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Me llamo Paulina Rodriguez y hace algunos meses que volví a mi casa en México con mi novio Paquito. Fuimos en Italia – el país de la cultura romántica… Cuando descubrí que gané el concurso de “Come, reza, ama” ¡era de asombro! ¡Recibí la carta en el correo y no podía creerla! La parte que me hizo especialmente alegre era que de los tres viajes posibles, recibimos aquello de “ama”; para irnos de vacaciones románticas por dos personas. Desearía escribir una carta de agradecimiento a Perspectivas en la forma de compartir mi experiencia.

met que se derriten en la boca. El avión aterriza en la tarde de un día caluroso, estival. Un Mercedes de clase E nos conduce a nuestro hotel. ¡Qué lujo! Las puertas de la entrada son de oro y un servidor sonriente lleva nuestras valijas hasta el cuarto. Hay un piso de mármol, techos altos y un olor de candelas en nuestro cuarto espacioso. Después de instalarnos, ya está la noche – el tiempo para un paseo romántico. Venecia es mágica; es como habíamos entrado en una película. Las personas están moviéndose lentamente, hablando y hay gente vendiendo su arte en las calles. Yo puedo oír el hilo del agua hecho por los remos de las góndolas. A lo lejos, un hombre toca una melodía con su acordeón y la audiencia Hoy es la primera vez que estoy aplaude. Se puede oír el tintineo de las en Europa y es un choque cultural. Dumonedas que caen en su sombrero de rante el vuelo estábamos en la clase pri- paja. Paseamos por los restaurantes mera, una experiencia de lujo como donde los amantes charlan por luz de las nunca antes. Los asientos mullidos eran velas. Las candelas su cada mesa de los cubiertas de cuero y dejaban mucho bistros reflejaban en el agua, creando un espacio para las piernas. Había pequebrillo anaranjado, afectuoso en todas ños televisiones con una grande selecpartes de esta ciudad más mágica que vi ción de canales. Por supuesto, la comida en mi vida. en la clase primera es mucho mejor que la en la clase turista. Hay ternera con espárrago y papas u otros platos gour-

Una pequeña ciudad como Volterra en la Toscana no es muy conocida por el mundo exterior. Yo ni siquiera sabía que existía. Un pequeño carro rojo nos conduce hacia el sur a través de pendientes fuertes para llegar hasta el pequeño pueblo. Tiene solo diez mil habitantes pero está tan lleno de encanto y personas dulces que no se puede aburrir. El coche diminuto nos deja en frente de una villa toscana. Una anciana abre la puerta y nos da besos diciendo que nuestro cuarto está arriba y nos pide de pasar y sentirnos como en casa. Entramos en el vestíbulo y una linda aroma de tomates dulces flota en el aire. Todo en la casa está ordenado.

Perspectivas Mayo  

Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina

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