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Hola, me llamo Celia Herrera y soy una de las ganadoras del concurso "Come Reza Ama." Expliqué en mi solicitud que en los últimos pocos años yo había perdido mi senda religiosa y como resulto me sentía desgraciada y sola. Las personas increíbles de Perspectivas me dieron la oportunidad de viajar a un monasterio budista en Tailandia para redescubrir lo que significa la fe para mí. Por lo tanto, hace dos semanas, hice mis maletas y me fui en una aventura que cambiaría mi vida drásticamente. Después de un viaje sumamente largo en un avión que se tambaleó de lado a lado más de la mitad del vuelo, seguido por viajes en dos autobuses diferentes pero igualmente desvencijados, finalmente llegué al monasterio Suan Mokkh en el sur de Tailandia. Ansiosamente, emergí del autobús apretujado y cuando miré hacia arriba, vi que yo estaba rodeada por unas docenas de árboles inmensos, cuyas hojas reflejaban unos miles de tonos verdes en el atardecer. No había visto nada igual. La luz brillaba a través del laberinto de ramas y calentaba mi piel

La belleza de lo que veía en frente de mí, me quitó el aliento. A la izquierda había una laguna del color del cielo, cuyas aguas besaron suavemente los bancos que la rodeaban. Innumerables azucenas salpicaban por

ojos y eché una ojeada a mi derecha. Al centro de un jardín topiario circular había una estatua impresionante de un hombre, por lo menos ocho pies de altura. Su cuerpo musculoso, era herrumbrado debido a años de exposición a los elementos. Era colocado con las piernas cruzadas y los brazos en reposo en sus muslos y. Parecía tranquilo y sereno, sentado entre las flores, como si me estuviera invitando a acompañarle mientras que meditaba sobre las dificultades de la vida. Sin embargo, todavía tenía que encontrar el edificio principal del monasterio y las correas de mi bolsa de cuero pesado estaban cavándose en mi hombro. Así que me aparté de la estatua e inicié la larga caminata hacia mi renacimiento religioso. Unos minutos después, me tropecé con un puente negro que se extendía a través de un río pequeño. En el tributario minúsculo vi varios peces que flotaban perezosamente. A medida que sus escamas carmesíes y naranjos se arremolinaban por todas partes, se dio la ilusión de que el agua estaba de alguna manera en llamas. El todas partes, gotas de roció se escurr- flujo gorgoteaba y bailaba mientras ían a lo largo de sus pétalos .Su fraque yo cruzaba el puente. Finalmente gancia picante, con trasfondos de cla- el camino de piedra llegó a su fin y se vo, menta y cítrico, flotaba en el aire. convirtió en un gran patio. Altísimos Dado que nunca dejé la jungla de as- árboles verdes rodeaban los bordes falto de Sao Paulo, la exuberancia de exteriores y nubes de blanco inmacueste espacio era abrumadora. Adyalado moteaban un cielo de azul procente a la laguna había un sendero fundo. Con cada paso que tomaba, se serpenteante de piedras del color de escuchaba el golpeteo de mis sandala ceniza. Unos arbustos de verde jade lias sobre la piedra. Nunca había sido cubiertos de flores sonrosadas bormás consciente de mi propia presenmientras que arrastraba mis maletas deaban el camino y llenaban el aire cia. Yo estaba tan preocupada de que hacia la entrada con gran dificultad. con un perfume sutil y ambrosíaco. mis zapatos de goma chirriante inteAbrí la verja de hierro forjado y sentí el Respiré profundamente y cerré mis rrumpieran el ambiente silencioso que metal curtido en mi palma. El pestillo ojos, lo que permitió que mis otros apenas noté el gran templo que apaera fuerte, durable, ligeramente erosentidos tomaran control. Oí el murreció en el otro extremo del patio. sionado, pero de alguna manera, sen- mullo del agua, sentí la caricia ligera sato. Mientras contemplaba la comde un viento juguetón en mi mejilla y plejidad de esto, entré los jardines del noté una calma profunda que emanamonasterio. ba del aire que me rodeaba. Abrí mis

Perspectivas Mayo  
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Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina