de An.t?mo VII Boas. Ambos podían ser la fuente de mformac~on, aunq luego, al exponer detalladamente el caso AVIS, verem que esto es muy improbable. .. ., . Unos cuantos años antes, la famIba tamblen .VIO programa en el que se exponían las teorías d~ Ench ~ Daniken. En diversos momentos de la entrevls.ta, Coll preguntó a ambos cónyuges si conocían la Flymg .Sa~c · 1a BUFORA (British UFO Research R eVlew, HillAssoclatlo 1 ui el caso Adamski, el caso de Betty y Barney , o cua q otra publicación ufológica periódica.. A tod?, ello contes ron negativamente. Collins sacó la Imp~es~on de que s conocimientos sobre el tema eran muy lImItados. y con posterioridad a la entrevista, y hast~ la ~echa la publicación de la misma (1978), John no habla leIdo na sobre ufología, salvo hojear algún número de la FSR, pe de manera muy superficial.

las primeras entrevistas, Collins preguntó a la .,i habían tenido algún sueño raro o recurrente des. IIc' u experiencia. Ambos respondieron afirmativa. l. ello dio a los investigadores los primeros atisbos CIU' pudo haber ocurrido durante las tres horas «~pero . Tenemos aquí otro rasgo común con el incidente 11ft'

In

,1111 declaró que recordaba algunos «tlashes» de sueños 1 .Iros. Lo primero que dijo es que recordaba que lo 111 operando, o «algo parecido», unos «gnomos» o p queños y. feos». Otro «tlash» que tuvo se refería lIi 'n que le tocaba las cicatrices del pecho y que le tliversos tests. lnlnc, por su parte, dijo que recordaba un «sueño,) lt' ~c veía tendida sobre una mesa plana y ancha, como IIn quirófano. Se sentía incapaz de moverse ni de 111. De pie junto a ella había una «persona» de pequeña IIII'U cubierta por una bata blanca. Esto era todo cuanto In l' 'cordar. 11) i¡p.portantes «destellos», junto con lo que sabían 11 «viaje interrumpido» y de la niebla verde, indujeron Ilíos y King a buscar el concurso de un hipnólogo, "" 'ctuar unas sesiones de regresión. Charles Bowen , 1 su disposición el cuadro de asesores de la Flying ,'r Review, entre los que figuraban varios médicos. El tiC} resultó ser el doctor Bernard E. Finch, que ejer. In medicina general, quien se puso en contacto telefó. c un Collins para decirle que el hipnólogo sería el docI.c' oard Wilder, un odontólogo y cirujano que durante 1 • años había utilizado la hipnosis para investigar la 11.lroación. El doctor Wilder había escrito un libro 1I 'ste tema en colaboración con el parapsicólogo Peter wood, titulado Lives to remember (Recordando otras ./ J, publicado por Robert Hale en 1975. ( tI/lios se puso de acuerdo entonces con el doctor Wil1 pIra celebrar una sesión de hipnosis en la residencia I ductor Finch, el sábado 25 de setiembre de 1977.

"1

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La segunda entrevista

IOsi , y durante las numerosas entrevistas que siguieron \1

Tras la primera entrevista, quedaron muchas pregu sin contestar y muchos cabos sueltos, y Andrew Ca consideró necesario celebrar otra entrevista con los antes de la sesión de hipnosis. Esta segunda entrevist celebró el lunes 19 de setiembre. Después de repasar lo concerniente al viaje y la niebla, junto con otros pu particulares, Collins abordó de nuevo el tema de los su que habían tenido John y Elaine. Ella dijo que a la sazón recordaba más cosas, y nifestó que se acordaba de haberse visto a sí misma, ac pañada de John y Kevin, los tres de pie ante un autom azul. Se encontraban los tres en una enorme habita de paredes curvadas, a lo largo de las cuales descen unas «vigas». El coche en cuestión se hallaba sobre . plataforma, frente a la cual le pareció ver maquinaria, poco a la izquierda. Caminando alrededor de la maquin había varios hombres que llevaban trajes grises de pieza, algo así como monos o buzos de trabajo. Rec luego haberse trasladado a una pieza, donde estab «mesa de operaciones» que había descrito antes. En habitación estaba una «persona» pequeña y fea. Cuando Collins se repuso de la sorpresa que le prod esta nueva y valiosa información «caída del cielo», p a Elaine que hiciese un dibujo de uno de los seres estaban cerca de la maquinaria, de la gran sala donde taba el automóvil, y de la pieza de la mesa. Mientras estaba dibujando al ser de la maquinaria, John, que h guardado ~ilencio hasta entonces, se arrodilló junt Elaine y le dijo que no había dibujado bien los brazos y piernas. Tomando entonces el lápiz, dibujó lo que él d que eran los brazos y las piernas correctos. Collins le guntó entonces cómo podía saber el aspecto que tení personaje de un sueño de Elaine, a lo que él cont que, después de oír lo que había dicho ella, a él tambié parecía recordar que había estado tendido en una «m de operaciones», con seres muy altos a su alrededor. cIaró también que estaba seguro de que le habían most todo el lugar, y de que le habían dicho muchas cosas. Después de varias horas de paciente labor, Collins tuvo un relato bastante coherente de John y Elaine, ace de todo cuanto podían recordar del sitio donde habían tado. Aun así, esto no fue más que una pequeña p de 10 que había de surgir a la luz durante las sesiones 128

'·llas.

l'

iones de hipnosis

IlIn te la primera entrevista sostenida con Collins y King, 11 se mostró de acuerdo en dejarse hipnotizar, pues Iba saber qué le había ocurrido durante aquellas tres perdidas. Prefería saberlo a sentirse intrigado durante ~Io de su vida. Elaine, en cambio, dijo que no quería 111'1 '[se a hipnosis, pues en realidad lo que deseaba era hl.lr todo aquel asunto. Efectuar una regresión a Kevin ha fuera de lugar, porque sus padres no querían que el o supiera lo que le había pasado, ya que ello podría IIllatizarlo para el resto de su vida. Collins se mostró Irllente de acuerdo. In total hubo tres sesiones, distribuidas a lo largo de 111 's, John se presentó solo a las dos primeras sesiones, JI tercera asistió Elaine como observadora. primera sesión tuvo lugar el domingo 25 de setiemd' 1977. Cuando Collins pasó a recoger a John por su , ste estuvo a punto de hacerse atrás. Finalmente ac110 a acompañarlo a casa del doctor Finch. Allí se hah In presentes éste, el doctor Leonard Wilder Gordon 11 11 ton y sus respectivas esposas, más Barr,y King y, Illl'nlmente, los dos recién llegados, Collins y Johil Avis. dllctor Wilder empezó llevándose a John a una habita11 lel primer piso, para que le relatase todo el incidente. lo seguido se les reunió el resto del grupo. John fue llOLizado tres veces. En ninguna de ellas se le hizo «regre1 • El hipnólogo llevó a cabo por dos veces un ejercicio Il'vitación del brazo. El doctor Wilder terminó entonces n;ión, .declarando que Johil era un eXicelente sujeto IlIótico. unque no se le hizo a John una regresión, éste pareció lII' lar algunas extrañas impresiones mientras se hallaba III hipnosis. Dijo que veía un gran objeto azul de forma I IIlar con un revestimiento sobre el mismo, y dos brazos 11 piedras fuera de él. Tuvo también la impresión de ver 1111 «caballero» (sic) con un tocado al estilo árabe y sos11 endo una luz roja circular. Detrás del «árabe» se visIIl1braban unas montañas. En cuanto al incidente en sí, lo recordó con más detalle. 110 primero que se veía a sí mismo y a su familia yendo

l'

',1

~-SECUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES

129


• en el coche, y oyó decir a Kevin: «Hay hJmo.» Ento , Elaine dijo: «La radio se quema.» John añadió que, e ces desconectó el aparato, y después de esto su ment contraba un blanco. Otra impresión: él se encontrab el coche y percibía color verde a todo su alrededor: L un rayo blanco atravesaba la niebla verde. Seguram esto ocurrió cuando el coche se encontraba ya' en e terior de la niebla. Esto es todo cuanto se pudo recoger en la pri sesión. La segunda se celebró el 2 de octubre. John se most menos tenso que en la primera. A esta sesión asisti • todos cuantos participaron en la primera, con la excep de Barry King. Después de poner a J ohn en trance nótico, el doctor Wilde efectuó el acostumbrado ejer de levitación del brazo. Después de esto, regresó a J a 'su infancia, haciéndole detenerse en los 13, los 11, 1 y los 3 años de edad. Cada vez, la voz del sujeto son más infantil. Llevó entonces a John más allá de su pr vida, haciéndole revivir un tiempo en que era otra pers Ello hizo perfectamente, reviviendo una época del siglo Después el doctor Wilder lo trajo de nuevo al presente, pidió que reviviera «... la experiencia que había tenido 1974 cuando volvía en coche a casa con toda su fam ocasión en que encontraron una niebla». A continua siguen unos extractos de la grabación que se hizo dur aquella segunda sesión. MÉDICO.-Hábleme ahora del coche y de 'la primera periencia que tuvo cuando vio la luz junto a la c'arret Ve una luz baja... parece que los está siguiendo. SUJETo.-Está sobre... no es más que una luz, a la quierda. M.-Sí, hábleme de ella. S.-Estaba baja, era brillante y no de un solo colo seguía al coche... y yo... yo... no podía verla, y sólo Ela y el chico la vieron... moverse... cruzando enfrente, y tonces yo la vi claramente... y se movió hacia adelante e rapidez, siguiendo la carretera, y... vi una luz, .pensé q era una luz, un farol (murmullos). Vino una luz... y había desconectado la radio y había una niebla espesa muy, muy espesa, y verde Lummy y ... sin luces y sin ruido... todo alrededor. M.-¿Entró usted en la niebla, y entonces qué? S.-En una gran sala... un coche al fondo, y dije que 1 130

Ilr0lagonistas del Iln al lugar de la I 11 gasto de 1981. 1.. l'/lIosearch,1981.)

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Mirando hacia el lugar donde estaba la niebla verde. (Foto. Parasearch ".1978.)


niños... sí, los dos niños estaban bien. preocuparse. M.-¿Puede usted describir a los seres? S.-Eran altos, y... y pacíficos. M.-¿Cómo era su traje? S.-De una pieza. M.-¿Color? S.-No... no parecía tener color. M.-¿Les vio el cabello? S.-No, no les vi el cabello, porque... un verdugo. M.-¿ Cuál era el color de su piel? " S.-Muy... muy trans ... desvaído. M.-¿ Color de los ojos? S.-Rosados. M.-¿Rosados? S.-Mucho. M.-¿Hablaban inglés? S.-No hablaban en in... no usaban palabras ... per entendía lo que decían. M.-¿ Cómo era el interior de este lugar donde encontraba? Hábleme de él, descríbamelo. S.-Una gruta (¿?) sin luces, pero gris, y no muy lIante... horrible, pero muy sedante, y no... ovalado. grande, sin puertas. M.-¿ Cómo se abrían las puertas? S.-Simplemente, estaban allí. M.-¿Había mobiliario? S.-No, no, sólo mesas. M.-¿ y estaban hechas ¿Vidrio? S.-No, no, no, no eran blandas ni duras. Eran p liares. M.-¿Y a usted, qué le pasa? S.-Ellus sólo... mueven una gruesa barra sobre M.-Descríbamela. S.-Era sólo una barra piana, de unos 30 pies de 1 (el sujeto quería decir 30 pulgadas = 75 cm), de 10 gadas (25 cm) de ancho, no muy gruesa... y llena de jeros. Sólo la movieron por encima de mi cuerpo. M.-¿Y qué pasó? S.-Vi. .. vibración. M.-¿Estaba esa barra conectada a alguna clase de quinaria? S.-Sí. .. sí, encima. 132

M.-¿Encima? ¿Puede describirla? .-No era... no era muy grande... sólo un raíl... que IIhía, no sé hasta dónde. M.-¿En algún momento en que estuvo allí dentro miró I t'xterior por alguna ventana u orificio? ' .-No, no, no había ventanas. M.-¿Y en ~uanto a la respiración? ¿Puede respirar bien? .-En realIdad, no lo recuerdo... . M.-¿Formuló preguntas? .-Les pregunté... de dónde venían y ellos me mostra111 ... un mapa que no era un mapa. M.-¿ Qué quiere usted decir con eso? .-Líneas, y cifras, y cosas. ~.-¿Recuerda algo de lo que vio en el mapa? ¿Algulfra? ¿Alguna forma? .-No ci. .. formas curvadas y onduladas. M.-¿Números? .-Peculiares, no como los nuestros. M.-¿Le dijeron de dónde venían? .-Sólo recuerdo Fobos. M.-¿Fobos? ¿Qué sabe usted sobre Fobos? S.-Es la primera vez... que oigo este nombre. M.-¿Qué cree usted que es Fobos? .-No lo sé. M.-¿Les preguntó dónde estaba Fobos? .-Me enseñaron... ya sé... me enseñaron... cosas ... lurno. M.-¿Le enseñaron cosas de Saturno? .-Es posible, y yo sé... y otros que conozco ... describir , . o menos dónde estaban; M.-¿Le dijeron que venían de Saturno? .-No, no, dijeron eso... para darme una idea de dónde I n. Viajan muy de prisa no como nosotros admitimos ... 1110 muy de prisa... casi instantáneamente. M.-¿Y cómo lo hacen? ¿No se lo preguntó? .-Muy, muy... no puedo entenderlo. Tiene algo que Ion... la conversión de partículas. M.-¿Hablaron de iones? .-Creo que sí, recuerdo iones ... electrones y otras 11 • Pero no me acuerdo. M.-Hábleme de ese ser pequeño que vio a bordo. Usted .111 que era diferente de los otros. ¿Era el que mandaba? l) servía a los demás? .-Servía, creo que éL .. ellos no parecían darse cuenta .11 :;u presencia. No, no le hacían el menor caso. :e.I no 133


empleaba un lenguaje: lanzaba gorjeos, ruidos. ruidos agudos. M.-¿ Yesos seres tenían brazos y piernas? S.-No puedo acordarme... de cuáles. M.-Los altos. S.-Tenían brazos y piernas pero no parecían tener ticulaciones ... M.-¿Puede seguirme hablando de ¿C;ómo iba vestido? . S.-Sólo con piel, aunque no era piel. M.-¿ Cómo era? S.-Como piel, pero no era piel... No puedo... M.-¿ Querría mencionar algo más acerca de lo sucedió a bordo de esa nave? (En mi opinión, el médico comete aquí un error garr fal, al inducir en la mente de John que ha estado a bar de una nave, cosa que él no ha dicho en ningún mamen hasta entonces. :Éste e.s uno de los peligros de la reg sión hipnótica, cuando no se practica con una asepsia me tal absoluta. Si a partir de aquí el sujeto habla de «na extraterrestre», puede tratarse pura y simplemente de u contaminación provocada por el hipnotizador.) , S.-Ellos dicen que nos necesitan... como, huéspede y ellos saben cómo, y ... ayudan... y ellos (murmullos) ellos son nosotros. M.-Ellos son nosotros. Hábleme más de eso. ¿CÓ pueden ser ellos nosotros? ¿Entiende usted eso? Háble de ello. S.-... No me dejarán. (John guarda entonces silene durante más de un minuto.) M.-¿Puede usted describirme ahora, John, lo que pa después de esta experiencia y cómo salió de la niebla? S.-Recuerdo casa junto al bosque, y luego el coche sacudió... y todo fue normal. Pero nosotros estábam todos muy asustados ... y nos fuimos en seguida a cas Guardé el coche... entramos a los niños, tuvimos q llevar a Karen y Stuart desde... dormidos. Entré con El ne ... y dijimos que era muy tarde, no podíamos haber ta dado tanto en volver a casa, y entonces telefoneamos a hora... Era muy tarde.. , la una y media. M.-¿Y qué hora tenía que haber sido? S.-Las diez y media,.. Yo quería ver un programa la tclc ... y lo perdí. M.-¿ Qué programa era? .-No me acuerdo. Una comedia, creo. 1'4

M.-¿A esa hora, cuando usted llegó a casa, recordaba q ti ' había pasado? • ,-No. M.-¿Cuándo empezó a recordar cosas? •,-No lo sé, creo que este año. No estoy seguro. M.-¿Cuál es su interpretación de lo que sucedió? ¿Qué h lisa? . '.-Demasiado largo. M.-¿Qué quiere usted decir con que es demasiado '1 ().

, .-(En voz muy baja.)-Tendría que escribirlo. M.-Muy bien. Ahora descanse, John, relájese. Así concluyó aquella sesión. El doctor' Wilder sacó len1I1('l1te a John de su estado de hipnosis. Aquella sesión It d tamente esclarecedora sobre lo sucedido, pero como Il'mos más adelante, sólo representaba una pequeña 1111 'ión de lo que ocurrió a bordo de la supuesta nave. 111111 ién se verá cómo el hipnotista interpreta mal a veces lh 1'1' as cosas de las que dice el sujeto bajo hipnosis, sin ,lIl!1l' de la transferencia de ideas que puede aportarle. ti q le dijo John acerca de la conversión de «partículas» , 11 'rda extraordinariamente, en relación con el viaje espa1111, la teoría ummita de los ibozoo UU, que John no podía tillO cr de ninguna manera. Asimismo intrigante es la 1"11 'ión de Pobos, y, como veremos más adelante en este 1111 0, la morfología de los ocupantes altos, lo mismo que ti 'timenta, parecen muy similares a los descritos por el 1.111 ido español Julio F. La frase «ellos son nosotros» se 1I la también a muy variadas interpretaciones (por ejemY sin que estemos postulando nada, la de que son 1I11",lros lejanos descendientes; es decir, «hombres del fu111 ti», lo cual no excluye la hipótesis interplanetaria, por 11 I parte). En esta frase se aprecia también una especie 1 ( rden posthipnótica» impuesta por sus captores a 1II1II para que éste no hable del particular, lo cual se pone " Illanifiesto por su largo silencio. I.a tercera sesión de hipnosis se realizó el domingo 16 t. o tubre de 1977. En esta ocasión, John consiguió conven• 1 U Elaine de que asistiese a ella como simple observa.1111 1. Asistieron todos cuantos habían estado presentes en la 1 (¡n anterior, más Elaine, por supuesto, y Philip, el hijo 111 (; rdon Creighton. Inmediatamente el doctor Wilder puso manos a la obra IIlllpeZÓ haciendo regresar a John a su infancia, detenién-

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dolo a las edades de lO, 6, 3 Y por último 1 año. entonces a John que volviera a una de sus vidas ante Después de un falso inicio, John dijo que se acord cuando araba un campo en 1640 bajo el nombre d Dayliss. Lo más sorprendente era que en ese mo hablaba en un rudo dialecto del campo inglés. Después de esto, John fue llevado de nuevo a 1974 le pidió que reviviese de nuevo su encuentro con la verde. El respondió con un cambio espectacular d que volvió a ser la suya normal, con su típico acento 1 nense. John se puso entonces a relatar lo que su cuando entraron en la niebla, que era lo mismo que dicho antes. Pero luego añadió que veía un rayo de luz atravesaba la niebla. Este rayo era de color blanco, instante siguiente se vio ascendiendo con esta luz. Al tante siguiente se encontraban todos en una gran ha ción. J ohn relató entonces cómo se lo llevaron par examinado. Collins preguntó entonces a John si ellos le habían d de dónde venían. Su respuesta fue: «Ellos dicen qu serviría para nada (¿decirle de dónde venían?) y que s de dónde vienen no nos sería de ninguna ayuda.» A tinuación Collins le preguntó cuántos tipos de seres h en la nave. Damos a continuación la transcripción de p del interrogatorio: JOHN.-Una persona... y el examinador. A. COLLINS.- ¿El examinador? ¿Puedes JOHN.-Más pequeño que nosotros ... A. C.-¿Qué llevaba? JOHN.-No me acuerdo. Vestidos, no está claro... A. C.-¿Cómo era su cara? JOHN.-No muy agradable. A. C.-¿Tenía cabello o pelos? JOHN.-Pues ... sí, por supuesto. A. C.-¿Cómo eran sus ojos? JOHN.-Muy grandes. A. C.-¿Tenía boca? Jo H N.-Sí, pero no como la nuestra. A. C.-¿Qué hacía? JOHN.-Me examinaba... hacía funcionar la máqui A. C.-¿Te sacaron algo? ¿Piel? ¿Sangre? ¿Trozos ropa? ¿Cabellos? Jo H N.-No recuerdo. 136

pllés de hacerle unas cuantas preguntas más sobre "'.' altos, John se dio cuenta de pronto de que no era I(H' Wilder quien le interrogaba. Entonces el médico 11(1' explicarle que había otra persona presente que I1 hacer unas preguntas. Una vez explicado esto a 11, ( Ilins continuó. I preguntó de nuevo por los seres altos. Él dijo que I 111, S altos que él, que le pasaban por lo menos una " (esto daría una estatura de unos 6 pies y 6 pulga1,'7 m). «No tienen boca... no la necesitan.» Pero ,1111: "O no tienen boca visible.» ullins pidió entonces a John que describiese su sistema 1" pulsión. "Es muy complicado -repuso él-, pero tlll'do las palabras ión magnético ... giran y crean... 111 crean un ... bor... bor... » . Un vórtice? -dijo Collins. :1, un vórtice -se apresuró a contestar él-o Crean un 1 ", para propulsión, y... Ile pués de unas cuantas preguntas más sobre la dispoIUII de la nave, Collins le preguntó cuánta gente había JllI'do, a lo que él contestó que creía que había más, pero 010 tuvo contacto con tres. No le dieron nombres, 11 que esto no era necesario. De estos tres sólo uno se 1l111lfiicó con John, contestando a todas las preguntas que 11 le hizo. Collins hizo algunas preguntas acerca de los lllpn. estelares y el motivo por el cual los escogieron para bducción. Cuando intervino el doctor Bernard E; Finch 111 preguntar. cuál era el propósito de su visita, John se l' 'uró a contestar: No es visita, están aquí siempre. ¿Pero por qué han venido aquí? -insistió el doctor I

11

·h.

-Para observar y guíar... mediante la observación -fue r spuesta. De nuevo se le formuló la pregunta de dónde venían, 1" r John también contestó de nuevo que ellos no tenían 111" sidad de decirlo, añadiendo que no tenían necesidad Il\lllpoco de regresar al lugar de donde habían venido. Des1'11 s de estas preguntas, las respuestas de John empezaron , hacerse cada vez más vagas y con largas pausas entre 1'1' 'gunta Y respuesta; Collins le preguntó dónde estaban, staban aquí todo el tiempo. John contestó que estaban l\ luí siempre. Y Collins volvió a preguntarle dónde. -Tienen más de una base. -¿Dónde? -insistió Collins, pero no obtuvo respuesta. 137


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rojo pardusc.o

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Después de esto, John ya no contestó a ninguna pr más. El doctor Wilder le preguntó qué le pasaba, pero se encerró t:n el mutismo más completo. Sin duda pezaba aquí con un bloqueo posthipnótico imposib vencer. El doctor Wilder lo fue sacando entonces poco a de su estado hipnótico, en el que John había perman durante un total de 55 minutos. Sus primeras palabra pués de la hipnosis, en confirmación de lo que todos sumían, fueron de que durante los últimos minuto habían impedido decir nada. Dijo que era como si a no les importase que hablase de su experiencia hasta el punto, pero había partes de la misma que caían dent esta «censura». Cuando le preguntaron cuáles eran partes, contestó: «Cuando me preguntaron dónde esta las bases.» Según comenta el doctor Wilder, las sesiones de hi sis fueron valiosas porque iniciaron el proceso de lib ción de los recuerdos subconscientes de los testigos -p a que Elaine no quiso someterse jamás a hipnosis-, y pe que éstos no fueron en ningún caso la principal fuente información. Luego, en estado consciente, John recorda más cosas que se le hacían aparentes al leer sus prop palabras en hipnosis: éstas, en cierto modo, hacían «catalizador» o «desencadenante» de más recuerdos. En las sesiones se contienen algunos datos verdade mente intrigantes -e incluso reveladores- que concu dan con otras informaciones que poseemos, procedent de fuentes muy distintas. Así, todo lo referente a las «b ses», que como se verá luego, resulta que eran «subma nas» y que estaban en zonas muy específicas. Asimismo, 1 que los captores de John dijeron acerca de la propulsió de sus naves (la «conversión» o «inversión» de partícula recuerda estremecedoramente la teoría ummita sobre 1 «inversión de los ibozoo uu, dato que muy raramente podí haber llegado a conocimiento consciente de John (si bien mi serie de artículos sobre el «affaire» UMMO se publicó ya en 1974 en la Flying Saucer Review). De la comparación de éste con otros casos similares, se puede sacar la conclu. sión de que: o bien existe una fabulación inconsciente general, o bien existe un nivel de tecnología casi común para las civilizaciones galácticas que han alcanzado el viaje interestelar. Extrapolando a partir de nuestra tecnología (cuyas realizaciones son casi idénticas para todas las naciones terrestres: motor a reacción, electrónica, centrales nu· 140

Illolor-cohete, electricidad, etc.). podría• existir una • lo 'I'OS tecnológicos comunes de un mvel supenor II las civilizaciones de la Galaxia. En el caso Bor10llisio Llanca) hallamos también algunos curiosos 1I1111uitas»... sin que esto quiera decir necesariajll' lo sean, sino que podrían corresponder a este h Illmilia» que presentarían todas las realizaciones y d\' omportamiento de las civilizaciones galácticas, 1 1111"10. Extrapolando hacia atrás, toda la tecnología 11 ' parecida, asimismo, de la misma manera que 10 I I lIo10gía paleolítica, si aún queremos ir más lejos. Se \. I que yo llamaría «niveles de civilización», estando lo de acuerdo con la teoría de los niveles cósmicos \11. lula el académico soviético Nikolai Kardachev, ,fina extraordinariamente su postulación (que aquí, 111 de espacio, no podemos resumir) . • 1 s «uránidas» (por emplear la bella expresión, deslIdamente hoy arrinconada, que en su día propuso el 01" Hermann'Oberth) se moverían dentro de un mismo I l ' nológico: dominio de la gravedad; conversión de 11l11culas atómicas para efectuar «cambios de marco .\.'ional» y viajes intersiderales por «atajos cósmicos»; 111 miento y utilización al máximo del «campo unificado>) Illliano como fuente motriz y para otras aplicaciones; 11 eniería genética avanzadísima; una moral pragmád' la que formaría parte un respeto casi total hacia formas vivas e inteligentes; un común reconoci11 t de la existencia de un Generador o Creador único; I

".,'/ancia a bordo de la nave volvamos a los Avis, y a su alucinante experiencia. lontinuación voy a reproducir los relatos, por separado, I ,John y Elaine, de su abducción, tal como se los contaron ndy Collins a finales de 1977. Ambos relatos comienzan 11 Indo la «niebla verde» se cierra alrededor del automóvil. I llcipiaremos por la versión de John. uando el coche se vio rodeado por la densa niebla , I'de, John vio una columna de luz blanca que atravesaba In atmósfera verdosa. (Los haces de luz compacta y cohelI'nte, que abundan en la casuística ovni, son otro de los In 'gos característicos de lo que hemos dado, e~ llan: ar 1'cnología galáctica». Acaso no sean «luz fotomca» smo 1\

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?tra ~osa; ¿ un ,campo magnético dirigido, se pre mgemero frances J ean Goupil?) A menos de dos frente al coche, tenía un diámetro de alrededor metro. Empezó entonces a moverse hacia el vehícu mentando de diámetro al propio tiempo. A los po gundos el «haz» o «columna» rodeó el coche y John que ascen?ían. Entonces se desmayó. ' Despues .de esto, su inmediato recuerdo es el sigu e~taba de pIe en una especie de «balcón», con una dI1la frente a él, mirando a un gran automóvil az estaba en un nivel inferior (el coche de los Avis Vauxhall Victor Estate blanco). Dentro del coche a un hombre con la cabeza caída sobre el volante' lado está una mujer con la cabeza echada hacia' Ambo.s parecen estar inconscientes. En la parte trase coche se ven otros cuerpos por encima del asiento d tero. ~sos cuerpos parecen estar inconscientes tam Jo.hn tIene la viva impresión de que se está viendo mIsmo y a su familia. El automóvil parece hallarse e enorme «hangar» y él se encuentra en un balcón sit a uno.s cuatro metros y medio sobre el suelo del «han Ve al coche de frente y a un ángulo aproximado de y a una distancia estimada de unos 15 o 18 m. Mien lo contempla, una especie de «rampa» o «panel» emp a cerrarse frente al mismo, ocultándolo a su vista De pie junto a John está Elaine, su mujer, y; pos! ~:nte Kevm, aunque esto no puede asegurarlo. Ellos t bIen parecen estar mirando el coche. Detrás de John un ser alto, aproximadamente de unos dos metros. A derecha de este. ~er advie~te el «tubo de aire» por' el cree que ascendlO a este mvel. Cómo lo sabe no está el pero está segu~o de qu~ es laque se empleó para subi~ El «tubo de aIre» consIste en una luminosidad cilíndr que va del suelo al balcón. (Dionisia Llanca hablaría de «escalera de luz».) Entonces Jo~~ y el ser alto se desplazan hacia la izqui da de John (ale]andose de la columna luminosa) hacia par,ed en la, que no hay nada. De pronto, John siente q esta ascendIendo de nuevo, aparece un orificio y se e cuen~:a dentro de una habitación. John cree que sólo a cendlO unos palmos. Al mirar al interior del habitáculo una mesa frente a él con luces encima. Entonces el s alto toca a John en el hombro izquierdo, y John se de vanece. Al volver en sí, John se encuentra tendido sobre 1 142

11< bía visto previamente. Sobre su cabeza y modirección a sus pies, ve una «barra» o aparato I II vación» (scanner). Este aparato está a cosa de 1Ill'1 ro por encima de él y se halla sostenido por 111111' circulares, una a cada lado de su cuerpo. Según 1111, ' las varillas o soportes deben de correr por unas IlIadas a ambos lados de la mesa. La barra es de Il'clangular y mide entre 75 cm y 1 metro; tiene casi d\' ancho y casi 4 de grueso. Su parte inferior está h I 1'1 por una especie de superficie reticulada, como 11 ti, que emite un débil resplandor, Al scanner están ti s cables, que ascienden hasta el techo, donde d parecer conectados a una de las dos lámparas IIlulares situadas sobre John. Estas lámparas miden IlIndamente 60 X 75 cm. Una de ellas está detrás de I IH'za y puede moverse al extremo de un brazo extenI Hljeto al techo. Es a ésta a la que se hallan conecI los cables, H ubarra» o scanner tarda aproximadamente un minuto 1"lwlr sobre el cuerpo, y al hacerlo John siente una Id n de calor y hormigueo en la región sobre la que n 1I barra. 11 "111 se da ·cuenta entonces de que hay tres de los seres 111 le pie a su derecha, y otros dos seres, pequeños y feos, 11 Izquierda. Los pequeños parecen ser los «examinadoa medida que la barra pasa sobre John, un examinaI ,plica un aparato parecido a una pluma a diversas parle su cuerpo. Este instrumento mide unos 20 cm, y Ill' poco más de 1 cm de diámetro. En su extremidad 111' una intensa luz blanca. Este «lápiz» está sujeto a un Inlllbre o cable que desaparece por encima del borde de la 11 n. Este instrumento ílo le llega a tocar la piel, sino que mantiene a cosa de un centímetro de ella. También protIl' 1 en John una sensación de hormigueo y calor. 111

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I I (( examinadon>

1'1 «examinador» mide 1,20 metros y lleva una especie de hila blanca hasta el suelo, ·con mangas anchas y sueltas, 11' ogidas.en los puños. No se le aprecia cuello. En realidad, p Irece ligeramente jorobado. Tiene un cabello castaño muy llllmarañado, o «pie!», que le recubre no sólo la cabeza sino lllnbién las manos. Sus ojos son grandes, oblicuos y trianI ulares de forma. La nariz, de color marrón elaro, parece 143


más bien un «pico». La boca es una simple rendij , tiene orejas puntiagudas, echadas hacia atrás. La que sólo tienen cuatro dedos cada una, son grand lludas. Los dedos están terminados en largas uñas Se trata de un individuo de aspecto recio y ca que camina desrnañadarnente. John le oyó lanzar d cuando unos gorjeos guturales. A pesar de su parece saber lo que hace, aunque se aparta cua aproxima uno de los seres altos.

Los seres altos Cuando la «barra» o scanner se detuvo finalment extremo de la mesa, John pregunta a los seres alto puede levantarse. -Sigue ahí un rato aún, pero puedes sentarte. John, estupefacto, se da cuenta de que esta ord se ia han dado de palabra, sino mentalmente: ha rec una impresión mental según la cual esto es lo que 1 dicho, en contestación a su pregunta. Entonces se incorpora y se sienta sobre la mesa, dej colgar las piernas a un lado. Siente las piernas débil todo él se nota como sin fuerzas. Se da cuenta entonces asombro que lleva un traje de una pieza igual al d seres altos. Le parece llevar «una segunda piel». Los « minadores» abandonan entonces la estancia. Sentado, John puede ver mejor a los seres altos lugar donde se encuentra. Es una estancia de unos 6 tras de largo por unos 3,60 m de ancho y 2,10 o 2,40 ro alto. Es de forma ovalada. No se ven junturas en las p des ni en el techo; tampoco hay ángulos vivos; todo perfectamente liso y suave, como el interior de una burb No parece haber otro mobiliario fuera de la mesa y dos lámparas. Los seres altos tienen una talla aproximada de un 2 m aunque uno de ellos, el que John llama el «jefe» (t leader), parece tener unos 5 cm más que sus compañero Llevan un traje de una sola pieza y sin costuras de material que parece lurex o fieltro sintético. Les cubre in cluso manos y pies y forma una caperuza en la que est encerrada la cabeza. En la cara se aprecian dos ojos lig ramente mayores que los nuestros, con iris rosados y esclerótica «color crema». No muestran una nariz o una 144

Dibujo del ser o «vigilante» hecho por John en 19n. (Foto. Parasearch. 1978.)


boca visibles, y John tiene la viva s.ensación de que aqu seres llevan una máscara que les cubre la cara. Por lo que J ohn puede recordar, sólo tienen tres d en cada mano, aunque esto puede ser un efecto produ por un guante semejante al de los esquiadores. La t los seres es muy pálida, casi translúcida. Ninguno de parece tener articulaciones en piernas y brazos. A Jo recordaban «una muñeca hinchable». Cuando movían brazos, no se apreciaban codos en ellos. (Los .altos del caso español de Pontejos,. en Santander, tampoco traban articulaciones apreciables.) Sin embargo, sus mientas son airosGs, y no dan pasos largos al andar. Después ,de sentarse en la mesa, John se puso a hac preguntas, todas las cuales le fueron contestadas. De pr les preguntó: -¿Qué hacen ustedes cuando están fuera de la nave? -Usamos un visor -le contestaron. Mirando a su alrededor, John vio a uno de los S altos sosteniendo un «visor». Es un aparato hemisfé con dos bandas para sujetarlo a la cabeza, una que la ro horizontalmente, y' otra que pasa por encima del aá John lo compara a la visera o máscara de un soldador. un color rojizo oscuro, cubriría por completo una normal. El más alto de los tres seres, que John considera jefe, es el único con el que tiene contacto directo dur todo el tiempo que dura su estancia a bordo de la n Mientras le enseña el visor, este ser «dice»: -Consideramos que el uso del visor no es muy a tunado. En realidad, casi siempre vemos las cosas a tra de vuestros propios ojos. Algunas veces no podemos contrar unos ojos adecuados, y entonces us.amos el vis pára adaptar vuestra luz a nuestro nervio óptico. -¿Y qué ocurre de noche? -pregunta John. -Tenemos un adaptador que emite luz a fin de mejo la visibilidad existente (o algo parecido fue lo que le di ron, según J ohn). Y el «jefe» añade: -Esto cambia l~ impresión que las unidades estátic de su planeta ven de nosotros. Las unidades estáticas s habitantes lineales de su planeta. Naturalmente, esta jerigonza resultó inC0mprensib para John. Cuando John le preguntó por qué no había colores en nave, el «jefe» le contestó:

I lira vosotros. no hay colores, pero para nosotros sí hu . Debido a la estructura de nuestra unidad óptica, t 1I IS reaccionamos a la luz que recibimos de una mal! stinta a como lo hacen vuestros nervios ópticos. Las· 111'1 nes están controladas a nuestro favor y por esto t tI) veis lo que· veis.

preguntó .entonces si le podían mostrar la nave, a lo captores respondieron afirmativamente. Se enc~,­ nm todos hacia la pared, en la que de pronto' apareclO ujero ovalado, de más de 2. m de alto por uno de ho. John y los tres seres se adentraron entonces por un lid le comunicación»,. que. recorrieron durante un corto 1\0, para pasar luego a otra sala a través de ~na «puerta» ,1111'. Aquella pieza era de un tamaño pareCIdo a la «sala Il . nacimiento», y John creyó que se trataba de un 11' de descanso, pues contenía algunas literas y ':lna 11 ndosada a una pared, sobre la cual vio algunas cajas. I/uron esta habitación sin.detenerse, para continuar por 11111 'lo «galería» de conexión. . Penetraron entonces en otra pieza, que John descnbe 11111 un <<laboratorio». Bregunta para qué sirve y le conI \Il <<investigación». John les pregunta ~ntonces ~i tienen I loscopios, y le.muestran una gran umdad o modulo en VO entro hay una consola. Sobre esta unidad hay unos IIl'I s cuadrados· y translúcidos. Uno de los tres seres 11 • un frasco de vidrio lleno de un líquido en uno de los Ill'lcs. El ser pasa sus manos sobre la unidad y otro 1Il'1 cuadrado similar se desliza saliendo de la parte "IIl'l'ior de la consola central, directamente sobre el frasc~ 1 vidrio. El ser toca entonces un:botón cuadrado que esta 11 II parte delantera del panel cuadrado superior, y un r~s11111 lar azulado aparece en'tre los dos paneles, .en cuyo mI or se encuentra el frasco de vidrio. S bre la consola central hay otro largo panel qu~ se I vnde a todo lo largo de la unidad. Y en éste, por enCIma ." I s dos paneles cuadrados, aparece un holograma am1,llltlo del frasco. Tocando diversos lugares de~ panel supe11111', el frasco puede ser visto desde cuatro an~los dlf~­ 1Illles. Le explican que este aparato cumple la D:llSma, mI111\ que nuestro microscopio, pero es muy supenor a este. I I unidad mide unos 3 m de largo por 1,20 de ancho y 1,20 111

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de alto. En esta sala hay otras unidades similares, j con otros aparatos. Sacan entonces a JoOO del laboratorio y lo llevan a vés de otro túnel a otra habitación. En ésta hay cu series de literas dispuestas formando un cuadrado. serie está compuesta de tres literas superpuestas. La teras son ligeramente onduladas, recubiertas de un mate que parece ser gomaespuma y posee una cajita de 15 de lado por unos 3 cm de fondo, con cuatro cuadrad! en su parte superior. Estas cajas quedan a la izquierda la persona que se tienda en la litera. JoOO cree que es lugar de reposo, y que las literas sirven para dormir rante los períodos de descanso. También se emplean c ~o la nave navega por el espacio interplanetario. lItera posee su propia miniatmósfera, que se utiliza p contrarrestar los virajes y las detenciones bruscos. (P blemente, más que de atmósfera, habría que hablar a de campo gravitatorio propio para cada litera. Tal John no entendió bien la explicación que le dieron «amigos».) Abandonando el «dormitorio», se meten en otro tú de conexión y pasan a otra cabina. Ésta, según recue John, contiene literas y posiblemente instrumentos. Sal luego por. el lado opuesto de la pieza y ascienden por t~?o vertIcal. (J~hn no explica cómo se hace esta op ClOn: ¿por una SImple escalera de mano o por «antigra aad»?) Al instante siguiente, JoOO sale por el suelo de gran sala. Inmediatamente se percata de que se trata de «cámara de mando». Vueltos de espaldas a él ve a ot cuatro seres altos, sentados ante una unidad en forma media luna. Los cuatro están muy ocupados, hacien correr sus manos sobre los paneles que cubren la unida A lo largo de las paredes hay diversas secciones con asi tos. Tod?s estos asientos miran hacia las paredes, pe J 000 esta seguro de que son todos ellos asientos giratori que pueden volverse hacia el centro en caso necesari (Ta.mpoco ?a John detalles sobre estos asientos, lo q sena muy mteresante para compararlos con los de otro casos.) Sus acompañantes llevan entonces a JoOO hacia una U tera, y le invitan a tenderse en ella. La litera es comodísima y le recuerda una gandula de las que sirven para tomar e so!. Está. recubierta de minúsculos cojines neumáticos ~Ide caSI do.s metros de largo; es evidente que está destmada a algUIen de su talla. A unos 45 cm por encima de la

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de John hay un objeto discoidal de unos 40 cm de 11'0, en cuyo interior se observan unos lados de asxtraño, dispuestos en forma octogonal. Dicen enton, hn que observe una pantalla, y ante su asombro una 11 bidimensional se proyecta en la pared frente a él. magen mide un metro y medio de ancho por unos JI ·tros de alto. Durante los minutos siguientes le muespor este procedimiento cientos de imágenes, planos, dibujos y gráficas, todo lo cual pasa como una 111 Ión, impidiéndole fijarse en los detalles. El objeto I 'oía sobre su cabeza era una especie de altavoz IlIpañamiento verbal» en sus propias palabras), que le IIna explicación completa de cada imagen proyectada. lIi momento dado JOhn no pudo por menos de exr: «¡Esto va demasiado rápido!», a lo que le contes; «No te preocupes: tu mente lo recordará todo.» 11 embargo, John no puede recordar gran cosa de lo I mostraron, aunque sí recuerda algunos de los di. Reconoció un mapa estelar de nuestro sistema solar 1 imagen de Saturno, que reconoció «a causa de sus 111 ». Le mostraron también u:q.a sección transversal de v . y luego una sección de la misma en planta, y tamuna vista de ella desde el exterior. Asimismo, le mos111 varios «mapas estelares», consistentes en líneas que 11 diversos puntos (recuérdese el mapa mostrado a Iy Hill). Junto a los círculos vio extraños signos o I

uerda que uno de los seres le hizo este comentario: el diagrama que explica cómo funciona la cerraI pero te falta la llave.» No le explicaron qué querían 111 'ar con esto. La otra cosa que recuerda John es , mientras le mostraban las imágenes, oyó repetidamenI1 palabra «Fobos», aunque tampoco sabe a qué se I nn. (Cuando John contó esto a Collins, aún no sabía "'obos es el satélite menor del planeta Marte.) 1)' pués de más «conversación» y de pasarle más dia111. s, JOhn fue conducido a una zona más oscura de la I lIa de mandos. Una vez allí, volvieron a pedirle que " 1 e en determinada dirección (esta vez él se hallaba de ) De pronto se formó ante él una escena, sin duda una IllIn avanzada de holograma. Mientras John lo contempla, fascinado, sus acompa lit· le dicen que así era su planeta últimamente, deslh de haber sido destruido por la contaminación y otros ,,( lemas naturales. Habían perdido sus dos soles y una l'

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de sus lunas por un mal aprovechamiento de los m No le explicaron en qué consistía ese mal aprovecham El holograma mostraba un complejo de conos y de aspecto metálico que salían del suelo (¿una ciu al fondo se veían montañas. El cielo mostraba cap diversos colores y la atmósfera daba la sensación muy densa y baja. Tenía tonalidades rojas, amarillas les y verdes. En primer plano y aparentemente muy de ellos se alzaba una figura de estatura media, cubie una hopalanda con capucha. Su rostro era completa humano, si bien sus ojos eran rosados, y el ser p tener muchos años. La figura sostenía un objeto red que emitía un brillo ora rojo ora amarillo. Sus ac ñantes pidieron a John que tocase aquella bola, y él hizo. Una extraña sensación ascendió por su brazo. recuerda que le explicasen quién era aquel personaJ qué significado tenía la bola, pero cree que signifi desaparición de la energía planetaria. John conside privilegio que le dejasen ver lo que sin duda para ell algo sagrado. Pero sí está seguro de que sus tres aco ñantes no estaban de acuerdo acerca si debían mostrá o no.) Después de que John hubo tocado la bola, el «jef volvió hacia él y le dijo que ya era hora de marc Luego le dijo que volverían a verse, y al instante sigui John se encontró dentro de su automóvil. Éste dio brusca sacudida, y se puso en marcha. Esto es todo cuanto recuerda John acerca de su est en la nave. Más adelante comentaremos algunos datos le dieron sobre el sistema de propulsión de la nave, y s sus «bases» en la Tierra. En cuanto a Elaine, su relat muy similar al de John, si bien ella recuerda claram que su hijo Kevin estaba con ellos en el «balcón». Es luego se resistió a que uno de los «examinadores» se lle al muchacho de su lado, cuando todos entraron en la « de reconocimiento». Por supuesto, Kevin no ha sido notizado, por voluntad expresa de sus padres, y as1 momento no conocemos su versión del suceso. Quizá e do sea mayor de edad, y por propia voluntad, desee en ces ser sofronizado. Elaine sufrió también un completo reconocimiento sico por dos de los examinadores «monstruosos». Presta una atención particular a su costado izquierdo, aproxi da~ente en la región renal. Terminado el reconocimien y provista de una vestidura similar a la que llevaban 150

IlId 's, una de ellas preguntó a Elaine, ya en otro lugar lIove, si le gustaría ver dónde ella (Elaine) vivía. Al 1 lar ésta afirmativamente, se abrió una ventana o una t \ n su derecha, por la que pudo ver el cielo estrellado. • I indicó una estrella, y le dijo que ella vivía allí. I .1 rella» se fue haciendo mayor, hasta que Elaine la 110 'ió: ¡era la Tierra!, con sus masas de nubes, sus . y sus continentes. La imagen siguió agrandándose, 11\ lue se distinguió claramente la Gran Bretaña. Luego II \ ió el estuario del Támesis, y luego luces, casas y 1 iluminadas. «Aquí es donde tú vives», le dijo el ser. 1111' no sabía si era una imagen proyectada, o una vista \ I'lpica, o si efectivamente fueron desde el espacio hasta

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I.,ine también fue invitada a tenderse en un diván, para 1,' fuesen proyectadas imágenes en rapidísima sucesión. 1111'1 I landa esto, dijo: «Era como si me metiesen de 11' lodo el contenido de una enciclopedia en la ca11 .. » De todo ello, Elaine sólo recuerda claramente un 1'" de nuestro sistema solar... con once planetas en vez 111' nueve que conocemos ... l' IInbién mostraron a Elaine el holograma con el an110, la ciudad y la bola luminosa, y la invitaron igual111 • a tocarla, mientras ellos le decían: «De aquí es de lid . venimos -o vinimos-; ésta ·es la semilla de vida, I Ira pasado y vuestro futuro, nuestra existencia toda. Jlla esto de nosotros para ti, para tus hijos y para tus lit' ¡antes.» Elaine recuerda haber visto a John y a Kevin IIl1do también la bola, como hizo ella. El relato de John termina después del episodio del ho1 IIna, pero el de Elaine -recuerdo aquí que éste fue 1h por ella en estado vigil,· no en hipnosis como John, '1" ocurrió fue que las palabras de su marido actuaron 1110 desencadenantes de sus recuerdos suprimidos- con11111. Elaine, por ejemplo, recuerda haber bebido un buen .11 de líquido de un bol que le presentaron. No recuerda que era ni el sabor. Antes, uno de los seres le había ,h oír una música dulce y extraña; luego vio al coche , \' 'ndiendo por una rampa, con John a un lado del velh 1110. Ella estaba al lado opuesto, acompañada por el l' l' '». Éste se llamaba Lyra, según le dijo el «músico». '11 'Llanto al músico, su nombre era Ceres, según le dijo I 11.1 fe». A continuación vio cómo su marido se metía en I (' che -donde estaban ya los niños- y el vehículo se 1111 rió hacia una de las paredes del hangar, a través de la 151


cual se «desmaterializó». Al notar su preocupación, ele dijo a Elaine que ya los alcanzaría, como así fue. recuerda haber visto el coche correr por la carretera, los bosques. Entonces ella se metió «en marcha» vehículo, y cerró la puerta, 'observando al mismo ti que la luz estaba encendida. Se produjo entonces el retorno a la «normalidad» el lapso inexplicable de tres horas.

Información sobre la nave y las bases Quien más información de carácter «técnico» recibió Joho. Así, por ejemplo, sus captores le dijeron que t un computador orgánico que controlaba la nave c hacía falta. (Esto, en respuesta a una pregunta de sobre si tenían computadores, que pareció hacerles m gracia.) En cuanto a la comunicación, para efectuarla con tros ellos utilizan nuestras propias palabras, que ca en nuestra mente. Entre ellos, la comunicación no es sino telepática a un nivel avanzadísimo. Esto les pe intercambiar el equivalente a mil fonemas en una frac de segundo. Cuando se establece contacto con un ser humano cerebro es sondeado para ver si habrá aceptación a emocional. Entonces le proyectan la imagen que consid más adecuada a su nivel mental y emocional. Desp ésta se convierte en la imagen-guía, a la que hay que nerse en lo sucesivo. En cuanto a los «examinadores» (Elaine cree reco que los seres altos se referían a ellos por un nombre c tivo: los «Sebatin» o algo parecido), y respondiendo pregunta de Joho sobre quiénes eran y por qué eran diferentes, le respondieron: «Como vosotros, ellos también de un diferente período temporal.» Y cu Elaine se manifestó asustada por su aspecto repelent I dijeron: «No te preocupes: ~llos tienen más miedo d que tú de ellos.» A John le dio la impresión de que «feos» eran simples estudiantes o aprendices, especial dos en medicina y en labores más o menos serviles. B seguro de que proceden de un planeta distinto al de «altos», En cuanto al interior de la nave, estaba todo él bafta en una luz grisácea-blanquecina, uniforme. El material 152

I ,redes parecía ser una curiosa mezcla de metal y I l' (probablemente no era ninguna de ambas cosas). I s detalles coinciden notablemente con las descripdadas por Julio F. (ver más adelante) que, por sulo, desconocía por completo el caso Aveley. 1\ uanto a la propulsión de la nave, ésta disponía de 1 temas: propulsión iónica para los viajes por el espapropulsión magnética para el interior de la atmósd un planeta. La nave se halla rodeada por un campo 11 ~tico, hoy más reducido que en otros tiempos. Antes, ampo había causado muchos accidentes involuntan las cercanías de la nave. El campo magnético puede Ilmbién canalizado, convirtiéndose así en un arma losísima, similar a la luz canalizada de los rayos laser. han empleado este arma para destruir misiles y I 'r ataques. le potente campo magnético que emplean les sirve 111 n para efectuar una distorsión óptica, cuando lo 1\ necesario, e incluso para hacerse invisibles. AsimisI para proyectar falsas imágenes holográficas inmateI a un punto determinado. IIn cuanto a sus bases, durante la tercera sesión de hipI Collins preguntó a John de dónde venían aquellos . Su respuesta (desconcertante) fue: «Están siempre l.~ Agregó entonces que tienen más de una base per1I,·nte. Al preguntarle dónde, se produjo un bloqueo total. h IInente le dijeron que tienen bases en nuestros mares '1 nos, en las zonas que nosotros llamamos «triángu,1 Estas bases están ocultas bajo el mar y casi todos 1110vimientos se efectúan bajo el agua. Sólo emergen al 11 Irse cerca de la costa.

, a todas las lagunas que aún presenta, el caso Avis de los casos de abducción mejor estudiados. Creo 11 :ólo le va a la zaga al español de Julio F., que más I Imte expondremos y que presenta notables semejanzas 111 1 caso inglés. Kevin, con el que Collins sólo pudo 111 r dos veces, no recuerda gran cosa del incidente (pero 11110

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Véase mi libro Los doce tridngu10s de 1a muerte (A.T.E., Bar~ en detalle esta posibilidad. Asimismo, mi en E1 Gran Enigma de 108 P.V., Plaza &

111111\. 1978), donde examino 11111110 ¿Bases submarinCl81, U g, S. A.

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recuerda algo). Sus recuerdos conscientes se limitan a ascendido hacia arriba, ya en el interior de la niebla v Es curioso que un día, volviéndose hacia su padre, di «Me dieron una serie de cosas que hacer para cuand mayor, pero no recuerdo ni una.» En cuanto a los dos pequeños, parece ser que permanecieron dormidos coche durante todo el tiempo que duró la abducción.

7. FORTUNATO ZANFRETTA: EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE INVIERNO

de Fortunato Zanfretta fue publicado por primera la revista Notiziario UFO, que dirige mi buen amigo ,Inetor Roberto Pinotti, asimismo presidente del CUN 1111' Ufologico Nazionale, antes Centro Unico Nazio1) le Italia, con sede ,en Florencia. Apareció en el nú10 le marzo de 1979 de la publicación citada, que es al 1 lit tiempo órgano oficial del CUNo Más tarde, el artícu'scrito por Luciano Boccone- fue publicado íntegra111' en el número de junio de 1980 de la Flying Saucer l' ,'H! inglesa, en una cuidada traducción -como todas lIyas- del gran lingüista y ufólogo Gordon W. CreighI También se reprodujo en el n.O 3 de la excelente re111 ontactos Extraterrestres, que dirige Enrique de Vi'IS "11

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las eran mis fuentes para exponer el caso del guarda lllmo Fortunato Zanfretta, mediante una paráfrasis del 111 de Boccone. J).[ caso se ocupó también -brevemente- la revista IIr 'sa Ouranos, que dirige Pierre Delval, en su número l' 'ro vayamos a la exposición de los hechos. Durante .1" 1 último trimestre del año 1978, pero especialmente I 1'1 curso del mes de diciembre y a comienzos del mes ,'llera de 1979, Italia conoció lo que pudiéramos llamar 111 11 'bre de los ovni»: no pasaba casi ni un día 'Sin que se 11 liase la presencia de un ovni sobre la península italiana; I taba viviendo un verdadero «flap» u oleada local. l. más interesante -y, por qué no, inquietante- es ¡tll 'ntre todo este cúmulo de observaciones, se hallaban I,llnos casos de seres de gran talla, de ,aspecto horripi11111 " «satánico» pudiéramos decir. Entre todos estos casos 1..

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de «encuentro cercano» con seres al parecer no hum el más importante es el que a continuación vamos a tar... porque además es sin duda alguna un caso de ab ción, o de lapso temporal «perdido», si se desea ser «aséptico». El alucinante episodio tuvo lugar durante la noche 6 al 7 de diciembre de 1978, en Marzano, un pueblo ximo a Torriglia,en la provincia de Génova (Liguria) involuntario protagonista del mismo fue Fortunato fretta (no demasiado fortunato, como veremos), d años a la sazón, casado y con dos hijos, que ejercía guarda nocturno para la cooperativa de Valbisagno. e todas las noches, efectuaba una ronda de vigilancia e las numerosas villas y chalets esparcidos por la muni lidad de Torriglia, que sólo suelen estar ocupados du el verano. Zanfretta iba al volante de un Fiat 126, propi de la cooperativa y provisto de una radio que le per comunicarse con la oficina central de Génova. Era casi medianoche, hacía bastante frío, el cielo es claro y despejado, y la visibilidad era excelente. Rac norte, en dirección a Pentema, se veía el resplandor d gran incendio. Zanfretta cruzó la población de Marza se dirigió hacia la última de las villas estivales, que II ba el nombre de Casa Nostra. Súbitamente, cuando a' encontraba a unos cien metros de la villa, y después una curva de la carretera, distinguió cuatro luces b1a (que a él le parecieron «de pilas»), dispuestas en un t gula y que se desplazaban horizontalmente a cosa de metro sobre el suelo, por frente de la fachada de la que miraba al sudeste. Detuvo el coche inmediatamen se apeó para ver mejor lo que pasaba. Creyendo que se podía tratar de uno de los frecue casos de robo con escalo tan frecuentes en aquella u nización, paró el motor y se dispuso a llamar a la ofi central para informarles sobre lo que había visto y so 10 que se proponía hacer. Sin embargo, lo único que e siguió fue captar la señal de llamada de uno de sus c pañeros: «¡Aquí Canguro!» Consultó maquinalmente reloj. Eran exactamente las 11 horas y 45 minutos. Si tratando de establecer contacto por radio, hasta que pronto se dio cuenta que su aparato había cesado de cionar. Acto seguido, y sin ningún motivo aparente, faros del coche, que estaban encendidos hasta aquel mento, se apagaron, así como las luces del tab'lero y la 1 interior del automóvil. Sorprendido, aunque aún no pre 156

dll, resolvió ir primero a inspeccionar la villa, y luego I 'r a ver qué pasaba con el sistema eléctrico del Fiat. I (, entonces su lámpara eléctrica, y comprobó que se tI "ndía y se apagaba perfectamente. Cerró la portezuela 1 'oche, echando el seguro, encendió la lámpara y se 11 ,minó hacia la villa, decidido a enfrentarse con los preIIllos ladrones. I l:corrió en un santiamén los cien metros que le sepaIlIIn de la casa, sin apartar sus ojos ni un momento de luces misteriosas. A la sazón se hallaba ya plenamente IlIv'ncido de que una banda estaba desvalijando a conI 11 'ia la villa, pese a que a su alrededor reinaba el silen11 más absoluto. A los pocos instantes se hallaba ZanIt t\ ante la puerta exterior de la villa: una puerta de lid 'ra y pintada de blanco, de unos 80 cm de altura, y que da juego con la cerca que rodeaba el edificio. Las luces 11 ~eguían allí, claramente visibles, a unos quince metros distancia de donde él se encontraba. Continuaban moh 1I lose, pero no parecía haber allí alma viviente. Tampoco ora absolutamente nada. Zanfretta se detuvo momenIlt'umente y luego encendió su lámpara, dirigiendo su yo directamente a la puerta. Vio entonces que su batiente lI\1icrdo estaba cerrado, mientras que el derecho estaba hh'rto hacia dentro. Asestó luego el rayo de luz de la IIlpara hacia la puerta delantera de la villa, que estaba \111 s diez metros de allí y un poco a su derecha, obser· IIdo que estaba abierta de par en par. Esto disipó sus Illlnas dudas: en la casa habían entrado ladrones. Apagó IIlllnces la lámpara y desenfundó su pistola. Pero seguía 111 poderse explicar satisfactoriamente el extraño com111 I amiento de aquellas luces errantes. I fasta que de pronto las cuatro luces empezaron a moI 'rápidamente hacia él, pasando frente al 'lugar donde I,ba, de izquierda a derecha, para desaparecer poco 1 p,ués tras el ángulo norte de la casa. Llevado por un IlIpulso instintivo, Fortunato se dirigió valerosamente Inda el ángulo sur de la vivienda, ,con la idea de «sorprenI 1I $ cuando apareciesen por allí, después de rodear la ,. l». I;legó a los pocos momentos al ángulo sur, decidido a postarse allí al acecho. Se recostó en la tubería de desa1\ , con la pistola en la diestra y la lámpara en la mano 1''1l1ierda, junto a un rosal que allí crecía adosado a la 1'111" 1. Atisbó por la esquina de la casa tratando de ver las 111' $», o de comprobar con cuántos delincuentes tendría 157


que enfrentarse, pero de pronto notó un_amplio,. sólid tremendo empujón por la espalda ... un empujón explica pero totalmente distinto del que le hubieran dado u manos humanas. Trastabilló y cayó de bruces. sobre césped. La lámpara se le escapó de la mano, y, al choe con el suelo, se encendió. Lo primero que pensó Fortunato fue que los ladro habían invertido las tornas, y, de cazador, se había e vertido en cazado ... Lo que pasó a partir de entone sucedió en cuestión de segundos. Aun tendido en elsue agarró la lámpara, que había caído a su lado. Volviénd con rapidez, asestó el rayo de luz hacia arriba, a la alt aproximada de un h0mbre. Al darse la vuelta, la visera de gorra chocó con «algo» que quedó iluminado por la luz su lámpara: era como una masa de gruesos tubos horiz tales de color gris oscuro, puestos uno encima del ot y que él tenía tan sólo a unos centímetros de su ca Mientras se levantaba trabajosamente del suelo, trató ver la «cara» de «aquello», que él aún seguía creyendo trataba de un ladrón, y para ello dirigió más arriba el ra de la lámpara, hacia donde creía que se hallaba la cabe pero en aquel punto siguió viendo 'más «tubos» grisáce por 10 que siguió alzando el rayo de luz, hasta que, llegar a una altura de tres metros, aproximadamente, V por fin la «cara» del intruso ... si es .que cara podía llam se: era una cabezota de color verde oscuro, de unos sesen centímetros de ancho y con dos enormes y terroríficos oj triangulares, que despedían una 'luminpsidad amarillen con sus comisuras exteriores inclinadas hacia arriba. En parte inferior de la frente vio también algo indefinibl que también irradiaba una luminosidad amarilla, y q parecía un ojo, dominado por unas enormes arrugas irr guIares (véase pág. 161). La cabeza tenía también a amb lados unos grandes «pinchos» puntiagudos a modo de e bellos, y, frente a ellos, 10 que parecían ser unas «oreja puntiagudas, o unos «cuernos», levantados hacia arriba. Llegados aquí, hagamos una pequeña pausa para efe tuar dos comparaciones. La primera, con el «monstruo Sutton», visto por varias personas en setiembre de 19 en la población de aquel nombre del.estado de Virginia, los Estados Unidos. Se trataba también de un ser de tI' metros de alto, y de características similares al que vio pobre Zanfretta. La segunda comparación ... la tenemos e el .capítulo anterior: ¡es el ,«examinador» del caso Avele . Si bien de estatura más reducida y comportamiento m

Ivl'lizado», el '«memstruito» parece ser el hermano menor I que dio -tan· tremendo susto al infortunado Fortunato. 1\ 'lusión: no sabemos apenas nada. Pero sigamos relaIIdo los hechos, según la versión de los mismos que nos I,uciano Boccone. El vigilante noctumosólo tuvo un breve atisbo de la 11' nda .carota, pues a los pocos segundo.s el monstruoso I se desvaneció... Aturdido, horrorizado y asustado por l' pantosa catadura y la inquisitiva mirada del ser, ForIlInto salió disparado hacia la puerta de la villa, saliendo I1 ella a la carretera. Mientras corría desesperadamente <la su automóvil, que no estaba lejos, empezó a oír un 1 ntísimo silbido, seg\lido, insoportable, como el que oduciría una centrifugadora al acelerar. El silbido estaba oll1pañado de una espantosa ola de calor. Fortunato se detuvo, dio media vuelta y miró hacia 11' , en dirección a la villa, de donde parecía venir el Ihldo, esperando ver algo que le pudiera explicar aquella ndilla que muy a pesar suyo estaba viviendo; algo que Ildiera tranquilizarle en cierto modo... Pero 10 que vio le 11. tó aún más de lo que estaba: sobre la villa, recortánnítida y claramente sobre el fondo oscuro del cielo, o el perfil de la parte superior de un. gran triángulo Illnado, una especie de «sombrero chino» cuy,a. base pa1 lu estar oculta por- un enorme resplandor, una luz vivílila y cegadora, tan brillante que tuvo que levantar el In1.O para protegerse 10s.ojos.. En aquel brevísimo instante lo amo e~ deslumbrador brillo blanco se extendía más 11 de. los lados norte y sur de la casa, para salir luego I parado hacia el cielo como una flecha. Medio asfixiado 01' el tremendo calor que irradiaba el objeto.y muerto' I miedo, echó a correr presa de un pánico. cerval en di1 'ión a Marzano, hacia el lugar donde estaba su coche y radio... Llegó sin aliento junto al Fiat 126, y sin detenerse a 11 -al' cómo era que los faros estaban entonces nuevaIIcmte encendidos, y por qué todos los circuitos eléctricos I loche volvían a funcionar normalmente, hizo una deses1" I'(\da llamada a la oficina y dio la alarma, gritando por 1 micrófono, en el paroxismo del terror: «¡Mamma mía ... ti" feos son... son ·horrendos... no son hombres... no son hOll1bres!» Éstas fueron las palabras que escuchó su comJIu ro .que estaba de turno en la estación de radio; Inme.1 nlamente después de esto, mientras otro compañero hacía 11lll1entarios irónicos acerca de este desesperado mensaje, 1,:

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Zanfretta sintió que se le doblaban las rodillas y que i a perder el conocimiento. Exhausto, se desplomó en el su al lado del coche. Eran las Ohoras y 16 minutos del juev 7 de diciembre de 1978. El vigilante nocturno había tarda una media hora en recorrer la distancia de 100 m que ha desde su coche a la villa, y regreso. Había de transcurrir casi otra hora entre el momen en que sufrió el «desvanecimiento» y el que volvió a ab los ojos, tendido de bruces y con un calor espantoso, en lado sudeste de la ·villa. Fue entonces cuando vio los fa del coche que traía a dos de sus compañeros que acudí en su socorro ... Imaginándose sin embargo que iba a suf una repetición de su espantosa experiencia, empuñó pistola y se aprestó a defenderse. Pero en realidad habí transcurrido cincuenta minutos desde que se había «d mayado»; Era entonces exactamente la 1 y 6 minutos la madrugada. A sus compañeros les costó lo suyo calmar a Zanfre y conseguir que razonase, asegurándole que su pesadi había terminado. El lugar donde le encontraron, temb roso, aterrorizado, presa de una agitación indecible y una desmoralización enorme, se encontraba a unos 80 m sitio donde había dejado el Fiat 126. Zanfretta era incap de explicar por qué se encontraba allí, ni recordaba ab lutamente nada de lo que pudiera haberle ocurrido en las O horas 16 minutos y aquel momento. Faltaban e cuenta minutos de su memoria, de los cuales no recor ba absolutamente nada, del mismo modo como no rec daba el tiempo que había tar.dado en recorrer los 100 m q había del coche a la villa y en recorrer luego a la inver aquella misma distancia. Si bien la puerta del coche se encontró abierta, y 1 faros y las luces interiores del tablero estaban todas e cendidas, y del mismo modo que la radio estaba conectad la puerta del jardín de la villa y la puerta de entrada a misma se encontraron perfectamente cerradas, ·contrari mente a lo que había afirmado Zanfretta. y en el interi de la casa nada faltaba ... a diferencia de lo que ocurrió al mismo un año antes, en que no sólo la puerta sino tambié la pared delantera fueron violentadas, si bien lo único qu 'lbs «fadrones» se llevaron consistía en tres ejemplares secados de animales completamente comunes (¿!). Est robo fue debidamente denunciado a los Carabinieri d Torriglia, quienes hicieron una investigación, sin ning' resultado positivo. A consecuencia de este robo complet 160

raquis del gigantesco ser , de aspecto demoníaco, que secuestró a zanfretta, hecho por él mismo tras su experiencia.

11 construcción del gigante verde de ojos rojos triangulares, basada en el croquis suministrado por , Ilfretta a los investigadores.

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mente atípico (y verdaderamente bochornoso para cu quier ladrón honrado, teniendo en. cuenta que en la v· había objetos de gran valor, que los cacos -si es que est «cacos» eran de este mundo, que lo dudo- no se llevaro el propietario de Casa Nostra decidió prescindir de servicios de la Cooperativa de Valbisagno. En el anchuroso prado situado al sudeste de la villa, el lugar donde Zanfretta recuperó el conocimiento, se contró una huella oscura en forma de herradura, de 15 de ancho, con un diámetro mínimo de unos 2,50 m y diámetro máximo de 8 m. Esta huella fue fotografiada película pancromática y fla~h por Luciano Zeggio, rep tero gráfico de La Gazzetta del Lunedi, en la tarde del bado día 9 de diciembre. Durante el examen del lugar efectuado el jueves 7 diciembre por los carabineros y los compañeros de Z fretta, se descubrió también una huella en forma de he dura, como la anterior, de un diámetro máximo de unos metros. Se descubrió asimismo la presencia de una lig radiactividad en el lugar, correspondiente en promedi 0,25 mR/h, ubicada en el ángulo oeste de la casa, o S hacia el sitio donde el testigo aseguró haber visto el tri gulo luminoso elevándose hacia el cielo. La presencia de un objeto u objetos luminosos sobre cielo de Marzano la noche del 6 al 7 de diciembre, par confirmada por lo que declararon diversos testigos a . periodistas Rino di Stefano y Luciano Zeggio, de La Gazze del Lunedi ambos. Estos testigos no se conocían entre sí se habían puesto previamente de acuerdo.

Regresión hipnótica de Zanfretta Fortunato Zanfretta accedió de buen grado a someters una sesión de hipnosis, pues él era el primero en sen curiosidad acerca de lo que le pudo haber ocurrido dur los minutos «perdidos». Se encargó de sofronizarlo médico-cirujano doctor Mauro Moretti, un especialista la hipnosis médica. La primera sesión de regresión nótica se celebró el sábado, 23 de diciembre, y a ella as tieron el psicoanalista f\. Massa, el hipnólogo G. Cesari, médico doctor Ferraro, el periodista R. Di Stefano, el niente G. Cassiba y el investigador Luciano Boccone. Los resultados de esta primera sesión de hipnosis S vieron para confirmar las primeras impresiones de sin 162

Ind comenta Boccone. Zarrfretta describió su experiencia 11 detalle, dando muestras de gran emoción e incluso 1101' -que no se puede fingir bajo hipnosis, como sabey manifestando de forma física sus reacciones; Ello IlIlitió llenar las lagunas temporales existentes en su eslo vigilo Así, los investigadores averiguaron que aquellos 11., monstruosos llevaron a Zanfretta a «alguna parte», lid lo sometieron a diversas manipulaciones: ·10 coloca11 bajo la acción de una «luz cegadora»; le pusieron Ifo» (tal vez un casco, como en el caso, que veremos, de h 'douro, en la cabeza); y le hicieron experimentar un 101' insoportable». T 'rminamos esta parte con la transcripción de la en¡sta que sostuvo Zanfretta con Bocco~e, y que ést: "Iica en su artículo dtado. Esta entrevLSta se celebro o después del suces~ . I'REGuNTA.-Esfuércese por darnos una buena descrIp11 de aquel ser... I nSPuEsTA.-No, espere, no... tengo dolor de cabeza... 11' dos días que no consigo dormir... I'.-¿Pero tenía brazos? l.-No recuerdo... Mire, lo único que recuerdo es la IIIID. ... es decir, las cuatro o cinco veces que me he desI lado aterrorizado, en casa, la forma de cómo puedo IInlo'visto, o sea, una cara grande y espinosa. I'.-¿Y ruidos? l.-Sólo aquel silbido, cuando partió. Pero no entieIl;~o c1l: la grava. Cuando uno anda por la grava: la oye, cruJ~r, 10 yo no oí nada. Lo oí cuando ya lo tema detras ffilO, 11 (' rca que al volverme, ·le di con la cabeza..., , I .-¿Y después que usted lo hubo tocado, que paso? l.-Nada, no recuerdo pada... I'.-Usted apenas tuvo tiempo de ilumínarlo con la lám111, Y entonces... , l.-Vi la cara, aquella cosa enorme, y algo aSI c?mo un 1011 o grueso, muy ancho ... una masa de carne grIS, oscucuando vi la cara quedé aterrorizado, no podía mo'1 111 , con la pistola en la mano, la lámpara en la otra... 11 • ~ por cuánto tiempo... . , . P.-¿Una masa de carne en qué sentIdo? ¿PareCIa lIsa 11l0?

R.-Tenía ondulaciones ... era como ver el busto de un~ 1 1 , ... na gorda inclinada, que se al.za, y desciende,. y aSI 1U'I'sivamente. Eran comO ondulaCIOnes, en una palabra. P.-¿Como el «hombre Michelín»? 163


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R.-¡Claro, eso mismo! Sí, sí, algo parecido. Gris ose P.-¿Y al tacto, cómo era? ¿Qué notó al darse contr de cabeza? ¿Era blando, o duro? R.-Oiga, lo golpeé con fuerza, pero fue sólo un gundo. P.-¿Algún olor? R.-No, no recuerdo ninguno. P.-Ahora, aparte del dolor de cabeza, causado tal por el cansancio y el stress, ¿ha tenido trastornos físi de algún tipo? R.-Comó le he dicho, es sólo cuando me vaya dar Hace dos días que me vaya dormir por la tarde; due una hora y basta. Siempre vuelvo a ver esa escena... P.-¿Pero continúa normalmente su trabajo? R.-He pedido yo de continuar; si me quedo en casa, peor. P.-¿Las luces las ha visto alguien más? R.-Las luces fueron vistas por dos personas hacia veintiuna; vieron una especie de triángulo... P.-¿Hacia las veintiuna? R.-Sí, desde un sitio situado a algunos allí, en dirección precisamente a Marzano. Los ocupantes de ovnis comparados por ,los testigo «hombres» u «hombrecitos Michelín» son relativame abundantes en la casuística mundial de aterrizajes y cuentros cercanos del tercer tipo. Recordamos ahora caso de la Plaine des Cafres (Isla de la 'Reunión) y el pañol de Jerez de la Frontera (publicado en el n.O 40, j 1980, de Stendek), que tuvo lugar en 1960. El testigo, Miguel Timermans Ceballos, marchaba en motocicleta a una del mediodía cerca de Jerez, por la carretera que Arcos de la Frontera y El Bosque, cuando vio a un enorme, de unos dos metros o más, de color rojo y q tenía el aspecto del «hombre-anuncio Michelín». Posteri mente, a este humanoide se le unió otro de característi idénticas, pero que mediría tan sólo 1,20 m. El señor mermans me abordó al fin de una conferencia sobre ov que pronuncié en Jerez, y así vine en conocimiento de e curioso caso, que ofrece todas las garantías de fiabilida por las características del testigo, homqre maduro y ma tro nacional de profesión.

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I11Ó mucho la atención a los investigadores reunidos en 111 a Zanfretta el sábado 23 de diciembre, que éste dijera p'lidamente, bajo hipnosis, la frase «regresaremos pron• lo que hacía pensar que el ser o los seres que lo ab~,:­ 1011, se proponían tener un segundo encuentro con el VIgI111' nocturno. Pues bien: parece ser que este «segundo encuentro» I u lugar la noche del miércoles 27 de diciembre de aqu~l 11 1110 año 1978. El mismo tuvo lugar poco antes de Torn11, mientras Zanfretta hacía su ronda habitual, esta vez ~ lante de un Fiat 127 azul de la Cooperativa de ValI no. I a experiencia fue muy similar a la primera, según se dll e de la transcripción de la sesión de hipnosis a que 1I1111nato Zanfretta fue sometido por el doctor Moretti el 1I111ingo 7 de enero de 1979. Los «repugnantes seres verdes, Ito' y monstruosos», con <<los ojos amarillos... triangula... y venas rojas ... sobre la cabeza... y e~~ina~ .... a los dos de la cara... », sometieron a Zanfretta a mIl veJaCIOnes, II00ándole de nuevo el «casco» sobre la cabeza: <<¡Ah, In con ese casco! ¡Quitádmelo! ¡No puedo más! ¡BasI .. ¿Por qué queréis que no grite? .. No, me hace daño ... 111 Ilitádmelo!t!. .. ¡¡iQuitádmelo!t!».. . omentando esta alucinante expenencIa ante las camade la televisión de Génova, en emisión transmitida el de enero de 1979, el doctor Mauro Moretti declaró: 'oso que Zanfretta no ha simulado, o al menos, que no mentido conscientemente: nosotros entendemos esto 11111 simulación. Quedan dos posibilidades alternativas: 111' haya referido datos objetivos o que haya referido, de If'cta buena fe, los datos subjetivos fruto de su inconsI lile o de una vivencia anterior.» y agregó que en una sesión de hipnosis efectuada ante"u'mente, trató por todos los medios conocidos de sondear I lI1ente de Zanfretta para saber si éste tenía una «cultu» ufol<;Jgica o de fantasía científica, y de averiguar, ~ob~e 11111 si había visto pe'lículas a las cuales poder atnbUIr, 1I1111~almente, la vivencia inconsciente que expresó poste,rmente en estado de hipnosis. Pues bien: los resultados fu -ron totalmente negativos, a este respecto, lo cual habla 11111 'ho en favor de la «verosimilitud» de la experiencia vi,Id 1 por Zanfretta (que por otra parte concuerda c~n o~ras hllilares, de las que el vigilante nocturno no tema m la

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menor idea). En estado hipnótico, Zanfretta describió interior de la nave adonde fue abducido (un gran «trián metálico... color acero»), en cuyo interior había «una g sala... con todos ellos alrededor, que me miraban... » sala «estaba llena... de cuadros de mandos... » Estas cripciones son «clásicas», como también es «clásico» el cho de que lo desnudaran para examinarlo: <<¡Ah! ¿ qué... me habéis ... desnudado todo?... » También se pu considerar «clásico», o un «patrón recurrente», el inte por los órganos genitales: «Pero... ¿por qué me cogéi lqs testículos ?»... Pero quien crea que con esto habían terminado sinsabores de Zanfretta, se equivoca de medio a me En realidad no habían hecho más que empezar.

Raptado por tercera y cuarta vez Aproximadamente al año de su primera abducción, For nato «Piero» Zanfretta fue secuestrado por cuarta V Hacia las 11 horas 30 minutos de la noche del 2 al 3 diciembre de 1979, los compañeros de Zanfretta capta su angustiosa llamada de auxilio por radio. La alarma c dió de inmediato entre los vigilantes nocturnos, Y no para menos: Zanfretta aseguraba haber sido raptado otras tres ocasiones (a las dos primeras nos hemos referi en las páginas precedentes). Y según había revelado Z fretta bajo hipnosis, los humanoides verdes y gigantes le habían asegurado que volverían a por él «con el g frío», y que además le dejarían una señal que convenci a los terrestres de su existencia. Tras casi tres horas de búsqueda, sus compañeros vier un disco que despedía una luz cegadora sobre el mo Uscio, disparando doce balazos contra el mismo, Al ver q no sucedía nada, decidieron llamar a la policía y a 1 carabineros. Poco después de esto, Zanfretta volvió a comunicar por la radio de su coche: «Tengo un gran dolor de cabe Estoy en medio de la montaña y todo está oscuro.» Fin mente, Zanfretta fue encontrado en el fondo de un barr co, bajo un fuerte shock nervioso. Una abducción repetida cuatro veces (de la tercera poseemos información; sólo la palabra de Zanfretta) com la que nos ocupa, parece plantear problemas de credibi dad. ¿Por qué los «extraterrestres» se habían encaprich 166

d' tal modo con un mismo individuo? ¿Qué poseía tta, al fin y al cabo un humilde vigilante nocturno Il ran cultura, que les atrajese de tal manera? Es inte'Ilte citar aquí la opinión del doctor James Harder, dillclr de investigaciones del APRO, y a quien ya hemos 1 11 jonado en relación con el caso Pascagoula. El doctor 11 ti l' asegura haber encontrado numerosas evidencias 11 ~ubsanan la teoría según la cual muchos otros abducituvieron otros encuentros con humanoides o «extra111'stres» (generalmente en su infancia), sin guardar un II 'rdo consciente de estos encuentros, que sólo afloran I'J curso de una detenida exploración hipnótica. Mi pro'xperiencia me neva a dar la razón al doctor Harder, 1'. yo también conozco -persona'lmente- varios abdulos y «cQntactados» que tuvieron en su infancia episo11 imilares. De las 104 personas que tuvieron encuentros con ovnis IJII fueron hipnotizadas por Harder, 30 de ellas mostra11 fuertes evidencias de haber tenido experiencias múl1I ", mientras que otras 40 «probablemente» "las habían" 11\ lo. Sólo 34 no parecían contar con más experiencias. pespués de esto, ¿se puede seguir pensando que los enIIl1tros cercanos y especialmente las abducciones, son I o casual? Harder dice que «es como si una especie de 1111'0 de psicólogos extraterrestres estuviese haciendo un IlIdio de los seres humanos». En cuanto a la gama de los hducidos», resulta sorprendente que en ella abunden las I sonas que nosotros consideramos «sencillas» e incluso 111 'ultas». ¿Por qué no abducen a profesores de filosofía, Ifsicos nucleares e incluso a políticos? (En este último n, es posible que incluso nos hiciesen un favor ... a conId n de no devolverlos.) En el caso de Julio F., que más .h-Iante expondremos, acaso se encierre la respuesta a esta tl,yunta. IIfr

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8.

RIVALINO MAFRA DA SILVA: ABDUCCIóN TO

~eeI?os en el Catálogo Magonia, de Jacques Vallée, los SIgUIentes casos, que llevan, respectivamente, los núm 541 y 542 de esta compilación de 923 casos de «aterriza y de «encuentros cercanos»:

17 de agosto de 1962. Al anochecer. Duas Pontes (B Rivalino da Silva, un buscador de diamantes, dijo a asociados que había visto a unos extraños enan0 vando un hoyo cerca de su casa. Huyeron al not pro~imidad, y poco después vio despegar un objeto habla estado. oculto entre la espesura. Tenia form sombrero y estaba rodeado por un halo rojizo. ( septiembre de 1962.) 19 de agosto de 1962. Noche. Duas Pontes (Brasil). mundo, hijo de Rivalino da Silva (véase el caso ante fue despertado. por un ruido de pasos y vio una «ex sombra» en la habitación. Era pequeña y no tenía f hl;1mé!?a. Es~uc~ó unas voces que decían: «~ste p Rivalino», anadiendo luego que lo matarían. La fa permaneció despierta el resto de la noche: (APRO tiembre de 1962.) Esto fue lo que pudiéramos llamar el «preámbulo lO, «desenlace» se recoge en el caso siguiente, 543 de 1a <; pilación de Vallée: '

20 de agosto de 1962. Duas Pontes (Brasil). Raimund Silva (véanse los dos casos anteriores) declaró an policía que mientras estaba trabajando en un ca vio dos 01?jetos esféricos inmóviles a 2 m de altura pocos metros ~e su casa. Uno de ellos era negro y llev algo que parecla una antena y una pequeña cola; el era blanco y negro. Ambos emitían un zumbido y fuego parpadeante por una abertura. El padre del m 168

cho le ordenó que se apartase, mientras él se acercaba a los objetos, rezando. Cuando Rivalino estaba a 2 m de ellos, las dos esferas se confundieron en una sola, elevando polvo del suelo y esparciendo una niebla amarillenta que envolvió al hombre. El muchacho corrió en pos de su padre, advirtiendo que la nube tenia «un olor acre». uando se disolvió, todo había desaparecido, incluido Rivalino da Silva. La encuesta. policiaca, que fue dirigida por el teniente Lisboa, no dio ningún resultado. Muchos habitantes de la zona la abandonaron aterrorizados. (APRO, setiembre de 1962.) mo tantas otras veces, el caso se cierra sin recibir I 11 ación. Lo único que podemos hacer es exponer los 110 " con el mayor detalle posible. Para ello acudiremos 1\' limonio recogido por el Diário de Minas de la pobla11 de Belo Horizonte, en su edición del 26 de agosto de . El caso fue expuesto asimismo con cierta amplitud en .lInrio última Hora, también de Belo Horizonte, del día d' agosto, y asimismo en la Tribuna da Imprensa de Río .Inneiro del 29 del mismo mes. En el número de noIlIbre-diciembre de 1962 (vol. 8, núm. 6) de la Flying I/(' r Review inglesa, se publicó un resumen de toda esta fOl'llación (sin duda traducida al inglés por Gordon W. ,;l11on), que es el que va a servirnos de base. El mismo Gordon W. Creighton ofrece también un exI lile resumen del caso en 'otra obra traducida también I mí al españ6l: Los Humanoides, en la que yo participé 11 ,[ caso español de Villares del Saz. El lugar donde se desarrolló este drama insólito fue 111 mísera choza situada a 36 kilómetros de Diamantina, I trilo de Duas Pontes. Diamantina es una población, .de lUlO habitantes en 1962, perteneciente a,l estado de Minas 11Ii • En esta choza habitaban Rivalino Mafra da Silva, I melar de diamantes -no debía de encontrar muchos, ptll1emos- y sus tres hijos. El mayor, Raimundo Aleluia Ira, de doce años a la sazón, ayudaba a su padre cuidanti· sus dos hermanitos y haciendo todas las tareas de la l. Su madre había 'fallecido poco más de un año antes. I aimundo era un muchachito esmirriado y desnutrido, 11> ele mente alerta y vivaz. Fue él quien relató a la po\¡ 1, y a los periodistas la extraña desaparición de su di' , sin contradecirse ni una sola vez. Dijo que la ma1111 1 elel día 20 de agosto aparecieron ante la barraca unas 1IIIIIlUS que parecían flotar, acompañadas de dos extrañas Il'ras de unos 60 cm de diámetro, que emitían luz, lan169


zaban una nube de polvo y unos rayos que desintegra a su padre (sic) ante sus atónitos ojos. Luego, los obje se desvanecieron en el aire, sin dejar trazas. Con ellos sapareció también su padre, Rivalino Mafra da S'ilv El muchacho describió este extraño suceso con g detalle, y con voz firme y clara. Sólo al hablar de su pa los sollozos cortaron su relato. El pobre niño, debido a m~se:ia en que siempre vivió su familia, no había podi aSIstIr a -la escuela, lo cual significa que jamás había leí «cómics» del espacio, ni libros sobre «pires voador (nombre portugués de los platillos volantes). Tamp había visto ni escuchado nunca una radio o una televisi En presencia del teniente Wilson Lisboa, delegado de Policía en Diamantina, el chico repitió por enésima vez historia de la increíble desaparición de su padre ante ojos aterrorizados. Dijo que estos trágicos sucesos com ~aron el domingo 19 de agosto, durante la noche. Su pa el y sus dos hermanos (Fátimo, de seis años, y Dirc de ,dos) se habían acostado. Raimundo no pudo preci que hora de la noche era -su padre no tenía reloj, y a más Raimundo no sabía leer la hora en la esfera de u caso de haberlo tenido; sólo podía conjeturada por la ridad o la oscuridad reinantes-, cuando de pronto tu la impresión de que alguien se movía rápidamente por habitación. Llamó a su padre, y éste encendió un cabo vela. Raimundo percibió entonces una extraña sombra, q parecía flotar por la pieza, sin tocar el suelo de tierra api nada. «Era una sombra extraña -precisó-, no como de un hombre, porque tenía poco más de medio metro alto, y sin forma humana.» y prosiguió: «Permanecimos quietos en nuestras ca y la sombra nos miró (sic). Luego se fue adonde dormí mis hermanitos, y los miró atentamente. Después salió dormitorio y pasó al comedor, y luego salió al patio s abrir la puerta. Inmediatamente después de esto oím carreras, y una voz que decía: "Éste parece ser Rivalino Entonces mi padre gritó: "¿Quién anda ahí?" Al no recib respuesta, paezinho (papaíto) se levantó de la cama y pa al come.dor, y entonces volvieron a oírse las voces, pregu tanda SI él era de verdad Rivalino. Papá replicó que sí 1 era, pero no obtuvo respuesta. Entonces nos volvimos a cama, y "les" oímos perfectamente y con toda darida diciendo que matarían a papá. Entonces papá se puso rezar en voz alta, pero las formas de fuera dijeFon que r zar no le serviría de nada.»

Continuando su declaración ante Ja Policía, Raimundo que permanecieron despiertos el resto de la noche I domingo a lunes. «El 21 por la mañana (lunes), yo me I vt\nté muy temprano... a las seis. Salí al campo a buscar I caballo de papá, y fue entonces cuando vi a las dos bolas lIolando cerca del suelo, a un metro de distancia una de lira. Una era negra, con una especie de pincho (antena) y lila pequeña cola. Bol color de la otra era blanco y negro, I1ll'zclado, y tenía lo mismo que la otra, o sea antena, etc. lllbas emitían extraños ruidos y parecían despedir rayos 1 dientes. (Recuérdese el caso español de Logroño, del que rll' protagonista el seminarista Javier Bosque, en el cual parece un objeto ovalado de características muy similares I s vistos por Raimundo: ¿ojos telecaptores?) Por una h 'rtura salían muchos destellos, como la luz de una luI maga (la palabra portuguesa empleada por Raimundo gafanhoto = saltamontes, pero sospechamos que pueda 1¡¡llarSe de algún tipo de luciérnaga brasileña); se extin11 an y centelleaban alternativamente y con rapidez. »Llamé a papá, diciéndole que saliese a ver aquellos I raños objetos. Él salió de la casa, .sin dejar de rezar y 1'1' 'guntándome qué era. Se detuvo a unos dos metros de quellas cosas, y me dijo que no me acercara a ellas. En qllcl momento, ,los dos objetos, que parecían enormes 1,,1 tas, se fundieron en uno solo, despidiendo mucho humo p lvo, hasta oscurecer el cielo. Sin alzarse del suelo, pero lIlitiendo un extraño ruido, aquella cosa se acercó a papá. le quedó cubierto por 'la extraña nube de polvo, que I I del color del poniente (amarillento) y desapareció en el lurbellino que produjeron los objetos. Yo fui tras papá, meI ndome dentro de la nube de polvo, que tenía un extraño .IOf, pero no pude ver nada. Llamé a mi padre, pero no me I Hpondió.La polvareda se disipó en seguida, como por 11 de magia, sin dejar ninguna señal en la dura tierra; I \1' cía como si aquel sitio hubiese sido barrido con una . bao Di la vuelta a la casa, tratando de encontrar a papá, 1'1 ro no había ni rastro de él ni del extraño objeto; tampoco pisadas. Dios mío, pensé: ¿será esto obra del diablo? l' lpá se había esfumado en el aire. Fui a ver si lo encon11' Iba en unas cuevas que hay allí cerca, pero sin resultado. 1I ' estado vigilando las bandadas de aves que comen carne (1'1 urubú, o buitre brasileño), pero hasta ahora no hay 1 ales de papá. Hace ya seis días que ha desaparecido, V 110 hay ni una pista. ¿Se llevaron las bolas a papá para IIlnlarlo? Quiero que vuelva mi papá.»

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Para el canomgo José Avila García, beneficiado

~atedral d~ Diamantina, el asunto es puramente d

rncumbencla de la Policía. Dijo que habían circulado chas versiones distintas acerca de lo sucedido, pero él que el muchacho tuvo un sueño y que su padre fue víc de unos criminales. -Pero, por una extraña coincidencia -añadió el e nigo-, duran!e l~ semana que precedió a la desapari del Senhor Rivalmo Mafra, el Senhor António Rocha C?I?-tó algo muy extraño. Me dijo que en el curso de VIsIta que efectuó a Río Manso, lugar próximo a Duas tes, había visto dos bolas de fuego, que emitían curio destellos,.y que pasaron volando sobre la casa de Riva En ~onfirmación de estos hechos, António Rocha puso tes.tIgos a _ot~as dos personas, que le acompañaban qUIenes senalo aquellos objetos. El Senhor António Ro es una persona totalmente digna de crédito. Quizá él mis podría ampliar esta información. Cuando los periodistas visitaron a António Rocha confirmó cuanto había manifestado previamente el 'e ni~o y Monseñor Walter, añadiendo que los dos extr obJe!os volaban en círculo a gran velocidad, ya muy b altura, sobre la casa de Rivalino. -No sé nada acerca de la desaparición de Riva -dijo para concluir-, pero, efectivamente vi dos extr objetos e~ el cielo, sobre Duas Pontes. pdr la descripci ?e los .~bJetos dada por el hijo del desaparecido, tengo ImpreSlOn de que eran los mismos que yo vi. El Senhor loao Madalena de Miranda, empleado en fábrica textil Biribiri, ubicada a unos 8 km del escena de e~te suceso singular, fue la primera persona que se p sento en el lugar, avisado por el hijo del infortunado Ri lino. Advirtió que en el sitio que le indi<:aba Raimun s?bre una z?na d~ un rad~o superior a cinco metros, pa Cla como SI alguIen hubIese barrido cuidadosamente duro suelo, pues no había en él ni una mota de polvo. . En opinión del Senhor Elagmano Marques da Cost dIrector de la fábrica textil Biribiri, lo sucedido no es m que una farsa montada por el desaparecido. Bl tambi visitó el lugar, y fue de la opinión de que, sencillament Rivalino había huido para no tener que soportar la car de mantener a sus hijos. Añadió que no creía en la histo c?ntada por el mayor de ellos, aunque no dejaban de impr sIOnarle el aplomo del muchacho y la ausencia de contr dicciones en su relato, repetido tantas veces.

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. que más perplejidad causó a las autoridades de Díaen sus intentos por llegar al fondo del asunto, es I I me~a con que el joven Raimundo sostiene su versión los hechos. Por vigésima vez el chico repitió al periodista I ()iário de Minas y al teniente Lisboa la misma historia, I s observaron que apenas había ninguna diferencia II ' lo que el chico les había contado entonces y l~ que I la referido las veces anteriores. En sus declaraCIOnes había contradicción alguna. El teniente WHson Lisboa, oficial de la Policía Especial, de la sección de Diamantina, juntamente con periodisdel Diário de Minas y un gran número de agentes de 11 fa, se desplazó la tarde del 24 de agosto a Duas Pontes. I t 'niente Lisboa ordenó a sus hombres que registrasen proximidades de la humilde morada del desaparecido, I () sin ningún resultado. IIab1ando con los periodistas, el teniente Lisboa mal- tó: -Como autoridad oficial, tengo el deber de seguir todas pistas e investigar todas las versiones del suceso, sin l ' uparme por si los hechos son absurdos o no. A.gregó que se habían investigado los antecedentes permales del desaparecido, pero no se encontró nada 9-ue IIdiera hacer luz sobre el caso. Rivalino Mafra da SIlva ,,1 la nacido en Pinheiro, una pequeña localidad del disI l municipal de Diamantina. De pequeño no asistió a la 1 ucla. No poseía ninguna fotografía de sí mismo. Uno de los primeros pasos que dio el jefe de Policía de IlInantina al enterarse del extraño suceso, fue el de hacer lit 'mar al niño en una residencia, donde Raimundo fue lminado por un psiquiatra, el doctor loao Antunes de 11 veira quien tras reconocer detenidamente al muchacho, h- 'laró 'que era completamente normal, sin señales de enl'medades mentales o de trastornos psíquicos. El psiquiatra interrogó a fondo al chico, sin hallar pru~­ h, alguna de que estuviese mintiendo o fabuland? RaIlIIundo le repitió la misma historia cuatro veces, sm desarse un ápice de su versión original. El doctor Antunes 11. laró sin titubear que el muchacho se hallaba en buenas londiciones físicas, a excepción de una liger~ d~bilidad 11 'bida a desnutrición. Hablando con .los penodistas, el p1iiquiatra no quiso entrar en los detalles del cas~ ni di~­ 1 lltirlos, prefiriendo no apartarse del p~to de v~sta mellico. No se pronunció acerca de la posIble. veraCIdad d~l 10 \so, limitándose a manifestar que en el pnmer reconOCl111 ¡na

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miento que hizo del muchacho, éste parecía gozar de salud mental perfecta. Para el doctor Benedito Starling, juez del Tribunal Diamantina, la versión del «pires voador» es inacepta -En mi opinión -manifestó-, o bien se trata de asesinato, o bien este hombre ha huido para no tener enfrentarse con sus responsabilidades fami'liares. Hay t bién la posibilidad de que Rivalino se cayese al inte de una cueva o una sima, y aún esté allí su cadáver. la conversación que sostuve con el jefe de Policía, le gerí que considere el caso únicamente bajo su aspecto licíacoo.o es decir, posible asesinato o muerte por a dente, o pura y simplemente como el caso de un hom que ha desaparecido por su propia voluntad. Por lo . se refiere a 'la historia que cuenta el muchacho, no d tomarse en consideración. Lo que aquí se requiere es estudio a fondo de las facultades mentales de ese chi Raimundo es un niño desnutrido y, como tal, sujeto a frir alucinaciones. Yo, personalmente, creo que su pa debe de haber encontrado un diamante de buen tama y puede haber tramado esta historia absurda, en cola ración con su hijo, para no tener que repartir las gan cías de su hallazgo con sus tres socios. Oltima hora del 28 de agosto publicó en su sección sucesos un virulento ataque contra lo.s científicos del B sil que aún mantenían su escepticismo ante la crecien evidencia de la realidad de los «platillos volantes». El Didr de Minas del mismo día informaba que el doctor Joao tunes había efectuado un reconocimiento psicológico y dico del joven Raimundo. Durante el mismo, el psiquiat hizo que llevasen ante el muchacho a .una persona que fingía muerta, y que tenía la cara tapada. -¡Aquí está tu padre muerto! -exclamó-o ¡Mentis al decirnos que había desaparecido! Ahora cuéntanos que pasó de verdad. Con expresIón triste, el chico dijo que él no había me tido, y repitió su historia de pe a pa. Después de esto, doctor Antunes ya no tuvo más dudas acerca de la vera dad de la historia contada por el chico. Rivalino Mafra da Silva: ¿abducción total? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Y por quién?... Pero en Duas Pontes, la gente, asustada, estuvo much tiempo sin atreverse a salir de noche, no fuera que vinier 174

Tres «grandes» ele la Ufología reunidos . en 1979 en Londres, durante el congreSo ele la BUFüRA. De izquierda a derecha: el doctor Roberto Pinotti, del CUN italiano; Charles Bowen, director de la «Flying Saucer Review», yGordon Wo Creighton, que ha inve~igado personalmente muchos casos sudamenca~s, entre ellos el de Rivalino Matra da Silva.


«aqueles diabos e os levaram» (que vinieran aquellos bIas y se los llevaran...).

IIr cesado de nevar a las nueve y media y había queda\Ina noche oscura y sin luna. Alrededor de las once, el hijo Oliver que fuera con el cubo agua al pozo, que se encontraba a \11 25 metros del porche lateral de la casa. Deseoso de 1111 'grarse al jovial ambiente que reinaba en la mansión, 111110 se apresuró a cumplir la orden de su padre. 11 'ro nadie lo había de volver a ver jamás. A los pocos IllIdos, todos le oyeron gritar pidiendo auxilio. 11.1 primer grito se oyó claramente... el segundo fue ya '¡pagado ... y el tercero, que más que un grito parecía 1 1111 débil lamento, apenas se pudo oír. Todos los miemI ele la casa y los invitados se proveyeron de linternas ¡dieron corriendo al exterior. Oyeron de nuevo la voz, 'ntonces parecía venir de lo alto, debilitándose cada t IIlás a tiempo que gritaba: «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Se 1I van!» l' dos los testigos aseguran que antes de treinta segunlos gritos ya habían cesado. Los angustiados familiares 11.' amigos pudieron seguir las huellas del niño, clara111 . impresas en la nieve, y que llegaban hasta unos \\11 'c metros de la puerta. Allí cesaban bruscamente, y II a [rededor no se distinguía ninguna otra marca en la \'1' impoluta. menos de cinco metros de distancia estaba tirado el 111 que llevaba Olivero I.~Le no volvió a aparecer, y fueron inútiles todas las "(lisas y todo el dinero que gastaron los angustiados di l' " tratando de dar con su paradero. Se había esfu,/tI en el aire ... J)' ser cierto este caso, sería la primera abducción /1// registrada... anterior en casi setenta y cinco años a di' Rivalino da Silva. IIcl'o ahora empiezan a surgir las contradicciones y los 11 coso Creo que el primero que recogió y publicó el 11 fue el astrónomo M. K. Jessup, muerto en misteriosas 1I '111 tancias (sin duda relacionadas con el no menos mis1111.' «experimento de Filadelfia»). Jessup publica el exI Il incidente en su libro The Case tor the UFO (1955), Iltll 'ado al año siguiente en castellano por Populibros La •• 11 n, de México, con el título de El caso de los ovnis .1111 un prólogo, precisamente, de Frank Edwards. 1\. aminemos las discrepancias. En primer lugar, la fe11, 1889 para Edwards, 1890 para Jessup: «Tan imposible ocurrió en la finca de Tom Lerch, la Nochebuena nI' Larch ordenó a su ~ I'anito (sic) a buscar

Addenda Un caso de abducción que pensaba incluir en este libro e todos los honores -sobre todo por su carácter extra ~ mo y por su antigüedad- era el del niño que fue arre tado hacia lo alto, la noche de Navidad, cuando salió su casa a buscar un cubo de agua al pozo. Sus pisadas pudieron seguir en la nieve impoluta hasta mitad de c no del pozo, pero allí cesaban bruscamente. El cubo a reció tirado a un lado, mientras de lo alto llegaban u gritos desgarradores y unas voces: «¡Socorro! ¡Se me van! ¡Se me llevan!» El nombre del niño así arrebatado, creía recordar, Oliver Lerch o Larch. Por este apellido lo busqué en índice onomástico de las Obras completas de Charles F (edición de Henry Holt, Nueva York), que poseo, pues hallaba convencido que por la fecha (hacia 1890), y su traño carácter, el caso tenía que estar incluido en alg de las obras del maestro de 10 insólito. Primera sorpre no estaba. No aparecía por Lerch, por Larch ni por el (hay también un índice de fechas). Entonces, y gracias al infatigable y eruditísimo Enriq de Vicente, que «10 sabe todo» sobre estos temas, canse reunir unas cuantas referencias bibliográficas sobre el S p~esto caso. Hablan de él Frank Edwards, M. K. Jessu John Macklin y Patrice Gastan. Pero los datos que estos autores no concuerdan. Veamos, por ejemplo, c es la versión de Frank Edwards (recogida en UFOs Arou the W orld, obra en la que yo colaboré y editada por B ward J. Babcock y Timothy Green Beckley en 1966): La historia se refiere a la trágica desaparición de Oliv Larch, de once años de edad, hijo de la familia Larch, q vivía cerca de South Bend, en Indiana (Estados Unido en 1889. La familia se hallaba celebrando 'la Nochebuena de di<: año, con un grupo de viejos amigos en la casa. Entre es grupo se hallaban el clérigo de la iglesia a la que perten cían los Larch, con su esposa, un juez retirado de Chica y un abogado de South Bend, amigo de todos los pres tes. Iban a ser unas Navidades blancas. Al anochecer, la ti rra había sido cubierta por una espesa capa de niev 176

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de 1890... » Vemos además que el apellido de la fa para Jessup, es Lerch y no Larch. Pero esto no es tod edad de Oliver Lerch (o Larch) varía enormement una versión a otra: para Edwards era un niño de 11 Jessup nos 10 presenta como un joven de 20: «Tom era un padre rígido que exigía absoluta obediencia a dos hijos: uno de 23 años, Jim, y Oliver, de 20... » Y no tento con esto, Jessup le echa novia: «... el joven O estuvo tan alegre como para cantar con su novia, la Lillian Hirsch, hija de un abogado de Chicago, amigo d padres ... » Nueva discrepancia: para Edwards la noche era os como boca de 'lobo, y sin luna. Veamos 10 que dice Je al respecto: «Afuera, la noche estaba quieta. Despué un día brumoso y nevado, 'los vientos soplaron y las n se fueron. Ahora brillaba la luna sobre la encantadora piña, plateando la escena con nieve refulgente.» Y si las discrepancias: «Cerca de las diez, la madre de O (no el padre y a las once, como dice Edwards), lo II para que extrajera agua del pozo.» Oliver obedeció madre, y salió de 'la casa con dos cubos (no con el ins cubo de granito de Edwards), de los que luego sólo s contró uno. A partir de aquí, la historia tiene un desarrollo sim los gritos de auxilio desde arriba, la salida en tropel d invitados, etc. El escritor francés Patrice Gastan hace una breve ción del caso en su obra Disparitions Mysterieuses ( R. Laffont, 1973), traducida al español por Plaza & nés, S. A., en su colección Otros mundos. Gastan esc el apellido de la familia Lerch, como Jessup, y da la f de las Navidades de 1890, asimismo. Pero hace de 01 un niño de 11 años, como Edwards. Por 'lo demás la toria es la misma, muy resumida. ' Pero la versión más desconcertante es la que nos of John Macklin, primero en la revista Creed y luego en libro Strange Destinies (1965), publicado al año sigui en México por Editorial Novara bajo el título de Desti extraños. Macklin sitúa la acción en el País de Cales, y el año 1909. La familia congregada para celebrar las N dades, en medio de un paisaje nevado y frío, eran los T mas y sus más allegados amigos. «Sentado al lado hogar, el tierno Oliver Thomas, el hijo de once años campesino Owen Thomas, se dedicaba ·con evidente sa facción a partir nueces.» 178

me dedico con evidente satisfacción a descubrir inIllencias.) kñade Macklin: «No escasearon los testigos de la desah ¡ n de Oliver Thomas. Estaban presentes un minisIrligioso y su esposa (como en la versión de .Edwards), I'jo veterinario local y un subastador de la aldea ve. En cuanto a las «circunstancias meteorológicas», klin coincide también con Edwards: «En el exterior 111 asa, la nieve había dejado de caer después de haber IIzado una altura de varios centímetros, formando ... alfombra alba y suave. El viento había dejado de aullar; 110 'he estaba negra, sin estrellas.» Y quien pidió al niño fuera a por agua, «unos minutos antes de las 11», fue . Ihlén el padre. Todo 10 demás es igual en las distintas nes. El único dato que nos da Macklin que pudiera aportar pista es el nombre de la aldea vecina: Rhayader, cuya 111' a parece ser que examinó las huellas y el balde abanIIldo. l' ro los nombres que pueda citar Macklin no nos ins1111 demasiada confianza. Fue él quien difundió, precisaI1I , la historia (retomada por Jacques Bergier en Les l/fLterrestres dan s l'Histoire), de los dos niños verdes 'alieron de una cueva cerca de la localidad española 1 alana por más señas) de Banjos. Un sacerdote de Barlolla, según Maclclin, fue a examinar a los dos extraños , . , que no hablaban ninguna lengua conocida. Los invesIIdores del CEI barcelonés, y luego Mercedes Castellanos 1111 brillante artículo publicado en Mundo Desconocido, 11 demostrado que Banjos no existe, y que toda esta his11, es falsa, un canular como dicen los franceses. Y pul" Ida también en su libro Extraños destinos. Pero volvamos a Oliver Larch, Lerch o Thomas. El único !l1Il' que da a'lgunos datos que parecen serios y, sobre 11>, comprobables, es Jessup. Veamos: «Los hechos de 1 caso -escribe J essup en la página 172 de la edición Populibros La Prensa- están claramente registrados I , quien quiera consultarlos, en los anales policíacos de o/I/h Bend, Indiana, y han sido atestiguados por personormales jamás dadas a las alucinaciones, la histeria 1I sugestión. Los testimoniantes incluyen abogados; al 'rendo Samuel Malleliel, ministro de la Iglesia Metodista 1111111 y a ciudadanos responsables que declararon sobre la I ¡,nnte (sic) desaparición.» y continúa: «Tan imposible suceso, ocurrió en la finca 179


de Tom Lerch, la Nochebuena de 1890, en una corh de cien mil personas que no son, ciertamente, leñado los que viven en ilimitada superstición. La hacien Lerch estaba -y aún está- en 'los aledaños de South su casa era del tipo común, con techo de caballete que zaba todo el edificio, sin ático, rincón o rendija algu pudiera esconder un cadáver.» Otra pista a seguir puede ser 'la prensa local. Edwards alude a ella: «Para los escépticos, los ama tos relatos periodísticos (yellowed newspaper acco serán testigos del extraño y terrible suceso que ocurrió Navidad, hace 77 años... » (Edwards escribía esto en 1 Desde aquí invito a los investigadores que, con escasas pistas en mano, quieran comprobar de una v todas si el caso del joven abducido «hacia lo alto» fu dad ono... También habría que consultar el número de setie de 1950 de la revista Fate, pues Jessup lo cita como te de su información (op. cit., pág. 176). Si la realida este caso se confirmase, y como 'la gigantesca ave « que aparece en las Mil y Una Noches, no debió de S causante del secuestro, ello conferiría antigüedad y r tabilidad a las abducciones de seres humanos por po desconocidos. Que buena falta nos hace.

Nota. Escrito ya 10 anterior, compruebo que, efectiv te, el topónimo Rhayader existe, y corresponde a una lidad del País de Gales. Sus coordenadas geográficas, s Britannica Atlas, son: 52° 18' N, Y 3° 30' W. El misterio continúa.

BEBEDOURO: LA COMPONENTE ONíRICA

casos de abducción presentan una fuerte carga va: dijérase que los testigos, bajo hipnosis o en estado I'i 'nte, nos están describiendo un sueño. Muchos caI l'I'cctivamente, empiezan por «sueños» reales: Betty y IH'Y Hill, 'los Avis, etc. Pero luego el investigador tiene IIlpresión de que los sueños evocan un suceso «real»; es la, un suceso que ocurrió «fuera» de los testigos, y en el ,¡ .. tos desempeñaron un papel puramente pasivo. Natu· III1'nte, hay ufólogos que se inclinan por interpretar las hll' iones como eventos oníricos; como una fabulación 1111 'onsciente, acaso desencadenada -esto es lo más que IlItO de ellos llegan a admitir- por la fuerza enigmáque activa toda la fantasmagórica fenomenología ovni. In embargo, otros investigadores (entre 'los que yo me 1110) consideran la abducción como un evento real, pero 111 aclo» de la mente de los abducidos, salvo en algunos 11 casos, como el de Bebedouro, por ejemplo. Este inci11 . presenta desde el principio hasta el fin un irremedia,arácter onírico. El caso de Bebedouro es un sueño JI IlIante, con toques surrealistas. Lo curioso es que lo 1l1.lse» un modesto soldado brasileño, que no ganaba nada 11 l'l episodio, ni ante sus familiares ni ante sus supeI

11'·...

1,1 protagonista de este «sueño» se llama José António

lJva. Con este caso, volvemos al Brasil, el Brasil de Ri1111 Mafra da Silva, pero también el Brasil de «Z'e» Arigó,

I,)¡.j candomblés, de las macumbas y de la magia yomba.I Ill'asil mágico, primitivo, ancestral, profundo. El Brasil IIl1d ' todo es posible. Hasta el caso de Bebedouro. N s servirá de guía, de hilo conductor para exponerlo, I IlIllgnífico estudio yexposición del mismo que hizo la re· I I 1 Cuarta Dimensión, que dirige Fabio Zerpa, en su nú· 180

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mero 60 (número extraordinario). El estudio viene fi por el profesor Ornar R. Demattei y el equipo ONIF procedencia del informe era la revista belga Intorespa reconocida solvencia y seriedad. De la investigación Brasil se encargaron la CICOANI, bajo la dirección doctor Húlvio Brant Aleixo, y la SBEDV, bajo la dire del doctor Walter Karl Bühler, ambos nombres muy cidos y respetados en el mundo de la ufología. Pero vamos a los hechos. E'l sábado día 3 de ma 1969, José António da Silva abandonaba por la tarde la desta vivienda que ocupaba con su familia en la calle dio Germano, Vila Pompéia, de Belo Horizonte, en tado brasileño de Minas Gerais (estado muy favoreci nuestra casuística, pues en él tuvieron también lug casos de António Villas Boas y el que acabamos de ex de Rivalino Mafra da Silva). El joven José António da Si'lva manifestó a sus f res que iba de pesca, para lo cu.alllevaba los pertrecho tinentes. En su mochila, además, metió su equipo de ping, alguna ropa interior, latas de conservas y la su 35 100 antiguos cruzeiros. No se tuvieron noticias suyas hasta el sábado 1 mayo, o sea una semana después de haber partido d casa, cuando apareció en la estación de Belo Horiz tras apearse de un tren procedente de Pedro Nolasc el estado de Espíritu Santo, localidad distante m 360 km de Belo Horizonte. José António da Silva iba vestido de un modo mu maria. Se tocaba con una especie de gorro hecho con media de mujer, y llevaba un paquete bajo e"l brazo. A sa de este paquete, el agente de seguridad de la est lo interpeló, pues los robos de alambre de cobre son frecuentes en esa línea. -Jefe -respondió el joven-, no tengo mis papel identidad, pues me "los han robado. Pero soy soldado. Conducido a la sala de espera de la estación, don contenido de su mochila fue examinado sin encontrar sospechoso, se dio a conocer como ordenanza del m Célio Ferreira, segundo comandante del Batallón de darmería de la Policía Militar del estado de Minas Ge Acto seguido, José António se enzarzó en un relato los ferroviarios presentes encontraron delirante. El ag de seguridad lo asaeteó a preguntas, tratando de hac incurrir en contradicciones, sin conseguirlo, Decidió tonces avisar a un reportero de Radio Guarini, una emi 182

1, grabándose el relato del soldado. FinalI:?ente s~ le IIlilió volver a su cuartel, pero el mayor CélIo FerreIra, \11 u estado, juzgó preferible aislarlo durant~. 24 horas 11 propia casa, antes de devolverlo a su famIlIa, lo que l'Iizó el 11 de mayo por la mañana. lluella misma noche, los prime:o.s invest~gadore~ del (M.NI (Centro de Investigac;áo CIVIl de Objetos Aereos 11 Identificados, de Belo Horizonte) interr<;>garon al sol111 y recogieron de sus labios el relato que ~I~e: , LI 3 de mayo, después de dejar su domIcI~o, Jase An111 da Silva subió a un ómnibus en la estaclOn de buses 1\'10 Horizonte a Pedro Leopoldo. Descendió durante unino y se dirigió a pie hacia un lugar llamado Bebe11 o (antiguamente <da hacienda de los Ingleses»; en cuan" bebedouro, significa en portugués bebeder?,. abreva,,,), a lo largo del rio das Velhas (río de las VIe~as). Ha1" medianoche alcanzó una pequeña laguna alejada que l' Ireció propicia para instalar su .~ampamento. ~na v~z h esto, se puso a pescar, ocupaclOn que reanudo al dIa IllL'ote al amanecer, sin el menor éxito. 1I lcia' mediodía, después de haber almorzado sumar~a­ 11I ' ·con una lata de sardinas, continuó en su empeno I 'pturar peces. Irededor de 'las 15 horas, mi~ntras miraba los bosque1111' próximos, percibió vagamente unas form~s. que e11 en su dirección, y oyó rumor de voces. CaSI mmedIa11 'nte notó un sonido parecido a un gemido exhalado el' el fondo del pecho, y una lengua de fuego lo alcanzó 11I' piernas, provocando su caída al borde de la la~a. I a lengua parecía de fuego, pero no lo era -explIca el 1 ~'0-, puesto que no quemó mi pierna. ?ra un haz ~e crdosa en el centro, rojiza en el extenor, que partía ,:lIndiéndose desde su punto de origen: una silueta par1m nte oculta por la espesura.» 1 tener las dos piernas entumecidas, el soldado no p~do lI1larse. Se vio entonces encoadrado por dos pequenas 111 'las enmascaradas que medirían alrededor de 1,20 m. I dos seres lo tomaron por los brazos y se lo llevaron 11 dificultad aparente en dirección a 'la espesura pantanosa. , mprendiendo que toda resistencia ser~a inútil y. te1111 11 lo por su vida, si un segundo haz lurnmoso le dI~ra 11 1\ cabeza, José António se dejó llevar alrededor de dI~~ 1111 Iros, en dirección a una tercera silueta que permaneclO hll)1l1 ible mientras el pequeño grupo pasaba frente a ella, ell' 'pués se puso a andar detrás de ellos.

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José António supone que fue este tercer personaje utilizó el arma contra él. Sus captores también es provistos de la misma arma, que parecía un trabuco El extraño trío y su presa prosiguieron su camino hierbas y matorrales. Cada uno de los pequeños sere revestido con una e.specie de buzo o mono de vuelo br te de color claro y aspecto metálico, con articulacion codos y rodillas; la cabeza de los seres, proporciona resto del cuerpo, estaba encerrada en una especie de y rígido que descendía bastante abajo por encima d hombros. Estas máscaras o cascos eran redondeadas detrás, con formas angulosas por delante; estaban ap das a la altura de la frente, y a nivel de la nariz most una forma triangular sobresaliente. Dos orificios circuI de alrededor de dos centímetros de diámetro, ocupab lugar corespondiente a los ojos. De más abajo, a la al del mentón, partía un tubo que tenía la apariencia del tico y que, pasando por debajo de la axila derecha, t naba en una cajita metálica que llevaban sujeta a 1 palda. En aquel momento, los seres no mostraban nin parte de su cuerpo visible. El ovni «atípico»

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Andando de esta manera llegaron a ia vista de un ap posado en medio de un sendero. Se trataba de una máq constituida por un cilindro vertical, en cuyas bases est fijadas dos cúpulas lenticulares; cada una de estas cúp era de un diámetro superior al del cilindro, y la supe era más grande que la inferior, sobre la cual reposaba t el conjunto. De la cúpula superior partían, a intervalos gU'lares, unas barras rígidas que venían a encajarse obli mente en la parte baja del cilindro, a nivel de la platafo sobre la que éste descansaba (véase figura pág. 188). Las dos cúpulas eran de color negro; el cilindro mos ba una coloración cenicienta; medirían respectivam 2,50 y 3 m de diámetro, siendo la superior la de ma diámetro; la altura de todo el conjunto era de uno metros. En la parte cilíndrica vertical se vislumbraba una «p ta» rectangular de aproximadamente 0,60 X 1,30 met No se apreciaba ningún otro detalle a simple vista. Introducido por la puerta, el testigo se encontró en compartimiento cúbico que mediría alrededor de 2 met 184

d Y estaba iluminado violentamente, como por lámde vapor de mercurio, lo que le impidió distinguir llnridad el equipo que hubiera podido hallarse en el I r. l' sintió empujado y obligado a sentarse sobre un asien1 11. ¡mente cúbico, y dos de sus captores se situaron a l.ltlOS. Entonces 'le fijaron en la cabeza un casco idén· .1 que portaban los pequeños seres; para ello tuvieron Il1cterle el casco a presión, a través de una abertura 1'. del mismo. El casco, demasiado estrecho, no tardó 111 ducirle dolor en los hombros, en los que se le da1111 sus aristas, así c01I!0 en la parte inferior de la nuca, lI11ando sus movimientos. Tenía igualmente 'un tubo desaparecía a su esp~lda, pero José António no sabe 11 i este tubo fue conectado a una caja situada detrás 11, ncuadrado como estaba por los dos «extraterrestres», bido también a lo exiguo de la cámara donde se enconh 1, en la que prácticamente no podía moverse. l.. sujetaron pies y caderas por medio de bandas de un ll'l'ial seco y rugoso. Los dos seres se ataron de la misma lila. Finalmente, el tercer personaje se situó sobre un 111 individual, frente a ellos, y se ató igualmente. Acto 1I1do accionó una palanquita que sobresalía del piso, a su 111 'rda, y al instante se oyó un zumbido que parecía I 'nir de la parte superior de la máquina, que se puso lIl:lrcha, mientras el prisionero experimentaba 'la sensa11 tle despegue. l' co tiempo después, el personaje sentado 'frente a l' António accionó una segunda palanca, situada esta , l\ su derecha, y el joven tuvo la sensación de que el h¡'ulo aceleraba verticalmente. Efectuadas estas manio11 , las tres criaturas se pusieron a discutir entre sí con 11 IlIación. Su lenguaje comportaba un predominio del soIdl) «r» al final de lo que parecían ser palabras. Éstas telnll consonancias graves y guturales; eran pronunciadas 111\ arrogancia». 1'1 supuesto viaje por el espacio duró largo tiempo y, a 11 lida que parecían ganar altura, el testigo experimentaba I "¡cntes dificultades para respirar, al mismo tiempo que 11 I osición se hacía más y más incómoda. La dureza del 1'lItO sobre el que estaba atado, así como los bordes corIlIlIt s del casco lo ·hacían sufrir y aumentaban su infor111111 • Además, tenía las piernas entumecidas. Transcurrido un lapso de tiempo que le pareció inter111 Ilable, José António constató que aumentaba -cada vez 185


más la intensidad de la luz en el interior de la cabi tiem~o que se enc~ndía y. apagaba, lo que le obligó a e los oJos. Esto duro aprmamadamente una hora (estim subjetiva del testigo), después de lo cual pudo abrir n mente los ojos, mientras el «viaje» proseguía. En un momento dado, el aparato pareció girar 90 grados sobre sí mismo, lo que, al dar un cuarto de ta, 'lo habría colocado en posición horizontal. Para ilu este movimiento ante los investigadores, el testigo se S de un vaso, que representaba el cilindro central, y lo tumbado. E~ el. curso de esta maniobra, los asientos se adapt por SI mIsmos a la nueva posición de la nave mediant ~ovimiento de balanceo. Más adelante tuvo l~gar un n gIro y el aparato recuperó su posición inicial con la guiente adaptación a la misma de 'los asientos. ' Un tiempo bastante largo debió de pasar aún ante que el aparato aterrizara «en un lugar no identificado»,

¿En la «base espacial»? Los homb.r~citos se desataron, y luego hicieron lo p con su pnsIOnero. Taparon tan perfectamente los orifi de la má~cara o casco que le habían colocado, que pudo serVIrse del sentido del oído. Lo cogieron nuev te, llevándolo como hicieran la primera vez. José Ant continua.ba con 'las pie~nas insensibles, pero él cree qu haberlo mtentado, hubIera podido andar. Sus captores manecían en un silencio total y lo llevaban a través d espacio donde se oían voces semejantes a las de ellos difere~tes tonalidades. Ninguna de esas voces le pa profenda por gargantas femeninas. Inmediatamente sintió que lo instalaban en un asi sin respaldo, y, casi al mismo tiempo, que le arranca la banda que cubría las aberturas de su máscara. Vio tonces que se encontraba en una estancia cuadrang muy grande, pues mediría entre 10 y 15 m de lado. Justo frente a él, a poco más de 5 m de distancia, se contraba un ser de pequeña talla, sin escafandra, que contemplaba con un aire de visible satisfacción. Este era un poco más alto que los otros, pues podría medir rededor de 1,25 m; no llevaba máscara ni vestidura m lica pro~ectora. José António da Silva supuso que debía ser el «Jefe» del grupo, pues sus dos guardianes, desp 186

alIarse sus propias máscaras, comenzaron a conversar I de manera voluble. Los hombrecitos exhibían una Idad abundante. Su «jefe» llevaba largos y ondulados 110' pelirrojos que le caían sobre 'la espalda, más abaj~ I riñones (o del lugar que éstos debían ocupar, caso de 110 '). Una barba luenga y poblada le llegaba hasta el IIl1en. Unas espesas cejas de dos dedos de ancho le /111 casi totalmente la frente; tenía una piel clara, muy 1, Y sus ojos eranxedondos, de un tamaño superior al 111:1 entre los seres humanos; tenía los iris verdes, d~ Il'de pareCido al de las hojas que comienz~. a marchi. Las órbitas eran profundas; la esclerotlca de un más oscuro que la piel, las pupilas aparecían o,sc~ras. 1I0s ojos no parpadeaban casi nunca; José Antomo no I vó que el ser tuviese pestañas, lo que contrastaba con hllndante pilosidad. 1 nariz era larga y afilada, más acusada que entre los IIIIIOS; las orejas, bien proporcionadas, ,con .una ~arte Ilor semejante a la nuestra y una parte supenor mas re111 'ada. La boca, más pequeña que la de los seres huIIOS, parecía la de un pez, y mientras 'los seres conver~ 1111 entre ellos, el testigo no pudo darse cuenta d~ SI 1111 dientes. El «jefe», rodeado por los tres humanOldes habían capturado al joven brasileño, parec~a muy reIndo y gesticulaba mucho con las manos mIentras hah••. eliras humanoides entraron en la sala, por una abertura ,1 soldado supone situada detrás suyo, Y se ~gruparon' d 'dar del «jefe», hasta formar un grupo de dIez o doce \1 iduos. . El prisionero se sintió sorprendido, y lu~go ~terronza• l'uando vio, a algunos metros ~obre su 1ZqUl~rda, a lo o de la pared lateral, una especIe de mesa baja, rectan1,1', aparentemente de piedra, sobre la que se encontra11 xtendidos cuatro cuerpos de aspecto humano, codo 11 oda, descansando inertes sobre la espalda, desnudos ksprovistos de máscara. El más próximo era de un negro «verdaderamente ne111 ; el siguiente mostraba una pigmentación ~o~eno-clara: 1111> s era de complexión robusta. Los dos ultlmos cuer11 ran a la vez más claros y más delgados. Uno de. ellos 111 el de un hombre rubio «con aspecto de extranjero». \11 'uno de aquellos cuerpos presentaba heridas aparentes, I Inenos que hubiese sido en 'la .espalda, cosa que yo no hllhiera podido ver». Los humanOldes no prestaban la me187


3. a) Anna proyectando un rayo. b) Vaso de piedra.

5. JosĂŠ Antonio da Silva.


nor atención a los supuestos cadáveres. «Quizá no pudi soportar sus máscaras», pensó José António. Tanto los muros como el piso de la sala present una apariencia pétrea, y tenían una tonalidad gris unifo sin trazas de obras de albañilería. Una iluminación vi ta, parecida a la que reinaba en la máquina o navecilla había conducido al cautivo, iluminaba el lugar, sin qu pudiera distinguir 'la fuente emisora. No había allí ni tanas, ni aberturas de ninguna clase. Al lado de la mesa donde descansaban los cuatro e pos humanos, en la parte más alejada, José António p ver, a modo de mural sobre la misma pared, repres ciones de cosas y seres de la Tierra: animales como e guar y el mono, el elefante, la jirafa; casas y una peq población; árboles, un bosque, el mar. Asimismo al vehículos: un gran camión FNM Alfa Romeo, un avió motor a hélice, un automóviL .. El panel que estaba frente a él, así como el que es a su derecha, no tenía ninguna decoración. Por el ca rio, en el rincón más alejado, a la derecha, se encont un extraño aparato, que José António comparó a un ve lo de carreras: era una máquina cilíndrica, de 2 m de 1 por 0,80 m de alto, sin ninguna abertura aparente. En uno de sus lados, en los lugares correspondientes a las das de un automóvil, aparecían sendas protuberancias no llegaban a tocar el suelo, 10 que hace suponer que drían ser turbinas. Frente a él había un asiento cúbico, .sin pies, en el el «jefe» se sentaba de vez en cuando. A la derecha de asiento, casi a nivel del suelo, se encontraba una se mesita, de varios metros de 'largo, cuya superficie era b ca, y que fue utilizada como pizarra por el «jefe», e curso de la exposición acompañada de croquis que h' José António da Silva. . El prisionero se sorprendió mucho al constatar que de los humanoides tenía su mochila, en 'la que guar todas sus cosas. En el momento en que lo capturara mochila se encontraba abierta y los objetos estaban parramados. El testigo supone que el tercer captor, el .se quedó atrás, había vuelto al campamento para junta Entonces, los objetos fueron extraídos uno por uno d mochila y examinados con atención. Los enanos se p ban de mano en mano sus cuchillos, su colección de zuelas, cajas de cerillas, conservas y su ropa interior. De cada objeto del que había más de uno, los huma 190

se quedaron una muestra para sí. Así, guardaron un IIIplar de cada tipo de anzuelo, uno de los tres cuchillos, aja de cerillas, un pañuelo y un billete de cien cruh os. Los objetos de los que sólo había uno fueron cuidalmente envueltos de nuevo en la tela, y los volvieron a 1 'l" en la mochila. Por ejemplo: una lata de sardinas. 11 n este momento cuando José António perdió su tar", de identidad: la encontraron en uno de sus bolsillos, h IIló de mano en mano para que todos pudiesen examiIln, y no se la devolvieron. José António cree que el exa11 de esta tarjeta hizo creer a 'los «extraterrestres» que I l' un soldado. Parece corroborarlo el hecho de que 111 diatamente después de esto, uno de los seres apuntó Il'ma, semejante a la que habían utilizado al capturarle, dirección a una de las paredes. Surgió del arma un rayo 11 11 110S0, que decoloró el lugar del impacto. Cada uno de ovninautas poseía un arma de este género; diferían entre 111 únicamente por sus dimensiones. Una especie de gati, situado entre el cañón y la culata, en la parte supe11, hacía surgir el rayo luminoso cuando se lo accionaba 11, atrás. IJno de los humanoides llevó entonces al «jefe» un pe11 l' objeto negro y cilíndrico, que éste utilizó a modo de tllulador» para garabatear sobre la mesita que tenía de111 " asiéndolo con sus dedos gruesos y cortos. Volviéndose lonces hacia José António, el «jefe» se puso a gesticular, 1l111pañando sus movimientos con su incomprensible len1111' gutural. Varias veces señaló al soldado, luego hacia liba, hacia abajo, después al pequeño grupo de barbu, pareciendo esperar cada vez una respuesta del pri11 'ro. A medida que estos intentos de comunicación continua11, c1 soldado empezó a vislumbrar su posible significado: ~I' ·to hacia abajo quería decir: tu país; el dirigido hacia liba: esta habitación, aquí, o nuestro país (¿o planeta?). t11110 acompañamiento e ilustración a sus palabras y ges, '1 «jefe» se puso a dibujar sobre la mesa: su primer tiquis representaba lo que el testigo creyó que era un IhU'Ic1, alrededor del cual algunas siluetas armadas podían 1'1 'sentar soldados. Con diversos ademanes, el «jefe» IIIIIó las armas que había dibujado, después a José An11 ,luego hacia abajo y a continuación hacia arriba. El IlIivo dedujo de ello que el «jefe» deseaba que él, José IItlÍnio da Silva, procurara a los humanoides algunas de I armas que emplean los terrestres. El soldado movió 191


perdió la cuenta cuando andaba por los 300, pero

lIi

negativamente la cabeza.' y, al ver que el «jefe» reit sus demandas con creCIente in ' t . toda esperanza de 1 ' SIS encla, empezó a p vo ver VIVO a SU «conv~rsación» estuvo acom a- d casa. (Al 1?arecer, el testigo se negó a ca ,P na a de otras eXIgencias , . mumcar a H '1' B mas mvestigadores del CICGANI u VIO rant Aleixo que 10,en~revistaron.) , Uno de los pequeños se SlOnero, llevando con bres se aprOXImo entonces a de un material pareci~:a~sd:~nos un recipiente cú taba ser pesado. La base ~s paredes, y que ap cada en forma de pir' 'd s~penor del cubo estaba do verde oscuro El ~mfI el m~ertida, y contenía un b' . «Je e» e md' , Iese, mientras uno de 'los b b J~o por gestos que 1 inferior de la másc a,r u, Itas le levantaba la tónio se resistió e ~r~~ r;o sm CIerta brutalidad. Jos cambió de parecer ~~a~~op~r gestos que no quería, una parte del contenido d vIo q~e ,uno de los seres muy débil, tenía hambr e recIpIente cúbico. Se s <1;ui~o tenía la consiste~dae~~ le animó a probarlo. lIqUIdo 'le produjo sin d d 1 agua y sabor amarg partir de entonces se sin~i;~r; efe~to reconfortante, p d~spués de esto empezó a as ammado. Además, cree «Jefe» quería decirle. comprender mejor lo q Entre todos los aspectos curso de esta tentat'Iva,d e comumca qu~ fueron abordados " ' Clan, el testIgo no e que lo que el 'f d «Je e» quería e para realizar ciertos ra contar con su a proyectos que él 1 ', en re1aClOn con la espec' h y os suyos abrig UT le umana tI Izando el grueso «rotul d . ITa horizontal el «J'efe t ;a or» para dibujar en la , " »razo si n apresurarse dos cír com contiguos, y sombreó cada uno de ellos 1 pletam,ente uno de ellos. Se abajo, y José Antó~io~~r: J~se António, después blanco correspondía 1 d' en e comprendió que el cír ala terrestre '1' noc h e, Después del pe ' d ' Y e CIrculo negro tardó José António ~~o o conSIderable de tiempo cabeza afirmativame~~eye:~: ,af est~ c~r;cl';1si~n, inclin J~ e» SIgUIO dIbUJando. Trazó entonces un g ' ran numero d ' l' enor era blanco uni' d I e Clrcu Itas cuyo t lo blanco grande: co::'~ h~~;aPo~ medio de gestos, al c ensombrecido Jase' A t" dejado de referirse al cí d' , , n onlO comp correspondían a «días». E ren ~o qU(~ los circ tos a su prisionero a nltonces el «Jefe» mvitó por 1 ' que os cantas C e smgular personaje siguió d'b' e, on gran pacien luego los rodeó a todos 11 1 uJando pequeños círculo e os con otro gran círculo. J 192

1'1' 'ndió que debían de totalizar 365, lo cual corresponun año terrestre. IIl1ndo el «jefe» se hubo asegurado de que le había comIIdllo, dibujó en la pizarra otros nueve grupOS de circumera , uniéndolos mediante gestos a la primera aglo 11 .1 osé António comprendió entonces que se estaba me I h'ndo a una unidad de «,diez años», pues cada aglo \1111 de circulitos blancos estaba rodeada por otro círculo 111'. Acto seguido el hombrecillo separó mediante un '1 o trazo a tres de los grupos de los siete restantes. 1'11 señaló al grupo de' tres círculos, luego a José Antó, finalmente hacia abajo; después de esto volvió a seh" al soIdado, después hacia arriba y por último al grupo 1 'le grandes círculos, haciendo a continuación más IIlS, que el joven brasileño interpretó de la manera si1\ \

lile: Me propone llevarme de' nuevo a la Tierra, donde per-

'eré tres años, durante cuyo tiempo me dedicaré a 'r información para ellos, Luego él me enviará a bus1 para que viva con ellos, dedicado al estudio, durante 11' años. y finalmente ellos desembarcarán en la Tierra, 11\'

1111',

11

les serviré de guía,»

1) é António denegó con la 'cabeza, indicando que na

piaba este ofrecimiento. Llegado a este punto, el mucha'l11pezó a pasar las cuentas de un rosario que llevaba \, l' ledor de la cintura, Y que aún no le habían arrebata11, mientras se ponía a rezar en voz alta, Cuando llegó al III1'lo misterio de dolor, el «jefe» se le acercó y, mostranI I'ritación por primera vez, le arrebató el Crucifijo, Una lnscuentas del rosario rodó por el suelo, siendo recogida 111 Lino de las humanoides, que la mostró a sus compañe11', El Crucifijo fue pasando de mano en mano del mismo IlIdo, despertando la curiosidad de todos ellos. I

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visión Y un secreto ,,"itamente, mientras 'los hombrecillos parecían enzarzaen una prolongada discusión, José António vio apareI I l' ante él, Y como surgida de la nada, una figura humana. I \ aparición se situó ante él, en una postura a la vez firme lI1üstosa, mirándole de hito en hito y hablándole en un ItI'l'fecto portugués brasileño. El soldado coligió que esta 'Ji6n estaba destinada única y exclusivamente a él, por-

I"IS

193 7_SECUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES


que los hombrecillos seguían hablando como si tal sin que al parecer se hubiesen dado cuenta de la apari Lo que José António veía -o creía estar viendorrespondía a la figura de un hombre de 1,70 m apro damente, delgado, con cabello y barba rubios y muy la Tenía una tez clara y sonrosada, los ojos azules y sere Una túnica oscura le caía hasta sus pies descalzos. ropón tenía unas mangas muy anchas, el cuello vuelto torno a la cintura llevaba un grueso cordón blanco, con nudo en cada uno de sus extremos colgantes. En reali parecía el hábito o el cilicio de un monje. José António, que hasta aquel momento había es sumido en la mayor angustia y desesperación, se sintió pronto aliviado por aquella presencia que identificó c la de «alguien bueno, uno de los nuestros». Lo que má alentó fueron ciertas revelaciones que le hizo la apari Estas revelaciones no tenía que comunicarlas a nadie, gún dijo José António a los investigadores, hasta que biese nuevas instrucciones, cosa que no ocurriría antes dos o tres años. El soldado se ha mostrado enormemente reticent hablar de esta visión, en especial por '10 que .se refier mensaje que recibió, que él considera secreto. Incluso detalles relativos a la apariencia física del personaje se le apareció, fueron dados por José António a regaña ~es, ~ues sostiene que estos detalles podrían bastar p IdentIficar al personaje. Los investigadores del CICOAN preguntaron cómo era posible que el secreto pudiese descubierto mediante una simple descripción de los gos de la entidad, de alguien que él no conocía ni volv a ver. Sin embargo, les dio a entender que sí sería posl reconocer a tal persona, y que no era imposible que él viese a verla. Cuando le preguntaron si la visión corresp día a Jesús, José "António se apresuró a contestar que y cuando le preguntaron si era un santo, se mostró rea a contestar, limitándose a sonreír y a cambiar de con ~ación.' Parece .ser que, tras repetidos interrogatorios, mvestlgadores obtuvieron de José António algunas ind{ ciones acerca del contenido del mensaje.!

visión desapareció tan repentinamente como había • 'ido. Y coincidiendo con esto, los humanoides empe11 a mostrarse irritados, pero entre ellos, no contra António. El «jefe» se acercó a los dos guardianes, que 11 ugún momento se habían apartado del cautivo, y con di de una banda taparon nuevamente los orificios o vide su .casco. De la misma manera que había sido conId hasta allí lo tomaron por las axilas y lo llevaron al I or del apar~to en el cual había venido, y cuyo interior 111 reconocer cuando le quitaron la venda. IImenzó entonces el largo viaje de regreso, con la misIl'ipulación de tres humanoides, 'las mismas ma~iobra.s lo, asientos y del aparato, y con el aumento de mtensIla pulsación de la luz en un determinado momento. IlImediatamente después de sentir un ligero choque, que 1 'i aba que la máquina había tomado tier!a, sus ac0t?II11les le aflojaron el casco y luego le despOjaron del mISy lo desataron. Sufrió entonces una pérdida casi total \' nocimiento, dándose cuenta únicamente de que lo IIhun a rastras afuera, en la oscuridad. Cree que perma11', en este estado de semiinconsciencia durante una 111, después de lo cual empezó a ver las p:imeras .luces IlIlba. Luego creyó oír ruido de agua corrIente, e lmpe11 por una sed abrasadora, se arrastró por el suelo hasta 111' junto a un arroyo. Le habían ~ejado la moc~~a, de 11"' sa~ó la cantimplora, que lleno de agua, vaclandol~ l' mpleto y volviéndola a llenar por segunda .ve~. ~StI­ que bebió un litro y medio de agua, pero 111 SIqUIera lt sed estaba calmada. Luego sacó sus aparejos de , 1 y consiguió capturar unos pececillos, que comió. (liando salió el sol, pudo ver mejor donde se enconh i, Y comprobó que el lugar le resultaba enter~mente \\ nacido. Le habían dejado cerca de una pequena can111 al borde de un barranco. Cojeando -su pierna dere'" taba hinchada y le dolía-, aturdido, exhausto, desalid , juntó sus cosas Y se puso a .an.d~r. Llevaba una 11m crecida, como de varios días (SImIlItud con el caso I 'abo Valdés). Al poco rato llegó a una carretera asfal1111 donde se acercó a un viandante que vio pasar por allí. 1:1' guntó dónde estaba, y el desconocido le dijo que se

1. En la exposición del caso publicada por Cuarta Dimensión. b en el articulo de Inforespace. órgano de la SOBEPS belga. y que n tras seguimos en lineas generales, se llama «ángel» a esta aparición. embargo. en el informe original del CIeOANI, firmado por Húlvio B Aleixo y publicado en la F8R, vol. 19, núm. 6, nov.-dic.. 1973, lO el que están casi calcados los articulas de Inforespace y de OU Dimensi6n (y nuestro capitulo), no, figura este término en ningún 1

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lil~olvidar el esp.Jritu profundamente religiosO' del t~stigo, ates-

por el rosario que llevaba encima. ¿Tendremos aqUl «';In sueño de un sueño» (a dream into a dream) , como acaso le hubiera gus,11' (1 cir a Shakespeare? ¿O una «visión» arquetipica dentro de un l' I ~o real? Misterio sobre misterio. ,,/1(10

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encontraba a 32 kilómetros de Vit6ria, capital del Espíritu Santo, y que aquella carretera conducía estado al de Minas Gerais. Ál oír esto preguntó qu y entonces el sorprendido fue el desconocido vi quien le replicó que era el viernes, 9 de mayo. Esta noticia aumentó la confusi6n del soldado. do, calculó que su ausencia había durado cuatro medio. Vestido de harapos y sin papeles de identida ser interpelado por la policía, que desde luego hab sado dar crédito a sus explicaciones y lo habría lado. Resolvió entonces regresar a 'pie, siguiendo 1 tera en dirección a Minas Gerais. Más de una vez tentado de esconderse en los bosques, y de vivir en pesca y frutas. Sin embargo, mientras estos pensa le asal~aba~" sus pies seguían conduciéndole maqui te en dlrecclOn al estado de Minas Gerais. Dijo 'luego haber sido detenido varias veces po movilistas que, dándose cuenta de su deplorable a le ofrecían asistencia. Por último aceptó una oferta varIo en coche, hasta cerca de Colatina, pues tenía la derecha hinchada, y heridas en cuello y hombros del Cuando le preguntaban acerca de las razones de su y de que marchara a pie, replicaba que se tratab cumplimiento de una promesa». Cerca ya de Colatina, encontró un grupo de niños, que preguntó por dónde se iba a la estación del f rri!. Luego de informarle y sin,duda a causa de su a andrajoso, los chiquillos se burlaron de él y le arro piedras.

Si~,uiendo la ví.a férrea, terminó por llegar a la peq estacIOn de Colatma, donde se informó sobre la ho que p.asaba el primer tren para Belo Horizonte, pues cambIado ya de opinión y deseaba volver a su casa, P lo que pasara. Como faltaba aún mucho para que lleg tren, permaneció en 'la estación, charlando con el gu Compadecido de su aspecto, el guarda le invitó a pasar casa, para que se aseara y comiera algo. Una vez allí, le sentó a su mujer e hijos. Le presentaron también a un lono vecino del guarda, quien le ofreció trabajo, oferta José António rechazó. Agradecido al guarda por sus amistosas atenciones 11 António le regaló uno de sus tres cuchillos de roon't , abandonar su casa. Recuérdese que otro había quedado poder de los humanoides, por lo que ahora sólo le rest uno. Llegado a la estación, ofreció pagarle el billete a 196

11 ndigente. Los humanoides sólo le habían arrebatado 1I 1I 'te de 100 cruzeiros de los 35 100 que llevaba, por 1'"' tlhora le quedaban 35000 cruzeiros re~ondo~.. las 7.25 de la mañana del sábado, Jose Antomo da I 11 ti' cendió del tren en la estación de Belo Horizonte, 11 IInente en la estación de la Estrada de Ferro Central 111' ,sil, donde fue abordado por un empleado de los ser111' de seguridad del ferrocarril, el señor G.eral~o Lop;s Iva, a quien terminó por contar. toda la hi~~ona, segun I 11 , dicho al principio. El señor Silva 10 enVIO a su cuar, 11' de donde fue llevado a la casa del mayor Célio Fe-

11

l.

de mayo -o sea veintitrés días después de l~ desapade José António de su domicilio-, un eqUlpo com111 " por seis investigadores se fue en compañía del tes111 tl Bebedouro. Este equipo estaba ~ompuest~ por el 1111 lor Húlvio Brant Aleixo y el señor LUIS Roman~ello, d~l IC'OANr· el teniente Vitorino, del CrOANr, orgamsmo mI11111" el ~oronel J acy Práxedes, el mayor Célio Ferreira y I I t~pitán Edeni (los tres de la Policía Militar del estado I Minas Gerais). I.legados al sitio indicado por el so.ldado, se e.fectuaron 1110 rafías de toda la zona. Acto segUIdo, el testIgo procetll' a la reconstrucción de su captura, indicando el sit.io 11 oto en que se desarrollaron las distintas fases de la mlS1111 hasta el momento en que. fue introducido a la fuerza. 11 "1 aparato. «En cada punto de esta reconstrucción, las .reacciones d. 1 soldado se juzgaron coherentes, con referencIa. a lo pre11' 1 ntemente establecido en mi relato» (H. B. AleIXo). Se consagró una parte de la tarde a entrevistar las .perIlllas que vivían por los alrededores. _Los escasos ha~Itan­ 11': de la región .fueron invitados a sen.alar la presenCIa de .' 'ntuales objetos voladores no identIficados durante ~o.s d as precedentes. Estas pesquisas dieron resultado POSItIvo, y confirmatorio de lo que declaraba el soldado: «Un niño señaló haber observado un aparato que valilba a gran altura y se desplazaba en sile~cio. Parecía .un ¡¡rtraguas» (H. B. Aleixo; el subrayado es mIO). ~a navec.Illa que llevó a José António a la «base» parecena, efectlvalI1ente, Un paraguas vista volando a gran altura. ,

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En los lugares donde según José António se desarro ron los hechos no se encontraron huellas ni trazas aun téngase en cuenta que había transcurrido casi un rr:es del e'1 incidente. Para terminar, ofrecemos la «ficha» elaborada por CICOANI sobre la personalidad del protagonista de e caso singular: todos los datos, naturalmente, están referi a 1969, año en que ocurrió el incidente: Edad: 24 años. Estado: soltero. Es el segundo en ed de once hermanos, uno de los cuales había fallecido. padre vive. La madre falleció en 1967. Nivel de instrucción: no terminó la escuela primaria. Profesión: ingresa como soldado raso en las fuerzas la Policía Militar del estado de Minas Gerais en 1964. 1967 pasa a ser ordenanza del comandante del Segundo B tallón de Gendarmería. José António da Silva pertenece a un nivel socio-eco mico modesto. Su constitución física es sana. Vive con su familia en la zona urbana de Belo Ho zonte. En su casa toma numerosas iniciativas y resuelve mayor parte de los prob'lemas. Sus parientes así como s superiores, .lo consideran una persona digna' de confianz F.uera de su trabajo, que aprecia mucho, tiene pocas distra ClOnes. Es muy creyente, pero no trata de convertir a 1 demás a su religión. No pertenece a ninguna cofradía asociación religiosa, pero practica la religión con asiduida Su padre destaca su comportamiento y sus iniciativas las cuestiones domésticas; sus relaciones con el prójimo so buenas. No tiene ningún defecto, tara ni vicio notorio. Ésta es la «ficha» de José António da Silva. Podría ser 1 misma de António Villas Boas, de Herb Schirmer, de Lib rato Quintero, de Armando Valdés, de Dionisio Llanca d Julio F. de Zanfretta... con muy pequ~ñas variantes. Sie pre hombres jóvenes, sanos física y mentalmente, con cu'ltu ra nula o escasa... «Puros,), en una palabra. ¿Por qué? Un texto muy citado y poco leído, llamado el Evangelio da precisamente gran importancia a estas características ¿Por qué? ¿Por qué?

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n, HERB SCHIRMER: UN OVNI MAL APARCADO

la las dos de la madrugada del día 3 de diciembre 1967, un joven agente de policía de Ashland (Nebraska), lllba patrullando en su coche oficial, dominado por una l!'lIña sensación de que algo no andaba bien. El joven 1 I 'fa era Herbert Schirmer, un veterano de la Armada Iln de un militar profesiona'l de la Aviación. !I.erbert, o lb, como sus compañeros le llamaban famIlIarmente, 11 un joven de 22 años, alto y musculoso. Llevaba pocos I ·S de servicio en la Policía, pero durante aquel tiempo III.'Í.guió hacerse una sólida reputación de hombre serio y 111 Ilibrado. . . I.os perros aullaban lastimeramente en la OSCUrIdad de lIoche, fría y estrellada, y un .corpulento toro encerrado 11 un corral pataleaba y embestía 'la cerca. ¿Por qué estahlll tan agitados aquellos animales? Schirmer se detuvo I l asegurarse de que la puerta del corral resistiría los IlIbates del enfurecido cornúpeta, y luego siguió su ronda. Ins dos y media, cuando se dir~gía hacia la intersección h la carretera 63 con la número 6, vio frente a él un objeto nlllbrío, con una hilera de luces parpadeantes. Pensó que I I un camión mal aparcado, pero cuando puso 'los faros hlll os del·coche, el objeto se elevó por los aires. Había una .h'nda de observaciones ovni en Nebraska a la sazón, pero 1Il'rb no esperaba encontrarse con uno de ellos. Cuando regresó a la estación de Policía poco después -de 111 3 de la madrugada, hizo el siguiente informe de rutina: 1I . visto un platillo volante en la intersección de las caII 'leras 6 y 63. ¡Créall'lo o no!» Cuando al salir de servicio aquella mañana Herb re· 1'1 'só a su casa, le aquejaba un fuerte dolor de cabeza, y el Illmbido de sus oídos le impedía conciliar el sueño. Ob\ rvó también la presencia de un verdugón rojo que le coI

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rría por el cuello, bajo la oreja izquierda,1 pero com había ,ocurrido también a Betty y Barney Hill, no s chaba que había sido secuestrado brevemente a bord un ovni. Tuvo que esperar a la hipnosis para saberlo. La famosa comisión de la Universidad de Colorad encontraba entonces en pleno funcionamiento. Cuando nos de sus miembros se enteraron de que un agent Policía de Nebraska aseguraba haberse encontrado co «platillo volante» (¡créanlo o no!), y, lo que es más, qu su cuaderno de informes oficiales faltaban unos veinte nutos, sintieron curiosidad por saber qué podía hab ocurrido durante ese tiempo «perdido». Schirmer fue vado en avión a Colorado y sometido a hipnosis por el tor Leo Sprinkle. Durante la hipnosis, el joven policía sorprendentes detalles acerca de su contacto con los pantes de la nave que había visto «mal aparcada» (y que no pudo multar por ello). Cuando en una fecha p rior volvió a ser sofronizado, reveló muchos más deta Después de 'la primera sesión de hipnosis en Boul sede de la Universidad de Colorado, el también llam «Comité Condon» (del nombre de su director, el do Edward Condon, físico nuclear ya fallecido y escéptico tal en cuanto a la realidad ovni), perdió todo interés el caso Schirmer, y el joven agente regresó a Ashland, do se reintegró a sus deberes oficiales. Poco tiempo despué jefe de Policía local presentó la dimisión, y Schirmer nombrado para ocupar su puesto. (Lo cual demuestra su experiencia con un ovni no significó en absoluto mácula en su ·carrera profesional.) Con sus 22 años, H Schirmer se convirtió en el jefe de Policía más joven Midwest. Después de ejercer durante dos meses sus nu funciones, presentó también la dimisión. -No fue a causa de presiones que mis conciudada ejercieran sobre mí, ni nada parecido -precisó Her Desde luego, me habían gastado algunas bromas acerca marcianitos verdes, pero esto ya era de esperar. Dimití, cillamente, porque no podía concentrarme en mi trab No cesaba de preguntarme qué debió de ocurrir rea'lme 1. Según la autorizada opinión del hipnólogo e hipnoterap-euta Bonet Arnó, esta señal podria ser el resultado de una presión di ejercida sobre la carótida, a fin de dejar inconsciente al sujeto por t momentánea de riego sanguineo en el cerebro. Es técnica corr mente empleada por' hipnotizadores de feria con gallinas y conejos, ejemplo. En este caso, los «extraterrestres» tratarian a los abdu como si fuesen aves de córral u otros animales domésticos. La reitera de esta señal en abducidos resulta muy sospechosa, pues, y signiticatl ya que revela un conocimiento avanzado de la anatomia humana,

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lila noche, Mis dolores de cabeza no hacían m~s que IIl1'ntar tomaba aspirinas como si fuesen palomitas de l/', No 'se puede ser un buen policía si se tienen problepersonales, Así es que dimití. , IJna persona de AshIand que es~aba algo «leIda» en ufo11, .sugirió a Herb que se pUSIera en contac,to con el I tor Eric Norman (seudónimo de Warren Smlth)" Herb I toneó a Norman, pensando que éste comprendena meI que nadie su situación y podría ayud~~le, Norman se 11' I ~'6 interesadísimo por el caso, fue a vlsItaI'le personallite y luego tomó las oportunas d~s~osiciones par~ que h pnólogo profesional Loring G. WlllIams lo sometIera a I • -ión hipnótica. P \fO antes conviene que hablemos del examen a que H metido Herb Schirmer por los investigadores de, ,la IInisión de Colorado, que fueron a Ashl~nd .~n aVlOn , ,~. días después del incidente. La investIgacIOn sobre -rectos físicos fue dirigida por el físico (naturalmente) 1 y Craig, El psicólogo John Ahrens grabó e! ~~lato de hlrmer y calibró el equilibrio físico y la credIbIlIdad del I \'11. Ambos investigadores visitaron el punto ~e la ca~~e­ I 1 donde Herb aseguraba haber visto el OVUlo TambIen 1 o nacieron detalladamente el coche patrulla; marca Ply"llIth, . "1 Se pusieron muy pesados cuando ~es menCIOne, e verII~ n rojo -dijo posteriormente Schlrmer a «Enc Nor111111» (en realidad, ésta es una mar~a que presentan mu!l'IS abducidos)-. También se eXCItaron mucho cuando mencioné que sentía un cosquilleo co~s,tante en ~odo el \l(-rpo, al regresar a 'la estación de ~ohcla, Despues, traI I un de averiguar' qué había ocurndo ?urante aquellos IItllutos perdidos. Yo no sabía cómo explIcar aquella laguI\ll -n el tiempo. _ Posteriormente, Schirmer y un campanero fueron lleva\11, en avión a Colorado. -Me dijeron que me someterían a unos cuantos tests 1 'ológicos -dijo Schirmer-. Cuando llegamos a la halución 202 de Woodbury Hall, me presentaron al do~tor l._ Sprinkle, psicólogo de la Universidad de W~ommg, '() no sabía mucho sobre la hipnosis, per~ accedl a, q~~ h 'jera una prueba conmigo. El doctor Sprmk!e conslgUIO ponerme en trance, y fue entonce~ cuancio ~uplmos que yo hllbía visto mucho más que un SImple OVUlo , (Es curioso cómo la expre~ión ovni nave espaCIal, ha pIsado ya a'l lenguaje coloqUIal. «¡Ah, no era mas que un

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l1li"1110 de policía de Ashland

ovni!» «jEra un simple ovni!» Aquí hay ya implícita aceptación generalizada del fenómeno.) Bajo hipnosis, Schirmer describió su aproximació objeto parado en la carretera. Acto seguido relató e el motor de su coche dejó de funcionar y cómo se ap ron las luces del vehículo. Una versión extraoficial de notas tomadas durante esta sesión, y archivadas en B der, es la siguiente (recogida por Warren Smith, alias « Norman»):

(""hrnska) Herbert SChinner en la época que tuvo su encuentro con un ovni «mal aparcado».

PREGUNTA.-¿Trató usted de saCar su arma? REsPuEsTA.-Me ~o impidieron. P.-¿ Trató de llamar por la radio del coche? R.-No podía apretar el botón. Me lo impidieron. P.-¿Y ahora qué pasa? R.-Algo se está acercando a mi coche. P.-¿Puede usted ver las facciones de la persona que acerca a su coche? R.-No. Es blanca. Muy difusa. P.-¿Sabe usted de dónde vienen? R.-De Venus, Júpiter y otros planetas. Su lugar origen se encuentra en una galaxia próxima (sic). P.-¿Qué se proponen? R.-No quieren hacernos daño. P.-¿Por qué aterrizaron en Ashland? R.-Querían tomar electricidad de las tensión. P.-¿Cómo efectúan esta operación? R. (Tras una larga pausa.)-... No puedo decirlo en e momento. P.-¿Cómo funciona su nave? R.-Opera contra la gravedad. P.-¿ y cómo lo hace? R.-No puedo responder. Éste no es el momento ni lugar adecuados. En esta conversación, sostenida con el testigo bajo hl nosis, aparece una de las tres constantes puestas de ma fiesta por Fabio Zerpa: la «toma de electricidad». En es caso hay también otra de ellas: los ovninautas pregunt ron a Schirmer si había un depósito de agua en las pro midades. El interés por el agua es otra de e,stas constante Recuérdese el caso Bordeu (Dionisia Llanca). Después de presentar su dimisión de la Policía, fu cuando Schirmer se puso en contacto telefónico con «Erl 202

Retrato robot de los seres que abdujeron a Schi~e~. hecho por el mismo pohcla. Obsérvese el emblema de la «serpiente alada» sobre el pecho de la entidad.


Norman,> Schirn~e: 'se reunió con «Norman» y el hip lago Lor~g ~. WIllIams, de Hinsdale (New Hampshire), una habltaclOn del motel Holiday Inn de Des Moines Iowa. A la entrevista asistió también el conocido esc;i Brad Steiger, amigo de «Eric Norman». Ambos cont p~aro.n. en atento silencio cómo Williams ponía en tr hlpnotlco a Herb Schirmer, haciéndolo «regresar» a aqu madrugada del 3 de diciembre de 1967. En dos de sus libros, uno publicado bajo su verdad nOI~bre de Warren Smith, y el otro bajo su seudónimo «Enc ~or:r;an», el esc~itor publica un extracto de lo q se conslgUlo en esa seSIón hipnótica. Hélo aquí: «... casi las dos y media de la madrugada... hay a en la carretera frente a mí... Probablemente es un'cami que ha tenido un .pinchazo en el neumático... pongo luces largas y encIendo el faro pirata... las luces pa dean muy de prisa... ¡Dios mío! ¿Pero qué es esto?... Qué abandona la carretera y sube por los aires ... humm... es es un campo abandonado... ahí no puede aterrizar nada Lo seguiré... iré por ese camino embarrado hasta el c po... Llamaré Wahoo, cuatro cero ocho... Wahoo... c tro cero ocho la radio no funciona ... Humm... ¿Qué p con el motor? .. ¿Y con las luces? .. »Sí, señor. » Tiene forma de balón de rugby... lu~es parpade tes con un resplandor plateado por debajo... está sacan unas patas en forma de trípode por la parte inferior... está posando en el campo... ¡Maldita sea! tengo miedo. es~oy temblan~o.... impiden que me vaya hay algo mI mente... qUIero Irme a casa... me lo impiden... ¡Oh, n ¡VIENEN HACIA EL COCHE!. .. Trato de sacar mi revó ver... me lo impiden... Hay algo en mi mente... Uno ellos, frente al coche, 'levanta un objeto... del que sal algo que parece un gas verdoso y que cubre todo el coche.. Humm... Es algo muy raro... ¡Dios mío! Esto no pued ser... no puede ser... el gas rodea totalmente el coche.. Él está sacando algo de una funda de pistola... apunta parabrisas... hay un relámpago brillante... como el flas de una cámara... brillante... No puedo replicar. Aquella 1 brillante me paraliza y me desvanezco... » Ahora... abro Ilos ojos ... bajo el vidrio de la venta nilla no quiero hacerlo perOolo hago... Dos de ellos... n veo al otro... E.stá detrás mío y me agarra un lado del cuello ¡Oh! ... ¡Oh! ... Me hizo 'daño al agarrarme por el cuello me dolió durante un minuto'... me agarró por el 204

l«llll 'rdo, debajo de la oreja... No puedo v~r muy

,.. posible que llevara algo en la mano... (Sm duda 1 IIstante el '''extraterrestre'' ejerció la presión digihll la arteria carótida de Schirmer.) t pLledo recordar si me desvanecí de nuevo o no, 11111'0 la puerta y me quedo de pie afue~a, junto al .se me mira directamente a ios oJos. No· me I iene unos ojos raros... . . M' hace preguntas... pregunta "¿Es usted el VlgI.11- ste lugar?" Yo soy el policía... Quisiera que no ,11" e así. .. Más preguntas... Me pregunta si tenemos Illral de energía... pregunta sobre nuestro depósito 11 \... Yo le pregunto a él si es real... Él me da un 1111 en el hombro... ¡Santo Dios! No estoy soñando... ,11 Me pregunta si yo le dispararía a una nave espa1\ , señor... Dice que puedo subir a bordQ durante IIlinutos ... me dice que la nave funciona mediante IllImagnetismo reversible... algo... extrañas palabras ... dad ... Otro no para de mirar el coche... las luces y el 11 ·jguen sin funcionar La. esc~lerilla por. la que , la nave está muy fría mas fna que el aIre extela cámara interior tiene aproximadamente 8 X 6 m ... IIlI 11 inación es roja... hay un par de extrañas sillas y unas 1" nas que parecen computadoras ... siento de nuevo un III 1'L1eo... Hay cintas que giran: .. A travé~ de la menl'1 no habla con la boca... Éi dIce... me dIce... el cere111' duele... . sta es una nave de observación con una tripulan el cuatro hombres... hay mucho que explicar llevan Ito tiempo observándonos ... no dice cuánto envían 11 mes poco a poco para prepararnos ... y también ~ara 'Clllcertarnos e intrigarnos... últimamente se han dejado d 'masiado... humm... todos deberíamos creer un poco ,." s, pero no demasiado ... » (La cursiva es mía.) (1 'cuerde el lector que esté familiarizado con el «.asunIJMMO» la exhortación 'contenida en uno de sus mforlUYO destinatario fui precisamente yo mi.smo: «Esto lo único que postulamos. No nos crean. ACOJan con desIIlte nza estos conceptos ... » (Todo ello en recuadro.). ¿No I lI'n un curioso «aire de familia» estas dos exhortaCIOnes 1, luda?) • igamos con la transcripción: '1. .. Prepararnos para la invasión... no ... no ... no para IIl1quistar el mundo... sólo para mostrarse a nosotros... 205


él no me dijo por qué están aquí... son de otra (sic) 'y tienen bases en algunos d~ nuestros planet nus... y otros... Las balas pueden detenerlos, pe puede penetrar a la fuerza en sus naves... De nuevo a oprimir botones... dice que mientras hablemos y muestre cosas, me irán metiendo cosas en la ment Más tarde, informaron a Schirmer de que había el momento de abandonar la nave. La transcripció »... Me dice que no debo contar que he estado a Me mira de nuevo a los ojos ... ¡Oh!. .. habla: uTien decir que la nave aterrizó en la carretera y que tú t ximaste (a ella) y salió disparada hacia arriba... Di Y nada más... No debes decir nada juicioso sob noche... volveremos a verte dos veces más cuan gan, los conocerás" ... Me aprieta el hombro una ña palabra... debe de querer decir adiós... » Hay otros detalles que casan extrañamente con abducciones: en la «·cámara de mandos», Schirmer vó la presencia de dos sillas de respaldo triangular, das frente a una consola. Volveremos a encontra sillas en el caso de .Julio F. Sobre la consola había «pantalla visual»... que también aparece en el c , Soria, como las ventanas espaciadas regularmente paredes de la cúpula. La escalerilla para subir a la nave es ya «clási encuentra desde el caso de Villas Boas hasta el de cisco Atienza», pasando por otros muchos. Es curio servar que Schirmer encontró el interior de la nave ñamente frío (pese a que afuera hacía una noch fría). ¿Indicio de la temperatura que debe de rein el lugar de origen de los ovninautas? Éstos, sin em respiraban normalmente nuestro aire, pues en un mo dado vio a uno de ellos, que había quedado de fuera, frente a la nave, y observó el vapor de conden que se formaba frente a su boca al exhalar. A Sch policía profesional, le impresionó mucho lo que él sus «medidas de seguridad». También sacó la concl de que los ovninautas eran militares, y por su po acciones le recordaron mucho a nuestros astronaut Pero veamos cómo eran. Los ocupantes de la nave, Herb recordó bajo hipnosis, medían entre 1,35 y 1,5 Eran fuertes y musculosos, sin grasa en sus esbeltos 1. Posiblemente hay que entender aqu! «otro sistema sc>lar». Se no es un astrónomo, y emplea el término «galaxia» sin con alcance.

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Ir nquilo, doct~'::Condon. ¡Dígales simplemente que no cree en te chiste de Oliphant, en el que aparece el doctor E~ard n director de la famosa Comisión de Colorado, «abducldo» por rc'l nitos, se publicó en el «Denver~sb> en 1967, cuando la I "aún no había terminado de estudiar los 90 caso~ qu~ le ti I USAF, y de los que quedaron 30 sin recibir explicaCión.

Herb Schirmer (sentado a la derecha) durante un programa del espacio televisivo «La Clave.. dedicado a «Los extraterrestres... (foto Enrique de Vicente.)


bros. Tenían el pecho más ancho y desarrollado q correspondería a hombres de su talla; (Como les los indios del Altiplano andino, que respiran un fera más pobre en oxígeno que nosotros; por ello, suponer que el mundo de origen de los ovninaut mundo más pobre en oxígeno que. la Tierra.) An se movían muy envarados, con un aire absolutame taro Tenían la cabeza más alargada y estrecha que I ser humano ordinario, el color de su tez era de un grisáceo, como la masa del pan. Tenían unas cej que se doblaban hacia arriba sobre unos ojos que recordaron a Herb los ojos de los gatos. La n más larga más aplastada y más prominente que un humana. Los labios eran muy finos ... una mera ren el rostro. Los pequeños cosmonautas llevaban una esp mono de vuelo muy ajustado y botas, todo ello de un gris plateado, como asbestos. Schirmer no les vio lleras ni costuras. Un cinturón les rodeaba el talle y costado pendía la funda para su arma. No recordab bien cómo eran sus manos, pero cree que tenían dedos, como nosotros, pese a que llevaban guantes. Sobre el pecho de cada tripulante, y en el lado izqul vio un emblema que representaba nada menos que ¡serpiente con alas! Cuando Schirmer, bajo hipnosi bozó por primera vez este símbolo, Brad Steiger se terriblemente excitado e insistió para que lo volvi dibujar en una hoja y a gran tamaño. «¡Es la serpi emplumada... o el dragón volador de las antiguas mi gías, desde los antiguos mexicanos hasta los chinos y griegos!», exclamó. Pero continuemos con la descripción del atuendo d humanoides. Su «mono de vuelo» continuaba sobre la beza, convirtiéndose en una especie de capucha o ca pues parecía allí más grueso y fuerte que el resto. La ción de casco que les recubría las orejas era la que par más sólida. «Del abultamiento que mostraban sobre orejas surgía una pequeña antena», explicó Schirmer. lit cuerdo que era una especie de radio, para comunica entre ellos. Sin embargo, no recuerdo haberles oído p nunciar ni una palabra. Quizá fuese alguna otra cosa.» seres no llevaban equipo respiratorio, y al parecer pod respirar en nuestra atmósfera. Sus captores no dudaron en mostrar al joven pdlic algunas de sus máquinas. «Me mostraron cosas que pa J

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IIl1lwtadoras -dijo Herb en hipnosis-o Uno de ellos lot6n y las cintas empezaron a girar. Vuelvo :'" hormigueo ... Él pulsa otros botones de ~a matravés de mi mente... no sé cómo... me dIce coI' duele la cabeza... hay algo... está hablando... me 111 1'ndo que ésta es una nave de observación con hombres.» 11 I Williams le preguntó sobre su forma de comu. n él, Schirmer dijo: «Parece que emplean .am~?s 111 para hablar conmigo ... la voz y Ila comurncaclOn l. El que habla conmigo habla con la voz, en una 1 le inglés macarrónico.. ' ' 11 'na muy extraño y parece vemr de dentro de el" mas h 'u boca. Es indescriptible. (En el caso frances de lile, un "clásico" mundial de encuentro cercano del I tipo el testigo, M. Masse, dijo que las voces de los l i s s~res -que llevaban un "mono de vuelo" idénti~o -rito por Schirmer, más el cinturón, etc.- parecla l' de su cuerpo Y no de su boca".) Me dice que 1111 In nuestros lenguajes terrestres mediante algún tipo 111 luina. Mi mente me dice que poseen computadoras 11\" de hablar cualquier lenguaje, sea cual sea el lugar I1 Tierra donde aterricen.» (Otro paralelo: en el caso JI 're Ribalta -no publicado e investigado por míovninautas , que el testigo encontró entre Besalú yl'Fi-, 111 , en Cataluña, le hablaron largamente... ¡en cata ano to confirma lo dicho a Schirmer.) Informaron a Schirmer de que tenían bases en nuestro IIIUO, bajo tierra y también submarinas. Comentando sus propias palabras bajo hip~~is, al releer la :trans11' 'i6n de la misma, Schirmer diJO: «No lo entlendo. IIlzá ahí es donde ellos quieren desorientar a 'la gente. 111' qué irían a decirnos dónde están situadas sus bases? I sería ponerse en peligro y yo sé que son muy cons"lites de todo lo que atañe a su propia protección.» Le dijeron que una de sus bases submarinas se enconI Iba frente a las costas de Florida, entre esta península las Bermudas... en la región del famoso «Triángulo de 11 Bermudas», donde han desaparecido misteriosamente luntos barcos y aviones. Otra de sus bases estaba en las 11' iones polares. Y otra en el mar, frente a las costas de la I'gentina (probablemente en aguas del Golfo Nuevo, esceIll1riO de extraños sucesos). Dijo que estas bases eran para I 1 protección de los ocupantes de los ovnis y de «ustedes». Al informar sobre este caso en su libro Dioses, demo1111 1111

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Schimer durante su estancia en Madrid del año 1980. (Foto Enrique de Vicente.)

Schirmer, en Madrid, conversa con el científico de la Agencia Espacial Europea, doctor Fran~is Louange. (Foto Enrique de Vicente.)

Una característica expresión de Schirmer, mientras relata su experiencia al doctor Louange.

Schirmer muestra al doctor Louange la señal existente aún en su epidermis, del verrugón (c<wart") que le apareció -tras su contacto, y ello trece años después del mismo..


nios y ovniS (Pomaire, 1978), «Eric Norman»· escribe: jeron que tenían bases en diversos países, incluyendo lugares en los Estados Unidos. Deliberadamente no pub el emplazamiento de estas supuestas bases. No quiero vacar una invasión de esos lugares por parte de un ejé de cazadores de ovnis armados hasta los dientes.» Curiosamente, los ovninautas dieron bastante infor ció.n a Herb .sobre el sistema de propulsión de su nav • dijeron que ésta funcionaba mediante electromagneti reversible. Un rotor cristalino en el centro de la nave conectado a dos grandes columnas... reactores. La in sión de la energía electromagnética (recuérdese que e caso de Aveley también se habla de «inversión>,) les pe te controlar la materia y vencer la fuerza de gravedad. Le revelaron un pormenor de la nave que considero capital importancia: dijeron a Schirmer que el ovni est hecho de magnesio puro al ciento por ciento. Ahora bi uno de los poquísimos «fragmentos de ovni» que al par se han recuperado, procede del ovni que se desintegró so la playa brasileña de Ubatuba en 1957. Este material analizado por varios laboratorios estatales brasileño , también por los técnicos de la Comisión de Colorado, a 1 que Coral y Jim Lorenzen cedieron amablemente un fragmentos para su análisis. Pues bien: se trataba de m nesio muy puro, aunque no imposible de lograr por la t nología terrestre anterior a 1957, según puntualiza el forme Candan (p. 97 de la edición Bantam). No creo que entre las lecturas predilectas de Herb Sch mer se encontrase precisamente este voluminoso mamot to de casi mil páginas, de texto muy técnico e indige Warren Smith, en Ufo Trek, lo describe así (descripción q repite «Eric Norman» en Dioses, demonios y ovnis): « un joven tranquilo y poco imaginativo, cortado según patrón tradicional de '1os habitantes de los grandes llan Se trata de buenos chicos al estilo antiguo, que se sient en una mecedora con una lata de cerveza, para ver Gu smoke (La ley del revólver) o Beverly Hillbillies en la t 1 visión. Se saltan el horror y el tumulto de las primer páginas de nuestros periódicos, para echar una ojeada al . cómics y a la página deportiva. Los fines de semana, mo tan en potentes cochazos y se van a ver rodeos, carreras d coches viejos con muchos choques, u otras competicion Herb Schirmer, cuando 'lo conocimos aquella noche, vestí el uniforme estándar de los buenos muchachos chapado a la antigua de Nebraska: unos descoloridos tejanos L 212

IlIlíisa de sport de cuello abierto, y las tradicionales d' vaquero. Estas botas son símbolo y residuo de la ti ' los pioneros, que aún corre por las venas de estos Illl'llOtes. Todos son excelentes cazadores y pescadores, Itbricas de Nebraska están casi desiertas el primer 111' se levanta la veda del faisán. Un visitante puede ver I chicos apretujándose en los sa'lones de billar en las I! lluvia, jugando al chapó y bebiendo cerveza mar11II'Z, hecha en la propia Nebra~ka. Cuando vino a Es11 1980, Schirmer aún conservaba este aire bonachón. vninautas efectuaron una demostración de cómo d 'captar energía eléctrica de unos cables' de alta ten'1 'ctricidad que después devolvieron a la línea, arIto que no podían almacenarla en grandes cantidades 11 le la nave). ¿Por qué extraían pequeñas cantidades I ¡'lricidad de las líneas de alta tensión? Dijeron a 111 T que una de las armas defensivas de' la nave era un 11 dc fuerza electromagnético, que se activaba cuando l' Ilo estaba posado en el suelo. Este campo de fuerI forma circular, es el que para motores de automóI lIencia radios y televisores, y provoca un desagrada1111 migueo en los seres humanos, que puede llegar a la 11 l,. Hay cientos de casos de automóviles que sufren '0 «apagón» de los faros y paro del motor, al circuI ':1 de una nave posada en un campo próximo a la h'ra, o en ésta. 11 lambién casos de personas que resultan quemadas loximarse demasiado a un «platillo». Esta quemadura '~tar causada por una descarga de energía eléctrica 11 Ida a mantener a raya a los curiosos, e incluso a I k males mayores. IIlz:í una aplicación a pequeña escala de. esta tecno• ':1 la «pistola de rayos» que cada tripulante llevaba 1II , Y con la que podían paralizar a un ser humano 1I11tarlo). Estas pistolas paralizadoras estaban hechas 111 "ITIO metal gris plateado que la nave: ¿magnesio? 11 aptores dijeron a Herb, entre otras cosas, que su el observación se dedicaba a recoger muestras de I os tipos de animales y vegetación, (Se ha observado tllI~ de veces a los ocupantes de los ovnis dedicados Itrea de «herborizar»; Schirmer no podía en modo 1110 conocer este detalle, que no entraba en e'l marco 111 n~erencias inmediatas, y sólo se encuentra -y más IIltes de 1967- en algunas publicaciones ufológicas I 'pecializadas.)·. 213


Observó Schirmer, hablando más tarde con los gadores: -Es posible que yo les preguntara si secuestrl seres humanos. Lo único que recuerdo es que él que tenían en marcha un programa llamado de «aná cría» y que se habían utilizado algunos seres hum estos experimentos. No dijo si secuestraban y se 11 a seres humanos. No continuamos esta discusión, pro mente yo no quería que esto les diese alguna idea e respecto a mí. Schirmer cree que los ovninautas tienen un av conocimiento del cerebro. -Creo que han capturado a algunas personas y 1, manipulado el cerebro en cierto modo -explicó-. capaces de controlar mi informe sobre la observaci hice exactamente lo que me ordenaron, o sea que era uno de esos robots de que todos hablan. Hubo alg, bién que me impidió dar todos los detalles cuando el Sprinkle me sometió a hipnosis ante la comisión e Estoy seguro de que esta gente puede controlar a un bre a través de sus cerebros por el tiempo que a eU dé la gana. Por lo que se refiere a las rigurosas medidas de ridad que rodeaban a la nave, sus tripulantes le diJ «Tu gente es muy hostiL» Es la misma historia del tiburón y el buceador: ¿ es hostil? ¿Quién tiene miedo de quién? Los cas agresiones realizadas por seres humanos -militares, dores, policías, cazadores, etc.- contra los ocupant, los ovnis, son más numerosos que los casos inversos, pre muy dudosos y pese a 'lo que diga Salvador Fre En cambio, conocemos algunos casos clarísimos de . ción debida a los ovnis: el caso de Damon (Texas), e el agente de policía Robert Goode fue curado de una h infectada que tenía en su índice izquierdo, causada p mordedura de un caimán que tenía com() mascota, cu su mano, que estaba colgando fuera de la ventanill coche patrulla, fue bañada por la luz de un ovni de seSI metros de largo que cruzó por encima del vehículo. El ocurrió el 3 de setiembre de 1965, y Goode .se ha!: acompañado en aquel momento por el sheriff Wil E. McCoy, quien lo atestiguó. Otro caso, más célebre es el del doctor X., curado de sus heridas -irreversibI. de la guerra de Argelia. Y otro es el de la joven brasi que fue operada de cáncer estomacal por un equip

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Ilcfios ovninautas. Y otro... Podríamos mencionar basmás casos de curación.

111'S

d) Schirmer estuvo en España en 1980, invitado para de La Clave, el popular espacio de

1~llr a un programa I~ Luis Balbín, que

versaba esta vez sobre «extraterres. Entre los invitados se contaban John Acuff, director I NICAP; Pierre Delval de OURANOS, Juan José Bení¡ José Luis Jordán Peña, psicólogo, y Frank Salisbury, nlogo. Yo no fui invitado, pese que al final del programa IIJ(n dijo que «Ribera no había podido asistir», cosa 11IImente falsa; 'lo que ocurrió fue que no fui invitado, y lntí de veras, porque me hubiera gustado charlar con 11Ii1tiguo policía de Ashland, ya no tan joven como cuando lo 01 ovni «mal aparcado», pero aún con su aire inconfunIlIle de muchachote bonachón de Nebraska, pese a vestir 11 l'Icgante business suit en esta ocasión. Me hubiera gustado, porque considero a Herb Schirmer 1111 de los abducidQs más sinceros y auténticos de todos Illlntos existen. . El doctor Leo Sprinkle confió a Ralph Blum que él I lIla «en la validez de la experiencia vivida por Schir· 111 ' )'» ••• y que ésta era una «llave para el futuro».! uando Warren Smith preguntó al bueno de Herb si IIlbla oído hablar de Betty y Barney Hill, el muchachote 011 testó: «jOh, sí: eran esos dos gángsters de la película!» ILos había confundido con Bonnie y Clyde! ... 1. Ralph Blum: Beyond Earth, p. 120, nota.

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Tres casos ibéricos

... el fenómeno es mundial. Los casos que leerá a continuación no deben tomarse como hechos independientes ni como incidentes inconexos, sino como ejemplos locales de una actividad general que se desarrolla a nivel planetario... VICENTE-JUAN BALLESTER OLMOS

Ovnis: El fenómeno aterrizaje


1. ABDUCCIóN EN EL AEROPUERTO DE BARCELONA

I Imilia barcelonesa muy conocida se encontraba una na reunida en el Aeropuerto del Prat, en Barcelona, I

mar el avión que debía conducirles a Mallorca,

111' iban a pasar las vacaciones de Semana Santa de

El matrimonio, una pareja aún joven, más la mamá Il'n y una doncellita de 17 años llamada María, que

h 1 en sus brazos a la hija del matrimonio (de dos años l~ón), habían llegado en coche a la terminal del Prat, l. pués de dejar el coche en el aparcamiento, el marido , u familia en el vestíbulo para dirigirse al mostrad' Iberia, a fin de conseguir la tarjeta de embarque 1I , presentación de los billetes. A su regreso, transcu11 diez minutos, observó que la muchachita con la niña luban presentes. Su esposa le manifestó que no 1a 111 visto irse, pero que sin duda había ido a los servicios. I minutos iban pasando, y la criadita no regresaba. 11 '11 madre, cada vez más nerviosa, fue entonces a los h 1 s de señoras para tratar de localizarla, pero la parecía haberse esfumado. El marido contactó entonlln las autoridades del aeropuerto. Los servicios de 11 1< d fueron alertados, y al mismo tiempo los altavodifundieron una llamada. Nada de esto dio el menor .11 .do. La policía cerró entonces las salidas de la ter1, y desde la torre de control se ordenó a todos los 111'" a punto de despegar que permaneciesen en tierra. I i traron de cabo a rabo todas las dependencias y 1111' del aeropuerto. Sin el menor resultado. Había que .1 lile a la evidencia: ¡la muchacha y la niña se habían I 1I zado! ¡,Indo habían transcurrido ya tres cuartos de hora des'111' se inició la operación de búsqueda, una mujer de 219


aspecto pobre y sencillo se aproximó hundida en una butaca y presa de un para decirle: . -Rece, señora, y su hija volverá. Dicho esto, desapareció entre el gentío. Ca instante, la señora se volvió y vio a su lado a 1 la niña en brazos. -Pero, ¿dónde te habías metido? -balbu tiada. -¿Quién, yo?... -respondió María-. No me de aquí... Trataron entonces de retirarle la niña pero extraño que pueda parecer, estaba materialmen a los brazos de la chica. Tras mucho forcejear, consiguió arrancársela materialmente, y enton observaron otro hecho inexplicable: la parte de 1 que había permanecido oculta aparecía totalm jecida... Restablecida al parecer la normalidad, la famll al avión, que no había despegado. Durante el vu el aeropuerto mallorquín de Son San Juan, Marf una crisis de histerismo. Las azafatas tuvieron qu de ella durante todo el vuelo. Su señor resolvió tomar el primer avión de regreso a Barcelona II a María, cuyo estado parecía agravarse por momen Prat fue transportada a toda prisa a una clínica pa donde se le administraron sedantes. Así que María fue dada de alta en la clínica, en someterla a hipnosis, para ver de averiguar la su crisis histérica, y saber dónde había estado dur tres cuartos de hora perdidos. El distinguido parapsl Francisco de A. Rovatti, profesor de hipnología m presidente de todos los congresos mundiales de pa logía celebrados en España, fue quien se encargó d nizar a María. Las primeras sesiones se desarrollaron sin inei -María era un buen sujeto hipnótico-, hasta el mo en que se llegaba al instante de su desaparición: llaman ... », decía entonces la muchacha. «Me dicen: ¡S y luego musitaba: «Es una voz desagradable... Un de hombre.» Cuando Rovatti quiso llevar más lejos la regresión, ría se puso a gritar, a gemir. Los latidos .de su coraz aceleraban peligrosamente. «Diríase que le han implan un poderosísimo bloqueo post-hipnótico, a partir del

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Francisco de A. Rovatti, profesor de Hipnologia Médica, que sofronizó a la joven Maria, protagonista de este extraño caso de abducción.


mento en que María afirma ver una luz roja en el su comentó Rovatti. «Se trata de una experiencia extr nariamente dramática. Tratar de continuar, pondría peligro la vida de la paciente.» ¿Dónde estuvo María durante su ausencia inexpli de casi una hora? ¿Quién o qué la sacó de nuestro m . tridimensional? .. Quizá la respuesta nos la dé la niña que llevaba en zas -el verdadero objetivo de la «operación», en op' mía-, pero sólo dentro de unos años...

2. ADELA: ABDUCCIóN PSíQUICA

lIaJes de agosto de 1980 recibí la visita, en el pueblo resido, a unos 40 kilómetros de Barcelona, de cuatro l>nas con las que a partir de entonces había de iniciar Interesante relación. trataba de dos matrimonios, jóvenes aún, y que como I habían «escogido la libertad», yéndose a vivir a Sant lit del Valles, otro pueblo -con famoso monasterio 111 nico- próximo también a la capital catalana. Me I vedado revelar sus apellidos, y me limitaré a presen, (,los al lector por sus nombres de pila. Ji'( rmaban una de las parejas Ricardo y Margarita; esI n la otra compuesta por Carlos y Adela. Los dos matritillos eran amigos, y compartían gustos, aficiones y la \11 en Sant Cugat. Pero en realidad, vinieron para que /10 iese a Adela, y para explicarme su intrigante historia. d ella, pues, que vamos a hablar. uando la conocí era una mujer de unos 4S años, no 11 alta, de teZ rubicunda y cabello claro, rubio. Sus ojos 11 azules, y, sin ser obesa, era lo que se suele llamar una 11' r «llenita». Pero era su psique lo que más me inte6. Curiosamente, tanto por ella como por su aspecto ro me recordó a mi madre (fallecida en 1968, cuando " a cumplir los 83 años). Bastará que hable de mi madre, 111 $, para retratar simultáneamente a Adela. Mi madre era 11 ser inocente, sin malicia. Creía que todos los seres huI mas son buenos por naturaleza; sencillamente, no conhla la maldad. Las manifestaciones del lado «oscuro» de I xistencia la repelían profundamente (actitud vital que ti he heredado). Era un espíritu luminoso, alegre, radiante I't\ °e a los muchos golpes que la vida le había dado, espe11 Imente en el período de la guerra civil española). Pero 111,

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jamás perdió su profundo optimismo ni su joie dé vi (que yo también he heredado). . Era candorosa, sencilla. Las cosas complIcadas la a taban. Le gustaba cantar (siempre dijo que era ~a e tante de ópera frustrada, por un helado que tomo. en juventud, acalorada, y que le hizo perder la voz). Sm bargo, con la que le quedaba, ~,antaba quedam~~te, m villosamente. En realidad, muna cantando... «C e una e ticella ... », tarareaba en su lecho de muerte. . Ade'la, como ella, es un ser sencillo, inocente. MI ~~ se calificaba a sí misma como una «pobre de esplnt denominación que también cuadra a Adela. A,mbas ~on esa estirpe -los puros- que «un día her~daran la Tler como nos dice el Evangelio. Almas senc~llas, b~enas, q hallan su gozo en las cosas menudas. ASI era mI madr así es Adela. . Pero además, esta última es una «médium ~m saberl Domina en ella el inconsciente sobre el conSCIente, y es 'la madera de que están hechos los médi~m.s, los el videntes, 'los telépatas, los superdotados pSlqUlCOS ... y gunos santos. En realidad, yo le descubrí !o que era: .. P como me agrada decir siempre -por mI pragmatIsmo doble raíz catalana y escocesa: mi bisabuela Booth p mucho en mi alma-, «vayamos a .los hechos». y éstos son que, en la cara externa del muslo dere de Adela, aparecía una especie de estigma... que repres taba el famoso signo de UMMO: ) +(. Esto. es l? que cuatro me venían a mostrar, junto co~ la hIstona que, deaba al sorprendente estigma. Exammado. con atencl éste se resolvió en unas hileras de ampollItas, como que levanta una quemadura. ¿Dolía? No, no dolía, m~ e testó Adela. Pero en un hombro también había sido 19 mente «estigmatizada», marcada. ¿Por quién? ¿Por misma? ¿Por au~osugestión? ¿Por «alguIen» ,qu~ qu marcar con su «hierro» a quienes le perteneclan. ¿A • ? 1 \ de sus «ovejas». . -¿Conoce Adela el «asunto UMMO»? -pregunté Carlos, su marido. . -No... -me contestó-. Tengo tu lIbro en casa, des luego. El Misterio de UMMO, en la edición de Plaza & nés, colección Otros mundos, que lleva en la por.tada , rojo, el signo de UMMO ... pero ella no lo ha leIdo. T sólo lo ha visto. -Es igual -repuse-o Basta con qu~ sepa que es libro sobre «extraterrestres», y que haya VISto el SIgno. P

ello -me apresuré a añadir- no quiero decir que ex111 a otras posibilidades... Pero la «marca» no era todo, ni mucho menos. Adela 1111 fa vivido una serie de extraños episodios... y lo que más, se comunicaba mentalmente con los <<ummitas». 11' 1ón, la expresión es incorrecta: Adela «visitaba», en I \l1ce hipnótico autoinducido (cae en trance con una gran l'¡¡idad) la plataforma espacial de los «ummitas», donde I 1 recibida afectuosamente por Axxia, una mujer que lindaba en la base. espacial. Además de esto, Adela se 11' ntró una vez en la calle, yendo a la peluquería, en IIn Cugat, con un apuesto caballero, vestido correctísi1Imente, que le preguntó cómo les iba a ella y sus amigos un la Ouija. En efecto, las primeras comunicaciones del IllpO de los cuatro con los «ummitas» se efectuaron a trade la tabla Ouija. Adela se quedó sorprendidísima, porque no había coIIlOícado sus experiencias a nadie. ¿Cómo aquel apuesto y 1 s onocido caballero, rubio y atto, las conocía? Luego •u1tó, según Adela, que era nada menos que Dei 98, 1110 de Dei 97 ... Pero voy a ceder ahora la palabra a Ricardo, para que IU~ relate una curiosa observación que la familia, cornIl 'sta de cuatro miembros (padre, madre, hijo e hija) 11· tuó el día 28 de agosto de aquel mismo año de 1980. -Los cuatro miembros de la familia ... -refiere Ricarlo estábamos pasando una semana de vacaciones en el IIrador de Aiguablava (Costa Brava), adonde habíamos lleIIdo el lunes de aquella misma semana. El jueves 28, recibí 111 \ llamada telefónica, que me obligaba a estar aquel 111 smo día en la oficina para una entrevista urgente e Illllplazable. Decidimos por ello que alrededor de las 17.00 horas, bajaríamos todos a Barcelona, y una vez terminada la reunión, volveríamos a subir a Bagur y Aiguablava, IInque preveíamos que sería ya algo tarde. »Efectivamente, salimos de Sant Cugat a las 02.1? y lomamos la autopista para enlazar con 'la A-17. Para evItar I sueño tomamos un café en el área de servicio de Grallollers y'nos pusimos en marcha nuevamente. »Cuando alcanzamos exactamente e'l km 50,4, Margie , n por la parte izquierda unas extrañas luces en el cielo, 1\ I aja altura y de forma circular, como si se tratara de las 111 'cs de una torre o depósito de alguna de las industrias I",'taladas en aquella zona. Todos vimos aquellas luces y ¡t ,ra asegurarnos de lo que podían ser exactamente, dedUIí

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225 S-SECUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES


dimos adelantar de nuevo con el coche, para com si la situación de las luces, doscientos metros más ad había cambiado o no. Con gran sorpresa por nuestra vimos que las luces nos fueron siguiendo a la misma y velocidad que llevábamos nosotros. Cuando detuvi coche, las luces se detuvieron también. »Descendimos del vehículo y pudimos observarla fectamente: eran de un color blancoamarillento y rod por el centro a un objeto no identificado. La ob,serv no. dejaba lugar a dudas, y nosotros cuatro coinci en afirmar que todos estábamos viendo lo mismo. pente el ovni se elevó a enorme velocidad y se convir un punto solo de luz, a mucha distancia, pero total visible. ' »Decidimos seguir nuestro camino y nuevament objeto se puso a seguirnos. Le íbamos pidiendo qu salida de la autopista por Gerona (la 10) y cuando ramos la carretera general C-255, con menos tránsito, volviera a descender para que pudiéramos comimic con ellos... Esta esperanza se mantuvo durante to camino, pero «ellos» se limitaron a seguirnos a m altura, y, cuando estábamos cerca de La Bisbal, el avanzó y se quedó en un punto fijo, que pudimos situ la vertical, precisamente, del Parador de Aiguablava. »Así fue ya que cuando llegamos al Parador, alred de las 04.45 de la mañana, allí estaba, inmóvil. Nóte tiempo empleado y podrá comprenderse la cantida tiempo que estuvimos observándolo; nuestra marcha 1 pidiéndole que bajara y varias paradas que hicimos, e . diendo y apagando los faros del coche, con intenció comunicarnos. »Decidimos entonces permanecer un rato fuera, en jardines del Parador, contemplándolo. Vimos claram que lanzaba unos destellos hacia abajo, como si for una especie de triángulo. Ésta fue la versión de los cua aunque Ricardo Jr. aseguró haber visto también el S de UMMO. Finalmente, nos fuimos a descansar y a la ñana siguiente telefoneamos a Carlos, sin contarle n de lo sucedido, pero sí le pedimos que preguntara a A si conocía algo relativo a aquella noche, y así de esta for el próximo sábado, poder comentarlo en nuestras con saciones a través de la Ouija con nuestros amigos UMMO... » ¿Sus «amigos de UMMO»? ¿Con quién se comunica realmente los cuatro -si es que tal comunicación existía 226

sus sesiones? ¿Con su propio subconsciente? ¿Con verdaderamente? ¿Con «otros»? ¿Y quiénes l/II\ er estos «otros»? Preguntas, preguntas. I ISO Adela, únicamente, supiese la respuesta... o fectivamente, Adela sabía parte de la respuesta, '111' afirmó -sorprendentemente- que ella había estado 111 I de la nave que había seguido a Ricardo y su famih lsta Aiguablava... lodo esto, Adela decía también que había empezado 11 dbir cartas de los «ummitas». Un día, llamaron al 1111' y ella encontró una carta de sus amigos metida I '1 del felpudo. Iba dirigida a los señores M... (el ape111 de su marido). 1'1'1'0 de todo esto hablaremos más adelante. Intrigado por todo lo que me contaban las dos parejas, dI' idí asistir a una de las autohipnosis de Adela, y forlinde algunas preguntas que llevaría preparadas. Y esto lu que hice el sábado 30 de agosto de 1980. Con Trini, Illujer, nos reunimos todos en casa de Ricardo (que era lid \ ellos celebraban siempre SllS sesiones, de Ouija o de luhipnosis). Eran las siete de la tarde. Adela se tendió en el sofá del salón, con la cabeza cómo11l~'nte apoyada en un cojín y apretando otro cojín sobre 1'ntre, cOQ ambas manos. Parece ser que ésta era su I Illra habitual. Inmediatamente se sumió en un sueño 1l'llótico, y. Carlos, Ricardo y yo empezamos a hacerle Il1Intas. Eran exactamente las 20.45. ('arIos le pregunta a Adela si Axxia está ya con ella, Ilondiendo Adela afirmativamente. Acto seguido le preIIIla por qué la han marcado de nuevo (en efecto, Adela hIn vuelto a ser «marcada» con las letras NOA 1). Ella Il nde que esto ha sido debido a que se equivocó a:l 11 l'Íiarles a escribir con cuatro dedos (parece ser que IIl'la enseñaba a escribir caligráficamente a sus amigos), 11'0 que ahora Axxia lo hace ya con tres dedos; escribe una I1 a negra, recta, y, al preguntar a Adela si puede leer lo 111' scribe, responde que no. Yo pregunté entonces a Adela -que respondía siempre 1111 L1n hilo de voz- que informe exactamente sobre dónde I n. Ella responde que están en una sala redonda, con 1I1111S máquinas, de las que salen unos papeles agujereados I ), de un color amarillento. Estas máquinas son grandes 1.1111

1111 Imitas,

1, NOA. según el diccionario ummita de A. Moya Cerpa. significa , I\lumo, discipulo».

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I


y están tapadas; se parecen a la que tenía e'l p Adela en su casa. En esta sala hay mucha luz, ca rescente y de color blanco, muy ·blanco. Al preguntar Carlos de dónde procede esta luz, responde que (su origen) no se ve exactamente, que lámparas, ni nada, como si las luces estuvieran esco pero afirma que hay luz por todos lados, y que produce sombra alguna (constatación hecha por abducidos). Se le pregunta si está sentada o de pie, y respon está caminando. Confirma, una vez más como en otras ocasiones, q 5 o 6 personas más, que están manejando las má y que ella les habla pero que ninguna le contesta, posible excepción de una de ellas. Yo pregunto a Adela si los puede describir, y eH testa que todos se parecen, como si fueran todos i son muy altos, de piel muy clara, ojos también claro muy alargada y el cabello rubio, que llevan un poco pero no excesivamente (la impresión de «cabello» causarla también una capucha amarilla que les cayes los hombros). Visten todos una especie de mono, d gris plateado, como si fuera de raso, brillante y si malleras apreciables. Usan todos cinturones de colo ferentes, y hay algo que les cuelga en la parte del de los mismos, en la que llevan una especie de letra, usan como hebilla. Informa que en este momento a Axxia no la ve tan como antes. Por las descripciones dadas, al preguntarle qué 'le 'la de la hebilla, se cree que pudiera ser una «y». En c a Axxia distingue perfectamente que en esta ocasión una letra «N». ' En aquel momento Adela sonríe y al preguntar! qué, contesta que Axxia también está sonriendo. Al guntarle si habla directamente con ella, Adela resp que la mira mucho cuando le habla y que entiende tod que Axxia le dice. Yo vuelvo a insistir, preguntándole que precise d se encuentran exactamente, y Adela responde que en una especie de plataforma. Axxia le está hablando, este momento, de dimensiones, exactamente de la qui y le dice que debe esforzarse para llegar a la sexta. Entonces Adela lanza una exclamación en catalán (i ma en el que se ha expresado todo el tiempo): «AI<;a aq

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Emblema de UMMO, aparecido posiblemente por estigmogénesis en la cara exterior del muslo de Adela. El mismo signo apareció también sobre el estómago, región epigástrica de Adela.

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Sello digital de UMMO (muy aumentado) que figura I margen de los ¡nfonnes «auténticos». (Foto Rafael Farriols.)


(¡Caramba!), y nos informa que se ha vuelto atar pie. Al pedirle detalles del incidente, ella comunic el suelo está muy resbaladizo y que, al poner el pie escalón para subir a uno de los asieritos, se 10 torció. D asientos están justo delante de unas v~ntanas, que son bonitas. Son de color negro, con unos puntos muy llantes; hay millones de estos puntos y no se mueven. estrellas, en el espacio cósmico, no parpadean,ef mente; el titilar de las estrellas está producido p refracción de su luz en la atmósfera terrestre. ¿ Adela este detalle a nivel consciente?) Carlos le pregunta qué pie se ha torcido, a 10 qu contesta que es el izquierdo en el que se ha hecho (Nótese que Adela ha estado todo el tiempo tendida sofá, sin posibilidad alguna de torcerse el tobillo.) Carlos insiste en saber por qué 'la han vuelto a m y Adela contesta que ella misma se lo ha buscado, po ellos la están enseñando, pero que le dicen que es dura, que le cuesta aprender. En este momento Adela que huele como a cerillas, como si hubiesen encen unas -cerillas (nadie fumaba en aquel momento) y nota la hebilla de Axxia está encendida y que ahora la está gando. (Dejamos intacto el lenguaje de Adela, una pre muestra de estilo «naif», como corresponde a su perso dad ingenua y sencilla). La hebilla, dice, está comp de unos palitos grises o negros, con 'las puntas rojas. que lo ha apagado con el codo, tocándose el costad Yo pido entonces a Adela que le pregunte a Axxl sabe algo sobre los hombres pequeños, y si éstos ti también «hebillas». La respuesta es que de momento no las usan, ya se trata de alumnos a lbs que están enseñando. Yo insisto preguntando si conocen realmente a hombres pequeños de cabeza gorda y si realmente trab para ellos. Informa Adela que estos hombrecillos son muy in gentes, superinteligentes, pero que los están formand hay muchos de ellos. . Pregunto nuevamente a Ade'la, y mi pregunta es si e hombrecitos proceden de Marte. Adela informa que Axxia, al oír esta pregunta, p una cara muy rara, quedando muy seria y sin querer e testar. Al repetir yo la pregunta, Adela dice que todos presentes se están mirando entre ellos, muy serios. To los que trabajaban frente a las máquinas han retirado 230

manos de ellas~ y se miran muy sorprendidos. Adela que los hombrecillos realmente no son de UMMO; lI'l'viene hasta Deia, que en estos momentos está hablanI 'On Axxia. Dice que todavía no nos pueden contestar til'e realmente todos ellos están muy sorprendidos por 1,1 pregunta; parece ser que se trataba de algo que tenían "Y escondido. ¿Habré puesto el dedo en una llaga cósh n, me dije? Insistimos en que se lo pregunte a Deia, ,t) vuelve a contestar que todavía no es tiempo. xxia sigue con cara de preocupación; parece que la 11 glmta no la ha satisfecho demasiado. Informan a Adela 111' aunque se 10 explicaran, ella no lo entendería bien. I1 ma que no están enfadados, pero sí muy sorprendidos. 1I ¡mas que nos digan al menos por qué no pueden conI:lr y en aquel momento Adela nos informa que Axxia I \ acerca con las manos extendidas, y con la parte laI ¡[ de las mismas le está tocando la cara, diciéndole al 1I 1110 tiempo que se -calme, que sólo le hace daño el pie. Debido a estas negativas, decidimos no preguntar más IIhre este tema, por el momento, y Carlos, cambiando de Illlversación, pregunta qué es lo que deben enseñarle lluevo. Adela contesta que hace muchos años que están inten11 lo enseñarle cosas, pero que Adela (sic) es muy desliada. Le preguntamos si ella irá algún día a UMMO y resIlllde que está muy lejos, mencionando a continuación 'las Irll nsiones séptima, octava y novena. Y añade que si conI, tiC llegar a la décima, entonces se podrá trasladar a IMMO, pero que se necesitan muchos días. Ricardo comenta la aparición del ovni del pasado jueI Y pregunta si realmente fueron ellos los que se deja111' ver. Adela responde afirmativamente, y agrega que 1lI1lactó con los cuatro (Margarita, Margie, Ricardo y RiIIl'do Júnior), y que era en el camino hacia Aiguablava. Ricardo pregunta por qué no se acercaron más y Adela IlIl'orma que ella estaba también en este ovni y que .les l' las caras. Describe el ovni como una plataforma, muy 1linde y con muchas puertas, de un diámetro de cien mellO:) y pico. Ricardo insiste, preguntando por qué no se acercaron 111 • Ella dice que les estaban probando y que no desean It I ernos daño alguno, pese a que a veces les han hecho tll o a ellos. Por lo mismo, andan con mucha prudencia. ade Adela que la nave es como una especie de subma11"

III

I

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rino con muchas puertas, y que dentro, además d misma, estaban Deia, Axxia y veintiuna personas mál seaban enviar un mensaje e hicieron una demostració la parte baja, llevan un símbolo como si fuera una doble. Es parecido al de UMMO, pero las barras son r ¿ y las luces? Sirven para transportar a alguien; cuat estas luces es como si aspiraran o chuparan. (En su guaje sencillo, Adela nos está hablando de los «haces pactos y coherentes»; de la «escalera de luz» de Dio Llanca; del «rayo de luz sólida» de los Avis, etc.) Axxia comenta que los cuatro estaban algo asust a lo que Ricardo replica que él no lo estaba, ya que se del coche, hizo señales luminosas con los faros, pidió se bajaran, sin haber conseguido nada. Finalmente dijo que, en efecto, Ricardo no se asustó y que pro volver a verles y además más cerca, y que Ricard tenía razón al decir que las luces formaban el escud UMMO. Yo pregunto entonces si Axxia conoció a Yu 1. Con Axxia que Yu 1 era una suprema, mayor que Axxia y do a ello no lo sabe exactamente, volviendo a guard lencio. Insistimos e informa Adela que Axxia le dice este tipo de preguntas Adela no las debe conocer y q ponen muy nerviosa (a Adela). Ésta dice que le sigu liendo el pie. Volvemos con la pregunta de los hombrecitos pequ de cabeza grande y Adela dice que Axxia ha abierto ojos, añadiendo que tienen otros pequeños satélites y contactan con otros planetas. Posiblemente más adel Adela podrá hablar con ellos (con los seres de esos planetas, entendemos). Yo pregunto si esta plataforma está en la órbita d 36 000 km (órbita sincrónica con la rotaciórr terrestr Adela contesta que está mucho más lejos. Adela empieza a despertarse y cuando pone el pi el suelo, después de incorporarse en el sofá, dice qu lo ha torcido en aquel mismo momento, y que le d Adela manifiesta tener mucho sueño y deseos de rarse a descansar. Los demás nos sentamos a la mesa, P charlar mientras bebemos y comemo.s ligeramente.

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diferencia de las cartas e informes de UMMO «ortodo», que vienen siempre mecanografiados, las cartas recihlu por Adela eran manuscritas. No obstante, en la parte IlTior derecha de las mismas aparecía el famoso sello 1 lal, de una notable perfección y en dos colores, según artas: lila o verde. El lila, en los informes -repitoI Jllodoxos» ae UMMO, corresponde a lo que ellos llaman «red nacional» española; el verde, a la «red» francesa. obre este particular del emblema de UMMO, es curiobservar que Adela manifestó en hipnosis (véase lo an11 r) que el «escudo» que ostentaba la nave que siguió us cuatro amigos hasta Aiguablava, tenía los brazos • tos», y que era como «una cruz doble». Pues bien: 11 tamente así, como una «cruz doble», es el signo que o y posteriormente dibujó «Antonio Pardo», en 'la panza I VED de San José de Valderas (véase Un caso perfecto, A. Ribera y R. Farriols). Y que aparece también en las Ilos. En cambio, el signo digital de UMMO, estampado al It de los informes y las cartas, es de «brazos curvados». ¿Podía tener en cuenta Adela éste y otros muchos deti 'sconcordantes, al hablar en hipnosis autoinducida? 11 'ho lo dudamos. Pero es natural, sin embargo, que una I'sona sencilla y de formación religiosa como ella, eme h· se el símil (<una cruz doble» para describir el emblema. onviene precisar aquí que, al aparecer los primeros «esI mas» en el estómago, el hombro y la pierna de Adela, su IIlrido Carlos la llevó a un dermatólogo, para que el espe'lista dictaminara. Parece ser que éste habló de «psico. rmia», o sea aparición de manchas y otras señales en la d, por autosugestión del paciente o influencia psíquica. I «signo de UMMO» que apareció en el cuerpo de Adela, 01' esta extraña estigmogénesis, era similar al de los inJI'mes; es decir, de brazos curvados. Por aquella fecha I osto de 1980-, según me aseguró su marido, Adela no hllb(a visto ni un solo informe de UMMO, si bien conocía l' 'pito-la portada de mi libro El Misterio de UMMO (edil n de Otros mundos) en la que aparece el emblema sa- . 1\ lo de los informes. Pero volvamos a las cartas. A través de sus «conversaI Iones» con Axxia, Adela fue notificada, ya en setiembre lh 1980, que empezaría a recibir cartas suyas (recuérdese '111 \ Adela estaba enseñando a escribir a su «amiga extraI

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terrestre»). Así fue como recibió la primera 'carta, int cida en su casa debajo del felpudo. La carta recibida por Adela estimuló a Ricardo a t de comunicarse con A.xxia. Redactó una carta a máq en un papel con su membrete, y la entregó a Adela que ésta la hiciese llegar a su «amiga». Adela contó que se fue con la carta al golf de Cugat, se sentó allí en un banco y a su lado se instal caballero desconocido. Cuando éste se fue, se había lle la carta de Ricardo. La verdad, creemos Ricardo y yo, es distinta, pero i mente sincera. Cuando, a la vueltá de unos pocos día cardo recibió la «contestación» de Axxia a su misiva v cosas le llamaron la atención de inmediato: la carta, venía escrita a mano y con bolígrafo de trazo grueso, traba la misma caligrafía que la letra de Adela. Ad contenía las mismas faltas de ortografía (formas del v «haber» sin «h», etc.) que ella cometía habitualmente escritura. No había que ser Sherlock Holmes para deducir q carta era de puño y letra de la propia Adela. «Eleme querido Watson.» ¿Quería ello decir que Adela había cometido delib damente un fraude? En absoluto. Adela había escrit carta en trance; alguien se había apoderado de su men de su voluntad, y le había «dictado» ia carta. Pero lo sorprendente era el sello digital de UMMO. Perf ¿ y cómo había conseguido Adela, una sencilla ama de sin conocimientos especiales de falsificación, «crean sello que imitaba tan perfectamente a los «auténticos. decir, los que aparecen en los informes de UMMO? es cierto que su marido, Carlos, y Ricardo, temap. fotoca de alguno de estos informes, pero también es cierto yo recordaba perfectamente la burda imitación que p ·contemplar, al término de las jornadas de UMMO en cante (28-30 de marzo de 1980), en una misiva supu mente ummita que allí- se re"Cíbió. ¿Cómo se las arreglaba Adela para «imitar» tan pe tamente el sello de UMMO? Quizá la clave nos venga d por el episodio siguiente: un día Ricardo facilitó a A un tarjetón en blanco, con el ruego de que dijera a amigos que estamparan allí su sello. A los pocos mom tos, Adela se presentaba en casa de Ricardo, donde se hallaba entonces Margarita. Llevaba en la mano el jetón, con el sello de UMMO «eñ verde» ... y Margarita 234

I

1 vó

que uno de sus dedos estaba también manchado de

Idc. I~sto es más notable aún: si Adela ponía el sello en tran• hipnótico, tras mojar el dedo en el tampón verde o lila, 110 quiere decir que su epidermis se retraía en las zonas //1' en el sello aparecen en hueco, para que el resultado 111\1 fuese el sello auténtico de UMMO. Extraordinario l' Il1plo, de ser así, de la acción de la psique sobre el soma. I momento -y descartando el fraude- no le encuentro 11 'una otra explicación. Pero ello cuadraría, por otra parte, con 'la personalidad I Adela, poseedora de poderes psíquicos, telecinéticos y • h·páticos (desde el Psi Kappa al Psi Gamma), de los ltl' ni ella misma es plenamente consciente. Adela es una 111 dium .superdotada, pero su propia sencillez de espíritu Impide reconocer este hecho, tan simple para los que la lt· 'rvamos desde fuera.

hipnótica d -la había manifestado reiteradamente su deseo de soIcrse a una hipnosis «ortodoxa» (no autoinducida) en 11 lilaS de un buen especialista, para ver si así se averiguaba 1I t) sobre sus misteriosas «abducciones psíquicas». Yo II11I de complacer este deseo, y así fue como el día 2 de I'osto de 1981 presenté a «los cuatro» a la persona que se lit a rgaría de sofronizar a Adela. e trataba de un excelente especialista de la hipnosis: ". Bonet Amó, «Maestro Amó», discípulo aventajado del lt'aordinario paragnosta José Mir Rocafort, «Fassman». 111' es un hombre joven, no muy alto, recio y de poblada hllt'ba. Su catalán con tendencia a la «e» traiciona su origen ¡dano. El día 2 de agosto, pues, nos reunimos en casa de Rilit' lo, lugar habitual de nuestros «candomblés». El primer 111 'nto de hipnosis por parte de Arnó se saldó con un Ilni-fracaso: Adela se resistía a «soltar prenda»; dijérase 11"1: el hipnotizador tropezaba con una barrera, con un blo'111: implantado en la mente del sujeto. A ello quizá inIIIIY se también la postura inhabitual: Adela estaba sen"Ida, con el busto erguido, y no cómodamente tumbada 1II sU sofá, apretando un cojín en el regazo. Amó intentó entonces otra táctica -que había de dar 1I 'Iultados sorprendentes-: hacer «regresar» a Adela a su 111

"1

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Reproducción de la carta recibida por y supuestamente escrita

... r:,.

Comparación entre tres sellos de UMMO: a la izquierda, un sello «auténtico" tomado de un informe; en el centro, sello de una carta posiblemente «apócrifa": a la derecha, sello que figura en las cartas de Axxia recibidas por Ricardo.


infa?cia. En saltos de diez en diez años hacia a llevo hast:=t sus tres años de edad. Y ocurrió aquí meno cunoso: Adela se puso a hablar en francés' cés infantil, por supuesto, pero muy correcto. . ~ar'los.' .~u ma:r~do, nos contó entonces que ha 5 anos VIVIO en DIgne (localidad próxima a La Ja ~uérdese), y que su lengua era entonces el francés. mstalarse su familia en Cataluña, olvidó por complct l,la.lengua -que en la actualidad no recuerda- y se umcamente en catalán (y ocasionalmente en cast clar?). Nos contó también Carlos que en aquellos fantI1es Adela tenía una misteriosa amiga: una «Madame Gras», a la que llamaba «Dadó». Ella en recibía el cariñoso nombre de «Lilin». ' A continuación vaya transcribir los pasajes má resantes de esta sesión hipnótica. Principalmente primera hipnosis, en la que se supone que Adela bordo de la «plataforma». ~ la pregunta, formulada por Amó, de amIgos, responde Adela: -Son altos ... tienen la cabeza grande... -¿Cómo visten? -le pregunta Amó. -Traje claro... Hay dos seres diferentes Much ta~l~s... Bo'las de muchos colores... Flotan Flotan... mmIapara~o~ esféricos de observación y control const! un rasgo tIpIcamente «ummita»). y prosigue Adela: . -Yo camino... sin tocar en el sue'lo... Ellos comen VIscosas ... Membrillos, porquerías (sic). Las he prob no me gustan... Saben a hierro. -¿Qué beben? -pregunta Amó. -Un líquido espeso -contesta Adela. Y contin Yu 1... Yu 1... -¿ Qué es y u 1? -Una jefa... Pregunta entonces Amó: -¿ Dónde está Axxia? -J e ne sais pas -contesta Adela, en francés-o 1 calor!. .. ¡Tengo calor! ... Interviene Ricardo para preguntar: -¿Por qué han castigado a Axxia? -No la han castigado -replica Adela. -¿Dónde está ahora? -sigue Ricardo. -En UMMO ... Acto seguido se produce un bloqueo total en la m 238

la, que Amó no puede vencer. ~sta parece haber rela orden de no comunicar más información. Decide 110 ntonces hacerla regresar en el tiempo, en saltos de I '11 diez años hacia atrás. Llegan así hasta los 4 años 1 dad, cuando Adela vivía en Digne. Aparece entonces la 1~'l'iosa «Madame Gras» o «Grasse», a la que «Lilin» h la) llama cariñosamente «Dadó». Esta mujer parece lu l' ejercido un gran influjo en la niñita; haberla «marl.,» psíquicamente. Hablando posteriormente con los 11' , llegué a la conclusión de que «Dadó» pudo muy 11 haber sido Deyya. A este respecto, vale la pena trans1111' dos párrafos de la carta de Axxia recibida por Rido y que lleva fecha 27 de setiembre de 1980: ,.. a tu amiga Adela no le pasará nada ya que nos es 1 querida a nosotros y sobre todo a Deyya, quien la 111' bajo su protección... » ,,. Adela conoce a Deyya desde muy pequeña y ellas n saben lo que se traen con sus contactos ... » (la cur11 S mía). lislos dos párrafos -especialmente el segundo- dan 111 ho que pensar. ontinuación se reproduce la carta en cuestión, reci11 por Ricardo: (Se observará que sigue la numeración IIllila, de base duodecimal y que principia por el cero, por el uno): CORRESPONDENCIA CRUZADA ENTRE ADELA, RICARDO Y AXXIA 34 1. Carta de Axxia 34, dirigida a Adela. Está manuscrita, no lleva fecha y fue recibida en casa de ésta el 18 de setiembre de 1980, a las 23.15 horas. No conocemos su contenido. 2. Carta manuscrita de Ricardo dirigida a Axxia 34. Con fecha 20 de setiembre de 1980, Ricardo se decidió a escribirle. El correo utilizado fue Adela. Motivo: saber si podría funcionar este sistema de comunicación tan especial. En ella pedía que no perjudicasen a Adela, y que desearía conocerles personalmente. Le devolvieron la carta original, pero marcada con el sello de UMMO. 3. Carta manuscrita de Axxia 34 dirigida a Ricardo. Lleva fecha de 27 de setiembre de 1980; respuesta casi de correo normal. Llegó a través de Adela. 4. Carta de Ricardo a Axxia 34. Con fecha 19 de octubre de 1980, volvió a escribirle, esta vez a máquina, pues en la primera se había quejado de su letra. 5. Nueva carta de Axxia 34, en respuesta a la anterior.

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Esta carta es asombrosa y por supuesto su co ultrapasa el nivel de conocimientos de Adela. Axxl de la existencia de oemii (hombres) en la Galaxi , el descubrimiento de planetas en torno a cuatro tras estrellas próximas, realizado por astrónomos servatorio Sprout en Swarthmore (Pennsylvania, E Estos datos son correctos, y comprobados person por mí. También dice Axxia, disculpándose de redacción y de sus faltas de ortografía: «Pero yo puedo acer (sic) más no sabes el esfuerzo que costando escribir pues ya sabe Adela cómo tene uniobigaa y sabes el sufrimiento que me está caus Uniobigaa, según el Diccionario Ummita de Moya que publico en mi libro El Misterio de UMMO, es de los dedos»... En efecto, la hipersensibilidad qu los ummitas en esta zona hace que sostener un bol por ejemplo, les resulte muy doloroso... Muy interesante y revelador también el pasaje Axxia escribe: «Ricardo me gustaría más seguir porada con cartas más personales que científica éstas ya nos tienen muy cansados y vosotros avel sido nuestra válvula de escape... » Hay aquí -como «caso Julio»- una búsqueda de lo humano. Personajes ummitas, por orden alfabético, surgidos en la AARAA AGU AIN ASOO AXXIA BIUA DAOO DAOO DEII DEII DEYYA EMMEE EMMEE ESIURAA ESIURAA GAA GAAA GAAAA GUA GUA IAUDU

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7 28 368 3 34 4535 4

6

97 98 44

48 498 499 1 6 9 63 64 3

IE IUI IUI IYAMMIEN IYIAA MISSLA NA NOI NOI OEDE OEDE DES OES OOWA ORIAAU DRlAAU ROAA ROAA SOODU SOODU SOOIE

456 11

12 406 5 312 2 3 91 95 14 17

3 5 6 72

75 4 7 993

SOOIE UDn UDn UEWEE UMMOWOA UNOO UROO UROO UROO UROO UURIO WIE YIIXE YIIXE YOA YDEIM YU YOOGOO YOOGOO

ya estaba terminando este capítulo sobre Adela, asualmente (pero la casualidad no existe; habría d 'cir aquí tal vez «causalidad») una carta de Borja, I dad de la provincia de Zaragoza. En ella mi comunile -cuyo nombre no estoy autorizado a revelar- me IlIha que había establecido contacto mental con unos ¡ue le decían ser de un planeta llamado UMMO. 1 omunicante me jura que cuando empezó esta ex11 comunicación, él no sabía nada sobre UMMO. Sólo posteriormente compró mi libro sobre la cuestión. I principio, la palabra UMMO 'le evocaba una columna hllmo, pero le extrañaba el modo que tenían sus misteu comunicantes de alargar la «m» intermedia. (Efec111 'nte, UMMO, según han dicho los propios ummitas, I \'Ile que pronunciar alargando la «m»; de ahí que la 1111 duplicado al representar el fonema gráficamente.) I'udos los datos que le dieron en «tlashes» mentales, 'los ulIlró luego recopilados en mi libro El Misterio de Al , con el asombro por su parte que es de suponer. Mi comunicante parece sincero, y en principio no hay 111 que me haga dudar de su palabra. Il' ser ello cierto -como cierto parece que es el caso ti la- ello significaría que los ummitas -o quien sea , oculte tras ese nombre, puesto que, insisto, los autod' los informes de UMMO, afirman que la comunicación p(ltica entre ellos y nosotros es imposible-, ha iniciado lluevo sistema de comunicación con los terrestres: a \' . de la mente de unos cuantos elegidos. A azar? creo quena. I

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3. JULIO F.: EL CAZADOR CAZADO

Los asistentes al I Congreso Mediterráneo de Ufologf mí organizado y presidido, y que se celebró en el P de Congresos de Barcelona los días 16 y 17 de ju 1979, se quedaron boquiabiertos al ver entrar en 1 oscurecida a un señor rodeado de cuatro «guardaesp que, después de subir al estrado y sentarse de espal la sala, se puso a relatar tranquilamente una exper increíble: su estancia de tres horas largas a bordo d nave extraterrestre, adonde fue abducido en la pro de Soria. Idéntico pasmo experimentaron los asistentes convención anterior, el Primer Simpósium Nacio Ovnilogía/Ufología, organizado por onu y su presl Francisco Sánchez, los días 27, 28 Y 29 de abril del año. Ante ellos no se presentó Julio F., que éste nombre con que quiere ser conocido el misterioso naje, sino que esta vez habló por los altavoces, de interior de una 'cabina que lo ocultaba a miradas ind taso Y es que Julio F. -dato muy positivo- desea gu el más riguroso anonimato, para evitar que su ine experiencia se convierta en;..pasto para la prensa cionalista e incluso para los chistes fáciles. Eso sí: está totalmente abierto para los investigadores serios, nunca podré agradecerle lo bastante su desinteresada boración conmigo, y el riquísimo material al que m permitido tener acceso, por intermedio de José An Campaña y su esposa, la doctora Maite Pérez A'1varez, han investigado a fondo este caso, y a quienes desde quiero manifestar mi más sincero agradecimiento. mismo agradezco la colaboración prestada por sus inv bIes dibujos y croquis a Carmelo Solar y Vicente A La primera noticia de este caso extraordinario 1 242

1 conocido investigador madrileño y psicólogo -amén querido amigo- José Luis Jordán Peña, quien casi se u por sombrero un gigantesco ovni con el signo de MO en la panza, en Aluche, el 6 de febrero de 1966. El h de que un VED (Vehículo Extraterrestre Dirigido) 'Iigiera su cabeza como campo de aterrizaje -o de des· 11' no se sabe bien- no logró vencer el contumaz es· 11II lsmo de Jordán Peña, racionalista a machamar~ill?, IlIbre lúcido e inteligente si los hay, pero que se reslstla sigue resistiendo- a aceptar 'la realidad del bino· 11 vni = nave extraterrestre. Jlues bien: al terminar una de las frecuentes conferen· públicas que, pese a todo, Jordán Peña pronuncia sobre I 'nómeno ovni, alguien le interrogó acerca de las exI cncias de quienes, habiendo tenido un encuentro cer1111 del segundo o tercer tipo principalmente, fueron soII los a hipnosis para averiguar si terminaron siendo Idos al interior de la nave. El interpelante -un hombre I 11- le pidió su teléfono, para llamarle a los 'pocos dí~s dI; 'irle que' podía contarle un suceso que le mteresana. ICldaron ambos citados en una cafetería, y allí encontró 1I1¡~n a su interpelante, llamado Manolo, que venía acomIdo de su hermano 'Julio, protagonista del insólito su· 11, que impresionó vivamente al psicólog.o, por el evi· 111 ' tono de sinceridad y autenticidad de JulIO. ué había ocurrido? T do empezó en la mañana deIS de febrero de 1978, ~?­ IIlJ'o. Julio F. es un hombre joven, casado, con un hiJO d s años y medio entonces; cursó tres años de veterin~. de ello conserva gran afición a los animales. Atendm llonces un comercio familiar, pero su auténtica vocación 111 fotografía. Lee mucho para informarse sobre el mundo 111 le rodea y el hombre, pero jamás le tent~ron las lec' 11 lS paracientíficas o ufológl.;as. Gran deportIsta, es mono 1'1'0, escalador y cinturón negro en Tae Kwon-do. Pero I I'ran pasión es salir a cazar solo, ~on su fiel perro.Mus, 11 p inter inglés ligero, de pura raza. PI día citado, 5 de febrero de 1978, se cerraba la veda. 1I11l) había decidido la víspera dirigirse a una zona abun· 1111 en liebres, cercana a Medinaceli, en la provincia de II

111

In.

Tras un extraño encuentro a las cinco de la mañana en ltll hostal solitario con un camarero muy raro, Julio se ,1I111 Y hacia un camino vecinal, llevado P?r un, impulso h II'sistible. El coche se le pone a andar hacza atras, y final· 243


mente termina parado, sin luz, ,con el motor detenido. levanta el capó, pues cree que la avería se debe a bina, y... Hasta aquí alcanzan sus recuerdos conscientes, T demás hubo que sacárselo de su subconsciente estaba guardado bajo llave- mediante la hipnosis siva, Y «10 demás» es nada menos que el encuentro ca hombres muy a'ltos, de casi dos metros de cabeza en f~cciones alargadas, labios finos y mentón puntiagud bIertos con un traje verde ajustado y un verdugo q tapaba el cráneo y los hombros. Estos hombres lue invitaron a seguirlo, tras enviarle pensamientos' tran zadores, al interior de un enorme disco volante de 70 diámetro, que flotaba ingrávido sobre un cam~o pró a 400 m de la carretera nacional pero oculto a su vist una loma. En el interior de 'la nave -adonde penet su perro Mus y la escopeta de caza al hombro- fue tido a una operación traumatizante, consistent~ en ducirle unos finos hilos de colores por todas -abs mente todas- las cavidades de su cuerpo. Luego fue sujeto a un asiento, y se le «obsequió. un breve viaje espacial, pues pudo ver la Tierra y la por una ~e las ventanas rectangulares de la gigan nave espaCIal. Todo esto fue sa'liendo a la luz gracias a las sofro ciones a que José Luis Jordán Peña sometió a Julio octubre de 1979. La primera sesión de regresión hipn -refiere Enrique de Vicente en Un artículo que con al tema en Contactos Extraterrestres núm. 1 y que 1 se publicó en francés en el núm. 28 de Ouranoslugar en el consultorio psiquiátrico del doctor Fem Jiménez del Oso, en presencia de éste y de una docen médicos, psicólogos, hipnólogos y estudiosos, que as ron a la experiencia en vista de la credibilidad que buían al relato y la confianza que depositaban en Jor A la segunda sesión, realizada en el Colegio Menesiano drileño, asistieron unas cincuenta personas, entre las se incluían prestigiosos profesionales y especialistas en más diversas materias, cuya opinión subjetiva -tras tir ~ las dramatizaciones con que Julio revivía bajo nOSIS los momentos más intensos emocionalmente d experiencia- fue mayoritariamente positiva. Pero vamos a dejar que sea Julio mismo, con sus pias palabras, quien nos cuente 'lo sucedido. Las trans ciones que se reproducen a continuación son inédittU 244

a la amabilidad del propio Julio -repito- y de 'los osos Campaña, que este impresionante dossier se haga hlico por primera vez. Sin duda este caso -con el de misio Llanca- sea el más exhaustivamente estudiado, 11 una ventaja por lo que al de Julio se refiere: así como Jl bre Llanca era un ser simple, de bajo c?ciente, inte11Ial, los tests psicológicos a que fue sometIdo Juho re11ron un coeficiente intelectual superior al normal, comIlldo con una personalidad perfectamente integrada: 11 equilibrada y en absoluto psicopática. Julio no es DI lébil mental ni un fabulador o un mitómano. Es, por el lit rario, un hombre muy realista, muy objetivo y, sobre lo, incapaz de mentir. Esto es lo que han revelado los exámenes psicológicos. '1uiero recordar aquí que quien se los hizo fue el meticuIl y escéptico Jordán Peña, que realiza profesio~almen~e 1° 'nas de tests psicométricos laborales, y a qUIen sena I lo tanto imposible engañar. ht)

produzco a continuación la entrevista que Julio sostu-. -en estado vigil- con José Antonio Campaña, y que I virá de preludio a las entrevistas posteriores que rea'0, en estado hipnótico. En estas sesiones de hipnosis lIl'rvinieron, además de Jordán Peña, la señorita Ana 111.0, hipnóloga, y el doctor Jesús Durán, reputado espe"lista madrileño, que empezó a sofronizar a Julio con un f' 'pticismo total (el doctor Durán no creía en los ovnis), lit' luego habría de trocarse en asombro e incluso preocurión. errará este dossier sobre el «caso Julio» algunas con11Isiones anatómico-morfológicas sobre los «extraterresl' s» que secuestraron a Julio, debidas a la doctora Maite l' z Alvarez y que me atrevo a calificar de «asombrosas», IIt'S nos enfrentan... ¡al hombre del futuro! No dejará el lector avisado de constatar sorprenden~~s II1Icjanzas y coincidencias con otros casos de abducclOn 111' recoge este libro. Estas coin~i~encias, ~omo ya he I 'ho, nos evocan un nivel tecnologIco supenor al de la I torra a finales de este siglo xx, y común sin duda a muI h, .civilizaciones de la Galaxia. Diré antes de pasar a las transcripciones, que el estu.lIu del caso comenzó en junio de 1979, prolongándose I

245

I,

I j'


hasta abril del año siguiente. Pero en realidad, no minado y es posible que no termine nunca... mien lio exista.

El viaje a Medinaceli Pregunta: José Antonio Campaña. -¿Empezamos, Julio? -Cuando quieras. -¿Qué sucedió aquel 5 de febrero de 1978 desde q jaste tu domicilio? -Serían las tres y media de la madrugada cuando portal. Recuerdo que aquella noche dormí poco, di vu vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño (cosa ro cuente en mí cuando voy de caza, temo no oír el desp y no pego ojo). Total, que me levanté sobre las dos y desayuné, cogí mis trastos y, en vez de dirigirme a 1 donde acostumbro -Casavieja en Avila-, enfilé la ca de Barcelona hacia Medinaceli. -¿Por qué razón? -Lo ignoro. Precisamente, la víspera había comenta mi mujer que iría a cazar donde siempre. Quizá, dado q muy pronto, decidiera marchar a Soria para hacer tiemp que no puedo asegurarlo. -¿Indicas siempre adónde vas? -SÍ, es una costumbre que conservo de mis tiemp montañero. En el campo, un accidente es fácil. Si te algo y saben dónde estás, pueden ir a buscarte, ¿compre -¿Cuándo cambiaste tus planes? -Sobre la marcha. No sé si al salir de casa o ya en el e Desde luego, lo hice de forma impulsiva, ahí está lo raro. -¿Te extraña? -Mucho. Mi idea aquel día era ir a Avila. Y hay más sueltos. -¿A qué te refieres? -Verás, yo adoro los preliminares de la caza. 'Es com vicio. La noche antes de partir reviso la escopeta mil vece I lecciono los cartuchos, pienso dónde iré... En fin, que salg con una idea preconcebida, por eso me choca un cambi opinión tan repentino. -¿Nunca alteras tus planes? -Hombre, a veces he dicho voy a tal sitio, y luego m quedado en otro, pero siempre en la rpisma zona o sobr misma ruta, no en el lado contrario, como sucedió en esta sión. -¿Recuerdas qué tal noche hacía? -La noche estaba muy fría, sin J;lubes, quizá por ello la t peratura había descendido tanto. Me encontré el 124 es 246

N-11, cerca de la desviación 111110 o Camino de Rubiales.

In

JuiiO F., sujetando a su Pe~ Mus, conversa con Enrique de VIcente.

vII aparcado en el lugar exacto donde

., 16 el suyo; aquí fue donde se " I.ron los dos sElres altos.


chado - j normal!-, abrí la puerta, metí a Mus, mi salí zumbando. -¿Sucedió algo imprevisto por el camino? -Iba pegándole al coche, me gusta conducir fuerte voy solo. «Charlaba» con Mus, le decía cosas, el perro m ba... Noté, eso sí, que los kilómetros se hacían interm No avanzaba ni loco. Te parecerá una tontería, pero 11 pensar que había dejado atrás Medinaceli, hasta cons indicadores. -¿Yeso? -No sé. El caso es que sabía que iba temprano para Tanto es así, que me detuve en un bar de la carretera. -¿Puedes decir dónde? -Creo que en el «hostal 103», situado en ese kilómet ruta. Está junto a una gasolinera y supongo que no ci toda la noche. (Julio se equivoca de hostal, algo bastant pues ha estado allí una sola vez y existen 4 bares en un reducido de carretera. Por la descripción, es probable detuviera en «el 113», ubicado a la salida de Algara, G jara; dicho hostal, aunque se halla junto a una gasolin permanece abierto de madrugada.) -¿Y qué hiciste allí? -Pedí un café y un chinchón (me encanta tomarlo e voy de caza). Entablé conversación con el camarero, un alto, rubio, muy simpático. Llegaría· al hostal sobre las y media o cinco menos cuarto. -¿Hasta ese momento .no notaste nada extraño? -Bueno, hubo dos cosas que me llamaron la atención tras estuve en el hostal. Primero, que no entrara nadie media hora que permanecí allí. Normalmente suelen camioneros, la Guardia Civil, otros cazadores... y segun aspecto del camarero. -¿Qué tenía de raro? -Que no era un camarero. Podría haber sido un estu que trabajara en el bar para mantenerse, cosa que no e con lo apartado del lugar. Aunque se manejaba bastante saltaba a la vista que aquel no era su oficio. Recuerdo llevaba enfundados unos guantes como los que usan las res para fregar y su conversación era muy amena y co ¡Ah 1, otro detalle, al entrar en el hostal, sentí un fuerte a pino, como el que posteriormente noté en la nave, pe achaqué a que probablemente acababan de limpiar y pro del detergente. (Podría tratarse de olor a ozono.) -¿Qué hablaste con el camarero? -'-La verdad es que yo no estaba demasiado locuaz. Ha mas de caza, la conversación normal en estos casos.:É1 s teresaba por Mus y creo recordar qu,e me recomendó algún gar de la zona. -Ya. ¿A qué hora dejaste el hostal?

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. erían las seis menos cuarto. Tardé ~obre media hora en IIzar Medinaceli, que está a 50 km de ~lh. . Bien, y llegaste al cruce de la NaclOn~l JI ~on .la desvta11 (l Medinaceli. Ahora, por favor, no omttas nmg~n detalle. Tomé la carretera que conduce al pueblo: SUbI la cue~ta 111\ gas, divirtiéndome. Vi que no venía nadie,! ;ne pegue a lurvas que por cierto, son de aúpa. Luego, qUIté la casset~e ItI I de Jorg~ Cafrune, que siempre llevo puesta-: para orr 1111' el sonido del motor, nostalgia de cuando partICIpaba en Ih·s. ¿Pasaste por Medinaceli a gran ve 1OCt'd ad:>. í, metí la cuarta y puse de nuevo la cinta, pens~do que 15 km más allá. Dejé el pueblo a la derecha y baje por la 1 'Lera de Barahona. ¿Qué ocurrió después? , 1 Ni idea. Sólo sé que entré en el ca~o Y se estropeo e h . Es como si tuviera una laguna. He mtentado rememorar \0 aquello, pero no hay forma. . Sin embargo, recuerdas lo antenC?r. Perfectamente, .Y es l~ que no ex;ttle~do. ¿Conocías la extstenCIa del cammo. No era la segunda vez que visitaba aquellos pagos. Ademe' dirigía más adelante, a un s~tio estupendo para cobrar hl' s que me había enseña~o.un~mlgo. . :> Pero 'cómo pudiste dtstmgutr el cammo en la noche. Eso '~e he preguntado yo al volver a~ lugar. El sendero I oculto entre matojos y sale, perpendIcular, a una recta km donde lo suyo es ponerse a 100 o 110. , 1 . :> -¿Recuerdas haber visto e cammo o no. -No. . 1 h h -Te diré una cosa, hemos intentado reconstrUIr os ec os 11 idénticas condiciones Y tuvimos que entrar en seg~~da. -Lógico, si no te matas. (En una ~e nuest:as VIsItas, nos roas de largo el camino, eso sabIendo d?nde se enconI Iba y con toda la luminosidad reinante a las cmco de la tarde 11 ,[ mes de julio.) -¿Piensas que hubo frenazo? -Chico, creo que no, per~... " :> -¿Por qué diablos te mettste por allt, Julto. -No sé, i y mira que le he dado vueltas! , -Sin embargo, en anteriores ocasiones, tu has hablado de .111 impulso. . ., l ' . -Es una reflexión más que un recuerdo. SI. ~Ire a a lZqwer.\ I debió ser por un acto 'impulsivo, porque mI Idea no era esa.

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Sesiones hipnóticas. 16-4-1980, 25-4-1980, 2-5-1980 Pregunta: Ana Mozo. -Ahora estás en el día 4 de febrero de 1978, el día 4 brero de 1978, te encuentras en la noche del 4 de febre 1978 y son las diez. Me vas a ir contando todo lo que est ciendo pero, además, lo vas a actuar, Julio, vas a mov manos, tus pies... ¿Qué estás haciendo en este momento? -'Estoy preparando la escopeta. -Bien, pues prepárala. (Julio mira por el cañón ca bando que está limpio, luego introduce los cartuchos en nana.) -¿Qué estás haciendo ahora? -Reviso la escopeta. -Cuéntanos cómo lo haces. -Tiro del trombón. Compruebo la grasa de los nismos. -¿Está bien la escopeta? -Sí. -¿Y ahora, qué vas a hacer? -Cerrarla. -¿Qué más haces? -La guardo en una funda (pone la carabina en una imaginaria). -¿Y ahora? -Abrocho la hebilla. -¿Qué tipo de cartucho usas, Julio? -«Legia», de 36 g. -¿Yeso, para qué tipo de bichos sirve? -Para todos..., caza menor. (Julio sigue colocando chos en la-canana.) -¿En qué piensas mientras metes los cartuchos? -En la caza, qué tal se dará. -¿Y tú qué crees? -Bien. Nunca se sabe. -Julio, hoy van a sucederte muchas cosas y me las vas contando todas, ¿estás de acuerdo? -Sí. -Mientras yo no te diga lo contrario, sólo vas a escu mi voz; y ahora, ¿qué haces? -Guardo la canana y cojo 5 cartuchos más. -¿Para qué? -Para llevarlos en la escopeta. -¿Dónde los pones? -En el pantalón de caza. -Bueno, pues mételos. -Ahora no, cuando me vaya. -¿Qué haces ahora? -Voy'a cenar. -¿El qué~

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Chorizo, salchichón, queso. ¿Y después de cenar? Me vaya la cama. , , ') Pues, hale, vete a la cama, ¿donde estas. En la cama. -¿Y qué piensas? -Nada. Estoy leyendo. C·Y después, qué haces? Apago la luz. (Julio h ace ade mán de accionar el inteIIptor.) 1 . ¿Cómo has pasado el día, Julio? ¿Has tenido a guna lm" ión especial? -No. -¿Qué haces ahora? -Voy a dormir. -¿Estás durmiendo ahora? -No puedo. -¿Por qué? --Estoy nervioso por la caza. -¿Y no duermes? -No. -¿Y qué piensas? -En mañana. La caza. -¿Qué hora es? -Una y media. -¿A qué hora te has acostado? -Once y media. - i Andá, llevas dos horas sin dormir! -Sí. -¿A qué hora te levantas? -A la una y media. -¿A qué? -A fumar un pitillo. -¿Y luego? -Me acuesto. d f' 't' -Otra vez te acuestas, ¿y a qué hora te levantas e tnt 1I'IlIIlente? -A las dos y media. -¿Y qué haces? -Me lavo. 'Yqué más' h -~e visto. Desayuno. Cojo las cosas. Salgo. Voy al, co~. e. neo a Mus. Entro en el coche. Arranco. D?y marcha atraso 11'0 1\ la izquierda. Primera. Salgo del aparcamIento. -Continúa. . -Vaya tomar la carretera de BoadIlla. -Abre los ojos, Julio (éste cumple la orden). -Voy hacia Boadilla. ') -¿Qué más? ¿A dónde te diriges a cazar. -A Casavieja.

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-¿Y qué quieres cazar? -Siempre perdiz. -Bien, sigue. -Paso Boadilla. Sigo por la carretera. (Pausa.) -Acuérdate de esto que vaya decirte, Julio. Vas a trar algo extraño en la carretera, algo que yo te vaya m ¿de acuerdo? -Sí. (Julio presentaba fuertes resistencias trata de preparar el terreno.) -y tú vas a decirme qué es ese algo, ¿vale? -Sí. -¿Qué haces?, cUevas puesta la música? -Sí. -¿Dónde has empezado a escucharla? -En casa. En el coche, al arrancarlo. -¿y qué música escuchas? -A Jorge Negrete. (Ana trata de saber en qué mo Julio pone la cinta de Cafrune, que quedó .desgrabada p mente.) -Bueno, pues volvemos a la carretera. -Sí. -Sígueme contando qué sucede. -Un camión. -¿Qué más? -Voy solo. -¿No llevas a Mus? -Sí. -¿Dónde va? -A mi lado. -¿En el asiento? -En el suelo. -¿y cómo está Mus? -Dormido. Tranquilo. -Sigue contando. -Hay una luz. (Julio cambia de expresión, rizado.) Traspasa el coche. (Perplejo.) -¿Dónde hay una luz? -Arriba, sobre el coche. .,-Pero, ¿en el techo? -No, más arriba. Encima. Es muy fuerte, blanca. -Descríbela. -Muy blanca. El coche parece de cristal. (Inspira y e profundamente, está muy asustado.) Se ve mucha luz. -¿Puedes ver a través del coche? -No veo nada. (Su voz denota desesperación.) -¿Qué hace Mus? -Ha saltado al asiento de atrás. Ladra. (Pausa.) (Aterra La luz es muy fuerte. No puedo ver nada. (Julio parece verdaderamente asustado.) -¿Qué pasa? 252·

Fotografí~ tomada desde lo alto de la vaguada. Aquí Julio vio el Plat iIIo por . primera vez. AbaJO' , el sembrado donde estaba oculta l a nave.

desde el sembrado. Vista parcial de la vaguada y las dos lomas. I Contrap ano A la derecha, la piedra donde empieza el sendero.


-:-El coche, el coche da la vuelta. No puedo controlar! solo. (Estupefacto.) -¿Tú quieres dar la vuelta? -Sí, quiero irme a casa. Tengo miedo. Tengo mied luz me persigue. -¿Qué sientes? -Miedo. No puedo controlar el coche. -¿Recibes algo en tu mente? (Julio entra en una f resistencia. Cierra los ojos, baja la cabeza y guarda s total.) -(Tranquilizándole.) Julio, te encuentras muy bien, n nada. Contesta, Julio. Julio, ¿me estás escuchan,do? Cante coche da la vuelta y tú quieres volver a casa porque miedo de la luz, ¿hacia dónde vas?, Julio, abre los ojos, los ojos, ¿vas a casa? -Voy hacia casa. --¿Qué camino tomas? -Carretera de Boadilla. -¿En el sentido contrario? -Sí. -¿Y vas a casa de verdad? -No. -¿Por qué? -Tomo la desviación hacia Madrid. -¿Qué desviación? -La del túnel, la desviación a Aluche. -¿Y después, hacia dónde te diriges? -A Medinaceli. -Si tú no querías ir a Medinaceli, ibas a otro sitio. -No. -Pero antes me has dicho que ibas a otro sitio. -No. -Sí. ~No, vaya Medinaceli. -Bueno, ahora sí, pero es que has cambiado de ide mente de Julio está muy ofuscada, parece que le han i tado fuertemente la orden de cambiar de destino.) -Sí, quería haber ido a Casavieja (acaba reconocién -¿Y entonces? -Quería cambiar de sitio. -Pero, ¿para qué? -Me apetece. (Intenta racionalizar su actitud. Al II Aluche parece olvidar completamente el episodio de-l piensa que ha decidido, por sí mismo, ir a Medinaceli.) -Volvamos a hablar de la -luz (Ana intenta que recu -No he visto ninguna luz. -Sí, y esa luz te ha hecho cambiar de ,idea. (Se pro una fuerte resistencia que, tras muchos esfuerzos' Ana gue superar.) , , -Estoy muy asustado.

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Oye, ¿te sigue la luz? sr, va encima de mí. El coche corre mucho, va solo. No lo do controlar. r./fasta dónde te sigue? I [asta cerca de Boadilla. . uánto tiempo ha estado la luz contigo? Unos 6 minutos. 'I'ranquilo, tranquilo Julio. Yo estoy aquí, protegiéndote. filO tomas la desviación a Aluche y entras en la autopista /tI Madrid, ¿dónde estás ahora? María de Molina. r. igues escuchando a Jorge Negrete?

'c

'¿¡ando cambies de cinta, dímelo. 'í. ' ,Qué vas sintiendo por la carretera? El motor del coche. (~Ya no tienes miedo? No. (,Te acuerdas de lo que has visto antes? Sí, coches, casas. (Ha olvidado definitivamente la experienII'Llumática.) ,Dónde estás ahora? Paso Alcalá. ,Qué más? 'ambio la cinta. ¿Dónde tienes la cassette? ' 8n el salpicadero. f3ien, pues pon la cinta. (Julio hace .intención de buscar 111 "uantera y pone la 'cinta.)' (,De quién es? Jorge Cafrune. (Le hacemos escuchar la grabación para 11 \'1uir mayor sensación de realidad. Sospechamos que los I licios desgrabados que hay en ella corresponden a comuni,lllll,es que Julio ha recibido.) yeme bien Julio, vaya enviarte otro mensaje a través de ,. /'lnta. Vaya enviarte otro mensaje. Y quiero que me digas, 'Ir'lamente, lo que captas para saber si eres sensitivo (Ana • \lITe a una argucia con objeto de evitar posibles resistenígueme contando. Voy por la carretera conduciendo. ¿Escuchas ya la cinta? No, tiene un.trozo mudo antes de empezar. (Efectivamente, r "H.) Pero, ¿dura'mucho? No, un ratito. ¿La oyes ahora? í. Cuando recibas el mensaje, dímelo. í. 255


-¿Qué haces? -Sigo conduciendo. -¿Por qué carretera? -La de Barcelona. -¿Sabes qué hora es? -No.

-¿Y no te la imaginas? -Sí, cuatro y cuarto. -¿El perro dónde está? -Duerme. -¿Tienes ganas de llegar a Medinaceli? -Sí. -Pero, ¿muchas ganas? -Sí. -¿Por qué? -No sé si encontraré el sitio. -¿Qué sitio? -Donde vaya cazar. -¿Y por qué quieres ir a ese sitio especialmente? -Porque ya he estado allí otra vez. -¿En qué kilómetro te encuentras ahora? -Hacia el ochenta, ochenta y cinco. . -eont~núa. (Detenemos la cinta.) ¿Qué ha pasado e cmta, JUllO? (De nuevo cierra los ojos y. opone resiste c<?ntestar. Ana intenta vencer este estado.) Julio, ¿te encu bzen?, ¿qué estás recibiendo? (Sigue silencioso. Ponemo vez la cinta.) Abre los ojos, ¿te encuentras mejor? -Sí. -¿Has captado todo lo que te mandé? -Sí. . ;-¿Y qU.é te he ma,:dado? (~e .repiten las resistencias.) llO. Neceszto saber sz has reczbzdo el mensaje ¿lo has ~~? ' -Ciento trece, carretera de Barcelona. -¿Qué más te he dicho? -Tranquilo, no pasa nada. Entra en el hostal Ciento Tranquilo, no pasa nada. -¿Cómo has oído eso? -Me lo han dicho. -¿Quién te lo ha dicho? -La cinta. -Ya, pero ¿qué has oído? -Una voz muy rara. -¿Cómo era? -Muy gangosa. -¿De mujer o de hombre? -(Imita la voz.) «Entra en hostal Ciento trece. Tranq no pasa nada.» (Las palabras de Julio suenan lentas y gr -¿Era de hombre? -Sí.

Describe todo lo que haces. ira a la izquierda. Aparco. Paro el motor. Apago las luces. Jo del coche, Mus, conmigo. ¿Cómo es el sitio donde has aparcado? Está muy oscuro. No veo bien~ ¿Qué más? Subo la escalera. ¿Hay una escalera? í. ¿Tiene escalones? Tres. ¿Seguro? Yo cuento tres. (En realidad, tiene cuatro, pero el primero casi a ras del suelo.) ¿Cómo es la puerta? De cristal y madera. Sigue. Entro con Mus. ¿Cuántas puertas pasas? -Dos. ¿Cómo es la segunda? Metálica. (La descripción de Julio se acomoda a las caracIIl'lticas del hostal.) -Bien, sigue. Entro. Hay poca luz. -¿De dónde sale la luz? -Del techo. Sobre la barra. ¿Cuántas luces hay? -Nueve. -,Descríbelas. -Blancas. De una sola bombilla. -¿Cómo es el hostal por dentro? -Hay una barra metálica y de madera. -¿Qué más? -Hay mesas y sillas. Las sillas están encima de las mesas. -¿Cómo es el suelo? -Cerámica. -¿De qué color? -Beige. -El techo y las par~des, ¿cómo son? -Blancos. -Dime, exactamente, todo lo que ves en el hostal. -Taburetes en la barra. -¿Qué más hay? -Huele raro. Huele raro. -¿A qué huele? -A pino. -¿Y no te extraña? -Puede ser un desinfectante..., el detergente. - i Ah! Dime qué haces.

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257 9-SECUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES


-Pido un café al camarero. -¿Cómo es el camarero? -Joven, alto, rubio. Lleva una chaqueta blanca, p negro, jersey de cuello alto. Es raro. -¿Te parece extraño? -Sí, sus ojos. -¿Cómo son? -Muy claros y grandes. -¿Qué más? -El pelo. Es ensortijado y «afro», amarillo claro. -¿Es grueso el camarero? -Normal. -¿Cuánto pesará, aproximadamente? -Noventa o noventa y cinco kilos. -¿Y de altura? -1,90. -¿Cómo tiene la barbilla, Julio? -Larga. -¿Mucho? -No, larga. -¿Conoces a alguien con la barbilla así? -Sí, Ramón, un compañero de veterinaria. -La tiene parecida, ¿no? -Sí, más picuda. -¿Quién? -El camarero. -¿Es muy fuerte? -Normal. -¿Cómo tiene la boca? -Grande y fina. -¿Conoces a alguien con este tipo de boca? -No. -Cuéntame, exactamente, la conversación el camarero. -Buenas noches. Buenas noches (le contesta el ot café. Ahora mismo. Me dice que el perro es muy bonit • qué tal la caza. Que dónde voy a cazar. A Medinaceli. nace muy bien la zona. La mejor zona está pasada la ca de Soria. Un camino a la izquierda, buena zona de caza. mejores pastos. Pido un chinchón. Me lo tomo. Le digo e es. Le pago 52 ptas. -¿Cómo son las manos del camarero? -Lleva guantes de goma. -¿Y no se le transparentan los dedos? -No. -¿De qué color son los guantes?? -Amarillos. -¿Seguro que son de goma? (Existe una orden en H lería que prohíbe a los camareros servir con guantes de go -No lo sé.

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(0. ~-==:.-_-

---'---~--...., e

Croquis hechos por el propio Julio, mostrando la nave, los ocu~n!es los extraños signos que vio en el interior. Esto~ y otros d.lbuJOs y. . sirvieron de base para Ias perfectas reconstrucciones realizadas . t posteriormente por un equipo de delinean es. .


-¿Son como los guantes que llevan los médicos? -Sí, muy pegados. "':""¿Y no te extraña que un camarero lleve unos guant -No parece un camarero. -¿Notas algo raro en las manos? -Son grandes. -¿Cómo describirías esas manos? ¿Has visto otras i -De un 10 o 10 y medio. (,Es la talla máxima; los guan ese tamaño suelen fabricarse de encargo.) -¿Eran manos estrechas o anchas? -Estrechas, con dedos largos. -Julio, yo he puesto a ese camarero allí para que te mensaje, ¿lo has recibido? (Ana vuelve a usar un truco.) -Sí. -¿Y qué decía? -Tranquilo, no pasa nada. Tranquilo, no pasa nada. -¿Cuándo te lo dice? -Cuando vaya salir. -¿Es la misma voz de la cinta? -No. -¿Cómo es su voz? -Normal. ....,..¿Fuerte? ...-Grave. -¿Te lo ha dicho hablando? -Sí. (Pausa.) -¿Qué haces después? -Salgo del hostal. -¿Y adónde te diriges? -Al coche. (Pausa.) Está la luz allí. (Sorprendido.) -¿Dónde está la luz? -Allí, arriba. -Escucha, Julio, vaya enviarte un mensaje con esa 1 vas a captarlo. (Nuevas resistencias. Tras muchos fa Julio habla.). -Sigue la luz. Sigue la luz. (Su voz es monótona y funda.) -¿Quién te dice que sigas la luz? -No lo sé. -¿Cómo era esa luz? -Está alta. Es mayor que una estrella. -¿Mucho más? -Sí. -¿Se mueve? -Sí. -¿Y hacia dónde va? -Hacia Medinaceli. -¿Tú la sigues? -Sí. -¿Vas mirando continuamente?

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No. ¿Hacia dónde miras? La carretera. ¿No miras a la luz?, puedes perderla. é adónde va. ¿Sí? í, a Medinaceli. (Pausa.) Es curioso. ¿Qué es curioso? . , . La luz. Se para y sigue. Se ha parado delante de mI. LeJOS. 11 a.) Acelero el coche. Voy muy de prisa. Necesito alcanzarII\liero saber qué es. ¿No lo sabes todavía? No. ¿Qué haces ahora? Me desvío a la izquierda. ¿Qué hay? Medinaceli, una carretera. ¿Sigues viendo la luz? No. ¿Dónde la has perdido? Arriba, en la carretera. ¿Qué hora es, Julio? No sé, cinco y media, seis... ¿Vas por la carretera que sube a Medinaceli? -Sí. ¿A qué velocidad? Cuéntame todo lo que haces. Cien, ciento diez, noventa, ochenta, tercera, segunda, deIIPO, noventa, cien, acelero· fuerte ... igue. Llego arriba. A la izquierda, casi no veo la curva. ¿Qué ves? -La carretera, recta, en bajada. ¿Corres mucho? ien, ciento diez, ciento veinte. -¿Con quién vas? on Mus. -¿Qué oyes en ese momento? -'El motor. -¿No llevas ninguna cinta puesta? -No, me apetece correr. -Bien, sigue. 4Asustado) ¡Frena! i El coche frena! -¿Qué sucede? -La luz. -¿Dónde está la luz? -Fuera. -¿Sobre ti? ¿Y qué te dice la luz? -Marcha atrás (perplejo). -¿Eso te dice la luz? -No.

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-¿Lo dices tú? -No, el coche va solo marcha atrás. -¿Solo? -Sí, muy de prisa (con verdadero pavor). -¿Va muy de prisa marcha atrás? -Sí. (Inspira y espira con fuerza.) -¿Hacia dónde? -Hada Medinaceli. -¿Vuelves hasta Medinaceli? -No. (Lleno de desasosiego.) -Tranquilo, Julio, yo te estoy protegiendo. (La respir de éste continúa agitada.) -El cruce de Soria. Frena. (Se tranquiliza inmediatam -¿Qué sucede, Julio? -Sigo muy despacio. -¿No tienes miedo de la luz? -¿Qué luz? (Ha olvidado el incidente.) (Pausa.) Bus camino a la izquierda, buena zona de caza. Ahí está. por él.

Ellos Pregunta: J. A. Campaña. Entrevista en estado vigil. -Bien, llegaste al camino ¿y qué pasó? -Que no había recorrido 100 m cuando el motor se de golpe, las luces se extinguieron y la radio dejó de donar. -¿Instantáneamente? -Sí, no hubo sacudidas, fallos, ni nada. Fue como S bieran cortado la corriente con un interruptor. -Perdona el inciso, ¿has tenido problemas con el coc11e -Desde entonces, me vino fallando la parte eléctrica cargaba la batería -algo incomprensible porque estaba r cambiada- y los intermitentes no parpadeaban bien. La ma me costó 15000 pesetas en reparaciones. -¿Y la cassette que traías puesta? -El aparato ha seguido funcionando, trapeó. -¿Qué le notaste? -Estaba desgrabada como a trozos -y es una lástima, que me encanta Cafrune-, la tuve que tirar. -¿Puedes facilitármela? -Trataré, no sé si la conservo. (Julio encontró despu cinta, y conviene aclarar que él no pudo desgrabarla inad tidamente, ya que el radiocassette de su coche es sólo lect ~Hablemos del reloj. -También se paró. Es mecánico y, desde aquel día, ha de relojero en relojero, lo he dejado por imposible.

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¿Crees que se detuvo cuando lo hizo el coche? , . Puede, aunque quizá se estropeara cuando pase baJO. la l. Hay indicios de que existía un potente campo magnétIco. A propósito del reloj, ¿a qué hora sucedió esto? obre las seis y media, creo; las manecillas estaban fijas lIs 7 menos 20. Volvamos al relato. Bueno, pues abrí la puerta y salí malhumorado. i A ver 1lI hacía yo un domingo de madrugada, en mitad del campo 11 in el coche así! Pensé que el origen de la avería estaba en ilobina -me había dejado tirado dos meses atrás-; luego, IIl'xionando he visto que no podía ser. Total, que levanté el 111 e intenté distinguir algo... imposible; para más fatalidad, 1111 terna no tenía pilas. ¿Y Mus? . A su aire, olisqueando por allí y haciendo sus cosas. IllltO, el perro empezó a gruñir. Se interpuso entre el ca~o ti como avisándome de un peligro inminente. Su nerVIOSlSI! 'Teda por momentos. Tenía los pelos del lomo erizados. IlIba tenso como un arco. Nunca le había visto así y, la verIl me asusté. Automáticamente, pensé en lobos -después iodo nos encontrábamos en mitad de un páramo y en inh l'IIO~ así que abrí la puerta trasera, cogí la escopeta, metí . tir~s sueltos que llevo siempre en el bolsillo y luego, más Itllquilo, intenté ver algo en la oscuridad. ¿Por qué llevabas 5 cartuchos en el bolsillo? Es una costumbre. Salgo con la canana llena y 5 cartuho' aparte, los que carga mi escopeta, una Winchester auto11 ti a, por si me sale algo por el camino. Ya. Bueno, pues yo estaba allí, el perro seguía gr;mendo y, ltonces, vi dos figuras con forma humana que veman por el 11 I ro. ¿A qué distancia comenzaste a verles? A unos 80 m. Ya sabes que el camino baja en cuesta y 1111 O se bifurca; bien, pues estarían por el recodo. ¿Cómo les distinguiste en la noche? , Sus trajes parecían reflejar la escasa luz que habla. Ten 11 'uenta que comenzaba a clarear por mi izquierda. -¿Les veías nítidamente? . -No sólo los contornos. Según se acercaron pude precIsar h Inlles: Sus trajes, de color verde pastel, emitían .un bril.lo 11111 ligero. (Hemos reconstruido el encuentro de Jul~o el mls11111 día y a la misma hora, y efectivamente, .a los 5 ~mt1tos ~e I Ir aHí, la vista se acostumbra a la OSCUrIdad, pudIendo dIsIIl1l\uirse las formas pero no los detalles.) -¿Vinieron directamente o parecieron dudar? . -No, se acercaron sin un titubeo, hasta detenerse a medIO 111 Ira de mí. -¿Sentiste miedo en su presencia?

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-Sentí asombro, estupor, si quieres, pero no tem so tranquilicé al perro, no fuera a morderles. Yo, des mer momento, supe que eran extraños, que no pr aquí, no me preguntes cómo. -¿Qué te inspiraban? -Sosiego y paz, me serené nada más verles. -¿Aceptaste el asunto con naturalidad? -Sí, y es muy raro. Fue como cuando· encuentras a conocido, pero que no ves hace mucho tiempo, y te dice bre, si es fulano!, pues igual. No sé si estaban influy desde lejos o qué. -¿Se comunicaron contigo inmediatamente? -Cuando llegaron a mi altura, pararon y me habl -¿Les oíste? -Eso creí al principio, después, comprendí que todo era mental. -¿Qué te decían? -«Tranquilo, no pasa nada. Sólo deseamos que no pañes, por favor.» Según entendí, su mayor interés en el perro y me pedían que fuera con ellos en call dueño o domador de Mus. Me aseguraron que la exp sería interesante y que no tenía mida que temer, qu ríamos. -¿Recibías una orden o una invitación? ¿Crees coaccionaban? -En absoluto. Recibía una invitación, y cordialísim un ruego. Pienso que si me hubiera negado, no habrían tido. -¿Aceptaste inmediatamente? -Sí, sabía que eran buena gente e incapaces de hacer Así que me eché la escopeta al hombro y bajamos por mino. Ellos me iban flanqueando. Seguidamente, toma ramal de la izquierda y ascendimos por la falda de la lo que yo llamo el repecho.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979 Pregunta José Luis Jordán. -¿Qué haya la entrada del camino? ~Unbaden.

-¿Está muy despejado? -No. -¿Qué ves? -El camino. -¿Cómo es? -De tierra. -¿Qué pasa ahora? -El coche.

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¿Qué le pasa? No funciona. ¿No sigues andando con él? í. ¿Ratea? No, no funciona nada. ¿La radio? Tampoco. ¿Llevabas puesta la radio? No. ¿ y cómo sabes que no funciona? Llevaba el cassette. ¿Qué oías en ese momento? Cafrune. ¿Qué haces ahora? Paro. ¿Qué más? Giro a la derecha. ¿Qué haya tu derecha? Está muy oscuro. -¿Ya tu izquierda? -El camino... una loma pequeña. -¿Qué estás haciendo en ese momento? -He abierto el capó. -¿Para qué? -Busco la bobina. ' -¿Por qué la bobina? -Creo que es la bobina. -¿Laves? -No, la toco. -¿Ves algo? -Nada. -¿Notas algo raro? -Mus gruñe. -¿Por qué gruñe? -No sé. -¿Dónde está Mus ahora? -Detrás de mí. (Julio está vuelto hacia el capó, el perro se h l!la entre él y el camino.) -¿Ladra? -No, gruñe. . -¿Por qué gruñe? ¿Algo le llama la atenctón? -Sí. -¿El qué? -Lobos. -¿Lobos? -Sí. -¿Ves los lobos? -No. -¿Qué ves?

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..

0+ s

AREA DEL ENCUENTRO LArN. 4/°II~Ot' LONq. a PO??'


-Nada. -¿Nada ves? -Cojo la escopeta. La monto -¿quántos cartuchos pones?' -Cmco. equé piensas, cazar algún lobo?

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-Bien... -Tranquilo, tranquilo... -¿Por qué dices tranquilo? -No pasa nada. a los 1~00s~asa nada? Claro, ¿qué va a pasar?, ¿tienes -No hay.

-¿Qué ves? -Dos hombres. -¿Ves dos hombres? -Sí. -¿Por dónde vif.nen esos hombres? -Por el camino. -¿Está muy oscuro verdad') -Sí. ,. -y cómo les ves? -Los veo. -¿A qué distancia los ve;') -Lejos. . -¿Y. cómo les puedes ver? -Bnllan. -¿Brillan? (Pausa. Julio repl'te para sí:) Tranquilo, tranq No -Sí. pasa nada. -¿Están parados? -No, vienen.

-¿Ves las caras? -Sí. -¿Cómo son? -Están conmigo.. - j Ah! ¿ya han llegado') -Sí. . -¿Qué te dicen? -No me dicen nada. -¿Cómo visten? -Verde. -¿Oscuro? -No, verde claro. Es una sola pieza. Son... son extr -Dime más de ellos. -La cabeza amarilla. -¿La cabeza amarilla? -No, l~ ropa en la cabeza... dugo amanllo.

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¿Ves los rostros? ¿Cómo son sus facciones? Los ojos (perplejo) son muy grandes. ¿Y su nariz? Larga y muy fina. No tienen pelo. ¿No tienen pelo? (Con cierto asombro.) No, no tienen nada, ni cejas... _¿Y las pestañas de qué color son? No tienen. ¿No tienen pestañas? -(Extrañado.) No tienen nada. -¡Qué raro! -Sí. -La barbilla es pequeña, ¿no? -No. -¿Cómo es la barbilla? -(Casi con miedo.) Muy larga. Es muy larga. -Oye, mira sus manos, ¿cómo son? -Llevan guantes. -¿Guantes verdes? -No, amarillos. -¿Llevan botas? -No veo. Es... es el traje. (Como esforzándose por distinlIir en la oscuridad.) -¿,Dónde está Mus en este momento? -Conmigo. -¿Se ha tranquilizado ya? -No. -¿Qué hace? -Yo le sujeto. -¿Te hablan? -No, no me hablan. -¿Con qué mano sujetas a Mus? -Con la izquierda. -¿Qué te dicen? -Que vaya con ellos. -En español, ¿no? -No. -¿Cómo te lo dicen? -Lo siento. -¿Abren la boca? ¿Es muy aguda la voz? -No. -¿Es una voz extranjerizada? -No hablan. -¿No hablan? -No. _¿Y cómo te lo dicen? -Lo sé, sé que me lo dicen. Lo siento. Lo siento. -¿Dentro de ti? -Sí. -Pero, ¿entiendes lo que te dicen?

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-Nada. -¿Nada ves? -Cojo la escopeta. La monto -¿quántos cartuchos pones?' -Cmco. ¿Cfué piensas, cazar algún lobo?

-S l.

-Bien... -Tranquilo, tranquilo... -¿Por qué dices tranquilo? -No pasa nada. -¿No pasa nada? Claro, ¿qué va a pasar?, ;t¡'enes a los lobos? e -No hay. -¿Qué ves? -Dos hombres. -¿Ves dos hombres? -Sí. -¿Por dÓ11de vif!.nen esos hombres? -Por el camino. -¿Está muy oscuro verdad) -Sí. ,. -y cómo les ves? -Los veo. -¿A qué distancia los ve~) -Lejos. . -¿Y.cómo les puedes ver? -Bnllan. -¿Brillan? (Pausa. Julio repl'te para sí:) Tranquilo, tranq No -Sí. pasa nada. -¿Están parados? -No, vienen. -¿Ves las caras? -Sí. -¿Cómo son? -Están conmigo.. -¡Ah! ¿ya han llegado? -Sí. -¿Qué te dicen? -No me dicen nada. -¿Cómo visten? -Verde. -¿Oscuro? -No, verde claro. Es una sola pieza. Son... son extr -Dime más de elPos. -La cabeza amarilla. -¿La cabeza amarilla? -No, la ropa en la cabeza... un h dugo amarillo. a capuc a ... como un

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¿Ves los rostros? ¿Cómo son sus facciones? -Los ojos (perplejo) son muy grandes. -¿Y su nariz? -Larga y muy fina. No tienen pelo. -¿No tienen pelo? -(Con cierto asombro.) No, no tienen nada, ni cejas... _¿Y las pestañas de qué color son? -No tienen. -¿No tienen pestañas? -(Extrañado.) No tienen nada. -¡Qué raro! -Sí. -La barbilla es pequeña, ¿no? -No. -¿Cómo es la barbilla? -(Casi con miedo.) Muy larga. 'Es muy larga. -Oye, mira sus manos, ¿cómo son? -Llevan guantes. -¿Guantes verdes? -No, amarillos. -¿Llevan botas? -No veo. Es... es el traje. (Como esforzándose por distinlIir en la oscuridad.) -¿Dónde está Mus en este momento? -Conmigo. -¿Se ha tranquilizado ya? -No. -¿Qué hace? -Yo le sujeto. -¿Te hablan? -No, no me hablan. -¿Con qué mano sujetas a Mus? -Con la izquierda. -¿Qué te dicen? -Que vaya con ellos. -En español, ¿no? -No. -¿Cómo te lo dicen? -Lo siento. -¿Abren la boca? ¿Es muy aguda la voz? -No. -¿Es una voz extranjerizada? -No hablan. -¿No hablan? -No. -¿Y cómo te lo dicen? -Lo sé, sé que me lo dicen. Lo siento. Lo siento. -¿Dentro de ti? -Sí. -Pero, ¿entiendes lo que te dicen?

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-Sí. -¿Qué te dicen? -Que vaya con ellos. -¿Estás muy asustado? -No. -¿No? -No. -Pero esas personas son muy extrañas 'no"> -Son buenos. ', . -Pero, ¿cómo lo sabes? -Lo sé. -Pero, ¿cómo? -Lo sé. -Pero si tú no los conoces -Lo sé. . -¿ Vas con ellos? -Sí, -¿Mus se ha quedado en el coche? -No. . -¿Le sujetas? -No. -¡ Ah!, está suelto ya -Sí, corre. . -¿Es de noche todavía"> -Sí. . -Oye, ¿brilla el traje? -No. -¿No brilla? -No. (Parece qu e e1 traje ' re1uce sólo visto desde lej Julio le extraña.)

llevas tú en este momento">. ,'Lle vas a1go e 'e --:¿Qué tz? -~t ropa. (Contesta literal y escuetamente a las pregun -, a escopeta te la has dejado en el coche"> -No, la llevo. . -En la mano, claro. -No. -¿No la llevas en la mano? -Colgada. -¿Dónde, en el hombro izquierdo? -No, en el derecho. -¿Está descargada? -No, está cargada y montada. -¿Hace frío? -Sí. -¿Tú echas vaho? -Sí. -¿Y ellos? -No. -¿No ab.ren la boca?

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No. ,Adónde vais? Vamos por el camino. Descríbeme el camino. Llano. ¿Qué más? ¡ramos. ¿Giráis, por dónde? A la izquierda. ¿Qué ves a tu izquierda? Llano... lomas. ¿Notas cómo crujen los vestidos de estos seres al andar? No, no hacen ruido. Dime, ¿tropiezan al andar? No. ¿Qué ves ahora? Subimos. (Julio parece fatigado.) Suben muy de prisa. ¿Van muy de prisa? Sí. ¿Qué te pasa? Voy cansado. (Sin duda, llegan al repecho.)

onducta y el atuendo de los tripulantes 111' unta: J. A. Campaña. Entrevista en estado vigil. -Disculpa por volver atrás en el relato,. ¿no pensaste nunf" 1'1'1. utilizar tu arma? -No, al verlos venir bajé la escopeta, luego cerré las puertas .[ capó del coche, cogí a Mus con la mano izquierda -no IIl'ra a morderles- y me adelanté hacia el camino, recuerdo 11 11 ' sostenía la carabina con la mano derecha, por si las mos1 I~. pero nada más. -¿Encuentras lógica tu reacción? -La verdad, no, y no se puede justificar por el asombro o la Ill'rplejidad que, desde luego, sentía. Te confesaré que me vi IIhligado a hacer auténticos esfuerzos para no salir a su enI 11 'ntro, era como si me atrajeran. -Dime detalladamente cómo se comunicaban contigo. -Es difícil explicarlo. Parecían impulsos. Yo sentía lo que I 11 s pretendían. Lo he definido, en alguna ocasión, como si "' pasaran diapositivas mentales, pero no es del todo correcto. I li amos que captaba ideas que no eran mías, aunque con una Ilnridad meridiana y una rapidez asombrosa: recibía en se, lindos bloques de información. -¿Te tranquilizaban? -No dejaban de hacerlo. -¿Les captabas en español? -En un idioma que yo entendía. 271


-¿Tú hablabas? -Me comunicaba mentalmente, y notaba que cibían. Era una conversación muy rápida, antes una pregunta, ya estaba llegando la respuesta. -¿Te frataban como a uno más? -Hombre, efusiones no hubo. Vamos, te diría me tocaron físicamente (que yo recuerde). Eran am cada cual en su sitio, claro, que también actuaban ellos. Parecían fríos, muy calculadores. -¿Hacían ademanes? -Los mínimos posibles, sólo les vi gesticular en ocasiones. Movían los brazos para trabajar o reall concreto; si no, permanecían con ellos a lo largo d 1 -¿Resultaban indolentes? -«Pasotas», diría yo, nada turbaba su calma. Sin hacían su trabajo con gran rapidez y seguridad, lo d la nave. -¿Les considerabas superiores a nosotros? -Tecnológicamente, sí, pero no en cuanto -¿Qué quieres decir? -Que aquella gente no tenía un Beethoven, pongo p Eran prácticos y directos. Les 4J.teresaba la ciencia pecto de aplicación inmediata. -¿No tenían un Beethoven por incapacidad? -O porque habían superado esa etapa evolutiva; plándoles, veía al hombre del futuro, como seríamos n dentro de milenios. -¿Te parecían científicos? -Mitad científicos, mitad militares. Se movían disciplina, cada uno pendiente de su misión. -¿Como nuestros astronautas? . -Mucho más ordenadamente. -Pasemos al atuendo. -Era extraño, pero no excesivamente. Vestían un bu costuras, de una sola pieza, que -llegaba hasta los pie • de color verde pastel. No tenía cremalleras, ni aberturas, sí un frunce en el talle como nuestros pul}overs. -¿Era ceñido? -Lo suficiente para que resalten los músculos, camiseta de verano. -¿De qué material estaban confeccionados? -Se parecía al plástico de los anoraks, aunque más b do y elástico. No observé fibras, hilado, ni dibujo, aquello liso. -¿Crujía al moverse? -Yo juraría que no. -¿Viste su calzado? -No, pero quizá llevaran botas cortas bajo el buzo, ya q no aprecié relieves a la altura de los tobillos. -Pasemos al verdugo.

272

Carretera Medinaceli-Barahona

N

~l1

Zona del encuentro La\. N 41° 11' 40" Lon. O 2° 27"

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Coche

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Loma A

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I.~mlno iI~ la granja

Camino de Rubiales

"."'"".~ Arboles

Recorrido de Julio

+

eotas (base sembrado)


-El verdugo, como los guantes que llevaban, tenía amarillo claro. Ambas prendas estaban hechas de similar al punto de seda, muy fino. -¿Se pegaban al cuerpo? -Los guantes, por supuesto, y el verdugo tambi parte que cubría el cráneo. Como sólo dejaba la cara bierto y caía suelto hasta los hombros, les daba un al a lo « guerrero del antifaz». -Describe los guantes. -Cortos, con 5 dedos, normales. Parecidos a los q los soldados en el servicio militar.

El aspecto físico -¿Cómo eran ellos? -Muy fuertes. Su anchura de hombros resultaba de cionada; quizá destacaba tanto porque el verdugo se aJ en esta zona. Los dorsales, potentes, salían hacia fuera. que estuvieran «cuadrados», pero tenían una comple I lética, propia de individuos acostumbrados a práctica tivas; me recordaban un poco a los jugadores de balo -¿Por su altura? ' -En parte, sí; medirían unos 2 m, pero también tipología: eran estrechos de caderas. -¿Se diferenciaban sus músculos de los nuestros? -Presentaban diferencias de matiz. Los brazos 11 hasta las corvas, aunque para largas, las manos. -¿Te impresionaron? - j No veas! Eran débiles y huesudas, muy frágiles, de pianista. Su aspecto llamaba la atención, sobre todo, llos dedos interminables y no más gruesos que un «col/ los finos. Parecían como de viejo, por 10 sarmentosas y sas, sólo se dístinguían los tendones y el hueso bajo la diríase que nunca habían cogido un pico o levantado un -¿Viste uñas? . -Sí, normales, cortas y limpias, pero volviendo a las m resaltaban porque no correspondían al cuerpo; aquellos i duos parecían otros de muñecas para abajo. -¿Y la cabeza? -También ofrecía diferencias. La frente subía recta un tramo, para curvarse muy arriba; era más saliente q nuestra, y también mayor. -¿Recuerdas la típica prominencia sobre referimos al «toro supraorbital».) -Sí, muy abultada'. Lo que no vi fueron cejas, pest ni rastro de barba o pelo. Carecían de él hasta en los orifl nasales, me estuve fijando. -¿Y las sienes? 274

I os parietales estaban muy desarrollados. Su abombaIllli y tamaño eran considerables. No es que tuvieran cabeza lllllnbilla, pero casi. Tampoco vi orejas, aunque podía ta1, 'L verdugo. i 'rees que esta prenda ocultaba un casco?

N. iOué recuerdas de los ojos? roda, porque jamás podré olvidarlos. Eran dos «faros» 111 ara, destacaban fuertemente. Los párpados tenían un 1111'110 ovalado, no terminado en ángulo o pliegue, como los IIIIIOS. El iris, gigantesco, era de doble tamaño que uno IIIIIL y su color, un azul claro, casi transparente. La pupila '" 'fa dílatadísima, confiriéndoles un mirar hipnótico, como lllllLinuo susto, aunque -paradójicamente- tranquilizador. II!I calor de los ojos es una de las pocas diferencias que hay l. 'L caso Julio y el de Aveley. Cf. p. 144.) Oescribe el resto de la cara. Muy huesuda. La nariz era fina y larga. Los pómulos deslIhnn, Sus rasgos me traían a la memoria esas figuras vascas IIl1das en madera, eran duros y angulosos'. ¿Y la boca? Apenas una línea, la enmarcaba un trazo rosado, también \IV fino, a guisa de labios. r.Recuerdas algo más? 1=.1 mentón. Era enorme. Sobresalía hacia fuera y abajo, IlIlinando en punta. Tenía aspecto de cono aplastado. ¿Te fijaste si sudaban? Aseguraría que no, aunque poros tenían. Los vi en su piel 1111 'a, blanquísima, típica de personas que nunca han recibido I'nyos del sol. ¿Crees que vivirían en ambientes fríos? Fríos, lo ignoro, pero sin luz, seguro. Su aspecto era nórh Ii; además, por el color desvaído de sus ojos, pienso que la 11 I s dañaba; dudo, incluso, que pudieran mirar de frente Il I bombilla. ¿Notaste si veían en la oscuridad? Mejor que nosotros, fijo. Iban por el camino a un «cisco» 11I¡ll'csionante, me costaba seguirles; piensa que, por cada paso Ily ,yo tenía que dar uno y medio. -¿Qué destacaba más en ellos? -Su modo tan cerebral de hacer todo. Parecían desprovistos t. pasiones. Iban andando y daban la impresión de meditar Itlh paso. Si me apuras, parecían computadoras con piernas. -¿Se desplazaban normalmente? -De un modo muy peculiar. Su andar era majestuoso, eleIlllle, rítmico. Batían de punta como los atletas. -¿Puedes matizar esto? -Imagínate a Fred Astaire, que anda y parece que va bai1111 lo; bueno, pues algo así. Tal era su acompasamiento. 0, "liniendo otro ejemplo, como las jirafas, que tienen un andar 275


pausado, lento, armonioso, porque su centro de grav muyalto. l

-Has dicho gravedad: ¿crees que estaban habitu nuestra? . -Se ~ovían ágilmente y sin problemas, per~ si, Vls~, hubIeran dado un salto de 15 metros no me tranado. ' -¿No serían proyecciones? -Eran tan palpables como tú y yo. -Un detalle: ¿echaban vaho al caminar? -'E1~~s, no ,sé; yo echaba el bofe. La subida del me COgIO en fno. Desde luego, vi que llevaban la boca -~u G;specto era bastante extraño, ¿no? -1 CUIdado! Que yo he visto tíos más feos por la sul~aban un poco raros, pero también muy humanos t caSI me desih~s~on~ron. Con gafas y barba posti~a pasar. desap.ercIbI~oSen cualquier país escandinavo. -<-Les diferencIabas entre sí? -~erfe~tamente. El que estuvo siempre conmigo ~l mas b~Jo; el otro, que nos acompañó por el camino mter!Dedio en altura, y el tercero, que nos esperaba en ' poseIa ~ayor estatura y ojos casi transparentes. -ASI que de «robots», nada. -¡Nada!

La

nave

~B.ueno, Jul~o, creo que va siendo hora <-Donde lo dejamos? . -En el repecho.

-

.

-Eso e.s. Sub~steis por al~í y, ¿qu¿ pasó? -;-Que ~edlatamente vi la nave. Bueno, para ser

caSI me di de bruces con ella. Estaba oculta tras dos en el, fondo de una vaguada. Yo esperaba encontrar algo pens~ en un pla~ill<;> .volante, pero ¡caramba! no de t • m(fnsIOnes. Al prmclpIO, pude apreciar sólo su parte izq e re~t~ lo tapab~ una loma), pero palabra que me bast

-<-Como reacczonaste?

. -No reaccioné. Simplemente me quedé boquiabie mlt~d del. camino, sin fuerzas para seguir. Fue como si hubIera VISto a Dios. Yo, un escéptico hasta entonces frente a mí 70 m de nave extraterrestre. ' 1 tro . d~nm~~t~:~o J ~etalváera's, los ovnis nos vigilan', describo el en . . n y contactado Jaume Bordas sImIlares caracteristicas y forma de andar idént¡~ 'COIn un I Camgó y en el - 1951 C ~a, en e macllO

:~~~~~~d'e:oI:d~t::~c~: . ~~~~c~:~ Vt;~n~~o~:~a J~~~~,d~o~ae~i~~~t:

dedica gran espacio en' su °li~~o ~~:se::;:;s~ J~icue~iOvallée, qul en español en el momento de escribir estas lineas~. ep n (no pub!

¿Qué hicieron tus acompañantes? Tuvo gracia; al menos, la tiene ahora. No notaron que había detenido y siguieron andando; tomaron una des(Ión que salía a la derecha hacia el fondo de la vaguada. I omprobar que yo estaba parado, se detuvieron.

¿Te tranquilizaron? Bueno, ya sabes que no eran muy locuaces; en realidad, htamos hecho todo el camino en silencio. Dejaron que yo 111 me repusiera del shock y asimilara lo que estaba viendo. II~ unos instantes de estupor, bajé por la vaguada, creo que I propia inercia; no sé cómo no me maté, mis ojos se nega11 a apartarse de la nave.

¿Te seguían flanqueando? -No, se colocaron delante y detrás de mí. El sendero era estrecho y accidentado que el anterior. Al llegar abajo, mbrado donde estaba la nave, volvieron a flanquearme. -¿Y Mus, dónde andaba? -¡ Para Mus estaba yo! Sólo veía aquella especie de seta 1 linte colgada, como por arte de magia, a 4 m del sue19; per11I1ecía allí, completamente inmóvil, sin nada que la sujetara. lira colmo, el silencio era absoluto; no se percibía el mínimo Illl1bido de motores.

-¿Qué viste al acercarte? -Fui precisando detalles. La nave tenía forma de plato ¡pero invertido. Parecía enteramente metálica, de un tono IIILa mate. Las alas o plano de sustentación ocupaban más de , dos tercios del fuselaje. Desde luego, era preciosa. Entre úpula y el ala, discurría un anilló que llegaría al metro y 11 -dio de altura. De él, como si fuera del propio metal, surgían plandores de distintos tonos. Los azules, verdes, rojos y Inarillos se sucedían sin transición aparente. El anillo daba la IlIlpresión de girar de derecha a izquierda, al contrario que las ujas del reloj, pero se trataba de un falso efecto óptico, IlI1ilar al que producen los letreros luminosos. El brillo que lila de allí era muy apagado, como el de un metal al rojo.

-¿Viste algo más? -Arriba, casi al final de la cúpula, distinguí unos rectánII10s verticales y oscuros, que luego resultaron ser las ventanas 11 - la sala.

-¿Qué medidas calculaste a la nave? -Tendría la altura de un tercer o un cuarto piso. Del vértice d . la cúpula al borde inferior del ala, habrían 15 o 20 m; el diámetro oscilaría entre 60 y 70 m.

-¿Cómo era el lugar donde estabas? -Muy resguardado, un auténtico puesto de caza; la carreI 'ra pasaba a sólo 400 m. Se ve que aquella gente iba a agarrar \In chalado y me tocó a mí. En fin ... El platillo se cernía sobre dos sembrados entre los que pasaba un camino. El centro del il1arato estaba sobre el sembrado de la izquierda, aunque el ila cubría unos 10 m del sembrado de la derecha.

276 277


-¿Avanzasteis hacia la nave? -Sí, nos metimos por debajo del ala y camina su centro geométrico. Recuerdo que nos desviamo dero en un ángulo de 30 o 40 grados. Yo estaba perpl mí, y en todas direcciones, se extendía un paragua interminable. Aquella superficie era lisa por compl hecha de una pieza, sin remaches ni tuercas de ningú -¿Se produjo algún incidente especial? -Parece que al internarnos por allí, noté un fucrt pino u ozono, quizá producido -según me han dich campo iónico; yo, desde luego, puedo asegurarte qu olía exactamente igual. También, la carabina y la na lle;aba fueron atraídas hacia arriba, lo que habla de magnético muy potente. Aunque debo aclarar que e recuerdo en estado consciente, sino sólo en trance hI -¿Qué sucedió 4espués? -Como surgiendo del mismo centro, vi descender dro metálico que se detuvo a una cuarta del suelo. bién liso y bajó silenciosamente. -¿Distinguiste junturas en él? -En absoluto. El cilindro parecía una prolongación del ala, como si ésta creciera hacia abajo. Mediría ap damente 4 m de alto por 2,5 de ancho. -Continúa, por favor. . -Entonces, para mi asombro, se abrió frente a n una puerta en guillotina, ascendió una hoja, descubri habitáculo iluminado por una luz extrañísima. -¿Por qué extrañísima? -Era desconcertante, realmente «marciana», inclu que ellos y que el platillo. Su color blanco te impre I resultaba purísimo; no obstante, no dañaba a la vista. admitir que sentí miedo. Antes de entrar allí, me lo pen veces, las cosas como son.

í.

Cómo es? Muy grande. ¿Lo ves desde abajo o desde arriba? Desde arriba. Descríbelo. No lo veo entero. . . , ¿Qué parte ves primero, la derecha o la lzqulerda. La izquierda. Bajamos. uéntame lo que ves. La nave. . . , ¿Tiene letras la nave? ¿Observas algun graflsmo. No. . Háblame de ella. Es plateada, lisa, hay luces. ¿Brilla en la oscuridad? No, es la luz de colores. ¿Ellos van delante? No, a mis lados. ye, ¿está flotando la nave? í.

-¿A qué altura, 30 o 40 m? No.

-¿Como cuánto? -No lo veo, flota. Pero hay unos pies sustentadores, ¿no? -No (extrañado), no hay nada. -Hace mucho ruido la nave, ¿verdad? -No.

-¿No oyes como un motor? -(Perplejo): Nada. No oigo nada. -Mira al cielo, ¿hay nubes? -No. -¿Ves algún resplandor? -Sí.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979

(Julio y sus acompañantes acaban de subir el repecho.) -¿Qué ves? -Subimos. Grande. A la derecha. -¿Qué ves? -(Entre asombrado y sobrecogido): -Muy grande, ¿qué? -Es muy grande. -¿El qué es? -Algo. -¿Algo? -Una nave... platillo. -¿Es un platillo?

278

-¿Qué ves? -Luces. -¿Dónde? -En la nave. -¿Cómo son? -Son colores que giran. -Pero, ¿dónde est4n esos colores? -En la nave. . -¿Cómo es ésta? -Es muy grande. -¿Qué forma tiene? -Es un platillo volante. -Pero, ¿qué forma tiene? -De platillo volante. -Sí, pero hay mucha tipología de platillos volantes...

279


-¿Avanzasteis hacia la nave? -Sí, nos metimos por debajo del ala y caminam su centro geométrico. Recuerdo que nos desviamo dero en un ángulo de 30 o 40 grados. Yo estaba perpl j mí, Y en todas direcciones, se extendía un paraguas interminable. Aquella superficie era lisa por complct hecha de una pieza, sin remaches ni tuercas de ningún -¿Se produjo algún incidente especial? -Parece que al internarnos por allí, noté un fuert pino u ozono, quizá producido -según me han dichocampo iónico; yo, desde luego, puedo asegurarte que olíé\ exactamente igual. También, la carabina y la nav llevaba fueron atraídas hacia arriba, lo que habla de un magnético muy potente. Aunque debo aclarar que est recuerdo en estado consciente, sino sólo en trance hl -¿Qué sucedió ttespués? -Como surgiendo del mismo centro, vi descender dro metálico que se detuvo a una cuarta del suelo. E bién liso y bajó silenciosamente. -¿Distinguiste junturas en él? . -En absoluto. El cilindro parecía una prolongación del ala, como si ésta creciera hacia abajo. Mediría ap damente 4 m de alto por 2,5 de ancho. -Continúa, por favor. -Entonces, para mi asombro, se abrió frente a no una puerta en guillotina, ascendió una hoja, descubricn habitáculo iluminado por una luz extrañísima. -¿Por qué extrañísima? -Era desconcertante, realmente «marciana», inclus que ellos y que el platillo. Su color blanco te impresi resultaba purísimo; no obstante, no dañaba a la vista. admitir que sentí miedo. Antes de entrar allí, me lo pen veces, las cosas como son.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979 (Julio y sus acompañantes acaban de subir el repecho.) -¿Qué ves? -Subimos. Grande. A la derecha. -¿Qué ves? -(Entre asombrado y sobrecogido): -Muy grande, ¿qué? -Es muy grande. -¿El qué es? -Algo. -¿Algo? -Una nave ... platillo. -¿Es un platillo?

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í. ¿Cómo es? Muy grande. ¿Lo ves desde abajo o desde arriba? Desde arriba. Descríbelo. No lo veo entero. ¿Qué parte ves primero, la derecha o la izquierda? La izquierda. Bajamos. Cuéntame lo que ves. -La nave. -¿Tiene letras la nave? ¿Observas algún grafismo? -No. Háblame de ella. Es plateada, lisa, hay luces. -¿Brilla en la oscuridad? -No, es la luz de colores. -¿Ellos van delante? -No, a mis lados. -Oye, ¿está flotando la nave? í.

-¿A qué altura, 30 o 40 m? -No. -¿Como cuánto? -No lo veo, flota. -Pero hay unos pies sustentadores, ¿no? -No (extrañado), no hay nada. -Hace mucho ruido la nave, ¿verdad? -No. -¿No oyes como un motor? -(Perplejo): Nada. No oigo nada. -Mira al cielo, ¿hay nubes? -No. -¿Ves algún resplandor? -Sí. -¿Qué ves? -Luces. -¿Dónde? -En la nave. -¿Cómo son? -Son colores que giran. -Pero, ¿dónde est4n esos colores? -En la nave. . -¿Cómo es ésta? -Es muy grande. -¿Qué forma tiene? -Es un platillo volante. -Pero, ¿qué forma tiene? -De platillo volante. -Sí, pero hay mucha tipología de platillos volantes... 279


......iEs como una seta. -¿Ves ventanas? -Sí.

-Son blancas, claro. -No. -¿Están iluminadas? -No. -¿De qué color son? -Negras. -¿Dónde está el centro de la nave, a la derecha izquierda? -A la izquierda. -¿Dónde estás en este momento? -Voy con ellos, en el camino. -¿Os acercáis a la nave? -Sí, giramos a la izquierda. -¿Y luego, qué haces? -Entramos debajo. -¿Qué notas? -(Muy desasosegado): i La escopeta! -¿Qué le pasa a la escopeta? -Sube. -¿Sube? ¿Cómo va a subir? -En el hombro. -¿Sube sola? -Sí, sube. La navaja... -¿Dónde está la navaja? -En el bolsillo. -¿En cuál? -El izquierdo de abajo. -¿Y qué notas a la navaja? -Sube también. -Pero, ¿cómo sube?, no comprendo ... -La escopeta me tira. El pelo también sube... -¿Notas que el pelo se queda tenso? -Sí.

-¿Y la barba, también? -Sí. Baja... -¿El qué baja? -Un cilindro.

-¿Un cilindro? -Sí. -¿De dónde? -Del centro. -El cilindro llega al suelo, ¿no? -No, se queda un poco más arriba del barbecho. -¿De qué color es el cilindro? ---'Es plata. -¿Qué hay en el cilindro? -Sube una puerta. 280


-¿Dónde están ellos, Julio? ¿Dónde se encuentra momento? -Conmigo.

-¿Contigo? -Sale, sale luz (con un deje de extrañeza), much

! El cilindro y los pasillos

\

Pregunta: J. A. Campaña. Entrevista en estado vigi1.

-¿Quién entró primero en el cilindro? -Pues quizá yo, aunque no es seguro. Ahora que 1 creo -y digo creo- que me cedieron el paso como anfitriones. Hasta puede que me enviaran, mentalm cordial «adelante».

-El hecho es que te introdujiste allí. -Sí, en una estancia cilíndrica de 2,50 m de aneh alto. Las paredes eran del mismo metal mate que nor de la nave. El techo parecía de cristal esmerilado tico, tenía un color blanco opaco y resultaba muy b La luz surgía de todos y cada uno de sus puntos. d~

-¿Como si poseyera luminosidad propia? -Eso es. Comprenderás que la claridad reinante er Había mucha luz, y blanquísima, pero a la vez, muy Estaba hecho un lío ...

-¿Os encontrabais holgados? -Sobraba espacio para 8 personas más: aquello tanta amplitud como un ascensor de El Corte Inglés. -Describe el cilindro. -Si la memoria no me falla, la puerta llegaba h suelo; sin embargo, no alcanzaba el techo, se quedaría a metro de él o algo más. De anchura tenía 1,50 m, ap damente.

-¿Entró el perro con vosotros?

-No, lo hizo después, cuando salí a recogerle. Se n a seguimos y mira que lo llamé; me extrañó porque e obediente y siente auténtica pasión por mí, pero, ya ves, que no. Me vi obligado a arrastrarle por el collar.

-¿Y luego? -Descendió la puerta y subió el ascensor, todo en com silencio. Me pareció que la hoja era doble; una de las lá pasó entre las dos paredes del cilindro, de modo que la surgir, sin saber de dónde. Otro detalle: entre la puerta ascensor quedó una fina juntura.

Qué pensabas según subías? ¿Temiste que fueran a rapI .

No, es algo que nunca pasó por mi mente: ;Sabía que nada 111 temer en este sentido. Iba estupefacto, fi]andome en todo I I ran asombro. Era consciente de es~ar entre los pocos 11 lilaS que habían vivido una a~entura as!.

Ascendisteis a mucha veloCIdad?

la de un ascensor normal, pero rapIdo. Nos de1i1l0s de forma suave, se elevó otra vez la p~erta y me u1ltré ante un corredor de sección rectangular e Iguales praIones que el ascensor. 250 por 3 m, ¿no? 'í. Las paredes eran del mismo metal, Y ~reo que .el suelo lllhién, aunque no lo recuerdo, piensa que Iba pendi~n~e de IlIz. Ésta emanaba del techo, cuya forma me paso IgUallile desapercibida. Recuerdo, sin embargo, que proye~t~ba 11 luminosidad Y que estaba construido del mismo plastlco Ilstal que había visto antes.

¿Seguisteis por el corredor?

282

.

'

Avanzamos por allí unos 8 m. Ellos Iban flanqueandome, 11110 siempre. Cuando llegamos al ~nal, torcimos a la derecha 11 un corredor circular que pareela rode~r la nave. Su pared Illrior era metálica y recta, pero la extenor se curvaba ,como 11 nrbotante, supongo que siguiendo la redonde~ de la cupul~. IIiluvimos otros 8 o 10 m por este segundo pa~l!l? qu~ descn111 una curva muy cerrada; en él resulta~a.difícil onentarse, I () pienso que nunca llegamos a descnblr un arco d~ ?O IlltlOS. En el lado de dentro, observé dos ~u~rtas eqwdlslites entre sí y también metálicas, que medInan 2,20 m de 111'\10 por 2,50 de alto.

-¿Viste junturas en esas puertas?

.

-Sí, como en el ascensor. Eran muy delgadas Y no se dlS' 111' uían goznes ni bisagras. -¿Tampoco asas o picaportes? , . -Nada de nada. Aquello tenía un aspect~ d~ lo :I?ás asep~lco. ¡Ah!, un punto muy importante. No eXlstlan angulas mte· I nl'es.

-¿A qué te refieres?

.

-Que en los pasillos, como más tarde en la .sala de arnba, 110 había aristas internas. Las paredes se contmuaban con el h' '\10 mediante una curva suave.

-Comprendido.

-Bien, seguimos por el pasillo circular y, ~e repente, nos I I\contramos con una escalerilla de mano. A mI, la verdad, me e trañó el hallazgo.

-¿Por qué?

1. Existen en la casuistica mundial varias naves de este tipo co mismo cilindro axial: caso Oskar Linke, caso Mario Zuccala 'calO Guadalajara. etc. (Véase mi obra El gran enigma de los p. V.: PI Janés, pp. 124-125.)

, .

i [ombre

,

I

-No es lógico que gente con una tecnologla. capaz de mant 'ner una nave ingrávida a 4 m del suelo, necesite una escalera pnra ascender de nivel.

-Describe la escalera, por favor.

283


~Se asemejaba en todo a las escaleras de las pi taba fuertemente implantada en el suelo. El pas cilíndrico, de escaso grosor, podías cerrar perfect mano sobre él. Cada 40 centímetros había un escaló líndrico con la parte plana hacia arriba, para posar 1 escalones poseían un buen tamaño' los recuerdo porq';1e, gracias a ellos, descubrí la g;an longitud (de de mIS «amigos». -¿Yeso? -Primero, subió uno de ellos. Fue cuando me fijé: el escalón con toda la mano, pasando el pulgar por i y aún le sobraban dedos! Por cierto, que ascendió a cidad vertiginosa, de dos saltos estaba arriba. -¿Viste las suelas de sus zapatos? -Supongo que sí, pero las he olvidado; aunque a que eran lisas y de un material suave como el fieltro no hacían ruido al tocar el suelo. 1 -Volvamos a la escalera. -Cuando subí, la noté desusadamente fría, su tem no era propia de un metal. -¿Parecía hielo? -No tan fría. Recientemente, me detuve a beber una fuente de la Casa de Campo, puse la mano en y noté la misma sensación, ¿entiendes ahora? (Herb S declara también que tocó una escalerilla que parecía -Sí, un frío que se mete en los huesos. -Exacto. ¡Ah!, y otra cosa: la escalerilla era metáli no como las paredes, sino cromada y :muy brillante. -Te costaría trabajo ascender con la escopeta y el ¿no? -Sí que me costó. Llevaba la escopeta sobre el h izquierdo, mientras que con el brazo derecho sujetaba Subí con las piernas, utilizando sólo la mano izquier apoyar~e ligeramente y guardar el equilibrio. De algo que servIrme tantos años de montañismo. -¿No te ayudó el otro? -¿Ayudarme? Aquella gente iba a lo suyo, ni mento abandonaron su cara de póker. -¿Prestaste atención a la forma del techo? -No lo recuerdo, pero puedo asegurar que no era de unos 10 cm como mucho, porque rápidamente aparecí sala. Un último dato: el orificio del techo tendría unos de diámetro, y la escalera, como es lógico, una anchura menor.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979 -¿Qué hace el perro en este momento? -No le veo. i Ah, sí! (Parece que lo ha encontrado.) 284

.'( lié hace? l' lá detrás, quieto. ,'No está asustado? ,'No te extraña que esté asustado y al mismo tiempo (/1'

r.

(Julio llama al perro.) Mus, Mus, ven aquí (silba); ven

1. Mus (silba); Mus no quiere entrar. (Pausa.) Ya viene. " , ven .aquí. No quiere. Salgo a por él. Vamos, vamos, ven. 1 mas los cuatro. ,Oónde? 1\11 el cilindro. () e, ¿quién entró primero?

o.

,tilas entrado tú primero?

'r.

Te han cedido el paso? ¿Te han dicho que entres tú pri-

//1

SI.

Y luego entran los otros, ¿no? Sr.

,Quién te ha invitado' a entrar? 111. Te lo ha dicho mentalmente?

Sí.

¿Quién te ha invitado a entrar, el más bajo o el más alto? 'L más bajo. Pero, ¿cómo te han invitado? ¿Con la mano? Me ha empujado. ¿Bruscamente? No, muy suave, en la espalda, muy suave. ¿ Estáis dentro ya? í. ¿Qué llevan en las manos ellos? uantes. ¿Qué hacen con los guantes? -Se los quitan. i Ah!, se los han quitado. -Sí, dentro del cilindro. ¿Cómo son las manos? -(Muy impresionado): Son raras, largas. -¿Se nota el vello? -No tienen. (Hace gestos de desagrado.) Son muy largas, queléticas, desagradatlles. -¿Por qué son desagradables? -Son muy delgadas ... -¿Como femeninas? -No. -¿Por qué te desagradan? -Parecen huesos. 285


-¿Se han metido los guantes en el bolsillo?

-No.

-¿Qué hacen con ellos? -Los ponen en el cajón. -¿En qué cajón? -En el cilindro. -Descríbeme el cilindro. -Es metálico plata. -¿Cómo es la puerta? -Se ha bajado. -¿Se ve la juntura de la puerta? -Sí. -¿Está oscuro? -No.

-¿Hay una lámpara arriba? -No.

-Entonces, ¿de dónde sale la luz? -De arriba. -¿Se ve bien? -Sí. -Dime, ¿cómo es la luz? -Blanca. -¿Y sale del techo? -Sí. -¿Está todo iluminado? ¿Como si fuera un plafón? -Sí, blanco. -¿Subís? -Sí, los cuatro. -¿Qué llevas? ¿Una cazadora? -Sí. -Mírate, ¿notas las sombras? -Sí. -Mira al suelo, ¿ves alguna sombra? -No.

-¿Cómo es el suelo? -Es metal plata. -¿Igual que las paredes? -Sí. -¿Qué hacéis ahora? -Para. -¿Qué sucede? -Sube la puerta. -¿Y qué más? -Sale Mus. . -¿Dónde vais? -Hay un pasillo. -¿Ves ángulos en el pasillo? -No.

-¿Y cómo es el pasillo? -Rectangular. 286


-¡ Si dices que no tiene ángulos! -No hay ángulos, son curvas.

-¿De qué color son las paredes? -Plata. --1labráluZ,¿no? -Sí. -¿De dónde parte? -Del techo. ! I -¿Ves lámparas repartidas? -No. -Fíjate bien en la sección del pasillo, ¿es alto? -Es más alto que ancho. -¿Quién va primero? -Mus. -¿Y después? -Nosotros. -¿Dónde vais ahora? -A otro pasillo. -¿Cómo es? \ -Circular. -¿Qué sección tiene? --'Es recto y curvo. -¿Cómo son las paredes? -La derecha, recta y la izquierda, curva. -¿Está iluminado el techo? -Sí. -¿Cómo es el suelo? -Plata. -¿Y no resbalas en él? -No. (Pausa.) (Extrañado.) Vna escalera. -¿Hay una escalera? -Sí. -¿Cómo es? -Recta y vertical. -¿Qué tiene a los lados? -Barras. -¿De sección rectangular? -No, son cilindros. -Ya, pero tendrá peldaños, ¿cómo son? -Son rectos y curvos. -No lo comprendo. -Curvos abajo, rectos arriba. -¿De qué material están hechos? -Metal abajo, goma arriba. -¿Quién sube primero?

~áS

-]~.l.

-¿Está ahora por encima de ti? -Sí. -¿Cómo son las suelas?

Verdes. ¿Lisas? í. ¿Qué haces? ubo. y el perro va detrás, ¿no? No, lo tengo que subir yo. Pero es muy difícil, ¿cómo lo subes? (En su día, Julio nos Illostró que era capaz de subir una escalera vertical cargando l/s.)

La escopeta, a la izquierda, y lo cojo. ¿Coges al perro? í. ¿Dónde llevas la escopeta? Al hombro izquierdo. ¿Te la has cambiado? Ahora. ¿Y cómo coges al perro? Con el brazo derecho. ¿Cómo puedes subir? (Seguro de sí mismo): Es fácil. ¿Hasta dónde subes? Hasta arriba. ¿Qué hay arriba? (Con gran asombro): Hay luz, hay mucha luz. ¿Hay mucha luz? Sí.

unta: J. A. Campaña. Entrevista en estado vigil. -y llegaste a la sala. -Sí, ascendí por la escalera y me quedé estupefacto; eso Ii' a estas alturas, mi capacidad de asombro era ya mínima. 11'

-¿Qué viste? -Para empezar, a un nuevo individuo que, en plan saludo, 1111' lanzó un «tranquilo, no pasa nada». Era el más alto de los IlI's y apareció por detrás y a 1,:\ derecha, procedente de una 'Olla donde había un panel con aspecto de computadora. -Háblame de la sala. . -El elemento más característico y también más enigmático lllvía a ser la luz. Si en los pasillos me había sorprendido, allí lo ró sobrecogerme. No produCía la más pequeña sombra. Vdas los colores planos, como en un muestrario de papel, /' omprendes? -Debía ser muy extraño, ¿no?· -Imagínate un mundo blanco, nítido, puro, donde la oscuIldad no existe, donde miras tu piel y puedes contar los poros, ilonde todo es como es, hasta las ideas, así era aquello.

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289 100SECUESTRADOS POR EXTRATERRESTRES


-¿Por qué has dicho hasta las ideas? -Aquella luz tenía algo de misticismo, de religiosid tituía un fiel exponente de mis acompañantes y pu hasta de su filosofía. Allí no podías albergar malo mientas porque todo era limpio, todo se veía. -¿Qué te inspiraba? -Calma y paz, claro que también influía la estru la sala. Te explicaré por qué. Se trataba de ~Ia estancia férica hecha toda de aquel cristal o plástic blanco q diaba luz. Y esa luz era la clave; parecías inmerso surgía tanto de las paredes como del techo.! Resultaba ble, pues su resplandor, aunque blanquísimo, no he vista. Tampoco en la sala existían ángulos interiores. La se continuaba con el mismo mediante una suave curv • dos ingredientes, la luz envolvente y la ausencia de hacían que te sintieras como en una burbuja, protegi a la vez libre, sin barreras, con mucho espacio ante ti, en un ciclorama de los que usan en cine; si no hubi por las ventanas que se abrían en la pared, me habría r imposible calcular las distancias. Era maravilloso cu acostumbrabas. -¿Y qué dimensiones poseía la sala? ~Unos 15 m de diámetro por 5 de altura. Te encon amplio. Me dio la impresión de que aquello estaba con para viajes largos. -¿Te preguntaste por qué la ausencia de ángulos? -Sí que lo hice, y pensé que era una forma de elimi rincones y, con ellos, la acumulación de suciedad. Desde la sala estaba inmaculada, su limpieza rayaba en la a -Por curiosidad, ¿producías ruido al p'isar? -Sí, y Mus también. Recuerdo perfectamente el sonl las uñas del perro en el suelo. En cambio, ellos se mov silencio, un poco a lo "Pantera Rosa», de esto deduje q vaban un calzado especial. -¿Notaste la misma gravedad fuera y dentro de la -No aprecié diferencias. -Bien, no nos desviemos del tema inicial. Describe el biliario de la habitación. ¿Qué había allí dentro? -Situándome en la salida de la escalera, tenía delante y derecha, una mesa de mandos. Se hallaba en el centro sala, y no la veía frontalmente, sino sesgada. -¿Cuál era su forma? -De bureau o pupitre. También guardaba janza con los órganos electrónicos. -¿Cuánto mediría? -Unos 2,5 m de largo. Sobre ella, reposando en unos piv metálicos, se alzaba una pantalla de cristal transparent • 1. Puede postularse una técnica consistente en la excitación molecll para crear una luminiscencia uniforme, sin focos concretos.

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\ descansaba en una plataforma circular del mismo mate· I blanco que el resto del suelo. ¿Qué más había en la sala? , En su semicircunferencia delantera se velan otras 3 me· , pero más pequeñas que la cent;al; no 'llegaría~ ~l metro medio de longitud, por lo demas eran muy SImIlares a 11 Ha. ¿Dónde se encontraban? Casi adosadas a la pared, estaban dispuestas alrededor I pupitre central en ángulos de 90 grados. ¿Una enfrente y dos en los laterales? -Eso es. Entre mesa y mesa habría sus 5 o 6 m, podias 'arte, vamos... -Prosigue, por favor. -Ante los pupitres se erguían unos sillones rarísimos. ~ran 111) y de forma cónica, con el vértice apuntando haCIa el lu'lo. Lo que me extrañó -y aún me extraña- :s que to~a· 11 a éste en un solo punto. No comprendo como podian tntenerse en pie. -¿Te refieres al sistema? --Exacto. El hecho es que su vértice reposaba en U!la ra· lllra tan fina, que parecía dibujada en el suelo. CarecIan de I I 'ti sujeción. Eran de lo más curioso. -¿Y detrás de ti, había algo? -En el lado derecho, y también, junto a la pared, se en· I)l)traba un panel grande y cuadrado, de unos 4 X 4 m. Des11\ 'aba fuertemente del resto de los elementos. ~PMq~? . -Hombre no es que el mobiliario fuera una maravilla, pero lIardaba un~ lógica que aquel panel rompía. Presentabt;l un nlor gris plomizo, en contraposición con las mesas y la~ s.111as, I"C parecían forradas de skai negro u otro revestImIento parecido. -¿Nos dejamos algo? . -Detrás, y a mi izquierda, vi una ~esa rectangu~a! de dlSlInto material que los pupitres y las SIllas. Era metahca y p~­ vonada en negro como mi escopeta. De su parte derecha, surgIa IIna pantalla cuadrada y opaca. Posteriormente, supe que esta mcsa servía para prácticas quirúrgicas. -Antes mencionaste unas ventanas. ~í, se hallaban repartidas a lo largo de la cúpula a inter· v los de un metro y medio. Tenían forma rectangular c?n el I je mayor vertical y poseían cristales. ah~ados. A trav~s de lilas, veías el campo como con unos pnsmatIcos de rayos mfra· n·ojos. Se distinguían perfectamente las formas y los colores I pesar de ser noche cerrada. Un último punto. ~a escalera, o mejor dicho, su pasamanos, se curvaba en un angula ,de 180 radas, insertándose en el suelo. ¿Alguna pregunta mas? -Pienso que, como descripción general, es más que su· ficiente. 291


El examen del perro

lIos estaban allí para protegerme y dar respuesta a mis preIIntas.

-Has hablado de tus reacciones al descubrir la sala, pd hizo Mus?

-No sólo que parecían tener la clave del conocimiento. Se IlIluba ~n su seguridad, en su gran aplomo. Viéndoles, pen111 as que podían dominarse y dominar cualquier situación.

-¿Te miraban por encima del hombro?

-Empezó a oler todo; las mesas, las sillas, inel olfateó a ellos. El animal trataba de hacerse \na comp de lugar.

-Allí olía a pino, ¿verdad? -Sí, y de forma muy intensa. Es un olor

ue me

-Sigamos con el perro. -Ellos no parecían estar habituados

-¿Por qué? -El más alto se quedó tenso, sin atreverse a mo músculo, mientras Mus le olisqueaba, como si desconoci dieran miedo las reacciones del perro. -Decías que Mus olió todo. -Pero todo. Temiendo que decidiera marcar su ter (orinarse allí, vamos) le di un grito, un grito que provocÓ mis anfitriones una gran sorpresa; los tres se volvieron más asombrados.

-¿Crees que les extrañó oírte hablar? -No, porque como aprecié más tarde, ellos tambl comunicaban fonéticamente; intuyo que les impresio palabra «j Mus 1»; fue como si ésta tuviera algún signi en su lengua o les resultara familiar.

-¿Dónde estabas tú? -Frente a ellos, a la izquierda de la escalera. En e me repuse de la impresión que me causó ver la sala, le gunté de dónde venían, a lo que respondieron con signo •

-'¿Recuerdas alguno? -'Eran muchos, pero retengo sólo dos, los que recibí forma insistente. El primero parecía un 3 y un 7 unidos, segundo se asemejaba a dos paréntesis opuestos y enl por un par de rectas.

-¿Entendías su significado? -En absoluto. Por eso, les preguntaba una y otra v mismo: «¿De dónde venís»?

-¿Y qué te respondían? -«3, 7, cuadrado», es decir, el signo de los paréntesis.

-¿Has recordado más signos? -Creo que también capté mentalmente una especie «lambda» y una jota al revés con un trazo vertical.

-Volviendo a la conversación. ¿No se enfadaban por reiterado de tus preguntas? -No; yo pedía una contestación y ellos me la daban, si entendía su significado era cosa mía. En realidad, su tr miento fue siempre cortés, demostrando un paternalismo exento de paciencia y comprensión. No sé, hacían que me I tiera como un niño o como su hermano pequeño. Sabía q

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-Muy interesante.

-Bien, pues tras el asunto de los signos, me pidieron per,,11 '0 para examinar al perro. Querían tomar muestras de sanIV. Yo accedí inmediatamente, comprendiendo que no le iban '~lUsar daño. Nos dirigimos todos hacia la mesa quirúrgica, \llí el más alto de los tres se hizo cargo de Mus que lo subió la ~esa, pasándole los antebrazos por deJ;>aj.o del cuerpo.. S~ ,nmportaba como un profesional, sus mOVImIentos eran rapIlit) . Y seguros.

-¿Colaboraba el perro? -El pobre bicho estaba aterrorizado, tanto que ni oponía Il'sistencia. Se quedó inmóvil al otro lado de la pantalla,negra..

-¿Cómo era la mesa quirúrgica? -Como te dije antes, pavonada en negro y totalmente meI lica. Tenía forma de prisma y mediría unos 2,5 m de largo por 1,10 de altura, más o menos co~o la parte de !a escalera que entraba en la sala. Sobre su tercIO derecho, habla un~ panI tila de cristal negro Y opaco, descansaba en unos pIvotes IlIfndricos de metal cromado. Al lado izquierdo, y cerca del !larde interior, se abría una depresión rectangular de 0,60 X 0,50 nietros en cuyo fondo se hallaban dispuestas varias piezas de ll1ateri~l quirúrgico. Supongo que eran similares a las nuestras, porque no atrajeron especialmente mi atención.

-¿Estaban niqueladas? -Sí, pero poseían un brillo mate. -¿Miraron a Mus por la pantalla? -Eso creo, porque en ella no apareció ninguna imagen: C.omo ~'ra grande, de 0,75 X 1 m, el perro quedaba oculto de mI VIsta; no obstante, le tranquilizaba con la voz.

-¿Y después?

.

-Tras volver a Mus de un costado y de otro, el «practlcanI »-ahora verás por qué le llamo así- condujo al perro hasta la parte central de la mesa. Luego, sac~ ~a jer~guilla y le 'xtrajo sangre de una pata con una preCISIón admIrable. -¿Mus estaba tumbado? . -Medio agazapado. Continuaba tenso y lleno de mIedo.

-¿Qué apariencia tenía la jeringuilla?

.

-Parecía metálica, al menos presentaba un color gns plomizo. Era estrecha y no muy larga, cargaría unos 10 cc. La aguja, fina y corta, formaba un todo con el resto.

-Su aspecto resultaba muy normal, ¿no? -Hasta cierto punto. A los lados poseía dos anillas para introducir los dedos índice y corazón, y otra mayor, al final del émbolo, para el pulgar. Lo que sí me sorprendió fue la facilidad

293


con que el individuo encontró la arteria, fue derecho a el un titubeo. Creo que pinchó en la radial, aunque no rec de qué pata.

I 11

-¿Qué hizo con la jeringuilla? .-La guardó en un cilindro metálico de color negro que sacó de detrás de la mesa. Dio un cuarto de vuelta, un cierre en bayoneta e introdlljo la jeringuilla ;~lUegO sitó el cilindro en el mismo lugar de donde lo ha ía extr debía de haber estantes o algo así.

La nave.

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-¿Ya ti no te hicieron nada? -Una vez que terminaron con el perro, se comunicaron migo; «ya que estás aquí, pasa tú también», me dijeron, d a entender que su auténtico objetivo era Mus. Noté qu tranquilizaban, no iban a pincharme. Entré por el lado cho de la mesa y, tras permanecer unos instantes frente pantalla, me indicaron que eso era todo. Finalmente, aco ñado por el más bajo de ellos, fui conducido hacia la central.

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Una ventana de la cúpula.

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La mesa y las sillas

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-Dime la verdad, Julio: ¿no tenías un poco de miedo? -No había habido tiempo para ello; ten en cuenta que de sorpresa en sorpresa. Simplemente, estaba estupefacto. embargo, cuando mi amigo -desde ahora llamaré así al me acompañaba- hizo un ademán mostrándome el asi sentí temor ante la eventualidad de que aquello despegase.

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Sección de la cúpula.

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-¿Por qué le lmmas amigo? -Notaba que me protegía; estaba pendiente de mis du y temores durante todo el tiempo.

-Así que te señaló la silla. -Sí, al tiempo que recibía mentalmente un cortés «8 tate». Por cierto, te contaré una anécdota divertida. Verá mí, las sillas me traían a mal traer. No entendía cómo pod sostenerse sobre un solo .punto. Además, como los otros e ban de pie... en fin, que me lo pensé dos veces antes de 8 tarme, cosa que hice con mucho cuidadito. Sólo faltaba que corrieran la juerga a mi costa.

-¿Le viste reír alguna vez? -¿Reír? ¿Ellos? .. i Qué va! Ya te he dicho que permanec inmutables. El caso es que parecían tener una sonrisa co tante; quizá influyera en esto que sus labios eran finísimo inexpresivos. La verdad, no sabías si iban o venían. -Te sentaste, pero no se cayó la silla. -Afortunadamente; recuerdo que se balanceaba agradable.

-¿Tu amigo tomó también asiento? -Sí, lo hizo en la silla de la derecha, mientras que yo

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acomodé en la que se encontraba a la izquierda. Ante noso estaba el pupitre central, lo pude observar a mis anchas. -Oye, ¿y qué hacía él? -Nada más sentarse, se puso a trabajar. Para mi asom levantó el posabrazos izquierdo, descubriendo unos bot plateados, los pulsó y su silla comenzó a girar a correr lozmente sobre la línea del suelo. -Describe los sillones. -Eran altos, como de un metro y medio. P ecían fo dos del ,mismo plástico o «skai» negro que las mesas, y r taban camadas porque no te hundías en ellos su mullido e~ justo. El respaldo tenía forma de peineta, s~bresalía por cuna de la cabeza y te envolvía por los lados; los brazos re daban a esos que tienen las butacas de algunos cines, sus tos eran curvos. Aunque los sillones presentaban forma có el asiento se volvía cuadrangular, de unos 60 cm de ancho. -¿Llegabas con los pies al suelo? -Sí, porque estaba sentado en el mismo borde' sin em go, mi amigo tenía la espalda apoyada en el respaldo y Heg cómodamente a los mandos del pupitre. -¿No sentiste la tentación de pulsar los botones de tu sil . -SÍ, pero me contuve, no fuera que saliera disparada. JUro que sólo les faltaba hablar. -¿Recuerdas cómo se sentaban ellos? -Normalmente. Cuando cesaban de pulsar botones ma nían las extremidades sobre los posabrazos. La verdad es se estaba bien allí, como en un sillón de orejas... -¿Observaste tics? Quiero decir si ellos cruzaban las pi nas o chasqueaban los dedos, por ejemplo. -No, parecían relajados, aunque siempre pendientes de indicadores de las mesas. -¿Dónde se sentaron los otros dos? -El que tenía una estatura intermedia se sentó en la m de la derecha, el otro creo que se encontraba de pie a espal nuestras. . . -¿Qué hacía tu amigo? -Trabajaba a mi lado, de vez en cuando ponía su silla jun a la mía, .me miraba y yo le miraba a él. Aseguraría que si pre estuvunos en contacto mental; es más, pienso que to las comunicaciones procedían de este individuo. -¿Crees que era el responsable de tu seguridad a bord -Más o menos; desde luego parecía pendiente de cualqul deseo mío. Se le notaban ganas de agradar, aunque esto algo común en los tres. Ellos sabían que aquel no era su sill que estaban en terreno ajeno e intentaban ofrecer buena im gen, quedar bien, vamos ... -¿Qué trabajo realizaba el que estaba contigo? -Pulsaba los botones y movía las guías con una rapidez seguridad pasmosas. No tanteaba, ¿comprendes?, actuaba I mirar. Me recordaba a las mecanógrafas por la velocidad y p

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( isión con que lanzaba, más que agitaba, sus largos dedos; la palma, sin embargo, permanecía quieta. -A veces, él giraba en 1I silla; otras, se desplazaba a lo largo de la mesa y observaba I s indicadores. En fin, todo un espectáculo, a mí me tenía im~ presionado. -¿Cómo eran los botones que pulsaba? -Bueno, en realidad, no sé si los pulsaba, quizá sólo los rozase, podría tratarse de sensores. -Háblame'de la mesa central. -Como sabes, recordaba a un pupitre. Poseía un cuerpo verI ¡cal de unos 25 cm de profundidad, sobre el cual se alzaban dos pivotes cilíndricos que -sostenían una pantalla transparenle, por su forma parecía de cinerama, ya que los bordes horizontales eran curvos. La altura de la mesa -pantalla incluidadebía ser de 1,5 m, y su longitud de 2,5 o 3 m. De la parte anterior surgía una superficie en voladizo -tendria un metro de nchura-, y sobre ella se encontraban los mandos e indicadores. -¿Los recuerdas? -A los lados de la mesa había guías y pulsadores, mientras que en el centro se hallaban los pilotos. Las guías eran de color negro, muy finas, y estaban rematadas por un mando troncopiramidal niquelado. -¿Cuántas guías contaste? -Creo que nueve, dispuestas en tres filas. Por encima de ellas, había nueve pulsadores o sensores troncocónicos de color rojo y con una depresión central. -¿Y los pilotos? -Eran semiesféricos, de unos 2 cm de diámetro, y parecían parpadear continuamente; cambiaban de color por las buenas; de pronto, unos se volvían ámbar, otros amarillos, rojos, verdes, azules, blancos... -¿En qué se diferenciaban las otras mesas de la central? --Sus dimensiones resultaban más reducidas, medirían unos 2 m; además sólo presentaban mandos y guías en la parte derecha. Por lo demás, eran idénticas a la otra, incluso en su tapizado, aquel plástico negro que recubría también las sillas.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979 -¿Cómo es la luz? (Habíamos dejado a Julio cuando entró en la sala.) -Es muy blanca. Envuelve todo (sobrecogido). -¿Cómo es el techo? -Abovedado. -Bueno, entráis por la puerta, ¿no? -No.

-¿Por dónde?

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-Por la escalera. -¿Por la escalera? -Por el suelo. -¿Cómo puedes entrar por el suelo? -Hay un agujero circular. -Al subir, ¿qué te encuentras enfrente? -Una mesa. -¿Qué forma tiene? --'Es como un bureau. ' -¿Qué hay encima de la mesa? ¿Cómo es? \ -Como un pupitre. -Pero, ¿de qué color? -Es negra. -¿Qué hayal otro lado de ella? -Otra mesa. -¿Cómo es esa mesa? -Más pequeña. -¿Qué ves encima? -Luces y un cristal. -¿Y ese cristal es transparente? -Sí. (Perplejo.) Es muy extraño todo. -¿Qué estás haciendo en este momento? -Huelo. -¿A qué huele? -A lo otro, a lo otro. (Parece que se refiere al olor a qu~ antes advi~iera en el bar y en el cilindro. Al prin JulIo no lo asocIaba con nada conocido.) -¿Cuántas personas ves? -Tres. -¿Qué hacen? -Están conmigo. -¿Dónde está exactamente? -Derecha. -Oye, ¿el nuevo es más alto o más bajo? -Más alto. -Estás muy asustado, ¿verdad? -No. -¿Te gusta esa habitación rectangular donde estás? -No es rectangular, es circular. -¿Hay ventanas? -Sí. -¿Cuántas ventanas ves? (Julio mueve la cabeza como las contara.) -No las cuentes; ¿ves muchas o pocas? -Veo muchas. -¿Se ve el exterior? -Sí.

-¿Qué ves? -Arboles. -¿Y se distinguen perfectamente

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-Sí, pero un poco oscuro. -Mus, ¿qué está haciendo en este momento? -Conmigo, ha venido conmigo. -¿Qué estás haciendo ahora? -Le estoy acariciando. (Pausa.) Me piden a Mus. -¿Para qué quieren a Mus? -Quieren mirarlo. No le van a hacer daño. -¿Dónde lo llevan? -Ahora, a una mesa. -¿Cómo es esa mesa? -----Es larga, negra..., hay un cristal negro, opaco, brillante. -¿Qué hacen? -Cogen a Mus, lo suben a la mesa. -¿Lo cogen con las manos para subirlo? -No. -¿Qué hacen? -Lo cogen con los antebrazos. -¿Se deja Mus? -Está asustado. Está muy tenso. -¿Hacia dónde mira el perro en este momento? -De frente. ' -¿Tú tienes la escopeta contigo? -Sí. -¿Qué hacen con el perro? -Le daQ. la vuelta. -¿Quiénes? ¿Los dos? -No, uno. -¿El más alto de todos? -Sí. -¿Y qué hace? -Lo ha pasado a otro sitio de la mesa.. -¿Qué hay encima de la mesa? -Mus. -¿Y qué más? -El cristal. -Mira a ver si algo más. -Sí, hay... no sé... son como pinzas. -¿Qué más ves? -Son... (extrañado) muy raros. (Pausa.) Hay una tijera. -¿Ves algo que te recuerde un fórceps? -Sí, pero tiene tres mangos. -Fíjate bien en la pantalla, ¿está sostenida por algo? -Dos cilindros. -¿Qué hace con el perro ahora? -Lo ha tumbado, va a sacarle sangre. -¿Cómo? -Con una jeringuilla. -Le ha dado vuelta sobre el lomo, ¿no? -No, tumbado sobre el vientre. -Mira hacia ti.

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-No, mira al frente. -¿Y le sacan sangre con una jeringuilla? -Es una jeringuilla. -¿Igual que las que usamos aquí? -No, es gris opaca, la aguja es muy corta, muy fina. dos ... tres argollas. -¿Ves bien la jeringuilla? -Sí. ( -¿Dónde ha pinchado a Mus? '\ -En la pata. -¿En cuál? -Derecha delantera. -¿Por qué zona? -En la arteria. -¿Qué hacen con el perro ahora? -Lo han pinchado. -¿Y qué hacen ahora? -Sacan la aguja. -Sigue diciéndome. -Saca un cilindro. -¿Por qué no te opones a que pinchen al perro? -No, no le van a hacer daño. -¿No? -No (muy seguro). -¿Qué hace ahora con la jeringuilla? -La han metido en el cilindro que ha sacado. -¿Cómo es ese cilindro? -Es negro. Lo cierra. -¿Por dónde lo abre? -Por arriba. (Pausa.) de la mesa. -¿Te parecen antipáticos estos individuos? -No, fríos. -Oye, ¿ hay sillas? -Son muy extrañas. -¿Cuánta> patas tienen? -(Perplejo.) No tienen patas. -¿Cómo son entonces? -No tienen patas. (Parece muy impresionado.) -¿Cuántas sillas ves? -Cinco. -Dime dónde están. -Dos, en el centro, al lado de la mesa. Otra a la izquierd delante de la mesa. -¿Es que hay más mesas? -Sí.

-¿Cuántas hay? -Tres mesas. -y delante de cada una hay dos sillas. -No. 300

Interior de la cúpula o sala de mando.

Escalera de mano.


-¿Cuántas ves? -Una. -¿Y no tienen patas? -No. -¿Cómo se sostienen? -Es como un cono. No comprendo... no se caen. Muy -¿Tienen respaldo? -Sí. -¿Cómo es el respaldo? -Es alto. . -¿Tiene brazos? -Sí. -¿Dónde está Mus en este momento? -Aquí, en el suelo. -¿Y la escopeta? -En la mano. -¿Te dicen algo? -Que pase detrás de la mesa. -¿Qué ves detrás de la mesa? -Un cristal negro. -¿Distingues algo a través de él? -No. -¿Qué hay en la parte baja de la mesa? -Un hueco, es negro. -¿Qué te pasa? -Me dicen que ya puedo salir de la mesa. Quieren qu siente. (Pausa.) Me asusto. Quieren que me siente, yo no qul Tranquilo, no pasa nada. -¿Qué te dicen? -Tranquilo, no pasa nada. -¿Tú no les preguntas? -Sí. ¿Quiénes sois? ¿De dónde venís? -¿Qué te contestan? -No entiendo, veo signos que no conozco. -¿Cómo son esos signos? -No sé. -¿Qué te recuerdan? -Son muy raros. Un tres... -¿Quieres dibujarlos? (Julio dibuja lentamente; traza el «tres, siete», luego, los paréntesis lambda.) -¿Qué significado tienen esos símbolos? -No sé. -¿No lo preguntas? -Sí. -¿Y qué te dicen? -Tres, siete... -Pero, ¿qué te dicen, que es un tres o ves los signos? -Veo los signos. -¿Qué más les preguntas? 302

-De dónde vienen. -¿Y qué contestan? -Signos. -¿Cómo son? -Parece tres cruces (se refiere a uno de ellos). -¿Oye, hablan entre sí? -No. -¿Qué más les preguntas? -Nada, estoy asombrado. -¿Por qué? -La luz, todo es luz (ésta le sigue impresionando). -Fíjate bien en tu manga, ¿qu~~ notas? -No hay sombras. -¿No? -No (sorprendido). -¿Yen el suelo? -Tampoco (casi inquieto). -¿De dónde sale la luz? -De todos lados. Estoy asustado. -¿Por qué? -Todo es muy raro. Quieren que me siente. -¿Estás sentado? -Me da miedo. Se va a caer. -¿El qué? -La silla. -Pero, ¿estás sentado ya? -Sí, ahora. (Perplejo.) Si no se cae. -¿No se cae? -No. -¿Qué pasa ahora? -Ellos... él se sienta. -¿Seguro que no hablan entre sí? -No. -¿No lo han hecho en todo el tiempo? -No.

El hombre de la pantalla

Pregunta: J. A. Campaña. Entrevista en estado vigil. -Ya todo esto, ¿dónde estaba el perro? , -Echado a la izquierda de mi silla. Recuerdo que 1<;> !e~lla fuertemente agarrado por el collar. Y es que Mus era mI umc~ unión con el mundo de fuera. Me tranquilizaba sentirle a mI lado. -¿Y la carabina? -Estaba apoyada en el reposabrazos derecho. Durante el examen del perro, permanecí con ella al hombro, luego, cuando me senté, la dejé allí, junto a la silla.

30'3


-¿Seguías observando a tu amigo? -yo obse:vaba todo. Frente a mí, y a través de 1 de cnstal, vela una de las mesas. Más allá, se alzaban tanas, por los cristales asomaba el campo. -¿Qué anchura tendrían los cristales? -Unos 20 cm, y me parecieron dobles. Aunque no t:ataba de ~u~énticos cristales, para mí que eran de fib tlca. A propOSltO, la pantalla resultaba también poco a pesar ~e ser gruesa no deformaba las imág~nes, ni taba reflejOS en la superficie. ' -Ya que has sacado el tema, ¿qué altura poseerla' talta? -S~bre 50 cm, el doble de los pivotes que la sust -Bten, ¿y qué más ocurrió? . --:-De, repente, sonó por toda la sala un pitido cort ocaslOna gran revuelo entre los tripulantes. El más al hasta entonces. había pe~manecido en la mesa quirúrgí z';Ullbando haCia un pupItre y se sentó. Los tres paree! dIentes de sus pantallas. -¿Detectaste de dónde surgía el sonido? -:-Ya t.e he dicho, de todas partes. Era un poco como que Irradiaba de todos los puntos. -Continúa. -Bueno, pues tras aquel «ti-tí-ti» intenso la pantall ~enzó. a adquirir t~nt~s .lechosos hasta volver~e blanca. ~m~a~lón, se formo rapldamente una imagen y aparecl mdlvlduo como ellos, pero de mayor edad. Repentina comenzaron a hablar entre sí y, en ese mismo momento que se cortaba mi comunicación telepática. ' -Describe aquella conversación. -Fue corta, duraría unos dos o tres minutos. Primero, la l?alabr~ el hombre de la pantalla; por el tono de su v reCia _el Jefe; los otros le escuchaban muy atentos, ca 1 pestanear. Se notaba que estaban ante un superior jerár -¿Sólo hablaba el jefe? --Al principio, sí. Luego, conversó con mi amigo, que er , guramente, el responsable de la sala. Los otros dos interv ron menos veces, quizá, cuando les pedían su parecer algo. -¿Cómo era el cuarto individuo? -Tendría unos SS o 60 años, al menos esos represent Poseía las arrugas típicas en un hombre de esa edad: pata gallo, surcos en la frente; también se le veía con menos vi que los otros, aunque su energía dando órdenes era evid n -¿Qué me dices del idioma? -Resultaba desagradable. Yo lo compararía con una mez de alemán y chino. Alemán, por lo seco y gutural y chino p que era m0I?-0silábico. Desde luego, no era un espectáculo n agradable Olrles hablar. Aquellas gentes escupían las palabr los sonidos les salían como una tos.

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_¿Qué quieres decir? -Que no modulaban. Parecían sacar las pal.abras del est~nll o, como los gritos que se dan en lu.cha onental. No e~l1­ 111m vocablos con las cuerdas vocales, smo que ~stos S~rglan 11IIpelidos por el diafragma. Además, daban la lffipreslón de ti I\er problemas laríngeos o algo así. Les costaba empezar cad~ I'/. que pronunciaban una nueva frase, y de vez ~n cuando effiltllm un gritito, una especie de «gallo» c?mo SI ,se ahogaran. IMuy probablemente se trata de un estndor lanngeo, produI do normalmente por un reblandecimiento o inflamaCIón de 1\ piglotis.) -¿Recuerdas alguno de los sonidos? -Había consonantes fuertes, «kas», «erres», «pes», todas Ilranunciadas muy guturalmente. Tambié~ existí~ .vocales ':f diptongos del tipo «au» o «ue», que pareclan autenticas ladrid s. Piensa en su tono de voz monocorde, seco y desagradable. -¿El individuo de la pantalla os veía a vosotro~? , -Yo creo que sí, al menos, actuaba como SI aSI fuera. ~u tamaño, supongo que debido a la ampliación que prol?orclQliaba el sistema, era mayor que el normal. Sólo apareclan en magen la cabeza y los hombros. _¿Observaste algún distintivo? -No, vestía el mismo uniforme que los demás. -¿Cómo finalizó aquello? -Tan inopinadamente como había comenzado. La figura lel jefe se esfumó Y la pantalla volvió ~ .hacerse transparente. Después, volví a entrar en contacto telepatlco. -¿Algo más que añadir? . ., .', --Sí, a la desaparición del cuarto mdivlduo, SIgma una actividad febril en la sala. Todos pulsaban botones como locos. Mi amigo parecía supervisar la labor de ~os otro: dos. Aunque, en realidad cada uno vigilaba a los demas. Habla compenetración y espíritu de equipo entre la tripulación, eso estaba claro. -¿Giraba la plataforma central? --Sí, y precisamente lo hizo por aquellos moment?s. Se movió al revés que las agujas del reloj, p~.~ que~ar. ~ando a la computadora. Luego volvió a su pOslclon pnmItiva. Fue entonces cuando escuché un fuerte silbid~ en la cabeza; a p~­ tir de aquí, se abre una gran laguna en mIS recuerdos, que solo se reanudan mucho después.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979 -Suena un pitido. -¿Un silbido? -No, un pitido. -¿Muy agudo? -Sí.

305 304


-¿Qué ocurre? -Es cortado. -¿Dónde está Mus en este momento? -Conmigo. -¿A tu derecha o a tu izquierda? -A mi izquierda. -¿Qué haces? -Miro. Ellos se sientan. (Sorprendido.) 1 cristal blanco. -¿Qué cristal? -El de la mesa. -¿Qué forma tiene? -El de la mesa. Es curvado. -Oye, encima de la mesa había pilotos, guías, ¿de qul son los pulsadores? -Rojos. -¿Qué pasa? -Se pone blanco el cristal, opaco... -¿Qué ves? -Aparece otro. -¿Como si fuera una pantalla de televisión? -Sí. -¿Ves la imagen en tres dimensiones?

Signos caligráficos de los

extraterrestres.

Silla triangular.

-No.

-Ah, la ves plana. -Sí. -¿Qué ves, el rostro sólo? -Sí. -¿Es muy parecido a los otros? -Sí. -¿Qué hace? ¿Qué habla? -¿Habla? -Oye, ¿puedes repetir lo que hablan? ¿Puedes intenta (Julio trata de imitarlos. Emite una serie de sonidos oscu guturales de los que únicamente son inteligibles «uai.u «ash·néi».) -¿Con quién hablan? -Entre ellos. -¿Hablan con el de la pantalla? -Sí. (En cierta ocasión, hojeando el libro El enigma Ummo, de Antonio Ribera, Julio identificó, entre los vocab ummitas, algunas de las palabras escuchadas en la nave; coincidencia nos impresionó a todos.) -¿Oyes algo? -No. -¿Qué ves? -La pantalla, otra vez cristal. (Pausa.) -¿Qué pasa? (Julio se muestra inquieto.) -Silba. -¿Silba? 306

Consola con su pantalla.


_Una puerta.

-Silba.

_¿Cómo es esa puerta?

-¿Quién silba? -No sé. (Su voz se vuelve más profunda e inexpresiv , si cayera en un gran sopor. Pausa.)

-¿Qué te sucede? -Silba. (Como casi todos los protagonistas de Il§cuentro Julio presenta una amnesia parcial, de modo ue no r conscientemente parte de su aventura. Ésta pece que I un completo examen fisiológico con toma de uestras, así un viaje orbital alrededor del planeta. Las grabaciones sesiones hipnóticas, oídas luego por él mismo, sirvieron «disparar» sus recuerdos subconscientes.)

_(Muy bajo.) Floto.

_¿Y dentro cómo es? -Se abre, sí. Hay luz. Una esfera.

_¿Que hay una esfera?

s'

=p~ro la habitación, ¿cómo es? ¿El techo, cómo es.

?

-Plano. Sí, triangular.

'?

-¿Y la esfera, dónde estal'

f Hay mucha luz. (Cada vez -Dentro. Me meten en a es era. 1I1ÓS nervioso.) No m; pu~do ;nover.

=-¿Por qué? ¿Estas sUJeto.. -No. Me desnudan.

_¿Estás desnudo? La toma de muestras. Sesión hipnótica. Octubre de -¿Qué pasa? -Silba. (Como si le abandonaran las fuerzas.) -¿Dónde está Mus en este momento? (Pausa. Julio no ponde.) -(Angustiado:) No me puedo mover. No me puedo mo (Algunas frases ininteligibles. Parece muy inquieto.) Me ca

-¿Por dónde te cogen? -Por la espalda. Me levantan. ¡Mus! ¡Mus! ¡Atacal ( está claro si azuza al perro o describe lo que ve.) Ladra. L mordido.

-¿A quiénha mordido? -A uno. (Casi gimiendo.) Le han matado.

-¿Cómo que le han matado? -Sí. (En realidad, el perro no estaba muerto, mismas condiciones que él.)

-¿A quién ha mordido? -Al más alto. (Fuertes inspiraciones y espiraciones.) llevan.

-¿Adónde?

..

-No sé. (Continúa el desasosiego.) No me puedo mov No toco el suelo.

-Pero, ¿estás levitando? -No sé. (Inspira y espira como sometido a un fuerte stres .)

-¿Te bajan ellos? -Sí.

-¿Tienes los ojos cerrados o abiertos? -Abiertos. (Pausa.) No sé qué pasa.

-¿Dónde te llevan? -Bajo por la escalera. No toco el suelo. (Parece que, efectivamente, va levitando.) No toco nada. Me llevan. No me puedo mover. (Pausa.)

-¿Dónde te llevan, Julio? 308

-Sí. 1 '';l -¿Te han quitado el re OJo -Sí. -¿ Y toda la ropa? (P rece que retiran también los -Toda. El anillo, La .cruz. a ubjetos metálicos.) Me mIran.

_¿Quién? -Él.

.

?

_¿Cuántos hay conttgo. -Cinco.

?

-¿Son todos hombres. -No.

.

?

-¿Hay alguna mUJer. -Sí, dos.

_¿Qué te f~s~ adhora~ repente.) Estoy quieto. Tranquilo, no

_(TranqUIlIzan ose e asa nada. 'mo son las mUJeres. . ? D P. n.,. escn'b elas . --.J)'e,(.co . -Altas. "nente? _¿También tienen el menton promI . -Sí. . ?

-¿Cómo sabes que son mUJeres. -Tienen pecho y caderas.

_¿Cómo es la cabeza? _Grande,abombada.

?

-¿Cómo son las manos. -Tienen guantes. Son muy largas.

_¿Qué ocurre ahora? -Me miran. No me puedo mover. ? _ .Están fuera o dentro de la esfera. (Intranquilo otra -~uera. (Pausa.) No me. puedo mover. vez.) i Una esfera!

-¿Otra?

-Sí es pequeña, de metal.

_¿Dónde está esa esfera? 309


-Frente a mí. (Asustado.) Se mueve. Se mueve. (Pa tranquiliza.) Me miran. Tranquilo, no pasa nada. Salen (Aterrado.) i Vienen hacia mí! -¿Estás acostado? -No. -¿De pie? -Sí. -¿Y las manos, cómo están? ( -Arriba. -¿Están sujetas con algo? -No. -Entonces, ¿por qué las tienes arriba? -No puedo moverme. (Se queja.) No toco el suelo. (P seguir levitando.) (Con miedo:) Los hilos se meten en la la nariz... -Pero antes decías que estabas en una esfera... -Sí. -¿Cómo es? -De cristal, fuerte. -Mira cómo es el suelo. -El suelo... una reja, plana. -Entonces, se verá algo debajo. -Sí, mucha luz. (Muy alterado.) Quiero irme. -¿Cómo que quieres irte? -(Quejándose.) No me puedo mover. -Pero si estabas muy bien con ellos.;. -Tengo miedo. Hay una esfera delante de mí. (Muy tado.) -¿Cómo está? ¿Colgada? -No, está ahí. (Perplejo.) Nada la sujeta. Está quieta. ( rrorizado.) i Se mueve! i Se mueve! i Sale un hilo! ¡Dos! (J vuelve al episodio de los hilos.) -Pero, ¿hilos de qué? ¿De plástico? -(Casi ininteligible:) No sé. Son finos, de colores. -¿Y adónde van esos hilos? -(Casi adormecido, sin fuerza en la voz :.) Uno... (pausa) mi boca... (pausa) Dos... -¿Dos en tu boca? -Sí, entra uno ... a la garganta... lo noto entrar... -Pero, ¿no dices que son dos? -Otro se ha quedado... debajo de la lengua. (La voz de Jul llega muy débil) ... Me hace cosquillas... -¿Te hace cosquillas? -En el oído. -¿En el oído? -Otro. -¿No decías que eran dos? -Vienen muchos... (pausa). Hilos de colores. Flotan solo, -Oye, cierra la boca. -No puedo. No puedo moverme. Ellos me miran. (Pare

_ d voluntad) (Pausa.) Otro hilo... en se han aduenado e su d La ~oz es casi un siseo.) El I ojo. Me molesta... (Asusta da' (Habla como si le escociera.) lllne, no el pene, no. Entran os. o duele . -¿Te duele?l tra (Nuevo gemido de escozor.) ¡Entran -El pene... a ure . ,1 s! -¿Dos, qué? nena (Como si cayera en un -Estoy lleno d~ h1los. Es~oy cerra;los. (Fuertemente impre. sopor) Los oJOs no pue o ;:ado :) i Otro al ano! Entra, entra en el ano... -'Al ano? í -~í, todos dentro ... todos dentro de m . "-¿Te duele? -No los noto. _¿Q~é hacen ellos? . l oJ'os (En un susurro.) Ya. -Me miran. No puedo cerrar os . Ya salen. _¿ Salen, qué? -Los hilos. -¿Los hilos, salen? . ., -(Como si sintiera molestlas :) Sl, Sl. -¿Te duele? . ' ('me como si le escociera). Ya, -Sí, la ure~ra.:., el.1~~enoru;\e va tranquilizando.) Ya ha ya... (La resp~r~c1ón m 1ca q ~alido. (Con al1VlO.). ') _¿Estás más tranquzlo ahora. • _(Con gran laxitud en la ~oz :) S!. -¿No les pregu7'!dtas)nQad'!-. ro irme quiero irme... (Pausa.) Ya -No. (Adormec1 o. Ule , sal. .. go. -¿De dónde? -De allí. . ') -Pero, ¿por tus propios mes. -Sí. ') _¿Cómo te encluentrtas . .) .y Mus? ¿Y Mus? (Pausa.) Está _(Pregunta a os o ros. e bien. > ') • -¿Ves a Mus. . ' L h n hecho lo mismo que a m1. -No, sé que esta b1en. e a 'Cómó~lo sabes? 11' -~e lo dicen ellos. Nos vamo~ de.~ ~ 'de dónde? ;De la habttacton. " - Pero, e -~bué te han hecho? ¿Has preguntado qué te han hecho? -Sí, me lo han contado. _¿Cuándo? '1 _Mientras entraban los h1 os. -¿Qué te han hecho? . -Me han extraído líqUldos.

11110

311 310


-¿Qué tipo de líquidos? -Saliva, jugos gástricos, intestinal. .. -¿Qué más? -Lágrimas, semen... -¿Semen? -Sí, orina (pausa). Me han pinchado. -Pero, i tú no has dicho nada de pinchar! -No lo he sentido. \ -¿Dónde te han pinchado? ) -En la espalda. -¿Y qué te han extraído? -Me lo dicen. Líquido... (indescifrable) raquídeo. -¿Líquido ,cefalorraquídeo? -Sí, de la espalda. (Pausa.) Sangre. -¿Sangre? -Sí, sinovia. -¿Y de dónde te han extraído sinovia? -De la rodilla. Sangre... de la oreja. -Pero tú no has dicho nada de la oreja. -No lo he sentido. -¿Eran esos hilos? (Según Julio, que posteriormente h recordando, había una tercera mujer con él, dentro de I fera transparente, quien, casi con seguridad, fue la enea de realizar estas extracciones.) -Oye, ¿veías algo al extremo de los hilos? -Sí. -¿El qué? -Un dedal muy pequeño, dorado. -¿Cómo estás ahora? -Tranquilo... no pasa nada. -¿Dónde os encontráis? -En el pasillo. La escalera. (Pausa.) No puedo subir. -¿No puedes? -No. -¿No tienes fuerzas? - ...(Ininteligible.) -¿Eres dueño de tus movimientos? -Me controlan.' -¿Te hipnotizan? -Están apoderados. -¿Se han apoderado de ti? -Sí. -Si no puedes moverte, ¿cómo te desplazas? -Me llevan. -¿Te llevan? -Sí. -Oye, ¿y Mus? -Está bien, me lo dicen ellos. -¿Adónde vais? ---{Cansado, por el tono de voz:) Subo... la... esca... lera. 312

()~

/ /

?(1:)j ~-

Esquema de la jeringuilla.

La mesa donde fuI examinado el perro


-¿Subes por ti mismo? -No. -¿Cómo lo haces, entonces? -Me suben. - j Ah 1, que te suben. -No toco nada. -¿Sube uno contigo? C'T h -No subo (P . d e a,;- cargado a la espalda~ 'N' . arece a ormecldo.) No peso\ -c o pesas? :-No peso. (Probablemente levit.a.) ( . esta Mus. as tranqu -¿Dónde estás ahora? -Arriba. -¿Arriba? -Sí, en la sala. -¿Te has acostado? -~yo'Mestoy de pie. No toco el suelo (con un hilo d -c us está allí? -Sí, sobre una silla. -Oye, ¿ahora qué te hacen") -Me sientan. . -¿Dónde? -En la mesa de antes. (Pausa.) Ya me puedo mover.

J'

El viaje (Continúa la sesión) -(Sorprendido.) Salen..., salen ~Qué más? . -Me sujetan. -¿En el asiento? . -Sí, las correas (Segú J r h salían del respaldo de las si~as) ~st a ~ecorddado después, -¿Que más? . ay esnu o. -Me pegan cables en la cabe 1 tensibles, surgían de la parte b z~ Ydenl e pecho (1os cable, bién. aja e as mesas). A Mus, -¿~e po~en como electrodos? -SI, estan ahí. Salen de la (P Vamos a salir. s mesas. ausa.) (Muy agita -¿Vais a salir? -Sí. -¿Qué te dicen? ¿Adónde vais? -No pasa nada. Volveremos -¿Volveréis? . -(Está muy inquiet f 1 . " veremos. Vamos a salir. (A::r:~~i:aJ~JI~~: mmtel:~ibles.) Vol· (Parece que la nave despega) (At' 't )1 P mueve. 1 Se muev I cho. (Julio se hunde materiaimen~n~~'els~sllo. mudcho. Peso m Ion, urante la hipo 314

1,.) (Muy excitado.) Las sillas... (Toma aire de forma enlortada.) ¿Qué ves? (Aterrado:) No veo nada. ¿No ves nada? Negro. (Quejándose.) No veo nada. (Se produce el efecto «velo negro» sufrido por los astronautas; debido a la gran \'Icración, la sangre se deposita en la parte baja del cuerpo lIndo de irrigar el cerebro, lo que provo~a una ceguera mol! ntánea.) (Fuertes inspiraciones y espiraciónes durante 45 seIHldos.) Peso mucho. Peso mucho. Ya. (Parece recobrarse.) -¿Qué pasa? -(Cambiando radicalmente el tono de voz; se halla soselitiO.) No peso. -¿No pesas? -No peso nada. (Experimenta una total sensación de ingraIdez.) (Un tanto asombrado:) No peso nada. -Pero antes pesabas... -Mucho. -¿Mucho pesabas? -No podía respirar. -¿ Ves ahora? -Sí. -¿Estás lleno de cables? -Floto... -¿Flotas? -Me han soltado. (Se refiere a que le han retirado las co ITeas.) -Pero, ¿flotas en el espacio? -Floto. Todos flotamos. -¿Mus, también? -Sí. Mus flota ... (Pausa.) Las ventanas. -¿Qué sucede? -Miro. (Pausa.) No está -¿El qué? -El suelo. -¿No ves nada por las ventanas? -Está negro. -Pero, ¿nada? -Veo lucecitas. Son estrellas. -Oye, ¿la habitación está negra también? -No, hay mucha luz. -¿Dónde estás? ¿Sentado? -Floto... No me controlo. (Toda esta parte está dicha e susurros. Julio descansa relajado.) -¿No te controlas? -No tengo peso. (Pausa.) 'Estoy a gusto, muy a gusto. (Pal sa.) Me siento. Estoy cabeza abajo. (Pausa). Me acercan a ] ventana... -¿Quiénes? I

3:


con pérdida de tiempo, o «viaje interrumpido». ¡Y ab ción de toda una familia, compuesta de padre, mad hija! Diré de paso que no se trata de una familia e mal». Sus tres miembros poseen facultades paranorm notables. La comunicación telepática entre ellos es cuente, y el padre es un clarividente demostrado, con sodio ovni en su infancia además. \ Los tres se hallaban en un punto desierto de dic~a rretera, junto a una casa abandonada digna de figur.ar una película de terror, cuando 'les invadió una gran sen ción de paz y bienestar. Al propio tiempo, vieron ascen unas figuras por la ladera del monte. Estas figuras av zaban envueltas en niebla. La niebla alcanzó y rodeó a I tres miembros de la familia... Una cuarta persona, un a go -ya fallecido- que les acompañó allí en su coche de la familia estaba averiado-, 'los vio desaparecer. desaparición duró largo rato. Cuando reaparecieron, p alivio del amigo, que no sabía dónde se habían meti ellos no recordaban nada. Pero había un importante lapso temporal perdido.. únicamente la hipnosis nos podría revelar dónde estuvl ron durante este tiempo en blanco. Quizá algún día lo pamos. Pero la sensación de bienestar perduró hasta q regresaron a su casa, a hora bastante avanzada de I noche. Cualquier observación de ovni, acompañada de un minutos perdidos e inexplicables, puede encerrar una a ducción, no recordada a nive'l consciente por el testigo. En los parques naturales y reservas africanas se dej inconscientes a los animales mediante un dardo narcótic I Entonces se les examina, se les toman muestras de sa • gre, de pelo, y se les hacen mediciones. Luego se les marca y se les deja de nuevo en, «libertad». (Si es que esto es 11. bertad.) ¿Y si se hiciera algo parecido con los abducido humanos? ¿ Y si se 'les marcase con una marca invisibl -o incomprensible- para nosbtros? 1 think we are property. Creo que somos propiedad, dij el increíble Charles Fort. ¿Será nuestro planeta una gran reserva de caza, frecuentada por safaris cósmicos?.. Mi • terio. Y terminamos, volviendo a formulamos las tres. pre· guntas: ¿Por qué? ¿Para qué? Y, acaso la más importante: ¿Por quién? ..

OBRAS CONSULTADAS

Banchs, Roberto E., Los ovnis y sus ocupantes, Ediciones Tres Tiempos, S. R. L., Buenos Aires, 1980. . . . Benítez Juan José, Ovnis: ,Documentos oflcwles del goblerno espaflol, Plaza & Janés, S. A., Col. Otros mundos, Esplugas . de Llobregat, 1977. . _ Los astronautas de Yavé, Ed. Planeta, S. A., Barcelona, 1980. Blum Ralph (con Judy Blum), Beyond Earth, Bantam Books, N~eva York, 1976 (12 edición). . Bondarchuk, Yurko, UFO sightings, lan~ings and abductlOns, Methuen Publications, Agincourt, Ontano, 1979. Clements, Dan, How to be kidnapped by UFOlk, CLEMCO Publishing Manhattan Beach, 1974. . .. Condon doctor Edward U., Scientific study of Untdentlfled flying objects, Bantam Books, Nueva York, 1?69. Danyans, Eugenio, Platillos volantes en la actualldad, Plaza & Janés, S. A., Esplugas de Llobregat, 1980. . ., . Escursioni Notturne Ufologiche (E.N.U.), Il caso F. FlOnnt, LIvorno, octubre de 1980. . . Fuller John G., The interrupted ]ourney, DIal Press, Nue;ra Yo~k, 1966. (Hay traducción castellana en Plaza & Janes, S. A.: El viaje interrumpido.) . Gheorghita, Florin, O.Z.N. O problema moderna, Edltura Ju. . ' nimea, lasi, 1973. Hobana, Ion, Flying saucers from behtnd the lron curtatn, Bantam Books, Nueva York, 1975. . ' Holzer, Hans, Cuando los ovnis aternzdn, Ed. Martmez Roca, Barcelona, 1979. Hynek, doctor J. Allen, The UFO Experience, Abelard-Schuman, Londres, 1972. l' H Hynek J A Y VaUée Jacques The edge of rea lty, enry Regnery Co., Chicago, 1975. J essup, M. K., El caso de los ovnis, Populibros «La Prensa», México D. F., 1956. . . 1 V S' Keel, John, Ovni: Operación caballo de Troya, EdItona 1glos, México D. F., 1975. I

..,

1.

I

337 336


-Ellos. -¿Notas los cables? -Sólo ,los veo. Donde voy yo van ellos. (Pausa.) Esté -¿Esta oscuro? -Sí, estamos fuera. -¿Fuera de dónde? -Me lo dicen. Estamos fuera. -¿Fuera? -De la Tierra. -¿No les preguntas a qué distancia? -La veo. -¿La ves? -Sí. -¿Cómo se ve la Tierra? -Muy grande. -¿Es esférica? - ...(Ininteligible.) -¿Ves los continentes? ¿Ves algo? -Azul, azul. . -:Pero, ¿ves perfilarse los continentes? ¿Cómo sabes q la Tlerra? -Lo sé. Espirales, veo espirales. -¿Espirales blancas? ~Sí (debe referirse a las nubes). (Pausa.) Voy viendo. orbItando. No tengo peso. (Extasiado.) Es bellísimo. -¿El qué es bellísimo? -~s muy bonito. Me encuentro a gusto, muy a gusto. -cEllos no te comunican nada? -Estoy con ellos. -Pero, ¿qué les preguntas? -¿Adónde vamos? -¿Y qué te dicen? -Sólo a dar una vuelta. -¿Alrededor de la Tierra? -Es la Tie:;a. (Julio sigue ensimismado en su visión.) -Oye, ¿estazs cerca de la Luna? -Sí. -¿Ves la Luna?

-Sí. -¿Cómo es? -Brillante. Muy brillante. -¿Ves parpadear las estrellas? -No están fijas. (El parpadeo sólo puede apreciarse dentro .11 la at~ósfera terrestre, pues es debido a la refracción de la IlIz.)

-No.

-¿Qué hacéis ahora? -Veo la Tierra. Estoy muy a gusto. Quiero quedarme. -¿Ves a Mus? -Sí. -¿Qué hace? -Está conmigo, quieto. (Pausa.) Me llevan a otra ventan -¿Qué ves? -Estrellas. -¿Te han desconectado los cables? -Veo la Luna. -¿ Ves la Luna?

I

-Háblame de la Luna. -Es grande. Muy grande. (Pausa.) Tiene puntos. (Pausa.) Son IlIs cráteres. (Durante esta fase de la hipnosis: JU!-i~ habla muy h ,jo, como si la emoción y la sorpresa le ImpIdIeran expreIIrse.) -¿Son los cráteres? -Sí. -¿Los ves como desde la Tierra? -Mucho más grandes. -¿Qué ves más grande, la Tierra o la Luna? -La Tierra. -¿Y ahora? -No veo la Tierra. -¿Qué ves? -La Luna y estrellas. Estoy muy a gusto.. Quiero quedarme. (Pausa.) Otra vez, la Tierra. Es como medIa. Luna. (Para ob· 'ervar una fase creciente o menguante es preCISO que se encontraran a gran altura.) -¿Qué hacéis? -Se va iluminando. Se va iluminando. (Parece que se aceran a la parte bañada por el sol.) (Pausa.) Me llevan. -¿Adónde? -Al sillón. -¿Te atan? -Sí. Las correas. Me ponen las correas. (Pausa.) A Mus, también. -¿Le han sentado? -Sí, en la silla de la izquierda. (Pausa.) (De nuevo angustiado.) Otra vez peso. -¿Pesas? , -Peso mucho ... peso mucho... mucho (tensa los musculos como si estuviera sometido a un gran esfuerzo). -¿Qué te pasa? • . -(Con voz lastimera:) No veo nada... no veo. Nada. (InspIra y espira con dificultad.) (Pausa.) -¿Dónde estás? ¿Ves ya? -(Asombrado:) Veo el campo. -¿Ves el campo? -Sí, oigo... -¿Qué oyes? -Silba fuerte. -¿Hay un silbido? - i Mus! (Parece llamar al perro.) Me visten.

316 317


-¿r:e están vistiendo? -SI, me han quitado los vez... -¿SigZ-les oyendo el pitido? -Muy fuerte. -¿Muy fuerte? -Sí. -¿C¡ontinúa aún el silbido? comoS;¡ (C

~~s;~t~~~e)zal' Al~sa:r:bAhia .,/adti~alme~te el tono d ' . 1 es as aqUI .

pulacf~od la mayorí~ de ~os contactados o ~bducidos P

dos. El sil~i~q~:lI~ ~rl~~ f:e::~t~, una laguna en su ~ad d.os y constituían sendas señalC:;soh4:::Ó:i~~~ ~uer~n

~~~~~~slad~e1~~~a :u~~~e~p~tar. Es ~uy pr~::~~ más t ' . orrar a este las exp . raurnatIcas del encuentro, y cabe señalar tamlento fue siempre cortés aun d que su sólo s d , u r a n t e este tiempo ..e «apo eraron» del testigo durante la t d ' el ~aJ710 hizo.ya siendo dueño de sus movimi~:::~S)e m o ,a.. Debido a que la hipnosis hace afl . traumatIcos y reprimidos Julio h'd orar los examen fisiológico y del ~iaje, en ~s~e~i~~c~~fan~o flash que dentro de la esfera, y a su espalda hab' pnmero. tanto que él se mantenía allí dentro c¿n lo~abuna máqlul nas en aspa. razas y a La eSCOpeta y Zas cartuchos Pregunta' J A C - E . E . . . ampana. ntrevlsta en estado vigil - scuchaste el silbido, ¿y qué pasó? . . -Mus, que estaba a mi 1 d d ., fenómeno fue tan fug a o, esapareclO de repent • y ya no vi al perro. az como un « salto» de fotograma. -¿No te sorprendió? -MUCho, justamerite en ese mo t tenía la mano puesta en su cabeza men o estaba acariciándo -¿Y cómo te explicaste aquell~?

b~~~s~cf~::~~:a:~~:~:ttdo

un por el silbido, habría da una más no import~ba. as cosas que no entendía, q -¿Qué sucedió luego? -Recuerdo bastante peor t . es más, ignoro si los hechos e~c~:~gunda parte de la historJ sidero correcto. neron en el orden que con. -Entendido. -Bueno, pues volví la cabeza buscando M . detrás de mí, por la zona de la a us y lo encont computadora. Lo llamé y v·

111\0

una flecha, acurrucándose en el mismo lugar de antes,

l. izquierda de la silla.

-¿Qué hacían los otros? -Seguían a lo suyo. Accionaban los mandos de las mesas 11 'otras gobernaban sus sillas. A mí me tenían loco. De pronto, 1116 otra vez el ti-ti-ti cortado, la pantalla se tornó opaca y 11 Ireció de nuevo el jefe. -¿Conversó con los demás? -Sí, pero en esta ocasión el diálogo fue más breve; duraría lilas 2 minutos. -¿Entendiste algo? - j Ni jota!, además, mi contacto telepático volvió a cortarse; lile sentí completamente solo. -¿Veías sólo la cabeza del jefe? -La cabeza completa y parte del cuello. -¿Dónde se producía la imagen? -Justo en el centro del cristal. Parecía un despilfarro tanto 'spacio para una sola figura; sobraba un metro de pantalla por 'ada lado. -¿Distinguías algo detrás de su cabeza? -No, la imagen se recortaba contra una superficie blanca idéntica a las paredes de la sala. La definición de forma y color ora perfecta. No se apreciaban las típicas líneas que se originan en nuestras televisiones. -¿Aparecía en todas las pantallas? -Sí, incluida la que había sobre la mesa desocupada. -¿Tú crees que os veía? -Seguro. -¿Continuó impartiendo órdenes? -Esa impresión me hizo. Aquel individuo mandaba allí, se notaba por su tono de voz y la rigidez que adoptaba al hablar. -¿Escuchaste los mismos fonemas desagradables? -Si no los mismos, muy parecidos. Yo, la verdad, empezaba a cansarme de aquello. Había visto ya cómo era la nave y sólo deseaba irme. Temía -infeliz de mí- que aquello despegara; agarraba a Mus con todas mis fuerzas. -¿Había gran diferencia de edad entre el jefe y los otros? -Él tendría unos 65 años, mientras que ellos representaban 35 o 40; eran gente hecha. -¿Qué más? -La pantalla volvió a hacerse transparente y se reanudó mi contacto telepático. El que estaba a mi lado preguntó por la escopeta, quería saber qué era. -¿Y qué hiciste? -Explicárselo. A propósito, noté que llamaba a los demás. Nos reunimos los cuatro en la parte izquierda de la mesa central, junto al pivote que sostenía la pantalla. -¿Distinguías entre unas «voces» y otras? -Como te he dicho, casi siempre estuve en contacto con mi amigo; pero sí, efectivamente, sabía cuando hablaba uno u otro.

3'18

319


-¿Puedes repetir detalladamente tu conversación con -¿Qué es eso?, contesté que una carabina. ¿Para que! para cazar animales, repuse. ¿Cazas por necesidad?, aña no, porque me gusta, les expliqué. Entonces, el más 1 todos hizo un gesto de disgusto, como diciendo i qué s 1 pero fue casi imperceptible. A continuación, me pidieron capeta para examinarla. Ésta pasó de mano en mano y 11 miraron con gran curiosidad, comentando algo como I cosas que hacen esta gente 1 -¿No temiste que quisieran quitarte la carabina? -En absoluto, siempre supe que eran buenas person 1 descargué, eso sí, no fueran a sacudirse un tiro. Por ciert 1 cuando vieron caer los cartuchos al suelo se interesaron ellos. Les expliqué que se trataba de la munición, incluso uno para que vieran sus distintas partes. -¿ Se quedaron con él? -Sí, el más alto de todos trajo un cilindro metálico d guardaron el cartucho, así como otro intacto que les ent Dijeron que los querían para estudio. -¿Cómo abriste el cartucho? -Con mi navaja. Al principio no la encontré; estaba bolsillo contrario. Se ve que me registraron o que cayó al tarme la ropa. -¿Qué más ocurrió? -Pues, aunque suene ridículo, me fumé un cigarro. MI tras estaba abriendo el cartucho, sentí unos tremendos de de fumar, tanto que no sé si no me los produjeron ellos. ( realidad, Julio, que es un gran fumador, había estado dos ha sin probar un pitillo, y al buscar la navaja tropezó con el quete de tabaco, lo que inconscientemente despertó sus gan de fumar; por supuesto, él desconocía todo sobre el viaje.) -¿Y dónde echaste la ceniza? -En ~l santo suelo, puse aquello perdido pero a nadie p reció impbrtarle. -¿Qué hicieron mientras fumabas? -Me pidieron un cigarrillo, también con fines de investig ción; lo introdujeron en el mismo cilindro. Yo, siguiendo m costumbre, ofrecí tabaco, concretamente, al más alto, pero ah se acabó la ronda, me hizo un gesto con la mano de lo má seco, indicándome que él no se metía aquello entre pecho y espalda. Yo les expliqué 'el asunto como pude, igual que 1 haría a mi hijo pequeño. -¿Qué te preguntaban? -Cómo funcionaba esto. Les dije que existían dos bloque ideológicos y les hablé de nuestras formas de gobierno. -¿Lo entendían? -Perfectamente, y me extrañó que gente tan bien informada e inteligente hiciera preguntas tan simples. Ellos se desenvolvían muy bien en el exterior, y debían saber, si no todo, sí casi todo sobre nosotros. Verdaderamente mi admiración por 320

Según Julio

\Altura básilo·bregmática, 27 cm

I I

\ Longitud craneal,

~I I

----

30cm

Inión

L__.. . . . · /í


ello~ ~ajó bastante, en tanto que aumentaba mi sabIa SI estaban tomándome el pelo, o qué.

Sesión hipnótica. Octubre de 1979 (Julio. vuelve. él. :ecobrar,la consciencia. Busca a Mus.) -cMus? cDonde esta ahora Mus? -Se ha ido. -¿Se ha ido Mus? ¿Dónde está? -;-(Julio llama al perro, indicándole que se acerque) aqw, .Mus; Aquí. Quieto, quieto. (Tranquiliza al animal.) -cEsta quzeto ya Mus? -Sí. -¿No oyes nada? -Silba. -¿Quién silba? -Silba todo. Cortado. -¿Cortado? -La pantalla. -¿Qué sucede? -Se ilumina. Aparece él. -¿El de antes? -Sí. . -¿Habla? -Sí. Se apaga, .. -¿El qué, la luz del aposento? -No, la pantalla. -¿Ahora, qué estáis haciendo? -La escopeta... -¿La, escopeta? ¿Qué pasa con la escopeta? -Quieren verla. -¿Quieren ver la escopeta? -Sí. -¿Se la enseñas? ¿Qué hacen? -La cogen. La miran. -¿La examinan? -~í, el cart,uch? (Pausa.) No encuentro la navaja. -cPara que quzeres una navaja? - j Ah!, sÍ. .. (Parece encontrarla.) Abro... -¿Abres? ¿Qué abres? -El cartucho. -¿Qué hay en el cartucho? -Pólvora, perdigones... el taco. -¿Lo miran? -Sí. Lo recogen. -¿Lo recogen? -Sí. Les doy un cigarro. -¿Les das un c i g a r r o ? '

322

-Sí, de 1m; que fumo. -¿Qué hacen? -Lo miran. Se lo llevan. -¿Adónde lo llevan? -No sé. (Pausa.) ¿De dónde vienen? -¿Les preguntas? -Sí. -¿Qué te responden? -Signos. -¿Identificas alguno? -No, son rayas. (Pausa.) Tres.. , siete... cuadrado. -¿Es un cuadrado? -No, líneas, signos ... -¿Qué te recuerdan? -No sé, no los conozco. (Pausa.) Me preguntan. -¿Qué te preguntan? -Sobre la Tierra. -¿El qué en particular? -Cómo está organizada, Les contesto.

La vuelta al coche

-Así que estabas un poco temeroso. ~Sí, y ellos debieron darse cuenta, porque después de la charla me comunicaron que podia irme. -¿Te lo dijeron de forma imperativa? -No, muy amablemente. Fue algo como «bueno, pues ya hemos acabado.. Cuando quieras, te vas.» -¿Y qué hiciste? -No esperé que me lo repitieran dos veces. Cogí a Mus, me eché la escopeta al hombro y descendí por la escalerilla. Por cierto, que la bajada fue bastante peor que la subida; tuve que soltar· al animal casi desde arriba. -¿Te acompañaron? -Sí, vino el que siempre estaba conmigo. Recorrimos los pasillos hasta llegar al ascensor y allí se despidió de mi. Esto me decepcionó un- poco, porque pensé que bajaría hasta el campo; después supe por qué no lo hizo: fuera, era casi de día y a ellos -estoy seguro- les molestaba nuestra luz.t -¿Qué te dijo? -Agradeció mi colaboración y se despidió como cuando haces un amigo; sería algo equivalente a «encantado de haberte conocido y cuenta conmigo para lo que necesites; ya nos veremos». -¿Ya nos veremos? -Hombre, no sé si dijo adiós o ya nos veremos; piensa que yo recibía una comunicación mental. 1. Confróntese con el caso Aveley Y los «visores:t.

323


-¿Entraste en el cilindro? -Sí, se cerró la puerta y descendí con Mus. A los P gundos, el ascensor se detuvo, elevándose la hoja d fue entonces cuando comprendí que había ocurrido traño, porque el sol me deslumbró.

-¿Cuánto tiempo pensabas que había transcurrido tu subida a bordo? -Como mucho, media hora; calculaba que 7 y cuarto. , -¿Qué sentiste al ver el sol? / -Nada, date cuenta que iba medio atontado' creo pensaba. Hice el camino de vuelta hasta el coche ~omo mata. . -¿No te volviste hacia la nave? -No, y es extraño, quizá me lo impidieran ellos mente. -Pero, ¿no notaste· que se hacía de día, mientras est en la sala? -No, las ventanas eran bastante oscuras y la luz que ba por ellas tuvo siempre la misma intensidad. -¿Llegaste al coche sin problemas? -Sí, allí me estaba esperando Mus, que había salid ascensor como un rayo. Me senté dentro intentando seren P.robé el motor ~ arranc~, hice lo p.ropio con las luces y clOnaban; la radIO, lo mIsmo. A raIZ de esto pensé que había sido un sueño. « Probablemente, he llegado hasta a me he quedado frito», me dije, sin embargo, recordaba la riencia como si hubiera sido real, con una nitidez asomb -¿Por qué no volviste a la vaguada para salir de dudru -Por miedo; si la nave no estaba, temía volverme loco se encontraba allí, podían cogerme de nuevo; así que cont en el coche. . -¿Hasta qué hora? -Creo que hasta las doce. -¿Tanto tiempo? ~Sí, puse la radio y esperé; si aquello estaba detrás d loma, alguna vez tendría que despegar. Por fin, viendo qu sucedía nada, arranqué y puse rumbo para Madrid. -¿Fuiste derecho a casa? -No, iba conduciendo muy despacio, medio anonadad sobre la una me detuve a la izquierda de la carretera creo q p?C~S kilómetros antes de Torremocha del Campo, ya'en la p vmcIa de Guadalajara. Necesitaba pensar, así que cogí la capeta y me di un paseo. Mus me hacía muestras continu mente, pero yo seguía a lo mío, dando vueltas a lo ocurrid I Pasado un rato, me dispuse a comer, y fue al buscar la navaJ cuando descubrí que sólo llevaba tres cartuchos en el bolsill , me faltaban los dos que había entregado en el ovni; nervioso llamé a Mus y miré donde se suponía que le habían pinchado: . ' 1o que VI me heló la sangre; el perro tenía el típico orificl

produce una extracción con una aguja, luego... i todo había

11

110

cierto!

-¿Qué hiciste?

. '

-Evadirme del tema por todos los medios. Comen.ce a cal', yo creo que como mecanismo de defensa. De neI'Vl?so que laba disparé toda la canana; pero algo es algo, VOlVI a casa 111 más de una docena de codornices.

hipnótica. Octubre de 1979 Ya me puedo ir.

-¿Te lo dicen? -Lo siento.

-¿Te vas? -Bajo por la escalera. -¿Y Mus? -Lo bajo yo. (Pausa.) Entramos en el pasillo.

-¿Vas solo? -No, me acompaña uno.

-¿Ahora, dónde estás?

.

-Entro en el cilindro. (Pausa.) Se CIerra la puerta. Baja. (Pausa.) Se abre otra vez. 'Estoy en el campo...

-¿Qué haces? -Voy hacia el coche.

-¿Te vuelves hacia la nave? -No, ando por el camino.

-¿Por qué no te vuelves? -No sé.

. '

:>

-¿No quieres? (SilenCIO.) ¿No quteres o no puedes. -No puedo.

Sesión hipnótica. (Je~ú.s Durán) (Sin embarga el encuentro de Julio no terminaba aquí, en el oehe, como todos habíamos pensado hasta ~~e ~o~e~to. En febrero de 19.80, en el transcurso de una seSlOn hIpn?tIca realizada por el doctor Durán, descubrimos, por casualIdad, que Julio había vuelto otra vez a la nave, y muy probablemente viajado de nuevo con sus tripulantes.) ,

_ 'Quieres revivir otra vez estos momentos en los cuales tu e de bajar del artefacto? ¿Te parece b'ten.. :> acabas -Sí.

-¿Has bajado de la nave? -Sí. -Bueno, pues cuéntame todo en voz alta. -Ando.

-¿Hacia dónde? 325

324


-El camino. (Pausa.) -¿Miras para atrás o no miras? -No puedo. -¿Sigues el camino? -Voy al coche. -¿Y tardas mucho en llegar al coche? -Lo normal. -Explícame qué es lo normal, porque teniendo en e que esa distancia no la has hecho nunca... -Sí, al venir. -¡Ah! ¿Tardas lo mismo? -Creo que sí. -¿Llegas al coche y qué haces? -Miro el reloj. -¿Qué reloj? -El mío. -¿Has llegado ya al coche? -No. -Entonces, ¿fuera miras el reloj? -Sí. -¿Cuánto tiempo ha transcurrido? -No sé. -¿Por qué? -Tiene las siete menos veinte. -¿Ya qué hora saliste del coche? -A las siete menos veinte. -¿No ha transcurrido nada de tiempo? -Sí. -Si el reloj marca la misma hora... -El sol. (Julio considera que serían las 10 cuando 1 al 124.) -¿Ha cambiado de lugar? -Sí, ahora está. -¿Qué haces en este momento? -Abro el coche. Funciona. -¿Y antes no funcionaba? -No. -¿Y qué pasa? -No sé que hora es. (Pausa.) Lo paro. -¿Para qué? -Quiero ver si están ahí. -¿Quiénes? -Ellos. (Pausa.) Voy. -¿Por dónde? -Por el camino. -Pero ahora sí que puedes mirar, ¿no? -Sí. -Antes no podías. -No. -Vas otra vez al camino...

326

-Sí.

·-¿Qué sucede? -Están. (Se refiere a que la nave sigue allí.) -¿Están? -Sí.. -¿Qué hacen? -Me llaman. Me llaman. -¿Qué te dicen? -(Asombrado.) Está allí... está allí. .. (Tulio cae en un fuerte período de resistencias. Es imposible obtener más información.)

ANEXO. Algunas conclusiones anatómico-morfológicas (por la doctora María Teresa Pérez Alvarez.)

Los sujetos descritos por Julio no se diferencian del H0':l0 saIJiens más que éste de su antecesor Cromagnon, es decIr,. son antropomorfos y casi totalmente humanos. De forma curIOsa, SU aspecto coincide con las características del «hombre del futuro», diseñado idealmente por anatomistas y antropólogos: cráneo más desarrollado, aumento consiguiente de la zona ocular, pérdida total del vello y derivados pilosos, así como especialización de las manos con alargamiento de los dedos por motivos funcionales. Algunos imaginan al «hombre del futuro» como un ser enclenque y ctébil, no más musculado que un niño de 10 años, y esto es admisible desde una perspectiva teórica, pero sólo eso, ya que la alimentación (cada vez más rica) y el deporte hacen más altas y fuertes a las nuevas generaCIOnes. El desarrollo del mentón resulta lógico. Si repasamos nuestra galería de ancestros, descubriremos que el mentón es una aportación relativamente reciente; aun en el hombre de Neanderthal el prognatismo sigue siendo acusado y el mentón pequeño. Hay que esperar al hombre de Cromagnon para poder h~blar de auténticos mentones; por tanto, parece ser un caracter anatómico que tiende al desarrollo. . • Si trazamos una línea vertical que pase entre los dos alveolos dentales de los incisivos inferiores, habremos delimitado un campo que podríamos llamar del desarrollo del mentón; todos los mentones que sobrepasen esta línea, corresponderán a razas humanas modernas y evolucionadas, mientras que las que queden por detrás, representarán fomias ~nt~opoides o ancestros del Hamo sapiens. Como se ve en el dIbUJO, el meno tón descrito por Julio es mucho más saliente que el humano actual, lo que habla de mayor evolución. Parece que la barbilla está relacionada con la erección bípeda del hombre y que su desarrollo confiere a éste sentido de la direccionalidad; en el presente caso, podría tratarse de un contrapeso, por así d~cirlo, para equilibrar un tremendo volumen craneal, aunque solo es una hipótesis. 327


Otro punto de interés radica en 10 afilado de las Antropológicamente,el ángulo sinfisiario, o ángulo for l~~ dos ramas del maxilar inferior, nos da el grado d ClOn de una ra~a; así, en el europeo actual es agudo, q~e en determmados pueblos africanos es casi recto, mfica ,que cuanto más cerrado sea el ángulo sinfisla evoluc~onado será el individuo. Pues bien, según la d d~ JulIO, los seres de ~edinaceli poseían barbillas int~ pIcudas, lo que tambIen apunta en el mismo sentido I evolución. . ) En. este estudio comparativo hay dos puntos que den vIvam~nte: uno es la coherencia anatómica de lo d,uo.s descntos '! .otro las coincidencias entre relato y nstIcas morfologIcas de los sujetos. Por ejemplo Juli d.e J:1ombros y cinturas es~apulares poderosos, alg~ muy SI tleneJ?- que soportar craneos de grandes dimensione . las pupIlas aparecen muy dilatadas, lo que indica un dond.e la luz es suav~, o simplemente, no hiere a la vista, encaja con la ausenCIa de pestañas que, funcionalmente, como toldos, con la, escasa pigm~ntación del iris y t con el color apergammado de la pIel. En este sentido r mos que la luz reinante en la nave, aunque blanquí~lm IJ?-~Y tenue, tanto que cuando Julio abandonó el aparato tIO d~slumbrado por el sol. Tercera coincidencia: la au de cejas, que supone a su vez la inexistencia de sudor y cabelludo, ya que su misión es retener los cuerpos extraño caen del cabello y la frente; aquí las declaraciones de Julio ven a ser cohe~entes, pues opina que aquellos seres no sud y cre~ que, baJO el verdugo, no había pelo. (Nota. La ca de. ceJas,! pestañas puede significar, por deducción, que sUJeto~ VIven en ~n ~~dio ~rtificial o bien en un lugar d 170 . eXIste cont.ammacIOn. VIento ni cambios climáticos.) ult~o, la l~ngltu~ desusada de los dedos «<de pianista» o arana», segun JulIO) casa con los arquetipos elaborados r~p:esentar al «hombre del futuro», que poseerá unas fala dIgI.ta~es ~uy desarrolladas, la mano sufrirá una auténtic pecIaliz~cIOn a ~ase de pulsar botones; y esto es justament que Juho descnbe en su relato: «Aquellos seres accionaban tones y palancas a una velocidad vertiginosa corno no lo h la mecanógr~fa más .rápida del mundo.» Es 'más, sus palab apuntan haCIa una dIferenciación anatómica considerable' « l~ muñeca para abajo parecían otros. Sus manos no corre~p dIa~ al resto d;l cuerpo. Eran largas, muy largas, huesuda dehcadas. Pense que nunca habían realizado un trabajo físi • En resumen: La morfología de los sujetos es altamente ad cua~a a la de esp~címenes humanos descendientes del Rom saple~ o que hubIeran seguido, y con antelación, un camln evolut~vo. paraI l? Y ahora, algunas consideraciones teóric 7 sobre mdice cefahco y capacidad craneal.

lndice craneal: Se obtiene mediante la siguiente fórmula: lC = Anchura craneal X lOO/Longitud craneal ¡-ndo la «anchura craneal» el máximo diámetro trans~e~:,o htLerparietal Y la «longitud», la distancia de la glabela al Imon (protuberancia occipital externa). Un índice cefálico de 84 significa que la anchura de la cabeza un 84 % de su longitud. Según Martin, el índice cefálico humano varía e,ntre 81 Y 4,5, Y a partir de estas cifras podemos hablar de cran~os braIluicéfalos (redondeados), propios de individuos evolucIOnados, IIlientras que los primitivos tendrían cráneos dolicocéfalos o huidizos con menor diámetro interparietal. Segm'¡ esto, y aplicando las oportunas mediciones, obten,Iríamos para los seres descritos por Julio lC = 30 cm X 100/ O cm = 100 %, es decir, una braquicefalia absoluta, pue~ e.l 'ráneo sería igual de ancho que de largo, lo que significa mdzviduos muy desarrollados evolutivamente. Capacidad cerebral. 1ndice de Manouvrier= Longitud cra~ neal X anchura craneal X altura básilo-bregmática / 2 / 1,14 (SI es un cráneo masculino). Error: ± 100 cc. Aplicando medidas: 30 cm X 30 cm X 27 cm / 2 /1,14 = 10 6.51 CC, esto es, más de 5 veces la capacidad craneal del hombre (mdice ordinario, entre 1450 Y 1950 cc). Puede existir un segundo error, pues quizá los senos frontales sean mayores que los nuestros, pero esto reduciría la capacidad craneal en una cantidad insignifican~e. , . Nota. No es de extrañar tan gran capaCIdad cefalica, puesto que un pequeño aumento en medidas lineales origina un gran crecimiento en volumen. , . Utilizació11 del cerebro. Si el ser humano usa, como maXImo, la décima parte de su cerebro, esto supone 195 cc (cifra media) mientras que ellos utilizarían (información en segundo volum~n) el 30 % del suyo, es decir, nada menos que 3 196, cc, casi el doble de toda nuestra masa cerebral y 16 veces nuestro cerebro útil. . Nota. Este último es un valor mínimo; según datos posteriores (información en tercer volumen) pueden llegar a usar hasta el 65 % de su cerebro (6297 cC), lo que supone 4 veces nuestra masa cerebral total y 32 veces la masa útil.

Conclusiones al «caso Julio» El «caso Julio» es quizá uno de los casos de abducción _y m~ at;evo a -decir que sin quizá- qu~ más, riquez.a de información ha proporcionado. y ello ha SIdo aSI, en pnm~r lugar, por la decidida voluntad colaboradora ~~l pro~Io Julio, y por el elevado grado de capacidad expOSIllVa y Slll-

329 328


tetjzadora de su mente. Si bien cae dentro del at de ,«hombre sencillo y bueno», ello no Puit que su mteh,gencia esté por encima de lo N q~e, confundIr «sencillo» con «tonto» S d . dIstmtas. . on os cosa

senalad~

norm~

~ mDí, ~ersonalmente me impresionó mucho habla . dJ u 10. Ina -'Y 1, , d'IgO, que, caray!-, que salí enri fre la conve,rsaclOn. Sus límpidos ojos azules, de lanca Y dIrecta, me emocionaron. La mirada de JU 14 a go notable; no es una mirada corriente Uno se ,~ como ld~sn~do ante ella, Y sabe que no pu~de mentir que e ,ueno de aquellos ojos no miente' es más d' ' , l a mentIra. ¿Un elegido? Y de nuevo las consab'd ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Y por quién? 1 as pregun ·VndIa en que Jul' h" d . , 10 aCIa· e «radIO» (es decir actu p,aslVamente, en t ance hipnótico, como emisor~rec 7 sImPllemente), algUIen preguntó a sus «amigos» (pues c en e caso de Adela lle ' '

l

mir~d

~~~::~~~)'r~'~:c~Ué ~llosg:~~~u:C~~::'~I;;: ~st~t~;~;~n

.' d nes, a emmentes científicos de nu :~~ta~' s;ls~er. ,con el que Julio mantenía comunica 1 d " nno -parece ser que la sonrisa es la a de alegría que pueden hacer; no llegar:: Isa, o que los hace muy «británicos»- y contestó mayor de nuestros científicos no le ni a la zapato -o de la bota o de lo que sea que calcen- de modesto de sus técnicos . Y añ a d"10 que 1o que buscaban 1m nos t h o ros era nuestra humanidad, esas cálidas cualidad umanas que por lo visto ellos han ido d' largo de los siglos de una difícil y dura 1 puesta, en un medio frío y hostil. d ' ronVen hace- ~ ~o~Illranen ~osotr?s, aquello que ellos tuvl 1 ~ Y que perdIeron Irremediablemente por'! argos cammos . Hoy son un soberbia " del Tiemp " ~ y dIE e spaclO. botizada~ r;:~l~UI~o~ blOlogIC~S, frías'y perfectas, pero r • reliq' cÍ un arCaICO sentIdo del humorcom noso~:~s. e su perdida humanidad... que reencuentran en

r~motraclOn

lleg~

sue't~

ev~l~ci~e:~~t~i

apr~~d~~~a~U:a~~.les interesen los científicos, de los que no Peró estamos llegando t tal sentido del honor me ~r::pnI'deerrten,o .vedado. Un elemen· , raIClOnar a Julio q . n ~e r~go que no revelase aspectos de la vida d ,,:ue cosmICOS que éstos n o qUIeren ' e sus amIgo que se conozcan... al me· 330

por ahora, Pero sí puedo decir que les fascina convercon nosotros. A veces, son los interlocutores terrestres (los que conversan a través de Julio = radioemisor) quienes tienen que poner fin a estas charlas ... en las que inI luso se llegan a contar chistes por ambas partes. Y jamás Iratan de imponer su superioridad, pese a que ésta es evidente. Cuando alguien alude a ella, se limitan a sonreír y l decir: «Somos diferentes: esto es todo.» ¡«Diferentes» 11l10S seres que cubican 10000 I CC de cerebro! ¡Y tan dife-

IIOS

Ir

rentes! Pero una de las cosas que han revelado, y que creó que puedo decir, es que ellos no son nuestros únicos visitantes. Hay otros. Ni tan altos, ni con su elevado concepto de 'la ética. Otros, que se dedican a sondear y a «programar» la mente de los seres humanos que han contactado o han abducido. Schirmer tuvo la mala suerte de encontrárselos. y otros también. Son los de la Serpiente. Y las relaciones entre ambos grupos de visitantes no son de las mejores. Esto también puedu decirlo. ¿Y por qué todos vienen a la Tierra, esta minúscula mota de polvo cósmico perdida en un rincón de la Ga-

laxia? -Vuestro mundo es maravilloso -dijeron una veza Julio-. Su riqueza biológica es increíble. Existen muy pocos mundos como él. Nosotros no conocemos ninguno que se le parezca. Es una cantera casi inagotable de muchas de las cosas que necesitamos Y que no tenemos: agua: entre ellas. Desdichadamente, vosotros mismos habéis iniciado su destrucción. Es una historia que ya se ha repetido otras veces: ocurrió en nuestro propio mundo, hace siglos. Atención, que habla la voz de la experiencia... ¿No vale la pena que la escuchemos? Para terminar, y como resumen de todo lo expuesto en este libro, podríamos decir que las civilizaciones galácticas de un nivel superior que al parecer están llevando a cabo, y desde hace muchos años, lo que pudiera llamarse «Operación Tierra» -y que no necesariamente tiene que tener al Horno sapiens como objetivo-, poseen una tecnología acorde con esa superioridad, Y junto a la cual la terrestre está en un estadio muy primitivo todavía. ' Pero _y esto es quizá lo más importante- junto a estos logros tecnológicos que nos parecen pura magia (<<cualquier tecnología 'superior no podrá distinguirse de la magia», por citar una vez más la archisabida frase de 331


Arthur C. Clarke}, está un impresionante domini mente y de lo que aquí y en este planeta llamamo vía «facultades paranormales, ESP o PSI», sin cuenta de que para estas civilizaciones galácticas «facultades normales» (como quizá lo serán un dí nosotros). La comunicación mental o telepática ha tuido a la comunicación oral, en muchas de estas e ciones; la hipnosis es una técnica corriente para impl ideas, órdenes e incluso para borrar vivencias tra zantes. Esto es maravilloso, pero a1 mismo tiempo e ble, porque nos coloca ante ellos como inermes con de Indias ante 1a fría mirada del investigador. Si el investigador es bueno, estamos salvados. lo es ... que Dios nos coja confesados, como decían tras abuelos.. Y si los hay buenos y los hay malos (ca un western ~ la antigua usanza), que los buenos arreglen para pegar paliza a los ma10s. ¿O no habrá malos ni buenos, sino sólo «otros»? tras conceptos del bien y el mal pueden resultar ridí y cortísimos a escala cósmica... Dice Alvin H. Lawson, investigador norteamericano, pueden inducirse abducciones imaginarias en seres hu nos normales, y que estas «abducciones» son muy pa das -si bien presentan 'asimismo significativas dif cias- con las abducciones «reales». De acuerdo. Esta empezando a aprender a manipular la mente, este inm «banco de datos» que 'lo contiene prácticamente todo. «Sin embargo -dice el propio Lawson en su estudi pese a las numerosas semejanzas, existen diferencias ciales, como los efectos físicos alegados y los testigos m tiples, las cuales parecen postular que las abducciones p parte de los ovnis son algo aparte y distinto qe las exp riencias imaginarias y alucinatorias ... » He querido terminar esta obra citando a Lawson, po que es el primero que a su vez citan 10s jóvenes cientifist que quieren mantener su status de hombre serio ante el qu sin duda es el fenómeno más impresionante, incuestion • ble y revelador de toda la panoplia ufológica. La menl humana es capaz de todo: hasta de imaginarse una abdu • ción. Pero esto no quiere decir -ni mucho menos- qu las abducciones no sean «sucesos reales». Alguien, muy discretamente, nos observa. Alguien, d vez en cuando -y últimamente parece que con mayor frecuencia: las abducciones conocidas ya totalizan vario centenares-, secuestra temporalmente a 1.).no de nues·

n es ectro de características tras semejant~s (dentr~d~d~des ~ue de momento se noS no muy ampho), con a scapan. " ; b mas la increíble verdad. Algún día, en algun sItlOd s.a r~os de ser «abducidos» i\lgun' día, así lo espero: ~Jarehermanos» en el Cosmos. . S »... o mas aun, « para ser «arolgo Que así sea.

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EPILOGO

Este libro no es m' de las abducciones a~q~e ~na aproxi~ación al fenól11 tro de una fenome~olog'eno~eno alucmante inscrito dos, el grupo VISIT h la masd,vasta. En los Estados , . a estu lado a fond partIcularísimo del fenómeno ' D o este asp miembros de es ,OVill., os de los princip S~huessler, y el :x;~~~~oe~~;~;U~~~h::dla .NASA J ano despues de iniciarse los trabajos del grupNoI~mftzow, acerca de las p , , m arma casos de abducc~~~e~~e~~~lusIOnes extraíd,as de los 1 El retrato-robot del tI'p a enhtonces ~ablan estudia o d e umanolde que ' cuentemente aparece asociado ' mas asombroso debido a 'la . .d a l~s abduccIOnes resul ofrecidas por numerosos C:~~I~.encla de laS d~scripcion tracciones socioculturales h ~?os, de muy dIferentes del planeta, Según los l' y t~ Idtantes en diversos punt , , nves Iga ores de VISIT res medlnan alrededor d 1 20 ' estos calvos y Con una cabeza ;e ta ~etros d~ estatura, siend humano normal des ro ,mano supenor a la de un s exigua talla. Sus' braz~s ~~~~~na~a,por lo, tanto con normal, su piel gris-verdosa aSImIsmo mas largos de 1 emoción alguna. y su semblante no reflejad Sin embargo, tanto la cifr d d características de los «extrat:rre~t:eior VISIT como la tan a observaciones. En primer 1 » r~ptores, se pre • estudiados representa en mi o ' ~~ar, la clf~a ,de 130 caso los casos, de abducción que d~~~~~~~:~~~mapart~ d yeso debIdo a las características i t ' producIdo, c~ones; desmemoria (a veces total~ cr~seca~de las abduec:1 0 ' ¿ y si sólo conociésemos los cas~s s;; a;::an?, abdue os -quienquiera que sean ellos. UCClon que camas? qUIeren que conozPor otra parte, si bien es cierto que una gran mayoría

.¡ \ los humanoides observados -y no sólo en abducciones, Ino también en encuentros cercanos- responde al tipo pequeño y macrocéfalo», en otros casos aparecen seres ti' características muy distintas, desde los gigantes de dos Illetros de los casos de Aveley y de Soria, hasta los monsImos verdes y gigantescos de Zanfretta, pasando por los pequeños humanoides velludos y de cabeza «normal» del 'uso Bebedouro, Y para complicar aún más las cosas -ya 'omplicadísimas de por sí- en algunos casos «coexisten» llos o más tipos de ovninautas. Tal vez un estudio con 'omputadora -como hizo Vallée con los 200 aterrizajes franceses de 1954- de los casos conocidos de abducción, 'n busca de constantes, nos permitiese llegar a algunas 'onclusiones interesantes. Desde aquí brindo la idea a los jóvenes «monstruos» de la informática, que atacan con "" brío y ordenador el problema ovni. Desde luego, la riqueza de casos conocidos es grande. Quedan fuera de este libro casos interesantísimos, que darían materia no para uno más, sino para otros varios volúmenes sobre abducciones. Falta el caso de las tres ml,1jeres norteamericanas, abducidas en Stanford (Kentucky) en enero de 1976, caso perfectamente estudiado por Leonard Stringfi.eld, del MUFON. Falta también el caso de Iravis Walton (que sin embargo el NICAP considera un fraude). Y en el capítulo sobre «Sexo y platillos volantes» se podría haber incluido el caso de Shane Kurz, abducida en 1968 y «poseída sexualmente» por un apuesto ovninauta. Hans Holzer, en su libro The Ufonauts (publicado en español por Martínez Roca bajo el título de Cuando los ovnis aterrizan) se ocupa detalladamente de este caso", que ofrece todos los visos de ser ~cierto, a diferencia de la afirmación de la sudafricana Elizabeth K1arer, la cual pretende nada menos que." ¡haber tenido un hijo de padre extraterrestre! Por supuesto, nadie ha visto jamás· al hijo y mucho menos al padre (aunque éste puede encontrarse en estos 'momentos en el quinto pino de la Galaxia a mano izquierda). No he podido tampoco recoger en el libro -pero no porque yo no lo quisiera, sino porque las personas implicadas se negaron a última hora a someterse a hipnosis regresiva-,-, un caso muy prometedor ocurrido en la barcelonesa Carretera de las Aguas en 1980, al pie del cerro llamado Sant Pere Martir. Esta carretera, solitaria y desierta en todo su recorrido de diez kilómetros, y especialmente en aquella zona, fue teatro casi seguro de una abducción

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Secuestrados por extraterrestres antonio ribera  
Secuestrados por extraterrestres antonio ribera  
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