Page 13

Nº 624, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, septiembre de 2013

13

Lo que no salga bien cocinado de La Habana difícilmente le gustará a los comensales

¿

Qué hay de nuevo en este proceso de negociación? La metodología, el DIH con su Estatuto de Roma (instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional) y la oposición panuribista. La metodología del proceso y del trabajo de la comisión, acordada previamente con obligante rigidez, ha sido la clave para que se pueda decir que nunca se había llegado tan lejos a pesar de algunos amagos de crisis, ruidos de cerrojo y de que la balacera continúa inmisericorde. De esa metodología, la discreción y el pragmatismo han sido norma. La discreción impide que se caguanice el proceso y se convierta en furrusca y algazara. Pero tiene filo por ambos lados porque al excluir la difusión y el conocimiento convierte en secreto lo acordado y abre la ventana al chismoso y al especulador. La discreción genera dudas en el interesado y frustración en el que no ve sus pesares aludidos. El pragmatismo apunta a lo posible, no a lo perfecto, a partes y no a todo. Pero también tiene otra cara porque, acostumbrados a la contingencia, nos esperanza la perfección pidiendo el “todo o nada”, desvalorizando así los logros escalonados y los acuerdos por partes. El pragmatismo ha tenido un gran impacto en la elección de los temas de negociación que aparecen como principales. En todo conflicto hay problemas nucleares y periféricos pero en las negociaciones éstos pueden terminar siendo más urgentes que aquellos. También hay problemas generales y específicos y no pocas veces en las negociaciones éstos adquieren las características de los primeros. El pragmatismo en la elección temática explica en parte que en una agenda de negociación como la que actualmente se lleva a cabo en La Habana con la intención de resolver el secular y rancio conflicto colombiano no aparezcan todos los problemas de la sociedad considerados más agónicos por los analistas especializados y explica en parte que en los cinco puntos que contiene la agenda se mezclen lo nuclear y lo periférico tanto como lo general y lo específico. Así por ejemplo, dos problemas que son de raigambre nuclear y genérica no están en la agenda como prioritarios, pero se incluyen dos que se

dad internacional en 2002 y puesto en vigor el mismo año. En aras de preservar a las víctimas castigando a los victimarios aquende y allende las fronteras nacionales, el Estatuto de Roma pone talanquera ética, política y jurídica a la impunidad que pueda colarse en los acuerdos. No sea que resulte cierto que la política es la continuación de la guerra por otros medios y que termine gobernándonos un asesino con cara de yonofuí entrenado en cualquier ejército de cualquier guerra. Por último cabe señalar que la oposición interna al proceso de negociación con las guerrillas no es nueva, pero que, sin embargo, en el actual proceso de negociación ha tenido y tendrá una influencia poderosísima sobre todo en el contexto de una contienda electoral en la cual la posible reelección del actual presidente o la elección de un sucesor que sea de su trinca, están pegadas al éxito o al fracaso del proceso de La Habana. En la oposición al proceso de negociación no se pueden incluir a los pesimistas que los hay de todas las variedades. Los que no creen ni en el rejo de las campanas; los llamados gadejos; los calculadores racionales cuyas sumas siempre restan, los agnós-

ticos; los que sólo creen en la misericordia de Dios, los gaznápiros. Rayando en la oposición están los radicalmente opuestos a los pesimistas que son una fanaticada de optimistas fatuos dispuesta a devolverse ante cualquier duda. Pero los opositores reales no son los que no creen en el proceso de paz sino los que no lo quieren por diversas razones aunque tratan de ocultar su malquerencia interesada con eufemismos moralistas, patrioterismos viscerales o resentimientos mal disimulados. Entre ellos son típicos los señores, profesionales y comerciantes de la guerra, el lumpen de todos los sectores sociales de cero a diez, que viven de la molicie, el desgreño, el desorden y la violencia, los pescadores de ríos revueltos y tal vez el más conspicuo opositor es el panuribista que quisiera que el expresidente fuera más de lo que yo creo que realmente es; aunque a él le gusta que muchos, ojalá muchos, crean que es como quieren que sea. Y como esta oposición es de cuidado porque el proceso de negociación es frágil, creo yo que lo que no salga bien cocinado de La Habana difícilmente gustará a los comensales porque cualquiera de las fórmulas hasta ahora propuestas para garantizar una especie de candado político a los posibles acuerdos, sea un referendo o una asamblea nacional constituyente, juegan al azar el destino del proceso, si bien parece menos riesgoso y adecuado el primero porque, a diferencia de la segunda, que podría volvernos al comienzo del proceso como si no se hubiera avanzado, es más acotado y expedito.

Ilustración Juan Andrés Álvarez Castaño

Por FABIO H. GIRALDO J. Director de Posgrado

desgajan de aquellos. En efecto, parecería obvio que las desigualdades sociales y económicas ampliadas hasta el límite de lo aguantable y por tanto el modelo económico, sean primerísimo objeto de negociación sobre todo para las Farc-Ep que, aun habiendo abandonado las utopías y moralidades comunistas clásicas, se arrogan el liderazgo de la defensa de los pobres y los débiles. En cambio emerge en primer lugar el problema agrario no sólo por el patético olvido oficial de los problemas ligados a las tierras y al agro sino también porque la guerrilla ha sido principalmente telúrica en origen y en comportamiento. Y también parecería obvio que un Estado demasiado corporativo para parecer siquiera liberal y gobiernos elitizados hasta en la base, impliquen poner sobre la mesa un plato principal como el modelo de Estado y no resulta tan esperado que en cambio se ponga en el menú la participación política de exguerrilleros, a través de nuevos procedimientos electorales y distintos sistemas de representación sobre todo regionales que les permita asegurarse en terruños más familiares. Por supuesto que esto se entiende porque una insurgencia desmovilizada no busca sólo supervivencia política, sino también reconocimiento igualitario que le permita legitimar como justa su insurgencia histórica y reclamar su futuro como ganancia. No es casual que exijan trato político igual mediante discriminación positiva. Por otra parte la comunidad internacional se ha vuelto muy exquisita y exigente con los acuerdos de paz cerrando las puertas a las discrecionalidades nacionales que caracterizan la mayoría de nuestros intentos anteriores de pacificación sellados con indultos y amnistías, perdones y olvidos. La reivindicada subjetividad jurídica de las víctimas de todos los actores ha acortado la legitimidad del jus ad bellum o derecho a la guerra y guerra justa, al castigar sus consecuencias a través del jus in bello o derecho en la guerra y de su instrumento legislativo, el Derecho Internacional Humanitario, y de su instrumento judicial, la Corte Penal Internaciona,l cuyo marco jurídico está contenido en el Estatuto de Roma ratificado por la comuni-

PERIÓDICO ALMA MATER 624 SEPTIEMBRE DE 2013  

PERIÓDICO ALMA MATER N° 624 SEPTIEMBRE DE 2013

PERIÓDICO ALMA MATER 624 SEPTIEMBRE DE 2013  

PERIÓDICO ALMA MATER N° 624 SEPTIEMBRE DE 2013

Advertisement