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Problemática social Migración Colombia referenció 550.000 venezolanos entre legales e ilegales en territorio colombiano a diciembre 2017. Ahora, se estima que podrían sumar dos millones.

Nº 674, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, abril de 2018

¡Cónchale vale!

cumentos, figura como el destino no fronterizo, después de Bogotá, con mayor número de venezolanos, lo cual se explica porque los inmigrantes son de origen citadino, con formación profesional. Según la Acnur, se está dando un flujo mixto, dado que llegan venezolanos y colombianos que estuvieron refugiados o asilados en Venezuela.

Por ELIZABETH CAÑAS RODRÍGUEZ Periodista elizabeth.canas@udea.edu.co

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Miedos y amnesias

Foto: Fredy A. Ramírez

a perplejidad que denota la expresión venezolana es la misma que inspiran las cifras, las dificultades para la atención de los inmigrantes, los límites jurídicos y las condiciones sociales que implica la llegada de venezolanos al país. Recientemente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Cidh, expidió la Resolución 2/18 sobre la condición de migración forzada de personas venezolanas y, al tiempo, el gobierno de Estados Unidos anunció ayudas por 2.5 millones de dólares a Colombia para la atención alimentaria y en salud a los migrantes venezolanos. Sin embargo, aunque la mencionada resolución define los parámetros sobre el asilo, protección y permanencia, quedan muchos asuntos por afinar para el tratamiento y no acaba de establecer qué hacer en el día a día para atender el drama migratorio. “Como investigadores nos enfrentamos a una realidad distinta a las migraciones propias del conflicto interno, a los desplazamientos y a la reubicación poblacional en el país. Incluso hay asuntos no enmarcados jurídicamente y se ha tenido que implementar soluciones a la medida de los acontecimientos”, dice Astrid Osorio Álvarez, coordinadora del Programa de asistencia legal para las personas con necesidad de protección internacional, de la Universidad de Antioquia. En lo que va corrido de este año, el programa ha atendido cerca de 200 casos no solo en el aspecto jurídico, dado que la Universidad trabaja con organizaciones de atención a migraciones y garantes de los derechos humanos. Especialmente, por la complejidad y la multiplicidad de asuntos que se derivan, la profesora Osorio Álvarez observa que, “preocupa en Medellín cómo hacer expeditas

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“Los venezolanos, no venimos a quitar nada a nadie, pero estamos aquí para mejorar las condiciones, la idea es tener las mismas oportunidades que cualquier inmigrante. Mi padre hizo parte de los colombianos que emigró a Venezuela desde los años 80’, buscando futuro y aprovechando la bonanza petrolera y, en cambio, los que estamos llegando aquí la mayoría somos profesionales y si las cosas cambian en Venezuela, somos muchos los que queremos volver”, manifiesta Almary Gutiérrez, contadora pública y estudiante del pregrado Filología Hispánica en la U. de Antioquia. las ayudas y los trámites, atender a mayores de edad, como población no suficientemente considerada dentro de las normativas e, igualmente, brindar empleo a quienes están llegando”. Por su parte, Sebastián Díaz Parra, coordinador de la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur, en Medellín afirma que “en la lógica de la protección internacional hay crisis fáciles de entender, como por ejemplo el caso de Siria; no es esta

la misma condición de la migración venezolana”. Colombia concedió en dos ocasiones permisos especiales de permanencia a la población venezolana para facilitar el acceso a los servicios de salud, a la atención humanitaria e incluso al trabajo. Medellín, donde alrededor de 24.000 personas tienen papeles para regularizar su condición migratoria, pero muchas otras carecen de pasaporte y demás do-

Es ingratitud e incongruente dejar de pensar que muchos de los que consideramos venezolanos tienen sustrato colombiano. Según la profesora Gloria Elena Naranjo Giraldo, de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, un 30% de los inmigrantes venezolanos que han llegado a Medellín serían realmente población de origen venezolana; un 40%, colombo-venezolanos que siguen unidos por familia y costumbres, y un 30% restante son colombianos retornados, así hablen venezolano. “Las políticas de atención de los venezolanos tendrían que reconocer la historia particular que entraña esta situación y que, entre otros asuntos, está precedida por el asentamiento de industria venezolana en Colombia”, afirma Naranjo Giraldo, y asegura que del 30% de inmigrantes venezolanos, muchos de ellos son los que tienen empresas que se trasladaron tras las disputas con el gobierno venezolano y se radicaron en Bogotá, pasando en cinco años de 50 a 550. En la migración de venezolanos —señala la profesora— son visibles los miedos al extraño, a las diferencias, al otro que habla distinto, a perder trabajo; y a la seguridad, porque se cree que alteran la convivencia. Pero también hay un miedo político, atizado de manera errática por los medios, sin considerar la dimensión cultural e histórica con el hermano país. “Hay desconocimiento, no se habla de la estadía de colombianos en Venezuela durante la bonanza petrolera y también de la solidaridad con los colombianos pobres y desplazados por la violencia que pudieron reconstruir su vida y establecer su familia en ese país”, subraya Naranjo Giraldo.

Alma Mater 674  
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