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Fundación del futuro Poesía José Lupe González Índice Absoluta ausencia Aleteo desahuciado Escenario de la nostalgia Imperio de la desgracia El ataúd de tu ausencia Designio de tu ausencia Te he sentido en el abandono Resurrección de tu olvido Múltiple agonía Fundación del futuro Recuerdos secretos Hostia del múltiple tiempo El escenario de tu historia Invención de la eternidad Instante infinito Fundación del futuro Habitar tu ausencia Abordemos la esperanza Testamento de utopías Evangelio


Absoluta ausencia


Bueno, oí lo que te voy a decir. Hacés muy mal en quererme. Y mucho peor es que yo te ruegue que lo hagas. Pero lo necesito, ¿entendés? Aunque no te vea nunca más. Necesito saber que en algún lugar de esta inmunda ciudad, en algún rincón de este infierno, estás, vos, y que vos me querés. Abaddón el exterminador Ernesto Sabato

Soledad de soledades, yo sé que si es triste todo olvido, más triste es aún todo recuerdo y más triste aún toda esperanza… Solo está el hombre. Solo y desnudo como al nacer. Solo en la vida y en la muerte solo. y solo en el amor, con su sueño, su sombra y su deseo. Luis Cardoza y Aragón


Aleteo desahuciado La desértica claridad de la alameda nos esperaba inmóvil bajo la tarde serena Amor, te dije, y una luz de alegría como pájaro enjaulado aleteó en tus ojos Amor, te dije, y los deseosos latidos de tu pasión se agolparon en tu mirada y en tu sangre y en tu piel que fue a llenar con tu ansiedad mis manos impacientes de ese incendio tuyo En las tardes de tu piel hecha de bullicio pajarero llenamos el hueco de las horas y el espacio de la Alameda tocamos el fondo infinito del deseo que se deslizó por las raíces de nuestras entrañas mis dedos anidaron en tu talle en esa ardorosa llama que me provoca toda clase de incendios nocturnos en las manos y una lluvia de uñas incendiadas sobre esa piel de tu piel y dedos hambrientos de tu honda herida sin fin donde murió el fuego infinito de mi sangre Hoy vagamos por la calle de los inviernos en abril y los veranos fríos como insepultas imágenes de un destierro. Antes lo había dicho ya: te amaré hasta la última llama de mis dedos con la ansiedad de un filibustero Ahora quiebro el sonido de mis palabras hacia otro silencio hacia otros sonidos cambio el vuelo de mis pájaros hacia otro nido cambio los latidos de mi sedentaria inquietud Sí, hoy tuerzo el camino de mis llameantes manos. Trozo destruyo deshago mis ansias en tu talle de veraniega primera para el candente plumaje de mis manos. Corrijo reformo rectifico la impetuosa rabia de mi pasión porque miente la hipócrita Alameda y sus amantes ingenuos tú y yo nunca nos amamos mienten las calles y las macetas y la Alameda y los amantes


llegamos con un revoloteo de mariposas incendiadas en las entrañas y estuvimos mucho tiempo en la impetuosa cama del deseo cobijándonos con las fogosas sábanas de la inquietud impostergable Hoy lo repito: Antes de que el invierno me vuelva de piedra las manos y de hielo las entrañas cambio la ruta de mis noches hacia otro cuerpo con tangible fragancia de amor porque es tu falda un montón de sexo calcinado que se deshizo muchas veces en mi pantalón en la milagrería ficticia de la alameda. Hoy lo afirmo: el vuelo de nuestros pájaros está desahuciado sin alas encendidas y sin fuego en las entrañas Hoy lo afirmo: nuestro amor está carbonizado finalmente incinerado.


Escenario de la nostalgia Hoy que el alba de deshace en gotas de ayeres se diluyen los trozos de tu ausencia en silencios que habitan los vacíos de silencios petrificados. Es un puñal de afilado viento invernal tu recuerdo que parte en esquirlas de insomnio soñoliento las noches de mi cama donde en sitios vacíos duermen las línea imaginadas de tus espacios perfectos entre aristas de sábanas que sollozan el canto del abandono. Es una daga de templado filo de ausencia tu recuerdo y hoy escribo leyendas de tu vida junto a la mía es un puñal tu recuerdo y no estás conmigo no quiero trazar un escenario perfecto donde la alameda tendría mucho que ver también la Morelos y tú como protagonista de mi historia Es tu imagen una daga que corta el pensamiento que te nombra a cada letra. En estos momentos hay manchas de tu ausencia que atraviesan mi cama y también las sábanas que nunca pudieron tocar tus líneas ni recorrer la geografía de tus valles y montañas. En estos momentos hay palabras y suspiros de gargantas ajenas que petrifican la ansiedad de mi deseo porque siempre tuviste algo de ausencia en los pasos la misma ausencia que congeló mi impulso porque nunca llegaste a ser cierta en mis manos, en mi cama, en las sábanas que mueren de tedio. Ahora mis palabras embalsaman el futuro del pasado porque sólo ahí me perteneces ahí donde perdura tu ausencia ahí donde mi pensamiento ha trepado por tu talle no quiero trazar un escenario perfecto donde mi cuarto de adobe dormido tendría mucho que ver y tú con el deseo palpitante escurriéndose en la euforia de mi ansiedad reprimida. Es tu recuerdo un latigazo que hiere el pensamiento


porque el ropero guarda el eco de tu adiós y desde la fecha del abandono creciente el escenario petrificado de mi cuarto y la Alameda y la Morelos y yo somos protagonistas de un canto estéril de olvido. Me perteneces sólo en el ayer desde el ayer embalsamado para el futuro y nunca fue tan inútil la Alameda y la Morelos y eternas las noches en la cama abandonada. Desde mis insomnios Busco sin encontrar tu imaginaria imagen que durmió en las sábanas de mi cama. Hoy el alba se deshace en gotas de ayeres no pude torcer el rumbo de mi soledad para trazar un escenario perfecto.


Imperio de la desgracia En mis crepúsculos de fríos ardientes y llamas congeladas perfecciono, amor, tu figura. En silencio escucho la palabra de tu nombre como eco palpitante rebotando en los muros de mi memoria descalza. Mis horas sin echar raíces en el día se transformaron en ruinas intangibles en escenarios imperfectos donde los latidos de mi pensamiento se aferraron a ti a tu inexacta figura sin medida como un desahuciado a la esperanza. En mi oscuro silencio la punta de la imaginación desnuda glorifica, amor, tu rostro. En la noche fantasiosa todo calla bajo el olor de tu recuerdo que hoy es aroma de fatal ausencia. En ti creció mi esperanza en los vocablos de tu nombre, mujer que yo aprendí para llamarte amada, amada. En ti se detuvo mi soledad el tiempo se convirtió en espera eterna para que llegaras exacta por los inéditos espacios del segundero. En mis labios todo enmudece sólo las letras de tus palabras tienen magníficas resonancias. Sí, sólo tus letras son inmóviles en el oleaje de mi voz callada que a chorros me brota de la garganta. Amor hoy eres mi pensamiento encarnado donde se alzan las victorias de mis derrotas y el canto sollozante nacido de la elegía de mis lamentos. A ti se encadenó mi memoria torturada y a tu forma se anclaron mis ojos sin resplandores. Hasta ti llegaron mis pasos cuando permanecías inmersa en la tristeza irremediable que prodiga el sabor del abandono. Ojirazca inquieta hasta ti llegaron mis pies martirizados cuando eras una gota de piel adolescente con el sabor amargo de la nostalgia.


Con la alegría que da la tristeza hicimos acompañada paradoja lo que era soledad nació en tus ojos esa ardorosa llama que incendia el mundo y en tus espejos de fuego feliz se apaga lentamente, amor, mi existencia. Ahora espero bajo el cielo tu ternura nacida de las penas tu ternura que me has negado y es la clave del poema Ojirazca que me importan los signos de la oscuridad y el idioma de las estrellas y la elocuencia de las flores si ahora tu risa se pierde en otros oídos. Que me importa la alegría de tu voz rompiendo las olas del viento si lloro lágrimas de elegía mientras escribo este poema. Aquí estás Ojirazca en el poema aquí estoy en la voz del silencio aquí estoy en el poema lamiendo con la mirada la superficie la piel, los renglones de esta elegía. En mis versos perfecciono, amada, tu figura amada que hoy es aroma de amargura. En ti murió mi esperanza, mujer, en los vocablos múltiples de dicha y de ternura que aprendiste para que yo te sintiera ausente ausente ausente. Ojirazca voy a vivir tu vida y a morir la mía voy a glorificar tu imagen y a vivir tu recuerdo mientras lloro lágrimas de elegía para tu poema.


El ataúd de tu ausencia Aquí donde tu olvido me golpea el pecho y el ansia con el viento que trae el canto de amantes empedernidos tu abandono es el ataúd abierto que espera impaciente mi deseo insepulto. Nunca se cansaron tanto mis manos y el segundero de esperarte. Te espero, te esperamos mientras mis crepúsculos de sangre transcurren entre un movimiento del corazón y otro de tu olvido. Hoy la palabra de tu nombre toma la forma de una flor inmensa como la ausencia que esparce su fatal aroma en mis noches moribundas. Sí, hoy mi memoria sólo repite la danza de tu figura entre los sonidos de lluvia y la luz del alba. Pero no han bastado las imitaciones de tu forma, ni el sonido de tu nombre para acudir al abrazo exacto de la muerte. No, no bastará el ataúd abierto ni mis crepúsculos de sangre ni tu nombre como flor inmensa ni las imitaciones de tu figura para vestirme con el traje de la muerte para habitar la celda de los desahuciados. Te buscaría en lo más profundo, en lo más lejano en lo más doloroso de los recuerdos en la inmensidad de la noche si fuera posible enumerar los modos de la muerte que me prodiga tu abandono y que toman forma en mi agonía. Sacudiría el árbol de los recuerdos antiguos donde la nostalgia se ríe de las siluetas y del deseo si las transgresiones arbitrarias de tu olvido no burlaran el orden de mi memoria. Ahora, sólo imágenes descubrimientos de la pasión naufragante imágenes mediaciones entre mi muerte y tu ausencia. He vuelto al sitio señalado donde se unen ataúdes y recuerdos. Vuelvo a ti, a tu otoño de imágenes amargas a la hora del enlace de los cuerpos. Honda dolencia incurable, eso eres tú en medio del páramo nocturno de las líneas y de las formas pretéritas.


Ya no será posible abarcar la noche en tu figura en tus ojos hay miradas que habrán de encenderse no estaré para verlas no será posible recibir el alba en tu cuerpo. Presentaré esta serie de recuerdos en la hora de mi muerte pacífica cuando mi agonía tome al última forma de mi muerte. Redescúbreme en cada adivinanza de la muerte reinvéntame en cada rostro de los ataúdes abiertos reescúchame en la voz que no volverá a nombrarme recuérdame en todos los sitios previstos por la memoria. Sentada en todos los sitios del recuerdo eres un ademán del olvido el gesto predilecto del abandono que ha cumplido su misión para llevarme al ataúd de tu ausencia.


Designio de tu ausencia No era necesaria otra acometida de la misma soledad para saberlo. Caminaron mis manos por hombros vírgenes donde el amor agonizó antes de implantar su reino. Hoy solo quedan restos de palabras pronunciada donde el eco del silencio tuvo que perecer para que me escucharas. Quedan hoy las citas postergadas en aquel café lejano “Benavides, seis y media“, dijiste sin que llegaras a ser cierta en aquella hora. Quedan los sollozos de mi efigie en las plazas públicas en la despechada alameda en los nostálgicos parques donde goteó mi melancolía trozos de palabras sobre una hoja de tristeza en blanco como verdad exacta de tu ausencia. Queda el aroma de una flor en el aire queda mi canto naufragante quedan mis labios donde ya está anocheciendo por tu ausencia y tu olvido y no era necesaria otra envestida de la soledad para saberlo. No era necesario enturbiar el ambiente con la etérea fragancia del recuerdo y memorizarte con las ardientes pinceladas de mis lágrimas. Fue muy temprana mi angustia para tu amor en esa tarde gris sin fecha en ese primaveral otoño sin semblante que me escupió un rostro de alegría retirada. Sí, no era necesaria otra estocada de la soledad para saberlo para decirlo. Hoy la puerta de mi dicha conduce a la tristeza inevitable que ya me ha inscrito en los latidos la frase de tu abandono exacto mientras estalla en mi pecho la nada de tu presencia. No, no era necesaria esta soledad tampoco la tarde con los epígrafes de amantes suicidas y los epitafios de tu ausencia. Hoy dormirá la tristeza en mi pecho y el abandono en mis manos. No era necesaria esa tarde


tampoco los Marlboro como lápices dibujando con el humo las líneas de tu rostro. Aquí está la tarde como refugio para los amantes puede enredarse en ella quien esté enamorado y le teja trenzas al crepúsculo. Aquí está la tarde para designarme tu ausencia.


Te he sentido en el abandono Bien sentí flotar tu recuerdo sobre mi presencia inmóvil, bien te sentí Como verso paralizado o lejanía perfecta. Te he sentido como te sentiría un moribundo ante su territorio de muerte. Bien sentí también tu imagen en mi soledad el ambiente de abandono huele a ti a silencios enmohecidos y a crepúsculos muertos Te he visto en tu primera figura y en tu última forma, así como eras verso divinizado así como eres ausencia inmortal se vació la mirada de mis ojos en ti y tú sigues ahí, fiel, frente a tu propio espejo copiándote a ti misma, mientras te reinvento, te redescubro hasta los dolorosos límites de la angustia que se detienen en la agonía de los recuerdos inexactos que se alimentan de tu adiós cercano. Pero no basta Sentir naufragar la copia de tu efigie Sobre mi esperanza Para concluir la agonía de una muerte que no cesa Y tú sigues ahí, leal, naciendo de los nuevos secretos de tu espejo que no te señala ningún error. No basta sentir el podrido aroma de tu ausencia entre mi agonía paralizada; para morir, no, no basta eso. Bien te he sentido ya, como podría sentirte el propio espejo. Para morir no será necesario el olvido ni el abandono No basta reescuchar la voz de tu recuerdo en los escombros de la noche ni tampoco tus dones perfectos para prolongar esta agonía. Para mi muerte basta un solo de ceguera en las palabras, cerrar los ojos de las manos a tu cuerpo. Para morir no será necesaria tu imagen reinventada


de cuando eras toda tú, caminando por el viento, fluyendo por la calle, perdiéndote en la memoria, desapareciendo en el tiempo. Para sentarse al festín exacto de la muerte No bastará sentirte como te he sentido; Porque conozco el vaho jadeante de tu recuerdo en la noche moribunda. Para alcanzar el don infinito de la muerte basta decirle no al mañana, cerrar el silencio a las palabras que toman forma en tus labios. Basta sólo dejar de blasfemar por tu ausencia, Dejar de sentirte así como eres hoy: Eco cansado de una imagen incierta. Desde antes lo dije: Para dejar de sentirte no basta burlar el orden de los días ni el movimiento de las similitudes con las transgresiones arbitrarias del recuerdo. Hoy finalmente espero la última caricia de tu olvido escrita en este poema inventado con mi agonía donde la muerte me proclame su eterno heredero.


Resurrección de tu olvido Aquí donde la música del olvido me golpea las dos mejillas y los labios, aquí donde la resurrección de tu recuerdo es el espejo de la ausencia le he dado a mi memoria el movimiento que puede reconstruirte. Debes saberlo ahí donde estés: El abandono colinda con todo lo que tiene algo de olvido. Es necesario que lo sepas. Miente lo que habla de ti: la Alameda y las citas infalibles. La Morelos y sus paseos irremediables. Aquí donde el aleteo de mis manos Es la fornicación de la noche estéril Te mostraré el cadáver embalsamado de mi antigua Sonrisa. Te mostraré la imagen maltrecha que resistió las dentelladas de la soledad. Aquí estoy en la noche infecunda donde contraje pactos secretos de alianza con las sombras nocturnas con la aparición que no tuviste con la forma que no merecías a la que acerqué aderezos de esperanzas como ataúd para un muerto insepulto. Hiciste con la noche el reclusorio para mis ansias navegantes, celda para cualquier intento de fuga de mi inquietud irremediable. Debes saberlo: Aquí donde tu recuerdo es el único vestigio de tu presencia me convertiste en el discípulo predilecto del abandono inminente. Puedes volver pero no lo has hecho mientras caminas por calles lejanas y tardes perdidas con tu colección de besos y caricias y yo con la piel enmohecida y los latidos naufragantes escucho el deletreo de tu cuerpo imaginario entre el jadeo de las caricias nocturnas que se prodigan los amantes incansables en la tempestuosa cama de la noche. Debes saberlo ahí donde estés: Deseaba la otra mejilla del amor No la abofeteada por las manos impunes de la desdicha Es necesario que lo sepas: aquí donde se me envejecieron las manos embálsame tu semblante con la precisión de la memoria. Debes entenderlo: las proyecciones solitarias de la mente


son una artimaña para burlar el orden de los recuerdos. Aquí donde el ruido del abandono me golpea el deseo el deseo y me ata las manos tu imagen es la resurrección de la ausencia. Entiéndelo: Es necesario que lo sepas.


Múltiple agonía He llegado ya al sitio y la hora señalados con una colección de múltiples agonías para una muerte inconclusa. No era necesaria tanta soledad para que se cumpliera la sentencia de tu abandono con el veredicto inacabable de la ausencia que me ha designado una agonía inédita y una muerte insepulta. Desde que tu ausencia se aferró a mi cuerpo como el traje de los condenados, he transbordado los ataúdes abiertos que esperan impacientes los restos finales de esta agonía inconclusa. Puse las manos en el lugar que pensé, era mío. En tu cuerpo como verdad desnuda mostrándome los epitafios de la muerte escritos con las letras de tu presencia antigua. Desde entonces mi huella te busca por los atardeceres inéditos dormidos en los brazos infecundos de la desértica Alameda donde cayó la luz con su lluvia de soles impacientes para heredarme la noche como refugio para la muerte. Buscándote en los atardeceres y las noches vi los pájaros de la tarde que se extraviaron en la oscuridad, escuche el murmullo del amanecer cuando recibía los vestigios de la noche. Después de la búsqueda el pasado cruje por las indagaciones de la memoria que sacude las imágenes detenidas atrás del pensamiento que copió todas las siluetas de tu presencia y todos los modos de tu figura sí, aquí donde tu semblante tomó la imagen del abandono no encontré otra cosa que la resurrección de tu olvido. Ahora cuando mi presencia ha enumerado todas las formas de la muerte errante presentaré esta serie de recuerdos al custodio de los cielos. En mi agonía se han coleccionado todos los secretos de la muerte que sirven para hurgar el infinito. Mientras mi nostalgia mancha de tristeza las últimas rosas el cementerio con su horario carnicero ha cerrado las tumbas postreras porque existe un gran desorden para contar los amantes olvidados


y los muertos insepultos. Buscaría tus cabellos de oscuridad, tus ojos de anochecer con las alusiones al pasado con los quehaceres del recuerdo ahora que alguien acaba de encender la noche. Te buscaría en los ataúdes y en los sepulcros, en todas las veredas inéditas de la agonía si no te hubieras extraviado en las rutas de la ausencia. Presentaré las marcas de esta agonía al pagador de la eternidad en el momento que el amanecer le entregue al sepulcro de la noche los restos de esta agonía en el féretro de tu ausencia.


Fundaci贸n del futuro


Ámame, compañera, no me abandones. Sígueme. Sígueme, compañera, en esa ola de angustia… Vamos juntos. Rompamos este camino juntos. Será la ruta tuya. Pasa. Déjame irme. Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame… ¿quiénes se amaron como nosotros?. Busquemos las antiguas cenizas del corazón quemado y ahí que caigan uno por uno nuestros besos hasta que resucite la flor deshabitada… Pablo Neruda


Recuerdos secretos Debo escribir la historia de los recuerdos imposibles aquellos que nos dieron un acercamiento a las utopías necesarias sin más alimento que tus besos en mis besos de tu risa en mi risa, de tu mano en mi mano, de tu voz en mi voz, de tus ojos en mis ojos. No es necesario que oigas esto, pero óyelo donde estés. Te me con latido que nunca se dieron tregua te ame sin porqués, sin cómos, ni dóndes, con mi esperanza limpia en las horas de ternuras no cumplidas, de las cosas que juramos para la eternidad inmaculada por los hechos. Debo trazar las líneas injustas de los recuerdos que esclavizan los instantes perpetuados, quietos como imágenes de un tiempo jamás transcurrido. Oye bien. Debo escribirte el pedazo infinito que inventamos, detenido en un segundo sin imagen justiciera que tuvo sólo un después solo en el mañana de la esperanza. Dime a donde irán los deseos que no fundaron ninguna historia candente en nuestros cuerpos. Dime en cual cementerio de anhelos y sin epitafios Dejamos los deseos que la historia detuvo Porque nunca en el adiós supimos cuantos sueños vale una esperanza. Oye esto en cualquier lugar del tiempo. Quisiera escribir las cosas sencillas de un amor sencillo. No podré, ya, construir ningún pensamiento sin la fantasía que prodigaste perdida en los caminos señeros de ilusiones impecables. No es necesario que oigas, pero hazlo. Te hablan los pájaros y su cielo de sangre, los árboles y sus tardes sin rumbo preguntan por ti los besos olvidados injustamente que de mis labios a los tuyos hallan cuatro adioses de distancia. Ayúdame a tatuar los minutos extendidos en el pasado con los vestigios de Eros para corregir la biografía de las voluntades que no alcanzaron el significado preciso en la historia de los recuerdos. Entiéndelo, ahora, donde estés. Los recuerdos son porque sucedieron Y no puedo imaginar


aquellos que dejamos en la ruta del pensamiento a la realidad ilusoria traicionada por el tal vez de los latidos. Debo escribirte los trazos de los recuerdos inmortales que no tuvieron una representación terrenal. Óyelo si quieres. Los anhelos inmortales no tienen la mácula de la realidad corruptible. Debo rescatar los minutos donde fuimos inmortales del cementerio que guarda las tumbas de los secretos enamorados. Debo escribirte esto, óyelo, no es necesario, pero hazlo. Escribirte, por ejemplo, los recuerdos secretos Palpitan en el alma. Tenía que trazar los recuerdos imposibles que acercaron lo imposible, porque nunca en el adiós supimos cuántos recuerdos nuevos caben en una esperanza. Tuve que escribirte, por ejemplo, los instantes cuando fuimos inmortales. No es necesario que oigas, pero hazlo.


Hostia del múltiple tiempo Hoy que adornas mi vida con tu presencia el mundo ya es visible en tu mirada y el tacto de mis ojos se proyecta en tu figura por los espacios exactos de los segundos intangibles. Vestida como la forma de mi pensamiento vas por galerías innumerables con los rostros múltiples que nunca fueron y ahora son en ti. Dadora infinita de dichas inmortales hoy tengo el rostro de tu sonrisa, tu nombre hecho de alegría en mis labios. Vas por mi memorial río inagotable como el canto descalzo como profundo sonido resonante perforando silencios. Fluyendo entre danzantes presencias busco tu falda morena donde mis manos echaron raíces resurrección de la adolescencia destrozada que viví sin saberlos, donde se pudrieron todas mis horas veraniegas. Perfecto rostro irrepetible eres todas y te pareces a ninguna, eres el futuro del pasado que se escurrió por el arco del ayer irremediable, eres todas las horas y ningún minuto y hoy tienes la imagen de mi tiempo. Sagrada hostia hostia inmortal hostia de resurrección eterna hostia que borra los espectros del pasado que nunca viví. Hoy que habitas en mi voz las letras de tu nombre vuelan de mis palabras como aves emigrantes a tu cielo. Mucho tiempo esperé el eco interminable de tu piel, mientras el capítulo de mi adolescencia veía como caminaba el otoño para tatuarme los fantasmas del invierno. Y te hablaron por mi las banquetas aporreadas por mis pasos las piedras que no cedieron al paso de soledad las estrellas sin dueño la preguntona rosa sin destino mi mirar enterrado en tu sombra mis sueños que se enmohecieron en la almohada los pájaros naufragantes mi primavera meditabunda, por eso hoy sigo recorriendo los peldaños que emergen de tus líneas,


voy en el sonsonete que dictan tus latidos. Dadora inacabable de dichas inmortales has humillado mi soledad porque el mundo nace donde pones los ojos ahora estoy en tu mirada. Insisto: En ti todo es eterno hostia del mĂşltiple tiempo.


El escenario de tu historia Te escribiría otra historia de amor, otro poema, si otra vez tu nombre mordido hubiera azolvado la pasión de mis palabras enlutadas de amor. Lo haría hubiera despetalado el recuerdo de tu efigie para ensamblar el eco desnudo de mis palabras descalzas y edificar el escenario de la historia ningún escenario es digno para la perfección de tu figura lo hubiera hecho si la Alameda y las calles y las paredes y las banquetas y las fotografías y las estatuas no supieran de esta sucia pasión que deja manchas de tu olvido atravesándome la piel, y ya saben también que estoy con el luto por el amor hasta las manos que estoy con tu amor hasta los ojos. No existe pasión digna para la perfección de tu amor. Los muros de las calles detuvieron Un instante de esta pasión Que matiza de verde sucio Los minutos de esta hora que fluye hacia ningún lado. Un instante donde se detuvo el melancólico gotear del tiempo el melancólico gotear de las cosas el melancólico gotear de esta pasión. Ningún gotear de verde sucio es suave para tus oídos Te habría escrito otro poema Si tu nombre como epígrafe de mi emoción asomara una vez más a la ignición de mis palabras. Lo haría ahora que caminas y prosigues y atraviesas por la tarde donde flota demasiada primavera en el viento. Hubiera desmadejado la historia de tu vida para que goteara con suavidad sobre las líneas del poema y astillar el silencio con los ruidos


de los hilos de nuestras miradas que se anudan y se rompen. Ninguna primavera es suficiente para tu presencia. Otra historia, la hubiera hecho con tus pasos cruzando por las calles de la memoria como tarabilla infinita o estribillo incansable para poner la acentuación exacta en los renglones. Otro poema, lo haría . ensamblando los ruidos del día futuro para aumentar la muerte de la tarde con tu voz deshielándose en los límites del aire, porque nada persiste contra el suave gemir de tus palabras. Ningún poema persiste contra el perfecto gotear de tus palabras. Te hubiera escrito otro poema de amor, otro escenario. si la mañana no me hubiera encontrado como rehén de tu pasión, junto a la miseria de mi historia que reúne el triunfo de mis derrotas, porque ya sé: que estoy perdido hasta nunca y hasta nunca ganado. Otra historia, con otro argumento, la haría si tu voz como epitafio de mi amor hubiera fluido por la ignición de mis palabras para edificarte otra historia, otro escenario. Te hubiera escrito otro poema, lo hubiera hecho.


Invención de la eternidad Hoy el mundo cobra vida sólo con tu vida que alumbra las calles solas donde pasos solitarios te encuentran como estandarte para cualquier soledad. Sí, ahora eres la única que revive lo que murió de tristeza en los caminos del abandono interminable. Instante único que reúne la gloria de la historia que no vivimos. Sí, hoy contigo es más vida la vida que se vive portadora de gracia que persiste en el porvenir. Sólo tú haces más vida la vida que se vive desolada. Desterrado de mis propios recuerdos humillados del ayer que no resiste tanto olvido del horizonte menesteroso y harapiento, recibo la caricia de una mano que no pronunciará un adiós en el aire de oloroso tacto fundador de las figuras posibles del paraíso futuro. Amor que detuvo el tiempo en el paraíso extraviado. Los colores se funden en uno solo y los sonidos son uno mismo todas las existencias significan la tuya todos los tiempos son los que posees. No arde ninguna palabra si no surge de tu voz no ilumina la claridad si no emerge de tu mirada no hay vida si no es por tu vida por ti cualquier tierra es república sin bandera, territorio deshabitado, suelo menesteroso, tierra infértil, camino ciego, patria sin territorio, territorio sin patria. Todas las existencias significan la tuya en el tiempo que posees. El instantero milagroso hoy es el prodigio de dos que se aman en el momento heráldico, milagrero diminuto que sostiene los sesenta espacios donde cabe el segundo infinito que representa el amor en un movimiento de la hora en la hora de nuestra pasión que funda una historia que gira, como el mundo, por los latidos múltiples donde va el segundero que cambia el camino de lo eterno para que dos encuentren el amor solidario en el hueco intemporal para el amor que hace infinito el instante y detiene el tiempo porque es infinito. Instante que detiene el tiempo por el amor prodigioso de dos.


Ruido intocado por la desdicha portas el fuego de los diamantes Oscuros en tus ojos, en la mirada de tacto brillante Así, vas, lenta, precisa, por el sonido iluminado que sigues por el rastro del aroma dulce dulce dulce para que llegues exacta al sitio requerido con el sabor teñido de la invención del futuro, que aún no es, pero existe en la luz silenciosa de tu presencia, aquí, ahora, suave aroma que inunda la vereda de luces amargas a donde llegó la claridad de tu voz. Ahora llegas, exacta, con la invención del futuro que existe con mirada de tacto brillante. Deja que te nombre, amor, como amor, con estas palabras dignas como heraldo para el olvido de la pasión que murió , allá, atrás, en la lejanía y sigue como muerto errante. Palabra cierta, paraíso encontrado como isla deshabitada a donde no llegó conquistador alguno como saqueador de tesoros. Deja que pronuncie tu nombre, verdad de hoy, como suma de los tiempos donde creces. Eres, así, como isla sin huella invasora como territorio inédito donde aún no hay bandera de ternura que prohíba la entrada a un amor sin linaje como naufragante que toca la playa prometida Deja que te nombre verdad cierta como playa prometida Nueva invención, playa inédita, significado preciso, verdad requerida, presagio de la existencia, presagio del tiempo vida del poema, de todos los poemas, saludo de la felicidad, templo de la dicha, alegría de mi alegría, poema de mi poema, única mirada que enciende el crepúsculo palabra innombrable si no es por mi voz existencia que es mi existencia amor que es la eternidad que necesitamos. Amor: invención del significado preciso que necesitamos. Tiene vida y se llama el presente y mueren la palabra vagabunda y los latidos del pasado en una fecha y una primavera y una ausencia lejana. Ahora mis manos conocen tu piel y tu deseo y tu pasión tres islas semejantes y nombradas. Somos barcas ancladas y con tu isla para los sueños privados de dos que se atreven al instante infinito


de los que se aman. Mira tus manos y tus piernas y tus cabellos donde el aire se hace viento y la oscuridad tiene luz y los recuerdos malos encuentran su ataúd y sigue la existencia por el rumbo del futuro y la eternidad el presente tiene vida y mueren los latidos malos y la palabra vagabunda te entrego el amor que no consumieron la soledad, el abandono, el olvido, hoy que tienes en la memoria la imagen donde te reflejas, eres, existes. Somos dos en el mundo, el universo, en las calles que nos pertenecen, que son nuestras, que no tienen pasos que se adueñen de ellas. También está ti imagen con la medida exacta de la gloria, de la eternidad de amor, para hacernos inmensos en la inmensidad, en la grandeza, en el lugar que no le pertenece a nadie. Abordaremos la grandeza como antes del desamparo, la desolación, la desesperanza, porque solo el amor salva de aquello que colinda con el olvido, la nostalgia, el abandono. El amor que enciende el camino mañanero del amanecer, del alba como beso nuevo, la caricia futura. Así, llegaste, pues, marea alegre donde se marea en una barca enamorada, amor, palabra intocada, marea que no trae lo perdido, sino lo encontrado con la medida de la gloria que presagia el regreso del tiempo no vivido que se detiene en el espacio tangible de la hora donde asciendes, precisa como el amor, que hoy habita el universo que es el descubrimiento de dos que no tienen sino el instante infinito del presente como tumba para el pasado errante. Amor, palabra intocada, universo de dos que presagia la medida exacta de la gloria. Hoy te amo, así, con un amor más grande que la eternidad con más pasión que todas las pasiones juntas de la existencia porque solo la inmortalidad se compara con la felicidad a esta felicidad que llena con su incendio el universo entero. Nos pertenece ya la grandeza de un amor que es de nadie la inmensidad que necesitan nuestros latidos siempre enlazados por los recuerdos requeridos y que no han sucedido aún pero existen en la invención del futuro, de nuestro futuro, del futuro de dos que se aman, con un amor que es todos los amores de todos los tiempos, Nos pertenece, ya, el amor que es todos los amores de la existencia.


Instante infinito Para María Elena Holguín López por este amor y este adiós que es para siempre, por el pedazo de amor que se nos quedó sin dueño, por nuestra felicidad que fue única, sin igual, sin pareja en el mundo, como ahora. Mira como se desvanecen los rostros y los lugares con el ser que los amó como pudo T.S. Elliot. Señora de la luz, te mando, te suplico óyeme hablar sin voz, oye lo que no he dicho con este amor te amor, con éste te maldigo. Sabines Antes lo dije, hubiera escrito otra historia, otras escenas, otro argumento, otros versos, con los paraísos que tomaron forma con tu presencia. Hoy no, no será posible contar los reinos y los lugares que fueron artificio puro junto a tu andar puro. El tiempo tuvo historia por tu tiempo, fuimos por las horas como por los sueños como por el mundo como por los deseos como por nuestros cuerpos El tiempo tuvo historia por tu tiempo Fuiste todas con el rostro de ninguna Fuiste ninguna con el rostro de todas rostro inumerable de todos los rostros Parecías mi esperanza y mis sueños vestida con el lujo de las ilusiones encontradas efigie perfecta hacedora de felicidad irrecuperable, siempre perseguida entre galerías de ausencia transparentes y resonantes como tu recuerdo efigie perfecta parecías mi esperanza hacedora de felicidad. Busco, busco sin encontrar ese indicio tuyo, busco sin encontrar nada. Sólo quedó el grito silencioso de un adiós solo y sin fin Por las rutas que guardan los recuerdos alegres De los amantes insaciables, los amores suicidas Camino donde un rostro pudre todos los veranos petrifica todas las primaveras que no alcanzamos


porque tu mano de oloroso ruido embalsamó la imagen de la estación futura, estación de la emboscada. Ahora sólo un adiós solo, adiós de la emboscada Abrí la puerta de un imperio donde no pasó el tiempo de horario emponzoñado, mientras caminé por las calles del mundo con su sol de soles incendiados por los besos calcinantes de solidaridad compartida que no alcanzó el horizonte prometido, la tierra deseada. Horizonte intangible, tierra real donde arde el siglo de todos los siglos en un mismo instante. Instante que no alcanzó el horizonte de solidaridad compartida. Amante siempre requerida, el amor comenzó con tu existencia en pasadizos múltiples que ahora repiten este amor a semejanza de las despedidas solitarias para un destinatario solo, sin destino. El universo cambia con los nombres desnudos arropados, apenas, a penas, de esperanza en el futuro solidario y compartido, lealtad de amor y fe en el porvenir que se quedó sin llegar. El mundo cambió con los nombres desnudos y solidarios. Otros versos, otro poema, otra historia, la hubiera edificado la hubiera construido con el regreso al beso de partida, al beso de la partida, con los pronombres fieles con tu amor inmortal, dadora de dichas mortales. Otra historia la haría hoy, al desenterrar la ilusión perdida de un hombre y una mujer enamorados, la hubiera hecho hoy que somos el oriente y el poniente del mismo horizonte. Otra historia, la hubiera hecho con los pronombres fieles de la ilusión perdida. Si alguien sabe donde quedó el momento donde ardieron los siglos de los amores en un instante nuestro, que lo diga, que lo grite


para cambiar los versos, el escenario de la historia. El amor aunque hace infinitos los momentos no detiene el tiempo, escribió Saúl Rosales, pero este amor infinito detuvo ya el tiempo, mi tiempo, el infinito. Porque nada es sucedáneo en la biografía donde faltas, donde no estás, en el amor que se quedó sin dueño y sin infinito. El amor aunque hace infinitos los momentos, detuvo mi tiempo, mi infinito. Con tu abandono se desvanecen los lugares, los sitios, que latidos juntos recorrieron a paso de amor la fe del futuro. Cómo escribir otra historia hoy que faltas como reconstruir la fundación del ayer dónde poner los acentos si eras la protagonista de la historia. ¿otra historia?, como edificarla sin los rostros y las calles que no existen porque no estás, porque fuiste todas en todos los lugares y hoy eres ninguna en todos los sitios cómo escribir otra historia hoy que faltas en la fe del futuro. Antes lo dije “te amaré con la fe de un corsario“, hoy lo confirmo. Dadora de dichas mortales, tú, hacedora prodigiosa de amores inmortales, vestiré, otra vez, tu imagen con el humilde sueño con la esperanza invencible de titánica armadura para cruzar el arco del adiós irremediable con el instante sin fin que tiene vida y es tangible cuando dos se atreven a encontrar la palabra perdida. Seguiremos con la esperanza invencible de titánica armadura Cualquier poema es inútil ante el abandono pero lo hubiera construido pegando trozos de los recuerdos en las hondas heridas que dejaste. Cómo escribir versos donde no estás, si no estás, para juntar las sílabas perfectas de tus pasos tus miradas tus palabras. Te lo repito: Otros versos, otro escenario, otro poema, lo hubiera hecho con las sílabas de tu abandono. Este poema es inútil para las heridas que dejaste.


Fundación del futuro (Versión aumentada) Para Victoria Estefanía con lo único que tengo: todo mi humilde amor. Es mi voz, hija mía. Vengo a dártela en tonos de antiguo y tierno amor... recógela en tus manos... guárdala desde hoy, para siempre, hasta siempre. Efraín Huerta I El futuro se ha llevado sus urnas de tiempo y señas exactas hoy eres la única custodia del imperio que llevas en tu nombre intemporal Victoria, hija mía. Sí, dadora de milagros irrepetibles no concedidos a nadie dictas el horizonte en cada paso y se hace la existencia donde está tu mirada. Es tuya la república de tardes inéditas donde no se plantó ninguna sonrisa. Fundadora de eternidad, si, creas un paraíso con cada paso cada movimiento tuyo acerca el infinito. Sí, Victoria, sólo tú fundas la república del infinito con tu sonrisa. Tú haces que exista el universo, se apagaría el sol sin la luz de tus ojos sin el eco de tus latidos interminables acabaría el ruido de las estrellas y el canto oscuro de los pájaros de la noche. Te veo, así, desde la ausencia que alguien inventó y tome con el adiós de los exiliados, sí, este olvido del que no tuve resurrección a la tercera visita. Así, ahora, Victoria, te espero en la lejanía. Tú harás nuestra resurrección de esta ausencia. Alianza de la creación, hacedora de vida, creadora de futuro, vida inmortal, hostia única, salvación de irredentos, estrella señera, envidia del universo, nacimiento del mundo, custodia de los cielos, horizonte sin fin, camino para ciegos, esperanza del amanecer, renacimiento de siempre, instantero milagroso, verdad cierta, ilusión cumplida, sueño de todos. Instantero milagroso hacedor de vida. Hija mía, esta voz no es la de entonces, te hablo desde lejos para que mi voz te alcance allá en lo lejos cuando elijo el destierro con un adiós que no termina.


Visitadora precisa del porvenir, del por venir, del por vivir, es tuyo el presente de cada día, la redención de los ayeres en este camino lento y sin final y sin regreso, calles para el destierro de duro silencio. Te espero en un trozo de mañana cierta con mi cargamento de promesas y de juramentos nuevos para que sea nuestro el día de cada día, el reino de este mundo. Visitadora precisa del porvenir, es tuyo el día de cada día. Estefanía, inscripción viva de la historia, de nuestra historia, nos esperaremos con los recuerdos que no sucedieron nunca en el pasado que no tuvimos y lo inventamos como si fuera nuestro en realidad a fuerza de pensarlo con la nostalgia como bandera de una república de la tristeza como escudo derrotado como estandarte de un ejército sin Victoria. Estefanía serán nuestros los recuerdos que no sucedieron nunca. Movimiento del tiempo, tiempo del movimiento, luz de niña, niña de luz, agua crepuscular, crepúsculo del agua, predicción de ti misma, anuncio de la predicción, pasado siempre requerido, requerida siempre en el pasado, ausencia siempre presente, presencia siempre ausente, hora de alegría, alegría de ahora, adiós de la soledad, soledad del adiós, felicidad venidera, venidera de la felicidad, mirada donde habita el cielo, tú, Estefanía, habitante del cielo. Venidera de la felicidad, tú, Estefanía, habitante del cielo. Visitadora precisa con la imagen ausente tienes el mapa con las rutas exactas de la ternura, guía para el poniente donde el crepúsculo señala los caminos de la noche y la dicha a tu semejanza. Viajera de la luz y de crepúsculos encendidos será tuyo el incendio de la tarde las palabras arderán y tendrán sentido solo en el sonido de tus labios con tu voz en llamas para el combate del pasado. Victoria de la ternura incendiada hecha a tu semejanza. El abandono que existe entre tu mirada y mi corazón


no es el que necesitamos en el tiempo menesteroso y humillado sin ti Estefanía, sin nada, sin Victoria. No, hija mía, no es el reino que nos correspondía, este reino que enumera los paraísos que perdimos los cielos que no alcanzamos la eternidad que se cansó de esperarnos la felicidad que no tuvimos. Victoria que se alza del tiempo menesteroso y humillado. Imperio del recuerdo, recuerdo del imperio, fortaleza eterna, eterna fortaleza, diosa de la felicidad, felicidad de la diosa, fuego del poniente, poniente del fuego, luz de la Victoria, Victoria de la luz, Victoria del universo, universo de la Victoria, clarividencia de lo antiguo, antigua clarividencia, designio de justicia, justicia del designio, creación de paz, paz de la creación, destino único, único destino. Luz clarividente de la Victoria. Esta es la patria que no debió pertenecernos Victoria Estefanía, te la entrego, ahora, para que la redimas hoy que eres la dueña del universo centinela de la gloria. Se alza hoy la Victoria de un triunfo que no es nuestro, la fundación de un ayer donde no estuvimos. Levantaremos algún día tu nombre intemporal Victoria, nuestra Victoria de recuerdos del futuro que ya tenemos. Estefanía: se alzará nuestra Victoria de la patria que no debió pertenecernos. II Victoria, pronuncio tu nombre como alguien nombra todo lo existente en la grandeza de los milagros. Compañera ausente de mi alma abandonada en mi boca cabe tu nombre, en mis labios los sonidos victoriosos levantados de la multitud como promesa cumplida como corazón exacto para terminar la espera como minuto puntual para renacer la vida y renacer juntos en la vida construyendo un espacio en el tiempo de nuestro tiempo para albergar el infinito. Pronuncio tu nombre Estefanía como alguien nombra la grandeza de todos los milagros.


Invente el dios que no existía te lo entregué para que te acompañe en el paraíso que fundaste con las tardes donde hay más pájaros con el cielo donde hay más cielo de ese azul azul de tus ojos. Para no llegar tarde a la felicidad ni a los sueños en tus jardines sagrados planté la rosa de los cuatro vientos, las cuatro rosas del viento de tu suspiro. En los jardines esta la flor interminable de tus miradas donde pajareara tu espíritu alegre Victoria Estefanía, hija mía, amiga de mi alma, amiga. Invente el dios que no existía para que habite la casa azul de tus ojos. Victoria Estefanía, hija mía, es trece de julio las coordenadas de la infamia cierta me sitian en una noticia inexorable del destino llega la sentencia de la justicia humana deja en mi vida el anuncio de que las Leyes son impunes que es cierto, la realidad sí existe. No podré verte, la ausencia es la condena no quiero que nuestro poema se vuelva un lamento en la profecía cotidiana de nuestra vida en trece años. Estas palabras no son mensajeras de la resignación inútil tampoco del adiós que nunca nos daremos. Trece años y sólo el corazón madre de tu madre Elena podrá parir los momentos tuyos conmigo, trece años y estará libre como pájaro el saludo prisionero diez y ocho años en tu mano ausente. Trece años y tendrás de hinojos a las Leyes en la decisión de tu abrazo, en tus brazos como puente para el camino despeñado y cruzar el abandono infatigable. Es trece de julio y me avisa la justicia que es impune, que la realidad sí existe. El olvido jamás podrá exigirnos ningún recuerdo porque nada se escribe en las hojas de la ausencia, la ausencia tiene condición de olvido. No Victoria Estefanía no es la distancia lo que nos separa aunque la misma ausencia nos destroza por separado será la misma distancia lo que más nos una. Hija mía por Helena devastaron Troya


por Elena no regresaré sobre mis latidos no pisaré los recuerdos antiguos para regresar a sus calles. Victoria, por ti destruiré los tiempos y las desgracias, escarbaré el desamparo con los dientes, cerraré la tierra que nos aparta con dentelladas calientes acabaré las distancias hasta encontrarte y ofrecerte el corazón paciente como alimento. Voy pegado al trece de julio como a mi vida, fue un trece de julio del 96 cuando concibió mi esperanza con Elena la quimera de la vida junta. Tres heraldos negros de julio con trece guerras sin enemigo en mis puños devastaron el futuro de victoria contigo Estefanía. Es trece de julio otra vez me avisa la Justicia que no puedo ver tu risa, tus lágrimas calcinarán mis ojos mientras tú recuerdo y la ausencia crecerán como el llanto por los besos abandonados en cualquier parte donde no estarás ahora que la herida de nuestra sangre es más grande que la distancia que cabe en trece años. No hay distancia más grande y más herida en las calles interminables de tus latidos encendidos hacia los míos donde me abren camino como antorcha para pisar tú huella imborrable centro del mundo y mi mundo, mi patria, mi Victoria, mi segunda y única sangre. Estefanía: mi piel, mi sangre y mi llanto sin huesos nuestra ausencia hablará las historias que enseñemos como memoria de esperanza sin rastro y sin indicio de mácula y zarpazo sin piedad de los lugares nuevos fundados con la verdad del olvido desde donde nos amamos con la libertad como riqueza compartida. Tus latidos me abren camino para encontrar tu huella imborrable. No lloraría por mí pero sí por tus pétalos claros como mejillas ahora que llueve y las gotas mojan tus párpados. No lloraré por ti ni sentiré tristeza de rocío. Reiré por tu risa que acerca resonancias invisibles. Canto. Es Cierto. Canto ahora y mañana y siempre seremos los de entonces en la ausencia sin ausencia. Canto y abro manos y espíritu y futuro


canto y el río sabrá que somos los mismos canto y nosotros los de entonces seremos los mismos, nos veremos muchas veces en el espejo negro de la ausencia. Reiré por tu voz que será el mismo canto del río de entonces. Vivo la tortura de la felicidad sin ti Victoria no hay dicha tan desgraciada que la alegría por separado. Quisiera el adiós de cada momento contigo cuando la sangre es la sangre de la carne a la que pertenece y la carne es la carne del espíritu fundante. No hay peor dicha que la felicidad por separado. Hija mía con cuerdas de sombras y de risas colgaremos del sol los columpios, colgaremos del cielo la historia que estuvo antes que nosotros escrita con sílabas cegadas por la muerte luminosa opacando tiempos cristalinos. Con cuerdas de sombras y de risas colgaremos del cielo la muerte cegadora. Yo ascendía de las llagas en la espalda con lágrimas descuartizadas como mensaje malogrado de tu espíritu, aquí ahora es la república triunfante de humilde y digna estirpe donde el destino es nuestro nombre suave en labios frescos y la ternura no es el amor más amargo de elegía. Aquí se conserva la sangre en cada vena el pecho entero en cada latido el pensamiento de la estirpe en cada memoria tuya para que sigas con tus huesos en cada recuerdo. El destino es nuestro nombre suave para que la ternura no sea el amor amargo de elegía. Victoria Estefanía en mis huellas se clavaron todas las piedras cristales en mi carne todas, todas las infamias del desprecio. Voy sin calor en las venas y sin consuelo en el espíritu no perdono la historia de conjura el olvido es el perdón muerto de la memoria. No elevo piedras, relámpagos ni dagas busconas de venganza y muerte y catástrofe. El olvido es el perdón para la historia de conjura. Jamás mis poemas fueron como este, tampoco los renglones tuvieron la grandeza del barro que no oculta lo noble de unas manos abiertas. Lo sé ahora. Estarás en mis manos


como agua poderosa como palabra potente, Victoria, rocío delicado, aire tierno. Aquí estarás en mis manos abiertas extendidas como alfombra para pisar lo inédito. Hoy me duele el contacto de cada despedida como al cielo lo hiere el vuelo de las golondrinas que se alejan. Aquí estarás en mis manos extendidas para lo inédito. Dime hija mía cuáles sueños pueden ser los míos si no los abrigas con los tuyos como capa si no los cubres con tu piel como bandera invulnerable. Victoria Estefanía inventa tus secretos como ciudad privada serás dueña única de tus infiernos y odios y desprecios, mándalos a los jardines de las rosas fracasadas del engaño difunto como desafío del primer día de la robusta consigna como universo donde no cabe la grandeza de nuestro amor en este poema huérfano de ti hija mía. Abriga con la capa de tus latidos los sueños que pueden ser los míos. No cabrá nunca nuestro amor en el poema lo que hay aquí es la verdad igual que un templo abierto de alguien que oyó todo el desprecio de alguien que dice tu nombre cómo mencionar todo lo que ocupa el universo. No cabrá el amor en el poema igual que un templo abierto. Termina aquí esta oración amputada quise que fuera un poema. Acaba la oración de Victoria, Estefanía, con un apretón de manos y latidos y mi ruego para que siempre estén los reinos de Ninfa madre de esta carne mía que no canta ninguna cólera ardiente. Te doy esta oración sin rencor irremediable guárdala y apaga con ella el fuego que las armas prendieron en nuestro suelo. Llévala a donde esté tu sombra que allí estará la mía si ahí es donde están tus ojos Victoria Estefanía. Acaba la oración de Victoria Estefanía con mi ruego para que en mi futuro estén sus reinos siempre.


Habitar tu ausencia Quisiera encontrar otra razón para escribir tu nombre encendido ya sin dueño en la tarde como página del crepúsculo donde releo la hoja de los besos que nunca nos dimos. Quisiera oír una canción del viento que no hable de tu ausencia semejante al purgatorio que puebla los restos de esta vida sola, deshabitada, donde la historia yace muerta sin haber memorizado los recuerdos alguna vez concebidos por el camino ciego al que dimos nuestras miradas y la luz de tu sonrisa para alumbrar los pasos de los latidos futuros. Quisiera fumarme la tarde y tu ausencia quisiera la otra voz del viento y no la voz herida del aire, inventar los versos del poema que nunca escribí, forjar un refugio antes de habitar tu primera ausencia. No podré abrazar la noche en tu mirada ni amanecer en tus ojos sencillos ni vivir las horas que no marcó el tiempo porque no estuvimos ni entrar por la puerta de tu memoria sin futuro para mi futuro. Caben todos los abandonos en tu ausencia caben todos los olvidos en tu ausencia. Tu nombre fue claro para los sonidos de mi voz para mis labios donde dejaste los besos más limpios. Hoy quisiera encontrar otra razón para escribir tu nombre no sé donde quedaron esas palabras con las que edifiqué versos en tu cuerpo. Sé que no habrá ningún pretexto para escribir tu nombre pero otro, será otro, quien corte de tu cuerpo los frutos que planté, que regué con mis besos, que cultivé con mis caricias. Hoy me encuentro solo con tu nombre perdido, soy el que perdió todo sin tener nada no hay pretextos para saborear la frescura de tu nombre y no alcancé a construir un refugio para habitar tu ausencia.


Abordemos la esperanza Comencemos el viaje ahora y abordemos la esperanza del futuro con la ilusión de habitar la noche que nos pertenece. Entremos por la puerta del silencio que nadie ha tocado sigamos la ruta de las cosas que aún no tienen nombre hagamos de cada hora un milagro de todas las horas. No tenemos más que el corazón para llegar al momento donde no estamos al tiempo que le hacemos falta amor, juntos ahora. Escribo la palabra amor como antes mi nombre podemos darle el significado que solo nosotros poseemos. Cada instante que se va sin ti es un paraíso perdido, no existe ningún momento para fundar un reino con tu ausencia. Hay un lugar inédito donde podemos plantar una sonrisa, Un saludo, un beso, una caricia, inventar kilómetros de tiempo solidario caminos de huellas compartidas, calles de alegría nueva. Mira deja que te diga esto. Vivamos para unir nuestros tiempos, nuestra sangre, vivamos para merecer un trozo de felicidad y compañía y pan y techo donde habite el amor que solo nosotros tenemos. Mira, te propongo. Comencemos el viaje, ahora, que la palabra amor resiste su significado, nuestro significado. Te repito. No debemos detenernos hoy que nuestros latidos marcan la ruta hacia la patria donde la felicidad hizo alianza con el instante de nuestra existencia. Llevamos acaso, el testamento del futuro con la rosa de los cuatro horizontes que hace las utopías posibles, como esta, amor, de nuestros nombres, utopía del universo. Tengamos las estaciones y su paisaje intacto y el viaje de la esperanza para edificar la noche que necesitamos con los escombros del crepúsculo como regalo de la tarde. Tengamos los cuatro horizontes y su paisaje intacto porque sin nosotros seguirá siempre intocado. No podemos fallarle a la eternidad a la que arrancamos palabras, versos, poemas, de besos y caricias para sembrar confianza y fe y amor. Mira deja que te diga esto. Vivamos para que la noche encienda nuestras miradas vivamos para merecer la sonrisa de cada día.


Mira te propongo. Ganemos la patria y su paisaje inédito comencemos el viaje solo con la esperanza que nos pertenece sin más ilusión que llegar a la utopía de nuestro testamento. Te propongo. Comencemos el viaje y lleguemos a la tumba justiciera con nuestro amor como epitafio. No debemos dejar que la esperanza acabe, ahora, mujer, que el tiempo asesta la puñalada de su mejor asesino. Sigamos, siempre, sin desnudarnos de la ilusión Que concebimos y alimentamos y cuidamos como si fuera un amor huérfano, moribundo, que llevamos en los brazos. Detenernos, no, mujer, sigamos sin aventura solo con el sueño al que dimos la representación que no tubo antes en ninguna mirada donde se perdieron todas las tardes que nos regaló el fuego del incendio para arribar juntos al amanecer con la luz de tu luz que le prestaste a la oscuridad para la ruta del viaje. Seguir. Debemos seguir. Detenernos, ahora, no. Crecieron flores de cada beso, poemas de cada caricia, fundamos una patria sin dioses vencidos ni suelo humillado con los kilómetros recorridos donde alzamos nada más nuestro saludo como escudo para el futuro. Insisto. No debemos detenernos porque nadie regresa sobre las mismas huellas sobre los mismos besos, con las despedidas que se volvieron adioses. Mira entiéndelo. Comencemos el viaje con la rosa de los cuatro horizontes. Insisto. No debemos detenernos hasta llegar a la tumba justiciera con la utopía de nuestro testamento que ya nos pertenece.


Testamento de utopías Déjame dormir el dolor funerario de mi sangre aquietar los latidos y reposar el corazón ansioso que no habrá de esperarte. Déjame sosegar los suspiros, encontrar refugio a la mirada huidiza. Quedó el espíritu claro con los padecimientos oscuros de tu alta ausencia. Déjame hallar los sonidos para que salgan las palabras. Sobreviví a adioses humillados y dolores menesterosos para caminar contigo las calles de una victoria compartida con besos solidarios y el abrazo del futuro cierto porque estuviste, ahí, en la fe que necesitó el futuro. El adiós es refugio del abandono. Como olvidar los recuerdos no sucedidos en el porvenir que faltas, donde no estarás, en el camino que no termina en el camino que anunció la gloria que no fue mía, nunca me perteneció. Supe el tamaño de la desgracia. No me mires en la distancia del tiempo con esa puñalada de sol en tus ojos. Regresé del olvido impune, de un día injusto, que me destinó la desgracia de tu lejanía. El olvido es el recurso de la memoria para los recuerdos impunes Déjame apaciguar el sentimiento déjame evocar los instantes cuando tu memoria acostumbró mi recuerdo. Te amé con el amor que tuve con besos torpes con los latidos más puros de todos los mejores latidos puros te amé con el amor alto que ningún otro corazón sentirá por ti. Te miré con la mirada que no podrán verte otros ojos sencillos enamorados de tu existencia victoriosa. Estos ojos te vieron con la única mirada transparente que tenían para ti. Te amé, así, con el único amor que tuve


La nostalgia es el perdón para el pasado La nostalgia es la evocación de los recuerdos justicieros. Déjame amarte con el amor que no esperas. Déjame Déjame recordar los instantes cuando tus besos en mis besos construyeron felicidad y futuro y horizonte que ahora no siguen mis pasos traicionados en un día que me fue injustamente destinado. Caminé por calles de lodo y atardeceres y noches sin encontrar la mano que acompañó mi mano en el invierno de juramentos inmortales. Déjame con mis pasos que ya no pueden seguir los tuyos déjame con la herencia que yo necesito contigo en el horizonte que mido con la extensa mirada. Déjame la herencia donde estés tu no el testamento de utopías que te llevaste. Déjame con esta herencia. Déjame. Como olvidar cinco años de calles recorridas, cinco años de alegría, de fe. como olvidar los sueños construidos con estas manos que elevaron caricias inéditas, los saludos de honor, estas manos que hicieron la guerra y la pasión. No me mires así en la distancia con esa puñalada de sol crepuscular traicionero en los ojos. Déjame medir la distancia que no seguiré déjame reposar esta lágrima oscura déjame aquietar el corazón funerario en el crepúsculo falleciente que me dejaste en la herencia injusta que me fue destinada en el testamento de utopías que te llevaste. No me mires en la distancia que ya no es la misma distancia.


Evangelio En esta hora de muertes solitarias tu amor no sirve ya para amarte, para el odio tampoco. En esta hora de ternuras no compartidas todos los recuerdos se hicieron sal para la mirada nueva, todos los recuerdos que no resucitaron al tercer olvido. Para este amor no necesito las agonías de Lázaro o que me niegues tres veces con el corazón. No. Para mi amor no destinaron ninguna esperanza, Apenas un vía crucis. Dilo ahora. No pudiste lavar tus palmas para borrar los recuerdos malos que trajeron el amor que amo, el odio que me odio. No sé cuantos recuerdos cuesta el olvido, ni cuantas monedas traidoras sirvieron para cambiar la tumba de donde también estarás ausente. Destruí la cruz y quemé la corona y sus espinas con la que crucificaron mi dolor. Entiende, dilo ya. Quisiste otra redención cuando en tus besos tenías la mejor de las hostias que no alcanzo a purificar las pasiones refugiadas en tu pecho. Dilo ahora. Hiciste que te viera mi amor de ciego, mi amor que vio como abriste la tierra y el tiempo para que no te siguiera. En esta hora sola de amor solo, el adiós de tu mano volvió el aire negro. Entiéndelo, ya. En esta hora tu amor no sirve ya para amarte Para la esperanza futura, tampoco.

Fundación del futuro  

1er poemario publicado de José Lupe González

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