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Con eso, el aire fresco de la noche entró en el vehículo y la mujer avanzó hacia la ventana para escapar y salvar a sus niños. Primero, sacó sus piernas, y después se arrastró afuera del coche. Trató de levantarse pero sintió un dolor inmenso en su cabeza que le hizo caer. Claro, era de noche… ¿pero por qué todo estaba tan oscuro? Casi no veía nada. Se acercó hacia la puerta trasera y forzó que la abriera. Veía a Emelina, que tenía un poco de sangre en la cabeza y la silla del conductor había caído encima del pequeño cuerpo de la niña. “¡Mami, me duele mucho!” lloraba Emelina. Su madre removió la silla. “Emelina, amor, ¿puedes quitarte el cinturón?” La niña presionó el botón y el cinturón abrió. “Ahora salte del coche, ven.” La chica salió con gritos de dolor señalando su pecho. Debe ser una costilla rota. “Escúchame hijita, hay gotas de gasolina en el coche que pueden causar un fuego ¿entiendes? Quiero que te muevas hacia la calle, ¿la vez por arriba?” La niña asintió con la cabeza, su madre veía que tenía miedo pero se dirigió hacia las luces en la cima de la colina. La madre de los chicos corrió hasta el otro lado del coche donde estaba su hijo. “¿Felipe? ¡Si me oyes responde!” No oyó la pequeña voz de

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su hijo que ella adoraba. Con los minutos que pasaban la luz desparecía más y más. ¡Qué bosque tan oscuro! Abrió la otra puerta trasera y lo que vio la hizo caer de rodillas. “¡Dios mío, Felipe!” Su sillita de coche estaba boca abajo. La levantó un poquito para ver a su hijo. Sus manos temblaban. La sillita estaba mojada con sangre. La hermosa cara de su niño estaba cubierta con líquido rojo. Sus ojos estaban cerrados. Ella puso dos dedos en el cuello del niñito. ¡Gracias a Dios, un pulso, pero tan débil! Había una ruptura en su costado donde perdía mucha sangre rápidamente. Entendió instantáneamente que su hijo corría el riesgo de perder la vida. Cuando trató de tirar la sillita afuera del coche vio que la silla estaba atascada. Vio que la abolladura en el techo era tan grande que el niño fue atrapado entre esta abolladura y el suelo del carro. Las manos de la madre no llegaron hasta el cinturón de la sillita. Sólo Felipe podría quitárselo pero él no estaba consciente. En este momento, con visión borrosa, la mujer vio una pequeña llama comenzando en el capó del coche.

No, no puede ser, mi peor miedo.

Dios. Por favor, ayúdame esta vez, lo

único que quiero es la seguridad de mi familia. Parecía que Dios no la es-

cuchaba. La pequeña llama se convirtió en un fuego verdadero. “Felipe, Felipito, por favor mi niño, ¡despiértate!” lloraba la madre. Ahora todo el frente del carro estaba envuelto en llamas. La mujer podía oler el caucho y la pintura del vehículo fundiéndose. En su desesperación, puso sus manos arriba e intento empujar el techo pero el metal era mucho más fuerte que ella y las llamas se acercaban… “¡Felipe, despiértate!” ella intentó otra vez. El fuego ya entró al interior del carro. Las fotos que tenía en el carro se quemaron. Creía que esto sería el fin de su vida. ¡Qué

horror! Emelina crecerá sin madre, mi marido sin esposa, sin su hijo.

Miró a su alrededor, tal vez habría un poco de agua para extinguir el fuego. Por lo menos por algunos minutos, por el tiempo que ella necesitaba para remover Felipe del coche. Encontró una pequeña botella de agua que vertió sobre las llamas. Esto no ayudó nada. Dios, te suplico una

vez más, ¡ayúdame! Yo no debo vivir, pero mis hijos, Dios… ¡protege a Felipe! Sacudió la sillita donde estaba Fe-

¿Cómo podía sacar a su hijo del carro? lipe. Ya podía sentir el calor de las llaParecía imposible. Comenzó a rogar a mas en su cara.

Perspectivas Mayo  

Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina