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San José de Cúcuta, abril 21 de 2019

Por: José Vicente López M. Pbro.

N

¡Cristo ha resucitado!

cada vez que damos lo que tenemos; cada vez que ofrecemos lo que somos; cada vez que creamos y engendramos; cada vez que rompemos ataduras; cada vez que levantamos al caído y marginado, cada vez que cultivamos la esperanza, cada vez que hacemos comunión, familia; cada vez que nos hacemos como niños; cada vez que oramos en espíritu y en espíritu gritamos: ¡Feliz Pascua de Resurrección, la de Cristo, y la tuya, hermano!

adie negará que la Resurrección de Cristo es la piedra angular de nuestra fe cristiana. De hecho, si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe (1Cor 15, 14). El acontecimiento pascual queda así convertido en centro neurálgico de nuestra religión. ¡Jesús sigue vivo! Hay vivencias que no pueden expresarse, ni mucho menos demostrar. Por otra parte, nadie acostumbra a demostrar Io que vive. Pues bien, esto fue lo que ocurrió con los primeros cristianos. La triste experiencia de la crucifixión había dado al traste con todas las esperanzas de aquel grupo, que había seguido al gran predicador de Nazaret. Ellos eran pobres e incultos, pero el impacto de Jesús les había hecho albergar la esperanza de que, en un futuro no lejano, se convertirían en personajes respetables, cuando su líder –que no cesaba de anunciar su reino (Mt 4, 1 7; Jn 18, 36-37)-decidiera actuar. Cierto que los evangelios suponen que el seguimiento de Jesús se debió a motivos sobrenaturales (Mt 4, 19-20) ; aunque de hecho, los seguidores de Jesús dan a veces signos inequívocos de ambición (Mc 10, 36-37). Es lógico imaginar la decepción colectiva compartida por los discípulos, una vez que su líder murió en la cruz. Sin embargo, la tradición neo testamentaria atestigua que experimentan un trueque tan radical que todo su miedo y cobardía (Jn 20, 19) se convierte en valentía e intrepidez (Hech 2, 4). Y ello ocurre sin que exista ninguna razón aparente. Sin embargo, son los propios discípulos quienes justifican su cambio, al decir que Jesús su líder indiscutible sigue vivo, pues su fuerza vital les está llenando a rebosar.

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Bienaventurados aquellos que con el espíritu de Pascua van por los diversos caminos de la vida anunciando que han visto una luz, una esperanza; han visto a Alguien (Jesús) que ha resucitado a una nueva vida. ¿Cómo es posible que aquellos hombres, amedrentados y faltos de vida irrumpan de repente en la sociedad judía para proclamar un mensaje de carga vivencial? Este hecho, único en la historia humana, sólo tiene una explicación: ¡Jesús sigue vivo! Y esto es precisamente lo que aquel grupo de hombres ilusionados se afana en pregonar. Fue entonces, el acontecimiento de la resurrección, encarnado en los primeros cristianos, que quedó convertido en puntal de la nueva religión. Esta no se cimentó, pues, sobre bellos postulados filosóficos, sino sobre una vivencia rebosante, por lo que su fuerza resultaba irresistible. Ahora los cristianos convierten la resurrección no ya en esperanza, sino en su razón de vivir. Los primeros cristianos sólo exigían aceptar que Jesús había resucitado y seguía por lo mismo, vivo. Ahora bien, tal aceptación no era teórica, sino práctica. Es decir, la fe resurreccionista lejos de reducirse a una simple adhesión de la mente, exigía un compromiso de vida.

Pues bien, el egoísmo, la envidia, los celos, la avaricia, la lujuria, el rencor... Era expresión clara de muerte. Por el contrario, Ia entrega, el servicio, la ayuda, la generosidad, el amor, el diálogo. Eran signos de vida. EI cristianismo, proclamando la supremacía de la vida se compromete a una lucha denodada por extirpar de su esfera existencial cuantos resortes fluían de la muerte. La semana santa no termina el viernes, ni el sábado, sino hoy, domingo, con el esplendor del triunfo de la vida sobre la muerte. No miremos más la tumba, mirémonos a nosotros mismos, mirémonos con amor, saludémonos con alegría sirvámonos como hermanos y corramos a la calle para anunciar la Buena Noticia de que el Señor está con nosotros. Cristo sigue resucitando: cada vez que nos queremos; cada vez que abrimos y ofrecemos nuestras manos; cada vez que participamos con el otro; cada vez que nos superamos cada vez que cargamos con el prójimo herido; cada vez que perdonamos,

Felices quienes corren a los sepulcros del mundo, quienes encuentran las vendas caídas, quienes dudan pero siguen confiando. Felices quienes sienten el domingo de resurrección como un día feliz, único, especial, para compartir con la comunidad. Felices quienes saben descubrir entre las realidades de muerte del mundo, del mundo de hoy, signos de vida y de esperanza. Felices quienes alcanzan la convicción, desde su compromiso vital, de que tras las derrotas cotidianas está latiendo la victoria de la vida. Felices quienes creen en el Dios de la vida. Y quienes creen en una nueva humanidad que pueda ser feliz y disfrutar de la vida. Unos y otros, juntos, lograrán que triunfe la pasión por la vida, otra tierra más llena de vida. Felices quienes descubren paso a paso, en su vida, que la última palabra no la tiene la muerte sino la Resurrección. ¡Felices pascuas! Que el Cristo resucitado también pueda conceder la serenidad, la alegría y la esperanza a usted y a todos sus seres queridos.

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Edición 838  

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