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Blanca casi llorando se fue a llamar a la doctora, no tenía muchas monedas y esperaba que lo que tuviera le alcanzara para la llamada. Empezó a marcar el número: 2-3-1-2-4-5-6-9. El teléfono público le pidió exactamente la cantidad que ella tenía en monedas y suspirando profundamente esperó impacientemente que le contestara la doctora. Después de unos cuantos segundos finalmente escucho: -“Clínica Santa Esperanza, Doctora Dolores para servirle”. -“Doctora Dolores buenas noches, me llamo Blanca. Estoy en el aeropuerto y mi vuelo sale en dos horas, necesito urgentemente un certificado internacional de la fiebre amarilla” -“Le tomará unos cuarenta minutos para llegar aquí, así que le sugiero que salga ya mismo.” Respondió la doctora. Blanca salió corriendo a la clínica, le dijo al taxista que si podía

volar lo hiciera. El taxista pasando el límite de la velocidad permitida lo hizo, pasaron tan rápido por las palmeras de la ciudad que Blanca ni se dio cuenta de ellas. Al llegar a la clínica encontró a la doctora que sin problema le firmó el certificado, le cobró 60$ bolivianos, ella entrego un billete de 200$. -“No tengo cambio dijo la Doctora” -“No me importa, se puede quedar con el cambio” respondió Blanca. Blanca sólo tenía una hora antes de perder el vuelo así que corriendo y entrando al mismo taxi que afuera la esperaba, se montó camino al aeropuerto. Al pasar por las palmeras de nuevo las miró con desprecio y aguantó su respiración para no sentir el olor de estas. Blanca llegó al aeropuerto diez minutos antes de su vuelo, corrió hacia el supervisor y le entregó el certificado. El supervisor le dijo que por

el momento nadie había cancelado su vuelo, pero que ella podía esperar en la sala de espera y que alguien la llamaría para comunicarle si hay cupo en el avión. Quince minutos más tarde y después de insultar mentalmente a cada pasajero que veía entrar camino al avión pensando que lo iban a llenar, Blanca escuchó lo que por tanto tiempo estaba esperando. Era el supervisor que hablaba por el parlante de la sala de espera: “Pasajera Blanca Benavidez, por favor abordar vuelo número 234 destino San José, Costa Rica”. Blanca corrió y casi llorando de la felicidad se sentó en el incómodo asiento trasero del avión donde por fin iría camino a Costa Rica y después a Canadá, su dulce hogar.■

El tiempo se detuvo

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LUJO Para mujeres

Perspectivas Mayo  
Perspectivas Mayo  

Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina