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Escogí por mi plato principal la paella famosa española. Me encantó profundamente esta paella española especialmente con su presentación maravillosa. El camarero me la dio y el aroma de arroz y mariscos frescos me rodeaba. La paella fue servida en un gran plato más blanco que la nieve con una montaña circular de paella con tantos colores que sentí que estaba mirando un arcoíris en vez de mi cena. La paella tenía una base de arroz gordo y amarillo y una abundancia de guisantes e hierbas verdes como el pasto en el campo. A la cima de la montaña de paella estaban los camarones (¡enteros!) y mejillones (¡en la concha!) como picos de esta obra de comida. Al lado de mi plato, estaban las rodajas gruesas de limón, brillante como el sol y las nubes de huevos duros. La paella me parecía una obra de comida aun con la presentación. Tuve que esperar un momento para asimilar la belleza de la paella que me esperó comerla. Empecé con un bocado de arroz y guisantes gordos. El calor de la comida calentaba el aire cuando pasó del plato a mi boca abierta y seguía calentándome cuando el tenedor entró a mi boca entre mis labios y dejó la paella sobre mi lengua. Mis dientes comenzaron a mascar la paella. El arroz parecía grande, casi duro a causa del tamaño, pero yo no tenía ninguna dificultad de mascarlo. Era tan blando como el pan caliente de horno y los dientes lo molían con placer. Los sabores del arroz eran magníficos; era una mezcla de las especias de sal, azafrán y paprika. Los guisantes dieron una textura semejante al arroz, pero al primer bocado, la textura de los guisantes era difícil de mascar, pude oír un crujido delicado de la cáscara rompiéndose y explotando la riqueza del gusto de verdura. El siguiente paso 88

consistió en probar los mariscos que estaban llamándome para comerlos. Tomé un camarón entre mis dedos y empecé a pelarle su cáscara para comer la carne sabrosa que estaba adentro. No fue un trabajo fácil; sentir la carne era un premio que yo traté de ganar. Este pedazo de marisco rosado tenía la textura más fina que todos los camarones que yo he comido en mi vida. La carne estaba firme y suave, un paralelo al arroz y los guisantes. Al otro lado, no me gustaban la textura y sabor de los mejillones. Este pedacito de carne gris y anaranjado con los vuelos al lado parecía extraño. Igual, los comí. El sentimiento de la carne en mi lengua se sentía casi lo mismo, como la carne era mi lengua y el calor de cocinar dejaba una calidez agradable en mi boca. Mordí el mejillón y lo sentía como goma, pero expirada hace muchos años. Continuaba de mascar y con cada mordisco, mis dientes saltaron al evitar la textura de goma del mejillón. No me gustaban mucho los mejillones. La experiencia de sabores cambió a una menos agradable pero los camarones eran muy divertidos para pelar y luego comer con placer. Vine de devorar mi plato de paella porque era el plato más delicioso que he comido en mi vida. Emparejado con el vino de sabores mezclados y las olivas tradicionales, la hora que pasé en el restaurante “Casa española” era la hora donde yo estaba más feliz durante mi viaje, cenando paella deliciosa y disfrutando de la vida tranquila en España. Quiero decir una gran gracias a la revista Perspectivas por la ocasión de viajar a España y tener esta experiencia fantástica con la cultura de España. ¡Buen provecho, olé!■

Perspectivas Mayo  
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Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina