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Allí me quedé. Sola. Mirando hacia el océano. Soñando con todas las posibilidades que este mundo tenía que ofrecer. Podía sentir el agua tibia corriendo por la orilla que cubría mis pies con la arena. Este lugar se sentía especial, pero yo no tenía idea por qué. Mientras miraba mí alrededor, todo lo que podía ver era el agua turquesa brillando bajo el sol radiante-; la arena blanca que me rodea y los acantilados tan altos que parecían a los rascacielos gigantescos. Yo no lo sabía, pero este lugar determinó mi existencia- hace muchos años. En 1988, mi familia estaba de vacaciones en Cabo San Lucas, México. Al principio del viaje, mi madre y mi padre se habían hecho amigos de una pareja muy amable, Sean y Annette. Cerca del final del viaje decidieron ir a Lands End o "Playa del Amor", como se conoce más comúnmente. Sean y Annette salieron antes de mi madre para buscar el lugar perfecto en la playa. Mi madre los seguía de cerca lentamente. A medida que tomaba

cada paso, ella miraba a su alrededor y tomaba cada detalle de todo lo que se presentaba delante de ella. Los muros de piedra de color beige parecían como acantilados gigantes al lado de su pequeño cuerpo. La cálida brisa soplaba por su pelo, susurrando sonidos dulces en sus oídos, la blanca arena caliente llenando los espacios entre los dedos de sus pies, el sonido apacible de las olas golpeando la orilla para regresar al océano tan rápidamente como aparecieron. No muy lejos de donde estaba, las olas rompían violentamente contra los acantilados, haciendo una especie de música que sólo se podía escuchar en un lugar tan pacífico como éste. Los pájaros cantaban y ella se sentía más libre que nunca en ese momento. Éste era el lugar más sereno de la tierra. Mientras caminaba, levantó la vista y vio a un hombre desnudo de pie en la parte superior del acantilado. Sin darse cuenta a dónde iba, mi madre tropezó con una roca y se cayó en la arena. Después de reírse un poco, se

puso de pie y se paseo hacia la orilla. Ella dio unos pasos hacia el agua del Océano Pacífico, pero se cuidó de no ir demasiado lejos, ya que no sabía nadar. Había escuchado una advertencia de no nadar debido a la corriente muy poderosa que había seguido así durante los últimos días. A medida que se enjuagaba las manos, vadeó un poco más lejos en el océano. Ella se inclinó, se salpicó las piernas, y antes de que ella pudiera levantar los ojos, una ola gigante se desplomó sobre ella. La atrapó en la resaca poderosa: una corriente más fuerte que cualquier hombre. La tiró de izquierda a derecha, y la arrojó contra los muros de piedra rígida, una y otra vez, repetidamente. Después de ser lanzada de un lado a otro, se quedó bajo el agua y se cortó la cabeza con una roca. En este momento, fue apaleada, como si fuera una mujer maltratada, sin fuerzas para salvar su propia vida.

Perspectivas Mayo  

Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina

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