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El Gaviero

Periódico literario

¿Para qué leer cuentos?Fáber Cuervo

L

Valor $2.000

a vida es un cuento. Todo lo que nos acaece puede convertirse en un cuento. Una salida de compras, un viaje en el metro, un suceso en el colegio, en la universidad, o en el sitio de trabajo. Lo más anodino puede derivar en un buen cuento. Con cuentos nos educaron (hermanos Grimm, Andersen, Perrault), con cuentos se enamora a las mujeres, con cuentos aprendemos gozando. Un cuento es una narración breve donde se cuenta la vida, o un trozo de vida, o un acontecimiento particular de un personaje, con intensidad, tensión y un final que nos sorprende pues no lo esperábamos. El cuento, además, hace gala de gran imaginación, exquisito lenguaje, amenidad, musicalidad, bellas descripciones.

El cuento le habla principalmente al inconsciente. Lo hace a través de un contenido encubierto que nos inquieta; de ese modo activa la memoria celular, interroga lo que somos, despierta percepciones, sensibilidades, intuiciones, pensamientos, coordenadas y frecuencias. Nos lleva a interpretar con nuevos ojos, y a dar sentido a la vida. Leer cuentos sirve, entonces, para conocernos a nosotros mismos, para gobernarnos a nosotros mismos, para poder gobernar a los demás. Esto ocurre porque en la lectura nuestra alma se sumerge en la vida de otro, un personaje que hace de espejo al devolvernos información sobre nuestra propia individualidad. Enterándonos de las características del otro, nos damos cuenta qué

tanto de solidarios somos, o qué tanto de egoístas, o de generosos, de mezquinos, sensibles, etc. El más fuerte no es el que domina a muchos sino el que se domina a sí mismo, quien controla sus pasiones puede vivir mejor, es decir, en virtud, en el justo medio, haciéndose cargo del propio destino, para que no quede en manos externas. La lectura de cuentos también nos ayuda a reconciliarnos con las polaridades que constantemente imbrican la existencia. La alegría y la tristeza, la tranquilidad y el desasosiego, el amor y el desamor, la compañía y la soledad, entre otras. Comprendemos que los opuestos hacen parte de la vida, pues para que exista el día debe existir la noche, para que exista la salud debe existir la enfermedad, para que exista el calor Continúa en la pág. 3

Literatura / Poesía / Música / Teatro / Crónica / Cine / Caricatura / Pintura / Fotografía / Educación / Filosofía / Historia

Contacto: elgavieroperiodicoliterario@gmail.com


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EditorialBotella al mar Enrique Serrano El hombre de la frase aguda

Comité editorial Comité editorial José Mario Sánchez Jaime Pérez Carlos Mario Garcés

José Mario Sánchez Henao

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n narrador es alguien que te lee la novela que nadie ha escrito y que a medida que te la cuenta se va escribiendo, algo mágico tal vez. Tiene a su alcance todos los recursos posibles; la saga de ficción que ha dispuesto contarnos, la verosimilitud y la veracidad, la historia misma, sacada de la realidad, el modo de contar y quizá uno a uno los detalles de esa vida que ha dispuesto poner a nuestro alcance, su manera de ser y percibir el mundo, el modo de moverse en él, su concepción ética y moral, sus pasiones, sus sueños y obstáculos más próximos, sus demonios y ángeles, ya en un contexto más humano, los caracteres, trazos, detalles físicos y espirituales, pero sobre todo su papel y el modo de asumirlo, en su vida propia.

Colaboradores Carlos Arango John Alex Sánchez Anderson Arenas Jairo Alberto García Fáber Cuervo

Esto y quizá más, es la materia prima de la literatura, así sea literatura histórica: novela, cuento, relatos, todos con trazos de verosímil apariencia, que nos conduce a una atmósfera no plana, a la certeza de haber existido, de haber ocurrido, de haber sido.

Ilustración del gaviero John Alex Sánchez

En su primer libro, La marca de España, encontramos un escritor ya maduro, avezado, ducho, un maestro en el arte de narrar y construir atmósferas. Allí, en cortas, pero intensas historias, nos sumerge en ese mundo español y pre español, lo mismo que en las diversas culturas que enriquecieron ese mundo; cristianos, judíos, romanos, musulmanes y hasta en vidas personales como la de el filósofo Seneca, quizá el cuento más contundente e intenso, no solo del libro, sino del tema, una vida poética por naturaleza, reconociendo, claro está la claridad y calidad de los otros relatos, por donde se pasean, Carlo Magno, Gadir, los judíos, ladrones, asesinos y hasta apóstatas.

Contacto: 317 591 0258 317 482 8173 Medellín, Colombia

En el hombre de diamante (Adamancio) nos conduce de lleno por ese fascinante mundo de los primeros cristianos; un cristianismo guerreador y combativo, si se quiere, donde el personaje se entrega de lleno a su doctrina, tanto hasta castrarse, lo que de acuerdo a los preceptos cristianos propiamente, le resta méritos, al punto casi de marginarlo. La historia nos la cuenta su esclavo y discípulo Antonio de Scarpeta, el griego, quien a pesar de su condición, es un sabio, lo que nos hace pensar en un verso de Valencia, cuando habla de Silva “Sacrificar un mundo para pulir un verso” y en otro de león Felipe, que en este caso haría referencia a Antonio “para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera puede, cualquiera, menos un sepulturero”.

Edición Nro. 6 de 2013 2.000 ejemplares

Contenido Pág.

¿Para qué leer cuentos? Editorial. Enrique Serrano El hombre de la frase aguda Cuento: Lector a domicilio El encanto de los libros y la poesía Entrevista: Rodrigo Saldarriaga Caricatura de Luigi Publicidad ¡En búsqueda de lo imposible! Nicolás Gómez Dávila y sus aforismos Cuándo leer poesía Más sobre la poesía Stieg Larsson: del periodismo investigativo a la igualdad de género El sofá de Melanie

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Los comentarios y opiniones emitidos a través de estos textos son responsabilidad exclusiva de los autores, por lo tanto El Gaviero Periódico Literario como difusor de cultura los respeta en su totalidad y no es responsable de ellos.

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Como es apenas lógico, la vida de Adamancio, Orígenes, o el hombre de Diamante, supera cualquier precepto cristiano y aunque se le desconozca es quizá el más auténtico santo de su tiempo. El narrador no tiene que ser un erudito para conocer a su señor e incluso, para entregarnos dicha historia: “Casi todos los seres son estúpidos o están cerca de serlo. ¡La creación divina ha quedado tan imperfecta! Dios o los dioses, los hicieron inocentes y libres, las dos cosas no van bien, su libertad los hace pecar sin darse cuenta, pero son tan ingenuos hasta para hacer el mal, que no se percatan de que caerá sobre sus propias cabezas; incluso cargados de culpas siempre cometen los mismos pecados; lujuria, codicia, envidia, mezquindad, indolencia…” En Thamerlan, nos acerca y nos adentra a un mundo no menos religioso y al parecer, más sangriento, el mundo musulmán, el mundo de Allah y sus seguidores. Además de la justicia divina, este emperador, a toda costa, quiere aplicar la suya propia. Es necesario, fundamental, vital, que todos sepan quién es el que impone su poder, el gran Thamerlan. Aquí la historia nos la va a contar un Visir venido a menos, un visir que para el hoy de la historia, no es más que un ayudante de cocina, Mohamed Koagin, un hombre pleno de vida, bueno de una vida pasada y por ende de conocimiento, no solo militar, sino de la vida más práctica y cotidiana, es decir un hombre pleno de sabiduría: “Lo más bello del mundo es contemplar las rosas durante el día y mirar con detalle el cielo estrellado por las noches. Comer serenamente y con buen apetito y reposar en el lecho con la mente ágil y el cuerpo vigoroso” A pesar de la serias controversias, de los pro y los contra, de todo lo que especialistas han argumentado y esgrimido como que la novela histórica es una farsa y de que con artificios nos introduce a un mundo que no deja de ser sólo literario, eso precisamente puede ser lo que lo hace más grande, pues en cierto modo estaría recreando esasGarcés vidas, Foto Carlos Mario Toro, por Daniza Shelman


El Gaviero enriqueciéndolas, sacándolas de su cotidianidad quizá no tan especial y haciéndolas excepcionales. Enrique serrano es uno de los exponentes más agudos de este género y en nuestro contexto nacional, tal vez el único y lo es en todo el sentido de la palabra, la suya además del contenido literario e histórico que pueda presentar, es una obra de permanente reflexión frente a la vida o a la existencia. Sus personajes como lo propone Kundera, surgen más que de una circunstancia histórica o de la vida, surgen de una necesidad literaria o poética. Su narrador, además de lo que el mismo escritor pueda sostener, es un sabio, un hombre conectado no sólo con su tiempo y metido en él, sino alguien que conoce nuestras intuiciones, nuestro modo de ser y de sentir, nuestro modo de movernos en relación a esos hechos, acontecimientos, vivencias, trazos y porque no, caracteres de otro tiempo, es decir, un narrador omnisciente en todo el sentido de la palabra y más que eso elocuente, e incluso poeta.

Alguien que no contento con contar, se dispone a dar a conocer a fondo, a enseñar, para ello quizá como elemento verosímil urde frases como: “salir del fango cuesta, pero seguir en él es eternizar la desgracia”, cuida cada palabra, construye cada frase con el empeño del orfebre que vigila la arquitectura de su manufactura . Tiene frases para cada situación, por ejemplo, si del poder se trata: “Luchar es para después, los tiempos de paz requieren otros humores” o “Todo hombre ruin busca afanosamente una víctima en la cual desahogar sus culpas”, también; “El mundo no marchará bien mientras los sabios se encuentren al servicio de los imbéciles”. En cuanto a la religión no es menos elocuente: “He sabido que Alá no juzga a los tontos, perdería su sagrado tiempo” o “La secta del Nazareno lo exige todo sin tregua ni vacilación. Desgasta y abruma sin asomo de piedad”.

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A cerca de la justicia diría algo como: “Y no mató solo quien clavó el puñal o blandió la espada, sino aquel que no se ocupó de sus deberes”. El lector se siente ante cualquiera de los grandes clásicos, aunque el hecho de ser clásico es ser ya grande, es como si nos moviéramos entre Seneca o Shakespeare, sentimos la presencia de Mika Waltari e incluso de la Yourcenar. Un escritor aún joven y en plena fuerza, en pleno ejercicio creativo, es desde ya un clásico, uno de esos autores que uno quisiera leer y releer. “Pensar debe ser un oficio destacable y honorable y hacer pensar también, puesto que las mentes ociosas producen cuerpos monstruosos y crueldades sin término”.

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debe existir el frio. Aprendemos a no despotricar cuando hace frio, tampoco cuando hace calor. El cuento es tan antiguo como el hombre. Quizás fue el primer género literario que existió, ayudó a sobrevivir, comunicarse y explicarse fenómenos que no se podían entender con la escasa o nula razón de la época. Al principio fueron mitos, leyendas, epopeyas, relatos que se transmitieron de boca en boca en el mundo oriental. Tuvieron una intención pedagógica y moralizante. Se dice que el primer cuento escrito en tablillas de barro fue la epopeya del Gilgamesh hace 5.000 años aproximadamente en Mesopotamia (Irak). Narra la búsqueda de la inmortalidad que hace el rey Gilgamesh junto con su amigo Enkidu. En la aventura, Gilgamesh logra llegar hasta donde un sabio inmortal quien le dice dónde hallar la planta para recuperar la juventud. Gilgamehs entra al fondo del mar y saca la planta, pero al depositarla en la orilla y prepararse para ingerirla una serpiente se la roba. Este cuento antiguo ya habla del interés del hombre por alcanzar la inmortalidad de los dioses, y de paso obtener la eterna juventud. Tal vez, en su misteriosa resolución (la serpiente se come la planta) esté una de las primeras claves que se nos ofrece para darle sentido a la vida: más importante que buscar la eterna juventud, es entender que podemos encontrar amigos quienes pueden ser grandes apoyos para crecer sin doblegarnos ante las adversidades. Otro cuento importante en la antigüedad fue el Poema babilónico de la creación o el Enuma Elish, hace 4.000 años aproximadamente. En él, Marduk, dios de la

luz y el orden acepta la misión de derrotar a Tiamat, diosa de la oscuridad y el caos. Cuando la mata, parte su cuerpo en dos mitades, de las que forma el cielo y la tierra. De su cabeza hizo los montes, de sus pechos las altas montañas, de sus ojos los ríos Éufrates y Tigris. Este cuento alude a la eterna lucha entre el orden y el caos, y también ofrece algunas claves para que asimilemos la existencia de todo cuanto existe como emanaciones de esa constante y necesaria oposición. Es de lo que hoy se ocupa la teoría del caos. La India es cuna de numerosos y hermosos cuentos. Allí surgió el Panchatantra o libro de los cinco principios, una colección de fábulas elaboradas con el fin de educar a los príncipes. De éste se derivó Calila yDimna, otro libro de cuentos ejemplarizantes, contados y protagonizados por un buey, un león y dos chacales llamados como el título del libro. Uno de los cuentos del Panchatantra, apto para entender el mundo de hoy, es Los brahmanes y el león. En un pueblo vivían cuatro brahmanes, tres tenían todos los conocimientos y el cuarto sólo tenía cordura, pues despreciaba el saber. Un día emprendieron un viaje para lograr el favor de los reyes, en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos propuso: es la oportunidad de ejercitar nuestros conocimientos, es un animal muerto, ¡resucitémoslo!, yo sé componer el esqueleto. El segundo dijo, puedo suministrar la piel, la carne y la sangre. El tercero dijo, ¡puedo darle vida! Ya iban a rehacer el animal muerto cuando el hombre cuerdo dijo, ¡es un león, si lo resucitan nos va a matar a todos! ¡Eres un hombre simple!, le respondieron. Esperen entonces, yo me

subo a este árbol. Cuando se subió, resucitaron al león, éste se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó que se alejara el león para bajar del árbol y volver a casa. Este cuento exalta aquello que más falta nos está haciendo en las relaciones con la naturaleza. Estamos llenando con basuras los mares, con gases contaminantes la atmósfera, con cianuro los ríos, con plásticos los lagos. Arrasamos los bosques, las selvas, los páramos, para sacar petróleo, oro, platino y otros recursos minerales-energéticos, como si éstos reemplazaran el oxigeno, el agua y los alimentos.

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Los cuentos y libros mencionados, prepararon el terreno para que en otras geografías brotaran cuentos como las hierbas. En el mundo árabe, apareció Las mil y una noches, extraordinario libro narrado por Sherazada, una doncella que entretiene a un rey cada noche para que no la mate, como solía hacer con aquellas que apenas le complacían. Sus cuentos son un derroche de fantasía, imaginación, ficción exuberante, belleza estética, sensualidad, colorido, picardías, trampas, intrigas, se duccione s, e sp e ctaculare s robos, milagros, y mil cosas más. Cuando el cuento empezó a desarrollarse en Occidente, se tornó menos esquemático, y perdió importancia la intención moralizante. Surgen cuentos con personajes más elaborados y complejos, la vida se muestra tal como es, el escritor evita calificar situaciones y personajes. En Estados Unidos aparece un hombre ebrio de vida y enfermedad, un caso singular de la fabulación: Edgar Allan Poe. El escritor que gusta emparedar cadáveres en las paredes. Maestro del terror. En su cuento El gato negro, un hombre que ama los animales desde que es niño, coge aversión a la mascota de él y su esposa. En un acceso de intolerancia, mata al gato y a su mujer, a ésta la incrusta en el muro de una habitación. En otro de sus cuentos, El tonel del amontillado, un hombre se venga de su amigo atrincherándolo en una bodega de vinos. Estos cuentos nos están hablando de los impulsos thanáticos de la naturaleza humana; así como nos mueven impulsos eróticos o de amor también los hay de muerte, y en cualquier momento y en cualquier ser humano pueden emerger.

A Antón Chejov, un médico ruso que dejó de atender pacientes para dedicarse a escribir cuentos, le parecía más terapéutico y gratificante hablarle al espíritu, porque sabía que prevenía muchas enfermedades del cuerpo. Quizás su cuento más famoso es La dama del perrito, en la que un hombre y una mujer que tienen sus propios matrimonios se encuentran en un viaje de vacaciones en Yalta. Ambos huyen de la vida monótona del matrimonio, en sus encuentros furtivos hallan otra manera de procesar la felicidad sin sentirse encarcelados entre las paredes de una institución que atenta contra las inquietudes vitales de las personas. Otro hombre febril, éste francés, encuentra en la observación de los campesinos normandos y en las prostitutas, excelente tema para sus cuentos. En La máscara, Guy de Maupasant muestra a un hombre que baila como un joven ardoroso en una fiesta. Cubre su rostro con una máscara, la que retiran en el momento de caer afectado por el sobre esfuerzo. Su esposa cuenta al médico que su anciano marido trae esa costumbre hace tiempo, pues no quiere dejar de bailar y enamorar. Maupasant nos está hablando de la terquedad de la vida en querer aferrarse a un mismo paradigma de felicidad, cuando pudiérase cambiar la programación a otra que también sostenga el amor a la existencia. En América Latina se ha cultivado el cuento con un enriquecimiento de sus contenidos y formas. Entre sus cultores está los argentinos Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, eximios contadores de historias fantásticas. En Colombia, hay buenos cuentistas. Entre ellos se destacan Gabriel

García Márquez, Germán Espinoza, Tomás Carrasquilla y Mario Escobar. Estos dos últimos autores fundan y afirman la tradición del cuento antioqueño que nos retrata como seres humanos, como fauna y flora de una geografía. El padre Casafús (Carrasquilla), describe el carácter de un sacerdote que se erige como pacificador de conflictos y no como un azuzador de la violencia partidista. Historias del bosque hondo (Escobar) muestra con conocimiento de primer orden los comportamientos de los animales de Urabá. Los recursos estilísticos que usan, además de su particular mirada, hacen que sus textos literarios posean un carácter universal, y realcen la literatura nacional. En consecuencia, la lectura de cuentos de cualquier época y espacio, nos ayuda en el conocimiento de la naturaleza y condición humana, esto es, conocernos a nosotros mismos. Aprendemos a afinar las capacidades de la imaginación, el simbolismo, el lenguaje, la memoria celular, la sensibilidad, la interpretación, indispensables para el buen vivir. La literatura, en general, es una herramienta capital para enriquecer nuestras vidas, a través de las preguntas que ella nos suscita, de las significaciones múltiples que nos posibilita en la aprehensión de los fenómenos cotidianos. Es importante leer para que no nos engañen ni nos manipulen, leer para no tener miedos, leer para ser libres. Leer, no para matar el tiempo, sino para pensar y gozar la vida.

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LECTOR A DOMICILIO Carlos Mario Garcés Toro

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urante mi época de estudiante en filología hispánica, y debido a dificultades económicas, decidí buscar un empleo que me ayudara a salir adelante en mi carrera. Después de tocar puertas y puertas y ante las constantes negativas, un amigo me recomendó que aprovechara mi experiencia como lector de textos literarios en la emisora de la universidad (labor que realizaba cada ocho días sin recibir estipendio alguno), y me ofreciera a trabajar como lector a domicilio. Mandé a timbrar tarjetas que distribuí entre

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A Jairo Alberto García

profesores, personal administrativo y estudiantes. También publiqué un aviso en los clasificados del periódico local. Las llamadas y los apuntes en mi agenda poco a poco se fueron llenando. Entre los primeros usuarios de este servicio se hallaban tres hermanas solteronas ricas, a quienes gustaba les leyera cada semana con tono romántico a Julio Flórez, Ismael Enrique Arciniegas, Rubén Darío y a Juana de Ibarbourou entre otros autores. Otro de mis clientes era un magistrado a quien le leía Normas del Derecho, fallos judiciales, textos de economía

y política. Otra era una señora rubia que pasaba de los cincuenta y a quien le gustaba que le leyera textos clásicos de la literatura universal, después descubrí con asombro que la señora no sabía leer. Pero mi cliente estrella era Miguel Ángel Caballero, un hedonista, excéntrico y artista. La mañana en que me llamó escuché del otro lado del auricular una voz maravillosa y bien timbrada, como un rumor de mar o un sonido de estrella. Me preguntó si nos podíamos entrevistar aquella misma tarde, a lo cual


El Gaviero accedí sin reparos. Acordamos, pues, encontrarnos a las cuatro de la tarde en la plazoleta del centro comercial San Diego. Cuando llegué a la cita lo identifiqué de inmediato por el santo y seña que me había dado: me acompaña una mujer delgada y de pañoleta de flores amarrada a la barbilla, tengo barba blanca, visto camisa, pantalón y zapatos blancos y un bastón caoba. Era tal y como me había dicho, pero no en su totalidad y en su esencia. Aquel hombre contaba unos cincuenta y cinco años, e irradiaba un señorío y una dignidad como si él fuera una flor roja y los demás sólo flores marchitas grises y sin la vitalidad que él rezumaba. Se me parecía a Conrad. Era alto, delgado, de barba, bien cuidada, pulida y perfumada, de nariz recta, labios medio gruesos y vinosos, frente ancha y cejas pobladas, manos delgadas y blancas que se apoyaban en su fino bastón que terminaba en la talla de una cabeza de serpiente a la que le brillaban los ojos con un brillo amarillo y persistente. Nos presentamos, al estrechar nuestras manos sentí que la suya era más grande de lo normal, era fuerte, pero al mismo tiempo suave y de una delicadeza que asombraba. ¿Con que usted se llama Ramón Ulises y su profesión es la de lector a domicilio? Sí señor. ¡Vaya nombre y profesión! Siempre me han interesado los libros y su cercanía. ¿Los libros…? Vaya, los libros…ellos son como las mujeres, no como todas por supuesto, sino como aquellas que se dejan amar y son como un libro clásico. ¿Y su nombre? Mi padre también era un buen lector, y no sé, quizás… Ah, ya entiendo, por eso le puso esos nombres, es posible que por Ramón Gómez de la Serna y por el Ulises de la Odisea. Podría ser, aunque no puedo asegurarle nada al respecto señor. No importa, especular y dudar también es aprender de alguna forma. No olvide a los sofistas. Y a propósito, de Ramón Gómez de la Serna, una de sus greguerías que se puede paladear como un buen vino: Cuando sube la marea es porque Dios se está bañando. Y de Ulises. Todos en el fondo somos Ulises que de algún modo vamos de regreso a nuestra propia Ítaca. Pero mejor hábleme de usted y de sus estudios.

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Bueno Ramón, como ya le dije por teléfono, el método que vamos a seguir es simple, unos días yo le diré que leer, otros usted me sorprenderá, ¿de acuerdo? De acuerdo don Miguel. Pues bien, manos a la obra, y no se diga más, que quiero escucharlo. Voy a leerle, Claro de Luna de Guy de Maupassant, ¿le parece? Adelante.

manifestaban especialmente en sus ojos de un azul intenso, como de mar. Rebeca había llegado a los diecisiete años a su casa y desde entonces le acompañaba a todas partes, excepto en algunas tardes de lectura, especialmente cuando se trataba de lecturas de la piel. Otra cosa que debí decir desde el principio, Miguel Ángel caballero era ciego.

Le conté quien era yo, que había estudiado y que carrera estaba cursando. ¿El señor desea algo? Por el momento no Rebeca, y si quieres, puedes darte una vuelta y mirar por los almacenes.

A los tres días recibí su llamada para que me presentara al día siguiente, jueves por la tarde, a su casa, ubicada en el Poblado, un barrio de ricos. Llamé a la puerta, y no tardó en abrirme Rebeca, quien con una fina cortesía me condujo por el pasillo entapetado hasta desembocar en la sala principal en donde se encontraba sentado Miguel Ángel en una fina poltrona de cuero negro. Parecía un dios mitológico. Aquella sala rezumaba en buen gusto y arte, óleos y acuarelas en las paredes, bustos y torsos en mesillas circulares, esculturas casi del tamaño natural, candelabros con sus velones y un enigmático reloj de arena, pero lo que más sorprendía de todo era su vasta biblioteca dividida por altos y gruesos anaqueles de fino roble. En una de las repisas vi una fotografía de Henry Miller sonriendo. Tome asiento. Muchas gracias don Miguel. ¿Desea tomar algo? Un vaso de agua, por favor. Ya se lo traigo, dijo Rebeca. ¿Y qué me cuenta de su vida, Ramón Ulises? Nada que valga la pena don Miguel, sólo estudiar y leer. ¿Leer? Nada tan importante como leer.

Tiempo después supe que Rebeca era su empleada, y su lazarillo, una mujer de unos cuarenta años, delgada y de tez blanca, que denotaba todavía ciertos rasgos de belleza poco convencionales, los cuales se

Al poco rato regresó Rebeca con el agua. Bebí unos sorbos y por un momento me quedé observando el fino cristal del vaso donde el resto del agua permanecía quieta y transparente en el fondo.

Al momento de dar inicio a la lectura pude observar que cerraba sus ojos neblinosos y sus orejas puntiagudas y rojas se movían de la base hasta quedar ancladas a la superficie occipital de su cabeza. Era todo oídos…“El padre Marignan llevaba con gallardía su nombre de guerra. Era un hombre alto, seco, fanático, de alma exaltada, pero recta. Decididamente creyente, jamás tenía una duda. Imaginaba con sinceridad conocer perfectamente a Dios, penetrar en sus designios, voluntades e intenciones….” Vaya casualidad, aunque en el fondo no creo que haya nada casual, todo ocurre porque obedece a un orden secreto que desconocemos. ¡La casualidad mí querido amigo no existe, existe la causalidad que determina unos efectos posteriores! Pero bueno, dejemos de lado el tanto filosofar, y vayamos al grano, a lo que nos compete. ¿Conoce usted a Guy de Maupassant? ¿Qué si lo conozco…? Vaya que sí lo conozco…Guy de Maupassant fue uno de los primeros escritores que marcó mi vida y me señaló el camino en sus hondonadas. Lo conocí por mi tía Beatriz Elena, quien era la que me leía libros y cuentos desde que yo era un niño. Recuerdo que en varias ocasiones mi tía me dijo, que la vida es inaprensible, difícil y tortuosa, y con mayor razón para mí por mi condición de ciego. Que mi arma y mi escudo sería siempre leer mucho, en especial a los grandes faros de la humanidad, a los hombres que nos han iluminado en sus páginas, como Guy de Maupassant, uno de los que me enseñó el difícil arte de conocer el trasfondo humano, sus pasiones bajas y sus resortes más íntimos y elevados, a conocer los instintos inexplicables, las razones inesperadas, las intuiciones sexuales y artísticas, me enseñó el alma, su trasfondo, en especial el alma de las mujeres, que es enigmática y turbadora como la esfinge de Tebas o el plano invariable y nunca acabado de la estrellas. Fue un catador y un desbordado conocedor de mujeres, pero saber eso es de unos pocos en realidad, porque saber es un arte difícil que requiere curiosidad y pasión sin límite; saber de la vida y de las mujeres en el fondo es toda una experiencia imaginaria. De Maupassant aprendí pues a embriagarme con el vino exquisito del alma de la existencia y del alma de las mujeres. ¿Qué me dice de la lectura, don Miguel? Voy a serle sincero, tienes buena voz, pero le falta alma en el momento de leer, ¿y sabes por qué? Porque no ves, no escuchas ni sientes lo que estás leyendo. Debes primero

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imaginar lo que lees para que tú y quienes te están escuchando puedan verlo e imaginarlo. ¿Me entiendes? Lo entiendo don Miguel. Pero que eso no lo desanime, ya irás aprendiendo con el tiempo, y no crea en ningún momento que voy a despedirlo, más bien creo que eres un diamante en bruto. Pero ya dejemos por hoy, que estoy algo cansado. Lo espero pasado mañana a la misma hora, y no traigas que leer, que yo le diré en que lectura nos ocuparemos. Al salir y después de despedirme de don Miguel pasé por un costado de la sala y llamó mi atención unas bolas de mármol y unas bases circulares dentro de un rectángulo de metal que colgaban del techo atravesadas con una pita en un orificio hecho con taladro. Perdone que le pregunte doña Rebeca pero, ¿para qué son todas esas figuras que cuelgan del techo? Por un momento me miró extrañada, y sonrió. Son para los ejercicios del señor. Salí de la casa sin comprender y en la puerta me despedí de Rebeca. Dos días después Rebeca me abrió la puerta y me dijo que el señor me esperaba en la sala, ella debía ausentarse por el resto de la tarde. Entré y allí estaba don Miguel sentado en su poltrona, llevaba puestas unas pantuflas abollonadas y una bata de seda amarrada por un nudo a la cintura, no llevaba piyama debajo, se le notaba el orden, el aseo y el perfume por encima de su cuerpo. ¡Buenas tardes don Miguel! ¡Buenas tardes Ramón Ulises! Pero siéntese hombre, que usted ya no toca el techo, y soltó una risa. Por un momento me quedé mirando a sus ojos neblinosos. ¿Cuánto mide usted Ramón Ulises? 1,85. Don Miguel. ¡Vaya que es alto, hombre! Pero siéntese, y si desea, mire que Rebeca nos ha dejado sobre la mesa la jarra de agua o de jugo para que nos sirvamos. Muchas gracias don Miguel. Vamos hombre, no sea tímido, y siéntase en su casa. Ya me iré acostumbrando don Miguel. Ya es hora mi amigo que se acostumbre a vivir en el mundo o se lo traga la ballena. ¿Recuerda a Melville? Claro que sí lo recuerdo don Miguel. Esa ballena mi amigo anda por el mundo y por los siete mares buscando devorarlo todo, y en especial a los idiotas. Volvió a reír, esta vez con mayor fuerza. Pero mejor dejemos eso, y vayamos al asunto que nos interesa. Me entregó un tomo de la Mil y Una Noches de editorial Aguilar y me dijo el número de la página donde debía empezar a leer. Abrí el libro en la página indicada, guardé silencio por un momento, tomé aire, lo miré en su posición de buda ciego, y empecé la lectura de

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Historia del Mandadero y de las tres Doncellas… A eso de las cuatro de la tarde llamaron a la puerta y don Miguel me pidió que abriera. Abrí, y en el umbral apareció una mujer de una belleza deslumbrante y perturbadora, no era delgada, era troza, blanca de piel, cintura hormigona, senos mitológicos, ojos negros, que llevaba un vaporoso vestido azul, me miró con sonrisa maliciosa y preguntó por don Miguel. Hazla pasar, dijo don Miguel desde el pasillo. Nos dirigimos por el pasillo entapetado y entramos en la sala donde nos esperaba don Miguel sentado en su poltrona de fino cuero. Ella es Elisa y el es Ramón Ulises. Mucho gusto. El placer es mío, dijo ella con sonrisa maliciosa. Bueno Ramón, te espero pasado mañana a la misma hora, y esta vez trae algo para leer que me sorprenda y me cautive. ¡Como guste don Miguel! Y nos despedimos. Era la siguiente sesión, esta vez fuimos atendidos por Rebeca, la lectura fue Vidas Imaginarias de Marcel Schwob, don Miguel parecía extasiado y complacido escuchando sobre Descartes, Lucrecio, Paolo Uccello, Pocahontas… ¡La imaginación, la imaginación, amigo mío, es la vida de la existencia!, dijo. En la siguiente sesión Rebeca no se encontraba. Aquella tarde leí textos de Georges Bataille de la colección la Sonrisa Vertical… Como si fuera un reloj, el timbre sonó a las cuatro de la tarde. Abrí la puerta, y de nuevo apareció otra chica, de belleza incomparable como la anterior. La acompañé hasta la sala, y allí me despedí de ellos y salí de la casa imaginando aquel encuentro. Dos días después, y al terminar el canto VI de la Eneida, le pregunté con curiosidad a don Miguel Ángel que para qué servían aquellas bolas de mármol y aquellas figuras geométricas de metal que colgaban del techo. Río por un momento con esa sonrisa de actor de cine, y se incorporó y como si viera por donde caminaba se dirigió hacia un extremo de la sala en donde pendían los extraños objetos. ¿Qué puede demandarle más placer a una mujer, un pene o una lengua?, me preguntó. Guardé silencio y lo miré sorprendido. Una lengua, si ésta es al mismo tiempo un pene. Le voy a mostrar cómo. Se acercó y tomó una bola de brillante mármol y la puso a cierta distancia de su boca, aquello que vi me parecía difícil de creer. De su cavidad salió una enorme lengua puntuda que se puso tiesa como un pene. Con su mano derecha depositó la bola en su lengua y la ejercitaba como si alzara pesas con ella. Después nos sentamos en la sala, Rebeca nos

trajo limonada con gotas de vodka, y allí sentados me propuso, para la lectura siguiente unos textos de Henry Miller. Me proponía que realizara esta lectura de pie y desnudo mientras él se entregaba en comunión a una nueva chica que vendría. Le dije que aceptaba su oferta. Eso si me advirtió que no fuera a masturbarme con las manos que lo echaría todo a perder, aunque si podía eyacular libre y a mis antojos. Abrí la puerta, ¡y oh dios mío!, era la muchacha más bella que había visto, piel de alabastro, ojos de gata marina, cabello sedoso y rubio, cuerpo simétrico y esculpido como una escultura de Fidias, olía a cómo deben oler los ángeles. ¡Dios mío que mujer! Nos dirigimos hasta la sala y allí estaba don Miguel Ángel, quien al escucharnos se incorporó de inmediato y besó a Andrea (así se llamaba la muchacha) en la mejilla, luego se dirigió al equipo de sonido y puso música de Brahms, sirvió sobre una charola de plata tres copas de vino rojo y nos sentamos a brindar. Después nos pidió que nos desnudáramos y empezara yo con la lectura de Miller. Lentamente él desplegó el sofacama y se tendió allí con la muchacha, hubo un momento en que ya no leía, sino que observaba; sus dedos parecían una parvada de pájaros que picoteaban dulcemente la piel, eran dedos que tañían suavemente las más finas cuerdas de aquella citara musical, de la cual se elevaban las más delicadas notas, pero el paroxismo fue cuando con sorpresa vi que de su boca lúbrica salía su enorme lengua que lamía aquella fina piel como si fuera un tigre que tuviese una sed prolongada. Esa lengua entraba y salía de todos los orificios, en los oídos, en el ombligo, en el ano y en la vagina donde se ancló por debajo y parecía querer remolcar el clítoris de adentro hacia afuera, de abajo hacia arriba, aquel clítoris que se movía y se hinchaba pletórico de un rojo como manzana madura en verano, no hubo gritos, quejidos, jadeos, todo sucedió en una entrega de éxtasis y silencio.

Por Daniza Shelman

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El Gaviero EL ENCANTO DE LOS LIBROS

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Y LA POESÍA Carlos Framb

I

nauguré mi nueva existencia en la ciudad frecuentando a diario la Biblioteca Pública Piloto. Al recorrer los anaqueles me maravillaba saber que todos esos libros eran míos. Me encontraba solo y sin amigos, pero sentía que la música de las palabras poblaba mi soledad y que los escritores y personajes de las historias que leía me acompañaban. La lectura se volvió lo más importante de mi vida, la invadió y la transfiguró. Acomodaba el cuerpo en el sillón de cuero y suspirando de voluptuosidad abría el libro y me adentraba en su espesura de signos, los párpados bajos, la cabeza ardiente, las sienes latiendo, ahogándome de emoción y no pocas veces de lágrimas; aprendía de memoria versos y poemas y llenaba libretas con los pensamientos que brotaban en mí a medida que leía. Al salir de la biblioteca, después de haber volado en alas de rumoroso papel y de haber conversado con los mejores maestros del pasado, sentía que también yo participaba del esfuerzo que hace la humanidad para saber y expresarse, que formaba parte de la comunidad de los sabios, artistas y poetas.

Me enamoré de los libros como objetos. Me gustaba aventurarme entre los anaqueles de las bibliotecas, me gustaba ese aroma polvoriento de la arcana sabiduría, ese olor a vida callada y solitaria de monje. Me gustaba explorar las librerías de viejo en busca de libros bellos, escudriñarlos, acariciarlos, y, sobre todo, olerlos. Cuántos libros han pasado por mis manos, cada uno con su olor propio, íntimo y especial: libros con letras de oro estampadas a fuego sobre el aromático canto de cordobán o con encuadernación de pergamino, tipos redondos y viñetas, libros espléndidamente iluminados, ediciones en rústica, de doble columna, papel áspero y hojas para cortar, libros entre las manos abiertas, puestos bocabajo sobre una mesa o esparcidos aquí y allá como un rebaño adormilado, libros por cuyo lomo hemos pasado los dedos con apresuramiento y que nos llaman de forma silenciosa e insistente, libros y más libros y ese olor delicioso a papel, tinta y cola de encuadernar, rarezas bibliográficas descubiertas en penumbrosas tiendas de segunda mano y que nos conducen a mundos inexplorados, obras que nos subyugan y que no podemos dejar antes de llegar a la última palabra, libros con los que se vive y que nos hacen más lúcidos y libres, que nos despiertan, nos asaltan y ocupan las fortalezas de nuestra imaginación, libros caudalosos, donde resuenan pasiones devastadoras y gritos que hacen temblar la tierra, donde hay destellos de espadas y personajes de sangre y fuego,

libros necesarios, que responden a las preguntas que oscuramente se hace la mayoría de los hombres, libros ennoblecidos por el paso de los siglos y cuyas páginas desprenden al tocarlas un delicado perfume de inmortalidad. Una tarde de miércoles asistí en la biblioteca a la tertulia semanal del escritor Manuel Mejía Vallejo, un hombre en sus tardíos cincuentas, de elegante apostura y hermoso rostro cargado de melancolía y desdén. Durante varios años frecuenté la tertulia, fascinado por aquel hombre que no sólo había leído amplia y profundamente, sino que había escrito libros y podía llamarse poeta. Con su infaltable vaso de ron y su cigarrillo Pielroja, Mejía Vallejo hablaba de la Medellín de sus años juveniles, de sus encuentros con escritores de renombre, de sus viajes, y, sobre todo, de sus libros y poetas predilectos. En pocas semanas la biblioteca se convirtió en mi templo y Mejía Vallejo en el sumo sacerdote. De él escuché por primera vez de forma consciente la palabra poesía, que me sedujo con su sortilegio y su sonoridad. En esas seis letras está contenida para mí la alegría del mundo, su hermosura y su misterio. Poesía, palabra encantada, arrebatada por la música, iluminada por un fuego celeste y tocada de simplísimo temblor, palabra que atrapa la substancia esquiva de mundos desaparecidos y descorre el velo de una realidad más tupida y más coloreada, palabra que nombra y celebra,

que piensa y desnuda la palabra, que trasciende y humilla los siglos, flor del tiempo, luz del silencio, aurora de la vida, rescoldo de la memoria, quintaesencia del cielo y la tierra, fuente de cuanto es perenne, generoso o verdadero, palabra que apoya su voz en el dolor del mundo, heraldo de nuestras horas más felices y compañera de nuestro milenario trasegar, centro y periferia del conocimiento, cosa liviana, alada y sagrada que abarca toda ciencia y a hacia la cual todo arte aspira. En todas las profesiones —decía Mejía Vallejo— hay una tradición de adoctrinamiento e iniciación para los principiantes. Sólo el poeta carece de caminos trazados y jamás encontrará sitio en ninguna comunidad. Perdido y errante en la belleza, desarraigado y tendido sobre la nada, su patria es la palabra. Un poeta es alguien que sondea y mide el abismo y pone ojos y voz donde no los había, alguien que no se somete ni es fiel a nadie —salvo a sí mismo y a su pasión—, y que obedece sólo sus propias leyes interiores, alguien que con su vida y su verbo desenmascara y dinamita la realidad, alguien cuya única regla heroica es estar solo, despiadadamente solo. Y yo, que aún no tenía ninguna idea sobre mi futuro, recibí de los labios de aquel maestro la extraordinaria revelación de que hay una salvación en la literatura, y desde ese momento decidí que sería un poeta o no sería nada.

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Rodrigo Saldarriaga Una vida para el teatro

El gaviero: ¿Quien es Rodrigo Saldarriaga? Rodrigo Saldarriaga: Yo creo que esa es una pregunta que a uno le hacen a menudo, pero a la que uno nunca tiene respuesta, porque creo que uno es el instante que está viviendo, por lo que tiene que pensar yo no soy. Yo fui hasta ayer una cosa, hoy soy otra, es una cuestión muy compleja. Las cosas suceden cuando son, o sea que no es uno el que dice cuando van a suceder, las cosas suceden cuando suceden, por ello uno es el momento. Por ejemplo yo he sido un creador durante cuarenta años, me dediqué al teatro y aún hoy, siento que soy un aprendiz. E G: Hablando en términos existenciales, Shakespeare planteaba que hay núcleos que trascienden a la razón, teniendo en cuenta esto ¿usted maestro cree que hay algo más allá de esta materia? R S:Hoy yo creo que lo más avanzado es el pensamiento que es energía, volvemos a esa energía obviamente, pero pienso que el producto más elaborado de todo eso es el conocimiento, lo que somos es esa energía que puede interactuar con otras energías, es decir, podemos trascender, pero no que yo pueda pensar que esa energía sea una energía individual, no yo pienso que es una energía colectiva que es la materia, el mundo que vivimos y la parte de materia que nos correspondió a nosotros para poder hacer este laboratorio químico. E G: ¿O sea que podemos decir que hay una esencia, más allá de todo esto? R S: Yo creo que sí y es lo que llamamos la herencia, se puede expresar en cadenas, se puede expresar en genes, yo creo que también hay unas herencias que están por encima de esa materia individual que somos nosotros, o sea, puede que yo tenga una cadena genética que reciba unas herencias en mi pequeña materia, pero es que el peso de mi cuerpo con respecto al peso de la materia es menos importante. No se como puede ser más importante esa cadena genética que la cadena genética de la humanidad, como sabemos el universo es un ser y como ser tiene una cadena genética. Yo soy parte de él y soy un átomo en la descripción exacta del átomo que es núcleo del tamaño de la cabeza de un alfiler, unas partículas de un tamaño diez veces menor en un campo de futbol, eso es el átomo, que hay entre el núcleo y las partículas, la energía, esa energía es de mi materia o es de la materia del universo, ese átomo importa dentro del gran conjunto de la materia del universo, es determinante en un momento específico,

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pero el individuo no tiene el peso que tiene el universo. E G: Hace poco usted nos dijo que no le gustaba el tango, que a usted le gustaba El Polaco Goyeneche y haciendo una analogía con Santos Discepolo, el mundo es un cambalache. ¿Cómo ve usted esto que llamamos Modernidad? R S: Pero primero detengámonos un poquito en “El Polaco”, “El Polaco” es “El Polaco” porque hay tango, si no hubiera tango, “El Polaco” no existiría, “El Polaco” es importante por que está dentro del tango. Cuando digo, no me gusta el tango, me gusta “El Polaco”, es una forma de decir adoro el tango porque existe “El Polaco”. Es un asunto dialectico. Yo no me podría dar el universo si el universo no existiera hoy, yo no podría estar hablando de la Modernidad si esta no hubiera llegado, yo soy parte de la herencia de esta Modernidad. E G: A propósito, me deja como pensando una suerte de cosas, hay una herencia que puede trascender, pero que necesariamente no es genética, por ejemplo lo que heredamos del pensamiento de los amigos, de nuestros autores favoritos, e incluso de los libros. R S: Yo no tengo nada que ver con Marx, creo que ese señor es por allá de ascendencia Judía, con un desarrollo Alemán, creo que esa familia debió haber terminado con él, sin embargo, aunque esté muerto el tipo, yo soy Marxista, yo tengo una carga genética de Marx que es el pensamiento, es lo que digo, una carga emotiva, una carga política, una carga de la humanidad. Yo me siento emparentado con Miguel Ángel. Eso que hizo Miguel Ángel es mío, cuando veo el David de miguel Ángel, siento esa herencia de la humanidad.

hace limitados como hombres, al no percibir esa universalidad, por hacer parte de un conglomerado regional, zonal o de país, ya que somos seres universales. R S: Yo creo que no hay nada más estrecho que la provincia y hablar de la “raza antioqueña” pienso que es el peor error que puede cometer un ser humano, es más, hablar de la cultura antioqueña, por que es una acerbo tan pequeño a esa herencia cultural de la humanidad, que no vale la pena siquiera hablarlo, creo que el hombre es uno, holográficamente hablando y yo soy parte de los siete mil millones de habitantes de la tierra, yo soy una parte de ellos, pero soy una parte de todos, lo que me pasa a mi le pasa a toda la especie humana. E G: Yo soy todos los hombres dijo alguien en algún momento. R S: Esa frase es muy bonita, no sé de quien es pero dice mucho, resume lo que estamos diciendo. Por eso pienso que este oficio del actor es el más bello de todos, porque es el único donde se reconoce esa posibilidad de ser. Por ejemplo, ahora voy para clase de interpretación con los muchachos, mi clase de interpretación, más que técnicas, lo que pretendo es buscar que cada uno con el cuerpo acepte al otro, sea el otro. Una joven actriz, cuando le entregan el personaje del pelicano de Estrimbert, dice:hay gas, que personaje tan inmundo- yo le digo:- ese personaje es usted, Estrimbert es usted, es su mamá, acéptese, acepte ese personaje, lo primero es aceptarse, aceptar que el mundo soy yo- Nada de lo humano me es extraño, decía Balzac. Todo es posible y todo esta bien. Siguiendo con las citas, no hay nada bueno ni malo dice Hamilton.

R S: Yo creo que sí, aunque creo más en ese producto de la herencia cultural, por que puede que sectores de los seres humanos no reconozcan esa herencia, yo la reconozco. Yo reconozco a Marx y a su pensamiento como parte de eso que se ha recibido como herencia, pero de todos modos, pienso que recibirán otras cosas.

El pensamiento es quien hace las cosas. El mundo está en permanente evolución, la moral está en permanente evolución. El parricidio hoy es una cosa horrible, en un momento fue aceptado por la sociedad, en las manadas es aceptado. La relación sexual padre e hija hoy es vista como un crimen, hubo sociedades que se basaban en el incesto, era natural que el padre o que la madre tuviera relaciones sexuales con los hijos. Si no podemos aceptar no solo al otro sino al universo en su desarrollo y en su mundo, no podremos entenderlo.

E G: De pronto allí podríamos relacionar esto con los nacionalismos entonces y aquí en nuestro medio con los regionalismos. Los nacionalismos que se dieron durante la primera y la segunda guerra mundial y la xenofobia que aún estamos viviendo en algunas partes del planeta, esto es lo que nos

El actor más que racionalizar, en un momento determinado debe entrar en la intuición que le permite entrar en empatía, ponerse en lugar del otro, ser el otro y comprender el contexto. Mientras más profunda sea la comprensión del otro, más profunda será la interpretación.

E G: Podríamos hablar de un inconsciente colectivo del cual hacemos parte todos.


El Gaviero E G: Nos hablaba usted en otro momento de algo muy bello, la franja lunática. Relacionemos esa franja con la Modernidad, como una minoría encantada que también podríamos referir. ¿Por qué no ampliamos esa idea maestro? R S: Si pienso desde el individuo, puedo tener una visión, si pienso desde la sociedad puedo tener otra, creo que nosotros no hemos tocado todavía la Modernidad, pues en el entorno donde nos movemos, no es precisamente moderno y lo vimos hace poco en las elecciones presidenciales. Hay sectores que han llegado a la Modernidad, pues la Modernidad es el tiempo de la razón y es a la vez el triunfo de la razón par explicar la sinrazón, para poder encontrar en la sinrazón una razón de ser; por ejemplo, la física cuántica, la biología. Cómo hizo Darwin para comprender siglo y medio antes, sin poder tener un laboratorio, sino simplemente mirar el mundo y desbaratar una cosmogonía de miles de años, cómo hizo Einstein para observar el átomo y que en el átomo hay más partículas y que esas partículas se mueven a tal velocidad y que se rigen bajo unas leyes, algo tan espectacular como la fuerza atómica, no solo para la destrucción sino para la creación. Esa es la gran Modernidad, la gran Modernidad es Marx, al explicar el movimiento del capital; Freud que se queda mirando la frente del otro y se dice aquí hay ideas que se mueven, hay subconsciente y sin ninguna ayuda tecnológica lo busca y sin ninguna ayuda tecnológica continúa buscándolo hasta su muerte, eso es lo más impresionante. E G: ¿Y acaso todo eso se dio por intuición? R S: La Modernidad es la sinrazón que tiene razones, cómo hicieron los impresionistas para resolver el problema que casi siglo y medio después apenas vino a resolverlo los píxeles de una cámara fotográfica, eso si que es jodido, cuando los impresionistas descompusieron la luz. ¿Qué estaba pasando allá, vieron eso, descompusieron la luz y crearon otros efectos. Nadie ve el mundo así, tal vez un tipo que se está quedando ciego o con cataratas puede que vea una catedral así. Ellos estaban pintando una realidad bajo el término de la razón. E G: ¿La Modernidad no es acaso, la Globalización, no es el modelo político y económico de hoy? R S: No eso va camino de la pre modernidad, eso es todo lo que se opone al desarrollo de la Modernidad, la mal llamada postmodernidad. Y podríamos preguntarnos ¿Qué es la Postmodernidad? Pues, la estupidez. Entonces si es producto del Neoliberalismo, cuando el Neoliberalismo a mediados de los setenta lanza sus teorías económicas lo que tenían más claro era que estaban atacando el pensamiento, parar ese

desarrollo materialista del pensamiento porque eso iba a resolver el problema de la libertad del ser humano y ¿en que lo convirtieron?

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E G: ¿Esa es, por lo que vemos, una mirada romántica también, es el romanticismo en su máxima expresión? R S: Claro es un neo romanticismo

E G: O sea que el Neoliberalismo entonces va contra la Modernidad, es una conspiración contra el yo, contra ese yo profundo, no trascendente sino trashumante, porque hemos es trashumado desde lo genético mismo, no se busca trascender sino trasmutar. R S: No le demos más vueltas filosóficas, lo que el Neoliberalismo resolvió es que el ser humano tiene que consumir y punto. Tiene que consumir calzones ya, todo ya, usted tiene que tener cincuenta camisas, no sé cuantos zapatos, tenis de no se que marca, tiene que tomar no sé que. No el ser humano no es eso. Yo recuerdo, porque yo soy hijo de otra época, uno entonces no tenía sino uno o dos bluyines, claro los lavaban o los lavaba yo mismo y volvía y me los ponía y tres camisetas de vulteador moradas o rosadas y unos zapatos grulla, cierto y era un muchacho bien. Uno no emulaba con las muchas ni con el vestido, ni con la marca por fuera, éramos todos así vacano, todos estábamos en el pensamiento, discutiendo sobre Balzac, sobre Víctor Hugo, viendo las películas de Bergman, pasando delicioso. Las discusiones de las barras eran eso, obviamente también nos queríamos llevar a la cama a una muchacha bonita porque eso es parte de la vida, pero un pelao hoy tiene que emular para poder tener una noviecita, tiene que comprarse una moto no sé que marca, unos zapatos, no sé cuales, la marca por fuera de la camisa, nos hicieron seres de consumo, nos cambiaron. El ser que va a trascender, que quiere descubrir su mundo, que quiere descubrir su origen, que quiere entablar una relación en paz con la naturaleza, nos convirtieron en seres egoístas, individualistas, en seres de consumo.

E G:¿ Y podríamos decir que esa es la misma Modernidad de alguna manera? R S: Sí, porque lo que hizo el romanticismo fue sacar al hombre de ese aletargamiento. Imagínense, produjo la media bobaita de la revolución francesa, la bobaita de un tipo como Chopin, como Beethoven. Es que el romanticismo es una cosa muy tenaz. El pensamiento romántico es el pensamiento de las ideas, de las libertades del pensamiento, de los ideales, del pensamiento del amor. E G: O sea que la Modernidad no discute con el pensamiento romántico. R S: Yo creo que la Modernidad le abre campo a un neo romanticismo. E G: lo que hay que revolucionar es el ser mismo, lo que pasa ahora es que no revolucionamos nada, estamos en el afuera, estamos en una mecanización. La propuesta romántica es precisamente un viaje a nuestro interior, Levi-Straus, el antropólogo francés decía que le gustaba la figura del Quijote, porque lo consideraba el gran romántico. ¿Qué opina al respecto? R S: Es que el romanticismo no es exclusivamente del siglo XIX. Es romántico Shakespeare, Cervantes, Los griegos. Mejor dicho, el romanticismo es un pensamiento que ha estado en todas las épocas y a propósito, a esta época le está haciendo falta su romanticismo, a esta época le falta un remezón romántico, estamos en un momento propicio para eso, aunque posiblemente falta ir más allá sobre el pantano, como decía Claude, mientras más

E G: Y entonces, es ahí donde caemos como en un vacío, ese vacío es la desolación porque hay una carga energética allí de consumo, de deseo sexual condicionado, el vestir, todo ese tipo de cosas que nos mantiene en la exterioridad. Luchamos por alcanzar eso y lo único que nos encontramos es un tedio, un hastío, una desazón. R S: Eso es lo que ha sucedido en estos treinta o cuarenta años, es eso, una juventud que en los años sesenta estaba revelada contra la guerra, contra todo, contra la autoridad, revelada contra el mundo desde todas las posturas ideológicas y psicológicas; los muchachos norteamericanos, contra la guerra de Vietnam, los franceses contra las guerras en Angola, los americanos contra los norteamericanos, el amor por el folklore, el amor por la música, el amor por la literatura, eso fue en la década de los sesenta y setenta, fuimos los que nacimos ahí. Foto Rodrigo Saldarriaga Continúa en la página 12

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Paciencia, amor y persistencia. Sinónimos de garantía, de fe, de compromiso. José Mario Sánchez Henao

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Viene de a página 9

profundo en el pantano más podredumbre hay, pero allá se crea la bacteria, es decir, estamos en un mar de mierda, pero todavía no esta realmente madura para que se pueda trascender. Las bacterias somos nosotros, para poder transformar todo esto, o si no, no hacemos nada. Todas las sociedades producen en su seno esos fenómenos, al igual que el renacimiento que nace en medio de la basura, de la podredumbre extrema de la alta edad media. Una postura perfectamente romántica, obviamente estuvo el clasicismo, pero el fondo es una postura romántica. E G: Usted ahora nos decía que todo se ha convertido en mercancía, o sea que un proyecto cultural, el arte como tal, ¿si no es mercancía, no se le avala en este medio? R S: ¿Qué hacer? Es ahí donde entra la franja lunática, la generación desencantada, ahí estamos todos los que pensamos que no siempre tiene que ser así. Yo llevo cuarenta y dos años, oponiéndome a eso, desde el teatro ¿duro? Puede que sí, pero bueno, por lo menos es algo, es ir contra la corriente, porque creo que la contracorriente es lo que fortalece a uno, si es que se nada contra ella, como el salmón. En cambio, si uno nada para abajo, no hay sentido. Verraco el salmón, hijueputa eso de que le toca ir corriente arriba a poner los huevos. Esos huevos que nacen allá arriba son unos verracos, con una herencia genética, con un poder. Esos huevos sienten eso.

nuestros congéneres que eran los universitarios, pero si uno trataba de hablar ese lenguaje fuera de la universidad no le entendía nadie. Como dice Saramago, nosotros somos el lenguaje, nosotros vivimos en el lenguaje, entonces sacar ese lenguaje universitario a un mundo que nada tenía que ver con el mundo universitario, era hablarles como en chino mandarín, que lío, entonces ahí decidimos conocer este país. Primero yo me fui pa barranquilla, me fui a vivir con los marinos, con los campesinos de maría la baja: cómo viven, qué piensan, qué bailan, qué comen. Fui al sitio más lejano del mundo. Yo creo que Barranquilla para mi es mas lejano que Changai, yo no tengo nada que ver con el mundo Caribe, ni nada que ver con el calor de Barranquilla, con su música negra, con su carnaval. Nada de nada, me fui a recorrer este país como un loco por todas partes, yo tengo un hijo nacido en Barranquilla un domingo de carnaval, una cosa medio simbólica y de allí regresamos a formar Pequeño Teatro en el año setenta y cinco, eso fue una aventura de tres años, que fue muy agradable porque por lo menos yo entendía cual era el teatro de este país. Este país no podía repetir el teatro universitario para afuera de las murallas universitarias. Aquí había que traer teatro popular.

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Luego de aquí a Ipiales, la primera la hacíamos en Santa Bárbara, la segunda en Pintada, la tercera la hacíamos en Anserma. Luego, después de recorrer los catorce municipios del Quindío y los veintipico de Risaralda, terminábamos en Ipiales. Después cogíamos los Santanderes, llegábamos hasta Bucaramanga, de pueblo en pueblo, desde Tunja, por toda la zona comunera, también de pueblo en pueblo; Mogotes, Charalá, Puente Nacional. Todos los pueblos y todas las veredas, lo mismo en los Llanos, fueron diez años de itinerancia loca, presentando obras como Macbeth de Shakespeare, los Intereses Creados de Benavente, La Lucha Contra el Dragón de Brugner. Obras grandes, completas. Una escuela real. Aprendimos a conocer este país, a conocer el público y a hacer teatro. E G: usted estudió arquitectura, uno lo ve acá en esta sede, es hermosa, se respira arquitectura, pero como es esa relación entre arquitectura y teatro? R S: yo tengo una concepción más renacentista del mundo del arte, el arte es uno solo. Se ha ido estratificando y fragmentando, en la medida en que triunfa el capitalismo. La dramaturgia es poesía, es literatura. Todo es teatro; la ciudad es un teatro, por lo cual pienso que la arquitectura es parte integrante del arte. El espacio es un elemento vital del ser humano. Si el teatro tiene como su razón el ser humano, como no va a tener el espacio donde ese ser humano habita.

E G: ¿cómo fueron sus inicios en el año sesenta y ocho, cuando conoció a Jairo Aníbal Niño, como fue todo eso? RS: yo quería estudiar pintura, pero en Medellín, no había donde estudiar pintura, porque la facultad de artes estaba cerrada por problemas universitarios, bellas artes estaba en una decadencia, no estaba funcionando y entré a estudiar arquitectura en la universidad Nacional que para entonces la orientaba Pedro Nel Gómez. Yo siempre tuve una profunda admiración por la obra de Pedro Nel, a quien considero uno de nuestros grandes pintores, a pesar de que toda la estupidez de la crítica postmodernista en Colombia haya dicho que el maestro Pedro Nel es un pintor menor, entonces me metí a esa facultad, tras la huella del maestro y allá me encontré a Jairo Aníbal Niño haciendo teatro, yo no sabía que era el teatro. Como cualquier muchacho de bachillerato había leído la Vida Es Sueño a las malas, había visto una o dos obritas en el colegio y terminé enrolándome con él, un hombre muy brillante, muy imaginativo, muy creativo, para mí en ese momento. Le hablé y me metí al grupo universitario, hasta que nos echaron de la universidad nacional, a Jairo como profesor y a nosotros como estudiantes. Ahí formamos un grupo independiente que se llamaba la Brigada y quedamos en el aire porque perdimos el poco lenguaje que habíamos adquirido, para hablarle a

Medellín era el país. Salimos en una gira de aquí de Medellín y terminábamos en Riohacha. La primera función la hacíamos en Santa Rosa, la segunda en Yarumal, la tercera en Caucasia, la cuarta en Planeta Rica. Mandábamos gente adelante. Era un grupo grande. Luego pasábamos por Cartagena, luego Santa Marta, Barranquilla y terminábamos en Riohacha.

E G: Y se fundó acá en esta sede R S: No, lo fundamos en mi apartamento, yo vivía en Guayaquil, en un edificio con Amador donde en los bajos del edificio estaban los mejores bares de Medellín, las mejores putas, los malevos; el Perro Negro, Caimán Bar, Montecristo, el Patio del Tango del gordo Aníbal, el Aristi, Carruseles, Brisas de Costa Rica. Eso era una mezcla de tango, salsa, malevaje, atracos. Vicios, ahí hubiera querido Shakespeare hacer su obra. Ahí empezamos a ensayar en ese apartamento, rápidamente tuve que mantener familia y teatro al tiempo. En Villa Hermosa, un patio tugurio, llovía más adentro que afuera, allá nos fuimos a ensayar y a presentar nuestras obras, ahí fueron nuestros primeros montajes. Como lo que conocíamos más que

Yo quisiera tener una visión mas renacentista de lo que es el arte, no solamente renacentista, es muy oriental también. Ahora que estoy terminando con las novelas de Pamouth siente uno como en el mundo oriental el arte es una sola cosa que nace en la ilustración, nace con la caligrafía, pero que tiene que ver con la pintura, con la poesía, que tiene que ver con todo eso. El arte es una visión del mundo, una forma de acercarse al mundo. Esta casa es una gran escenografía, ¿para qué? Para representar noche a noche una obra, donde hay público y hay actores, sino no nos tomaríamos el trabajo de poner laminilla de oro, de escoger los colores que tienen que ver con la arquitectura, pero más con la vida. Buscamos un mundo armónico, luchamos porque haya ese elemento armónico. Que puedan venir quinientas personas y puedan compartir. La armonía no es la paz, la armonía es la conjunción de lo diferente. Por ejemplo, cuando uno habla en música de un


El Gaviero armónico, es tres notas con tres vibraciones completamente distintas que producen un sonido bellísimo, pero quítele a la triada la dominante y verá lo que pasa, revienta. Hemos buscado crear esa armonía, una casita de familia que hemos podido convertir en un teatro donde viven todos. E G: Eso es una analogía de la república ideal de Platón donde todos cumplen una función y se respetan para convivir, un mundo ideal. R S: Si, en parte, tomamos los elementos disonantes de esa sociedad y los volvemos armónicos. Nosotros lo hacemos en micro porque en Macro es mucho más complicado. E G: Y retomando el tema de la política, cuando se habla de arte es necesario, casi que, obligatorio, volver a la política. En Colombia no ha habido revolución, si pensamos, por ejemplo en Mayo del 68 y eso aquí no suena. Sabemos que existe una gran diferencia entre rebelión y revolución. La rebelión de los comuneros en 1781 no puede llamarse revolución, no alcanza a tanto. Hay quienes dicen que ese 20 de julio de 1810, son las mismas estructuras del gobierno de turno. ¿Qué pasa con nosotros, este país tan singular en este sentido, donde hay una elite bien organizada, para mantenernos allí, al margen de la historia, de las revoluciones, de la verdad? R S: Nosotros no hemos sido capaces de hacer de eso una conciencia, ahora le van a cambiar el nombre al aeropuerto el Dorado en Bogotá, por el Galán. Nosotros no queremos aceptar ese mundo mítico que es nuestra realidad, es que nosotros somos el Dorado y si no lo aceptamos, no vamos a ser capaces de resolver el problema, porque tenemos una desconexión lingüística con lo que nosotros somos. Imagínese la posible solución a los problemas de miseria de este país, la entregamos empezando el siglo veinte. Este país es el dorado, hay quienes saben que es el dorado y se lo han llevado y no lo pueden soltar, pero tampoco pueden crear la concepción mítica de Dorado porque no les conviene. Hay quienes como yo queremos que se sepa que esto es el Dorado, pero no tenemos ni la fuerza ni la política. Cuando no aceptamos el canal de panamá como el Dorado, cuando no aceptamos la coca como el dorado, cuando perdimos el oro como el dorado. Hoy estamos perdiendo otra posibilidad con el Coltán, se nos viene, hay quienes saben lo que es pero… nosotros estamos pasando cada vez por encima del Dorado, hay quienes están viviendo de ese Dorado; primero los españoles, los franceses y los norteamericanos. El problema está en nuestra falta de identidad como nación.

E G: Apartándonos un poco de lo político y retomando el tema de la dramaturgia, ¿por qué Shakespeare y Chejov. R S: Shakespeare, porque es el creador del hombre. Es mentira eso de que Dios creo al hombre. Shakespeare crea todo, no desde el Corán o la biblia. Al hombre lo creo Shakespeare y al ser humano lo creó Chejov. E G: Porque es tan grande Chejov R S: Por dos cosas, primero por la época, es la época del alto pensamiento del naturalismo. El naturalismo es para mí la revelación más grande de la descripción del ser humano, es llegar al fondo de la mierda, porque si el romanticismo es la máxima expresión de libertad, el naturalismo es la comprensión de la mierda que es el ser humano. Es el show de todo ese siglo XIX con Marx, con Freud, con todos ellos. Cuando yo digo que Shakespeare crea al hombre, es un hombre que no es capaz de definirse a sí mismo porque no es capaz de comunicar lo que siente. Los personajes de Shakespeare no pueden dialogar, el dialogo no existe en Shakespeare, son unos personajes pensadores, con unas tiradas de dos páginas. Pobres actores. Es ahí donde inventa al hombre, pero Chejov llega a ese instante donde puede dialogar. No tiene una sola tirada de más de media página. Ahí crea al ser humano, un hombre que puede dialogar. E G: Hablemos un poco sobre la escuela de formación de actores de pequeño teatro R S: la escuela de formación para nosotros, es la apuesta al futuro de pequeño teatro. Es como ustedes lo decían, el relevo generacional. Se le ha puesto todo; la energía, lo económico, porque la escuela es un pensamiento, no es un espacio pedagógico, sino de formación. Por eso pequeño teatro ha puesto toda la atención, inversión, lo que cueste, la construcción del edificio, el mantenimiento de la planta profesoral, la investigación, todo lo hacemos pensando en el teatro y todo lo que lo conforma, la escuela como parte importante, lleva ocho años, nos ordena además el pensamiento a todos los actores y sobre todo, eso de estar en contacto con la juventud, es algo importante desde lo pedagógico.

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un sábado, saliendo de Pequeño Teatro, caminando por la Playa en paz, es un fenómeno urbano, importantísimo. Bueno y ustedes creen que quinientas personas compartiendo en paz tres horas de su vida con el del lado, es un fenómeno complejo y muy hermoso, esas mismas quinientas personas compartiendo el espacio de la casa sin que se pierda nada, sin que haya un problema, sin que se dañe un lavamanos, van 700 mil espectadores sin que haya aparecido un daño provocado. Aquí vienen a conseguirse una novia, los mariquitas vienen y se cogen de las manos porque no hay ninguna censura, eso me parece muy lindo. Todos compartimos, sin que nadie le joda la vida a nadie. Ninguno se escandaliza porque un par de niñas se están dando un beso. No estoy hablando de los de Pequeño Teatro, estoy hablando de los 500 que vienen a ver la función. E G Maestro, para terminar, una de cajón. Un autor, una obra y un personaje. R S. El de hoy. Yo tenía una biblioteca muy grande que valía mucha plata, se la doné a Pequeño Teatro y hoy no tengo nada. Tengo el personaje y el autor de hoy. Yo me levanto muy temprano a leer y a las cinco de la mañana estoy conmovido con cualquier estúpido de esos personajes que salen en las novelas. Vamos a hablar de Pamout , hoy no sé de Shakespeare, ni de nada sólo de Pamout y de un personaje que se llama Negro, hoy soy Negro, punto y esta mañana leí lo más hermoso, soy Aceituna, me llamo rojo, de las novelas de Pamout. E G. ¿Se podrá montar en algún momento? R S. No lo entiendo, Me enamoró Pamout, leí Estambul, entonces fui a Estambul y me metí en todos los huecos, todos los recovecos, las mezquitas, estuve en Turquía y compré guevonadas y tampoco entendí nada. Pero quizá en otro momento podamos montar algo, ahora, no.

E G: nosotros que venimos con frecuencia al Pequeño Teatro notamos que las salas se llenan, es como una bolita de nieve, cada vez es más la gente que asiste al teatro. R S: Es un proyecto que tiene muchos elementos químicos en su configuración. El teatro no solamente es arte. Es educación, es recreación, es relaciones interpersonales, es urbanismo. Hablando yo con planeación municipal les decía, vean, ustedes creen que quinientas personas a las 9:30 de la noche,

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¡EN BÚSQUEDA DE LO IMPOSIBLE! ¡JOSÉ ASUNCIÓN SILVA GÓMEZ!... ¿UN SUICIDA?

...¡Vanos placeres, del Señor sonó la hora, Don Juan, dijo, al entrar, mundo, hasta luego! Y por fin se encontraron los hermanos… jas

E

l 24 de mayo de 1896 amaneció muerto en su cama, con un balazo en el pecho, José Asunción Silva. En apariencia se había suicidado a una hora no determinada entre la una y las cuatro de la mañana, y ninguno de los demás habitantes de la casa –la madre y la hermana del difunto, y una criada- sintieron el ruido del disparo. Al día siguiente una multitud de amigos conmovidos y de curiosos excitados condujo el cadáver al Cementerio de suicidas, donde Julio Flórez coadyuvó con unos sonetos estrafalarios a la tarea del sepulturero. Lejos de las paredes ennegrecidas Que guardan el silencio del camposanto, Lejos de las plegarias, lejos del llanto, Se ven las sepulturas de los suicidas Y allí estás tú, dormido. Cuando caíste En la calma suprema, lívido y yerto, Se cuajó entre tus labios fríos, de muerto, Una sonrisa amarga, burlona y triste. ¡Cómo no huir del campo de la existencia Cuando el hado nos hiere, lleno de encono, Y sentimos el hielo de la impotencia! ¡Bien hiciste en matarte! Sirve de abono, y, a la tierra fecunda…Si no hay clemencia para ti, nada importa: ¡Yo te perdono! La teoría del suicidio de José Asunción Silva está sostenida en varias versiones diferentes. Una de ellas es la peor, por lo grotesca e infame, y nos muestra a un José Asunción Silva enredado en amores incestuosos con su hermana, la bellísima Elvira, enamorados perdidos el uno del otro; la muerte inesperada de Elvira sumió a su hermano en la desesperación y la desesperación no le mostró otra salida sino el suicidio.

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¿Cómo nació esta leyenda morbosa de los amores incestuosos de José Asunción Silva con su hermana Elvira? Nació de unos versos incalificables de Guillermo Valencia, Leyendo a Silva, aparecidos en 1898, en los que el vate payanés sugiere que el poeta bogotano se ha dado muerte para ir en busca de su hermana. “En su vida (la de Silva) hay una página delicada, controvertida. Una de las hermanas de Silva, Elvira, era también muy bella, ¡la más linda mujer de Bogotá! Esta preciosa criatura murió a los veintidós años. Silva cayo, después de esa muerte, en la más negra melancolía; escribió algunos poemas apasionados e imprudentes…Poco después se suicidó”. “Desde entonces (la muerte de Elvira) la vida principió hacerse pesada para el poeta, quien no volvió a tener otro paseo favorito que el del cementerio en altas horas de la noche, a visitar la tumba de su muerta”. Una crónica de 1964 reza: <…a los sesenta años de su muerte sabemos de Silva menos que el 24 de mayo de 1896. A lo largo del tiempo Silva ya no es el poeta suicida. Es el poeta asesinado… Esta escondido el poeta entre los vidrios

esmerilados de la crítica. Asesinado por los biógrafos, los exégetas y los amigos póstumos. No lo perdonaron en la vida, ni lo absuelven en la muerte. ¿Y cómo? Si no fue, si no quiso ser escritor oficial, amanuense de político, funcionario ejemplar y ropavejero de los importantes. Hay un Silva falsificado por la prevención ambiente, por la crítica oscura, por los contemporáneos medrosos…hay que rescatarlo. Que no quede Silva en la galería de los retratos del romanticismo. Libertarlo de las manos ilustres de sus secuestradores…Su vida y su muerte es una obra maestra de ingeniería espiritual. Solo que la crítica no se atreve todavía a descubrir el enigma> ¿Quién es, en realidad, José Asunción Silva Gómez?...Una leyenda Treinta y cuatro años después, en ceremonia clandestina, fueron exhumados los restos del poeta y trasladados al Cementerio Central. Desde entonces reposan allí, en el panteón de las familias Silva Fortoul y Silva Gómez, junto a su abuelo paterno, a sus padres y a sus hermanos. Adaptado por Juan Verano…el de Rosellón


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NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA Y

SUS AFORISMOS

C

omo tantos otros lectores, fui deslumbrado por la sabiduría de estos textos. Descubrí en su autor un genio cáustico y sin embargo lleno de matices. Agresivo e inmisericorde con la estupidez y la hipocresía, es muy capaz de discernir y mimar cuestiones delicadas que la mayoría ignora o desprecia. Se dice a veces que el pesimista no es más que un optimista bien informado. Nuestro hombre, lisiado por un accidente deportivo y encerrado de por vida entre los atestados anaqueles de su biblioteca, fue una de las personas mejor informadas de su siglo, y por ende de las más pesimistas en lo que se refiere al entorno inmediato, tanto histórico como existencial. Ahora bien, en una perspectiva más amplia la cosa cambia, porque aunque no creyera en el hombre, tenía fe en Dios y su voluntad redentora. JUAN ARANA.

? Cuando Dios se ausenta encerrándonos en el mundo, el arte es el último postigo que obtura.

? Letras y artes

pronto se esterilizan donde practicarlas enriquece y admirarlas prestigia.

? De conquista

en conquista el arte moderno ha llegado al balbuceo.

? El artista

no compite con sus congéneres, batalla con su ángel.

? Todo nos parece

caos, menos nuestro

propio desorden.

? Hace rato que el capitalismo sepultó a sus enemigos. Hoy muere rodeado de herederos.

? Lo grave de las ciencias naturales sería que se perdieran las respuestas, en filosofía que se olvidaran las preguntas.

? La vanguardia de la ciencia es cautelosa, ? La pintura no-figurativa es el realismo de nuestro tiempo. Lo abstracto es el único medio dado a la imaginación para afrontar lo abyecto.

? Sólo la alusión

evoca presencias

concretas.

? El academismo no cambia de naturaleza porque prefiera lo rugoso a lo liso, lo angular a lo redondo.

? Alma es lo

que les nace a las cosas cuando duran.

? El principio

de individuación en la sociedad es la creencia en el alma.

? El alma es

cantidad que decrece a medida que más individuos se agrupan.

? A la interpretación fisiológica recurre el que le tiene miedo al alma.

? Sin ambigüedad no se puede hablar de nada que valga la pena.

? Amor es el

acto que transforma a su objeto de cosa en persona.

? Todo ser es una estatua trunca, a la que sólo el amor devuelve sus curvas mutiladas.

? Verdadero aristócrata

es el que tiene vida interior. Cualquiera que sea su origen, su rango, o su fortuna.

? Los materiales

predilectos de la arquitectura moderna tienen vejez de Prostituta.

? Las auténticas obras de arte estallan a espaldas de su tiempo, como proyectiles olvidados en un campo de batalla.

pero la plebe profesional que la sigue es presumida.

? La civilización

es propósito del intelecto. La cultura es expresión del alma.

? La codicia del negociante me asombra menos que la seriedad con que la sacia.

? Es en la espontaneidad de lo que siento donde busco la coherencia de lo que pienso.

? El momento

de mayor lucidez del hombre es aquel en que duda de su duda.

En el silencio de la noche el espíritu ? olvida el cuerpo minado que lo apresa, y consciente de su imperecedera juventud se juzga hermano de toda terrestre primavera. La estadística es la herramienta del que ? renuncia a comprender para poder manipular. La ética debe ser la estética de la ? conducta. Creer es penetrar en las entrañas de lo ? que meramente sabíamos. Dicha es ese estado de la sensibilidad en ? el que todo nos parece tener razón de ser. El mundo de los sentidos es una ? molécula de polvo entre un torrente de aguas invisibles. En la filosofía como en el mito el detalle ? poco importa. La intuición medular sólo cuenta. El filósofo no es sino la llama que lo ? quema. Todo rueda hacia la muerte, pero sólo lo ? carente de valor hacia la nada. A los seres se les puede perdonar lo que ? hacen, pero no lo que son. La brevedad de la vida no angustia ? cuando en lugar de fijarnos metas nos fijamos rumbos. El hombre rara vez entiende que no hay ? cosas duraderas, pero que hay cosas inmortales.

? Hay que luchar abiertamente contra el idioma en que escribimos, para no ceder sino a sus profundas exigencias.

? La ética debe

ser la estética de la conducta. Dicha es ese estado de la sensibilidad en ? el que todo nos parece tener razón de ser. La ciencia enriquece la inteligencia; la ? literatura enriquece la personalidad entera. Las imposibilidades estéticas de una ? época no provienen de factores sociales, sino de censores internos. Los cánones estéticos nunca fueron más ? rígidos que en nuestra época. EL hombre más desesperado es ? solamente el que mejor esconde su esperanza. Carecemos de más sólidas razones para ? prever que habrá un mañana que para creer que habrá otra vida.

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Cuándo leer poesía

C

uando quieras orar. Los que creen que la poesía es Rin – rin Renacuajo, piensan que la poesía se lee en los recreos. Tú no eres de esos. Tú sabes cuándo hay que leer poesía. Rin- rin Renacuajo también es poesía. Pero los recreos no son para leer. Cuando quieras orar, di: “Rin- rin renacuajo… Si estás en casa, y llueve, puedes leer poesía. Porque la lluvia amansa el corazón y predispone la sensibilidad. Si estás en el campo, y es atardecer, puedes leer poesía porque el atardecer en el campo es tranquilo y lleno de sugerencias. Si estás en el silencio de la noche, bajo tu lámpara, también puedes leer poesía, porque la noche es propicia al entendimiento y la reflexión. Si dispones de una mañana gris o soleada, tales mañanas presentan un marco ideal para la lectura de poemas, porque el día comienza lleno de promesas y expectativas. Si, por el contrario, te hayas en un lugar sórdido, allí deberías leer poesía para quitarle algo de sordidez a ese lugar.

Jaime Jaramillo Escobar tenía un librito de poemas en su escritorio, para sacarlo con cuidado en momentos libres. Ese librito se lo había comprado al poeta Mario Rivero, quien en ese tiempo recorría todos los pisos de los edificios con su primer libro de poemas. ¿Dónde, doces? No, no hay un lugar en el que no exista un libro de poemas. No importa que poemas. Poemas. Todos los poemas tienen un instante en el que son buenos poemas. He encontrado libros de poemas en los lugares más insólitos. Y donde había un libro de poemas, allí estaba la vida, así fuese en el desierto. Una cápsula viaja por el espacio interplanetario, llevando señales del hombre, entre ellas unas palabras poéticas. Tú, que eres poeta, ¿de qué dudas?

Cuando viajes, es necesario que lleves un libro de poesías contigo, y cuando no viajes, sino que permaneces en tu lugar, la mejor compañía es un libro de poemas, porque en el poema está todo lo que no eres tú en ese momento. En la mesa de noche, un libro de poemas espera para decirte unas palabras antes de que entres en el sueño. Si te sientes solo, la poesía te acompaña desinteresadamente. Si reposas con tu amor, y lees un poema en voz baja, ella te lo agradecerá porque es un exquisito gesto de cortesía y un modo delicado de decirle que la amas. Las mujeres aprecian mucho que también se estimule su inteligencia. Existen lugares en los que no se debe leer poesía, pero no es necesario enumerarlos. ¿Dices que en un banco? Me temo que te equivocas. Tengo buenas experiencias en contrario. Una vez llegué al Banco Real a las nueve de la mañana, y su presidente estuvo conmigo leyendo poemas hasta las doce del día y dejó que los papeles para su firma se acumularan sobre la mesa. En las oficinas gubernamentales. Ahí sí que no se deben leer poemas, dices. Cuando yo trabajaba con el gobierno, mi secretaria

MÁS SOBRE LA POESÍA

Juan Rivas

Bondadosa como el agua y necesaria como el amor. Urgente, hacedora de la claridad. Diosa blanca que mitifica y mistifica al hablante, luz que enseña el camino sin enceguecer. Sueño donde entramos a la magia del poema, la poesía esa fuerza que no nos hace mejores o peores, pero que deja su profunda huella en nuestra piel. Ratifica, fortalece y nos inunda con su misterio. ”La poesía cruza la tierra sola, apoya su voz en el dolor del mundo y nada pide – ni siquiera palabras. Llega de lejos y sin hora, nunca vista; tiene la llave de la puerta. Al entrar siempre se detiene a mirarnos. Después abre su mano y nos entrega una flor o un guijarro, algo secreto, pero tan intenso que el corazón palpita demasiado veloz. Y despertamos.” 1 La poesía se celebra en el poema, libre como el viento, sin ataduras impuestas. Y los poemas que son la poesía: son mariposas que vuelan hacia la eternidad. El poeta cazador furtivo retiene unas pocas joyas y hace su libro con el oro del poema, y mira receloso a los otros cazadores. La poesía no tiene dueños, y sólo nos deja atrapar migajas de su inmensidad, tal vez una sola mariposa de su maravilloso jardín. Eugenio Montejo(1938-2008 Caracas, Venezuela)

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Stieg Larsson: del periodismo investigativo a la igualdad de género reciente auge de la novela sueca dentro de un género dominado, principalmente, por la literatura anglosajona; y de la otra, en el contexto histórico y los cambios sociales, culturales e ideológicos que se han producido en la sociedad. Todos estos elementos conforman un entramado que se expresa en su máxima tensión poniendo a prueba los valores e ideales que han caracterizado a Suecia como tercera vía (entre el comunismo y el capitalismo) y como modelo de sociedad del bienestar.

L

a novela policíaca sufrió un cambio profundo con la obra del autor sueco Stieg Larsson, al aportarle una protagonista de las características de Lisbeth Salander. La suya es una escritura innovadora también, ya que introduce temas poco comunes dentro del género como la corrupción y defraudación financiera, el racismo, la xenofobia, la trata de personas y la violencia contra la mujer. Stieg Larsson es uno de los escritores más leídos del mundo, porque su obra se ha convertido en una voz crítica y una implacable denuncia y confrontación a las injusticias que caracterizan a las sociedades contemporáneas. Su escritura es un apasionante y trágico fresco de una realidad que desnuda y cuestiona a fondo, señalando los horrores y la violencia que se ejerce a diario contra las mujeres, los inmigrantes, los gay y las prostitutas. Es un duro y lúcido relato acerca de los dramas que vive la humanidad. Lisbeth Salander es una protagonista difícil y compleja de aceptar, sobre todo, por esa ingeniosa mezcla de ingredientes que le dan un perfil multifacético y extravagante: poseedora de una fuerza inhumana increíble, justiciera vengativa, individualista irremediable, hacker excepcional, bisexual, autista explosiva, entre subversiva y anarquista, de memoria fotográfica envidiable, espalda tatuada, cierto aire gótico, y, finalmente, maltratada y violada. Estas características, pero sobre todo su manera de asumir el maltrato y la violación, la han convertido en una suerte de heroína de millones en el mundo. Pero nada de ello surge de la simple imaginación del autor. El origen de esta genial ficción literaria está, de una parte, en el

El estudio de los grupos de extrema derecha y neonazis convirtió a Larsson en un erudito y experto sobre el tema, al punto de ser uno de los conferencistas privilegiados de la Scotland Yard, la policía secreta del Reino Unido. Pero la vida de Stieg Larsson se truncó abruptamente cuando alcanzaba su plena madurez intelectual. Su temprana desaparición ha dado pié a toda clase de polémicas que se abordarán más adelante. Su muerte repentina ocurrió el martes 9 de Noviembre del 2004 cuando un infarto paró su corazón. En aquel instante se desvaneció una de las vidas más comprometidas, prolijas y gallardas que ha dado Suecia en los últimos tiempos. ¿Quién era Stieg Larsson? Stieg Larsson nació en el norte de Suecia, en Skelleftehamn, el 15 de Agosto de 1954. Vivió los primeros años de su vida con sus abuelos Severin y Tekla. Severin fue miembro del partido comunista y junto con centenares de socialdemócratas, sindicalistas y opositores que criticaron y se opusieron al avance del nazismo fue internado en Storsien, uno de los campos de concentración que implementó el gobierno sueco para encerrar a los opositores de Hitler en su avance arrollador por Europa durante la guerra de expansión y exterminio que fue la II Guerra Mundial.

Oto Higuita

procesos de liberación que se vivían en el Tercer mundo. Perteneció al partido socialista de Umeå, haciéndose miembro de la Liga Comunista de los trabajadores e internacionalista. Dos experiencias del Tercer Mundo, Eritrea y Granada, serían la prueba de fuego de su compromiso internacionalista. Stieg Larsson viajó a Eritrea para conocer de cerca lo que se peleaba en 1977. Se contactó con el Frente para la Liberación del Pueblo Eritreano, FPLE, y partió a Eritrea. Una vez arribó a las bases de la guerrilla en las montañas, entrenó a un grupo de mujeres en el lanzamiento de granadas, algo que había aprendido durante el servicio militar. La segunda experiencia internacionalista de Stieg Larsson fue con la revolución que se llevó a cabo en isla de Granada. Stieg Larsson y Eva Gabrielsson viajaron a Granada en 1981. No lo hicieron como turistas, fuern allí a estudiar y conocer de cerca el proceso revolucionario de aquel pueblo antillano que con orgullo se mostraba al mundo como un ejemplo de solidaridad, socialismo y dignidad, a escasas millas de la costa de la primera potencia militar del planeta. Así mismo, fue corresponsal de Escandinavia para el magazín Searchlight, una publicación inglesa antifascista que en su primera pagina llevaba como eslogan: no pasarán. En 1988 en colaboración con Anna-Lena Lodenius inició una de las mayores cartografías e investigaciones conocidas sobre el racismo organizado en Suecia, investigación que dio como resultado el libro La extrema derecha (Extremhögern) publicado por la editorial Tiden en 1991. En la primavera de 1995, junto con un grupo de activistas de izquierda, periodistas y antifascistas fundó un nuevo periódico, Expo, para cartografiar, investigar, recoger información y exponer públicamente el fenómeno del racismo y la extrema derecha.

Siendo un adolescente se presentó un hecho trágico que lo marcaría de por vida. Su pareja, Eva Gabrielsson, cuando tenía 14 años fue testigo de una traumática experiencia. Estando de camping, Stieg fue testigo de la violación de una chica por parte de sus amigos. Días más tarde se la cruzó por la calle y se acercó a pedirle perdón por no haberlo evitado, pero ella le rechazó. Siempre se sintió culpable.

La trilogía de Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres; La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, sigue la tradición de la novela policíaca clásica. Aquí se revela como un conocedor profundo de los clásicos del género, tanto suecos como anglosajones. Su obra es una acertada combinación de la investigación, análisis, deducción, razón e intuición.

La década de los 70s fue la época de la militancia política y su compromiso con los

Sus personajes son seres de ficción, la fuerza física y temeridad de Lisbeth Salander así lo

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confirman, que sin embargo reúnen virtudes y cualidades humanas, pero ante todo irreverentes y éticamente incorruptibles. Su aporte a la novela negra o de suspenso es eso, caracteres que rompen y confrontan los cánones de la sociedad contemporánea de profundos ideales conservadores, con un componente misógino fuerte, una corrupción globalmente extendida y con una fuerte tendencia fascista. El periodismo investigativo Para Stieg Larsson el periodismo era sinónimo de búsqueda y denuncia. Excavar y escarbar, su ley motiv, es el compromiso de todo periodista investigativo hasta atar los hilos que revelan las injustic ias y abusos presentes en las sociedades contemporáneas. Fue sin duda un periodista alternativo, entendiendo por ello el concepto desarrollado desde Ignacio Ramonet, John Pilger, Noam Chomsky y las comunidades en resistencia en todo el mundo, sobre el periodismo que se necesita hoy. Es decir, un periodismo ante todo independiente de los grandes conglomerados y corporaciones económicas; afín a los intereses colectivos, culturales, ancestrales y económicos de las comunidades; intransigente con la transgresión a la ética, las normas democráticas y la transparencia que deben regir las transacciones económicas y las relaciones entre el estado y el mundo financiero; no servir de caja de resonancia de los intereses superiores del Estado; jamás prestarse para campañas de guerra basadas en la manipulación de la verdad, en engaños y mentiras que destruyen pueblos, sociedades y culturas enteras; y ser la voz de los más expuestos, necesitados y desprotegidos, entre otros. Feminismo y violencia de género La propuesta literaria de Larsson contiene un detonante perturbador para una mentalidad conservadora e incluso liberal. Por eso ha generado tanto debate su obra. Porque, Lisbeth Salander, su heroína rompe con los cánones aceptables de lo que debería ser la mujer hoy. Por eso se ha convertido en una especie de heroína para millones de feministas en todo el mundo. Las actuaciones de la introvertida Salander son desafiantes, son la rebeldía y oposición violenta contra todo tipo de amenazas, una silenciosa desobediencia a la autoridad, una actitud que coquetea con el anarquismo. Se enfrenta al siquiatra que la quiere enviar de por vida a una clínica para enfermos sicóticos, empleado a sueldo del Estado y usado por la policía secreta para silenciar una testigo rebelde como Slander; al tutor que le impone el Estado quien la viola repetidamente amenazándola con enviarla de vuelta al encierro siquiátrico

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aprovechándose de su condición de “enferma y menor de edad”; a la policía que busca eliminarla o capturarla por delitos que no ha cometido; al Estado (querido estado un día te las tendrás que ver conmigo) por condenarla desde niña en defensa de los altos intereses del estado; a su padre criminal y asesino, exiliado de los servicios secretos rusos y protegido por la sección de la policía secreta sueca (Säpo), misógino y maltratador que le produjo la muerte a su madre por la violencia a que la sometió; a su hermanastro y el grupo de bandidos del club de motociclistas, Angels Club, que la quieren asesinar por encargo del padre. Obligada y acorralada por las circunstancias emplea la violencia, incluso, más no solamente, para defenderse contra todo lo que la amenaza. Y esto en una sociedad donde las estructuras patriarcales siguen siendo dominantes, no es aceptable ni moral, ni ideológica, ni políticamente. Pues simboliza exactamente lo contrario a la arraigada estructura de poder y dominio que históricamente ha asignado un rol- género inferior a la mujer. Para el autor las violaciones y abusos contra las mujeres es un problema fundamental que hay que discutir y enfrentar en la sociedad. Tan importante lo consideraba, que escribió con Cecilia Englund un libro Debatten om hedersmord - feminism eller rasism. Debate sobre muertes por honor- feminismo o racismo, que se publicó en el 2004, poco antes de su muerte. Uno de sus artículos, escribió decenas, reseña el caso de una violación brutal de un grupo de jóvenes suecos contra una sueca en un camping, lo que provocó una ira nacional. Fue tan brutal la violación que la joven estuvo a punto de morir. Con base en ello sostiene que las violaciones contra las mujeres no tienen nada que ver con el origen inmigrante o extranjero del violador. La realidad es que algunos hombres cometen actos violentos contra las mujeres. Pueden ser suecos, finlandeses o chinos. Pueden ser cristianos, musulmanes o judíos. Pueden estar a la derecha o la izquierda de la escala política. Y concluye diciendo que solo los Demócratas Suecos intentan hacer de la violencia contra la mujer un caso de racismo. A m a n e r a conclusión

d e

Stieg Larsson no solo fue un excelente escritor, también fue un i n t e l e c t u a l comprometido con el periodismo investigativo, con una postura

antifascista y feminista radical que llevó hasta al fondo en su lucha por la justicia. Se comprometió a fondo con las luchas por la justicia social, la defensa de la inmigración, de las mujeres maltratadas y violadas, contra el comercio sexual, fue siempre, casi desde niño, un radical opositor de los grupos neonazis y de extrema derecha en Suecia y Europa. También asumió un compromiso como internacionalista. El Estado, sus instituciones y la policía secreta han fracasado en sus responsabilidades constitucionales de defender al ciudadano- individuo de la injusticia, la violencia y segregación. Pero también fracasa en la defensa de los derechos y libertades de los inmigrantes y las mujeres violentadas. Su visión política se sustenta en lo siguiente: las organizaciones nazis son una amenaza para los cimientos de la sociedad democrática. Pero su aguda observación no termina allí, dirigió igualmente su mirada hacia las violaciones de derechos humanos cometidas por el propio Estado y los aparatos de seguridad, otro de los temas principales en sus novelas, sus artículos en Expo y en los trabajos con otros investigadores e investigadoras. A diferencia de aquellos reconocidos intelectuales que desde los medios corporativos hacen propaganda al sistema neoliberal y las estructuras de poder ligadas a éste, el autor escandinavo es la negación completa de esta clase de artimañas apologéticas. Stieg Larsson jamás hizo elogios al sistema capitalista, en este sentido es la antípoda de aquellos. Estuvo hasta su muerte por la defensa de un mundo plural, multiétnico y multicultural. La revista Expo fue el proyecto al que Stieg Larsson dedicó sus mayores energías y pasión hasta el día de su muerte. Este magazín fue, de alguna manera, su mayor realización como periodista investigativo.


El Gaviero Resumiendo podría afirmarse, que Stieg Larsson reúne las características del periodista alternativo, es decir, lo mejor de la tradición periodística investigativa en el sentido que lo plantea John Pilger en la antología, Basta de Mentiras, cuando citando a T.D Allman afirma que: “El periodismo verdaderamente objetivo no solo capta los hechos correctamente: capta el significado de los hechos correctamente. No solo convence hoy, sino que resiste la prueba del tiempo. Lo respaldan no solo fuentes dignas de todo crédito, sino el despliegue de la historia. Es un periodismo

que diez, veinte, cincuenta años después del hecho continúa sosteniendo un espejo veraz e inteligente ante los hechos”. El despliegue de la historia en el periodismo de Larsson lo encontramos en sus artículos de Expo enfrentando a los grupos de extrema derecha y nazistas de Suecia y de Europa; en sus artículos en el Internacional sobre la solidaridad con procesos libertarios y emancipatorios como el de Eritrea y Granada; pero también en los libros que publicó sobre feminicidio y la violencia contra las mujeres.

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Está claro que la suya es una propuesta arriesgada y exigente. Significa sacrificio y entrega, pero sobre todo, renunciar a cualquier reconocimiento por los grandes medios corporativos, el mercado y los, muchas veces, oscuros intereses de Estado.

El sofá de

Melanie

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¿Cesó la horrible noche?

Ilustración de Jhon Roso Sánchez

El Gaviero Editor

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