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Nº 624, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, septiembre de 2013

Foto cortesía Fabio Arboleda

Edificio Antioquia, un nuevo espacio para la cultura y las artes Por JUAN FERNANDO GUTIÉRREZ

A

partir del 6 de septiembre Medellín vivirá de nuevo, después de 26 años, el evento más grande de las artes plásticas en Colombia: el Salón (inter) Nacional de Artistas, que traerá, hasta noviembre, la obra de 96 creadores que se podrán observar en el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno y el Edificio Antioquia. Este último es un clásico edificio del centro de Medellín, hasta hace un par de años consumido por el olvido y el polvo, y ahora, gracias a la recuperación por parte de la Universidad de Antioquia como museo, se convertirá en un referente de ciudad para la cultura y el encuentro artístico. Conocido como La naviera por su forma de proa, el edificio es una construcción bella, simbólica, ubicada en un punto estratégico de la ciudad, cerca de la estación metro Parque de Berrío, de hoteles emblemáticos y del Museo de Antioquia. La naviera es un lugar que cuenta no solo con espacios enormes, perfectos para montajes artísticosm, sino también con historia,

Foto cortesía Fabio Arboleda

por lo que fue declarado bien de interés cultural de Medellín en 2006. Aunque desde 2011 ya funcionaban programas académicos de la Universidad en dos de sus pisos, el resto de los espacios estaban habitados por la oscuridad, las telarañas, la soledad y algunas aves que anidaban adentro. Por lo mismo, con el apoyo de la Alcaldía de Medellín y el Ministerio

de Cultura, la Universidad inició la adecuación de los pisos 5, 6 y 7, el sótano, el primer piso y un mezzanine, todo para concebir un ambiente único y especial para las ideas de un Salón que, por primera vez, oficializa su carácter internacional con 34 invitados extranjeros provenientes de 24 países. En los pisos superiores habrá exhibiciones y en el mezzanine el es-

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pacio social del Salón, La Heladería, donde ocurrirán propuestas artísticas efímeras, de una hora, de una tarde o una mañana, o de un día. El Edificio Antioquia, que hoy vuelve con gloria a la ciudad, tuvo su gloria. No hay muchos documentos que registren su acontecer, más allá de los oficiales y notariales. Pero se sabe que la Compañía Naviera Colombiana, fundada en 1920 en Medellín, se propuso construir su sede central en 1942, para lo que contrató a la firma Vásquez y Dothee, conformada por los arquitectos Ignacio Viera, Federico Vásquez y Alberto Dothee. La construcción se terminó en 1946, adornada con elementos que recuerdan la industria naviera, como símbolos en los pisos y figuras de escenas marítimas grabadas en sus puertas. Mercedes Lucía Vélez White, en su libro Arquitectura contemporánea en Medellín, dice que se concibió con un “sobrio expresionismo que nos recuerda la arquitectura naval” y, “revestido con piedra bogotana, el material empleado por esta firma de arquitectos en muchas de sus construcciones”, dejó la idea de una embarcación en un ciudad sin mar, un canto que no corta aguas sino algunas calles, el bullicio y la mirada de quienes se encuentran con él. Fue la sede de esta compañía durante años, presidiendo de manera magnífica el centro de una ciudad aún pequeña y provinciana (no es difícil imaginar el impacto de esta obra en los habitantes de entonces). Luego pasó a manos del Estado, convirtiéndose en oficinas de la Gobernación de Antioquia, para el pago de los impuestos y la venta de licor oficial. Después, en la década del noventa, fue cerrado y olvidado, hasta 2005, cuando mediante ordenanza departamental la Universidad lo recibe como dación de pago, en total 502 metros cuadrados. Un tesoro. Un fragmento de patrimonio en una ciudad acostumbrada a olvidar y a borrar su patrimonio arquitectónico. Ahora, al Edificio se puede ingresar libremente, con la excusa de recorrer las exposiciones del Salón, cuyo tema, “Saber desconocer”, es ideal para hablar del resurgimiento de esta edificación. Es volver a saber un espacio ya desconocido por la clausura de sus puertas. Es encontrarse de nuevo y conocer lo desconocido a causa del olvido. Es, como lo dijo María del Rosario Escobar, secretaria de Cultura Ciudadana de Medellín, en la presentación oficial del Salón en el mes de julio, “una ocasión muy especial porque inauguramos un nuevo espacio para las artes.” Es una oportunidad de reencontrarse con una metáfora ideada por tres arquitectos hace 71 años: un barco de cemento y ocho pisos encallado en medio de una ciudad sin mar. ¿Y el mar? Y el mar también volver a saberlo, que deberá correr, como debieron pensarlo los tres arquitectos, por cuenta de nuestras imaginaciones y deseos.

PERIÓDICO ALMA MATER 624 SEPTIEMBRE DE 2013  

PERIÓDICO ALMA MATER N° 624 SEPTIEMBRE DE 2013

PERIÓDICO ALMA MATER 624 SEPTIEMBRE DE 2013  

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