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cuando Blanca se alistaba para viajar de regreso a su hogar en Canadá después de unas largas y tranquilas vacaciones en la bella ciudad de Santa Cruz, Bolivia. Nada le preocupaba mientras estaba sentada en el asiento trasero de un viejo taxi en camino al aeropuerto. A los quince minutos de llegar a este, abrió la ventana para suspirar profundamente e inhalar por última vez el aire fresco de esta ciudad tropical. Cerró los ojos y empezó a respirar profundamente sintiendo el cálido viento que pegaba fuertemente en su rostro trayendo consigo el olor de las palmeras que rodeaban la solitaria y oscura carretera. En sus 28 años nunca había tenido un problema con la organización de sus cosas, así que estaba tranquila ya que sabía que tenía todos los papeles en orden para viajar. Sin embargo, como siempre era tan cuidadosa, cerró su ventana para sacar de su bolso y por última vez mirar que todos sus papeles estuvieran en orden ya que esta vez pararía en Costa Rica para visitar a su amiga por el fin de semana antes de su destino final en Canadá. Estaba muy emocionada. Miró y se dio cuenta que tenía todos los documentos, así que tras el cristal de la ventana siguió admirando por última vez las calles de Santa Cruz. 96 Al llegar al aeropuerto a las do-

ce de la noche, miró la larga fila de personas que la esperaba para registrar su vuelo y con cara de impaciencia se paró al final de ésta. Después de una hora por fin llegó al frente de la fila y felizmente sonrió al escuchar a la trabajadora de la aerolínea gritar: -“¡Siguiente!” De repente cogió todo su equipaje y se acercó a la trabajadora entregando su pasaporte y el resto de documentos. La trabajadora miró a Blanca después de veinte minutos y le preguntó: -“¿Destino final?” -“Toronto, Canadá”. Contestó con la misma sonrisa en su cara que traía ya hace unos minutos, “pero me quedaré en Costa Rica hasta el lunes ya que me encontraré con una amiga allá e iremos a la playa”. Añadió mientras ponía sus maletas sobre la pesa. La trabajadora de la aerolínea se retiró por unos minutos dejando a Blanca esperando y preguntándose si algo malo había sucedido. Al regresar la trabajadora miró a Blanca y le dijo: -“Lo siento mucho, pero temo que no vaya a poder viajar esta noche”. -“¿QUÉ?” preguntó Blanca con cara de confusión. -“Mire señorita, lo que pasa es que usted necesita el certificado de la vacuna de la fiebre amarilla, sin este certifica-

do, no la dejarán entrar a Costa Rica y la mandarán de regreso aquí”. Blanca con sus ojos aguados y a punto de llorar no entendía lo que pasaba. -“Yo tengo que viajar, mi amiga me está esperando en Costa Rica y tengo un vuelo el lunes desde Costa Rica a Canadá para iniciar mi nuevo trabajo en Toronto. No puedo perderlo, entro a trabajar el martes. ¡Si o si tengo que estar en Toronto el lunes para entrar al trabajo!”. La trabajadora la miró con cara de tristeza pero sin poder hacer nada, le explicó la única cosa que Blanca podía hacer en ese caso, diciendo: -“Señorita Blanca, lo único que puede hacer usted es tomar el vuelo de mañana a la misma hora esperando de que haya un asiento vacío para usted. Hágase vacunar por la mañana y por la noche venga aquí temprano y miraremos si hay cupo en el avión. -“¿Cómo? ¿Me está diciendo que no es seguro que mañana pueda viajar? Dijo Blanca mientras una lágrima recorría el lado izquierdo de su rostro.

Perspectivas Mayo  
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Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina