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“¡Mami, ayúdame!” sollozaba la pequeña chica. El coche estaba volteado al revés. La mujer y sus dos niños estaban en medio de un bosque en la noche. Su hija estaba gritando – lo había hecho todo el camino hacia abajo de la colina. El viejo Ford había dado tres vueltas de campana. Durante los gritos de socorro de su hija, el niño no dijo nada, no gritó, no lloró, estaba completamente silencioso. El silencio de su hijo le preocupaba mucho más que los gritos de su niña. Tres y seis años…

¡son demasiado jóvenes para morir!

pensaba la madre. “¡Mami por favor, no puedo respirar!” Oír esta cosa de su hija le puso los pelos de punta y rasgó su corazón. El celular… ¿dónde está?

Dijo la madre, asustada. Se recordó que estaba en el maletero dentro de su bolsa, ¡qué mala suerte! ¡Durante una emergencia! La mujer cogió su cinturón para quitárselo pero no funcionaba – y como su carro estaba al revés, no podía ver nada por debajo. “Espera mi amor, mami te ayudará. ¿Felipito, estás?” Su hijo no respondió. No podía girar para verlo. “¡Emelina, dime lo que está pasando con Felipe!” La pequeña chica respondió con un llanto “No sé mami”. Esto significaba que tenía que apresurarse. Se acordó que había una navaja en la guantera del coche. Lo abrió, tomó el pequeño cuchillo y empezó a cortar el cinturón. En este momento vio pequeñas gotas enfrente de su cara. Tendió su mano a

las gotas y las olió. Dios mío, es ga-

solina.

La adrenalina bombeaba a través de sus venas como nunca antes. ¿Vamos a morir? se preguntó. Aceleró sus cortadas con la navaja y lo liberó del cinturón. Intentó abrir la puerta pero estaba tan abollada que no la podía mover. Esto no la detuvo. Tenía que romper la ventana – algo que no quería hacer porque los fragmentos de vidrio podrían ser peligrosos. Sin embargo, no veía otra solución. Entonces, empezó a patear la ventana que estaba ya agrietada debido al choque. La ventana se rompió con cuatro patadas.

Perspectivas Mayo  
Perspectivas Mayo  

Karina, Emily, Alyssa, Maureen, Alice, Juan, Eva, Nina