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Nº 624, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, septiembre de 2013

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Un momento crucial

Por LEÓN VALENCIA

El temario acordado contiene los puntos clave que dieron origen al conflicto o, que a lo largo del tiempo, lo han exacerbado: el problema agrario y la redistribución de tierras; la exclusión política y las garantías para que nuevas fuerzas surgidas de la insurgencia puedan competir en democracia; los cultivos de uso ilícito en manos de los campesinos y el narcotráfico; la verdad y la reparación de las víctimas; el monopolio de las armas en manos del Estado y el desarme y desmovilización de los irregulares.

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espués de diez años de una dura confrontación entre el Estado y las guerrillas en Colombia inesperadamente se inició un proceso de paz. Los contactos se habían iniciado a un mes de la posesión del presidente Santos. Después vino la diplomacia secreta que empezó al finalizar el año 2011. Durante cerca de ocho meses una delegación del gobierno y otra de las Farc estuvieron en La Habana adelantando conversaciones discretas hasta establecer una hoja de ruta y una agenda temática para iniciar negociaciones formales con el propósito explícito de poner fin al conflicto armado. Tanto el gobierno como las Farc han invitado también al ELN para que se sume a este nuevo intento de reconciliación nacional. La etapa inicial fue llamada fase exploratoria y terminó en agosto de 2012. El 15 de octubre del pasado año se inició en Oslo, Noruega, la segunda fase que tiene como objetivo suscribir un acuerdo integral que abra paso al cese definitivo de las hostilidades y a la tercera fase del proceso que se ocupará de poner en práctica cada uno de los puntos acordados en la mesa. Las partes coincidieron en no cometer los errores del pasado y por ello dicidieron negociar por fuera del país lejos de la presión de los medios y la opinión pública, no enredarse en empezar por un cese de hostilidades, buscar un acuerdo definitivo en corto tiempo y comprometerse a que no se pararían de la mesa de conversaciones hasta pactar el fin de la guerra. El tema se ha tomado los medios de comunicación y las conversaciones en Colombia. Las preguntas han sido varias: ¿Qué llevó a las partes a la negociación? ¿Qué posibilidades hay de que esta vez sí se llegue a la paz? ¿Qué obstáculos enfrenta este proceso?

La salida militar fracasó La guerrilla intentó a finales de los años noventa y principios de este siglo el triunfo militar. Las Farc construyeron un ejército de más de veinte mil efectivos y se propusieron llegar a la capital del país por la cordillera Oriental. Instalaron 11 frentes guerrilleros alrededor de Bogotá y uno en la propia capital. La reacción del Estado fue modernizar la fuerza pública, duplicar sus efectivos, que hoy alcanzan las cifra de quinientos

mil, y hacer saltar la inversión en defensa a cinco puntos del PIB. Mediante ese esfuerzo descomunal se logró expulsar a las guerrillas de los grandes centros de población y producción, se redujeron sus efectivos y se golpeó su mando central. Así terminó el intento de toma del poder por la vía de las armas y despareció la ilusión de victoria que en algún momento tuvieron las organizaciones irregulares. Hasta 2008 la política de seguridad en cabeza del presidente Uribe fue especialmente efectiva. Todo hacía pensar que las fuerzas insurgentes serían plenamente derrotadas y sólo quedarían grupos dispersos que se rendirían ante el Estado. El gobierno entonces proclamó el «el fin del fin» de las guerrillas. No ocurrió así. Estas fuerzas, ante su inminente derrota, cambiaron de estrategia. Volvieron a organizarse en pequeños grupos, pusieron el énfasis en la disputa de la población y no en la defensa de territorios, acudieron a las armas artesanales y al minado de territorios, se refugiaron en lo profundo de las montañas y en las fronteras. Empezaron nuevamente a tomar la iniciativa y, en los últimos tres años, en un accionar menudo y disperso, le han producido más de 7.500 bajas, entre muertos y heridos, a la fuerza pública y están retornando a viejos territorios. Estamos en lo que podríamos llamar “un empate mutuamente doloroso”: las guerrillas no tienen la más mínima posibilidad de tomarse el poder, pero el Estado no está en condiciones a corto o mediano plazo de acabar con ellas por la vía militar. El presidente Juan Manuel Santos y la dirigencia guerrillera son plenamente conscientes de esta situación y por eso han decidido sentarse a la mesa de negociaciones.

Una agenda realista, pero profunda El temario acordado contiene los puntos claves que dieron origen al conflicto o, que a lo largo del tiempo, lo han exacerbado: el problema agrario y la redistribución de tierras; la exclusión política y las garantías para que nuevas fuerzas surgidas de la insurgencia puedan competir en democracia; los cultivos de uso ilícito en manos de los campesinos y el narcotráfico; la verdad y la reparación de las víctimas; el monopolio de las armas en manos del Estado y el desarme y desmovilización de los irregulares.

Esta agenda deja claro que no está en discusión el poder y las instituciones colombianas. De ahí su realismo. Pero es evidente que se hace eco de las causas de la guerra y apunta a realizar reformas que hagan posible una paz duradera y estable. Las conversaciones secretas, según se sabe, fueron un duro forcejeo que en tiempos continuos duró 66 días en los que las Farc lograron que se incluyeran cambios en la vida nacional que legitiman su historia, y el gobierno del presidente Santos logró que las Farc admitieran sin ambages que se trata de una negociación en la que al final harán dejación de sus armas. No será nada fácil. Cincuenta años de conflicto armado no se terminan de la noche a la mañana. La historia dice que Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, presidentes y grandes reformadores del siglo veinte, fracasaron en su intento de transformar el campo colombiano y distribuir la propiedad agraria. Dice también que hasta ahora no ha sido posible modernizar la política y darle plenas garantías a la izquierda para que compita con posibilidades de triunfo por el gobierno nacional. Y señala igualmente que aún no se ha encontrado un camino para superar el narcotráfico y ofrecerle alternativas a cientos de miles de familias campesinas que han tenido que refugiarse en los cultivos ilegales para sobrevivir. Pero la marcha de las negociaciones en La Habana ha generado una gran esperanza de que ahora sí vamos a lograr las reformas para alcanzar la paz. El primer punto —el de los cambios en el agro— cerró con un acuerdo para alentar las zonas de reserva campesina y proteger y fomentar la pequeña y mediana producción campesina como eje de un nuevo modelo agrario. Se avanza también en la discusión del punto clave de las garantías de participación política para la reintegración de las Farc a la vida democrática, y la delegación del gobierno en la mesa con apoyo de la coalición de unidad nacional tiene en sus manos ofertas atractivas para la guerrila: un estatuto de oposición con medidas especiales de financiación, acceso a los medios de comunicación y medidas excepcionales de protección a la vida de dirigentes guerrilleros que se propongan hacer política sin armas; también asignación de curules

PERIÓDICO ALMA MATER 624 SEPTIEMBRE DE 2013  

PERIÓDICO ALMA MATER N° 624 SEPTIEMBRE DE 2013

PERIÓDICO ALMA MATER 624 SEPTIEMBRE DE 2013  

PERIÓDICO ALMA MATER N° 624 SEPTIEMBRE DE 2013

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