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CÉSAR VALDEBENITO: Un confidente insobornable y provocativo Por ERNESTO JAMETT Fotografías: LUIS REBOLLEDO

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César Valdebenito se ha convertido en uno de los notables escritores que ha irrumpido en la escena nacional en el último tiempo. Nacido en Concepción, ya ha publicado los libros de poemas: El Jardín y Urnas, su libro objeto: La muerte de Bukowski, una Antología de poetas chilenos jóvenes, la novela: Correcciones Elementales, el libro de cuentos: Todas las rameras de Chile (Ediciones Nuevos Vientos, 2009), la recopilación: El amante de la China del norte (Ediciones Literae, 2011) y acaba de salir a la venta el libro: La Muchacha que deseaba vivir en un invernadero, imperdible publicación que reúne tres cuentos futuristas, un poema y una obra de teatro.

P

areciera que algunos escritores

desearan comunicarle al lector algunos de sus problemas. Puede ser, sin embargo ningún lector perdona jamás a un escritor que lo utilice para su terapia personal. ¿Cuál fue la primera reacción de la crítica establecida ante tu narrativa, y ante esos personajes que retratas de manera tan notable? Al comienzo, indiferencia absoluta. Luego comenzaron a aparecer las caras de incomodidad y consternación, al parecer les asustaba que mis personajes fueran encantadores cuando iban camino del manicomio. Tienes un público cautivo, ¿por qué crees que sucede eso?

Supongo que les interesa lo que escribo porque muestro en su esplendor la condición humana. Ellos se dan cuenta que, con una simple observación, quiero penetrar en los océanos de Marx, Spengler, Heidegger y Tolstói, con Dostoievski y Kierkegaard entre bastidores. Es decir, me interesa pasear por las cámaras de tortura de la conciencia moderna, y yo creo que si no se escribe de esa forma entonces no tiene mucho sentido escribir. Has sido un poco duro con cierto tipo de narrativa que se publica en la actualidad. Sí, tal vez. Yo creo que algunos narradores no están en absoluto locos, de hecho muchos son muy cuerdos. No hay locura en ellos, y la locura es un factor muy determinante para un escritor. El escritor debe ser un poco extraño, o demente, solo un poco. Me gusta que un escritor sea algo loco, pues entonces nadie puede estar seguro de lo que va a decir. Cuando me pongo a escribir me gusta sentirme así: sin saber cual será la próxima

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frase. Sentirme que estoy en el peligroso filo

maravillosamente útiles para periodistas,

entre la racionalidad y la locura.

académicos y críticos y engloban a un conjunto de escritores muy dispares en

¿Los escritores que no están algo locos tendrán alguna cualidad en común? Su incomparable capacidad para hacer llegar al cerebro innumerables impulsos poco interesantes y lo hacen muy bien, eso lo manejan el revés y al derecho. Por otro lado, te puedo decir que a mí, me encanta Paulo Cohelo, no tengo nada contra ese hombre, me fascina, pero me gusta mucho más El proceso de Kafka, García Márquez, Tolstoi,

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cuanto a calado, amplitud, simpleza, vulgaridad e incluso mediocridad. Lo importante es poder disfrutar de la perfecta soledad que se experimenta cada vez que uno se sumerge en un libro y en el momento exacto saber vislumbrar, sopesar, aquilatar cada página de esa lectura. Sin embargo, no les doy ninguna importancia ya que antes de la Next Generation o del Dream Team se hacía buena literatura y eso es lo deseable,

Ford, Bábel y un largo etc.

así que a esos nombres no les doy ninguna importancia como tampoco le doy

Se ha hablado mucho de la Next Generación de EEUU y del Dream Team británico, ¿qué

importancia a lo que se ha llamado el crack. Creo que dentro y fuera del crack existen

importancia le das?

excelentes escritores y también escritores que dejan mucho que desear. Es difícil creer en las

En primer lugar esas etiquetas son

palabras de Carlos Fuentes cuando afirmó


que podemos encontrar 100 escritores

dejen de mirar a Santiago! Esto es

interesantes en América Latina. Sospecho que en aquella época se le permitía decir

Concepción en grande. Esta ciudad tiene mucha fuerza, mucha energía. Quizás aún no

semejantes frases. Parece un encargado de una tienda de apuestas con miedo a muchas

encauzada hacia una orientación compartida, pero, ¿por qué venerar

cosas. En América Latina encontramos 12 o 15 escritores realmente interesantes con cierta

Santiago? Esto es mejor: está vivo. Concepción es una ciudad emocionante,

variedad de estilos, aproximaciones y temas y eso es asegurar mucho.

con una tradición cultural muy rica que hoy en día está absolutamente empobrecida. Sí, el centralismo es un problema, pero el

¿Cómo ves la gestión cultural en Concepción?

estado de las políticas culturales en la región ha ido mejorando.

Debemos estar más con los pies en la tierra, sabiendo quiénes somos y quiénes queremos

A la gestión cultural lo que le tiene que importar es que cada ciudadano sienta que

ser. Y una cosa que a mí me encanta: debemos dejar de soñar con Santiago,

su vida cuenta. Ese es parte de nuestro problema y la cuestión roza lo indecente si el

porque todos viajan a Santiago; continuamente se fugan de la ciudad. ¡Ya

halago ceba el interés. Como cuando el estado financia actividades culturales de

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universidades y esas mismas universidades se niegan constantemente a financiar actividades culturales de la gente. En Concepción los recursos están muy mal administrados. Concepción niega a sus artistas, antes no sucedía esto, pero hoy sí. Me dicen que yo sé criticar, que no ofrezco soluciones. Pues inmediatamente les doy una solución: cambien a los administradores. Aunque no creo que sean capaces de entender, a esa gente es muy difícil ponerles la cabeza en orden. Desde las diferencias, que son fantásticas, hay que pactar una ciudad común entre políticos, empresarios, asociaciones intermedias y ciudadanos. Y ese pacto, ese diálogo, debe renovarse de manera constante, porque la gente cambia. Y eso no se ha hecho. El problema que tienen es que, al parecer, son demasiado brillantes. Cuando piensan una cosa ya creen que está hecha, resuelta. O peor aún: la piensan y se olvidan de ella. Y no, recién entonces viene lo mejor, que es implementarla. Percibo, sin embargo, que hay gente joven, que es más gestora, que sabe qué es montar las cosas y no se pierde tanto en el mundo de las grandes ideas. Volviendo a tu escritura. En tu último libro: “La muchacha que deseaba vivir en un invernadero” hay tres cuentos futuristas, ¿existe algo de realidad en esas historias? Lo pregunto porque la ciudad de Concepción se ve muy bien retratada en ese posible futuro apocalíptico. Efectivamente, plasmé una imagen muy vívida de la ciudad, sin embargo cada historia partió con la obsesión de desentrañar y ahondar en los conflictos propios del hombre moderno, inventando una historia en la que podía ser ambiguo y absolutamente claro. Evidentemente la fachada es una delgada capa externa que el lector tiene que

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quitar para extraer la perla. Pero de algún modo he entrado en la ficción autobiográfica, partiendo de experiencias vitales como base narrativa. En este sentido adhiero a la narrativa más antigua: la de Los cuentos de Canterbury de Chaucer, el Decamerón de Bocaccio, la obra de Rabelais, Swift, de Sade y muchos otros. ¿Cuál era tu interés al retratar el Apocalipsis en La muchacha que deseaba vivir en un invernadero? Nunca me interesó —ni me interesa— explorar la imagen del Apocalipsis, no le encuentro


mayor atractivo que a la imagen de una vaca pastando en un prado. Me interesa el ser humano y los conflictos que oculta en las capas más profundas de su espíritu. Para expresarlo de otra manera, sencillamente necesitaba situar a mis personajes en un entorno extremo; unos personajes que habían tenido una vida profundamente humana, y mostrar cómo buscaban el placer o la libertad o la venganza o el poder o el amor o la humillación. Te podrás dar cuenta que me considero uno de esos narradores que por naturaleza no trae buenas noticias para

Na tu ral men te Rico

nadie. ¿Pero cómo surgió la idea de escribir estos cuentos futuristas? Me seducía la idea de escribir algunas historias que causaran cierta nerviosa consternación. A esto siguió la idea de que los personajes deberían tomar verdadera conciencia de sus dolorosas heridas del pasado. Un pasado bastante oculto y ordinario como sucede en la mayoría de las vidas de los seres humanos. Para hacer bullir todo eso necesitaba poner a estas personas en un ambiente extremo, que finalmente fue lo que hice. Claro que la motivación, la energía necesaria para llevar a cabo y a buen puerto el proyecto debía encontrarla con urgencia, ya que por entonces estaba sumido en una inanidad completa, y para

Almendras, nueces, dátiles, avena, linaza, chía, sésamo, quínoa, pipoca de quínoa, miel, granola, muesli orgánico, productos integrales, productos de soya. Paté de aceitunas y de champiñones

ello hice lo que hago siempre; recurrir con sutileza a un pequeño ardid, imaginé a las editoriales comerciando destempladamente con el arte y al viejo Erzra Pound en el psiquiátrico y eso me bastó para emprender la tarea de manera cómoda y plácida. Por lo mismo me resultó muy divertido y muy fácil escribir los cuentos de La muchacha que

Pamela Chandía Zúñiga Facebook Naturalmente Rico Mail pamechandiaz@gmail.com Celular 98225323

deseaba vivir en un invernadero.

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