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Treinta minutos más tarde, volví a mi casa empapada en sudor y jadeando como un perro. Correr era más difícil que pensaba. Yo apenas podía correr cinco kilómetros mucho menos veintiuno. Por los siguientes días no era capaz de caminar, ni sentarme ni subir la escalera sin sentir un dolor insoportable en mis piernas. Se sentía como mis muslos pesaban dos toneladas cada uno y que mis músculos estaban en llamas. No obstante, porque soy una persona terca, y porque había resuelto de terminar la carrera en menos de dos horas, continuaba de correr cuatro días por semana. Al principio era horrible. Ir a correr era como ir a una guerra. Mis zapatos y mis cortos eran como mi armadura, mi iPod y mi botella de agua eran mis armas, y después de cada carrera parecía a un soldado que apenas había sobrevivido una batalla. Sin embargo, de algún modo, comencé a mejorar. Después de un mes era capaz de correr por una hora sin dolor y sin estar mareada al fin. Perdí cinco libras y tenía más energía que nunca. Una noche, antes de acostarme, puse mi despertador para las siete de la mañana y me di cuenta de que tenía ganas de correr en la mañana siguiente. ¡Ir a correr ya no era una faena! Había transformado en algo que me tranquilizaba cuando sentía enfatizada y le consideraba una manera de despejar mi mente. Las semanas pasaron volando. Mis zapatos, una vez blancos, estaban teñidos de barro y mis piernas, que antes estaban un poco gorditas, ahora se movían como pistones mientras corría. Las calles y la cinta eran mis mejores amigos nuevos y lo que había sido una lucha, ahora era sencillo. Cada vez que corrí, me acerqué más a mi meta, pero todavía necesitaba bajar mi tiempo por cinco minutos y sólo había dos semanas hasta la carrera. Un día, después de correr por casi dos horas, me sentaba en frente de mi casa y reflejaba en mi viaje hasta ahora. Me quite los zapatos y me deslicé los pies descalzos a través del césped. Las briznas lisas hicieron cosquillas a mis dedos y el aire húmedo y caluroso era como una manta que envolviéndome. Recordé el hombre de la tienda, quien tenía demasiada energía y quien me hice nerviosa. Reflexioné sobre los ejercicios que hice en el gimnasio hace un año. Concluí que en este momento estaba feliz, preparada, atlética y orgullosa de mí misma. Me apoyé en el borde de mi casa y me relajé. Se sentía como la parte más

difícil había terminado y solamente tenía que descansar por una semana antes de mi carrera. Desafortunadamente, esta semana de descanso era un desastre. No podía dormir ni comer y no se me permitió

Durante los siguientes veinte minutos, fingí estirarme, pero realmente mis pensamientos estaban corriendo y no podía respirar. Estaba tan nerviosa. No podía dejar de pensar, ¿qué pasaría si no pudiera hacer esto? Entonces, como una especia de ángel de la guarda, oí la voz de mi padre en mi oído, "Todo estará bien." Una sensación de calma me resbaló. Yo respiré profundamente y me acerqué a la línea de salida. Mis músculos se tensaron y el arma se disparó, lo que indica el comienzo. ¡La carrera había empezado! Corría y corría y corría. ¡Todo iba muy bien! Cuando llegué a la marca de diez millas todavía estaba en el ritmo y sólo necesitaba mantenerlo por 3 millas más para terminar en menos de dos horas. Mis piernas aporreaban en el pavimento, el sudor goteaba de mi frente y mi música atronaba en mis oídos. Vi la estación de agua siguiendo recto y desaceleraba. La posibilidad de apagar mi sed me distrajo y como resulto, mientras corría hacia la mesa, me tropecé. Me caí al suelo en cámara lenta. Mi rodilla se estrelló contra la tierra y mi codo patinó por el asfalto. Horrorizada, yacía ahí, inmóvil, pensando que ahora nunca sería capaz de terminar la carrera. Miré a la rodilla que estaba sangrienta, y cuya superficie estaba cubierta de pequeños trozos de grava. correr para aliviar mis nervios porque mis ¡No! Esta caída no podría arruinar mi músculos necesitaban descansar. La noche carrera. Había trabajado demasiado duro y antes de la carrera me tomé dos Advil, me había dedicado demasiado tiempo para metí a mi cama y esperaba lo mejor. Siete renunciar ahora. Me levanté, arrojé un horas más tarde, me desperté con el poco de agua sobre mi rodilla y comencé sonido de mi despertador y el olor de café a correr como nunca había corrido antes, fresco que venía de la cocina. Me puse mi hacia la línea de llegada. Mi mente estaba par favorito de cortos, até los cordones de corriendo, mi corazón latía con fuerza y mis mis zapatos y cogí dos barritas de cereales piernas estaban ardiendo. No hice caso y una manzana de la alacena. Todavía del dolor insufrible y con mi último gramo estaba oscuro afuera cuando mi madre y de energía, crucé la línea de meta y me yo subimos al coche. Mientras que derrumbé en el suelo, completamente nosotros conducíamos a la carrera, el sol agotada. empezó a salir. El horizonte estaba Al final, terminé la carrera en una hermoso, naranjas, rojos y rosas mezclaban hora y cincuenta y nueve minutos. Nunca juntos y el aire afuera calentaba poco a he estado más orgullosa de mí misma. poco. Aparcamos el coche y nos dirigimos Hubo momentos en que quería dejar de a la mesa de registro. Mis manos intentar, momentos en que dudaba de mí temblaban mientras yo tomaba mi babero misma y tiempos cuando mi cuerpo y lo puse en mi camisa. simplemente no podía soportarlo más. La mujer en la mesa me miró y Pero he aprendido algo durante mi me preguntó, “¿Es ésta su primera carrera entrenamiento para esta carrera: nada que querida?” vale la pena viene fácilmente, hay que “¿Es realmente tan obvio?” le trabajar duro. Solamente entrené por dos respondí, avergonzada. meses para esta carrera, pero me acordaré “Siempre reconozco esa mirada de esta lección por el resto de mi vida.■ de terror. No te preocupes, ¡sólo tratas de divertirte!” dijo ella, sonriendo afectuosamente. “Gracias por el consejo. Intentaré de hacer lo mejor posible.” “¡Buena suerte chica!”

Perspectivas Mayo  
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Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina