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Octubre 2, 2012 - Octubre 15, 2012

ENLACES MI PSICóLOGO

¿Por qué tenemos estrés? http://www.cristalyoga.es/51020_es/Por-qu%C3%A9-tenemos-estr%C3%A9s/

El estrés es la respuesta natural del cuerpo ante el perligro. Pero¿qué ocurre cuando esa tensión no nos abandona nunca?

A mediados del siglo XX el psicólogo Hans Selye etiquetó nuestra reacción ante los desafíos de la vida con una sencilla palabra: estrés. Para unos el estrés se presenta en forma de insomnio, mientras que otros duermen bien pero tienen molestias estomacales o dolor de hombros. Los síntomas del estrés pueden diferir entre un individuo y otro, pero todos tienen su causa en los cambios fisiológicos a los que se enfrentan cuendo se sienten amenazados de algún modo.

!Peligro! !Peligro!

Los científicos diferencian entre es estrés a corto plazo (agudo) y el estrés a largo plazo (crónico).El primero provoca respuestas físicas y emocionales que activan el cuerpo y la mente para enfrentarse a una amenaza inmediata.El estrés a largo plazo desencadena reacciones similares, por lo general con una intensidad inferior, pero las mantiene día tras día sin respiro. Cuando se repitan con demasiada fracuencia durante mucho tiempo, las respuestas que son tan útiles a corto plazo pueden llegar a ser amenazantes para la vida. La reacción al estrés a corto plazo suele llamarse respuesta de lucha o huida. El cerebro y el cuerpo se preparan automáticamente para una intensa acción: luchar o escapar. Para cualquiera de las dos opciones, nuestros cuerpos necesitan entrar en alerta máxima. El sistema nervioso simpático es una red de células nerviosas que se extienden por todo el cuerpo. Ayuda a realizar nuestras actividades normales; por ejemplo, hace que nuestro corazón lata con más fuerza cuando subimos escaleras. Sin embargo, en caso de emergencia, se acelera a tope. Para que llegue más sangre al corazón, músculos y cerebro, el sistema nervioso simpático ensancha las arterias de esa zona y estrecha las de otras.El corazón empieza a latir con

fuerza, las sienes laten. La boca se seca y se hace un nudo en el estómago.

Aceleración Máxima

Para que llegue más oxígeno al organismo, el sistema simpático abre los canales de entrada de aire. Se dilatan los orificios de la nariz y la voz se convierte en un susurro. Para poder ver lo máximo de lo que ocurre a nuestro alrededor, se dilatan las pupilas. Las glándulas de sudoración se activan al máximo permitiendo que la temperatura corporal no se dispare. El sistema nervioso simpático desencadena la mayoría de estas respuestas liberando un mensajero químico esencial llamado norepinefrina (o noradrelina) en las terminaciones nerviosas de tejidos clave como los vasos sanguíneos y las glándulas sudoríporas. También estimula las glándulas adrenales para alimentar la corriente sanguínea con más norpinefrina junto con un segundo agente químico importante: la epinefrina (también llamada adrenalina). Estas sustancias químicas no sólo intensifican la estimulación de los órganos directamente conectados con los nervios simpáticos, sino que también actúan sobre partes del cuerpo que no tienen estas conexiones nerviosas. Por ejemplo, hacen que la sangre se coagule con más rapidez (para que una posible herida no sangre demasiado), que las fibras musculares se contraigan con más fuerza (para aumentar la fuerza física) y aceleran la actividad cerebral (para centrarnos en la respuesta de lucha o huida). La hormona cortisol, sola y junto a la epinefrina y norepinefrina, colabora con esa respuesta de lucha o huida de otras formas. Estimula el hígado, músculos y otros órganos para que liberen más enregía (glucosa y glucógeno) en la corriente sanguínea, contribuyendo a su fuerza y actividad mental. Aumenta la tolerancia al dolor y suprime la respuesta inflamatoria.

Los efectos de la reacción de lucha o huida tardan mucho tiempo en desaparecer. Los músculos que se han tensado se mantienen contraídos y no recuperan automáticamente su longitud anterior. Cuando el peligro ha pasado y el cerebro deja que los músculos se relajen un poco, la médula espinal les dice inmediatamente que se vuelvan a tensar. Al principio pasan por un ciclo muy rápido de ligera relajación, y luego se contraen una y otra vez. Ese es el motivo por el que temblamos aun cuando el peligro había desaparecido. Llega un momento en el que el reflejo de estiramiento hace que el temblor desaparezca, pero los músculos todavía no recuperan su longitud normal. Permanecen relativamente cortos y tensos hasta que el reflejo es reiniciado por una experiencia relajante, como el estiramiento ligero y consciente que tiene lugar durante una sesión de yoga.

Consecuencias del estrés crónico

Los músculos no son la única parte del cuerpo que tarda en recuperase de una reacción así. Las hormonas del estrés permanecen en la corriente sanguínea durante mucho tiempo, y pueden seguir liberándose incluso en respuesta al recuerdo del peligro pasado. Por eso perdemos temporalmente el apetito (el tracto digestivo todavía está cerrado) y tenemos problemas para quedarnos dormidos (el cerebro todavía está activado). Todo esto sucede cuando nos enfrentamos a un estrés agudo e intenso. Pero ¿qué ocurre cuando experimentamos un esrés moderado de forma repetida, día tras día? Nuestros cuerpos activan los mismos sistemas de emergencia, aunque en menor grado. Por desgracia, cuando se provocan crónicamente las respuestas fisiológicas que nos ayudan a afrontar el peligro, pueden resultar peligrosas por sí mismas. La supresión de la digestión puede generar problemas gastrointestinales, y el aumento de los niveles de glucosa en sangre, contribuir a la aparición de la diabetes. El estrechamiento de los vasos sanguíneos, el aceleramiento cardiaco y de la coagulación del a sangre pueden ocasionar tensión alta o enfermedades cardiacas. La supresión de la respuesta inflamatoria también interfiere en el sistema inmune, haciéndonos más suceptibles a las infecciones y tumores. Se cree incluso que el estrés crónico también podría ocasionar infertilidad, baja capacidad de recuperación de la salud y agotamiento.

Estragegias para recuperar la paz Hay tres principales estrategias antiestrés: cambiar tu situación, cambiar tu actitud y cuidarte.

- Cambiar tu situación -conseguir un nuevo trabajo, cambiar de vecindario o romper con una situación insana- puede ser muy efectivo, pero a veces no resulta práctico ni deseable. - Cambiar tu actitud -decidir que no tienes que quedarte trabajando hasta la noche para demostrar tu valía, por ejemplo; o decidir que no depende de tí que tu pareja cambie- puede incluso transformarte, porque te confiere control sobre tu vida. Cuando te das cuenta de que puedes elegir cómo reaccionar, muchos acontecimientos que antes creías estresantes dejan de serlo. - Cuidarte -comer bien, evitar malos hábitos, hacer ejercicio, descansar como prioridad y disfrutar de tu ocio en sitios agradables con personas agradables- te ayuda a recuperarte del estrés y a mantenerte en forma.

Uno de los mejores métodos antiestrés, pues comprende las tres estrategias anteriores es el yoga. Neutraliza automáticamente los componentes fisiológicos y psicológicos del estrés -es compatible con ellos-, mientras que ayuda a cuidarte y a cambiar de actitud en profundidad. Los estiramientos alivian la tensión muscular. Las posturas cabeza abajo y las posturas recuperativas con apoyo ralentizan el ritmo cardíaco, relajan los vasos sanguíneos, inhiben la produccion de norepinefrina y calman el cerebro. Pero hay más. Pranayama, la clásica técnica respiratoria del yoga, ralentiza la respiración y genera autoconsciencia. Cuando estás más consciente y centrado, obtienes sensación de autocontrol, ecuanimidad y paz. Y quizás lo más importante de todo: la meditación y las enseñanzas de la filosofía del yoga pueden ayudarte a darte cuenta de que la mayoría de las cosas que te preocupan no merecen la pena.

EDICION 122  

DEPORTES, NOTICIAS,FAMILIA, INMIGRACION

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