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Imagina: sueñas con la idea de viajar a tu lugar preferido, disfrutando de la vida, cultura y comida por unas semanas. ¿Vas a aprovechar de esta ocasión? ¡Claro que sí! Me llamo Blanca Velasquez y gané el concurso de “Come, Reza, Ama” con la revista Perspectivas y tuve una experiencia extraordinaria en el país hermoso de España. La parte excepcional de esta experiencia era la comida. Estoy acostumbrada a la comida americana, con las hamburguesas que están llenas de grasa, papas fritas y refrescos. Entonces, la gastronomía española era una sorpresa fabulosa porque yo nunca me había enfrentado con este estilo de comida. Era la hora de cenar y por causalidad, encontré un restaurante, íntimo y pequeñito como en los sueños, ubicado en la esquina de una calle silenciosa de adoquines en el centro de una ciudad. Caminando por la calle, el nombre del restaurante escrito con delicadeza en la ventana con letras amarillas, atrajo mi atención. Me acerqué al restaurante y pude oír la

música bajita de flamenco. Los ritmos duros y suaves de la guitarra clásica, con las escobillas de talones vibrando las paredes y echoes de las vibraciones de cuerdas de guitarras. Mientras entraba al restaurante, un camarero guapísimo me dio la bienvenida, tomó mi chaqueta, me llevó a mi asiento, me trajo una copota de vino tinto y dijo “cortesía de la casa”. Cuando me lo pasó, no pude imaginar que mi viaje no era un sueño, era la realidad. Entonces, yo estaba en el restaurante agarrando mi copa de vino tinto “Rioja” con entusiasmo. Este vino es el más conocido de España por sus sabores fabulosos pero fuertes. Mi primer sorbo era como un golpe de líquido a mi boca seguido con un sentimiento de fuego interno. Claro que no tomo vino con frecuencia, entonces tenía que acostumbrarme al sabor. Se me cerraron los ojos y empecé a probar otra vez. Unos sorbos más tarde, tomé el vino sin tragar. Lo movía en mi boca, entre las colinas y montañas de mis dientes, hasta que todos mis dientes, lengua y paladar sintieron la suavidad y

la frescura del líquido. Trago. Un montón de sabores me encontró. Caté en el vino las raíces biológicas y un sabor muy fresco, clásico y fuerte. Probé un sorbo otra vez. Encontré más sabores: cereza rica, mora pura, roble claro y vainilla dulce. ¡Qué experiencia de tomar vino! Esperando mi cena, yo comía las olivas verdes como aperitivo. El restaurante estaba lleno de mesas con manteles rojos y boles blancos con olivas verdes y frescas de los campos de España. Las olivas me recordaban a mi coche que también es verde, pero más oscuro y sombrío que verde natural. La combinación del aceite y oliva (y el sabor de Rioja todavía) me dejó con un sabor extraño en mi boca: una combinación de vinagre, olivas, raíces y frutas del vino. El sabor es casi imposible de describir porque era tan extraño, pero sensacional. El olor que venía de la cocina era también sensacional: olor de pan caliente de horno, de café, de salsas y carnes a la parrilla.

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Perspectivas Mayo  

Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina