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ISSN 1909-650X

Vitrina

Contexto

Facultad de Comunicación Social y Periodismo UPB - Medellín, septiembre de 2009, No. 21

Comida hay, plata no

El mundo es la mejor aula para el periodismo, Martín Caparrós. pág. 2 Multinacionales generan hambre en el mundo. pág. 5

Otra vez cambia el enfoque de la evaluación escolar. pág. 10 El “ultimate” toma vuelo en Medellín.

pág. 14


Una hora con Martín Caparrós

“Para cierta belleza el silencio suele ser mi mejor homenaje” 2

Lo puedes ver tomando fotografías de las mujeres de Níger o en Hawái, New Orleans, Marruecos, Kishinau o Barcelona, escribiendo historias de jóvenes relacionados con la migración. Te lo puedes encontrar en su casa en Buenos Aires dándole de comer a su gato o en un partido del Boca Juniors, su equipo favorito. También en La voluntad o La historia, dos de sus más de 20 libros, en sus crónicas, ensayos y novelas. Lo puedes entrevistar en Medellín mientras dirige un taller de crónica de la Fundación Nuevo Periodismo de las diversas formas de contar la realidad y habla.

Escribe vestido de negro, con la certeza que tiene que hacerlo para mantener el buen humor. El hombre alto, siempre con bigote poblado y ojos atentos, habla sin prisa, no se preocupa por algunas cosas y no cree muchas otras. Tampoco teme no estar de acuerdo consigo mismo. Viviana Andrea Londoño

Viviana Andrea Londoño Vivi1909@hotmail.com

¿Cuándo lo sedujo la crónica? No fue que algo me sedujera. Cuando yo empecé a escribir estos reportajes largos, nadie los llamaba crónica. Había muy poco de eso. En un momento quería viajar. Pensé que escribir era una buena manera de que me pagaran los pasajes. Se me ocurrió que podía ofrecer la idea de contar historias que sucedieran más o menos lejos y me gustó lo que resultaba. Por eso digo que empecé a escribir para poder viajar y ahora tengo miedo de viajar para poder escribir porque viajar es una condición bastante fuerte, es un momento en el que con mucha frecuencia se me ocurren cosas para escribir.

Usted empezó a escribir como quería… Yo sabía que tenía que buscarme la vida de alguna manera. Lo que quería era encontrar un tono propio de la prosa, lo que suele llamarse un estilo, que me parece una palabra muy pretensiosa. Antes de empezar a escribir reportajes largos se me ocurrió releer tres libros que me habían gustado en cuanto a la prosa, para tener un poco de música en la cabeza: Lugar común la muerte de Tomás Eloy Martínez; Música para camaleones de Truman Capote y Crónicas de otoño de Manuel Vicent, un excelente prosista. Toda la forma de pensar y estructurar el relato lo fui encontrando con el tiempo.

Después de escribir durante tantos años ¿Qué cree que hay más allá de la crónica? Las formas de escribir la no ficción deberían renovarse. La idea de retomar formas literarias para contar la realidad es muy interesante y venimos usando su resultado hace 50 años. Creo que deberíamos volver a usar el mecanismo, no el resultado. Es hora de buscar otras formas literarias, nuevas formas narrativas de contar la no ficción.

¿Cómo sabe que una historia merece ser contada? Nunca puedes estar seguro que una historia merece ser contada. Cualquier historia merece ser contada, pero si la historia es buena es mucho más fácil contarla. El momento de la elección es decisivo, no se cuáles son los criterios, creo que si una historia me interesa,

“Empecé a escribir para poder viajar y ahora tengo miedo de viajar para poder escribir”

le va a interesar a otra gente. Eso es todo lo que puedo saber.

Usted estudió Historia y ejerce el periodismo, ¿eso quiere decir que los estudiantes de periodismo estamos perdiendo el tiempo? Rodolfo Walsh, mi primer jefe en el periodismo, un tipo muy respetado en Argentina decía que cuando buscaba un periodista nunca tomaba a uno que dijera que había salido de una escuela de periodismo. Decía que los periodistas pueden ser cualquier cosa menos idiotas y un tipo que se pasa cuatro años estudiando periodismo es un idiota. En la época que Rodolfo lo decía por lo menos en Argentina, las universidades eran trampas casa bobos, eran institutos, lo que aquí se llaman universidades de garaje mal puestas y mal dirigidas. No sé si aprender periodismo tiene mucho sentido de verdad. Creo que las cuestiones técnicas se aprenden muy rápido. El resto de lo que se necesita para ser periodista es el mundo. Se necesita ser curioso, leer mucho, tener ganas de saber, de enterarse y eso no lo da la universidad.

Aparte de escribir una historia, el periodista no puede hacer mucho por sus fuentes. ¿Esto lo cuestiona acerca de los alcances reales del periodismo? Mucho, no me hago grandes ilusiones sobre lo que supuestamente el periodismo podría cambiar, sobre todo porque estamos en una época en la que es muy difícil hacerse ilusiones sobre cambios en general, lo cual no significa que no voy a hacer lo posible para que hayan cambios.

Estoy casi seguro de que cuando hago algo así no sirve para que las cosas mejoren, pero me sentiría un canalla si no lo hiciera. A lo que voy es que no hay que medir lo que uno hace por sus resultados y hay que hacer lo que uno cree que tiene que hacer. Hay que seguir intentando.

¿Alguna vez las palabras no le han alcanzado para escribir una historia? No una historia. En general las historias son reductibles, se rinden ante el relato. Ciertas imágenes y paisajes me dejan sensación de que no estoy a la altura. Parece que cualquiera cosa que yo diga es infinitamente inferior a lo que quiero escribir, entonces siento impotencia frente a eso. Para cierta belleza el silencio suele ser mi mejor homenaje.

¿Cómo traducir la realidad en palabras? Cuando una historia no está escrita es infinitamente potente en el sentido estricto de la palabra, puede ser todo y al escribirla lo que uno hace es reducirla a una sola de esas posibilidades. Es un trabajo de reducción, de pérdida. Escribir es la pérdida de todo aquello que podrías haber escrito y no has escrito. Escribir es resignarse a que las infinitas posibilidades de algo van a quedar reducidas a uno solo.

La entrevista es una situación extraña… La entrevista es una de los grandes momentos de la ficción contemporánea porque consiste en que alguien haga preguntas que generalmente no le haría ni a su primo.


Acreditación de Alta Calidad:

un reconocimiento y muchos retos

Margarita M. Llano G. Directora Facultad de Comunicación Social Periodismo Nuestra Facultad recibió la ACREDITACIÓN DE ALTA CALIDAD después de un serio trabajo de varios años, con la participación de todos los estamentos. La Resolución 39 del Ministerio de Educación -MENdel 11 de junio de 2009, así lo confirma. Este logro significa un reconocimiento, pero sobre todo muchos retos. Reconocimiento a varios aspectos: la calidad de los docentes; el compromiso del programa con el desarrollo de la investigación; la integralidad del pensum; la producción académica representada en varias colecciones valoradas en los ámbitos regional, nacional e internacional; la trayectoria de los egresados y su relación con la Facultad; las oportunidades y serio compromiso con la formación de estudiantes durante 43 años; los productos en los que participan estudiantes tales como el periódico Contexto, los programas radiales y televisivos y eventos académicos consolidados; la estrecha relación con procesos de impacto social; ofertas de formación en postgrados y extensión.  En general, para emplear una expresión muy conocida, es un reconocimiento a la congruencia entre el ser y el quehacer de la institución, programa o sistema (Unesco, 1997). Esta resolución también reconoce la calidad de la Universidad como institución que respalda y pone los medios para el desarrollo del programa. Significan muchos retos. Tener esta calificación, promueve una cultura permanente de autoevaluación que involucra a todos los participantes de este proceso inacabado. Debemos mantener la calidad del programa así como la percepción que el entorno social tiene del mismo. No podemos ser menores a las exigencias que de ahora en adelante se nos presentan. Por eso, dentro del mismo documento enviado al MEN, incluimos un Plan de Mejoramiento, que pone de presente lo que tenemos por hacer. El proceso de acreditación se empezó a construir desde el mismo momento de la creación de la Facultad. Aunque en esos tiempos no se hablaba de acreditación ni de certificación, de todos modos, estaba en quienes han hecho parte de los equipos e instancias decisorias del programa, el interés por ofrecer una carrera que alcanzara los estándares de calidad de cada época y así sucesivamente, se ha ido adaptando a las exigencias del medio y ha sido un referente en sus propuestas. La Facultad siempre ha tenido claro que no se trata de llenar sólo las expectativas del mercado, sino también de adelantarse a la realidad y sugerir tendencias. Cada decano o director con su equipo docente, tuvo como objetivo ofrecer un programa líder, sólido conceptualmente y en diálogo con las tendencias y propuestas académicas y pedagógicas. A ellos y a todo el personal interno y externo que colaboró, felicitaciones y agradecimientos sinceros.

Editorial

Ganar y servir

Contexto recibió dos importantes reconocimientos por su trabajo periodístico. El Círculo de Periodistas y Comunicadores Sociales de Antioquia, CIPA, otorgó dos menciones de honor en la categoría “Mejor trabajo en prensa”, a los artículos “Soledad Inminente” del estudiante Carlos Mario Cano Restrepo y “Amor hasta le vejez” de Jenny Carolina Buitrago Cortés. Por su parte, la estudiante Viviana Andrea Londoño Calle ocupó el 2º lugar en la categoría Prensa, en la II versión del Premio Re-Escribiendo el Periodismo, organizado por el Parlamento Andino, la Corporación Medios para la paz, la Universidad Central y el Círculo de Periodistas de Bogotá. Lograr estos reconocimientos es importante por la apuesta que tiene Contexto: ejercer un periodismo universitario con carácter de servicio público. Mientras los pregoneros del llamado periodismo ciudadano convocan a decir lo que se tiene que decir en 200 palabras, Contexto sigue con la idea de relatar historias y a partir de ellas acercarse a una interpretación adecuada de algún acontecimiento de interés social. Así mismo, cuando los medios tradicionales cambian la mirada de sus públicos y los ven como “consumidores” a quienes hay que darles lo que les “gusta”, y no como ciudadanos con derecho de acceder a la información como un bien público, el periodismo universitario, en este caso Contexto, sigue con la tendencia de llevar a sus lectores temas que los conecten con la realidad. El periodista Alberto Donadio en una reciente visita a la ciudad de Medellín afirmaba que “en Colombia hay buenos periodistas, pero el periodismo es malo”. Esta afirmación debe ser reflexionada a profundidad en las facultades de Comunicación Social y Periodismo. ¿Hasta que punto se está brindando la formación adecuada a quienes serán los periodistas en un mediano plazo?, ¿qué tanto conocen la sociedad que integran: su historia, el manejo del poder, las leyes que la rigen, la economía, entre otros aspectos? Como afirma el periodista Martín Caparrós, aprender las técnicas periodísticas es un camino fácil, aprender periodismo requiere mundo. Por eso, quienes tienen como proyecto de vida ser periodistas, les espera un camino arduo por recorrer. El periodista Javier Darío Restrepo es claro en afirmar que el periodismo es un servicio público y, por tanto, los periodistas deben ser servidores públicos, atentos a brindar la información que requieren los ciudadanos para comprender la sociedad de la que hacen parte y, con base en la información que les ofrecen, tomar las decisiones que incidan en el futuro de la misma. Quienes quieran ser periodistas e ingresan a una facultad de Comunicación Social – Periodismo, deberían integrar el equipo de redacción de un periódico universitario, para afrontar las dificultades propias de una publicación, empezando por la construcción de una agenda periodística autónoma, hasta el cumplimiento de los cronogramas establecidos. Esta es la mejor escuela para comprender que el periodismo es un servicio público que requiere compromiso social y, sobre todo, pasión. Lo demás viene por añadidura.

Caricatura

Rector: Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez / Decana de la Escuela de Ciencias Sociales: Esperanza Hidalgo Urrea / Directora Facultad de Comunicación Social: Margarita Llano Gil. / Jefe de Área de Periodismo: María del Socorro Correa Jaramillo. / Editor: Juan Carlos Ceballos Sepúlveda. / Jefe de Redacción: Viviana Andrea Londoño Calle / Editora gráfica: Angélica Cuevas Guarnizo / Periodistas: Carlos Mario Cano Restrepo • Lina María Betancur Blandón • Viviana Andrea Londoño Calle • Rosa María Pérez Rivas • Jenny Carolina Buitrago Cortés • Juliana Sosa Góngora • Natalia Andrea Sánchez Acevedo • Juan David Villa Rodríguez • Elizabeth Ramírez • Paula Cárdenas • Angélica Cuevas Guarnizo • Korina Daza • Laura Julieth Mendoza / Foto portada: Contexto / Diagramación: Ana Milena Gómez / Diseño y Diagramación: Editorial UPB / Impresión: El Mundo /Universidad Pontificia Bolivariana • Facultad de Comunicación Social y Periodismo.• Dirección: Circular 1ª. 70-01 bloque 7. Teléfono: 3544557 • Correo electrónico: pcontexto@gmail.com • ISSN 1909-650X

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Lo que fácil viene, fácil se va

La máquina traga monedas 4

El lunes 22 de junio de 2009 en la portada de la bbcmundo.com apareció, firmado por la redacción, un artículo titulado “Más hambre que nunca en el mundo”, cita un informe publicado el viernes 19 del mismo mes por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que afirma que este año “el mundo alcanzará una cifra récord de 1.020 millones de personas que pasan hambre a diario”. En la página electrónica de esa entidad se plantea que el “reciente incremento del hambre no es consecuencia de las malas cosechas, está causado por la crisis económica mundial, que ha provocado a su vez una disminución de los ingresos y un incremento del desempleo. De este modo se ha reducido el acceso de los pobres a los alimentos, según la Organización de la ONU”1. Lo que ocurre a pueblos con historias semejantes a las nuestras, probablemente nos ocurre a nosotros o en algún momento nos ocurrirá. Hoy, infortunadamente, parece ser más importante producir grandes riquezas que lograr que los seres humanos alcancen un satisfactorio nivel de vida. De hecho hay guerras, violencia en las ciudades y un cambio climático de consecuencias desastrosas. La ambición está destruyendo el mundo.

situación de desempleo sino una verdadera crisis de trabajo.

Los Estados fallidos

Las potencias se esfuerzan para que sus economías crezcan y poder así dar empleo a un mayor número de personas. Pero para ello, entre otras cosas, se apropian de los recursos naturales de Estados frágiles en América Latina, África y Asia, apoyando regímenes corruptos que terminan por destruir las relaciones políticas de sus sociedades, debilitando las instituciones y eliminando la opinión pública. Esos son los Estados fallidos, en los que la violencia es intensa, sus gobiernos se tambalean frente al poder de grupos armados dirigidos por “señores de la guerra”, quienes se apropian de territorios para beneficiarse económicamente y adquirir armamento de las potencias. En consecuencia son desplazadas las comunidades, los campos no se cultivan y lo poco que la tierra produce es confiscado para los guerreros, mientras familias enteras no tienen que comer. Una ilustración de este hecho la hizo el fotógrafo Kevin Carter, con un niño agonizante acechado por un buitre, durante la hambruna de Sudán, en el año de 1994.

Hoy el presidente de ese país, rico en petróleo, es investigado por la Corte Penal Internacional por un genocidio de más de 200 mil víctimas, pero no avanza porque China, potencia que disfruta de esos recursos, veta incluso al mismo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esa fue la metodología empleada en el caso de Mobutu Sese Zeko, quien gobernó entre 1965 y 1997 el Zaire, la actual República Democrática del Congo. Personaje que se hizo a una descomunal fortuna, parte de la cual materializó en lujosas propiedades, villas y palacios, en la placida y civilizada Europa, mientras la guerra civil y el hambre asolaban a su pueblo. Algo así ocurre hoy en Zimbabue con Robert Mugabe.

Cadena del hambre

En la película “Diamantes Sangrientos” un sabio anciano sobreviviente de una de las batalla en Sierra Leona, sentado sobre las ruinas humeantes de su aldea, da gracias a los dioses porque en sus tierras no hay petróleo. Ese es el mismo razonamiento de los indígenas amazónicos del Perú que se opusieron al proyecto del presidente Alan García de facilitar el ingreso de compañías petroleras multinacionales a su región. Infortunadamente

los Estados en construcción no logran agregar valor a sus recursos naturales, que se van a las potencias dejando poca riqueza y destruyendo la tierra y la calidad de la vida. La fórmula es simple: si el país es inestable, sus riquezas, vía “señores de la guerra”, van a parar a las potencias, que compiten entre sí. De tal manera que los campos no se trabajan, la especulación infla los precios, los Estados para mantenerse invierten grandes cantidades de dinero en la guerra, la tierra se disputa de manera cruel, la agroindustria, que es la posibilidad de agregar valor, no se materializa y el hambre, como una sombra siniestra, se expande. La promesa de los biocombustibles mueve a muchos gobiernos a apoyar extensos cultivos que no saciarán el hambre de nadie. Y las grandes bolsas de valores, como una siniestra máquina tragamonedas, hacen inmensamente ricos a unos pocos, mientras los poderes políticos, postrados, esperan la siguiente crisis financiera para entrar al rescate. La humanidad debería tener la oportunidad de decidir si lo que quiere es producir la riqueza suficiente con la cual alimentar a los niños y buscar el bienestar general o que algunos consigan descomunales dividendos. Periodistas.com

Ramón Arturo Maya G. ramon.maya@upb.edu.co

Las grandes rentabilidades se generan en un sistema económico virtual, de bolsas de valores, allí se especula con dinero digitalizado, como si fuera un casino y se pueden lograr inmensas fortunas o perder todo en un momento, que fue lo que pasó a finales de 2008, con la más reciente crisis financiera. El sistema económico real, el de las industrias y el comercio, va colapsando, pues ofrece menos posibilidades de amasar esas inmensas fortunas. Es por eso que grandes compañías despiden cada año miles de empleados, produciendo no una

1 http://www.fao.org/news/story/ es/item/20568/icode/

La guerra es más rentable que las políticas sociales


El hambre afecta cerca de 40 países

Transnacionales

en la mira por crisis alimentaria Paula Cárdenas paucrb1711@hotmail.com

El número de personas con desnutrición en el mundo supera los mil millones. Cada 24 horas mueren 18 mil niños de hambre. De acuerdo con las Naciones Unidas, los hambrientos en 2009 representarán una sexta parte de la humanidad. Dos grandes culpables: el cambio climático y la sobrepoblación son señaladas por medios de comunicación, gobiernos y organismos multilaterales como los causantes de este flagelo. ¿Existen otros responsables? La Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO) advierte que en el Sur de África se vive una crisis humanitaria por cuenta de la escasez de alimentos. Desde 1990 los cultivos se redujeron drásticamente debido a sequías, inundaciones y plagas. No hay suficiente comida. Miles de personas mueren. En Latinoamérica 53 millones de personas pasan hambre crónica y una tercera parte de los niños se encuentra en estado de desnutrición. Pese a que la región tiene los recursos naturales y humanos necesarios para producir tres veces los alimentos que necesita, la situación es crítica en países como Colombia y Argentina. El Premio Nobel de Economía Amartya Sen revolucionó al mundo con su teoría del desarrollo humano. Sus trabajos sobre hambrunas lo llevaron a concluir que éstas son fenómenos muy complejos y la falta de comida no es la única causa. Más que escasez de alimentos existen problemas de información y distribución. Los análisis publicados por la FAO entre 2005 y 2008 apoyan esa teoría. Demuestran que la producción mundial de alimentos se triplicó desde 1961, mientras la población sólo se duplicó. Según el organismo, en el mundo se produce suficiente comida para suministrar una dieta balanceada a los 6 mil millones de habitantes y es deber de los gobiernos garantizar la accesibilidad, disponibilidad y seguridad de esos alimentos, tal y como lo estipula el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Apertura de mercados Durante las décadas de los 80 y 90 organizaciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) promovieron la apertura de los mercados en las naciones más pobres, para que países industrializados, como EE.UU. y potencias de la Unión Europea, pudieran colmarlos de productos subsidiados. Los pequeños y medianos productores no pudieron competir con los bajos precios de los productos importados y entraron en crisis. Por su parte, gobiernos del Tercer Mundo vendieron las propiedades estatales a empresas multinacionales, dando inicio a un fenómeno de privatización en las zonas rurales que reemplaza la agricultura tradicional por una agricultura industrial. Para Carlos Enrique Londoño Rendón, docente del Centro de Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana, filósofo y estudioso del tema de crisis alimentaria,

Expertos afirman que en el mundo se produce suficiente comida. Las dinámicas del mercado son las que originan el problema.

Desde 2007 los altos precios de los alimentos han provocado violentas manifestaciones en cerca de 40 países. Mientras en los países pobres la gente muere de hambre, en los más desarrollados se cambian tradiciones culinarias ancestrales.

las políticas del gran capital destruyeron las agriculturas de autosuficiencia en muchas regiones del mundo, que se vieron obligadas a vivir de la importación de alimentos para satisfacer las exigencias de la apertura económica. Tras controlar los canales de producción y distribución, las transnacionales invirtieron en las bolsas de valores y comenzaron a operar bajo la figura de “mercado de futuros”. En este contexto los precios de cereales como el maíz, trigo y la soya se determinan en función de operaciones especulativas y la dinámica entre oferta–demanda, propiciando la volatilidad de los precios. “En la medida que los alimentos son convertidos en mercancía, el acaparamiento de las zonas de distribución alrededor del mundo produce abundancias en unas regiones y escasez en otras (…) Hoy un altísimo porcentaje de los alimentos depende de grandes monopolios y sobre los intereses nacionales de velar por una seguridad alimentaria, se imponen intereses transnacionales”, comenta Londoño.

Negociando alimentos El investigador Shawn Hattingh presenta un estudio sobre el multimillonario negocio de los cereales bajo el título “Liberación de alimentos, comercio de la muerte”, en el que ofrece cifras que revelan las ganancias obtenidas por las multinacionales durante el primer trimestre de 2008. (Ver cuadro) La investigación afirma que las transnacionales junto a otras de renombre como Nestle, controlan el 85% del comercio de granos, el 83% del cacao, el 80% del plátano, el 60% del aceite vegetal y el 55% de los lácteos. Y eso no es todo. Existe evidencia de que compañías como Cargill utilizan satélites espías para pronosticar la producción de granos en algunos países y así determinar el precio de los productos. En la Conferencia de Alto Nivel sobre Seguridad alimentaria realizada en 2008, el secretario general de Naciones Unidas, Ban

Ki Moon, dijo que para el 2030 el mundo debe aumentar en un 50% su producción de alimentos. Por su parte, expertos de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) afirman que para alivianar la crisis se requiere de un plan concreto que ataque las deformaciones estructurales del sistema capitalista: procure una mayor regulación de los mercados y mejore las estructuras agrícolas de los países menos desarrollados. La seguridad alimentaria está amenazada. No por las miles de personas que mueren de hambre, sino por los beneficiarios que concentran el poder económico y obtienen enormes ganancias con la “escasez”. A mayor “escasez” mayor demanda. A mayor demanda mayor precio. A mayor precio mayor ganancia. Ya no es un secreto. Una élite de empresas tiene el monopolio sobre la cadena alimenticia humana y están en condiciones de controlar el mercado a su antojo.

El negocio de las multinacionales BENEFICIO BRUTO EN MILLONES DE DÓLARES

MULTINACIONAL

% CRECIMIENTO ECONÓMICO ENTRE 2007 y 2008

Comercio de granos Archer Daniels Midland

1.150

55

Cargill

1.030

86

Bunge

867

189

Comercialización de semillas y herbicidas Monsanto

2.230

54

Dupont Agriculture and Nutrition

786

21

Fertilizantes Potash Corporation

66

185,9

Mosaic

528,8

1200

5


Hay que evitar el asistencialismo en los programas de cobertura alimentaria

La (In) Seguridad Alimentaria en Antioquia 6

La despreocupación de los dirigentes por el Derecho a la alimentación, sumado a la dificultad de acceso a los alimentos y las insuficientes acciones políticas al respecto agravan la situación alimentaria del Departamento. Angélica María Cuevas Guarnizo angelicamcuevas@gmail.com 25 niños menores de cinco años murieron en Antioquia por desnutrición en 2008. Según cifras de la Dirección Seccional de Salud de Antioquia las regiones más críticas fueron Urabá con diez casos y el Bajo Cauca con seis. El Perfil Alimentario de Antioquia, estudio realizado por la Universidad de Antioquia y la Gobernación en 2004, indica que en el 21.8% de los hogares del departamento aguantan hambre. Más allá de las cifras, el problema de la inseguridad alimentaria es producto de la falta de dinero para acceder a los alimentos, consecuencia de una realidad social en la que convergen violencia, desplazamiento, abandono estatal, falta de oportunidades para los pobres y una distribución inequitativa de la tierra. Margarita Trochez, profesional especializada de MANÁ, afirma que falta voluntad política por parte de los gobiernos locales, que creen que el problema de la alimentación es un asunto del Gobierno Departamental. Para ella esto no se resuelve solamente con las ayudas alimentarias, otros sectores como el de la salud, recreación, educación y medio ambiente deben cooperar en la solución. Hay que agregar que el desarrollo económico y las mejores condiciones de vida en Antioquia se concentran, básicamente, en el Valle de Aburrá y en zonas de influencia directa como el Oriente y Norte cercanos, el Suroeste y tres o cuatro municipios alejados como Apartadó y Puerto Berrío. Antioquia es un departamento inequitativo. Según el informe “Estrategia de seguridad alimentaria y nutricional”, publicado en octubre de 2008 por la Alianza de Antioquia por la Equidad, 85 de los 125 municipios del departamento tienen el 90% de su población en situación de pobreza. (Ver mapas)

que incluye complementación y capacitación en buenas prácticas alimentarias, prestación de servicios de salud, vigilancia alimentaria y nutricional, y ejecución de proyectos productivos como huertas familiares y comunitarias. Al complemento alimentario, eje de la política pública, tienen acceso los niños entre los cero y seis años (MANÁ Infantil), y desde 2008 los niños escolarizados menores de 14 años (MANÁ Escolar). El programa garantiza a los niños inscritos en MANÁ Infantil desayunos o almuerzos para los 365 días del año. Sin embargo, a los niños que pertenecen a MANÁ Escolar sólo se les entrega el complemento durante los 180 días que dura el calendario escolar, porque según Margarita Trochez “el fin es retener al niño en la escuela”. MANÁ tiene inscritos 548.568 niños en sus programas, que representan el 33,67% de la población infantil entre 0 y 14 años registrada por el DANE (1.629.084) en el censo nacional de 2005.

Política pública Con la Ordenanza No. 17 del 24 de noviembre de 2003, nace en Antioquia el Plan de Mejoramiento Alimentario y Nutricional de Antioquia (MANÁ), política pública de seguridad alimentaria y nutricional que responde a algunos objetivos del Milenio, especialmente aquellos que buscan reducir la pobreza y el hambre en el mundo. MANÁ realiza, en asocio con varias organizaciones, un programa de seguridad alimentaria

Asistencialismo Para el Coordinador del Programa de Seguridad Alimentaria y Nutricional con Responsabilidad Social de la UPB, Mario Cadavid Ramírez, estos programas se convierten en acciones de asistencia al vincular a los ciudadanos como simples beneficiarios y no como participantes activos que se organizan, buscan recursos y vigilan que los proyectos funcionen. El Coordinador reconoce que la labor de MANÁ en Antioquia es significativo, al considerar el problema alimentario no solamente como un asunto de médicos y nutricionistas, sino como un problema de carácter social, pedagógico y productivo. “Sin embargo, faltan políticas públicas que materialicen otras condiciones para poder salir de la pobreza, que exista acceso al capital, a recursos”. Si bien las acciones han tenido impacto, aún falta mucho camino por recorrer. Dentro de las metas para el cuatrienio propuestas en el Plan de Desarrollo del actual Gobernador, se pretende reducir, para el 2011, el porcentaje de hogares que se perciben con inseguridad alimentaría de un 75% a un 70%, y ampliar la cobertura del programa de complemento alimentario de MANÁ a 35.063 niños más.

Turbo preocupa Para el coordinador de la Unidad Vida Infantil del Hospital Francisco Valderrama en Turbo, doctor Santiago Ospina Fonnegra, la situación de este municipio es alarmante. Es el más extenso del país, tiene las cifras más altas de desnutrición en Antioquia: desde el 10 de febrero hasta el 26 de agosto de este año, 88 niños fueron hospitalizados con síntomas de desnutrición. Esto demuestra que es uno de los lugares de América del Sur con mayor desnutrición global o bajo de peso. Turbo tiene aproximadamente casi 122 mil habitantes. La mayoría habitan en el área rural, viven hacinados y afrontan dificultades socioeconómicas. En materia de salud desconocen la importancia de la lactancia materna, su alimentación no es adecuada y el acceso a los servicios de salud es difícil por las largas distancias que hay entre el Hospital y sus casas. Por eso, una alternativa para mejorar está situación es garantizar el acceso a una alimentación suficiente y balanceada, insistir a las madres sobre la importancia de la lactancia materna hasta los seis meses y, en general, facilitar el acceso a los servicios de salud. Esta labor preventiva contra la desnutrición es mejor, porque a juicio del doctor Santiago Ospina Fonnegra: “No hay que irse hasta el África para ver morir niños de desnutrición. Aquí, en Antioquia y en Colombia, también se nos mueren de hambre”.


Una sociedad que permite que los niños aguanten hambre los maltrata

En el centro oriente de Medellín, comuna 8, barrio Enciso, en un sector conocido como Coco Hondo, cerca del Parque Biblioteca La Ladera, se encuentra la casa de la familia Ortiz G*. Cuando se ingresa a esta vivienda la luz y la claridad del día pierden su resplandor, sólo es posible observar una irradiación tenue que ingresa por los agujeros del techo que ya han intentado cubrir con pedazos de madera vieja, para evitar que por allí entre la lluvia, el frío y hasta el sol. Al fondo de la vivienda hay una niña sentada, Andrea: es delgada, está retraída y llora. Su cabello es negro y largo, parece de 12 años, pero en realidad tiene 15. Este es uno de los rasgos que caracteriza a una persona con problemas de desnutrición. La profesora de la U. de A. y coordinadora del grupo de investigación en Alimentación y Nutrición Humana, Claudia Velásquez, afirma que no comer de manera adecuada y estar en situación de hambre afecta el crecimiento físico de los niños, por eso es posible ver niños más delgados y más pequeños en relación con sus edades. Lo anterior trae consecuencias graves en el desarrollo integral de un individuo, como en el caso de Andrea: porque así como su parte externa no creció todo lo que podía, menos sus órganos internos. Claudia Velásquez explica, por ejemplo, que los músculos sin grasa pierden tamaño y fuerza, el hígado no funciona con todo el potencial que debería tener y el corazón al no tener la suficiente energía y proteína se queda pequeño.

El rebusque diario

Antes de levantarse, Patricia piensa qué les va a dar de comer a sus hijos: Andrea, David y Jennifer. Esa es su preocupación permanente. A veces cuenta con cinco mil pesos para comprar el desayuno, el almuerzo y la comida del día, otros días “hay que aguantar”, dice. Pero esto no es suficiente para unos niños que necesitan consumir lácteos como mínimo tres veces en el día, dos porciones de carne, frutas, verduras, harinas y grasas. La carencia de estos alimentos

Comer: costumbre de muchos, anhelo de otros Rosa María Pérez Rivas rosampr77@yahoo.es

Las condiciones deplorables en las que viven muchos niños en Colombia los hacen más vulnerables a la desnutrición.

que iría donde un amiguito para rebuscársela y no ha llegado”, dice Patricia. Estas son algunas de las manifestaciones de la violación a un derecho fundamental de los niños: la alimentación. Para Claudia Velásquez es una forma de maltrato: “El alimento no son sólo calorías. Alrededor del mismo hay cariño, hay una estructura social. Un niño que tiene y pasa por etapas de hambre y se acuesta a dormir temprano para no sentir el dolor, está siendo maltratado, no por parte de los padres, sino por parte de una sociedad que permite que esos niños tengan hambre”.

Condiciones inadecuadas

Rosa María Pérez

“Creo que los niños que no comen se van a volver piedras”, dice Laura Restrepo en su cuento Jan desnutrido. Andrea, por el contrario, piensa que cuando deja de consumir alimentos puede llegar a convertirse en fuego: “cuando no como y me acuesto con hambre siento que me quemo”, dice.

La casa es grande, pero está en malas condiciones. Las habitaciones tienen humedades, es fría y oscura; el piso está desnivelado y las baldosas quebradas. El agua se la pasan los vecinos y la luz la tienen suspendida. En estas condiciones vive la familia Ortiz G.

Comer poco afecta el crecimiento corporal y el desarrollo intelectual de las personas, especialmente de los niños.

Identificación física de un niño desnutrido Un niño con desnutrición puede presentar una o varias de las siguientes manifestaciones: pelo seco y quebradizo que se cae con facilidad; su piel es seca, fría, costrosa y arrugada; las uñas son quebradizas, sin brillo y crecen poco; presenta disminución de la visión y sus ojos son hundidos; también presentan mejillas deprimidas, enrojecimiento en mucosas y encías sangrantes. En general se ve delgado, las costillas y columna demarcadas, el abdomen inflado y el hígado crecido, las extremidades se ven hinchadas, por lo menos en el dorso de los pies, además presenta signo del pantalón caído (sin musculatura en glúteos).

produce en ellos anemias, desaliento, baja capacidad física y falta de concentración en el proceso de aprendizaje. Por eso, la nutricionista Claudia Velásquez llama la atención: “un niño por ser bajito y no tener suficiente fuerza física no va a ser ni el gran ingeniero, ni el gran profesional. Esas son las huellas que deja el hambre y la desnutrición”. La situación de esta familia no da para tanto aguante. Jennifer y David salen al rebusque para

saciar su hambre. La niña hace los mandados a sus vecinos y ellos le dan quinientos o mil pesos. Con eso compra arepas para la casa porque “para chocolate no alcanza”, dice. Su hermano en cambio se va de la casa cuando no encuentra comida: “David no aguanta, él se fue desde ayer del desespero. Tenía mucha hambre y yo no tenía nada que darle, entonces me dijo

Además de los problemas de hambre, una vivienda sin condiciones dignas para vivir, puede afectar la salud de quienes la habitan. Para el doctor Santiago Ospina Fonnegra las precarias condiciones son propicias para la aparición de enfermedades en la piel, respiratorias y diarreicas; parasitosis y anemias. Sumado a lo anterior, el médico señala que “el 43% de nuestra población vive en pobreza absoluta (un ingreso de menos de un dólar per cápita diario), no cuentan con los servicios públicos básicos (...) y la difícil consecución de los alimentos adecuados para una dieta balanceada, hacen que los niños colombianos sean más vulnerables a la desnutrición en alguna de sus manifestaciones como el bajo peso, la talla baja y/o la desnutrición aguda que a su vez tiene diferentes grados de gravedad”. Esta es la situación de la familia Ortiz G., que hace parte del 23.3% de los hogares de Medellín que aguantan hambre, según el Perfil Alimentario elaborado por MANÁ y la Universidad de Antioquia en 2005. Sin embargo, Patricia no vive esto como un dato estadístico, para ella el hambre es la muerte: “porque una persona que no come no puede dormir, se desvela, no le da sueño y eso es como estar muriendo”.

* De acuerdo con la Ley de la Infancia y la Adolescencia se cambiaron los nombres de los protagonistas y los apellidos de la familia.

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Mayores de 65 años so

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Liberto de Jesús Henao Muñoz vive a 20 minutos del centro de Medellín, lleva cuatro meses en la ciudad, y sólo conoce de ella los lugares por los que pasa cuando pide comida: “Yo en la finca nunca aguantaba hambre porque tenía el plátano, la yuca y las gallinas, pero aquí sí me toca aguantar hambre todo el día”. Desplazado de San Andrés de Cuerquia llegó a Altos de la Torre, en el centro oriente de la ciudad, allá aprendió que la comida se pide y se consigue caminando, por eso, sale con un costal dos o tres veces en la semana por Buenos Aires, Villatina, Golondrinas y el centro de Medellín. Recorrer las calles en busca de comida, tener hambre y sufrir de desnutrición, no es un problema exclusivo de los desplazados: el 23.3% de los hogares en Medellín aguantan hambre, según el Perfil Alimentario elaborado por MANÁ y la Universidad de Antioquia en 2005. Entre las personas que son más vulnerables a sufrir de desnutrición están las de estratos uno y dos, especialmente madres gestantes y lactantes, niños menores de dos años y adultos mayores de 65. Esta vulnerabilidad se evidencia en los 38 muertos por desnutrición que tuvo Medellín en 2008, cifra que preocupa aún más si se observa que 25 de ellos fueron personas mayores de 60 años.

El Derecho a no tener hambre es violentado

Laura Julieth Mendoza, Carlos Mario Cano Restrep

El desabastecimiento de comida no es la causa del hambre en la ciudad, porque Medellín tiene suficientes alimentos para toda su población. El problema va más allá y está relacionado con la falta de dinero de la gente para poder comprar los productos de la canasta familiar. Claudia Zuleta, investigadora de la Colegiatura Colombiana y quien actualmente trabaja asociada con la Escuela de Nutrición de la U. de A. en una investigación sobre la cultura alimentaria en Medellín, señala que la falta de plata para comprar alimentos es el patrón en los estratos uno y dos, por esta razón muchas familias sólo pueden comer una vez al día. Liberto, por ejemplo, sólo gana dinero cuando algún vecino le pide un favor o cuando sube la mercancía para surtir la tienda, que queda al lado de su casa. “No vaya a creer que soy el único que carga. Cuando llego ya hay ocho o

Croquetas de arracacha, gallinas en la casa; patacones de arracacha, rutas para pedir comida; torta de lentejas molida con remolacha, crear bolsas comunes entre vecinos para comprar a bajo precio los alimentos.

Carlos Mario Cano Restrepo

La desnutrición en la ciudad es causad permite a los más pobres

“En Medellín se pierden diariamente entre 10 y 15 toneladas de alimentos que se podrían utilizar”, dice Daniel Londoño, funcionario del Banco Arquidiocesano de Alimentos de Medellín, empresa sin ánimo de lucro que hoy beneficia a 103 instituciones en Antioquia, y que trabaja desde hace 10 años por recuperar los alimentos que otros consideran perdidos.

Desplazados, cercados por el hambre y la violencia

Todas son estrategias que utilizan las personas para alimentarse bien: en tiempos de escasez despierta la creatividad. Los desplazados, que mantienen una lucha diaria contra el hambre, están siempre atentos a buscar la mejor manera de ahorrar dinero y aumentar su canasta básica. Pero, ¿qué hacer cuando ni si quiera hay lo mínimo? “Hay familias que en todo un día no comen y si lo hacen es por la solidaridad de los vecinos. Hay gente aguantando hambre y eso también genera violencia”, dice María Elmy Pérez, miembro de la Mesa Municipal de Organizaciones de Población Desplazada de Medellín. Según cifras de esta Mesa, en la ciudad hay cerca de 36 mil desplazados, de los cuales solo seis mil reciben ayudas gubernamentales. En muchos casos la población desplazada desconoce los derechos que tiene, en otros teme acercarse a declarar su situación o simplemente no alcanza -después de tantos trámites engorrosos- a conseguir el subsidio del Estado.

Todos los miércoles en la cancha aledaña a la Minorista se reparten mercados para los necesitados, los desplazados son una de las poblaciones que más asiste.

Hambre en un problema

El hambre es un problema que va más allá de dar comida, es el retrato de una ciudad inequitativa en la que faltan oportunidades, y en la que se necesita un mejor manejo y una mayor educación alrededor del tema de la alimentación.

El panorama se agrava aún más cuando se observa, según un informe de 2007 del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, que el 48% de los hogares

Carlos Mario Cano Restrepo.

La gorra en vez del sombrero, los tenis en vez de las botas, el costal para pedir y dormir sobre él, nunca más para recoger frutos de los árboles. Se perdió el machete, el cafeto y la esperanza. Sólo queda la familia y una preocupación permanente por lo que se comerá mañana.

desplazados en Medellín siempre carecen de dinero para la compra de alimentos.

Hambre e inestabilidad familiar Según Jorge Herrán Vargas, Personero de Medellín, en los temas de pobreza y desplazamiento forzado se da una vulneración permanente de toda la gama de Derechos Humanos. Los desplazados, añade, llegan a su vez a un territorio receptor y productor de desplazamientos, causados por el accionar de bandas, combos y grupos ilegales que tienen influencias en esas zonas de la ciudad. “Si en la casa hay comida y la gente está bien, el hogar está estable, pero cuando hay hambre eso no se da”, dice María Elmy Pérez. En muchas ocasiones el tejido familiar entre los desplazados se rompe y por esas rupturas comienzan a filtrarse problemas sociales. “Estas condiciones permiten y estimulan de alguna manera -no vamos a decir que de eso dependen- el ingreso de los adolescentes y preadolescentes a los grupos armados ilegales. En el estado de pobreza y de extrema pobreza no hay posibilidades para los jóvenes, que fácilmente son cooptados por los grupos armados ilegales”, concluye el Personero de Medellín.


on quienes más mueren

n Medellín, a de equidad

da por una estructura social que no le s acceder a los alimentos.

lauris2444@hotmail.com po, carwansophia@yahoo.es

En 2008, 25 de las 38 personas que murieron en Medellín por desnutrición fueron adultos mayores de 60 años Liberto lleva 20 días buscando los 22 metros de plástico que necesita para cubrir su rancho y dejar de ser un arrimado.

nueve preguntando que qué hay para cargar”, por el viaje pagan entre $3.500 y $4.000.

Además de dinero falta educación “Hemos visto que las personas de estratos bajos consumen en su canasta básica seis, máximo siete alimentos”, afirma la Investigadora de la Escuela de Nutrición de la U. de A., Luz Marina Arboleda. Si siempre se come lo mismo -y nunca se cocina diferente- se pierde el gusto por los alimentos y, especialmente los niños, dejan de consumirlos. El programa “Otro sabor en casa” de la Colegiatura Colombiana se encarga de este tema, y con sus “Cocinas Viajeras” se acerca a la gente para mostrar que es posible cocinar de manera diferente. La chef de este programa es Alejandra Gómez, ella visita los barrios de la ciudad e intercambia experiencias con las madres que son atendidas por el programa. Para esta chef el dinero no es tan importante a la hora de una buena alimentación, lo fundamental es tener conocimiento y creatividad cuando se preparan los alimentos. De las prácticas culturales depende la forma de cocinar, comer y valorar los alimentos; por eso, para las investigadoras Claudia Zuleta y Luz Marina Arboleda es necesario tener presentes las diferencias sociales y culturales que hay dentro de la misma ciudad: “nos ha faltado diseñar con la gente, contar con su participación y sus ideas para poder hacer proyectos y programas integrales”, afirma Luz Marina refiriéndose a las iniciativas gubernamentales relacionadas con la asistencia alimentaria (Ver nota anexa).

Buena nutrición = servicios públicos adecuados Liberto vive en casas prestadas por vecinos conocidos del barrio, esta razón lo obligó a cambiarse tres veces de vivienda en cuatro meses. Está cansado de vivir como arrimado y, por eso, construyó con palos de madera la estructura de su rancho, al que sólo le falta el plástico para cubrirlo.

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“Todo este rastrojo lo recojo en costales y lo boto, y ya me queda listo el rancho: la energía la cojo de esta principal y el agua la pongo a correr por aquí”, dice señalando los espacios vacíos como si el rancho, que queda a menos de cinco metros del agua que corre mezclada con basuras, estuviera listo. La nutrición y alimentación de los seres humanos también depende de unas buenas condiciones de salubridad. Este factor es preocupante en la ciudad si se tiene en cuenta que, según los “Indicadores de Calidad de Vida” de 2007, 16.512 hogares de Medellín habitan viviendas sin servicios públicos. A esto se añade que, según Alejandra Gómez, muchas personas preparan alimentos sin darle importancia al lavado de las manos o al tener las uñas cortas. Lo mismo sucede con la organización en la cocina, en la que mucha gente -en vez de seguir un orden- mezcla carne y verduras en la tabla de preparaciones. Pero, ¿cómo seguir un orden? María Fanny, la esposa de Liberto, hierve el hueso que su esposo consigue en la calle y lo deja en la cocina para la sopa del otro día: al dormirse no saben realmente si el mañana les traerá más comida.

Adulto mayor: el más desprotegido frente al problema de la desnutrición en Medellín alimentaria han sido orientados más a mejorar la seguridad alimentaria, no la recuperación nutricional”, dice Carlos Alberto Giraldo, Nutricionista de Metrosalud.

Carlos Mario Cano Restrepo

En los últimos tres años en la ciudad murieron 94 adultos mayores de 60 años por desnutrición. Esta problemática no se ve reflejada en medidas de choque de la Alcaldía de Medellín, que sólo tiene un programa de complementación alimentaria para adultos mayores. “Una cosa que yo no comparto es que nos estamos concentrando solamente en los niños, ¿y los adultos qué?, todos como seres humanos tenemos derecho a una alimentación adecuada”, afirma Luz Marina Arboleda Montoya, Investigadora de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Antioquia. La Administración Municipal trabaja por la nutrición y alimentación en la ciudad desde la Secretaría de Bienestar Social y la plataforma “Buen Comienzo”, que articula varias secretarías, el Despacho de la Primera Dama de Medellín, el Instituto de Deportes y Recreación de Medellín (INDER) y Metrosalud. En general, el esquema de complementación alimentaria de la ciudad cubre todo el ciclo vital humano y está articulado por una red de programas como “Buen Comienzo” y su programa especial “Buen Comienzo había una vez”, “Vaso de leche”, “Restaurantes escolares” y “Complementación alimentaria en adultos mayores”. “Los programas han logrado impactar la muerte por desnutrición mas no la desnutrición leve. Los programas de complementación

Calmar el hambre: objetivo esencial

Hasta ahora la perspectiva de atención se ha limitado a mitigar el hambre y evitar el deterioro del estado nutricional. Según Luz Marina Arboleda, cualquier ayuda es buena cuando hay hambre, pero debería procurarse más el desarrollo social y humano de las poblaciones atendidas. Según Carlos Alberto Giraldo, en la Administración Municipal se está creando consciencia de la importancia que tiene ir más allá de dar comida, lo que se busca es enseñar a optimizar los recursos de la familia para que ésta se haga responsable de la mejora en sus alimentos, tema difícil de manejar en una ciudad con tanta hambre. Otra de las grandes falencias del Estado, según este nutricionista, es no haber logrado focalizar bien quiénes son los más vulnerables para poder perfilar las ayudas hacia esos grupos. Los adultos mayores de 65 años requieren una intervención integral por parte de la Administración Municipal que, aunque tiene programas para ellos, son insuficientes.

En Medellín el problema del hambre no está en el abastecimiento de alimentos sino en la dificultad para el acceso a ellos. Nota: la Secretaría de Bienestar Social de la Alcaldía de Medellín, consultada por su relación con el tema, no respondió al cuestionario enviado por los periodistas antes del cierre de edición.


Atrás la promoción automática

Un reto de la educación es saber evaluar Natalia Andrea Sánchez Acevedo dubambi@hotmail.com

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la conferencia “Siete retos de la educación en Colombia para el período de 2006 a 2019”. Adicional a las fallas en el método de evaluación de los docentes existen otros factores que contribuyen a que la educación no progrese. En su afán por mantener márgenes de calidad y cumplir con unos estándares que exigen buenos resultados académicos y eficiencia en sus procesos, las instituciones adoptaron el modelo de promoción automática, consignado en el decreto 230 de 2002. El mismo consiste en que sólo el 5% de alumnos por grado puede repetir y los demás pasan al siguiente curso con materias pendientes para reforzar. Este planteamiento “llevó a que los jóvenes aprobaran sin un mínimo de esfuerzo”, afirma Luis Fernando García, director Centro de Estudios e Investigaciones Docentes CEID-ADIDA.

El 1290 al rescate Desde un comienzo el decreto 230 no fue entendido y se generaron muchas polémicas. La norma buscaba unos márgenes menores de repitencia, por lo que el Ministerio de Educación, después de recibir quejas de la comunidad mediante foros municipales, departamentales y regionales

Natalia Sánchez

Excelente, Sobresaliente, Aceptable e Insuficiente son los parámetros que tienen los docentes para calificar. La Ley General de Educación, 115 de 1994, plantea en el artículo 91 que “el educando es el centro del proceso educativo y debe participar activamente en su propia formación integral”. Esta norma busca que el alumno construya su propio conocimiento y desarrolle competencias, es decir, las habilidades y atributos personales necesarios para rendir eficientemente en sus tareas y funciones. También que las instituciones educativas creen mecanismos para evaluar los procesos y no sólo los resultados finales. Todo parece indicar que los profesores están perdidos en materia de evaluación. Sus métodos pedagógicos no están enfocados al desarrollo de habilidades, olvidando “valorar el alcance y la obtención de logros, competencias y conocimientos por parte de los educandos”, tal y como lo exige el artículo 4 del decreto 230 de 2002. “La limitación a exámenes escritos de preguntas cerradas es muy severa para una evaluación por competencias” dijo Carlos Eduardo Vasco, investigador en ciencias de la Educación, durante

Preocupante panorama en la educación colombiana: baja calidad y retrocesos en materia de aprendizaje. Con la evaluación se busca retroalimentación de los procesos educativos.

Calificar es el resultado de la evaluación, la misma debe tener en cuenta el comportamiento, la relación con el entorno y las competencias ciudadanas.

Cifras de la educación La Procuraduría Delegada para la prevención en materia de Derechos Humanos y Asuntos Étnicos, con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional USAID, realizó una investigación entre 1991-2004, que arroja datos nada alentadores en materia de educación. En Colombia la tasa efectiva de escolarización de los niños y jóvenes entre los 5 y 17 años es de 68,3%. De los 9 millones 226 mil 750 que se matriculan, el 9,1% no aprueba el grado. Esto indica que solamente 8 millones 142 mil 792 pasa el curso con éxito. En conclusión únicamente el 34,1 % de ellos, unos 3 millones 782 mil 696 menores, disfrutan del derecho pleno a una educación de calidad.

El decreto 1290 de 2009, que regirá a partir del 1o de enero de 2010 deroga el 230 de 2002 que está aún vigente. El nuevo decreto elimina la polémica promoción automática en el marco de la construcción del Plan Decenal de Educación, determinó que se debía cambiar y expidió el decreto 1290 en abril del presente año. Este decreto fue promulgado con el objeto de reglamentar la evaluación del aprendizaje y promoción de los estudiantes de los niveles de educación básica y media. Plantea en el artículo 6, una libertad a los establecimientos escolares para que determinen “los criterios de promoción escolar de acuerdo con el sistema institucional de evaluación de los estudiantes. Así mismo, el establecimiento educativo definirá el porcentaje de asistencia que incida en la promoción del estudiante”. El decreto 1290 de 2009, que regirá a partir del 1° de enero de 2010 deroga el 230 de 2002 que está aún vigente. El nuevo decreto elimina la polémica promoción automática y en el artículo 1º estipula que tanto el Ministerio de Educación Nacional como el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior

ICFES, realizarán pruebas censales con el objetivo de monitorear la calidad de la educación de los establecimientos educativos según los estándares básicos. El decreto 1290 no específica el porcentaje de alumnos que deben aprobar. Patricia Gil, profesional de la Dirección de Fomento de la Educación con Calidad de la Secretaría de Educación para la Cultura de Antioquia, explicó que al no haber acuerdos para evaluar entre la comunidad y las instituciones, el Ministerio optó por establecer una escala que sea igual para todos. Por eso hay que tener en cuenta el artículo 5° del decreto que dice: “ Cada establecimiento educativo definirá y adoptará su escala de valoración de los desempeños de los estudiantes en su sistema de evaluación. Para facilitar la movilidad de los estudiantes entre establecimientos educativos, cada escala deberá expresar su equivalencia con la escala de valoración nacional: Desempeño S u p e r i o r, d e s e m p e ñ o A l t o , desempeño Básico, desempeño Bajo”. De igual manera, el artículo 6º señala que cada institución es autónoma para definir los criterios de promoción escolar “ de acuerdo con el sistema institucional de evaluación de los estudiantes”. Y agrega que si un estudiante no puede ser promovido al siguiente grado, se debe garantizar el cupo para que continúe su proceso formativo. Se espera que la normatividad sea bien interpretada, para beneficio de toda la comunidad educativa.


Comida, música e ingeniería son algunas de las huellas dejadas en la ciudad

El son cubano se siente en Medellín

Más allá del sándwich cubano, el mojito, la música de Celia o las eternas notas de Fidel, la capital antioqueña tiene fuertes tintes del ardor habanero.

“Ojos negros, piel canela que me llegan a desesperar…”. El bolero de Bobby Capó y la Sonora Matancera llena de nostalgia y melancolía el ambiente. Un cielo de copas de cristal brilla entre los neones azules y rojos. Al frente un mural de Celia Cruz. El mar encrespado choca contra la entrada a la isla y sobre ésta se alza imponente la guarachera. Una típica bata cubana cubre su piel morena de boleros encintados. Huele a ajo, a cebolla, a habanos y ron Havana Club. Lugar: Mi Habana, un restaurante típico ubicado en el parque Lleras de Medellín. El dueño es Alfredo Herrera, un profesor cubano de gastronomía de la Colegiatura Colombiana. “¿Por qué puse el negocio? Porque la cultura llama. Porque uno iba en el taxi y sonaba el Beni Moré; uno abría el periódico y veía artículos de la Sonora Matancera; uno mira la carta de Juan Valdez y hay café cubano… Mija, coño aquí lo que hay es gran influencia cubana”. Del archipiélago del mar Caribe vienen el postre de las tres leches, los flanes, los pudines y las frutas en almíbar. Vienen los daiquiris (cócteles de frutas naturales más licor), el Mojito, el Habana Special y el más famoso de todos: el Cuba Libre; una mezcla de cola, ron, zumo de limón y gotas amargas. También viene la ropa vieja o como la llamamos aquí la carne desmechada. A diferencia de nuestra cocina, el toque único e incomparable de esta gastronomía lo da el uso de la pasta de tomate, el vino seco, la naranja agria, el ajo, la cebolla, el aceite de oliva, las especies y las aceitunas que son elementos infaltables en la preparación de platos tan criollos como los fríjoles, las lentejas o el arroz .

Noches de calle y cubata En nuestra ciudad existe el único club de fans de la Sonora Matancera, reconocido legalmente en el mundo. “Si usted dispone de 15 discos de larga duración para hablar de toda la música popular latinoamericana tenga certeza que es poco. Pero si usted dispone de espacio para solo tres palabras no todo está perdido, escriba de prisa: la Sonora Matancera”. Así dictamina un pequeño cuadro en el salón de reuniones del club, lleno de ron, cerveza, crispetas y las fotografías de todos los integrantes de “El Decano de los Conjuntos”. El club se formó en 1975 cuando una emisora local lanzó un concurso sobre quién tenía la mayor cantidad de discos de la agrupación. A la premiación asistieron muchos de los coleccionistas que decidieron seguir reuniéndose para disfrutar del son. Héctor Ramírez Bedoya, médico anestesiólogo es su actual presidente. “Con más de 1064 temas grabados, la Sonora Matancera es el arquetipo y paradigma de la música cubana para Latinoamérica y el mundo. Cada canción le recuerda a uno un amor. Seguir a la Sonora y darla a conocer es una vocación perenne”. Él ha escrito cuatro libros respecto al conjunto, tienen un reconocimiento especial por parte de la UNESCO y en 1996 fue el representante de Colombia en el Encuentro Latinoamericano de Música Popular. “Gracias al Trío Matamoros y la orquesta Casino de la Playa por los años 30 nuestra cultura empieza a adoptar estos ritmos y aparecen personajes que tratan de emularlos. El mejor intérprete ha sido Edmundo Arias de Tuluá, pero radicado aquí en Medellín”. “Si tu mirada matara, ahora estaría en el cielo ¡hay que miedo!”. Otro ambiente es el de la rumba. Son, bolero, guaracha, chacha, pachanga, mambo, timba y salsa es lo que se escucha desde Diógenes en el centro, Rumbantana en San Juan o en el Tibirí sobre la carrera 70. Parece que las almas danzan al ritmo de un solo son, el son cubano. Ella baila sola con su vestido negro y su gran cabellera crespa roja; él toca las maracas y el cantinero de vez en cuando tiene su “tumbao”. De un

Korina Daza Zapata

Korina Daza Zapata koridaza@hotmail.com

Esta calle también es llamada Maceo en honor al jefe militar del ejército Libertador de la lucha independista cubana, el general Antonio Maceo más conocido como “El Titán de Bronce”.

“... uno abría el periódico y veía artículos de la Sonora Matancera; uno mira la carta de Juan Valdez y hay café cubano… Mija, coño aquí lo que hay es gran influencia cubana”. momento a otro, en el clímax de una sinfonía, todo el bar se sincroniza: un palmoteo al unísono hace vibrar el lugar. Unos chasquean los dedos, otros usan la barra de timbal y otros llevan el compás con los pies. El tres, las guitarras, los bajos y las trompetas inundan nuestra ciudad, donde alguna vez todos hemos escuchado un “Guantanamera”.

Reminiscencias de insignes cubanos Mucho del progreso de Medellín se dio gracias a ingenieros cubanos. El más ilustre de ellos: Francisco Javier Cisneros. Un hombre dominante y organizado que revolucionó las comunicaciones y las trasportes. Gracias a él, se construyó el ferrocarril de Antioquia, y con éste logró sacar a la región de su aislamiento geográfico. Antes Antioquia era una región netamente minera donde las artesanías y las manufacturas industriales eran escasas. En honor a él se da el nombre a la plaza de Cisneros. Antes, en su centro tenía una escultura en honor al ingeniero, pero debido a la ampliación de la avenida San Juan fue desmontada. Ahora se encuentra a un costado de la Estación Medellín donde transeúntes cansados se sientan y palomas desocupadas se posan. Así mismo, la calle 59 se llama Cuba, en honor al ideólogo y filósofo de la revolución José Martí. Sus políticas antiimperialistas y de unión en contra del régimen español resignificaron la calle que era llamada del Calvario. De ser una calle de cruces con más de cinco metros de alto para realizar el viacrucis, ahora es la sede de teatros como el Águila Descalza o el Tablado que representan la cultura de nuestra ciudad. Ahora, Cuba adquiere un papel protagónico en la III Fiesta del libro y la cultura como invitado honorario. La ciudadanía tiene la oportunidad de ampliar su conocimiento sobre toda la isla desde temas como la revolución, hasta escritores colombianos en Cuba como Porfirio Barba Jacob y Gabriel García Márquez. El evento se realiza del 11 al 20 de septiembre.

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“Entrar al flamenco es fácil, lo difícil es abandonarlo”

Canto, guitarra, palmas y zapateo Elizabeth Ramírez elir249@hotmail.com

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A los quince años era alumna y a los dieciséis

ya dictaba clases en la Academia de Baile Aida. Antes, el tango era parte de su vida, hoy, Lina María Zapata, con veinticinco años, soltera y una hija, asegura que el flamenco es su pasión; danza que practica seis días a la semana, tres horas diarias en la preparación de coreografías y en la enseñanza a niños, jóvenes y adultos, en la Academia Dance As. “La docencia para mí, aparte de formar al alumno, se debe centrar en implantarle la semilla del gusto por lo enseñado, la danza; que no venga a clase por obligación sino porque quiere”, dice Lina, una mujer de piel trigueña, ojos oscuros y contextura delgada, consagrada en cuerpo y alma a la interpretación del canto flamenco a ritmo de palmas, guitarra y zapateo. Los videos de la bailarina cubana Yasaray Rodríguez, vistos durante el embarazo de su hija, Valeria Mesa, ligados a las arduas horas de ensayo, las presentaciones y las amistades que se tejen alrededor del flamenco terminaron por sumergirla en una vida de aire gitano. “El flamenco se convirtió sin darme cuenta en un estilo de vida basado en todo lo que hago, porque el baile representa todo lo que pienso y siento como persona”.

Golpe, punta, planta, tacón; golpe, punta, planta, tacón; ta, ta, ta, ta; los zapatos tocan el tablado repetidamente, al tiempo que la música española suena como telón de fondo. La elegancia en la figura corporal ligada a la correcta postura de brazos y torso, abre el paso a los movimientos rítmicos de la danza flamenca.

Hora y media de flamenco Siete de la noche, la clase para adultos comienza. Mujeres vestidas con trusa, falda ancha, pantalón y zapato de tacón, reviven la cultura española. El ambiente del momento invita a evocar la llegada del flamenco a la comunidad Andaluza al sur de España, en el siglo XVIII. Plapla, pla, plapla, pla. Las palmas de Lina suenan al compás de los zapatos de gamuza negra de punta y tacón reforzados con clavos, que permiten una perfecta percusión en el tablado. Sonidos y expresión corporal impecable que indican a las alumnas cuándo empieza y termina un “palo” (ritmo) de cinco o siete minutos como máximo. “Ta, ta, ta, golpe, punta, planta, tacón; ta, ta, otra vez, con fuerza… no se me pierdan, ojo con la rodillas, posición”, agrega Lina. Luego de cuarenta minutos de calentamiento, rostros sudados, pelo recogido, dedos de los pies maltratados y mirada atenta a errores o aciertos se reflejan en los espejos que bordean el salón.

Elizabeth Ramírez

La exigencia en la práctica se debe a la responsabilidad del bailarín al dirigir la orquesta. Interpretar uno de los cincuenta y seis palos del flamenco como el fandanguillo, las alegrías o las bulerías, no es fácil. Se requiere de carácter en el rostro, elegancia en el movimiento de los brazos y fuerza en el zapateo.

Lina María inicia sus clases a las 8:30 de la mañana y termina a las a 9:00 de la noche. Sus alumnos aprenden de ella flamenco y salsa en la Academia Dance As y música colombiana en la escuela de la Universidad Nacional, donde enseña a los niños.

A las 7:45 de la noche, las piernas se ocultan para darle paso a las faldas negras. Las bailarinas hacen alarde de su aprendizaje dándole vuelo a esas telas oscuras con boleros al final, aquellas que forman círculos en el aire, al compás del zapateado. La sensualidad hecha mujer materializada en un cuerpo esbelto, a la sombra de un ancho y elegante vestido, en el cabello recogido, una flor; y en las orejas unas candongas resaltan el rostro lleno de carácter.

Brazos y dedos de las cuatro bailarinas tratan de tocar la cuerda imaginaria de la inspiración: el duende. La energía del aire gitano materializada en este ser de estatura baja que invade el alma guiándola a la bella interpretación de la música flamenca. Un desfogue de pasión que muchos ven en el escenario, pero pocos llegan a sentir.

Los gitanos Lina pasa su vida de presentación en presentación en bares, hoteles y casinos de Bogotá, Manizales, Bucaramanga, Medellín, Pereira y Cartagena. Su objetivo es expandir el gusto por un pedazo de la cultura andaluza, la música flamenca. Vida nómada de ferias taurinas y fiestas privadas. Una cultura española que florece por los sabores de la sangría y las paellas. El flamenco nace a partir de la necesidad de expresión de un pueblo reprimido: los gitanos. Una danza aprendida por herencia desde sus orígenes. El saber tocar la guitarra o el zapatear con estilo y firmeza se obtenía por tradición familiar, pero con el tiempo debido a los procesos de emigración, la danza llegó a otros países donde se fundaron las academias de danza flamenca. A Colombia llegaron bailarines como Jaime Bernal, un español que fundó una Academia del mismo nombre y la cubana Yasaray Rodríguez, quienes despertaron, en la capital antioqueña, un gran interés por conocer una de las manifestaciones artísticas más destacadas al sur de España, una expresión de sentimientos llenos de carácter y sensualidad. Una parte esencial de la cultura andaluza se asienta en bares, hoteles, casinos y ferias de Medellín a paso lento pero seguro. Ante esto Lina María Zapata comenta: “decir que hay diez bailarines reconocidos en la ciudad es mucho. Se trata de un mercado que apenas esta incursionando en la capital antioqueña, donde sólo existen dos o tres grupos consolidados, Aire Gitano y Andaluz”.


Quedan pocas barberías en Medellín

Dos realidades, un oficio

A la barbería Restrepo Hermanos llegan a diario clientes de cabellos blancos que los espejos del lugar ya reconocen, los rostros jóvenes están ausentes pero se reflejan en los de la barbería La Jungla que parece modernizar la labor del barbero. Lina María Betancur Blandón linabeta@hotmail.com

Años atrás no sólo quedaban pelos regados en el piso, muchas veces eran manchas de sangre. En la Edad Media las batas largas las utilizaban los cirujanos y las cortas los cirujanos-barberos, ese detalle hablaba del prestigio de cada cual. Estos últimos no sólo se dedicaban a cortar las barbas y el cabello, sino que también extraían muelas, sacaban sangre, vendaban úlceras, operaban las cataratas, entre otras intervenciones quirúrgicas menores. Miguel Ángel Sánchez González, en el libro Historia, teoría y método de la medicina: introducción al pensamiento médico, cuenta que en Inglaterra el rey Enrique VIII fundó la Real Comunidad de Barberos-Cirujanos con la finalidad de evitar los problemas entre ambas partes. “Los cirujanos más experimentados debían abstenerse de afeitar y cortar el pelo, y los barberos no debían realizar cirugía mayor”. Sánchez González afirma que el impulso de la cirugía moderna fue en gran parte por la experiencia de los cirujanos-barberos y sólo hasta el siglo XVIII se dio una separación real de los dos oficios. Chic, chic, chic, caen más cabellos; chic, chic, chic, ahora son las tijeras las que desbastan el cabello. Fernando está serio, muy concentrado en su labor, sus gafas están un poco más abajo de lo normal formando así un mirada inclinada. Chic, chic, chic; pitos, carros que frenan, venteros ambulantes y voces saturan el lugar.

Barbería de tradición En Colombia con Carabobo, en pleno centro de Medellín está

Lina María Betancur Blandón

Unos pasos, el saludo cordial y de inmediato el paño rojo cubre la camisa azul. Bizzzzz, bizzzzz, bizzzzz, cabellos negros y blancos empiezan a caer formando pequeñas pelusas sobre el piso. Con movimientos definidos el hombre de pantalón blanco y bata del mismo color desliza la máquina sobre el cráneo. Inicia su trabajo.

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Algunos de estos elementos de trabajo ya son obsoletos. La electricidad, las nuevas tendencias y la imposibilidad de conseguirlos en el mercado los relegaron al olvido.

la Barbería Restrepo Hermanos, hace 43 años. Francisco, Gustavo, Fernando y Álvaro empezaron con el negocio. El mayor de los hermanos, Francisco, aprendió el oficio a los 13 años en la Escuela de Artes y Oficios de Fredonia, su pueblo natal. Todos aprendieron de él y encontraron en la barbería el trabajo para toda la vida. “Hay que ser agradecido con lo que se tiene. Que más que educamos a la familia, todos nuestros hijos son profesionales, tenemos la casita propia. Cuando llegamos a esta barbería no teníamos nada. Ya no hay casi trabajo pero uno siempre se defiende”, cuenta Álvaro mientras Fernando continúa ocupado. Coge la barbera, la abre y pule el corte. Pss, pss, pss utiliza el atomizador, caen gotas de alcohol sobre la piel de Darío. Del gabinete donde están las herramientas de trabajo saca un objeto que a lo lejos parece un hielo grande: piedra lumbre, elemento utilizado para desinfectar y refrescar la piel de los clientes. Desde hace 51 años Darío Agudelo se sienta en la silla de Fernando, esa que en la parte trasera tiene el registro de fabricación: abril 12 de 1910. Aún trabajan allí cuatro barberos. Con la muerte de Gustavo y Francisco llegaron dos hombres que dedicaron toda la vida a este oficio: Augusto Castaño y Rafael Muñoz. Cada uno tiene su clientela fija, sin

embargo, Rafael de 91 años dice tener pocos “unos días hago uno o dos cortes, a veces nada, ya la clientela me abandonó por viejo”. Fernando pasa la piedra una y otra vez sobre la piel. Luego, una nube blanca se forma alrededor del cliente, el talco comienza a esparcirse, ese mismo evita el rastro de cabellos y finaliza el proceso. Darío se para de la silla, paga los siete mil pesos del corte, se despide y cruza la puerta.

De lo clásico a lo moderno Esas mismas sillas, las tradicionales utilizadas en la barbería, también las hay en La Jungla. Allí no hay animales feroces, ni naturaleza, pero sí unos cortes de cabello exóticos, que pueden atrapar la mirada de cualquier persona como si realmente estuviera al frente de un animal salvaje. Su nombre sólo obedece al gusto de su dueño, Javier López, que en un viaje a Panamá conoció un negocio llamado así. En la sala de espera las sillas están ocupadas en su mayoría por jóvenes que esperan un turno para hacerse un corte. Los cuatro barberos no parecen ser suficientes para tanta clientela. Barberas, tijeras, cuchillas, pelos caen por cantidades. Juan Carlos sigue a la espera, se inquieta, mira el reloj, hasta que de su

la cirugía moderna fue en gran parte por la experiencia de los cirujanos-barberos y sólo hasta el siglo XVIII se dio una separación real de los dos oficios.

boca sale un apresurado “me va tocar irme, estoy volado del trabajo”, coge el casco de la moto y sale del lugar. Luces azules y blancas, canciones de “reggaeton” que retumban los oídos, José Miguel mueve su cuerpo por algunos instantes en un intento por seguir la música. La primera vez que se acercó al oficio de barbero fue en el patio de su casa, cuando cobraba tres mil pesos por hacerle un corte a alguno de sus compañeros. “Yo antes me motilaba donde una señora, la fila era azarosa, uno llegaba y se sentaba a esperar y veía motilar. Ahí fue que me nació el amor de ver a esas viejas peluquear”. El dueño de La Jungla además de esta sede ubicada en La Playa, cuenta con otras 12 más: Sabaneta, Rionegro, Caldas, Copacabana, Envigado, Belén, Bello, La Ceja, dos en Itagüí y otras dos en el centro. El lugar nació hace 10 años con la idea de “sacar del baúl a las barberías, meterle más alternativa, un ambiente más discotequero, de más juventud”. En la barbería de los Restrepo no es común ver jóvenes, sin embargo, Fernando asegura, mientras pasa hoja a hoja un catálogo de cortes modernos, que pueden hacer cualquiera de estos. Más tarde, con una mirada que refleja nostalgia Álvaro deja salir de su boca: “los barberos antiguos nos estamos muriendo yo pienso dejar la barbería, antes que la barbería me deje a mí”.


Un disco de plástico vuela por las canchas de la ciudad

Un juego sin árbitro El “ultimate” llegó al país hace apenas 10 años, ahora es uno de los deportes más practicados en el mundo. Juliana Sosa Góngora julysosa103@hotmail.com

14 En la cancha sintética hay 14 jugadores, siete a cada lado. Uno de ellos tiene el brazo arriba, es la señal para tomar sus posiciones y empezar el juego. Su objetivo: alcanzar el platillo de plástico de 175 gramos. Ellos no juegan fútbol, practican “ultimate”, un deporte que nació hace 40 años en New Jersey, Estados Unidos. Luego del “pull” o saque inicial, los jugadores tratan de pasar el “frisbee” o disco a un compañero para llegar hasta la zona de gol del equipo contrario, (demarcada con cintas y conos) sin que éste sea interceptado o caiga al suelo. Las medidas de la cancha no siempre son las mismas, porque los equipos deben acomodarse a los espacios que encuentren, como en Medellín, donde no hay sitios destinados de manera exclusiva para este deporte. Internacionalmente las canchas son de 37 metros de ancho y 110 de largo, con dos zonas de gol de 23 metros cada una.

El partido

Jorge Andrés Santos Gómez

Uno de los jugadores del equipo que ataca lanza el “frisbee”. Su compañero se encuentra en la zona de gol, se tira en voladora y lo atrapa, marca la primera anotación. Sus compañeros se acercan y chocan sus manos, es la manera de celebrar el gol. El tiempo máximo de juego es de 90 minutos, pero si uno de los equipos llega a 15 goles antes que se cumpla ese tiempo, será el ganador. El “ultimate” se practica en cerca de 70 países. En los Estados Unidos tiene más de cuatro millones de jugadores y es la sede de la Federación Mundial de Disco Volador (World Flying Disc Federation), cuenta además con su propio mundial de clubes. En Colombia desde hace 10 años se practica en Medellín y Bogotá, y últimamente en ciudades como Cali y Manizales. Este es un deporte diferente a los demás, jugar sin árbitros es su gran particularidad, porque son los mismos jugadores quienes determinan si existe o no una falta; si no llegan a un acuerdo, la jugada se devuelve al momento antes de la infracción por la cual se detuvo. Mediar para que 14 personas arreglen sus diferencias puede ser complicado, sobre todo, si el objetivo de todos es ganar, pero en el “ultimate” es posible. Se fomenta así el juego limpio o como ellos lo expresan “el espíritu del juego”. Es por eso que las peleas, que son comunes en otros deportes, aquí se dan de manera esporádica. Cuando se dan no son bien vistas, porque “no se trata de hacerse respetar como sea, sino de promover el respeto entre todos”, afirma José Alejandro Gómez, uno de los promotores de este particular deporte en Medellín.

“Jose”, como lo llaman sus compañeros, inspira seguridad dentro de la cancha: es implacable al momento de tomar una marca, da órdenes a sus jugadores para que estén atentos y cuando tiene el “frisbee”, trata de ir hacia adelante en busca del gol. Rodeado de otros jugadores, José Alejandro no parece tener 28 años. Por su baja estatura, contextura delgada, pelo y ojos cafés, más la sonrisa de niño parece de 20. Desde hace ocho años se dedica al “ultimate”. Aparte de practicarlo lo enseña a niños y niñas, entrena un equipo y tiene una tienda donde vende artículos como “frisbees”, pantalonetas, guayos y licras. Aire, equipo del que es jugador y entrenador, fue el primero en tener el reconocimiento de Coldeportes porque logró que el “ultimate” fuera incluido en el sistema deportivo nacional.

“Podemos ser los mejores” Aire, definido como un equipo de amigos, surgió hace cinco años de un grupo de jóvenes, la mayoría universitarios, que jugaban “ultimate” los martes por la noche en Belén La Nubia. Hoy no quedan jugadores de los que iniciaron porque ya se graduaron de la universidad y el trabajo les deja poco tiempo para dedicarle al deporte. Los actuales integrantes son estudiantes de colegio, universidad y algunos ya trabajan, pero lo único que necesitan es tiempo, disposición y pasión por el “ultimate”. En la actualidad el equipo entrena para la eliminatoria del primer torneo internacional que se va a realizar en Medellín en noviembre. Asistirán equipos de Gran Bretaña, Japón, Estados Unidos, entre otros, pero sólo dos equipos colombianos van a hacer parte de ese evento. Primero se realizará una eliminatoria regional. Los primeros cuatro de cada región pasarán a jugar el torneo nacional AJUC (Asociación de Jugadores de Ultimate en Colombia) y de ahí saldrán los dos representantes del país. Es por eso que los jugadores de Aire entrenan duro, sacrifican salidas o sacan el tiempo que le dedican al estudio. Aunque está fuera de la cancha, José Alejandro no deja de dar órdenes a sus compañeros. Es consciente que competirán con muchos equipos y, probablemente, todos se exigen tanto como ellos, pero no duda que demostrarán que son de los mejores: “Yo creo que podemos ser uno de esos dos equipos. Si no lo creyera, no estaría acá”.

Reglas básicas

Los jugadores deben tener un buen estado físico. Los entrenamientos y los partidos suelen ser extenuantes.

El jugador que tiene posesión del “frisbee” debe pasarlo antes de 10 segundos sin caminar con él o se arriesga a cometer una falta, “travel”. Para controlar el tiempo hay unos planilleros con cronómetro en mano. Cuando el disco está en el aire, uno de los jugadores grita “up” y esa es la señal para que los defensores estén pendientes de sus marcas, pero evitando el contacto físico que es sancionado como falta. Si hay alguna falta, pero el disco lo recibe uno de sus compañeros, grita “play on” y la jugada continúa. El disco cambia de posesión cuando cae al suelo o es interceptado. La indumentaria elemental para practicar este deporte es una camiseta, pantaloneta y guayos, los mismos con los que se juega fútbol. Está permitido el uso de coderas y rodilleras.


En su interior creció la plaza mayor, hoy parque de Berrío

Vestigios de una calle real

A Juan Carlos, igual que a muchos de sus más de 30 colegas que viven de las ventas ambulantes, no le falta energía para hablar de la calle que por años les obsequió un espacio para trabajar y, como si las palabras les saltaran de la boca, alegan a viva voz que desde que ellos llegaron allí este sitio tomó vida de nuevo. Es una calle que aman, que sienten, que les duele y de la que ignoran cualquier pasado lejano, pues aquel suelo conoce una vasta historia de tiempos coloniales, donde habitaban los más ricos y golpeaban a los esclavos. La calle 51, conocida como la calle Boyacá en conmemoración a la gran batalla del 7 agosto de 1819, fue una de las principales de Medellín donde habitaban personas de la élite social. Allí vivieron próceres como Francisco Antonio Zea y Atanasio Girardot y en tiempos aún más remotos se le conoció como “La Calle Real”. Este pasaje que conecta el parque Berrío con Junín y que alguna vez se le llamó “El

15 Perdón de la Candelaria”, aún mantiene erguida la imponente iglesia blanca de estilo neoclásico construída con muros de piedra y cal. Afuera cuatro o cinco habitantes de calle duermen durante horas y los transeúntes tienen que esquivarlos tratando además de no chocar con uno de los más de 30 puestos de ventas, esto sin perder de vista sus pertencias, pues los “escaperos” no desaprovechan ningún descuido. Pese a las condiciones de pobreza e inseguridad, en este lugar se sigue respirando vida y potencia. La calle Boyacá pasó de ser ese sitio residencial del siglo XVIII a toda una plaza de negocios donde se venden perfumes, ropa, gafas, libros, camisas, cobijas, lapiceros, pilas, zapatos. Y este mismo ritmo comercial seduce a la multitud que se hace evidente en cada segundo del día, pues en un solo minuto alrededor de 120 personas pueden cruzar por el estrecho tramo de La Candelaria y en las tardes de calor el olor a aceite quemado y perfume barato se esparce entre la aglomeración de seres que pasan rápidamente. En esta calle ya no se azotan ni venden esclavos, pero ahora hay muchos sometidos por la penosa pobreza. Pese a todo, la

Narradores del conflicto colombiano

La guerra y el desarraigo Una reflexión sobre Siervo sin tierra, novela de Eduardo Caballero Calderón Juan David Villa Rodríguez Juanda0812@yahoo.es Eduardo Caballero Calderón nació en Bogotá en 1910 y murió en la misma ciudad en 1993. Vivió, como muchos, años duros del conflicto. Escribió Siervo sin tierra en 1954 cuando el país empezaba a salir del nefasto periodo conocido como La Violencia para meterse en el de las guerrillas, el narcotráfico y los paramilitares. Siervo sin tierra es una novela profunda que da cuenta de ese paso turbulento.

Siervo es un campesino boyacense que vive en la vega del río Chicamocha, cerca de Capitanejo y Soatá, en Boyacá. Campesino humilde, campesino bueno, cuyo único sueño es comprar ese pedacito de tierra en el que vive como arrendatario con su esposa Tránsito, sus hijos y su perro. Pedacito de tierra que los salva del hambre. “Es que lo único que vale en esta vida, repite Siervo, es la tierrita… lo demás se acaba”. Caballero Calderón demuestra que la guerra en Colombia es una pelea de hermanos sordomudos, con una fachada ideológica y

calle Boyacá se levanta cada día con el ánimo de mantenerse en aquel centro que se le olvidó su historia y en su afán por desarrollarse desmedidamente y convertirse en una gran metrópolis de cemento, pierde ese legado arquitectónico del pasado.

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“Una calle muerta, sí señor, esto era toda una calle muerta”, dice Juan Carlos Holguín, un hombre rubio, muy pequeño y de unos 50 años, de los que lleva diez dedicados a vender libros en las afueras de la iglesia La Candelaria, ubicada en la calle Boyacá, una de las primeras de Medellín y que se atrevió a nacer en el barrio más viejo de la ciudad: San Benito.

“Cuatro Pilas en mil” se puede escuchar una y otra vez entre el bullicio incesante de la calle Boyacá; el paisaje es igual cada día, las mismas voces que gritan ofreciendo sus mercancías, las calles opacas y agrietadas sostienen los mismos puestos venta, la misma rutina comercial; lo único que cambian son los transeúntes que sólo se dejan ver por un instante y se pierden entre la marea humana.

Jenny Carolina Buitrago Cortés

Jenny Carolina Buitrago Cortés carolina4424@hotmail.com

La librería Científica y el edificio Fabricato son dos referentes de la calle Boyacá, por donde pasan miles de ciudadanos cada día y abundan los vendedores ambulantes.

un trasfondo de conveniencias. A Siervo lo convencen sus patrones, que son liberales, de ir a Soatá a un mitin. Se venían encima las elecciones de 1946 que habrían de ganar los conservadores luego de 16 años de hegemonía liberal. Se hace liberal sin saber muy bien qué es eso, pero con la esperanza de una revolución que le dé su tierra. Porque “para eso son las revoluciones ¿no? para repartir la tierrita”. Pero el mitin se convierte en batalla campal cuando llegan los conservadores. Guerra de hermanos: “Todos eran cortados por la misma tijera: tenían los mismos jipas mugrientos en la cabeza, pero entre ellos se olían (…) y atacaban como gozques de vecindario”. Borracho, Siervo mata a un “godo” y va a parar en la cárcel: se da de frente contra la injusticia. Años después se escapa en las revueltas de ese raro 9 de abril de 1948. Los conservadores habían ganado las elecciones. Siervo vuelve a otro mundo. La Policía “chulavita” llega para quemar las casas, violar las hijas, robar los animales y los cultivos de los liberales. Es que yo soy conservador, dice el jefe “chulavita”, “porque odio a los liberales”. Todos se van espantados. Llega el desarraigo con

su incertidumbre... situación peligrosa porque fue el hombre desarraigado quien inventó la guerra. Siervo se va con los suyos a trabajar en Paz del Río tendiendo la línea del ferrocarril. Con 200 pesos en el bolsillo fruto de dos años de trabajo, Siervo vuelve para comprar su tierrita querida. Pero camino a ella, luego de hacer los trámites con el arrendador y como todo un Moisés, muere como lo que fue: un siervo sin tierra. Historia de desesperanza.


Una mirada más allá de las playas

La gente y las calles de Capurganá Un ambiente de alegría y tranquilidad se vive en Capurganá, al norte del departamento del Chocó. Es algo que se siente en las risas espontáneas de los niños, en la mujer que teje uniformes al son de la música caribeña, en los hombres que transportan a los viajeros en improvisadas carretas. Todo esto se descubre en Capurganá, un lugar entre las montañas que parece fundirse en el Mar Caribe. 16

Angélica María Cuevas Guarnizo angelicamcuevas@gmail.com


Contexto Ed. 21