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28Jun

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INFORME ESPECIAL 13

MASCULINIDAD DEL SIGLO XXI

Cosa de hombres: ellos también se rebelan contra los estereotipos laborales Atienden partos, educan chicos y hasta hay algunos que protestan en pollera contra el machismo dominante. Son varones que no temen realizar trabajos que no responden a los patrones de conducta que les impone el sistema patriarcal hegemónico. “A mí me costó más por ser mujer”. La frase se escucha hasta el cansancio en boca de representantes del género femenino que decidieron incursionar en ámbitos laborales típicamente masculinos. Pero, ¿quién diría que los hombres también encuentran dificultades para desempeñarse en determinados trabajos? Es que los mandatos dominantes en la sociedad patriarcal también estigmatizan a aquellos varones que buscan “salirse del molde”. El pionero

Contra este tipo de prejuicios tuvo que luchar Francisco Saraceno, uno de los dos primeros hombres que egresaron de la Licenciatura en Obstetricia de la UBA, en 2005. Ahora, tras su paso por el hospital Teresa Germani, trabaja en una sala de atención médica municipal del Barrio Giardino, en Laferrere. “En la carrera, me decían 'Sabés que la estás estudiando de hobbie; que te la están dejando cursar, pero que no vas a

poder trabajar'”, recuerda. Pero a Francisco nunca le importó porque, desde muy chico, supo que “su misión” era traer bebés al mundo. El argumento de quienes, en vano, se empeñaron en frustrarle su vocación no se fundaba solo en prejuicios, sino que tenía una base legal: la ley 17.132, que regula el ejercicio de la Medicina y que fue promulgada bajo el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, establece, en su artículo 49, que "el ejercicio de la obstetricia queda reservado a las personas de sexo femenino que posean el título universitario de obstétrica o partera". Por eso, para habilitar a los hombres a cursar la carrera, fue necesario un decreto, que se promulgó en 2001, el mismo año en que Francisco estaba terminando el CBC para Medicina. “Me enteré por los diarios y decidí pasarme”, cuenta. Hoy, con solo 28 años, calcula que ya ayudó a cerca de mil mujeres a dar a luz. Sin embargo, pese a que dio claras

Francisco asistiendo a una paciente, feliz por poder ejercer su vocación de partero.

muestras de su capacidad y vocación de servicio, advierte: “Aun hay quienes piensan que no debe haber hombres en este campo”. El único

Solo y en un mundo de mujeres está Darío Tauro, director del jardín 1000, del barrio Nicol, en Virrey del Pino. “Yo empecé como profesor de música en el '92 y, en 2007, cuando se nos a y

permitió concursar, comencé como vicedirector”, cuenta. Desde entonces, no hay otros varones trabajando en jardines de infantes del Distrito, con excepción de las materias de Música y Educación Física. “Nunca me sentí discriminado”, asegura, pero el hecho de que sea el único no deja de ser llamativo. Olga Vázquez, asesora docente de la región, sostuvo ante El1 que, a

diferencia de lo que sucede en la primaria, donde hay varios maestros, “los hombres no estudian para el nivel inicial porque saben que, después, no logran insertarse laboralmente debido a la desconfianza de los padres por las acusaciones de abusos”. Aunque también tenga peso el mandato cultural de replicar en los jardines de infantes la imagen femenina de la madre.

REFORMULAR LA CULTURA DE LO MASCULINO

“Tenemos que democratizar y socializar las relaciones de poder” Uno de los fundadores de la agrupación Colectivo de Varones Antipatriarcales, Luciano Fabbri, explicó, en diálogo con El1, que, cuando los varones se incorporan a ámbitos típicamente femeninos, son sancionados por otros hombres. ¿Cuál es la perspectiva que defienden con respecto a la masculinidad?

La masculinidad que cuestionamos y queremos deconstruir es aquella en la que todos fuimos socializados como varones, que es la masculinidad hegemónica, y que se conforma alrededor de la idea de que ser varón es ser racional, autosuficiente y

controlador de los otros, dentro de una jerarquía que considera a la mujer como inferior. ¿Cómo se ve, en la práctica, este sistema patriarcal?

En la subordinación de todos los sujetos que no respondemos a ese modelo: las mujeres, las identidades de género no normativas (travestis, transexuales) y muchos varones que no cumplen con esos mandatos. Cuando los hombres se incorporan a estratos vinculados con lo femenino, ¿el camino se les hace más fácil?

Siempre es más fácil para el varón que

para la mujer. Pero eso no quita que, muchas veces, quienes nos corremos de los patrones típicamente masculinos, seamos sancionados socialmente, principalmente, por otros varones, que se erigen en guardianes de la masculinidad. Pero el eje principal debe estar puesto en democratizar las relaciones de poder: si los varones accedemos a espacios feminizados, pero para ejercer el poder sobre las mujeres, siendo el chef de la cocina o el director de la escuela, solo estamos extendiendo nuestro poder a espacios donde antes no llegábamos. El asunto es socializar el poder para terminar con las relaciones desiguales entre los géneros.

¿Qué cambios hacen falta?

Por lo pronto, que los varones nos animemos a cuestionar nuestra masculinidad y a deconstruir nuestras

identidades. Tenemos que abandonar los privilegios que nos hacen cómplices de la dominación patriarcal y crear relaciones libres y horizontales.

Edición Impresa El1 168  
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Universidad Noticias y Opinión es el periódico de la Universidad Nacional de La Matanza. Desde sus inicios asumió el compromiso de formar la...

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