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ISSN 1909-650X

Facultad de Comunicación Social-Periodismo UPB - Medellín, noviembre de 2012

Un acercamiento a la explotación minera en el pulmón de Antioquia. Págs. 8 y 9.

No.

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Semillas tradicionales: identidad en riesgo. Págs. 12 y 13.

Hacia dónde va Antioquia con el TLC. Págs. 6 y 7

Foto: Hebert Rodríguez García


Reflexiones sobre la democracia

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A pesar de su ascenso y extensión, la democracia no ha dejado de luchar con el fantasma que creyó haber derrotado siglos atrás, como en una especie de revolución inacabada, que se renueva cada vez que el intruso se camufla entre sus alforjas y pretende salir sobre sus hombros para ahorcarla como traición. Las viejas fórmulas, a través de las que se abrió paso, han dejado al descubierto las cicatrices de su origen y su propia vulnerabilidad en medio de sus grandes atributos porque, como dice Roberto Espósito, “el totalitarismo, a pesar de que se opone a la democracia, tiene sus raíces de modo embrionario dentro de ella y no en su exterior. La sigue como una sombra inexorable o como un fantasma siempre dispuesto a despertarse, no sólo cuando (y porque) hay poca democracia, sino también cuando (y porque), hay demasiada”1.

recursos del lenguaje para enmendar nefastos propósitos, son los espejismos que traducen la tragedia de nuestro tiempo en las figuras del que llama Agamben el totalitarismo moderno o, como lo expresara Carl Smith, un tipo de dictadura presidencial.

Daniel Botero leboth@hotmail.com

Arrebatar su vestido a la democracia y usar todo tipo de artimañas para que el totalitarismo se ajuste a ella y termine por agazaparse en ella, constituye el éxito de los ejercicios de poder contemporáneos, a los que sólo se les podría llamar “nuevos” por su acción claramente diferenciable con las de otros tiempos, pero que corresponde a prácticas ya identificadas en la historia pasada y reciente. Cortar los circuitos de la democracia es el requisito indispensable: supresión de derechos civiles, mordaza a la prensa independiente y sobre exposición de la prensa oficial; desprecio por los artistas e intelectuales, cárcel como castigo para el crítico, deslegitimación de los valores que identifican al “otro” como distinto y la implantación de un único discurso capaz de mostrarnos el camino en momentos de conmoción.

De esta manera, el pensador italiano Giorgio Agamben2 nos recuerda cómo el Estado de Excepción se ha convertido, por ejemplo, en una de las modalidades más recurrentes de los gobernantes del orbe, por lo menos durante buena parte del siglo XX, para justificar la toma de decisiones por encima de la ley. Esta figura “se presenta más bien desde esta perspectiva como un umbral de indeterminación entre democracia y absolutismo”. Discursos como los de la seguridad nacional, salvaguardar la democracia y el orden, emergencias económicas, terrorismo, intervencionismo y demás

La ilusión, la utopía, el pensamiento ilustrado, las revoluciones burguesas y su transformación estructural de la vida pública, pueden ser elementos que, como aquel horizonte perdido, aparecen cuando revisamos el estado de nuestras actuales democracias en Occidente. Las tensiones vividas por los proletarios del siglo XIX, las guerras mundiales, Auschwitz, la bomba atómica, Vietnam, Bosnia, Ruanda, el 11S, Irak y los acontecimientos alrededor de la Primavera Árabe, aparecen como un macabro telón de fondo en el acto central del fascinante proyecto que, en los supuestos, nos regalaría la seguridad y la tranquilidad necesarias para la realización plena de nuestra vida social.

Sin embargo, como lo expone Claude Lefort3, la democracia es, en sí misma, una institucionalización del conflicto, dado que una mayoría saliente de una consulta electoral a otra, debe respetar los derechos de las minorías, lo que constituye una competencia regulada entre hombres, grupos y partidos. Por tanto, concluye Lefort, la impronta del conflicto político, que revela ser constitutivo de su ejercicio, es la división.

Así, quienes en medio de las vicisitudes que viven nuestras democracias actuales, justifican una acción radical o por la fuerza, a pesar de sus debilidades y virtudes, no dimensionan la clase de monstruo que convocan desde su deseo de cambio, aparentemente natural e inocente y con un sentido altruista para el logro del bien público; lo mismo que quienes, en nombre de la misma democracia, ahora intentan imponer su poder. 1. ESPÓSITO, Roberto. Confines de lo político. Editorial Trotta. Madrid, 1996, pág. 41. 2. AGAMBEN, Giorgio. Estado de Excepción. Adriana Hidalgo Editores. Buenos Aires, 2004, pág. 26. 3. LEFORT, Claude. La invención democrática. Editorial Nueva Visión. Argentina, 1990, pág. 190.

Foto: Diego Sánchez Alzate.

CONTEXTO, nueva imagen y nueva diagramación

A partir de la próxima edición, el periódico universitario CONTEXTO tendrá nueva diagramación. Después de una convocatoria realizada a los estudiantes de Diseño Gráfico de la UPB, la propuesta ganadora fue la presentada por Estefanía Mesa y Carlos Pareja, en el módulo conducido por las profesoras Laura Durango e Isabel Zabala. El periódico CONTEXTO, realizado por los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo, fue fundado en 1974. Este es el primer rediseño desde que comenzó su segunda etapa, en 2006.


Que despierte la sociedad civil y ejerza el quinto poder editorialcontextoupb@gmail.com

Una ciudadanía crítica, educada, reflexiva y con opiniones bien fundamentadas es completamente necesaria para evitar el desborde de los poderes públicos. Por esto es tan importante aprender a expresar lo que se piensa, con criterio y con conocimiento de lo que se está diciendo. Las instituciones de educación tienen la responsabilidad de educar a los jóvenes, no solo en un hacer, sino, y sobre todo, en un pensar. No interesa qué tipo de educación se esté impartiendo: media, técnica, tecnológica o profesional. Ni si la educación tiene que ver con las ciencias exactas o con las ciencias sociales. Una de las grandes herramientas para evitar que los poderes públicos de la democracia se corrompan es la vigilancia permanente de una ciudadanía educada capaz de medir con discernimiento las acciones de los gobernantes y funcionarios públicos. Y otra es que ese control ciudadano se haga con la altura de la civilización en la que se supone debe estar la humanidad después de 25 siglos de cultura escrita, sin necesidad de volver a la época de la caverna cuando todo se conseguía a punta de piedras y palos. Hoy se siente ya una fuerza subterránea ciudadana que está aprendiendo a expresar su opinión y criterio por medio de los medios alternativos de comunicación basados en la Internet. Ya decía el columnista Álvaro Forero T. en El Espectador que este poder ciudadano está a punto de convertirse realmente en un “movimiento ciudadano”, pues “tiene dos de los tres requisitos que se requiere para ello: el desafío colectivo a las instituciones, el propósito común y la solidaridad. Sólo le falta pasar de incidentes aislados a una acción colectiva sostenida, para lo cual requiere organización”. Dos muestras de eso que está pasando en Colombia son la caída que sufrió la Reforma a la Justicia a mediados de este 2012 y la destitución que sufrió el senador Eduardo Merlano por intentar, en mayo de este mismo año, utilizar su investidura para evadir un simple control policial de alcoholemia. En ambas situaciones hubo una asociación poderosísima y eficiente para ejercer ese control: los medios de información dieron la noticia e inmediatamente los ciudadanos críticos hicieron sentir su voz de rechazo por medio de las redes sociales, logrando entre ambos (el cuarto poder: la prensa; y el quinto poder: la ciudadanía con las redes sociales), ejercer control sobre los poderes tradicionales. El poder de la ciudadanía frente a la famosa Reforma a la Justicia por medio de Twitter fue tan fuerte que el Canal RCN lo dejó registrado así en su sitio Web: “La Reforma a la Justicia ha generado reacciones en todos los ámbitos pero en uno en especial: las redes sociales. En Twitter los ciudadanos se están desahogando”. Y la revista Dinero se preguntaba en un titular del 23 de mayo “¿Podrá una red social tumbar al senador Eduardo Merlano?”. Cinco meses después, a mediados de octubre, la respuesta fue: sí. Fue tanta la presión que la Procuraduría destituyó al senador barranquillero. Es un común denominador que las nuevas generaciones de colombianos, los jóvenes que hoy están terminando el bachillerato e ingresando a la universidad, sienten la desazón de un país atravesado por la corrupción y la inacción (y muchas veces

hasta complicidad) de los poderes tradicionales: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Incluso algunas veces, hasta el llamado “cuarto poder” (los medios tradicionales de comunicación) se involucra con la corrupción y sirve de idiota útil a los intereses de los egoístas que no tienen en cuenta el bien nacional. Generaciones anteriores solo pudieron hacer oír su voz por medio de los grafitis, los volantes o las marchas. Hoy los grafitis son reemplazados por Twitter y los volantes por los blogs. El poder de las marchas sigue intacto y de hecho históricamente el ser humano ha visto la necesidad de marchar en momentos precisos, cuando ha debido ejercer presión ante ciertos excesos de los poderes constitucionales. Lo que hoy se debe hacer es fortalecer la sociedad civil y que los jóvenes sepan que pueden involucrarse con ella, conformada por aquellas organizaciones independientes del Estado que no estén encasilladas ni homogeneizadas, que son diversas, que logran tener pensamiento y orientación ideológica diferentes y que por esto no se les puede ver como enemigas del Estado. El Estado ejerce el poder, pero la sociedad civil debe tener el poder para influir en las decisiones que toma el Estado. Es tan importante la sociedad civil que el BID trabaja con ella: “El Banco considera que las organizaciones de la sociedad civil (OSC), son actores claves en el desarrollo de los países de la región. El Grupo BID trabaja con estas organizaciones a varios niveles. Las OSC son aquellas que representan los intereses de diversos grupos involucrados directa o indirectamente en las operaciones del BID tanto a nivel de país, regional e internacional”. Muchos jóvenes que han tenido la oportunidad de recibir educación entienden que las grandes transformaciones se consiguen más profundamente, por lo duraderas en el tiempo, por medio de la cultura que de los fusiles. Y ellos son los genios en el uso de las llamadas redes sociales. Ellos pueden lograr cambios importantes al constituirse como

sociedad civil y ejercer el quinto poder por medio del buen y oportuno uso de estos instrumentos que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación. Y otro aspecto antes de terminar: esta presión ciudadana, ahora fortalecida por las TIC, obligará a que los grandes emporios comunicacionales examinen su quehacer diario. Los medios de información tradicionales tendrán que definirse de qué lado están: si siguen ejerciendo una función periodística en favor de los poderes corruptos, en cuanto algunos de ellos, por ser parte de los conglomerados económicos, se beneficien de esas corrupciones, o si retornarán a los ideales puros y primeros, cuando la prensa tenía un sentido social y su función era la defensa de los ciudadanos, de los derechos humanos y ambientales, de la verdadera democracia y no de sus disfraces. Anteriormente, la prensa fungía como la voz del pueblo. Ahora, el pueblo tiene su propia voz; los grandes y otrora poderosos medios están obligados a replantearse como, por ejemplo, ya lo está haciendo la emblemática BBC de Londres, según reconoce David Cuen, su editor de Social Media: “No se trata únicamente de ofrecer contenido. Participar en las redes sociales es, sobre todo, escuchar y conversar. En BBC Mundo hemos decidido reforzar nuestra apuesta por estas comunidades en línea tratando de aportarles algo, pero al mismo tiempo nutriéndonos de ellas. Una de las cosas que más me interesa enfatizar es que estamos decididos a hacerlos más partícipes de nuestra cobertura”. Lo que se necesita es que la ciudadanía se organice como sociedad civil, para que ejerza el quinto poder y controle los desbordes egoístas de la ambición que hacen torcer a quienes llegan a emplearse en los cargos públicos. Y a esto sí tendrán que temerle los corruptos, pues sus fechorías serán fácilmente conocidas y la gente irá madurando para, democráticamente, castigarlos con el voto.

Caricatura

Rector: Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez / Decana de la Escuela de Ciencias Sociales: Érika Jaillier Castrillón / Director de la Facultad de Comunicación Social-Periodismo: Juan Fernando Muñoz Uribe / Coordinador del Área de Periodismo: Juan José García Posada / Directora de Contexto: Anacristina Aristizábal / Jefes de redacción: Laura Betancur Alarcón • Juan Pablo Ramírez Martínez / Editores gráficos: Hebert Rodríguez García • Catalina Rodas Quintero • Pablo Monsalve Mesa/ Redactores: Manuela Duque Carmona • Juan Pablo Ramírez Martínez • Hebert Rodríguez García • Catalina Rodas Quintero • Laura Betancur Alarcón • Carolina Betti Schmid • Carolina Bedoya Maya • Camila Reyes Vanegas • Pablo Andrés Monsalve • Manuela Saldarriaga Hernández / Foto portada: Hebert Rodríguez García / Corrección: Juan Carlos Rodas Montoya / Diseño y Diagramación: Ana Milena Gómez Correa, Editorial UPB / Impresión: La Patria / Universidad Pontificia Bolivariana • Facultad de Comunicación Social-Periodismo • Dirección: Circular 1a No. 70-01 bloque 7 • Teléfono: 354 45 57 • Correo electrónico: pcontexto@gmail.com • ISSN 1909-650 X

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Doble moral: Más concursos droga estúpida de talento, no de belleza

Prohibir implica incitar. Incitar es azuzar a, desafiar a, estimular a, en este caso: consumir. El consumo de drogas y la polémica sobre si es debido o no legalizarla para erradicar el narcotráfico es una “papa caliente” que nadie ha querido atajar. Y es que el problema ha trascendido fronteras. Resulta que el mercado de la droga ya no es un asunto de la legalidad. Al parecer, el problema va más allá y se ha convertido en un debate moral. “¿Un asunto moral?”, se preguntarán algunos, “si llevamos décadas sufriendo las consecuencias por el consumo de alucinógenos”. Colombia, país de solapados e hipócritas, padece, hace tres décadas, de un conflicto producto del narcotráHebert Rodríguez García fico que nos tiene a nosotros, fieles cristianos, heroz20@hotmail.com padeciendo, ¡Dios bendito!, los azotes de la lucha contra la droga. Colombia, país de arrodillados, ha hecho manifiesto que quiere la legalización de las drogas. “¿Para qué?”, se preguntarán muchos. El mercado de estupefacientes, ilegal en muchas tierras, ha tenido grandes impactos de violencia en los países productores, en su mayoría latinoamericanos. Entre ellos está Colombia, gran aliado de su mercado meta: Estados Unidos, financiador de las políticas antidrogas que desde 1999 se aplican en nuestro país. En resumidas cuentas: nosotros las producimos, ellos las consumen. Y es aquí donde viene la prohibición. Al rey del capitalismo, el de las grandes industrias, el productor de la mayoría de deseos materiales del mundo, le hace falta una industria: la de las drogas. Así surgió la idea de prohibir. Estados Unidos, país puritano, rechazó ante el mundo el consumo de drogas. Hagamos memoria. Posguerra: Vietnam hizo vomitar con tanta violencia que el pueblo estadounidense, escandalizado por la prensa, pidió un alto. Nació el hipismo y con ello el consumo de drogas. El LSD, la marihuana y la cocaína se hicieron populares entre los jóvenes del norte y, muy posiblemente, algunos en el Gobierno pensaron: “No se ve bien que los jóvenes anden por ahí drogados, con los ojos enajenados, pensando disparates”, y el Gobierno emprendió una acción moral –aunque muchos dirán que fue una acción legal– y apareció la prohibición mundial del consumo y, al mismo tiempo, comenzó el fortalecimiento de una industria prohibida. Colombia, país obediente, aplicó la norma. Pero, como reza el dicho popular: “Hecha la norma, hecha la trampa”. La producción no se redujo y el consumo se disparó. Y como somos solapados y buenos embusteros empezamos a tolerar el asunto. Bueno, menos los ricos que, al ver esa clase que emergió de repente simulando ser como ellos, exigieron control. Se persiguieron narcos y se despreció al vicioso. Pero se nos olvida que el cigarrillo y el alcohol también fueron perseguidos. Se nos olvida que también fueron industria y “vaquita lechera” de otras mafias, y que eran perseguidos. Se nos olvida también que alguna vez fueron prohibidos y mal vistos pero que, con la magia de la política, se hicieron legales y, con ello, bien vistos. Las drogas pagan policías, compran políticos y producen muertos. Todos lo sabemos, no nos las demos de santos. El problema es que pretendemos prohibir algo que con nuestras acciones ya hemos legalizado.

En pocos días se realizará una nueva versión –la número 60– del Concurso Nacional de Belleza. Cartagena, otra vez, recibirá a las mujeres que han sido elegidas como las más bellas del país, quienes aspiran a ser coronadas como Señorita Colombia. Ante la proximidad de este evento, me pregunto: ¿Cuál es el sentido de este concurso? ¿Cuáles son los parámetros establecidos de belleza de quien debe ser coronada como reina? ¿Realmente sí es importante realizar este evento, incluso conociendo su alto costo? Para responder, es preciso aclarar que la mujer moderna –la mayoría– no puede ser vista como una muñeca de porcelana a la Mónica María que sólo le interesa su físico, es decir, hoy Jiménez Ruiz no sólo se preocupa por su imagen externa, mmjr0518@gmail.com sino que, además, busca ser reconocida en otros ámbitos en los que deja ver sus potencialidades intelectuales y su capacidad para crear ideas que aporten en el desarrollo social. En este sentido, hoy vemos cómo las mujeres sobresalen en política, economía, literatura, deportes y como activistas y defensoras de sus derechos de ciudadanas. Esta situación se puede explicar a partir del esfuerzo realizado por aquellas mujeres que, a lo largo del siglo XX, promulgaron una liberación femenina, que exigía libertad e igualdad en términos laborales, jurídicos y sexuales. Sólo hasta ahora se hacen notorios los cambios, incluso, muchas son protagonistas y se destacan por sus logros. Aunque, claro, todavía existe una brecha salarial entre hombres y mujeres. Con esta perspectiva, concursos como el reinado de belleza sobran porque la mujer actual no debe ser coronada por su belleza externa; en cambio, todas las mujeres talentosas que trabajan para el beneficio de su comunidad sí deben ser reconocidas con más fuerza. Hoy, la mujer es más que una cara hermosa y un cuerpo bonito. Y tanto la Gobernación de Antioquia como la Alcaldía de Medellín entendieron esto. Por medio del Concurso Mujeres Jóvenes Talento, buscan reconocer y premiar el talento de mujeres entre 16 y 25 años. En el Departamento se establecieron cuatro categorías: liderazgo social y político, excelencia académica, deportes y artes y cultura; en Medellín las categorías son cinco: desarrollo social, deportes, ciencia y tecnología, emprendimiento empresarial y artes. Con estos concursos se muestra a la sociedad los múltiples y diversos talentos de nuestras mujeres en ámbitos intelectuales y creativos. Sería una excelente idea ampliar estos certámenes para todo el país y que la “platica” que alcaldes y gobernadores invierten para preparar a las mujeres que asisten al Concurso Nacional de Belleza, sea invertida en apoyar y homenajear la labor de aquellas que sobresalen por algo más que por su belleza, pues ésta suele ser efímera, en cambio, el talento y las buenas ideas permanecen.

Me duele Colombia

Me duele en sus calles, en su educación, en su salud, en sus condiciones laborales. Me duele por su odio irracional hacia el otro. Me duele por el poco valor que le damos a nuestros recursos naturales y los regalamos arrodillados a empresas multinacionales. Cierro los ojos, pienso en ella y parece que todo está mal: guerrilla, paramilitares, corrupción, narcotráfico, desconfianza, abusos, irrespeto, explotación, opresión, mentiras…

Colombia, sumida en la globalización, ha puesto como valor absoluto el capital, las decisiones políticas que se toman no importan, pues quienes definen el rumbo del país son los emporios económicos que, de acuerdo con el español Joaquín Estefanía, en su libro El poder en el mundo, están por encima de la ley, de la democracia y de la moral. Paradójicamente se deja a un lado al ser humano y se pone al dinero como eje central. Su principal consecuencia ha sido la ampliación de las desigualdades, pues quienes tienen más dejan de preocuparse por el otro, para dedicarse a acumular y acumular, así aumentan su poder, mientras

Catalina Rodas Quintero catarodasq@gmail.com

que quienes tienen menos, se acercan a la extrema pobreza y son sometidos.

Los medios de comunicación, considerados un contrapoder, han sido adquiridos por los empresarios y se convierten en sus aliados, colaboran con el mantenimiento de estas desigualdades y son muy pocos los que conservan su misión de educar. A pesar de que, se supone, estamos en una democracia, si un medio empieza a develar alguna injusticia, es cerrado (recordemos el reciente caso de la Revista Cambio).

Por las razones anteriores, las ciudades colombianas se vuelven cada vez más caóticas, con menos espacios y más anomias. Queremos parecernos a países del “primer mundo” y olvidamos nuestra historia y nuestra cultura. “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”, expresó Gabriel García Márquez hace 30 años cuando ganó el Nobel de Literatura.

Lo más grave de la situación es que a la gente se le ha hecho creer que con los incumplimientos de sus derechos, con la extrema pobreza y con el hambre, no hay nada por hacer, está condenada. Pero abro los ojos y me doy cuenta de que hay personas que aún creen que el cambio es posible para que se construya un mundo diferente y, a través del arte, de la cultura, del deporte, del periodismo, de la fotografía y de la poesía quieren rescatar los sueños de la gente, la esperanza, lo estético que habita en cada ser humano. Me duele Colombia porque la amo y porque creo que es viable vivir con más sonrisas, con más abrazos, con más sueños y menos miedos.


Lo que significa la cumbia

La memoria tangible de Colombia Laura Bayer Yepes lauradesdibujada@gmail.com

La música que acompaña las historias de la antigua y colonial Colombia, cuenta con un significado que trasciende la belleza de sus letras Es otra noche con olor a chocolate caliente recién hecho, de golpeteo de tambor y sonido de gaita. La hora de la cena le regresa la vida al restaurante de las paredes de cal en Girón, Santander. El establecimiento, al igual que el pueblo en el que está ubicado, es una construcción de arquitectura colonial, que ha sido conservada con propósito de memoria. Esta noche en el restaurante La Casona, las cocineras preparan una ración de tamales para recibir a un grupo numeroso de recién llegados. Estos, a pesar de las mesas debidamente puestas, se dirigen como poseídos hacia el único espacio libre que queda en el comedor: el lugar frente al quinteto musical que ameniza la noche, donde muy pronto las baldosas de arcilla serán azotadas por muchos pies. La cumbia, el mapalé y el bullerengue se transportan desde la Costa Atlántica e inundan el pueblo, haciendo que todas las almas, incluso las jóvenes, vibren sin conocer el origen de estos ritmos. “Uno siente algo aquí”, dice Evelyn Zuluaga, una muchacha visitante, señalándose el corazón. El grupo musical “Sandunga”, tiene cuatro voces femeninas, los hombres se encargan de la percusión, el llamalluvia, la carrasca y la gaita. Dos de ellas saben imitar los sonidos de algunas aves, así que el ambiente de cielo se toma la pista de baile. Los pájaros hacen coro a la voz principal, una mujer de canto grave que saca su mandíbula inferior hacia afuera cuando pronuncia las palabras, para que la canción suene más cóncava. Los visitantes toman asiento después de una agitada jornada de baile. Mientras la gente termina de saborear el maíz y el chocolate que acompaña el plato, un sexto integrante de “Sandunga” llega al escenario y los alienta a continuar tocando. Va vestido con un pantalón de dril y una camisa de seda, contrario a sus compañeros de guayabera y otras prendas luminosas. Una “M” bordada con hilo amarillo se lee en un costado del pantalón: el nuevo cantante de cumbia también es un empleado de McDonald’s. A pesar de que otras culturas transmiten sus imposiciones -quizá debido al fenómeno de la globalización-, aún se dan encuentros furtivos entre las personas y sus raíces. Es así como este cantante sale de su trabajo a interpretar lo que componían sus tatarabuelos y, también como Evelyn Zuluaga, visita un pueblito históricamente conservado y siente en el corazón las notas de los ritmos que toca “Sandunga” en un restaurante. La arquitectura de Girón, como la de algunos otros pueblos colombianos, sirve para entender el contexto histórico en el que fueron construidos; para asimilar, incluso, por qué las familias colombianas son como son. Sin embargo, para muchos en la modernidad, la cultura ha pasado de ser algo remotamente interesante, al solo hecho de captar lo antiguo en fotografías. Pero, como reivindicación al desperdicio, en este suceso relatado, la música es terapéutica, transporta y transmite memoria. La cumbia, palabra que sin duda aflorará de los labios de un colombiano al contestar un derrotero de símbolos típicos de país, sobre todo en el exterior, es un referente sincrético. “Esta danza es la fusión de tres culturas; la africana, la indígena y la española, que se combinaron para convertirse en la expresión coreográfica y musical más represen-

tativa. La cultura negra contribuyó con el ritmo y los tambores; la indígena con la caña de millo y la gaita, y el vestuario parece ser de origen español”, explican los docentes Hernán Humberto Botero y Luis Carlos Rodríguez de Interdis, un grupo de investigación audiovisual musical de la Universidad Nacional, especializado en la realización de documentales; y añaden que son “productos tangibles de recuperación patrimonial en el ámbito de la música clásica o académica creada por músicos colombianos, en una labor que no tiene precedentes en nuestro medio”. “Una de las tareas más importantes de la universidad pública es la de rescatar el patrimonio cultural local, regional y nacional”, agregan, porque vincular a la academia con las raíces musicales es reconocer el hecho de que tener composiciones que encarnen la esencia de la cultura colombiana es lo que le permite a esta identificarse e, incluso, reflejarse en otras.

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canciones y en nuestra poesía”, cuenta antes de solicitarles a los asistentes una canción colombiana, que le permita conocer cómo es este pueblo. Entones los asistentes deciden entonar La Piragua, célebre cumbia del maestro José Barros Palomino, que cuenta la travesía de una embarcación que iría hacia Chimichagua, municipio inmortalizado en esta tonada por sus famosas “playas de amor”. Otra vez aparece la cumbia pronunciando las jerigonzas colombianas, el aire folclórico más representativo del litoral atlántico y de origen africano, ritmo de gran riqueza expresiva y de gran influencia en la memoria de la patria. Apirana Taylor aplaude con el público y valida la conexión entre dos regiones geográficamente aisladas diciendo que “el lenguaje no existe por sí mismo, proviene del alma del pueblo que habla la lengua… es parte de la cultura e identidad de un pueblo”.

El canto de un pueblo

En el pasado XXII Festival de Poesía de Medellín, el poeta Apirana Taylor, de la nación Maorí, de Australia, presentó un recital en el teatro Hora 25.. Taylor cree que la música y la poesía son hilos que están tejidos a través de su vida. “Yo escribo sobre la pérdida del lenguaje, la cultura y la identidad, tratando de recuperar lo que se ha perdido, para reconstruirlo. Escribo sobre el dolor del pueblo y la búsqueda de su curación”, apunta. Así, el hombre de ojos claros y complexión fuerte explica los relatos de sus instrumentos, palpándolos con suavidad y haciéndolos sonar con esfuerzo, ya que están hechos de elementos naturales que difícilmente pueden ser pulimentados sin ser destruidos, como conchas de mar, varas delgadas del árbol de abeto o incluso, trozos de estalactitas. “Nosotros [los maoríes] hemos conservado en nuestros relatos tradicionales el registro de las épicas jornadas de conquista de Samoa y Tagoa, en nuestras

Las calles de la antigua y colonial Colombia son memoria de un pasado que nos configuró y que aún se pueden disfrutar en muchos pueblos de la geografía nacional. Foto: Camilo Londoño Hernández.


En una economía globalizada y acelerada, los cambios que enfrentan las regiones no dan espera

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Hacia dónde va Antioquia con el TLC

“Solo aquellas sociedades que están produciendo oportunidades distintas a las que tienen, son sociedades que realmente pueden prosperar y tener altas tasas de crecimiento”. Por qué fracasan las naciones, James Robinson y Daron Acemoglu. Carolina Betti Schmid carolinabs_26@hotmail.com Manuela Duque Carmona manuduque2@hotmail.com

El éxito o el fracaso del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos definirá el futuro económico y comercial de Antioquia con la entrada de nuevos productos a bajos precios. Esto llevará a que se requiera un avance tecnológico y humano en los diferentes sectores productivos de la región, con los que se pueda generar desarrollo en las dinámicas monetarias. Ese crecimiento económico está asociado con la creatividad, es decir, sólo las sociedades que están produciendo nuevo conocimiento y oportunidades, reemplazando conceptos antiguos por nuevos, podrán prosperar y tener altas tasas de desarrollo. En el contexto mundial, el crecimiento económico de los países más ricos ha decrecido por las crisis económicas. Los bloques dominantes, como la Unión Europea y Estados Unidos, por primera vez no le están aportando a la evolución de la economía mundial. Hoy, este avance depende del comportamiento de las economías emergentes, como las de China y Latinoamérica. En una economía como la actual, el concepto de los Tratados de Libre Comercio con diferentes países es indispensable a la hora de crear sociedades consolidadas en aspectos como el tecnológico, el social y el económico, entre otros. En este sentido, un tratado comercial puede ayudar a que un país como Colombia diversifique su mercado. Esto se lograría si existe una sociedad incluyente, con un plan de desarrollo que apunte al avance en términos de educación, infraestructura e innovación, según el economista de la Universidad Eafit, Jesús Alonso Botero García. El TLC puede desen-

El campo es uno de los sectores al que se le debe inyectar mayor inversión económica y social para lograr sostenibilidad. Foto: Catalina Rodas Quintero.

cadenar fuerzas de creación en los sectores consolidados de la economía nacional pero, a su vez, podría desatar una destrucción creativa en los sectores con un avance incipiente. Uno de los aspectos relevantes para el éxito de los países que se vinculan mediante un tratado, es generar productos y servicios con valor agregado, pues sólo así se lograría un beneficio económico y social. Por ejemplo, el departamento de Antioquia tiene, dentro de sus exportaciones, productos prioritarios como el oro con un 44%, el banano 10%, flores 6% y café con 4%, caracterizados por su bajo nivel diferenciador. Una de las puertas que se abre para Colombia es el mercado estadounidense, que actualmente enfrenta una crisis que ha llevado sus tasas de desempleo del 2% al 8% en los últimos años, según Óscar Iván Zuluaga Escobar, economista de la Universidad Javeriana y ex ministro de Hacienda y Crédito Público. Frente a este panorama de cambio en el mapa económico mundial, un país debe tomar acciones políticas

que lo preparen para la entrada a la economía global: “Colombia crece más que el promedio de América Latina, por eso es un país atractivo debido a que tiene mucho para ofrecer en crecimiento económico”, afirma el ex ministro Zuluaga. El economista Botero García asegura que existen cinco tipos de acciones básicas: “Primero, tienen que implementarse políticas que fortalezcan la capacidad productiva de los sectores, es decir, el apoyo financiero e investigativo que el Estado brinda. Segundo, se debe formar capital humano adecuado para las necesidades que traiga el Tratado e identificar qué tipo de profesiones serán más valoradas. Tercero, se debe desarrollar estructura física y de información. Cuarto, se debe crear una buena estructura de financiación, con mercados de capitales sólidos que permitan apalancar proyectos; y por último, se deben mejorar las políticas de comercio exterior, no sólo en la parte de aranceles, sino en las condiciones fitosanitarias del país”. Sin estas condiciones, Colombia se encontraría con múltiples barreras para lograr un avance y equilibrio frente al Tratado con Estados Unidos.

Antioquia frente al TLC con Estados Unidos

Se necesitarán empresas con estándares altos de calidad. Foto: Diego Sánchez Alzate.

Antioquia, una de las regiones más importantes del país, aporta la mitad de los ingresos económicos nacionales, por lo que su avance en términos de infraestructura, talento humano y condiciones de innovación, ciencia y tecnología, son indispensables para pensar en una correcta evolución para el Tratado.

Sin embargo, el tema de infraestructura física tiene poca capacidad de logística y conectividad que puede afectar las condiciones competitivas de la región, pues Antioquia carece de puertos cercanos; “tenemos unas circunstancias muy precarias para llegar a ellos y también a los embarcaderos de Urabá, que no tienen las condiciones apropiadas aún para prestar servicios de exportación. Y la lejanía con los puertos de Cartagena, San Buenaventura y Santa Marta también nos resta competitividad”, asegura Andrés Cano Gamboa, director de Desarrollo de la Secretaría de Productividad y Competitividad de Antioquia. Adicionalmente, la región no cuenta con condiciones adecuadas de transporte fluvial, no tiene navegabilidad suficiente por el río Magdalena ni posee un sistema férreo que permita conectividad con puertos secos en diferentes puntos cercanos a Medellín, como al norte o al sur del Valle de Aburrá. Esto imposibilita, además, que haya una conexión directa con Cisneros y Puerto Berrío. “La infraestructura física, en las condiciones del suroeste, en la vía hacia el mar, Urabá, occidente antioqueño y oriente lejano, son muy complicados desde el punto de vista de la pavimentación, las carreteras no tienen dobles calzadas y no hay condiciones adecuadas”, explica Cano Gamboa. En cuanto al sistema aéreo, no existe un buen nivel de conectividad internacional del aeropuerto José María Córdova, puesto que sólo tiene once vuelos internacionales, lo que hace que Medellín no sea considerada como un punto abierto, a diferencia de Bogotá, lo que limita su capacidad de exportación. Por su parte, el aeropuerto Olaya Herrera tiene unas condiciones regionales que tan solo


Los clúster se han encargado de fortalecer las industrias antioqueñas y potencian la calidad en la mano de obra. Foto: Laura Betancur Alarcón.

cumplen la misión de conectar vuelos dentro del Departamento.

Talento humano para el TLC

Desde el punto de vista social, el talento humano tiene dificultades en cuanto a la calidad educativa, técnica y tecnológica, y la pertinencia con el sector industrial. Como lo expresa el economista Botero García, no tiene sentido que en Colombia se eduque o capacite gente en sectores poco competitivos, mientras se necesitan recursos humanos en espacios con mayores proyecciones. “Actualmente no existen condiciones favorables para generar competitividad a través de nuestro talento humano, pues apenas el 2% de los antioqueños habla un segundo idioma, siendo el bilingüismo un tema importante; no tenemos, además, suficiente nivel de acreditación ni de articulación con universidades internacionales para realizar intercambios; y no contamos con centros de investigación avanzados que permitan dinamizar la innovación”, afirma Andrés Cano Gamboa, de la Gobernación de Antioquia. Entidades como el SENA carecen de un escenario propicio para estar articuladas con las condiciones industriales y manufactureras de las regiones. Estas deficiencias educativas vienen desde el sistema nacional de educación, que no le brinda las mismas oportunidades a los jóvenes de bajos recursos: “Un estudiante que va a un colegio público estudia 150 horas menos que el que va a la institución privada, es por esto que a largo plazo no puede competir con los estudiantes de colegios privados, con lo que se genera una brecha que empeora en los sectores rurales donde el estándar educativo es más bajo”, explica el ex ministro Óscar Iván Zuluaga Escobar. A su vez, afirma que son nueve millones de jóvenes los que se ven afectados en el país debido a este problema, lo que se podría mitigar a través de su inclusión en el sistema educativo primario, de manera que se incentive la innovación y, por tanto, la productividad. La innovación en Antioquia tiene limitaciones muy amplias, tan solo el 17% de las exportaciones antioqueñas tiene alta tecnología y el restante utiliza una tecnología precaria. Desde hace diez años, en Antioquia se viene implementando el

concepto de clúster, que ha apuntado a la alianza público-privada para fortalecer las empresas antioqueñas con el fin de innovar y acceder a nuevos mercados. Los clúster, como explica el ex ministro Zuluaga, son mecanismos a través de los cuales se especializan las regiones en determinado bien o servicio y crean condiciones de economía de escala para permitir desarrollar productos de altos niveles de productividad. Carlos Mario Bernal Jaramillo, director del clúster de Construcción de la Cámara de Comercio de Medellín, asegura que esta estrategia “es un acuerdo para ver esa base social que está en ese territorio y preguntarse qué habría que hacer para que sea productiva, competitiva, innovadora y sostenible”.

En qué va Antioquia

Con el conocimiento que frente a los retos debe adquirir la región en materia de seguridad, pobreza e infraestructura, para lograr suplir las demandas del mercado, debido a la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, se adelantan diversas estrategias que plantean una Antioquia descentralizada.

Con el objetivo de “Antioquia la más educada”, desde la educación se han firmado pactos para mejorar la calidad en este tema en 65 municipios de las regiones de oriente, occidente, Urabá, Valle de Aburrá, norte y suroeste. El Plan de Desarrollo Departamental de Antioquia ha posicionado la educación como uno de los motores para generar una transformación en la región, mejorando las experiencias educativas desde lo institucional e individual con el fin de optimizar, además, la cultura de la legalidad. Proyectos como la construcción de 40 parques educativos, la creación de concursos para estimular el talento creativo y el fortalecimiento del emprendimiento y la innovación empresarial son impulsados desde el programa Cultura E, con el propósito de suplir la necesidad de recursos humanos a la que se enfrenta Antioquia por el TLC. Antioquia E es el modelo de emprendimiento empresarial que desde la Gobernación de Antioquia ha generado oportunidades en las diferentes regiones del Departamento, como explica Andrés Cano Gamboa, de la Gobernación de Antioquia. 850 ideas de negocio se han inscrito al concurso Capital Semilla y las regiones antioqueñas han empezado a contar con Centros Antioquia E que buscan asesorar el fortalecimiento empresarial, la asociatividad, formalización y acceso a créditos y mercados. Para el fortalecimiento empresarial debe haber una mejora en la infraestructura. Proyectos como Autopistas para la Prosperidad buscan posicionar a Antioquia en el mapa de la competitividad nacional y regional. “El Departamento tiene cerca de 4 mil 700 kilómetros de vías secundarias y se invertirán más de 258 mil millones de pesos para unir las cabeceras municipales y garantizar la movilidad”, según se establece en el Plan de Desarrollo. Esto posibilitará la mejora en la productividad de los diferentes sectores porque se reducen las barreras arancelarias y no arancelarias, se generan mayores ingresos y una alta competitividad en el TLC. Pero sólo con la mejora en la seguridad y la prevención de la violencia

se podrán enfrentar los retos. En este sentido, Antioquia ha pasado de un 30% a un 97% de municipios con un plan local de seguridad para contrarrestar los riesgos de la violencia. En espacios rurales golpeados por la violencia, en donde se encuentran sectores importantes dentro de la economía de la región, como los lácteos, se han generado acuerdos con los gremios lecheros para apoyar la cadena láctea del departamento. Otro sector que ha buscado mejorar la calidad en su valor agregado es el café, por lo que se adelantan proyectos de cafés especiales con más de 30 mil familias cafeteras, que buscan crear rutas turísticas y un plus en el producto que permita competir con las importaciones y combatir el desempleo. Además, con el fin de descentralizar las industrias, se planea crear condiciones de ciudades intermedias paralelas a Medellín como Apartadó, Yarumal y Puerto Berrío en las que se propicien avances tecnológicos y productivos. El TLC, como siempre, tendrá ganadores y perdedores. Los perdedores podrían llegar a ser las personas que cuentan con negocios y que no tienen los recursos para competir con un mercado tan grande como el estadounidense, mientras que los ganadores serán quienes aún se están preparando y estudiando. A pesar de que el Plan de Desarrollo de Antioquia ha planteado ciertas rutas de trabajo, aún faltan llevar a cabo muchas de ellas, pasando de las ideas a las acciones; todo esto teniendo en cuenta que hoy contamos con un plazo de seis años para prepararnos, debido a que al término de este plazo entran en vigencia todas las cláusulas arancelarias del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. En este punto, el Estado no puede apostar por un ganador, deberá ser el sector privado el que busque la manera de aprovechar las condiciones del Tratado con Estados Unidos. El apoyo de los gobiernos no puede estar dirigido únicamente a entregar dinero, debe apostar a la investigación y a la innovación y empoderar a los ciudadanos. Una sociedad que no genere oportunidades tiende al fracaso.

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Las carreteras de Antioquia evidencian el atraso que presenta la región frente a un TLC que exige vías de calidad. Foto: Hebert Rodríguez García.


Un acercamiento a la explotación minera en el pulmón de Antioquia

“La mayor riqueza es no tener ninguna ambición”

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Manuela Saldarriaga Hernández Hebert Rodríguez García jmanuj@hotmail.com heroz20@hotmail.com

Cuando Jorge Rendón habla de La Fortuna se le de su vocación económica la minería, a pesar de estar sobre el denominado A 134 kilómetros de Medellín, iluminan los ojos y deja ver una oscura sonrisa; se Cinturón de Oro de Colombia. entre un ramal de montañas, se La riqueza del cinturón despertó encuentra un Jardín. Amplio valle de le acelera el corazón. Esa mina que por revelación el interés de empresas multinaciona224 kilómetros que desde la desembocadura del río San Juan se extiende se le apareció en sueños y a la que le ha dedicado les como Anglogold Ashanti Colombia, que tiene en su poder cinco títulos por los Andes hasta Caramanta, Tá20 años para hallarla, hasta ahora no es más que mineros, y la empresa Bullet, poseemesis y Jericó. Sus aguas brotan de lo dora de dos títulos que abarcan casi más alto de los farallones del Citará una ilusión. 2.000 hectáreas. mezclándose con las corrientes cáliEl 27 de mayo de este año, Jardín das del río San Juan. Valle de robles -Soñé que se abría la montaña-, dice. –Luego vi que tuvo un cabildo abierto donde la y nogales; de cedros y guayacanes. ardía, me acerqué y fue cuando lo vi. ¡Había oro! comunidad, por petición de la Mesa Valle de Chamíes, Catíos y Docatoes Ambiental, planteó al Concejo Munique habitaron la zona desde antes cipal “la no inclusión de la minería que Indalecio Peláez llegara, trazara en el Plan de Desarrollo Municipal calles y construyera caserones. y en el Esquema de Ordenamiento Esas montañas rocosas ocupadas Territorial. El objetivo es reafirmar la inicialmente por indígenas han guarvocación agrícola y turística del terridado por milenios un valioso tesoro. torio y exigir el derecho al agua y a un En el interior del macizo las vetas de ambiente sano. Esta vocación y estos oro se aferran al filón y en las vegas derechos están amenazados  por la de los ríos y las quebradas, migajas expedición de licencias de exploración de oro, se camuflan entre la arena. a multinacionales mineras”, según una Tal vez por eso fue que hace carta publicada en el portal de la orgaunos meses los lugareños vieron un nización ambiental Censat Agua Viva. grupo de hombres que mecían sus bateas junto al río. Jorge sabe que ahora alguien busca también esa fortuna. Ese sueño que lo mantiene vivo, que lo hace caminar. Intuye que debajo de esa tierra se encuenSegún Carlos Enrique Londoño, tra un botín que alguien más anhela docente de Política y Problemas desenterrar. Colombianos de la Universidad PonLas manifestaciones de los jardineños pretenden conservar sus territorios libres Gabriel Poveda Ramos, en su libro tificia Bolivariana, el asunto de Jardín de explotación minera y aseguran que con su llegada sería el fin del pueblo como Minas y mineros de Antioquia, cuenta no puede verse como un problema hasta ahora se conoce. Foto: Catalina Rodas Quintero. que durante el siglo XVI la región aislado, pues “es toda la región del entregó aproximadamente 65 toneladas de oro, y que para trabajar las vetas suroeste que está afrontando el tema de la minería”. Además, afirma que la era necesario perforar hasta crear corredores y pozos a mano. Esta labor era exploración destruye bosques y grandes fuentes de agua, ya que no existe inicialmente de los indios que usaban barras, cuñas y almádenas traídas de ningún control y que gran parte de las exploraciones no requieren una licencia España. “La población indígena disminuyó velozmente en los primeros años ambiental, las solicitan sólo cuando van a explotar comercialmente un territorio. del siglo XVII y pronto faltaron brazos para el trabajo en las minas. Por esa El tesoro aurífero es tan sólo una idea que la fiebre del oro, en nuestro país, razón se trajeron los esclavos negros desde Cartagena; pero la gran distancia ha erigido con asta y bandera de todos los colores menos el amarillo, el azul y a ese puerto y la dificultad de transporte a pie, los hacía siempre escasos y el rojo. El poder transnacional parece más fuerte que los esfuerzos por detener muy caros en la provincia”. una actividad que genera poca riqueza en términos reales para el territorio Pero no todo el oro se lo llevaron con la colonización. Jardín no es por traque es explotado. Todavía hoy resulta como una difícil tarea comprender lo dición un pueblo de explotación minera a cielo abierto o a gran escala, aunque benéfico del dorado mineral dentro de la tierra, más que fuera de ella, pues el algunos quieren imponerlo. oro no se come. “Hoy pueden verse campesinos muy entusiasmados porque alguien les ofrece el doble del valor de su finca para obtener oro”, asegura el profesor Londoño y precisa que muchas veces ese poder mayor, que es ambicioso e insaciable, no prescinde de la corrupción para obtener lo deseado puesto que gran parte del boom minero es ilegal y puede estar encabezado no sólo por “¿Que los españoles se llevaron el oro de América?, mentira. Los españoles grandes multinacionales, sino también por la guerrilla, los paramilitares o no se llevaron nada. No se llevaron la milésima parte. El oro está acá todavía bandas criminales, como sucede en otras regiones del país. y se lo están regalando a las multinacionales. Esa es la realidad, una realidad Por su parte, Germán Buitrago, subsecretario de Desarrollo Rural y Medio muy cruel”, cuenta Jorge Rendón quien aún se dedica, a sus 65 años, a la minería Ambiente de Jardín, afirma que “el tema acá más que ser uno de minería como tradicional en Jardín. tal, es un asunto que se ha planteado en defensa del territorio, de los recurAl parecer, las apreciaciones de Jorge no son simples especulaciones. Según un estudio de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, titulada Geoquímica de bloques para predecir grandes depósitos minerales en el departamento de Antioquia, la región tiene un gran potencial en minerales y con los mapas geoquímicos una empresa minera puede hallar fácilmente cualquier elemento como oro o coltán. En noviembre de 2011 un helicóptero sobrevoló el espacio aéreo de Jardín. Los jardineños se inquietaron al ver el ir y venir de la aeronave sobre la zona. Daniel Ochoa, integrante de la Mesa Ambiental del municipio, comenta que desde la organización se informó al pueblo sobre las implicaciones de que un helicóptero de origen desconocido surcara los cielos sin aviso previo. “Quiénes son, de dónde vienen y qué quieren”, se leía el afiche que empapeló las coloniales paredes de la Plaza Fundadores. La aeronave, que llevaba en el fuselaje un magnetómetro, cumplía labores de geointrospección para la empresa minera Júpiter S.O.M. La compañía Helyfly, encargada de sobrevolar por Jardín, más tarde y debido al inconformismo de los habitantes, dejó correr un afiche donde avisaba que su compañía y MPX Colombia S.A.S estaban adelantando estudios de geología para identificar minerales y que esto no causaría daño para el medio ambiente. El Ministerio de Minas y Energía incluyó a Támesis, Valparaíso, Jardín, Jericó La población flotante que llega a los pueblos en busca de oro modifica el contexto y Pueblorrico en el Plan Nacional Minero, municipios que no incluían dentro social y transforma la dinámica económica del pueblo. Foto: Hebert Rodríguez García.

El oro no se come

El oro que no se llevaron


sos naturales de los jardineños, del agua, de la vida, de la comida”. Y esta “fiebre del oro” no es algo novedoso si se tienen en cuenta las apreciaciones de Francisco Antonio Zea aparecidas en el libro Minas y mineros de Antioquia, de Poveda Ramos, cuando en 1819 escribió para el congreso de An9 gostura que sería necesario abrir la minería a la inversión extranjera, como única manera de atraer capital e interés diplomático y político hacia nuestro país. “Nuestras puertas se abren a todas las naciones. ¿Qué le importa al Estado que el propieJardín se caracteriza por ser un pueblo tranquilo y con la incursión minera la dinámica del pueblo cambiaría. Foto: Hebert Rodríguez García. tario de una vasta plantación, de una Mario es habitante de Jardín y posee una tierra a una hora del casco urbano mina de oro, sea ciudadano de París, de Londres, de Viena, de Petersburgo? del pueblo en donde dicen, hay mucho oro: “Por allá se mantienen barequeando, Lo que importa es el buen cultivo, el beneficio bien entendido, la explotación hasta fue gente con retroexcavadoras de Amalfi-Zaragoza y no la dejaron trabaacertada, la multiplicación de toda clase de productos; lo que le importa es el jar. Yo me pregunto entonces ¿por qué no dejan trabajar al que puede trabajar movimiento activo de la minería y la agricultura”. y al que lo sabe hacer?”. Pero Fabio Marín Correa, a diferencia de Mario, cree “La favorabilidad de la ley colombiana es reprochable y la indiferencia del que la explotación minera sólo deja sinvergüencería y desastres ambientales: casco urbano es aún más desalentadora. Es claro que las políticas del Estado “Desde hace muchos años se han hecho protestas al respecto porque no se se toman desde unos escritorios en donde cabe poca gente, y con total descoespera esa realidad de un pueblo turístico”, dice quien fuera concejal y alcalde nocimiento de los territorios conceden los títulos, ignorando qué comunidades encargado por tres meses en Jardín en el período 2001-2003. indígenas viven allí o la biodiversidad que pueden tener estos lugares”, asegura “Siempre que hay minería la cantidad de gente es desproporcional al teel ambientalista Ochoa, quien a través de la Mesa Ambiental busca promover rritorio que se encuentra porque cualquier persona sin necesidad de ninguna la protección y la defensa del territorio. experiencia puede lavar oro”, expone Claudia Avendaño Vásquez, historiadora de la Universidad Nacional y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana. “El pueblo minero siempre es un pueblo miserable porque nadie quiere trabajar la tierra. Porque es demasiado trabajo mientras que lo otro es una labor itinerante: vas, recoges y cuando te lo gastas, vuelves y recoges”, dice; y agrega que Jardín, “el pueblo más bonito de Antioquia”, teme que la maldición de la inademás del cambio de oficio de la región, la minería trae violencia y narcotráfico. dustria minera, aquella que trae la peste a los ríos y tierras, termine por destruir Además de la presencia de helicópteros en la zona, una camioneta recorrió el tejido social que por años ha identificado a esta comunidad conservadora, el lugar con gente que pretendía hacer introspección en el territorio y fue apedonde Manuel Mejía Vallejo inspiró parte de su novela La casa de las dos palmas. dreada por algunas personas de quienes no se tiene registro. “La gente no quiere Ese Balandú que Vallejo escribió en el papel, tiene un pedazo de vida en la minería a cielo abierto en Jardín, porque sí ha sido una forma de economía, esa tierra pacífica que es Jardín. pero siempre se ha hecho de manera muy tradicional y artesanal en el pueblo. Raúl asegura que la explotación de la minería traería “prostitución, pobreza Por ejemplo, bajan al río y lavan lo que sacan de la tierra sin generar mayor y desunión en el pueblo”. Y como él, Roberto Díaz Chaverra, quien relata varias contaminación, pero cuando es a mayor escala la cosa cambia”, afirma Fabio. veces al día la historia de Jardín como guía del Museo, dice que “con la minería Y aunque la mayor riqueza es no tener ninguna ambición, Jorge, afanado por se acabaría el paraíso”. encontrar su soñada fortuna, pidió que le adjudicaran unas hectáreas de tierra Por el contrario, la Mesa Ambiental cree que no es tanto por la descomposipara cavar socavones y encontrar su recompensa. La solicitud le fue denegada ción del tejido social, y hace hincapié en que pesa muchísimo el DMI (Distritito y la idea de encontrar ese amor que le quita el sueño aún no se cumple. “Yo de Manejo Integrado), compuesto por muchas hectáreas de bosque y de selva voy a encontrar esa mina”, dice y se detiene a mirar unos segundos. “Esa mina virgen que son casi como el pulmón de Antioquia. “¿Por qué una de las zonas en verdad existe y yo sólo pido un poco de tierra para tener eso que es mío”. más biodiversas permitiría una explotación de por lo menos unos 15 ó 20 años, a cambio de quedarse sin agua, sin monte, sin selva y sin aire? En realidad, la vocación de Jardín es la agricultura, la ganadería y el turismo, más que como puede llegar a serlo la minería”, asegura Daniel Ochoa. Pero con las distintas opiniones que se perciben en el pueblo, el párroco afirma que “dos golondrinas no hacen llover y mientras unos están a favor y otros no, se irá explotando disimuladamente”. El mayor temor de los habitantes es que ocurra algo similar a otras regiones como el Bajo Cauca, donde el fenómeno minero incursionó a finales de los años ochenta y se modificó la dinámica de las tierras que eran de tradición ganadera y que, cuando se descubrió el oro de aluvión en las playas del río, atrajo a la población flotante y la ganadería quedó casi extinta. Es más, paradójicamente, el helicóptero que sobrevoló Jardín fue el mismo que desapareció en el municipio de Argelia en el departamento del Cauca, y, en palabras de Ochoa, “en ningún momento ni un solo periodista preguntó qué hacía allí: ¿Geointrospección? Con la complicidad de los medios de comunicación nunca se informó que buscaban oro, y es quizá una razón que exJardín se opone a la minería y a través de manifestaciones exige que se respeten sus recursos y se proteja el medio ambiente. plica el porqué la comunidad del municipio tomó Foto: Catalina Rodas Quintero. medidas violentas de rechazo”.

Pueblo bonito que fuiste


Costumbres campesinas en un oficio que pervive desde épocas ancestrales

“Mita”, la asediada yerbatera de la Placita de Flórez

En sus pupilas reposa el paso de más de cincuenta años de madrugadas para llegar a las cinco y media de la mañana a su local, donde comercia con la naturaleza y la vende como el medicamento que cura todos los males del ser humano, incluidas enfermedades, mala suerte, desamor y disfunciones sexuales. 10

Ataviada en un conjunto de falda y camisa del color de sus hierbas, Ana Yépez, a quien los años ya le han regalado algunas ajaduras en su rostro y cierto aletargamiento en su cuerpo, se sienta los siete días de la semana en un banco de madera a organizar hojas de bijao y a recetar bebidas, según ella curativas, a los clientes de la Placita de Flórez de Medellín. Mientras “Mita”, como la llaman de cariño sus compañeros de la Placita, busca una rama de hinojo en la pared atestada de hierbas y flores amarillas, violetas y rojas -que le brindan al lugar la vitalidad que deben producir las plantas en sus compradores-, se acerca un hombre de sombrero, ruana y bastón pidiendo, con la boca a medio abrir, un “menjurje” para aliviar el hígado. Sus labios son el foco de su cara, están rajados y rugosos como una cáscara de nuez, de base amarilla con pequeñas incrustaciones rojas de sangre coagulada. El dolor debe ser tal, que su boca sólo se abre lo suficiente como para que, en medio de aquella resequedad, pueda salir su voz. “Jumm vea, compre diente de león, ortiga y dienticaballo-”, le dice Ana al señor, en tanto diagnostica que la molestia de sus labios se debe a la fiebre que le produce la inflamación del hígado. “Usted cocina eso, le dice a su esposa que lo mezcle todo en un litro de agua y se lo toma tres veces al día”. Ana, quien proviene de San Javier, de una familia con tradiciones campesinas, comenzó vendiendo legumbres cuando el sitio era apenas un plano donde se reunían lugareños que llegaban desde Santa Elena, San Cristóbal, Marinilla, Rionegro, Sonsón y otros rincones de Antioquia para extender en costales los alimentos producidos en sus tierras, además de pollos y gallinas. Según esta mujer de 76 años y cabello corto recogido, un poco entrecano, por la década de los setenta la Placita de Flórez era una casa vieja con arboledas, frutales y sembrados de yuca y plátano alrededor, propiedad de Rafael Flórez, quien, años más tarde, mandó a tumbar la edificación para donar el terreno al Municipio de Medellín. Éste construyó la plaza tal como se conoce hoy y es el recinto donde ella comercia con hierbas y flores, que ofrece como plantas y ex-

Foto: Juan Pablo Ramírez Martínez.

Juan Pablo Ramírez Martínez juampar_20@gmail.com

tractos con propiedades y aplicaciones medicinales. Marina Ordóñez, la sexta de los 12 hijos de la yerbatera del mercado de la Comuna 10, La Candelaria, cuenta que su madre, por ser del campo, conocía muchas ramas y para qué podrían servir, puesto que era “casi una tradición de la familia y de los abuelos”. Jorge Ordóñez, otro de sus hijos, relata que al principio todo no fue tan positivo: “Mi mamá tenía el puesto de legumbres y como a veces traía hierbitas, las vecinas envidiosas (que sí tenían un local destinado para la venta de plantas) ponían la queja a la administración y a “Mita” le tocaba pagar la multa de 200 pesos en ese tiempo”. “Doña Ana, necesito unas ramitas”, dice Gloria Elena Medina, quien sufre de trombosis, es decir, de coágulos en los vasos sanguíneos; asegura que se tomará las aguas de gualanday, por sus propiedades antisépticas y antibacterianas. “Fue mi papá el que me recomendó a doña señora porque él sufría mucho del colesterol y del azúcar, y con las ramitas de ella, se curó”, cuenta. Y es que esta yerbatera, de joroba y abdomen prominentes, goza de una significativa popularidad en aquel mercado, pues muchos de sus vecinos de trabajo se escapan unos minutos de sus locales para saludar a la mujer que, según ellos, es quien más sabe de hierbas en la Placita de Flórez.

Aunque Cecilia Camargo, cliente desde hace más de 25 años del “puestico de ramas”, asegura que gracias a Ana le bajó el alimento materno para su primogénito cuando la mandó a tomar agua con semillas de hinojo (planta que expele un olor similar al anís y sirve para la digestión). La propia “Mita” reconoce que no se las sabe todas, en el momento en que un hombre le pregunta por una rama de siempre viva para calmar la hemorragia y el cólico de una de sus sobrinas en los días de periodo, pues Ana hasta ese instante se entera de los beneficios de esa planta. “El propio médico le dijo a la niña que tomara agüitas de eso”, agrega el hombre. La yerbatera aprovecha para contar que en el año 74, cuando el doctor Jaime Escobar Urrea trabajaba en el Seguro Social, además de ir y comprar, enviaba con frecuencia a sus pacientes para que adquirieran plantas que complementaran la fórmula médica. “Algo similar hacían los dotores Jorge Carvajal y Elkin Quiroz cuando recetaban diente de león” (sic), para alergias y el cuidado del hígado y los riñones, lo que para Ana es una prueba de su hipótesis: “La medicina es necesaria, pero uno tiene que ayudarse con las ramitas. Lo único que se necesita para morir es estar vivo, pero hay que prevenir”. Cuando “Mita” termina su anécdota, un hombre, con una pantaloneta que deja ver sus piernas escuálidas, se aproxima con sigilo hacia ella para pedirle, mediante un susurro cuasi imperceptible al oído de quienes están alrededor, la receta de un baño que llame la buena suerte, pues asegura que “últimamente he pisado todo con este pie”, al tiempo que le da un leve golpe al suelo con su zapato izquierdo. La solución que propone Ana es hacerse el baño de las siete hierbas amargas y las siete dulces, las primeras para la limpieza, las segundas para la prosperidad. Tal vez este mismo baño de buena suerte es el que se ha hecho Ana Yépez para conservar tanta clientela que por más de medio siglo ha creído en el poder medicinal de sus plantas. Quizá la canela, los clavos y el geranio sí funcionan para atraer las buenas energías y la prosperidad en los negocios, pues el suyo es de los más concurridos de aquel mercado antiguo de la ciudad.

Para esta yerbatera, el éxito del consumo de las hierbas depende de la constancia y de la fe. Foto: Hebert Rodríguez García.

Foto: Juan Pablo Ramírez Martínez.


La resistencia del barrio es por la cultura de Medellín

La ciudad educa no solo desde las aulas de clase, sino desde los espacios donde hay un encuentro con la cultura y las artes, donde las personas pueden conversar libremente sobre su vida e intereses. Carlos E. Restrepo es considerado uno de estos pocos lugares, razón por la que continúa la oposición contra la construcción de una funeraria en la zona.

No eran grandes ni pequeñas, pero llamaban la atención. Estaban enterradas en el parque Los Almendros, simulando el campo de un cementerio en un sector que se caracteriza por la vida cultural. Las cruces de color blanco le dieron un aire lúgubre al verde de los árboles, alertando a los transeúntes sobre la construcción de una funeraria en un barrio que se formó alrededor de la Biblioteca Pública Piloto (BPP) hace más de 40 años. Meses atrás, un grupo de jóvenes del Centro Cultural Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, ubicado donde antes funcionaba el Museo de Arte Moderno, intervino en el parque de esta forma para mostrar una problemática social que se presenta desde hace tres años. A partir de octubre de 2009 algunos habitantes, la Junta de Acción Comunal, políticos, administradores y visitantes han impuesto varias acciones jurídicas que expresan el inconformismo ante la idea de que viviendas e instituciones educativas y culturales, compartan el territorio con una funeraria. “Un centro de velación traería insalubridad, impacto ambiental, dificultades en la vivienda y en la seguridad de la zona. Es una contaminación en todo sentido: las propiedades se desvalorizan, hay más carros y las personas se van yendo de sus apartamentos”, explica Marta Jaramillo Ángel, quien vive en el barrio hace más de 20 años. El predio de carácter privado, ubicado donde antes funcionaba el Hipercentro Corona, fue comprado por la empresa bogotana Campos de Paz Ltda., que obtuvo la licencia de la Curaduría Urbana Tercera del Municipio para construir en este lugar. Al respecto, la arquitecta de la Unidad de Ordenamiento Territorial de Medellín, Marta Luz Restrepo Ramírez, sostiene que al suelo se le está dando el uso correcto, ya que el lote está situado, según el Plan de Ordenamiento Territorial –POT–, en el Corredor de Actividad Múltiple Zonal, lo que indica que presenta diversidad de usos y actividades económicas. La secretaria de la Junta de Acción Comunal del barrio, Beatriz Bernal Trujillo, expresa que la comunidad tiene la esperanza de que se amplíe la Biblioteca Pública Piloto, pues hace más de 5 años existe la propuesta, de la firma Gustavo Jaramillo Santander, de un anteproyecto que la convertiría en parque biblioteca. “Sin embargo, sentimos que es difícil porque no vemos voluntad política para solucionar la problemática”, afirma. El concejal Luis Bernardo Vélez Montoya dice que el problema para

Carolina Bedoya Maya caritobmaya06@gmail.com

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Carlos E. Restrepo pertenece a la Comuna 11 de Medellín y cuenta con una posición estratégica por su cercanía a varias universidades y al centro de la ciudad. Foto: Pablo Monsalve Mesa.

El barrio se creó en el año 1971, como un ejemplo de urbanismo arquitectónico. Inicialmente, estaba pensado para ser habitado por obreros, pero terminó siendo para la clase media. detener la construcción está en que la curaduría renovó la licencia, por lo tanto, así haya voluntad política, existe un permiso que hace legal la existencia de una funeraria en este predio. “No es competencia del Concejo parar la obra; quienes deben resolver la situación son las instancias judiciales, debido a que la comunidad ya interpuso una acción popular”, explica. El argumento de esta acción es que el permiso viola la Ley general de educación que prohíbe la construcción de una funeraria a menos de 80 metros de un recinto educativo. La respuesta que da la Subdirección de Planeación Territorial es que, por lo dispuesto en el POT, la Biblioteca es un lugar de tipo cultural y está en una zona con fines mixtos. Beatriz Bernal Trujillo asegura que la BPP debe defenderse por ser declarada patrimonio cultural. Además, se tiene un estudio realizado por

la Universidad Pontificia Bolivariana sobre la contaminación auditiva y del aire que traería el funcionamiento de la funeraria en el sector. El arquitecto-constructor, PhD. en Historia, Patrimonio y Ciudad, de la Universidad Nacional, Fernando González Escobar, afirma que la sede del Museo de Arte Moderno y la BPP permitieron que se uniera la universidad con otros escenarios y que se formara una visión intelectual en el barrio. Asi mismo, opina que autorizaciones como la de la Curaduría Urbana Tercera deja ver que quienes gobiernan no tienen en cuenta la historia de las comunidades. “No hay participación de las personas para hacer valer sus espacios, sus narrativas e historias barriales a la hora de diseñar el Plan de Patrimonio”, comenta. El parque de Carlos E. puede considerarse un lugar único de la ciudad por su dinámica pacífica, porque hay expresión de la palabra para conversar, cantar, discernir y conocer al otro, opina uno de los fundadores del Centro de Historia, del municipio de Bello, Sergio Spitaletta Hoyos. “Cuando la gente se reúne después de clases o de ver un concierto, se amplía el conocimiento y se produce un intercambio especial”. González piensa que la normatividad debe ser coherente con la dinámica urbana, la cual debe ser cultural, recreativa y de interacción social. En este caso, la norma está generando un uso incompatible con la vocación del sector, pues en el lote se podría construir algo que amplíe

los servicios de la BPP, lo cual sería el vínculo directo de ésta con el parque Los Almendros. El historiador y el arquitecto-constructor afirman que Colombia y sus pueblos tienen “levedad de memoria”, razón por la que las clases dirigentes destruyen el paisaje urbano y cultural, las esquinas y los parques barriales en nombre del comercio y el progreso. La construcción sigue en pie a pesar de los argumentos y las acciones legales que ha interpuesto la comunidad. A su vez, ésta continúa manifestándose en favor de un Parque Biblioteca que contribuya al desarrollo cultural y educativo de la ciudad.

La construcción de la funeraria avanza rápidamente, pero quienes están comprometidos con la causa siguen justificando que no es el lugar apropiado para que quede tan cerca de la BPP. Foto: Pablo Monsalve Mesa.


Ciencia y naturaleza separadas por la ley

Semillas tradicionales: identidad en riesgo

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Laura Betancur Alarcón Catalina Rodas Quintero laurabeta.alarcon@gmail.com catarodasq@gmail.com

Las semillas originarias del territorio colombiano son tesoros biológicos sin utilizar por los científicos colombianos; sin embargo, están en riesgo de ser manipuladas por organizaciones internacionales. La legislación entorpece y retrasa la investigación.

Siete flores rojas de la planta florizante, un litro de agua y 200 pesos en canela es la receta de Petrona para las hemorragias de la mujer. Cuando camina en medio del bosque para buscar la hierba debe fijarse en los rayos del sol antes de escogerla: el secreto de la cura está en determinar si a los pétalos de la flor los irradia el poniente o el saliente; de esto depende si la sangre cesará de correr o seguirá emanando del cuerpo femenino. “Tenemos todo experimentado, sabemos todas las plantas que están y para qué sirven”, asegura Gustavo Noble, el compañero de Petrona. Ella es partera y él, médico tradicional. Son los más consultados en temas de plantas medicinales, semillas y huertas en el Resguardo Indígena El Volado, de la comunidad Zenú Boca de Palmita, del municipio de Necoclí, Antioquia. En su parcela cultivan yuca y maíz, tienen 26 tipos de semilla de plátano y 20 de plantas medicinales. Comparten con las 232 personas del resguardo un banco de semillas tradicionales de la Costa Caribe colombiana. En el mapa genético de éstas se encuentra el conocimiento ancestral y la garantía de que las próximas generaciones puedan alimentarse. La tradición de los campesinos, los indígenas y los afrodescendientes con sus plantas, es uno de los puntos de partida de Carlos Hincapié Llanos,

ingeniero agroindustrial e integrante del Grupo de Investigaciones Agroindustriales (GRAIN) de la Universidad Pontificia Bolivariana, para sus pesquisas en insecticidas de origen botánico. Sin embargo, para que el conocimiento tradicional de Gustavo y Petrona pueda contribuir a la investigación en recursos biológicos y genéticos de científicos colombianos como Carlos, se presentan obstáculos burocráticos, legislativos y políticos, que impiden relacionar la preservación de los recursos naturales del país, la protección de las costumbres criollas y su aplicación en la agroindustria. Así, Colombia, que alberga el 10% de las especies vegetales y animales conocidas en tan sólo el 0,77% del área terrestre del mundo, en 15 años ha adjudicado sólo 16 licencias científicas, en contraste con los 7.800 contratos mineros que se han otorgado en 8 años, según el investigador Carlos Fernando Vélez, en el artículo Explotación minera contra investigación, publicado en UNmedios.

La semilla: color y memoria

Maíz negrito, azulito, carioca, tacaloa y sangre toro, crece en los sembrados del resguardo El Volado. Gustavo Noble los reconoce por sus colores, tamaños y cualidades. Al negrito, por el grano morado oscuro y brillante; al azulito, por su poca resistencia al verano; al carioca, por las hojas rojas y el grano amarillo; al tacaloa por la espiga morada y el cascarón blanco; y, al sangre toro, por el grano rojizo y su mayor resistencia. En total, las comunidades reconocen 27 variedades de maíz criollo, que, en su mayoría, son blandos y harinosos, según la Red Agroecológica del Caribe-Recar. La siembra inicia en marzo con la preparación de las tierras y termina en agosto con la recolección del maíz. A la semilla la envuelven durante dos días en hojas de plátano, la curan con ceniza o plantas amargas como nim, paraíso, balsamina y tabaco, luego, la entierran entre 2 y 5 metros de profundidad. Los

Petrona y Gustavo Noble esperan regresar a su territorio antes del Festival del Maíz. Hace dos meses viven en la casa de paso de la Organización Indígena del Cauca en Prado Centro, debido a unos tratamientos médicos. Foto: Catalina Rodas Quintero.

tiempos de germinación, cosecha y selección, son determinados de acuerdo con el orden y las fechas que ya establecieron generaciones pasadas. Semillas como las de los zenúes son denominadas con los rótulos de primitivas, locales o criollas. De acuerdo con la investigación de Mario Lobo Arias, coordinador de la Red de Agrobiodiversidad de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica) en su Estado del arte de los recursos genéticos vegetales en Colombia: sistema de bancos de germoplasma, este tipo de semilla es importante para que exista la diversidad de especies, por tanto, se conservan.

Las leyes: imprecisas y extranjeras Según las investigaciones de Patricia González y Sandra Patricia Duque, abogadas e integrantes del Grupo de Investigación Derecho y Sociedad de la Universidad de Antioquia, el enredo jurídico y científico del acceso a los recursos genéticos y el conocimiento tradicional en nuestro país se debe a la confusión colombiana para aplicar acuerdos internacionales que cambiaron en la década de los noventa. Hacia 1983, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, en sus siglas en inglés FAO, aprobó el “Compromiso internacional sobre los recursos fitogenéticos”, que consideró los recursos genéticos como patrimonio de la humanidad, por tanto, su acceso no debería ser restringido. Esto trajo avances en la investigación y los descubrimientos vegetales, pero “fue evidente que los países que proveían los recursos no estaban participando de los beneficios que producían los nuevos productos”, afirman las investigadoras. Esta tendencia prendió las alarmas sobre la futura carencia de recursos básicos para la alimentación del hombre, así en junio de 1992, 157 países, entre los que no se cuenta Estados Unidos, firmaron el Convenio sobre la Diversidad Biológica durante la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, que decide que los recursos genéticos son propios de cada nación y no de la humanidad. Por esto formuló un contrato de acceso en el que el país de origen aprueba o no que otros exploten sus recursos y exige que la repartición de las ganancias sea equitativa. Los países andinos establecieron el Régimen común de acceso a los recursos genéticos, contenido en la Decisión 391 de 1996. Éste exige que quien desee acceder, debe demostrar el consentimiento por parte de las comunidades. Sin embargo, entre el Convenio de Diversidad Biológica y la Decisión 391 de 1996 hay diferencias en las definiciones que dejan en riesgo el recurso genético de las semillas tradicionales. El primer tratado comprende que son componentes intangibles el recurso genético y el conocimiento tradicional, mientras que la segunda considera que el código genético es tangible y lo cultural no, es decir, el régimen protege lo biológico y lo genético, pero no lo relacionado con la tradición de los pueblos y sus prácticas ancestrales. “Lo que lo convierte en un bien de libre acceso, a pesar de que muchas veces sean precisamente los conocimientos tradicionales los que permiten las investigaciones realizadas en los laboratorios”, concluyen las abogadas de la Universidad de Antioquia.


Según el investigador Rodrigo Hoyos Sánchez, del grupo de Investigación en Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, las semillas se clasifican en introducidas y tradicionales; las últimas, por estar siempre en territorios nacionales, buscan mecanismos para sobrevivir a través del tiempo. Por ejemplo, una planta criolla puede adaptarse a los cambios de su entorno. Esta habilidad escrita en el código genético es la que persiguen investigadores y empresas para introducirla a productos foráneos. En nuestro país 18 entidades tienen bancos de semillas, entre ellas Corpoica, que alberga el 83,4% del total protegido. Esta institución se encarga de la administración de los bancos, pero la regulación sobre el acceso (por ejemplo para que un investigador pueda solicitarlo) depende del Instituto Colombiano de Agricultura y del Ministerio de Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.

El acceso: enredos burocráticos

Cuando un investigador, entidad u organización nacional o internacional desea acceder al recurso genético de las semillas tradicionales del país, debe aplicar la Solicitud de contrato de acceso a recursos genéticos y sus productos derivados, establecida por la Resolución 620 de 1997. Ésta se dirige a la Oficina Jurídica del Ministerio de Ambiente, luego va a otras dependencias que emiten el dictamen técnico y legal sobre la procedencia o no de la solicitud para que sea firmado por el Ministro. Allí deben detallarse los beneficios económicos o productos académicos y de investigación que producirá el acceso. De acuerdo con la Guía de acceso al recurso natural, de la Universidad Nacional de Colombia, elaborada por la abogada Florelia Vallejo Trujillo, el tiempo de trámite de la solicitud es de 30 días, pero para que ésta sea aprobada por el Ministerio se tarda entre 3 y 7 años. “Puede demorarse bastantes años, incluso hay historias de gente que cuando termina la investigación apenas le llega el permiso”, asegura Carlos Hincapié Llanos, investigador de la UPB.

La Ley 1518 que aprueba el “Convenio internacional para la protección de las obtenciones vegetales”, promulgada en abril de 2012, también afecta a los investigadores. Claudia Betancur Giraldo, directora ejecutiva de Biointropic, organización que reúne a 17 grupos de investigación de la ciudad que trabajan en las líneas de bioagrotecnología, bioingredientes, bioenergía y biotecnologías ambientales, asegura que la ley no diferencia el acceso biológico del genético, es decir, lo biológico se refiere a la flora y la fauna silvestres que se encuentran en los ecosistemas, pero el genético sólo a los códigos del ADN de las plantas, frutos o semillas. “Si por ejemplo cogemos la jagua y sacamos un extracto natural de ella, nunca se toca su parte genética, pero la legislación exige un acceso al recurso genético”, explica. Otra de las preocupaciones es que el Gobierno exige un informe del impacto comercial de las investigaciones, que no se puede medir con precisión porque ni siquiera se ha accedido a los recursos. Para la investigadora, esta legislación puede desestimular la investigación y el interés de la inversión extranjera, de la cual cree, las universidades colombianas pueden ser aliadas. No obstante, las alianzas comerciales con empresas apuntan a la visión capitalista de los recursos naturales y no se asegura que la explotación de los recursos nacionales produzca beneficios para las propias comunidades. “El sistema explota las necesidades de la gente. Hacen mejoras exclusivas y luego las venden. Y ahí está una de las grandes controversias entre quienes explotan los genes y quienes los necesitan. Son conceptos económicos distintos, el de las empresas privadas es tener plata, y el de la universidad es de impacto social”, afirma Rodrigo Hoyos Sánchez, de la Universidad Nacional. Con estas condiciones, los investigadores y los agricultores optan por trabajar desde la ilegalidad y se convierten en “biopiratas”. Las acciones para hacer cumplir estas leyes también rozan con lo ilógico. Por ejemplo, la Fiscalía tendría que revisar todas las publicaciones de artículos científicos para determinar qué investigadores manipularon o

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Hay en el mundo una gran presión de los países desarrollados hacia los países con biodiversidad para que establezcan normas rígidas en propiedad intelectual, comercialización y control de las semillas. Foto: Catalina Rodas Quintero.

modificaron cuáles materiales. Una tarea titánica e inimaginable con el sistema fiscal nacional.

Seguridad alimentaria: la esperanza, luego de los transgénicos

En noviembre, Gustavo y Petrona, la pareja zenú, participan en el Festival del Maíz en San Andrés de Sotavento, en el departamento de Córdoba, lugar donde se reúnen todas las comunidades de su etnia. Cada una concursa con su mejor chicha y bollo, cuya base es el maíz. Para la preparación de estos platos típicos deben moler, mezclar, rallar, cocinar, oler y palpar el grano que, más que un alimento, es símbolo de su identidad. Para Germán Vélez, representante de la ONG Semillas, “las semillas han sido la fuente fundamental de la soberanía alimentaria de los pueblos y el desarrollo de la agricultura local. Al establecer estas normas restrictivas que prácticamente le quitan al agricultor el control de sus semillas, eso va a repercutir en la pérdida de las semillas criollas al entrar otras híbridas de alto rendimiento”. Por su parte, el investigador de la UPB Carlos Hincapié, opina que también la producción de estas plantas modificadas ha hecho perder gran parte de la biodiversidad de los organismos para la alimentación como el maíz, la papa, el trigo y arroz, los cuatro alimentos fundamentales para la continuación de la humanidad puesto que los campesinos dejan de lado y olvidan sus semillas tradicionales por sembrar las comerciales.

Es vital, entonces, la tarea que desde Necoclí hacen Gustavo y Petrona con el cuidado de sus huertas y semillas, ya que son éstas quienes preservan la riqueza genética y garantizan la alimentación de su comunidad. Pero su trabajo no puede darse sin una legislación que acerque este conocimiento a la investigación colombiana, inmóvil frente a un panorama internacional que desde la biotecnología y la política busca acceder a recursos naturales como los genéticos.

Semillas transgénicas en Colombia En el país hay 26 semillas genéticamente modificadas que se pueden cultivar, de productos como claveles, algodón, rosas, soya, remolacha, trigo, lino y maíz, según los registros del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas. En cuanto al maíz, hay 9 tipos de semillas modificadas en el país, una de ellas, la NK603, es producida por Monsanto y resiste al Round-Up (herbicida de la multinacional), que fue investigada por el biólogo francés Gilles-Eric Séralini, quien demostró que el consumo de este producto en ratas, les provocó tumores, necrosis de hígado, insuficiencias renales y reducción de la expectativa de vida. Según la revista francesa Le Nouvel Observateur esta investigación acaba con la idea de la inocuidad de las semillas y cuestiona los supuestos beneficios de los alimentos transgénicos.

En nuestro país 18 entidades tienen bancos ex situ, entre ellas Corpoica que alberga el 83,4% del total protegido. Foto: Catalina Rodas Quintero.


De la mano del cine, la poesía

Víctor Manuel Gaviria, el poeta

“Alguna noche, de vuelta a la ciudad, vi un hombre con un ramo de flores blancas, ‘cartuchos’, les dicen, que intentaba cruzar un río de carros que cegaban su cara y sus flores grandes como un niño”. Víctor Gaviria en “Paquetes”. Antología poética, 1978-2003.

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Camila Reyes Vanegas camaleonalbo@gmail.com

Desde que Víctor inició en el mundo de las artes, encontró en la poesía una forma de expresar el mundo, de comprenderlo. De retratar los fenómenos sociales y humanos. Y, lo más importante, un refugio para narrarse a sí mismo. Mientras la noche cubre el café de Otraparte, un espacio acogedor en medio de la naturaleza, Víctor dispersa dos libros sobre la mesa. Uno de ellos de color azul cielo con una figura abstracta en el centro llamado Antología poética. Cuando empieza a hablar de su oficio como poeta, su voz es tranquila y cercana como la de un amigo con quien hace años se conversa; acompaña las historias con los gestos de su rostro y sus manos blancas y expresivas. Luego, hace una pausa para beber unos sorbos de su capuchino, mientras deja escapar sonrisas y recuerdos.

“Mi papá tenía un talento extraordinario para contar historias, historias muy campesinas. Él nació en un pueblo llamado Liborina y recuerdo que nos contaba historias de espantos, de brujas, de duendes... yo tenía siete años, era fascinante; a la vez que nos electrizaba, nos encantaba”.

La vendedora de cerillas y La sirenita, que más tarde lo marcarían en la poesía y en el cine. Luego, a los 19 años, Víctor formaría, con un grupo de amigos, el Taller Literario Nicanor Parra, en el que conversaban y escribían sobre diferentes temas como política, literatura, poesía, psicoanálisis, filosofía y la vida. “Nos reuníamos en la casa de un amigo y asistíamos mi hermano Juan Guillermo, Fernando Herrera, Rubén Darío Lotero y otros que se hicieron grandes escritores. Allí leíamos a Dostoievski, Estanislao Zuleta, García Márquez, Borges, Freud, Tomás Mann, Marx, Levi Strauss... Vivíamos entusiasmados, era un época entregada a la lectura y a la creación de poesía”.

Las veladas, como recuerda, eran tardes y noches enteras en las que compartían los poemas, departían como buenos amigos y se deleitaban con un banquete en compañía de melodías. Entre tanto, en el recorrido llegó Acuarimántima, la revista de poesía dirigida por Elkin Restrepo, José Manuel Arango y Miguel Escobar, entre otros escritores, que crearon un nuevo movimiento poético en la ciudad y aportaron con una profunda sensibilidad nuevas miradas y formas de hacer poesía. Acuarimántima, como lo expresa con gratitud, fue el momento literario más importante y bello de su vida porque conoció una infinidad de personajes virtuosos y grandes personas que lo acercaron a la poesía; uno en especial, Helí Ramírez, de quien aprendió sobre la vida de las comunas y de los muchachos de los barrios. Más tarde, en 1982, la revista se extinguió y los poetas se dispersaron; pero Víctor no abandonó el oficio y siguió escribiendo en las noches las imágenes de la cotidianidad: las calles, las muchachas, el amor, el dinero.

Así, don Luis Emilio, el médico generoso y narrador preferido de sus hijos, que con toda paciencia contaba la historia de Juan Sin Miedo, La Pata Sola y La Llorona, entre otras, estimuló el deseo de Víctor por la escritura y la lectura. Con los años, cuando fue caminando a la época de su adolescencia, se acercó más a la literatura y exploraba asiduamente la biblioteca de su casa; leía poesía, novelas, cuentos, crónicas y ensayos... todo lo atrapaba. Y en las noches seguía escuchando a su padre. Otras veces viajaba a Liborina, a la casa de su tío Miguel, un músico y lector consumado que le enseñaba de poesía, libros y autores, además “Para mí cualquier cosa de música y mística. Casi puede ser poesía y busco siempre acosaba a su que las cosas de la vida cosobrino para que le mostidiana entren a la poesía; trara los primeros trazos desde este libro que tengo convertidos en poemas, en la mesa, hasta la estrella crónicas o cuentos. que alumbra, la mujer que En las noches, comparcamina, una carretera, los tían el silencio del campo paquetes que lleva alguien en y recitaban poemas de José la calle”. Eustasio Rivera, Jorge Isaacs, De este modo, no hay un tema Porfirio Barba Jacob, entre otros, al que se aferre Víctor Gaviria, porque hicieron parte del repertorio que la cotidianidad en todas sus dimenliterario. También El Quijote estuvo siones tiene color, textura y es susceptible presente en los encuentros de aquellos de ser narrada. En ella, se encuentran detalles años; el tío Miguel lo interpretaba y hacía de su casa un teatro. Desde entonces, se con- Foto: Cortesía Corporación Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia. e historias que merecen un lugar en la poesía: simples o comunes, feas y bellas. virtió en otra influencia artística en su vida. Como dice, la diferencia entre el cine y la Víctor sonríe y deja entrever emoción. Pero en el LADRÓN poesía es que en el primero son sus actores natuaire escapa la tristeza como si hubiera viajado a un rales, pero en la poesía es él: un hombre intuitivo, rincón especial de su memoria. Después su mirada Salí del teatro y vi alguien caminante, observador y ser humano, amante y vuelve a aquietarse y bebe otro sorbo de café. adentro de mi carro, sensible de la vida. “Cuando estaba en cuarto de bachillerato leí una buscando algo con necesidad, con verdadera Por eso Víctor o Manuel son un camaleón en la cosa que me pareció hermosísima, que fue La ciudad y furia... Pensé que era mi hermano, o mi amigo poesía al retratar todas las imágenes que atrapan los perros, de Vargas Llosa, realmente me sacudió por que había abierto la puerta con la llave, sus sentidos desde la ciudad, la gente, la naturaleza el erotismo, la sensualidad y los personajes. Dentro de pensé que era yo mismo que me había hasta las situaciones de la vida y la familia, que se ellos había uno que se llamaba el Poeta y me identifiextraviado en la acera, encuentran dibujadas en las páginas de sus libros qué con él porque era un ser justo, sereno, romántico que me había olvidado de algo, que no recordaba como una parte importante de su memoria y su alma. y que vivía muy enamorado; otro momento, fue con haberme partido en dos para salir del teatro “Yo le propongo al lector una poesía converun poeta que invitó un profesor de Español; su poesía antes de tiempo, sacional, donde le cuento una historia, dibujo una no tenía rima, los versos eran corridos, rarísimos, muy a buscar algo importante atmósfera, unos personajes, unas situaciones; así, en locos. Y yo no entendía nada pero me fascinaban, tenía que necesitaba con furia y con un lenguaje sencillo, lleno de imágenes, sentimientos una sensibilidad enorme. Después me fui para la biamor... y sensaciones”. blioteca y el libro de este poeta estaba sobre la mesa, Qué bella presencia la del ladrón que nace entonces empecé a leerlo y yo era fascinado, medio del aire invisible, Sus gafas permanecen en su rostro, mientras entendía. Ahí pensé yo que se podía escribir poesía”. y se esfuma busca otro poema para leer. La música suave y como se pierde una idea lejana del lugar, acompaña el pasar de las hojas, El día de la graduación le pidió a su padre unos en la sombra de la cabeza. tan lento y placentero como es la poesía. cuentos de Hans Christian Andersen, el escritor de Víctor Gaviria


Prado: de barrio de élite a zona sin identidad

Texto Reinaldo Spitaletta

Fotografías Hebert Rodríguez García heroz20@hotmail.com

La móvil élite medellinense (empresarios, banqueros, cafeteros y comerciantes) fijó su residencia a partir de 1926 en el barrio El Prado, una idea y concreción de Ricardo Olano, miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín y dueño de fábricas. El sector, de alto valor ambiental y arquitectónico, con olor a cadmios y adornado por guayacanes amarillos y lilas, durante varias décadas fue un símbolo de la mentalidad de los ricos de la ciudad. Para algunos, como el narrador de la novela La mujer de cuatro en conducta, de Jaime Sanín Echeverri Prado representó el esnobismo de la clase alta, obnubilada por lo europeo. Todo se medía, como lo había dicho Tomás Carrasquilla, según el chic parisino.

Como sea, Prado fue hasta los sesenta, una suerte de emporio urbano residencial, de enormes caserones, arborización abundante, calles amplias y gente “de modo” (como se decía popularmente). Su decadencia comienza a la par de las industrias y se anuncia desde los tiempos en que vecinos suyos, como el festivo sector de Lovaina, lo asedian con sus rumores de lujuria. ¿Por qué dejó de ser esencialmente residencial? ¿Por qué hoy es más un barrio corporativo? ¿Cómo era la vida privada? ¿Qué significa la inclusión de Prado en los inventarios patrimoniales y de conservación en Medellín? El Semillero de Periodismo Urbano, de la Universidad Pontificia Bolivariana, pretende resolver estas y otras preguntas con una investigación iniciada en febrero de 2012.

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Hombres como arañas iluminan la Navidad Texto y fotografías: Pablo Andrés Monsalve Mesa pablo_monsalve007@hotmail.com

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En 35 kilómetros, desde el parque Bicentenario de Boston hasta el río Medellín, los alumbrados tienen este año 18 millones de bombillos leds, 1.500 empleados y 300 madres de familia que construyen los modelos; aun así, los más admirados en esta época son los hombres de Empresas Públicas que, como arañas, se mueven hábiles por las alturas para cumplir con la fecha de entrega. Desde las ocho de la mañana hasta la una o dos de la madrugada, estos hombres trabajan poniendo tornillos, probando voltajes, cruzando cables y observando el río que divide la ciudad. Cada uno de los trabajadores cuenta con guantes, casco y ropa que los protege del sol y de la lluvia, gafas y tres o cuatro arneses o cables de vida. El resultado esperado tras la inversión de 12 mil millones de pesos, no se podría lograr sin la destreza, las agallas y la paciencia que manejan estos hombres

en el aire. Ellos dicen que al principio da mucho vértigo, mareos y cansancio por las incómodas posiciones y los movimientos que hay que hacer por estar colgados; sin embargo, con los años se aprende a trabajar en las alturas. Un oficio que requiere cualidades especiales. La primera prueba se realizará el 17 de noviembre para inaugurar la décima Conferencia de Ciudades Iluminadas, LUCI; la segunda le dará la bienvenida a Madonna, el 28 y 29 de noviembre, días de sus conciertos, que atraerán entre 70 u 80 mil visitantes. El sábado primero de diciembre se encenderán las luces que dan comienzo a la Navidad.

Contexto Ed. 34  

Expectativas y retos del TLC en Antioquia, la calma tensa de la minería en Jardín y una investigación sobre ciencia, agricultura y semillas...