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Opinión / Análisis

Nº 662, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, marzo de 2017

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Negociar la paz con el ELN Semejanzas y diferencias con el proceso con las Farc

Por GERMÁN DARÍO VALENCIA AGUDELO Profesor del Instituto de Estudios Políticos german.valencia@udea.edu.co

I

nició, por fin, la segunda fase del proceso de paz con el ELN. La instalación de la mesa pública de negociaciones se produjo el pasado 7 de febrero en la Hacienda Cashapamba, a las afueras de Quito, Ecuador. Su apertura se da luego de más de tres años de acercamientos secretos, donde se logró construir una agenda de negociación, y un año más —desde febrero de 2016, después de darse a conocen los nombres de las delegaciones de paz— en el cual se presentó una serie de aplazamientos a causa de las múltiples exigencias que se hicieron las partes. A pesar del escaso tiempo que lleva esta nueva fase es posible advertir semejanzas y diferencias con respecto al reciente proceso con las Farc. Las similitudes se observan, sobre todo, en el tema operativo al inicio del proceso; pero las diferencias prometen ser mayores, al menos así lo ha querido dejar planteado desde el comienzo el ELN. Comprender esta situación será fundamental para todos, en especial, para la opinión pública; esto evitará malos entendidos, ayudará a comprender las variaciones en las lógicas de trabajo y advertirá la necesidad de asumir nuevos retos para la negociación de la paz. Para empezar, digamos que las semejanzas con el proceso con las Farc son evidentes. Se tiene una mesa pública de negociaciones compuesta por tres actores: los dos tradicionales —las comisiones de paz del Gobierno Nacional y del ELN— y la presencia de la comunidad internacional. Este último actor hace presencia a través de un grupo de países garantes y acompañantes, donde repiten Cuba, Chile, Noruega y Venezuela, y se le unen dos nuevos: Brasil y Ecuador. Además, cada delegación negociadora está compuesta por el mismo número de miembros (30) que se tuvo en la mesa con las Farc.

Estos y otros elementos harían pensar que las negociaciones con el ELN serán muy similares a las que se tuvo con las Farc. Sin embargo, los elenos han sido enfáticos en advertir desde hace años que el proceso de paz con ellos no será una copia del desarrollado en La Habana y que las diferencias serán sustanciales.

El Gobierno, al igual que ocurrió con su delegación en La Habana, nombró como jefe negociador a Juan Camilo Restrepo, una persona con un conocimiento profundo del sistema económico colombiano y con habilidades para la negociación política. Adicionalmente, la Comisión de Paz está integrada por una serie de personalidades expertas en los temas de la agenda y con plena confianza por parte del Gobierno, son ex ministros, ex embajadores, ex generales y personas con larga experiencia en negociación, caso Frank Pearl, José Noé Ríos y Roy Barrera, este último también negociador plenipotenciario en los diálogos con las Farc. Situación similar se tiene con la agenda de negociación. En total son seis puntos, el mismo número que se discutió con las Farc; y tres de ellos tienen el mismo nombre del Acuerdo General: víctimas, fin del conflicto armado e implementación. Estos y otros elementos harían pensar que las negociaciones con el ELN serán muy similares a las que se tuvo con las Farc. Sin embargo, los elenos han sido enfáticos en advertir desde hace años que el proceso de paz con ellos no será una copia del desarrollado en La Habana y que las diferencias serán sustanciales.

El análisis que se puede hacer luego de un mes de negociaciones denota el esfuerzo que el ELN está haciendo por diferenciarse de los farianos. En la instalación de la mesa, Pablo Beltrán, jefe de la delegación de paz de la guerrilla, insistió en la necesidad de pactar un cese al fuego y de hostilidades bilateral desde el inicio; advirtió que la paz que ellos buscan no es aquella que se pacta por decreto y, finalmente, que se requiere desde el comienzo la participación en el proceso de toda la sociedad, incluyendo partidos políticos, haciendo propuestas y viviendo el proceso. Para el ELN es claro que su apuesta es por una paz efectiva. Un proceso de negociación donde se tomen decisiones económicas, políticas y sociales que transformen los territorios y las poblaciones. Reformas que se realicen en el corto y mediano plazo, para que se tenga la seguridad de que al dejar las armas lo negociado no se quede en el papel. Finalmente, que las decisiones tomadas tengan en cuenta a todos los implicados en la paz y la guerra, incluyendo las iglesias, la comunidad internacional y, sobre todo, a las comunidades y regiones afectas por el conflicto.

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